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25 mayo 2019 6 25 /05 /mayo /2019 09:40

En este siglo contradictorio donde la tecnología más increíble se da la mano con ignorantes minorías ancladas en el medievo por obra y gracia de unas particulares creencias o la globalización comunicativa y viajera de nuestras sociedades avanzadas se enfrenta a individuos e instituciones que defienden desde la rigurosa planicie terrestre hasta la existencia de mundos paralelos tipo Matrix o la dictadura de siniestras conjuras planetarias que convierten al ser humano en esclavos al servicio de intereses suprahumanos. ¿Están seguros de que como género hemos adelantado tanto? ¿No es más cierto que hay una disparidad evidente entre el avance tecnológico humano y los demonios y limitaciones de unas psiques ancladas en la mitología más oscura? 

Esta dicotomía resulta evidente cuando se nos informa que el movimiento mundial antivacunas (en uno de los efectos perversos de la globalización) ha logrado revertir el proceso de erradicación del sarampión: si hace doce años se logró reducir la enfermedad un 91 % en África y un 68% en el resto del mundo,  ahora la OMS denuncia que los casos de sarampión se han cuadriplicado en el planeta en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo, de 2018. La sintomatología de la infección vírica pasa desde una simple fiebre alta, manchas en la piel, sarpullidos por todo el cuerpo y tos, a infecciones en el sistema nervioso central, encefalitis, daños en la vista y en los oídos, neumonía, diarreas intensas e incluso la muerte. Es muy contagiosa entre los niños y se trasmite por vía aérea procedente de personas infectadas.

La eficacia de las vacunas está fuera de toda duda razonable. Como en el caso de las transfusiones de sangre, la oposición de ciertos individuos a las vacunas tiene su raíz en creencias más o menos irracionales que parecen trasplantadas de la Edad Media al siglo XXI. El problema no es sólo de unas determinadas familias sino de todo el entorno social en el que viven, en peligro a través del contagio.. Hay algo atávico en esa negación irracional a aceptar cuestiones avaladas por la ciencia, ya que sí aceptan otros aspectos de la tecnología científica, el uso de móviles o de internet, o de aviones y medios de transporte impensables en los tiempos en los que están ancladas la psicología oscurantista de esas personas.

Todo este asunto me recuerda cierta metáfora ingeniosa de Russell que describe con sarcasmo la fuerza de las creencias irracionales y los mecanismos usados para defenderlas:  "Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores." . En lugar de tetera pongan... ¿se les ocurre algo? ​​​​​-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 mayo 2019 5 24 /05 /mayo /2019 09:01

 

Es el caso de "La montaña viva"  de Nan Shepherd, hay una especie de paralelismo junguiano con "El tiempo de los regalos" de Patrick Leigh Fermor, unas sincronicidades curiosas que convierten a ambos libros (aparecidos en el mercado literario anglosajón en los setenta) en primos hermanos a pesar de la distinta repercusión y éxito (el de Fermor fue apoteósico) y más bien en el hecho de ser ambos libros excelentes y de pertenecer  a dos autores que intercalarían en sus vidas literarias unos larguísimos silencios entre los primeros títulos y sus correspondientes obras maestras.En el caso de Shepherd el "vacío" de cuarenta años se produce después de haber publicado tres novelas que la elevaron al pináculo literario inglés: prueba de ello, el hecho de que su efigie fue colocada en los billetes de cinco libras por el Banco de Escocia.  Como Fermor, Nan espera casi cuarenta años para publicar su nuevo libro en una edición limitada en Escocia y han de pasar más de treinta años para ser  reeditado y convertido en un "clásico" escondido  (2008, 27 años tras la muerte de la autora) que va creando adeptos y fanáticos de "La montaña viva". Fermor, por su parte, tarda otros tantos años en publicar la continuación de su viaje  a pie desde Rotterdam hasta Constatinopla, con una guerra mundial por en medio (y una novelesca participación de Fermor en ella, luchando como guerrillero contra los alemanes en Creta).

"La montaña viva" es una suerte de reflexión poética, deportiva y filosófica sobre esas montañas escocesas de los Cairngorms, que la autora ama desde niña y nos muestra desde dentro.En doce capítulos, dedicados a los elementos primarios de la montaña, aire, piedra, arboles, viento, agua, hielo, esta escritora --nacida en 1893 en una aldea del norte escocés, profesora de inglés en la Universidad de Aberdeen durante más de 40 años, fallecida en 1981-- nos hace una descripción íntima y .global, estética y naturalista, poética y literaria de la cordillera y las hondonadas que la cicatrizan, los elementos que la vivifican, la luz, los seres que la recorren, desde los insectos a las aves, una conjunción de vida que resplandece en las páginas de un libro apasionante (y no sigo con los adjetivos por respeto a Shepherd, que detestaba los  elogios y a los que la "ensalzaban en exceso").

 

Este libro fue escrito en los años 1940 durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial – la propia autora describía su escritura como “mi lugar secreto de tranquilidad”–, que apenas deja caer su sombra fatídica sobre las brillantes páginas del relato reflexivo de esta narradora y poeta, aunque se trasluce en forma de anécdota en las paginas 98 y 109. El manuscrito permaneció inédito hasta el año 1977.  Entre la guerra y esa fecha Nan se dedicó a caminar, escalar montañas y enseñar literatura inglesa a jóvenes damas escocesas. Tal como resume ella misma en el capítulo séptimo del libro: "He escrito sobre cosas inanimadas, la roca y el agua, el hielo y el sol, y podría parecer que no fuera éste un mundo vivo. Pero mi intención era llegar hasta las cosas vivas a través de las fuerzas que las crean, porque la montaña es única e indivisible, y la roca, la tierra, el agua y el aire no son más parte de ella que lo que crece en la tierra y respira el aire. Todos son aspectos de una sola entidad, la montaña viva. La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: son todos uno...".

¿Cómo se puede definir, encuadrar, este libro. ¿A qué género pertenece? Historia natural, meditación zen, reflexión taoísta, paisajes y sensaciones, guía para montañeros o para ornitólogos, para amantes de las plantas y las flores, aves y rapaces. Como escribe Robert McFarlane, uno de los más conspicuos representantes de la nature writing del momento, "¿Se trata de un poema en prosa...una búsqueda geopoética, un panegírico de un lugar, filosofía del conocimiento, tratado práctico de taoísmo o un 'tránsito de amor' como lo definió la autora?" En el fondo, ¿qué más da? El punto está en que, como dice MacFarlane, este libro cambia un poco a quien lo lee, sobre todo si es montañero o caminante. Ella capta la esencia del paisaje con la claridad y contundencia anímica de un poeta, la belleza trascendente de la montaña como un místico y reflexiona sobre el cuerpo y el conocimiento como lo hace el filósofo francés de su tiempo, Maurice Merleau Ponty. No hay en la mirada de Nan Shepherd diferencias entre el cuerpo y la mente, en la sutil percepción de las texturas de las rocas o de los troncos, de la cambiante esencia dinámica del viento y del agua, y en la global interacción  de la vida silvestre con el escenario natural donde se desarrolla. Es una alianza entre conocimiento y sensibilidad van acorde.Y asegura: "el misticismo en sí tiene, para mí, un origen fisiológico".

Escribe : "Cuanto más se aprende de esta compleja interacción de suelo, altitud, clima y tejidos vivos de plantas e insectos...más profundo se hace el misterio. El conocimiento no disipa el misterio. La ciencia sólo añade el tiempo a la ecuación y le da una dimensión nueva".(pág. 124) Disfruten este libro. Creo que debería formar parte de la biblioteca de todo aficionado al senderismo, a las montañas y a los paseos y  caminatas en general.

FICHA

LA MONTAÑA VIVA.- Nan Shepherd.- Introducción de Robert MacFarlane. Traducción (excelente) de Silvia Moreno.- Ed. Errata Naturae.-189 págs. ISBN: 97884165944967

 

 

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22 mayo 2019 3 22 /05 /mayo /2019 07:47

León Felipe, uno de nuestros grandes poetas definido por el exilio, escribió hace muchos años: " Y he visto:/que la cuna del hombre la mecen con cuentos,/que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,/que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,/que los huesos del hombre los entierran con cuentos,/y que el miedo del hombre.../ha inventado todos los cuentos." Viene a cuento este poemilla lúcido y amargo, por el delirante proceso inquisitorial de una conocida escuela barcelonesa de élite sobre los álbumes ilustrados de preescolar que los niños deben o no leer (0 más bien, mirar los dibujos y tratar de entender un texto básico) basados en cuentos infantiles tradicionales, desde Caperucita Roja a los Tres cerditos o Cenicienta. Todo en nombre de una "perspectiva de género" para evitar que la imaginación simbólica en desarrollo de los infantes se desarrolle a partir de estereotipos machistas y sexistas. 

Vladimir Propp (autor de "La morfología del cuento" y "Edipo a la luz del folklore"), Bruno Bettelheim (autor de "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" y  Carl G.Jung, autor de "Psicología y simbólica del arquetipo", deben haberse removido, inquietos y avergonzados, en sus tumbas. El sentido común, también. Parece que nuestro país ha entronizado lo "políticamente correcto" sobre valores como la honestidad, la ética, la solidaridad y la sensatez. Es algo epidérmico pero que tiene buena prensa. Prohibir o manipular "Caperucita Roja" o "Cenicienta" en nombre de lo políticamente (e hipócritamente) correcto, es peor que un error, es una estupidez. El contenido simbólico de los cuentos infantiles tradicionales ha tenido un objetivo desde su ancestral nacimiento: crear en las mentes infantiles unos arquetipos que funcionan  a modo de semáforos psicológicos indicadores de peligro, engaño, esperanza, valor, honestidad, corrección, solidaridad...arquetipos que tras el crecimiento biológico se mantiene en el inconsciente adulto. Desnaturalizar este legado secular por el sexismo reivindicativo en forma de moda más que principio (de hecho la igualdad de sexos sigue estando bajo mínimos) se me antoja otro de esos "cuentos" que "taponan el llanto del hombre"...y de la mujer. El miedo del hombre no cesa de inventar cuentos...para justificarse, en beneficio de sí mismo, para maquillar la realidad o para ganar votos. Los "técnicos oficiales de enseñanza" que asesoran a esa escuela catalana tendrían que hacer un cursillo para aprender a distinguir "estereotipos" de "arquetipos". - ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 mayo 2019 1 20 /05 /mayo /2019 07:47

Ático de los libros me envía la "Guía para caminantes" de Tristan Gooley, el autor de la celebrada "Cómo leer el agua". A pesar de la frase que Gooley nos endilga ya de entrada "prefiero morir caminando que morir de aburrimiento leyendo libros sobre cómo andar de forma segura", lo cierto es que su libro "que trata de pistas y señales al aire libre y sobre el arte de predecir y deducir" nos enseña, precisamente, el arte de caminar sin morir en el intento y sin dejar de aprender cosas de la naturaleza y por tanto sin dejar ni un solo resquicio al aburrimiento y claro, sin olvidar reglas clarísimas y reiterativas...de seguridad.

Gooley nos enseña a distinguir las clases de suelos, a apreciar los patrones, formas y lineas de los paisajes, a no confiar ciegamente en los mapas, a aplicar las técnicas sherlockianas de observación y atención, a rastrear y distinguir huellas, a escoger las rutas adecuadas,  a leer los límites de campos y caminos, a percibir lo que nos cuentan los árboles o las plantas, hongos o líquenes sobre vientos, humedad, orientación o animales. Unamos a esto los datos para conocer los tipos de nubes y lo que nos anuncian, los cielos, la meteorología, el arco iris, las nieblas y las tormentas. También nos enseña a leer las estrellas y orientarnos gracias a ellas o a usar el sol o la luna como brújula o reloj. No podía faltar una generosa porción de  datos sobre los animales que podemos encontrar en nuestro caminar (siempre es bueno recordar las diferencias geográficas del lugar desde donde escribe, aunque el autor procura tener al lector al día de las localizaciones).

Además Gooley nos cuenta un apasionante viaje a Borneo en busca de la tribu de los dayak (más de 30 páginas fascinantes en dos partes). El libro se complementa con un capítulo "raro y extraordinario" (y no digo más, véase la pág. 362), un índice muy práctico "para dar tus primeros pasos" y cuatro apéndices, sobre cálculo de distancias, alturas y ángulos, sobre plantas, un calendario de meteoros y estrellas fugaces y un método para localizar el sur usando las estrellas o la luna. En suma, es un regalo de conocimientos para hacer más agradable y seguras las caminatas.

Gooley es un experimentado aventurero pero no es un escritor. Su prosa es pragmática y sencilla (lo cual no es lo mismo que simple). Aunque no es preciso ser escritor para comprobar que cuando uno se lanza a los caminos, el simple ejercicio de andar se convierte en una experiencia que, si uno está atento a sí mismo (y por tanto, se olvida del ego), provoca emociones, reflexiones, sensaciones, todas espoleadas por el paisaje, el silencio, la luz y el color, el sano ejercicio físico, el cansancio o el asombro y la belleza que la Naturaleza nos regala a manos llenas.

Especialmente interesante para caminantes de todo tipo son los apéndices del libro donde Gooley nos enseña métodos muy variados para calcular distancias, alturas y ángulos, algunos tipos de plantas de los caminos y bosques, las lluvias anuales de estrellas fugaces, un método fascinante para encontrar el sur, usando las estrellas o la luna...Y como guinda en la lista habitual de agradecimientos, Gooley se permite una jugosa observación. Os la anoto: "Ascender por una montaña es una metáfora más que decente para representar los desafíos más satisfactorios de la vida. Escribir este libro ha sido una tarea mucho más larga, difícil y agotadora de los planeado...sin embargo, ¿quién no ha iniciado deliberadamente una caminata más larga de lo que sería sensato?". Completamente de acuerdo, amigo Gooley.

FICHA

GUÍA PARA CAMINANTES.- Tristan Gooley.-Trad. Víctor Ruiz Aldana.-Ed. Ático de los libros.- págs. 448.- ISBN:9788417743055

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19 mayo 2019 7 19 /05 /mayo /2019 09:37

Desde su atípica "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de antigualla: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 mayo 2019 6 18 /05 /mayo /2019 09:42

Dicen que Dave Eggers sigue los pasos de Kerouac o del Richard Ford de "Canadá" debido a esta "road-novel" en que una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana.

Creo que eso es quedarse en la superficie de esta novela existencialista, en el sentido filosófico del término. Eggers es un escritor comprometido con la existencia, la propia y la de muchos desamparados, niños y adolescentes sobre todo, con la calidad problemática que en las sociedades avanzadas provoca crisis galopantes y, por último, en defensa de los grandes espacios de este planeta en los que uno puede llegar a recuperar el sentido de la vida,  a través del esfuerzo continuado, el sacrificio, la falta de comodidades y la belleza inmaculada y peligrosa de la vida poco menos que salvaje.

Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una viDa por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Para Josie ha quedado claro que la vida que tiene no es la adecuada y que la "verdadera" vida está esperándola, a ella y a sus hijos, en otro lugar. Portanto, adelante, vamos a intentar encontrar ese lugar y ¿por qué no, Alaska? Alli vive su hermanastra Sam, en un lugar remoto llamado Homer. Pero, bueno, las cosas se tuercen o no y el camino se vuelve existencia y en el camino está la vida. A menudo es mejor el camino que la posada como escribió Cervantes. . Una vida rutera, ruda y difícil, pero,emocionante y en ocasiones, de un estimulante adrenalítico, en el pequeño universo bamboleante de una casa rodante "en la que los platos tintinean".

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo).

Que como dice el propio autor, esta novela es una especie de homenaje a los pioneros norteamericanos, por ese afán creativo y audaz de colonizar un mundo agreste, hermoso y sin piedad hasta convertirlo en un hogar, pues bueno.  Aunque Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Una vida "dura, salvaje y sencilla" es la que espera a estos héroes de la frontera. No tanto de una frontera geográfica, sino de una forma o estilo de vida que da la espalda a las comodidades, conformidades y frustraciones que la paranoica vida de las grandes ciudades ha forjado como una cadena alrededor del cuello de los ciudadanos.

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041


 

 

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17 mayo 2019 5 17 /05 /mayo /2019 09:11

Alguien dijo que ni las parejas ni los pueblos felices tienen historia. No estoy de acuerdo con el aserto, ni con los que consideran que la felicidad, el bienestar y la satisfacción de vivir no tienen nada que hacer ante las ansias de conocimiento, de explorar nuevas vías al saber, de investigar hasta el agotamiento, de los estudiosos y científicos fanatizados por logros casi imposibles. La exploración, la búsqueda de lo nuevo, de lo que uno cree que debería ser, suele ir precedido de una gran insatisfacción ante lo que es. La inquietud, la preocupación, la ansiedad, incluso la obcecación y el sacrificio, son elementos al parecer adscritos a los grandes pensadores y creadores, ya sean científicos, literatos o artistas. 

El neurocientífico Goldberg asegura estadísticamente que "los trastornos bipolares y los ataques de depresión son comunes en muchos de los grandes escritores, científicos y exploradores". Y otros psicólogos han estudiado la delgada línea roja que separa la genialidad de la locura para concluir que "el trastorno maníaco-depresivo es la 'llave del genio'. Y se cita como ejemplo a Van Gogh, Beethoven, Dickens, Byron, Larra, Lewis Carroll, Schuman, Miguel Ángel, Poe, Baudelaire, Newton, Wittgenstein, Stefan Zweig, Virginia Wolf, por un lado, Hitler, Stalin, Churchill, Mao, NIxon, por otro. Y la lista es mucho más larga... Por lo visto, la conclusión es que los "rasgos afectivos negativos", formas leves de depresión y trastorno bipolar correlacionan con la capacidad creativa...y evolucionan en consonancia con las circunstancias personales del "genio".

Francamente dudo que eso sea totalmente verdad. No niego que hay muchos "genios" que podrían formar parte de ese equipo de desquiciados. Pero habría que redefinir y acotar el contenido y la aplicación de la palabra "genio". Y no presuponer que "genio" significa "persona dotada de sabiduría". Los genios son especialistas en una determinada rama del saber tecnológico o artístico y no se les puede pedir igual capacidad en el resto de los saberes humanos. Son "genios" en tal o cual rama de la ciencia o las artes. Y aprendices de las demás, como todos los demás humanos "normales". En cuanto a las "manías" están repartidas muy equitativamente en la población, genios incluidos. Y puestos a la labor, también habría que redefinir la palabra "sabiduría", muy devaluada últimamente.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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16 mayo 2019 4 16 /05 /mayo /2019 07:17

Henry Hardy es el nombre del magnífico editor y experto e Isaiah Berlin que durante los últimos años ha reunido y editado la extensa obra no publicada del excepcional intelectual y ensayista histórico y político, fallecido en 1997.  "El sentido de la realidad" fue el elemento básico de una conferencia pronunciada en 1953 en un colegio universitario norteamericano. Los siguientes ocho trabajos publicados en este libro pertenecen a conferencias y encargos repartido por revistas, actos presenciales o televisados en Europa, Asia, Canadá y los EE.UU.

Los grandes temas que Berlin, con su sorprendente erudición y lucidez van desde la revolución romántica como una de las crisis fundamentales del pensamiento moderno, el marxismo y el socialismo en el marco de la industrialización y el desarrollo científico y tecnológico que llega a nuestros días. Defiende la importancia de la educación y la cultura y su básica necesidad adyacente de libertad de expresión. Muy en sintonía con la actualidad también, Berlin reflexiona sobre la filosofía y su papel capital en el desarrollo político, pues como asegura en el texto correspondiente:  «La filosofía es el arma más segura y profiláctica, pues toda su historia es una advertencia contra la creencia de que hay preguntas permanentes y soluciones finales».

Lo más impresionante del alcance las reflexiones de Berlin es que sus apuntes sobre temas como el nacionalismo, el racismo o el fanatismo religioso no sólo se han revelado muy pertinentes sino que podrían  ser utilizados en editoriales periodísticas de plena actualidad, ya que sus conjeturas y reflexiones se han revelado absolutamente reales y significativas en el día de hoy. Así su mirada del nacionalismo y los fanatismos "religiosos", esos "patológicos y narcisistas" complejos sociales público que se basan en una creencia absurda e irracional en la superioridad ilimitada de determinados nacionalismos y credos sobre otras sociedades aledañas (y por consiguiente el derecho "sagrado" a luchar por todos los medios lícitos o no, pacíficos pero casi siempre violentos, por lograr los propios objetivos, generalmente proyecciones irreales de una superioridad inexistente).

El lector hará bien en detenerse, por ejemplo, en "El compromiso artístico, un legado ruso" , pero dados los problemas políticos actuales en nuestro país, yo aconsejaría un detenido análisis de los dos últimos trabajos del libro: "Kant como un origen desconocido del nacionalismo" y "Tagore y la conciencia de nacionalidad".

 El primero parte de una premisa que parece muy alejada del "saludable internacionalismo, racional, liberal" del gran maestro de Königsberg, ya que incluso en sus formas moderadas el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo; y especialmente en nuestro propio siglo (el XX, en el nuestro se ha corregido y aumentado) propenso a desembocar en la opresión cruel y destructiva y finalmente, en masacres espantosas". Nada parece más alejado, pues, del racionalismo sereno de Kant. Este defiende" la autonomía de una nación o sociedad, fines en sí mismas en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó originariamente sólo como teoría ética) se mezclaron con las doctrinas explosivas de Herder y Rousseau y formaron una masa crítica que a su debido tiempo conduciría a explosiones terribles." Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma patológica en el siglo XX y XXI. Para Kant el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguine o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

En el  ensayo siguiente y último, aprovechando la figura del poeta hindú R. Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo"

 

FICHA

«El sentido de la realidad». Isaiah Berlin.-Ensayo. Taurus, 2017. 400 páginas. 19,86 euros. Trad. Pedro Cifuentes. ISBN 9788430618569

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14 mayo 2019 2 14 /05 /mayo /2019 19:30

Sherry Turkle es una psicóloga que ha dedicado los últimos 20 años a estudiar los efectos de los medios tecnológicos de comunicación interpersonal. Para ella la tecnología online está provocando una huida relacional hacia la pérdida de la conversación cara a cara, lo cual produce efectos perniciosos  ya que "la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad". Los últimos trabajos de esta científica cognitiva se basan en una serie de encuestas realizadas durante un período de cinco años en  diferentes escenarios, desde al ámbito laboral y educativo al familiar y sentimental.

Quizá se debería analizar la cuestión recurriendo a la metáfora de las sillas que diseñó con ingenio el filósofo de la naturaleza Thoreau: la conversación con nosotros mismos, el soliloquio,  de una silla, la de dos sillas cuando tenemos un interlocutor o las tres sillas cuando interviene una motivación digamos social o laboral. Por ello Turkle propone que la nueva e invasiva forma de comunicación mediante la nueva tecnología, sea la cuarta silla. Uno recuerda  la dura moraleja de la película "Her", (2013, dirigida por Spike Jonce y protagonizada por un genial Joaquin Phoenix) en la que el protagonista se relaciona amorosamente con un programa informático interactivo e inteligente.

Los adolescentes se pasan horas ante las pantallas de sus móviles, tablets u ordenadores. Son incapaces de permitirse la libertad de aburrirse e imaginar juegos y actividades que les diviertan. Sus hermanos mayores, universitarios,  suelen mostrarse mucho menos empáticos de lo que era normal en los años que mis hijos o yo asistíamos a la universidad. Dirán ustedes, encogiéndose de hombros, "eso es normal. Eran otros tiempos". ¿Están seguros? ¿Creen que humanamente hablando, los deseos, pasiones, frustraciones y carencias de los jóvenes universitarios de 18 a 23 años eran tan diferentes a los de ahora? ¿O solo ha cambiado la forma de satisfacerlas, remediarlas o soportarlas? Turkle nos informa que un 20 % de jóvenes entre 18 y 30 años contesta al móvil y mensajea mientras mantiene relaciones sexuales; 9 de cada 10 estudiantes envía mensajes en plena clase escolar; el 80 % duerme con sus móviles y la mitad de éstos no desconecta nunca. Es la cuarta silla de Turkle que nos está llevando a estar más cómodos con las máquinas que con las personas ya que "tratamos a las máquinas como si fueran casi personas y tratamos a los seres humanos como si fueran máquinas" (vean "Her" y reflexionen en ustedes,  al margen de la anécdota fílmica).- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 mayo 2019 1 13 /05 /mayo /2019 15:43

 

Bertrand Russell es uno de los grandes maestros filosóficos del siglo XX. Sus aportaciones a las matemáticas, el positivismo lógico y la divulgación filosófica son la joya de la corona de una vida que en sí misma es un ejemplo filosófico y humanístico. Controvertido, provocador, humilde y arrogante, inteligente, sensible y pertinaz, defendió sus opiniones y posturas con una enorme honestidad a un precio, a veces elevado (estuvo dos veces en prisión por sus posiciones públicas de crítica política).

Desde su atípica y genial "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de obsoleto: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.

"Retratos de memoria y otros ensayos", editado en 1956 y traducido en España en 1976, seis años después de la muerte de Russell, con 98 años, es una recopilación de artículos con contenido muy variado, aunque abundan los autobiográficos, ya sean sobre la evolución de sus pensamientos personales, como la  remembranza de los amigos de juventud y de diversas acciones emprendidas por el activísimo filósofo. Y así disfrutamos de ciertas confesiones sobre sus tempranas elecciones de estudios como las matemáticas y la filosofía, así como reflexiones agudas y sugestivas sobre temas como el camino a la felicidad, su rechazo vehemente al comunismo a pesar de haber saludado la revolución bolchevique como un acto de libertad o  su lucha perenne para evitar la destrucción de la humanidad en una guerra con misiles nucleares o el pacifismo que tantos problemas le supuso en la II Guerra Mundial y contra la de Corea o Vietnam.

Todo ello servido con una prosa elegante aunque combativa, mucha ironía y un encanto superior debido a la humildad, la clase y el desenfado con el que trata tanto a las  grandes personalidades de su tiempo,  como a los grandes temas. Como dijo Stefan Kanfer: "La filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las importantes que no tienen solución.” En sus retratos hay personajes a los que enaltece (Shaw, Wells), uno al que admira (Conrad), otro que la despierta cariño (Whitehead), alguno al que desprecia sin perderle el respeto (D. H. Lawrence) y uno por el que muestra una sarcástica indiferencia (Santayana). Pero, eso sí, justifica sus sentimientos con honestidad y sencillez, aceptando la posibilidad de estar en un error.

Agudamente habla del talento literario y espeta: “Un estilo carece de calidad si no es la expresión íntima y casi involuntaria de la personalidad de un escritor y, aun entonces, sólo tiene calidad, si la personalidad del escritor vale la pena de ser expresada.”, frase que se le podría aplicar, sin dudarlo.

De verdad, léanlo. Refrescará sus neuronas.

FICHA

RETRATOS DE MEMORIA Y OTROS ENSAYOS.- Bertrand Russell.-Trad. Manuel Suárez.- Alianza Editorial, 1976.- ISBN 8420616206.

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