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1 noviembre 2010 1 01 /11 /noviembre /2010 17:39

En los años noventa del pasado siglo,  preparaba un doctorado en psicoanálisis y me sentía fascinado por la neurología y las ciencias del cerebro en general. No olvidéis que habia sido declarada la década del cerebro y los avances en neuroanatomía, neurofisiología y ciencias afines habían sido muy prometedores. Me mantenía al corriente hasta la medida de mis posibilidades (entronces más escasas que hoy dia) sobre tales avances. Y esto lo hacía por dos motivos principales. mi convicción fuertemente intuitiva y también informada  de que en el cerebro se esconde la esencia del ser humano y su relación con el mundo que le rodea y con sus semejantes y las, digamos coincidencias, entre los hallazgos científicos  y las descripciones que de esa relación cosmogónica hacían las disciplinas espirituales de origen oriental y mucho más veladamente las tradiciones religiosas occidentales, tan manipuladas por las iglesias (desde algunos padres del desierto al maestro Echkart,  san Juan de la Cruz o en nuestra época Merton, el padre Enomiya Lasalle o nuestro recién fallecido Pánikkar...

Soy practicante zen, aunque un practicante escéptico, muy disciplinado y nada apegado a maestros y liturgias varias. Mi práctica se debía al convencimiento de que la "sentada" o meditación zen no era más que una disciplina de tipo físico-mental que superaba la paradoja de hacer de la práctica una relación desinteresada y sin objetivos con el ejercicio del silencio de la mente, es decir y con idioma neurológico del hoy, propiciar el silencio del hemisferio izquierdo del cerebro y animar de alguna manera la preponderancia del hemisferio derecho, el intuitivo, el "femenino" (qué gran piropo a las mujeres disfrazado de insulto y menosprecio), el "irracional", el poco disciplinado, el artítstico, el descontrolado. Con una práctica continua y despojada de búsquedas espirituales, de iluminaciones o de adquisiciones de virtudes o propiedades operativas espectaculares, de nuevo de forma paradójica, podía producirse un fenómeno bien documentado por las tradiciones religiosas y esprituales de todo el mundo: la llamada iluminación, satori, visión de Dios, el estallido de la kundalini. 

Ahora, tras la lectura del libro de la doctora Jill B. Taylor, "Un ataque de lucidez" (publicado por la editorial Debate), una neuroanatomista que sufrió un demoledor ictus en el hemisferio izquierdo del cerebro, recibo una noticia alentadora: el descubrimiento de la zona exacta del cerebro donde radica tal experiencia o vivencia, calificada como sentimiento oceánico. El problema está en que tal zona se activa unicamente cuando  disminuye la actividad en los centros de lenguaje del hemisferio izquierdo, lo que provoca el enmudecimiento de la permanente charla mental, se establece uin silencio total, unido a otra disminución de actividad en la zona de orientación y asociación, situada en la circunvalacion posterior del h. izquierdo, lo que hace desaparecer el sentido del yo y los limites fisicos personales, con lo que fluimos con el resto del universo y no nos sentimos ni seres solidos ni separados de lo que nos rodea, y, en fin, desaparecen los miedos, cautelas, estrategias de evitación y huida, recuerdos y aprendizajes que maneja el hemisferio ziquierdo. Resultado total: LA  PERCEPCIÓN DE UNO MISMO COMO UNA PARTE INMENSAMENTE FELIZ DEL COSMOS.  Todo está bien y no hace falta nada más. Estamos completos y en absoluta paz y concordia. Es decir: la iluminación perseguida por santos y gurus y sólo vislumbrada por unos pocos artristas, poetas e intelectuales ol simples hombres sencillos, quiza ignoarntes, pero inmensaqmente sensibles e  intuitivos.

Os preguntareis pues, si es preciso un ictus en el hemisferio izquierdo para ser capaces de vivir esa experiencia totalmente renovadora y revolucuionaria. No, si os fijáis en las condiciones,son las mismas que preconizan las disiciplinas espirtuales de las que hemos hablado. Por tanto, aunque nadie lo puede garantizar, aparte del ictus u otros accidentes cerebro vasculares, las diciplinas de meditación, cuanto más desinteresadas y irreligiosas mejor, nos pueden acercar a las condiciones precisas para que el fenómeno se produzca en algún momento inesperado. No hay progresión sistemática en esto, depende de conexiones nauronales sobre las que no tenemos control: solo facilitamos el caldo de cultivo donde se producen.

Seguiremos con esto en algún momento.

Como artículo de bienvenida a mi blog, creo que es suficiente y tal vez demasiado.

Buenas noches y buena reflexión.

ALBERTO

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Comentarios

Gravidanza 11/18/2011 17:58

Muy buen articulo, me encanta el blog

nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 11/19/2011 10:51



gracias.



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