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4 febrero 2012 6 04 /02 /febrero /2012 09:27

 

 dickensEl martes próximo, día 7 de febrero, de hace doscientos años, nació en Londres Charles Dickens, uno de los grandes de la literatura de todos los tiempos. Autor de catorce novelas (quince si contamos "El misterio de Edwin Drood", que no llegó a acabar), centenares de artículos, libros de viajes y de relatos, llegó a crear más de 2000 personajes, entre los cuales hay figuras que se han convertido en auténticos arquetipos literarios que ya forman parte de la memoria de generaciones de lectores. ¿Quién no ha oído hablar de Oliver Twist o de David Copperfield? ¿Quién no se siente lleno de humor con el señor Pickwick o conmovido con Mr. Scrooge y sus fantasmas navideños?

 

 

En honor de este segundo centenario, el mundo literarrio anglosajón se ha lucido no sólo reeditando muchos de los títulos del novelista sino enalteciendo las vinculaciones esenciales entre Dickens y su Londres victoriano, dos nuevas biografías (a añadir al centenar publicadas desde la muerte del escritor en 1872) y en España la edición de la monumental obra dedicada por Peter Ackroyd al emblemático autor, "Dickens, el observador solitario", que aunque ya tiene algunos años acaba de ser traducida por Edhasa (firmada por Gregorio Cantera) en una versión acortada (la inglesa en dos volúmenes tiene el doble de páginas).

Para sumarnos a este homenaje internacional a Dickens, esta semana les propongo no sólo la biografía magnífica de Ackroyd, también la edición que Mondadori hizo en 2004 en su colección Grandes clásicos de "Los papeles póstumos del Club Pickwick", la divertida y entrañable novela de humor con la que el escritor londinense logró hacerse un nombre literario y empezar a ganarse la vida con su pluma, aparcando en cierta forma su labor de periodista (1836). En España hay más de cuatrocientos títulos de las obras de Dickens editadas por diversas editoriales y en todas las lenguas de nuestro país.

En la biografía citada vamos acompañando a Dickens desde su nacimiento y desolada infancia hasta los enormes esfuerzos juveniles para ganarse la vida empleando un talento fuera de lo común y unas dotes de observación que sembrarían el germen de su obra. El hecho de tener que trabajar en los menesteres más duros (a los doce años entró a trabajar en una fábrica de betún a las orillas del Támesis en jornadas de diez horas por un salario de seis o siete chelines a la semana (unos 30 euros actuales) para ayudar a su familia, mientras el padre estaba encarcelado por deudas. ¿No vemos en esta historia la semilla de David Copperfield o de Oliver Twist? ¿No comprendemos la presencia de tantos personajes duros, inhumanos o la de sujetos dotados de una enorme humanidad, de una alegría inexplicable o de una bondad sorprendente? Todos esos personajes rezuman realidad por los cuatro costados, son clones de la humanidad que caminaba por la fangosas calles londinenses sumergidas en la niebla y se ganaban la vida en la precariedad de los oficios más humildes y las exigencias de la miseria y la extrema necesidad.

Ackroyd, que es novelista también, nos ofrece una biografía muy bien escrita en la que siguiendo su talante novelesco va entrecruzando la obra de Dickens con los avatares de su vida y nos lleva a caballo de una cita novelesca a la experiencia vital concreta que seguramente fue el germen vivencial del reflejo literario. Nos habla de sus notables y agotadores esfuerzos por ganar dinero a fin de mantener a su amplia familia (diez hijos y algunos de ellos se constituyeron en verdaderos problemas para el padre) y comprar tiempo parta escribir. Complementaba la publicación de sus novelas, primero en forma de serial periodístico o entregas y luego en libro, con conferencias públicas que, sobre todo en Estados Unidos (donde entonces no pagaban derechos de autor a los extranjeros), sanearon mucho su economía pero le fatigaron extraordinariamente.

Dickens murió, tras una gira de conferencias, agotado, a los 58 años, en junio de 1870. Dejaba varias de las joyas literarias que dignifican la literatura inglesa y constituyen parte del acervo cultural de occidente. Como escribió Carlos Marx refiriendose a la importancia social y política de las novelas de Dickens, "ha proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos". De hecho muchos de los cambios sociolaborales a favor de los niños trabajadores y en contra de la explotación inhumana de la infancia o la violencia contra los huérfanos y abandonados, fueron indirectamente provocados por la popularidad de personajes como Oliver Twist, David Copperfield o Nicholas Nickleby.pickwick

En cuanto a "Los papeles póstumos del club Picwick", no se pierdan las ilustraciones realizadas por dos artistas de la época Robert Seymour y Phiz y reproducidas en la edición de Mondadori, de los personajes y escenas de los compañeros del señor Pickwick, un grupo pintoresco de "aventureros" en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. Fue la primera novela de Dickens y una de las más populares, editada por entregas por el diario Evening Chronicle a partir de 1836. La importancia de esta novela es tal que en la literatura anglosajona se la considera a la misma altura, sino superior al Tom Jones, Joseph Andrews o Tristam Sandhy y en la literatura universal, cercana al mismísmo Don Quijote. Pickwick es un personaje capital en el imaginario anglosajón y se le pone al nivel de, por ejemplo, el Fasltaff de Shakespeare. Lo cierto es que su lectura es un placer y nos deja en la memoria el encanto de unos personajes y unas situaciones que nos evocan siempre buen humor, una sonrisa permanente y a veces alguna que otra carcajada.

 

 

 

FICHAS

DICKENS, El observador solitario.-Peter Ackroyd.- EDHASA, nov.2011.-700 págs.

LOS PAPELES POSTUMOS DEL CLUB PICKWICK.-Charles Dickens. Clásicos Mondadori. 2004. 1031 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 febrero 2012 5 03 /02 /febrero /2012 08:18

los-descendientes-cartel1-copia-1.jpg

Hay cinéfilos que lamentan que Alexander Payne haya tardado siete años en volver a las pantallas, tras la magnífica "Entre copas" y la no menos interesante "A propósito de Schmidt". Con "Los descendientes" se depura el hábil cruce habitual entre drama y comedia que suele caracterizar su filmografía.  En esta ocasión nos brinda una historia de fuerte dramatismo, la mujer del protagonista (George Clooney) está en coma tras un accidente ocurrido mientras practicaba esquí náutico. El es uno de los descendientes del ultimo rey de Hawai y con una pléyade de primos estudia la venta del último paraje virgen que queda en las islas. Clooney tiene dos hijas, una niña de diez años (Amara Miller) y una adolescente (Shailene Woodley) a las que apenas ha tratado debido a su trabajo y están malcriadas, quejosas e incómodas ante el padre sin experiencia y con culpa, que se tiene que hacer cargo de ellas. Pero hay otro elemento que es el desencadenante del drama: el descubrimiento de la infidelidad de su esposa.

Aqui empieza una historia ambivalente que te hace sonreir a menudo y que te lastima en ocasiones, conmoviéndote profundamente. Aquí se inicia un recital sorprendente, dúctil y lleno de registros del rostro de Clooney, tratando de asimilar y reaccionar ante la andanada que le viene encima por todos los frentes. Payne juega fuerte y con habilidad tanto en la dirección de actores secundarios (excelentes las dos niñas, sobre todo la adolescente Woodley) como en el ritmo cambiante casi de road movie de una trama que lleva a Clooney y su desestructurada familia a  la que se une otro joven amigo de la chica, a irse acercando unos a otros a través de largas caminatas, vuelos de avión, viajes en coche y conversaciones que pasan de la astracanada maleducada y malsonante a instantes de afecto conmovedor, dolor o reencuentro emocional. El director ha basado su guión en la novela de una joven hawaiana, Kaui Hart Hemmings, moldeándolo para ofrecernos su austero mensaje cuyo mayor logro está en llevarnos sin excesos a un doble final: la declaración de amor y perdón de Clooney a su mujer moribunda e insconsciente y la secuencia que cierra la película, con un mensaje que admite muchas lecturas: el padre y sus dos hijas sentados en un sofá comiendo helado mientras ven un documental en la televisión. ¿Cuál es lo moraleja del duro viaje emocional y psicológico de esa pequeña familia? ¿Es este un final feliz?¿Apostarse ante un televisor para ver documentales? ¿Eso es todo lo que han aprendido del drama que han vivido? ¿Qué ocurre después? Quizá Payne nos aconseja resignación.

Como apuntaba un comentarista, uno se queda con la sensación de que Payne nos devuelve la pelota del final de "El apartamento". La chica despechada--Shirley McLaine-- que juega a las cartas con un hombre que la ama (un enorme Jack Lemon: un actor que recuerda mucho a Clooney) mientras ella ama al otro  (Fred McMurray), al que ha abandonado. ¿Es muy valioso ese aceptar compartir su soledad y su melancolía con otro hombre, una buena persona, un antihéroe que ya se ha puesto a sus pies? En "Los descendientes" parece cumplirse aquello tan discutible de que "la familia que sufre unida, permanece unida". Pero lo cierto es que la película merece ser vista y posiblemente reciba alguna mención en los Oscar. Desde luego Clooney ya ha mostrado sus capacidades de llevarselo. Y la historia, muy bien contada, también lo merece: un abrir la caja de Pandora de la  familia y correr la aventura de conocer a los más cercanos, puestos todos a prueba por una tragedia personal de difícil gestión.

En cuanto a la localización, las paradisíacas islas hawaianas, como dice el personaje de Clooney, "se pueden ir a la mierda" ya que toda su belleza exhausta por las mansiones, los hoteles y campos de golf, los coches y los turistas, no garantizan ni un gramo de felicidad a la mayoría de sus habitantes, incluso los más favorecidos. Cuando a la vida le da por plantarse y volverse difícil, da igual donde estés. Pero si además te dicen que estás en un paraíso la cosa se vuelve tragicómica.

Pues bien, volviendo al principio, yo soy uno de los cinéfilos que piensan que Payne no debería prodigarse demasiado, sino dedicarse a perfilar obras como ésta, bastante redonda, en general, y muy por encima de los habitual en las carteleras. ¿Que tarda seis o siete años? Mejor. Más garantía tendremos de ver otra buena película. Terrence Malick  --"El árbol de la vida", "La delgada línea roja"--, ha dirigido sólo cinco películas en más de treinta años, nadie ha protestado por ello y sigue siendo uno de los grandes directores de la historia del cine.

Y es que Payne es un director con fuerza e inteligencia que parece más surgido de los 40 y 50 que de esta época crispada que nos toca vivir. Su visión es serena, lúcida y sumamente adulta, empeñada en no ahorrarnos la sutileza cruel que merece nuestra sociedad y nuestra forma de comportarnos. Su retrato de esa familia respetable y adinerada del "paraiso" de Hawai nos toca de cerca a los espectadores, por la simple coexistencia de época y cultura. La pesquisa en el aburrido hastío de las relaciones de pareja, las paterno-filiales, las de amistad, son aplicables a todos nosotros, vivamos donde vivamos. Gracias a la película el eco de esas oscuridades, de esos fantasmas y esas dudas los vemos reflejados en el entorno que habitamos.

Nunca hasta el momento ese magnifico actor que es Clooney ha transitado con tanta sabiduría desde el ridículo y la indignación  del engaño y su respuesta, hasta la amargura, la impotencia y el desgarrro del dolor por la pérdida y el desencuentro afectivo. No mse la pierdan.

 

 

 

 

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2 febrero 2012 4 02 /02 /febrero /2012 08:53

250px-Mozart_libretto_figaro_1786.jpgMozart en estado químicamente puro. Llenazo en el Liceo. Las imperecederas notas de las brillante música mozartiana, con una orquesta bastante inspirada dirigida por Christophe Rousset. Y representantes de los trabajadores del Gran Teatro apostados en las puertas para entregar con mucha amabilidad cuartillas impresas con sus reivindicaciones al respetable público. Parecía como si el espíritu prerevolucionario y satirico de Mozart se hubiese contagiado del escenario a la vida real, a las Ramblas, donde se levanta el remozado noble edificio del bel canto.

Seguramente bastantes nobles de viejo linaje se cruzaron, entre el público, anónimos, con los trabajadores reivindicantes, mientras en el gran escenario se cantaba sobre los abusos del conde de Almaviva, su presunta renuncia a los derechos feudales de pernada (ius primae nocis) sobre las jóvenes del pueblo, entre ellas su criada Susanna, esposa de Figaro, mayordomo de palacio.

Los trabajadores acusan a la dirección del teatro y a los medios de comunicación de una ceremonia permanente de la confusión en la que la mala gestión de una y los intereses de otros están dando a la opinión pública una imagen distorsionada de lo que está ocurriendo en el Gran teatro y de los efectos no deseables de la crisis económica en la trayectoria del Liceo, sobre todo en esta temporada con la anulación de montajes y el despido de trabajadores.

Volviendo a la célebre y hermosa ópera mozartiana, con libreto de Lorenzo da Ponte, basada en "La folle journée" o "Le mariage de Figaro" de Pierre de Beaumarchais, (que obtuvo con dificultades el permiso de representación del emperador Josep II de Austria siempre que se evitaran las proclamas revolucionarias francesas) es un ejemplo de sátira social picante en la que asistimos al desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en "El barbero de Sevilla". Ahora el Conde de Aguaviva ya se ha casado con Rosina, amor conseguido gracias a los oficios del barbero Figaro, que en el presente de la obra es mayordomo del castillo y va a casarse con la doncella Susana (asediada por el Conde).

Con la dirección de escena de Lluis Pascual y un tratamiento moderno de decorados y vestuario, los intérpretes de la divertida pero hábilmente crítica obra van deambulando entre los brillantes paneles de palacio que en los cuatro actos muestran, sucesivamente, la habitación que el Conde ha destinado a Figaro y Susana, las de la condesa y sus tristes arias de amor despechado, la sala donde se han de celebrar los esponsales y el jardín del castillo "de Aguas Frescas" donde , al estilo de las "Alegres comadres de Windsor", se embrollará todo en un ágil enredo de equívocos y personalidades fingidas, para  llegar al climax final donde el perdón del casquivano Conde a todos los que le han "ofendido", se hace  inevitable dado que él mismo ha sido sorprendido por su mujer en flagrante infidelidad. A pesar de la alegre algarabía general, se desprende del momento una sutil tristeza, no sólo por la constatación de la infidelidad del Conde y la fragilidad de los sentimientos amorosos, sino por una sensación general de que acaba una época y con ella un mundo ingenuo, todavía, al que sucederá seguramente --como ocurrió-- algo sino peor, muy distinto.

Borja Quiza perfila un Conde libidinoso y altanero, quizá un punto excesivo mientras que Maite Alberola nos ofrece una Condesa triste y nostálgica, pero muy digna en su dolor. Ainhoa Garmendía una Susana pizpireta y fuerte, frente a un Joan Martin Royo (Figaro) desenvuelto y pícaro. Maite Beaumont, como el paje Querubino, se llevó una de las grandes ovaciones del público, muy en su papel de enamoradizo jovenzuelo y el resto de personajes cumplieron con bastante eficacia.

A la salida, casi cuatro horas más tarde, los trabajadores seguían en las puertas y se afanaban por repartir sus octavillas de protesta. En las Ramblas, a pesar del frio y la hora, paseantes, turistas y curiosos llenaban el paseo central y las aceras laterales.

 

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1 febrero 2012 3 01 /02 /febrero /2012 08:21

 

happy-thank-you-cartel.jpg

Ópera prima al canto. Muy digna por cierto, aunque un poco demasiado ortodoxa. Josh Radnor es un actor de la pequeña pantalla donde da vida a un personaje clónico al que aqui interpreta en una serie que parece llamarse "Cómo conocí a a vuestra madre". La verdad es que este hombre-orquesta, dirige, intrerpreta, escribe el guión y ha logrado un producto descafeinado y encantador como su propio protagonista.

La cosa va de buenas intenciones a mogollón, discreto encanto de los jóvenes ejecutivos y artistas neoyorquinos y despiste emocional a raudales en las jóvenes parejas que nos muestran dos arquetipos, masculino y femenino, repetidos con escasas variaciones.

Las peripecias fluctuantes de un joven escritor, Josh, que encuentra a una encantador chiquillo negro (que además resulta ser un genio en agraz del dibujo) en el metro y lo prohija casi sin más, los amores repentinos del ardoroso joven, el encuentro de su amor principal, las dudas, los xdesencuentros y el encuentro final, son complementados con dos historias amorosas  más en paralelo, un joven que quiere mudarse a Los Anngeles y llevarse allí a su superneoyorquina novia y un empalagoso tipo que trata de enamorar a una joven de regular salud que suele enamorarse de los hombres equivocados constantemente, son la panoplia de historias neoyorquinas que nos presenta Radnor en su primera incursión en la gran pantalla, "happythankyoumoreplease", así todo seguido, que no es más que una frase de autoayuda que un personaje le dice a otro.

Los problemas que genera el amor y la amistad en un grupo de jóvenes habitantes de "la mejor ciudad del mundo" bajo la óptica liberadora pero irrreal del "todo er mundo e güeno" y los neoyorquinos entre los treinta y los cuarenta años, aunque con comportamientos y conclusiones vitales de los veinte. La cosa se queda en correcta, lo cual es bastante dado los presupuestos iniciales. Uno echa de menos un ritmo más adecuado, personajes mas consistentes y desarrollados y hacer sabido dosificar un poco el evidente afán arquetípico que  simplifica en exceso a los personajes.

Josh Radnor logra parecernos simpático, aunque un poco bobalicón, Kate Mara, la chica, cantante y camarera por nombre Mississippi, como en una comedia de los 40, y el niño Michael Algieri que logra que no nos irrite durante los 90 minutos que dura el asunto.

La película se llev´ço el premio del público en Sundance, lo cual es una clave de la amable falta de exigencia de ese festival con los primerizos, al menos con este. Y digo amabilidad porque creo que esa es la virtud esencial del filme: es una película amable, con personajes amables y con historias amables herederas del "happy end" tan caro a cierto cine estadounidense. La pena es que desde el mismísimo comienzo el espectador sabe cómo va acabar todo una vez que las dificultades en cada pareja hagan su conveniente catarsis crítica. Los personajes se ajustan a lo previsible y obedecen a patrones estereotipados (aunque, eso sí, encantadores) y en general la película no cansa a pesar de todo lo dicho, está filmada con corrección y resulta un tebeo sentimental para jóvenes optimistas que te deja un leve pero agradable sabor de boca. Luego ya no te acordarás más de ella, excepto por el título.

 

 

 

 

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29 enero 2012 7 29 /01 /enero /2012 08:17

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El cine británico se dedica ultimamente a revisar su historia más reciente, así el biopic de la reina Isabel II y el magnífico "El discurso del Rey" donde se centra en la anécdota personal, tartamudez mediante, de Jorge VI y pasa con cautela por la figura controvertida de su hermano abdicante y su esposa divorciada y los coqueteos --y más que eso, podría hablarse de alta traición-- con el Reich de Hitler.

Ahora se vuelve hacia la peculiar señora Thatcher, la dama de hierro, como con eslavo respeto la bautizaron los rusos, otra de las figuras del siglo XX que se ha ganado de sobras méritos y deméritos para figurar en la iconografía política de ese desventurado siglo.

Hacía falta una actriz muy especial para dar vida a doña Margaret y un ductil actor para encarnar a Denis, el sufrido marido de la férrea dama. Se trata de ofrecer una imagen bastante fidedigna de la compleja figura sin restar contenido a una visión humanizadora de una mujer cuya dureza, falta de sensibilidad social y agresividad restaban verosimilitud a sus posibles valores personales femeninos, maternales o como esposa. Meryl Streep, la camaleónica actriz, escritora de "Memorias de Africa" o madura madre de familia de "Los puentes de Madison", es el primer acierto de esta película. Dirige con habilidad pero irregularmente, Phyllida Lloyd, aunque es en las secuencias de la Thatcher anciana perdiendo el contacto con la realidad y anclada en el pasado, donde más y mejor brilla su dirección, mientras no consigue encontrar el ritmo y la sensibilidad fílmica en la faceta política y social (el uso y abuso de documentales lastra la película, que pierde ritmo y eficacia dramática). La directora nos muestra sin tapujos la faceta feminista combativa de Thatcher y parece aceptar como mal menor los conflictos familiares que provoca en su marido y sus hijos, sin llegar a convencernos el drama doméstico en el que se ve inmersa.

El divorcio entre sentimientos y pensamientos que, según el guionista Abi Morgan, es el meollo de la personalidad de la primera ministra, la subordinación de la vida afectiva a la racionalidad de las ideas, es la argamasa intelectual que sustenta la vida personal y pública de la Thatcher que, en su tramo final, recibe el espaldarazo de lo evidente en una secuencia onírica inventada por el guionista en la que Margaret "despide" la figura alucinatoria de su marido y pese a ello dice temer la soledad que conlleva y el difunto marido le "responde": "No ha cambiado nada. Tu siempre has estado sola y te ha ido perfectamente".

Así pues, la película decae cuando nos muestra el ascenso y poder de la dama y se llena de interés cuando nos muestra los momentos intimos y domésticos de la exigente política y la decadencia irremisible de su viva inteligencia. Y eso es posible porque la señora Streep, Meryl, hace un verdadero recital interpretativo, ayudada por una caracterización magnífica y ese citado espíritu camaleónico que nos hace creíble --y atractivo-- hasta a un personaje público tan antipático y duro como Margaret Thatcher.

Mención especial al actor que encarna a Denis Thatcher, Jim Broadbent, que logra competir en acierto con la mismisima Meryl, dándole una réplica ajustada y encantadora, llenando de credibilidad y simpatía un papel tan poco agraciado.

Película interesante para nostálgicos de la segunda mitad del siglo XX y admiradores de la señora Thatcher.

 

 

 

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28 enero 2012 6 28 /01 /enero /2012 08:29

portada-leer-mente_med-copia-1.jpgDamos por hecho que sabemos qué es leer y cómo lo hacemos. La lectura consiste en ejercer activamente una técnica fisica y mental obtenida por la educación y descifrar los grafismos de las letras, unir éstas en palabras y distinguir y entender las frases y, lo que es aún más difícil, comprender el mensaje que se nos comunica a través del texto.

Bueno, pues intuyendo que se trata de un proceso muy complejo, la verdad es aún más complicada e interesante. Para ayudarme a investigar esta cuestión, he leido para ustedes --y puedo recomendar su lectura a todos lo que se sientan atraidos por el tema-- dos libros: "Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción" del novelista mexicano Jorge Volpi (autor de la magnífica "En busca de Klingsor") editado por Alfaguara y  "Los ojos de la mente" del  neurólogo y escritor Oliver Sacks, autor de libros tan sorprendentes como "Migraña" o "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" o la autobiográfica "Despertares" (de la que se hizo una película célebre protagonizada por Robert de Niro y Robin Williams, en los 90), publicadas todas por Anagrama.

Aunque supongo que mi admirado maestro de la crítica, Víctor Moreno, despotricaría sobre los argumentos de Volpi sobre la necesidad "ontológica" de la lectura (llega a sostener el mexicano que las novelas y los cuentos han sido elementos esenciales para la evolución de la especie humana) para mí el recorrido de Volpi sobre el papel que las célebres "neuronas espejo" (las que reproducen en nuestra mente cualquier acto ajeno como si fuera propio, lo que ha permitido al ser humano evolucionar y prever actos futuros) tienen en la formación de la conciencia y la gestión de las emociones, y la influencia relevante que la lectura tiene en el proceso de cultivo de la inteligencia, me ha parecido altamente sugestivo. Sostiene Volpi que "el arte, y en especial el arte de la ficción, nos ayuda a adivinar los  comportamientos de los otros y a conocernos a nosotros mismos".  Para él y apoyándose en recientes descubrimientos neurológicos "los mecanismos cerebrales con los que nos acercamos a la realidad son básicamente idénticos a los que empleamos a la hora de crear o apreciar una ficción", pues "reconocer el mundo o inventarlo son mecanismos paralelos".  Por un fenómeno de empatía y gracias a las neuronas-espejo  localizadas en las  areas motoras del cerebro, las ficciones que leemos ensanchan nuestra idea de nosotros mismos y nos hacen comprender mejor a los demás. Por eso, dice Volpi, "leer es tan fecundo y tan cansado como vivir". Aunque nuestra mente es capaz también de producir ideas que paralizan la empatía: el racismo, la xenofobia, el nacionalismo, "todas esas perversas exaltaciones de las pequeñas diferencias". Y añade, "leer cuentos y novelas no nos hace por fuerza mejores personas... pero los que no leen tienen menos posibilidades de comprender el mundo o  a sí mismos".

El recorrido de Volpi nos lleva desde el hombre primitivo y el famoso "gen egoísta", pasando por Descartes y Spinoza, hasta el contenido de la conciencia, el yo como ficción autoreferencial de la mente, el "flujo de la conciencia (reflejado en las obras de Joyce, Virginia Woolf o Freud) o la función cerebral de la memoria, con sus trampas y vacilaciones y el papel de la ficción en la gestión de las emociones. 

Por su parte, Oliver Sacks incide indirectamente en el tema de la lectura desde un nivel más específico y biológico: el del órgano de la visión y la imaginación visual ("los ojos de la mente"), su correlato cerebral y las curiosas patologías neurofisiológicas que entorpecen, dificultan o anulan la capacidad del cerebro para convertir las imágenes que captan los ojos, no sólo la lectura, sino el simple reconocimiento de los rostros familiares (prosopagnosia), o los colores, o el movimiento, o la existencia de objetos y miembros corporales propios que desaparecen de nuestro universo cotidiano por efectos de patologías traumáticas cerebrales.

El neurólogo-escritor nos habla de la fuerza de voluntad, la dedicación, el esfuerzo heroico de esas personas dañadas para recuperar lo que la generalidad de las personas apenas valoran (hasta que los accidentes o las circunstancias los limitan o anulan) esas funciones de la visión que nos permiten conectarnos con el mundo.Para ello nos cuenta historias de pacientes --y de él mismo, sujeto a algunas patologías orgánicas limitativas-- como un escritor de novelas policiacas o una concertista de piano que un buen día, de forma trágica y súbita, dejan de reconocer las palabras o las pautas musicales y su enorme odisea para recuperar de alguna forma esas funciones que daban sentido a su vida. En este sentido, la necesidad empática de relación con las personas, los cuadros,la música o las personas, es donde estriba la pertinencia de hablar de este libro aquí.

Sacks nos habla de la plasticidad del cerebro, que busca de forma casi simpre eficaz compensar los déficits usando otros circuitos cerebrales, no espacializados, en recuperar la función perdida.

El recorrido del neurólogo por esas discapacidades sobrevenidas que afectan a la visión o alteran sustancialmente actos como leer (alexia: no reconocemos las palabras o las letras de nuestro idioma) debido a apoplejías o lesiones cerebrales o encontrar las palabras (anomia) en el habla cotidiana o, simplemente, entender el habla de los demás y expresar los propios pensamientos (afasia), logra por la via indirecta incidir en la valoración que Volpi hace del acto de leer, con todas las cautelas que queramos poner a las afirmaciones a veces excesivas de este autor.

 

FICHAS:

"Leer la mente",.Jorge Volpi. Ed. Alfaguara.163 págs.

"Los ojos de la mente".-Oliver Sacks. Anagrama. 286 págs.

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27 enero 2012 5 27 /01 /enero /2012 10:17

carlos-copia-1Han pasado dos años. Tal dia como hoy, en 2010, Carlos Nadal (1923-2010), licenciado en Filosofía y Letras, periodista de "La Vanguardia", profesor de la Escuela de periodismo, experto en política internacional, nos dejaba. Y a mí, concretamente, me creaba un vacío imposible de llenar. El de una hermandad intelectual y afectiva que constituyó uno de los grandes regalos que me ha donado la existencia y la suerte. Carlos, era un poeta secreto. Solo su esposa y algunos familiares cercanos y algunos, pocos, amigos, uno de ellos yo mismo, sabíamos de su vocación íntima, de la fuerza y calidad de sus poemas, de ese impulso creativo que era su Grial, la fuerza equilibradora en la vida cotidiana, no siempre serena o bucólica. Poeta pues, no solo de los momentos dulces de la vida, del apasionamiento amoroso, de la serena profundidad filosófica, sino también --y sobre todo-- de las dudas y los desconciertos, de la amargura, de los sueños idos, de las carencias, del desafecto y el humor sombrío, todos ellos con una nota en común, una suerte de distanciamiento socrático, una elegancia de la expresión que mostraba la finura de un pensamiento lleno de nobleza, de autocrítica y de comprensión hacia los demás.

Me propongo escribir de sus poemas más extensamente. Pero hoy sólo tengo ánimos para volver el rostro hacia mi interior y verlo allí, aposentado para siempre, con su sonrisa levemente triste y sus pequeños ojos que parecían saberlo todo y comprenderlo todo.

Te añoro hermano.

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26 enero 2012 4 26 /01 /enero /2012 10:19

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Tal vez la única propuesta original de esta película dirigida por un, para mí, desconocido Chris Gorak, es el hecho de que la acción tiene lugar en Moscú y los protagonistas principales son, naturalmente, norteamericanos jóvenes que están allí por negocios o turismo. Una peli de colegas defendiéndose de extraterrestres muy, muy malos, que tienen forma de bolas o lucecitas incandescentes de colorines formando remolinos juguetones. Los alienígenas vaporosos, sólo son detectables de noche, cuando atacan y a su paso se enciende cualquier bombilla apagada que está en su radio de acción, debido al carácter electromagnético de los invasores (por cierto, menudo pastón se han ahorrado los productores con estos invasores incorpóreos). 

Emile Hirsch, Max Minghella (¿hijo del prematuramente desaparecido Frank Minghella, el de "El paciente inglés"?) junto a Olivia Thirlby y Rachael Taylor, componen el cuarteto de esforzados yanquis con algunos extras rusos muy combativos,  y patrioteros que plantan cara a unos alienígenas empeñados en convertir en cenizas a la humanidad en busca de objetivos poco claros.

¿Destacable? Nuevamente, Moscú. Aparte de "Misión imposible", Jason Bourne y alguna otra, no hemos visto rodar a los americanos en las calles de la capital moscovita y la verdad es que queda muy bien con las tomas de calles desiertas y la plaza Roja  llena de cenizas a disposición del gran angular. El argumento, bastante sencillito después de la propuesta de comienzo, una peli apocalíptica por obra del alienígena destructor. Curiosamente hay seis, !seis! guionistas responsables de este tebeo.

Es decir, cine-palomitas para disfrute de adolescentes y adultos anclados en la etapa visual, que solo quieren pasar el rato y asombrarse con los --pocos-- efectos espaciales. Las actuaciones, absolutamente desechables: todo tiene un aire a telefilme de horario basura pàra programar los sabados o domingos a primera hora de la tarde.

 

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25 enero 2012 3 25 /01 /enero /2012 08:48

 

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  Magnífico documental que hace reflexionar y tiene la garra de una obra de ficción. Ese enorme actor, en todos los sentidos, que es Josep María Pou nos muestra los entresijos de su oficio, el oficio con minúsculas de un actor con mayúsculas. Los directores, Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, han realizado un filme meticuloso, pleno de respeto e imaginación visual, con un montaje hábil aunque inevitablemente reiterativo, en el que Pou reina absolutamente, como un monarca meditativo, reflexivo o histriónico, con su enorme envergadura dominando la escena continuamente y el rostro inteligente y camaleónico en el que siempre llama

la atención la mirada triste y honda que puede adoptar cualquier disfraz pero es incapaz de traicionarse.

Ensayos, reflexiones, caminatas, la intimidad del hogar, lecturas, charla con los amigos, las comidas y un conato de baño evitado con un guiño socarrón, Pou se planta ante la cámara y deja que ésta le acompañe sin llegar nunca a dejar que lo analice, con lo que se convierte en una tierna muestra de devoción.

"Máscaras" es una película de devotos del teatro, desde el rey Lear al padre de familia burgués enamorado de una cabra --lo que un Woody Allen nada trágico filmó para su "Todo lo que usted querría saber del sexo..."--, del enemigo del pueblo a encarnar a un profesor de colegio inglés o meterse en la piel sardónica y prepotente pero genial de un Orson Welles que adquiere en Pou una segunda vida.

La película no desvela nada que no sepamos o hayamos intuido ya tras conocer a centenares de actores de muchos pelajes, pero si es un homenaje sincero y bien filmado a un actor de tal magistral trayectoria que si estuviéramos en un país que amara de veras el teatro, como Inglaterra o Francia, ya tendría un título nobiliario y sería un activo negociable en la vida cultural de Europa.

Confieso desde luego mi afecto profundo hacia Josep Maria Pou y su categoría como actor y así podría afectar de subjetivismo las presentes lineas, pero no se engañen. Vayan a verle mover su corpachón de gigante bueno y su rostro de ogro bondadoso y triste por cualquier escenario, en vivo y en directo, y entenderán lo que digo y cómo lo digo. Y lo compartirán. Palabra de Falstaf.

Por eso "Máscaras" es un virtuoso producto, no sólo bien rodado y realizado, sino un documento sentimental inexcusable para el acervo teatral de nuestro país. Palabra de Lope y con el permiso de Shakespeare.

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24 enero 2012 2 24 /01 /enero /2012 08:34

excursiones-1667.JPGCon la N-232 como línea divisoria entre el Matarraña y el Maeztrazgo, Ráfales y Fórnoles son dos bellos pueblos que se encuentran cerca de esa carretera en el extremo suroeste de la primera  comarca. Por un antiguo camino de vecindad semi olvidado que atraviesa de norte a sur  la Sierra de las Viñas, las poblaciones de ambos lugares establecieron un vínculo de paso que no es complicado cubrir en poco más de cinco horas, ida y vuelta. Es un camino marcado históricamente por la existencia de algunas fuentes, la Vella, la Estopiña, entre otras, donde los habitantes de los pueblos acudían en las frecuentes épocas de sequías a buscar agua. Son pues senderos del agua que van quedando olvidados, así como también van secándose las fuentes.

La ventaja de la excursión que hoy les proponemos estriba en la belleza rural de los dos pueblos y la riqueza de los lugares cercanos desde el punto de vista artístico, religioso o paisajístico, con lo que la excursión puede complementarse con paseos y visitas enriquecedoras.

Comenzamos en el mismo pueblo de Ráfales, buscando en las afueras (hacia el noreste) el comienzo del camino que está en un recodo del nuevo vial que lleva a la Nacional y a la Font Vella y que se inicia, hay una señal, en la base de un barranco que hay que subir empinadamente (hay un cartel explicativo allí mismo). Ganamos altura poco a poco dejando a nuestra espalda el apretado caserío de Ráfales, justo en el centro de un par de barrancos que allí confluyen.

El sendero, vagamente señalizado, va discurriendo entre un bosque de coníferas, enebros y sabinas que se van alternando con campos de cultivos, olivos, almendros y algunas vides, con muretes de piedra seca y construcciones, habitualmente en ruinas, de viejas estancias de ganado o aperos de labranza.

Una vez superada ese subida inicial hay un terreno llano muy extenso, donde los cultivos --y algunos tramos boscosos-- van sucediéndose, en bancales, algunos cuidados y otros invadidos por la maleza, todo en un silencio magnífico en el que solo de vez en cuando escuchamos  algunos pájaros. He caminado un par de veces por esta zona y la presencia humana es prácticamente inexistente, salvo algún lejano tractor o una furgoneta de algun payés que pasa cansinamente con un ruido que parece espesar aún más el silencio habitual.

Es preferible hacer este camino durante la primavera o el otoño, en verano resulta bastante duro, a no ser que conozcas el emplazamiento del alguna fuente (no están señalizadas) y tengas la fortuna de que no se haya secado. Así que buena provisión de agua y una gorra en la cabeza.

Hay algunos tramos del sendero que coinciden con una especie de calzada romana realizada con cantos rodados y piedras, desgastadas todas por el paso del tiempo y que dan una imagen insólita de antiguas civilizaciones al entorno rabiosamente rural y campestre, semiabandonado. Algunos de esos tramos han sido muy dañados y uno piensa que es una lástima y qué importante motivo de interés cultural sería si se pudieran arreglar esas calzadas antiquísimas para solaz de caminantes y andariegos (una forma de turismo, de bastante nivel adquisitivo y que abunda en sitios donde se les informa y protege).

Durante el hermoso caminar entre árboles, de vez en cuando, en algún recodo se abre unas perspectiva de montes y lomas suaves llenos de verdor bajo el cielo azul y la cinta gris celeste de la carretera que haciendo vueltas y revueltas comunica Ráfales con la Nacional que va a tierras de Castellón. Una vez dejamos atrás esa dirección, volviéndonos más hacia el este, pasamos por un angosto desfiladero de grandes rocas, con un suelo que fue empedrado y que ahora por el desuso y los elementos se ha convertido en un incómodo reguero de rocas pequeñas, formando escalones deshechos.

Esa subida, un poco pesada, nos lleva a un coll sobre un angosto valle en V rodeado de montañas boscosas de poca altitud. Desde allí hay una fuerte bajada que forma un camino bien marcado, con muretes de protección que va haciendo lazadas de descenso. Al fondo a mano izquierda comenzamos a ver el caserío de Fórnoles. Las señales blancas y amarillas de PR empiezan a abundar y el camino, muy empedrado en ocasiones, nos acerca cada vez más a la altura del aun lejano pueblo.

Llegamos a una pista forestal en buen estado que hay que seguir dando una pronunciada vuelta (pasamos por una  masía recientemente reconstruida, en un altozano), campos de labor vallados y el antiguo sendero discurre junto a altos muros de piedra invadidos por los hongos y la yedra.

Nueva pista y una señal fuera del bosque que indica en una flecha de madera, PR-TE 159, "A Fórnoles". Unos metros más allá dejamos la pista y seguimos una corriela nuevamente en el bosque, señalizada,  que nos interna en él hasta desembocar en otra pista, con algunas otras que se cruzan, pero fácilmente seguible por la señales blancas y amarillas. Cruzamos campos de almendros (en primavera resulta un tramo realmente bello) hasta que dejamos la pista y volvemos a un sendero, estrecho, entre árboles. Por él descendemos hacua una masía situada en un barranco, pasamos por numerosas baumas, oquedades de roca caliza muy superficiales, cruzamos el hondo centro del barranco, rodeados de bosque y algunas terrazas donde hubo cultivos, fuentes y humedales casi extinguidos, incluso algunos abrevaderos con agua.

Por fin accedemos a otro tramo empedrado, en bastante buen estado, y subimos por un sendero mixto, piedras y tierra, rodeados de retorcidos olivos centenarios y explotaciones o granjas, que ya son los aledaños de Fórnoles. Terminamos de subir el barranco y al llegar arriba (pasamos junto a un antiguo horno abandonado) por una pista antigua de grandes piedras enlosadas, vemos arriba de todo el cilindro de piedra rematado en cruz de metal  de la antigua señal de término del pueblo. Junto a ella gozamos de una vista magnífica de Fórnoles. Unos metros mas allá ya vemos destellear el agua de la gran Balsa de entrada al pueblo,  de casi dos siglos de antiguedad y que aún cumple sus funciones.

Es ese un lugar excelente para comer y beber y descansar, antes de iniciar la vuelta por el mismo camino. (Hay la opción de seguir el camino hacia el pueblo de La Portellada y luego volver a Ráfales por otro camino, pero eso ya lo haremos otro día).

 

 

 

 

LOS ESTRETS DE RÁFALES

 

Uno de las visitas imprescindibles desde Ráfales es un paseo por los "Estrets". Hay un camino señalizado que parte desde las casas más altas del pueblo y comienza con una venerable vía empredrada en ascenso suave. Se coge la pista que nos encuentra que nos llevará a un bosque de pinos, llaneando. En unos minutos vemos el desvio hacia los Estrets que entre los de la comarca es sinónimo del bandolero Floro, por ser su lugar de resguardo allá por los años finales del XIX. Los Estrets es una formación angosta de grandes paredes rocosas que forman cuevas de regular tamaño en algunos rincones. La ruta, circular, nos lleva tras el paso del estrecho de roca, a un bosque de chopos y después alternando pista y sendero por bosque de pino y carrasca y recoletos rincones de cultivos, sembrados de balsas y acequias. El camino nos devuelve al punto de partida por la parte alta de las colinas de los Estrets.

 

 

LA ERMITA DE SAN RAFAEL

 

 

La ermita que da nombre al pueblo tiene el camino de acceso en la zona alta, justo en la calle que conduce al cementerio. Despues de pasarlo, hay un sendero a la izquierda. La subida es bastante acentuada aunque breve. Vemos a nuestros pies los bancales de cultivo formando terrazas y pronto nos internamos en la zona boscosa, de pinar, arbustos y enebros. Veremos numerosos abrigos rocosos (con rastros antiguos  de fogatas) entre las enormes piedras que jalonan el camino. La presencia de cipreses ya nos indica la cercanía de la  ermita y de una vieja balsa de piedra  donde el ermitaño debía abastecerse de agua. La ermita tiene una bella y original zona bajo porticada y columnas poderosas. Magníficas vistas del pueblo y los alrededores montañosos cubiertos de bosque.

 

 

MONTSERRATE

 

En Fórnoles no se pierda una pequeña excursión a la Ermita de Montserrate. Son 45 minutos de caminata de subida, algunos menos de bajada, que nos llevarán a uno de los monumentos arquitéctonicos más bellos de la zona. Se ve a la izquierda de la carretera Nacional 232 de Alcañiz a Morella, Castellón,  pero es más hermoso llegar a ella por el sendero desde Fórnoles a la ermita (se accede a ella por la parte de atrás). Sus origenes se remontan al siglo XII con el típico milagro de aparición de la virgen sobre un enebro. Está documentada desde el XIV (gotico), aunque el edificio principal es el XVII.  A sus pies hay una fuente antigua de agua, elemento que  está en la historia del monumento religioso, ya que desde hace siglos se celebra una romería popular de la zona, en mayo, que nació como rogativas de los pueblos del entorno en demanda de lluvias.

 

 

Documentación

 

El mapa MTN50, 495 (1:50.000) mas los libros de "La comarca del Matarraña" de Prames y el de la red natural de Aragón, e incluso los dos volúmenes de Jesus Avila Granados, "Matarraña insólito" o "Matarraña desconocido" (el primero de Viena ediciones y el segundo de Barrabes editorial) nos aportan datos complementarios a estas excursiones. Todos ellos en librerías especializadas y para mayor comodidad, en la Librería Serret en Valderrobres.

 

 

 

 



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