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25 septiembre 2019 3 25 /09 /septiembre /2019 09:06

 

Anthony Burgess, fue uno  de los autores británicos más sobrados de imaginación lingüística, a la altura de la pericia de Joyce, Carroll o Tolkien, pero no a la desmesura creativa de esos autores o, en el caso del primero, de su descomunal ego. Sin embargo, como los otros, debería ser galardonado con un Nobel de literatura póstumo, que debería distinguir a los grandes del pasado, sin coste para la ilustre Academia sueca y para satisfacción de cuantos deploran a menudo el oportunismo miope de los encargados de dar el galardón. Ya que son muchos los que están pero muchos más los que deberían estar y con más merecimientos que una gran parte de los galardonados.

Lejos de la tensa dinámica distópica de "La naranja mecánica", donde se inventa un neolenguaje y "En busca del fuego" donde pura y simplemente se inventa un lenguaje prehistórico, y más acorde con la faceta musical de este novelista fallecido en 1993 con 76 años que dedicó varias novelas y ensayos a su pasión por la música, este pequeño relato que casi no rebasa las 100 páginas de cuarto de folio, "Asesinato en el concierto" es un juguete literario que involucra, con bastante humor, ironía y eficacia, al mismísimo Sherlock Holmes y a su fiel Watson.

Para ello, el habilísimo Burgess recoge los flecos argumentales de uno de los más conocidos episodios de las aventuras del detective: "La liga de los pelirrojos". En ese relato Sherlock (es decir su autor, un desabrido con su personaje, sir Arthur Conan Doyle) nos habla de la asistencia de Holmes y Watson a un concierto del violinista español Pablo Sarasate en el St.James Hall de Londres. De paso se nos recuerda (el dato consta desde "Estudio en escarlata" la primera obra de Doyle sobre S.H.) que Holmes es un virtuoso del violín que además según Watson "escribía composiciones de verdadero mérito".

En el librito, bilingüe, que comentamos, el juguetón estilo literario de Burgess no se limita a hablar de Sarasate, sino que aprovechando la visita de un joven Alfonso XIII a Londres y su asistencia al concierto, saca a colación a  unos terroristas nacionalistas catalanes (tal como les digo) que pretenden acabar con el símbolo vivo de la realeza española. Y no les cuento más. No sólo los aficionados a Sherlock lo pasaran bien (el pastiche es de los mejor logrados entre los cientos existentes debre S.H.), sino los que no lo conozcan serán contagiados, sin duda, por el sabroso mundillo literario del viejo y despechado autor escocés.

FICHA

ASESINATO EN EL CONCIERTO.-"MURDER TO MUSIC".- Anthony Burgess.- Tra, Adela Queilez.- Ed. Ken. Edición bilingüe e ilustrada.114 págs. ISBN 9788494798443

 

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21 septiembre 2019 6 21 /09 /septiembre /2019 19:07

 

 

Más que una novela, la periodista danesa Asne Seierstad ha realizado un meritorio trabajo de campo periodístico, ajustándose a los cánones clásicos y sólo transitados por los grandes periodistas: integrarse en el contexto que quiere describir de una forma tan profunda y comprometido que pasar a formar parte del seno del reportaje. Y aquí es donde entra la novelista, la creadora de una cierta ficción que no es tal sino una extensión de la labor reporteril a elementos, situaciones y reflexiones que, en puridad, no pueden ser reflejados por el periodista y sí por el narrador.

Asne además ha donado al pueblo de Afganistán para aplicarlos a labores educativas la mitad de los ingresos que depara la venta de la novela que, por el momento supera el millón de ejemplares en varias lenguas. El librero de Kabul  fue publicado en inglés en 2003 y lleva varias ediciones en España desde 2003, es decir hace 16 años nada menos. Para escribir este libro, Asne viajó a Afganistán en plena efervescencia talibán, en noviembre de 2001. Conoció al librero Sultán Khan que le contó su dramática odisea relacionado con la venta de libros (ya se sabe que estos inspiran terror a todos los fanáticos unineuronales. "Primero, los comunistas me quemaron los libros, luego los muyahidin saquearon la librería y, finalmente, los talibanes volvieron a quemar mis libros", le dijo Sultán. De esa amistad surgió la brillante, aunque peligrosa idea de Asne: le pidió al librero que le permitiera convivir con la familia durante meses para escribir una obra que reflejara la forma de vida de los afganos en las circunstancias bélico-religiosas que les afligían. Sultán accedió con gran hospitalidad y Asne su puso el burka y se convirtió en una invitada, en una mujer más en la vivienda, donde descubrió el estado real -y penoso-  de las mujeres de las familias afganas. Y como el liberal Sultan se comportaba -según la costumbre afgana- en un opresor más de la condición femenina.

La periodista asegura que llevar el burka en Kabul le permitió percatarse e primera fila de la situación en las calles : "Me convertí en invisible y pude ver sin ser vista". ,mientras en la casa de Sultan era testigo de las relaciones del hombre con las mujeres de su casa (lo cual disgustó al librero que esperaba que ella silenciara esos detalles). Asne no carga las tintas y se limita a reflejar algunas anécdotas relativizándolas por la cuestión de las tradiciones del país y de la etnia religiosa. Aún así el libro levantó muchas polémicas y la periodista se ha tenido que oir epítetos duros de Sultan hacia ella a la que acusa publicamente, ante los medios occidentales que acuden a entrevistarle tras el éxito del libro, de haber traicionado su confianza.

La historia que nos cuenta Asne es una drama familiar y un alegato contra la estupidez humana. No sólo la de los talibanes sino la de hombres más o menos cultivados, como el librero, que no han evolucionado desde la edad media y siguen aplicando comportamientos y normas que amargan la existencia de más de la mitad  de la población de sus países, las mujeres. Las escenas de la vida de una familia afgana, que podría haber sido el subtítulo del libro, supera con creces el tipo de libro acostumbrado sobre libros y librerías y se inclina más hacia un reportaje periodístico de primera. No obstante hay una corriente narrativa continua en la novela que, al margen del machismo vejatorio de Sultan, transforman a este en un luchador de la cultura. Kan lucha denodadamente para conservar su librería y ir adquiriendo libros, muchos de ellos prohibidos por el régimen talibán. Pero esa gesta levanta pocas simpatías en el lector cuando comprueba que no es la cultura lo que mueve a Sultan sino su propia ambición como mercader. De libros, pero mercader. Ya que supedita a su negocio cualquier posibilidad de dar estudios a sus hijos o evitar la penosa servidumbre, casi esclavitud, de sus mujeres, hijas, hermanas y dos esposas oprimidas bajo su mando tiránico.

Un libro interesante y aleccionador, cuya calidad literaria es lo que menos nos interesa en este caso.

FICHA

EL LIBRERO DE KABUL.- Asne Seierstad.-Trad. Sara Hoyrup.- 269 págs. Ed. Maeva.- ISBN 9788496231054

 

 

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19 septiembre 2019 4 19 /09 /septiembre /2019 07:35

Cuando don Francisco de Quevedo  escribe el prólogo a la obra de Tomás Moro, Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía, (1516), en la versión expurgada que se hizo al castellano en 1627, aclara al lector que "utopía" es "un lugar inexistente", es decir, un "no-lugar" y por tanto imaginario. Y la palabra utopía y el adjetivo utópico se convierten en algo quimérico, fabuloso, inalcanzable, infundado. Es la "representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano". Después aparece distopía: "representación ficticia de una sociedad futura de características negativas", según la RAE. Podría decirse que utopía y distopía es una misma representación degradada por el tiempo y el uso. Es la esencia de los asuntos humanos sometidos a la entropía universal según la segunda ley de la termodinámica. Utopía es a distopía lo que democracia a populismo y dictadura digital. 

Por otra parte, la entropía marca la medida de desorden de un sistema. La RAE lo aclara así: "una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene una entropía mucho menor  que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden". En física el concepto de entropía está ligado al de irreversibilidad y destrucción  Cuando se analiza la entropía por la mecánica estadística y la teoría de la información, queda ligada al grado de desorden molecular interno de la materia  y la energía de un sistema.

En los últimos años en España (y puestos a ello en Europa, las Américas, China, Japón, la India, etc.) se ha vivido una utopía (marcada por las promesas de los políticos) en degradación permanente hacia la distopía (marcada por la irrealidad de esas promesas): Ambas han perdido su calidad futurible y son rabiosamente actuales. El tiempo es cada vez menos definitorio: más "virtual" diría yo. En estos momentos, en España, con las vacaciones (pagadas) de un gobierno inexistente, en Inglaterra con un fanático del aventurismo irracional o en Estados Unidos con un ejemplar patológico de político troglodita (y me dejo Rusia y China para mejor ocasión), utopía y distopía han celebrado bodas en el Infierno y está a punto de producirse la entropía. El grado de desorden "molecular" en los políticos y su ejercicio profesional -ante la pasividad hipnótica de una población esclerotizada- nos lleva a una implosión en la que lo único real, el topos: el lugar, queda a merced de la anarquía que es el otro nombre del desorden. 

Alberto Díaz Rueda

 

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18 septiembre 2019 3 18 /09 /septiembre /2019 18:39
Desde luego en nuestro mundo cultural de "provincias" (cariñoso distingo que hago para desmarcarlo de las trepidantes y desconcertantes Madrid o Barcelona) uno se lleva sorpresas muy agradables. Es el caso del navarro Joaquín Ciáurriz, al parecer uno de esos obsesos literarios que enriquecen la literatura de un país. Dirige la colección "Baroja (&Yo)" destinada como indica su nombre a todos los barojianos que en el orbe castellano son o se esmeran en serlo. Ya han aparecido seis títulos en los que gente de pluma de variada condición desmigan, para placer del lector motivado por Baroja, sus propias experiencias y vivencias provocadas por sus particulares lecturas del escritor vasco. "La boina del viajero", el libro que comento, es la aportación barojiana del profesor turolense Antonio Castellote, conocido precisamente por su afición a dicho escritor, que parece extender su influencia al estilo y la temática de don Pío, del que dice: " Baroja es un compañero de viaje al que en algunas épocas he estado muy unido y en otra hemos ido cada cual por nuestro lado, como suele suceder con los amigos de toda la vida" .
Castellote nos cuenta su vida, surcada y conducida por su afición barojiana desde "Las inquietudes de Shanti Andía", el año 1975, con diez años de edad a esas lecturas propiciadas por eventuales períodos forzados de cama (" Todos tenemos una novela enmarcada en un catarro") caso de la trilogía barojiana de "Las ciudades" en la nostálgica edición de Alianza que yo también disfruté, aunque sin catarro. Luego a comienzos de los 90 en plena "movida", Castellote va a Madrid  y se abisma en el mundo de Baroja, desde los jardines del Buen Retiro a las tabernas de Lavapiés, "lo mío no era un sueño de la modernidad sino un reencuentro con los mitos de la infancia. Era más feliz en la Cuesta de Moyano, entre libreros de viejo, que en los grandes almacenes de la Casa del Libro".
Cuando nuestro hombre vuelve a su Teruel como profesor ya se busca un Itzea (el caserío patrimonial de don Pío) en un pueblo de la zona y se cala la boina paradigmática del barojanismo, "un poco echada hacia atrás" y se convierte en "una prenda de andar por casa". Y cuenta "Había entrado en el tiempo barojiano, un mundo alejado del presente pero no referido a un pasado concreto".
Castellote acaba nostágico su delicioso librito confesando : "Ellos (las obras de Baroja) en rodo caso me protegen de la estupidez, me ayudan  a entender este mundo de cantamañanas en el que vivimos, a desconfiar de los mesías, de la literatura fácil y los oropeles gratuitos, a mantener viva la ternura como forma de conocimiento, pero también el juicio seco y el miedo al catarro." Y no queda más que suscribir su frase final "Baroja se expande como una forma de ser persona, de traducir la realidad a la imaginación".-
FICHA
LA BOINA DEL VIAJERO.- Antonio Castellote, Ipso Ediciones, «Baroja&Yo», 96 páginas.ISBN 9788494772931

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15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 16:07

En el quinto y último libro de la voluminosa autobiografía de Leonard Woolf (el preferido de los editores españoles y único publicado en este país, pues contiene el luctuoso suceso de la muerte de su esposa, Virginia, la escritora genial que se suicidó el 28 de marzo de 1940 ahogándose en el río Ouse) el excelente memorialista, ensayista, político y editor, habla de su larga  vida en el último año de su existencia. Es un lúcido y dinámico anciano de 89 años y hace un repaso valiente e irónico sobre los males y los beneficios de la vejez. Y dice: "Creo haber disfrutado mucho con muchas cosas a lo largo de mi vida...". Y tras enumerar una lista epicúrea y sensata, añade: "Uno de los placeres que toda mi vida me ha parecido más fiable y al que no ha afectado el vampirismo de la senilidad es el placer de escribir" Y acaba: "Me gusta sentir en el cerebro el proceso de la composición, sentir como funciona la mente, como los pensamientos  se organizan en palabras y van apareciendo sobre el papel en blanco".

Cualquiera de las personas que me lea y sea un "lletraferit", palabra maravillosa en ese idioma elegante y poético que es el catalán (soy andaluz y he trabajado durante 40 años en labores de letras en Cataluña sin ningún problema y con muchas satisfacciones y respeto), es decir un individuo "herido" por la literatura en todas sus formas, las letras, firmaría sin dudarlo su apoyo a las palabras de Leonard. Desde que con 14 años terminé una novela sobre el antiguo Egipto (50 folios escrito a mano) una copia ingenua del estilo y los personajes de "Sinuhé, el Egipcio" de Mika Waltari, que devoré durante las vacaciones de verano a escondidas de mis padres, el gusanillo de  la escritura (y la lectura) se convirtieron en mis amigos inseparables  moldeando mi personalidad y mi manera de ser. Más de cinco décadas después mi asombro expectante ante el milagro de la creación literaria sigue tan fresco como antaño. He vivido como un escritor "lletraferit" y agradezco a Leonard el regalo de su sensible observación: tampoco en mí "el vampirismo de la senilidad" ha afectado el atemporal, revitalizante y entrañable placer de la escritura.

 

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12 septiembre 2019 4 12 /09 /septiembre /2019 09:11

En general procuro mantenerme apartado de los best-seller. No por un mal entendido elitismo o por el horaciano "Odi profanum vulgus et arceo". Respeto y apoyo el fenómeno best-seller, en definitiva es lectura y en grandes cantidades. Simplemente a estas alturas de la jugada vital prefiero seguir mi instinto literario (no siempre acertado, lo reconozco) y  no perder mi tiempo, cada vez más escaso, por un fenómeno estrechamente vinculado a las modas del momento ( a veces me repito que "Don Quijote" también fue un best seller en su época). Pero en Literatura, como en casi todo, nada está sentenciado de forma absoluta y el tiempo, ese buen doctor, puede cambiar un diagnóstico o introducir cambios en el juicio de una obra, sea best seller o minoritaria. En el caso de "La chica salvaje" , el juicio y la recomendación me vino a través de una amiga muy bien letrada. Le hice caso y acerté, porque ella acertó previamente.

"La chica salvaje" de Delia Owen, no es una obra policíaca, de intriga o de misterio. Hay un asesinato pero, en el fondo, nos importa poco quién es el asesino. Hay un argumento judicial y un proceso investigativo que enriquecen la dinámica argumental pero que también son secundarios. El hilo vital que sostiene la novela tiene que ver con aspectos, principios y cuestiones que rebasan esos cuadros argumentales y entran en la consideración de elementos humanos, de naturaleza, de poesía elemental, de filosofía de la existencia, de sentimientos y emociones suscitados por la belleza, el amor, la coherencia. Y hablo de esa coherencia esencial entre la persona, la protagonista, y el entorno natural, con la que se establece una vibración común que iguala al personaje con el agua, el bosque, las marismas de Carolina del Norte, las flores, los animales y de esa comunión surge un encanto literario que transporta al lector. De siempre he admirado a los llamados "escritores de la  Naturaleza", desde Whitman a Thoreau, Washington Irving, Nan Shepherd, Alice Herdan-Zuckmayer, Robert Seethaler, Paolo Cognetti.  Peter Metthiessen o John Burroughs, entre otros. Delia no les va a la zaga. 

Aquí, escondida tras una trama novelesca, se encuentra una novelista primeriza de unos setenta años que ha dedicado su vida a la ciencia, licenciada en zoología y doctora en etología, ha vivido en África durante 23 años y ha escrito libros sobre sus "experiencias entre elefantes y leones". Pero por lo visto necesitaba elaborar algo más que experiencias personales, sentimientos, vivencias íntimas y emociones causadas por la soledad: la comunión que a veces se produce entre las personas y la Naturaleza que las rodea y envuelve, las condiciona, las protege y las amenaza. Y de eso trata "La chica salvaje", donde además se desarrolla una descripción psicológica soberbia de un desarrollo y un proceso de maduración de una chiquilla a una mujer, una persona muy singular, solitaria y aislada, fuerte y vulnerable, de una sensibilidad exquisita pero también una superviviente nata. La protagonista de la novela de Owen, Kya, podría ser un trasunto novelesco de la propia autora, un reflejo especular transformado por la literatura y la poesía, de una mujer que vive sola en un rancho del norte de Estados Unidos, junto a la frontera canadiense. La soledad, el orgullo, la fuerza esencial de la supervivencia y las emociones identitarias femeninas son los hilos que mueven la acción de la novela entre un lirismo y una mirada franca y desinhibida de las flaquezas y vicios humanos que recuerdan los escenarios y las gentes de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee (el racismo está presente en la novela a través de uno de los amigos de Kya, un hombre mayor afroamericano: estamos en los años 50 y 60). Delia Owens ha reinventado el mito del "buen salvaje" en su versión de una "enfant sauvage" que por su edad se libra de las limitaciones de todo tipo y principalmente mentales y lingüísticas que tuvieron los históricos niños salvajes criados en condiciones subhumanas (mitos de Tarzán y el Wogli  de "El libro de la selva" de Kipling).

La pequeña Kya Clark, abandonada por su madre y hermanos ante de los diez años, con un padre bebedor que no tardará en desaparecer de su vida, rechazada por las gentes del lugar, una chica salvaje en suma, que aprende a vivir y sobrevivir en la Naturaleza primaria de las marismas y a través de una inteligencia vivaz sobredimensionada por las necesidades y carencias, logra convertirse en una naturalista y bióloga experta a través de la observación y la experiencia en referencia a la flora y fauna de su entorno. Son interesantes los paralelismos que Kya establece entre la etología animal y la de los humanos (sobre todo en cuestiones como el sexo, el apareamiento y los rituales de seducción y también en la caza y la ausencia de crueldad y gratuidad en los llamados "animales salvajes") hasta el punto de hacernos dudar sobre la adecuación de nuestra especie a lo que es "natural" y de quien merece mejor el adjetivo de "salvaje".

Leamos: "Se imaginó dando un paso tras otro dentro del espumeante mar, hundiéndose en la quietud bajo las olas, los mechones de su pelo flotando suspendidos como acuarelas negras en el pálido mar azul, sus brazos y largos dedos flotando hacia el brillo luminoso de la superficie. Sus sueños de escapar, aunque fuera mediante la muerte, la elevaban hacia la luz. El tentador y brillante premio de la paz que estaría fuera de su alcance hasta que su cuerpo descendiera al fondo para posarse en el lóbrego silencio. A salvo. "¿Quién decide la hora de morir?" (pág.291)

Suficiente como aperitivo. Una novela excelente, un libro para guardar y releer páginas escogidas, de vez en cuando.

FICHA

LA CHICA SALVAJE.- Delia Owens.-Trad. Lorenzo F. Díaz.- Ático de los Libros.- 373 págs. 

 

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10 septiembre 2019 2 10 /09 /septiembre /2019 16:46

El movimiento utilitarista británico del siglo XIX que daría alas al empirismo y el pragmatismo como escuelas filosóficas opuestas al idealismo y que culminaría en el realismo de Moore y Russell en el  XX, tuvo como una de las figuras más importantes a Jeremy Bentham (1748-1832) : "Es bueno aquello que es útil para el mayor número de personas" o como decía el filósofo "aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en las personas involucradas en ella". Bentham era jurista y abominaba del sistema carcelario inglés que no había evolucionado desde el siglo XV como bien sabía su  coetáneo Dickens. Así que ideó uno nuevo basándose en sus ideas humanitarias: el objetivo no era solo castigar sino reeducar al criminal. Escribió El panóptico, sobre un nuevo tipo de prisión un nuevo tipo de prisión, más benigna que la vigente, que sería como “un molino en el que triturar a los pícaros hasta hacerlos honesto. Se trataba de edificar un círculo de varios pisos con celdas, en torno a un eje central de servicios y vigilancia en cuya cúspide estarían los observadores carcelarios con una visión directa sobre las celdas enrejadas de los presos (lo que llaman "la dictadura de la mirada"), con lo que con pocas personas se podía controlar todo el perímetro. Además los vigilantes de la torre podrían ver a todos los reclusos, pero estos no podrían verlo a él.  Con esto se lograba crear tal ansiedad en los presos que sabían que podían estar siendo observados en cualquier momento, que éstos se abstendrían de hacer barrabasadas, pues la alarma y el castigo serían inmediatos. Control y disciplina con poco gasto. El éxito del panóptico fue fulgurante y no solo en Inglaterra. En España, Barcelona fue la primera ciudad en construir entre 1881 y 1904 un edificio penitenciario con esas directrices, la Cárcel Modelo. La idea y su sentido práctico y útil, (y humanitario, el lema era "In severitas humanitas"), se extendió a otras instituciones como escuelas o fábricas, en las que un cierto grado de intimidación es preciso para que el conjunto funcione. En Madrid la de Carabanchel, construida por el régimen franquista en los años 40, copió y mejoró el diseño de la Modelo.

En realidad el panóptico es extrapolable al entramado de cámaras públicas de vigilancia, drones espía y de control de tráfico y sobre todo a la Red digital que ha superado los sueños de Bentham y del Gran Hermano ("1984" de Orwell) llevando su Ojo vigilante y de una curiosidad malsana a todos los ámbitos incluso los más personales e íntimos del ciudadano. Con una característica asombrosa: con el beneplácito de los propios vigilados, que son desposeídos de sus más ocultas intimidades. A cambio del "plato de lentejas" (bíblico), en forma de cómodos accesos a la comunicación, la gestión y la diversión,  el ciudadano de la actual sociedad digital se ha entregado atado de pies y manos (legalmente: aceptamos sin leerlas las condiciones de uso de las empresas como Google, Facebook y otras) a un mercadeo de sus datos e intimidades más personales, financieras, laborales, sanitarias y lúdicas como jamás en toda la historia de la Humanidad se había permitido. De hecho se han efectuado sangrientas revoluciones por cuestiones de valor semejante a las citadas. Ahora lo aceptamos todo en un progreso de orden geométrico que socava nuestras libertades más preciadas. Zygmunt Bauman ("Vigilancia líquida", 2013), Byumg-Chul Han ("Psicopolítica", 2019), Alessandro Baricco ("The Game", 2018) y Seth Stephens-Davidowitz ("Todo el mundo miente", 2019), han tratado sagaz y adecuadamente los hechos, creando en cierta opinión pública (bastante minoritaria) la lógica alarma y denuncias consiguientes (vox clamantis in deserto), ante la indiferencia o la hostilidad de la clase política (lo cual era de esperar: ¿cómo hacer buenos cestos de esos mimbres?).

El "ábrete sésamo" de la sociedad digital y su nueva forma de control se llama "Big Data" que es la estructura operativa de la nueva "filosofía" emergente, el "dataísmo" que, como su nombre indica, es la capacidad de acumular, clasificar, manipular y usar ingentes cantidades de datos de todos los que tengan un ordenador personal, un móvil o una simple conexión cifrada con su nombre a la Red de redes, Internet. Y tampoco se trata de una filosofía o ideología, pertenece a todas y no es ninguna. El Big Data es un sistema operativo de control con  muchas cabezas y ningún rostro, al que alimentamos con cada "click" que hacemos, dejando un rastro de datos que nos identifica  de inmediato, conoce nuestros deseos, carencias, defectos, ambiciones y proyectos. No sólo nos define sino que puede manipularnos a placer..de quien pague. La empresa Acxiom, norteamericana, promete a las empresas o grupos políticos que contratan sus servicios "les ofrecemos una visión de 360º sobre sus clientes" (o posibles votantes). ¿Quiere hace una prueba simple?  Entre en Google y teclee en su ordenador, "imprentas" en una localidad cualquiera.  En pocos segundos ya tendrá anuncios de todas las que quiera, aparte de las que le proporciona el buscador. El algoritmo asociado a esa actividad le vincula a usted por un tiempo a las ofertas de imprentas. Y tiene una memoria excelente. Las imprentas formarán parte de su "ficha digital" junto a todas las cosas o ítems que usted vaya solicitando.  Añada usted el contenido de sus mensajes, sms, o escritos personales.  De ahí viene la "visión de 360º de su persona, actividades y preferencias. Esto es el panóptico digital.  Saben lo que usted hace en todo momento, siempre que esté conectado. Y lo estamos en cada momento de nuestra vida cotidiana. Su cínico lema es la transparencia. La de usted, la nuestra, no la de "ellos". Las implicaciones políticas son alarmantes. Las sociales, personales, filosóficas...devastadoras. Las personas nos convertimos en procesados activos de información sobre la vida de cada uno de nosotros. Los algoritmos  inteligentes pueden llegar a predecir comportamientos...el ciudadano se convierte  en un consumidor identificado y manipulable. Si Betham levantara la cabeza se horrorizaría y volvería a sumirse en el vacío de su tumba. Lo peor es que los usuarios, las ciudadanos, no sólo no les asusta todo esto sino que lo olvidan a cambio del "plato de lentejas" del universo digital. Estamos avisados...y aviados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 09:06

 

No quisiera abundar en los varapalos, más o menos interesados, que ha recibido el presidente del Gobierno español por otra de sus reiteradas faltas de puntualidad hacia una figura emblemática (aunque cuestionada por algunos) como el Rey Felipe que, no lo olvidemos es el Jefe del Estado. Los Estados permanecen y los Gobiernos pasan. Cuando Sánchez comete una imperdonable descortesía con el Rey, lo hace con el Estado que simboliza. Y España ¿no es la supuesta meta de los proyectos políticos del señor Sánchez? Seguramente la impuntualidad no es el mayor de los defectos políticos del líder socialista pero es de los más lamentables y fáciles de evitar. Quizá al presidente le convendría invitar al filósofo Kant a La Moncloa para entender de qué estamos hablando cuando hablamos de puntualidad. El sabio de Könisberg era tan puntual que los ciudadanos que se cruzaban con él cuando salía a pasear cada mañana ponían sus relojes en hora al verle. Eso sería una anécdota sugerente para Sánchez y podría aprender también la prioridad ética en la vida y aquél imperativo categórico que sugería que debías obrar de tal manera que tus actos pudieran constituirse en reglas universales de comportamiento. O en sus palabras: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".

En nuestro país el comportamiento impuntual del político citado no llama mucho la atención, porque aquí la puntualidad es un mal hábito socialmente aceptado. Muchas personas son impuntuales en todos los órdenes de la vida, laboral, personal, social. Y no solo no lo consideran un error, una irresponsabilidad y un insulto a las personas que les esperan. Es como una gracieta de la que se puede presumir, donde la ignorancia se da la mano con una obscena villanía. Incluso se creen aquéllo de que las "personas de importancia no esperan, se hacen esperar". Cuando una de esas personas te roba tu tiempo en la espera, realizan un hurto impune que no tiene arreglo, ni sustitución, ni devolución. Muchos ni se disculpan o si lo hacen son tan banales y risibles que más bien son un insulto añadido. Kant, señor Sánchez, opinaba que el espacio y el tiempo son formas "a priori" de la sensibilidad. Quizá a la suya le convendría recordar a este filósofo y replantearse la necesidad de dar ejemplo a todo un país de que es capaz de ser puntual. Todos ganaríamos mucho y usted más que nosotros. Y, por cierto , ni soy monárquico ni estoy en contra del partido y la supuesta ideología que usted profesa. Fue Luis XIV, precisamente un Borbón, quien dijo que la "puntualidad es deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas"? Pues eso.

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7 septiembre 2019 6 07 /09 /septiembre /2019 09:06

La editorial bilbaína Sua Edizioak, de rancia raigambre editora en libros de montaña y senderismo, ha enfocado su atención librera sobre las tierras aragonesas, tras cubrir de forma brillante el conjunto de los Pirineos, la cordillera cantábrica, Galicia y otras ubicaciones no sólo de montaña, senderismo, travesías o escaladas, más de un millar de títulos en catálogo que hacen las delicias de cualquier deportista de montaña y senderos que se precie. 

Por razones de cercanía me voy a limitar a glosar algunos de los títulos que la citada editorial ha dedicado a Aragón. Lo primero a destacar es la calidad de la impresión y la ligereza de la presentación, con un papel excelente, una tipografía clara y unas fotografía que alcanzan en muchos momentos la excelencia. Los textos tienen la sencillez y la justeza expresiva de este tipo de volúmenes y se ajustan como un guante a su cometido principal, guiar e informar al lector del periplo que han comenzado y apoyando las ilustraciones hacerle partícipe de la belleza de los lugares que visita en su caminar. Mapas y croquis con detalles logísticos y topo geográficos esenciales hacen viable y agradable la excursión.

Los autores que he tenido el placer de leer en sus excursiones y propuestas son Marta Montmany  ("Vías Verdes" y "Rincones que te sorprenderán"), Alberto Martínez Embid,  ("Excursiones a nacederos") que ya conocía de otros libros montañeros y sigue subiendo su cota de calidad y Eduardo Viñuales, también conocido de antiguo, que nos deleita con un bellísimo e informado volumen en el que los bosques son protagonistas sorprendentes. Especial mención a algunos datos que han enriquecido muchísimo mi percepción de los árboles y los bosques: como por  ejemplo la existencia en Daroca del árbol más grande de Aragón,  o las sabinas centenarias de Monterde de Albarracin,  o la sorprendente defensa de la procesionaria del pino que ha aclarado muchas ideas negativas sobre el curioso bicho (una oruga en hileras movientes que se transforma en mariposa nocturna).

Excedería en mucho el tamaño de este comentario si pudiera cantar las maravillas que estos tres esforzados montañeros nos ofrecen en esa colección de libros que ha editado Sua.  Creo que estos libros deberían formar parte de la biblioteca escogida de cualquier senderista o montañero aragonés. Por muy versado y trabajado que esté en las salidas y travesías de nuestro bello  y variado Aragón, me apuesto lo que sea en que algún punto, algún dato o alguna propuesta les sorprenderá por su novedad y belleza. Por tanto, no se la pierdan.  Empiecen por el título que deseen y completenla. Es un tesoro bibliográfico que les enriquecerá desde la simple lectura a la práctica andariega. Palabra.

FICHAS

RINCONES QUE TE SORPRENDERÁN Y GUÍA DE VÍAS VERDES, CAMINOS NATURALES Y OTROS SENDEROS.- Ambos de Marta Montmany.

EXCURSIONES A NACEDEROS.-Alberto Martinez Embid. y RUTAS POR LOS BOSQUES MÁS BELLOS.- Eduardo Viñuales. Todos en Editorial Sua Edizioak

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6 septiembre 2019 5 06 /09 /septiembre /2019 18:08

"La muerte de Virginia" es el nombre que los intereses editoriales -es decir los que atañen a la venta del libro- han destacado ocultando una realidad biográfica mucho más compleja y bastante más rica que las circunstancias del suicidio de Virginia Woolf, que ya conocemos todos los aficionados a la literatura inglesa. De hecho en España se publicó en los años setenta un corto volumen con el fragmento de las memorias y comentarios del marido de Virginia, Leonard Woolf (1880-1969), relativos al hecho, ocurrido en el rio Ouse en mazo de 1941.

En el volumen que hoy comentamos (el último de los que forman la autobiografía de Leonard) la muerte de la escritora es relatada de un modo recatado, sensato, sensible y nada emocional, acotando los elementos de probabilidades o conjeturas inevitables en estos casos a los mas obvios: la enfermedad mental de Virginia que le causaba brutales depresiones (Leonard habla también de otros síntomas) y la amenaza no menos brutal y extrema de un posible desembarco nazi en las Islas Británicas. Una posibilidad lógica que aterrorizaba a los intelectuales del Grupo de Bloombsbury (algunos de ellos judíos, como el mismo Leonard) hasta el punto de que el recurso del suicidio se había comentado entre ellos).

Sin embargo, para mí, el valor de este libro estriba precisamente en darnos a conocer al hombre, y sus facetas de intelectual, político, al editor de éxito, al pensador inteligente, al prosista de elegante e irónico estilo, sencillo, claro y a veces amablemente sarcástico. Pensamiento de izquierda civilizada y muy ética, sujeto a una educación algo puritana pero llena de humor y de amor ala vida y sus placeres, al estilo epicúreo, medido, equilibrado y apartado de los excesos. Su visión de los asuntos públicos y de la política de su país y la europea es lúcida y desencantada (escribe este libro un año antes de morir) y para él no ha mejorado con el tiempo sino al contrario. En las últimas páginas confiesa: “cuando considero todos estos hechos del mundo de hoy (la guerra de Vietnam, el maoísmo, la torpeza de tantos políticos) siento un agudo dolor, compuesto, creo, de decepción, horror, incomodidad y repugnancia.”  Llega a decir que cuando se trata con políticos, hay que tratar con buen número de “estúpidos”. Pero lo que más me ha agradado es su defensa bizarra de la ancianidad, tras la que sostiene que lo mejor de su vida ha sido su dedicación a la escritura y su tarea de editor en Hogarth Press. Es la  Editorial que fundan Virginia y él en 1917, que edita a muchos amigos o cercanos, entre ellos, por ejemplo, la primera edición europea de The wasted land de Eliot en 1923. En 1946 tras la guerra convierte su editorial en una filial de Chatto &Windus y sigue publicando con lo mismos criterios personales de calidad.

La lucidez pesimista de Leonard pone el broche final a una vida intensa y gratificante en todos los ámbitos donde trabajó y vivió: el personal, el literario, el editorial, el intelectual, el político. Pero se despide con una queja que hoy más que nunca resulta profética: "el hombre está destruyendo ciegamente la civilización en nombre de la civilización". Suena casi a Bertrand Russell, su formidable amigo.

FICHA

LA MUERTE DE VIRGINIA.- Leonard Woolf.- Trad. Miguel Temprano.- Lumen.- ISBN 9788426419682

 

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