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7 abril 2012 6 07 /04 /abril /2012 07:32

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Duelo de dos intérpretes maravillosos, dos monstruos de la pantalla, discretos pero implacables robaescenas de primera categoría. Las cámaras les idolatran. Basta que aparezca el careto de Tommy o la rotundad viril de Jackson para que el encuadre se haga seguro servidor de ellos en la pantalla, y eso, cualquiera sea el actor que comparta escena. Bien lo saben las estrellas que han trabajado con ellos. Ninguno de los dos va de divo, nada de grandes estrellas, son dos actores de esas "segundas filas"  norteamericanas que nos roban el corazón, casi siempre más que los presuntos reyes de star system. Samuel L. Jackson y Tommy Lee Jones, bajo la dirección del primero llevan a la pantalla en formato de teatro filmado "The Sunset Limited", de Cormac McCarthy, autor de "No es país para viejos" y "La carretera" por citar dos de sus novelas llevadas al cine con gran éxito.

La historia se desarrolla en un pequeño y humilde apartamento en un edificio de viviendas situado en un barrio marginal de Nueva York. Ante la mesa, frante a una ventana que da a una pared exterior (por donde llegan los ruidos de golpes ocasionales y algunos altercados de los vecinos y las sirenas de la policía), hay sentados dos hombres. Uno blanco y otro negro. Este es un ex convicto que tiene profundas convicciones religiosas. Frente a él, un hombre blanco mayor, profesor universitario, que intentó arrojarse al paso del tren Sunset Limited, acto que fue impedido por el negro que, casualmente se encontraba trabajando junto al suicida. Jackson confronta en un diálogo incesante su sentido religioso de la vida, su racionalidad y su equilibrio emocional , duramente ganado en un  existencia marginal bastante dura, frente a la absoluta desesperación íntima y emotiva, cargada de una enorme lógica nihilista y negativa que muestra Tommy Lee.

Estamos ante un debate filosófico de enorme calado a pesar de la diferencia de cultura y educación de los dos hombres. Los quiebros, argucias, estocadas dialécticas y defensas numantinas de las dos  personas, cada una tratando de convencer a la otra de estar en el lado correcto de la argumentación, conforman una de las obras más intensas y desasosegantes que he visto en mucho tiempo. ¿Qué significado tiene la vida? ¿Cuál es el papel de Dios en esta condenada sinrazón que suele ser la vida? ¿Qué importancia hay que dar a la muerte en este juego? ¿Es una opción admisible y correcta la decisión propia de acabar con la vida? ¿Cuál es la función del mal y el porqué de su inevitabilidad? Son los grandes temas que Cormac Mc Carthy suele plantear en sus obras (recuerden la apocalíptica "La carretera" o la cruel "No es país para viejos") y que en ésta los trae a colación para ayudarle a plantear algo distinto: ¿qué significa el silencio de Dios ante la maldad, la destrucción y la muerte? Y ese se convierte en el leith motiv de la obra: la existencia de un Dios callado que no se pronuncia ante el sufrimiento del hombre.

"White" y "Black", nombres que el novelista da a sus personajes, elevándolos a estereotipos humanos más que a personajes determinados por sus nombres --dándonos a entender que lo se nos muestra es una discusión de un alcance superior, que se puede proyectar a cualquier ser humano--, discuten sobre la acción de "Black", no solo de salvar la vida de "White", sino de llevárselo a su humilde casa y encerrarse con él bajo llave para tratar de convencerlo de que la vida es un don precioso y de que hay un Dios que nos protege.

Como Tommy Lee dice en su momento de su acre defensa del derecho al suicidio, tras la amargura y desesperación que le provoca su vida, "las cosas en las que creía ya no existen. Es estúpido fingir lo contrario. La civilización occidental se esfumó finalmente por las chimeneas de Dachau".  Para él no existe una razón que pueda dar sentido a su existencia. Jackson le habla de su estancia en la cárcel y de que estuvo a punto de morir asesinado y entonces encontró a Jesús que dio un sentido superior a todo lo que habia sufrido y hecho sufrir a otros, a sus propios errores. Pero en un momento clave de la discusión, Tommy pregunta "¿Escuchaste a Jesus en ese momento?", "Si", responde muy seguro el negro. "¿Como me escuchas a mi?", insiste el blanco. "No", confiesa Jackson. "Lo senti dentro de mí". "Pues pídele que te hable, ahora" .Y Jackson contesta que la presencia de "White" allí, tras salvarle la vida, es la prueba de la existencia y los designios de Dios y por eso debe salvarle de su pulsión suicida.

Cuando Tommy Lee se marcha del apartamento al final de  la película, Jackson le pide a Dios que le habla, que le muestre su existencia de cualquier manera, en ese momentpo de duda y dolor. Debe recurrir a su fe una vez más ante el silencio de Dios y ante la convicción de que el desesperado hombre blanco aprovechará la primera ocasión para llevar a cabo su suicidio. Y, acepta amargamente el negro, eso es algo que también debe quererlo Dios. Y él no es quién para preguntarse si hace bien o mal. Nuevamente la fe le salva de la desesperación. Pero la gran pregunta queda sin respuesta, o mejor, con una sola respuesta: el silencio. Solo le queda la fe.

 

 

 

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