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17 marzo 2012 6 17 /03 /marzo /2012 08:51

 

lectorjulioverne.png

 

 Reconozco que no me sentía muy atraído por Almudena Grandes. Su "Malena..." y el "Atlas de geografía humana" no acabaron de convencerme aun admitiendo su fuste de narradora de raza, su manera potente de transitar por la novela. Cuando apareció "Inés y la alegría" volví a leerla. Era la primera de una serie dedicada, al modo galdosiano, a unos "Episodios de una guerra interminable" (sería difícil encontrar a una novelista tan poco semejante a don Benito como Almudena) y me empezó a reconciliar con esta autora madrileña, cuya energía e indignación política, aún necesitaban un poco de encauzamiento.

Ahora, con "El lector de Julio Verne" que edita Tusquets, me confieso atraido por la fuerza narrativa, la convicción literaria y el oficio en el diseño de la estructura de la novela, el ritmo de lo narrado y la habilidad en pergeñar personajes, idear --o recopilar, como ella misma asegura-- motes y sobrenombres del pueblo llano,llenos de sarcasmo, humor y mala baba y, en fin, narrarnos con absoluta eficacia, unos hechos y unas acciones que dibujan con gran nitidez el horrible escenario humano lleno de crueldad, mezquindad, miedo y violencia que constituye la memoria aún viva de una España que sobrevivía a duras penas de una guerra fraticida para la que se nos han agotado los calificativos.

Nino, entrañable protagonista de la novela, es un niño de nueve o diez años, hijo de un guardia civil, que vive con su familia --entre 1947 y 1949-- en un pueblecito de la provincia de Jaén, en cuya sierra aún se refugian y hostigan a los guardias, un grupo de maquis capitaneado por un líder mítico llamado "El Cencerro" o, como en "El Zorro", la memoria de él resucitada en nombre y métodos por cualquier otro guerrillero. La vida del niño en la casa-cuartel con sus padres y sus dos hermanas, las noches en ls que deben cantar entre ellos para no escuchar los ruidos de golpes y los gritos y lloros de los detenidos interrogados, el clima de miedo, de ajustes de cuentas, de aplicación de la "ley de fugas", el rechazo social de muchos vecinos, los pequeños dramas del niño --al que llaman el "Canijo" porque crece poco-- y sobre todo la descripción de la amistad del niño con un joven recién llegado al pueblo, "El Portugués", que vive solo en medio del monte en un viejo molino y el descubrimiento gracias a él de la lectura --las novelas de Julio Verne  son su iniciación intelectual y vital-- conforman una suerte de "bildungsroman" (novela de formación, aprendizaje y crecimiento) insertada en el paisaje feroz y sangriento de los rescoldos trágicos de una guerra incivil recién acabada. Por lo que hay que aceptar como mal menor ciertos maniqueísmos que la autora no reprime y algunos golpes de efecto algo excesivos en uno y otro bando.

La conexión de la vida interior del niño, con sus lecturas de Verne y más tarde, aún más importante con Stevenson, "La isla del tesoro", es uno de los aciertos de Almudena Grandes. La traslación de lo leído y asimilado con la azarosa circunstancia política y vital que le rodea, llega a embrujar al lector con la misma fuerza que el niño revive los episodios de Jim Hawkins y "La Hispaniola" y su relación con Long John Silver, el pirata de pata de palo y loro en el hombro, haciendo que piratas y fascistas, amigos admirables y los guerrilleros de "El Cencerro", amigos nada admirables pero obligados a seguir las circunstancias, su padre y sus compañeros, la reducida comunidad mal vista que se encierra en la casa-cuartel, todos van entrando en un escenario en el que Nino madura a la fuerza representando un papel heroico a tenor con su edad.

Magnifica novela, pues, sobre nuestra postguerra vergonzante que se aleja del discurso habitual de este tipo de novelas, un género con caracteristicas propias bastante reiterativas, por el recurso excelente de hacerla una novela de aprendizaje infantil, al estilo de las que el maestro Delibes dedicó a esta temática, aunque con un aire distinto.

Nino y "El Portugués" --una figura batante previsible pero que conserva su encanto-- conforman unas figuras y una relación muy logradas literaria y psicológicamente que, por sí solas, colocan "El lector de Julio Verne" en un nivel bastante alto de calidad. Y me atrapa con más fuerza  por una caracteristica paradójica: su ternura.  Hay una gran contención, un hálito poético simple y llano, una humanidad sin sombras en la  trayectoria de la novela, pese a transitar por unos hechos de una crueldad y una dureza espeluznante. Ese es para mi el gran logro de esta novelista. Trascender aquella horrible pesadilla con la enorme esperanza que supone la bondadosa ingenuidad de Nono y la sabia y paciente honestidad de "El Portugués" como mentor, ambos inmersos en una tragedia llena de traiciones, violencia y humillaciones. La Grandes domina la tentación de idealizar a las ideologías de la resistencia (aqui se habla del partido comunista) y se limita a darnos cuenta de la presencia e ideales de aquellos pocos guerrilleros rurales, "un grave error estratégico" para el PCE, y de las convicciones que les animaban, sin más, como fondo de lo que de verdad importa en la novela: la formación de una mente joven desde el horror hasta la rebeldía dentro del equilibrio y la inteligencia.

En una nota final, Almudena Grandes revela al lector las claves reales de lo narrado y uno disfruta tanto de esas aclaraciones como de la novela . Todo redunda en la sensación placentera que deja una narración con un fondo tan duro y desdichado.

 

 

 

   
 

FICHA DEL LIBRO

Título: El lector de Julio Verne | Autor: Almudena Grandes  | Editorial:Tusquets| Precio: 20 € | Páginas: 424 |

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16 marzo 2012 5 16 /03 /marzo /2012 08:51

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En un pueblo remoto de cualquier país de Oriente Medio los habitantes del lugar conducen a hombros un ataúd con un joven musulmán muerto a causa de un enfrentamiento mimético entre las comunidades cristiana y musulmana que siempre habian vivido en paz y concordia. Cuando llegan al camposanto común, hay dos recintos, uno con cruces y el otro con la estrella musulmana o la media luna. Los que llevan el ataud, con todo el pueblo detrás, se dan la vuelta trabajosamente y preguntan a la comunidad "¿Y ahora dónde vamos?". ¿Dónde se debe enterrar a este muerto? Es una escena con deseos de comicidad que cuando el espectador la ve, al final de una película sin coherencias, produce de todo menos risas.

 Tras la  sangre y los enfrentamientos, enardecidos todos los hombres del pueblo por las noticias de conflictos religiosos en otras partes del país, la comunidad gracias al apoyo del cura y del imán y sobre todo a la acción de todas las mujeres del lugar, ha logrado a la paz, han enterrado las armas y honran a su muerto conjuntamente. Se trata de la nueva película de la realizadora libanesa Nadie Labaki y es, nuevamente, la propuesta humanista, bienintencionada y dificilmente real que ya apuntaba, con mejores maneras, "La fuente de las mujeres" de Radu Mihaileneau.

En esta no se sigue la vertiente de humor y drama de "La fuente..." (que ya comentamos en este espacio) y las leves pinceladas cómico-costumbristas no ocultan la tragedia y violencia implícitas en el argumento. Pero las dos películas tienen una intencionalidad común, acudir al costumbrismo y la buena fe para tratar de superar un antagonismo que la realidad nos muestra cada vez de forma más dolorosa, sin entrar en el fondo de la cuestión y evitando un mensaje de profundidad y análisis serio que cambiaría totalmente el sesgo de la película.

Nadie Labaki no acaba de encontrar el tono adecuado para su propuesta, coquetea --de forma más bien desastrosa -- con ciertos aspectos de musical extemporáneo: la secuencia inical con las enlutadas mujeres yendo a cuidar el camposanto en un remedo de paso coral de danza-- con una mezcla de drama y comedia costumbrista, sin llegar a la amabilidad y belleza técnica de Radu (que ya en su magnífica "El concierto" nos trataba de convencer de un mensaje positivo y humanista que se da de bruces con la realidad) pero tratando igualmente de trasmitir un mensaje de concordia y amor entre comunidades o entre géneros enfrentados por la falta de cultura, de medios y de un exceso de tradiciones de contenido frustrante y represor (el primero, con la situación femenina en el norte de Africa y el segundo con la fraternidad entre religiones en Libano --y menos mal que se trata de cristianos y no de judíos--). 

Película coral, como la primera, en la que la directora también toma el papel de una de las mujeres del pueblo, en la que la mezcla de comedia costumbrista con el drama y la tragedia violenta no está bien resuelto y produce una cierta incomodidad en el espectador, que no sabe a qué carta quedarse. Y ello pese a unas interpretaciones, en general muy auténticas por su poca complejidad y su espontaneidad de la gente del pueblo. En los actores, por el contrario, se da un resabio de exceso interpretativo. Tampoco el guión permite una cierta coherencia narrativa y se suceden algunas secuencias donde la irrealidad de la propuesta no acaba de convencer al espectador (como la que acarrea la sustitución de agua bendita por sangre en la iglesia, perpretada por los niños musulmanes).

Tampoco la abundancia de subtramas con poca relevancia en el argumento --caso de las chicas ucranianas, por ejemplo-- permite que el espectador se sienta cómodo con una película que parece no respetar ninguna regla de coherencia y que está mal hilvanada entre secuencias desbordadas o innecesarias y en el mejor de los casos reiterativas. Demasiado mensaje inoportuno y dogmático en un desarrollo que no refleja con autenticidad el problema, no lo olvidemos, desgraciadamente muy real.

 

 

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15 marzo 2012 4 15 /03 /marzo /2012 08:42

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Película para los amantes del comic, las películas de la saga espacial y las aventuras basadas en libros juveniles. En este caso se trata de una ambiciosa y carísima versión, con superabundancia de efectos especiales, de una de las obras de Edgar Rice Burroughs "Una princesa de Marte". El creador de "Tarzán de los monos" también escribió novelas de ciencia ficción y entre ellas la que ha llevado a la pantalla  Andrew Stanton (el maravilloso director de esa joya del cine animado que fue "Walle-e"). En "John Carter" la ambición y el presupuesto son indirectamente proporcionales a la eficacia narrativa y el valor intrínseco cinematográfico de la película. El actor canadiense Taylor Kitsch (en general bastante soso, entre musculitos y Bruce Willis,) da vida al héroe de Burroughs (escritor que, por cierto, también está representado en la película (Daryl Sabara) , en un quiebro narrativo que no añade nada a la cinta).

 Desgraciadamente la película anda sobrada de todo excepto de la irreverencia y sentido del humor gamberro del original, cosa que le hubiera hecho mucha falta para salvarnos de cierto aburrimiento sólo paliado con algunos aislados aciertos, como el grotesco perro con figura de foca, los saltos kilométricos del héroe o la comicidad involuntaria de algunos personajes, incluidos los "cuatrobrazos colmilludos" a medio camino entre los larguiduchos de "La guerra de las galaxias, Episodio I" de George Lukas y los estilizados gigantes de "Avatar". La princesa, Lynn Collins, es hermosa pero su atractivo erótico en su relación con el héroe parece de lo peor que ha facturado la pacata Disney, mientras que las secuencias de acción y violencia están cercanas al bostezo y se resuelven son inesperadas rapideces o se vuelven pesadas y reiterativas.

Parece que el director ha olvidado aquello que nos mostró abundantemente en "Walle-e", ritmo, emoción, encanto, sentido de la ternura y la belleza...aquí todo es bastante plano, aunque se nos presente en 3D, y solo se salvan los paisajes marcianos y las secuencias iniciales del Oeste, el saloon y los calabozos del Séptimo de Caballería. Todo lo demás es insensato, repetitivo y, lo peor de todo, un poco aburrido. En el contexto actual del cine, con obras maestras en el género de aventuras espaciales,y de las otras, esta película no rebasa el listón de obra menor. Y no tendría importancia si no fuera porque ha tenido un prespuesto de obra mayor, muy mayor, y unas pretensiones de obra maestra inaugural. Y eso, ni lo roza.

 

 

 

 

 

 

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14 marzo 2012 3 14 /03 /marzo /2012 10:10

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La colaboración del Gobierno de Vichy del mariscal Petain con los nazis invasores de Francia, sobre todo en el genocidio judío, fue una asignatura pendiente de reconocimiento por parte de los sucesivos gobiernos de la República francesa desde De Gaulle y Pompidou hasta Giscard y Mitterrand (quien solo llegó al detalle  de depositar una corona de flores en el monumento a las víctimas de la redada del Velódromo de Invierno (Vel'd'hiv):13.000 judíos hacinados durante cinco dias sin agua ni alimentos) pero sin dar el paso de reconocimiento de culpa que llegó al fin en 1995  estando Chirac en la Presidencia.

La célebre redada en la noche del 16 de julio de 1942 hacinó en las instalaciones deportivas a miles de judíos en unas condiciones que no tenian nada que envidiar a las nazis, y ante la indiferencia o la complacencia de la mayoría de los parisinos, salvo unos pocos que se escandalizaron y trataron de ayudar a los desvalidos judíos.

La película, dirigida por Rose Bosch, se une  a todas las que tratan de glorificar la resistencia francesa al nazismo, no en el tono reivindicatorio y glorificador de tantas otras que buscan dar carta de naturaleza a un comportamiento global que distó mucho de ser de rechazo y menos aún de resistencia. En este caso la directora trata de que se vean ciertas actitudes anti judías en la población (aunque la más llamativa, la carnicera del barrio y su marido que insultan a los judíos detenidos, tienen ambos aspecto germánico por todos lados), aunque también apunta acciones heroicas de algunos, pero no llega a los parámetros de la calidad de "La batalla del rail" de René Clement, "Mister Klein" de Losey o "Lucien Lacombe" de Malle.

Pero donde la visión de la Bosch aporta una fuerza y claridad apabullante es el vergonzoso comportamiento de la policía francesa y de los políticos de Vichy, empezando por el mariscal Petain, (que comparte con la figura de Hitler en la película un mediocre aspecto de guiñol).

"La rafle" (La redada) me recuerda a "Monsieur Batignole" de Gérard Jugnot (el protsgonista de "Los niños del coro"),  por su valentía a la hora de dejar claro que entre la mayoría de los franceses las cuestiones éticas relacionadas con la presencia nazi fueron bastante tibias y hay suficientes razones para ser criticados y condenados. Pero si en la primera la tragedia toma un camino imposible de suavizar (con secuencias que parecen seguir la estela horrible de "El Pianista" de Polanski), la segunda se inclina por el humor y la heroicidad amable y nada escandalosa, desde la mirada de un colaboracionista que deja de serlo por proteger a un niño judío. Aquí de una forma batante irreal, tal como en "La vida es bella" lo cómico parece dominar incluso la lógica espantosa del horror nazi, lo cual la convierte en un producto previsible y manipulado por un mensaje positivo forzado.

En "La redada" también hay niños --por cierto el chico protagonista, Hugo Leverdez, no acaba de encontrar el gesto adecuado en muchos momentos de la trama-- pero son los actores adultos, Jean Reno, como el médico judio del Velódromo, Melanie Laurent, la enfermera no judía que se compromete en la defensa de sus pacientes y Gad Elmahe, el padre de familia que aporta una enorme dignidad a su papel.

Secuencias como la llegada de los bomberos al Velódromo o la salida de los vagones de ganado atestados de familias judias hacia Auschtwitz, hablan a las claras de la pericia de Rose Bosch y su implicación en una película más valiente que efectiva, aunque digna de ser vista y reflexionada..  

   

     

 

 

 

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13 marzo 2012 2 13 /03 /marzo /2012 07:52

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Cogiendo la cita shakesperiana que marcó el derribo de la figura y el asesinato de la persona de César (un ciego premonitorio advierte al triunfal César, "Acuérdate de los idus de marzo", apuntándole la fecha en que será asesinado), un excelente George Clooney rescata al actor de "Drive", Ryan Gosling, con su estólido y magnífico rostro para sumergirnos en otra visión honesta y crítica de la política norteamericana. Muy en la admirable tradición  del cine de ese país de poner en solfa la política y a los políticos de la república sin pararse en barras, del presidente hacia abajo.

En esta ocasión Clooney, tan buen actor como siempre incluso cuando dirige él mismo, se pone en la piel del gobernador Morris, candidato en las primarias del Partido Demócrata para la carrera presidencial (se dice que Clooney congeló la realización de esta película tras la victoria de Obama y, ahora, tras el desencanto, la ha llevado a la pantalla).

Como suele hacer este  tipo, bastante apreciable en lo que hace, Clooney no es el protagonista de su película. Cede el listón a Gosling, como joven e idealista jefe de su campaña, para que este actorazo de rostro imperturbable y super expresivo en lo mínimo del gesto, se luzca en un proceso que le lleva del entusiasmo al desencanto, de una cierta ingenuidad inteligente al compromiso interesado. Es pues una historia de pérdida de inocencia política, con un añadido en forma de historia de amor que parece calcada de los líos del presidente Clinton con una becaria.

Para disfrute del espectador la película, además de un guión hábil e inteligente (para personas adultas), nos ofrece una lección de cómo los  principios políticos unidos a egoísmos, mentiras y traiciones, acaban forjando un estilo político detestable que traiciona aquellos principios esenciales que definen la democracia. Y si a ese corpus conceptual bien trabado se le añade el trabajo de actores de la talla citada arropados, por ejemplo, por  Paul Giamatti, uno de los mejores robaescenas que tiene ese cine (que interpreta al dudoso jefe de campaña del rival de Morris, que trata de "atraer" a Gosling a su equipo para provecho propio) o la calidez y desconcierto de Evan Rachel Woods haciendo el ingrato papel de la becaria entre el gran jefe y el delfín joven y crecientemente poderoso o a los eficaces Philipp Seymour Hoffman, Marisa Tomei (una periodista en busca del scoop caiga quien caiga) o Max Minguella.

Pero como debe ser en un trhiller politico que se precie, hay un secreto y hay que tomar decisiones en torno a ese secreto y esas decisiones y tomas de partido suelen implicar mentiras y traiciones a los demás y a uno mismo. Y ese es el dilema al que Clooney nos enfrenta a través de Ryan Gosling imprimiendo una fuerza destructiva moral al personaje, dotándolo de una enorme complejidad ética y humana.

Aparentemente no tan incisiva como "Buenas noches y buena suerte", en "Los idus de marzo" Clooney adapta la obra teatral "Farraguth North" de Beau Willimon, un escirtor que dejó de trabajar en la campaña electoral de Howard Dean e inmediatamente escribió la obra que constituyó un rotundo éxito. En ella se ponen al descubierto las triquiñuelas del mundo político, el quebrantamiento de la ley, el uso y abuso de privilegios, las manipulaciones del proceso democrático...todo fácil de entender, fácil de comprobar, fácil de identificar. No es de extrañar, pues, que la Academia de los Oscar volviera pudorosamente la vista hacia otro lado al valorar esta película para los preciados y poco justos premios. Saben que el efecto corrosivo del mensaje de la película de Clooney comienza cuando se encienden las luces de la sala.

La figura del candidato  de "Los idus..." esta alejado del que interpretó Robert Redford en los 80 (que reflejaba la ingenua honestidad y nobleza de alguien  que creía en la política) sino más cercano al político de "El escritor" de Polanski o al Nixon de "Todos los hombres del presidente"

Morris, el candidato Clooney, es un hombre que sigue los parámetros de popularidad, sencillez y claridad honesta, de un Obama, Clinton, Kennedy, incita más fe y entusiasmo que intereses oscuros y componendas, pero en él hay también una sombra, un lado oscuro. Y eso es lo que Clooney, director, nos muestra con apabullante y estremecedora claridad y provoca eso, miedo e impotencia ante el poder, omnipresente y casi omnicorrupto. Es decir un mensaje corrosivo porque muestra con lógica y con hechos algo que nos duele a todos: la politica ya no es una avctividad en servicio del pueblo, sino al servicio de intereses bastardos y la propia conveniencia y enriquecimiento. Y la pregunta es, ¿"es que alguna vez no fue así"?. Y desgraciadamente la respuesta podría ser, "Si, pero nunca tanto como ahora, ni tan extendido por todos los países". Y eso nos suena, ¿verdad? Cuando sale el "The end" en la pantalla, Clooney nos deja solos con una verdad detestable, con algo que pulveriza nuestra relacion con la politica. Y lo malo es que es real.

 

 

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12 marzo 2012 1 12 /03 /marzo /2012 10:57

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 Lo cierto es que Nicolas Cage no acaba de convencernos como motero salvaje lanzallamas y en esta nueva entrega de Mark Neveldine y Brian Taylor, la cosa se desmadra muchísimo y el rostro atormentadito y sobreactuado de Cage queda desdibujado en este comic pasado de vueltas, con una música ensordecedora y un montaje histérico. La nueva aventura del motorista en llamas sólo convencerá a los adictos a este comic excesivo y aunque es imposible dormirse en la sala con las "místicas" evoluciones del diablo que engañó a Cage cuando era un buen chico dado lo desmesurado de las batallas, las persecuciones, las cadenas y el nuevo malo, este de verdad, que pudre a los que toca, el espectador normal --si es que se dejó engañar por la aparente épica motera de la cinta-- no acabará de aceptar el producto que ha entrado a ver.

Otra cosa es respecto al espectador que ya busca este tipo de películas. Este tiene asegurado el disfrute de la psicod´lica marcha de este tandem de directores que vuelven a someternos al lucimiento habitual de desmadres argumentales (hedereros de toda una tradición de embrujos, endemoniados, niños inocentes escogidos por el diablo y demás parafernalia de monjes siniestros (impagable el cortísimo papel de Christopher Lambert como monje de rostro ilustrado). Los directores de las dos entregas de "Crank" (con el excelente aunque encasillado Jason Statham) aprovechan hasta el último céntimo dedicado a la película aunque no consiguen ni de lejos algo que merezca recordarse en la historia del cine. Pero, en fin, ha de haber de todo en los gustos de los cinéfilos.

No obstante me han encantado algunos detalles que muestran el humor gamberro que se gastan este t´ndem de directores (como muestra: cuando repasan las posible encarnacioens del Diablo, se nos presente a un sorniente Carte (el expresidente norteamericano de los cacahuetes). Mención aparte del elenco, dejando al margen al aotrmentadito e insustancial Cege, uno se lo pasa pipa con el sacerdote poco usual que conforma Idris Elba, el diablo encarnado por el siempre eficaz, la joven maciza de materinan improbable y hasta el putrefaciente Jhonny Whitworth que se lo debe haber  pasado de fábula rodando esta pesadilla en color rabioso.En fin, para aficionados a la épica comiquera. Los demás, abstenerse.

 

 

 

 

 

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11 marzo 2012 7 11 /03 /marzo /2012 08:47

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Película para amantes de los mitos, para forofos de la estrella prematuramente desaparecida, para nostálgicos de una época que no volverá a repetirse y para fanáticos de los misterios humano-históricos que no se han resuelto: ¿fue accidental la muerte de Marilyn? ¿cuál fue su autentica relación con los Kennedy y qué papel jugó en el trágico destino de los dos hermanos? ¿era tan inteligente como se dijo después o tan boba como se decía mientras existió? Para estos una advertencia: nada de lo dicho queda aclarado con el visionado de  "Mi semana con Marilyn"

Se trata de una cinta realizada ad major gloriam de la estrella y de su memoria. Recuerda bastante aquella comedia británica "Mi estrella preferida" en la que un joven auxiliar de una cadena de televisión debe lidiar durante unos días con una estrella de cine  --Peter O'Toole ni más ni menos-- envejecida, un héroe de otros tiempos, aguantando todas las locuras y caprichos de un Peter inolvidable, lleno de recursos y sabiduria interpretativa, siquiera interpretándose a sí mismo, como este actor solía hacer casi siempre (excepto en la celebérrima "Lawrence de Arabia").

Ya desde el principio se nos presenta la baza única de la película: la algo interesante "semejanza" entre la actriz Michele Williams y Marilyn MOnroe y los esfuerzos de aquélla por imitar todos los gestos, mohínes, carantoñas, movimientos,  dramas internos y externos, sensualidades varias de la icónica estrella. Lo cierto es que lo hace muy bien (no en vano aspiró al Oscar que al final se llevó la incombustible  Meryl Streep), pero en los mejores momentos de la imitación falta algo que todos los que hemos visto una y otra vez algunas de las interpretaciones de la Monroe detectamos de súbito: se trata de un elemento difícil de mensurar y mucho menos de describir. Es como una suerte de exhibicionismo sensual e inocente, como un gesto erótico de colegiala, inesperado y como involuntario, algo pícaro, que no parece destinado a seducirte, sino que aparece de forma espontánea y que, precisamente por eso, te seduce irremediablemente. Pues bien, señores, esto falta. A pesar de la radiante belleza de la Williams y su bien entrenada habilidad para tratar de ser Marilyn

La historia está basada en las memorias del escritor Colin Clark que en su juventud protagonizó una experiencia semejante cuando en Inglaterra se rodaba "El príncipe y la corista" (1957), con un Lawrence Olivier genial y pagado de sí mismo que competía con la estrella americana, la despreciaba y al tiempo la deseaba y trató de seducirla (infructuosamante). Kenneth Branagh compone un Olivier entre la comeddia de l'Arte y la bufonería del exceso, ante el que la Williams --ojo, no su representada, Marilyn-- juega un papel brillante de timideces y coquetería.

Todo transcurrre como una comedia de enredos (como una versión en color de "Vacaciones en Roma") y ni siquiera las evidencias dramáticas y aun traáicas de la vida cotidiana de la actriz, sus drogas, su inseguridad, sus matrimonios desgraciados --entre ellos con Arthur Miller, el de "La muerte de un viajante", quien jamás llegó a comprenderla y seguramente a satisfacerla-- su necesidad de afecto y su soledad, logran dar a la película la pátina de documento, incluso de homenaje, que se le quiere dar

Alguien da un consejo a Brannagh-Olivier sobre cómo relacionarse con la actriz, y le dice: "Acéptala como es y no tendrás problemas. Intenta cambiarla y te volverá loco". Pues eso es exactamente lo que ocurrió con la vida personal de la actriz y en plan paródico lo que ocurre con esta película: es imposible reflejarla tal como fue y por eso el resultado, aunque no nos vuelve locos, tampoco nos satisface.

Simon Curtis dirige con un ritmo poco logrado, con momentos lentos o acciones ralentizadas, aunque con un excelente equipo de producción. Eddye Redmayne logra dar verosimilitud a su atormentado y juvenil personaje (no debia costarle mucho mostrar su fascinación por la rubia y explosiva actriz), Branagh se muestra endiosado y cruel a partes iguales y entre las joyas de la corona brillan Judi Dench, cada día más segura de sí misma, Julia Ormond, Derek Jacobi (interpretándose una vez más a sí mismo) y Toby Jones que sigue comportándose como cuando "fue" Truman Capote o yo siempre le veo así.

Película menor sobre una actriz mayor y una persona desdichada.

 

 

 

 

 

 

 

 

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10 marzo 2012 6 10 /03 /marzo /2012 08:10

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Steven Soderbergh es un director con apreciable mano para todo tipo de géneros, pero que se encuentra muy cómodo en el trhiller. Si ya nos distrajo y a muchos nos encantó con su "Ocean's Eleven", en "Indomable" sigue su tónica ágil y en ocasiones rompedora, es decir, guión trepidante, plantel de estrellas reconocidas unidas bajo el reclamo de su fama de llenacines, música magnífica, interpretaciones no muy exigentes como suele suceder en el cine de género, el menos de éste género, localizaciones varias y atrayentes, realización artística de primer orden y aquí una novedad que emparenta a Soderbergh con el escaso cine de heroínas, ya sea Nikita, Eva, Jacquie Brown o Cleopatra Jones..

Mallory Kane (Gina Carano) es la elegida para demostrar que es un mentís candente a la debilidad y vulnerabilidad femenia. Ver como se lleva por delante a mamporros al héroe libidinoso de moda, Michael Fassbender y liquida de forma contundente en los primeros minutos de la película, resulta muy convincente. Con una dureza que recuerda a la heroína salvaje de Kill Bill de Tarantino, la Kane nos muestra un palmito muy atractivo que envuelve a una asesina letal, envuelta en una trama no demasiado complicada de agencias secretas y esbirros de la CIA, traiciones y combates acompañados de desrtrozos de todo tipo o de muertes de un sadismo de comic japonés.

Y es que esrto es "Indomable", un comic hecho cine, destinado a la distracción del respetable, cosa que consigue sin duda con un montaje dinámico que nos lleva a Barcelona, Dublin, Mallorca, Nueva York o Nuevo México, en la compañía más o menos recomendable de un Antonio Banderas haciendo de malo, un Fassbinder cascando sin llegar a poner la mano encima de la escultural agente resabiada, un Ewan McGregor de malo-malísimo que parece haber pasado por allí, sin más, Bill Paxton haciendo de papá y Michael Douglas que con la edad y los acahaques cada vez se parece más a su padre octogenario, sin la garra y la malicia que el bueno de Kirk dilapidó a manos llenas en el cine de los cuarenta hasta pasados los 80.

La coreografías de los combates y las peleas están filmadas sin el barullo habitual en esas escenas, mostrando que tras las c´çamaras hay un profesional que sabe lo que se hace.

Para pasar el rato.

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9 marzo 2012 5 09 /03 /marzo /2012 08:51

nader-y-simin-cartel.jpg

Se trata de una película iraní. Sí, iraní. Los tópicos, pais musulmán atrasado, dictadura política y religiosa, agresividad, cultura escasa, manipulación social, barreras y diferencias abismales entre las clases, resultan cómicos si no fueran insultantes. Asqhar Farhadi ha realizado una pelicula que levantó en un  clamor a los espectadores que la vieron en la ultima Berlinale, se ha llevado el Oscar a la mejor película extranjera y la está viendo en todas partes esa minoría de público interesado en el buen cine y con curiosidad por conocer cómo vive un pueblo al que nos han pintado con colores siniestros.

La trama puede suceder en nuestro país, con algunas variaciones más debidas a un progreso reciente que a considerar que no tiene nada que ver con nosotros. En un pasado no muy lejano se vivían situaciones parecidas aquí y era nuestra sociedad la que parecía exótica. Las diferencias son una cuestión de grado, así reconocemos que en nuestros tribunales de justicia se viven casos muy semejantes a los que vemos en la cinta, aunque el otro punto argumental, la situación de la mujer en la sociedad musulmana iraní, la aleja de nuestra actualidad social ( pese a que el machismo patriarcal sigue estando más presente de lo que pensamos).

Nader y Simin, ambos profesionales universitarios, quieren separarse, aunque se aman y se respetan. ¿Qué ocurrre? Simin quiere irse al extranjero para el bien de la familia y el futuro de su hija adolescente. Nader no desea abandonar a su padre enfermo de Alzheimer. El asunto acaba en los tribunales (ya que la ley prohibe a una mujer casada irse del país sin permiso de su marido, por lo que Simin pide el divorcio). No les dan el divorcio en primera instancia por lo que se separan y Nader se ve obligado a contratar a una mujer ultraortodoxa para que cuide de su padre. Aquí el fanatismo religioso provoca momentos patéticos que van desembocando en una escena violenta --debido a un presunto robo del que no se da más noticia--en la que Nader expulsa de su casa a la mujer --aunque mas por haber desatendido al anciano-- y la empuja sin recordar que está embarazada.

A partir de que la mujer pierde al hijo que esperaba y demanda a Nader por haberla empujado, el fanatismo religioso deja paso a las diferencias de clase, a la justicia primaria, a las amenazas y las mentiras (Nader no reconoce que sabía el embarazo de la mujer), en la que --como suele suceder--las mayores víctimas son los niños. Y es Termeh, la hija adolescente de la pareja, la que acaba viendo arruinAda su vida familiar y abocada a un desconcierto, decepción y dolor con el que se cerrará la película.

Ficción con la fuerza demostrativa y polémica de un documental, dotada de un realismo humanitario, de una gran delicadeza en mostrar las fuerzas  extremas que se debaten en la trama, la religión, el honor, la conciencia, el amor a la verdad, el respeto, el amor a los padres, el cuidado de los hijos. Y todo ello sin manipulaciones, sin juicios y mucho menos condenas. Pero, al tiempo, mostrando como el orgullo, la cerrilidad maniquea, el miedo, se vuelven como un boomerang contra la hija que Nader y Simin pretendían proteger, imponiéndole ambos en el final una  imposible elección.

Verán una película sabia, bien estructurada, con personajes dotados de una inmediatez y una humanidad desconcertantes, sujeta a un ritmo y una tensión habilmente administrada (el espectador no puede despegar los ojos de la pantalla las dos horas que dura la proyección, ante la concatenación de pequeños hechos, actitudes y acciones de unos actores en estado de gracia).

Leila Hatami, Shahab Hosseini, Sareh Bayat o Sarina Farhadi, dan una lección de pasmosa naturalidad ante la cámara, componiendo unos personajes que trascienden el drama familiar, social, religioso que se desarrolla ante una sociedad encorsetada por directrices politicas, sociales y religiosas. Lo cual suma obstáculos a la trama cuando el egoísmo, el orgullo, el miedo y la mentira toman las riendas en las vidas humanas. La película deja un regusto amargo y triste, aunquen sabemos que las cosas suelen ser así, nos rebelamos porque "deban" ser así. La obcecación y el orgullo de los padres muchas veces causan sufrimiento y heridas psicológicas difíciles de asumir a los hijos. Eso sólo debería hacernos reflexionar a la hora de establecer nuestra escala de valores, nuestro listón de tolerancia. La película hace reflexionar, ese es su valor.

No se la pierdan.

  

 

 

 

 

 

 

 

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8 marzo 2012 4 08 /03 /marzo /2012 08:55

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Retengan el nombre de este director afrocaribeño londinense, Steve McQueen (nombre y apellido de un célebre actor de los años 60 a las 80, prematuramente muerto por un cáncer) que ya revolucionó de una forma polémica y dolorosa a la opinión pública con su "Hunger", crónica durísima de la huelga de hambre de unos miembros del IRA en los 80, y ahora, en otro nivel del espectro de la dureza cinematográfica nos habla de la existencia de un individuo aquejad0 de una virulenta e insaciable necesidad de sexo. Brandon (Michael Fassbender) es un hombre atractivo, elegante y bastante inteligente que mantiene una doble vida cuyo elemento revulsivo --y repulsivo--es la necesidad patológica de sexo a todas horas y en cualquier  lugar --esa es su zona oscura-- y al tiempo mantiene una aparente vida de comodidad y normalidad, de respetabilidad y trabajo. La invasión de su vida por su hermana (una petética y vulnerable Carey Mulligan) que viene a vivir con él, termina trastocando el frágil equilibrio entre las dos zonas de su vida.

McQueen nos presenta a su personaje a través de tomas largas, estáticas, silenciosas, de una belleza formal que deja un regusto de intranquilidad, de peligro, de oscuridad y amenaza (la larga secuencia inicial de la película, con una camara cenital enfocando al protagonista estático y  semidesnudo bajo las sabanas de color azul, es de una fuerza impactante y el anuncio evidente de que lo que vamos a ver no nos va a resultar muy complaciente.

El director va sembrando informaciones dispersas, mínimas, como si estuviera formando ante nostros un puzzle que nos revelará su conjunto global en algún momento, cada vez de forma más rápida, más directa, más brutal, rompiendo la  apariencia de equilibrio del personaje (Fassbinder compone una personaje encerrado en un rostro perfecto pero sumido en sí mismo, sujeto al insaciable deseo que se refleja en la mirada).

Todo un arco argumental que nos revela el profundo lastre que la adicción crea en la vida de Brandon, al que la presencia de su hermana, tan desequilibrada como él pero de una forma mas evidente, menos disfrazada, va abriendo una a una las valvulas de la perdición, la verguenza y el sufrimiento. Emociones y sentimientos que quedan de manifiesto en la secuencias finales en las que el estupor que produce un dolor lacerante imprime una fuerza y una humanidad sorprendentes en el rostro del actor.

Fasbinder logra con esta película una matricula de honor en la interpretación, a través de las expresiones de su rostro cuando cede a la pulsión destructiva y patológica del sexo, mostrando la soledad y el sufrimiento de una sed que nunca se acaba, de una degradación moral que le aturde, de una necesidad de caza que se convierte en todo menos en un placer. Ya en la anterior pelicula de McQueen, "Hunger" en la que Fassbinder  interpreta a Bobby Sands (uno de lo mas celebres huelguistas del IRA, cuya muerte de inanición  provocó un estallido de violencia en el Ulster)  se comprueba la perfecta complicidad que existe entre el director negro y el actor blanco, ambos claros respresentantes de sus modelos culturales etnicos.

Como dice Carey Mulligan a su hermano en un momento de la película, "ambos somos buenas personas" y los dos, sin hacer daño a nadie, sin violentar, sin cometer delito alguno de violencia, hacen de sus vidas un infierno dominado por la verguenza y la culpa en la que les ahoga una pulsión que requiere tratamiento y terapia ¿Se puede juzgar y condenar a una persona sometida a una adicción tan exigente y devastadora como lo es la de una droga? Una película que no deja lugar a la complacencia moral  del espectador: la pelicula acaba en un vagón de metro en el que el estático Fassbinder vuelve a sentir el deseo brutal por otra pasajera a la que mira durante interminables segundos estáticos e hipnóticos...¿no ha sido suficiente el dolor recibido como para cambiar? McQueen no responde. Nos deja con las dudas.

Y como prueba absoluta de la contundencia alertadora de la cinta, dudo mucho que ningún espectador se sienta excitado o atraido por las continuas secuencias de sexo explícito que van sucediendose en la película. Un vistazo a la expresión y la mirada de Fassbinder mientras practica el sexo nos hablará del sufrimiento, la soledad y la verguenza con las que el personaje vive su pulsión. Y eso no es nada excitante.

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