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8 mayo 2014 4 08 /05 /mayo /2014 07:05

Peter Bieri se llama el autor de "Tren nocturno a Lisboa", una excelente novela firmada con el pseudónimo de Pascal Mercier. Se trata de un profesor suizo de habla alemana que imparte filosofía del lenguaje en la Universidad Libre de Berlín. La obra tiene ya unos años pero la versión cinematográfica que Bille August ha realizado --a mi entender bastante por debajo de la calidad literaria del original, aunque más fácil de entender y disfrutar-- la ha convertido en algo parecido a un best seller tardío (cosa que sorprende dada la vocación filosófica y escasamente comercial de la novela). La recomiendo un poco a destiempo por la calidad intrínseca de la propuesta de Pascal Mercier, que quizá tomó para sí mismo ese nombre por sus evidentes lecturas de Pascal, Montaigne, San Agustín, Pessoa, Voltaire y Rousseau, sin olvidar a Epicuro y Marco Aurelio. De este último toma el "leith motiv" de su trama: "Aquellos que no siguen con atención los impulsos de la propia alma serán necesariamente desgraciados". Esta frase del príncipe de los estoicos es la que refleja la decisión  del acartonado y rutinario profesor Gregorius de abandonar subitamente la clase de latín que estaba impartiendo en un Instituto de Berna y siguiendo los supuestamente caóticos impulsos de su instinto y su curiosidad tomar un tren nocturno para Lisboa en busca de las huellas de un médico y poeta portugués muerto, Amadeu de Prado, cuyo único libro ha caido en sus manos de una forma imprevista y novelesca. Como él mismo dice "el dramatismo de una experiencia determinante para la vida es a menudo de una levedad increíble", pág.59)

Evidentemente hay un uso y un abuso de elementos poco verosímiles con los que el escritor va armando su trama, no sólo por lo difícil casi imposible de determinadas  casualidades, encuentros o reacciones humanas, sino por la demanda de aceptación "realista" que Mercier exige al lector. Además la Lisboa que nos ofrece bajo la mirada asombrada y cautelosa del miope Gregorius  está tan difuminada como la visión ocular del protagonista. Pero nada de eso importa demasiado, porque lo que atrae y casi hipnotiza es la habilidad filosófica y literaria de Mercier de hacernos partícipe del crepuscular desafío que el personaje se hace a sí mismo y a la vida: la entrega total a una obsesión por conocer a alguien cuya sensibilidad e inteligencia han fascinado al viejo profesor y, de paso, al lector.

Los textos que vamos conociendo de Amadeu de Prado son tan bellos y despiertos como si leyéramos a uno  de los autores filosóficos citados al principio, pero además engarzados y coherentes con la anécdota histórica y personal de Amadeu de Prado en los emocionantes  y peligrosos tiempos de la Revolución de abril portuguesa, la de "los claveles". Una historia de amor, sufrimiento y coherencia personal que vamos viviendo a través de las pesquisas y los personajes que van surgiendo durante la estancia de Gregorius en Lisboa.

Intensas escenas --el discurso libertario del joven Amadeu en el final de curso en el Portugal de la dictadura, la condena del populacho al ya doctor por haber salvado la vida de un conocido torturador de la Pide-- van formando un todo emocionante y armónico que deja un regusto de sorpresa, emoción reflexiva y placer de lectura.

A pesar de sus indudables defectos técnico-literarios, "Tren nocturno a Lisboa" es una novela de las que no se olvidan y quedan en el inconsciente del lector, junto con algunos de los personajes reseñados, empezando por el protagonista, el viejo profesor de lenguas muertas, el médico y filósofo Amadeu o los amigos y conocidos de éste, Jorge O'Kelly, el farmacéutico y Joao Eça, cuyas destrozadas manos por la tortura añoran ejecutar la música de Schubert al piano. Las mujeres que transitan por la novela son menos convincentes, hay una tendencia a convertirlas en estereotipos, la mujer amada y lejana, la diosa esquiva, la guardiana celosa, la compañera igualitaria. Pero, insisto, nos las tenemos con una novela de ideas, de conceptos, de birllantes reflexiones: dice el protagonista que todo el mundo tiene en alguna parte un libro que parece haber sido escrito para nosotros. El caso es dar con él. Y cuando lo hacemos nos puede cambiar la vida. Que es lo que le ocurre a Gregorius ("tuvo la extraña, inquietante y liberadora sensación de que estaba a punto de tomar del todo las riendas de su vida, por primera vez a la edad de 57 años") cosa que a otro nivel nos ocurre también a los lectores. Y, en un giro a lo Kavafis, el autor nos dice que al final no importa si no lo encontramos, lo importante es la búsqueda.

Con la profundidad y belleza de un Lawrence Durrell --con el que veo no pocos puntos de contacto en Mercier-- el recorrido por el amor, la pasión, la amistad, la lealtad, la traición, los celos, la ética, la lucha por la libertad, la poesía, va perfilando una apasionante partida de ajedrez, un juego que fluye por la novela, entre el profesor por un lado y la vida, la pasión y la muerte por el otro.

 

FICHA

TREN NOCTURNO A LISBOA.- Pascal Mercier. El Aleph. Austral-  Traducción de José Anibal Campo.- 525 pgas. - 10 euros

 

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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