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3 noviembre 2011 4 03 /11 /noviembre /2011 10:09

Saul Bellow, ese judío genial, escritor nada pomposo que admiré mucho cuando comenzaba a sentir que mis novelas eran demasiado pretenciosas, responde a uno de los entrevistadores de "The Paris Review": "me he cansado de la solemnidad de la queja, he perdido la paciencia con ella. Obligado a elegir entre la queja y la comedia, escojo la comedia como forma más enérgica, inteligente y viril."

De alguna forma siento que en mis últimos folios escritos, los rudimentos de la novela que ambiciona tiranizarme, hay un poco de eso: he perdido la paciencia con la  visión intelectualizada, quejosa, pesimista y en el fondo autoreferencial de casi todas mis novelas anteriores y eso me está dando un punto distinto de percepción para comprender que el lugar que ahora habito (me refiero claro está al "lugar" íntimo, creativo) ya está muy alejado de mi propio ombligo y tampoco está cercano al ombligo de nadie, ni siquiera de alguno de mis clásicos predilectos. Así que trato de escuchar mi "voz propia" donde antes sólo estaba la queja y la esperanza de trascendencia. Y en el tenue murmullo que a veces escucho percibo algunas carcajadas y adivino muchas sonrisas. Es un consuelo, pero también es un riesgo. Me pongo muy solemne cuando trato de ser divertido. Así que habrá que llegar al mismo lugar usando un sendero distinto.

Ha sido un día casi enteramente dedicado al dios Moloch del dinero y la sucia y mezquina economía de cada día, nos la dé Dios o cualquiera de los dioses lares. Ir de Bancos es una de las ocupaciones más sórdidas, pero también es preciso comprender que no tener que hacerlo de vez en cuando, podría resultar aún más sórdido.

La visión amable de la vida va ganando puntos en mi estructura de pensamiento ligada a la existencia. Eso me hace un superviviente nato. Y esa es una característica útil para mi bagaje de escritor.

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3 noviembre 2011 4 03 /11 /noviembre /2011 10:07

Sin-Salida_cartel_peli.jpg

 Película dedicada a mayor honra y marketing de un guaperas (Taylor Lautner), al parecer conocido por la grey adolescente en películas del gremio y algunas de la moda vampírica de bellos y bellas de pocos años (Crepúsculo).Trepidante y sin demasiadas exigencias de verosimilitud y coherencia, "Sin salida" (en inglés "Abduccion") aparece como una manera de pasar el rato con un trhiller en el que un jovencito trata de emular a Jason Bourne con figura, comportamiento y expectativas de un muchacho de instituto de enseñanza media.

Todo comienza cuando ese joven estudiante descubre a través de internet que no es quien cree ser, ni sus padres son lo que pretenden y que además la policía lo pone en busca y captura y unos peligrosos elementos mafiosos del socorrido norte de Europa están decididos a secuestrarlo o matarlo. El asesinato de sus supuestos padres hace comenzar la persecución que durará el resto de la película, tras un comienzo escolar-familiar de lo más previsible y adolescente.

El chico tiene pesadillas recurrentes y así nos lleva a una psiquiatra bastante improbable que se parece mucho a Sigourney Weaver y que resulta ser también una agente de la CIA (esa agencia real debe estar hasta los cataplines de ser la mala o la ambigua en casi todas las películas made in USA).Sin_salida-719525-full.jpg

Todo va pues de niño con padre superagente (desconocido y solo perceptible el ultimo tercio de la peli), madre asesinada, niño protegido por padres falsos- agentes, malo serbio con grandes poderes y lista informatica de agentes dobles que el serbio busca y espera lograr secuestrando al jovencito.

Este, un monado de criatura, se esfuerza poniendo ojos de miope y sonrisa de carátula para hacerse creíble y solo logra hacerse previsible y ornamental. No he visto nada de "Crepúsculo" así que no conozco el nivel interpretativo de los jóvenes que intervienen, pero si todos tienen ese estólido careto que el joven Taylor mantiene durante la película...vamos mal.

Dirige el moreno John Singleton y hay un esfuerzo evidente por crear un personaje que atraiga a las masas de adolescentes y jovencitos. Todo rezuma primera parte de una saga: si Dios no lo remedia tendremos más Taylor en forma de precoz agente secreto (más cerca por el momento de Johnny English que de Bourne).

Hay un esfuerzo en Jason Isaacs (el padre falso en la película) o en Michael Nyqvist (el de Milennium) por no comerse la camara en las escenas que comparten con el jovencito (la Sigourney no se toma ningún esfuerzo, procura evadirse: apenas suman diez minutos sus intervenciones). Alfred Molina hace de sospechoso jefe de la CIA, muy aburrido consigo mismo y su descabellado papel, y Lilly Collins de jovencita amiga con futuro del protagonista, compartiendo una escena de sexo de lo más pazguato y menos excitante, casi una declaración de amor blando o sexo blanco, en la moda de "abstente, se puro hasta el matrimonio" que a veces recorre Estados Unidos de forma hipócrita y efímera.

Todo resulta impostado en este thriller en el que la violencia parece de mentirijillas, no hay sangre por ningun lado pese a la violencia de ciertas escenas y tampoco se respira la paranoia esperable en la trama. Producto descafeinado de un director que prometía mucho --"Los chicos del barrio", "Shaft", "Semillas de rencor"--, muy lejos de su talante rebelde y de denuncia..

 

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 11:58

Vemos en el cine la versión que Spielberg hace de "Tintin". Película de animación realizada con el sistema que refleja los movimientos y los gestos de actores reales insertados a una teoría global de sensores que miden y dibujan virtualmente todo lo que hacen. Se me antoja irreconocible ver al Jamesbond Daniel Craig investido con barba y quevedos del malvado pirata --y su descendiente no menos malvado-- enfrentándose primero al capitán Haddock del siglo XVII y después al borrachín y entrañable capitán Haddock del XX, con su retahila de denuestos, insultos enciclopédicos y alucinaciones desternillantes.

Escribiré in extenso cuando llegue el momento, pero vaya por delante mi convicción de que esta pelicula atraerá de entrada a muchos admiradores hacia el comic de Hergé, pero no contentará en absoluto a los que siempre le hemos acompañdo sobre el papel, muchos desde la infancia, y guardamos como si fuera el tesoro del Unicornio los grandes libros de páginas claras con colores pausados que editó Juventud en España.

Mi esposa me regala la magnífica recopilación de entrevistas de "The Paris Review", editada por Ignacio Echevarria  para El Aleph editores y que contiene las realizadas a autores como Simenon, Isak Dinesen, Faulkner, Celine, Bellow, Cheever, Vonneguth, Roth, Naipaul o Rushdie entre otros. Guardo como oro en paño tres editadas hace años por Kairós. Inevitablemente hay repeticiones, aunque en más de 50 años de vida, la revista literaria norteamericana (desaparecida en 2003) revolucionó el arte de la entrevista literaria y ha dado noticia de las palabras y pensamientos de más de 200 autores, sólo entre narradores (también se entrevistó a ensayistas de tdo tipo y dramaturgos o poetas). En la que comento se presentan 16 entrevistas  algunas de ellas, como dije, editadas en otros libros de hace años y otras nuevas y desconocidas para mí (como las de Cheever, Jean Rhys, Carol Oates o Isak Dinesen y al hispanoamericano Manuel Puig).

Como me ocurrió en las otras ocasiones, la lectura de algunas entrevistas , la reflexión sobre lo que dicen de sí mismos y de su practica literaria algunos de mis mas admirados autores, como Faulkner, Cheever o Bellow, enardece mi fluctuante deseo creativo, me recuerda la pasión y la fuerza que me invaden cuando logro alguna página que juzgo interesante y el estado general de desafío, inquietud y euforia que alientan mi vida cuando me lanzo al mar ignoto de una nueva novela.

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 08:18

  04unfragil.jpg

 

 

El dramaturgo norteamericano Edward Albee, obtuvo su primer Pullitzer a finales de los sesenta por su obra "Un frágil equilibro". Un par de años antes había estado a punto de conseguir el prestigioso premio por otra de sus célebres obras: "¿Quién teme a Virginia Woolf?", pero pese a que resultó ser la obra más votada en las deliberaciones del jurado, no se lo dieron. ¿Por qué?  Porque se consideró que la visión crítica, burlona, irónica y devastadora que ofrecía de la sagrada institución de un matrimonio culto en el estilo de vida norteamericano era demasiado dura y ponía en cuestión la eficacia de las instituciones del bendito país. Tal hipocresía tuvo su "castigo" cuando Albee recibió el Pullitzer por "Un frágil equilibrio" en la que se mantenía la brutal disección del desmoronamiento familiar, del orden ético de la clase alta norteamericana (extrapolable a cualquier otro pais de occidente) pero se procuraba no perder demasiado las formas y se un_equilibrio_delicado_22042_120.jpgpreconizaba --irónicamente-- el mantenimiento de un delicado equilibrio.

Para refocile del espectador avisado, en estos días se puede ver simultáneamente en dos salas barcelonesas las dos obras que provocaron la metedura de pata de los del Pullitzer en su afán hipócrita de presentar al mundo una cara más amable del modo de vida de las clases media y alta del gran país que, por cierto, compagina sin demasiados problemas la hipocresía social y moral con la denuncia más aguda y certera de esa misma hipocresía.

En 1973, Tony Richardson llevó al cine esta obra con las magnificas interpretaciones de Paul Scofield y Katharine Hepburn en los papeles de Agnes y Tobias, la pareja protagonista. 

Hoy las contaré lo que fue "Un fragil equilibre" en  el teatre Lliure, dirigido por Mario Gas e interpretado por Rosa Novell, Rosa Renom, Albert Vidal, Mia Esteve, Pep Ferrer y Merce Montalá. 

La obra sigue manteniendo al público en vilo. A pesar de pertenecer a una época pre-internet en la que aún existían cierto tipo de valores y había un consenso respecto a la importancia de ciertas instituciones tradicionales y determinadas convenciones sociales. No ha pasado el tiempo para este drama en el que todo sigue siendo actual porque, en el sentido de lo que entendemos por "clásico", nos habla de sentimientos, emociones, defectos y temores que siguen vigentes porque son profundamente humanos e intemporales.

La familia que forman Agnes y Tobias (contenida y eficaz Rosa Novell y un Albert Vidal sarcástico y vulnerable), con su multidivorciada hija, Claire, (Rosa Renom un poco excesiva) y la hermana de Agnes Julia (Mia Esteve, convincente como la alcohólica y desafiante cuarentona que esconde en el alcohol sus frustraciones) reciben la inesperada visita de sus "mejores amigos" Edna y Harry (Mercè Montalá y Pep Ferrer, magníficos en sus chocantes papeles) que piden asilo por padecer un inexplicable ataque de pánico que les hace escapar de su propio hogar. Un miedo que podría ser el reflejo de su propia vacuidad (extremo no explicado bien en las intervenciones de la pareja) y que es el pánico a la disolución de la seguridad aparente que da el matrimonio, el hogar o los hijos, cuando las personas se olvidan de ser y se limitan a aparentar, de espaldas a sus sentimientos autenticos. Es decir, justamente lo que les ocurre a sus anfitriones.

No hay más explicaciones. La llegada de los autoinvitados hace estallar el "frágil equilibrio" que mantenía más o menos coexionada la familia. Surgen las amarguras, los reproches y los rechazos en un permanente --como es habitual en Albee-- trasiego de copas y tragos, y no sólo por parte de Julia.

Una primera parte magnífica deja, tras el descanso, todo dispuesto para la caida de ritmo del final, muy a tono con la desvaida propuesta del dramaturgo, que parece haber buscado un final mas o menos "equilibrado" (aunque dejando sutilmente abiertos los interrogantes sobre la viabilidad de la familia).

Creo que es un error haber roto el ritmo de la obra con un descanso posiblemente innecesario. La obra puede acortarse de alguna escena  algo reiterativa y no se debería haber roto el embrujo de una historia y unos personjes cuyo contenido y falsamente amable y educado comportamiento van acentuando la tensión en busca de una explosión que nunca acaba de producirse.

 

El público --tres cuartos de sala, se notó la coincidencia con el partido del Barça y la noche de difuntos, castañas y panellets-- reaccionó con entusiasmo a la propuesta que se desarrollaba en un escenario central, casi en contacto con las primeras fila, acercamiento que favorece la tensión dramática, convirtiendo al espectador, casi, en otro miembro de la familia.

 

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1 noviembre 2011 2 01 /11 /noviembre /2011 17:41

Veo la peli francesa "Tímidos anónimos" y logra irritarme la blandura, estupidez y sentimentaloides trampas emocionales de la trama. A la sombra de "Amelie" pero lejos de "Mics Macs" o de "Bienvenidos al norte". Cine facilón sin  mucha sustancia que no aporta nada bueno a la comedia francesa.

Escribo la reseña del libro del colega Anton, galaico-zaragozano, sobre  las gentes y los rincones del Maeztrazgo. Excelente.

Mi novela "El exilio y el reino", en trance de escritura, sufre un cambio de orientación. Deja de reflejar lejanamente la muerte de un familiar político en Olot y se centra más en una inspiración sobre la figura de Sole Tura, el malogrado profe de Universidad y político del pSUC, al cual conocí en mi facultad-mater. Algo también de Pasqual Maragall.

Preparo la critica de "Margin Call" para el periódico y recojo material técnico para documentar mi novela, aunque va a ser más un proceso intimista, espiritual, intelectual, que médico. Ver la decadencia de una mente, el deterioro de un cerebro, desde su reflejo en el carácter del sujeto, en su comportamiento, en su degradación perceptiva.

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31 octubre 2011 1 31 /10 /octubre /2011 10:56

El cielo gris, opresivo, como una frazada de neblina lanzada desde lo alto que cubre totalmente el paisaje y deja un húmedo ambiente frío que se te mete en los huesos y ensombrece el corazón. Hoy ha cambiado la hora. Una hora menos para alargar las horas de luz y ahorrar energía.

En la Torre, el airoso campanario a cuyo amparo reposa mi hogar parece un mástil emergiendo de la niebla. En el estudio Anna y yo trabajamos en silencio, arropados por la música que John Barry compuso para la película "Bailando con lobos". Ella escribe su libro y yo repaso mis amados álbumes de Tintín y me dejo seducir por el encanto de "El museo imaginario de Tintín", el soberbio "Tintín, el sueño y la realidad" de Michael Farr y "El diccionario de Tintin" de Jordi Costa.
Escribo en mi blog sobre cine y literatura. Algunos de estos trabajos verán la luz pública en el periódico "La Comarca" de Alcañiz y el Maeztrazgo. Tengo saudades de caminar, pero los senderos están embarrados y las rocas resbaladizas. Sin embargo la tierra renace un poco. Leo que este tiempo durará poco. Mañana habrá sol nuevamente y la sequía resurgirá en el agostamiento de campos y montes.
 

 

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31 octubre 2011 1 31 /10 /octubre /2011 09:29

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Una nueva novela de mujeres escrita por una mujer. Dos sensibilidades contrapuestas, Lucía y Cecilia, dos amigas que podrian ser el paradigma de las dos caras de una moneda femenina (sin ambición exhaustiva, por supuesto). No se vea en esa aparente limitación definitoria, "novela de mujeres, escrita por una mujer" alguna clase de prejuicio o de afán simplificador, sólo es un dato objetivo, porque  Carmen Bandrés trata de huir, y lo consigue, de los defectos y cautelas de ese falso "género" femenino de la narrativa. Esta novela, créanme , no tiene sexo para el lector, cualquiera de los tres sexos, masculino, femenino e intermitente, puede pasarlo bien o muy bien con las dos protagonistas de "Noche de azahar", la alegro-hippylondia Cecilia y la conservadora y tradicional, pero firme y fuerte, Lucía.

De hecho y como ejemplo cercano y evidente, "Noche de azahar" gustaría a mi madre --gran consumidora de novelas sentimentales, de la saga de María Teresa Sesé, Corin Tellado y Carlos de Santander--  por la parte de Lucía y gustaría a mis hermanas por la presencia rebelde de Cecilia.

Pero no se llamen a engaño. El drama no es a lo Alvarez Quintero, sino que toma sombras y fulgores de tragedia griega, suavizada por el estilo coloquial, una técnica que requiere dominio de los latiguillos y fórmulas dialectales de nuestro tiempo, ay, tan poco literario, pero que permite verlo todo desde el tranquilizador prisma de un tercer nivel.

Las vidas cruzadas de las dos amigas, sus avatares, sus pequeñas o grandes vicisitudes, los sentimientos, las emociones que forman un rio subterráneo con  dureza de inundaciones a veces, interesan y conmueven, pero los personajes son descritos, se definen por lo que se dice de ellos y no por lo que ellos hacen, dicen y son, se evitan las descripciones físicas y se obvia la narración íntima y profunda de lo que de verdad sienten en los momentos en que son descritos, salvo los apuntes fácticos de rigor.

Los personajes caminan por esquemas de carácter casi cerrados y que son explicitados por las diferentes voces que intervienen en el relato. El "elegante, guapo y con manos de pìanista" Fidel, el malo de la función, es un poco el paradigma dramático de una historia de clarooscuros contada a un ritmo cambiable, irregular, un poco banalizada por la técnica coloquial que, paradójicamente, es uno de los logros de la autora. Carmen Bandrés domina el arte de la conversación tópica de los sms o los emails, aunque su narración es anterior--el tiempo que describe la novela son los 70, 80, 90-- a la aparición de esa vulgata idiomática que nos traen las nuevas tecnologías de la comunicación.

La previsibilidad de lo que acontece, de ninguna manera evitada por la autora, es un elemento que me sorprende en esta novela: no incomoda. Es como si alentara ese resquicio infantil de que a veces nos gusta que nos repitan cosas que ya esperamos o sabemos o intuimos, como si la narradora jugara con nosotros, como los cuentacuentos clásicos juegan con sus oyentes, que ya saben todo lo que va a pasar, pero siguen pendientes del sortilegio que emana de los labios del narrador. El punzante drama de la violencia en el seno de la pareja, los abusos, el horror cotidiano es tal vez lo mejor de la novela. No hay excesos emocionales, descripciones morbosas,  sino el gradual entenebrecimiento de la vida de la protagonista, su lucha contra una situación que desborda el esquema de sus principios éticos y convicciones sociales. 

Literatura sin pretensiones, ni de estilo, ni argumentales, ni innovadora, simplemente una historia de mujeres como las que os contáis unas a otras mientra tomáis un café o dais un paseo por los escaparates o entrais en ese ritual misterioso para la mayoria de los varones, de ir de compras sin comprar nada, solo por dedicar una tarde a charlar de todo, de nada o de vuestras "noches de azahar" y también de una esperanza en el amor que sobrevive a las feas historias de la violencia, aunque  en el fondo subyace el desencanto y acaba dominando el sordo retumbar de la tragedia y la muerte.

 

FICHA: "Noche de azahar".-Carmen Bandrés.- Mira editores. Sueños de tinta.Zaragoza 2010.-188 páginas.

 

 

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30 octubre 2011 7 30 /10 /octubre /2011 11:09

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Jesús Marchamalo, apellido de pirata con nombre de hombre bueno, ha escrito un libro fascinante sobre las bibliotecas de un selecto grupo de escritores españoles y un peruano nacionalizado.

Mario Vargas Llosa, Antonio Gamoneda, Javier Marías, Clara Janés, Fernando Savater, Arturo Pérez-Reverte, Luis Mateo Díez, Jesús Ferrero, Francisco Rico, Juan Eduardo Zúñiga, Luis Landero o Gustavo Martín Garzo, entre otros. La broma inicial de "pirata" va en jocosa referencia al hecho de que el periodista ha buceado en las bibliotecas de esos escritores para hacer justicia a ese dicho que supone que para conocer bien a un hombre hay que mirar su biblioteca y ver qué libros lee y de qué libros se rodea. Es decir, de alguna forma ha "asaltado" el hogar de esas personas y ha curioseado en sus estanterías y anaqueles, un territorio tan íntimo para cualquiera como lo pueda ser el dormitorio. Y eso,  se mire por donde se mire, es un proceder de pirata. Aunque como en este caso sea un hombre bueno.

Y observador y reflexivo. Porque "Donde se guardan los libros", editado magnificamente por Ediciones Siruela en su colección "Ojo del tiempo", es un ejercicio de observación inteligente, de socarrona picardía literaria, de hallazgos y nostalgias, un recorrido de la mano de esos autores sobre cómo se formó su biblioteca, sus mitos y curiosidades, qué lecturas le formaron, cuál es el ritmo de construcción o de desconstrucción de la biblioteca, cómo se ubican entre sus libros, qué tipo de orden o de caos mantienen en la estructura de los miles de volúmenes que acaban dominando, fagocitando el hogar, para terminar afirmando como el Capitán sir Richard F. Burton, el explorador, "el hogar es donde se guardan los libros".

El que nos ocupa está cuajado de fotografías de aspectos de las bibliotecas "pirateadas" por Marchamalo, de las fotos y recortes, grabados, recuerdos, juguetes u objetos pintorescos con las que los autores ilustran sus más secretas aficiones, su propia mitología personal. Y es que este libro refleja una de las más secretas aficiones de cualquier lector contumaz, echar un vistazo indiscreto a las bibliotecas de sus amigos, enemigos e indiferentes. Imagínense  a la de nuestros autores vivos predilectos. Saber más de la persona a través de sus libros, conocer los puntos en encuentro entre el que mira y los libros del observador, hallar inespereadas coincidencias o, incluso, abrirse a sugerencias impensadas.

Desde el  enternecedor "los libros son mi vida" de Savater, a los pasadizos secretos del caos y la causalidad en la biblioteca de Clara Janés,  al orden  del conradiano "lobo de mar" Pérez Reverte, al desorden creativo de Antonio Gamoneda, la intimidad tranquila y luminosa de  Vila-Matas, la amplitud de la bibliiteca de Martin Garzo, la devoradora de espacios de Clara Janés, Juan Eduardo Zuñiga y sus bibliotecas de verano e invierno, el orden estético de Carmen Posadas, el trasiego incesante de libros de Francisco Rico, la biblioteca invasora de Javier Marías... y no sigo para no exceder la extensión de este artículo. Un viaje lleno de sorpresas y de encuentros para cualquier lector.

Yo mismo, impenitente coleccionador de libros, siempre sujeto a la angustia de no saber dónde tengo el libro que ando buscando y a veces si lo tengo o no, fracasado ordenador de un caos libresco que muchas veces me supera, he aprendido mucho de este libro de Marchamalo. He admirado el orden de algunos, Pérez-reverte, Marías, Vargas Llosa y comprendido el desorden devorador de otros, Ferrero, Savater, Mateo Díez, Luis Landero. Y también he envidiado las posibilidades de Mario Vargas que ha conseguido un sistema informático que le permite saber en unos segundos donde tiene un libro determinado en cualquiera de sus bilbiotecas, repartidas por Europa y América, en un total de 25.000 libros que van procreando sin cesar (habida cuenta que Mario no tira ni un solo libro). !Qué maravilla!

Pero además de saber cuáles son las aficiones lectoras de esos grandes autores, cada uno de ellos contesta a tres preguntas-tipo sobre libros que recomendaría a sus lectores: uno de literatura universal, otro de un autor contemporáneo y el tercero entre los publicados por él. Y así nos beneficiamos de un "canon" clásico de un puñado de nuestros escritores más favorecidos por la fortuna de la lectura: El Quijote, por supuesto, La Celestina, Shakespeare, Borges, Mann.

El libro de Marchamalo, el pirata visual de las bibliotecas privadas de muchos escritores, es una delicia de lectura, que espolea nuestra curiosidad y nuestra imaginación, escrito con un gran sentido del humor, con algo de reverencia literaria y con guiños constantes de complicidad. Podría ser una magnífico instrumento para cualquiera que quiera contagiar a amigos, hijos, esposas, novios o maridos, del saludable vicio de la lectura.

Como dice nuestro periodista "Los libros, es sabido, contienen puertas invisibles, caminos y pasajes que conducen a otros libros, que llevan a otras bibliotecas o se comunican, en secreto, con otros lectores". Pues éste, amigo lector, es uno de los libros que ejercen ese poder.

 

 

FICHA: "Donde se guardan los libros".-Jesús Marchamalo.- Ojo del Tiempo", Ediciones Siruela. Madrid 2011.-222 págs. Ilustrado. 19 euros. 

 

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30 octubre 2011 7 30 /10 /octubre /2011 10:17

Saludo al amigo Xulio Trigo en Chez Serret, Octavio, donde firma una montaña de ejemplares de su nueva novela "El port del nou món". Le acompaña su mujer, Coia Valls, de la que hace unos meses me hice eco con ocasión de presentar una novela, también del género histórico. Xulio ha estado luchando contra las dificultades que plantea una novela histórica si se afronta con rigor durannte casi tres años, me confiesa. Edicions 62 ofrece un libro de 374 páginas con una portada vistosa y moderna. La novela recoge la azarosa construcción del puerto de Barcelona a partir del año 1477 y va paseando el espejo de la historia por ingenieros y artífices, capataces y obreros y, cómo no, la presencia misteriosa de la búsqueda, el símbolo del desarrollo: en este caso, una joya antigua, clave y llave de encuentros y aventuras.

Hace un tiempo Xulio buceó en la antiguedad hispano-romana en su "Somni de Tarraco", creo que con éxito. Coia, por su parte narró la historia de su "Princesa de jade", un cuento de amor y aventura con los ecos de la vieja y tradicional técnica de los cuenta-cuentos clásicos. Coia me dice, discreta, que está a punto de terminar otra novela. Mientras, ya hablaremos de esta nueva incursión literaria de su marido.

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29 octubre 2011 6 29 /10 /octubre /2011 13:49

Lo malo que tiene no leerse bien los programas del año cuando uno va a renovar su abono en el Liceo es que, alguna vez, se nos cuela una pieza por otra, simplemente por tratar del mismo tema pero con distinta autoría y minimos cambios en los títulos. Así pues hace unos meses cuando tocaba renovar o no el abono, leí "Fausto" y me imaginé la celebre ópera de Gounod. Estaba  muy atareado en otras cosas en esos momentos y lo hice con prisas. Craso error. En lugar de la ópera adquirí entradas para las "Escenas del Fausto de Goethe" de Robert Schumann.

No es demasiado habitual escuchar música coral de este autor en el ambiente liceístico barcelonés. Ni siquiera en el sinfónico, ni por supuesto en el mío propio que se alimenta de Liceo, una buena discoteca y algunos programas de radio y televisión relacionados con la música clásica. Me ha gustado comprobar la esquiva pero brillante belleza de esta música coral que en momentos parecía surgida de  la mente genial de Mozart. Las "Escenas del "Fausto" de Goethe", me dicen los conocedores, suponen el más alto nivel alcanzado por el compositor alemán en sus trabajos en el umbral del género operístico. Schumann acentúa el dramatismo de algunas escenas pero se encuentra más cómodo en los momentos líricos donde brilla toda su fuerza evocadora.

La Orquesta sinfonica del Liceo, y su coro, dirigida por Josep Pons, al parecer de este aficionado cronista, no sonó con la contundencia y  energía que cabía esperar en muchos momentos y sin embargo no pudo evitar casi tragarse la delicada voz de Ofelia Sala, convincente como Margarita (Gretchen) en su lirismo pero no muy sobrada de voz en los demás momentos que requerían mayor energía y potencial. Fausto (Michael Volle) y Mefistófeles (Günthet Groisseböck) cumplen de sobras, aunque confieso mi predilección por el segundo, quizá porque Fausto no acababa de dar grandeza a sus dudas, ambiciones y temores, mientras que Mefistófeles parecía querer comerse a su víctima y a quien fuese, de paso, dado el vigor y burlona intención que ponía a su voz.

Doy por supuesto que conocéis el argumento del Fausto de Goethe: Se trata del hombre de ciencia, ya anciano y desengañado que decide suicidarse. Pero el diablo esta atento y aparece para ofrecerle un amor con una hermosa mujer, Margarita, cuyo retrato le enseña y lo más importante: le devuelve su juventud. Naturalmente a cambio de su alma. A partir de ahí, un melodrama que enloqueció a los de la época y ahora lo vemos con el mismo distanciamiento que las tragedias griegas o la condena de Don Giovanni entre diablos danzantes.

Pero el alcance literario y filosófico de la obra de Goethe fue fuente de inspiración no solo para Gounod y Schumann, sino para Listz, Wagner y Berlioz, amén de infinidad de cuadros de los mejores pintores y obras literarias lanzadas al conjuro del mito. En el siglo XX tendremos una ópera "Doktor Faustus" de Ferruccio Busoni y otra, "Mephistofeles" de Arrigo Boito que recoge toda la obra de Goethe, mientras la versión de Gounod se centra sólo en la primera parte, los amores de Fausto y Margarita.

"Las escenas del Faust de Goethe" fue estrenada en 1862, tras la muerte de Schumann. Precisa de ocho solistas, orquesta sinfónica, coro y coro infantil. Quizá la parte más grandiosa sea la última, con el brillante  "Chorus Mysticus". 

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