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12 enero 2015 1 12 /01 /enero /2015 10:02
Genet en el Raval

Admiro y respeto al Goytisolo de los principios, adalid de libertades y dignidades difíciles de sostener en una época sombría de España, el de "Señas de identidad", "Juan sin tierra", "Makbara" (ésta es la que menos me gustó en su día, "Paisajes después de la batalla"), "Cuarentena" o "La saga de los Marx"...después siguió siendo un autor de referencia pero ya no para mí. A partir de un momento indeterminado entre los 80 y los 90 seguía leyendo sus artículos, con sentimientos encontrados, quizá porque casi habia abandonado la narrativa y sus ensayos no me interesaban.

Su libro sobre Genet, una recopilación de trabajos sobre ese autor francés tan controvertido es elocuente y un poco hiperbólico. No veo por ninguna parte la grandeza filosfófica "y mística" de Genet, autor por otra parte interesante para el lector avisado, que transita muchas veces entre la repugnancia que provocan algunas situaciones y personajes descritos y el asombro de algunos destellos de poesía de la miseria, la mugre y lo canallesco.

Símbolo y mártir del mundo gay no logro empatizar con el personaje que nos va describiendo Goytisolo, entre el ditirambo y la admiración literaria, por lo visto entregado en cuerpo y alma a esta especie de FRançois Villón, aún más encanallado, aunque a diferencia de ese clásico precedente francés del siglo XV parece que nunca llegó tan lejos.

Ese «territorio moral» de Genet, habitado por el robo, la prostitución masculina, traiciones y humillaciones, miseria consentida y buscada, es donde este escritor pleno de "malditismo" saca materia para sus libros (el barrio chino de Barcelona en los años 30 para su célebre "Diario de un ladrón", publicado en 1949). Goytisolo nos habla de esa época y da título al libro con ese episodio. Despues nos rescuerda escritos ya publicados en otras obras dedicados a glosar esa figura desdichada, en la que nuestro reciente Premio Cervantes trata de convencernos de la «santidad» laica y atea de su añorado modelo.

Para descibir la tortuosa y torturada vida de este escritor se necesita más de un Rabelais que de un entregado Goytisolo. Sólo con humor humano e ironía con unas gotas de compasión íntima no explicitadas de ninguna manera (al estilo de algunas líneas repartidas en las obras de Nietzche) se puede leer y reflexionar sobre Genet. Pero a pesar de todo, hay un punto en el que comprendo y apoyo a Goytisolo (aunque maldita la falta que le hace tal cosa): el testimonio de una amistad profunda. Eso es algo que siempre me conmueve. En fin, libro sólo para lectores informados.

Y un último detalle, Genet fue enterrado en el pueblo marroquí de Larache, frente al Atllántico. Confieso que lo primero que me atrajo de Genet fue ese dato. Larache fue el pueblo donde viví mi infancia (feliz y aún añorada) cuando pertenecía al Protectorado de España y donde mi padre ejercía un puesto de alto funcionario. Por mi simpatía hacia los marroquíes y sus tradiciones, me sorprendería mucho que ocurriera con el tiempo lo que se pregunta Goytisolo de Genet: “¿Se convertirá con los años en uno de esos santos -- los malamatís, santos populares, santones proscritos del Islam por su conducta inmoral y hasta delictiva-- a quienes los romeros, tras anudar las cintas de sus exvotos en los árboles cercanos a la tumba, colman de humildes presentes y solicitan favores?”.

FICHA

GENET EN EL RAVAL.- Juan Goytisolo.- Galaxia Gutemberg.-145 págs.

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11 enero 2015 7 11 /01 /enero /2015 11:07
Que levante mi mano ...

Es uno de los grandes, sin duda. Murió hace ocho años pero aún conserva el "tirón" de su energía literaria, su ironía y su sentido del humor. Incluso los típicos productos editoriales que tratan de exprimir la vaca sagrada del gran autor (en este caso nueve discursos inéditos, siete de ellos dirigidos a estudiantes universitarios en días de su graduación) son bienvenidos, a pesar de que no reflejan la enorme creatividad del escritor si muestran su espontaneidad, su humor ácido y su magnífico sentido del amor al prójimo y de servicio a la comunidad. Es brillante como una estrella fugaz y divertido como un buen amigo ingenioso y algo pasado de vueltas, sardónico, mordaz y una pizca de ingenuidad de buena persona bastante indignada con los malos y la deriva destructiva del hombre respecto a la naturaleza. "Que levante mi mano quien crea en la telequinesis" ni siquiera es el título de una conferencia o un relato, sino una frase espigada en un surtido más o menos ingenioso de Vonnegut colocado al final del libro.

Ya desde el título o mejor el subtítulo "y otros mandamientos para corromper a la juventud" ofrece pistas suficientes para imaginar el carácter del contenido: parlamentos dedicados a los jóvenes que se gradúan (final de bachillerato y comienzo de carrera) en algunos colegios y universidades del país. Ironía a espuertas, algo de sarcasmo, mordacidad no hiriente, un cierto cariño entrañable por los jóvenes: una constante en la escritura de Vonnegut que, ante su propia sorpresa, fue considerado "colega" de los jóvenes irredentos de los 70 hasta el 2000 (discursos realizados entre 1978 y 2004). Lo curioso es comprobar pese a la disparidad de fechas los mensajes --con algunos detalles reiterativos y sacados a flote mas de una vez, cosa comprensible-- son de una voluntad transgresora que nos pone los dientes largos (ay, si en nuestras universidades hubiéramos tenido a este tipo sonriente de mirada irónica y amable), por su carga de compromiso con todo lo noble y humano que está en peligro, en los que la sutileza equilibra el humor y la crítica se refugia en una mordacidad sardónico pero nunca hiriente.

De entre sus temas recurrentes, inevitables como hemos dicho por la propia dinámica de la coherencia interior del escritor, se encuentra una supuesta frase de su buen tio Alex, cuando ante cualquier circunstancia que le gustara y varias veces a la semana, se detenía, miraba sonriente a su sobrino “No me digas que esto no es bonito. ¿eh?”. Me siento cercano a él en esta voluntad irreprimible de gozar de la vida, algunos de sus momentos, la naturaleza, un libro, una melodía, un cuadro o una película, incluso una charla o una mirada.

Casi se puede decir esa frase contemplado y leyendo la edición que Malpaso (una editorial modélica por su buen gusto) ha hecho del libro, con los dibujos del autor. Kurt Vonnegut publicó catorce novelas además de numerosos relatos de ciencia-ficción, ensayos y otras obras. Digno émulo de Twain, Thoreau y entre los británicos Sterne y Swift, perfeccionó una visión satírica, crítica y guasona del mundo en el que vivimos. "Matadero 5" fue la obra antibelicista que le lanzó al estrellato literario, producto de su propia experiencia como prisionero de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y testigo forzoso del famoso bombardeo aliado de Bremen. Un exceso difícilmente justificable en esos momentos de pura derrota nazi y más por no ser objetivo militar o estratégico (aunque estemos de acuerdo de que la vesanía nazi merecía que se los borrara de la faz de la tierra: a ellos sí, pero no a la población civil, digo yo).

FICHA

QUE LEVANTE MI MANO....-Kurt Vonnegut.- Trad. Ramón de España.- Ed.Malpaso.- 118 págs.. 17,50 euros

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11 enero 2015 7 11 /01 /enero /2015 08:24

monuments-men-cartel-1.jpg

 Parece ser que Clooney no se siente satisfecho de esta película. La crítica le ha dado un buen varapalo y una vez más estimo que han exagerado a lo malo. La película se ve con agrado, a pesar de cierta ingenuidad ética en un planteamiento difícil de un dilema moral difícil. El tema no es conocido, excepto por los expertos y uno queda agradecido por la oportunidad de conocer un episodio bélico bastante interesante. El amiguismo de Clooney en algunas de su películas respecto a sus colegas predilectos es del todo aceptable dados los resultados. Vamos, amigo George, modifica tu juicio. No todo depende del dólar. "Casablanca" fue tildada de melodrama barato de serie B y ahí la tiene.

La vesanía hitleriana estaba copiada de la porfía romana del "Delenda est Cartago", sembrar de sal hasta los campos de los vencidos, destruir todas las señas de identidad de los pueblos arrasados para dejar sitio a la uniforme vaciedad prepotente de los vencedores. ¿Todas? No. Hasta cinco millones de obras de arte clásico y los modernos "no corrompidos" (Picasso, Klee y los maestros de origen judío no entraban en esos cálculos), iban siendo expoliados de museos y colecciones particulares (en manos de judíos) para adornar las casas de los jerarcas nazis y formar parte de un gigantesco museo hitleriano de obras de arte "confiscadas" por el III Reich que, gracias a los dioses, no había de durar los mil años previstos.

Ese excelente actor y persona rutilante que es George Clooney (que se ha empeñado en demostrar que Allen, Clint Eastwood o Robert Redford, no son los unicos grandes actores que también son grandes directores) artífice de filmes tan emblemáticos como "Buenas noches y buena suerte" o "Los idus de marzo", se lanza a producir, dirigir e interpretar "Monument's Men", una "peli de guerra" que entretiene y cautiva, aunque circula por cuestiones que filosóficamente tienen una complejidad más profunda de la que ofrece Clooney.

En realidad Clooney ha realizado una película de amigos y se nota la complicidad de todos ellos. Con ciertas reminiscencias de homenaje a cintas como "Los cañones de Navarone" o "La gran evasión" (reconocido por él mismo en una entrevista), el filme recoge las aventuras de un grupo de expertos en arte que fueron enviados a Euiropa en los últimos meses de la guerra para tratar de salvar y recuperar muchas de las obras de arte que los nazis habían confiscado. Esta basada en una brigada real (llegó a tener más de 350 miembros) que se enfrentaron a la muerte en su empeño de recuperar esas obras maestras (y, parece ser, devolverlas a sus legítimos propietarios, como no se cansan de decir los intérpretes de la película). La existencia de ese grupo paramilitar fue documentada por Robert M. Edsel que escribió un par de libros sobre ese poco conocido episodio de la II Guerra Mundial.

La pregunta básica que se repite durante toda la película es "¿vale la pena arriesgar la vida de un solo hombre para salvar los cuadros y esculturas robados?". La respuesta de Clooney y de su película es "si". Y ahí es donde la filosofía, el sentido común y la historia tienen algo que oponer. Por mucho que se esfuerzan, Clooney, Matt Damon, Bill Murray, Cate Blanchet, John Goodman, Bob Balaban o Jean Dujardin, en ajustarse a esa premisa, insertando heroicidad, humor e inteligencia, la cosa no queda clara para cualquiera que se haga sinceramente esa pregunta.

La película tiene pues dos vertientes. La puramente cinematográfica a la que sólo hay que objetar acaso unas deficiencias en ritmo, coherencia argumental y los saltos de intensidad narrativa que se producen. Y la apuntada previamente, que llamaremos "filosófica" pero que en realidad es sociohistórica. ¿Para quién se salvan realmente la mayoría de esas obras? ¿Para ese ente indescifrable o claramente tautológico que llamamos "cultura universal"? ¿Para los dueños privados de muchas de ellas? ¿Para esa minoría ilustrada que las conoce o las disfruta?. Quizá debamos pensar con Walter Benjamin que "no existe  documento de cultura que no sea  a la vez documento de barbarie" y que si viviéramos realmente en una sociedad igualitaria con programas de cultura general que privilegiara enseñanzas culturales y artisticas, unido a politicas culturales, educativas y fiscales consecuentes, no se plantearían esas dudas. Y extendiendo el razonamiento, ¿sería previsible que una gobierno como el del PP cuyas actitudes y politica de arrasamiento cultural son obvias y cotidianas, avalara una operación semejante a la de los Monument's Men? Ya oigo una respuesta, "si, si los dueños fueran millonarios conocidos o empresas punteras".

Y no digo más.

Una última propuesta: vean en cualquier videoclub el película "El tren" dirigida en 1964 en resplandeciente blanco y negro por John Frankenheimer con Burt Lancaster de prota.

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10 enero 2015 6 10 /01 /enero /2015 10:54
También somos seres humanos

Rodada por William A. Wellman poco después de finalizar la II Guerra Mundial, la película es un alegato bélico contra la guerra, contra todas las guerras desde el punto de vista del combatiente. Se aprovechan escenarios reales europeos para contarnos la peripecia de una compañía de infantería bajo el mando de un teniente, después capitán, encarnado por Robert Mitchum, muy joven pero ya dueño de su estoica gestualidad y su mirada irónica.

Quizá, por una vez gracias a Dios, la productora española ha elaborado un título mucho más representativo que el original (G.I. Joe, nombre con el que se conoce al estereotipo del soldado norteamericano de infantería). Y así, "También somos seres humanos" nos ilustra sobre las miserias y sufrimientos, la solidaridad y el sacrificio de los soldados por las campañas del norte de Africa, Sicilia e Italia, dentro del espíritu tenso de un escuadrón. Aunque está claro que ese "también somos seres humanos" no se refiere a la totalidad de los combatientes sino a los del bando "bueno". (Fallo de perspectivas que no tiene la menos rigurosa "La colina de la hamburguesa" que deja traslucir cierta admiración por la combatividad de los vietnamitas, a pesar de su feroz maniqueísmo)

Wellman elabora un interesante filme que se aleja de los panfletos del cine anterior durante la guerra, pagado por el Gobierno con objetivos propagandísticos por encima de las películas panfletarias (alguna de notable interés a pesar de ello). Aquí se nos muestra que no todo era camaradería hasta la tumba y nobles y heroicos combatientes: lo de Wellman se acercan mucho más al hombre medio que se ve en situaciones límite y que puede reaccionar con valor y heroismo o con miedo y mezquindad, aunque sin forzar las cosas, recordemos que es el año 45 del pasado siglo y todas las heridas están abiertas.

Está basada en los relatos de Ernie Pyle, un reportero que no sobrevivió a la guerra, pero que compartió los horrores de la línea de fuego, siguiendo el dia a dia de un grupo de hombres en los diversos frentes de batalla. Con detalles tan auténticos y entrañable como el del soldado que recibe el mensaje de su hijo grabado en un disco y se pasa media pelicula buscando un gramófono que le permita oírlo y comienza con un perrito apadrinado por uno de los soldados y que todos terminarán cuidando. El personaje del periodista, interpretado de forma magistral por Burgess Meredith, va comentando a veces los hechos integrando la racionalidad y el sentimiento en imágenes devastadoras).

Wellman se luce en las escenas bélicas a pesar de no disponer por lo visto de un departamento de postproducción que mejore algunas secuencias. Excelente montaje e inteligente guión, que logra un relato coral con pocas pero claras individualidades (Mitchum y Meredith, en especial) en el que el realismo está contenido y rebosa seriedad (si apelar al heroísmo excesivo y absurdo a lo John Wayne o Rambo), combinando el drama o la tragedia con apuntes breves de comedia.

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10 enero 2015 6 10 /01 /enero /2015 10:28
Lucrecia Borgia

Cuando en 1997 se concedió el Premio Nobel de Literatura a Dario Fo, la declaración del Premio afirmaba que se lo daban «por mofarse del poder y restaurar la dignidad a los oprimidos en la más pura tradición de la juglaría medieval». Puro bufón, payaso ilustrado e inteligente, que se rie y hace reir vistiendo sus obras de un humor desacralizado, grotesco y burlón sobre los defectos y la podredumbre de la sociedad, desde los más altos estamentos hasta los más humildes. Es el gran teatro de guiñol del mundo, en clave grotesca, como un redivivo Valle Inclán. Darío Fo pone en su punto de mira al papado de una época deslumbrante y oscura al mismo tiempo, las lacras del clero durante el papado de Bonifacio VIII, buscando en su divertida y desmitificadora investigación histórica los ecos que cualquier lector va encontrando abriendo los ojos a nuestro momento actual (no sobre el Papado de hoy sino sobre el poder y sus excesos en el orden político o económico) convirtiendo su "Lucrecia Borgia" en una metáfora de lo que estamos viviendo.

Es el mundo infame de los Borgia, que llegan a dominar el centro luminoso de la Cristiandad del siglo XV a través de dos papas, uno de los cuales, Alejandro VI, se convertiría en la imagen de la vileza y la corrupción, también incluyendo a la célebre Lucrecia, su hija. Pues bien esta es la baza de Darío que con un estilo directo, interpelativo con el lector, guasón y de teatro de variedades va mostrando facetas de la figura de Lucrecia en la que la figura maquiavélica se convierte en una pieza, trágicamente inteligente y capaz, que es utilizada sin ningún recato como pieza política de su padre Alejandro y su hermano César. Tres maridos, uno de ellos declarado impotente fraudulentamente , otro asesinado y otro que le sobrevivió. Darío hurga en la documentación histórica y trata de reivindicar a la dama, niega las acusaciones de incesto y nos habla de sus relaciones con el poeta Pietro Bembo. Pero nos muestra a una mujer hábil, que juega sus cartas en el endiablado y peligroso juego de poder de la Roma de los Borgia. Pero que nadie se llame a engaño, el libro de Fo no es un tratado histórico o político, sino un juego divertido, audaz e imaginativo entre el escritor y sus lectores, sin ninguna tentación academicista, sino una especie de obra bufa que, como en los romances de ciego, nos hacen comprensibles los hechos tremendos de una época convulsa. Para ello Dario Fo se vuelve tremendo poniendo en sus diálogos (muy teatrales) expresiones divertidas que no corresponden a la época, como cuando un vicario apostrofa a otros con un "so listillos" o un "ya está bien de escaquearse" (pag. 23) o con comentarios jocosos dirigidos al lector, como cuando hace un chiste de un tuerto complaciente que debe casarse con una amante de Rodrigo Borgia y dice "Es además ciego de un ojo, de modo que para hacer la vista gorda tiene que mirar hacia otro lado con el que le queda" (pag.35). Como ven un estilo literario muy lejos de una novela histórica al uso. O alguna licencia como en un parlamento del rey de Francia que dice: "Tenemos que elegir, o el solaz carnal o la trampa del orinal. El orinal no tiene nada que ver, pero era para que rimara". (pag. 45). Es puro Darío Fo, que agrada a sus incondicionales y molesta a los puristas, pero que en tono caso entretiene y divierte.

El libro aporta dibujos del propio escritor, una bibliografía sumaria y, como era de esperar en un hombre de teatro, una galería de personajes, dibujados por el autor.

FICHA

"Lucrecia Borgia, la hija del Papa". Dario Fo. Traducción de Carlos Gumpert. Siruela. Madrid, 2014. 272 páginas. 19,95 euros.

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9 enero 2015 5 09 /01 /enero /2015 10:58
Big Time: la gran vida de Perico Vidal

Me gusta Marcos Ordóñez, ese alma renacentista que no le hace ascos a nada que suene a cultura, a belleza, a inteligencia y a poesía. Y me encanta como persona, muy alejado de los sutiles complejos de "prima donna" que se dan en esta profesión tan egoica. Una vez aclarado este punto, conviene añadir que esos sentimientos hacia Ordoñez no me restan un ápice las voluntad de aplicarle la más sincera y honesta opinión que provoca en mi la lectura de la obra que tengo en las manos. Como hago naturalmente y con el mismo rigor (o lo intento) con los escritores que no me caen bien.

Aquí Ordoñez es un buen periodista que trata de mostrarnos al hombre que vive en su libro, con un conocimiento de primera mano, fruto de muchas charlas y entrevistas y cuyas vivencias y hechos nos relata, ligeramente novelados, con bastante pasión. El personaje en cuestión, que murió a los 84 años en 2010, es Perico Vidal, un tipo atractivo, inteligente y sagaz en su proyección social que tuvo la suerte o la habilidad de montarse una existencia "de película" (y nunca mejor dicho), mano a mano con interesantes personalidades del cine internacional, la literatura y la cultura en general (que en aquellos tiempos del franquismo menos duro aun seguía siendo labor delicada).

Como nos cuenta en su revelador prólogo "Meeting Mister Vidal", Perico, era un hombre amante del Jazz, buen bebedor y gustador de féminas, una especie de marques de Bradomín guapo, católico y sentimental, capaz de cualquier cosa por un amigo y abierto a hacerlos con rapidez y hondura. Antón Castro no olvida el regate corto, la cuestión íntima y logra páginas entrañables cuando, al final, narra el reencuentro y la relación entre Perico y su hija Alana. Una buena historia, contada por un buen periodista, ajustándose "al toro" con una prosa que no pierde nunca, o pocas veces, el tono de un narrador metido con calzador literario en un personaje real Así que nada de florituras, estilo llano, documental y preciso. Como aficionado al cine lo he pasado bomba. Las historias de alcohol y juergas me dejan frío pero me encanta la humanidad del personaje central que Ordóñez ha retratado muy bien.

¿Qué hace interesante a esta figura casi desconocida por el gran público? Los cinéfilos, relájense: piensen que fue ayudante y "mano izquierda", conseguidor nato, de hombres como Orson Welles y Mankiewicz, amigo de David Lean, Robert Mitchum y Frank Sinatra (al que tenía que frenar ante sus manifestaciones de odio contra Franco), Ava Gardner, Liz Taylor y otros. Justo con "La parte de Alana", al final, los grandes focos de los estudios y los astros se apagan y bajo una luz cálida nos muestra un aspecto entrañable de ese hombre que encontró en Marcos Ordóñez su Eckermann.

FICHA

BIG TIME: LA GRAN VIDA DE PERICO VIDAL.-Marcos Ordóñez.- Libros del Asteroide.-272 págs. 18,95 euros

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9 enero 2015 5 09 /01 /enero /2015 08:18
Navidad en Conway

Olvidable película dirigida por John Kent Harrison en la que aquél buen actor que fue Andy García ya comienza a tocar fondo después de sus alimenticios últimos papeles en compañía de Clooney and friends. Ahora se embarca en un papel semejante como dos gotas de agua a la ultima pseudocomedia de costumbres (esta con niño incluido) del vacilante Douglas (hijo). La misma chulería, grosería y nulo encanto de tantos papeles de Eastwood, Nicholson, Williams, Pacino o De Niro, al estilo menos elaborado del añorado Fonda, Stewart o Newman: es decir ancianos rabietas, nada encantadores, que asustan y repugnan al más chungo de los botarates que tiene la desdicha de cruzarse con ellos. Pero aquí el cambio de carácter previsible viene dado por un drama serio como es la enfermedad terminal de la esposa del protagonista. El centro de la historia es una sentimentaloide anécdota que concierne a una noria y a una historia nostálgica del pasado de la pareja. Un poco a la manera de Capra pero sin su maestría y humanismo. El resto del reparto no aporta nada interesante a una película que parece un telefilme sin más ambición que conmover de manera equivocada y demasiado evidente al espectador. La referencia a la Navidad no es explicable.

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8 enero 2015 4 08 /01 /enero /2015 10:54
Fermín

Lo siento en el alma, pues suelo gozar de firme con las películas argentinas de los últimos tiempos. Buenos guiones, magníficas interpretaciones y buen pulso narrativo. Cine de primera. "Fermín" se queda en la tierra de nadie del despropósito tanguero, remolón y un poco oscuro. la historia de ese psiquiatra joven que se siente atraido por uno de los pacientes más cerrados en sí mismos, en un hospital psiquiátrico público argentino, está tan inmerso en la propia historia del tango de mediados del siglo XX argentino, que todo se vuelve algo complejo y las casualidades y singularidades que se nos van apareciendo hacia el final terminan por parecer excesivas. Admiro a Héctor Alterio pero su empecinado mutismo o sus monólogos tangueros resultan un recurso tan literario y artificioso que no acaban de conmover. Seguramente en el bello país americano la película levante ciertas paciones y nostalgias, pero aquí suena un poco como una sinfonía interpretado por músicos buenos pero que han olvidado la partituras. Gastón Pauls da la réplica al anciano Fermin (Alterio) y se involucra en una historia excesiva. Los flashback del pasado politico y social de Argentina (1945, 1955 y 1976) dan un aire de trhriler irresuelto con personajes bastante tópicos y una ansiedad emotiva que deja totalmente frío al respetable. Quizá el personaje más tractivo, aunque mal dibujado, sin profundidad, sea Emilio Disi como el bailarín Ciempiés. Dirigen Findling y Kolker, con escaso acierto a mi parecer, aunque el metraje dedicado al tango hará suspirar a sus aficionados. Las referencias políticas están colocadas con alfileres y con ánimo de emocionar al espectador y se quedan en puros apuntes.

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8 enero 2015 4 08 /01 /enero /2015 10:54
 Para cada tiempo hay un libro

Doce comentarios literarios y sesenta fotografías, con una relación temática entre estos dos productos culturales tan diferentes pero unidos en este caso por una exigencia común de sensibilidad en la mirada y de sosiego reflexivo. Los textos son de ese magnífico fanático del libro y la lectura que es el argentino Alberto Manguel. Y las fotos del mexicano Álvaro Alejandro. La temática central de los dos artistas, el escritor y el fotógrafo, es una respuesta a la propuesta esencial del libro basada en el apotegma del Eclesiastés sobre que "para todas las cosas hay sazón, todo tiene su tiempo determinado". Los textos hacen honor inmediato al tema mientras que las fotos guardan una relación más lejana y están realizadas como injertos surrealistas, bellos, sugerentes de escenarios cerrados en torno al libro, a la grafía, a la escritura, a objetos impensables preñados por el libro.

Se pueden leer los doce artículos breves y dejar para una sesión próxima las fotos, una demorada mirada reflexiva, para hacer una síntesis dialéctica con una segunda lectura esta vez acompañada por las fotos de cada capítulo. Es un libro bello. Para adornar nuestra biblioteca y ornar nuestra sensibilidad. Gozaremos de la complicidad esotérica del escritor, "si el escritor es leído, vive; si no, muere" y la del lector "sabemos que en un rincón secreto de la biblioteca nos espera el libre verdadero, escrito solo para cada uno de nosotros". Y el mensaje tranquilizador de esperanza: "Cambiarán ciertos instrumentos de escritura, cambiarán ciertos modelos de lectura, cambiarán ciertas técnicas editoriales, pero, esencialmente, el acto literario no cambiará", mientras vemos en una foto de Alejandro una taza de té cuyos posos, en el fondo, prefiguran varias líneas de un libro o nos asombraremos cálidamente ante un desnudo femenino con libro, es decir un cable conecta el ombligo de la modelo con un libro cerrado. Y el gran historiador del libro que es Manguel nos habla de Diodoro Sículo, el historiador romano, que nos habla de los reyes egipcios que creaban bibliotecas en los más remotos confines de su imperio y en los dinteles del edificio hacían escribir "Clínica del alma" o del gran visir persa Abdul Kassem que para sentirse en casa en cualquier lugar donde viajaba se hacía acompañar por 400 camellos en orden alfabético que portaban las 117.000 obras de su biblioteca.

FICHA

PARA CADA TIEMPO HAY UN LIBRO.-texto: Alberto Manguel. Fotos: Álvaro Alejandro.- 95 págs. 12 euros

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7 enero 2015 3 07 /01 /enero /2015 10:24
El gran hotel Budapest

La verdad es que he disfrutado como un loco (también la película es un poco loca). Me encanta el preciosismo pictórico de Wes Anderson, sus universos surrealistas y un poco desquiciados, su dominio de la retórica, sus composiciones cinematográficas a medio camino entre el arte pictórico más depurado y el sentido del humor más delirante. La historia, como casi siempre, es un mcguffin elaboradísimo e impredecible. Un conserje atildado, seductor de ricas octogenarias y el botones del hotel Budapest (una creación encantadora donde parece habitar la sociedad de entreguerras y son bienvenidos desde Stefan Zweig, en algunos de cuyos relatos bebe el director para diseñar esta improbable y divertida historia, hasta Somerset Maugham, Marcel Proust o Thomas Mann) deciden robar un famoso cuadro que perteneció a una de las amantes del conserje que deseaba donárselo a él pero es asesinada por su siniestra familia. A partir de ese momento todo se disparata y Anderson nos hace sentirnos felices e interesados en cárceles absurdas, viajes en tren, asedios militares y huidas imposibles contadas con la seriedad del mejor cine británico de los Estudios Ealing.

Durante todo el embarullado pero delicioso metraje veremos a excelentes actores haciendo cameos de segundos (como Bill Murray) o de secundarios de lujo. El ritmo es tan irregular y absurdo como si nos estuvieran contando una historia con excursos y distracciones todas ellas relatadas con un estilo inconfundible que parece habitar en el mundo de los sueños. Como suele ocurrir en todas las películas de este originalísimo director, casi cada plano se convierte en un cuadro preciosista y de colores exaltados pero elegantes. Todo está permitido en el universo andersoniano y eso crea cierta disparidad según sea el gusto y el humor del espectador. Es como una depuración del teatro de Sumatra o la Comedia de l' Arte, los polichinelas o las óperas bufas con momentos fantasiosos al estilo del Mozart de "La flauta mágica".

Todo aquí rezuma libertad, alegría de vivir y estereotipos llenos de humor y guiños. Pura creatividad. Los que se sientan atraídos por el personalísimo mundo de Anderson deben correr a agenciarse una copia de esta película para poder verla dos o tres veces más. Los que no, pensarán que es una tomadura de pelo y la olvidarán en cuanto salgan del cine. Película coral aunque comandada por los protagonistas masculinos, el señorial conserje y el botones pequeño, audaz, inteligente y feo (magníficos Ralph Fiennes y el joven Tony Revolori). William Dafoe y Adrian Brody componen unos malísimos que parecen surgidos de las películas de Batman. Después de la suculenta "Moonrise Kingdom", Anderson se saca de la chistera una obra prodigiosa dentro de su naturaleza original e inclasificable, acompañándola con una banda sonora espléndida de Alexander Desplat. Una fiesta nostálgica, algo truculenta pero insobornablemente tierna, en algunos momentos --como cuando relata el amor entre el botones y la pastelera-- tan ingenua, sencilla y directa como un cuento narrado por un niño..

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