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2 enero 2011 7 02 /01 /enero /2011 12:36

1Apenas había el fantasma de las Navidades futuras abandonado nuestra sala de estar, en Torre del Compte, cuando ya las campanas del viejo reloj del salón, con su maquinaria vetusta, que sigue su ritmo ocasionalmente pero mantiene una cristalina diafanidad en sus campanadas de carillón, dieron las nueve de la noche. ¿Qué es lo que nos depara la cocina y la suerte? le pregunta uno a su mujer, mencionando el cercano festejo de la nochevieja, cuando los espíritus del año que vence su tiempo dan la bienvenida a los energéticos jóvenes del venidero. Sardinas a la papillote, dice ella y nos sumerge en la sorpresa y las expectativas. ¿Mande? ¿Sabes los que es una papillote?, pregunta la dama. Uno se mosquea por la suposición de ignorancia gastronómica, pero contesta educadamente que conoce la papilllote pero no la habia visto asociada nunca a las sardinas. "Es un manjar muy delicado que viene pintiparado para estas fiestas de excesos alimenticios", me aclara la siempre razonable Anna. "Te reconcilia con tu estómago, es sabroso y comerás las sardinas libres de excesos de olores y con la textura del pescado sutilmente perfumada con cilantro y limón". La cosa prometía. Rodorico, el joven rey de los bayas de cuatrocientos años mal contados, que es nuestro invitado, se relame y pregunta, con tacto, si habrá suficientes para todos habida cuenta de que la gente de su raza suelen tener apetitos sorprendentes. "Por supuesto, majestad, tenemos bastante para los tres. Alberto también tiene buen diente".

Nos sentamos Rodorico y yo cabe la chimenea, pongo la séptima de Beethoven en el tocadiscos y reanudamos nuestra larga e inacabable charla sobre su pueblo. El monarca se muestra interesado por mi libro sobre el mundo baya, que descubrí en el Matarraña hace un año justo en estos días, y se queja de que llevamos un gran retraso sobre su feliz término. "Señor, el libro de los bayas es muy laborioso, no sólo porque los datos y detalles los recibo a cuentagotas, cada vez que alguno de sus súbditos se digna hacerse visible para mí y aún más, condesciende a hablar conmigo, sino porque mis otras actividades y trabajos tampoco me dejan mucho tiempo disponible. Quiero que este libro sea un éxito y debemos dedicarle más tiempo. Azulete y Bermellón, se me han aparecido un par de veces en mis correrías por el Salt de La Portellada  o los aledaños de  Peña Galera, pero necesito más encuentros. Sus súbditos son remisos a esos encuentros. Y no siempre estan de buen humor". El rey bizqueó un poco, se aclaró la garganta, escupió con tino sobre el fuego y me aclaró: "La verdad es que no estamos muy seguros, mis súbditos y yo, en hacer pública nuestra presencia. hace siglos que convivimos anónima y ocultamente aquí en estas viejas tierras del Bajo Aragón, entre vosotros, los humanos, y aunque nos apetece salir de ese silencio, no estamos seguros de que conocer nuestra existencia ayude a resolver el problema". "No se trata de resolver nada, hay demasiadas variables en esta difícil situación. Se trata de hacer consciente a todos de vuestra presencia y de su mensaje implícito: hay que salvar la naturaleza, mejorar la existencia de bosques, ríos, montañas, puesto que de todos ellos dependemos en más sentidos de los que marca la economía o los intereses humanos" Rodorico se acaricia la poblada barba rojiza. "La verdad es que no se si ya estamos a tiempo".  Y comienza un largo discurso sobre la contaminación, el corte abusivo de arbolado, el descuido de montes y bosques, los incendios fortuitos y los provocados, el abandono de los campos y los lugares de vivienda del campesinado, el encegamiento de rios y lagos, el envenamiento de aguas subterráneas y pozos, el abuso humano del territorio y su correlativa falta de control, las urbanizaciones excesivas de lugares de gran valor natural, el cambio climático provocado por el hombre, la desaparición continua e irreversible de especies animales y vegetales, el sobrecultivo de algunas zonas y el arrase de otras... Y no sólo en el Matarraña, que podría considerarse aún un cierto oasis en la decadencia general.

Me siento cada vez más triste y casi convencido de que ya estamos en plen deterioro y que no hay forma de echar marcha atrás, cuando aparece Anna enfundada en delantal de cocina y una sonrisa. "Sopa de cebolla y sardinas en papillote, señores preparen la mesa y pongan copas de champán que hay una botella de "Mumm" brut, esperándonos".

Rodorico se mesa la barba florida que parece incendiada por la luz de la lámpara de pie que tiene junto a él, y pontifica: "deberíamos tratar a la naturaleza como tu mujer cocina las sardinas, a la papillote. Es decir, rodearla de una envoltura de protección y dejarla que se cocine, que se haga, que se desarrolle como manjar espiritual, físico y nutritivo, a su aire, preservando su esencia y su aspecto. No está mal la metáfora, ¿verdad?" El monarca sonríe autocomplacido. Anna y yo nos miramos con una sonrisa en los labios. Rodorico está orgulloso de sí mismo y fiel a su raza inocente y expresiva da un salto sobre sí mismo y de paso derriba la lámpara y aterriza sobre el sofá muerto de risa. 

Con las sardinas a la papillote, el Mumm y las uvas de la suerte el humor de Rodorico se vuelve divertido, bondadoso  y expansivo (a veces, explosivo). Así acojemos el  2011 con esperanza,  a pesar de lo difícil y trabajosa que amenaza ser la labor quijotesca que nos disponemos a llevar a cabo.

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2 enero 2011 7 02 /01 /enero /2011 11:29

IMG_0626.JPGCaminar por estas tierras antiguas es un privilegio, un placer y un permanente descubrimiento. Salimos de buena mañana desde los altos de La Fresneda, la bellísima población del Matarraña. El camino está señalizado como camino vecinal y tiene una larguísima tradición de uso humano y de paso de rebaños y bestias de carga. Sin embargo desde hace décadas está en desuso y uno echa de menos algo más de atención de los que están al cargo oficial de estos senderos y su mantenimiento, ayuntamientos, la Comarca y concejalía de cultura o deportes del gobierno de Aragón, supongo. Esperemos que las autoridades correspondientes se percaten pronto de que mantener la red de senderos en perfecto estado es un plus económico, turistico, depportivo y social de primer orden.

Al poco de abandonar el caserío espectacular de  La Fresneda, pueblo arracimado en las laderas paralelas de dos colinas coronadas de restos arquitectónicos medievales, bajamos hacia la cerretera general de Alcañiz, la cruzamos y comienza el sendero propiamente dicho, junto a unas grandes masías abandonadas y en ruinas que a uno le dan la impresión de malgasto y defectuoso aprovechamiento del lugar, por su belleza y por la fortaleza de los restos, facilmente remozables, pero en fin...

Una subida suave en sendero con restos de adoquinado, posiblemente una calzada medieval e incluso romana o más antigua (a veces, con Anna, comentamos cómo cuidarían los americanos unos restos arqueológicos de tanto valor y belleza o, sin ir más lejos, los catalanes o los vascos). El camino transcurre entre olivos (la fascinación que tenemos hacia esos árboles es constante) con sus nudosos y retorcidos troncos como esculturas y sus ramas cargadas del fruto amargo, negro brillante, que en esta época, comienza  a ser recolectado. A una hora y media más o menos de pacífica y bella andadura (que nos depara vistas magníficas del caserío montaraz de La Fresneda o del apaciguado estar de las casas de La Torre del Compte en torno a la aguja majestuosa de la torre de la Iglesia de san Pedro Mártir) uno se encuentra en un cruce de caminos, junto a la ruina de una hermosa casa de campo --fotografía adjunta--. Allí el caminante debe estar atento ya que si quiere llegar al destino, Valdetormo, debe coger el ramal que recula bajando hacia la gran riera que nos ha acompañado todo el camino. Si se equivoca y sigue la senda más lógica  irá a la estación del tren estrecho que posee el pueblo unos kilómetros más allá. No hay señalización clara. Siguiendo la vereda equivocada uno va, varios kilómetros más, a  la estación abandonada y el trazado de las vías convertidas en una via verde, la de la Val de Zafán, de la que ya hableremos en otro artículo. No obstante, vale la pena ese desvío, no sólo por los parajes imrpesionantes que recorre uno sino por la constatación de un cierto abandono, en este caso reflejado en las laderas de bosques de pino calcinados por un incendio. Ese lamentable espectáculo de ruína y devastación llena de silencio dramático toda una zona que tiene una blleza plácida que enaltece el éspíritu.IMG_0629.JPG

Dejaremos para otra ocasión la llegada y las caracteristicas del pueblo de Valdetormo, a través de un sendero distinto pero paralelo al narrador, el que lleva desde Valjunquera, pueblo al norte de La fresneda hasta Valdetormo. Mañana, dios de la meteorología mediante, saldremos a completar ese recorrido, evitando esta vez la imagen desoladora de los montes quemados, triste en todas partes, pero especialmente dolorosa en estas tierras, a las que ya amamos como si hubiera sido nuestro origen...

 

Ficha: Salida desde las afueras de La Fresneda. Fácil, sin apenas desniveles. Aproximadamente dos horas y media de ida y otras tantas de vuelta, a paso tranquilo y paradas aparte. Se puede hacer en una mañana. Botas de trekking, agua y ropa de abrigo. No tiene dificultades.

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31 diciembre 2010 5 31 /12 /diciembre /2010 18:45

Pues bien, amigos todos, llegó el 2011 y a pesar de la crisis, de todas las crisis, de las expectativas más o menos quiméricas, de todas las expectativas, las internas o las externas, de las nostalgias, de las que hacen algo de daño y de aquéllas que rozan siempre un fenómeno puntual, una puesta de sol, una sonrisa, aquélla mirada en el desván de las miradas imposibles, el eco de una canción o el fulgor de una cantata o una sinfonía, la frase de un clásico o el tópico de un famosillo, el casi imperceptible aleteo de un aroma, el recuerdo eterno de una caricia y el contacto de una piel amada, de todas las nostalgias como ecos de un pasado que es la sombra de una realidad que fue y no volverá...a pesar de todo ello, crisis, expectativas y nostalgias, os deseo a todos un 2011 lleno a rebosar de ilusiones, proyectos, ganas de llevarlos a cabo, sabiduría para escogerlos y por encima de todo, el mejor de los alicientes, el más poderoso de los afrodisíacos,  el más sutil de los regalos:  el amor, empezando por el que habéis de dedicar a vosotros mismos y seguido del que debéis proyectar sobre los demás y lo demás. Amor con mayúsculas para el 2011. El resto vendrá por añadidura.

Con mis mejores deseos

 

Alberto 

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29 diciembre 2010 3 29 /12 /diciembre /2010 18:52

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En "Shakespeare, la invención de lo humano", el crítico Harold Bloom, comenta la enorme humanidad del fanfarrón Falstaff, gordinflón caballero, prepotente y algo ridículo,  demasiado viejo para creerse un galán, arruinado, amoral y cínico pero dotado de ingenio, inteligencia y una capacidad encomiable para soportar las adversidades con una cierta dignidad. Falstaff aparece en las dos partes de Enrique IV (1598) y tuvo tal éxito el corpulento vividor que Shakespeare se vio obligado a volverle a dar vida en una comedia trepidante y llena de melancólica alegría "Las alegres casadas de Windsor".

Pues bien, este es el personaje que el libretista Arrigo Boito perfila para la última ópera que escribiría Giuseppe Verdi, a los ochenta años, tras 54 años de componer: "Falstaff". Estrenada el 9 de febrero de 1893 en la Escala de Milán (y un año exacto después en Madrid), es el más teatral de sus trabajos y se la considera una suerte de testamento artístico de Verdi que aun siendo demasiado poco apreciado por los puristas de la ópera, resulta un fascinante trabajo de arquitectura musical,  con una simplicidad y rítmica belleza que entronca a las mil maravillas con el libreto inspiradísimo de Boito.

La versión dirigida por Fabio Luisi que hemos visto en el Gran Teatro del Liceo, es excelente, gracias sobre todo al enorme (en todos los sentidos) Ambrogio Maestri, dando voz y cuerpo al gran Falstaff, aunque en opinión mía los decorados y el movimiento escénico podrían haber sido más elaborados y ajustados a la fuerza dramática de música y textos. Y así se llega a un soberbio final, con el triste y escéptico recordatorio colectivo de que "todo en el mundo es burla", que nos manda a las Ramblas con una sonrisa melancólica pero complacida.

Las burlas y apalizamientos del pobre sir John, tan convencido de que su apostura le servirá para conquistar a dos hermosas damas casadas de Windsor y asi remediar sus lamentables penurias económicas, se ajusta más o menos a la obra shakesperiana. Aunque el Falstaff verdiano es menos agudo y menos rufián que el del inglés, ambos muestran un fondo humano y una comprensión de la vida, cínica pero también generosa que hacen simpático al excesivo personaje y sobre todo lo convierten en uno de los símbolos de lo humano del que habla Bloom.

falstaff1-150x150.jpg

El carácter de "teatro musical" de esta obra, obliga a que uno deba sentarse cerca del escenario si pretende gozar totalmente de ella. Los de los últimos pisos, sin prismáticos, gozan la mitad (quizá de ahí venga el poco amor que los "óperamaniacos" sienten por Falstaff).  Tampoco los amantes incondicionales de Shaskespeare y sus personajes se sentirán muy felices con el fanfarrón un poco absurdo de Verdi y echarán de menos al compañero del principe Hal con su poco reverente alegría y su osada presunción, pero también su reducción a ser humano sufriente por el amor a un amigo que será rey. Aunque incluso a estos les sabrá a gloria ver al Falstaff verdiano volverse auténtico cuando canta aquello de que "el honor es una palabra y la palabra sólo es aire que vuela" o, en la conclusión de la obra, cuando espeta al público: "todo en este mundo es burla". A uno le parece estar viendo al gran Giuseppe, ya al final de su vida, sonriendo con escepticismo y sabiduría mientras regala a la música esa frase lapidaria para cerrar con ese coro una de las más ricas trayectorias operísticas de la historia del género.

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28 diciembre 2010 2 28 /12 /diciembre /2010 18:41

El Congreso ha bloqueado la aprobación de la llamada Ley Sinde, o ley antidescargas, que en realidad solo era una disposición adicional del proyecto de Ley de Economía Sostenible. Para ello ha sometido dicho proyecto a un mercadeo vergonzante de negociaciones y contrapartidas en los que estaban involucrados el PSOE, el PNV y CiU (que exigía a cambio de su apoyo concesiones sobre asuntos tan “cercanos” al tema como las cuentas de ahorro vivienda o el trasporte intermodal de mercancías). Pero en realidad lo que se dilucidaba en este sainetesco Congreso de nuestros asombros era  el supuesto conteo de votos de los internautas o la batalla dinámica y oscura entre el lobby de la llamada industria cultural (con cuchara añadida de la industria del cine norteamericano) y el combativo lobby de los llamados internautas (algo tan difuso como la propia red que los -nos- cobija.
Ya se que me dirán que el que esté libre del pecado de bajarse alguna peliculilla o unas canciones, tire la primera piedra-bit, pero lo cierto es que en nuestro país la cultura de la gratuidad -sea del modo y producto que sea- es uno de los baldones más lamentables del incivismo que impera, que glorifica al que se enriquece por la cara y tilda de pardillos a los que sudan la camiseta musical o artística o las neuronas literarias o cinematográficas para ganarse el pan de cada día, cada día más caro y difícil de o0btener. (y no me refiero a divos y divas de la canción o a escritores y directores de moda, sino a los que trabajan en torno a ellos y a los que juegan en tercera división en las artes, es decir la mayoría de los creadores) Nuestro país ya tiene un “envidiable” tercer puesto en el ránking mundial de países piratas en la Red, detrás de Corea y Filipinas, por lo que una ley tímida y seguramente mal estructurada y definida no
era la solución, pero si el comienzo de una solución y sobre todo una enseñanza vicaria de lo que más echa uno de menos: la educación cultural del ciudadano.
Se dice que lo óptimo a menudo es aliado de lo bueno. Quizá un debate en serio, en todos los ámbitos, sobre lo que supone y debe ser una auténtica Ley de  Propiedad Intelectual, sin amenazas extemporáneas al ya muy sufrido consumidor ni tampoco   manipulaciones  interesadas de intereses de tufo capitalista y sin prestarse a las presiones de los dos lobbys antes mencionados, sea una asignatura pendiente de nuestro país, una asignatura que habría que aprobar antes de que nos expulsen del concierto de naciones democráticas. Ya pasaron los tiempos (¿o no?) en que los países mantenían bajo mano a los bajeles piratas para enriquecerse con el saqueo generalizado e impune y así de paso debilitar al poderoso enemigo. Amigo amante del cine, la música o los libros, si usted es incapaz de robar una barra de pan, quedarse con un coche sin pagar cuotas o puentear el contador de la luz o el del agua, e incluso declararse objetor fiscal,  no debe aspirar a que le salgan gratis et amore sus aficiones culturales. Reajustemos los precios de esos productos terminados, pero no consideremos como normal e incluso admirable gozar de ellos sobre las espaldas y los bolsillos de cuantos hacen posible disfrutar de esos bienes. No pasemos de la Sin-de a la Con-de (lito, sverguenza, bacle). La Red no es una entelequia simbólica, es un espacio que debe estar sujeto a las mismas leyes que el mundo real. En caso contrario, lo pagaremos todos ...y mucho más caro.




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22 diciembre 2010 3 22 /12 /diciembre /2010 15:19

"No hay nada más escandaloso que la muerte de un niño y nada más estúpido que morir en un accidente de coche". Lo había escrito Albert Camus. Y lo repite Berta Vias Mahou, una escritora madrileña de 50 años, traductora y narradora, en su última novela "Venían a buscarlo a él", en la que logra comunicarnos la angustia, la soledad y la honestidad de ese escritor francés, premio Nobel, de pasado argelino, una de las más conocidas víctimas del desastre de la guerra de Argelia.

El 4 de enero de 1960 Albert Camus perdía la vida en un absurdo "accidente" de automóvil, en una carretera secundaria comarcal entre Sens y Fontainebleau. Berta Vias logra a través de una recreación literaria basada  en pasajes de la obra póstuma  de Camus "El primer hombre" y en retazos y citas oportunas de otras de sus obras, conferir una autenticidad y 97b812a3bdd0f07a.jpgcoherencia a su narración, que rebasa el puro andiamaje novelesco.

Compartimos ese último periodo de la vida de Camus a través de un juego de espejos en el que Jacques, el trasunto de A.C. (protagonista precisamente de la novela póstuma citada), vive la turbulenta historia de amenazas y horrores que rodea el doble terrorismo francés y argelino, un goteo inmisericorde de atentados, asesinatos y matanzas, en un contexto internacional en el que las fronteras del racionalismo y la ceguera política se entremezclan, con una izquierda incapaz de aceptar la sensatez y el pacifismo de buena ley que destila la persona y el pensamiento de Camus. Somos testigos del enfrentamiento con Sartre desde la óptica del escritor mártir, demonizado por el duro y alicorto establishment intelectual de la época. Y se nos comunica con inquietante efectividad el clima de desasosiego, temor y rectitud en el que vive Camus hasta su muerte, apresuradamente orquestada y manipulada por las autoridades francesas, por todas las elites políticas e intelectuales en el poder.

Con una versatilidad a veces desconcertante Berta Vias juega con los diferentes narradores y alterna las personas del narrador, incluso en el mismo capítulo, acercándonos a las figuras claves del drama: el joven argelino de madre española que es testigo indirecto de la presencia y el objetivo de los asesinos, las figuras de éstos y su trayectoria bajo el control de la FLN, el juego disparatado de intereses encontrados que decidirán la muerte de Camus y el entorno del escritor donde se introduce también la tercera columna de los que facilitan el camino a los asesinos. Dominandolo todo la presencia de Jacques-Albert, sus jornadas de escritura, sus recuerdos, algunas vivencias y relaciones que ensamblan un relato apasionate y angustioso. Desde las jornadas de sol y mar de su Argelia infantil hasta la vida en un cada vez más agobiante París que le niega el pan y la sal a causa de su enfrentamiento y coherencia en la debacle del fin del colonialismo francés.

¿Cuál podía ser la suerte de un hombre que se atreve a aspirar a una "tercera vía" en el horror argelino, empuñando las banderas de la paz, el entendimiento de los hombres y el respeto a las diferencias raciales? Una vez más es el inocente, la víctima propiciatoria de todas las partes del problema, enfangadas en la defensa a ultranza de intereses bastardos. Berta nos habla permanentemente del miedo de Camus ante los fantasmas del odio y la intolerancia. Y uno acaba por aceptar la apuesta de la autora: en ese contexto la muerte de Camus es la catarsis necesaria para el cumplimiento del horror en toda su absurda vaciedad de humanidad. Se configura como una "crónica de una muerte anunciada", con la temible exactitud trágica de un sacrificio laico a los dioses: el del inocente, odiado por igual por todas las partes en conflicto.

Se trata de  una excelente novela y un trabajo serio e imaginativo de recreación e interpretación de los hechos de la vida de un gran hombre.

 

FICHA. "Venían a buscarlo a él", Berta Vias Mahou.- Ed. Acantilado, Barcelona 2010. 227 páginas. 

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21 diciembre 2010 2 21 /12 /diciembre /2010 16:40

El señor Scrooge, el personaje del Cuento de Navidad" de Dickens, podría ser la imagen matriz de muchísimos ciudadanos de nuestra avanzada (sic) sociedad tecnocrática y consumista. Si pasea por las grandes arterias comerciales de nuestras ciudades verá cuantos Scrooge caminan por sus aceras carge41f3949277e2c3a.jpgados de cajas de regalos y muchos con caras de pocos amigos. Si habla con ellos no se sorprenda de recibir un "paparruchas" cuando les hable de la Navidad. Pero en su versión de 2010 Scrooge muchas veces tiene un gesto de aburrimiento. Le cansa la costumbre de los regalos, la de las cenas, la de la amabilidad como corsé. Se aburren.

Según un estudio de la Universidad de Cambridge, el día más aburrido de la historia fue un domingo, el 11 de abril de 1954.  El dato fue logrado gracias a un superordenador capaz de compulsar y comparar millones de millones de datos para encontrar una fecha donde no ocurrieron eventos de ninguno de esos tipos que dan colorismo y alcance a una fecha, casi siempre a base de sangre, catástrofes o batallas y revoluciones.

Quizá los operadores del megacerebro de Cambridge son luteranos o calvinistas y guardan cero respeto a las fiestas navideñas de nuestros lares. Introduciendo en el ordenador la variante: “fiestas navideñas en la península ibérica” el abrumador aporte de datos hubiese hecho cambiar la decisión sobre la fecha. La paz y alegría santificante con que la mayoría de los comentaristas adjetiva estos fastos decembrinos, son tan tópicos e imaginarios como la presunta tradicionalidad de estas fiestas, sus liturgias sociales y sus supuestas conmemoraciones  (con la decreciente excepción de muchos pueblos, alejados de las urbes y de su consumismo implícito, que aún conservan mucho del viejo sabor de estos festejos).

Nos convencemos a nosotros mismos de la gran carga emotiva y sentimental de las Navidades, constituyéndose una “verdad” tan omnipresente que cualquier desvío a su integridad o velada crítica a su pertinencia y naturaleza provoca excomulgaciones inmediatas y demonizaciones sociales a gogó. Recibe seguro el Vade retro, quien se atreve a criticar estos eventos ensalzados por la religión establecida y los poderes públicos más conservadores.

No importa que junto a la carga psico-religiosa que emana de la autoridad eclesial, conviva la explotación comercial más descarada, y los días festivos queden inscritos en las cuentas de las tarjetas de crédito como realmente dignos de encomio y alborozo (económico). Las cosas han cambiado en la vida cotidiana del agobiado ciudadano urbanita del siglo XXI, que ha sustituido las familiares fiestas por viajes a la más chic estación de esquí o a las playas de Canarias y la misa del Gallo por una visita a la discoteca más cool. En realidad constituyen un desafío al aburrimiento que el ciudadano trata de paliar con cualquier actividad lúdica, deportiva o social. Si no lo logra, por falta de recursos o de imaginación, esos días se vuelven rediles de choques o desencuentros familiares, más o menos controlados donde los únicos que parecen disfrutar de comilonas, reuniones o algarabías varias son los niños, que más tarde o más temprano terminan siendo presas de las sutiles bacterias del aburrimiento.

A pesar de eso, uno sigue  creyendo en una cierta magia navideña y no deja de leerse cada 24 de diciembre el relato de Dickens, Cuento de Navidad. El escritor inglés no vivió la desvalorización social de la Navidad, su consumismo absurdo  ni la manipulación de su mensaje. No importa que sean unas fiestas cuya cronología histórica no se sostiene por ningún lado (hasta el rey Herodes es obligado a “resucitar” para esas pretendidas fechas del nacimiento de Jesús y por tanto la matanza de los “Santos inocentes” seguramente no ocurrió jamás (aparte de las masacres habituales en la época y en las posteriores, casi ininterrumpidas).  La Iglesia mantiene la fecha como algo simbólico, ya que no puede negar los daos históricos que demuestran que las navidades cabalgaban otras fiestas en las mismas fechas de tradición romana (el dios Mitra) y que, casualmente, tenían la misma parafernalia religioso-social de las navidades cristianas. Ni siquiera los reyes magos tienen el rancio abolengo de la tradición secular, sino que  pertenecen a una iconografía muy alejada de la época romana,  la tardo medieval , y es una leyenda que procede de los Evangelios apócrifos, mientras que el mito simbólico del nacimiento en Belén proviene del siglo XVIII.

Pero en realidad, qué más da. En muchos hogares y para muchas personas, entre los que me cuento, las fiestas navideñas tienen un algo, un elemento mágico personal, íntimo, que tiene que ver con la psique del sujeto. Tiene que ver con aspectos nostálgicos positivos del propio pasado y la tendencia muy humana a reverdecer lo bueno que pasó, ante el presente inseguro o problemático y el futuro inexpugnable y desconocido. Y sobre todo a compartir  esa positiva percepción con las personas cercanas a uno.

Pero para otros, me temo que una mayoría inconfesa, estos fastos, o son una excusa para la evasión, el consumismo y  la huida del trabajo o la familia, o, --no por citarla en último lugar sea la consecuencia menos importante--, están sujetos a un aburrimiento larvado, descreído y persistente que es “capaz de engullir al mundo en un bostezo” como califica Baudelaire a esa pasión del alma, el aburrimiento,  en “Las flores del mal”. Y a estos ciudadanos  no les debería molestar que uno desvelara las contradicciones de estos fastos infaustos entre los habitantes de la mayoría de las grandes ciudades. Pese a todo,  me quedo yo con los “felices fiestas” deseado a los vecinos de mi pueblo mientras en el silencio y el frío de la Nochebuena uno se dirige a la iluminada iglesia para compartir, si no otra cosa, la buena voluntad y la sonrisa amable, elementos ambos tan necesarios y escasos en estos tiempos críticos.

 

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19 diciembre 2010 7 19 /12 /diciembre /2010 18:45

Tiene  52 años, un aspecto de profesor de secundaria con una imaginaria existencia secreta de  experto en la filosofía de Wittgenstein, mirada algo irónica y llena de un humor socarrón, sonrisa de alguien seguro de sí mismo, frente amplia que cobija amplitudes amazónicas  y amor hacia los viajes cuanto más exóticos mejor. Donde sea, con tal que ocurra extramuros de su Barcelona natal, ya sea su Brasil juvenil, Holanda, centroeuropa, Cabo Verde o Portbou, escenarios novelescos, mundos narrativos donde circula libremente su savia llena de nervio literario. Se llama Jaume Benavente y seguramente no tiene nada que ver con don Jacinto, premio Nobel de literatura en 1922 y autor de Los intereses creados y La fuerza bruta, obras de rabiosa actualidad solo por sus titulos.

Jaume ha publicado, Mazurca de Praia (que nos narra a la existencia de un músico al que roban su instrumento -el cavaquinho, guitarrita de cuatro cuerdas, una especie de pariente luso de la guitarra y el timple, antecedente del ukele, muy útil para la samba-  mostrándonos un Cabo Verde muy alejado de las guías turísticas, Camps de lava, otra historia desgajada de la isla de Fogo, también en Cabo Verde, Nocturn de Portbou (que no he leido) e Historia de amor en Sarajevo (tampoco) entre otras,  hasta llegar a la que hoy nos ocupa: El cuaderno de Nicolaas Kleen, novela publicada por Roca Editorial en su colección Criminal.amsterdamtransportescasabote-1246225464823

Vaya por delante una confesión bizarra: me he divertido, en el sentido literario de la palabra, leyendo las aventuras y desventuras de una bisoña inspectora de policía, natural de Amsterdam y especialista en arte y en complejos de inferioridad desmentidos por sus actuaciones: Marja Batelaar. La trama se desenvuelve de forma vigorosa durante trescientas páginas, desde un inicio casi a cámara lenta hasta un precipitado final de intensidad  desasosegante y lleno de amenazas, (no en vano ese sublibro se titula El aliento de la muerte),  un ritmo enloquecido donde la previsibilidad del final no le quita emoción al relato.

Jaume Benavente tiene la habilidad de conseguir que sus reiterados y continuos recordatorios de los elementos planteados en la trama, las preguntas concernientes y los misterios por resolver no se les indigesten al lector, sino que éste seguramente las agradecerá, como en las series americanas,  el par de minutos de recordatorio de lo sucedido en episodios anteriores, que impide que nos perdamos en una trama localizada en ambientes y nombres de personas tan ajenos al lector español..

"El cuaderno..." está lleno de ajustadas referencias geográficas, sociales y culturales a la ciudad que da cobijo a la acción, la bella Amsterdam, que J.B. recorre de una punta a otra haciendo que el lector vaya sintiendo familiares los sitios, calles y canales que siembran la trama. Me encanta la versatilidad literaria de J.B. en su elección de lugares para cobijar sus novelas y su habilidad para hacernos creíbles sus escenarios, como si hubiera nacido en  ellos, muy lejos de los esquemas llenos de adjetivos de las postales cazadas en internet de la mayoría de los autóctonos narradores que se atreven a buscar escenarios exóticos para sus creaciones.

Lo he pasado bien leyendo a J.B. , aunque lamente la, a mi parecer, escasa credibilidad psicológica del leith motiv de la novela: la confesión que Nicollas Kleen (cuya existencia, asi como la del cuaderno donde anota sus fechorías, se conoce en las últimas cincuenta página de la novela)  hace de sus actividades a un amor recién adquirido, la rubia Anke, dada la personalidad psicopática del individuo. Pero bueno, se han visto cosas más inverosímiles en los anales de la mejor novela negra. Es un defecto menor para una novela que aspira a ser considerada con los tributos de la excelencia.

La protagonista, la bella Marja --cuya relación con su novio se hace tran omipresente que uno acaba pensando que va a tener peso en la acción, luego se diluye como si nada-- está psicológicamente condicionada  por el asesinato de su hermano y la disgregación de su familia por ese trágico hecho. Sin embargo su carácter va fortaleciéndose durante el transcurso de la novela y logra constituirse como ser humano con  sus defectos y limitaciones, pero también con su honestidad profesional y su instinto, con su admirable respeto y valoración de una de las chicas asesinadas. El malo de la función, Nicolaas K. cuya vesanía le convierte en un malvado de lo más odioso, es otro de los retratos literarios de fuste en la novela, a pesar del defecto apuntado. Ritmo de trhiller cinematográfico para una novela bien escrita, de esas que atrapa y dan al lector el deseo de volver a transitar por el mundo novelesco del "otro" Benavente, Jaume...

 

FICHA

El cuaderno de Nicolaas Kleen.- Editorial Roca. Colecc. Criminal.  Barcelona 1010. 301 págs.

Mazurca de Praia.-Bruguera. Barcelona 2006.- 150 págs. 

Camps de lava.-Ed.Proa beta.- Barcelona 2000.- 197 págs.                                                      

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14 diciembre 2010 2 14 /12 /diciembre /2010 15:34

Desde mi casa en Torre del Compte, cada noche dirijo mi mirada al pueblo frontero que, en la oscuridad, lanza destellos de luz bajo sus dos colinas coronadas por la ermita de Santa Bárbara una y las ruinas del castillo de los calatravos, la contigua, un perfil triangular apuntando hacia el cielo abierto: La Fresneda. Se trata de uno de los pueblos mas bellos de la comarca, dotado de un singular perfil de galanura y calidad.  No en vano fue declarado Conjunto Histórico y Artistico y Bien de interés cultural a mediados de los 80 del pasado siglo. Allí se dan la mano la más tradicional arquitectura bajo aragonesa, el respeto hacia el pasado, ibero, latino, románico y gótico, la omnipresencia de las ordenes militares Calatravos y Temple, las huellas mágicas de antiquísimos pobladores y ciertas caracteristicas geográficas y geológicas que al decir de algunos que de esto entienden permitieron a borrosos ancestros del lugar observar y medir fenómenos naturales relacionados con los rituales de la tierra, el agua y el cielo.

Pues bien, además de todo eso, La Fresneda goza de un paraje extraordinario, de una belleza natural y un sereno ambiente silencioso y pacífico, que encandila a cualquiera que lleve sus pasos hasta él: el santuario de la Virgen de GraciaIMG 0495 de la Cueva. Se inicia el sendero a las afueras de la población, dirección Alcañiz. Hay un cartel que indica el camino, una pista forestal no muy cuidada en algunos tramos pero practicable en su totalidad para todoterrenos y vehículos dotados de buena suspensión. Pero yo recomiendo al paseante que ejerza de senderista y siga la pista por los cuatro kilómetros de caminata (algo más de una hora a paso tranquilo) que separa La Fresneda de su llamado "Desierto", así conocido no por la presencia de dunas arenosas o parajes inhóspitos, sino por el silencio y la soledad que envuelven amablemente al caminante. La pista, ancha y llevadera, sin apenas desniveles, recorre huertos de labor escondidos entre el bosque y las colinas, olivares más que centenarios de retorcidos y magnificos ejemplares, algun que otro pinar negro y una presencia variada de los matorrales y plantas aromáticas de la zona. Todo ello envueltos en un silencio lleno de vida, como debe ser la nada o el vacío para los maestros espitiruales. El sendero cruza el Barranc del Canals y se interna en los montes de la Mangranera hasta llegar de subito, tras el recodo del camino, a la zona llamada la Chulara, a unos seiscientos metros de altura, donde según a la hora que llegue y si tiene  suerte, el caminante se encuentra con unas edificaciones engastadas en la roca viva, y como broche precioso la asombrosa fachada del santuario, dorada al sol de la mañana, una joya arquitectónica de estilo barroco con elementos neoclásicos tempranos.

Toda esta maravilla me recuerda, salvando las distancias, mi arrobada sorpresa al encontrarme de pronto, tras el paso de un oscuro desfiladero, ante el increible santuario nebateo de Petra, en el desierto jordano. El efecto visual pertenece al mismo tipo aunque el maño a un nivel más modesto, pero igualmente respetable. Este santuario aragonés está construido sobre la emita del siglo XVI que daba cobijo a la cueva donde se encontró la imagen de la virgen de Gracia (una pastorcilla de la vecina Valjunquera, segun la leyenda, fue quien la encontró).  El actual edificio, del que solo se conserva la  fachada, de dos cuerpos, en piedra de sillería que adopta un color de oro viejo ante la caricia del sol,  y los muros de la hospedería y residencia de los monjes. Ha desaparecido la cubierta de cañón con bóvedas de medio caño, aunque se conserva el altar y la hornacina interna de la imagen y en lo más alto de la fachada, bajo el frontón neocládico otra hornacina con una imagen extrañamente bien conservada de la Virgen con un niño JesúsIMG 0519 rechoncho que sujeta un ave de pico curvo, quizá un águila o un halcón con la mano izquierda.

El recinto, al que accede por un arco de medio punto pegado  a la pared de la residencia de los monjes, cuyo interior está destruido y sin techo alguno, por donde asoma el cielo luminoso de estas tierras y los árboles que han crecido allí., esta formado por las dependencias de los monjes, la iglesia y otros espacios comunitarios, todo ello en un entorno de bosque y planicies verdes en terraza. Allí vivieron unos años los monjes de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula aunque pronto rechazaron la dura vida que el aislamiento y los inviernos rigurosos provoca y se instalaron en La Fresneda, aunque mantuvieron el cuidado del santuario. Ahora en el Convento que fundaron en el pueblo se ha instalado un hotel con mucho encanto.

Pasar un tiempo en este lugar, sentado frente a la fachada, junto a la alberca o el pozo de los monjes, aun conservados, es un regalo para el espíritu y el cuerpo de cualquiera. El silencio, raramente rasgado por el trino de algún pájaro o el sigiloso pasar de algún animal de cuatro patas, es uno de los activos del paraje. La belleza de las lineas arquitectónicas tan contrastadas por el medio natural, bosques, rocas inmensas, ramas y flores es otro añadido  de importancia. Pero todo paraíso tiene su serpiente. ¿Cuál es la de este lugar? El hombre, naturalmente. Las basuras dejadas, más o menos arrinconadas, por lo menos eso, en este entorno ofende incluso a sensibilidades tan trabajadas como la mía, que ha visto verdaderas abominaciones de ese tipo en los lugares más maravillosos. En fin, señor alcalde de La Fresneda, ¿para cuándo un gesto de autoridad y otro de respeto? Multen y repriman a los domingueros descuidados y, por favor, limpien todo esto y pongan lugares de recogida de basuras, y que sean periodicamente retiradas. Gracias. La virgen de ese nombre lo merece.

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14 diciembre 2010 2 14 /12 /diciembre /2010 10:42

 

El refrán catalán Roda el mon i torna al born, indica que puedes dar la vuelta al mundo y acabas tornando a los orígenes. Para la literatura, la poesía, Itaca es la tierra ansiada y fue la tierra de origen. En medio de ambas está la vida, el camino, el trayecto que, como decía Kavafis, el viejo poeta indigno, es más importante y gratificante que el destino. Pero volver a Itaca, Sangri.la o La Comarca, es el objetivo y el anhelo de todos los que han vertido la vida en otras tierras, otros ámbitos y añoran el regreso al lugar propio.

Pero no se engañen, ese lugar propio no tiene por qué ser el lugar de nuestra cuna o el ámbito de nuestra niñez. Mi cuna es Granada y mi vida profesional y personal se ha desarrollado en Barcelona. Pero, cuando ha llegado el momento idóneo he plantado mis raíces en esta tierra, la Comarca, el Matarraña, los Puertos de Beceite.

Después de décadas dedicadas a ejercer una profesión andariega, visitar y trabajar en países lejanos y a veces insólitos, me he rendido al encanto de estas tierras amables, de relieves suaves, valles verdes, bosques, colores de acuarela que a menudo recuerdan los de la Toscana italiana o los de la Cataluña media, pero que en pocos kilómetros ofrecen el paisaje kárstico de la espina dorsal de los Puertos, mitad Montserrat y mitad Pirineos, abruptos y llenos de relieves montaraces y valles profundos y húmedos.

Cuando los empecé a caminar, hace más de veinte años, la zona era de accesos incómodos, pero encantadora, auténtica, austera y amable, como sus habitantes. Ahora las cosas han cambiado bastante, pero no en lo que concierne a su carácter y no demasiado en sus aspectos más atractivos para un hombre de sosiego y de montañas y senderos, gracias a Dios.

Recuerdo con afecto y sorpresa uno de los aspectos que más me sorprendieron cuando aterricé a bordo de un desvencijado autobús en Vallderrobres en los sesenta. Primero, la cordialidad de las gentes de aquí. Segundo, la apacible belleza de los alrededores y la fuerza energética y contundencia granítica de los parajes montañosos a los que un amigo me llevó. En las décadas subsiguientes hubo muchas travesías y excursiones puntuales a zonas del Matarraña. He sido testigo del paulatino exceso de granjas porcinas que afectaban el paisaje y alteraban el aroma de los campos, pero uno entiende las exigencias de la economía comarcal. He comprobado con dolor como por mala gestión de cauces y por el cambio climático los ríos de la comarca han perdido la mayor parte de su caudal. He comprobado con alarma justificada por los hechos el abandono de laderas y montes, el vacío alarmante de población rural y del pastoreo tradicional. Los rebaños deberían mantenerse y pastar libremente y sin coste para el ganadero e incluso ser más subvencionado ese sector de economía primaria con dinero público, pues los animales limpian el sotobosque y los pastos de altura, dificultando la siempre viva amenaza del fuego y el deterioro del ambiente rural. Quizá racionalizar la superestructura económica de la zona por sectores, privilegiando industrias no contaminantes y favoreciendo todo lo relacionado con explotación lúdica, deportiva o residencial del territorio (esta última con enérgicos controles para evitar los desaguisados del Pirineo), podría abrir un futuro distinto y más selecto para unas tierras que se lo merecen.

Por fin, mi periplo vital está cerrando su círculo. Vuelvo a la literatura, al sosiego, al disfrute calmado de montañas y caminos y, como dice el adagio budista, cuando el discípulo está preparado, la ocasión perfecta aparece. Ahora, cabe la torre esbelta de la iglesia de Torre del Compte, escribo estas líneas, con el hermoso valle del Matarraña a mis pies, mientras escucho a la Callas en una vieja grabación de “La mamma morta“ de “Andrea Chènier“. Y esto es vida.

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