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9 noviembre 2011 3 09 /11 /noviembre /2011 10:43

DSC01797.JPGEste es un paseo pirenaico hermoso, sugestivo y encantador. Lo único malo es que es demasiado popular y que se ha convertido casi en un parque temático para findesemanistas, aficionados ligth, familias enteras con neveritas y comidas preparadas, aficionados al bocadillo-tour saludable y montañeros de paso. El larguísimo paseo, muy poco accidentado, fácil de cubrir con un poco de preparación física, sin que te exija retos importantes, va creando de forma natural bellos apeaderos para caminantes poco avezados y va ganando en soledad conforme se aleja más de la Ripereta, lugar habitual de descanso, a medio camino del final.

Pertenece al Parque nacional de Ordesa, creado en 1918 por el Gobierno del rey Alfonso XIII. En él se encuentan las primeras vias ferratas de nuestro país, las de Soaso, Cotatuero y Cariata, creadas por los cazadores, usadas por los contrabandistas y mantenidas por el entusiasmo de los excusionistas en la actualidad.

El Cañón de Añisclo es una excursión larga si se hace hasta su objetivo natural, que es su origen: la cascada de la Fon Blanca, una surgencia espectacular que nace de una pared de más de cien metros en la falda del collado de Añisclo y bajo la sombra imponente del Monte Perdido. Por tanto se trata de ascender por el margen del rio Bellos, por el más bravio y agreste de los cuatro valles que confluyen en el macizo del Monte Perdido.

Dejamos el coche en el aparcamiento de la Ereta de Biés y salimos de la ermita de San Urbez (a la derecha del camino, excavada en un farallón rojizo). En cinco miuntos estamos en el puente Sangón, donde comienza el cañón propiamente dicho, tras pasar primero por una amplia pista. Tras cruzar el rio, comenzamos la subida por un sendero bien marcado que discurre  entre tilos, hayas, abedules, avellanos y encinas, entre dos paredes de roquedos grises y verticales, sembrados de vegetación y humedales. Dejamos a la izquierda el sendero que lleva al poblado abandonado de Sercué (otra excusión aconsejable, mucho más corta). Hay que superar un fuerte escarpe rocoso y lo hacemos haciendo lazadas empinadas entre hayas y tejos, con el rio cada vez más hundido e inaccesible.

Es un sendero que sube en progresión constante, mas de 800 metros de desnivel hasta la Fon Blanca, destino de los menos entre los excursionistas que acuden cada temporada al Cañón. Este, por cierto estuvo a punto de desaparecer en los años 70, convertido en presa hidroeléctrica. Hubo una fuerte protesta multitudinaria y la cosa se paralizó hasta que en 1982 se constituyó Territorio natural protegido dentro del parque natural.

Al inicio pasamos entre los farallones de las Sestrales y el Mondoto, con sus pequeñas ermitas colgadas de los precipicios y se va caminando junto a  miradores y lugares singulares acompañados por el continuo canto del río. El primer descanso es en la Ripereta, confluencia del rio Bellos con el barranco de la Pardina, practicamente a mitad del recorrido, donde el cañón se ensancha y el rio forma pozas y cascadas en un entorno bellísimo de paz y silencio. Aqui es fácil ver los vuelos sosegados de buitres leonados y quebrantahuesos, pues en las fajas de la Pardina tienen sus nidos.

Hay una nueva subida y el paso mágico por un hayedo, para acercarnos de nuevo a la orila del rio y cruzarlo por un puente de madera en la confluencia con el barranco de la Capradiza. Aquí comienza una subida exigente por la pared pedregosa, hacia la senda del GR 11, el pirenaico, que lleva a Goritz y que nos acercará, a través del esanchamiento del valle de Añisclo, formando valles alpinos con bosquedales de pino negro, hasta el pie de la Fon Blanca, unos llanos formados por la confluencia del barranco del mismo nombre. La belleza de las aguas sugiendo de la pared rocosa a casi un centenar de metros de altura es considerable. Es un lugar donde se debe descansar un rato y disfrutar de las vistas y el panorama del cercano collado de Añisclo y las paredes del macizo. Por lo demás, hay que contar unas diez horas entre ir y venir, sin sumar tiempos de parada, lo cual requiere una cierta preparación física y un cuidadoso planing para contar con las horas de luz y la meteorología. Preferiblemente hacer esta excursión en primavera, verano u otoño. En épocas de deshielo es de una belleza que te deja boquiabierto.

 

 

NO SE PIERDA

Una estancia tranquila en la villa de Ainsa, lugar aconsejable para preparar la excursión, con hoteles y restaurante con buena relación calidad-precio en general. Hay albergues en Escuain y Nerín y camping en Ainsa. La villa es un conjunto arquitectónico magnífico, delarado de valor historico-artistico. La Plaza Mayor es una de las mayores y mejor conservadas de nuestro país. Todo el pueblo, sobre un promontorio que domina los rios Ara y Cinca, es el paso obligado para ir a Broto y Bielsa. Fue un centro de disputa bélica entre moros y cristianos y resulta embriagador transitar por el caso antiguo y ver el majestuoso telón de fondo de Las Tres Sorores acompañándonos en el paseo.

 

CARTOGRAFIA

 

La Editorial Piolet tiene ua carta-guía en escala 1:25.000 y Alpina otra de 1:40.000. Prames ha editado otra de 1:25.000 con cuadricula de navegación para GPS y recomiendo encarecidamente la Guía de Alpina escrita por Marta Montmany sobre el "Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido". Todos ellos hallables en librerias especializadas y para los de aquí, en Valderrobres, chez Octavi Serret.

 

LUGAR MÁGICO

Vale la pena dedicar algunos minutos a la ermita de San Urbez, al inicio del recorrido del Cañón, junto al puente del mismo nomre. San Urbez fue un eremita, un santo milagrero del siglo VIII, con justificada fama en Aragón, una figura casi mitica que unía el cristianismo con las creencias naturales y el amor a las fuerzas de la Naturaleza. Se dice que lograba conjurar las lluvias y las tormentas. El primer puente de Añisclo se debe al cayado del santo que definió el lugar donde había de tenderse. El santo llegó a la zona proviniente de Francia de donde huía perseguido por motivos religiosos.En la gruta donde se refugió -la actual ermita--  habia cuatro cavidades de escasa altura, unidas por un paso amurallado exterior, con una escalera de acceso.

 

 

 

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9 noviembre 2011 3 09 /11 /noviembre /2011 08:32

Hace muchos años vi a Richard Burton y Elizabeth Taylor despellejarse vivos el uno al otro en la película de Mike Nichols "¿Quién teme a Virginia Woolf?". Ayer en el Romea volví a ver a Martha y George, los protagonistas, dirigidos por Daniel Veronese, en los cuerpos y las voces de Emma Vilarasau y Pere Arquillué. La obra de Edward Albee (traducida al catalán por el gran Josep Maria Pou) no ha perdido ni un ápice de su dureza original que le valió que el jurado del Pullitzer descabalgara del premio al autor, pese al éxito de su obra.

La pareja de alcohólicos, en los que el odio y el amor están tan mezclados que ni ellos mismos saben salir del círculo vicioso de la violencia, la grosería más atroz, la mezquindad y la humillación. Mientras escribía en este blog sobre la obra, rememoraba la historia de algunas parejas que he conocido que mantenían cierto paralelismo con los personajes descritos por Albee. En todas las parejas que recordaba, la crueldad era menos explícita que en la obra, como es lógico, ya que el autor teatral lleva casi al paroxismo las situaciones, pues debe  condensar en apenas dos horas la fuerza dramática de lo que nos muestra. Pero había un punto en el que la realidad superaba a la ficción de una forma muy sutil pero al mismo tiempo más escalofriante. Los protagonistas reales de esos dramas a los que uno se ve obligado a asistir por la fuerza de las circunstancias tienen un evidente deseo de disimular y "no dar el espectáculo" (generalmente acaban dándolo). En los minutos iniciales se producen una serie de pequeños hechos fortuitos que marcan la determinada acción que están viviendo y de la que eres testigo indeseado. De pronto salta una chispa. Suele ser por una bagatela, una tontería a la que nadie daría importancia, algo que podría ser un simple malentendido o un acto fallido sin relevancia alguna. De pronto se produce el fenómeno, inesperado, de una intensidad brutal aunque en sordina, como si fuese algo, un gesto, una mirada, una palabra, un acento, que parece desentonar, es como un error, algo que no corresponde al momento. El espectador inocente, sueles ser amigo, conocido, vecino de alguno o de los dos protagonistas, incluso empieza a sonreir como si fuese testigo de una broma, de una equivocación sin malicia. En ese momento capta que algo no va bien, que se ha producido una disonancia, como algo que no está en el guión predecible de una reunión. Mira los ojos de uno de los dos y como lo que ve le asusta o le inquieta, mira al otro y ve exactamente lo mismo: un odio total sin sombra alguna de amor ni de humor. Ve la total ferocidad del rechazo. Incluso uno de los dos puede sonreir, pero no es un gesto distendido, de paz, sino un rictus burlón, cruel y despiadado. En ese momento percibe la monstruosidad de las emociones que están a punto de desbordarse. Sólo el débil control de la presencia del testigo parece contener la furia del tornado que se avecina. No hay motivo visible, objetivo, para esa brutal borrasca que amenaza. La frase, el monosílabo, la mirada o el gesto "culpable" no justifican la reacción mutua, el ansia de exterminio. Y el pobre testigo comprende, tarde, que la bagatela ocurrida sólo ha sido la gota que ha desbordado el vaso lleno hasta el borde de hiel, odio y amargura.

Pues bien, algo parecido vimos ayer en el Romea. Desdichadamente nada extraordinario en ciertas relaciones de pareja. Lo genial es resumirlo en una función de poco menos de dos horas.

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8 noviembre 2011 2 08 /11 /noviembre /2011 07:55

El tema del Alzheimer me ha interesado intermitentemente desde mis tiempos de estudiante de psicología. No sólo por sus implicaciones clínicas, por la dificultad de una terapia eficaz, por el hecho de que en esencia es una enfermedad que va dirigida como un obús contra el fundamento de la especialidad psicológica que más me interesó desde el principio: el psicoanáisis. Principalmente porque también es un desafío ontológico al fundamento del ser humano: la raíz de su propia identidad. El "¿quién soy yo?" , la pregunta que inicia el conocimiento filosfófico deja de tener sentido para los que sufren esa enfermedad degenerativa y particularmente más cruel para los que acompañan y aman al enfermo que para la propia persona demenciada que acaba viviendo, ¿o no?, en un especie de nirvana sin límites precisos. El drama, incluso la tragedia de esas mentes, de esas personas y de las que están con ellos, es el tema de la novela que escribo. El libro del psiquiatra Luis Rojas Marcos, "Eres tu memoria", que edita Espasa,  me venía como anillo al dedo. Pero ha sido mayor mi expectativa que la realidad informativa que me ha proporcionado el libro de Rojas. Es un libro de divulgación, con no demasiadas novedades. Me he quedado con ganas de algo más profundo, que me aportara datos y enfoques más nuevos, aportaciones científicas de interés. Quizá tendría que investigar, hacer un trabajo de campo, entrevistar a cuidadores y familiares, hablar y conocer a algunos enfermos. Quizá en esto como en tantas otras situaciones semejantes los libros no lo son todo.

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7 noviembre 2011 1 07 /11 /noviembre /2011 15:50

Comenzaba de nuevo a llover cuando salia del recinto amurallado de Poblet. El padre hospedero, Fray Paco, viene a abrirme la puerta metálica que comunica los jardines interiores con la gran explanada exterior del monasterio, donde a los huéspedes nos permiten dejar el coche. Un hermoso parking al aire libre bajo los inmensos tilos y cipreses que montan guardia junto a las  murallas almenadas.

Me despido con un abrazo del vivaz anciano y éste aprovecha para regañarme con mucha cautela y picardía porque "no se te ve" en los actos religiosos de la comunidad. "¿Es que no eres cristiano? ¿Estás bautizado?", me pregunta en rápida sucesión, mirándome con fingida severidad por encima de las gafas.  No se cómo decirle al buen monje que ya llevo mucho tiempo al margen de la Iglesia católica, alejado aunque no hostil, pero muy comprometido con cierta visión espiritual de la vida. "Soy budista", le digo sencillamente, tomando la parte por el todo. Su rostro se ilumina. "Acabáramos. Tengo muchos amigos que son monjes budistas". Le digo que no soy monje, solo practicante. Y de una rama del budismo, el zen. La lluvia va arreciando.Fray Paco sigue desgranando el rosario de sus amistades budistas y concluye: "en realidad, es otro camino hacia lo mismo, hacia Dios". Guardo silencio. ¿Entendería si le dijera que el budismo no cree en Dios? Al menos en SU Dios. Si los monjes de la túnica azafrán no se lo han explicado, ¿quién soy yo para hacerlo? En ese momento la lluvia es francamente copiosa. Fray Paco me mira con una sonrisa seráfica. "Es curioso el budismo, andar con el rostro iluminado y la bondad y el silencio. Me gustan los budistas, son buena gente y sonrien continuamente". Me mira con las gafas medio opacas por la lluvia y se despide: "Ale, súbete al coche y márchate con Dios, parece que llueve un poco". Totalmente empapado me despido. La lluvia es como una cortina espesa que apenas deja ver a diez metros. Fray Paco aun se entretiene limpiando, como de paso, un macizo de plantas aromáticas que crecen junto a la verja. El monje no parece tener prisa, incluso alza el rostro y sonrie a la lluvia que resbala por su cabeza. Fray Paco es el monje más zen que conozco...y él no lo sabe.

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7 noviembre 2011 1 07 /11 /noviembre /2011 10:43
Margin_Call_New_Poster.jpg
"Margin call" es el nombre que se da en la jerga financiera norteamericana al margen de la garantía contra la pérdida de capital  que se ofrece en la compraventa de acciones en la bolsa de valores. Un límite que los especuladores jamás deben sobrepasar a riesgo de desastre. Es humo, es fantasía virtual, pero con efectos directos económicos: si hay fraude, el batacazo es descomunal y se extiende como una mancha de aceite. Al parecer el director y también guionista de esta película, el neófito J.C. Chandor, conoce bien el clima financiero de alto riesgo ya que su padre se dedicó a ello. Para contarnos su historia se ha basado, como es obvio nada más comenzar la pelicula, en la espectacular debacle financiera mundial que hace solo tres años extendió por todo el mundo los polvos que hoy nos ahogan en forma de lodo, con el origen en las torres ebúrneas de Wall Street y el protagonismo de media docena de desalmados, verdaderos criminales de guante blanco y cuello almidonado, que han extendido la miseria por todo occidente mientras llenaban sus bolsillos de una forma inicua y escandalosa.
Una pelicula con tal argumento puede parecer tediosa y difícil de entender y seguir. Pero no, vivimos con auténtica angustia especular esa tragedia de millones que protagonizan unos salvajes vestidos de Armani en los que la ética es un lujo inalcanzable (tal vez el único), unos psicóticos atenazados por la unica obsesión que es bien vista en toda nuestra cultura: la de la ganancia brutal de dinero al precio que sea y sin mirar sobre cuantos miles de seres humanos lo consigues. Y logra este director joven e inteligente que nos veamos de inmediato como el "coro" GRIEGO (muy a propósito) que soporta y teme los errores funestos de los mal llamados "héroes" de esta tragedia universal. Todo lo que vemos nos concierne, la deriva no es sólo la de los elegantes mercenarios de Wall Street, sino la de nuestra cultura colectiva en este inicio del siglo XXI.
Como dice el gran Jeremy Irons en uno de los papeles más fríos, duros, inmorales y despectivos de su carrera, el de gran jefe de la empresa que provocará la tragedia, (no hace falta dar nombres, todos sabemos quienes fueron los intérpretes reales del lacerante episodio de los bonos basura) "esto es el fin. No solo de nuestra empresa, ni de nosotros, sino del capitalismo como sistema fiable".
Así pues, vean esta película. Con la fuerza de "Inside Job" de Charles Ferguson, o de "The shock doctrine" de Michael Winterbottom, pero vestida con la convenciones dramáticas que firmaría un Shakespeare de nuestros días, "Margin call" es el retrato, casi un daguerrotipo, de nuestros días, de la inseguridad, la angustia  y la incredulidad que ha dado nacimiento al movimiento de los indignados y que está provocando una cadena de crisis cuyo final aún no podemos prever. Y es una crisis que nos afecta a todos, menos a los que están en la cúspide, que seguirán siendo un poco menos ricos pero aún poderosos y que, lamentablemente, no aprenderán nada del horror que han desencadenado (al contrario que en la tragedia clásica, en la que esos poderosos pagaban con la cabeza sus errores).
Desde el principio se nos ofrece la secuencia que  será el epítome de toda la narración: la despedida sin contemplaciones de dos tercios de la  plantilla de la empresa, de un dia para otro, con los seguratas vigilando que no  se lleven nada, ni siquiera su propia dignidad. Y esa es la tónica que sigue: ni siquiera los leales se salvan de la quema, por lo que ¿quién va a pensar en los miles de ciudadanos que pagarán con su trabajo, sus ahorros o su vida los dislates que causan esos brokers sin alma?
Para hacernos más creíbles esta catástrofes y siguiendo el estilo de Hollywood, Chandor recurre a un plantel de grandes actores (como en los sesenta y setenta se hacía con las películas corales de catástrofes, estilo "Aeropuerto", "El coloso en llamas" o "El hundimiento del Poseidón") como Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Demi Moore o Stanley Tucci.
Durante 110 minutos se nos cuentan las horas previas a aquél estallido vírico financiero que convulsionó el mundo en 2008, siguiendo el pulso a sus protagonistas, ese grupo de financieros presentados como lo que seguramente son, no seres de un sub-Olimpo virtual, sino figuras mediocres, impotentes, trágicas, ridículas y descontroladas incapaces de reaccionar con un mínimo de honradez o de compasión, obsesionadas con sus casas lujosas, sus automoviles ultimo modelo, sus fiestas desordenadas, sus prostitutas, sus trajes y sus vicios, alcohol o drogas.Margin_Call_poster.jpg
Y ese deambular de monigotes extenuados en la pantalla tiene un no se qué de ritual mágico o de liturgia secretista y solo para iniciados. Es dífícil que un espectador de cultura media o no específicamente económica se entere realmente de lo que ha pasado, a pesar de las numerosas repeticiones que se dan de las explicaciones que un joven broker, un científico espacial reciclado, da a sus superiores de lo que ha descubierto: el ciclón destructivo que ellos han comenzado y que devastará la escena financiera mundial.
Sospechamos lo que ocurre más o menos, pero lo que si tenemos claro, porque lo estamos viviendo, son sus consecuencias y también la responsabilidad de los financieros de Wall Street. Y, como guinda, la falta de castigo y de responsabilidad de esos mismos personajes turbios.
Y así la película va creando un climax de angustia y de inexorable desastre, en el que ya las voluntades o los deseos de esas gentes no van a poder cambiar nada de lo que va a ocurrir, con lo que los más poderosos de entre ellos se limitan a intentar proteger sus capitales y su ostentosa forma de vida. Sólo un personaje o dos (Spacey es uno, aunque parece más preocupado por la muerte de su perro) albergan dudas sobre la forma egoísta -y criminal-  de tratar de salvar el capital de la empresa, pero al final prima el amor al dinero ("la necesidad", dicen). Como dialogan entre si dos de los protagonistas mientras cruzan Nueva York a bordo de un coche de alta gama, "Mira a esta gente. Van por ahí andando sin saber lo que se les viene encima" e inmediatamente, varias veces durante la trama, se nos ofrecen vistas nocturnas de Manhattan, toda una civilizada y potente ciudad inerme ante esos tiburones de papel. La unidad de acción en el término de unas pocas horas acentúa el dramatismo. Como si fuera un thriller de Hitchcock que tiene una ominosa, terrible, caracteristica: no se acaba en sí mismo, con el fin de la pelicula, sino que es una advertencia brutal y real: esto puede pasar en cualquier otro momento, otra vez. No hemos aprendido nada, es el sistema el que está enfermo y estos desastres los produce ese patológico sistema incontrolable.
Una película brillante y aleccionadora. Es el espejo en el que se mira occidente. El espejo que refleja el tipo de cultura que hemos creado y que nos está devorando.

 

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6 noviembre 2011 7 06 /11 /noviembre /2011 09:55

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Excelente película española de ciencia-ficción, subgénero de la robótica, que nada tiene que envidiar a ninguna de las buenas de esa temática, incluidas las norteamericanas como "Yo robot" e incluso no desentona con el alto listón que nos ofreció ya hace muchos años, ese clásico del género que fue "Blade Runner" (dejémonos de complejos). Con algo más de cuatro millones de euros de presupuesto, esta película en la que se recuperan los dilemas morales entre las personas y los productos de la Inteligencia Artificial (recordemos también la novela de Rosa Montero "Lágrimas en la lluvia"), aporta una visión sensible e inteligente al tema dentro de un contexto en el que un bien logrado look retro se compagina de forma excelente con las aportaciones de la tecnología futurista (mascotas robóticas como el delicioso gato Gris o servidores humanoides como el indispensable Max).

El tema está dentro de los parámetros del género: es el año 2041, en el que los robots forman parte de la vida cotidiana humana. Alex (Daniel Brühl) regresa a la Facultad de Robótica de un país indeterminado con la misión de crear un niño robot. Allí se reencuentra con su hermano y su amada, que se ha casado con él y con quien tiene una hija adolescente, Eva (magnifica Claudia Vega). Alex se siente fascinado con la niña (como nos fascina a los espectadores) y decide tomarla como modelo para su robot. Tiene el apoyo de la niña pero los padres, su hermano y su antigua amada, se oponen.

A partir de ese momento la acción y la trama se complican hasta extremos muy desasosegantes, y una sorpresa al final, bien llevada aunque algo previsible. Los dilemas éticos planteados tienen profundidad y coherencia.

La creación de robots semihumanos con estructura emocional se enfrenta a un grave problema: un punto de agresividad cuando son contrariados, que los hace inestables. Es decir la ruptura de la segunda ley de la robótica diseñada por Asimov: el robot puede volverse contra el humano en situaciones especiales.

Alex, el protagonista, tiene la ayuda doméstica de otro robot, Max (genial Lluis Homar, dentro de unos registros desarrollados con perfecta economia de gestos) que sirve de contrapunto a los afanes del joven científico. 

Se trata del primer largometraje de Kike Maillo (retengan ese nombre) y da cima a su labor con el exiguo presupuesto citado, una nadería comparándolo con los habituales presupuestos de este género de películas. ¿Estamos ante otro Amenabar?

Un montaje magnífico, una puesta en escena excelente y un uso comedido y sugestivo de efectos especiales. Se rueda en Suiza y los Pirineos de Huesca y se logra dar el reflejo de un ambiente retro en el que va ensamblando toques futuristas, en una dirección artística que saca partido de todo con detalles pequeños y "casuales" que dan credibilidad al conjunto. En el guión la sorpresa de encontrar a Sergi Belbel (mas Cristina Clemente, Marti Rosa y Aintza Serra) y la excelencia de un pulso de intriga y sorpresa muy bien medidos.

Los actores, un tanto envarados al principio, se van soltando en el transcurso de la película y se acercan al listón que mantienen el estupendo Homar y la encantadora Claudia Vega. Interesante y prometedora película por lo que supone de reto para nuestro cine, capaz de hacer inmersiones en géneros prohibitivos hasta el momento y no solo por cuestiones de dinero sino de ideas y cintura realizadora. Y se me ocurre jovenes realizadores españoles que están triunfando en Estados Unidos o Inglaterra en ese dificil género del fantaterror o el thriller.

"Eva" además cumple un cometido mucho más difícil que el de ser una cinta de referencia en su género, ya que de alguna forma lo rebasa y se vuelve, como pasa con los clásicos, una película que ofrece mucho más que una visión del futuro, nos sugiere  tantas cosas que el futurismo deja espacio a la fabula moral y a la especulación filosófica primaria: plantearnos la ética de una situación que podría llegar a ser cotidiana, la convivencia con esos seres "artificiales" que poseen una inquietante "humanidad". 

Sólo permítanme una última reflexión, que comparto con algunos colegas: a Eva" sólo le falta un detalle: una industria del "merchandising" capaz de arropar con inteligencia y habilidad campañas de promoción de una película que, repito, está a la altura de productos tan protegidos y ensalzados como el Tintín de Spielberg. Palabra de Capitán Haddock. 

 

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6 noviembre 2011 7 06 /11 /noviembre /2011 07:50

En una entrevista publicada en 1977 por "The Paris Review", Kurt Vonnegut, el lenguaraz y sarcástico autor de "Matadero 5", a la pregunta de, mas o menos, qué haría si fuera ministro de Cultura para promocionar la narrativa en el país, Kurt contesta: "No hay falta de buenos escritores. Lo que falta es una masa de lectores fiables". ¿Y entonces?, insiste el plumilla. "Propongo que cada persona que no tenga trabajo tenga que escribir un informe de lectura sobre un libro antes de que pueda recibir su cheque del paro". Me parece una respuesta genial, ¿y a ustedes? Es operativa, respetuosa con el parado, gratificante (si es que logra crear un hábito de lectura), de consecuencias culturales y económicas (para editores y en menos medida para escritores, salvo los escogidos, claro está) y plena de posibilidades secundarias de todo tipo, desde la culturalización social, al enriquecimiento psicológico hasta algún tipo de arma para batallar contra el empobrecimiento de la lengua. Me he reido a gusto con el irónico, blasfemo, escatológico y mordaz escritor norteamericano (maestro de John Irving, cosa que se nota en sus páginas más irreverentes). No conozco a ningun autor español actual que tenga tan saludable falta de respeto por las convenciones y la hipocresía socio-sexual-religiosa, con las saludables, aunque mínimas, excepciones del desaparecido Cela y del bueno de don Arturo P.R., "Alatriste". Y, por Dios, que hace falta en cualquier República de las Letras que se precie.

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5 noviembre 2011 6 05 /11 /noviembre /2011 10:34

Llueve intermitentemente. Los campos de la Terra Alta, con sus vides y sus bosques, sus montañas discretas, los sembrados plenos de paz envueltos en la niebla, los cielos plomizos descargando la benéfica lluvia, el olor vitalizante de la tierra mojada, el brillo de las tejas árabes y la solidez de las torres del entorno amurallado de Poblet, oración permanente hecha piedra...todo esto se convierte en presencia secular convertida en silencio y paz.

Llevo años viniendo de vez en cuando a encerrar mi cuerpo junto a los monjes de Poblet y a dar alas a mi alma entre los cánticos sagrados y una espiritualidad que uno puede encontrar sin esfuerzo en cualquier pequeño detalle cotidiano, desde las citas en el refectorio hasta los cánticos en las Completas o los rezos en Laudes. Paseos interminables intramuros, en los jardines de los claustros secretos, junto a las vides interiores, bajo los nogales del recinto exterior, en los rincones umbríos de las murallas donde reposan fieles y nobles de pasados siglos. Todo reclama recogimiento, silencio y reflexión.

Cuando hace buen tiempo camino por el trozo de GR que une el monasterio con Francolí. Son seis o siete kilometros en total que me sabe a poco pero me mantienen tonificado y en los que practico una especie de kinin, meditación en movimiento, que reafirma la paz interior que me proporciona Poblet.

Hubo  épocas en las que Poblet era para mi el santuario del guerrero, el lugar de aprovisionamiento de sosiego, de equilibrio psicológico, de elaboración interior, de orientación incluso. Hogaño más que un lugar de búsqueda es una ocasión de reencuentro, de reafirmación. Ya he dejado de luchar, he llegado al momento dulce de recoger. Vengo a Poblet para terminar de aceptar al que fui, para hallarme en una cierta plenitud que debe conquistarse dia a dia, no por el esfuerzo como antes, sino con la apertura; no con la tensión del guerrero, sino con la quietud y la vacuidad del monje.

En eso estamos. Y Poblet me regala, sin pago alguno, la generosa dádiva de su ambiente de sosiego y apertura espiritual.

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5 noviembre 2011 6 05 /11 /noviembre /2011 09:51

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Antón Castro es un periodista gallego enraizado en Aragón. No conocía sus habilidades de narrador. Y debo confesar que ha sido una  agradabilísima sorpresa. Para quien ha dedicado parte de su vida, más de tres décadas, a la lectura y a escribir posteriormente de lo leído, ya sea en "La Vanguardia", la Agencia Efe, revistas literarias como "Camp del Arpa", la radio, y otras revistas y periódicos, resulta una rareza digna de mención -y de celebración--dar con un autor distinto, con fuerza, con pluma original y creativa, que deja traslucir una visión propia, una percepción de los hechos, las personas y el paisaje con la potencia necesaria para convencer al lector con su narración y sembrar en él un deseo de seguir con la lectura de otras obras de ese autor.

Pues bien, Antón Castro, pertenece a esta exigua pero vibrante nómina. Y así lo creo pese a que sólo he leido de él el libro que les comento. Me entero de que tiene algunos más, de relatos como éste, "Los seres imposibles, "Golpes de mar" y "Fotografias veladas"; uno infantil, "Jorge y las sirenas"; otro de retratos literarios, "El sembrador de prodigios"; dos poemarios, "Vivir del aire" y "Paseo en bicicleta" y  la novela "El album del solitario".

Mientras lo leía sentía la familiaridad de autores que yo habia transitado en mis irredentas juventudes, Pio Baroja, Valle Inclán, Pérez Galdós, Ramón J. Sender, Alarcón, Bécquer...era como leer las aventuras de aquél loco, valiente y sentimental enamorado de las aventuras y de las mujeres, el marqués de Bradomin, transformado en el Tigre del Maeztrazgo o el protagonista de "El manuscrito encontrado en Zaragoza" buscándose la vida y la muerte en el Bajo Aragón.

Castro divide su libro en cuatro apartados, relatos cortos, a veces muy cortos, en los que vivimos en un ambiente real pero fantasmagórico, una geografía que parece mítica pero cuyos lugares y nombres responden a todo este teriritorio mágico que conforma el Maeztrazgo, sus gentes, sus bosques, valles y montañas y los distintos episodios van desarrollándose dejando aquí y allá que aparezcan una y otra vez personajes de las narraciones anteriores, ya sea el general Cabrera, su amante Margarita Urbino (un retrato de mujer que firmaría Laura Esquivel), el misterioso fotógrafo Patricio Julve que da nombre a la novela, el director de cine Loach, el coronel Balfagon narrador de fantasías, la mismisima maquis "La Pastora", la joven Raquel, cuyo retrato enamora a cualquiera que lo vea y que cierra su periplo en el relato que da titulo al libro. Esas apariciones dan una enorme coherencia al libro como totalidad y provocan la sensación en el lector de estar en un terriitorio único, legendario, donde todo, paisaje y seres humanos, animales, árboles y piedras tienen un lugar específico en el que se desarrollan las historias.

Y además Castro nos regala algo inapreciable, de un valor exquisito: su lenguaje literario, la fuerza poética y evocadora de su estilo,  que va dejando a lo largo de las  narraciones la impronta de una cultura literaria y una gracia narrativa que, al menos a mí, me han encantado. Las imágenes y metáforas que salpican lo narrado suelen ser de una justeza expresiva y unas alas poéticas sobrias pero muy evocadoras y sorprendentes. Y así una plaza se convierte en una "inmensa caracola de resonancias", nos evoca el invierno en cuatro trazos: "en plena invernada, el viento enfurecido muerde los aleros, recorre las barbacanas y los voladizos y enciende un rumor obstinado que sorprende al paseante con un manotazo cruel en el rostro". Personajes como Otilia que vende sus favores a Aureliano, el enterrador, el pintor Benigno Rabaza, Pilar Palomo y Julián, unos Romeo y Julieta del  Maeztrazgo,  y los seres saturnales del "Inventario de suicidas y otras desapariciones", la Rusa, el pianista, el fugitivo...o los relatos a la vera del fuego de "Angeles y bestias".

Quizá sea esta ultima parte del libro la menos potente literariamente hablando, aun siendo atractiva de lectura y evocadora de mitos y leyendas, (magnífica la del bandido Juan Bautista Billoro). La última narración, que cierra el libro, "El hombre invisible" en la que el protagonista es el director de cine Ken Loach que rodó "Tierra y libertad" en Mirambel, logra magistralmente transformar a una persona real en un verosímil personaje que cierra el círculo narrativo del libro dándole unidad y sentido, transformándolo en el reflejo de "un sueño colectivo" como escribe Castro.

Magnífico libro también para los  amantes del bajo Aragón. Cantavieja, Iglesuela del Cid. Ejulve, Mirambel, Fortanete, Mosqueruelas y otras localidades y villas, de las que da cumplida razón y convierte en escenarios en los que parecen caminar las sombras y los influjos del gallego Cunqueiro, el catalán Perucho, el portugués Saramago, el argentino Borges o el yanqui Poe, pues de todos ellos y de los anteriormente citados parece haber bebido el amigo Castro.

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4 noviembre 2011 5 04 /11 /noviembre /2011 07:44

Leo dos obras sobre Alejandría.  La célebre guía literaria de E.MForster publicada tras la Primera guerra mundial (en España en 1984) y un ensayo de Jane Lagoudis, publicado por la editorial granadina Almed, sobre Cavafis, Forster y Durrell, tres amantes de Alejandría, en la que vivieron en épocas diferentes. Solo coincidieron los dos primeros que mantuvieron una bella amistad. Durrell fue durante la Segunda guerra mundial y le dedicó su "Cuarteto de Alejandría". Los tres hicieron un mito de la legendaria ciudad histórica y literaria, patria de Hipatias, la inteligente dama neoplatónica de la antiguedad, asesinada por crisitianos fanáticos (tan semejantes, ay, a algunos musulmanes de hoy) evocada por el cine de Amenabar, de Cleopatra, el "Thais"de Anatole France, de los laboriosos coptos, de los 400.000 volúmenes de la mayor Biblioteca de aquellos tiempos, devastada por la ignorancia y la estupidez sectaria, la del Faro mítico, patria de apostatas inflamados como Atanasio y Arrio, pero sobre todo en nuestra era, finales del XIX y principios del XX, el lugar que atrajo al poeta Kavafis, de origen griego, y a los ingleses E.M. Forster y Lawrence Durrell. Una ciudad decadente, sofisticada y recelosa, plena de perezosa sensualidad, un cosmos urbano occidentalizado en el que se daban citas todas las culturas y todos los vicios y excesos, la sofisticada sensualidad egipcia con la audacia y el poder de occidente enfocados ambos hacia la satisfacción de los deseos.

Durante un viaje profesional a El Cairo para asistir a una conferencia internacional, cuando uno era un joven veintiañero rebosante de literatura y hambriento de vida, pude alargar mi estancia para visitar Alejandría. Nunca he sentido tanta decepción, jamás había visto con tanta claridad la naturaleza imposible de los sueños que genera la literatura. La polvorienta Alejandría que me recibió, calcinada por el sol y atravesada por vientos de arena, triste y menos que provinciana, el esqueleto de una dama que habia sido hermosa y deseada. La suspicacia de la policía omnipresente, las miradas hostiles de las personas con las que te cruzabas, el trato indiferente y frío en el restaurante, la sensación de estar de más en una ciudad que parecía una aldea perdida a las puertas del desierto, la imposibilidad de recuperar ni una sola de las imágenes que me habian impactado leyendo a los tres grandes fantasmas de Alejandría, Kavafis, Forster y sobre todo Durrell. La sombra delgada, elegante, felina de Justine ya no cruza las calles de la ciudad en busca de sus placeres nunca saciados, ni el Viejo poeta intercambia miradas equívocas con el joven del pelo rizado, ni Forster pergeña textos inmejorables describiendo una historia milenaria en la que ya no se puede repetir "Alexandria still", Alejandría sobrevive, sigue aún viva. No. A no ser que con la primavera arabe, tan manipulada, se abran las puertas a la tolerancia al forastero, el amor a la belleza y a la buena vida, el hedonismo de raiz oriental trufado de sabiduría griega, Alejandría no volverá a renacer y sólo quedará como el sueño hermoso de algunos hombres y mujeres geniales.

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