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5 julio 2012 4 05 /07 /julio /2012 07:09

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Wes Anderson es un realizador distinto, rabiosamente original, con una estructura de la narración propia y de una autonomía y libertad espectacular, habida cuenta de que filma sus películas dentro del sistema de Hollywood y usando --y abusando en el buen sentido-- de estrellas como Bill Murray, Adrian Brody, Owen Wilson, Bruce Willis o Angelica Huston, que con gran acierto están dispuestas a lo que haga falta con tal de pertenecer a la reducida nómina de intérpretes de las escasas películas de Anderson. Hace poco les comenté la magnífica "Moonrise Kingdom" y ahora les voy contar de qué va "Viaje a Darjeeling", de hace unos años y que fue de alguna manera el pistoletazo de salida --para quien esto suscribe, por supuesto-- de mi afición a Anderson (supuse, y no me faltaba razón, que un director capaz de hacer devoto suyo a un brontosaurio cinematográfico como Bill Murray, debía tirar de inteligencia larga y variada-).

La generalmente digna de fiar promoción del boca-oreja, --en la Red la cosa se hace más extensa y rápida--, ya me informó cuando el estreno de esa película en las Salas Verdi (poco sospechosas de programar bodrios) se hacían colas de gentes jaraneras con ganas de reir con un humor irónico, algo salvaje y lleno de guiños inteligentes. Fui a verla y quedé encantado. Después comencé a perseguir en los videoclubs las escasas copias de sus otras películas. Ahora le ha tocado el turno a "Viaje a Darjeeling", que ayer visioné y volvió a divertirme y a dejarme la agradable impresión de que Anderson es de esos directores que no toman por estúpidos a sus espectadores. Respeto, señores, eso es lo que hay. Lástima que no sea contagioso. Seguiremos otro día con "Life aquatics" y "Los Tenenbaums".La  generalmente de fiar política del boca-oreja, en la Red la cosa se hace más extensa y rápida, ya me informó cuando el estreno de esa película en las Salas Verdi (poco sospechosas de programar bodrios) se hacían colas de gentes jaraneras con ganas de reir con un humor irónico, algo salvaje y lleno de guiños inteligentes. Fui a verla y quedé encantado. Después comencé a perseguir en los videoclubs las escasas copias de sus otras películas. Ahora le ha tocado el turno a "Viaje a Darjeeling", que ayer visioné y volvió a divertirme y a dejarme la agradable impresión de que Anderson es de esos directores que no toman por estúpidos a sus espectadores. Respeto, señores, eso es lo que hay. Lástima que no sea contagioso. Seguiremos otro día con "Life aquatics" y "Los Tenenbaums".

Tres hermanos, interpretados modélicamente por Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman (ninguno de ellos se extralimita en sus actuaciones humoristicas a pesar de la tentación para sobreactuar que emana de sus personajes) viajan a la India, estableciendo un paréntesis en sus vidas (no muy modélicas ni equilibradas, en realidad) con la intención --oculta en principio por el manipulador de la familia, el hermano interpretado por un desternillante Owen Wilson que se pasa tres cuartos de película envuelto en vendas-- de visitar a la madre de ellos que les abandonó cuando eran adolescentes a fin de hacer una vida de entrega religiosa en la India. Es un viaje de reencuentro de los tres hermanos, bastante alejados entre sí por las circunstancias de la vida y el desinterés mutuo.

La película comienza con un prólogo bastante gamberro, un cortometraje que no añade nada a la película,  en el que Anderson nos cuenta una anécdota amorosa en la vida del hermano menor, Jason, en un hotel parisino, mostrándonos el tipo de relacion que mantiene con su novia, una Nathalie Portman jovencísima (ojo, al interesante desnudo, primero de la actriz en su carrera). Pero no es la única propuesta surrealista: nada mas empezar la pelicula, tras el desconcertante prólogo, vemos a Bill Murray en un enloquecido taxi por las calles de una ciudad de la India. Llega a la estación y debe correr detrás del tren que ya se le escapa. Un joven le adelanta a la carrera y logra coger el tren saltando a la plataforma posterior de uno de aquellos vetustos trenes de vagones de madera. Es Adrian Brody. Ahí abandonamos al frustrado Murray, que no volverá a salir más que una escena estática y muda al final.

La narración sigue los parámetros de aparente sencillez y complejidad de fondo, habituales a Anderson. Sus personajes, incluso el distante y enamoradizo Jason, pero sobre todo Adrian y Owen están dibujados con tanto encanto y simpatía que a poco de empezar ya logran que nos sintamos bien con ellos y contemplemos con empatía los avatares que surgen durante el largo viaje en tren, su expulsión por un enojado y celoso inspector del tren, un sikh, cuya novia se lía con Jason, la dramática secuencia del niño ahogado, la maravillosa interelación de los hermanos con los habitantes de la aldea y, al fin, el reencuentro con una soberbia Angélica Huston, papel de madre compleja entre la afectividad, la autoafirmación y el rechazo de su papel tópico de madre, con un desenlace sin concesiones.

A destacar el soberbio plano-secuencia del final en donde se nos muestran a todos los personajes de la película --incluído un estólido Murray que no pronuncia una sola frase en sus dos apariciones en pantalla-- como si viajaran en los departamentos de un mismo metafórico tren aunque respetando el medio ambiente de cada uno de ellos, y así uno viaja en avión o la esposa embarazada de Brody descansa en su cama (es la primera y unica vez que sale), el inspector sikh del tren acaricia a la serpiente comprada por Brody en un mercado y cuya aparición en el tren es uno de los motivos de la expulsión y la azafata fuma su cigarrillo a escondidas quizá pensando en Jason.

Tres hermanos, interpretados modélicamente por Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman (ninguno de ellos se extralimita en sus actuaciones humoristicas a pesar de la tentación para sobreactuar que emana de sus personajes) viajan a la India, estableciendo un paréntesis en sus vidas (no muy modélicas ni equilibradas, en realidad) con la intención --oculta en principio por el manipulador de la familia, el hermano interpretado por un desternillante Owen Wilson que se pasa tres cuartos de película envuelto en vendas-- de visitar a la madre de ellos que les abandonó cuando eran adolescentes a fin de hacer una vida de entrega religiosa en la India. Es un viaje de reencuentro de los tres hermanos, bastante alejados entre sí por las circunstancias de la vida y el desinterés mutuo.

La película comienza con un prólogo bastante gamberro en el que Anderson nos cuenta una anécdota en la vida del hermano menor, Jaon, en un hotel parisino, mostrándonos el tiopo de relacion que mantiene con su novia, una Nathalie Portman jovencísima  (ojo, al interesante desnudo). Pero no es la única propuesta surrealista: nada mas empezar la peliucl tras el desconcertante prólogo, vemos a Bill Murray en un enloquecido taxi por las calles de una ciudad de la India. Llega a la estación y debe correr detrás del tren que ya se le escapa. Un joven le adlanta a la carrera y logra cogerlo, es Adrian Brody. Ahí abandonamos al frustrado Murray, que no volverá a salir más que una escena estática y muda al final.

La narración sigue losm parámetreos de paarente sencillez y complejidade de fondo, habituales a Anderson. Sus personajes, incluso el distante y enamoradizo Jason, pero sobre tdoo Adrian y Owen están dibujados con tanto encanto y simpatía que a poco de empezar ya logran que nos sintamos bien con ellos y contemplemos con empatía los avatares que durgen durante el largo viaje en tren, su explusiónj por un enojado y celoso inspector del tren, un sikh, cuya novia se lía con Jason, la dramática secunecia del niño ahogado, la maravillosa interelacion con los habitantes de la aldea y, al fin, el reencuentro con una soberbia Angélica Huston, papel de madre compleja entre la afectividad, la autoafirmación y el rechazo de su papel tópico de madre, con un desenlace sin concesiones.

Película atractiva, con numerosos flash backs bien insertos en la generalmente lentas secuencias, la cosa tiene encanto, entretiene, a veces irrita un poco, pero hace esperar con cierta impaciencia cuál va a ser la próxima apuesta de este director mimado.

 

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