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7 enero 2012 6 07 /01 /enero /2012 09:10

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Teseo, el gran héroe de la mitología griega (una pieza más en el juego de caprichos de los demasiado humanos dioses del Olimpo) intenta evitar que el rey Hiperión libere a los titanes y al mismo tiempo vengarse de él, por ser el causante de la muerte brutal de su familia. La cosa va de 3D y trata de acogerse al éxito de "300" o de la excelente "Furia de titanes", es decir un  "peplum" con abundancia de violencia sangrienta, casi gore, músculos relucientes y damas espectaculares, erotismo de Play Boy y encefalograma plano en los discursos de los personajes que, a pesar de ser dioses y asimilados, están mostrados más como estereotipos que como personajes de una cierta profundidad. Lástima, pues como saben todos los psicólogos y los fans de Jung y los seguidores de la psicología transpersonal, los dioses y personajes de la mitología griega se perfilan como auténticos arquetipos de los vicios y virtudes de los humanos, creados por el genio griego. Con esto quiero decir que un buen director hubiera sacado mucho más partido a los afanes de Teseo.

Por tanto la cosa se queda en un vehículo vistoso para contarnos una historia prodigiosa, realizada con una cierta habilidad visual, con lo que los aficionados al cine-palomitas lo pasarán bien, asi como los seguidores de las batallas y la épica del pasado y de los superpoderes.

La película ha funcionado bien en taquilla y Trasem Singh, el director, se permite incluso el osado intento de crear arte visual  a través de secuencias mostradas como obras de arte, aunque la debilidad de los decorados --bastante evidentes-- y unos efectos especiales del montón, unido a unas interpretaciones bastante planas (con excepción del maestro John Hurt, no tan excelente como en "El topo" pero, con mucho, el mejor de la función) Henry Cavill, "musculitos", Freida Pinto, "maciza", Stephen Dorff y Luke Evans, no se mereceran grabar sus manos en el cemento de Los Angeles por esta película. Sin embargo gozarán ustedes con la interpretación paródicamente memorable de Mickey Rourke que cada vez se aleja más del estereotipo de galán seductor y retorcido de "Nueva semanas y media". Parece que se lo ha pasado muy bien haciendo de rey villano y comeniños y el respetable se lo pasará  bien viéndole en pantalla.

Repito, este filme es una pena desde un punto de vista cultural además. Porque si hay algo que necesita el pueblo de nuestro pais es irle adentrando de forma más adecuada y gozosa en los meandros de la mitología giega. Olvídense de series sudamericanas y de tele basura, si a alguien se le ocurriera seriar la mitología griega tendría un éxito millonario. A condición de contratar a los guionistas de "La esquina" o de "Vigilados" con la supervisión de un comité de sabios presidido por Haroild Bloom y Oliver Sacks (entre otros). Pero si van  a ver la peli, por favor, olvídense de los niños. Esto no lo filmaría jamás ni Disney ni Pixar.

 

 

 

 

 

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7 enero 2012 6 07 /01 /enero /2012 08:35

"La palabra quebrada", "Ensayo sobre el ensayo" de subtítulo, es una de las dos obras escritas por Martín Cerda un intelectual chileno al que no tenía el privilegio de conocer, que nació en 1930 en esa maravilla de ciudad, empezando por el nombre, que se llama Antofagasta, y murió en 1991 de un ataque al corazón tras haber perdido en un desdichado incendio fortuito los originales de tres obras más y todas las notas y libros con los que nutría su labor. El librito editado por "Veintisieteletras", una pequeña editorial madrileña, es un primor desde todos los puntos de vista, aspecto exterior, cuidado editorial, guardas, papel, portadas y trasera en cartoné, impresión, claridad de tipos y, desde luego, calidad literaria e intelectual del texto. Es el primer ensayista que leo tan enamorado de su oficio como escaso de producción, poseedor de una visión lúcida y ajustada de su trabajo y su necesidad. Como él mismo escribe: "Me gustan los ensayos porque son el plato fuerte de las ideas". Con una erudición literaria y filosófica de primer orden  y unas dotes de observación y juicio poco comunes Martin Cerda va atravesando los nombres señeros de grandes autores y sus obras hilvanando un tejido global en el que graba una lúcida visión sobre el pensamiento y los defectos y grandezas de la inteligencia humana.

Hay un aura indescifrable pero emotiva en este autor de obra escasa y vida dramática que me llega cargado de un sentido oculto. Hay en sus páginas una fuerza indefinida y sugestiva que acrecienta la brevedad dramática de un mensaje lleno de inteligencia ysensibilidad. Volveremos a comentarlo. 

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6 enero 2012 5 06 /01 /enero /2012 08:13

 

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Dirigida por Brad Mirman, sobre un guión firmado por él mismo, y una excelente fotografía de Maurizio Calvesi, se nos narra la historia de un joven editor (Joshua Jackson) que es enviado desde Londres a Italia, a un pequeño pueblo de la Toscana, para que convenza a un viejo escritor (Harvey Keitel, formidable como siempre) para que supere su silencio de muchos años, veinte nada mas y nada menos, para que escriba una nueva novela que editará la famosa editorial londinense que representa Jackson. Allí se enfrentará con el rechazo y la oposición del escritor, la presencia cómplice de todos los del pueblo que protegen al escritor y el naciente y apabullante amor por una de la tres hijas de este (Claire Forlani). Como es de esperar y totalmente previsible tendremos un drama intimo, el del escritor, que le bloquea la creatividad y al que hay que "despertar" de la manera adecuada, y una comedia en la que tienen cabida el cura del pueblo (Giancarlo Giannini) el dueño del unico "albergo" del pueblo (Armando Pucci) y, vaya por Dios, los paisanos del lugar que aportan su granito de pimienta de casticismo italiano y dan un tono bienhumorado a la trama.

La verdad es que el buen humor está metido con calzador en la película. Tanto es así que no llegamos a sentirnos conmovidos con el silencio literario del escritor y uno acaba pensando que el joven editor es un cretino que está acosando al viejo escritor que vive maravillosamente bien en el pueblecito, que se emborracha y hace el amor cuando le da la gana, que tiene tres hijas que lo adoran y un grupo de amigos que están dispuestos a todo por él. Y eso sin tener que perder ni un minuto en llenar cuartillas con su vieja y apolillada máquina de escribir.

Secuencias de lo más trillado, amores profundos incomprensibles, ucronías tan absurdas como meter un tren de vapor en la Italia del siglo XXI en un lugar tan "primitivo" como la Toscana y un final absurdo y empalagoso que parece un recurso onírico. A mi corazoncito de amante del cine le ha sentado muy mal ver al gran Keitel haciendo un papelón como ese (al final de la pelicula uno cree entrever las ganas del actor de darle un papirotazo al guaperas estirado y sonriente que protagoniza la cinta).

Las secuencias donde el escritor describe un paisaje in situ tal como debiera escribirse o que le pide al editorcillo que haga lo mismo con la presencia de la hija amada por ambos (de distinta forma, entiendaseme bien), son de un ridículo sonrojante, por muchas caras de concentración dolorosa que improvise Harvey.

La verdad es que solo los paisajes estan maravillosamente fotografiados, así como el tambien sonrojante e innecesario desnudo de Keitel (comienzo a sospechar que al maduro actor le gusta demasiado enseñar su respetables cueros: no es la primera película en que lo hace, aunque espero que sea la ultima).

La peli es de hace unos años y no ha pasado a la historia del 7º arte. Gracias a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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5 enero 2012 4 05 /01 /enero /2012 08:14

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Parece ser que al director de esta película, Mike Mills, le ocurrió algo semejante a Evan McGregor, protagonista de "Beginners": su padre salió del armario  cuando quedó viudo con algo más de setenta años. El gran Christopher Plummer es el anciano gay que deja fluir su frustrada y reprimida homosexualidad de una forma sumamente inteligente, sensible y cachonda. Ante un hijo que trata de asimiliar y afrontar el cambio brutal que supone en su visión simbólica del padre. Y que no parece lograrlo a pesar de repartir estirados abrazos con el joven amante de su padre.

¿A quién se refiere el título ¿Al recién estrenado gay? No. A su hijo, un joven diseñador que arrastra un fracaso matrimonial y no acaba de encontrar su forma de compartir su vida con una nueva compañera. Y también a ésta, la joven Melanie Laurent, confundida, desorientada e inmadura. Esos son los auténticos principiantes. El bueno de Plummer lo lleva con decoro y humor, con una vitalidad envidiable que acaba colapsando una enfermedad rápida y demoledora, el inevitable cáncer.

Y bien, estamos en una comedia pese a los realistas toques de drama bastante lógicos dada la edad del gay redivivo y su terrible enfermedad. Pero Mills tampoco se toma ningún esfuerzo en darle un poco más de trascendencia y profundidad a lo que ocurre, desperdiciando a dos grandes actores a su disposición. Lástima que prefiera la edulcorina de la anécdota y un poco de humor extra que nadie necesitaba y menos el filme. ¿Realmente él lo vivió así?  ¿Vivió de esa manera los ultimos años de su padre? Toda una vida metido a la fuerza en un papel que no le correspondía, jugando un rol sexual que le repugnaba, con una mujer a la que decía amar pero cuyo contacto no soportaba, ¿se puede resolver como una anécdota  familiar sin ápice de drama o tragedia?

Traspasar la carga de la película a la desorientación de la pareja jóven que forma su hijo, con ligeros toques freudianos realizados con superficialidad, convierte ese nivel de la película en un sinsentido con toques románticos de novela rosa. Es tanta la banalidad de lo que se nos propone, con momentos cargantes que desmerecen del habitualmente buen actor McGregor, que uno acaba preguntándose si el verdadero "principiante" no será el trabajo de Mills en esta película. Excepto su "Thumbsucker", no conozco ninguna película de este director, que proviene del mundo del videoclip y la publicidad.

Considerar que todos somos principiantes en los complejos enredos de las relaciones sentimentales, sea cual sea nuestra edad y experiencia, es una propuesta de comienzo interesante para un resultado mediocre que trata de restaurar el modelo del cine indie norteamricano, un cine alternativo que trata de afrontar con realismo y sin complejos (y sin muchos medios) la problemática humana y social del país, de forma distinta y generalmente más digna que el cine comercial al uso. Pero "Beguinners" no acaba de funcionar como cine indie, aunque ha tenido buenas criticas y una rentable carrera en los cines.

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4 enero 2012 3 04 /01 /enero /2012 10:25

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Harold Bloom, el crítico literario más famoso y divertidamente prepotente de los Estados Unidos, revolucionó hace unos años el mundo académico y el literario con la publicación de un muy particular "Canon" (en el sentido de medida perfecta de algo, de elementos escogidos por su valía en comparación con otros) de la narrativa y la poesía occidental: la norteamericana y la europea, tanto da. Con ello Bloom mostraba su pretensión y orgullo de creer que sus conocimientos y experiencia le capacita para dictar una lista de las mejores obras literarias  en el ámbito que sea. Pues bien, Harold Bloom, piensa de sí mismo que es la persona idónea para dictar el canon literario de nuestro siglo. ¿Discutible? Sin duda. ¿Convincente? Pues, también, con algún reparo personal. Lo importante es que en su última obra (siento que lo de "última" pueda llegar a tener un sentido más trascendente ya que supera los  80 años de edad y se encuentra muy enfermo) titulada  "Anatomía de la influencia" y subtitulada "La literatura como modo de vida" (edita Taurus), hace una especie de recuento vital literario, cerrando el círculo ambicioso de sus obras, ya que una de las primeras que publicó, en los años sesenta, y con la que atrajo el interés hacia él, se llamó "La ansiedad de la influencia".

Aparte de su controvertida "El Canon occidental", Bloom ha escrito un libro excelente sobre el Bardo, "Shakespeare o la invención de lo humano" con el que ganó el corazón de muchísimos lectores amantes del gran William, entre ellos el mío. Por lo que sé, Bloom sigue dando clases de literatura en Yale y es un experto reconocido en poesía inglesa y norteamericana, con una erudición soberbia equilibrada por un didactismo provocador e inteligente.

En el libro que comento, Bloom aplica el principio crítico que ha constituido una de sus aportaciones más lúcidas a la historia literaria: la búsqueda de las influencias que pueden rastrearse en las grandes obras y los grandes autores, rastreadas en autores y obras precedentes, en una dinámica de intensa lucha y rivalidad hasta lograr superar a esas "influencias".

Ni que decir tiene que es preciso mucho conocimiento, mucha erudición y mucha sensibilidad para hacer esa labor literario-detectivesca que además tiene el prurito de que molestará a más de uno de los simpatizantes con los escritores precedentes. El mundillo de la erudición literaria es tan inclemente y pertinaz como el de los coleccionistas. Y nadie perdona a nadie cuando está en juego el nombre y la carrera crítica o erudita.

Desde Milton a Selley, Leopardi, William Blake, Pound o Eliot, Joyce o Lawrence, pero sobre todo centrándose en Shakespeare y Walt Whitman, Bloom nos deslumbra y seduce no solo por su conocimiento de los autores y sus obras más representativas sino por la audacia y astucia con la que va mostrándonos de qué manera y con qué intensidad los grandes han bebido temas, estilos y técnicas de otros que les precedieron y que quizá en su día eran más famosos o conocidos y estimados que los grandes definitivos que admiramos.

Desde el Preludio y el Amor literario, apartados con los que empieza el libro, Harold Bloom, nos habla de una vida, la propia, dedicada por entero a los libros y a determinados autores, sobre todo el Bardo, Samuel Johnson (reconocido como mentor propio) y el poeta del "Canto a mí mismo", Whitman (al que dedica tres capítulos, sondeando la larga nómina de poetas influidos por Walt) el poeta latino Lucrecio, y los modernos Yeats, James Merrill o Hart Crane (poeta del que Bloom sabe de memoria la mayoría de sus versos).

En esas primeras páginas hay una declaración que ya es, en sí misma, un mandamiento vital y una filosofía esencial. Dice así: "La critica literaria...tal como yo la practico... es...personal y apasionada. Se trata de un tipo de literatura sapiencial y por tanto de una meditación sobre la vida. Sin embargo cualquier distinción entre vida y literatura es engañosa. Para mi la literatura no es solo la mejor parte de la vida, es en si misma la forma de la vida y esta no tiene ninguna otra forma". Por supuesto suscribo la mayor parte de este apotegma. Creo que en esta adoración por la literatura es lo que carga de simpatía para mí la figura de Bloom (aunque yo pienso que la vida SI tiene otras formas, pero eso es una limitación de carácter respecto a Bloom).

Para la mayoría de los lectores españoles supongo que el interes de este  magnifico libro reside sobre todo en los capítulos que dedica a Shakespeare y la influencia de Marlowe (ahora de actualidad cultural por la controvertida película dedicada a la autoría de las obras del Bardo ("Anonymus", que apunta más al conde de Oxford que a Marlowe), o incluso en los dedicados a Walt Whitman (del que habla más como fuente o influencia sobre otros poetas que de las recibidas por él, salvando a Emerson). Mas de cien páginas de las cuatrocientas  que integran el libro están dedicadas totalmente a Shakespeare y sus relaciones anteriores y las posteriores (los influidos) con especial hincapie en Milton, Keats, Crane, Borges, Joyce, Goethe, Dostoievski, Dickens, Melville, Stendhal, Dante...i tantti altri. Doscientas páginas más están dedicadas a Whitman y a los poetas que fueron influidos por el gran maestre de la poesía nortaeamericana desde su tiempo a nuestros días.

En resumen, como el mismo Bloom asevera al final de su libro, "Paul Valery dijo sabiamente que los poemas no se acaban, simplemente se abandonan...por tanto no puedo acabar este libro, porque espero seguir leyendo y buscando la bendición de más vida". También lo espero yo, amigo Bloom.

 

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3 enero 2012 2 03 /01 /enero /2012 08:37

Este principio del año  2012 lo estoy viviendo bajo las exigencias y restricciones creadas por un resfriado pertinaz que arrastro desde la Nochebuena y he agudizado tres dias despues, el 28 de diciembre, tras haber disfrutado de un enfriamiento adicional viendo a mi nieto jugar a fútbol por la noche bajo un viento frío insistente.

La cosa no es demasiado molesta, excepto ocasionales ataques de tos (que me vuelven un compañero poco agradable en actos públicos que exigen un cierto silencio, cine, teatro u ópera sobre todo), ya que me permite frenar mis actividades deportivas y familiares y dedicarme sin límite a algo que me atrae desde mi más remota infancia: leer y escribir, reflexionar cómodamente echado en el sofá o ver alguna buena película en el dvd.

Además de ir terminando los libros de los que he dado cuenta otros dias, el Gargantúa rabelaisiano, el ensayo literario de Bloom y el libro sobre Jung, he podido "hincarle el diente" a un trabajo del escolapio Ramón M. Nogués, catedrático de Antropología biológica de la Autónoma. Se trata de "Déus, creences i neurones" que ha editado Fragmenta editorial y que se subtitula "Un acostament científic a la religió" Ya lo analizaré en profundidad. De momento los temas que con gran pericia trata mosén Nogués, las funciones de nuestro cerebro en la reflexión, el papel de la trascendencia y cómo afecta a la neurobiología, el lenguaje y su papel en ese escenario, el valor evolutivo de las creencias y de la religión, la espiritualidad...conforman una propuesta fascinante para alguien que se siente atraido por esos temas esenciales. Es una lectura que aparece en un momento simbólicamente inaugural, como suelen serlo los principios de año. El libro, publicado en 2007, estaba escondido en segundos fondos de una atestada librería y ha aparecido "casualmente" en el momento en que buscaba u n libro que entrara en resonancia con el momento actual y el espíritu que promueve comenzar un nuevo año. Seguiremos hablando de mosén Nogués y su libro.

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3 enero 2012 2 03 /01 /enero /2012 08:28

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 Nueva entrega de "Misión imposible", la franquicia comandada por el incombustible Tom Cruise. En "Protocolo fantasma" hay una nueva vuelta de tuerca, el grupo de Ethan Hunt ya queda fuera de la legalidad y se resucita la rivalidad con los rusos nada menos que volando el Kremlin  y acercando al fantasma de la Tercera Guerra Mundial. Estimulante pelicula de acción, magníficamente diseñada para divertir y asombrar al respetable. Cada entrega tiene su personalidad propia y ésta, en la que interviene ese niño Midas de Hollywood que es J.J. Abrahams, (que repite, ya que en la anterior M.I. de 2006, dirigía) está muy lejos de las que en su día dirigieron Brian de Palma o John Woo. Aquí es Brad Bird quien dirige el asunto con gran competencia..

Se nota que el director lo era hasta ahora de peliculas de dibujos animados (entre ellas la maravillosa obra maestra que fue "Ratatouille"), ya que hay un irreprimible y divertido proceso de hacer lo imposible visiblemente probable. Para satisfacción del espectador hay que decir que el bueno de Cruise ha rodado personalmente las secuencias más llamativas (y peligrosas) como correr atado a un cable de acero por la fachada encristalada  del edificio más alto del mundo, acompañado por una pegadiza y magnifica banda sonora de Michael Giacchino.

Como buen profesional que es, Cruise ha dejado campo suficiente para el lucimiento de sus compañeros de reparto, y así tanto Paula Patton, como Simon Pegg y el mister Q de Bond que aqui se llama Jeremy Renner y es el presunto artífice de los apratejos sofisticados e increibles que facilitan la labor a los del equipo de Ethan y que con esta peli repite intervención, con lo que suponemos que será uno de los actores permanentes en la serie.

La película, pues, cumple los requistiitos de rigor, acción trepidante, peligros sin cuento, situaciones durísimas con casi previsible final catastrófico que se arregla en el ultimo segundo, localizaciones magníficas en Moscú, Dubai (donde está el famoso hotel), Bombay, algo de sentido del humor casi siempre autoparódico lo que muestra la inteligencia saludable de los guionistas. Una obra pues al dictado de las exigencias de la industria y de sus objetivos más claros: arrasar con la taquilla y provocar sensaciones fuertes con final feliz a los millones de espectadores fascinados con las "misiones imposibes" desde aquéllas peliculas de los setenta en la tele, precedidas por el machacón y pegadizo ritmo de sintonía mientras una mecha se consume a toda velocidad y el artilugio de las instrucciones se autodestruye "en unos segundos" (divertida la parodia de uno de esos chismes en "Protocolo fantasma", que anuncia su destrucción...pero falla, como en el catastrófico superagente 86 de feliz memoria).

No hay engaño, ni tela ni cartón, nos dan lo que nos ofrecen, ni una molecula suplementaria de inteligencia, critica social o política, sentimientos y sensibilidad: todo en las dosis justas para entretener y emocionar al respetable. Asi que la cosa se ajusta más o menos milimétricamente a un guión lo más compacto posible, aunque haya momentos demasiado dilatados en algunas secuencias (sobre todo al principio) en general el ritmo y el montaje se asjuatn con la brillantez dinámica habitual en estas producciones.

Aun así uno empieza a notar demasiadas resonancias entre las pelis de 007 de la época anterior a Daniel Craig y esta ultima Mision Imposible. Parece que lo que fue el sello de la casa Bond  desde las ultimas de Connery a las de la época de Pierce Brosnan, logros cada vez más disparatados con artilugios cada vez mas complejos, se está convirtiendo en el mas dificil todavía de Cruise. En el honroso capítulo de "malos", Michael Nyqvist parece encarnar al malvado de rigor, a la altura del hombre que lloraba sangre en el ultimo Bond-Craig y pertenece también a la pujante nómina de actores nordeuropeos que comienza a triunfar en Hollywood.

Película divertida y previsible. Para disfrutar de un par de horas de asueto.

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2 enero 2012 1 02 /01 /enero /2012 08:26

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Magnífica, inteligente, sensible y divertida pelicula de dibujos animados. Indicadísima para familias con hijos pequeños, una oportunidad para ir todos juntos al mismo cine sin necesidad de que los adultos se embadurnen antes de salir de casa de dosis de paciencia y estoicismo.

El argumento es limpio y directo: durante la Nochebuena Santa Claus y su ejército de elfos y duendecillos reparten dos mil millones de regalos por todo el mundo. Se trata de una eficaz multinacional con medios informáticos casi exactos y medios logísticos a tenor de los tiempos, una nave espacial semejante a la de los extraterrestres de "Independence Day" pero llena de elfos, regalos y la oronda y algo cansada figura de un Santa Claus que tiene dos hijos, los dos dedicados a ayudar a su padre con muy distinto talante y factura. Steve, un gigantón paramilitar que dirige el descacharrante cotarro como una empresa y el más torpe y entrañable, Arthur, que da su nombre a la pelicula, y va de antihéroe torpón y bienintencionado que logra lo imposible por su tesón y su ilusión a toda prueba. Precisamente este año ha habido un único error logístico, porcentaje despreciable en tan enorme cantidad de envíos. Pero un error que tiene cara, ojos y nombre, una niña inglesa se quedará sin la bicicleta que pidió  a Santa Claus.

Arthur, contra viento y marea, acompañado por su desternillante abuelo, ex Santa,  y una elfa que parece facturada por los Monthy Pytton, se empeña en que la niña tenga su regalo y asi que nadie dude de la existencia de Santa Claus y su legiones de elfos con sede logística en el Polo Norte. Se trata de una pelicula realizada por Sony Pictures y por Ardaman Animation (le genial artífice de las películas de "Wallace y Gromit" o de "Chicken Run, evasión en la granja") Por lo tanto, diversión inteligente garantizada. Lejos de la plastilina de esos clásicos, la Ardaman ha utilizado su puntillosa y elegante puesta en escena para estos dibujos aniumados que convierten a Arthur, el abuelo ex Santa, los elfos y el marcial hermano más listo de Arthur, en una diversión trepidante.

La directora de la película Sarah Smith ha dejado bien alto el pabellón de su primera cinta profesional, con un guión redondo (firmado también por ella y por Peter Baynham) de lo menos tópico, amablemente critico, con humor algo gamberro, pero lleno de afectuosos mensajes de alegria, entusiasmo y esperanza (sin una sola molécula de sentimentalismo facilón o del tópico espiritu navideño de la ternura impostada). es decir uno de los mensajes navideños más apropiados y pertinentes que he visto desde las películas de Kapra y el lloroso Stewart rememorando lo que sería una Navidad sin él.

La moraleja es sencilla: frente a la gran teconología, eficaz pero fria y un poco deshumanizada en que los tiempos han convertido a la gran empresa distributiva de ilusiones infantiles de Santa Claus, se abre paso --con un vigor a prueba de bombas-- el poder del corazón, del sentimiento, de la decisión humana falible pero, capaz de superar los errores y subsanarlos. Es decir el enfrentamiento entre Steve, el superhombre y Arthur, el adolescente despistado y honesto que trata de mantener vivio el espíritu de la Navidad encarnado en su venerable padre.

Para el baúl de recuerdos del cinéfilo, la lisérgica secuencia de los animales salvajes de la sabana de Tanzania volando por los cielos gracias al polvo mágico que Santa Claus usa para hacer volar al trineo y a los renos, en la versión obsoleta de los viajes de Santa, que Arthur desempolva para poder subsanar el error de los supertecnificados elfos de la nave espacial dirigidas con mano de hierro por el podersos Steve (que le disputa una bicicleta a un niño, tras comprobar que se había equivocado de destinatario y olvidando el gran principio de su padre: los niños jamas deben ver a Santa o a sus enviados).

 Gran película, pues, para la grey infantil y para sus padres. Una visión de la Navidad que reconforta y nos trae el eco y la nostalgia de aquéllas navidades en las que las cosas eran más sencillas y quizá mas auténticas.

 

 

 

 

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1 enero 2012 7 01 /01 /enero /2012 09:47

el-topo-cartel-final.jpg 

  Cualquier tiempo pasado fue mejor. Con la guerra fría espiábamos mejor, todo estaba más claro, los buenos y los malos. Estos tiempos han cargado de comillas las calificaciones morales (aunque olvidemos que siempre ha habido comillas en esas calificaciones). En la versión ajustadísima y respetuosa de la novela de Le Carré que hace Tomas Alfredson, recuperamos el nostálgico sabor de cuando el Circus era el centro neurálgico del espionaje occidental y Karla su maquiavélica réplica rusa.

Película de tibiezas y oscuridades matizadas, el mundo delicadamente cruel del universo de Le Carré, oficiado por un George Smiley (magnífico Gary Oldman) cansado, retirado y estoico, renueva una vez más la dureza del mundo de los espías y de la llamada "inteligencia", de sus miserias y poder obsceno, de sus errores humanos y debilidades miserables, de sus heroicidades ocultas y rutinaria mediocridad, y uno no puede dejar de rememorar las lecturas del maestro Greene y más lejos, del Maugham del "Agente secreto".

Se palpa el respeto literario por el personaje de Le Carré no sólo en la austera interpretación de Oldman sino en la parafernalia del Circus donde el poder camina por la cuerda floja de los intereses nacionales y el interesado ocultismo de las rivalidades entre los dos bloques. Hay un canto nostálgico al pasado que Smiley acota secamente en una secuencia junto a una excompañera de trabajo, sentimental y nostálgica, para recordar que entonces habia una guerra y la verdad es que también existe esa guerra en el momento que se nos narra, aunque larvada, subterránea e hipócrita.

Usando a menudo el flash back, Alfredson nos da pinceladas de aquél Circus de antaño, del juego de pasiones que entrañaba, de sus fiestas, sus traiciones y sus alianzas, sus relaciones amorosas, la homosexualidad de algunos y los heteros totalmente desmadrados, excepto el fiel y lamentable Smiley, enamorado de su mujer Ana, hasta el delirio masoquista. ¿Estaba todo más claro entonces? No parece dar esa impresión la película que acaba con un Smiley vuelto al trono, con una vacua sonrisa en un rostro que nunca sonrie. Hay en Smiley-Oldman una dureza y un dolor agazapado que se resuelven en silencios imperturbables, en una cierta incomodidad que se comunica al espectador, como si el veterano agente ya estuviera más allá del bien y del mal.

Los demás personajes van lidiando con la soledad y los sentimientos traicionados al ritmo de la musica hipnótica de Alberto Iglesias que dan un contrapunto inquietante a las secuencias, desde Budapest o Estambul hasta los pasillos desangelados y los despachos oscuros del Circus y terminando con una canción de Trenet orquestando el final de la nostalgia y el ajuste de cuentas.

La presencia del "topo" que va socavando el Circus en sus niveles más altos se va concretando en la intensa búsqueda de Smiley, trufada de recuerdos y pesares y lo hace como si nos lo contaran en la primera versión de la novela en los cines, que dista de 1979 o de la serie que facturó la BBC hace años que respetó el titulo original de Le Carre, "Tinker, tailor, soldier, spy" (Calderero, sastre, soldado, espía). Ese aire retro es un logro del director, el sueco Alfredson, que hace esperar con interés próximas realizaciones.

La amargura que destila la  victoria de Smiley se refuerza magistralmente en una penúltima secuencia, la del maduro agente entrando en su casa y descubriendo en el salon a su infiel esposa que ha regresado --culpable, y aún así, totalmente desconocida para el espectador-- al hogar y al matrimonio. Y que es aceptada, tras la crispación de la mano del Smiley-Oldman sobre la barandilla de la escalera al verla, con una caricia leve sobre el brazo de ella.

Así pues, nada mas lejos de la glamurosa presencia de Bond o de Bourne, nada de peleas olímpicas o artilugios perfectos: solo el mundo siniestro, mezquino y burocrático de las oficinas y despachos del Circus, sin un "M" poderoso e inmarchitable, sin permisos para matar, sin malos de cuento de niños sádicos, sólo funcionarios grises aunque elegantes que cometen demasiados errores.

Colin Firth, con su elegante y frio desparpajo, John Hurt, Toby Jones, Ciarán Hints, Tom Hardy, entre otros, complementan un reparto magnífico. Una estimable película que estimulará a los cinéfilos que no busquen en el cine la comercialidad y la brillantez aparente. Una película en suma que hay que ver tras leerse la soberbia novela de Le Carré. Una vez más.

 

 

 

Todo visto desde unos metros, sin que este genial director, permitiera que la camara se acercara. Alfredson reinventa el cine de espías por encima de las tramas y las complejidades de los servicios secretos, sus herramientas y sus héroes y sicarios. Nos devuelve el temblor de lo  humano y la profundidad de los sentimientos, de la forma más sobria y austera posible.

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31 diciembre 2011 6 31 /12 /diciembre /2011 08:50

el-gato-con-botas-cartel-2.jpgBueno, el mercado tiene sus leyes. Lo malo es que a veces nos suele sorprender o lo que es igual, siempre se nos escapa algo que cambia las previsiones. Así los realizadores de "Sherk" han estado exprimiendo el limón de la franquicia con mayor o menos éxito y siempre con grandes beneficios, con lo que era de esperar que a alguien --Chris Miller-- le diera por sacarle partido a uno de los personajes mas encantadores de la saga, el gato-Banderas- con botas.

Vaya por delante una aseveración: no está mal. El producto está realizado con dignidad, con gracia y con bastante inventiva, a pesar de la previsibilidad de la mayoría del argumento. Pero hay secuencias con garra, desde la infancia del gato en el horfanato hasta la relación con Kitty, la gata ladrona --Helma Sayeck-- solo que aún así no logramos enganchar con el trepidante ritmo de la cinta ni logramos que el huevo-malo-traidor-bueno reconvertido- Humpty Dumpty, robado de "Alicia", nos acabe de caer simpático en ningún momento. Por esta causa o por otra, terminamos de ver la pelicula sin ninguna sensación memorable, como las que suelen regalar otras joyas animadas desde Toy Story a los mismos Shrek, "Up" y el primer "Car" (el 2 ha pinchado también en taquilla) o el ya lejano pero inolvidable robot Wall-e.

El gato logra su objetivo con el inmarchitable gracejo simpático de Antonio Banderas, pero se queda bastante solo en su propuesta, animado de vez en cuando con el desparpajo de la gata, que da pie a numerosos guiños destinados al publico adulto, un acierto habitual en las animaciones de Dream Works (entre ellos los destinados a recordar a los cinéfilos el "sello" épico de Banderas-Zorro). Pero si la técnicas y las "interpretaciones" dan lo necesario, ¿qué es lo que falla". Quizá el argumento.

Veremos en la próxima --seguro que iniciamos franquicia-- si se esmeran más los guionistas, porque el personaje tiene cuerda para rato. Quizá Dream Works debería robarle --o pedirles prestado-- un par de guionistas a Pixar.

 

 

 

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