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20 enero 2015 2 20 /01 /enero /2015 09:21
Yo soy el padre y la madre

Jerry Lewis es uno de esos cómicos que crean escuela aun asumiendo que es un cinéfilo empedernido y ha sacado elementos de casi todos los clásicos del cine de humor norteamericano. Quizá esa sea una de las razones por las que en su propio pais hubo criticos que le acusaban poco menops de plagiador (con gran injusticia). Una vez separado de Dean Martin con el que formó un dúo sin mucha gracia pero con algún éxito y en el que hacia siempre el poco grato papel del tonto gesticulador y patoso, comenzó una carrera en solitario que darñía al cine muchos de esos clásicos del humor que lo entronca en via directa con la escuela de Keaton, Chaplin, Oliver y Hardy y Abbot y Costello, aceptando las enormes diferencias entre ellos. (Siempre he creido que Woody Allen es un Jerry Lewis con la expresividad de Keaton y la inteligencia judía pasada por Freud).

En esta película es el chico bueno y un poco tontaina y patoso que debe hacer de padre putativo de unos trillizos gestados por una despampanante actriz tras un matrimonio relámpago con ujn "torero" mejicano oportunamente muerto en el ruedo. La actriz fue amiga del protagonista durante la niñez y la adolescencia y amor eterno de éste. Y solo confía en él para que las cuide, sin importarle mucho que esté soltero. Los equívocos y enredos sirven para que Lewis vaya dando sartenazos irónicos (muy blandos) al puritanismo de la sociedad del país, a la manipulación televisiva y a la institución familiar. Todo politicamente correcto, por supuesto, atemperado por el humor descabellado de Lewis y su afición (que mas tarde abandonaría gracias a Dios) a trufar de melosaas canciones sus películas.

Para los cinéfilos, diversión asegurada con los guiños clásicos: “El milagro de Morgan Creek” de Preston Sturges, “El chico” de Charles Chaplin, “¡Qué bello es vivir!” de Frank Capra… y hasta el imposible dedo encendido de Stan Laurel.

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19 enero 2015 1 19 /01 /enero /2015 16:01
La biblioteca secreta

Un Haruki Murakami poco menos que desconocido cuando en 1990 publicó este cuento pseudo infantil o este pseudo cuento infantil, nos narra una corta historia de un chico muy joven que entra en una biblioteca, más o menos inspirada en la borgiana y le empiezan a ocurrir cosas entre el asombro, el terror, las metamorfosis más singulares y un antagonista espantoso.

Con unas bellas ilustraciones de la alemana Kat Menschik y una cuidada edición de Libros del Zorro Rojo, "La biblioteca secreta" se inscribe en el subgénero de bibliotecas y librerías encantadas, brujeriles o misteriosas, aunque en este caso es más un pretexto de la narración que podía haber ocurrido en una tienda de venta de discos, telas, ferretería (conozco una en Vallderrobres tan llenas de sótanos y pasadizos misteriosos como la del libro) o grandes almacenes en estado de hibernación o a deshoras totales. No les cuento más, sólo apreciar el estado onírico de lo narrado y algunos apuntes, pocos, donde ya reconocemos de inmediato a Murakami, como en sus descripciones de las comidas que recibe el protagonista o en alguna metáfora o imagen que sorprende de pronto con la audacia estilística y poética del japonés ("la noche de luna nueva se aproximaba, secreta y sigilosa como un delfín ciego", pág 44) o en el fatalismo inocente del joven y la truculencia de los hechos, contados a la manera de los mejores cuentos de los hermanos Grim. La metáfora se me escapa y tampoco me parece un relato de iniciación. Tiene la falta de sentido aparente de algún relato de Kafka y Murakami deja en libertad al lector para que imagine lo que le venga en gana. Sin duda, un libro indispensable para los fans del escritor nipón.

FICHA

LA BIBLIOTECA SECRETA.-Haruki Murakami. Trad. Lourdes Porta.-Ilustraciones de Kat Menschik.- Libros del Zorro Rojo.-63 págs.- 15 euros

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18 enero 2015 7 18 /01 /enero /2015 16:32
El capitán Blood

Una de las primeras películas protagonizadas por un jovencísimo Errol Flynn, dirigido por un especialista del cine de aventuras, Michael Curtiz. El papel del médico represaliado e inocente en tiempos del malhadado rey Jaime de Inglaterra y convertido por mor de las circunstancias en capitán pirata, le venía como anillo al dedo al actor, que sentaría cátedra del prototipo del héroe: joven, hermoso, descarado, valiente y audaz, amén por supuesto, de astuto y seductor.

Una de las películas clásicas del subgénero de piratas que luego sería copiada hasta la saciedad desde Polanski hasta el fabuloso mundo de la plastilina de animación británica. Olivia de Havilland le da la réplica como la remilgada y un poco tonta dama amada, mientras que el magnífico Basil Rathbone hacía de villano (habitual papel para este actor de carácter, con el que se enfgrentraía varias veces más en sendas películas a Flynn y a otros) antes de bordar para la historia del cine a Sherlock Holmes en varias de sus aventuras.

La película no presume ni de documentación histórica ni documental, es un emocionante entretenimiento del cine de aventuras y no se le pida más (los españoles somos descritos de una manera deplorable). Las relaciones de la trama son poco menos que improbables y todo tiene un aire infantil que no resta emoción al conjunto.

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17 enero 2015 6 17 /01 /enero /2015 09:48
Descifrando Enigma

Alan Turing, matemático genial, criptólogo, científico de primera línea es Benedict Cumberbatch (cada vez más asentado como un nuevo Laurence Olivier, aún más matizado y complejo). Sucesivos flash backs en el tiempo nos permiten ver la adolescencia del genio y ya a mitad de la película sabemos por qué ha dado ese nombre especial a la máquina que construye contra todo pronóstico y trabas militares y personales. Una máquina que le permitirá descifrar la famosa "Enigma", la máquina con la que los nazis encriptaban los mensajes operativos bélicos para los ataques de sus unidades. Eso ayudará decisivamente a ganar la guerra a los aliados. Y no solo eso, el desdichado Turing, sería unos años más tardes el padre putativo de los ordenadores que hoy son indispensables en nuestra cultura. Dirigida por el noruego Morten Tyldum, el director borda esta película notable, no solo por las interpretaciones, sino por la ambientación, el ritmo, la tensión que logra imbuir a la trama y la enorme sensibilidad con la que trata la homosexualidad del científico, cuya condena judicial por esa característica sexual en la Inglaterra pacata e hipócrita de los 50 del pasado siglo es una de las grandes vergüenzas de la historia de la ciencia, a la altura de Giordano Bruno o Galileo. El gran héroe de la II Guerra Mundial (aunque no mató a nadie fue responsable de que no murieran millones de personas), el genio inventor condenado a prisión o a la castración química por "conducta sexual inapropiada" se suicidó ingiriendo una manzana bañada en cianuro, quizá rememorando una de sus películas predilectas, según parece, "la "Blancanieves" de Disney.

Destaquemos una banda sonora excelente que acompaña a la acción acentuando el dramatismo y a veces la teatralidad exacta y minuciosa de algunas secuencias que siguen un endiablado ritmo de thriller durante sus casi dos horas de duración. Keira Knightley da una réplica emocional maravillosa al protagonista y Matthew Goode, Charles Dance como macho alfa y Mark Strong, con su cuidada puesta en escena plena de elegancia. Gran despliegue en todos los aspectos técnicos y, artísticos y humanos, realzados por el soberbio guión de Graham Moore. Gran película. Felicitémonos por admirar a un actor tan completo -y complejo- como Benedict Cumberbatch. Quizá el mejor Sherlock Holmes que nos ha dado el cine, con todos mis respetos por Basil, Cushing y Lee. Es interesante hasta cuando piensa. .

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16 enero 2015 5 16 /01 /enero /2015 09:55
El bebé y el acorazado

Deliciosa película inglesa del año 1956 con dos jovencísimos Richard Attenborough (luego oscarizado director con Gandhi e inolvidable jefe de los prisioneros británicos de los nazis en "La gran escapada") y el genial John Mills, haciendo ambos de marineros en un acorazado que por esas cosas de las comedias tienen como invitado secreto a un bebé en plenas maniobras militares de postguerra. Dirigida por Jay Lewis y con un tratamiento de comedia ingenua y sin malicias de ningún tipo. Magnífica ocasión de volver a ver el cine blanco de la postguerra.

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15 enero 2015 4 15 /01 /enero /2015 10:29
La colina de la hamburguesa

Desde el "Apocalipsis Now" de Coppola hasta "Platoon" o "El regreso" y "El cazador", la guerra de Vietnam inspiró centenares de películas. incluidas las de Wayne y Rambo, en los ochenta del pasado siglo. Sin embargo "La colina de la hamburguesa" pasó bastante inadvertida. Dirigida por John Irvin (si le añadimos una g al apellido tendremos el nombre de uno de los mas notables escritores norteamericanos del siglo XX) nos muestra un Vietnam muy realista que ya hemos visto apuntado en algunos de los clásicos, los novatos, los veteranos y oficiales con la dura mirada "de los cien metros", música a todo volumen, despilfarro de medios y de personas, prostitutas vietnamitas, batallas absurdas y sin sentido, desmembramientos, sangre, dolor y lágrimas, barro y lluvia, olor de napalm y gotas de heroísmo aisladas en un mar de desesperación, amargura, tedio y brutales dosis de adrenalina y muerte.


La película lo refleja con bastante verosimilitud. Y lo pero y de lo que menos de habla, la culpable y trágica indiferencia y desconocimiento de algunos mandos superior sobre las ordenes que impartían y las consecuencias en moneda de muertes que provocarían sin que su utilidad militar se viera por ningún lado (es el leith motiv de esas joyas "La delgada línea roja" de Terrence Malick (II G.M.) o de "Senderos de gloria" de Kubrick (I G.M.) lo que nos demuestra que el genio militar es inversamente proporcional al numero de muertes que provoca en las propias filas. La debacle sangrienta de la toma de una colina sin importancia militar por un batallón de soldados diezmado en diez intentos de conquista por unos vietnamitas bien pertrechados y adiestrados, debido a la rigidez de las ordenes superiores o los detalles de las muertes por "fuego amigo" por errores de logística y comunicación...eso fue Vietnam también y quizá también por esa razón perdieron la guerra. Cree que la película de Irvin está infravalorada a pesar de sus defectos de realización y su plantel de actores poco conocidos. No se vayan cuando llegue el final, la música de esos minutos de créditos finales es de Phillip Glass. Y otra cosa, el hecho real en el que se basa la película fue peor, muchísimo peor, más sangriento y caótico, muchísimo más. Tanto que quizá la "inexistente" censura de Hollywood no hubiera considerado rentable la película.

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14 enero 2015 3 14 /01 /enero /2015 15:13
La escultura de sí

En la Piazza San Zanipollo de Venecia hay una estatua ecuestre de bronce del artista Andrea de Verrocchio que representa al Condotiero Bartolomeo Colleoni. Cuando el filósofo francés MIchel Onfray pasea una tarde por allí, la ve por primera vez y tiene una especie de epifanía, un deslumbramiento, "aquello que desde hacía tiempo se buscaba dentro de mí se resolvió de repente y tomó la forma de una fascinación". Y concluye: "Es una figura de excelencia, un emblema del Renacimiento que asocia calma y quietud, fuerza y determinación, temperamento de artista y voluntad de reinar sobre sí antes que cualquier otra forma de imperio" (pág.21).

El Condotiero y su estilo de vida se convierte para Onfray en un símbolo de aquél "querer hacer de su vida una obra de arte", que marca caminos de excelencia para el filósofo y el motivo central de su libro "La escultura de sí". Junto al Condotiero Onfray reivindica las figuras literarias y filosóficas del "anarco" de Jünger que inyecta su voluntad de poder en ese vivir cada instante como si fuera el último, en el "héroe barroco" de Gracián, en el Cortesano de Castiglione en el "Caballero" de Lulio, en el "dandi" de Baudelaire o el "Hombre multiplicado" de Marinetti, todos en busca de la afirmación de un yo denso, fuerte y creativo. Nietzche sobre todo, pero también, Hegel y Schiller.

Para Onfray "no hay moral sin la decisión feroz de estructurar la existencia a través de la voluntad" (pag,81) y la materia sobre la que se aplica es la vida cotidiana. Apasionado, de expresión barroca y no fácil de seguir (y a veces de entender) el libro de Onfray es un vehemente alegato por la filosofía como arte de buscar la excelencia, una determinación ética --y estética--que no desdeña la pasión y se niega a enclaustrarse en la erudición o en la moralina. Dotado de una enorme -y agobiante a menudo- facilidad de expresión y de un lenguaje barroco, autorreferencial, exquisito hasta el retruécano y de largos y complejos circunloquios, pero también de belleza, intuición, audacia e ingenio, Onfray justifica su reputación de "martillo de ortodoxias" y de joven rebelde (ya no tan joven y más cáustico que revolucionario) fustigador de acomodados y autocomplacientes figurones filosóficos.

.Machacar al modo de Nietzche las virtudes tradicionales y correctas ( la contención, la humildad, el perdón…), reivindicando la energía, lo sublime y lo virtuoso. Una estética de la moral que eleve y afirme al ser humano, sólo aceptando el yugo disciplinario de su propia voluntad. Su objetivo es el poder sobre sí mismo. Onfray, como Pirrón y los epicúreos buscan un hedonismo bien entendido, abierto a los placeres y rechazando el sufrimiento. Propone la cortesía como regla de comportamiento y relación con los otros y sugiere el término "eumetría" como arte de alejar a los otros que despreciamos o ignoramos y de acercar a los que respetamos o admiramos. Y así seguir una ética "de la inmanencia sostenida por nociones como las de individualismo libertario, utilitarismo festivo o erótica solar".

A pesar de la sugestión y brillantez en bastantes páginas de este denso ensayo, sigo prefiriendo al Onfray de la "Contrahistoria de la filosofía", aunque no al del sesgado y rabioso libro sobre "Freud. El crepúsculo de un ídolo".

Por cierto, atractiva edición de Errata Naturae. No se pierda el lector acercarse a la última página del libro (sin numerar) donde está la justificación de edición y lea el texto que los editores han colocado allí junto al dibujo de portada.

FICHA

LA ESCULTURA DE SÍ.-Michel Onfray.-Trad. Irene Antón.- Ed. ErrataNaturae.-221 págs.

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14 enero 2015 3 14 /01 /enero /2015 08:36
The Interwiev

Este es uno de los casos en el que una película mediocre (tirando a mala, grosera y de humor vulgar) "The Interview", se convierte en un arma arrojadiza contra la libertad de expresión y adquiere una notoriedad enrome, casi planetaria, por razones políticas y no cinematográficas. El rifirrafe levantado por los "hackers", el dictador de Corea del Norte y su Gobierno, las amenazas de ciber terrorismo y la claudicación de la productora Sony ante las amenazas, la intervención de Estados Unidos y otros países de occidente y la ridícula prepotencia norcoreana han convertido una cinta destinada a pasar como un filme de humor político más, en algo recordable en la historia de la cultura de este siglo.

Dos periodistas de un canal amarillo de televisión, son enviados a Corea del Norte para entrevistar a su escurridizo líder. A partir de esa premisa lo que sigue es una versión casquivana de "Top Secret" o alguna de las películas de Leslie Nielsen del tipo "Aterriza como puedas" o las de "Mr. Bean". Evan Goldberg y Seth Rogen firman esta película, con algunos momentos de humor conseguido pero generalmente muy pasado de vueltas con un James Franco sobre actuante y excesivo permanentemente. El tono de sátira, de la tele, de los periodistas y de los líderes absolutos es de buena ley, con momentos buenos --pocos-- y la mayoría tan absurdamente exagerados que hasta pierden su gracia. Tanto es así que de no haber ocurrido el inesperado desastre publicitario que ha obtenido la película se podría convertir en un episodio de esos programas de la tele donde todo se exagera buscando la risotada más que la sonrisa inteligente o el ingenio. "The Interview" se ha convertido en un conflicto internacional con ataques informáticos y tomas de posición a nivel de jefes de estado. Absurdo y lo que es peor, ridículo. Uno echa de menos a Chaplin y su "Gran Dictador".

Recordemos a Leslie Nielsen peleándose físicamente con el Ayatollah Jomeini, Mikhail Gorbachev, Yasser Arafat, Muammar Gaddafi, Fidel Castro, o la reina de Inglaterra. Qué tiempos aquéllos. Hoy tendríamos un rosario de ojivas nucleares volando de unos países a otros. ¿Qué ha pasado con el sentido del humor...o mejor, qué ha pasado con el sentido común?

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13 enero 2015 2 13 /01 /enero /2015 16:09
Siempre Alice

El dramático problema del Alzehimer, en este caso precoz (una mujer de cincuenta años) puede afectarnos a todos, sin distinción del poder de la mente que alberga el cerebro, ni de su formación o actividades. Lo mismo le afecta a un campesino, un deportista o un profesor de universidad o un genio de la física cuántica. Esta excelente película del cine independiente norteamericano basado en una novela de Lisa Genova, ha sido dirigida por Richard Glatzer y Wash Westmoreland. Una grandísima actriz, Julianne Moore, borda su papel encarnando a una doctora en lingüística, Alice Howland, una académica de fama internacional, con trabajo universitario, investigación y publicaciones. El drama personal está maravillosamente reflejado por la mirada y la angustia que la Moore logra comunicarnos. La tragedia de la pérdida gradual de l conocimiento tan arduamente conseguido en toda una vida y también, en definitiva lo más grave, la pérdida de la propia identidad y de la de los seres queridos, el marido y sus dos hijos.

A pesar del fuerte dramatismo de la situación los directores y la actriz logran mantenerse alejados del melodrama y la auto conmiseración, en la que vamos asistiendo a la gradual y creciente pérdida de conciencia de Alice. Kristen Stwart, como su hija y un contenido y austero Alec Baldwin como su marido, dan la replica ante una Julianne Moore magistral. El guión es modélico y logra en escasos 99 minutos mostrar el profundo desgarro interior de esa mujer aún joven y deportista que se va hundiendo en la nada" . Película sobresaliente para una actriz en estado de sublimación dramática y naturalidad..

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13 enero 2015 2 13 /01 /enero /2015 08:53

 

Richard Ford es un paradigmático escritor norteamericano del grupo que triunfaba en los finales del siglo XX. Desde 1987 al 2006 asombró al público con una trilogía dedicada a un personaje Frank Bascombe, un hombre corriente en la sociedad de ese país, al estilo de Updike y su "Conejo". "El cronista deportivo", "El Día de la Independencia" y "Acción de gracias" lograron premios y lugares de honor en la narrativa americana  y se expandieron por el ámbito de influencia en Europa. Las tres fueron en su día calificadas como "la gran novela americana" (sea lo que fuere lo que semejante e hiperbólico calificativo signifique). Ahora, después de dos obras "menores", Ford se destapa con "Canadá" una especie de novela de iniciación o aprendizaje ("bildungsroman" las llamó Goethe) donde el protagonista, Dell, un muchacho de quince años, nos narra morosa y detenidamente  -en 510 páginas y 68 capítulos- su vida, desde que sus padres decidieron atracar un banco hasta su vida adolescente en Canadá donde se refugió y vivió unas duras experiencias en las que se cometen dos asesinatos. Delle nos habla de esos tiempos rememorando los hechos, cincuenta años después.

En esta su séptima novela, Ford, evoca un poco el estilo de una obra anterior "Incendios" (1990) que también tiene un narrador adolescente, un poco siguiendo la estela de  "El guardián en el centeno" de Salinger, el "Wilhem Meister" de Goethe o "Bajo las ruedas" de Herman Hesse. Sin embargo y a diferencia de las obras citadas, Ford parece  contagiarse de la fría lucidez y la sobriedad de estilo de su protagonista y no logra  en ningún momento conmovernos. Recordaba "El mundo de los prodigios" de Robertson cuando leía a Ford (en esa novela Davies nos habla de una adolescencia como la de Dell, pero consigue conmovernos duramente). En "Canadá" asistimos a un viaje al fin de la noche, un pasaje adolescente que traspasa la línea de sombra de la que hablaba Josep Conrad, el punto brutal que obliga a saltar de la inocencia a la madurez de la realidad más rastrera y que obliga al protagonista a escoger una dirección para su vida, sin vuelta atrás. Pero, el problema es que el lector, al menos yo, no siente emoción alguna. Reconozco la habilidad técnica de Ford, su magnífico empleo del lenguaje (en la excelente traducción de Jesús Zulaika), la inteligencia de sus comentarios, la habilidad en estructurar la novela, pero no siento que he leido una novela memorable. Aunque haya leido paginas memorables, como la 257, cuando Dell dice: "A lo largo de todos estos años mi hábito de pensamiento da por hecho que toda situación en la que se ve envuelto el ser humano puede dar la vuelta. Todo lo que alguien me asegura que es verdad, puede no serlo".

Es como un Faulkner o un Dickens desprovistos de su honda humanidad a la hora de narrar la sobria dureza de sus historias. Es un estilo complejo, espeso, lleno de circunloquios, sólido y austero, sin sombra de lirismo o de humor (a diferencia de los dos autores citados), concienzudo y detallista. Y, no obstante ésto, es una novela sólida que es preciso tener en cuenta para conocer a este autor. El personaje de Arthur Remlinger, un John Silver (personaje esencial para Jim Hawkins en "La Isla del Tesoro") siniestro y pulido, mentor  y referencia de Dell, es otro de los aciertos. El chico admira a Arthur y desea que le quiera y proteja, pero poco a poco descubre que "hay personas así en el mundo, personas con algo malo en ellas, algo que puede disfrazarse pero no negarse y que las domina". ¿Hay manera más bella de definir la parte oscura de alguien encantador y peligroso? Aunque más tarde (pag.390) se pregunta, "¿por qué nos dejamos atraer por gente que nadie consideraría buena o saludable, sino peligrosa e impredecible?". Y nos apunta cuál es su defecto principal y el que justifica todo lo que nos ha contado, al mencionarnos su teoría del "pensamiento inverso" (pag. 470):"...es el hábito que me hacía creer que había importancia donde no había más que carencia...pero puede implicar ignorar lo obvio: un error grave que puede llevar a más errores y a todo tipo de alevosos peligros". ¿Quíén siendo adolescente no ha compartido ese "hábito"? En resumen, una buena novela a la que quizá le falta algo de aliento emocional.

 

 

FICHA

 

CANADÁ.-Richard Ford. Ed. Anagrama. Traducción de Jeús Zulaika.510 págs.

 

 

 

 

 

 

 

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