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1 marzo 2011 2 01 /03 /marzo /2011 15:07

Woody Allen definía la comedia como la ecuación entre la tragedia y el tiempo. La comedia del garrotazo, la tarta en la cara y los caídas chistosas, los fantoches ridículos y los malos grotescos ridiculizados, es el resultado del tiempo aplicado a una realidad nada risueña, plagada de sangre, dolor, lágrimas y humillaciones.

El viernes pasado la 2 de TVE emitió un documental histórico de Frank Capra, el célebre director norteamericano de comedias, en el que bajo pedido del Gobierno de los EE.UU. se trataba de convencer a los militares del país de las razones que justificaban la entrada de Washington en la Segunda Guerra Mundial en Europa. En la película se nos mostraban archivos de imágenes de gestos, actitudes públicas y discursos de Mussolini, Hitler y los jerifaltes del Japón imperialista. Me sorprendí tratando de evitar las carcajadas. Pero el contexto era ominoso. Lo cómico nacía de la distancia y de la seguridad de saber que habían sido enviados al muladar de la historia.

A continuación del documental, en un telediario de esos que, por otra parte, te llenan de nostalgia ante los desaparecidos de Canal Plus y la CNN, se dedicaban bastantes minutos (no los suficientes) al apocalíptico y ridículo discurso de Gadafi, el autopretendido sucesor de Nasser y pseudo lider revolucionario del tercer mundo, desde la martirizada Trípoli, asegurando que sería el último mártir de la revolución de la yamahiriya, . Al contemplar su acartonado rostro, los cabellos ensortijados al mejor estilo Michael Jackson, la grosera bastedad de sus rasgos y sobre todo el contenido lamentable de su discurso deshilvanado y matonesco, comprendí el nexo de unión que le convertía en un hermano de clase de Hitler, Mussolini, Ceausescu, Idi Amin, y en primo hermano de Franco, Salazar, Mubarak o Ben Alí y pariente lejano pero íntimo de los dictadores de opereta y novela del castigado cono sur de America Latina.-Gaddafi.jpg

Chaplin en "El gran dictador" nos ofreció la clave del problema: esos fantoches del poder son verdaderos paradigmas de la Sombra, arquetipos del mal enrocados en las mas bajas pasiones y vicios de los seres humanos. Sólo el miedo, la represión y la fuerza bruta mantienen cerrada la opción del ridículo, el humor y la burla que cualquiera de esos payasos sangrientos provocaría en una sociedad más sana y más libre. Lo cierto de este razonamiento histórico nos lo garantiza la historia, el simple paso del tiempo.

Cuando las dictaduras caen, la de Túnez, la de Mubarak en Egipto, la próxima de Gaddafi, las que fueron en España o Portugal, en la Alemania nazi, en la Italia fascista, entre el ruido y la furia, aparecen los primeros vestigios del ridículo: la simple narración de los auténticas razones de tal existencia: el robo, la codicia, el poder absoluto como permiso para todo, el desprecio hacia el individuo, la humillación como síntoma de una enfermnedad del alma y la mente…todo encarnado en personajes de dudosa humanidad que siempre adolecen de histrionismo ridículo (los entorchados, los absurdos uniformes, capas y hopalandas carnavalescas llevadas con ánimo litúrgico) con gestos que nos harían silbar en un patio de butacas y discursos que podrían citarse en clases de psicopatología. Cleptócratas sanguinarios, de escasas luces en su mayoría, llenos de complejos sin resolver y de cuentas pendientes, uno se pregunta en definitiva en qué diablos estamos pensando cuando permitimos que seres así se conviertan en salvadores de la patria y defensores del ciudadano, siendo como es, obvio, que son justamente lo contrario.

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25 febrero 2011 5 25 /02 /febrero /2011 21:22

Alex de la Iglesia estrenó el 17 de diciembre pasado "Balada triste de trompeta". En Navidad el Congreso de los Diputados se cargó la Ley Sinde que establecía una serie de cortapisas a la actual -aunque por poco tiempo-- libertad de los internautas para acceder gratuitamente a contenidos culturales. Alex de la Iglesia, director de la Academia de Cine, comenzó a defender esta ley ante la comunidad de la Red, opuesta a ella por bastante mayoría.  Pero cerca de fin de año De la Iglesia aceptó entrar en debate y, cual  Paulo de Tarso, se cayó del caballo de la legalidad derribado por el sol radiante de la libertad twittera, y manifestó su cambio de opinión (¿inconsciencia? ¿maleabilidad inteligente? ¿fruto de una reflexión populista y anarco-marxista (de Groucho)? ¿ganas de tocar la trompeta a los coleguis de la industria?). Sea cual fuere su razón principal, el establishment cultural español le dio palos hasta en el DNI y el hombre, dolido (¿ingenuo?) presentó su dimisión como presidente de la Cosa (gemela pobre de la de Hollywood, pero con idénticas ínfulas y politiquerías que su hermana rica). Hasta aquí todo bien y todo bastante lógico.

Lo curioso y significativo viene ahora: hace una semana un servidor captó en una página de descargas la carátula de "Balada triste". Pensé que era una de esas copias pirateadas de un cine llenas de defectos, mal sonido y desenfoques de imagen, pero no. Se trataba de una copia de gran calidad que ostentaba en algunos momentos la leyenda "Copia para los miembros de la Academia" (ya que la Balada optaba a varios premios Goya, el hermano más feo del tío Oscar, cosa lamentable habia cuenta del nombre que ostenta: el de un pintor que si hubiera nacido en Chicago, por poner un ejemplo, estaría establecido universalmente como el símbolo de la libertad y la mirada crítica del artista frente al mundo).

De la Iglesia pedía a sus correligionarios comprensión ante el fenómeno social de las descargas. Seguramente piensa que lo importante de eso es que la persona se ligue al cine como revulsivo cultural de primer orden y de ahí al arte, a la literatura, al teatro...es el primer nivel para llegar al de aquéllos que aun pudiéndose bajar estas cosas crean hábitos de ir a los cines, frecuentar los teatros o engrosar sus propias bibliotecas. Bueno, es un punto de vista aceptable. Lo otro es, en definitiva, tratar de poner puertas al campo.

Pero no hubo comprensión, hubo condena y picota.balada.jpg

Así que ante su Balada en versión DVRip (similar a un DVD comercial), De la Iglesia tiene ocasión de mostrar la coherencia de su pensamiento con sus actitudes ante hechos que conciernen a su obra. Es una buena ocasión para hacer que sus feroces críticos tengan que envainarse las risotadas con que celebran la piratería de su Balada. Y es que sin duda uno de ellos es el que "descuidó" la vigilancia de su copia y permitió que alguien la pasara a una web de descargas. "Justo castigo" calificarían su "descuido".

Pero lo cierto es que los cinéfilos aplaudimos a Alex de la Iglesia, no tanto por su apoyo a la comunidad internauta sino por su valentía al cambiar de opinión y recibir con cara de payaso tonto el alud de bofetadas, tartas de crema en la cara y bastonazos y zancadillas que el muy honrado gremio de académicos de la Cosa le ha dedicado.

Otro día les contaré algo sobre la película. La veré en un cine y cuando salga el DVD lo compraré para engrosar una videoteca de cientos de películas compradas de las que disfruto en mis momentos de ocio y de cuyas enseñanzas y sugerencias aprovecho para nutrir mis artículos, mis novelas y mi vida.

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22 febrero 2011 2 22 /02 /febrero /2011 12:16

Conocí a Fernando Martínez Laínez en Madrid, en la sede de la agencia Efe por los años setenta cumpliditos, él un treintañero inquieto, que volvía o iba como delegado de la Agencia  a Cuba. Nos encontramos gracias a mi compañera de entonces, Nana de Juan, que trabajaba en la Agencia también y que me anunció a su compañero con estas palabras o parecidas: "Sois bastante parecidos, él un poco mayor que tú, y también loco por la literatura y experto en política internacional".  Simpatizamos de inmediato, incluso nos parecíamos un poco físicamente, para gran regodeo de Nana. Hablamos y pronto surgió el tema de la literatura. Yo acababa de publicar un par de novelas y él sacaba a la luz una novela negra. Supo que me dedicaba también a la crítica literaria y me prometió enviarme un ejemplar de "Carne de trueque" para su reseña. Autor_lainez.jpg

Leí su novela y saludé con ella la aparición de uno de los primeros escritores españoles que escribía novela negra bastante genuina (en la época lo máximo que recuerdo en ese género eran las novelas de Plinio, jefe de la Guardia municipal de Tomelloso, que firmaba el castizo García Pavón).

Seguí más tarde la profusa y prolífica carrera literaria de Fernando,  (más de 50 libros), aunque no nos volvimos ni a ver ni a relacionarnos, a pesar de habernos cruzado, me consta, por esos mundos de Dios en labores periodísticas. Ahora por mediación del gran Octavi Serret (el Señor de los Libros en el Matarraña) recibo y leo "Los libros  de Plomo" que edita Martínez Roca. Y ha sido un buen reencuentro.

Se trata de un excelente thriller, sujeto a las reglas y convenciones del género. Se lee como si asistieras a una filmación mental de una novela de acción, pero con los añadidos extraliterales que surgen de una mente observadora y vivida y que hacen tan superior la lectura de una buena novela a la mayoría de los productos fílmicos, ya que la fuerza y la esencia de lo escrito sugiere elementos interesantes a tu propia mente en varios niveles más de los que activa la imagen y el sonido.

La historia que se nos cuenta, la existencia y el robo de unos Libros de Plomo con mensajes apocalípticos en una Granada llevada hasta el paroxismo y el caos por un terremoto inicial y por la toma de la Alhambra por un comando yihadista y la aparición de un "Mesías" del desastre con toda su tropa de fanáticos, crea una bipolaridad cristianos-musulmanes que se muestra tan  activa como en la época de las Cruzadas y también tan irremediablemente violenta. A todo esto añádase las sangrientas actividades de una especie de Jack el Destripador que va matando a diestro y siniestro con extrapolaciones pseudomísticas...Y ya tenemos un escenario en el que todo es posible.

La maestría de Fernando consiste en hilvanar con eficacia esa sopa atronadora y hacernos vivir dentro de la propia Granada, calle por calle, plaza por plaza, detalle a detalle (suculentas descripciones de lugares, bares típicos bien conocidos por los que bien conocen la ciudad, o rincones llenos de encanto, todos ellos atravesados por la vena de locura que infecta la ciudad.) La perfección de la trama, ya bastante compleja por si misma, se enriquece con la documentada habilidad del viejo periodista que es FML para ofrecernos datos sobre armamento nuclear ilegal, mafias rusas, agentes del CNI y todo el confuso pandemonium de la guerra oculta que libran los servicios secretos (llamados de inteligencia) con la plasticidad de un Le Carré, a la española y dicho sea esto sin juicios de valor negativos.

Los momentos dedicados a la profesión periodística, el delegado de la agencia Efe en Granada, o los usos y manías de la profesión en la central de Madrid, me han despertado una sonrisa de reconocimiento y, in mente, un ¡bravo Fernando!, por su cariñosa ironía y su estoica descripción del mundo de la "tribu" en palabras de un amigo común, el añorado Manu Leguineche.

El ritmo de la acción no desmaya, a pesar de la periodística aparición de "informes" oficiales o personales de jefes de policía o miembros del CNI, con los que se resume la situación de vez en cuando.

Los personajes, descritos con desparpajo y de forma clara y aséptica, de sus interrelaciones y sus intimidades, se ajustan a la estructura del género y permiten al lector situarse ante ellos y la acción, sin perder la pista.

La ambición temática de FML es enorme y sale de su cometido de forma brillante: aunar varias tramas paralelas y luego convergentes, en una novela donde se mezcla habilidosamente una trama de espías y de policías, con asesino ritual en marcha, una bellísima ciudad trastonada por el miedo y la violencia, un mensaje religioso que provoca el enfrentamiento fanático, la sombra ominosa de un estallido nuclear y en un mismo pote elementos -- a veces descritos de una forma hilarante-- de tipo político (hasta las mas altas instancias) social, religioso y profesional...crean en suma un libro que seduce y te obliga a marchar con él hasta la última página.

Enhorabuena, Fernando. Se nota además tu categoría y experiencia como guionista. ¿Para cuando una versión cinematográfica de tu novela? 

 

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21 febrero 2011 1 21 /02 /febrero /2011 16:33

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Joel y Ethan Coen nos han dado muchos y brillantes motivos para esperar con expectación otra de sus películas. "True Grit" (que podría traducirse por "Verdaderas agallas") que aquí vemos con el título de "Valor de ley" como su anterior versión de 1969 debida a la excelente factura de un director mitico Henry Hattaway y que supuso su único oscar al gran John Wayne. Esta vez, como ya ocurrió con otro de sus "remakes", (por mucho que ambos hermanos hayan jurado sobre lo que sea que esta película suya no es un remake de la de 1969) el que les hizo atreverse con "El quinteto de la muerte" de Alec Guinnes, que ellos titularon "Lady Killer", los Coen se han quedado en un producto correctísimo, de fotografía inmejorable y realización brillante, pero falto de alma interna.

La historia del marshall (Jeff Bridges, muy lejos del mitico Nota de "El gran Lebowski", su primer trabajo con los hermanos) contratado por una niña (Hailee Steinfeld, magnífica, de una retórica oral hilarante) para perseguir y matar al asesino de su padre, con la inesperada ayuda de un Ranger de Texas (Matt Damon, muy lejos de Bourne y metido en un papel encorsetado y episódico), sigue teniendo el gancho que el escritor Charles Portis dio a su best seller de los sesenta.

valor-de-ley.jpg

¿Qué es lo que falla en esta magistral fórmula cinematográfica (la fotografía merece un oscar con campanillas)?  Falta el alma en los personajes. Adobados por un humor inteligente pero frío y unos diálogos que recuerdan la retórica cachonda de un Tarantino, no hay emoción en ellos. Y todos transitan por un argumento atractivo y que mantiene el interés del espectador por su dinamismo y la belleza de cómo lo cuentan los Coen, pero...no nos los creemos, al menos a mí no me conmueven, aunque admire la economía sabia de gestos de un cada vez más soberano Bridges o la precisión verbal de la niña de 14 años, que tiene que recordarnos varias veces que tiene esa edad porque se comporta y se manifiesta con una soltura y una habilidad sorprendentes.

La ironía y los apuntes truculentos que nos sirven a cada momento permiten comprobar que la venganza del padre es el pretexto emocionalmente no visible (un McGuffin, como llamó el gran Hitchcock a las razones esenciales que se olvidan a mitad de la narración) para que nos cuenten un viaje iniciático de una niña con un marshall viejo, gordo y borracho (pero infalible tirador) junto a un joven Rangers, tras el cual los tres encontrarán el sabor del cariño o la amistad duradera. Los Coen lo dejan en un recorrido lleno de truculencias y buenos momentos (el tiroteo nocturno y sobre todo el comienzo de la película con el plano abierto tembloroso de unas luces que terminan configurando el lugar donde acaban de matar al padre de la niña: genial) en donde todos quedan más bien indiferentes de haberse conocido y no hay ni un solo plano de emoción relacional, momento heroico incluido: la secuencia del viejo pistolero corriendo hasta desfallecer con la niña en los brazos para salvarle la vida).Valor_de_ley-2.jpg

Lo siento, amigos Coen, me quedo con

 la producción de Hal Wallis en el 69. Aun siendo menos fiel a la novela, allí percibí auténtica emoción en muchos momentos. La liturgia de los antihéroes,  de la épica del western reducida a una tragedia de crónica de sucesos o relato de novela negra, funcionó mejor con Wayne.

No quisiera ser cáustico pero siempre noto la mano de Spielberg (productor ejecutivo) en esa especie de banalización de bella factura eso sí y sobre todo de impecable valor comercial que suelen tener las apuestas del rey Midas de Hollywood. Pero los Coen deberían estar al margen..."Fargo", "Barton Fink" "El gran Lebowski", "Muerte entre las flores", "Oh Brother"...demsiado buenos, demasiado iconoclastas...La verdad, esperaba...¿algo mejor? No. Otra cosa.

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20 febrero 2011 7 20 /02 /febrero /2011 11:14

Jaime Balmes, filósofo, teólogo, periodista, “príncipe de los apologistas modernos” según Pio XII, escribió en una de sus obras, “El criterio”, que  "lo más preciso de la razón humana es el sentido común" , a lo que habría que añadir (no sé si lo dijo el buen clérigo, pero se suele pensar que sí)  que resulta ser el menos común de los sentidos. Esto no sólo es  observable en la vida cotidiana de las buenas gentes sino sobre todo en los asuntos de Estado y Gobierno donde cabría esperar mayores dosis de ese sentido de la proporción, la eficacia y el equilibrio entre lo que hay que hacer y lo que se puede o no se debe hacer.

Viene esto a cuento con el llamado vicio de fumar al que médicos, intereses y modas han condenado a lo prohibido, lo censurable y lo mal visto. La demonización del pitillo, la pipa y el puro bajo el dictado de la salud y su prevención y defensa ha movido más tinta y papel, chats y discursos, tertulias y muestras de humor, talento, estupidez, procacidad y mala pata que el que más y el que menos comienza a estar hasta el colodrillo de tantas  memeces y exageraciones. Partiendo de la base poco discutible de sus aspectos sanitarios y médicos, confinando el uso a espacios privados o públicos autorizados, bajo una vigilancia éstos que no parezca el abuso de las brigadas de la Inquisición, se podría dejar el asunto reducido a sus justos límites,  sin desembocar en más excesos de los que se pretendía evitar.                                         

Desde la sugerencia de que cualquier ciudadano debe, DEBE, denunciar a la autoridad competente cualquier violación de la ley antitabaco en los lugares públicos (pronto también en casa, bajo la admonición de la comunidad de vecinos: ocurre ya en algunos edificios “modélicos” en Estados Unidos) hasta la idea peregrina de eliminar o manipular secuencias de películas clásicas donde alguien fume (para empezar, todo el cine negro norteamericano a hacer puñetas, así como muchas de las grandes películas clásicas de la historia del cine).

Lo último ha sido la posibilidad de denunciar a la compañía que está reponiendo el musical Hair en Barcelona, porque en escena los jóvenes airados de la revolución de las flores y el amor, se marcan unos supuestos “porros” como era tradicional en aquellos lejanos finales de los sesenta.

Oigan, ¿no les parece un poco salido de madre todo este asunto? ¿Por qué no establecer brigadas de defensores de las costumbres como esa iniciativa municipal de Lleida que ha reciclado a muchos jóvenes parados para formar unas brigadas de agentes especiales que deben denunciar los actos incívicos (de momento solo advierten,  pero no tardarán en aplicar sanciones, sino al tiempo)? tati2.jpg

Sugiero seria y  amablemente a los munícipes de nuestros pueblos y ciudades que armen brigadillas de salvadores del orden cívico y amonesten y sancionen a los que mean por cualquier esquina, pública y notoriamente, a  los que escupen en la calle, los que tiran papeles evitando pudorosamente las papeleras, los canes cagones enardecidos por sus amos, los que destrozan mobiliario urbano porque es divertido, los que gritan desaforadamente en las madrugadas porque están muy contentos y muy bebidos, los que rayan el coche para fastidiar al que lo ha comprado solo porque suponen que quizá tiene más dinero que ellos, los que queman rastrojos sin controlar dónde y cómo lo hacen y provocan incendios… y la lista da para mucho más de lo que sería prudente alargar.

Siguiendo con el absurdo desproporcionado entre lo que se pretende defender –la salud de todos—y lo que se lleva   a cabo –el exceso prohibitivo que se sale de las coordenadas del sentido común—podríamos prohibir también todas las películas y obras de teatro en las que hay crímenes, malos tratos, bebedores, drogadictos, jugadores y locos de furor y maldad (pobre Shakespeare, reducido a las bibliotecas secretas por ser declarado malhechor de la humanidad)…

Hay quien trató de borrarle a las imágenes del cómico francés Tati  (el de “Mi tio”) la pipa que invariablemente llevaba entre los labios, o eliminar el cigarrillo de Sartre o cambiar el pitillo del vaquero de comic Lucky Luke por una ramita, y tuvo que intervenir la Asamblea Nacional Francesa para evitar semejantes dislates. ¿Le  quitamos  la pipa a Sherlock Holmes o a Maigret, el puro a Churchill, el habano a Groucho, la fumata de la paz con los sioux a Gary Cooper, el narguilé al califa de Sherezade o al cienpies azul de Alicia?

Insisto, no estoy en contra de la prohibición de fumar en público y de lanzar ciertos anatemas contra ese vicio (por cierto,  quizá no tan dañino como el alcohol, ¿para cuándo una nueva ley seca, olvidándonos de lo que ocurrió en Estados Unidos?), pero, por favor, apliquemos un poco de sentido común a la prohibición…tati.jpg

Como muestra un botón: el Tribunal Supremo de la India revocó la prohibición de fumar en películas y programas de televisión y argumentó: “Es una realidad de la vida y cualquier tipo de censura en su representación violaría el derecho fundamental de la libertad de expresión”. Pues eso…

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15 febrero 2011 2 15 /02 /febrero /2011 16:16

Desde mi casa en Torre del Compte, cada noche dirijo la mirada al pueblo frontero que, en la oscuridad, lanza destellos de luz bajo sus dos colinas coronadas por la ermita de Santa Bárbara una y las ruinas del castillo de los calatravos, la contigua, un perfil triangular apuntando hacia el cielo abierto: La Fresneda. Se trata de uno de los pueblos mas bellos de la comarca, dotado de un singular perfil de galanura y calidad. No en vano fue declarado Conjunto Histórico y Artistico y Bien de interés cultural a mediados de los 80 del pasado siglo. Allí se dan la mano la más tradicional arquitectura bajo aragonesa, el respeto hacia el pasado, ibero, latino, románico y gótico, la omnipresencia de las ordenes militares Calatravos y Temple, las huellas mágicas de antiquísimos pobladores y ciertas características geográficas y geológicas que, al decir de algunos que de esto entienden, permitieron a borrosos ancestros del lugar observar y medir fenómenos naturales relacionados con los rituales de la tierra, el agua y el cielo.

Pues bien, además de todo eso, La Fresneda goza de un paraje extraordinario, de una belleza natural y un sereno ambiente silencioso y pacífico, que encandila a cualquiera que lleve sus pasos hasta él: el santuario de la Virgen de Gracia de la Cueva. Se inicia el sendero a las afueras de la población, dirección Alcañiz. Hay un cartel que indica el camino, una pista forestal no muy cuidada en algunos tramos pero practicable en su totalidad para todo terrenos y vehículos dotados de buena suspensión.la-fresneda-2.12.10-016.JPG Pero yo recomiendo al senderista  que siga la pista por los cinco kilómetros de caminata (algo más de hora y media a paso tranquilo) que separa La Fresneda de su llamado "Desierto", así conocido no por la presencia de dunas arenosas o parajes inhóspitos, sino por el silencio y la soledad que envuelven amablemente al caminante. La pista, ancha y llevadera, sin apenas desniveles, recorre huertos de labor escondidos entre el bosque y las colinas, olivares más que centenarios de retorcidos troncos y presencia mágica, algún que otro pinar negro y una presencia variada de los matorrales y plantas aromáticas de la zona.

Para empezar, a un kilómetro del caserío del pueblo, a mano izquierda, un cartel  avisa de la cercanía de una fuente, Medina por nombre (¿recuerdo árabe?),  dando prueba de la antigua tradición del Matarraña como país del agua. Caminamos envueltos en un silencio lleno de vida, como debe ser la nada o el vacío para los maestros espirituales. El sendero cruza el Barranc del Canals y se interna en los montes de la Mangranera hasta llegar de súbito, tras el recodo del camino, a la zona llamada la Chulara, a unos seiscientos metros de altura, donde el caminante se encuentra con unas edificaciones engastadas en la roca viva, y como broche precioso la asombrosa fachada del santuario, dorada al sol de la mañana, una joya arquitectónica de estilo barroco con elementos neoclásicos tempranos.IMG 0495

Toda esta maravilla me recuerda, salvando las distancias, mi arrobada sorpresa al encontrarme de pronto, tras el paso de un oscuro desfiladero, ante el increíble santuario nebateo de Petra, en el desierto jordano. El efecto visual pertenece al mismo tipo aunque el maño a un nivel más modesto, pero igualmente emocionante. Este santuario aragonés está construido sobre una ermita del siglo XVI que daba cobijo a la cueva donde se encontró la imagen de la virgen de Gracia (una pastorcilla de la vecina Valjunquera, según la leyenda, fue quien la encontró). El actual edificio, del que solo se conservan restos de tres naves y la fachada, de dos cuerpos, en piedra de sillería, que adopta un color de oro viejo ante la caricia del sol, junto a los muros de la hospedería y residencia de los monjes. Ha desaparecido la cubierta de cañón con bóvedas de medio caño, aunque se conserva el altar y la hornacina interna de la imagen y en lo más alto de la fachada, bajo el frontón neoclásico otra hornacina con una imagen extrañamente bien conservada de la Virgen con un niño Jesús rechoncho que sujeta con la mano izquierda un ave de pico curvo, quizá un águila o un halcón .

El recinto, al que accede por un arco de medio punto pegado a la pared de la residencia de los monjes, cuyo interior está destruido y sin techo alguno, por donde asoma el cielo luminoso de estas tierras y los árboles que han crecido allí., está formado por las dependencias de los monjes, la iglesia y otros espacios comunitarios, todo ello en un entorno de bosque y planicies verdes en terraza. Allí vivieron unos años los monjes de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula aunque pronto rechazaron la dura vida que el aislamiento y los inviernos rigurosos provoca y se instalaron en La Fresneda, pese a que  mantuvieron el cuidado del santuario. Ahora en el Convento que fundaron en el pueblo se ha instalado un hotel.

Pasar un tiempo en este lugar, sentado frente a la fachada, junto a la alberca o el pozo de los monjes, aun conservados, es un regalo para el espíritu y el cuerpo de cualquiera. El silencio, raramente rasgado por el trino de algún pájaro o el sigiloso pasar de algún animal de cuatro patas, es uno de los activos del paraje. La belleza de las líneas arquitectónicas tan contrastadas por el medio natural, bosques, rocas inmensas, ramas y flores es otro añadido de importancia. Pero todo paraíso tiene su serpiente. ¿Cuál es la de este lugar? El hombre, naturalmente. Las basuras dejadas, más o menos arrinconadas, por lo menos eso, en este entorno. Por favor, limpien todo esto y pongan lugares de recogida de basuras, y que sean periódicamente retiradas. Gracias. La virgen de ese nombre  y el lugar lo merecen.

Tras desechar la opción de regresar por el mismo camino, surge una pista justo enfrente del Santuario, subiendo una cuesta desde donde se contempla la magnificencia del recinto, luego se tuerce a la izquierda y dando una vuelta generosa por las tierras llamadas de la Cosalba y Mangraneras, sin dejar la pista en ningún momento se llega  a La Fresneda justo por el punto opuesto de donde salimos, al otro extremo de la población, bajo la colina de Santa Bárbara. Contabilicé 7 kilómetros de caminata, más o menos dos horas a paseo tranquilo y con desniveles mínimos y vistas de una placidez que recuerda a las de la Toscana.la-fresneda-2.12.10-024.JPG

La excursión puede seguir--y no deberían perdérselo-- con una tranquila visita a las dos colinas gemelas de las que les hablaba antes: los restos de la ermita de Santa Bárbara (construida en 1760, destruida durante las guerras carlistas y reconstruida en 1891) y la del castillo calatravo (recientemente remozado), aunque éste es un resto exiguo de una fortificación medieval que permite una vista excelente del pueblo y la zona que le rodea sólo por la molestia de subir unas escaleras metálicas en el seno de la torre. En las cercanías de la ermita desacralizada hay restos de presencias  prehistóricas y dos o tres elementos geométricos realizados con piedras formando elipses o círculos, que permiten sospechar que hay quienes aún creen en la magia de este lugar, al parecer punto energético y electromagnético de cierta importancia.  Entre las dos colinas, el original cementerio de la población y una serie de casas ruinosas que dan un aspecto misterioso y romántico a la zona, pero que piden a gritos una recalificación en lugares de paseo y recreo para población y visitantes.

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

www.nullediesinelinea.es

 

 

Lugares de interés

 

Si París bien valía una misa, La Fresneda,  no le quepa duda, al menos vale una novena. No deje de dar un paseo bajo los soportales de la calle Mayor, vea la capilla del Pilar y la casa de la Encomienda. Puede aprovechar para comprar una carne  excelente o embutidos en Ferrer y aceite y miel en la Encomienda. En la zona alta, visite la Iglesia de Santa María la Mayor, barroca, y en la plaza Mayor admire la lonja del ayuntamiento, edificio construido en 1771  y el arco de Xifré, antigua entrada al pueblo.

 

Comer y dormir

 

En La Fresneda conozco dos cocinas excelentes: la del Convent y la del restaurante Matarraña. En el primer establecimiento también se puede pernoctar y el austero ambiente medieval de su claustro y sus habitaciones regalan un plus de encanto al lugar. También se puede comer y dormir en el Hostal La Grancha.

 

Cómo ir

 Tomando como punto de partida Valderrobres, seguir la carretera a Alcañiz hasta La Fresneda. Obviamente si viene de Zaragoza, Teruel o Alcañiz lo tiene más fácil y no necesita pasar por Valderrobres, parada obligada para los que vengan de Cataluña o Valencia.

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14 febrero 2011 1 14 /02 /febrero /2011 15:33

Cualquiera pensaría que se trata de una película sobre los acontecimientos de Túnez, Egipto y otros países musulmanes. Y es que en Hollywood son rápidos, pero quizá  no tanto. En realidad se trata de una nueva película de Peter Weir, el director australiano autor de cintas como Gallipoli, El club de los poetas muertos, Master and comander, Ultimo testigo o La costa de los mosquitos. Uno de los grandes, en suma. Hacía siete años que Weir no firmaba una película y al fin se nos descuelga con "Camino a la libertad", una cinta apreciable pero a mi muy personal entender un tanto fallida. A pesar de contar con el libro autobiográfico del escritor polaco Slavomir Rawicz (publicado en 1956), una historia magnífica de superación humana de las más terribles circunstancias fisicas y mentales creadas por la dictadura de Stalin, un road-movie heroico por unos parajes sencillamente extraordinarios (Siberia, el desierto de Gobi, el Himalaya y la India) y unas interpretaciones de esos actorazos nunca suficientemente alabados por critica y público, Ed Harris y Colin Farrell...el resultado parece más un documental dramatizado de la National Geographic que una película de autor con tablas suficientes para sacar mejor partido de la historia.Camino.jpg

Slavomir nos describe en su impactante "The long walk.The true story of a trek to freedom" la odisea de un grupo de presos políticos y uno común, asesino por más señas (genial Colin Farrell) a los que se añade más tarde una joven durante el camino, que escapan de un gulag siberiano para recorrer caminando  6.500 kilómetros por las nieves siberianas, el calor asfixiantes y la sed de Gobi, más frio en el Himalaya y al fin, la India, donde se disgregará el grupo, que ha perdido a tres de sus miembros a causa de las calamidades sufridas.

La solidaridad, la cohesión y la bondad de todos y cada uno de los prisioneros, incluido al final el asesino Farrell, a lo que añadimos la absoluta falta de convicción -casi torpeza- en la filmación del momento de la huida del gulag ante los sanguinarios vigilantes y en medio de una tormenta de nieve, amén de la deficiente factura en el dibujo de los personajes, con la excepción de Harris y Farrell...hacen de esta película un producto bastante previsible y un poco demasiado amable y descriptivo para la temática de que se trata. El espectador, yo al menos, no se siente implicado por la heroicidad y el aliento de los personajes y las calamidades que pasan parecen las tipicas pruebas de superación heroica que uno sabe de sobras que serán superadas con honor.

Rawicz murió en 2004 y por tanto no ha tenido ocasión de verse a si mismo y a sus compañeros retratados en una historia con final feliz (en la realidad él no volvió jamás con su esposa treinta años después de su fantástica escapada. Se casó con otra mujer). La historia de esos doce meses de agotadora caminata es en sí misma un reto.Pero a Peter Weir esta vez no le ha llegado el aliento y la fuerza de sus otras convincentes obras. Y dicho todo esto, vayan a verla. A pesar de sus defectos, es una película muy por encima de la media habitual.

 

 

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13 febrero 2011 7 13 /02 /febrero /2011 14:01

Estamos igualados con  Portugal y sólo un peldaño bajo Malta, pequeño país que ostenta el índice más alto de abandono escolar prematuro (un 36,8% sobre el 31,2% español). La media de la UE es de 14,4 %.

La sonrojante estadística refleja una de las causas a su vez de la altísima cifra de jóvenes parados o con subempleos de supervivencia. ¿Tan difícil es ver la dura realidad que estamos propiciando por múltiples razones (entre ellas el descuido social y una educación equivocada) y que perfilará el escenario socioeconómico de nuestro país en los próximos años? ¿Cuál es el proceso encadenado de causas y consecuencias al que estamos abocados?  Los ciudadanos con baja formación tienen un riesgo de pobreza altísimo (cuatro veces mayor a los titulados en FP o universitarios) y generan un enorme gasto  para el Estado que acabará alterando la política de subsidios por desempleo, simplemente por agotamiento económico. Al tiempo, la tónica de nuestra época es la exigencia cada vez mayor de una cualificación media o alta para cubrir los empleos (un 85% de todas las demandas según la Comisión europea).bibliotecas.jpg

No es preciso ser el agorero de tertulias de tele5 o el chistoso de turno en Intereconomía, para comprender que si no variamos estas tendencias --que la sociedad comienza a considerar un signo de los tiempos, cuando no es más que el resultado de la vaciedad de valores éticos de nuestra educación de niños y jóvenes-- el futuro de España como nación fuerte y socialmente equilibrada está en el alero de lo imposible. Y seguirá siendo así mientras se contabilice el dinero que se dedica a educación como un gasto en vez de hacerlo como una inversión de las más rentables que se puede permitir una nación.

Un estudio europeo de prospectiva social ha cuantificado durante 40 años de la vida de un individuo, en un millón de euros el gasto o también la falta de ganancia y el recurso a la ayuda pública, que le va a suponer el abandono temprano de los  estudios. Eso sin cuantificar las consecuencias negativas personales, psicológicas o sociales, que en uno u otro momento la falta de estudios y de cultura va a suponer en la vida del individuo. Realmente ¿saben los jóvenes lo que se están jugando cuando abandonan los libros?

¿Cuál es la situación aqui y ahora? La respuesta está en el tirón de orejas que la UE ha dado a España a causa de los recortes del gasto educativo. En este año el Estado y las Comunidades autónomas reducirán 1800 millones de euros las partidas destinadas a educación. Con esta reducción se frenan las medidas y recomendaciones que la UE ha hecho a España para paliar el problema.

Si extrapolamos esta reflexión a nuestra tierra, quizá sea el momento de dar un toque de atención a nuestros políticos. Se acaban de aprobar los presupuestos comarcales (4,7 millones de euros) que aunque un 16 % menor de los fondos disponibles en 2010, con la inyección de ayudas para el Plan de Desarrollo Sostenible, se debería seguir apoyando --e incluso crear-- las actividades culturales e iniciativas de mentalización social educativas que, al nivel comarcal, palíen de alguna forma ese déficit educacional que amenaza a nuestros jóvenes. Y eso desde la promoción de la lectura y la familiarización con los libros, la cultura del teatro, el cine, la música, la formación en técnicas informáticas, hasta la promoción de los valores y principios éticos de la sociedad y el individuo. Charlas, conferencias, programas de radio y televisión con ambición cultural específica, encuentros, talleres de lectura, sociedades de defensa del paisaje, la naturaleza y el medio ambiente, promoción de técnicas de relajación y disciplinas meditativas...hay tanto por hacer, tanto que enseñar, tanto que compartir...

Decía el filósofo francés Alain Finkielkraut que "no hay ninguna garantía de que leer nos haga mejores", pero suele haber muchas más pruebas de que no leer y no estudiar nos hace más pobres...de sentimientos, de oportunidades, de comprensión, de proyectos, de ambiciones, de realismo y de ilusión. Cultivarnos (en cultura) mejora sustancialmente nuestro currículo laboral y nuestra vida. Mire a su alrededor y reflexione.

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11 febrero 2011 5 11 /02 /febrero /2011 16:52

IMG_1428.JPGDesde Beceite y como una nueva variante a la excursión a Penyagalera, se deben visitar los parajes magníficos de la Mola de Lino que nos permitirá conocer toda la bellísima ribera del Ulldemó, el tercer gran río de la zona, con el Matarraña y el Algars.

Para ello se sigue la pista pavimentada que lleva desde las afueras de Beceite en los altos de cementerio, en dirección a la Pesquera, donde acompaña el río practicamente hasta el punto desde donde se inicia el sendero de subida a la Mola. Unos 10 km.

Para evitarnos el paso por Beceite, que bien merece una visita pero esa no es hoy nuestra prioridad, al salir del pequeño túnel que en la carretera que viene del Valderrobres cruza el puente sobre el rio, se coge, a la izquierda, inmediatamente la pista asfaltada que se aleja del pueblo. Esta pista nos lleva de nuevo a cruzar el barranco del coll d'en Selma más arriba y se llega la bifurcación que lleva a   Arnes a la izquierda y tuerce de nuevo a la derecha hacia Beceite, opción que seguimos. Justamente a la altura del cementerio (k.2,6) se vuelve a girar a la izquierda hacia La Pesquera y ya se sigue acompañando el cauce del Ulldemó, que allí forma una garganta  que se extiende por  diez kilometros, plena de grandes pozas y lugares de baño y esparcimiento. IMG_1332.JPG

En el km. 4,9, se ve a mano izquierda el cartel indicador del sendero a Peñagalera. Seguimos por la pista hasta el km. 6,5 donde hay un mirador de una zona especialmente bella por las formaciones rocosas que al otro lado del río crean una pared peculiar de grandes masas tubulares.

Mas o menos en el km. 7, se termina el asfalto y aunque se puede seguir bien en el coche, recomiendo que se aparque en uno de los numerosos lugares idóneos, para no molestar a los que prefieren evitarse caminatas, y seguir a pie. Son tres kilómetros de pista de montaña, cómodos de caminar por el escaso desnivel ya que a partir de ahí, superadas  las alturas, se acompaña al rio casi a nivel de cauce.

En el km. 8,3 la pista atraviesa el cauce del rio y el camino cambia de ribera. Siguiendo la pista por ese otro lado, dejando el rio a la derecha se atraviesan parajes bellísimos de agua y verdor. En unos minutos, se llega a una planice redondeada donde acaba la senda y los que van en coche pueden dejarlo.

A la izquierda de la plazuela natural sube empinado el sendero señalizado que lleva a la Mola de Lino. Unas dos horas de subida permanente por lugares de auténtico arrobo paisajístico, con presencia ocasional de cabras montesas y una arboleda de cuento de hadas y gnomos.

Antes de llegar a la mole blanca y alargada de la Mola de Lino se encuentra los Masets de Lino que es un pequeño caserío con cabañas remozadas que forman un idílico lugar de reposo (de propiedad particular). Frente a las casitas se yergue la Mola de Lino. Una subida de veinte minutos nos lleva a las alturas (1208 m) donde se encuentra una Cova del Maquis que, por cierto, no supe hallar.

La bajada, en algunos puntos muy fuerte, con piedras pequeñas y suelo desgastado en algunos tramos, se puede hacer sin problemas en  una hora y media.

En total, tres horas y pico la parte de ida a la Mola (contando con la pista) y dos horas y media hasta llegar al punto donde dejamos el coche. Unas seis horas sin prisas.

Algo mas de la mitad si llegamos con el coche hasta el punto de arranque del sendero.IMG_1325.JPG

Las vistas desde la Mola de Lino son soberbias y permiten una visión casi aérea de los valles del Ulldemó y del Matarraña, con los arracimados caseríos dorados de Vallderrobres, Cretas, Calaceite, Arnes y Horta de San Juan, en las azules lejanías.

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9 febrero 2011 3 09 /02 /febrero /2011 17:28

Los aficionados al teatro saben que el nuevo teatro Goya de Barcelona, dirigido por Josep Maria Pou, suele ser cita y ocasión de disfrutar con las artes escénicas. Desde hace unos días, el coquetón teatro remozado ha dado vida en su escenario a un clásico: John Boynton Priestley y una de sus obras más aclamadas: "Llama un inspector" (1946), que fue llevada al cine en 1954.pou.jpg

Priestley, que nació en  Bradford en 1894 y murió en 1984 en Stratford -upon-Avon, fue escritor, periodista, locutor de radio, dramaturgo y guionista de cine, amén de activista político de izquierdas, de talante liberal, antiarmamentista, pacifista combativo y critico total de la nuclearización militar (con 64 años llegó a encabezar una marcha antinuclear de 85 kilómetros) y, no obstante, era respetado por su participación en la primera guerra mundial, donde fue herido en tres ocasiones.

Con algo más de 30 años logró un éxito espectacular con su novela "Los buenos camaradas" (1929) (que sería representada en teatro) y una serie de obras teatrales con el proceso del tiempo como leith motiv que lograban éxitos escandalosos, como "Esquina peligrosa" o "El tiempo y los Conway". Uno de esos éxitos fue "Llama un inspector" (1946) que se sigue representando regularmente desde su estreno y siempre con éxito. Y es que esa es una de las características de este autor inglés: su idoneidad para constituir una apuesta segura para las compañías teatrales.

No sólo la perennidad de su éxito se ha desgajado de la carga del tiempo --sus obras se mantienen actuales a pesar de las décadas transcurridas y los cambios sociales habidos-- sino que para los actores es un agradecido primer premio: hasta el menos importante de los personajes en la trama tiene un papel tan elaborado  que asegura el lucimiento del actor. Sus obras tienen una estructura redonda, muchas veces en el sentido estricto  de la palabra, ya que algunas son circulares (la presente, lo es: acaba como empieza) o van viajando entre el presente y el pasado ("El tiempo y los Conway", por ejemplo). Priestley admiraba las teorías de J.William Dunne sobre la premonición de los sueños y la percepción del tiempo que no se ajusta a ninguna linealidad y permite "viajes" inesperados por el entramado secuencial del tiempo.

En todas sus obras, las situaciones están perfectamente perfiladas, los personajes claramente definidos, la trama interesante, los diálogos incisivos, un aliento poético susurrando de vez en cuando y un muy británico sentido del humor que, casi de sorpresa, emana de alguna frase o incluso de un gesto.

Priestley es una fiesta para el espectador y una gratificación extra para el actor. Por ello, la versión que puede verse en el Goya de Barcelona, con un Josep Maria Pou en estado de gracia, manteniendo el gesto austero y la interpretación contenida, moderada por una especie de fuerza interior, tiene una réplica magnífica en Carles Canut, que compone un Arthur Birling, empresario conservador y clasista, digno del inspector Pou. El duelo de estos dos personajes se va enriqueciendo con la fria aportación de la esposa de Birling, que compone -eficazmente- Victoria Pagès y todos ellos secundados Por Paula Blanco y David Marcé como los hijos del industrial y Ruben Ametllé, como el prometido de la joven Birling. ¿La trama? Una fiesta de compromiso de una familia de la alta burguesía inglesa es interrumpida por un inspector de policía que viene a indagar sobre la muerte de una joven de 24 años que se ha suicidado bebiendo lejía. Ante la sorpresa primero y la consternación de todos los comensales el inspector va desgranando los elementos que convierten a la joven desconocida en alguien que ha tenido mucho que ver con todos y cada uno de los miembros de la familia Birling. Una durísima crítica social se va perfilando cada vez con más amargura.

No contamos más, aunque suponemos que para muchos es esta una obra conocida. En todo caso y por ese mecanismo mental que premia la repetición ocasional de algo que produce satisfacción y placer estético, revisitar la obra produce casi un placer semejante a visitarla por vez primera.

Por tanto, créanme vayan a ver a Pou y su incisivo y misterioso inspector.

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