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16 noviembre 2011 3 16 /11 /noviembre /2011 08:15

Conan Doyle se vio obligado a resucitar a Sherlock Holmes a pesar de que tenía verdaderos celos de su criatura y pensaba que el detective hacía sombra al resto de su creación literaria (cosa que ha sido cierta). Cuando escribe "El perro de los Baskerville" resuelve la cosa con un gambito literario que no convence demasiado. El profesor universitario de literatura y psicoanalista  francés Pierre Bayard publica en Anagrama "El caso del perro de los Baskerville" donde sostiene que Sherlock impulsado por la antipatía de su creador comete errores en la resolución del asunto, equivocándose de culpable. En su libro de "crítica policial" (género que ama este original autor) Bayard analiza el recorrido del detective y desmenuza sus pruebas y conclusiones. Se reconstruyen los hechos y se ponen de manifiesto los errores cometidos (que Bayard en un giro genial atribuye a la presión que sufría Conan Doyle respecto a su criatura literaria: hasta la madre del escritor se enojó con su hijo por atreverse a eliminar al detective). En este divertido ensayo, el verdadero asesino queda desenmascarado. Y el libro no es sólo un recreacion literaria del mito, sino un agudo análisis de las implicaciones de la realidad en la ficción y al revés. Este libro no es el primero que Pierre Bayard escribe sobre personajes de ficción: "Qui a tué a Roger Ackroyd?" (sobre el personaje de una novela de Agatha Christie) y "Enquéte sur Hamlet: le dialogue des sourds", aún no traducidos y publicados en España, me ponen los dientes largos.

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15 noviembre 2011 2 15 /11 /noviembre /2011 16:28

En estos dias de lluvia pertinaz, cielos grises y oscuros e imposibilidad de salir a montañear, sentarse a leer a Murakami en un ambiente distendido,cálido y acogedor es un lujo y un placer. Setecientas y pico páginas que van pasando con avidez de lector (aunque como siempre voy tomando notas o subrayando pasajes, frases e imágenes literarias que me parecen interesantes o que por el contrario las estimo inadecuadas)  en un desarrollo del ritmo literario que está bien medido por el autor y que logra ese "efecto Murakami" que tantos han censurado y a mí me encanta. Este japonés es un antidivo, un enigmático y a la vez sencillo novelista que tiene una forma de narrar engañosamente fácil y que te agarra amistosamente del hombro y te va sacudiendo con una sonrisa, sembrando el estilo de observaciones, hechos y actitudes de sus personajes con los que te asombra y te seduce..

Hoy no he escrito ni una sola linea de mi novela. Mi disciplina de escritor se resiente. He tenido que dedicar parte del dia a hacer gestiones de lo más rutinarias y de temas que no me interesan demasiado, pero que tienen una inevitable importancia. El resultado es una sensación de desaliento y esa  grisura del día congelándome el corazón. Por tanto, sólo he escrito en mi blog sobre un libro y un par de películas. Después me he dejado caer en el sofá con Murakami entre mis manos. Me he reconciliado con el día. Ya es algo.

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15 noviembre 2011 2 15 /11 /noviembre /2011 10:22

las-aventuras-de-tintin-cartel-1.jpg

 

  Como buen tintinólogo (aún conservo varios albumes de las primeras ediciones que sacó a  la luz Juventud en los sesenta) y por supuesto en ediciones posteriores la completa colección, no sólo de los albumes de las aventuras del curioso periodista del flequillo, (al que por cierto jamás se le ve escribir ni una sola linea) sino de los albumes relacionados con él que fueron surgiendo al calor de un personaje mítico y celosamente administrado por la casa-madre, los herederos de Hergé, cuyo olfato para el negocio es proverbialmente conocido por todo el mundo.Por tanto cuando hace unos años se empezó a hablar de que Steven Spielberg habia adquirirdo los derechos para llevarlos al cine, mis pelos -sin flequillo- de crítico doblado en incondicional hergeliano se pusieron de punta.

¿Volveríamos a padecer una copia-intento como los perpetrados por los franceses en los setenta con actores reales, las versiones de dibujos animados o el más digno producto de la televisión canadiense en los 90?  ¿Podría el "Mago" de Hollywood hacer algo que nos desesperara o aburriera al club mundial de los amantes de  los personajes de Hergé? ¿Sería capaz S.S. de llevar a la pantalla plana (o en ese ridiculo invento del 3D) el inexplicable milagro carismático del plano y sencillo -aunque también detallista y complejo--dibujo del genio belga? ¿Alcanzaría a reflejar la estética limpia, luminosa y simple en la que se desarrollan las aventuras de un protagonista esquemático sin ninguna profundidad psicológica y su compañero de fatigas, un alcohólico patoso y decididamente lejos de cualquier tipo de corrección politica, social y humana, pero curiosamente entrañable (el capitán Haddock), unos payasos vestidos de policía con sombrero hongo y bastón, incapaces de hilvanar un discurso coherente y una legión de secundarios de una simpleza casi insultante, sólo superados en inteligencia por Milú, el perrito del "periodista"?

Cómo esos personajes han logrado catapultarse al reino superior de los mitos es para mí un misterio tan enigmático como que los enormes tochos de Harry Potter sean la biblia juvenil en un sector de la población que desdeña los libros o lo consideran sólo obligación escolar.

Pues bien, Spielberg, de la mano de otro mago menor, Peter Jackson, alias "Señor de los Anillos", utilizando la técnica de "mocion picture" (bastante depurada ya por Robert Zemeckis (me encantó su versión de "Cuento de Navidad" de Dickens) y el mismo Jackson (con el personaje de Gollum en "El Señor de los anillos") han logrado una versión muy aceptable de Tintín.

Aceptable aunque no definitivamente lograda. Aun estamos muy lejos de haber humanizado a los personajes (quizá no tendríamos que aspirar a ello, tal vez sea importante que mantengamos la cualidad de proyección imperfecta de un universo en el que lo que nos atrae y fascina es el detalle ambiental y su limpio colorido).

En esta pelicula, desde los magnificos titulos de crédito, un excelente guiño a los esquemas del mundo de Tintín y a todos los aficionados al cine clásico --desde "Vértigo" de Hitchcock al "Charada" de Donen--, la música adecuadísima de ese portento de las bandas sonoras cinematográficas llamado John Williams, hasta detalles como el del mismísimo Hergé dibujando a su criatura y mostrando la cara del Tintín del dibujo más que al personaje que teoricamente le sirve de modelo y sobre todo la genial inserción de novedades en la trama (se trata de una irregular síntesis de tres albumes: "El cangrejo de las pinzas de oro", "El secreto del unicornio" y "El tesoro de Rackham el Rojo"), se nos somete a una vibrante, infatigable, cascada de secuencias sujetas a un ritmo endiablado que mantiene al espectador en vilo sobre su asiento.

El actor Jamie Bell da vida como modelo virtual a Tintín, Andy Serkis al borrachín Haddock y Daniel  Craig, lejos de Bond, al descendiente del pirata Rackham. Todo configura una memorable experiencia, seguramente no óptima pero sí digna y, al fin, aceptable para la exigencia canónica de los tintinólogos de todo el mundo.

Para cualquier aficionado al cine de Spielberg, hay semejanzas entre el tratamiento fílmico de Indiana Jones, por ejemplo, y muchas secuencias de Tintín. La acción toma el sesgo trepidante, simpático y arrebatador de las peliculas de aventuras del genial director norteamericano. El rey Midas del cine ha vuelto a tocar el cielo con las manos. "Tintín" no es una película totalmente conseguida, como dijimos, pero un producto que crea una cierta adicción. Spielberg ha logrado dar a sus imágenes algo de la magia que destilan los albumes, con esos colores planos y ese afán por mostrar detalles y por referenciarlos todos con el universo tintinesco. Lo cual quiere decir que si matiene la galanura de su versión, esperaremos con impaciencia las inevitables pero bien venidas secuelas.

Como suele suceder en el maridaje entre buen cine y buen producto literario --o del mundo del cómic como en este caso-- se trata de dos niveles distintos de excelencia. Ninguno de ellos prevalece sobre el otro, pero ambos se necesitan y complementan. Conviene no menospreciar esta pelicula de Spielberg-Jackson. No sólo por la singular solidez financiera y artistica de lo que se nos ofrece (la película está rompiendo recaudaciones en todo el mundo) sino porque en sí mismo este filme ha adquirido un tipo de excelencia que le hace digno de respeto, aunque sea en relación con el mundo amplio pero limitado de los millones de  personas que aman el universo de personajes de Tintín.

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14 noviembre 2011 1 14 /11 /noviembre /2011 08:31
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Nanni Moretti, que acertó con "Caro diario" o "La habitación del hijo", aquí malogra una buena idea inicial con un desarrollo de lo más descafeinado y baladí. Con lo que más que "Habemus Papam" deberíamos recordar esta película con un título más adecuado "Habemus bodrium".
El argumento parte de una idea muy interesante: ¿qué ocurriría si el obispo nombrado en Cónclave como nuevo Papa tuviera un ataque de pánico antes de ser presentado a los fieles en la Plaza de San Pedro? ¿Y si siguiendo la lógica de la situación, el Santo Padre in pectore decidiera tras una accidentada reflexión que no se sentía preparado para ese cargo y se planteara renunciar a él? ¿Es que el nombramiento, "avalado por Dios", ha sido erróneo? ¿Puede la Iglesia aceptar las dudas de un obispo que aceptó su designación y así fue anunciado a la Cristiandad con la fumata blanca?
Para contestar a eas preguntas y otras que cualquier persona, creyente o no, se plantearía, el director italiano Nanni Moretti,--metido él mismo en el papel de un psicoanalista que es llamado para tratar al Papa y que debe hacerlo en  medio de los obispos que se mantienen aislados y reunidos en Conclave hasta que se recuelva el problema-- navega con las velas desplegadas entre el despropósito, la vaguedad, el recurso fácil y alguna que otra secuencia interesante casi siempre debida a ese grandísimo actor que es Michel Piccoli, tan alejado, ay, de la presencia física seductora que tuvo hace años, demasiados años.
Aún así el buen hacer de Moretti nos ofrece alguna secuencia donde se percibe el aliento critico del director, casi siempre apuntando a los  medios de comunicación: las ruedas de prensa tienen la fuerza, la ironía y el sarcasmo del que suele hacer gala. Pedro en cuanto la cámara pasa a las estancias vaticanas, la cosa cambia y la trama toma una deriva de comedia de colegio secundario. Quizá Moretti trata de emular la sagacidad demoledora de Fellini en sus retratos de la curia romana, pero no, los obispos paracen un grupo bienentencionado de párvulos investidos de púrpura.
La fuerza, incertidumbre y garra del supuesto inicial, la humanización del personaje ajeno al boato y carisma de su cargo ("he perdido el carisma, no se que es eso", dice Piccoli-Papa con una mirada desolada y humilde) es lo más conseguido de la pelicula. Pero todo este metraje no puede vivir solo con esos réditos y Moretti va naufragando en opciones insensatas que buscan la complicidad del espectador y solo consiguen su aburrimiento: por ejemplo, los partidos de voleibol que organiza entre los obispos, la escapada del Papa por una Roma casi ausente, el comportamiento de los dos psicoanalistas con los que habla el Papa  (el propio Moretti y su mujer en la ficción, también psicoanalista) y la previsibilidad de un final que, no obstante, abre fuertes interrogantes, cerrando el circulo de los dos mejores momentos del filme, el principio, cuando el papa se niega a serlo y el final. Pero en  medio, nada o poca cosa y toda anecdótica. La profundidad se ha perdido en el camino. 
Cuando la película acaba, nos preguntamos: ¿qué ocurre ahora?  Todo sigue planteado. Es un desastre teológico, religioso e institucional. Moretti no da para más y nos quedamos con una propuesta brillante y un contenido vulgar y anodino con ciertos aspectos ridículos que deben haber sulfurado a los señores prupurados del Vaticano. Y con razón.
Todo queda por resolver. Preguntas de lujo para respuestas de comedia vaticana o sainete. Como psicoanalista, se me pusieron los pelos del punta al imaginar lo que podría haber dado de sí un encuentro de altura y calidad entre un actor que hiciera de auténtico psicoanalista y el representante máximo de una de las "majors" de las religiones instituidas, la católica. Fellini, De Sica, Buñuel, incluso Lars von Trier, hubieran babeado por dirigir una secuencia tal. Y sólo hablo del aspecto humor. Imagínense con un tratamiento serio. Nanni Moretti decepciona cruelmente. Película abortada.
 

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13 noviembre 2011 7 13 /11 /noviembre /2011 18:24

Luis Rojas Marcos es un psiquiatra montado en el dólar, en el sentido literal de la expresión (trabaja como profesor en la Universidad de Nueva York) dedicado además a producir más y más títulos de divulgación médica, psicológica y psiquiátrica. El último de ellos es "Eres tu memoria" con el subtítulo socrático "Conócete a tí mismo" (Espasa editorial) que, sin rebasar los límites y estilo de una obra dedicada al gran público aficionado a temas médicos y de salud, cumple el servicio de alertar a los lectores sobre la importancia capital de la memoria, facultad donde reside nada más  y nada menos que nuestra identidad como seres humanos. Por lo tanto la pérdida de memoria (no debida a un accidente o a un tumor sino por razón de la edad) es algo que debe alertarnos y entrar en una dinámica de mejora, que es posible, a través de ejercicios, medicamentos especiales y actitudes vitales. Para mí tienen especial relevancia los capítulos dedicados a la enfermedad de Alzheimer que cada año se diagnostica a una de cada cien personas de entre 60 y 70 años en todo el mundo. En España la proporción total de enfermos es del 30 % en los mayores de 80 años. La enfermedad que tiene una fase primera silenciosa en la que los niveles de material amiolideo -que destruye las neuronas--comienza a subir y hacer su  maléfica labor sin apenas cursar síntomas, es visible en el deterioro leve de funciones ejecutivas, de la memoria, el lenguaje, la atención y la orientación. Cuando el enfermo y sus familiares se percatan, comienza la carrera --sin posibilidad de curación, por el momento-- para tratar de retrasar el avance. En una tercera fase, la mente del enfermo practicamente se desintegra, sus capacidades intelectivas desaparecen y con ella la propia conciencia de identidad.

El protagonista de mi novela en curso padece la enfermedad y logro para él, en la ficción, que la sociedad reconozca el drama de estos enfermos y les permitan, mientras aún pueden, declarar su voluntad para que --cuando las circunstancias de su enfermedad destruyan su existencia consciente, con las debidas cautelas legales y médicas--  puedan acceder a un final honroso y digno, librándole a él y a sus familiares de un "calvario insufrible y ruinoso", como escribe Rojas Marcos. Desgraciadamente, por el momento, sólo existe tal sociedad en mi ficción. Esperemos que no tarde mucho en diseñarse un protocolo sanitario-legal para que sea una realidad.

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12 noviembre 2011 6 12 /11 /noviembre /2011 10:56

Se trata de uno de los egregios autores de la cultura profundamente catalana, como es lógico muy cercano y querido por el público de esa lengua y responsable de obras como "Berenaveu a les fosques" "Quan la radio parlava de Franco", "Ai caray", "Desig", "Morir", "Olors", "L'habitacio del nen" y "Salamandra", además de firmar algunas de las más populares telenovelas emitidas por la televisión autonómica, como "Poblenou", "Nissaga de poder", "El cor de la ciutat", "Ventdelpla" o la imperecedera "Amar en tiempos revueltos".

Nació en Barcelona en el 40 y con solo 23 años recibió el Premio Josep Maria de Sagarra por "Una vella, coneguda olor" que llevaría a los escenarios en 1964.  Cuarenta y siete años después, Sergi Belbel la repone en el TNC y uno se pregunta por qué.

¿Nostalgia del pasado? ¿Posibilidad de aleccionar a las nuevas generaciones con la presencia de la ya vetusta tiranía franquista? ¿Capricho del realizador que vivó su infancia en esa sociedad? El propio Benet ha censurado ligeramente la decisión de Belbel y el TNC. ¿Quizá es un montaje económico para estos tiempos de crisis y rebajas?

No conocí la obra en su época propia y no me ha conmovido lo más mínimo asistir a su renacimiento. Tópicos, sensación de dejà vu, provincianismo, crítica fácil y momentos innecesarios servidos por un plantel de actores y actrices que no pueden evadirse de un cierto tono rutinario. El público, mayoría de señoras y resignados maridos, disfrutaba recordando sintonías de radio o programas de aquellos tiempos, en un drama alicorto que no nos convence. Ha llovido mucho señor Belbel para que veamos la, sin duda entonces, pertinencia  escénica que arrojó la obra hace casi cincuenta años. No es un clásico teatral, señor Belbel, es una obra menor que emprende un vuelo alicorto a estas distancia del siglo XXI. Un mal favor a Benet i Jornet.

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12 noviembre 2011 6 12 /11 /noviembre /2011 07:42

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Divertida pelicula de ciencia ficción, subgénero superhéroes, basada como no podia ser menos en un comic, realizada con sentido del humor y una seriedad argumental que dice mucho en favor de su director, aunque con fallos evidentes: un protagonista soseras, relaciones amorosas poco creibles y sin garra, ritmo chirriante en ocasiones pero en suma una película entretenida y bastante digna.

Claro que si pensamos que este producto del marketing comic-cine ha costado 200 millones de dólares uno se pregunta si no habia mejores argumentos en los que invertirlos. Para los aficionados a los comics y concretamente a este bienintencionado héroe de tan poco atractivo nombre (suena mejor en inglés, Green Lantern), la cosa no está tan mal, aunque los críticos se han cebado en esta obra dirigida por Martin Campbell. A mi entender de forma harto injusta. Dada la compleja mitología de este héroe, con escenarios de otros mundos, y avatares  variadísimos, dar con unos guionistas que lo resuman convicentemente y con un director que lo traslade a imágenes de una forma correcta y atractiva y sobre todo clara, nada confusa, no era fácil. Campbell pasa el listón con notable alto.

No podemos pedir la fuerza shakesperiana a un comic y a unos personajes que dan lo que dan de sí, sin demasiadas complejidades de carácter y destino. Lo único que censuro es que los productores de esta pelicula estén tan atentos a no exprimir demasiado el argumento (por ejemplo dejar la historia de la cientifica negra Angela Basset, solo insinuada) y las aventuras del protagonista (sólo centradas en el malo en plan "agujero negro") para propiciar las secuelas. Para cuando llegue la secuela, (si llega, dada la modestia del exito logrado por la primera) sería bueno cambiar de actor protagonista y buscar a alguien que vibre más con la coprotagonista, la joven Carol Ferris. O cambiarlos a los dos. Toda la elaboradísima mitología de "Linterna verde" merecería otra oportunidad.

 

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11 noviembre 2011 5 11 /11 /noviembre /2011 10:25
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Jaume Cabré, barcelonés de 64 años, profesor, guionista y novelista caudaloso, dotado de unas formidables dotes de observación y un sentido épico de la vida cotidiana, salta a la palestra literaria con su última novela "Yo confieso" (editorial Destino y Proa en catalán) de ecos zolianos,  en la que acompañamos el periplo vital de un personaje que circula por el siglo oscilando entre el culto a las palabras y la peripecia histórica de un violín, instrumento ligado  a unos dramas humanos que acompañarán a Adrià, el protagonista en su extenso y melodramático existir.
Casi mil páginas de una historia que se ramifica, como las Mil y una noches en muchas historias más, oscilando entre épocas y escenarios diferentes desde la Barelona de los 40 y 50,  Roma, Girona, Paris, Cremona y los avatares históricos e ideológicos que marcaron los últimos cinco siglos en Europa.
Hay una ambición totalizadora, un afán de contarlo todo, de cubrir todos los aspectos directos o indirectos de la narración, de dejarse seducir por la vida en torrente que va desbordando las páginas en una narración sin aparente final.
Jaume Cabré tiene un estilo premioso, detallista, documentado y el lector va dejándose embrujar por la palabra, los hechos, los diálogos, las sorpresas en una narración permanente que va hilándose a sí misma, dando en ocasiones sensación de exceso, fabricando un mundo propio, cerrado y al tiempo sugestivo que exige a veces un respiro.
La historia de Europa que va afectando la vida los personajes se imbrica de tal manera en los hechos novelescos que uno tiene la sensación agobiante de estar siendo testigo privilegiado de una trayectoria histórica, repleta de crueldad y excesos en los que los personajes son meras marionetas del destino, pero donde se observa a veces con nitidez la mano y la voluntad del creador, el novelista.
Uno percibe que el deus et maquina de la narración es, nuevamente, el mero placer de contar, de narrar. No parece haber una estudiada estructura argumental tras la complejidad de la trama y a veces uno percibe la fuerte voluntad del novelista autoseducido por su placer creador, es el epítome de un escritor enamorado de su oficio, con dotes y sin freno. "Yo confieso" es puro ejercicio de la escritura, el espejo estandaliano paseando por los difíciles y duros senderos de la historia europea.
Los temas filosoficos que Cabré explicita en su larga narración son lo que conmueven y preocupan a los hombres de nuestra época, a los hombres y mujeres sujetos a un devenir histórico que el siglo ha convertido en uno de los más complejos y salvajes: desde la muerte, la crueldad de los regímenes totalitarios hasta la enorme capacidad del hombre para hacer el mal, o la ausencia o el sentido de Dios. Pero todo esto no toma la forma de un discurso frío o retórico, la fuerza de Cabré reside en su capacidad para encarnar las ideas en sus personajes, en escoger los momentos históricos, en hilvanarlos en unas secuencias coherentes que va enredando al lector en su propia complejidad de tela de araña literaria.
Esta novela es pues un acto de soberbia literaria, del autor, del tema y de la exigencia hacia el lector al que encadena por sugestión y por el propio encanto y desafío del exceso. Utiliza unos elementos permanentes en la historia que van hilando entre sí a personajes, hechos y épocas. Por ejemplo el violín storioni que es una de las constantes argmentales. Se percibe el oficio del autor en su labor de guionista, ya que ofrece con habilidad al lector esos elementos ocasionales pero importantes con los que crea la urdimbre precisa para que el lector se sienta "arropado" por una historia coherente que tiene sus propias leyes de desarrollo.
El afán enciclopédico de Cabré se refleja en la propia historia familiar de su protagonista Adrià, de su amigo Bernat, de la historia del violín, de las multiples historias personales que van decantándose en un permanente y mantenido vigor narrativo. El escritor dijo en una antrevista que habia tardado ocho años en concluir el empeño del "Yo confieso" y que habia tratado de reflejar la historia europea en su novela. Un empeño torrencial y con ambición abarcadora que parece la respuesta a un desafío personal de Cabré, el sueño de escribir "la gran novela europea", quizá a imagen y semejanza de "El hombre sin atributos" de Musil o "El cuarteto de Alejandría" de Durrell o lo que fue "En busca del tiempo perdido" de Proust para finales del XIX y principios del XX. Una ambición la de nuestro autor que se ha acercado bastante a la excelencia, aunque su propio exceso le pasa a veces factura. Recorrer cinco siglos de historia europea entre el horror, la vileza y la infamia, ajustando una teoría literaria en el cambio de puntos de vista, de escenarios y de épocas, con el mal como fuerza motora, es un empeño colosal. Y Cabré lo ha intentado y lo ha solventado con buena nota.
Personalmente me ha encantado el juego con los personajes  imaginarios Aguila Negra y el sheriff Carson, recurso tipo "aventi" del niño Adrià para ayudarse en las peripecias infantiles que se ve obligado a afrontar.
 
 
FICHA
 
"YO CONFIESO", Jaume Cabré, Editorial Destino 2011, 863 páginas, 26,90 euros. Traducida del catalán por Concha Cardenoso. 
 

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11 noviembre 2011 5 11 /11 /noviembre /2011 10:04

En febrero de 1951 salió la primera edición de "La Colmena" de Camilo José Cela, entonces un joven autor que sobrevivía en la España de la postguerra buscando sinecuras oficiales y empleos subsidiarios hasta poder vivir de la literatura, cosa que CJC  lograría y jamás dudó. Releo la edición hispano-americana que editorial Noguer sacó en mayo del 62, ilustrada con dibujos magníficos de Lorenzo Goñi. "Un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre, exactamente como la vida discurre"., dice don Camilo. Son 296 personajes imaginarios y y cincuenta reales los que bullen en esa "colmena" que fue el Madrid de 1942. Don Camilo fue etiquetado en aquellos años como un "enfant terrible" al que el régimen férreo de Franco dio algunos pescozones por su atrevimiento realista. En la edición que poseo, de 1962, CJC ya es un escritor reconsagrado, se permite la condescencia del tuteo al poder y su estilo --en la nota a la edición-- se ha vuelto culterano, lleno de retranca, cultista y con su punto de desfachatez y a veces de simple grosería  (que luego sería marca de autor en CJC).

He vuelto a CJC, un autor injustamente dejado de lado, por una de esas extrañas coincidencias que los lectores de oficio, y de escaso beneficio, solemos atesorar: el regalo de una edición de coleccionista del DVD de la pelicula "La Colmena" que dirigió Mario Camus en 1982 y la caida imprevista de su estante del ejemplar del libro, editado por Noguer, lleno de polvo, mientras hacía un trasiego de libros de una casa a otra (una de mis pesadillas recurrentes durante casi toda mi vida).

Ayer vi la película y hoy tengo el libro en mis manos, deseando volver a leerlo, cuarenta años después de haberlo leido por última vez (en 1971 a propósito de un artículo sobre CJC publicado en una entrañable revista literaria en la que colaboraba). Hablaré de ella y de CJC dentro de unos días. Palabra.

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10 noviembre 2011 4 10 /11 /noviembre /2011 11:10

cakor-mortal.jpgOtra película de serie B destinada a consumo directo del mercado de dvd, aunque esta con una calidad que la pone muy por encima de la media de esas producciones que tienen una vida efímera en las programaciones de las cadenas de televisión .

En este caso el argumento gira en torno a una realidad preocupante en el mundo actual, la escasez de agua potable y el despilfarro y manipulación comercial que una necesidad tan básica está empezando a sufrir. La carestía de ese bien preciado y esencial, el agua provocará,  según un tratadista muy serio de problemas ecológico-politicos, que las guerras del siglo XXI y el próximo --caso de que lleguemos-- serán fundamentalmente guerras sobre la posesión del agua. Escenario apocalíptico que no está tan lejos de nosotros y de nuestra cultura depredadora.

La película nos habla de ese problema a través de algo que ya conocemos, el calentamiento global, los incendios y como consecuencia la carestía mayor de agua. Se trata de una producción australiana  basada en un hecho real, la sequia de hace un par de años que llevó la alerta máxima a una megaurbe como Sidney, sitiada por varios pavorosos incendios que avanzaban hacia el nucleo urbano. Para evitar herir susceptibilidades, la cinta sitúa el asunto en 2012 en Nueva Gales del Sur, el estado más poblado de Australia. El calentamiento global está provocando una brutal subida de temperaturas en todo el planeta, pero se ceba especialmente en Australia que lleva 247 días sin lluvia. El agua potable escasea, su precio ha subido (beber un vaso de agua cuesta 400 veces más que hace cinco años) y abunda el contrabando y la manipulación política de una necesidad tan básica. A pesar de eso y como suele suceder la población sigue con sus hábitos de derrroche. Como dice un personaje de la película, la periodista Susan Saphiro, "la gente cree tener derecho sobre el agua y en este país gastamos más 250 millones de litros de agua al año en lavarnos los dientes con el grifo abierto".

A eso sumamos que se declaran varios fuegos en distintas zonas de los alrededores de Sydney que, debido al calor y el viento avanzan a mucha velocidad rodeando la ciudad por tres frentes. La escasez de agua impide a los bomberos controlar los fuegos y pronto la situación se convierte en una catástrofe sin precedentes. Una periodista investiga el porqué de la escasez de agua cuando se han tomado medidas como la creación de plantas desalinizadoras. Aunque parece que la catástrofe se debe enteramente a la climatología hay algo que no cuadra en la falta de suministro de agua para combatir los incendios. Susan pagará con su vida la escasez de agua, junto a cientos de personas y muchos voluntarios y bomberos.

La película, trepidante y bien rodada, con escenas documentales de incendios pavorosos y escasos efectos especiales, muestra la agresividad de una situación de la que somos parcialmente responsables. Dirige Tony Tilse a un plantel de actores muy correctos, como Rachael Carpani, la audaz reportera, Cameron Daddo como el jefe del servicio de extinción de incendios y Georgie Parker como médico de urgencias. Historias personales complementarias van mostrando distintos aspectos del drama humano que la tragedia general va creando, con un ritmo bien medido que mantiene al espectador pendiente de lo que va ocurriendo. Muy aceptable y sugerente. Hace pensar en lo que estamos propiciando con un estilo de vida bastante equivocado y dilapidador.

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