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Decía Woody Allen que el cerebro es su "segundo órgano favorito". Bromas aparte, el cerebro es, con distancia, el órgano esencial de nuestra vida como seres conscientes, a pesar de que la mayor parte de sus actividades no son accesibles a nuestra consciencia, ya que la mente (el sustrato de nuestro yo, de nuestra identidad, voluntad y memoria) no es más que la ínfima punta del iceberg. El neurocientífico David Eagleman ha escrito un libro fascinante, hipnótico desde la primera a la última página, en el que se nos desvela, con un estilo en el que se mezcla un saludable sentido del humor con una tensión informativa que recuerda al mejor thriller, la explicación de supuestos misterios de nuestra vida cotidiana que reflejan la paradoja más extraña del ser humano: estar regidos globalmente por un órgano que trabaja "de incógnito", es decir, cuyas funciones --que rigen absolutamente todo el funcionamiento de nuestro cuerpo, nuestro comportamiento y nuestros instintos-- no llegaremos jamás a controlar y en muchos casos ni a conocer dada la complejidad de elementos que se pone en funcionamiento de una forma automática, regida por la genética y la memoria de la especie. Y así nos enfrentamos a una verdad tan esencial y trascendente como las de que el hombre no es el centro del universo y la tierra no es el centro del espacio: la de que nuestra conciencia no es el centro y rector de nuestra mente, sino una "función limitada y ambivalente en un vasto circuito de funciones neurológicas inconscientes".
David Eagleman une sus amplios conocimientos sobre las neurociencias a una facultad muy atractiva de exponer esas complejas informaciones de una forma clara, sencilla y divertida, muy en la linea de magníficos divulgadores como Oliver Sacks y Antonio Damasio. A partir de la idea motriz de que el denominado cerebro consciente solo es responsable de una pequeña porción del escenario de la realidad que percibimos y tampoco lo es de la mayoría de nuestros comportamientos y de aquello que creíamos más "propio", nuestros deseos y temores (imagínense las secuelas que esas investigaciones tendrán en aspectos juridicos, sociales y penales sobre responsabilidad de muchos de nuestros actos) Eagleman nos convence de que este órgano humano de un kilo doscientos gramos de rosado material gelatinoso y húmedo, es la estructura operativa más compleja del universo.
A partir de ese punto el autor de este maravilloso libro nos lleva a un viaje con curiosas paradas en cuestiones pintorescas; ¿en qué se basa la certera intuición de los sexadores de pollos?, ¿por qué la dilatación de las pupilas de las mujeres constituye un glamuroso reclamo sexual? ¿dónde se encuentra nuestra verdadera identidad?, ¿por qué la coincidencia de las iniciales del nombre se convierte en un motivo de elección de pareja? ¿cuáles son las bases de la infidelidad masculina? ¿sospechaba usted que las numerosas facetas de nuestro comportamiento, pensamientos y experiencias están ligadas a una inmensa red electroquímica llamada sistema nervioso? ¿sabe que el estado físico de nuestro cuerpo determina el estado de nuestros pensamientos y actitudes?, ¿que todos nuestros sueños y fantasías, miedos, humor, intuiciones geniales, deseos, emergen del cerebro y si este cambia por enfermedad o traumatología, también cambiará lo que consideramos nuestro "carácter" e inclinaciones?, ¿sabe que su yo consciente es el fragmento mas diminuto de lo que ocurre en su cerebro y que la mayor parte de lo que hacemos, pensamos y sentimos no está bajo nuestro control consciente, sino guiado por programas neuronales forjados por "millones de años de selección natural"? ¿Sabía que al menos el 15% de las mujeres poseen cuatro fotoreceptores -en lugar de tres como el resto de la población-- y por tanto son capaces de distinguir un cuarto color y sus matices que son inexistentes para los demás?¿Que la gente no siempre dice lo que piensa, porque la gente no siempre sabe lo que piensa?¿Que, como descubrió Damasio, las sensaciones producidas por estados fisicos del cuerpo acaban guiando el comportamiento y la toma de decisiones? ¿Por qué estamos preprogramados para que perdamos el interés por nuestra pareja tras una media de cuatro años?
Dispóngase pues a un viaje sorprendente y a veces inquietante por el fondo de nuestro cerebro, al estilo de la famosa película de los años setenta, pero basados no en una ficción sino en una realidad científica de última hora. Como escribió el psicólogo Karl Jung, "en cada uno de nosotros hay otro al que no conocemos". El problema es que ese "otro" se lleva el noventa por ciento de responsabilidad en el funcionamiento de nuestro ser. Y lo más fantástico es que es mejor así, ya que la efectividad del funcionamiento del cerebro depende en gran parte de que la conciencia no se entrometa. ¿no lo cree? Pues es fácil de entender: trate de analizar en plena acción como monta usted en bicicleta, cómo ejecuta un saque en tenis, movimiento por movimiento, o sea consciente simplemente de qué es lo que hace exactamente cuando interactúa con su ordenador: de pronto comprobará que pierde el equilibrio, saca fatal o se bloquea ante el ordenador. La conciencia del movimiento estropea la efectividad que su cerebro aplica automáticamente.
Pero no es sólo esto, con ser tanto, lo que nos ofrece este libro. Se vuelve mas inquietante aun cuando nos informa de la visión y de una constatación científica que nos deja helados: en ningún momento vemos lo que hay fuera de nosotros realmente. Percibimos lo que nos dice el cerebro de esa realidad. No vemos con los ojos sino con el cerebro. Como escribe Eagleman "su cerebro está a oscuras pero su mente construye luz".
He leido con entusiasmo y sorpresa este libro que me hace pensar en el verso de Walt Whitman, "Soy grande, contengo multitudes". Es una lección de humildad y un toque de advertencia: no somos lo que creemos ser. Y es que como decía John Lennon, "la vida es esa cosa que ocurre mientras tu haces otros planes". La maravillosa complejidad del cerebro humano y su substrato, la mente (que ya no es la protagonista que creíamos que era) configura un viaje arrebatador y recomendable en el que nuestra vida mental es lo que ocurre por si misma mientras tu haces otros planes pensando equivocadamente que estamos a los mandos del navio de nuestra vida.
FICHA:
Incógnito. Las vidas secretas del cerebro. David Eagleman. Traducción de Damián Alou. Anagrama. Barcelona, 2013. 352 páginas. 19,90 euros
Un libro sobre el inesperado cambio de Papa es, de por sí, un documento interesante para todos los observadores de los complejos intríngulis de la política vaticana, ya sea por ser fieles a la Iglesia católica como por ser críticos con su historia y su ejecutoria. Precisamente el valor del libro del periodista Arturo San Agustín "De Benedicto a Francisco" no sólo estriba en su carácter de crónica candente e inmediata del trascendental cambio de papado, sino también en la de ser un lúcido análisis de los poderes que aparecen en el seno del Vaticano y la dinámica sutil de sus movimientos y estrategias, todo ello sujeto al nervioso y dinámico estilo de la crónica periodística.
Desde el 12 de febrero de este año, día en el que el papa Benedicto XVI sorprendió al mundo con el anuncio de su dimisión hasta el martes dia 19 de marzo en el que el nuevo Papa, Francisco, se reunía en solemne acto pontificio con los arzobispos y patriarcas de las Iglesias orientales en presencia de jefes de Estado y diplomáticos, San Agustín nos envuelve a sus lectores con una pormenorizada y documentadísima crónica cotidiana de los momentos y sucesos más relevantes de esa dramática transición que nos lleva "de Benedicto a Francisco", sin olvidar informarnos de los principales problemas del papado del primero, de las presiones, críticas y rumores que se despliegan hacia los cardenales electores y de las informaciones y declaraciones que van desplegándose por el Vaticano y por Roma y rodea todo ese corpus informativo con una serie de datos, entrevistas, retratos a vuela pluma y detalles curiosos que conciernen a los lugares romanos y vaticanos, a las gentes que asisten a ese momento histórico y a los estratégicos conocidos y amigos del periodista que le facilitan su labor y le enriquecen con sus opiniones.
Una labor de orfebre que San Agustin convierte en un relato pormenorizado al que no faltan detalles pintorescos y que envuelve al lector como si se tratara de un relato de ficción. Hay reiteraciones, ciertos descuidos estilísticos, esbozos o comentarios que se encadenan por las buenas y todo ello tiene el sabor de esa dinámica frenética del periodista investido de narrador omnisciente que nos encantó hace años en Tom Wolfe o en Kapucinsky.
San Agustín es un avezado periodista, ducho en entrevistas (a las que aporta un saludable sarcasmo y una ironía seca pero nunca maliciosa: le seguía cuando las hacía en "El Periódico" de Barcelona) que domina el arte de hacer interesantes sus crónicas incluso para el lector no avisado. Las cuñas informativas que van apareciendo en esta narración de treinta y siete días esenciales para entender la Iglesia de ayer y la de mañana a través del cambio de Papa, están bien administradas por este autor: desde la anécdota del rayo que impactó a las 19,30 del dia 12 en la cúpula de San Pedro haciendo profética la frase del decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sedano, sobre el anuncio papal: "ha sido como un rayo en un cielo sereno", al libro de Simone Venturillo que relaciona esa renuncia papal con el Tercer secreto de Fátima. O desde el famoso "Vatileaks", el robo y publicacion de papeles privados del Papa al cúmulo de informaciones que el autor nos facilita de diversas fuentes sobre el Informe secreto preparado por tres cardenales sobre las miserias que sufre en su seno la Iglesia, la pedofilia de sacerdotes y obispos y los lobbies eclesiásticos, "Dietro le mura vaticane", que hacen negocios, cohechos y facilitan "material" a homosexuales y pedófilos de ese mundillo, para luego chantajearles. O nos informa del aparato periodístico mundial (5.600 profesionales acreditados) que se monta en torno a las fumatas --en este caso la tercera, a las 19,05 del miercoles 13 de marzo, fue la blanca--y la noria de los cardenales papables y, al tiempo, aprovecha para narrarnos las criticas que recibió Benedicto por renunciar, la herida que supone para la Iglesia el caso Maciel y los legionarios de Cristo, para divertirnos con comentarios sobre la película "El cardenal" de 1963, documentada por Ratzinger cuando aun no soñaba con ser Benedicto XVI o por "Las sandalias del Pescador" que ha motivado, segun San Agustin, muchas vocaciones religiosas y es una de las mejores descripciones periodísticas sobre una elección papal.
Si además nos cuenta cómo son los famosos y secretos Jardines Privados Vaticanos, pormenores de la capilla Paulina donde se reunen los 115 cardenales electores, qué productos químicos se queman en una de las dos estufas colocadas en la Capilla Sixtina para que salga el humo negro o blanco, el nombre del restaurante favorito de Ratzinger, los sastres y zapateros papales, la afición del nuevo Papa jesuita argentino, Francisco, a improvisar y a saltarse el protocolo, la estatua de Pasquino, una de las cinco estatuas "parlantes" de Roma (donde las ciudadanos cuelgan cuartillas denunciando cosas) o los nombres y cometidos de las cuatros monjas que cuidan a Benedicto y le acompañarán a su retiro...como ustedes comprenderán las 313 páginas de este libro se nos antojarán pocas y al llegar al final abrupto del libro que San Agustin nos depara, uno se queda a la espera de más. Si fuera una película, un critico diría: el director prepara una secuela. Arturo, yo hubiera puesto al final la frase del papa Francisco ante los cardenales: "Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres". Eso engancha a una nueva crónica papal.
FICHA:
DE BENEDICTO A FRANCISCO.-Arturo San Agustín.-Fragmenta Editorial. 313 págs. 19,90 euros.
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He disfrutado con la lectura de la novela de Víctor del Árbol "Respirar por la herida" (título ilustrativo, pero fácil, que desentona con la fuerza y el estilo de la novela: el uso del infinitivo en un titulo parece sugerir un libro de autoayuda) por tres razones: primera, porque es una buena novela, no una gran novela pero todo se andará a tenor del fuste de este novelista; segunda, porque es un autor español, con vocación y potencia para llegar a ser un sólido baluarte literario en nuestro país y fuera; tercera, porque no parece seguir modas historicistas o de novela negra de salón y plantilla: es un creador nato de personajes y situaciones.
No había leido a Víctor. Su novela anterior "La tristeza del samurai" (este es un buen título) había tenido un éxito notable (premiada por el Prix du Polar Européen, creado por la revista "Le Point") y había sido loada con esa desmesura que se prodiga en nuestro país, lo cual, paradójicamente, la incluía dentro de tantos "éxitos fulgurantes" que la equivocada estrategia de mercado editorial español crea, un día sí y otro también, para perplejidad del mundo de los lectores. Procuro mantenerme al margen de esos éxitos de campanillas de novelas primerizas hasta que aparece una segunda novela. En este caso, es obvio que rescataré "La tristeza del samurai" y ya les contaré cómo me fue.
Disculpando los excesos melodramáticos de la trama que crea Víctor, el caso es que la amplia visión que nos ofrece a través de varios personajes de las ramificaciones, consecuencias y antecedentes del suceso clave que estructura la novela en diferentes niveles e interpretaciones, sujeta al lector a las más de quinientas páginas con un dogal de interés, apasionamiento narrativo y originalidad. La muerte de una niña y un joven atropellados accidentalmente por el coche conducido por un hombre, capital en la novela, que estaba borracho y drogado en ese momento y la espiral de odio, venganza y tormentos interiores que crea están descritos con un dinamismo magnífico y una efectividad con pocas fisuras. Los personajes son sólidos, sus diálogos apropiados a cada uno y el estilo con el que se describen sus vivencias es directo, rápido y de una austera exactitud.
A pesar de que me sorprende y en cierta forma me incomoda la ilustración de la portada (un fragmento del cuadro de Lucian Freud "Reflection with Two Children") en la medida en que Freud me repele como pintor, he de reconocer que la elección está justificada. El mismo autor nos desvela las claves de esta elección de portada (pág. 117) cuando hace que el narrador omnisciente --punto de vista narrativo escogido por Víctor-- nos cuente los pensamientos de Eduardo, uno de los protagonistas de la novela, un pintor desolado y embrutecido por la muerte de su esposa y su hija en un accidente, respecto a los cuadros de Freud y en concreto el autoretrato de portada: "...aquellos cuadros..le habian inspirado para ser un pintor de almas, a retratar las sombras que habitaban sus modelos...con miradas frias y despiadadas...aquél cuadro, su hermano inspirador...era su verdugo". Y esta es, en esencia, la marca del estilo reflejado en "Respirar por la herida": retratos de personajes en profundidad, indagando en sus sombras, sus frustraciones y su amargura. Y la mirada del autor también es una mirada "fría y despiadada", no hay complacencia alguna en sus descripciones psicológicas y en todos los personajes aletea una sombra amarga y a veces cruel. El mundo que nos muestra Víctor es duro y amargo como lo son sus criaturas. El destino y las propias culpas se ha cebado en ellos y parece que no haya remisión posible, aunque muchas de las criaturas que se debaten en el sórdido mundo de la culpa y el odio tienen elementos de humanidad y ternura, huérfanos de amor pero no de sentimientos, devuelven al lector una mirada triste que a veces es más dulce que patética. Eduardo y Gloria ponen en marcha el "deus ex machina" de la novela: la segunda, madre del joven muerto en el accidente provocado por Arthur, el sombrío ejecutivo de origen argelino, encarga a Eduardo que haga el retrato del hombre que "asesinó" a su hijo. Este encargo abrirá la Caja de Pandora y las historias saldrán de ese caja, ligera o declaradamente ominosas, pero con algunos retazos de elementos positivos, el amor, la lealtad, la amistad, la ternura. No demasiados, pero suavizan la tensión de una existencia en la que el dolor y el mal hacen acto de presencia demasiado a menudo, trastocando la vida de las gentes. Exactamente como lo hace la vida en todos nosotros. El drama (a veces el melodrama) y la tragedia a secas están a la vuelta de la esquina y Víctor del Árbol nos lo muestra con buen oficio, despertando nuestro interés y empatía.
No hay aquí recursos a la estructura habitual de la novela negra, ni detectives, ni policías y el ambiente carcelario es tratado con suma simplicidad: lo interesante de este escritor es que refleja una mirada a la existencia al estilo de Victor Hugo o Camus (aunque puede ser tan sórdido como Dickens, nunca es tan sentimental) y lo que nos ofrece es una elaboración --menos universal y ambiciosa que Hugo-- de unos "miserables" anímicos arrastrados y condicionados por el dolor y la venganza. Seres comunes y familiares a los que la fuerza de un destino aciago les conduce a actitudes intransigentes y duras, unas venganzas más afines al dolor impotente que no se sabe afrontar o superar que a maquinaciones maquiavélicas o a acciones tipo thriller al uso. Es posible detectar esa pátina de estoicismo y sequedad en algunos de los personajes, esa dureza interior algo indifernete, que me recuerda a "La Peste" o "El extranjero". Y es que Víctor del Árbol es un narrador de personajes: nos cuenta su historia a través de los sentimientos, las dudas y las emociones de sus personajes. Creo que ahí radica su interés y su valía. El desequilibrio dinámico ético que se instala en los personajes, haciéndoles transitar entre la venganza, el dolor, el odio y el exceso, sin perder la coherencia profunda. Quizá la ausencia de humor del narrador es lo que lastra la tendencia suave al melodrama, pero eso no es un defecto. Supongo que es un elemento de estilo que suele desaparecer con la experiencia. La mirada realmente humana siempre tiene una chispa de humor. Y este autor desborda humanidad.
FICHA: "RESPIRAR POR LA HERIDA", Víctor del Árbol.- Editorial Alrevés, 522 páginas. 20 euros.
Jeffrey Eugenides es un escritor greco-norteamericano que a finales de los noventa se hizo célebre con una novela rompedora, "Las vírgenes
suicidas", a la que, como suele suceder, el cine convirtió en un éxito de ventas y a su autor en una promesa bastante sólida. Aunque el empujón que Sofía Coppola dio a la novela con su
película fue meramente conyuntural. La novela se merecía el éxito. Unos años más tarde, ya mediada la década anterior, Eugenides se lanzó al ruedo con "Middelsex" que volvió a copar listas de
éxitos y como confirmación de calidad oficial recibió el Pullitzer en 2003. Diez años después, y eso es un buen síntoma de lo trabajadas que son las novelas de Eugenides, nos ofrece "La
trama nupcial". Como algunos de sus compañeros de generación, (Paul Auster y Irving son un poco anteriores y son los que más me gustan, quizá porque pertenecen a mi generación) Art Buchwald,
Jonathan Franzen, Thomas Friedman, Jonathan Ames, David Mamet o Paul Theroux, entre otros, su estilo me agobia un poco con su enciclopedismo y su precisión técnica. Dominan un sentido del humor
eficaz y cómplice, están documentadísimos, suelen ser muy explícitos en cuestiones sexuales y abundan en referencias metaliterarias e históricas.
Lo hermoso de este libro es el intento, a mi parecer frustrado pero admirable, de recrear una novela sentimental inglesa del siglo XVIII, al estilo de Jane Austen,Wharton o George Eliot con los mimbres de una joven universitaria de los ochenta inmersa en la sociedad del momento y el clásico ambiente universitario de los Campus de aquellos años sitiados por el sida y el desencanto de Reagan. Eugenides, para establecer una tensión humoristica interna, hace que su protagonista, la joven Madeleine, deba lidiar con sus dudas amorosas y el caracter e idoneidad de los dos candidatos a convertirse en marido, un joven científico, prepotente y brillante y un estudiante de religiones comparadas, un tanto místico, inmerso en dudas metafísicas y personales. Para complicarlo tdo, Madeleine vive en el Campus la eclosión del estructuralismo francés en la Universidad norteamericana, con las demenciales interpretaciones de Derrida, la semiótica de Eco o los agónicos ensayos de Barthes. Y los textos de Levy Strauss, Peter Handke, Cioran o Robert Walser.
Eugenides se pone en al lugar del creador omnisciente y no se corta en opinar sobre los problemas y las actitudes de sus personajes, con un humor demoledor y un sarcasmo divertido. Aunque nos ofrece los puntos de vista de Leonard (el cientifico) y de Mitchell, (el mistico) sobre los vaivenes sentimentales que viven con Madeleine, es realmente habil cuando se pone bajo la piel de la chica y nos habla de sus lecturas, de su romanticismo un tanto teórico y literario, de sus ilusiones y temores. La búsqueda de una visión intelectual sobre el amor y las relaciones que Madeleine refleja incesantemente forja la trama más divertida de la novela: las contradicicones entre la táctica sentimental y amorosa de la chica y su obsesión por comprender el carrusel histérico de sus relaciones a través del análisis obsesivo y desencantado que va leyendo en "El discurso de los enamorados" de Roland Barthes. Actitud que la deja inerme ante la pasión que Leonard le despierta de forma brutal aunque casi indiferente por parte de él. Así que el hallazgo de la novela consiste en el empeño de Madeleine por poner un traje romántico a unas relaciones que tienen toda la simplicidad y aspereza de la desencantada juventud de los ochenta.
Ese desencanto satura "La trama nupcial", lo que evidencia el lamento y pesar de Eugenides porque en aquel tiempo, --mucho menos en el actual-- los esquemas amorosos de la literatura de esos autores leídos no sean aplicables. El mundo de hoy carece del orden y la claridad que la sociedad aceptaba entonces como normas validas en las relaciones (aunque debamos incluir en el paquete la hipocresía, la minusvaloración de la mujer y las diferencias sociales angustiosas). De alguna manera, se lamenta el autor, entonces todo el mundo sabía cuáles eran las reglas de juego. Y ahora, no hay reglas. Y apenas hay juego. Sin embargo las novelas de amor siguen alterando nuestras neuronas, porque el amor --a pesar de todas las deformidades y manipulaciones--sigue siendo un sentimiento valido, deseable y necesario.
"La trama nupcial" es un título que define no sólo el estudio de fin de carrera que Madeleine realiza, basándose en los citados autores y autoras ingleses del XVIII y XIX, Dickens, Trollope, las hermanas Brönte, Jane Austen o Henry James, sino una temática que llevó a un éxito sin parangón de la novela como género. Quizá por eso, por la dificultad en volver a escribir novelas semejantes, Eugenides propone un final ambiguo en el que dos de los personajes de la trama, el místico y Madeleine se enfrentan a una opción que altera el esquema habitual de "chica duda ante los pretendientes y acaba decidiéndose por el mas adecuado y no por el más deseado". Y no les digo cúal es esa opción para que acudan al libro. La Austen y las Brönte deben haberse removidas inquietas, aunque divertidas, en sus tumbas.
Sin llegar a la cerrada perfección de "Las vírgenes suicidas", Eugenides logra con esta novela encandilar a los lectores bibliófilos y emocionar a los amantes de la literatura inglesa del XVIII y XIX. E interesar a cualquier lector digno de ese nombre. Piensen que la primera frase de la novela dice: "Para empezar, mira todos esos libros". Y nos cuenta el contenido de la biblioteca "de tamaño medio, sin dejar de ser portátil" de su protagonista. Es un novela divertida y compleja.
FICHA
LA TRAMA NUPCIAL.- Jeffrey Eugenides.-Editorial Anagrama. 544 páginas. 23,90 euros..