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24 octubre 2011 1 24 /10 /octubre /2011 09:44

Somewhere-poster-b.jpgPese a ser un tipo de cine muy alejado del de su padre Francis Ford Coppola, su hija Sofia, que ya dio muestras de su buen hacer en "Las vírgenes suicidas" o "María Antonieta" pero sobre todo en la excelente "Lost in traslation", muestra una coherencia de estilo --en esta ocasión poco logrado-- que su famoso padre ha perdido casi totalmente en sus últimos títulos, de los que mas vale no guardar memoria.

La última apuesta de Sofía, "Somewhere", que se llevó un sorprendente Leon de Oro en Venecia el pasado año, llega con un retraso poco lógico (¿o quizá no?) a nuestras pantallas y nos revela en la vida vacía de un actor de segunda y la sosegada revolución que supone la llegada de su hija de doce años. La película aparece al principio como una apuesta singular y subyugante que ya hipnotiza al espectador con la secuencia inicial en la que una cámara fija, fría y objetiva, sin intencionalidad visible, capta la aparición y rauda desaparición de un coche deportivo de alta cilindrada en un bucle de carretera que sin duda es un circuito, ya que pasa una y otra vez, cinco o seis pases, ante la cámara estática. Cuando el coche se detiene frente a ella, al fin, nos deja ver al conductor, un hombre aún joven, con tejanos y un cuidado desaliño, que se queda junto al coche fumando un cigarrillo.

A partir de aquí, la cosa decae sustancialmente y asistimos a la vida lujosa, vacía, sexo, alcohol, soledad en suma, de un divo de escasa valía --como tantos jóvenes fatuos encumbrados momentáneamente por el marqueting de Hollywood-- que vive su privilegiada vida de actor más o menos conocido con un vacío emocional casi absoluto, rodeado de gentes del medio cinematográfico tan carentes de fuerza vital como él, absolutamente encerrado en un mundo interior de encefalograma plano.

Sofía Coppola domina, sin duda los elementos de su técnica cinemtográfica, encuadres, composición, ritmo, puesta en escena, dirección de actores, pero el producto va congelando al espectador en el propio frío lleno de vacuidad y sin vibración humana del ambiente que nos retrata, sesion de fotos, maquillaje, fiestas y sexo abundante. Como en el arranque de la pelicula, el Ferrari dando vueltas sin ir a ninguna parte, el fime cursa su primera mitad con un actor "de lujo" que no va a ninguna parte y de hecho, tampoco está en algún sitio que le de un sentido a su vida.

Una cierta catarsis nos la propone la directora con la aparición de la hija del actor a la que su madre "aparca" en la casa de su exmarido con la intención más o menos evidente de seguir con una vida propia muy semejante a la de él. La relación comienza con la imposibilidad de una comunicación, el actor absorbido por su vida sin profundidad de plano perfil humano, y una adolescente que trae a su vida un poco de calor de hogar, de cuestionamiento de la vaciedad vital y de futuro abierto.

Stephen Dorff da un perfil excelente del actor vacío que consume los ultimos años de juventud y atractivo y la jovencísima Elle Fanning como su hija Cloe,  le roba la escena a cada momento y le da un cierto vitalismo a la película, en la que las emociones del protagonista apenas logran conmovernos o llegar a comprenderlas (la secuencia del actor llorando, agarrado al teléfono, mientras mantiene una balbuceante conversación con la madre de la niña, apenas supera el grado de enigmática o superflua).

La película se vuelve espesa, carece de la fresca oferta humana de "Lost in traaslation" y no acabamos de encontrar lógica o coherencia en la planteada renuncia final de protagonista  (deja su Ferrari en una carretera solitaria con la llave puesta) y sigue su camino, ¿hacia donde? con una sonrisa inexplicable). Ahi se  muestra la falta de voluntad narrativa de la Coppola, inteligente pero fría, que firma una obra no carente de interés, pero que parece contagiarse del frívolo vacío aburrido del protagonista que, como ocurre en la secuencia de la rueda de prensa, se ve incapaz de  responder sobre su identidad, sus deseos y su vida real. No nos cuentan como son las personas que rodean al actor y a su hija y los secundarios carecen de relevancia alguna, no sabemos qué hacen allí ni cual es su historia, son muñecos cuya utilidad desaparece al salir de encuadre.

La critica al mundo del cine y en concreto a las figuras que ensalza Hollywood, es pasiva y poco relevante. El conjunto queda poco definido y la película deja la sensación de el producto de una directora con talento pero sin demasiada alma, un café demasiado aguado o una tostada demasiado grande para la escasa mantequilla de la que se dispone.

 .

 

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24 octubre 2011 1 24 /10 /octubre /2011 07:09

Regreso a Barcelona al filo del mediodia para aprovechar la escasez de circulación que suele haber en los festivos a esa hora. Pienso en la secuencia inicial de "Somewhere", la pelicula de Sofia Coppola que vimos ayer. Un ferrari negro parece dar vueltas sin sentido en un circuito pequeño ante una cámara estática en una toma única. Una y otra vez el ferrari pasa atronador frente a la cámara. Es un comienzo desconcertante que adquiere sentido cuando uno acaba de ver la película y reflexiona un poco ante la propuesta de la joven Coppola. Las vueltas sin sentido y sin destino que da un actor joven --con un cierto renombre-- pasivamente atractivo, montado en el lujo, el vacío y la soledad.

Creo que el éxito es más difícil de gestionar que el fracaso. Aunque no te lo acabes de creer del todo. Sobre todo si aún no has aprendido a bucear en tu alma y confundes el sentido de la vida como ese loco que se pavonea en el escenario entre el ruido y la furia de sus emociones y deseos, de sus carencias y sus frustraciones. Al final Shakespeare, siempre.

 

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23 octubre 2011 7 23 /10 /octubre /2011 09:36

excursiones-8482.JPGViajo a Castellote (Maeztrazgo) con Anna. Nos impresiona el castillo templario como en guardia permanente sobre la roca desnuda, alto y soberbio, resplandeciendo dorado al sol de la mañana, cerniéndose en un vuelo inmóvil sobre el pueblo, casas de tejados rojos arracimadas en torno a la base del enorme risco. El túnel que da acceso al pueblo parece el conducto tubular de un mundo a otro. A un lado, un mundo de brutales desniveles de roca plana desnuda y lisa, en cuya ladera parece habrese congelado la figura amable de una ermita junto a un salto de agua que solo deja caer gotas incesantes, con un nombre poético y lógico, el Llovedor. Al otro, el golpe de sol destelleante sobre la roca en la que se alza la fábrica torturada del castillo. Mi máquina de fotos, una entrañable Canon que lleva mas de un año subiendo montañas en mi bolsillo, ha pagado un despiste mio en un salto entre rocas.

Durante la larga caminata por los aledaños del pueblo fortificado pienso en mi novela, work in progress, a la que aún no he encontrado título y en las múltiples personalidades que va adoptando el portagonista forzado por unas circunstancias sobre las que no tiene ningún control -- nadie lo tiene-- y recuerdo los planteamientos esquizoides de Pessoa el poeta portugués, cuyos alters egos , Bernardo Soares, Ricardo Reis, Alvaro de Campos y Alberto Caeiro, vivieron todas las vidas que Pessoa no pudo vivir por sí mismo. Un desdoblamiento voluntario e inteligente que sólo en su pluralidad se asemeja al de mi personaje central, involuntario y sin memoria de cada uno de ellos.

Cincuenta años despues de la muerte de Pessoa  --en 1985-- su cuerpo fue exhumado a fin de cambiar su ubicación y enterrarlo con todos los honores en el Monasterio de los Jerónimos lisboeta. Su cuerpo se mantenía incólume, impoluto, sereno y firme como su hubiera fallecido la semana anterior. Esa victoria corporal sobre la muerte y la disolución es un misterio que aún no se ha podido explicar. Emiliano Monge lo contaba en "Babelia". Curiosa coincidencia.

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23 octubre 2011 7 23 /10 /octubre /2011 09:28

larry-crowne-pos-b.jpg

 

Vaya por Dios...incluso el avispado y entrañable Tom Hanks, uno de los mejores actores de su generación, puede pinchar en vacío. "Larry Crowne" (que en nuestra obviamente pedagógica España se ha subtitulado "Nunca es tarde") es un comedia fallida, que se ve con agrado debido a las presencias de un Hanks y una Julia Roberts, divertidos con sus papeles aunque un poco demasiado tiesos (es decir poco o nada convencidos de lo que hacen), pero que dejan la impresión de que podía haberse sacado más partido del argumento, que se debería  haber sacado un poco mas de dramatismo real a tenor con la difícil época que vivimos, sin dejar por ello de ser una buena comedia.

Hanks hace un previsible papel de trabajador bueno, concienzudo, honesto, espabilado y elemental que es despedido de su empresa porque carece de estudios superiores y no se le puede promocionar. Entonces decide emprender estudios en la universidad local cuando la falta de trabajo decente, la presión bancaria en una hipoteca brutal y la consiguiente pérdida de su hogar le hacen replantearse su vida.

Uno alucina cuando comprueba el funcionamiento de "esa" universidad local donde, mira que bien, da clases de Oratoria una espléndida y madura Julia Roberts que, contra todo pronóstico, se enamora de su alumno más "brillante", el desclasado Hanks, que además  se convierte en el proyecto cambio-de-look de una jovencita atraida por el maduro estudiante.

Todo previsible, imposible o al menos poco probable. Es como si una pelicula con vocación de seriedad se contagiara hasta el aburrimiento de una de esas películas de adolescentes o jovenes primarios cuya maxima aspiración no pasa de ser la mínima sobrevivencia al minimo esfuerzo.

Algun momento con chispa, escasos, y uno tono general amable que no logra alterar las pocas secuencias que nos hablan de la realidad tal cual es, el egoísmo criminal de ciertos directivos de las empresas, el matrimonio de la Roberts con su esposo ridículo salido de un cómic feminista, la ignorancia supina de los "universitarios", la crisis encarnizada con los más débiles...Una especie de revisión en clave "jocosa" de "El club de los poetas muertos" que no acaba de funcionar.

La moraleja, una y otra vez insinuada es que, a pesar del paso del tiempo y de las incidencias desagradables que la vida te hace padecer, siempre hay tiempo para mejorar. Y asi un hombre digno y maduro puede convertirse en un "triunfador" vestido de jovenzuelo a pesar de las arrugas y que pertenece a un grupo de moteros y mantiene un rollete con su profesora. Penoso.

El argumento es, como la dirección y producción, del gran Hanks, aqui francamente disminuido, con la "brillante" aportación de Nia Vardalos, de la que hablamos hace poco con "Mi vida es una ruina" y "Mi gran boda griega", una mujer actriz-directora-guionista, cuyo éxito me llena de asombro, pero respeto.

No hay evolución psicológica en los personajes, desde su perfil plano (casi de lobotomía), todo resulta insustancial a pesar del drama del despido, el divorcio y la pérdida de la casa, no hay sentdio critico a la enseñanza o al sistema laboral o a la incuria juvenil o a los maduros "colegas" de jóvenes poco reales.

En resumen, patinazo vestido de película seguramente alimenticia para los bolsillos de Hanks y Roberts, pero que deberían tachar de sus respectivas filmografías.

 

 

 

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22 octubre 2011 6 22 /10 /octubre /2011 09:34

ETA  deja de matar. Esa es la noticia que ha movido mi jornada. Euskadi Ta Askatasuna ha acompañado prácticamente toda mi vida, desde mi adolescencia, pasando de los tintes románticos de la lucha contra Franco hasta la siniestra envergadura de una máquina de sangre, extorsiones, secuestros y chantajes. Ha asesinado a 829 personas y herido a varios centenares. La pregunta que me inquieta es ¿para qué? ¿Qué ha conseguido ETA con esos crímenes que no hubiera podido conseguir, sobre todo en nuestra época democrática, a través de otros medios? Recuerdo la conmoción que me produjo el atentado a Carrero y la desolación del asesinato de Ernest Lluch o las bombas en el Hipercor de la Meridiana. Yo había analizado la formación y métodos del IRA Provisional en Irlanda del Norte y trataba de entender, infructuosamente, a ETA que cada vez se hundía más en la delgada línea roja que separa el crimen y la delincuencia del terrorismo supuestamente político.

Ahora la noticia del supuesto fin de ETA me  aturde un poco. Tantos años, toda una vida, con la espada etarra sobre la cabeza de todos, causa una sensación de incredulidad y suspicacia. Un elemento intensamente violento que formaba parte del escenario de mi vida parece dispuesto a disolverse. Hay una emoción de alivio que se oscurece cuando uno piensa en tanta vida truncada...para nada. A veces, la vida es muy dura e insensata. ¿O más bien son los hombres y la vida solo es lo que pasa a nuestro lado mientras nos asustamos, odiamos o huimos? Qui prodest? ¿A quién beneficia este abandono de la lucha armada? Por supuesto y en forma esencial a las personas que NO van a morir a manos de esos asesinos. Pero, ¿a quién más? A nuestra benemérita clase política que entrará en el habitual y desvergonzado rifirrafe de medallas autoconcedidas, dando el habitual espectáculo bochornoso al que en todos los aspectos, principalmente ético y económico, nos tienen acostumbrados. ¿Dónde se esconde la honestidad y el espiritu de servicio?

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21 octubre 2011 5 21 /10 /octubre /2011 14:57

excursiones-8420.JPGDia soleado aunque frío, el viento soplaba con fuerza y en el collado de Eres, junto a las Rocas Cambretes, paso obligado para llegar al paso de la Mala Dona, vertical acceso al Montsagre, las rachas frías y ululantes comprometían el equilibrio, en ese lugar, básico. Ha sido una mañana hermosa, recorriendo el PR que atraviesa la cordillera, con Horta de San Juan a la derecha, Cretas en el centro, Arnes a la izquierda y allá a los lejos Vallderrobres.

A medio día, bajo el sol, buscando su calor en la planicie interior del Montsagre, mientras comía un par de piezas de fruta y las cabras salvajes cruzaban a menudo sobre el barrancal frontero, pensaba en la vacuidad, ese enorme silencio interior buscado por la mayoría de las disciplinas espirituales, y comprendía que la brecha absoluta que se crea en la mente del meditador apunta de forma directa e inevitable hacia la conexión más íntima con todo lo que existe. Cuando se logra esa sensación de vacío, nos sentimos en contacto de forma esencial con la existencia, no sólo lo más cercano, también lo lejano e incluso lo que rechazaríamos por ser contrario a nosotros.

Octavi Serret, mi librero, me ha enviado el libro "Libertad" de Jonathan Franzen, una novela que está levantando de entusiasmo a la crítica norteamericana e inglesa. De momento sigo con el "Yo confieso" de Jaume Cabré. Dos volúmenes especialmente generosos en número de páginas. Deberé dedicarles tiempo y espacio. Resulta chocante después de tanto reflexionar sobre la vacuidad. carlos-copia-1

Se publica un poemario póstumo de mi entrañable amigo Carlos Nadal. Le echo de menos. Era un alma libre, de inteligencia y sensibilidad poco comunes. Hubiera disfrutado con mis aventuras. Todas ellas. Vivía las montañas y los senderos por delegación. Cuando le contaba mis caminatas, las externas y las internas -espirituales o psicológicas- , le brillaban los ojos y rejuvenecía veinte años. Entonces parecíamos gemelos.

Fue uno de los personajes reales pero "disfrazados" de mi novela "La mujer de arena" y, años antes, también salió como personaje entrañable pero secundario en "Cualquier dia en la ciudad". Fue mi jefe respetado y carismático durante casi treinta años en la sección de política internacional de mi periódico. Mentor y sabio protector de quien esto suscribe, ha dejado una huella imperecedera en mi corazón. Te adivino en charla eterna y sosegada, siempre profunda pero atravesada de las chispas de tu humor, rodeado de ángeles que escuchan y debaten al anciano irónico y tierno en que te habías convertido, Carlos, mi amigo, mi hermano...

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21 octubre 2011 5 21 /10 /octubre /2011 09:35

 

 La_esquina_frontal.jpg

 

Desde Truman Capote y Sinclair Lewis, pasando por la mayoría de los "grandes" en la novela negra norteamericana o algunos de los genios literarios de ese país, estoy pensando en Faulkner o Hemingway por ejemplo, la literatura realista que toma como motivo el crimen, la droga o los delincuentes, ha proporcionado una curiosa y fructífera simbiosis entre las dos artes: el cine (o la televisión) y la novela o el reportaje entreverado de ficción. Tomando como referencias  literarias "La canción del verdugo" de Norman Mailer o "A sangre fría" de Truman Capote, el reportaje novelado "La esquina" de David Simon y Ed Burns, que publica en España "Principal de los Libros", alcanza en sus 681 páginas cotas de parecida excelencia.

Para el lector televidente y aficionado a las grandes series norteamericanas, el nombre de David Simon, e incluso el de su coautor, les resultará muy familiar, ya que Simon es el creador de "The wire" la mitica serie sobre el mundo de la droga en Baltimore y Ed Burns, que vive y trabaja en esa ciudad tan conflictiva, fue policía y es uno de los personajes reales del anterior libro de Simon, "Homicidio", que ganó varios premios destinados a la mejor obra sobre hechos reales.

Al igual que en "The Wire" la serie de culto de la que es creador, David Simon extiende en "La esquina" una característica que hace de este libro lo que fue la serie (que en Estados Unidos acabó en marzo de 2008 y aquí aún se está viendo y se vende en DVD), uno de los mejores diagnósticos que se han hecho sobre el fracaso del sistema capitalista en la sociedad postindustrial. ¿Tan profundo es el libro? Aparentemente sólo nos habla de las vidas que giran en torno a la esquina de las calles Fayette y Monroe, en una ciudad de segunda fila, Baltimore. Unas vidas destruidas por la droga, cuyo mercado más amplio y eficaz se gesta en esa esquina. El centro de interés argumental es la familia McCullough, una pareja de drogadictos y un hijo joven e inteligente que se gana la vida comerciando con la droga.

Pero no es sólo ese drama lacerante, que conocemos también aquí en versiones más o menos parecidas, sino el contexto social, político y policial en el que se mueven. Como escribe el autor, "estamos en un mundo en el que las reglas y los valores del libre mercado y el beneficio maximizado se confunden y diluyen en el marco social, un mundo en el que las instituciones pesan cada día más y los seres humanos menos".

Esta es la sensación que queda en el ánimo del lector cuando avanza en la lectura de estas trepidantes y angustiosas 688 páginas del volumen que edita "Principal de los libros", una especie de malestar profundo que nos confunde porque sabemos que no estamos tan lejos de las conclusiones, una debacle que afecta a la mayoría de la población de aquel pais --y de éste, y de muchos-- sin posibilidad visible de mejora, con una crisis que parece cebarse con los débiles mientras los politicos dan palos de ciego y salvaguardan los intereses de la  banca primordialmente, mientras difunden diagnósticos alarmantes  -que enriquecen a los especuladores- y no acaban de encontrar el remedio.

Y ¿saben lo más duro que nos cuenta el libro? Pues...que es verdad. No es una novela. Es un reportaje novelado cuyos personajes son seres reales, de carne y hueso, inmersos en un sistema que parece regirse por las fuerzas caprichosas e interesadas de los dioses corruptos de la tragedia griega, sin posibilidad de apelación, sin recursos para juzgarles y condenarles, sin capacidad de hacer pagar a los responsables de este desaguisado porque nadie en el "Olimpo" de las multinacionales, los politicos corruptos o las instituciones ineficaces, se hace responsable de nada.

Este es el asunto que flota en la narración de la vida rota de una familia de Baltimore, en la que el trapicheo de drogas encubre el drama  general de los desfavorecidos del sistema, cada vez más numerosos en todas partes. No hay pretensión en Simon y Burns de hacer un libro de denuncia social, se contentan con mostrarnos la saga de la familia Mc Cullough y el ambiente de la ciudad y su esquina negra. Pero en un segundo nivel asistimos a la degeneración de un sistema que no sabe como ayudar a esa gente o de unas instancias policiales que van directamente a la represión, la detención y la eliminación del problema por la via de cortar el síntoma. Cosa imposible de hacer. La droga es el síntoma, el paro, la violencia, los robos, los asesinatos la consecuencia de una enfermedad que requiere más tratamiento que cirugía.

Los hechos que se nos cuentan tuvieron lugar en 1993 y  ambos autores hicieron un excelente trabajo de campo durante tres años, en el lugar de los hechos y con las personas que más tarde formarían parte del libro. Un libro que es un grito, sin aspavientos, sin dramatismos inncesarios (lo que se cuenta ya es suficientemente dramático), una llamada de atención hacia la ineficacia de un sistema rígido incapaz de mitigar la desesperación de seres humanos empobrecidos en niveles de miseria, una denuncia indirecta a la sociedad que los cobija, a su sistema educativo, sus leyes y su forma de aplicarlas, el reflejo de una gran parte de la población de uno de los paises más ricos del mundo, masa de marginados que forman un caldo de cultivo donde toda barbarie es posible

"La esquina" es un libro duro y honesto, un reportaje vivo que nos muestra una cara de la moneda occidental que se encuentra ya en todas partes: Inglaterra, Italia, España...En suma, de lectura obligada.

 

FICHA: "La Esquina", David Simon y Ed Burns. Proincipal de los Libros. Barcelona 2011. 688 páginas. 27 euros.

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20 octubre 2011 4 20 /10 /octubre /2011 13:23

Hace un año comencé este blog. Hace un año dejé mi trabajo de periodista en La Vanguardia. Hace un año me prometí cambiar y mejorar mi estilo de vida. Hace un año opté por renunciar a la práctica de la psicología y fui despidiendo a mis pacientes. Hace un año comencé una novela y decidí dedicar parte de mi tiempo a reanudar mi carrera literaria. Hace un año quise implementar la disciplina espiritual del zen y la meditación cotidiana, que como un rio Guadiana aparece y desaparece en mi vida desde hace cuarenta años. Hace un año me exigí escribir sólo aquello que mi mente, mi corazón y mi deseo me sugirieran e impulsaran. Hace un año me vine a vivir a un pueblecito encantador del Matarraña. Hace un año repetí mi único compromiso vital permanente: ser vulnerable al amor y a la persona que me lo ofrece con total generosidad. Hace un año volví a darme cuenta de que era un hombre afortunado. Aunque ahora, un año después, me percato de que no he avanzado gran cosa en mis proyectos. 

Esta mañana, junto a la cascada del Ventador, en Els Ports, en plena soledad, acunado por el sonido del agua, entre las rocas de la angosta garganta donde sólo las cabras salvajes y algunos montañeros se acercan, he renovado todos mis compromisos. Y he adquirido uno nuevo: escribir en este "corazón de tinta", durante todo un año.

Aquí tenéis el lugar donde he meditado:

excursiones-8289.JPGmientras caminaba de regreso, apenas una hora pero con un desnivel brutal, reflexionaba sobre el contenido de este dietario que, como veis, se centra sobre todo en la disciplina de la escritura, es decir, en el reflejo --negro sobre blanco-- de todo aquello que en ese día ha merecido mi interés y mi atención, con especial hincapié en las tareas de reflexión, análisis, lectura y estudio que forman parte del espinazo operativo de mis días y parte de mis noches. No hay una estructura de espacio ni de estilo prefijados. Puede ser un simple apunte o una corta reflexión o una observación puntual. Puede ser mínimo como un haiku o largo como un artículo. Pero siempre será sincero y limpio, con una cierta exigencia intelectual de probidad y honestidad.

Ahora escribiré sobre el libro-reportaje "La esquina" de David Simon y Ed Burns. Me agobian un poco estos enormes mamotretos montados en la técnica del best seller, muy americanos y con ambición exhaustiva. Este, sin embargo, justifica su amplitud y algo de su fama y gancho popular. Espera el libro de Jaume Cabré "Yo confieso", extenso y prolijo, también. Y la película "Somewhere" de Sofia Coppola, la hija más inteligente del genio Francis Ford. Si, el de "El Padrino".

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19 octubre 2011 3 19 /10 /octubre /2011 09:12

contagio-poster.jpg

 

  Un virus letal, que se transmite por simple contacto, pone en jaque a los gobiernos, las instituciones médicas y farmacéuticas y a las sociedades del mundo que entran en un estado de pánico que agrava y supera la siniestra eficacia destructiva del virus. El desmoronamiento social y político, la carrera contra reloj de los científicos que buscan la vacuna, los casos de sacrificio y lucha aislados en un climax de angustia social, miedo y muerte.

Esta es la historia que nos cuenta Steven Soderbegh que, como es usual en este tipo de películas, va insertando en la trama global las pequeñas historias más o menos pertinentes que dan valor y contenido humano a la gran y caótica tragedia de una civilización puesta a prueba.

El ritmo es trepidante, con pequeños apuntes que están dotados de una atomósfera propia, más calmada, pero al final arrastrados también por la vorágine del drama colectivo que se vive en todas partes. Las víctimas se cuentan por millones y durante el proceso se nos muestra, como botón de ejemplo, algunos que tratan de aprovechar la situación, incluso con buena fe, provocando más desinformación y creando suspicacia, violencia engendrada por el miedo y actos delictivos que buscan ser admitidos bajo el paraguas de la excepcionalidad.

El reparto es espectacular, Matt Damon, lejos de su dinamico papel de la saga Bourne, Kate Winslet como investigadora. Gwyneth Paltrow como una de las primeras víctimas cuya desgracia destapa un asunto de infidelidad, Laurence Fishburne como alto cargo sanitario mundial que no puede evitar dar un trato de favor a su familia, un desfigurado Jude Law como un periodista sin escrúpulos que cree en una cura naturalista y se aprovecha de su éxito en internet, Elliot Gould, siempre tan creíble, como científico que encuentra la secuencia de contagio del virus pero sucumbe a él...

Pero el acierto del director consiste en rodear a todos esos intérpretes de un ambiente, de un aire y un estilo en el que la amenaza y el terror hacia el virus, el realismo sin exageraciones, la economía de secuencias, la simple, fría, aséptica y difícil fórmula casi documental de lo que nos narra, crea en el espectador sentado en la butaca una de esas difíciles sensaciones que sólo los grandes del cine consiguen: el "contagio" por simple empatía de ese terror humano a la muerte y más como en este caso, invisible, sin forma, sin aviso, por el simple contacto con la persona enferma. 

Las reacciones que vemos en la panatalla son las que esperaríamos vivir si nos viéramos en esa tesitura, el ansia de acumular provisiones, la exigencia violenta de vacunas, las paranoicas conspiraciones que el miedo cultiva. Son noventa minutos en los que no sobra ni un solo fotograma. Y un  final abierto pero no por ello menos estremecedor por lo que tiene de corolario de una situación que no ha terminado y no sabemos si va a terminar. (Si no conociera el valiente y honesto cine de Soderbegh pensaría que se está preparando para un "Contagio" 2).

 ¿Cuál es esa verdad que nos presenta la pelicula? Simple y dura: la precariedad de nuestra inconsciente seguridad como sociedad y como especie. Y aquí no se trata de los marcianos o de criaturas inverosímiles, es un simple virus el que trastoca todas nuestras nociones de lo que es ético, de lo que está mal, de lo que nunca debemos hacer. Nadie está libre de contagio.

Y mucho menos en este mundo del que tan orgullosos nos sentimos: la aldea global. Es precisamente de la mano de esa globalización de la que el virus se hace rey, ayudado en su faceta, tambien muy peligrosa, del miedo, por personajes como el "blogguer" que interpreta Jude Law, cuya falta de responsabilidad extiende rumores de efectos catastróficos  con más velocidad de la que el virus se propaga .

Contagios pues, vírico, informativo, pero también de desconfianza hacia los politicos y el poder, hacia las empresas farmacéuticas y por último, pero no menos importante, la faceta destructiva intima del virus, la de los principios morales, la esperanza, la generosidad, el sacrificio por el otro, la comunicación y el amor.

Contagio pues universal, fisico y psíquico, social e individual, político y profesional: en suma jaque mate a nuestra cultura como estilo de vida, como jerarquía de valores. Eso es el cuerpo global donde el miedo se ceba como un virus carcomiendo las bases y los fundamentos. Ruina.

Un filme sin sensacionalismo, verosímil, firme y variado en su oferta de historias adyacentes al nudo central, critico con instituciones y comportamientos, con su gotita de esperanza humana en algunos, a veces tierno y a veces lleno de emoción y casi siempre salpicado de angustia y miedo. Pero todo este discurso ha sido hilvanado de una forma seria, dolcumental, honesta, veraz, sin teorias conspirativas ni complots de poder o de medios de comunicación (cosa que en aquella "Virus" con Dustin Hoffman, no acabó de funcionar). El hecho tal como se produce y se expande y las reacciones casi nunca adecuadas o buenas de las personas, sea cual sea su origen o su formación, desde el pillaje hasta el secuestro con extorsión o el asesinato.

Tal es la veraciadad que imprime este director a su película, que la secuencia en la que el jefe de los servicios secretos norteamericanos habla de que todo podria ser un ataque terrorista, suene irremediablemente a tópico y estupidez. Se nos ha convencido que es un peligro que no tiene bandera ni ideología, que es uno de los medios que la Naturaleza puede llegar a crear para terminar con la existencia humana, sin previo aviso, sin causa imputable a los humanos, simplemente un cruce biológico, excrementos de murcielagos comidos por cerdos que entran en la cadena alimentaria humana y causan un cambio genético que muta en virus y se inicia el contagio, desde el cocinero de Hong Kong que ha cocinado la carne hasta la bella ejecutiva que le felicita por el plato que ha comido y que comienza a difundir el virus allí mismo y tras regresar a Estados Unidos en todo su entorno. Una progresión geométrica brutal que contagia al mundo entero. El principio de la mariposa cuyo aleteo en una  punta del mundo provoca un tsunami en la otra.

 

 

 

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18 octubre 2011 2 18 /10 /octubre /2011 15:36
 four_lions.jpg
  Chris Morris, un director inglés tocado por la magia irreverente de los Monthy Piton, la osadía de Borat y las gansadas de Mr. Bean, sin su ingenuidad, se ha atrevido a hacer comedia destructiva sobre un tema tabú: el terrorismo de sello islámico. "Four Lions" es una comedia que hay que ver con la mente clara y nada maniquea, ya que hace con el terrorismo islámico lo que el grupo iconoclasta de los Monthy Piton hicieron con "La vida de Brian" y la religión: humor crítico, inteligente, anarquista y salvaje sobre una realidad que tiene de todo menos graciosa.
En el festival de Sundance 2010 se alabó esta película rompedora aunque muchos le vaticinaron un dificultoso estreno, si lo había y una vida más bien corta en los cines comerciales, si es que alguien se atrevía a distribuirla.
Al final ha logrado estrenarse y veremos qué trayectoria tiene. El boca-oreja funciona desde luego y no sabemos de ningún atentado islamista contra los cines o contra Morris y sus actores (habida cuenta del escaso sentido del humor que suele mostrar esa creencia religiosa): las aventuras descabelladas de ese grupo de islamistas británicos, primero en Pakistán y más tarde en la propia Inglaterra roza el más radical y venenoso humor, con una ironía candente y un contexto politico y social desternillante pero, ojo, bastante realista. Las cosas seguramente no suceden así, pero lo que nos cuentan no es absurdo sino bastante posible, aunque aqui desemboque en la astracanada.
Datos para la carcajada; las motivaciones de algunos de los novatos terroristas, el uso de cuervos-bomba, los disfraces increíbles llenos de explosivos para correr la maratón de Londres y hacerlos estallar, la organización de los atentados, el comportamiento de las fuerzas del orden, los diálogos dignos de Jonathan Swift con unos gramos de Woody Allen, el entero planteamiento de la película, todo lleva al espectador a una orgía del sinsentido, el absurdo, la guasa irónica, la estupidez como forma de comunicación satìrica y en suma un regalo de buen humor negro para quitarle un poco de tragedia a un tema que, la verdad, agobia un poco.
Los cuatro leones, aspirantes a terroristas que van metiendo la gamba sin cesar con una estupidez ingenua que atrae a la mala suerte como la luz a los mosquitos, acaban conectando con el espectador en clave de humor de sal gorda, cada uno de ellos con sus motivaciones y sus dudas y sus necesidades cotidianas y su falta absoluta de idoneidad  y preparación para lo que quieren hacer.
Es obvio que no se trata de ironizar a costa de los musulmanes y esto es algo evidente para una persona minimamente inteligente aunque creo que puede resultar peligrosa en otras personas demasiado, digamos, convencidas de la legitimidad de la lucha contra el Gran Satán (occidente). Gags desternillantes, economía de medios, astracanada de la buena y disparates a gogó para alegrar un poco al personal, bastante hastiado de la osura y sangrienta tragedia de la realidad.
La broma final de relacionar al pintoresco grupo londinense con la muerte de Bin Laden ajusta un poco la lente de percepción de lo que nos narran y cómo lo hacen. No hay burla sino jolgorio, absurdo y sátira, un juego --difícil -- de decirnos hasta qué grado de locura pueden llegar algunas personas en nombre de ideales que en ningun momento preconizan esos actos. Pero no hay moraleja, ni crítica filosófica, hay broma, risas y excesos en nombre del humor. Los cinco terroristas descerebrados son dibujados con precisión de entomólogo y con detalles que los hacen, ay Señor, excesivamente "posibles".
Yo creo que la comedia de Morris debería ser de visión obligada en nuestras escuelas occidentales tan plurales en procedencias del alumnado. Reirse con la risa sana del humor de caricatura puede quitarle hierro a un tema que siempre se toma con excesiva emocionalidad. Jugar a desarmar una idea fanatizada puede resultar terapéutico, ya sea, por ejemplo, en los ámbitos nacionalistas violentos, ETA o IRA o en los desbarajustes políticos de dictaduras varias y de monopolios religiosos o sociales. Tal vez si aprendemos a reirnos un poco de la "sacralidad" de esos conceptos hagamos que se abran caminos a la razón y la empatía.
Aunque en definitiva la inmolación paulatina de los cinco terroristas imexpertos deja en la mente una pregunta oscura: ¿podría ser prematura la risa, la carcajada liberadora, en unos temas que todavía nos atañen con  toda su barbarie indiscriminada y letal? Pues, dedichadamente, en la vida real los terroristas pueden ser tan estúpidos como en la pelicula pero obviamente son más eficaces.

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