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23 julio 2012 1 23 /07 /julio /2012 07:15

Cleanskin-860920-full.jpg

Parece que esta muy apreciable película británica, "Cleanskin" , es decir "El limpiador" aunque aún no hay título ni distribuidora española que yo sepa,  no tiene fecha de estreno. Y es una pena porque comparada con muchas de las que se venden a bombo y platillo por las "majors" americanas tiene una calidad, un interés, un ritmo y una narrativa temática realmente por encima de la media.

Un atormentado Sean Bean, un ex militar de pasado oscuro y amargura relacionada con él, trabaja para una empresa privada paramilitar, evidentemente relacionada con el Gobierno británico pero lejos de la sofistificación y el glamour del MI-7. En los diez modélicos minutos de entrada, se nos narra el nudo del argumento: un terrorista islámico asesina a una negociante ruso de armamento en pleno hotel de lujo del centro de Londres y de paso mata a dos guardaespaldas y hiere a varias personas entre ellas a Bean.

A partir de esos momentos brillantes, la cinta decae un tanto en el ritmo debido a los continuos flash backs en los que nos ponen al corriente del pasado del terorrista, de su formación y de la preparación y la explicación de los atentados en los que interviene.

Sean recibe el encargo de "limpiar" el nido terrosita para evitar que sigan los atentados y a ello se aplica diligentemente. El ritmo se recobra en las secuencias de acción, que se van intercalando con los flash back, en los que con buena narrativa sabemos las motivaciones de los terroristas, su organización y los  peculiares lavados de cerebro a los que someten, desde la religión y la raza a los jóvenes que se inmolarán o asesinarán como protesta por la desgraciada y permanente guerra entre un sector fanatico del mundo musulmán y la sociedad occidental europea que da cobijo a supuestos respresentantes "limpios" del mundo islámico. Sumando a ello la actividad y las acciones de ese nudo ominoso de policias, servicios especiales y agencias semiocultas.

Hay mucho opficio en esta película, --bien por el director Hadi Hajaig, si esta es su primera película, habra que esperar lo próximo con interés-- que no tiene nada que envidiar a sus homologas americanas y trata de presentar una visión mas honesta y menos maniquea y radical de una situación pelkigrosa enquistada en occidente. A destacar la presencia de Charlotte Rampling, tan lejos de su "Portero de noche" o de "Zardoz"pero con la misma sofisticada complejidad gélida, haciendo un papel muy interesante y con final sorprendente.

Me ha gustado esta película --de presupuesto muy modesto y de valor muy ambicioso-- y recomiendo su visionado (y también su estreno en salas: sería una verguenza que la limitaran al mercado del dvd).

 

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22 julio 2012 7 22 /07 /julio /2012 07:13

eliade-y-Jung.jpg

 

José J. de Olañeta, ese editor que publica libritos deliciosos, de pequeño tamaño pero gran interés, ha sacado la segunda edición del ensayo que Harry Oldmeadow dedicó a analizar las figuras convergentes de Mircea Eliade, el rumano especializado en historia de las religiones y de Carl G. Jung, el psicólogo suizo, seguidor díscolo y rebelde de Sigmund Freud, en el que la psicología profunda se unía a un profundo espiritualismo que estaba en la raiz de los esenciales desacuerdos con el genio del psicoanálisis.

El librito se subtitula "Reflexiones sobre el lugar del mito, la religión y la ciencia en su obra". Nos ilustra sobre la vida y la obra de Eliade y su encuentro con Jung a partir de las conferencias Eranos, congresos de estudiosos y pensadores sobre la  psicología, las religiones y la espiritualidad, organizadas por Jung. Eliade acudió desde 1950 hasta 1962. Las inquietudes intelectuales y espirituales de ambos hombres eran muy coincidentes, principalmente en el análisis de la naturaleza de las experiencias místicas. Durante esas conversaciones Eliade destaca no sólo la deriva mística de Jung, sino el rechazo y la crítica hacia el establishment científico que le desautoriza e ironiza sobre su obra y su práctica espiritualista. Esoterismo, alquimia, misticismo oriental, chamanismo, los sueños y las  patologías de la civilización moderna, son algunos de los temas en los que los dos pensadores solían converger o se respetaban mutuamente en sus divergencias (sobre todo en lo que concernía a la preeminencia de la cultura europea de Jung sobre cualquier otra, mientras que Eliade se habia decantado casi desde el principio por oriente). Para Jung el "primitivismo" de Eliade era una cuestión antropológica aceptable, en tanto el suizo cultivaba un sincretismo en el que la base sólida, la cultura básica que "admitía" o se "enriquecía" de las orientales era la cultura europea y su  "firme y racional" identidad histórica.

.El autor nos muestra la ruptura de Jung y Freud (que aseguraba no poder aceptar la "indeferencia de Jung hacia la lógica científica") y la casi total toma de partido por el lado de Freud de la comunidad científica (que no tardaría tampoco en colocar a Freud en un cesto diferente pero en el mismo container de los "misticos, ocultistas, simbolistas" donde anteriormente colocaran a Jung).

Una vez colocadas ambas figuras en el contexto histórico intelectual que les corresponde, el autor acaba su análisis con una mirada en perspectiva de la importancia de ambos hombres, a los que se coloca en una suerte de "humanismo con atavíos cuasireligiosos", para terminar haciendo una encendida defensa de su importancia: "El hecho de que no puedan estar --ambos-- a la altura de las pretensiones de sus admiradores más exagerados no es ninguna razón para rechazar o ignorar su obra, que posee una riqueza y una profundidad que raras veces encontramos entre los autodenominados sabios de nuestro tiempo". Y añade: "Deberiamos estar agradecidos a Jung y Eliade por rescatar sus disciplinas respectivas de las garras de ,los materialistas y sus cómplices, y por sus intentos de salvar el aparente abismo que existe entre la religión tradicional y la ciencia moderna".

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20 julio 2012 5 20 /07 /julio /2012 07:48

ice-age-4-cartel-2.jpg

 Nuevo acierto --parcial-- de Blue Sky, la empresa de animación norteamericana que sigue echando imaginación, humor y encanto a los conocidos personajes de "Ice Age", la saga que cumple con ésta cuatro entregas y donde asistimos a la formación de los continentes de la Tierra debido a una ardilla enloquecida por perseguir una bellota hasta el mismo núcleo central del planeta: un inicio del filme verdaderamente magistral dentro del género: decididamente más ingenioso y divertido que los tres comienzos anteriores en la saga y a la altura de joyas como "Up", "Shrek" o "Walli-e".

Quizá sea en las dos intervenciones de esa ardilla desdichada que jamás logra cumplir su deseo, la formación de los continentes por su carrera en el núcleo de la tierra y la secuencia divertidísima de la mítica Atlántida de las ardillas hundida en el mar por ese desastre atómico de personaje, donde los logros de "Ice Age 4" sean más evidentes. Pero lo que atrae a los niños y a los adultos en las sagas es la repetición de personajes centrales a los que, en esta ocasión sí, se les puede dar elementos nuevos, no sólo aventuras distintas, sino reacciones diferentes sin dejar de ser ellos mismos. Así, el mamut tiene que lidiar con su hija adolescente, el oso perezoso tiene que cuidar de su impresentable abuela y el tigre dientes de sable encuentra a una tigresa de buen ver y mal vivir, una pirata. Todos ellos rivalizan por encantar a los espectadores, niños y adultos con corazón infantil, con una aventura total: el fin del mundo. Que no es tal, por supuesto, sino el principio del cambio drático que acabará con los grandes carnívoros terrestres depredadores y acabrá provocando el nuevo mundo donde el hombre recogería --de forma bastante dañina--el cetro del poder en el planeta (y así nos va). Evidentemente nadie debe pedir fidelidad biológica y geológica a esta historia, las edades -- aveces seeparadas poo cientos de miles de años-- se solapan con tal de permitir la convicencia de especies que en la historia del planeta jamás llegaron a estar juntas. 

Pero eso nos da igual, a la postre venimos al cine a ver esta película para disfrutar, para reencontrar a los viejos amigos de la saga, el bondadoso tigre de dientes de sable, el mamut sabio y valiente, la ardilla sempiternamente hambrienta (recuerda en sus fracasos a otro gran clásico del cine de animación, el coyote enfrentado al raudo "bip-bip") y el desternillante oso perezoso (que en esta ocasión cede protagonismo a su impresentable abuela, un prodigio de comicidad). 

Lo cierto es que la aparición de nuevos personajes, el capitán y la tripulación piratas en un barco de hielo (¿homenaje a "Piratas del Caribes" y en particular al capitán Barbarrossa, creación magnífica del gran actor inglés Geoffrey Rush, ¿recuerdan al terapeuta de "El discurso del Rey"?), logra momentos que harán aullar de placer a los niños y forzarán sonrisas felices en los papás. Los mensajes son los habituales en el género, el valor de la individualidad contrapuesto a la importancia del grupo, de la familia y , en esencia, del colectivo animal que trata de sobrevivir al cataclismo de un planeta. Aunque en cuestiones técnicas, la realización del dibujo, un aprobado raspado, los dibujos no están demasiado bien conseguidos, ni tampoco los elementos de la Naturaleza que forman el fondo constante y que en este tipo de películas debería cuidarse más. El encanto se lo llevan los personajes y el enloquecido argumento, previsible pero marchoso. Divertidísimas las secuencias de las "sirenas" y sus cánticos de seducción y muerte (a la manera de la "Odisea", con Ulises amarrado al mastil de nave, mientras su tripulacion boga con los oidos tapados con cera para no escuchar), otra prueba del saqueo gamberro de muchos clásicos por los guionistas. 

En resumen, una película digna de integrarse en el programa de cine de los más pequeños, que los padres verán sin aburrirse gracias a un correcto empleo del ritmo cinematográfico y del ingenio de la  trama y los chistes, envueltos en la verborrea "cool" habitual. La mejor, sin duda de la saga. Por supuesto, magnífico el personaje de la abuela de Sid, el protagonista. Y el siempre descacharrante Scrat, enloquecido --y frustrado--perseguidor de bellotas (que está mereciendo el protagonismo en varios cortos de la empresa de animación). 

 

 

 

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19 julio 2012 4 19 /07 /julio /2012 07:25

444-last-day-on-earth-154641.jpg

Las películas apocalípticas relacionadas con una fecha fatal o un acontecimiento cósmico abundan en los últimos años, casi siempre engrosadas en las listas de la serie B de la "ciencia ficción" con escasas cintas de auténtica valía y la mayoría deudoras de toda la parafernalia de los efectos especiales, cuanto más agobiantes y espectaculares, mejor.

No obstante en alguna ocasión surge alguna muestra de cine con ambiciones artísticas e intelectuales, con mayor o menos relevancia pero que, como norma, evitan los efectos especiales y dejan todo a la imaginación del espectador y sobre todo a la sugerencia y contagio que emana de las intervenciones de los actores y sus emociones y sentimientos.

Es el caso de la excelente "Melancolía" de Lars Von Triers (magnífico como director y un poco cretino como personaje público: véanse sus declaraciones en Cannes del pasado año) y de la película que nos ocupa: "4,44, Last day on Earth", es decir el tiempo de existencia de nuestro planeta acabará a las 4 horas 44 minutos de la madrugada. ¿Por qué? Algunas confusas razones se nos brindan, todas relacionadas con el agujero de ozono que nuestras actividades industriales descontroladas y abusivas han convertido en un agujero letal para la humanidad y todos los seres vivos. El sol nos va a, literalmente, derretir. Y será de una forma abrupta, a la hora citada de un día sin especificar en la 4-44-last-day-on-earth.jpgpelícula, pero que en todo caso es "mañana", es decir unas horas después de que comience la narración en el tiempo real de la ficción.

Como en "Melancolía", no hay secuencias espectaculares del horror, el ruido y la furia y desesperación de los humanos ante el fin, no hay escenas colosales de huidas multitudinarias hacia ninguna parte, ni grandes ciudades vacías (siempre recuerdo el Nueva York abandonado de "La hora final", el clásico que inauguró en los sesenta las cintas de apocalipsis "limpio", es decir mayormente intimista y emocional. Aqui somos testigos de las postreras horas de una pareja, un actor (el siempre inquietante Willem Dafoe) y una pintora (Natasha Lyonne). El primero obcecado por el final, tratando de encontrar una actitud equilibrada ante su vital rechazo al final y la segunda, enfrascada en su trabajo --pintar su último cuadro-- y aceptando ese final con tal de estar junto al hombre que ama.

Dirige un director  de primera línea artística, comprometido con un cine duro critico y a menudos de una cierta crueldad visual, Abel Ferrara. Prescindiendo de que la premisa básica de la película, sabemos el día y la hora, es bastante poco creíble y no tiene ningún posible fundamento científico, el director trata de cargar las tintas en dos formas irreconciliables de enfrentarse al hecho de la desaparición cierta en un plazo cierto e inamovible. Y ahí es donde la respuesta es poco o nada imaginativa, sobre todo con Dafoe, que se pierde en banalidades e intentos de algun tipo  de huida mental. La actitud de ella es también demasiado poco original pero algo más edificante, dadas las caracteristicas de la artista, su práctica budista y el  efecto distanciador que el arte concede a sus practicantes.

Para rellenar ese absurdo conjunto de ritos de adios, la película va dando entrada a secuencias de documentales (que se ven en la tele perennemente encendida en el loft donde vive la pareja) y entrevistas, como las de Al Gore, el Dalai Lama o un anonimo gurú que va desgranando tonterías con mujsica de sitar de fondo y, por supuesto, una bendición urbi et orbe del Papa ante una Plaza de San Pedro atestada. 

Como no podía faltar hay una larga secuencia (9 minutos, mucho tiempo de desencuadres, flou corporal, gestos esbozados y apuntes de movimientos y miradas)  del acto sexual entre Dafoe y Lyonne, amén de discusiones por celos, un paseo  del actor por una ciudad agónica en busca de droga, una escena de suicidio contemplada por este, y las noticias cada vez más aisladas de que el fin es un hecho en todo el mundo, hasta que tras un chasquido todo se apaga y queda en silencio, mientras una cortina luminosa fosforescente va cayendo sobre la ciudad.

Lo cierto es que Abel Ferrara,  con películas tan apreciables como "El rey de Nueva York" con un genial Chritopher Walken y "El teniente corrupto" con un no menos genial Harvey Keitel, ya parecía avanzarnos un cierto apocalipsis en el Nueva York que pinta en ambas películas, no como el de esta película, sino de tipo moral y social. Pero en ésta cinta, Ferrara se queda en algo descafeinado, blando, gris. Me temo que "Last day on Hearth" no llegará a convertirse como las otras dos, en peliculas de culto. Todo se puede resumir en ese corto diálogo entre los protagonistas. Dafoe desespèrado y quejoso musita "No sé que hacer" y ella le responde tranquilamente "Sólo quédate conmigo". Creo que no hacía falta más. Podría ser ese también el objetivo no explícito de Ferrara: en el caso de un fin anunciado, la gente respondería de una forma banal. Todo se reduciría a esperar el apocalipsis abrazando a la persona que amas. Cualquier otra cosa que quieras hacer, está fuera de lugar.

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18 julio 2012 3 18 /07 /julio /2012 07:48

Up

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La aparición de la empresa Pixar en el mercado de los dibujos animados ha sido una revolución comparable a la aparición del cine hablado frente a las peliculas mudas o a la del movil en la telefonía. Sólo a modo de ejemplo: un año nos ofrecen, "Bichos", "Car" o  "Ratatouille" (haciendo de paso que llegáramos a simpatizar con...¡una rata!), al siguiente "WALL-E, batallón de limpieza", "Toy Story" una y dos y más tarde "Up". La compañía del flexo saltarín nos acostumbró a la excelencia y desbancó una manera de hacer dibujos animados (la de Disney casi en exclusiva) que ya no renacerá, pues los productos de esa misma compañía, los "Ice Age" o los "Madagascar" ya tienen otra factura y otra ambición.

Con "Up" los de Pixar lograron la máxima excelencia. No recuerdo en mi memoria cinéfila una película de ese género que aunara tantas virtudes, tanto ingenio de calidad, tanto humor inteligente, tanta ternura...si alguno de ustedes se perdió en su día la película en los cines, salgan corriendo al mas cercano videoclub y consíganse una copia de este película. Me lo agradecerán.

Lograr que la historia de una casa volandera sostenida y empujada por miles de globos de helio, con un héroe increíble, una anciano jubilado, malhumorado y prisionero de su pasado, un compañero de fatigas encarnado en un niño sabiondo y un perrito hablador y un villano de lo más completo, la otra cara del héroe de la infancia, el estereotipo del aventurero, es demasiado. Conseguir que este surrealista guión se convierta en una obra maestra necesita de la labor de un equipo de magos, es decir Pixar.

No hace falta que les cuente la complejidad de una trama que no deja un solo instante a la indefinición, el aburrimiento o la reiteración. Momentos memorables, como el encuentro con el pájaro imposible, la jauría de perros habladores, el villano en su espectacular mansión, la batalla final y, sobre todo, la ternura brillante de los diez primeros minutos de metraje cuando el anciano rememora su pasado feliz con su esposa, cuyo recuerdo atesora.

Si a todo ello añadimos el vrtuosismo de las acciones de acción, que literalmente nos aplastan contra el asiento, de divertida ansiedad, (parecen rodadas por un  Spielberg juguetón e infantil) o la sutil complejidad de la relación entre el pequeño boy scoutt parlachin y el anciano amargado y tristón, da una suma que da realidad a una gran película que sobrepasa en mucho los listones a los que había llegado el género del dibujo animado. Me atrevería a decir que "Up" es al cine de animación, los que "Ciudadno Kane" o "El padrino II" al cine en general. Peter Docke dirige esta cinta (ya hizo un buen trabajo con "Monstruos S.A.") que debería ser incluida entre las mejores en la no siempre fácil relación de obras maestras de la historia del cine.

 

 

 

 

 

 

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17 julio 2012 2 17 /07 /julio /2012 08:48

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Antes de "La clave Gaudí", , "El pintor de sombras" y "Cuando la muerte venía del cielo", tres novelas ambiciosas --más o menos literariamente logradas-- en las que el barcelonés Esteban Martí (vecino de Tortosa, por cierto) trata de insuflar vida a sus personajes literarios integrándoles en circuitos históricos reales, entre personalidades conocidas del mundo de las artes, la arquitectura o el cine, este autor había pergeñado una ¿primera? novela, "El olvido" que ahora ha rescatado del baúl de los recuerdos literarios para sacarla a  la luz --al amparo de un premio literario andaluz--, supongo tras una revisión, creo que no muy cuidadosa (por ejemplo, se nos habla de euros en un capítulo, para referirse a las pesetas en otro posterior, pág.149), pero fiado por instinto, supongo también, en la calidad de su propuesta.

Y lo cierto es que el planteamiento kafkiano (en su más noble acepción) de su trama, engancha. Martí es un escritor de planteamientos sencillos pero exigentes y una prosa directa y abarcadora, de perfiles honestos, claros, a veces lastrada por unos recursos poéticos o unos tópicos sentimentales y emocionales que sin constituir un defecto grave, quitan fuerza a su estilo. Al que también desmerece un exceso de retórica literaria --sombras del pasado como autor primerizo-- que no resistirían una revisión adecuada.

El protagonista de la novela, aquejado por una misteriosa patología que le vuelve desconocido para todos los que le rodean, un mal que es anunciado  ("el primer indicio de su infortunio" ) por un principio de novela bastante bien logrado (una referencia al perro Argos que no reconoce a su dueño, guiño al lector para llevarlo ante el símbolo del hombre perdido por antonomasia, Ulises) nos va llevando a un universo de pesadilla en el que todas las señas de identidad de esa persona son desbaratadas misteriosamente haciendo que el protagonista dude de su propia existencia. Ya que si el sartriano "el infierno son los otros" no deja de ser cierto, también lo es que justamente en el-los- Otro -s- es donde obtenemos la certificación ontológica de nuestro ser, de nuestra existencia.

Martí no logra lidiar de forma óptima con esta exigencia argumental, no la dota de suficiente coherencia, permite, quizá por descuido, contrasentidos como una falta de lógica entre la existencia o no de factores documentales de la existencia del protagonista, sin que sepamos en virtud de qué causa (en la Universidad no hay ninguno, ha desaparecido de la memoria y de los archivos, pero en el hogar matrimonial y en la casa de la madre de Eduardo, el profesor universitario víctima inocente del embrollo, si existen fotos y videos). Los personajes, centrados en dos o tres amigos del protagonista pero sobre todo en su esposa, su hija y su madre, están perfilados de forma sencilla y esquemática (con la excepción del de su alumna Ana, bastante tópico, previsible  e innecesario, al menos en su forma actual) y todos se ajustan al guión demoledor establecido, la pérdida de conciencia de la existencia de Eduardo.

El libro logra inquietar al lector. Creo que es una novela con pulso creativo, a la que le falta una revisión a fondo, la eliminación de un par de cortos capítulos, reiterativos y poco sintonizados con el resto y seguramente retocar un final muy abrupto, previsible y poco cuidado (parece que Martí se siente dominado por las prisas en cerrar el desasosegante libro) en el fondo, pero que podría adquirir solidez con una forma más cuidada.

La memoria, el recuerdo, la fidelidad a su variable y manipulable pasado, van siendo sumergidas en un horno de cal viva, desapareciendo, sin dejar rastro, en una progresión bastante bien lograda por Martí, desde el vecino que no devuelve un saludo, hasta la hija que rompe a llorar porque su padre es un extraño que tiene alarmantes conocimientos de su intimidad. El mal no ataca a Eduardo, al menos al principio, sino a los demás, a todos los que contituyen su vida. Y nuestro autor lo describe con brío, inteligencia y sensibilidad.

Creo que con un poco más de trabajo y audacia imaginativa aplicada sobre todo al final, "El olvido" podría ser la mejor novela de este autor, hasta el momento, sin desmerecer la gracia evocativa de, por ejemplo, "Cuando la muerte venía del cielo".

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16 julio 2012 1 16 /07 /julio /2012 07:23

theroyaltenenbaums.jpg

 Después de hablarles de Wes Anderson y de dos de sus filmes en dias pasados, "Viaje  a Daarjeling" y "Moonrise Kingdom", he buceado en las videotecas para ver y contarles algo sobre "The Royal Tennebaums", (2001) una de sus primeras películas, en la que nos narra la vida y naturaleza de una familia norteamericana de lo más atípica no solo en Estados Unidos, en cualquier lugar del mundo).

La ironía, el humor, la crítica inteligente --entre líneas o descarada según le convenga--, la cultura, el descaro y la originalidad (algunos le llaman  excentricidad) junto a sus ahora famosas secuencias en forma de cuadro artístico, su uso icónico del color y los encuadres y la ajustada utlidad de la banda sonora, casi siempre magnífica, van configurando un estilo de filmar tan propio de este autor como la habilidad en la elección de actores, muchos de ellos verdaderos adictos a este director, como hemos visto a posteriori.

.La historia encandila desde el primer fotograma: esa familia compuesta por supuestos genios, bajo la batutra de una madre omnipresente y creativa y un padre deshonesto, vividor y ausente. Vemos cómo crecen y se desarrollan esos genios, una estrella del tenis, un genio financiero y una dramaturga, todos triunfadores desde la mas tierna infancia, como era de esperar en unos genios, y en derivas personales más o menos agudas cuando llegan a la madurez, como también era de esperar. A esos maduros, aunque aun jovenes "ex" genios, les aparece una némesis en forma de su perdido padre ausente (Gene Hackman, en un papel cómico absolutamente memorable) que viéndose en supuesto peligro de morir por un supuesto cáncer, decide volver al hogar y tratar de recuperar a sus hijos (incidentalmente presionado también por el hecho de que no tiene un duro y le han echado del hotel donde vivia una suntuosa vida de farsante especulador).

Tras los lógicos enfrentamientos con su esposa, Anjélica Houston, tan certeramente histrionica y con sus hijos (Ben Stiller el financiero, Gwyneth Paltrow, la dramaturga y Luke Wilson, el tenista), y unas divertidas --y dramáticas-- peripecias. azuzadas por la desverguenza y vitalidad del "moribundo", la película va siguiendo un camino surrealista y divertido, con esos espacios breves, casi paréntesis, en los que Anderson muestra la amplitud de su sensibilidad cinematográfica haciendo un guiño estético o intelectual o solamente critico al espectador y que es una de sus carracterísticas mas personales y que más pueden despistar a los no avisados.

El guión de esta pieza llena de encanto y picardía está escrito a cuatro manos por Anderson y Owen Wilson, el actor, que tiene un papel episódico en la película, siempre en ese filo de la navaja entre la comedia y el drama, entre la seriadad y la broma, que es especialidad de Anderson. Todo queda en un brillante ejercicio cinematográfico rodado en clave compleja, desde el drama, a la critica social, la tragedia personal, el suicidio, el escape de las drogas y el alcohol, los engaños y las miserias de las parejas...Como un hibrido entre el Capra más familiar u dulzón, el surrealismo de Monthy Pyton, el descaro de los hermanos Cohen y la vistosidad de comic y realismo de un tarantino, todo ello bajo la capa intelectual de un Anderson que domina la cultura de nuestro tiempo y sus iconos mas representativos en el terreno del arte, la musica clásica o popular, la literatura y, por supuesto, el cine.

Mención aparte, la actuación de ese monstruo de la pantalla que se llama Gene Hackman, aun auténtico ladrón de planos, al que la camara parece adorar en detrimento de los actores que comparten plano con él (inclujida y es mucho decir, la soberbia Anjélica Houston). Lástima que no se prodigue Hackman un poco más en papeles como éste, pícaro, desvergonzado y vitalista.

  

 

 

     

 

 

 

   

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15 julio 2012 7 15 /07 /julio /2012 07:52

Despierte-senor-204x300.jpg

 

Empezemos con una aclaración al lector, seguramente confundido por la publicidad que los editores, en su derecho, han dado a esta novela del norteamericano Jonathan Ames, un judío de Brooklyn, ex boxeador con el adecuado  nombre de "El arenque asombroso", guionista de series de televisión, humorista (perdón, despues de lo escrito esto es una redundancia) y, fundamentalmente, un tipo obsesionado con el sexo, consigo mismo y con el destino de la humanidad (especialmente la judía), todo en este orden y prioridad.

El adjetivo "desternillante" acompaña exageradamente a este escritor  relativamente joven que es como una mezcla explosiva de Woody Allen, Bukovsky, Henry Miller y Groucho Marx, bien agitada y a la que no falta el toque judío de la melancolía y la sombra hereditaria de una confusa culpa sin redención posible, cosa que resta la eficacia humorística total de la que si disfrutan Groucho y Allen (ambos judíos como todo el mundo sabe, pero dedididamente apóstatas). Pues bien, ese adjetivo "desternillante" que casaría muy bien con ciertos chistes de los dos citados e indudablemente con la escuela inglesa del disparate como Wodehouse, Jerome K. Jerome y Chesterton y Wilde en el lado más  inteligente del espectro, no logra ser el paradigma humorístico de Ames, cuya obra "¡Despierte señor!", confeso homenaje absoluto a Wodehouse y las novelas dedicadas por este al admirable mayordomo Jeeves, se queda en un escatológico y obsesivo homenaje --bastante divertido, es cierto-- de Jonathan Ames a Jonathan Ames (en su versión Alan Blair, nombre del protagonista de su novela. La presencia de un mayordomo norteamericano de origen inglés llamado Jeeves, cuya existencia y presencia es explicada brevemente en la pag. 36 y siguientes de la novela, es, divertida pero bastante alejada del original inglés.  Ames refleja principalmente en diálogos reiterativos en los que el "señor" prevalece, algo de la catadura memorable del personaje de Wodehouse, pero prácticamente nada más (el estólido personaje tiene muchas más conchas y niveles de los que muestra Ames en su libro y sobre todo mucha más acción e intervención directa en la trama) y en definitiva, la peripecia vital de Alan Blair (trasunto de nuestro autor) sólo utiliza la figura de Jeeves como pretexto literario para tratar de escribir "a la manera de".

Dicho esto y aclarado que el lector se desternillará más bien poco, pero se lo pasará muy bien y echará sus risas ante el fogoso, incontinente verbal y pro-etílico autor,  cuando acabe de leer las 406 páginas de la demencial, excesiva, escatológica, irreverente, cáustica y desenfrenada novela de Ames, irá a su biblioteca a buscar el tomo de obras completas de Wodehouse, para desternillarse de verdad ante las aventuras de  Bertie Wooster  y Jeeves (entre las que, les aseguro, no hay ningún episodio sobre ladillas, homosexualidad latente y borracheras extraordinarias).

Lo mas desconcertante de las referencias promocionales que acompañan el libro de Ames es la especie bastante repetida de que es un libro de in- fluencia "cervantina". Excepto dos o tres referencias a don Quijote y a Dulcinea, o al hecho singular de que como don Quijote se volvió loco de tanto leer novelas de caballería, Blair se volvió igualmente loco  debido a  que, para superar una depresión, se habia autorecetado leer todas las obras de Wodehouse (de las 96 publicadas, Blair-Ames leyó 43 y entre ellas las 15 en las que aparecen Wooster y Jeeves) y esa fue la causa del "delirio" de contratar a un ayuda de cámara que, en un surrealista y casi onirico detalle, se llamaba Jeeves.

Bueno, si esas dos pinceladas convierten a una novela en "cervantina" que baje Dios y lo vea. A no ser, claro está, que los publicistas de Ames se hayan contagiado por la desmesura verbal y metafórica del escritor y se permitan todo tipo de licencias literarias.

En resumen, el lector se lo pasará bien sumergiéndose en las agitadas aguas de esta novela-rio donde acabará simpatizando con el bastante desequilibrado protagonista y se asombrará de las  enorme capacidad critico jocosa de Ames, atesorando momentos como la relación del estreñimiento en los judíos como fruto del desarrollo darwiniano de la especie,  (pag.44), la idiosincracia de los mensajes sexuales escritos en los lavabos ( pag.78), las referencias a "Bajo el volcán", "La Montaña Magica", Hemingway, Fitzgerald y algunas florecillas dedicadas a don Quijote, la debilidad por la novela negra americana, Chandler o Hammet, Proust,  o los problemas mente-mente que el protagonista tiene (pag 224), los escotes de las mujeres que le "interpelan edípicamente" (pag.227), la necesidad de leer algo de Freud y Jung para no citar de oidas (pag.285) y dar la sensacion de que se tiene un coeficiente intelectual negativo, todo ello regado con borracheras inmensas que no restan locuacidad al protagonista aunque le producen bloqueos y ausencias mentales, hasta coronar el asunto con un capítulo digno del Miller de "Sexus" y un desenlace digno de Bukovsky. Nadie se quejará por falta de referencias literarias.

En suma, una novela gozosa y procaz, que hará las delicias de lectores entre los 30 y los 40. Los que además, han leido a Wodehouse, captarán mucha de las bromas y guiños que Ames se permite. En cualquier caso se lo pasarán bien.

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14 julio 2012 6 14 /07 /julio /2012 07:33

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Tremenda película de vidas desnortadas, solitarias, violentas, tristes y a veces abominables, pero profundamente humanas en todo el espectro que va desde el suicidio, la soledad afectiva, el alcoholismo, la droga y todo ello -- esto las enaltece y las saca de las paginas de sucesos, envueltas por un ansia y ambición de tipo creativo, intelectual, literario y poético. Vidas de alcantarilla con ínfulas literarias (un malditismo de rancio abolengo en la historia de la literatura desde Baudelaire a Poe, Fitzgerald, Woolf o Malcolm Lowry, parte infima de una nómina extensísima) rozando siempre el border line que separa la creatividad del trastorno bipolar o la psicosis etílica.

La película que dirige Paul Weitz (autor también del guión adaptado) está basada en una obra autobiográfica del escritor y poeta norteamericano Nick Flynn, publicada en España por Anagrama y que responde al ilustrativo titulo de "Otra noche de mierda en esta puta ciudad". En ella se nos cuenta la existencia de Nick (Paul Dano) y de su siempre ausente padre Jonathan (Robert de Niro), un  taxista y despues vagabundo que proclama a los cuatro vientos que es escritor y que junto a Twain y Salinger forma parte de los tres mejores autores del país, de todos los tiempos. Supuestamente escribe una novela-rio que le lleva toda la vida y que le hizo abandonar a su esposa --una delicada y patética Julianne Moore (cuyo suicidio provoca la culpabilidad autodestructiva de su hijo: muy en la órbita de la excelente "Las horas") y a Nick, apenas un adolescente.

Volverán a encontrarse en situaciones disparatadas cuando Nick ya es un joven adulto (que también escribe) y que trabaja en el refugio para viejos pordioseros, borrachos y drogatas "sin techo" que son acogidos para evitar que mueran en las noches frías del invierno tendidos en un portal o en un parque.

La patética historia habla de ese padre extraño, pintoresco y a veces violento que busca en su sueño literario una razón para vivir por encima de la realidad angustiante y de su hijo que coquetea con la perdición hasta lograr regular y redirigir su vida por el camino correcto. "Venimos al mundo para ayudar a los demás" pregona un De Niro histriónico --que sobreactúa a menudo-- y su hijo lo repite, pero ninguno de los dos se comporta como si creyeran el mensaje que emiten. Los "flash back" en los que la Moore sustenta su intervención, siempre elegante, ligeramente fría pero muy cercana en su cansancio y su dolor, nos ponen al corriente de la vida de estos tristes personajes. El alcohol y la droga, la miseria y la soledad conforman el escenario en el que padre e hijo volverán a unirse, con un final vagamente esperanzador (De Niro, un racista violento, cogiendo al bebé que ha tenido Nick con su esposa negra) durante una lectura poetica de libro publicado por el joven.

No hay denuncia social o afán de compromiso moral o de intento de acercarnos afectivamente a la pareja de hombres. La exposición es anecdótica, incluso humoristica y fría. Asistimos a los excesos del viejo De Niro y la caida y resurrección del joven Nick, sin que ninguno de los dos nos conmueva en absoluto. Pero también hay sinceridad y la crudeza no alimenta más objetivo que explicar a los personajes y su dramática deriva. A pesar de su sobreactuación De Niro parece levantar un poco cabeza en su errática carrera de los ultimos años, aunque no nos llegamos a creer el lado creativo del personaje y Paul Dano pasea su dulce y desvaida expresión mostrando su vulnerabilidad y su tristeza.

 


   
   


   
    

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11 julio 2012 3 11 /07 /julio /2012 09:03

No siempre es fácil distinguir los dos conceptos del titulo. ¿Plagio o contagio? Tras una divertida lectura de "La Librería"  de la inglesa  Penelope Fitzgerald (fallecida en el año 2000), publicada en 1978 y que fue finalista del Booker Prize, premio que conseguiría al año siguiente con la novela "A la deriva", se me planteó un pequeño dilema: ¿debería hacer público mi asombro al ver que el nudo gorgiano de la trama de "La librería" es fagocitado por la hindú-canadiense Anjali Benerjee con su novela "La librería de las nuevas oportunidades". De esta última les hablé hace unos días, expresándoles mis "peros" a la factura literaria de la novela, pero más o menos encantado con la historia debido a mi confeso amor-pasión-obsesión por los libros. Ahora, tras la lectura de "La librería", de la que hablaré en otro artículo, observo tantas coincidencias argumentales, de espacio y de fondo entre las dos que no dejo de preguntarme, ¿podríamos hablar de un caso de plagio o de un caso de contagio? Sugiero un debate público de lectores, al que están ustedes cordialmente invitados, para dilucidar si el libro publicado por Lumen debe su existencia literaria al publicado por Impedimenta. Animo, en todo caso se divertirán con las dos historias, aunque les parecerá más interseante, realista y bien escrita la de la señora Fitzgerald (incidentalmente, sólo en el caso posible de que coincidan con mi gusto y opinión) 

 

Portada de La librería 

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