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29 noviembre 2011 2 29 /11 /noviembre /2011 20:20

Don Miguel de Unamuno escribió en 1914 una novela llamada "Niebla". La leí en mis irredentas juventudes, pero no debio impresionarme mucho, porque no recuerdo casi nada de ella. Sólo que era una especie de planteamiento teórico-literario de la idea que don Miguel tenía de cómo se debe escribir una novela, o una "nivola", género espontáneo en el que el escritor simplemente se dejaba llevar por los personajes que iban apareciendo. Me pareció embarullado y utópico y pasé a otras lecturas.Del gran vasco solo me gustaron "San Manuel Bueno, mártir" y "La Tia Tula" cuya versión cinematográfica dirigida por Miguel Picazo y protagonizada por Aurora  Bautista, me encantó, a pesar o debido a su gris, oscuro retrato de la sociedad española de provincias a principios del siglo XX. Yo debía rozar los veinte años cuando di por cerrado el capítulo de Unamuno como novelista, no así como pensador. Viene a cuento por dos "casualidades". Mi tropiezo con un pequeño volumen muy bien encuadernado con tapas de piel y papel biblita de "Obras de Unamuno", editado por Losada, donde están alguna novelas y algunos ensayos. Digo tropieza porque el libro cayó a mis pies al desalojar una de las baldas de mi biblioteca ocupada por libros en dos hileras Y, casi simultáneamente, el encuentro por sorpresa de la biografía de Unamuno en Taurus (firmado por Colette y Jean Paul rabaté), libro importante, aparecido hace dos o tres años y que era el libro que estaba leyendo mi amigo y mentor Carlos Nadal cuando falleció, y que su viuda, me habia regalado hace unos meses,a petición mía. (Habia quedado pendiente una charla entre Carlos y yo sobre Unamuno y su pensamiento: esas citas imposibles que uno interpreta como fallos de la fatalidad cuando algo tan aparentemente baladí queda pendiente por desaparición definitiva de uno de los sujetos, tomando una importancia que seguramente de haberse realizado la charla jamas habría tenido). El libro se había caido tras un televisor y al no verle en su sitio, lo habia olvidado. Un cable casi suelto del aparato me hizo dar con el volumen.

Unamuno es un escritor brioso, confesional, apasionado y enérgico. Sus novelas resisten muy mal el paso del tiempo, suenan a algo viejo, caduco, quizá entrañable, pero retórico, un poco impostado. No así sus ensayos, la fuerza de su pensamiento y sus inquietudes filosóficas de profundo calado (sobre todo en el aspecto de la ética de la persona y de la situación: de ahi sus problemas políticos). Es como un Camus español, sin llegar a la genialidad del francés, pero con semejante ardor por la honestidad personal, a pesar de contradiciones u errores: un ser libre y comprometido con su tiempo y con su coherencia personal.

Por cierto, todo lo de Unamuno lo desencadenó la niebla que ha invadido esta tierra, procedente del valle del Ebro. Un manto espeso, viscoso y refractario al paisaje que extiende su pálida uniformidad por los campos y los montes del Matarraña. Cuando subí a los Ports, a unos mil metros de altitud, reinaba el sol en un cielo perfectamente azul. A los pies de la montaña un sudario blanco se extendía como un mar de leche hacia el horizonte. De la niebla surgió mi recuerdo de la novela unamuniana. Despues, las dos "casualidades" hicieron el resto

 

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28 noviembre 2011 1 28 /11 /noviembre /2011 10:10
5-metros-cuadrados-cartel.jpg
Estamos ante una de esas películas que deberían llevar el sello oficial que alguna vez vimos en otros tiempos, aquél que el régimen franquista llamaba "de interés nacional". Debería ser proyectada ente sus señorías, nada señores, de la clase política, sea cual sea su credo y siglas. Y, por supuesto, en los colegios y las facultades. Para que todos, en este país de escándalo, se hagan una idea de los tiempos que corren y la lamentable catadura ética a la que nos hemos acostumbrado. Tanto que apenas si nos llaman la atención, tras el mosqueo inicial y efímero, una película como ésta, "5 metros cuadrados".
La burbuja inmobiliaria, la crisis económica, social y financiera, la pócima que nos están dando dia si y el siguiente también. No hace falta mucho esfuerzo para sentirnos cercanos, si no identificados, con ese magnífico Fernando Tejero (Alex), muy lejos de su vis cómica habitual, cuyos ahorros entregados por la compra de un piso se desvanecen en una oscura y vergonzante teoría de especuladores, granujas de cuello blanco (soberbio Emilio Gutiérrez Caba), bancos y políticos de toda laya.
Viene a la memoria la película de Marco Ferreri que marcó la infancia de muchos, "El pisito" y la lamentable evidencia de que no han cambiado mucho las cosas desde los cincuenta del siglo pasado a nuestros días. Sólo algo ha cambiado: la posibilidad de decir mucho más claramente quiénes y dónde están los depredadores. Más libertad política para hablar e igual desierto ético en los niveles públicos y privados.
La dramática odisea de esa pareja que pretende comprar un hogar en la España del ladrillazo no se aleja mucho de la de "El pisito". Quizá haría falta un poco más de mala uva, de ironía, de sarcasmo, en esta visión de nuestro triste siglo XXI español. El director, Max Lemcke (que realizó otra buena película de critica social, "Casual Day"), dibuja con brío a los personajes, al ambiente malsano de bancos e inmobiliarias, las siniestras veleidades de los intereses politicos al margen del ciudadano común y corriente. Apoyado por un elenco de actores en estado de gracia asistimos al doble derrumbe de un sueño, el de los protagonistas y el de una sociedad justa donde los intereses de los más débiles sean respetados o al menos tengan una posibilidad de ser reivindicados con eficacia y propiedad.
Es la otra cara de la especulación urbanística, esas macros cifras que no nos dicen nada en un contexto de derrumbes: la cara trágica de esos hombres y mujeres (tan bien representados por Tejero y Malena Alterio) que son exprimidos hasta el final, burlados con saña (la secuencia en la que una representante de la empresa les ofrece a la pareja un acuerdo por el que aceptarán tres mil y pico euros --muy bueno el detalle del pico, de la fracción-- a cambio de los 50.000 que entregaron) y tan faltos de escrúpulos éstos como sobrados de indiferencia culpable los amigos  y familiares que son testigos del drama.
Evidentemente este es uno de los casos en que el tema de la película y la convicción de los personajes no pueden más que resaltar la mediocridad del guión y la de realización cinematográfica que no logra rebasar el grado de bienintencionada. Ni la fotografía, ni el ambiente, ni la gestión argumental hacen de "5 metros cuadrado" una buena película, de las que hacen huella en el cinéfilo. Es sólo su honestidad de planteamiento y sobre todo la interpretación las que elevan la calidad del producto, no sus valores intrínsecos cinematográficos.
Ya lo decía al principio, es una película que puede servir como documento para adjuntar a un pliego de denuncia, como elemento de convicción. Nunca como obra de creación cinematográfica (y eso a pesar de los muchos premios, algunos justificadísimos en los apartados que hemos calificado de notables, que se llevó en el festival de Málaga).

 

 

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27 noviembre 2011 7 27 /11 /noviembre /2011 09:28

Viajar por los pueblos y tierras del Bajo Aragón es una empresa hermosa y gratificante. Este fin de semana hemos ido a conocer Castellserás, en la margen derecha del Guadalope, aledaña al lugar de encuentro de este histórico río con el Mezquín. Tierras hermosas y bravas, de hondonadas y valles fértiles y de extensas planicies donde se balancea el cereal. De vez en cuando uno se topa con joyas artísticas, naturales, humanas, paisajísticas, rincones de una belleza abrumadora entre la soledad y el silencio. En este pueblo de apenas 800 habitantes, buscando información senderista, dimos con un -para mí-  desconocido museo dedicado a algo tan fundamental como la botánica, concretamente a las llamadas plantas medicinales. Se trata de un pequeño museo instalado en unas estancias del palacio de la Encomienda, del siglo XIV, que fue lugar de recogida de diezmos de la Orden de los Calatravos. El museo está dedicado a la memoria de dos científicos dedicados a la investigación de campo de las plantas medicinales: Francisco Loscos Bernal (nacido en 1823 en Samper de Calanda) y José Pardo Sastron (Torrecilla de Alcañiz, 1822). La instalación es atractiva, rodeada de un aire de ingenua sencillez y en ella uno se hace una precaria idea de la magnitud del trabajo de esos dos caballeros, de sus libros y publicaciones y de sus hallazgos. ¿Cuántas maravillas como ésta habrá por la España profunda, sin que la conozcan más que los del lugar o alrededores?

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26 noviembre 2011 6 26 /11 /noviembre /2011 11:16

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Reconforta ver como el cine español sigue escalando niveles de excelencia. Con una introducción ejemplar la película de Jorge Coira, de sello hispano-argentino, nos ofrece una visión desenfadada pero realista de las relaciones humanas basándose en las comidas o cenas, en el momento de comer como espejo de la entera relación entre las personas, ya sea el músico callejero (fenomenal Luís Tosar, como siempre) que es citado por el evanescente amor de su vida, como el joven que se pasa el dia cocinando para una mujer que desea y que nunca llega (una especie de "esperando a Godot" sentimental), el amor secreto pero evidente entre dos hombres, la cocinera que sueña con ser cantante y que ve como el empresario que la va a contratar se muere de un infarto mientras come, el silencio entre una pareja de ancianos que hace sus comidas sin hablarse, quizá porque ya se han dicho todo, la joven que deja a un amante maduro por el egoismo de éste, una serie de historias enlazadas en torno a una mesa donde se  come, se rie, se llora o se guarda silencio.

Como escenario global de esta pelicula coral tenemos un Santiago de Compostela fotografiado sin demasiado mimo, como si el director hubiera estado mas atento a los personajes que a su bello entorno. Oscilando entre el drama y la comedia y el reportaje de costumbres culinarias y gastronómicas, "18 comidas" agarra al espectador y le convence con la fuerza de sus historias, unas mas y otras menos, claro está,  y aunque el ritmo logra hilvanarlas con eficacia lo hace un poco irregularmente. Los actores refuerzan la garra de las imagenes y las historias, con un nivel bastante alto en general, Tosar, María Vázquez, Pedro Alonso, Ricardo de Barreiro, la catalana Cristina Brondo, Esperanza Pedreño (la amante imposible de Tosar, las mejores secuencias de la película, junto con la de los hermanos en la que uno de ellos descubre la homosexualidad del otro) , Victor Clavijo y Sergio Peris Mencheta (mucho mejor que en la fallida "Capitán Trueno").

En suma, una cinta que deja buen sabor de boca ...y mucho apetito con saudades de pulpo a la gallega,

 

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25 noviembre 2011 5 25 /11 /noviembre /2011 09:37

whos_afraid_of_virginia_woolf.jpg

Acudí al Romea a la cita con "Qui té por de Virginia Woolf?" de Edward Albee que, por una curiosa casualidad repite en los escenarios barceloneses con "Un delicado equilibrio". Como a mi admirado Marcos Ordóñez, la violencia constante y la tensión destructiva de Martha y George en algo más de tres horas (podada hasta una hora y media por el director Daniel Veronese, gracias a Talía) en todas las ocasiones en las que la he visto me ha causado un defensivo dolor de cabeza y un renovado amor hacia mi esposa que nunca ha dejado de rodearme de cariño, educación y amabilidad.

Desde el comienzo de la obra, en ese hogar desordenado en el que Martha (hija del director de la Universidad donde trabaja su marido) y su marido George, (profesor de historia que comparte con su mujer un inmoderado apetito de alcohol) esperan la llegada de otro matrimonio, Nick y Honey, lanzándose amenazas y reproches a la cara, hasta el pugilato en el que involucran a sus invitados nada más llegar. En una velada angustiosa y que se nos hace eterna, los cuatro personajes torturados y desequilibrados por diferentes razones, juegan un  juego dialéctico mórbido y cruel que mantiene al espectador entre la angustia y la atracción, entre el rechazo y la fascinación.

Emma Vilarasau, nos ofrece una Martha agresiva, mezquina, sin piedad, aunque ligeramente menos vulgar que su homóloga en el cine, Liz Taylor (lo cual en este caso no es recomendable: cuanto más vulgar, mejor). Sin embargo Pere Arquillué no tiene nada que envidiar a Richard Burton. De verdad, no es exageración. Hacia tiempo que no veía a un actor tan sereno, intencionado, duro y al tiempo paciente y maquiavélico en su crueldad elegante y sutil. Mireia Aixalá e Ivan Benet cumplen sus cometidos como Nick y Honey, sin llegar a hacer sombra a sus compañeros de escenario.

Cuando empezamos a conocer los entresijos de las actitudes y comportamientos de la pareja visitante, el deseo de medrar del profesor Nick, el embarazo irreal que le obliga a casarse con Honey, el histerismo de ésta, los ataques  de Martha a George acusándole de haberse casado con ella por interés y su vulgar intento de seducción sobre Nick para humillar a su marido, van llevando la obra al paroxismo del último acto.

Aquí se desvelan algunos de los misterios esbozados, el "tema tabú" que George trata de evitar y Martha irreflexivamente saca a colación desde el principio: el hijo ausente. A principio del último acto George habla de un telegrama "recién llegado" en el que se les avisa de la muerte del hijo. Este es el fin del juego peligroso planteado, en el que Martha se ha acostado con Nick y George desvela que el hijo era una invención de la pareja, con el que escondían sus frustración de no haber llegado a tener un hijo o quizá un patético nexo de unión que les puede ayudar a no desbocarse por el precipicio del odio y la frustración.

Quizá por un reparo de cara al publico, Albee no termina la obra con un portazo que indica el final del matrimonio, sino que introduce un sutil elemento que hace suponer que aun hay esperanza entre Martha y George. 

 

 

virgnia La visión crítica, desengañada y cruel que Albee hace de los dos matrimonios "tipo" norteamericano de la clase media, ampliable al conjunto de la sociedad, provocó sarpullidos porque tocaba algo que podría llamarse "un mal nacional" (aunque yo creo que es universal): la hipocresía, la falta profunda de ética, el engaño sexual institucionalizados en la pareja.

Si no pueden ir al Romea para disfrutar, teatralmente claro está, de la soberbia Virginia Woolf de Daniel Veronese, les aconsejo que rescaten en cualquier videoclub la pelicula  de Mike Nichols (1966) del mismo titulo, interpretada por Liz Taylor, Richard Burton, George Segal y Sandy Dennis. El título es una parodia de la canción "Quién teme al lobo feroz" de "Los tres cerditos" de Disney. La pelicula recibió 15 nominaciones al Oscar y obtuvo cinco, entre ellas las de mejor guión y mejor actriz.

 

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25 noviembre 2011 5 25 /11 /noviembre /2011 08:38

En la novela de Haruki Murakami "1Q84" uno de los protagonistas, una joven llamada Aomame, escucha en diversos momentos de la narración la "Sinfonietta" del compositor checo Janacek. No es algo casual. La novela (de 700 páginas) comienza con Aomame en un taxi escuchando por la radio una interpretación de la "Sinfonietta", obra compuesta en 1926. "Aomame se imaginaba el apacible viento atravesando las llanuras de Bohemia", escribe Myrakami.  Vuelve a haber más citas de esta musica, conforme la endiablada trama se desarrolla. No conocía esta pieza y del autor sólo había oido hablar de una obra dedicada a "Taras Bulba", pues creo que fue la banda sonora de una película rusa dedicada al conquistador mogol.

Al terminar de leer "1Q84", con el libro en una mano y un te en la otra, bajé del estudio hasta la cueva del sótano (es una cueva de piedra real, aunque modelada y reformada como un salón) donde tengo los discos  y cedés. En los estantes de la musica clásica encontré una grabación de Deutche Gramophon con la obra de Janacek, aun envuelta en celofán. La puse en el lector de CD con una viva curiosidad y la idea de que iba a descubrir quizá algo.

Los primeros compases no me dijeron nada, aunque me sorprendió la contundente claridad, el vigor con que timbales y metal iniciaban la obra. Después comenzó a desgranarse el tema principal y me quedé asombrado: es una melodía pegadiza, ritmica y reiterativa, que yo he escuchado muchas veces en diferentes momentos y que jamas habia sabido o me habia interesado en saber quién era su autor y mucho menos su título. Hubo algunas tentativas frustradas de recordar unas imágenes que pugnaban por aparecer al escuchar la música. Supongo que esa melodía debía acompañar unas imágenes, seguramente de una película, y mi mente trataba infructuosamente de evocarlas. No lo logré. Disfrutaba con la familiaridad armónica que producía en mí pero me vi incapaz de encontrarles un acomodo en mis recuerdos. Tengo la sensación de haberme reeencontrado con una música que evoca en mí muchas cosas.

Me encantan estas "coincidencias" que la vida proporciona. Jung las estudió y creía que eran una ventana a algo importante. Sólo que tienes que tener la capacidad de interpretarlas. Y eso no es fácil.

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24 noviembre 2011 4 24 /11 /noviembre /2011 10:34

1Q84.jpg

 

 

La sombra del "1984" de Orwell es alargada. Desde "Matrix"  o "Melancolía" al autor de "Kafka en la orilla" o "Tokio Blues", Haruki Murakami, una de las voces más originales de la narrativa japonesa del siglo. Este autor, premiado en España, publicó este año en Tusquets Editores, colección Andanzas, "1Q84, (Libros 1 y 2)", una novela que exhibe un juego inicial significativo desde el título, ya que Q y "9" se pronuncian igual en japonés (kyü), donde se nos avisa que nada es lo que parece y que la singularidad de la vida cotidiana japonesa en esa década a través de dos personajes complementarios, Aomame y Tengo, puede ser y de hecho es manipulada y cambiada por unas instancias misteriosas con gran poder, el Little People. Las alteraciones de la cotidianidad van salpicando las intrigantes y sugestivas páginas de esta novela, un extraño híbrido entre realismo y ciencia ficción, tan hipnótica como las realidades paralelas que sugiere. La novela fue publicada en japonés en 2009. Ahora acaba de salir la última parte de esta novela (libro 3), de la que ya hablaremos otro dia.

 Murakami es un autor que crea una suerte de adicción. Son muchos los lectores fieles a este sujeto amable y enigmático que entró en la literatura ya siendo un hombre maduro (regentó una tienda de discos y un bar de jazz) y que va haciendo escuela sin dejar de mantener una orgullosa individualidad y una modestia ejemplar.A pesar de ello Murakami crea una fuerte controversia en torno a su figura. No sólo en Japón (donde es minusvalorado por su éxito en occidente y considerado un escritor pop) sino en Europa y Estados Unidos donde muchos le consideran un clásico de nuestros días y otros, igualmente numerosos, un artesano de libros para adolescentes. 

A mi entender Murakami tiene la solidez y la inventiva original de un gran escritor. En esta novela, que transcurre en 1984, sus dos personajes principales, Tengo, un matemático que da clases en una academia y escribe novelas sin publicar y Aomane, una instructora de artes marciales y masajista genial que es en realidad una asesina a sueldo de hombres malvados, van turnándose en una acción compleja con numerosos saltos al pasado de cada uno de ellos. En un momento dado los dos, cada uno por su lado, (no se han vuelto a ver desde la infacia pero atesoran un romántico amor indeleble) entran, o les hacen entrar, en un mundo opcional, 1Q84, en el que habran de enfrentarse --cada uno con sus caracteristicas personales y profesionales-- al misterioso Little People, uno como "negro" de una escritora juvenil que ha revelado al mundo la existencia de la Little People y la otra como asesina.

Komatsu, el editor de Tengo y Fukaeri, la chica peculiar que ha escrito el libro "La crisálida del aire" objeto de la alarma y los ataques de los poderosos "Litle People", son dos creaciones magníficas inmersas en una acción intensa y desconcertante, en la que el pasado de los personajes principales va creando, como las piezas de un puzzle, con sus acciones presentes, el entramado literario de una enorme fuerza de enganche. Desde la primera página el efecto hipnotizante está garantizado. El propio absurdo del argumento, que juega con la lógica empleando una lógica superior, es como un sugestivo motivo musical que te lleva en volandas a devorar página tras página. Uno percibe el sustrato filosófico que alienta en toda la novela, la dualidad fundamental de la creación y la destrucción, las dos caras del dios japonés que simboliza la vida, un ciclo permanente que oscila entre los dos opuestos, como los personajes de la trama.

No se dejen engañar por la propuesta literaria, no se trata de un best seller de buenos y malos, de violencia de género (mal nombre para los maltratos de pareja) ni siquiera de un amor que roza las estrellas, ni un romanticismo trufado de muerte y sexo, ni un alegato contra el supermercado espiritual y las organizaciones fanáticas (como "Vanguardia", la misteriosa institución que parece el nexo de unión con la Little People), no se dejen engañar porque es todo eso y además uno de los ejercicios literarios más evocador de la naturaleza de la realidad que vivimos, pero estamos lejos de conocer (un guiño al mito platónico de la Caverna, referencia lógica si sabemos que Murakami estudio literatura y filosofía clásicas).

No les puedo, no debo, mostrarles más claves de lectura. Deben entrar en el libro sin paracaidas, sin demasiadas pistas, bajando la guardia y dejándose embrujar por este escritor magnífico que ha llevado al extremo el simbolismo crítico de Orwell, adecuándolo a nuestra época.

Leer este libro, actividad a la que he dedicado una semana (más de 700 páginas) me ha provocado la sensación que tenía cuando niño y miraba por uno de esos tubos rellenos de cristales de colores y con un extremo cubierto por un cristal traslúcido en el que un movimiento de muñeca cuando mirabas a través de él producía, en un par de espejos colocados en su interior, cambios geométricos fascinantes, de un colorido y una perfección intrigantes. Eso ocurre con esta novela donde el avance de la lectura va provocando cambios que rompen la estructura una y otra vez. Una estructura donde los temas capitales, la violencia, el amor, la religión, el fanatismo, el terrorismo (referencias a los ataques de una secta religiosa con gas sarin en el metro de Tokio)  o la política, se entretejen con el misterio de la realidad --o "realidades" --y de la vida.

A pesar de su complejidad, no hay confusión en la narración. Tanto las ideas, como los conceptos, como la acción, van hilvanando con el inconfundible estilo realista de Murakami un tejido coherente, incluso cuando éste está siendo cambiado con más persistencia que la tela de Penélope. Entre reiteraciones casi didácticas de algunos elementos de la trama, el cuidadoso detalle narrativo de decirnos cómo visten los personajes, qué comen o beben, la persistencia simbólica de la "Sinfonietta" de Leos Janacek, las dos Lunas que aparecen cuando los personajes entran en esa suerte de mundo coaxial que es 1Q84, el poder controlador de Little People, cuya naturaleza desconocemos, y en el fondo de todo, el poder de la palabra, de la creación literaria, que recuerda el poder del protagonista de "Corazón de tinta", forman el entramado de esta novela, donde las referencias, nada ornamentales, a Chejov y a la isla de Sajalin dan una dimensión profunda y enigmática a la lectura. Y, por supuesto, nos impele a reflexionar sobre la responsabilidad del escritor, del creador literario

Y como en las grandes historias, esta no acaba con este libro. Ya sabemos que Murakami le da UN FINAL POSIBLE, entre todos los que son probables, en el tercer libro de su "1Q84". Pero eso lo dejamos para otro día..

 

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24 noviembre 2011 4 24 /11 /noviembre /2011 09:57

Vaya por delante que no me considero un entendido en ópera, a pesar de mi  amor  por ese arte escénico y musical (más lo segundo que lo primero). En segundo lugar, la obra que nos ocupa tiene indudables méritos y atractivos, no en vano está siendo un éxito. Dicho esto, permítanme entrar en la cuestión. No fue fácil aguantar las más de dos horas que dura el evento. El asunto perpretado por György Ligeti sobre una obra de Michel de Ghelderode se basa en la música "microtonal", unas distorsiones tonales que ponen a prueba las voces de los cantantes y mi paciencia como operainómano tradicional. Fui al Liceo atraido por la originalidad y fuerza del montaje escénico, que se basa en una inmensa mujer  desnuda que ocupa todo el escenario, de rostro articulado, ojos y boca abiertas (como muñeca de sex shop) cuyo trasero y piernas o cabeza se abren en diversos momentos de la función, permitiendo a los cantantes entrar o salir. Los gritos, susurros, estertores, cantilenas y coros mas o menos vociferados forman la banda sonora de esta ópera "sui géneris" que, para mi estupefacción, ha sido elogiada y aplaudida por muchos. El casi siempre ponderado y bastante fiable crítico Roger Alier, la recomendaba sólo por que "no es fácil presenciar una cosa (sic) semejante en un escenario con recursos como el del Liceo", aunque "es una música...que tiene muy pocos momentos atractivos". Por favor, señores, no me considero un especialista como Alier, sólo un simple aficionado --y más al teatro que a la ópera, de la que sólo amo su música y sus voces-- pero lo que nos ofreció anoche el Liceo sólo fue un "happening" con vocación irreverente y grotesca que no justificaba más que el desafío cultural que supone representarlo. Calificarlo de "hito histórico", admirado Alier, me parece un exceso incomprensible. Sin embargo el critico de "El Pais" se deshizo en elogios y admiraciones. Me siento más cerca del Alier de "La Vanguardia".

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23 noviembre 2011 3 23 /11 /noviembre /2011 10:34

Philip Roth entrevista al escritor checo Ivan Klima (en 1990). Como judío tuvo que padecer la estancia en un campo de concentración (Terezin). Después de la guerra, tras la entrada de los rusos en su país en 1968, ya convertido en novelista, ensayista y autor teatral, las autoridades del régimen titere checo prohibieron todas sus obras y le dicieron padecer a él y a su familia una vida cotidiana llena de dificultades, arrestos y carencias. El régimen político convirtió la lengua checa en un lenguaje pobre y simplemente operacional. Lo redujeron a lo que Klima llama "jerkish". Con ese vocablo, procedente del inglés americano, se designaba en los ochenta al lenguaje corto y elemental que se utilizaba como forma de comunicación en los experimentos psicológicos realizados con chimpancés. Tiene 225 palabras. El escritor asegura que en aquellos tiempos se intentó convertir la lengua checa en un "jerkish". Y hace una funesta observación: las dictaduras tratan de convertir las lenguas de los países sometidos en "jerkish".

Reflexiono sobre ello y me pregunto si el "jerkish" no es sino una modalidad del efecto que la tele-basura, el lenguaje joven de los sms y los ordenadores, el desprecio a la cultura literaria, el empobrecimiento del lenguaje coloquial, las carencias educativas, están provocando en nuestro idioma, en casi todos los idiomas. Si no será una aberrante patología sociocultural que nos afectará tarde o temprano a todo occidente.

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23 noviembre 2011 3 23 /11 /noviembre /2011 10:28

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El ilustrador Juan Cuellar y el poeta Luis Felipe Navarro, al alirón, pluma y pincel, han creado conjuntamente un libro curioso, evocador, magníficamente editado. Escritor y pintor narran aupados en sus dos artes las historias gráfica y literaria de diez huidas, el primero a pie forzado de la ilustración."Huimos espantados, o simplemente para sobrevivir", dice el prólogo y añade "En ciertas ocasiones huiriamos pero, cobardes e incapaces, seguimos rumiando  nuestra amargura".

Y asi, un barco de vela flotando sobre el páramo evoca en el narrador la azarosa vida plena de huidas de "Caravaggio" el pintor de bellísima factura que vivió hasta su misteriosa muerte en el filo de la navaja. Una terraza de bar habitada de seres cotidianos con el rostro en blanco, epítome del anonimato o de la falta de singularidad, nos acerca a la vida de un joven sin futuro posible, entre el botellón y la inanidad.

Una viñeta de comic abre una trágica ventana sobre la vida de una joven pintora y un automóvil con una pareja nos habla de un amor prohibido en el que la infidelidad sólo es otra forma de rutina. El interior de un 600 vacío recorre la geografía íntima de uno de tantos que abandonó el pueblo y el campo para buscar futuro en la ciudad. La rota linea del perfil de una ciudad destruida le da alas  a Navarro para escribir una historia de amor encuadrada en la guerra civil, quizá la más larga narración del libro, y muestra una huida al infinito, un final trágico para una vivencia común en aquellos tiempos de sangre y horror donde el amor es una flor efímera.

Un grabado donde una Isseta, aquél cochecito de tiempos de penuria, con tres ruedas y un espacio exiguo, resulta habitado literariamente por una pareja de alemanes separados por el Muro. Una pareja en un "Buick" en la noche nos habla de una huida y un encuentro fortuito que se revela esencial. Aquí también hay esperanza y ésta tiene su nido en un amor. Un elefante de juguete suministra el siguiente tema: Aníbal, la lucha, la libertad y la muerte.

Nos acercamos al final de estas huidas literarias y gráficas: una reunión de ejecutivos sirve al autor para evocar las famosas "Parker", pluma de otros tiempos, con la que firmará su despido o tal vez la oportunidad de comenzar una nueva vida.

Los rostros vacíos de las personas en algunas de las ilustraciones, arropados por la cálida narración de esas pequeñas historias, dejan un curioso regusto a vida, a cotidianidad, a sentimientos, a renuncias y a hallazgos. Es un libro que debe leerse poco a poco, a píldoras. Como un tratamiento contra la tentación del agobio. 

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