Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 08:18

  04unfragil.jpg

 

 

El dramaturgo norteamericano Edward Albee, obtuvo su primer Pullitzer a finales de los sesenta por su obra "Un frágil equilibro". Un par de años antes había estado a punto de conseguir el prestigioso premio por otra de sus célebres obras: "¿Quién teme a Virginia Woolf?", pero pese a que resultó ser la obra más votada en las deliberaciones del jurado, no se lo dieron. ¿Por qué?  Porque se consideró que la visión crítica, burlona, irónica y devastadora que ofrecía de la sagrada institución de un matrimonio culto en el estilo de vida norteamericano era demasiado dura y ponía en cuestión la eficacia de las instituciones del bendito país. Tal hipocresía tuvo su "castigo" cuando Albee recibió el Pullitzer por "Un frágil equilibrio" en la que se mantenía la brutal disección del desmoronamiento familiar, del orden ético de la clase alta norteamericana (extrapolable a cualquier otro pais de occidente) pero se procuraba no perder demasiado las formas y se un_equilibrio_delicado_22042_120.jpgpreconizaba --irónicamente-- el mantenimiento de un delicado equilibrio.

Para refocile del espectador avisado, en estos días se puede ver simultáneamente en dos salas barcelonesas las dos obras que provocaron la metedura de pata de los del Pullitzer en su afán hipócrita de presentar al mundo una cara más amable del modo de vida de las clases media y alta del gran país que, por cierto, compagina sin demasiados problemas la hipocresía social y moral con la denuncia más aguda y certera de esa misma hipocresía.

En 1973, Tony Richardson llevó al cine esta obra con las magnificas interpretaciones de Paul Scofield y Katharine Hepburn en los papeles de Agnes y Tobias, la pareja protagonista. 

Hoy las contaré lo que fue "Un fragil equilibre" en  el teatre Lliure, dirigido por Mario Gas e interpretado por Rosa Novell, Rosa Renom, Albert Vidal, Mia Esteve, Pep Ferrer y Merce Montalá. 

La obra sigue manteniendo al público en vilo. A pesar de pertenecer a una época pre-internet en la que aún existían cierto tipo de valores y había un consenso respecto a la importancia de ciertas instituciones tradicionales y determinadas convenciones sociales. No ha pasado el tiempo para este drama en el que todo sigue siendo actual porque, en el sentido de lo que entendemos por "clásico", nos habla de sentimientos, emociones, defectos y temores que siguen vigentes porque son profundamente humanos e intemporales.

La familia que forman Agnes y Tobias (contenida y eficaz Rosa Novell y un Albert Vidal sarcástico y vulnerable), con su multidivorciada hija, Claire, (Rosa Renom un poco excesiva) y la hermana de Agnes Julia (Mia Esteve, convincente como la alcohólica y desafiante cuarentona que esconde en el alcohol sus frustraciones) reciben la inesperada visita de sus "mejores amigos" Edna y Harry (Mercè Montalá y Pep Ferrer, magníficos en sus chocantes papeles) que piden asilo por padecer un inexplicable ataque de pánico que les hace escapar de su propio hogar. Un miedo que podría ser el reflejo de su propia vacuidad (extremo no explicado bien en las intervenciones de la pareja) y que es el pánico a la disolución de la seguridad aparente que da el matrimonio, el hogar o los hijos, cuando las personas se olvidan de ser y se limitan a aparentar, de espaldas a sus sentimientos autenticos. Es decir, justamente lo que les ocurre a sus anfitriones.

No hay más explicaciones. La llegada de los autoinvitados hace estallar el "frágil equilibrio" que mantenía más o menos coexionada la familia. Surgen las amarguras, los reproches y los rechazos en un permanente --como es habitual en Albee-- trasiego de copas y tragos, y no sólo por parte de Julia.

Una primera parte magnífica deja, tras el descanso, todo dispuesto para la caida de ritmo del final, muy a tono con la desvaida propuesta del dramaturgo, que parece haber buscado un final mas o menos "equilibrado" (aunque dejando sutilmente abiertos los interrogantes sobre la viabilidad de la familia).

Creo que es un error haber roto el ritmo de la obra con un descanso posiblemente innecesario. La obra puede acortarse de alguna escena  algo reiterativa y no se debería haber roto el embrujo de una historia y unos personjes cuyo contenido y falsamente amable y educado comportamiento van acentuando la tensión en busca de una explosión que nunca acaba de producirse.

 

El público --tres cuartos de sala, se notó la coincidencia con el partido del Barça y la noche de difuntos, castañas y panellets-- reaccionó con entusiasmo a la propuesta que se desarrollaba en un escenario central, casi en contacto con las primeras fila, acercamiento que favorece la tensión dramática, convirtiendo al espectador, casi, en otro miembro de la familia.

 

Compartir este post

Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens