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8 abril 2020 3 08 /04 /abril /2020 09:35

Seguimos percibiendo la dicotomía entre libertad individual  y bien común, entre disciplina social motivada y derechos individuales, entre ciudadanos preocupados por su derecho a ir a sus segundas residencias a pasar la Semana Santa y personas que aplauden las 300.000 sanciones aplicadas y las 3.000 detenciones realizadas con reincidentes y agresivos. Hay pueblos costeros que han creado retenes de policías municipales para bloquear los accesos. Mientras tanto la eventual mejora de las estadísticas de mortalidad y letalidad del COVID siguen despistando a la población. La mortalidad designa la proporción de fallecidos con respecto a la población total de la ciudad o del país de que se trate. La letalidad es la proporción de contagiados por el virus que fallece. En todo caso si la curva de Gauss desciende, aumenta la curva en ascenso de los que tratan de saltarse el confinamiento. La ausencia de una política común y  de medidas coordinadas entre los países de Europa (y del mundo, pero eso es otro tema) muestra a las claras una de las mayores decepciones políticas que el que esto firma, y tantos otros como yo, hemos tenido sobre la idoneidad de Europa como futuro nivel de Gobierno continental. Un sueño utópico más que se desvanece-

Creo que el Covid también afecta a las neuronas-espejo  (las encargadas de crear ese sentimiento maravilloso que se llama empatía) de sujetos-as que van dejando jirones de su humanidad. Me refiero a personas de ambos sexos que trabajan como cuidadoras o personal sanitario con escasa formación en demasiadas residencias de la tercera edad. Evidentemente son la excepción -y la vergüenza- de esa abnegada profesión que sólo merece aprecio y admiración por su papel en esta hecatombe. Pero para alarma de todos se repiten ejemplos de actuaciones que rozan la criminalidad contra esa parte de la población que está siendo la víctima propiciatoria del virus (sin olvidar la problemática compleja de las faltas  de ayuda, los recortes, la mala gestión o la dejadez de administraciones y políticos): nuestros ancianos. No voy a entrar en detalles. Duele de solo escribirlos.

Y, por último, mi queja desde hace mucho, demasiado, tiempo. Los bulos, la manipulación de las noticias, los alarmismos, la instrumentalización política a base de mentiras, exageraciones y disfraces "humanitarios". La extrema derecha sigue su marcha de desprestigio, de creación de angustia ciudadana, atizando los odios y las quejas, creando campañas apocalípticas y destructivas...pero eso sí, incapaces de dar ni una sola idea constructiva. La queja y el odio como directrices. Forman una voz única e identificable de AUSENCIA de inteligencia, realismo, compasión y solidaridad.

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7 abril 2020 2 07 /04 /abril /2020 12:12

Parece que el confinamiento está dando un resultado positivo: la famosa función estadística o  "curva" de Gauss comienza a descender. Hay menos contagios y menos fallecimientos, pero la alarma está en vigor y, créanme ahora más que nunca debería mantenerse. Todos los que de una manera u otra han trabajado en alguna ocasión en entornos de epidemias y por supuesto el mundo sanitario, saben que las recaídas son muy peligrosas y aún más difíciles de erradicar. No escribiré de estadísticas y cifras provisionales, desconfío de los big data y de números sin constatar o fuentes y sistemas de evaluación. Pero hay algo desgraciadamente constatado, aunque no es su magnitud exacta: el enorme número de ancianos fallecidos a consecuencia del virus. una gran parte ingresados en las llamadas "residencias para mayores, en dos terceras partes bajo gestión privada.

Lo que más me llama la atención y me entristece es constatar cómo en pleno siglo XXI  parte de la sociedad española y muchas familias -quizá empujadas por necesidades y exigencias de nuestro actual modelo  de vida-  hayan olvidado el respeto y cuidado que merecen nuestros mayores. Que sigamos unos criterios económicos y sociales que descarta a los ancianos como no productivos y por tanto onerosos para la sociedad y sus familiares, obstáculos del progreso social y el bienestar familiar.  ¿Cómo se ha podido olvidar que muchas familias han sobrevivido en algunas épocas gracias a las magras pensiones de los abuelos? Otras no existirían o no tendrían una supuesta vida confortable -que lo es en muchos casos porque los ancianos tienen un agitada vida activa cuidando de los nietos mientras los padres trabajan- sin los sacrificios y el trabajo duro que esas personas hicieron toda su vida laboral. Y recordemos que esa generación dada por perdida, fue la que con su activismo y su sacrificio modelaron los cambios políticos y sociales para edificar una España que jamás había sido tan próspera. Y todo eso, para, en muchos casos, recibir como agradecimiento el ser aparcados en algunas mal llamadas "residencias". Lugares que más bien son " morideros" en los que ni siquiera, como en la vieja película "Soylent Green",  los ancianos descartados morían pacíficamente y sin dolor escuchando la Pastoral de Beethoven con maravillosas secuencias de una Naturaleza verde y fértil  tal y como ya no existía en la película, un mundo arrasado por la contaminación global.

Pero dejémonos de películas. Lo cierto es que el Covid19 ha traído a la realidad una cuestión nada baladí: ¿qué diablos está haciendo la sociedad capitalista avanzada con sus ancianos? ¿Sabremos algún día con certeza el número vergonzante de ancianos que ha muerto en esas "residencias" o en cualquier otra parte por efecto del virus, de la dejadez culpable de las administraciones públicas frente al problema y de la codicia inhumana de multinacionales y fondos carroñeros? ¿Recordaremos con vergüenza comentarios oídos a líderes políticos internacionales y algunas personas  en nuestro país, manifestando sin asomo de humanidad, "menos mal que el virus se ceba preferentemente en viejos" o "será un descanso para el sistema de pensiones" o "para lo que hacen" o "será un modo de equlibrar la superpoblación de ancianos" o "ya han tenido suvida, que dejen sitio a los que vienen"... Y demás lindezas tan prescindibles como éstas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 abril 2020 2 07 /04 /abril /2020 11:42

A menudo uno se pregunta porqué nos dejamos invadir por otros idiomas cuando el nuestro cubre, incluso más bellamente, la necesidad u objetivo comunicativo de que se trate. La colonización del inglés es un fenómeno irreprimible y global. Y, sin duda, tiene sus razones económicas, científicas, sociales y culturales. Pero, vaya, hablamos tan ricamente de "fake news" cuando podríamos decir "noticia falaz". ¿Qué es falacia? Atiendan: mentira, engaño, calumnia, fraude, falsedad, capciosidad, insidia, dolo. El autor, falaz, es mentiroso, embaucador, embustero, artero, artificioso, engañoso, insidioso, capcioso, falso, impostor. ¿Quizá es que queda más fino, culto, informado o socialmente bien visto que hablemos de "fake news" más que de noticias falaces?

Dejemos eso. Hablo de la proliferación de ese tipo de "noticias" en estas jornadas dramáticas de forzado aislamiento relativo y de eclosión exponencial de mensajes, vídeos, postales, películas, charlas y conferencias, algunos de origen oficial y la mayoría anónimos o escudados en supuestos especialistas o expertos, cuando no lisa y llanamente en descerebrados o, aún peor, intereses ocultos de tipo político, económico o patológico. La mayoría muestran una grosera simplicidad, cierta estupidez y una agresividad partidista bien detectable. Pero en otros es difícil percibir y detectar su falsedad. Vienen protegidos por tres elementos que los blindan contra el sentido común. Uno, suelen apoyarse en verdades demostradas y del dominio público, pero sólo de forma instrumental y parcial. Dos, se enmascaran en personas más o menos conocidas, instituciones públicas y estudios científicos de índole universitaria. Tres, ofrecen mensajes neutros, bien escritos y desarrollados, con impecables apoyos de tipo gráfico o documental, en los que hay que ser muy diestro, informado en la cuestión y estar muy atento para detectar la semilla de falsedad que introducen. Y aún más difícil es percibir el interés doloso de la posible fuente. ¿Quién gana -dinero, poder o influencias- si uno se cree la falsa noticia?

Estoy percibiendo en los últimos días un crecimiento sutil (este tipo de fuentes deformativas tiene muy en cuenta el síntoma de sospecha que crea una aglomeración de noticias falaces) de informaciones suavemente sesgadas para "advertirnos" de la manipulación informativa de chinos y rusos con respecto al Covid, otros que resaltan geopolíticamente la bajada del precio del crudo y lo que supone para ciertos países y alguno más descarado que nos alecciona del nuevo mundo y los equilibrios de poder que van a sustituir y no de forma positiva al antiguo orden (que, asombrosamente, queda como algo "deseable" en sí mismo, aunque no aclara para quién). Ojo, pues con lo que leemos y vemos. No nos traguemos todo.

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6 abril 2020 1 06 /04 /abril /2020 09:37

Hace más o menos un mes comenzábamos a percibir la alarma que venía de oriente, ante los bulos, la desinformación y la arrogancia de quienes creían que eso no sería una amenaza real a nuestro "sólido" sistema de vida. Fue la primera lección que aprendimos: la prepotencia es pura y simplemente insensatez. Cuesta creer, cuatro semanas después, con las cifras de contagios disparadas a niveles obscenos y de muertos a números apocalípticos.  ¿Saben ustedes que las cifras que nos llegan no son en absoluto exactas, que la víctimas reales las desconocemos, no sólo porque hay quienes las ocultan sino porque las sistemas de computación son irregulares, en algunos países inexistentes y en otros quedan disimuladas por otras causas?

Pero lo más difícil de creer a estas alturas de la pandemia es que sigan corriendo bulos indeseables, mentiras interesadas, medias verdades manipuladas o ignorancia y estupidez negacionista. Hoy lunes las noticias siguen mostrando actitudes, comportamientos y tendencias absolutamente destructivas e insolidarias (que por lógica humana resaltan más que las maravillosas muestras de cooperación, compasión, ayuda altruista y humanismo que también abundan). Haré un rápido recorrido, desde mi particular "bestia negra" de la política internacional, ese dechado de reconcentrada cretinez pública que es el señor Trump, que pretende hacer más grande su país y está logrando su cometido: cada vez es más grande en su obstinada insolidaridad y mezquindad ombliguista. Y es más grande el rechazo y las críticas que recibe de sus antiguos aliados. Ahora ha dado en hacer su propia guerra comercial con el resto del mundo tratando de acaparar el mercado de material sanitario para luchar contra el Covid  aunque sigue presumiendo de su negacionismo irredente: ha declarado que él no se pondrá la mascarilla en ningún momento. Esperemos que lo haga así. Estados Unidos entra esta semana en los picos de contagios (más de 350.000) pero su nivel de vuelos internos sigue al nivel de siempre y el confinamiento público se reduce a algunos de esos Estados.

Por cierto,  el primo gemelo de Trump (y no sólo en chocante aspecto físico) el señor Boris Johnson ha tenido que  salir del 10 de Downing Street para internarse en un hospital, pues su positivo en el virus sigue adelante (debe lamentar amargamente sus comentarios desdeñosos ante la pandemia y su renuencia a tomar las medidas adecuadas). Que conste que no deseo más que un susto a esos dos líderes que tanto daño están haciendo a la solidaridad global. 

En otros lugares: Irak cuya guerra olvida la amenaza que ya tienen en casa, como Yemen y Siria. El negacionismo surrealista de los líderes de Brasil, Nicaragua y México que está agravando la potencialidad del virus, con mediocres sistemas de salud y una población con pocos medios y muchas aglomeraciones. O, lo que es muy alarmante, las recidivas de Singapur y Japón (el primer ministro Abe se niega aún así a declarar el estado de emergencia).

En fin, un panorama poco alentador. La cretinez de algunos con poder sigue complicando las cosas. Es la historia eterna de nuestra especie.

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5 abril 2020 7 05 /04 /abril /2020 07:00

Hoy es domingo. Hay que darle una valoración precisa a ese detalle significativo, no sólo desde el punto de vista religioso, cada vez lo es menos y creo que nos perdemos algo importante con eso, sino desde el más profundo de la necesidad del ámbito de lo sagrado en la vida. A través de los siglos hemos sustituido lo sagrado por lo religioso y éste por la banalidad del ocio y la exigencia permanente de diversión, de entretenimiento, de deporte compulsivo, de relaciones superficiales y neuróticas y del histerismo feroz de los medios digitales, que es la última vuelta de tuerca de la deshumanización. La pandemia ha detenido el viejo mundo. Nos vemos encerrados con nosotros mismos. Y en vez de reflexionar, de analizar, de aquilatar y de buscar lo más profundo (eso sería en realidad una manera de volver al misterio de lo sagrado) la mayoría opta por el envilecido pero neuroticamente necesario esclavismo de la pantalla luminosa. Aún así, hoy es domingo. Dejamos en paz el baile de la muerte de los datos ominosos o la fugaz esperanza de la remisión de la "curva" de contagios y respetamos el tradicional mandamiento del descanso (que nuestros hermanos judíos trasladan al sabath y los hermanos musulmanes al viernes).

Así que hoy les voy a regalar dos cuentos breves. El primero transcurre en un pueblo perdido del África más desasistida, un recinto de chozas de adobe y cañas, susurrante de insectos bajo el manto aplastante del sol. Una joven antropóloga norteamericana quiere celebrar su último día de convivencia con los niños de la  tribu. Ha terminado su trabajo de campo y convoca una fiesta infantil (en la que se va a llevar una sorpresa decisiva para sus hipótesis). Los niños la rodean pues les va a plantear un juego con premio incluido. Les muestra una cestita llena de relucientes chocolatinas americanas, con sus lujosos envoltorios de chillones colorines. Los pondrá a todos de cara a un gran árbol cercano, tras una línea en el suelo y les dirá que esperen su señal. Ella irá hasta la sombra del árbol y allí depositará la cestita. "Esta cesta y su contenido de chocolatinas será para el primero que logre llegar hasta ella. A la de tres, corred hacia ella y que gane el más rápido". Uno, dos y...los niños se miran entre sí y alguno susurra algo...y ¡tres! Entonces, asombrada, ve como todos los niños se dan la mano y corren juntos de manera que llegan todos al mismo tiempo bajo el árbol del premio, riendo como locos.

El segundo cuento nos habla de un profesor ingenioso en una clase asturiana de niños de 3 a 5 años. Un día lleva a clase globos de fiesta de diversos colores. Hace que los niños los hinchen, uno cada niño, y que pongan su nombre en él. Cuando los tiene todos, pide a los niños se pongan en un extremo de la clase y él en el opuesto. "Atended niños, ahora voy a soltar los globos hacia vosotros y cada uno tiene que encontrar su globo, el que tiene su nombre. Cuando estéis todos con él, habré medido el tiempo que tardáis en hacer este ejercicio tan fácil y divertido". Efectivamente, lanza los globos y los niños, gritando y riendo, se precipitan a buscar el suyo. Todo es una enorme y divertida confusión. Pasan los minutos y son muy pocos los que ha  conseguido apoderarse de su globo. Cuando, sudorosos y satisfechos se presentan ante el profesor, ven algo confusos que éste les habla con cierta seriedad. "¿Queréis que os cuente un truco que hará que todo este tiempo y trabajo que habéis derrochado en el ejercicio sea muchísimo más tranquilo, descansado y rápido? Todos dicen que sí, todavía con la respiración agitada por el esfuerzo y el correteo de un lado para otro. "Pues bien, dice el profesor, ahora lo vais a hacer de otra manera. Cuando yo lance los globos, cada uno cogerá el primero que le llegue a las manos. Después mirará el nombre que hay escrito en él. Puede ocurrir que  sea el suyo, pero es bastante improbable. Será de otro compañero. Pues bien, en lugar de desecharlo, lo llevará al compañero cuyo nombre tiene el globo. En un minuto, los niños, silenciosos y admirados, comprobaron que todos tenían su globo y nadie se había cansado en buscar el propio, otro compañero se lo había dado."

La moraleja de estos dos cuentos tiene que ver con ciertas actitudes fundamentales que toman algunas, no todas, las personas que vivimos este drama, a menudo tragedia, del Covid 19. Piensen en ello.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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4 abril 2020 6 04 /04 /abril /2020 09:24

Tras las últimas lluvias el campo ha reverdecido, el sol resalta los colores vivos y frescos de una Naturaleza indiferente a  los males humanos. Aunque si imaginamos sentimientos en la Naturaleza, posiblemente la veríamos sonreir aliviada por lo que ocurre: toda esta tragedia humana global  está insuflando salud  y fuerza a una Naturaleza muy  dañada por las actividades humanas: desde el cambio tajante de los niveles de contaminación en las grandes ciudades, a los descalabros que el turismo masivo y las labores irresponsables para el medio ambiente o las afectaciones imputables a las industrias contaminantes y, en general, a la codicia humana, nos están abocando a un cambio climático de consecuencias  imprevisibles. Observemos que los mismos negacionistas indignados y agresivos sobre el cambio climático, en un primer momento también negaron al Covid-19 y sus efectos planetarios (el señor Trump, sin ir más lejos).

Trato de reforzar un cierto optimismo, aplicando el consejo del maestro estoico Epicteto: preocúpate de aquello que está en tu manos arreglar, soporta y aprende de lo que está fuera de tu alcance resolver. Pero aún así, las píldoras informativas que me van llegando, hacen ardua esa labor. En general son muy duras y refuerzan aquélla frase de Swift (el autor de "Gulliver") que ya en el siglo XVIII decía lamentar pertenecer a una especie, la humana, que constituye por sus acciones, su codicia y su estupidez, "la más dañina clase de bichos que pueblan la Tierra". Y como muestra, un botón, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, uno de los negacionistas, que ahora se ha pasado al otro extremo y ha dado luz verde a la policía y al  Ejército para que disparen sobre las personas que rompan la cuarentena y se agrupen para saquear las tiendas de comestibles. ¿No sería suficiente con detenerlos y juzgarlos?

Me hago eco de dos noticias con apoyo mediático que no va gustar nada a la clase de los privilegios: los políticos. Por un lado se  insiste en que deben desaparecer los complementos y dietas extrasalariales (por ejemplo, por desplazamientos, justo en estos días en que no se desplaza la mayoría)  de los ya demasiado bien pagados sujetos. Ahora se empieza a pedir que se aplique un ERTE a la clase política, aprovechando las circunstancias, para eliminar el exceso improductivo y oneroso en que ha caído el país (desde hace generaciones, corregido y aumentado en estos tiempos). Lamento parecer ingenuo pero me gustaría que alguien me explicara por qué se pagan a los políticos primas de asistencia a sus órganos de deliberación si eso es, justamente, parte del trabajo por el cual les pagan sueldos que envidian las tres cuartas partes de la población española. Para terminar este sucinto resumen de mi jornada de confinado, dos asuntos más que me han inquietado: las amenazas de muerte que recibe Antonio Taucci, el experto en epidemias que ha usado la Casa Blanca para modificar la inicial negación de Trump de la importancia del virus. Elementos de la ultraderecha que empuja en pro de la reelección de Trump han "condenado" a Tucci por su papel de "mensajero de desgracias" que puede obstaculizar la reelección del presidente más nefasto que ha tenido el gran gigante norteamericano en los últimos tiempos.

Y el hecho asombroso, por su estupidez y crueldad, de que las guerras localizadas en Siria, Irak, Libia o Yemen no se han detenido y parece seguir cooperando con el Covid para diezmar la población civil martirizada en esos países. ¿Negacionistas o simplemente psicópatas del poder y de la violencia?

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3 abril 2020 5 03 /04 /abril /2020 10:31

A pesar de que el título de la novela era un poco disuasorio para el niño culturalmente machista que era yo con ocho o nueve años, mi bulimia lectora me hizo entrar en el confortable mundo femenino de la escritora estadounidense Louisa May Alcott . Había sido publicada en 1868  y nos contaba la vida cuatro niñas que viven la Guerra Civil en los Estados Unidos como fondo de su vida familiar y se convierten en mujeres. La cuestión era un poco sospechosa incluso para mi lecturamanía (me calzaba hasta los prospectos de los medicamentos y el periódico local). Parece que la señora Alcott narraba sus propias  experiencias infantiles y el texto rezumaba autenticidad y gracia por los cuatro costados, a pesar de los añadidos y recortes de la traducción que leí. La he vuelto a leer en una edición actual  y la volví a disfrutar. En mi infancia seguí  con "Hombrecitos" . Esta ya no me gustó tanto, ni tampoco "Aquellas mujercitas"  publicada años después sobre la madurez de las divertidas damitas que yo amé.

Fue escrita por Alcott en dos meses de intenso trabajo y tuvo tanto éxito que, como con Conan Doyle y su Sherlock Holmes, la autora se vio obligada a escribir las continuaciones que he comentado y un par más que no leí.¿Cuál fue el secreto de Alcott y su primera obra? La total negativa de la autora a escribir una cursilada. En la novela no hay ñoñerías ni concesiones a la ortodoxia femenina de la época. Sobre todo el personaje de Jo, pero también la madre y el ambiente general de la familia es una revolucionaria y osada declaración de inteligencia femenina (recuerden que en esa época las feministas eran apaleadas por la policía en las calles de muchas ciudades europeas) de libertad de criterio y de orgullo de género. Es más una guía de crecimiento personal femenino y una nueva y sólida ética de comportamiento de la mujer, fuera de las sujeciones y represiones a las que estaban obligadas por la sociedad finisecular. Hay quien ve en ella un trasunto casi literal de "El progreso del peregrino" de John Bunyan . Como no he leído ese libro alegórico, aunque lo conozco, me libraré muy mucho de hacer comentarios al respecto. Quede esto aquí como una sugerencia al lector generoso de que dedique un poco de su tiempo a leer la novela citada, si es posible antes que "Mujercitas".

Que nadie se llame a engaño. "Mujercitas es recomendable para cualquier lector culto que desee conocer una novela que encandiló a escritoras de la categoría de  Simone de Beauvoir, Ursula K. Le Guin, la autora de Harry Potter, Carson McCullers o  Zaddie Smith. Y como ocurre con los clásicos, en cada lectura y relectura que haces recibes un mensaje distinto y complementario. Es una fuente de sugerencia y placer.

 

FICHA

MUJERCITAS.-Luisa M. Alcott. Ed. Anaya. TRad. Almudena Lería, Ilustrador Enrique Flores.-ISBN9788466793155

 

 

 

 

 

 

 

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3 abril 2020 5 03 /04 /abril /2020 09:51

 Hay días de encierro en los que la clausura tiene un deje amargo y otros, la mayoría, en que la solidaridad de la gente, sus mensajes, sus trabajos compartidos que cuelgan en la red, las noticias que los medios serios destacan por encima de las frivolidades, los hacen más llevaderos, incluso agradables o emocionantes. Hoy es de los primeros. Tiene relación con unos juicios inicuos que veo demasiadas  veces reproducidos, la idea (falsa) de que el virus afecta a los mayores de 70 años  preferentemente y algunas consideraciones sobre que habría que priorizar salvar a los más jóvenes en situaciones en que la carestía de medios obliga a seleccionar. Sófocles, Goethe, Verdi, Borges, Saramago, Matute, Scorsese, Freud, Einstein o Eastwood, lo tendrían muy mal en estas tesituras. Incluso ha habido una circular de la consellería de Salut de la Generalitat a los equipos sanitarios  sugiriendo esa solución al dilema ético que se puede plantear, aunque elevando la edad de corte a los 80 años. Curioso que esto venga de una institución co-responsable de la mala gestión de la sanidad en Cataluña (señor Mas, la historia le pasará cuentas por las dos brillantes iniciativas que implementó, el procés extremista y el desmantelamiento sanitario catalán). Creo que lo que ocurre es suficientemente serio como para no plantear públicamente esos dilemas morales y dejar espacio a la ética profesional de los que se enfrentan a la situación.

Por otra parte, el desalmado uso delictivo que algunos hackers hacen de sus habilidades informáticas y de su nula moralidad para introducirse en los sistemas sanitarios, emitir noticias falsas y alarmistas, aprovechar los ERTE para, haciéndose pasar por el Servicio Público de Empleo, conseguir datos bancarios de los trabajadores en suspenso, crear falsas ONG o campañas fraudulentas  de ayuda a los más necesitados...en tiempos de guerra, actividades dolosas semejantes constituían un delito que se pagaba con la pena de muerte.

Y por fin, aunque es una noticia que pongo entre paréntesis por no tener confirmación fidedigna, una mujer joven, posiblemente política en ejercicio en el Parlamento andaluz, protesta por el rechazo de la mayoría de sus compañeros de la Cámara --en ningún momento dice a qué partido pertenece--, a una propuesta de recortar los sueldos y dejar de cobrar las generosas dietas que reciben por la asistencia personal o virtual a la sede autonómica, por desplazamientos, incluidas comidas y hotel. Todo ello para ayudar a las necesidades económicas que comienzan a aparecer en el pueblo andaluz. Lo cito más como un síntoma de defensa de los privilegios de clase de la que ya había tenido noticia  desde hace años prácticamente en todas  las autonomías y, por supuesto, en el Gobierno central. Que los políticos cobran mucho, tienen privilegios como dietas y blindajes económicos y además consideren totalmente justificado el gasto que supone al país su codicia institucionalizada, es una cuestión a plantearse. Sostengo que la política, los políticos, son necesarios y a veces imprescindibles para gestionar la complejidad de un país, junto con muchos técnicos, expertos y funcionarios. Otra cosa es que en conjunto haya demasiados para un país como éste y que en bastantes ocasiones resulten abusivos, corruptos, redundantes o inútiles. Y en algún caso, todo al mismo tiempo.

 

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2 abril 2020 4 02 /04 /abril /2020 07:20

 

DIARIO DE UN CONFINADO (12)

Por enésima vez, no busquemos culpables. Afrontemos la situación con lo que tenemos y ampliando las ayudas hasta el máximo punto posible. ¿Creen ustedes que la penuria sanitaria ante el desafío monstruoso del virus es algo natural, achacable a la ruptura de límites que supone, por definición, una pandemia global? En absoluto. Es una catástrofe no previsible, pero la respuesta podía haber sido otra de haber dispuesto de una estructura sanitaria pública española que se hubiera limitado a crecer de forma equilibrada desde los noventa hasta hoy, a pesar de la crisis financiera del 2008. Quizá podía haber habido una cierta frenada invertiva,  pero no una política de acoso y derribo, totalmente irresponsable, impuesta por la clase política a los hospitales públicos y el personal sanitario.

No vamos a entrar en acusaciones contra partidos o líderes. Al menos,  mientras esta pesadilla acabe o se estabilice o aparezcan vacunas efectivas, hagamos como aconsejaba Bertold Brecht (con otros objetivos): "Borremos las huellas". Justo lo que con una desvergüenza patética hacen ciertos políticos/as que creen que el pasado se reescribe cada día, como nos cuenta Orwell en su "1984". Señores políticos, aparte de la mala memoria de cierta masa popular que no ve más allá de los mensajes manipulados en algunas teles o en internet, existen hemerotecas y archivos que muestran las declaraciones públicas de ciertos políticos, en aquellos años infaustos, justificando el brutal recorte en la Sanidad española (y no digamos de la catalana, con Mas a la cabeza de un recorte semejante). ¿O es que hemos olvidado las reiteradas protestas públicas de las "batas blancas" por toda la geografía española?

Según datos de la OCDE, España es el 4º entre los países de Europa que más ha recortado la sanidad pública (detrás de Grecia, Islandia y Portugal),  el número de camas, UCIS, médicos y sanitarios en los hospitales públicos o directamente han privatizado servicios, locales o hospitales, buscando un virtual desmantelamiento de nuestra Sanidad Pública.

La situación actual en el mundo sanitario español, colapsado por las víctimas del virus, es patética y éticamente desgarradora. La falta de material profesional esá causando indefensión y contagios entre el personal sanitario que está desbordado por la afluencia de enfermos y se ven sometidos no sólo a un estrés demoledor por el exceso de trabajo y la falta de descanso que motiva el personal escaso, sino a decisiones a vida o muerte entre pacientes a los que no se puede atender debidamente.

Por tanto, en el humilde alcance que pueda tener este escrito y en cuanto la pandemia remita y volvamos a una cierta normalidad, INSTO  a todos cuantos me lean a sumarse a una convocatoria nacional bajo el lema: RECORTES SANITARIOS NUNCA MAS, INVERTID EN SALUD.

Alberto Díaz Rueda

 

 

 

 

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1 abril 2020 3 01 /04 /abril /2020 07:18

Empleando una frase de Bertrand Russell dedicada a otro asunto, pero que resulta muy adecuada para una de las cuestiones que más me preocupan en este momento, Europa y su falta de solidaridad, diría que la UE ha demostrado ser "una hermosa hipótesis destruída por una fea realidad". Aquí, en este confinamiento rodeado de amenazas, cuando nos bombardean por todas partes con noticias desalentadoras, bulos de una vileza sorprendente, premoniciones económicas catastróficas, aunque también con ramalazos de ingenio optimista, de esperanza en cambios positivos, muestras de esa solidaridad humana que se echa en falta en tanto encopetado tecnócrata comunitario...uno recuerda las palabras de Goethe en una ocasión bélica para su país, Alemania: "O nos implicamos todos en un quehacer común o pereceremos". La canciller alemana debe conocer esa frase del gran genio poético y literario de su país.

La angustia del presente unida a la ansiedad por el futuro es una mezcla desesperante. Ningún país puede por si solo salir de este pozo sin el apoyo en piña del resto de los países de su entorno geoestratégico. Por eso sueño en estos días difíciles con una poderosa corriente subterránea que emerja en cada país de la UE y que fertilice el único vergel sanitario y económico que nos puede alimentar a todos y cada uno de los países comunitarios e incluso a los vecinos que no lo son,  pero que nos necesitan: la solidaridad y la  cooperación internacional. No dejemos que tan bella hipótesis política y económica sea destruída por la fea realidad del egoísmo y la rapacidad de algunos políticos sin visión de futuro.

Mañana les hablaré de la Sanidad española, esa depauperada víctima de políticos sin escrúpulos.

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