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23 diciembre 2011 5 23 /12 /diciembre /2011 08:28

 

NOCHES-OSCURAS.jpgEn estos complicados tiempos, los libros -determinado tipo de libros- pueden sernos de considerable apoyo, consuelo, información básica, clave para ubicarnos o incentivo para el cambio. Y no me refiero a ese subgénero de libros con contenido más o menos psicológico que se llaman "de autoayuda". En realidad lo que les propongo es un racimo de títulos en los que se analiza de forma sencilla, clara y eficaz los escenarios contrastados de la vida humana, con sus cargas de tristeza, felicidad o hastío, estados de ánimo variables y circunstancias difíciles, proponiendo al tiempo un cambio de perspectiva, otra percepción de lo real. Y, en muchos casos, sugiriendo actitudes y comportamientos inspirados en la filosofía clásica o en milenarias técnicas espirituales que han demostrado su eficacia durante siglos.

Empezamos por "Las noches oscuras del alma", del terapeuta junguiano Thomas Moore, que nos ofrece una guía para convertir los momentos personales de crisis, del tipo que sea, en una ocasión inmejorable para crecer como personas cambiando la polaridad de la amargura y rencor en energía de transformación.

sabiduria.jpgLa profesora Mónica Cavallé con su "La sabiduría recobrada" nos recuerda que el sentido original de la filosofía no era la especulación teórica sino la búsqueda y propuesta de un camino pleno para vivir. Se trata de un método para cultivar la sabiduría, siendo la sabiduría la mejor herramienta para lograr el equilibrio y la armonía en la vida cotidiana.

Para complementar estos dos enfoques psicológicos y filosóficos al arte de vivir, sugiero un libro que analiza una práctica que les puede cambiar la vida, una inestimable ayuda para vivir con plenitud en la realidad. Se trata de un pequeño libro de gran mensaje. "Un cerezo en el balcón" de Laia Montserrat. En él, la autora nos cuenta con detalle, claridad y de forma poética y sugestiva los rudimentos básicos para practicar el zen en el tráfago incesante de la vida del urbanita. ¿Y qué es el zen? Una práctica psico-física avalada por siglos de eficacia en la tradición espiritual de oriente (y desde mediados del siglo XX, en occidente). Los principios activos del zen, maravillosos en su simplicidad, están siendo aplicados con gran éxito, aparte de en la vida cotidiana de millones de personas en el mundo, en el mundo de los negocios y la empresa, el arte, el deporte y la comunicación.

gran-rio-consciencia.jpgEn ese mismo orden de conocimiento y para lectores ya informados sobre el zen, o una de sus variantes más lúcidas y disciplinadas, la meditación vipassana, recomiendo encarecidamente el nuevo libro del maestro Dhiravamsa, "El gran río de la consciencia", que publica la editorial "La liebre de marzo". Se trata de un gran volumen que recoge las enseñanzas del sabio maestro oriental que vive en Girona, pero también es un amplio documento real sobre las actividades y cursos de meditación que realizan los seguidores y discípulos del maestro en la tradición vipassana, o de la visión profunda. Es un libro que interesará también a los psicólogos (principalmente a los humanistas, junguianos y en general los transpersonales). Pero por encima de todo, la lectura de este volumen es un acicate muy sutil y eficaz para los que se embarcan en ese difícil pero gratificante viaje hacia la plenitud personal (que curiosamente deja de ser "personal" cuando por algún efímero instante se logra percibir), al encuentro -no la búsqueda- de eso que muchos han llamado la iluminación y que no suele ser más que la percepción personal e instransferible de nuestro auténtico lugar en el mundo, de nuestra interelación con todo lo que vive y de la existencia del "yo profundo" que es mucho más que la suma de nuestro cuerpo y nuestro espíritu, nuestra memoria y nuestro vulnerable e ignorante yo cotidiano.

 

 

 

Vale la pena que se auto regalen uno de estos libros, o los cuatro (siempre hay quien no sabe qué regalarnos por Navidad). Y que los lean con atención. Se llevarán una sorpresa.

 

FICHAS

LA SABIDURIA RECOBRADA. La filosofía como terapia. Mónica Cavallé.- Editorial Kairós.326 págs.

LAS NOCHES OSCURAS DEL ALMA. Thomas Moore. Ed. Urano.429 págs.

UN CEREZO EN EL BALCÓN. Laia Montserrat. Ed. Kairós.102 pág.

EL GRAN RIO DE LA CONSCIENCIA, Dhiravamsa, Ed. La liebre de marzo, 564 págs.

 

 

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22 diciembre 2011 4 22 /12 /diciembre /2011 08:35

bon-apettit-cartel-definitivo.jpg

 

Pues bien, otra  película de fogones, cocinillas, platos de delicioso aspecto, mandiles blancos y esa histeria organizada, un aparente caos donde todo vuela, que es la cocina de un restaurante de fama. Un joven cocinero vasco Daniel (Unax Ugalde) que va a Zurich a hacerse una carrera en el local de un prestigioso chef internacional, Thomas Wackerie (Giulio Berrutti). No se por qué no dejaba de recordar la magnífica "Rattatuille", esa delicia en dibujos animados que ha hecho más por la alta cocina que muchas películas más pretenciosas y autocomplacientes, pero lo cierto es que la primera película de David Pinillos ha constituido una magnífica sorpresa. En ese restaurante de alto copete Daniel va a encontrar la oportunidad de su vida como chef y el amor  con la sumiller del local, Anna (Nora Tschirner).

La maestria de Pinillos consiste en hurtarnos la evidencia: ni Daniel va a conseguir su ambicionado puesto en la alta cocina internacional (por propia decisión) ni tampoco su gran amor ( Anna, a la que ama pero por la que no es amado). Y ni siquiera eso importa: el mensaje de la película tiene que ver con la soledad, de uno en uno, en pareja y la busca de un sentido de la vida que tal vez no tenga que ver con la posesión, sino con  la aceptación, la sinceridad y la paz interior. El trepidante comienzo de la lucha del joven por labrarse su puesto, el apoyo de su amigo italiano, jefe de cocina, la presencia castradora de un dueño, figura de la cocina, demasiado pagado de si mismo y el amor jugueteando al gato y al ratón entre los dos jóvenes, devienen circunstancias melodramáticas que se mantienen bien tensadas al final por la mano del director y un guión irrregular e indeciso pero al fin sincero y poco acomodaticio.

Amor, desencanto y amistad, son los tres ingredientes utilizados entre los cuatro protagonistas, en el que el rechazo al triunfo profesional a cualquier precio marca un punto de inflexión que convence al espectador y deja via libre a la guinda agridulce del final. Un buen plato el preparado por los fogones primerizos  pero muy maduros de David Pinillos.

Buena música, mejores interpretaciones, sobre todo la naturalidad en gestos y miradas de Unax Ugalde, una fotografía clara que oscila entre la calidez frenética de la cocina y la fría belleza serena y ordenada de los exteriores suizos, pasando por el también cálido ambiente familiar de Ugalde en Bilbao. Seis premios en el Festival de Málaga, entre ellos el de mejor actor, y una sensación amable y agradable al acabar el visionado de la cinta.

 

 

 

 

 

 

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22 diciembre 2011 4 22 /12 /diciembre /2011 08:08

He recibido de la editorial Kairós tres libros providenciales. Este hecho baladí, el envío de libros para reseña crítica, parece ajustarse a una de esas "casualidades" que superan la causalidad y obedecen a principios y leyes que desconocemos. Es el concepto que Jung acuñó como "sincronicidad", cuando unos hechos aparentemente casuales se ajustan de manera misteriosa y no buscada a una actitud o una búsqueda, facilitando las cosas de una forma sorprendente. Los tres libros recibidos cumplen esa cualidad "sincrónica". Uno de ellos, "La sabiduría recobrada" de Mónica Cavallé, habla de la filosofía perenne, es decir de aquella filosofía, fuera de los ambitos académicos y especulativos o doctrinales,  que tiene como objetivo aplicar el conocimiento de lo real, en uno mismo y en lo demás,  en busca de la plenitud, el equilibrio y la armonía en la propia vida: el camino hacia la sabiduría esencial, "un conocimiento indisociable de la experiencia cotidiana y que la transforma de raiz, un camino de liberación interior". El segundo, "Vivir con la sombra" de dos terapeutas junguianos, Connie Zweig y Steve Wolf, es una propuesta hacia el conocimiento y la iluminación del lado oscuro del alma, lo que Jung llamó "la sombra" y que es la raiz de muchas patologías y del sufrimiento interior del ser humano. Y el tercero, el más sencillo, breve y poético, es un pequeño manual ("Un cerezo en el balcón", de Laia Montserrat), sobre la práctica del zen en un terreno tan lleno de obstáculos para la práctica, cuando no hostil, la ciudad: la busca de la quietud y el silencio con una técnica milenaria que los japoneses han perfeccionado uniendo la sabiduría del taoísmo con el sentido práctico especulativo de las disciplinas espirituales y fisicas hindúes. Y la sincronicidad del hecho nace de que hace poco escribiendo un trabajo sobre "La historia secreta del psicoanálisis" de John Kerr, base de la película "Un método peligroso", se reavivó mi interés por Jung, al que estudié hace años, objeto de una fallida tesis doctoral y verdadera causa inmanente de que me dedicara primero al psicoanálisis y la terapia humanista y más tarde a un proceso espiritual en el que siempre estaré inmerso. Estos tres libros me están haciendo volver al pasado y me están permitiendo analizar de forma muy gratificante y creativa la dirección de mis proyectos literarios, incluida la novela en la que trabajo. Es como si, digamos, el "destino" me hubiese enviado los libros para hacer mi labor más rica y ajustada a mis deseos y necesidades, conscientes y algunos de ellos inconscientes. On verrà.

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21 diciembre 2011 3 21 /12 /diciembre /2011 08:05

el-gato-desaparece-cartel.jpg

 

De vez en cuando el cine argentino produce unas películas de una calidad extraordinaria pero que, cosas del marketing --ese caro e imprescindible elemento que parecen poseer en exclusiva ,los norteamericanos-- y la publicidad, pasan por nuestras pantalas con más pena que gloria. Sin ir más lejos hablamos hace un par de semanas de esa joyita que se tituló "El vecino de al lado" y hoy nos acercamos otra cinta que despierta pasiones cinéfilas entre los que la vieron y la aconsejan.

Cine de bajo presupuesto y alta ambición y más que considerable calidad, la película de Carlos Sorin es una suerte de trhiller doméstico, de drama psicopatológico con encerrona incluida, de comedia negra en la que lo mínimo y baladí, lo cotidiano, deviene elemento trágico y nutre el imaginario del espectador.

El titulo declarativo y poco imaginativo redunda en la provocativa sencillez del argumento: Beatriz (Beatriz Spelzine, sencillamente arrebatadora) va a recoger a su marido a una clínica psiquiátrica donde fue encerrado a causa de una crisis psicótica, de la que sabemos muy poco excepto que atacó a un buen amigo y colaborador. El marido, Luis (Luis Luque, ajustado y escueto en su dificil papel, tan susceptible de excesos, que roza la excelencia en unas variadas y como casuales miradas a la cámara en algunos momentos, sobre todo al final de la cinta) es un profesor de universidad, un hombre maduro y muy pacífico excepto en su ataque psicótico, naturalmente, enamorado de su esposa (se insinúa en algún momento al final de la película que el motivo aparente del ataque son los celos) y de los libros. Cuando llegan a su hogar, Luis se acerca al gato de la familia, un animal por el que ambos sienten un gran afecto. El animal no solo rechaza a su antiguo amo sino que le ataca y le hiere en la mejilla. Luego, desaparece.

A partir de ese momento la trama, muy lenta, con una camara morosamente distraida en los detalles, en los gestos, en las miradas, va mostrándonos un día a día en el que el comportamiento de Luis es examinado por la preocupada esposa en todos sus detalles. Beatriz va cayendo en un estado de ansiedad en el que se suma algunos detalles excéntricos del comportamienrto de su marido (muy leves, casi ridículos, por ejemplo el ordenar la biblioteca por autores en lugar de por géneros) con la inexplicable ausencia del gato.

Y no les cuento más. Hay un desenlace totalmente inesperado en dos golpes de efecto y la sensación de que hemos asistido a una buena película. Aunque queda la  sensación de que el director ha estado empeñado en no levantar un vuelo demasiado alto, como si Sorin fuese consciente de la modestia de sus medios y los quisiera ajustar a unos posibles resultados que, a la postre, alcanzan un nivel superior al de la modestia.

El juego perverso que se ofrece al espectador con los sueños de Beatriz, los desenfoques y desencuadres de la cámara como elementos para intranquilizar la visión, tal vez sea lo más endeble, por fácil y previsible, de una apuesta cinematográfica de bastante valía. Los protagonistas, verdaderamente notables, sin que ninguno de los dos se dejaran caer por el tobogán del exceso (tan relacionado con las películas que entran en el desequilibrado universo de las psicopatologías. Por tanto una historia muy bien contada, con un cierto aire de Hitchcock y con una maestría resolutiva que no tiene mucho que envidiar al maestro británico. ¡Bien por el cine argentino, una vez más!

 

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20 diciembre 2011 2 20 /12 /diciembre /2011 12:02

Mientras circulo por las dificultades de mi novela, de mi "work in progress" (¿o debería decir "word in progress"?) dedico parte de mi  agobiado tiempo en escribir reseñas de cine y libros para el periódico y para mi blog. ¿Deber? No. Placer. Esa mala conciencia de trabajador de toda la vida de no dar "puntada sin hilo", incluso en mi retirada vida del mundanal ruido. Ahora estoy incurso en la lectura de varios libros con un denominador común, autores de estas tierras en las que me siento tranquilo y feliz, todo el círculo comarcal que, con el centro en los Puertos de Beceite,  recoge tierras de Cataluña --La Franja, la Terra Alta, el Ebre-- y Aragón, el Matarraña. Así leo a Baltasar Casanova ("Salabror de riu"), Manel Ollé ("Micalet Verderol", "Macianet"), Silvestre Hernández ("El manuscrit de Wadi Al-Abmar" y "Aigües tèrboles") Jesús M. Tibau ("In un cop de vent..."), Asun Velilla ("Secretos del Matarraña") y Francisco Javier Aguirre, ("Los duendes del Matarraña" y "Tirana memoria"). Para mi es un gozoso descubrimiento palpar esa corriente caudalosa --que yo creía subterránea-- de la dinámica literaria que enriquece estas tierras. Mi amigo Serret --Octavio I, césar de los libros-- me ha proporcionado datos y libros de las gentes que tan bien sabe cuidar en su librería. Volveremos en más ocasiones a estos temas. No sólo es justo...es necesario. Cuidemos la cultura del libro, forma parte del espíritu de la tierra.

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20 diciembre 2011 2 20 /12 /diciembre /2011 08:04

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El director rumano Radu Mihaileanu ya nos convenció -con reparos- en "El concierto", con su crítica de la política autista de la URSS para sus ciudadanos y las burocracias y defectos de la Rusia actual, dándole una forma de fábula con final feliz y edificante moraleja. Una historia de músicos clásicos  bienintencionada (al  estilo Willy Wilder pero sin su mala uva, quizá más cercano a Frank Capra). Ahora con  "La fuente de las mujeres" reincide en la "marca de la casa", el final feliz,  aun a costa de forzar un poco la verosimilitud de la historia, sin atreverse a hacer una crítica dura --que lo merece-- a los usos sociales que se dan en la folklórica pero repugnante situación de la mujer en la mayoría de los países islámicos. En esta ocasión, Radu M. sitúa la acción en un lugar remoto de las montañas magrebíes, un sector social depauperado y atrasado que malvive en una "khasba" o aldea, quizá en el Atlas, con su sociedad cerrada y elemental que trata de existir mientras les llegan las imagenes de la televisión, espejo brillante e inaccesible de un progreso en el que el pintoresco uso de los móviles parece una burla. Y a tenor con esa paradoja, en una sociedad al margen del siglo XXI, en la que las mujeres siguen siendo las ciudadanas más explotadas e indefensas.

Vemos un pueblo, agrícola, con la mayoría de los hombres en paro --gastando el día en tomar te en el cafetín-- y mal viviendo a causa de una sequía interminable. Sin duda está rodada en Marruecos, extremo que nunca se aclara.

Todo el retrato de esa sociedad patriarcal no ahorra elementos dramáticos --la sistemática  y "tradicional" violencia y abusos de esposos y padres sobre las mujeres de la aldea-- a los que añade un revulsivo que podría ser trágico en aquellas sociedades: las mujeres deciden hacer una "huelga de amor" hasta que los hombres de la aldea hagan canalizar el agua que mana de un manantial en la montaña hasta una fuente en la aldea, para evitar los durísimos viajes diarios de las mujeres hasta la difícil zona donde surge el agua.

Se trata de una brillante adaptación de la "Lisistrata" de Aristófanes dentro del marco y escenario de la sociedad aldeana magrebí. El discurso de los personajes es obsoleto y violento en los hombres y responsable, audaz e imaginativo en las dos mujeres que lideran la rebelión: Leila, una joven casada con el maestro de la aldea, el único hombre con un discurso actual. Y, Fusil, una  viuda, fuerte, dura y llena de humanidad y humor, con un rostro anciano pero lleno de energía, como cincelado a escoplo.

La cámara nos va mostrando los recelos primero y la violencia y el rechazo después que la rebelión femenina --absolutamente increíble e inaceptable para el estamento masculino de la población-- provoca en los hombres de la aldea, que ven intolerablemente dañados sus supuestos derechos tradicionales. A través de esa anécdota el director nos propone una re-visión inteligente del Corán y recuerda lo que realmente dice el libro santo sobre las mujeres, enalteciendo sus funciones y exigiendo una actitud respetuosa y considerada por parte del hombre, una cierta igualdad, dignidad en el trato y libertad para seguir su propio destino.

Evidentemente estamos ante otro cuento de hadas de Radu M.,  con un improbable final victorioso de las mujeres que logran, gracias a la intervención de un providencial y poco real periodista, que el Gobierno regional de la zona intervenga y haga las conducciones del agua de la montaña hasta una fuente en la plaza del pueblo. Ha costado muchas palizas y malos tratos, pero las mujeres vencen ante la previsible renuencia y el rechazo de sus maridos. Y aquí es donde la película acaba, con la celebración femenina. Como si eso fuera lo más probable en un mundo cerrado, estancado en el machismo tradicional más sólido, obviándose las consecuencias personales y cotidianas que esa "victoria" provocará en las familias del pueblo.

 

Fantasía y realismo aunados, la primera en el mensaje resolutorio de la cinta, el segundo  en los movimientos de la cámara que filma muy bien las calles, las casas, el cafetín, las comidas y los viajes de las mujeres al manantial, las relaciones entre las mujeres -- las secuencias del baño comunal son magnificas--- y las intervenciones de niños y hombres. La denuncia es clara, evidente, y se aplica contundentemente contra el dominio vejatorio masculino sobre las mujeres, esos "diminutos insectos " (como los que busca el periodista de la ciudad llegado al pueblo con secretas intenciones) . Ellas sufren doblemente no sólo la sequía sino la hostilidad persecutoria de los hombres. Pero aquí, la reivindicación femenina usa un lenguaje culto. Leila, su esposo, el maestro del pueblo y la vieja Fusil, mantienen un discurso moderno y bien referenciado con dos parámetros esenciales, el amor y le necesidad de agua (cuya ausencia, la sequía, también seca los corazones de los hombres y afecta al amor).

El erotismo que emana de esas mujeres reprimidas y mal tratadas es resaltado en el filme por el mensaje del Coran y el de "Las mil y una noches", ambos forman parte de la metáfora de la película, que recibe un aporte de sentido poético, de respeto al amor y al sexo como fuerzas positivas de la vida

Sin embargo hay que resaltar que no todo está bien resuelto, lo que sin duda era de esperar dado el esquematismo de la propuesta argumental. Los personajes son estereotipos poco reales y a veces traidos a colación de forma poco menos que impostada, así el personaje del periodista o el del maestro, marido de Leila, mientras que otros como el de la vieja Fusil (una extraordinaria madre coraje) o la joven Esmeralda, la misma Leila o su suegra, Hiam Abbas (una actuación austera y contenida) resultan muy bien perfilados, con fuerza y delicadeza. 

El director nos ofrece una crítica solapada a la confusa aplicación del Coran que se hace habitualmente en algunos sectores de la sociedad musulmana, de sus errores y sus manipulaciones, (aunque el papel del muslim en el filme es digno y bastante verosímil y parece abrir la esperanza en un Islam moderno y progre), pero también nos presenta a dos clérigos jóvenes --integristas-- que traen dinero al pueblo para comprar voluntades y desbancar al anciano muslim -- tradicional pero respetuoso--  a fin de  asegurar el contagio integrista.

Lo cierto es que la película, a pesar de su naturaleza de cuento con moraleja positiva, se ve con agrado, en ocasiones se convierte en un documental antropológico o etnográfico, tiene una música y unas canciones de una belleza vigorosa y sencilla, pero se resiente en una estimación global,  primero por su innecesaria extensión, algunas secuencias reiterativas y superfluas, su mensaje demasiado tosco, sin sutileza, maniqueo y, en fin un tono de ligera anécdota general que no sintoniza bien con la agudeza y sensibilidad en mostrarnos las relaciones solidarias entre las mujeres o la ira y el desconcierto entre los hombres. No bastan una secuencias de violencia (en sonido no en imagenes) para reflejar la complejidad de la situación, que está además lastrada por un tono panfletario directo y sin sutilezas.

Como los "seres diminutos" que busca el periodista, esta bieneintencionada película del rumano Radu se queda en un bello documento del  folklore y la música femenina marroquí acompañando una anécdota interesante, coral y reivindicativa de las mujeres musulmanas, en un producto "diminuto"  que trata superficialmente un problema gigantesco, real y permanente: la lamentable situación de la mujer en la mayoría de los paises islámicos. Un colectivo al que parece no haber mejorado la "primavera árabe", que cambia algunas cosas en el ámbito político y social, pero al parecer carece de calado para cambiar el profundo, enquistado, dominio masculino. 

 

 

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19 diciembre 2011 1 19 /12 /diciembre /2011 09:24

excursiones-4354.JPGEn estos días de asueto familiar vamos a proponer un recorrido fácil, cómodo y sin desniveles (apenas 50 metros) que además tiene dos características interesantes: es hermoso y está cargado de historia. Se trata de un camino medieval en el que aún quedan vestigios de venerables empedrados y rincones que no han cambiado desde hace siglos. Amén de tener un origen y un destino en dos pueblos que resultan ser de los más tranquilos, silenciosos y armónicos de esta privilegiada comarca del Matarraña. La Torre del Compte - Cretas - La Torre, nos ocupará poco más de cinco horas, con tiempo para la contemplación y echar mano del zurrón. Es un sendero sumamente agradable para recorrer en primavera u otoño. En verano hay que ir bien provistos de agua (solo hay agua en los pueblos, no en el recorrido) y sombrero y en invierno, muy bien abrigado, aunque es una zona con una pluviometría muy escasa.

Salimos del pueblo de Torre del Compte (a 497 m) con su elegante torre de la iglesia, hacia la pista que lleva a la antigua estación de la Torre y el gran puente sobre el Matarraña de la antigua via fèrrea, hoy via verde. La dejamos a la izquierda y vemos un puente pequeño que supera una cañada de bajada. En el mismo cruce hay un cartel explicativo del sendero y una señal que indica hacia el barranco. Bajamos entre olivos y sembrados (dejamos una fuente seca a la derecha) y en el fondo de la barranca el camino cruza una pista y aun bajamos unos metros más para pasar sobre  un puente pequeño medio destruido que parece romano o árabe. De inmediato cruzaremos la carretera local de la Torre a Valdetormo (que lleva también a Alcañiz y Calaceite) y cogemos un camino a la derecha con una señal derribada que nos indica que debemis seguir paralelos a  ese barranco prodigioso de la Canaleta que forma el llamado "Regall", una especie de gran bosque alargado de tipo ribereño con árboles de todo los tipos que bordean el canal por donde en epoca de lluvias (muy escasas en estos tiempos) corría el caudal. El camino va paralelo de la Canaleta hasta que a unos 500 metros se desvía a la izquierda y sube fuertemente por un camino o calzada empedrada que parece tener una antiguedad por lo menos medieval (en muchos tramos de este bello sendero nos encontraremos con zonas empedradas y muretes de mampostería y las doradas piedras de la zona,  bien conservados algunos, que dividen los terrenos de labor y limitan el antiguo camino de la Torre a Cretas.excursiones-6387.JPG

Vamos por encima del camino del Regall,  y pasamos sobre un puente construido encima de un pequeño túnel del famoso tren del Zafán, hoy convertido en popular via verde que une los pueblos de la zona. La via va jugando con nosotros al escondite entre el verde profundo del tupido bosque de pinos, carrascas, olivos y almendros.

De vez en cuando nos cruzamos o adivinamos la cercanía de masos o casetas de labor, algunas derruidas y otras en pie o con aspecto de estar en uso agricola. Hay una paz difícil de describir en este antiquísimo camino y el caminante parece ir cruzándose con la historia, atravesando rincones en los que uno espera ver pasar una carreta medieval o un alegre grupo de labriegos vestidos a la antigua usanza. Pero eso queda para las leyendas. Es un camino solitario y raramente nos cruzaremos con alguien, a no ser el confuso huir de un pequeño animal o el súbito revoloteo de unos pájaros asustados.

Después de atravesar otro bosque de pinos llegamos a una explanada amplia desde donde se divisan los Puertos a lo lejos, dominada por una enorme masía llamada el Mas de la Venta y que data de 1901. Un poco más adelante hay que tener cuidado pues llegamos a un cruce de pistas. A la izquierda lleva a unas masías y granjas y hay varias señales rojas y, medio oculta, la señal de prohibido ese camino (un aspa con los barras blanca y amarilla del sendero PR). A la derecha sigue la pista principal y junto a ella a su izquierda, es decir la de en medio del cruce, algo parecido a una pista invadida de maleza que es justamente la que hay que seguir (las señales han sido eliminadas en ese punto o están cubiertas por la maleza: dejé un monton de piedras indicandola a modo de hito). excursiones-6481.JPG

A través de campos de olivos y sembrados, almendros y vides, el camino vuelve a recuperar las señales de PR y nos lleva directos, en algo más de una hora) hacia un altozano desde contemplanos a lo lejos la silueta inconfundible de Cretas. Pasamos por un depósito de agua que nos queda a la derecha y después por una masía restaurada y las instalaciones del club de tiro de Cretas. Desde allí una pista asfaltada nos lleva al pie del pueblo que se levanta en una colina. Allí mismo , en ese lugar, hay una zona recreativa que se llama "L'Agramanet", rodeada de árboles centenarios y junto a unos lavaderos medievales y una fuente del siglo XV, "font de la Barra" que es la más antigua de las cuatro surgencias de aguas que posee el pueblo. Habrán pasado aproximadamente dos horas y pico de camino y vale la pena subir a Cretas (ya mencionada en su carta-puebla municipal en el año 1192 como "Queretes") y visitar su hermosa iglesia monumental de la Asunción del siglo XVI.

La vuelta es por el mismo camino, aunque hay la posibilidad de coger la pista hacia Valderrobres y desde allí por la ermita de los Santos y el Regall volver a la Torre o, incluso, como tercera posibilidad desde Valderrobres coger el camino que, a la vera del rio Matarraña, lleva hasta la Torre también. En tal caso hay que sumar al menos una hora más al cómputo de las cinco o seis horas (según descansos). En cualquier caso, es una red de caminos y pistas de una belleza garantizada.

 

 

NO SE PIERDA

 

 La Torre del Compte es uno de los pueblos más tranquilos y hermosos del Matarraña. Con la orgullosa y esbelta torre de su iglesia, (del siglo XIV, reformada el XVII) visible junto al caserío desde muchos puntos, el  caminante puede pasear por las estrechas callejuelas y acercarse al Ayuntamiento y su lonja porticada o a las casas solariegas de Bergós o la de Ferrer.Durante la guerra civil se cambió el nombre del pueblo por "Torre Libre".

 

En Cretas, haga un recorrido por las fuentes de la localidad. La de Aixetes, del siglo XVI, la Font d'en Coma del XVII o el Pou del Coll (del XVI). Sin olvidar la

de la Barra, con la antiestetica caseta circular construida en 1932 como depósito de agua y los arreglos realizados en el siglo XVII en todo el entorno de la fuente (que, según dicen, jamás ha dejado de manar, hecho insólito en esta tierra de sequías persistentes).

 

COMER Y DORMIR

 

En Torre del Compte tiene, junto a la via verde, en la antigua estación del viejo ferrocarril del Val de Zafán, el hotel y restaurante "La Parada del Compte". Muy recomendable como lugar de descanso con encanto. En Cretas el restaurante La Era y varias residencias de turismo rural. Y en el equidistante Vallderrobres, numerosos hoteles, fondas y restaurantes, desde el Hotel Querol, la Fonda de la Plaza o el Hostal, hasta el hotel de El Salt y Los Pescaitos.

 

DOCUMENTACION

 

Los mapas del servicio topográfico nacional (números 496 y 495)  mas la guía de la comarca del Matarraña de Prames o el libro de Frances Roig "Pel Matarranya en BTT" de Cossetania Edicions (para los que quieran hacer el recorrido en bici), son fácilmente hallables en librerías especializadas o en de la Octavi Serret de Vallderrobres.

 

 

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18 diciembre 2011 7 18 /12 /diciembre /2011 10:25

crazy-stupid-love-cartel1.jpg

Steve Carell es un cómico de expresión austera y una vis cómica indiscutible, dentro de esa tradición de actores cómicos con cara de palo que logran una expresividad minimalista de gran efecto. En este caso la propuesta es ambivalente: una comedia inscrita en un argumento dramático o, si lo prefieren, un drama con los suficientes elementos de humor para configurar una película agradable de ver, con algunos momentos memorables, unas risas de vez en cuando y una reflexión amarga sobre las relaciones amorosas y el matrimonio como institución sumamente vulnerable en estos tiempos.

Empezamos a notar esa ambigüedad temática ya desde la primera secuencia en la que Julianne Moore (excelente como es habitual y curiosamente muy cerca de su papel en esposa insatisfecha en "Las Horas") le espeta a su marido en una tranquila cena fuera de casa que quiere el divorcio. Un traumatizado Carell (que se lanza del coche en marcha porque no desea hablar del tema, en pleno ataque de incredulidad catatónica) se sume en una degradación personal que trata de superar --y aqui ya entra el aire de comedia ligera propia del género y del estilo made in USA-- aprendiendo a ligar desaforadamente de un play boy elemental y absurdo(Ryan Gosling) que esconde frustraciones y deseos de amor convencional en el timido corazón. Es decir una deconstrucción emocional de un personaje con gran  despliegue de hermosas mujeres de una catadura mental inversamente proporcional a su belleza y con la verdad esencial oculta hasta el final, cuando el guaperas ligón encuentra a su media naranja (justamente la hija de Carell) y el reflotado en la banalidad sexual, Carell, recupera a su esposa en una secuencia de graduación del hijo adolescente que parece sacada de las películas de jóvenes, colegio y profesores emblemáticos, "Oh capitán, mi capitán" con poetas muertos o no.

Glen Ficarra y John Requa son los artífices de esta cinta diseñada para pasar el rato con más calidad de lo habitual en el género, donde no sólo la pareja protagonista logran elevar el listón, también los secundarios (el ya citado granuja previsible Ryan Gosling, Marisa Tomei, Emma Stone --como la hija de Carell que redime al donjuan de barra de bar--, Analeigh Tipton, etc.). El guión va mostrándonos la fauna amorosa sexualizante de la clase media norteamericana con ritmo y una actitud crítica implícita que le da sentido al humor derrochado en la película con acierto, entreverado de posibilidadaes dramáticas que, aunque no se cumplen, da sentido de verosimilitud, de realismo, a lo que acontece. 

Final feliz, como mandan los cánones, aunque con una cierta ironía crítica, una sombra de amargura y de realismo edulcorado, que deja al espectador tras la sonrisa, la sombra de una duda. ¿Realmente vale la pena desear tener un "loco, estúpido amor"? O lo que es más real, ¿No terminaríamos lamentando no haber vivido nunca uno de esos amores estúpidos y locos?

 

 

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17 diciembre 2011 6 17 /12 /diciembre /2011 09:18

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Reunir en una película a Ernest Jung y a Sigmund Freud resulta ser una hazaña que puede precipitar al director en las simas del ridículo o auparle a la cima del cine comprometido y de calidad. Ya John Huston intentó con "Freud, la pasión secreta" un acercamiento al genial -o un poco menos-- médico vienés que se autotituló "inventor del psicoanálisis" y apenas recibió la nota media que solía lograr con sus películas más defectuosas, aunque no es en absoluto una cinta desdeñable, siquiera sea por la interpretación de Montgomery Clifft. Otra cosa fue un bodrio perpetrado en 1984 sobre "El diario secreto de Sigmund Freud" que hubiera provocado la muerte por un ataque de verguenza ajena de la mayoría de los psicoanalistas freudianos que fueran a verla en un momento de insensatez. Mucho mas respetuosa fue la imagen lúdica que daba de él "The seven cent solution" (1976) de Herbert Ross, donde tiene como paciente nada menos que a Sherlock Holmes. Creo que esta pelicula hubiera divertido al mismísimo Freud.

En "Un método peligroso" se nos narra el comienzo, desarrollo y brusco final de la amistad entre un maduro Freud y un joven Jung en el comienzo de su carrera, entre el médico judío rechazado por la sociedad y la medicina bien pesante y un médico suizo, ambicioso e inteligente, que apuntaba como delfín sucesor de Freud. Todo ello a través de la anécdota importante de la relación personal  de ambos, sobre todo la muy íntima de Jung, con una enferma y , posteriormente, psiquiatra judía de origen ruso Sabina Spielrein a cuya inteligencia y agudeza mental debería el propio Freud algunas de sus ideas y teorías más interesantes, como la pulsión de muerte o Tanatos enfrentada a la pulsión de vida o Eros.

David Cronenberg ("Promesas del Este", "Crash", "Inseparables") dirige esta película, coproducción germano-canadiense que atrae igual al profano que al conocedor del psicoanálisis, sus arcanos, sus mitos y sus defectos y valores. La obra tiene una génesis brillante: la idea nace del libro de John Kerr, "A most dangerous method" (1993), que fue adaptada en forma de obra de teatro "The talking Cure"  (2002) por Christopher Hampton, que a su vez firma el guión de la película.

Evidentemente la película se centra en la relación ilícita entre Sabina Spielrein (una inquietante Keira Knigtley, cuya pasión interpretativa le llevó a padecer una mandíbula desencajada durante el rodaje) y Jung (Michael Fassbender, realmente magnífico en su frío, reprimido y sensitivo papel), su médico y psicoterapeuta, ante la presencia primero comprensiva y después represiva y de rechazo de Freud (otro recital de calidad interpretativa de Viggo Mortensen, ajustadísimo en su ingrato rol).

Todos los entresijos y complicaciones entre los dos grandes pensadores y la dificultad de una amistad por la ambición de ambos, quedan apuntados en la cinta, como los hechos reales, personales, ocurridos durante el crucial viaje de ambos a Estados Unidos (la negativa de Freud a contarle a  Jung un sueño propio "para no perder su autoridad" y la famosa frase de Freud a Jung ante la estatua de la Libertad: "¿sospecharán los americanos que les traemos la peste?", es decir el atroz descubrimiento de todo lo que el psicoanalisis reveló sobre las motivaciones y las represiones humanas.

Es pues una historia de amor entre dos personas de sobrado talento, ante el testigo silencioso pero muy cualificado de un ser humano bastante excepcional, Freud (no solo por su inteligencia e intuición y su enorme cultura, sino también por sus defectos, su vanidad, su ambición y su avidez económica y social). Las secuencias filmadas en Viena en el edificio de la  Bergasse 19, residencia  de los Freud (desde 1891 hasta 1938) hacen palpitar el corazoncito freudiano de cualquiera --como muchos otros estudiantes del psicoanálisis me extasié ante el pequeño sofá cubierto con una  muy judía funda floreada en el despacho y consulta del gran hombre, dujrante una visita a Viena sólo con el propósito de visitar la famosa casa que hoy es biblioteca,archivos ymuseo freudiano--. Amén de otras secuencias filmadas en el café Sperl --aún existente-- donde los dos intelectuales medicos intercambiaron ideas y vivencias tomando esa bebida y comiendo tarta Sacher. Las localizaciones forman otro de los aciertos de Cronenberg, aunque nos  filmara el lago de Cosntanza en lugar del de Zurich para mostrarnos los viajes en barco de vela, regalo de su rica esposa, que Jung compartió con su maestro y con Sabine.

Excelente retrato de la sociedad burguesa confiada y próspera de los albores de la Primera Guerra Mundial, maravillosamente reflejada por la cámara formalista y clásica de este director. En esa sociedad de formalidades y convenciones, Jung y sobre todo Freud han abierto la Caja de Pandora al poner al sexo en el punto de mira de sus trabajos. La atracción devastadora que la paciente judía, socavada por una neurosis histérica, ejercerá sobre el doctor Jung, no solo por su belleza, también por su inteligencia y audacia de sus ideas, es la vertiente paradójica del enfrentamiento del quietismo intelectual clásico de la cultura de ese momento con la revolución, el cambio de paradigma que el psicoanálisis, con el marxismo, con la antropología y con la ciencia atómica, provocará en la cultura y la soeidad del siglo XX, una revolución drástica que cambiará al mundo.

Con una banda musical sobresaliente de Howard Shore, que se adentra, como las notas del Sigfrido de Wagner, en las pasiones de los personajes, no sólo sexuales, también de orgullo, de envidia, de ambición, la película es el monumento fílmico de un director del siglo XXI a una disciplina psicológica que cambió radicalmente la percepción del interior mental de las personas, de sus patologías y de sus sueños. Y se levanta sobre un enfrentamiento titánico, en el que cuenta esa ambición y ese deseo de posteridad y fama, pero también la propia percepción de la sociedad que separa a un medico judío lleno de represiones y complejos y a un médico ario con una mente rigurosa pero seguramente herida también por la represión, la culpa y el enfatuamiento de la conciencia en una misión sublime y espiritual. A todos ellos (incluido el discipulo libertino y desequilibrado de Freud, Otto Gross interpretado por Vincent Cassel) es la irrupción del sexo y la necesaria ansia de libertad que éste exige, la que provoca la fiuerte atracción que los personajes poseen, marionetas debatiéndose entre la culpa y el sufrimiento, en una sociedad que rechaza todo lo que ellos descubren.

Personalmente me he sentido fascinado por el retrato que Viggo Mortensen nos ofrece de un paternal y maduro Freud, escondido tras su cortina permanente de humo de puro, seguro de sí mismo, duro e imperturbable en apariencia, pero atenazado por la soberbia intelectual y una sensibilidad enfermiza. Así como la inseguridad, apasionamiento y deseos contradictorios que bloquean al frío, casi hierático Michael Fassbender en su composición de Jung. Sabina, Keire Knightley, presta su belleza, su pasión y algunos excesos interpretativos, sobre todo en las secuencias de su enfermedad, a la enferma y después brillante psiquiatra que tendría, en la vida real, un lamentable fin en las cámaras de gas de los nazis, años después. Sólo la intervención en la trama de Otto Gross --que sirve de acicate pasional a Jung-- se me antoja un poco innecesaria y reiterativa.

Diseño de producción y vestuarios con una nota de calidad indiscutible realzadas por la fotografía tecnicamente perfecta, algo lenta en ocasiones, pero que subraya con acierto el "tempo" de una  sociedad que está viviendo su fin. Por supuesto que un espectador ajeno a los principios del psicoanálisis --aunque lo más básico ya forma parte de nuestra cultura elemental-- acabará pensando que tanta charla sobre el yo, el ello o el superyó, el subconsciente, la represión de la libido o las pulsiones eroticas, la muerte como tensión opuesta, junto a tanta hipocresía y sufrimiento en el desarrollo de una sexualidad perversa (las escenas de masoquismo están bien resueltas, como una estampa de época), resultan abusivas e innecesarias.

Por eso estimo que "Un método peligroso" formará parte de esas películas que acaban teniendo exito mas por lo que se escribe y comenta de ellas, por el eco formidable entre algunos profesionales de la medicina o por el rechazo de otros, que  como producto fílmico popular. Quizá entre estos ultimos se planteará el rechazo a algo claramente mostrado en la película: la tenue linea de sombra que separa las psiques del enfermo y del que pretende curarle, la ambigüedad y peligro de una relación terapéutica en la que el médico se convierte en el reflejo de un deseo y una aspiración, un método de cura por la palabra que contiene muchos peligros en sí mismo y que a pesar de su ambición científica pertenece al mundo de la mente, ese sutil tejido que tiene la misma naturaleza que la de los sueños.

Como dijo el mismo Freud, y la película recoge, "una vez abierta la Caja de Pandora del psicoanálisis, las ideas que saldrían de ella no sería aceptadas ni en ese momento ni un siglo después". Y si además unimos a esa fuerza destructiva la eclosión del primer cisma del psicoanalisis perpretado por Jung, la pícula de Cronenberg se perfila como un hito ilustrativo de los origenes y el afianzamiento problemático de esa disciplina psicológica. Jung aporta misticismo, paraciencias y una ambición espiritualista que desagrada a Freud, siempre celoso del "cientifismo" de su terapia. La secuencia final en la que Jung habla de un sueño propio que refleja con cruel exactitud la trágica barbarie que la Primera guerra mundial va a producir en Europa años después, acaba dejándonos la impresión de que Cronenberg no toma partido ni por Freud-Sabine, ni por Jung, no juzga ni se entremete, sino que dispone eclécticamente  las piezas escogidas de la historia psicoanalítica para enriquecer una dialéctica entre la razón y el sexo, la pasión, la hipocresía y la soledad. Y cómo los individuos acaban siempre siendo fagocitados por las sociedades y las culturas del momento.

 

 

 

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16 diciembre 2011 5 16 /12 /diciembre /2011 08:55

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Se llamaba Sabine Spielrein y a principios del siglo XX era una joven judía de casi 18 años cuando llegó a la clínica psiquiátrica de Burghölzli en Zurich. Atractiva y muy inteligente, aquejada de una psicosis histérica, Sabine se convirtió en una de las pacientes (muy especial, ya que terminó siendo su amante) de un también joven médico psiquiatra suizo llamado Ernest Jung y más tarde, discípula de otro gran médico austriaco judío llamado Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, una técnica terapéutica que se caracterizaba por un método basado en la "cura por la palabra". Esta mujer sensible y educada fue una indiscutible inspiración para Freud (y para Jung), aunque jamás se le reconocieron públicamente sus méritos, no sólo por ninguno de los  grandes pioneros del psicoanálisis sino por toda la cohorte de adoradores con la que se rodearon ambos en un pacto de silencio que duró hasta que en 1977 apareció una caja de documentos personales en el Palacio Wilson de Ginebra pertenecientes a una psiquiatra judía que había sido incinerada por los nazis. Se trataba de Sabine Spielrein y en la caja habia unos diarios y parte de la correspondencia que mantuvo con Jung y con Freud. El papel decisivo de Sabine en muchos de los tópicos psicoanalíticos de Freud quedó al descubierto, por ejemplo, en la hipótesis de Sabine sobre la relación entre la sexualidad y la muerte, que Freud utilizaría para su tópico Eros-Tánatos, así como el poco edificante papel de ambos hombres en la vida de la joven judía y el ninguneo al que sometieron a su figura.

La reciente película de David Cronenberg "Un método peligroso" muestra con gran eficacia y coherencia muchos de los elementos biográficos, algunos muy poco conocidos, que interesaron las relaciones triangulares entre Jung, Sabine y Freud (por cierto este último volvió a tener algo semejante más tarde, otro amor igualmente platónico, rivalizando por Lou Andreas-Salomé con Nietzche y el poeta Paul Reed).

En realidad Cronenberg  y su guionista Christopher Hampton no sólo se basaron en su obra de teatro de 2002 The Talking Cure, sino principalmente en la obra que hoy recomendamos, "La historia secreta del psicoanálisis: Jung, Freud Y Sabine Spielrein" (titulo en España de "A dangerous method", que edita Editorial Crítica) del psicoanalista norteamericano John Kerr.

Se trata de un volumen apasionante y no sólo para los entendidos o estudiosos del psicoanálisis: para cualquier persona que desee conocer uno de los momentos estelares de la cultura del siglo XX en dos de sus figuras esenciales. Curiosamente se da una de esas coincidencias que tanto fascinaban a Jung (e irritaban a Freud) a las que llamaba "sincronicidad" y  les daba un sentido especial, medio esotérico: coincidiendo con la película, aparece una biografía de Jung, editada por Kairós, escrita por Jean Jaques Antiner, "Jung o la experiencia de lo sagrado" donde abunda en este episodio que les comentamos.

Pero en esencia casi todos los citados beben de la obra de John Kerr que además ofrece un aporte documental y un análisis histórico, biográfico y psicológico de las tres personas y su medio ambiente, de sus ambiciones, sueños, errores y mezquindades que me parecen de un interés superior. La visión humana que nos ofrece Kerr de la grandeza de Freud, a la que no restan méritos su vanidad, su obcecación en su propia grandeza, sus "préstamos" de ideas de otros, sus propias represiones, su enorme soberbia, sus problemas íntimos, su avidez económica y sus complejos de raza, suponen  en conjunto un reflejo mucho más generoso y honesto que el, por ejemplo,  ofrecido por un francés Michel Onfray en su "Freud. El crepúsculo de un ídolo" donde trata de machacar al pensador judío con una virulencia que repele al final (aunque no se le puede negar su empeño documental, hay demasiado sesgos de inquina casi personal pero sobre todo intelectual: en realidad Onfray me parece un pigmeo subido al hombro de un gigante para intentar sacarle los ojos).

Volvamos pues al modélico libro de John Kerr, donde el lector interesado encontrará muchos de los detalles poco conocidos de Freud y Jung a pesar de las abundantes biografías anterior y los trabajos de los freudianos y junguianos, algunos de ellos empeñados en mostrar a sus ídolos de la manera más generosa y manipulada posible. Con esta lectura, tan fascinante, el lector comprenderá completamente los episodios oscuros que deja perfilados la película citada y se sentirá atraido ante el complejo mundo intelectual, sensual y humano que rodeó el nacimiento del psicoanálisis entre la Viena finisecular y  el Zurich de los primeros años de ese trágico siglo tan esencial y revolucionario que fue el pasado XX.

Y asi, aunque le presencia de la joven judía resulta un elemento detonador en el principio de la relación de Jung con Freud, resulta anecdótica dentro de una trayectoria entre estos dos gigantes, que empieza entre recelos y una cierta desconfianza mutua, sigue con una doble y mutua fascinación y acaba con una ruptura provocada no tanto por el desvio de Jung hacia un cierto misticismo oscurantista (en realidad siempre presente en la atormentada personalidad de Jung, desde su infancia) cuanto por el choque inevitable entre dos auténticas "vedettes" de la psicología y la competencia feroz de cara a una posteridad  y grandeza, que ambos intuían que se consolidaría con los años.

En el libro de Kerr asistimos, fascinados por la documentación historiográfica y biográfica aportada, a un despliegue de las ideas de ambos pensadores, sus coincidencias y sus enormes diferencias, con una forma de exposición bastante didáctica que en ningun momento resulta oscura para el lector aunque algunos de los conceptos son bastante áridos y requieren una formación anterior. Incluso ante esos conceptos oscuros, el estilo de Kerr logra dilucidarlos con una prosa eficiente y clarificadora.

Datos como el "informe Billinsky" (sobre la presunta relación intima incestuosa entre Freud y su cuñada Martha, hermana de su esposa) ofrecen una inesperada aclaración sobre los motivos de Freud (tras la ruptura) para callar publicamente ante la confesión de Jung de que habia tenido una relación sexual con su paciente Sabine. También añade datos interesantes sobre el controvertido célebre viaje de los dos psiquiatras a Nueva York. 

Respecto a ese enigmático episodio recomiendo la lectura de una novela,  "La interpretación del asesinato", un thriller psicológico escrito por un jurista norteamericano, Jed Rubenfeld (Editorial Anagrama).  En esa novela apasionante se nos narra la llegada de Freud y sus discipulos a Nueva York, una ciudad en constante cambio en la que se están levantando los primeros rascacielos y existe un dinamismo político, financiero y social en el que todo cabe, desde la corrupción hasta el crimen, junto a la ambición y las grandes ideas materializadas por un vigor y una potencia social sin precedentes. A través de dos personajes clave, un joven doctor fascinado con las ideas de Freud (y con las obras de Shakespeare, de hecho el fantasma de Hamlet circula por tola la trama de una manera muy original) y un detective de la policía con mente abierta y analítica (una especie de tosco Sherlock Holmes mezclado con el inspector Colombo) se investiga la atroz muerte de una joven en la que están relacionados canallas de lujo y grandes personalidades de la vida política y económica de la ciudad. Freud prestará su ayuda para esclarecer el caso y también Jung, creándose una situación en la que, segun el novelista, estallarán las diferencias entre los dos hasta la ruptura, no por discreta y ocultada, menos definitiva. Divertido pastiche nada histórico que puede complementar, por el lado de la diversión, la lectura del libro de Kerr.

En resumen éste último es un ensayo exahustivo, desmitificador, honesto y muy bien documentado que se lee como una novela y que no puede faltar en la bilioteca de toda persona que quiera estar informada sobre una de las ideas más revolucionarias de la historia; el psicoanálisis. Junto con Marx, Darwin y Copérnico, Freud, (aun  reconociendo todas las debilidades del hombre y el pensador),y en menor medida Jung, ostentan el corpus de ideas esenciales que integran al hombre civilizado de hoy en día.

 

 

 

FICHAS:

"La historia secreta del psicoanálisis", John Kerr, Ed. Critica, colec.Drakontos, 543 págs.

 

"Freud. El crepusculo de un ídolo", Michel Onfray. Ed. Taurus. 504 págs.

 

"Jung, o la experiencia de lo sagrado", Jean Jacques Antiner, Ed. Kairós.

 

"La interpretación del asesinato", Jed Rubenfeld, Editorial Anagrama

 

 


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