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21 agosto 2020 5 21 /08 /agosto /2020 15:38

La lectura del reciente libro de Maxime Rovere, "Qué hacemos con los idiotas" (del que les hablaré otro día) me ha recordado tres joyitas clásicas que disfruté en su día, "El encomio de la estulticia" más conocido por "Elogio de la locura" del gran Erasmo, un librito del filósofo francés André Glucksmann "La estupidez, ideologías del postmodernismo" (año 1988, editado por Península) del que les hablaré otro día y un excelente trabajo del italiano Carlo Cipolla "Leyes fundamentales de la estupidez humana" que también les comento. 

Ya Flaubert advertía que en el "estupidismo" se podría encontrar una de las claves activas e inevitables de los errores humanos en la historia de todos los países y de todos los tiempos. Glucksmann se hace eco de ello y asegura que la estupidez, la idiotez, la memez, la mezquina y bobalicona insistencia en tener razón en lo que sea  cuando no se sabe qué es la razón  ni tampoco la importancia o función e incluso la existencia de ese "lo que sea", (es una creación mental realizada por las carencias y complejos del ego del idiota), no es algo banal ni intrascendente: es uno de los cánceres del transcurso de la historia. Más allá de los jinetes del Apocalipsis que decían que eran cuatro, cabalga el quinto jinete envolviéndolos a todos con un manto tan invisible y letal como ella, la estupidez. Etimológicamente, el término viene del latín stupor que se refiere al efecto de pasmo que puede producir algo en quien lo contempla; literalmente el quedarse sin habla. Estupefacto y atónito, el estúpido es tonto porque así lo decide. Ante el asombro que le provoca algo,  otra persona, una frase que no entiende, un acto que decide rechazar sin saber porqué,  permanece rígido, “estólido” y de inmediato reacciona de manera absurda e inapropiada.

Para que comprendan lo grave que es esto, les cito "in extenso", tres de las leyes que rigen el idiotismo, según Carlo Cipolla y lo convierten en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana»: a) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo; b) la posibilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; c) las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.

Mientras uno se mantiene en su "torre de marfil" (ventajas de la jubilación), leyendo a los clásicos y acompañándose con Sócrates, Epicuro, Pirron, Montaigne, Séneca, Marco Aurelio., Wittgenstein, Russell, Nietzsche, Voltaire o Schopenhauer, el mundo cotidiano se desenvuelve con amabilidad e inteligencia. Pero, ay, eso es un espejismo. Si sales de tu biblioteca y de tu hogar, en cualquier lugar, a cualquier hora, en la más inofensiva de las circunstancias y por un motivo de lo más banal, topas con un idiota. Y el mundo perfecto se volatiliza. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona instaura algo que hace que tu propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entras en una situación en la que tu ansia de comprender lo que ocurre, lo que te dice el idiota o sus argumentos, cuando los tiene, se convierte en una labor imposible, anula tu capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio te escuchas tratando de balbucear en su propia lengua y a plegarte a su extraño y peculiar modo de relacionarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota eres tú. No importa que lo que tratas de hacer le beneficie directa o indirectamente, el idiota tratará de obstaculizarte y como decía Rovere "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas,  tu afabilidad con violencia y tu busca del bien común la ridiculizará aunque con ello dañe su propio interés individual". Por ello el refranero popular es tajante: "el estúpido es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer  que en la historia, los siglos van pasando parecidos unos a otros en dos elementos comunes e  inmemoriales: la maldad (o crueldad)  y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "el ser verdaderamente estúpido no es sino aquel que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, quien se queda pasmado ante su inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien viaja con la inercia de su propio pensamiento sin contemplar el del resto". Y tiene un peligro evidente: la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. Por eso lo peligroso no es ser estúpido sino creer estar exento de la estupidez. Y allí llegamos a una constatación: Todos tenemos momentos de mayor o menor duración es que somos irremediablemente idiotas. Es más una situación, una circunstancia, en la que perdemos la razón de vista. La cuestión para no sentar plaza de estúpido es darse cuenta de cuando uno lo es y tras analizar los hechos y las actitudes,  hacer propósito de enmienda y grabar en la propia mente lo vivido como una "guía de perplejos" a la que acudir en próximas ocasiones. Y seguir el consejo de Sócrates: "conoce al imbécil que hay en tí"

En el próximo artículo entraremos en harina y veremos el interesante y arrasador análisis de la estupidez como fenómeno mundial, humano, político, existencial, lógico y, como corolario, el porvenir de la estupidez y la defensa del intelectual (según Glucksmann).

FICHA

LAS  LEYES FUNDAMENTALES DE LA  ESTUPIDEZ HUMANA.- Carlo Cipolla.- Editorial Crítica-Trad. María Pons

 

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19 agosto 2020 3 19 /08 /agosto /2020 17:56

A ESA IGNORADA MAYORÍA

(Artículo publicado en Heraldo el 15082020)

El ensayista norteamericano Jared Diamond dedica su último libro  a la crisis y a cómo reaccionan los países a los momentos decisivos.  Nos recuerda que la crisis –como la actual, que es, parodiando a Saddam Hussein, “la madre de todas las crisis”-, requiere de los países que la sufren “saber gestionar satisfactoriamente las presiones externas e internas e implantar los cambios selectivos... determinar cuáles son los elementos que funcionan bien y cuáles han dejado de funcionar y deben modificarse… es preciso hacer un balance honesto de competencias y valores…y la valentía suficiente para  reconocer lo que deben cambiar…y hacer compatibles esas nuevas soluciones con sus capacidades y circunstancias”. Nuevos desafíos requieren nuevas respuestas,  más eficaces que las antiguas ya caducas.

Si miramos en torno nuestro, hacia el páramo político que nos aflige (y el que decide en apariencia el camino a seguir), lo único que oímos son “voces agudas que regañan/se burlan o sólo parlotean/ asaltan continuamente/la Palabra en el desierto/atacada sobre todo por voces de tentación” (T.S. Eliot). Y quizá deberíamos añadir  a ese escenario un inconcebible rumor de  aplausos. ¿De qué estamos tan satisfechos?  Entre el estruendo  de la voces y los gritos no es posible pensar con ecuanimidad; hay que pedir el respeto del silencio y la palabra reposada y eficiente;  adoptar, con humildad y la mayor concordia posible, el punto de partida de la realidad: adaptarse a las circunstancias para salvar la situación y eso sólo se puede hacer desde la unión, siquiera sea crítica (palabra que en griego deriva de krino, “decidir”, “distinguir”,  “escoger”). ¿Dónde está el balance honesto de competencias y valores? ¿Dónde el arrojo y la valentía de cambiar lo que no es útil, lo que sobra y empezar los ajustes por arriba? ¿Dónde la capacidad de comprender que ya no es viable hacer pagar más a los que siempre pagan y preservar los grandes capitales y las grandes corruptelas políticas?

No es casual (más bien causal) que nuestra sociedad haya experimentado un 6,8% de aumento de los delitos de odio y que en el Congreso y en los medios, (no hablemos de ese dislate generalizado e incontrolable que son las “redes sociales”), se haga ostentación pública de un discurso insultante, rupturista, preñado de amenazas y,  tan ajeno a la situación que agobia al país, que resulta inconcebible.  Por todas partes recibimos “inputs” supurantes de odio. Parece haberse convertido en el líquido amniótico  del españolito del siglo XXI, te guarde Dios, cuyo corazón se está helando por la acción de las “varias Españas” que naufragan entre insultos, inmunes al anticuerpo de los esenciales “acuerdos de Estado”.  Pasaremos a la historia como la generación que trataba de superar un virus mortífero global- humano y económico- con descalificaciones políticas y personales y amenazas de exterminio del contrario como método de “unificación”. ¿De verdad piensan que la ruina total tiene otros frutos, además de las ratas?

La lógica del amigo-enemigo, del “cuanto peor, mejor”, del “estar conmigo o estás contra mí”,  del “nos conviene que haya tensión”, está silenciando a los buenos hombres de gobierno, políticos o intelectuales, poetas, escritores, científicos y ciudadanos razonables y asustados que reflejan las palabras de Mary Ann Evans (George Eliot), “que el bien siga creciendo en el mundo…se debe en parte a aquellos que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita”. A ellos está dedicado este artículo. Esa tercera fuerza de la mayoría silenciosa e ignorada que debería hacerse escuchar antes de que sea demasiado tarde.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor y periodista

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16 agosto 2020 7 16 /08 /agosto /2020 16:07

Los griegos llamaban idiota al tipo que sólo se ocupaba de sus asuntos propios y despreciaba  los problemas de la ciudad o de sus vecinos. En latín se le da el significado de “ignorante” o “estúpido”.  No se trata de algo banal. El "idiotavirus" es uno de los cánceres más dañinos y costosos de la historia. Tres son las leyes que rigen el idiotismo, según el filósofo Carlo Cipolla y lo convierte en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”: 1) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de idiotas que circulan por el mundo; 2) la posibilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; 3) las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de los idiotas.

En cualquier lugar, a cualquier hora, en la más inofensiva de las circunstancias topas con un idiota. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona te dice, te hace o instaura algo que provoca que tu propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entras en una situación en la que tu ansia de comprender lo que ocurre, lo que te dice el idiota o sus argumentos, se convierte en una labor imposible, anula tu capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio te escuchas tratando de balbucear en su propio lenguaje y plegarte a su peculiar modo de comportarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota eres tú. No importa que lo que tratas de hacer le beneficie directa o indirectamente, el idiota tratará de obstaculizarlo y como decía el profesor  francés  Maxime Rovere, "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas,  tu afabilidad con violencia y tu busca del bien común la ridiculizará aunque con ello dañe su propio interés individual". Por ello el refranero popular es tajante: "el idiota es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer  que en la historia hay dos elementos permanentes: la maldad y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "el ser verdaderamente idiota es aquel que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, quien se queda pasmado ante su inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien viaja con la inercia de su propio pensamiento sin contemplar el del resto". Y es que la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. Por eso es tan dañino ser estúpido como creer estar exento de la idiotez. Lo cierto es que todos tenemos algunos momentos en que nos comportamos como idiotas. Pero eso no es ningún consuelo. El idiotavirus es aún más peligroso que el Covid19. Seguiremos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

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14 agosto 2020 5 14 /08 /agosto /2020 16:13

I have a dream. "Yo tengo un sueño" es el estribillo, unas ocho veces lo repitió el orador, que acentúa la dinámica del discurso más célebre del reverendo Martin Luther King Jr., el 28 de agosto de 1963, cinco años antes de ser asesinado. Con esas palabras Luther desafiaba el conservadurismo de las mentes de los norteamericanos y les urgía a apoyar al Movimiento por los Derechos Civiles para acabar con el racismo, la pobreza, las desigualdades, la injusticia y la violencia y fomentar el trabajo y la libertad. Pues bien, en un contexto muy diferente pero con parecidas ambiciones, desde esta humilde tribuna me atrevo a decir "We have a dream", Nosotros tenemos un sueño ¿Quiénes son "nosotros"? Los aragoneses, nativos o asimilados. Los que vivimos en esta bendita y relegada tierra que sostiene su orgullo a duras penas en una España que olvida, porque no sabe, que fuímos una de las cunas históricas de la identidad hispana y somos, si se nos da pie, una garantía de futuro. Pero dejémonos de historias, como diría Joaquín Costa. .

¿Cuál es o podría ser nuestro sueño? Superar esa maldición, casi bíblica, de la oligarquía y el caciquismo que parece enredarse en nuestras raíces y que ahora, cambiado su aspecto pero no su concepto, siguen rigiendo con su omnímoda desfachatez los destinos del sistema capitalista neoliberal que nos aflige. El capitalismo salvaje, en sus múltiples formas, y el caciquismo político (también muy variado) forman el telón de fondo de nuestro sueño: reestructurar, racionalizar y transformar el sector agrario y ganadero aragonés de su actual problemática situación -asediados por la "modernidad" y sus paraísos virtuales y sus realidades carenciales- en un sector prioritario desde el punto de vista de inversiones, laboral, social, económico y de investigación y desarrollo. ¿De qué nos sirve competir con otras Comunidades ya casi totalmente "vendidas" a la cultura del consumo y la dependencia global? Monopolizan las mejores comunicaciones, estructuras, financiamientos, ayudas, población (masificación), votos y capacidad política. Ya sabemos que el sector agrario recibe ayudas y subvenciones oficiales que ofrecen una reedición de las corrupciones de costumbre: agricultores poco motivados y comodones que aprovechan las dádivas (los menos) y otros que aman su tierra pero que se van quedando sin relevos generacionales y tampoco se atreven a ampliar sus expectativas. Hay como un estado de paciente resignación que se percibe cuando uno de mete en el mundo rural. Aún se sigue contemplando el creciente Aragón vaciado como un deterioro de siglos, un fin tradicional  e inevitable. Los que quedan en los pueblos carecen de energía, ilusión y compañía, justamente porque no ven futuro.

Despertad aragoneses rurales. En el reciente confinamiento se ha visto la punta de un fenómeno del que no se habla: los productos del campo, de la ganadería no han faltado en los mercados. Habéis sido "esenciales" y habéis cumplido. Ampliad la imagen. Vienen tiempos inciertos y comienza a cuajar la idea de la autarquía (palabra que designa una forma de gobierno que trata de bastarse con sus propios recursos) , de confiar más en los productos de cercanía y evitar la dependencia del suministro internacional. Sois necesarios, indispensables si logramos cambiar el modelo económico y alimentario que el capitalismo neoliberal nos imponía: el consumo desenfrenado basado en una globalización del suministro y la producción. Es posible que ese concepto económico esté dando las últimas boqueadas. El cambio climático, la desertificación, el envejecimiento de la población, las pandemias, el desequilibrio económico acentuado por la crisis, todo despierta las cautelas de cualquier persona sensata. Pero, ¿hay gobiernos, políticos, sensatos, por encima de intereses partidistas o de obediencia al Dios capital?.

El problema es complejo y no hay soluciones sin riesgos. Es preciso de entrada un cambio de percepción. Un esfuerzo por comprender que se presenta un cambio de paradigma. Posiblemente la globalización dejará de ser absoluta y se ralentizará, imponiéndose una cierta autarquía.Y esa percepción debe reflejarse en actitudes, medidas y comportamientos: convertir el sector agrario y ganadero en un sector primordial; concienciar a los jóvenes que hay un futuro prometedor en los estudios y trabajos  que conciernen a las tierras, los montes, los ríos, las explotaciones ecológicas para producir alimentos; dar trabajo todo el año y cobijo digno a los temporeros de todos los países y sus familias que quieran trabajar en los campos aragoneses; atraer a la inversión privada, con el reclamo de la pública, a invertir en empresas de continuidad entre el mundo rural y las urbes de todo el país; cambiar la política fiscal y arancelaria; establecer empresas de distribución y venta en justa sinergia con los productores, con un mercado regulado oficialmente; lograr que se supere ampliamente el 4,6% de impacto económico del sector y el escaso 2,6% de aportación al PIB nacional. Y todo ello con vistas a surtir por completo al mercado nacional a precios razonables, evitando la competencia a la baja de las importaciones por cadenas alimentarias multinacionales. ¿Intervencionismo estatal? Sin duda, pero regulado y transparente. Se trata de sanear un sector del que dependemos como sociedad, tanto o más que de otros más "punteros" y hegemónicos. Decían los clásicos: "Primum vivere...", luego, lo demás. Y no vivirás si no te alimentas.

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11 agosto 2020 2 11 /08 /agosto /2020 09:45

Los griegos llamaban "hybris" a la desmesura, un impulso, soberbio y sin límites. a hacer el mal por codicia, ambición o prepotencia. Se apoderaba de los poderosos, proclives al narcisismo y la impulsividad, la presunción de invulnerabilidad y la abyecta seguridad de ser intocable. En aquella época era un asunto que se relacionaba con reyes y dioses y solía acabar trágicamente. En estos tiempos pseudo democráticos, la hybris se apodera del pueblo llano o de sus planos gobernantes y los resultados son igualmente catastróficos para todos. Cada país tiene su particular forma de "hybris". España, a imagen y semejanza de sus políticos, "elegidos" democráticamente, se corrompe rápidamente por una "hybris" casera, vulgar, codiciosa, insolidaria e irresponsable.

La "hybris", ese impulso reactivo y demoledor se ha apoderado del país a consecuencia del Covid y la tardía y confusa gestión global -gobierno, autoridades y administrados, plebe- porque se ha entronizado el miedo y la imposición por un  lado y la rebeldía sistémica y la simple idiotez egoísta por el otro. A estas alturas ha quedado claro que no hay nada claro en la gestión de la pandemia y del  coronavirus omnipresente. Ni el confinamiento de todo el país deja de ser una medida discutible y onerosa, ni es cierto que no existieran medidas urgentes que de haberse tomado en su momento hubieran evitado la desmesura en las consecuencias económicas, humanas y sociales, ni está surtiendo efecto el panel de medidas sanitarias obligatorias generalizadas, tal vez porque una parte de la población no las sigue, otra no sabe hacerlo y los que cumplen tienen complejo de tontos asustados en el mejor de los casos y de jueces vengativos vociferantes en el peor.

La "hybris" española es una especie de "gripe española" del siglo XXI y como aquélla del XX, tampoco somos responsables de ella, sólo fieles servidores, gracias al descontrol y desmesura de nuestras reacciones, acciones y algarabías mediáticas. ¿Cuáles son los síntomas visibles de la "hybris" en nuestro país?. Coja el móvil, la tablet o el ordenador, conecte el televisor o, si es de otra generación, lea cualquier periódico o revista, preferiblemente los más partidistas. Simplemente escuche, vea o lea: hay una catarsis nacional en forma de sopa o caldo mefítico de insultos, descalificaciones, supuestos documentos secretos, noticias nada contrastadas pero escandalosas, irritación y frustración por doquier, un escándalo feroz de niños malcriados que creían poseerlo todo y ven que sus seguridades y comodidades se desvanecen como humo, no hay institución, poder o símbolo nacional que se salve de la quema (con todos sus defectos, es mejor tener algunos de ellos, aunque controlados, que derribarlos a todos) y en la hoguera también arde -como en las de los nazis- no sólo la cultura, la ecuanimidad, la honestidad y los conocimientos, sino el simple y valioso sentido común y peor aún, el sentido solidario de la humanidad. Estamos rebasando los límites. La "hybris" nos posee. Hay que cambiar de actitud. Pero si "los de arriba" no comprenden con humildad e inteligencia que están siendo rebasados, ¿cómo van a entenderlos y apoyarlos los ciudadanos?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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8 agosto 2020 6 08 /08 /agosto /2020 09:44

 

Pertenezco a una generación que comenzó a despertar a ese misterio cotidiano que era la condición femenina, por encima de los roles habituales. Lejos ya de la época de las primeras revolucionarias, de las sufragistas y el despertar de la mujer en otros países, en España en los sesenta comenzaba con grandes dificultades a surgir una conciencia del feminismo que enraizaba entre los jóvenes y era seguida con hostilidad y desprecio por nuestros mayores y por muchos jóvenes conservadores y tradicionalistas que en este país siempre han proliferado no sólo al abrigo de las clases medias y altas, sino entre los obreros y gente rural. La magia manipulada de la "revolución de las flores" hippy y de las universidades alzadas al conjuro del "Paris 68" y la imaginación al poder, del "debajo de los adoquines, la playa" o del "Dios ha muerto, Marx también y yo no sé dónde estoy" (una pintada que leí en un muro del Barrio Latino)...era una magia falsa, de mal ilusionista, que se le veía el truco, el artificio y la mentira. Las jóvenes de largos cabellos con coronas de flores silvestres, olor a patchulí y sexo fácil y consentido, volvían a las aulas universitarias a ser mejores estudiantes pero profesionales de segunda, por debajo de compañeros menos preparados, otras escogían el matrimonio como salida vital y algunas brillaban como gemas en sus respectivas profesiones pero sus logros eran disimulados entre los masculinos, cuando no abiertamente sofocados, titularizados por sus esposos o compañeros.

En "Hacia las estrellas" una novela de Mary Robinette, ese signo discriminatorio contra el sexo femenino y personas de color se contempla como un símbolo que rebasa la ficción para reflejar una realidad obstinada en la historia de nuestra cultura: la marginación o la desvalorización de la mujer o de otra raza, por el hecho de serlo, al margen de sus valores superiores literarios, poéticos, científicos...

Se podrían rastrear las influencias que Mary Robinette recibe de su entorno y de la historia cercana o, en todo caso, el lector mínimamente informado las descubre, por ejemplo, en la película de 2016 "Hidden Figures" ("Figuras ocultas"), dirigida por Theodora Melfi en la que se nos habla de, precisamente, la NASA y de tres científicas (reales) negras que trabajan en el empeño norteamericano por ganar la carrera espacial contra Rusia en los años sesenta  y que son sometidas a tratos discriminatorios e insultantes por sus superiores y compañeros masculinos.

Y más cercanamente, el libro de Sergio Erill "La ciencia oculta" donde se analiza el papel de una quincena de grandes investigadoras desplazadas e ignoradas, a pesar de sus cruciales descubrimientos científicos, como Lisa Meitner, pionera de la fisión nuclear, que quedó al margen del Nobel concedido a su compañero Otto Hahn. O Jocelyn Bell que describió el púlsar, hallazgo que capitalizó con un nobel su tutor de tesis Antony Hewish. Ni Einstein se libra de las sospechas de cierto tipo de fraude respecto a la colaboración que recibió de su esposa Mileva Maric, científica de renombre, y la importancia de ésta en los descubrimientos einstinianos. Solo tengamos en cuenta que sólo 18 científicas contra 572 hombres premiados hablan de unas diferencias numéricas que no se corresponden con la realidad de los trabajos científicos. Como dijo una de esas damas apartadas del éxito por razón de su sexo: "“Me pregunto si los diminutos átomos y núcleos, o los símbolos matemáticos, o las moléculas de ADN, tienen alguna preferencia por el trato masculino o femenino”.

No, en realidad se trata del llamado "Efecto Matilda" que consiste en la forma piramidal de los grupos de investigación, liderados por hombres generalmente. El que está arriba recibe los premios y se invisibiliza a las personas que están en la base, particularmente las mujeres, consideradas, a pesar de sus logros, piezas secundarias y casi de la "cuota" debida al sexo femenino. En algunos países, el color de la piel es otro punto menos.

La novela está bien narrada, con sus puntas y ribetes de ironía o mordacidad y sarcasmo cuando la situación lo requiere y, francamente, las vicisitudes del Elma York en la Coalición Aeroespacial Internacional para hacerse un hueco como astronauta a pesar de estar sobradamente preparada hace que el lector sonría algo perplejo y se va obligado a refrescar su memoria ya que la acción transcurre en 1952, tras el impacto de un meteorito en la costa Este de Estados Unidos (arrasando Washington y otras ciudades) que está precipitando el posible fin de la habitabilidad en la Tierra, por el cambio climático que se está produciendo.. Hay que buscar otro planeta que tenga posibilidades de vida y colonizarlo. La acción y los personajes van desarrollando el velo argumental pero, aquí entra el valor extra de esta novela, no se limita a describir la lucha contra reloj por unos objetivos vitales, sino que nos muestra la urdimbre desesperante y muy verosímil de los prejuicios sobre las mujeres, las religiones y las razas que van dificultando de forma absurda una misión que debía anular esos complejos negativos humanos. La novela es en ocasiones un bien argumentado canto en defensa de la tolerancia, la igualdad y la solidaridad entre los humanos como única forma viable de salvar nuestra existencia como género animal racional ( históricamente más bien irracional).
Evidentemente nuestra autora ha planteado bien sus elementos narrativos y ha dejado la puerta abierta para la serialización del argumento que ha quedado en un punto tan interesante (y tan alentador para las lectoras y los lectores pro feministas) que tenemos asegurados seguidores fieles para la o las siguientes novelas del ciclo (a los que tan aficionados son los escritores de ciencia-ficción) cuyo epígrafe común será, "La Astronauta". En cuanto a los aspectos filosóficos y especulativos de esta ucronía...no los hay. Es diversión pura, de calidad. Con una punta, interesante, de protesta y reivindicación por los derechos humanos.

FICHA

HACIA LAS ESTRELLAS.- Mary Robinette Kowal.- Trad. Aitana Vega.- Oz editorial.- 401 págs.

 

 

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4 agosto 2020 2 04 /08 /agosto /2020 09:36

En el capítulo 16, versículo 16 del libro bíblico del "Apocalipsis" se nos anuncia el "fin de los tiempos" o del mundo que conocemos debido a guerras, catástrofes de todo tipo o plagas. Ese mito destructivo se ha evocado muchas veces en momentos puntuales de la historia, en épocas en los que las religiones  hegemónicas se disputaban el poder  contra monarcas autoritarios y  las identificaciones de los "malos"  dependía de cualquiera de las tres religiones monoteístas , cristianos, judíos y musulmanes. En nombre de esta amenaza global se han cometido las mayores barbaries, pero nunca ha llegado el fin del mundo. Eso no depende de nuestros actos como "los bichos más dañinos de la Naturaleza" (así nos llamaba Jonathan Swift; sí, el autor de "Gulliver") pero lo cierto es que podemos ayudar mucho y eficazmente, no a que llegue el fin del mundo, pero sí el exterminio del género humano. Lo cual sería una suerte para el planeta y los demás seres vivientes. Y una lamentable pérdida para la cultura y el arte, pero esos son bienes bastante devaluados.

Asumiendo el hecho de que hablamos de un libro "sagrado" y que eso lo convierte en asunto de creyentes y evidentemente  en una cuestión literaria y de fe y no en una hipótesis científica razonable, usamos el término "armagedón" de una forma simbólica, un tropo.  Nuestra existencia bajo el signo atroz de esta pandemia nos ha convertido en el escenario distópico de la mejor obra de ficción catastrofista que se ha escrito jamás, precisamente por su condición empírica mensurable y su imprevisibilidad pre y post factual. 

¿Podríamos justificar el uso de "Armagedón" para definir una situación como la presente, en la que se dan  elementos como éstos (sin aspirar a ser exhaustivos)?: a) falta de un liderazgo mundial y un exceso de líderes populistas y potencialmente destructivos a favor de fronteras y uso de la fuerza; b) no existe una información clara, unificada, fiable, eficaz, científica y real sobre la pandemia, sus efectos y la forma de luchar contra ella; c) respuesta popular: pesimismo, nihilismo, negacionismo, paranoia conspirativa servida por la Red, fake news interesadas y una incertidumbre creciente sobre las vacunas alimentada por grupúsculos marginales y el mimetismo gregario de los internautas; d)falta global de pensamiento crítico, la gente no piensa lo que cree; convencen los que hiper gesticulan y vociferan simplezas; e) la crisis económica no es una entelequia: es real y desorbitada y pocos gobiernos saben cómo afrontarla; f) la inconsciencia y falta de responsabilidad de líderes y pseudo políticos que persisten en sus "guerras particulares"  (por muy legítimas que sean) en lugar de hacer piña en lo que ahora importa... y se podría seguir hasta acabar con el abecedario..

 

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31 julio 2020 5 31 /07 /julio /2020 07:43

Hace cien años desaparecía Galdós del mundo de los vivos, en el número 7 de  la madrileña calle de Hilarión Eslava. Era el 4 de enero de 1920. Le acompañaba su "hija natural", María,  ya que Galdós nunca se casó". Murió a los 76 años, prácticamente ciego y con problemas económicos y estrecheces sorprendentes en un escritor tan prolífico y admirado. A su entierro oficial acudieron más de 30.000 personas, con notoria ausencia institucional. Había sido operado de cataratas dos veces, en 1911 y 1912. Un año después, y tal vez debido a una sífilis terciaria, perdió la vista casi totalmente. Su salud se resentía también por una fuerte arterioesclerosis e hipertensión. Cuando muere Galdós, como a veces pasa en este país de cainitas, algunos de sus colegas de pluma hicieron "leña del árbol caído".  El talante liberal y progresista del escritor retrasó mucho su admisión en la Academia, a la que accedió gracias al apoyo de dos escritores conservadores amigos suyos: Marcelino Menéndez Pelayo y José María Pereda. La Academia Sueca le eligió en 1912 para recibir el Premio Nobel de Literatura y por una de esas lamentables sinrazones que se dan en nuestro país, hubo una campaña conservadora y tradicionalista contra el escritor y se inundó a la Academia sueca de cientos de cartas y telegramas exigiendo que no se le diera el Premio, ya que era una persona “de ideas extremas y nocivas para la sociedad". La campaña alcanzó tal virulencia que el Jurado  sueco, atónito y escandalizado,  acabó por anular esa designación y nombró al poeta alemán Haupttmann. Al año siguiente, se repitió la miserable mascarada y nuevamente el Jurado sueco cedió en nombre en su lugar a Tagore. Muchos años después la Academia sueca reconoció ese ceder a manipulaciones políticas como un error histórico del que se sentían avergonzados.

Durante los siguientes sesenta o setenta años Galdós sólo es pieza de fascinación, agrado y exquisitez literaria para una minoría de "lletraferits" que se asombran del ninguneo que se le brinda desde los llamados "cenáculos" literarios, con la belicosa censura de Juan Benet (que se atrevió a decir con su dogmatismo habitual: "el culto a Galdós es una desgracia nacional") y algún otro, igualmente "perspicaz". La siguiente generación desde Muñoz Molina a  Trapiello, Almudena Grandes y creo que Javier Marías, supo hacer justicia.

Sin embargo el aparato crítico y erudito tanto español como extranjero nunca dejó de dar  a luz obras críticas, ensayos  y comentarios laudatorios en los que se va reivindicando cada vez con mayor firmeza la figura de este escritor , al que malas lenguas, concretamente la de Valle Inclán, en "Luces de Bohemia" hace que uno de sus personajes se refiera a Galdós con la frase "don Benito, el garbancero" tratando de significar con ello que era un escritor anacrónico, de mesa camilla y brasero, que tenía la popularidad exagerada y efímera de folletinistas al estilo de "El caballero audaz" y otros singulares plumíferos del dislate y la desmesura, como Manuel Fernández y González o Ramón Ortega y Frías. Sin embargo en el transcurso de las décadas finales del siglo XX y el nuevo siglo, la figura de Galdós va tomando una importancia y tamaño literario más acorde con su valía indiscutible.

Baso este escrito en la última biografía aparecida del autor canario, debida a Yolanda Arencibia y editada por Tusquets, aunque he aprovechado los tres tomos del clásico José E. Montesinos que editó Castalia en 1972, el volumen del hispanista norteamericano Douglas M. Rogers "El escritor y la crítica" editado por Taurus, la "Vida de Galdós" de Pedro Ortiz-Armengol en Biblioteca de bolsillo y "El Madrid de Galdós" un insólito libro de varios autores que nos describe el Madrid que amó y vivió Galdós.

Arencibia equilibra la indudable admiración de la autora por su paisano (es catedrática de la Universidad de  Las Palmas, dirige los Anales Galdosianos y la cátedra dedicada al escritor) con una indagación bastante intensa y completa de documentos, libros y referencias anotadas en las 25 páginas de bibliografía y en los apéndices e índice onomástico que enriquecen el libro. El Galdós que aparece en estas páginas está a años luz del "garbancero" provinciano y de estrechos límites que nos pintaban sus detractores (¿envidia?¿celos literarios?). Es un hombre comprometido con el "zeitgeist" de su tiempo, informado y apasionado por Europa, gran lector, viajero, epicúreo degustador de la buena mesa, el mejor vino y el trato y compañía con damas de considerable valía. La correspondencia que mantuvo con su célebre amante Emilia Pardo Bazán (de las que sólo nos quedan las cartas de ella, él era sumamente  discreto y pidió a la escritora gallega que se las devolviera) nos hablan de un hombre que sabía despertar pasiones, aunque sabía mantenerse fiel a su principio spinoziano de la cautela. Galdós tuvo muchas relaciones amorosas, desde la adolescencia (con su prima peruana Sisita) hasta la modelo Lorenza Cobián, prudente y celoso de su privacidad, con un inconmovible "perfil modesto" que, como suele suceder, enaltecía su figura intelectual y humana. Se llamaba a sí mismo "jornalero de las letras". Era el hombre de la palabra justa y el adjetivo exacto, de talante silencioso y como adusto, pero lleno de bondad y tolerancia. Pero también una persona de una variedad intelectual y artística asombrosa: fue novelista, político, periodista, dramaturgo, ensayista, músico, pintor y un dibujante excelente... 

Con mucha sutileza Arencibia nos recuerda las palabras que uno de los grandes personajes de Galdós, Gabriel, en los "Episodios Nacionales", al final de la serie dice de sí mismo: "Soy hombre práctico en la vida y religioso en mi conciencia. La vida fue mi escuela y la desgracia mi maestra. Todo lo aprendí y todo lo tuve". Y la biógrafa añade: estas son palabras que podría haber adoptado su creador, Galdós. Los vaivenes en la vida personal de Galdós, desdichas y alegrías, quedan reflejadas en la frase de uno de los protagonistas de "La campaña del Maestrazgo": "espinas sufrimos, espinas tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de que le pinchen, es tonto de remate". La popularidad de sus obras tiene un reflejo en el cine, un arte temprano en vida de Galdós, que él no pudo conocer por su ceguera. Desde el cine mudo con adaptaciones de “La Duda” en 1916 y en Hollywood una de "Doña Perfecta" en 2018. "El abuelo", por ejemplo tuvo versiones fílmicas en México en 1943, en Argentina en 1951 y en España con Garci en 1998, "Marianela" en 1940 y 1972, "Fortunata y Jacinta" en 1969,, "Tristana"  y "Viridiana" de Buñuel en los 70, "Tormento" de Olea en 1974 y "Doña perfecta" de Ardavin en 1977. También en los 70, TVE  adaptó una decena de obras de Galdós, aún visibles por internet.

Durante casi sesenta años de creación literaria Galdós insufló magistralmente vida a un mundo de ficción coherente, universal y variopinto. Ello confiere a su obra, como dice su biógrafa,  "atemporalidad, universalidad y eternidad". Y de su actualidad es ejemplo su propio lema personal, "Ars, Natura, Veritas" que tantos intelectuales han adoptado. El libro de Arencibia recibió el Premio Comillas de Historia y Biografía de este año y el jurado lo justifica recordando que Galdós  "refleja en su vasta producción la mejor tradición del liberalismo español y, mediante unos personajes inolvidables, lanza una mirada compasiva y humana sobre la vida y sociedad de su tiempo y también del nuestro". 

Especialmente emotivo es el Epílogo del libro en el que se nos muestra al Galdós ya anciano, aquejado de mala salud que visita el monumento que el escultor Victorio Macho le había dedicado y debía colocarse en los jardines del Retiro.  Es el año 1919, la obra había sido sufragada por suscripción popular y se había logrado la suma de 12.000 pesetas, un dineral para la época. Se inauguraría en 20 de enero de ese año. Por entonces está ciego pero preside el acto y pasa los dedos por el rostro de piedra, su rostro. Se emociona. Ese año su mala salud de hierro parece entrar en una etapa final. Galdós se encierra en sus recuerdos, habla poco y se deja cuidar por sus amigos, recibe visitas y acaba muriendo el 3 de enero.de 1920. El Ayuntamiento de Madrid hace un homenaje de cuerpo presente para que los madrileños, a los que tan bien describió y amó Galdós, se pudieran despedir de él.

Para el  que esto firma, que ahora ha emprendido la segunda lectura de "Los episodios nacionales", más de cuarenta años después de la primera, Galdós fue siempre un  modelo inalcanzable desde el punto de vista literario, pero muy cercano desde el ideológico y social. Como él, siempre he creído que "la educación es la herramienta más eficaz para acometer cualquier transformación social". Y que "el porvenir debe construirse con pedagogía y no con violencia".

ALBERTO DÍAZ  RUEDA

FICHA

GALDÓS, UNA BIOGRAFÍA.- Yolanda Arencibia (XXXII Premio Comillas). Ed. Tusquets.-861 págs.

 

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30 julio 2020 4 30 /07 /julio /2020 11:39

Ya en el siglo XXI las protestas feministas comenzaron a tomar una curiosa imagen simbólica, vagamente aterradora: la televisión había entrado a saco en la novela distópica de Margaret Atwood "El cuento de la criada" y nos había mostrado una civilización en la que las mujeres estaban reducidas a instrumentos y despojadas de cualquier referencia humana que no fuera su sexo y los limitados pero contundentes  usos que sus cuerpos ofrecían. Las feministas aparecían vestidas con amplios sayales rojos y en la cabeza una especie de toca monjil blanca con alas amplias. Así las describía  la novela y las mostraba la serie.

Lo que los aficionados a la ciencia ficción clásica sabíamos es que la  escritora canadiense describía en clave sus  sensaciones y proyecciones imaginativas ante el horror social y político de la Rusia posterior a Stalin pero igualmente sofocante que podía vislumbrar desde su refugio literario en Berlin occidental y sus visitas a otros países tras el Telón de Acero. Como Orwell y como Huxley y otros clásicos, la Atwood puso en su enfoque los regímenes totalitarios de la clase o ideología que fuesen, pues todos tienen un punto en común: el desprecio total hacia la dignidad del ser humano, por encima de sexo, color, raza o nación.  Y en el caso del "Cuento" de la mujer, reducida a la condición de "hembra fértil".

Lo más angustioso de la novela es la sensación que te va creando de posibilidad. "Eso aquí, en este país, en esta época, no puede pasar" nos decimos. Pero nos equivocamos. Como ha ocurrido con el Covid, todo puede  pasar y las reacciones humanas suelen ser lamentables por lo desastrosamente previsibles. La República de Gilead es una reedición del puritanismo norteamericano del siglo XVII que, cuando Atwood escribía su novela, en 1984, parecía imposible de reeditar...Imagínense con Trump en el poder una legislatura más.

La maestría de la autora es visible aunque sutil. Empieza por negar los datos habituales al lector. Este entra de golpe en la narración y vive en primera persona una existencia que parece una pesadilla, en un país que poco a poco va intuyendo y en una época post apocalíptica de la que no se nos fan detalles. Es la cultura sobreviviente a un acontecimiento que ha cambiado brutalmente la historia conocida. Fanatismo religioso, moral del poder, el abuso y la utilidad. Necesidad de reproducción humana pues el Horror ha dejada diezmada a la población. Como suele ocurrir eso supone la instauración de la dictadura total y la reproducción fiel de los niveles sociales. El poder y la riqueza a un lado, en medio la fuerza física, los vigilantes y el resto, el pueblo base, los que trabajan,  los explotados. Entre ellos una fracción aún más ruinmente explotada: las mujeres fértiles (los índices de fertilidad del país cayeron en picado debido a la contaminación: otro de los aciertos de Atwood que casi pronostica las apariciones de pandemias).

Criadas, tías (con su vestimenta marrón) esposas (vestidas de virginal azul, ya que son estériles) o las marthas, enmascaradas en un verde pálido, limpian y cocinan para los que mandan y para mayor sadismo puritano masculino las no-mujeres y econoesposas, las primeras de pasado pecaminoso que han sido torturadas y desterradas del país y las segundas, con trajes a franjas, son las mujeres de hombres pobres destinadas  a servicios de bajo nivel. Es el universo femenino de la República. El masculino tiene sus funciones limitadas oor el poder y la actividad, desde los comandantes, vestidos de negro, los que detentan el poder supremo, los ángeles, servidores operativos y burocráticos, los guardianes, matones y cuidadores del orden público y los "ojos de Dios" una especie de servicio secreto y de espionaje que vela, como la Inquisición, por eliminar a los "infieles".

La lectura de esta absorbente novela nos devuelve a una sensación que el Covid ha elevado a la categoría de convicción: la de la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano. Y también algo aún más inquietante: la falta de solidaridad y cooperación entre las personas, que es la causa de que se instauren regímenes totalitarios que degradan a la mayor parte de la población pero permiten vivir con privilegios más o menos progresivos a otra parte de esos ciudadanos, con la excusa de una ideología o una creencia (políticas, raciales o religiosas) que los convierte en el bloque elegido por el poder para poder perpetuarse. 

Léanla ustedes. Hay mucho que aprender de ella y mucho que pensar tras su lectura. Luego, miran a su alrededor y verán como en muchos países de nuestro entorno (y también en algunos sectores del nuestro) las semillas espantosas de la ficción de "El cuento de la criada" pueden hacerse realidad.

FICHA

EL CUENTO DE LA CRIADA.- Margaret Atwood.- Trad.Elsa Mateo.- Ed. Salamandra.-412 págs.

 

 

 

 

 

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28 julio 2020 2 28 /07 /julio /2020 07:24

"Brother's fire" o "Friend's Fire" es el término con que las oficinas de prensa norteamericanas en Vietnam confesaban que se había producido un trágico error durante un combate y se había disparado contra los propios compañeros de filas. Es comprensible teniendo en cuenta la confusión, el ardor y el caos del combate o incluso en las incursiones aéreas con helicópteros y más con cazas, cuyos objetivos eran confusos por la distancia y la velocidad del ataque. Quizá las cifras conocidas años más tarde resultaban menos comprensibles: del 18 al 21% en la II Guerra  Mundial, 39% en Vietnam y 49% en la Guerra del Golfo. Estamos hablando de víctimas del propio ejército causadas por soldados que servían a la misma bandera.

Ustedes perdonen por ceder a la nada inocente costumbre de emplear términos bélicos para definir o describir la resistencia y las acciones que tratan de frenar a la pandemia. En este caso es más disculpable, porque no se trata de enardecer el "patriotismo bélico" en la "lucha" contra el Covid sino de utilizar un término, que es casi un oxímoron, para advertir sobre una estrategia social alarmante: la aceptación casi disculpatoria de que los jóvenes se lancen alegremente al "carpe diem" en peñas, reuniones privadas y botellones. "Todos hemos sido jóvenes", se dice comprensivamente.  Y es cierto. Pero es la primera vez en la historia de la Humanidad que se produce una pandemia de estas características. La historia de la Humanidad incluye la de los virus, bacterias y agentes patógenos que nos acompañan desde siempre y nos acompañarán. Pero es la primera vez que un virus se convierte en un azote mundial, a no ser que consideremos la guerra como un virus. Pues bien, queridos jóvenes, esto es el "fuego amigo". Cada botellón, fiestas sin mascarillas y con contactos físicos, reuniones multitudinarias al amor de la música y la alegría de vivir, sexo y rock and roll, es un ejercicio aplazado de "fuego amigo". ¿Las víctimas? Otros amigos, hermanos, padres, abuelos, vecinos. Todo gracias a mensajeros del virus, seguramente asintomáticos: son jóvenes y tienen las defensas a tope; algunos caen y la mayoría no... pero junto a esa mayoría "sana", indemne,  habitualmente viven otras personas. Y esos serán víctimas del "fuego amigo". No es una hipótesis de trabajo, es una realidad que está ocurriendo. Pensemos un poco. ¿Vale la pena? Nadie habla de represión, ni de autoritarismos, ni de multas o encierros...hablamos de sentido común y de solidaridad. ¿No ha servido de nada la lección de vulnerabilidad e indefensión que nos han dado, juntos, el virus y la incapacidad, ineficacia y torpeza de las mayoría de los Gobiernos para afrontarlo?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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