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23 abril 2019 2 23 /04 /abril /2019 08:54

Steven Pinker, el optimista ideólogo de los tiempos futuros hace en este libro una encendida defensa de cómo la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, valores de la Ilustración de los siglos XVII y XVIII no han perdido vigencia y pueden tener un papel decisivo en los difíciles tiempos que nos toca vivir, con un panorama tecnológico en constante cambio y una inestabilidad financiera y política que en el pasado siglo motivaron dos guerra mundiales y multitud de sangrientas guerras localizadas.

Pinker  se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar del pesimismo o realismo de Freedman, autor de "La guerra futura") para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los países del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos científicos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer, el Sida o las ETS, un nivel educativo creciente y la globalización de las nuevas tecnologías en el campo de la información, el ocio y la formación. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles.

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Para callar a los "augures de malas noticias" Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia, movimientos ciudadanos humanistas y como ejemplo recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias” del año 2017 (cosa que nos parece relativista y un poco banal).

Son muchos los comentaristas políticos y sociales, e inclusos económicos que abogan por "volver al espíritu de la Ilustración", abjurado de los de un cierto romanticismo individualista que, en realidad, ya lleva años caduco ante las nuevas tecnologías y los cambios que están provocando en el género humano, desde los norteamericanos a los hindúes, de los rusos a los coreanos y a los chinos, de los ingleses a los suecos, de los alemanes a los andorranos, dejando como muestrario de desastres naturales y bélicos, hambrunas y demás flagelos (vergonzantes en pleno siglo XXI) al continente africano en general (según la ONU más de la mitad del total de las personas extremadamente pobres viven en cinco países africanos: República Centroafricana, Burundi, Republica Democratica del Congo, Liberia y Níger), con pocas y también muy occidentalizadas excepciones. En realidad el mundo está reventando por las costuras, agobiado por la corrupción generalizada, los nacionalismos violentos, las religiones fanatizadas, una economía inestable y sujeta al principio del caos y una Naturaleza planetaria que comienza a dar síntomas de estar a punto de soltar el lastre humano que le impide desarrollarse en paz, usando todas sus armas, sequías, inundaciones, huracanes, volcanes, contaminación y un amplio abanico de enfermedades inducidas probablemente  por el estilo de vida, por el abuso de uso de la tecnología o por las simples estulticia, codicia y maldad humanas. Y no es un problema de recursos que todavía más de 800 millones de personas mueran de hambre, sino de mala distribución de la riqueza: la Tierra produce con las nuevas tecnologías comida suficiente para todos los habitantes del planeta y aún más.

Por eso la lectura de un libro  como el de Steven Pinker resulta ser una especie de "baño de purificación moral" que podría tener algún efecto relevante si uno, al salir del baño, se encontrara en la vida cotidiana con algunas pruebas contundentes de que el mundo está cambiando para bien. La intención de aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es bienintencionada pero utópica: basta con ver qué poco razonables y compasivos son, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre el papel de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesta, de mala o manipulada información. Pero esto es. justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquéllos nobles y honorables valores siguen funcionando.

 Y así Pinker hace un honorable esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a la salida de su autoculpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambienta, paz, seguridad urbano y personal, neutralización del terrorismo, igualdad de derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y un derecho a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo.

 Pero en sus últimos capítulos Pinker insiste: el progreso no es una utopía y disponemos de un margen para continuar progresando en el respeto de los principios de la Ilustración. Presenta  más de sesenta gráficos estadísticos que reflejan que el mundo se está convirtiendo en un lugar mejor (quizá por eso Pinker reclama un uso correcto y fidedigno de los datos que se publican). Y nos repite la frase del poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  

A pesar de todas las sospechas de excesos de optimismo, uno recomienda la lectura de este libro obstinadamente realista a pesar de todo. Estructurado en tres partes: la primera mostrando cuáles eran las ideas de la Ilustración, la segunda demostrando estadísticamente que funcionan ya y la tercera afrontando los grandes enemigos que estas ideas siguen existiendo y operando en el mundo de hoy, los populistas, los fundamentalistas y ciertos "factores de la cultura intelectual dominante": los defensores del paradigma apocalíptico, autoritaristas, tribalistas y fanáticos del pensamiento mágico (persuasión masiva de tipo emocional y patriotero, las movilizaciones populares con eslóganes venenosos y los memes virales que son difundidos y aceptados acríticamente por mayorías desmotivadas y líderes políticos descerebrados pero persuasivos dispensadores de la "banalidad del mal". 

Por tanto, vale la pena dedicar un tiempo, largo, son más de 700 páginas, a leer y razonar lo que se nos cuenta en este libro interesante y estimulante.

FICHA

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- Trad. Pablo Hermida Lazcano.- Ed. Paidós.- 763 págs. 32 euros.- ISBN 9788449334627

 

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22 abril 2019 1 22 /04 /abril /2019 11:09

Escribe María Zambrano sobre Ortega en su "España, sueño y realidad": "la claridad es la primera de las cualidades del pensamiento orteguiano; se es claro cuando se está en claro consigo mismo; la claridad es producto de la coherencia de la vida" Esa correspondencia, esa interacción esencial entre el pensar y el vivir es el secreto de una suerte de bienestar personal que a veces se aquilata en cierto tipo de sabiduría y en una ataraxia estoica. Cuando no existe   esa concordancia se produce una situación peculiar (que podemos reconocer en la política española, huérfana de  pensamientos originales y vigorosos, pero no de supuestos "ideólogos"): "hay una claridad de ideas, pero una via insolidaria transcurre bajo la luz; la evidencia encubre muchas veces un oscuro lago en el que la vida se remansa y llega a estancarse por haber sido abandonada".. Es justamente ese estancamiento el que atenaza la vida pública española. Porque el político al uso no piensa, trata de amoldar la vida al programa de su partido y está condenado a que la vida, ese caudal incesante que nunca se detiene, lo rebase por todos lados, una vez lleno el recipiente del programa de una agua muerta que no tarda en pudrirse.

El pensador, el filósofo, sabe intuitivamente que sólo la coherencia entre su vida y su pensamiento, permite su desarrollo como sujeto del ser, ese caminar pausado y riguroso acicatado por la necesidad de la excelencia: la vía clásica hacia lo correcto, lo bueno, lo justo y lo bello, metonimias de lo verdadero.Pero el político no es filósofo, es un hombre del tener no del ser y es bien sabido, desde Gabriel Marcel, que el tener es "aquello en lo que se pierde el ser". Uno es consciente de que muchas veces la lógica de lo posible rige los asuntos públicos. Pero ante los vicios y delitos de aquéllos que deberían estar al servicio del ciudadano que los vota y no esclavo de sus propios intereses, a menudo el filósofo se deja ganar por el pesimismo y el relativismo de un Cioran y acaba gritando a los cuatro vientos: ¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!: que los políticos sean éticamente coherentes, tanto en su vida pública como en su vida personal y dejen de seguir el axioma fariseico de "los vicios privados y las públicas virtudes".- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 abril 2019 6 20 /04 /abril /2019 15:03

"Moby Dick" es una de las obras cumbre de la literatura universal, a pesar de su mastodóntica apariencia, sus excesos narrativos, las pruebas de hartazgo y desmesura, incluso de aburrimiento, a los que Melville somete al paciente lector, en suma, es el paradigma de obra que gratifica de forma excelsa pero que exige una dosis de atención y paciencia al lector a la altura de lo que ofrece (como el "Ulises" de Joyce, La Iliada de Homero o "La Mil y una noches" o "El Quijote" donde la "impertinencia" de muchos pasajes quedan de sobras compensadas por la magnificencia literaria de la mayoría. Es la prueba de que en esta vida nada verdaderamente valioso es gratuito, todo lo que nos hace mejores cuesta un esfuerzo y a veces una dosis variable pero necesaria de sufrimiento. La relectura de este clásico la hago en la completa edición de Navona (ojo, en las reediciones,  saquen la N que sobra en el nombre de Melville, Herman)  en traducción de José María Valverde y donde se nos deleita con un enjundioso prólogo de Enrique de Hériz (que para el lector no conocedor de "Moby Dick" debería haberse situado como epílogo, al final de la novela).

La sobreabundancia de personajes y peripecias, la solemnidad y riqueza del lenguaje, entre el Milton de "El paraíso perdido" y la garra argumental  y el profundo simbolismo de las obras de Poe, el lector moderno termina disculpando la abrumadora exhibición de conocimientos sobre el mundo marítimo que tiene Melville,   a cambio del placer que inspira la primera gran epopeya novelesca de la literatura norteamericana. La búsqueda metafísica del narrador, "Llamadme Ismael", se ha convertido junto a los símbolos de la obsesión de muerte del capitán Ahab (nombre bíblico sacado del Libro de los Reyes, que es el de un rey que se rebeló contra Dios)  y la de la maldad absoluta que es el inmenso cachalote blanco, es uno de los motivos esenciales de la psicología humana: la atracción que posee el mal para la psique de la criatura supuestamente racional que la religión cristiana (cuya presencia es enorme en en esta novela) pretende convertir en heredero de Dios. 

El capitán Ahab, "un hombre impío, semejante a un Dios" persigue obsesivamente al cachalote blanco por todos los mares, para vengarse de la amputación de una pierna por debajo de la rodilla que ahora sustituye por un moldeado hueso de ballena. Es un personaje carismático,  rodeado de una aureola de oscura inhumanidad que llevará al navío "Pequod" y a su tripulación al desastre, menos a uno. Una tragedia anunciada por signos simbólicos de perdición pero que, al tiempo, constituye una especie de sortilegio y fascinación tenebrosa entre todos los tripulantes, unidos a Ahab por un juramento satánico. La locura, la muerte, el odio sin posible perdón, la lucha contra Dios, la inconsciencia del mal encarnado en una criatura de la Naturaleza, amada y odiada al mismo tiempo por Ahab con una profundidad espiritual y religiosa blasfema. El mismo nombre del navío, Pequod, es el nombre de una tribu india aniquilada por los colonos blancos norteamericanos para desposeerlos de sus tierras y de esta forma simboliza en la tripulación del Pequod la codiciosa e hipócrita cultura de la que proviene, la puritana y también feroz Norteamérica del siglo XIX, con la colonización y expansión, la industrialización,  el capitalismo y el progreso a toda costa. Para equilibrar levemente este conjunto  simbólico sombrío, Melville permite un único rasgo de humanidad  al capitán, la nostalgia de su mujer y su hijo abandonados o el afecto hacia el fiel primer oficial Starbuck o al joven marinero negro Pip.

Esta novela genial que llevó a la ruina a su autor cuando se publicó en 1851 ( la cultura de la época no estaba preparada para el exceso de lastre literario, lingüístico y omni informativo de Melville) debería ser de obligatoria lectura en las Facultades universitarias de Humanidades. no antes, salvo en ediciones expurgadas y simples que pierden todo el obsesivo encanto del libro, cuya lectura, en algunos tramos, te mantiene despierto y ansioso sólo por la irritación que te producen sus explicaciones y excursos informativos (la prueba de oro es superar las 20 páginas de citas extemporáneas con las que el bueno de Melville comienza su obra) Más de setecientas páginas nos esperan si uno logra sobrepasar indemne las citas o las numerosas, incontables, disgresiones que nos describen los utensilios y partes de un buque ballenero o las clases de ballenas  o la importancia del color blanco o el uso de la grasa de ballena (en mitad de una cacería) y muchos otros pormenores... supera al agobio de los capítulos iniciales de la Iliada cuando Homero se nos pone formidable para hacer el conteo de las naves y los pueblos que acuden a Troya con los aqueos.

Y aún así, "se muove". Es decir, hay que leerla. Cuando uno acaba con ella, a no ser que ella acabe con el lector y el idilio acabe en las librerías de compraventa o de todo a 2 euros,  siente que algo imperecedero ha dejado su huella en las sinapsis neuronales: En el lóbulo frontal o en la amigdala, en un rincón de ese milagro llamado cerebro, queda para siempre el capitán Ahab, el fantasmal cachalote blanco, el Pequod, el joven Ismael o el polinesio Queequeg que comercia con cabezas humanas reducidas o el ataúd que salva la vida del narrador .

 

Como complemento añado una biografia sucinta de Melville:  nació en Nueva York en 1819 (murió en1891), de joven se embarcó como marinero a bordo de un ballenero que le llevó por los mares del Sur, que le inspiraron sus primeras velas: Taipi (1846), Omoo (1847), Redburn(1849) o La guerra blanca (1850). En 1851 publicó de Moby Dick, con escaso éxito. Más tarde publicaría el magnífico relato Bartleby, el escribiente (1853). Treinta años después de su muerte se descubrió el manuscrito de una última novela, Billy Budd, que elevaría su prestigio como novelista.

FICHA

MOBY DICK.- Herman Melville.- Trad. José María Valverde.- Prólogo de Enrique de Hériz. 763 págs. Editorial Navona. Ineludibles. ISBN 9788417181581

 

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19 abril 2019 5 19 /04 /abril /2019 09:04

En Hamlet, acto III, el príncipe de la cavilación y las dudas se enfrenta a dos condiscípulos que, aparentando amistad, están a sueldo del padrastro de Hamlet, el rey fratricida de Dinamarca. Intentan sonsacar a Hamlet y este les ofrece una flauta como única respuesta y les ruega que la toquen para él. Guildenstern y Rosencrantz, los dos traidores, le contestan que no saben tocarla. Hamlet les responde : "Pues ved ahora qué indigna criatura hacéis de mí. Queréis tañerme; tratáis de aparentar que conocéis mis registros; intentáis arrancarme lo más íntimo de mis secretos; pretendéis sondarme, haciendo que emita desde la nota más grave hasta la más aguda de mi diapasón; y habiendo tanta abundancia de música y tan excelente voz en este pequeño órgano, vosotros no podéis hacerlo hablar. ¿Pensáis que soy más fácil de pulsar que una flauta? ...por mucho que me trasteéis os aseguro que no conseguiréis sacar de mí sonido alguno." Es tiempo de elecciones y se me antoja que esta es una buena metáfora de la situación de nuestro país, atribulado por la "cuestión catalana". Guildenstern y Rosencrantz, los dos corruptos e ineficaces "amigos" del príncipe, representan a dos grupos enfrentados de políticos españoles (y catalanes), entre los que hay excepciones éticas individuales, por supuesto, y Hamlet simboliza esa mayoría de ciudadanos españoles (y catalanes) que están hartos de luchas fratricidas y piden sentido común y honestidad. A esa clase política empeñada en que España (Hamlet) se rinda a sus maquinaciones, despropósitos y agresividad "patriótica" deberíamos responderle que, siendo incapaces de tocar una simple flauta (llevar por un camino lógico y razonable los asuntos de Estado) por lo que, por cierto, reciben cuantiosos sueldos de por vida, deberían renunciar a su labor de manipular y actuar en su ficción patriotera contra el más preciado bien de una nación: la paz y el progreso. "Hamlet" por su parte, tendría que dejar a un lado su absentismo de acción directa y sus dudas, levantarse en bloque, todo el país, para exigir que se detenga esta marcha (de mala) política, absurda e ignorante, hacia el desastre.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 abril 2019 4 18 /04 /abril /2019 17:16

Ramón Riba, el autor de la novela que comento, es amigo mío, o mejor, amigo literario, es decir casi "hermano de pluma": porque a ambos nos corre por las venas parecida fiebre por la escritura, la creación literaria, los libros. Solo hay una pequeña diferencia entre nosotros: yo me he dedicado a las letras desde mi primera juventud y Ramón lo hace a la madurez, después de transitar toda la vida por el mundo de los negocios (con bastante brillantez y provecho, por cierto). Y eso tiene mérito. Hay una gran voluntad, ahínco, trabajo, humildad, obstinación y sacrificio en este primer fruto de la fantasía y el ardor documental de Ramón. En su dedicatoria del libro a la familia, Ramón cifra en ocho años el arco de realización de la novela (¡y anuncia de pasada que es la primera de una trilogía!). Y como añadido inesperado, Ramón hace constar a su esposa, María Teresa, como co-autora de libro, aunque no aparece en la portada.

La novela propiamente dicha empieza veintitantas páginas después del comienzo del libro, ya que Ramón nos regala una divertida crónica de los antecedentes personales y familiares que motivaron un viaje a Turin para ver la "Sábana Santa", un encuentro que inspiraría a los Riba, marido y mujer, a escribir  la novela. Después va intercalando capítulos de momentos de la gestación de la novela entre los propios de la ficción, con una serie de personajes reales, amigos, conocidos, colaboradores, que le van ayudando en su tarea creativa, incluso enjuiciando o sugiriendo lo que sería mejor para la novela.

En realidad, tratándose de una primera novela, con las ingenuidades de rigor en el tratamiento de los personajes, diálogos y acotaciones más o menos literarias, "Ágoras Hípalo" tiene un doble valor inicial nada desdeñable:  la original añadidura del "work in progress" en el seno de la novela y el notorio afán narrativo de Ramón Riba (que me recuerda a los narradores tradicionales de antiguas culturas, creadores orales de mundos plenos de aventuras y sucesos maravillosos y mágicos).  La historia, "de los tiempos de Jesús" (en torno a la Sábana Santa) y los insertos que van aderezándola, tienen cierto ritmo y buscan descaradamente interesar al lector, cosa que logra a menudo.
No desvelaré detalles de ningún tipo y dejaré al gusto del lector la valoración de esta novela que siendo primeriza no debe, a mi juicio, ser analizada con rigor por el crítico. Aplaudo las facilidades que el autor da al lector, al añadir una lista de personajes, una síntesis de los dos elementos argumentales que se entrecruzan en la parte histórica, la de cinco familias que viven en Jerusalén en la época de Jesús y tendrán un papel determinante en la acción; y la de la tela de lino que luego cubrirá el cuerpo del Crucificado. 

Por tanto, ánimo Ramón Riba y sigue adelante con tu sueño literario. 

FICHA

ÁGORAS HÍPALO.- 

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17 abril 2019 3 17 /04 /abril /2019 17:52

Los fisioterapeutas, traumatólogos y entrenadores deportivos anglosajones comparten un adagio que suelen soltar a sus pupilos, pacientes y alumnos: "Use it or lose it", es decir, "Úsalo o lo perderás". Se refieren a músculos y habilidades, entrenamientos y operativos físicos desde la gimnasia, al ballet, el tenis o el rugby, aunque sirve también para el ajedrez, las habilidades de juego, el alpinismo o las manualidades. Ejercitar sin descanso, trabajar posturas, gestos, saltos, contorsiones, levantamiento de pesos o encaje de bolillos. Todo necesita práctica permanente si quieres llegar a dominar la acción y conseguir un objetivo en el que está involucrado el uso de tu cuerpo, tus músculos...o tu mente, tu cerebro, tus neuronas. El no uso acaba condenando esa acción o habilidad determinada: los músculos desaparecen, la elasticidad se vuelve anquilosamiento, el cerebro y la mente se deterioran.

Hasta hace menos de veinte años se creía que el ser humano nacía con un conjunto fijo y limitado de neuronas en el cerebro que el envejecimiento iba aniquilando, sin posibilidad alguna de reposición, principio al que los neurólogos llamaban NNN, es decir "Nuevas Neuronas No". Pero al final se pudo demostrar que la proliferación neuronal duraba toda la vida en la neocorteza y otras partes del cerebro como el hipocampo, responsable de la formación de nuevos recuerdos. Aparte de esto  el fenómeno de plasticidad del cerebro también descubierto en la segunda mitad del siglo XX, demostraba que dada un área cerebral afectada por enfermedad o trauma, con el tiempo áreas limítrofes con la afectada iban tomando parte o el todo de la función perdida. Con lo que se sabe que el cerebro tiene la facultad de regenerarse y de rejuvenecer. Pero la clave para que esa posibilidad se realice es, precisamente, no dejar nunca de enriquecer la demanda cognitiva: desde aprender idiomas a jugar al ajedrez, practicar música o dibujo, explorar fisicamente nuevas posibilidades; no sólo resolver crucigramas sentados en nuestro sillón favorito sino orientarnos en un bosque, en la montaña o en unos barrios o una ciudad desconocida, practicar ballet o artes marciales o bailes de salón. Todo tipo de actividad mental es bienvenida por  parte del cerebro que, otro descubrimiento reciente, no deja de ser moldeado por el entorno de una forma constante. Por tanto no le tenga miedo a los cambios. Hay que decir "sí" a todas las evoluciones técnicas e involucrarse con decisión. Nuestro cerebro lo agradecerá y la gama de sus recursos en la vida cotidiana, también.

Como dice el neurocientífico Elkhonon Goldberg en su estimulante libro "La paradoja de la sabiduría": "Los efectos de una estimulación cognitiva vigorosa parecen compensar y anular los efectos perjudiciales del envejecimiento, quizá en un grado notable". Pongámonos a ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 19:09

Excelente libro del profesor madrileño David Hernández de la Fuente, una monografía que se suma a los cientos que se han publicado sobre el dios griego amigo de los hombres, Dioniso, el dios de la alegría y el vino pero también de la locura salvaje de las ménades y los extravíos de la pasión, el dios de los "misterios", el que conoce y ampara los caminos que llevan al "despertar del alma"(virtud que comparte con los de Démeter, Eleusis o Perséfone), inspirador del teatro y la máscara. La abundancia de textos relativos a lo dionisíaco y de grandes autores que lo han estudiado y analizado hasta la saciedad, no resta mérito alguno a este estudio que nos presenta Ariel en su elegante y excelente forma acostumbrada. Casi cien páginas de referencias, notas y bibliografía hablan a las claras de la competencia, el rigor y la seriedad académica del trabajo de este joven autor que aún no llega al medio siglo y ya posee una envidiable hoja de ruta en publicaciones.

El papel de Dioniso y Ariadna en el proceso del despertar del alma lo aclara el autor en este párrafo de la página 197: "La metáfora de Ariadna como el camino  del alma es demasiado tentadora en elplano religioso y filosófico y es posible rastrear las fuentes planteadas, desde antes del siglo IV a.C., matices salvíficos en la pareja formada por Dioniso y Ariadna, que configura su leyenda como el mito por excelencia de la salvación del alma en la antigua Grecia y en su posteridad".

Aquí se trata la figura del dios"dos veces nacido", el mito y el símbolo literario y poético en consonancia y relación con la figura de Ariadna, la joven abandonada dormida por Teseo y "despertada" en Naxos por Dioniso que se casa con ella (aunque luego caería en los infiernos y sería rescatada y llevada al Elíseo por el dios), la traidora de su patria que por amor causó la muerte del Minotauro y el desvelamiento del misterio del Laberinto.

Dioniso está implícito en la divinidad platónica y epicúrea, en la figura cristiana de Jesús (es notable la capacidad de los antiguos cristianos para asimilar e integrar los símbolos religiosos y espirituales del mundo greco latino u oriental) y luego caería en el silencio y la oscuridad de los siglos medievales bajo el control feroz de la Iglesia, para renacer  a partir del siglo XVIII,  con Hölderlin, Nietzsche y otros. O resurgiendo literariamente junto a Ariadna,  en obras de Vargas Llosa, Julio Cortázar, Sender, Borges, Azpeitia y Espriu, ciñéndonos al mundo hispano.

Precisamente nuestro autor se basa en la figura de Ariadna para diseñar su ensayo y llama a las seis partes en las que divide el tratado en "despertares". Así comienza con el análisis del mito dionisíaco utilizando icónicamente el cuadro de Tiziano que refleja el encuentro de Dionisos con Aridna en Naxos. En el segundo será el tema de la Edad de Oro, la evocación utópica de Platón. La ópera de Monteverdi sobre Ariadna será el hilo conductor del tercero que se centrará en el mito de la joven y su curso de muerte y resurrección. El cuarto nos habla de la cristianización del dios, a partir de un poema de Holderlin. La recepción del mito en la modernidad y el hilo de Ariadna de Espriu, sirven de estímulo al análisis de lo dionisíaco hoy y de la figura de la mujer bajo esa influencia en los años sesenta del pasado siglo, seá el quinto "despertar". Por último, Strauss y su "Ariadne auf Naxos" permite a De la Fuente "presentar un panorama de las interpretaciones de Dioniso que lo han convertdio en pieza esencial en la historia del pensamiento, especialmente desde el fin de siglo XIX cuando con Nietzche, Harrison, Evans y otros se cambia la noción de la antigua religión griega" (pág 23).

Fue precisamente Nietzsche el que en  1872 con su "Nacimiento de la tragedia" causaría el interés de estudiosos como Frazer, Otto, Burket y Vernant sobre el hombre dionisíaco como réplica al apolíneo del pensador alemán. A partir de ahí nuestro autor rastrea a través del análisis de los signos, mitos, símbolos, obras de arte, la presencia de de pareja divina que se refleja en Cristo-Virgen María y la huella que ambos han dejado en la poesía y la filosofía alemana del siglo XIX.

Un libro pues que interesará a todos los que sientan curiosidad por rastrear la influencia de los mitos y símbolos de la antigüedad griega en la cultura actual, manteniendo una vigencia "subterránea" permanente en las costumbres, motivaciones, actitudes y comportamientos de las personas, tal como diría Jung, pues en el fondo somos los mismos y eso es la ventaja evolutiva de la especie. Y es que nuestra vida se sigue sustentando en la influencia inconsciente del dios del hedonismo, la sexualidad y la confusión, de la búsqueda de lo espiritual como camino de mejora personal y de excelencia en el caos de la nueva sociedad tecnológica e individualista.

FICHA

EL DESPERTAR DEL ALMA.-Dioniso y Ariadna:mito y misterio.- David Hernández de la Fuente.- Ed Ariel.-453 págs.- 23,90 euros.-ISBN 9788434425835

 

 

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14 abril 2019 7 14 /04 /abril /2019 08:05

He aquí un clásico que nos enseña el "arte de pasear". El autor Karl Gottlob Schelle (nacido en 1777 y muerto, se supone, en 1825, falleció durante una escapada de un sanatorio mental) lo publicó en 1802. Era amigo de Kant y llegó a editar una obra pedagógica del gran pensador alemán. Defendió siempre una visión práctica y apegada a la vida cotidiana de la filosofía en contra de las tendencias metafísicas de la filosofía académica. Su "Arte de pasear" es una inteligente y optimista  visión de cómo el ejercicio físico de la caminata vigoriza el cuerpo y estimula el espíritu y el ánimo, logrando una cierta conexión con la Naturaleza que mejora nuestra existencia.

El libro ha sido editado  por Diaz&Pons bajo la dirección de Federico L. Silvestre que escribe una magnífica introducción al tema de las caminatas : "El mundo a tres kilómetros por hora" y al final un  "Recorridos y paseos de papel" donde la erudición del prologuista convierte el texto en ujn punto de referencia para todos los que nos interesamos por todo lo que se publica en relación al arte y la práctica y el amor y, a menudo, la obsesión física y psíquica por vivir una vida en la que nunca falta el capítulo andariego.

Las referencias librescas enriquecen el texto de Karl Gottlob Schelle que es, esencialmente, uno de los pioneros en el maridaje de la literatura con el afán y placer del andar. Como él mismo escribe en su introducción y dedicatoria al Príncipe reinante de Anhalt-Dessau, Leopold Friedrich Franz , "Un arte de pasear interesaría a todo individuo culto, capaz de valorar la posibilidad de deambular por la naturaleza en cuerpo y alma...igual que un arte de vivir debería ser objeto de aprecio para cualquier individuo en el sentido absoluto de la palabra, si es que valora la vida como algo más que un mero juego". Y añade, "En un arte de vivir  eficaz, donde fatiga y descanso, rigor y diversión, trabajo y placer se alternen entre sí en un orden eficaz, el paseo haría valer también su lugar".

Schelle es amigo de la mesura, de la medida correcta, del equilibrio y su libro se dedica a glosar, a veces de manera que parece banal y esconde una férrea humildad, no las subidas a las altas cumbres, o las exploraciones peligrosas o las carreras campestres, no a todo aquello que limite, fuerce o desvirtúe el placer psicosomático del paseo. No con la desidia artística del "flaneur" o con las exigencias intelectuales de Aristóteles, Goethe o Rousseau. Schell nos dice: se trata de elevar una mera actividad mecánica, andar, al rango de una actividad  espiritual. Son quince capítulos cortos donde, con un estilo  sencillo y unas ideas básicas pero bien estructuradas, Schell nos va dando explicaciones obvias , desde "Pasear no es un mero movimiento del cuerpo", a los "intereses del espíritu y condicionamientos del pasear", los lugares adecuados  (el campo o los jardines públicos), la influencia del paseo por el campo en el desarrollo del espíritu, las diferencias sustanciales con los paseos a caballo o en coche, cómo caminar por montañas y valles, campos, prados y bosques para que el paseo cumpla su rica función auto educativa, los fenómenos de la naturaleza, para terminar con "algunas consideraciones sobre los condicionamientos físicos del paseo".

Situando a nuestro autor en plena Ilustración se puede calibrar la originalidad de su propuesta y la importancia que el arte de caminar, que los paseos, ha tomado en una cultura que se ha despertado a la valoración de la naturaleza.  No hay tecnicismos de ningún tipo, ni veleidades literarias en Schell. Es sencillo como un campesino y profundo como un filósofo en sus análisis y propuestas que eran una novedad cuando las publicó y ahora son una nostálgica mirada histórica a una actividad que se ha convertido casi en un lugar común. Los peripatéticos y epicúreos, Horacio, Séneca, Petrarca, Montaigne, Schiller, Rousseau, Hegel, Baudelaire, Thoreau, Goethe, Holderlin, Nerval, Huysmann, Hazlit, De Quincey, Addison, Stevenson, Walser, Nietzsche, Kant, Wordsworth y entre los contemporáneos a Onfray, Leenhadt, Deleuze, Merleau-Ponty, Dewey, Frederic Gros, Walter Benjamin, Rebeca Sonit y su "Wanderlust", Perec, Julien Gracq y otros menos conocidos en nuestro país, forman parte de esa nómina prodigiosa que ha tomado el caminar como un elemento sugerente y sugestivo de orden intelectual, artístico y filosófico.

Un libro indispensable para todos los amantes de los senderos y los caminos naturales.

FICHA

EL ARTE DE PASEAR.- kARL gOTTLOB sCHELLE.- Trad. Isabel Hernández.- Edición de Federico L. Silvestre.Ed.  Díaz&Pons.-182 págs. ISBN 9788494084492

 

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12 abril 2019 5 12 /04 /abril /2019 09:02

Las fotos de Rafael Navarro evocan miradas sabias y sensuales, a veces inocentes, a veces lúbricas, a menudo somnolientas y vagas como las de un pintor ahíto de belleza; es un instante eterno, un gesto que estalla en su marmólea  inmovilidad, la sombra evanescente de un cuerpo medio oculto, la impresión fugaz e instantánea de una mujer que corre, la crucifixión rosada de un cuerpo femenino que resalta sobre un lecho de rocas, las curvas paralelas y abisales de una intimidad, el fantasmal brillo de un rostro sobre un objeto trivial, la enmarañada cascada de pelo sobre la piel desnuda, una mujer apresurada que camina bajo un arco gótico, una trenza corintia columna frágil  de una cabeza desdeñosa, los senos perfectos que apuntan al mirón como centinelas, el rostro de suave perfil velado por la sedosa túnica de los cabellos, la boca de gesto duro y dibujo erotizado por el desdén o el juego lorquiano del viento con la melena que enmarca el rostro abstraído y bello junto al mar y, mi preferida, los ojos de una mujer que te observan con fijeza y lanzan una mirada enigmática, con una mano joven, estilizada, colocada como muro ante la boca. 

A este rosario de fotos, el collar de Indra de un fotógrafo que maneja la cámara con la sensualidad paciente, obsesiva y calculadora de un orfebre tallando sus brillantes, se engasta el hilo argumental de otro hombre, Antón Castro, un seducido eterno ("soy de esos que se enamoran cada media hora") que ama con la misma rotundidad jocunda al género femenino singular, con la que Navarro destila sus fotogramas de una película íntimamente eterna, los "paisajes múltiples que hay en un cuerpo femenino" como confiesa el prologuista Fernando Sanmartin. 

Como dice Antón, ese gallego aragonizado, "al fin y al cabo, el primer beso se da con los ojos". Y hay muchos primeros besos en este libro y en los relatos que se van añadiendo como las hojas caídas de un roble que "huele a brizna húmeda, a bosque encantado, a las regiones más puras de la Arcadia". Y hay nostalgia de momentos pasados  del narrador, reales o inventados, ¿qué mas da? que se prende en el lector cuando, por ejemplo, lee: "...pero nunca he podido olvidar aquella trenza rubia que descendía por tu espalda hacia el bañador". Poetas y poemas van nutriendo los textos y van inflamando a los narradores en sus ficciones o recuerdos, todos nacidos de un mismo hombre. Un poeta que exclama "Soy, sin resistencia tu cautivo. Me encajo en tu corazón: viajemos juntos en centímetros de nube". Y nos habla de una librera, del fotógrafo cuyo trabajo  "invita a gozar y reflexionar. Alza una intimidad sin aspavientos", del fantasma de la Alameda, Irene, que ha desaprendido a amar, de la bailarina cubana que se ofrece "como si entrase en el pasadizo de un sueño". O también de cuatro amores juveniles y del cuerpo y sus mareas "ceñido por el misterio de las olas". Y de otros muchos instantes que el poeta, el narrador galaico-aragonés cultiva como las uvas de Dionisos y trasmutadas en vino los ofrece en libación de textos.

No sigamos, es un libro para leer morosamente. Y mirar las fotos al alimón. O jugar a mirar las fotos primero, con delectación, con avaricia, con pasión de un fisonomista de mujeres y luego leer a Antón Castro sin pretender unir imagen y texto, dejando que la relación si establezca si quiere. Es un libro para gozar y despertar el gozo. Inocentemente. Sensualmente. 

MUJERES SOÑADAS.- Fotos de Rafael Navarro y textos de Antón Castro.-Aladrada Ediciones.-107 págs. ISBN 9788494771248

 

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11 abril 2019 4 11 /04 /abril /2019 09:13

El erudito italiano Giovanni Pozzi en su obra “Tacet. Un ensayo sobre el silencio” nos hace una definición del libro digna de recordarse. Escribe: “El libro es la estancia del silencio, el depósito de la memoria, el antídoto para el caos del olvido, lugar donde la palabra yace, pero siempre en vela, dispuesta a acudir silenciosamente al encuentro de quien la solicite. Amigo discretísimo, el libro no es petulante; solo responde cuando se le interroga y no urge a continuar cuando se le pide hacer un alto. Repleto de palabras, calla". En catalán existe una preciosa palabra para designar a los amantes de los libros y la lectura: se les llama “lletraferits”, heridos por las letras, las palabras escritas. El arte de la escritura nació en Egipto y Mesopotamia entre los 4000 y 3500 años AC. La larga historia de los distintos soportes materiales de la escritura, los protolibros, es un apasionante paseo por los inicios de la cultura humana y del amor entre pragmático y poético, entre la técnica y la mística, que los humanos vertieron en el lenguaje escrito incluidos los soportes en papel y electrónico.

A finales del siglo pasado con el advenimiento de las nuevas tecnologías se entonaron cánticos de duelo por el libro de papel impreso entre el alborozo de los conversos a la nueva mística de los bits y las pantallas deslumbrantes. La anunciada muerte del libro que nació a mediados del siglo XIV con la invención de los tipos móviles de imprenta de Gutemberg, o resultado una profecía errónea y precipitada. Tras una crisis inicial que cerró librerías y editoriales, la situación se ha estabilizado en dos sentidos: el libro electrónico se ha mantenido en niveles medios de aceptación y prácticamente “convive” con el impreso que ha repuntado con vitalidad considerable en ediciones y ventas. La crisis aparente ha provocado algo insólito y beneficioso para la cultura: la aparición en Barcelona (rapidamente extendida a diversas capitales del resto del país) de unas librerías de “segunda mano” o de “lance” como se llamaban antes, bajo la franquicia “Re-Read”, que tienen la característica del precio fijo aplicable a todos los libros, sean cuales fueren. Así que por tres euros  el primer ejemplar, a dos cincuenta el segundo y a dos euros si te llevas más de dos, puedes ofrecer nueva vida a libros que antes envejecían en estanterías de bibliotecas privadas, que solían venderse a peso cuando la persona que los adquirió, los leyó y amó, desaparecía del mundo de los vivos sin  herederos o dándose el  caso frecuente de que si los había, éstos consideraban a los libros meros objetos polvorientos sin ninguna utilidad. Detrás de la idea de estas librerías está una familia de editoras y libreras, los Zendrera, que habían capitaneado la nave de la añorada Editorial Juventud . Mercedes (que poseía una librería en Madrid) y sus hermanas Lina y Ana, ambas editoras, son dueñas de media docena de Re-Read en Barcelona y Hospitalet. Debo a esta familia grandes momentos de placer literario y de descubrimiento, ya desde los tiempos de "Juventud" y sus maravillosos libros de viajes y exploraciones hasta el momento actual en el que mis incursiones a sus tiendas me proveen de clásicos en ediciones magníficas (Aguilar, Plaza Janés, Carroggio) que suelen estar descatalogados o tienen precios elevados en otras librerías.

Formo parte de esa legión decreciente para quienes los libros representan algo mucho más trascendente que sus valores de utilidad, herramienta, símbolo de estatus cultural, profesional o económico. Lejos de cualquier tipo de soberbia clasista o de vanidad, los libros son una promesa palpitante de placer, emociones y sentimientos evocados; renuevan y jamás sacian el impulso hacia el conocimiento; me atraen sus portadas, encuadernación, calidad del papel, olor (penetrante y acogedor cuando es nuevo, venerable, desvaído y  a veces sorprendente cuando es viejo) y tacto, su perfecto acople vertical en las baldas y estanterías  de mi biblioteca; añoro cuando estoy lejos el ambiente sereno, cálido y prometedor de casi todas las bibliotecas, privadas o públicas; me intrigan las promesas de placer implícitas en las hileras hieráticas de libros, disponibles con el solo gesto de sacarlos de su reposo, rebosantes de vida cuando los abres y hojeas; experiencias inusitadas, aventuras, ideas deslumbrantes, razonamientos y sugestiones que pueden cambiar el curso de tu vida: la sensación vibrante de que en uno cualquiera de esos volúmenes está la inspiración, el momento feliz, la nostalgia o la risa, la compasión o la rabia, el reencuentro contigo mismo o el respeto a un otro necesario porque los libros te enseñan que eres por encima de tus soledades, un animal social. En resumen,  ¿hay algo en el mundo que de más por tan poco?   ALBERTO DÍAZ RUEDA

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