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5 julio 2017 3 05 /07 /julio /2017 09:41

Para Oriol Quintana, profesor de filosofía, psicología y religión en enseñanza secundaria, los libros de autoayuda son una "anormalidad histórica". Bueno no le falta razón y se ocupa de demostrarlo con datos y reflexiones. Estoy plenamente de acuerdo con él y añadiría que son una sutil forma de estafa psicológica y de deshonesta argucia filosófica (sólo hay que recordar el corolario que dan a la pretensión desorbitada de que siempre se puede mejorar: si no lo haces es porque no te esfuerzas lo suficiente. No es un problema de la técnica que te proponen sino de ti, que eres un fracasado y te mereces que todo vaya mal. Pero para Oriol no se trata sólo de desmembrar las suposiciones burdas y prepotentes de los citados manuales sino de justificar el punto filosófico (y práctico)contrario: el pesimismo.

Para nuestro autor "la autoayuda no tiene en cuenta la existencia de la desgracia" y para subsanarlo dedica su libro a esa realidad palpable en la vida de todos los seres humanos y sin ir más lejos nos habla del siglo XX donde se demostró que "todo es vil, despreciable, sucio, fácilmente destructible y que solo se partir de la verdad de la desgracia para construir una vida libre de engaños. "Si supiéramos no dar la espalda a la densidad de la desgracia que se ha hecho presente a lo largo de todo el siglo pasado acabaríamos con toda la literatura de autoayuda que existe solo gracias a la inconsciencia". Para ello Oriol, después de descargar sus baterías de cañones con tales libros, quizá algo exageradamente, nos invita a recorrer una serie de autores, desde el "Cándido" de Voltaire al insomne Cioran, Orwell, Heidegger,  Sartre, Simone Weil o escritores que sobrevivieron a los campos nazis de exterminio o los gulags soviéticos (el psicólogo Victor  Frankl, Primo Levi o Améry) autores que "tenían una fuerte consciencia de la realidad de la guerra, el hambre y el horror: la consciencia del desamparo en que vivimos...que el sufrimiento y la desgracia, o su posibilidad, son constitutivos del ser humano y que no hay forma de superar estas realidades.

El panorama del libro podría ser agobiante si no hubiera buenas dosis de una ironía inteligente y un cierto sentido del humor que procura no caer en la trivialización o en la "banalidad del mal", el peligro que denunciaba la Arendt ante la fría crueldad  "profesional" nazi, pero que no ahorra dureza de adjetivos y un aire provocativo e irritado casi inquisitorial en el sarcasmo crítico contra los libros y autores de autoayuda (lo cual influye en la elección del título: "Filosofía para una vida peor" que a fuer de sesgado se vuelve tan manipulador como lo denunciado).

Me parece más acertado el subtítulo "Breviario del pesimismo filosófico del siglo XX", que resulta más serio, pertinente y atractivo para los que, como yo, "pasamos" de los libros de autoayuda. Vamos,  que para este viaje no eran precisas tales alforjas (la omnipresente crítica a la  autoayuda), amigo Oriol: el tema del pesimismo filosófico en sí mismo tiene suficiente entidad propia y gancho para haber dejado las filípicas contra autoayuda a un simple pie de página o una broma inteligente.

El saber llegar a disfrutar de una "vida buena" está en las antípodas de una "buena vida" como saben los que leen o estudian a Epicuro y algunos otros grandes y lúcidos filósofos.  No se trata de suprimir los obstáculos y limitaciones de la existencia (tarea imposible) sino aceptar que la vida es, también, eso y que hay que vivir con ello y sacar el mejor partido posible. Y que es una existencia con fecha de caducidad, sin dar la espalda a la realidad de la muerte, aceptando eso como un acicate para disfrutar más de lo que tienes cuando lo tienes. Sin dejar de tener presente la profunda inestabilidad de la vida y también los excesos de crueldad e indefensión, ya sea por fenómenos naturales o por la intervención del hombre, que han sido una constante en la historia de la humanidad y, por tanto, pueden regresar y arrasar cuando menos lo esperamos. ¿Mensaje negativo y abrumador? No. Simples datos experimentables sólo con un repaso a un volumen de historia (de cualquier época) o enfrentándonos a cualquier telediario, o la lectura de un diario, secciones de internacional, economía, política nacional o local y, por supuesto, sucesos). ¿Se puede hacer algo al respecto? NO. Lean este libro y entre otras cosas, aprenderán que siempre hubo épocas o situaciones peores que la disfruta el lector. Eso no reconforta, pero consuela y es un acicate para disfrutar del hoy, el aquí y el ahora.

FICHA

FILOSOFÍA PARA UNA VIDA PEOR.- Oriol Quintana.- Punto de vista, editores.- 248 páginas.- ISBN: 9788415930853

 

 

 

 

 

 

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3 julio 2017 1 03 /07 /julio /2017 09:42

Con la aparición estos días en el sello Anagrama del libro "El cerebro. Nuestra  historia" donde se abunda y se añaden cuestiones candentes al estudio del cerebro, me ha parecido pertinente hablarles primero del anterior del mismo autor: "Incógnito. Las vidas secretas del cerebro." Decía Woody Allen que el cerebro es su "segundo órgano favorito". Bromas aparte, el cerebro es, con distancia, el órgano esencial de nuestra vida como seres conscientes, a pesar de que la mayor parte de sus actividades no son accesibles a nuestra consciencia, ya que la mente (el sustrato de nuestro yo, de nuestra identidad, voluntad y memoria) no es más que la ínfima punta del iceberg. El neurocientífico David Eagleman ha escrito un libro fascinante, hipnótico desde la primera a la última página, en el que se nos desvela, con un estilo en el que se mezcla un saludable sentido del humor con una tensión informativa que recuerda al mejor thriller, la explicación de supuestos misterios de nuestra vida cotidiana que reflejan la paradoja más extraña del ser humano: estar regidos globalmente por un órgano que trabaja "de incógnito", es decir, cuyas funciones --que rigen absolutamente todo el funcionamiento de nuestro cuerpo, nuestro comportamiento y nuestros instintos-- no llegaremos jamás a controlar y en muchos casos ni a conocer dada la complejidad de elementos que se pone en funcionamiento de una forma automática, regida por la genética y la memoria de la especie. Y así nos enfrentamos a una verdad tan esencial y trascendente como la de que el hombre no es el centro del universo y la tierra no es el centro del espacio; la de que nuestra conciencia no es el centro y rector de nuestra mente, sino una "función limitada y ambivalente en un vasto circuito de funciones neurológicas inconscientes".

David Eagleman une sus amplios conocimientos sobre las neurociencias a una facultad muy atractiva de exponer esas complejas informaciones de una forma clara, sencilla y divertida, muy en la linea de magníficos divulgadores como Oliver Sacks y Antonio Damasio. Parte de la idea motriz de que el denominado cerebro consciente solo es responsable de una pequeña porción del escenario de la realidad que percibimos y tampoco lo es de la mayoría de nuestros comportamientos y de aquello que creíamos más "propio", nuestros deseos y temores (imagínense las secuelas que esas investigaciones tendrán en aspectos juridicos, sociales y penales sobre responsabilidad de muchos de nuestros actos) Eagleman nos convence de que este órgano humano de un kilo doscientos gramos de rosado material gelatinoso y húmedo, es la estructura operativa más compleja del universo.

A partir de ese punto el autor de este maravilloso libro nos lleva a un viaje con curiosas paradas en cuestiones pintorescas; ¿en qué se basa la certera intuición de los sexadores de pollos?, ¿por qué la dilatación de las pupilas de las mujeres constituye un glamuroso reclamo sexual? ¿dónde se encuentra nuestra verdadera identidad?, ¿por qué la coincidencia de las iniciales del nombre se convierte en un motivo de elección de pareja? ¿cuáles son las bases de la infidelidad masculina? ¿sospechaba usted que las numerosas facetas de nuestro comportamiento, pensamientos y experiencias están ligadas a una inmensa red electroquímica llamada sistema nervioso? ¿sabe que el estado físico de nuestro cuerpo determina el estado de nuestros pensamientos y actitudes?, ¿que todos nuestros sueños y fantasías, miedos, humor, intuiciones geniales, deseos, emergen del cerebro y si este cambia por enfermedad o traumatología, también cambiará lo que consideramos nuestro "carácter" e inclinaciones?, ¿sabe que su yo consciente es el fragmento mas diminuto de lo que ocurre en su cerebro y que la mayor parte de lo que hacemos, pensamos y sentimos no está bajo nuestro control consciente, sino guiado por programas neuronales forjados por "millones de años de selección natural"? ¿Sabía que al menos el 15% de las mujeres poseen cuatro fotoreceptores -en lugar de tres como el resto de la población-- y por tanto son capaces de distinguir un cuarto color y sus matices que son inexistentes para los demás?¿Que la gente no siempre dice lo que piensa, porque la gente no siempre sabe lo que piensa?¿Que, como descubrió Damasio, las sensaciones producidas por estados fisicos del cuerpo acaban guiando el comportamiento y la toma de decisiones? ¿Por qué estamos preprogramados para que perdamos el interés por nuestra pareja tras una media de cuatro años?

Dispóngase pues a un viaje sorprendente y a veces inquietante por el fondo de nuestro cerebro, al estilo de la famosa película de los años setenta, pero basados no en una ficción sino en una realidad científica de última hora. Como escribió el psicólogo Karl Jung, "en cada uno de nosotros hay otro al que no conocemos". El problema es que ese "otro" se lleva el noventa por ciento de responsabilidad en el funcionamiento de nuestro ser. Y lo más fantástico es que es mejor así, ya que la efectividad del funcionamiento del cerebro depende en gran parte de que la conciencia no se entrometa. ¿No lo cree?  Pues es fácil de entender: trate de analizar en plena acción como monta usted en bicicleta, cómo ejecuta un saque en tenis, movimiento por movimiento, o sea consciente simplemente de qué es lo que hace exactamente cuando interactúa con su ordenador: de pronto comprobará que pierde el equilibrio, saca fatal o se bloquea ante el ordenador. La conciencia del movimiento estropea la efectividad que su cerebro aplica automáticamente.

Pero no es sólo esto, con ser tanto, lo que nos ofrece este libro. Se vuelve mas inquietante aun cuando nos informa de la visión y de una constatación científica que  nos deja helados: en ningún momento vemos lo que hay fuera de nosotros realmente. Percibimos lo que nos dice el cerebro de esa realidad. No vemos con los ojos sino con el cerebro. Como escribe Eagleman "su cerebro está a oscuras pero su mente construye luz".

He leido con entusiasmo y sorpresa este libro que me hace pensar en el verso de Walt Whitman, "Soy grande, contengo multitudes". Es una lección de humildad y un toque de advertencia: no somos lo que creemos ser. Y es que como decía John Lennon, "la vida es esa cosa que ocurre mientras tu haces otros planes". La maravillosa complejidad del cerebro humano y su substrato, la mente (que ya no es la protagonista que creíamos que era) configura un viaje arrebatador y recomendable en el que nuestra vida mental es lo que ocurre por si misma mientras tu haces otros planes pensando equivocadamente que estamos a los mandos del navio de nuestra vida.

 

 

 

FICHA:

Incógnito. Las vidas secretas del cerebro. David Eagleman. Traducción de Damián Alou. Anagrama. Barcelona, 2013. 352 páginas. 19,90 euros

 

 

 

 

 

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30 junio 2017 5 30 /06 /junio /2017 07:43

He aquí uno de los libros más interesantes publicados sobre la dicotomía "zen-neurología" que, en este caso, resulta ser un poco artificial  y cogida por los pelos. La categoría de los dos autores de este libro, el gran maestro zen Taisen Deshimaru y el neurofisiólogo Paul Chauchard le dan un valor añadido a un libro que resulta notable por ello y por las temáticas propias que desarrollan, pero que nadie busque una confirmación de los valores y hallazgos de la práctica del zen a través de la neurología sino únicamente en el sentido básico de que la neurología explica -o a veces solo aclara- fenómenos relativos de tipo psico-físico que son meramente instrumentales para el zen, sin que ambos sigan otra cosa que un camino paralelo, uno fáctico y otro explicativo.

De todas formas las aportaciones de ambos autores, aunque lejanamente complementarias, tienen interés en sí mismas ya que se basan en realidades fácticas y ya demostradas de los beneficios psicosomáticos de las prácticas del zen (o del yoga real, el sufismo o la MT y el mind fulness)

Como nos dice Deshimaru y Chauchard corrobora, el  zazen provoca en la psique una armonización del plano emocional, reequilibrando los centros neurológicos que generan y modulan las respuestas emocionales, como el sistema límbico, el córtex, el lóbulo frontal  (sede de la personalidad, la conducta, la palabra) o el sistema neurovegetativo. Y como sostiene la psicología, fortaleciendo la energía vital y la capacidad para afrontar desde la comprensión los eventos de la vida cotidiana, pues calma la mente (desde el caos de las ondas beta hasta la emisión cerebral de ondas alfa o theta)  y expande la conciencia.
Problemas como el estrés y el insomnio, o trastornos de conducta (fobias, depresiones, bipolaridad, agresividad, etc.) son causado por ciertos desequilibrios en la neuroquímica del cerebro. La meditación provoca a la larga una mejora en la irrigación de las capas profundas cerebrales, mejorando la química y la fisiología del sistema nervioso. Chauchard nos recuerda unas Investigaciones realizadas en la universidad de Michigan sobre las actividades cerebrales de ocho practicantes budistas en las que se demostró que la meditación intensa causa un engrosamiento de la capa de sustancia gris en los sujetos que practican zazen con asiduidad, frente al grupo testigo formado por diez jóvenes estudiantes que comenzaban la práctica de meditación. Es decir, que la meditación podría inducir modificaciones cerebrales duraderas en los que practican con continuidad y persistencia. Estos meditadores con experiencia llegan a producir oscilaciones rápidas en las frecuencias de ondas gamma. Esta actividad es ampliamente más elevada que en el grupo testigo. Las ondas gamma reflejan la coherencia de la actividad cerebral y se detectan durante estados de atención constante o en general durante la actividad consciente. pero no sólo eso, sino que la meditación genera una notable coordinación entre varias regiones del cerebro

En Chauchard, a despecho de su talante científico, encontramos frases de análisis ético como ésta: "La verdadera moral es, pues, el control cerebral, es decir la sabiduría de los deseos, la lucidez de la calma antes y durante m el deseo, el juicio sobre el valor de los deseos, lo totalmente opuesto tanto de abandonarse al deseo como de su represión. Se trata de aprender a sublimar los deseos, es decir a elevarse por medio de ellos"..."hacer en sí la calma y la paz es aprender a dominar los propios deseos para mantenerse en esa calma y esa paz." (pág. 158)
Y en Deshimaru, como era de esperar, tenemos reflexiones como esta: "La concentración en la práctica y en todas nuestras acciones, repite cada día el punto  de "aquí y ahora" y este punto se convierte en la línea de nuestra vida, sin meta, sin objeto. Si no estamos concentrados en aquí y en ahora, en nuestra vida todo es inconsistente. Si nos concentramos aquí y ahora, todos los puntos se vuelven fuertes...Podemos seguir la vida cósmica inconscientemente, de forma natural; nuestra conciencia profunda conduce nuestra vida..." (pág. 85).
 
FICHA
ZEN Y CEREBRO.- Taisen Deshimaru y Paul Chauchard.-  Trad. Ramón Badía.- Ed. Kairós.- 188 págs. 10 euros. ISBN: 9788472453012
 
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28 junio 2017 3 28 /06 /junio /2017 08:48

Este libro es una pura delicia humorística con la que se disfraza una ironía bastante salvaje e irreverente y se nos demuestra que Evelyn Waugh estaba en posesión de tres características esenciales para ser un gran humorista y salvarse de que lo lincharan muchos de sus lectores: era un inglés conservador y reaccionario hasta la médula y hacía gala de ello, aunque conocía los defectos abrumadores de las clases altas y los sabía dibujar como nadie en sus sátiras de guante blanco. Tenía la saludable costumbre de reírse de todo, empezando deportivamente por sí mismo. Gozaba de una inteligencia socarrona y fértil, aunque se lo hacía perdonar haciendo un uso moderado de ella y para terminar, era un observador guasón e irónico al que le gustaba la buena vida, los viajes pagados, beber cualquier cosa con la suficiente graduación y comer a dos carrillos.

Para empezar este libro uno tiene que conocer que su mismo título ya es una muestra de humor auto irónico de la mejor clase. Llamó a su primer libro de viajes  "Etiquetas"  porque, según dijo, los lugares que visitó ya estaban «completamente etiquetados» en las mentes de todo el mundo. Se trata de un crucero por el Mediterráneo, que le lleva de Europa a Oriente Próximo y el norte de África. Aunque no ahorra pólvora en sus disparos contra todo tipo de especímenes originarios de los lugares architurísticos (entonces, tercera década del siglo XX, también), desde los obsequiosos egipcios, a los mercachifles marroquíes o a los habituales estafadores de poca monta en Italia, Grecia o Turquía, lo auténticamente desternillante es su descripción de las actitudes del sufrido y vagamente indiferente e inalterable turista british, es decir él mismo y sus amigos (tan alejado de los actuales y masificados turistas ingleses, desde los descerebrados hooligans hasta los vagamente psicóticos "despedidores de solterías " desmadrados bebedores de alcohol y sexo desinhibido).

Evelyn Waugh (Londres, 1903-Taunton, Somersetshire, 1966) dejó escritas dieciséis novelas y numerosos cuentos. en los que se desvinculaba con humor y sarcasmo de la novela decimonónica, usando la ironía y la crítica de costumbres como temática estilística. Títulos como "Merienda de negros" (1932), "Un puñado de polvo" (1934), "Izad más banderas" (1942), "Scoop" o la aclamada, gracias al cine y la tv, "Retorno a Brideshead", le convirtieron en un autor célebre (cosa que él llevaba con gran complacencia y un fino sarcasmo).  Después del éxito de "Etiquetas" como libro de viajes, lo cual era en sentido estricto, lo cierto es que a nadie se le debería ocurrir usar sus libros como guías personales para visitar esos países, publicó "Remote people" (1931), Ninenty two Days" y "Waugh in Abyssinia". Y algo así se puede decir respeto a los tres temas  que solía acometer en sus libros: la aristocracia, la vida diplomática y la militar.

Y así uno entra en la diversión cuando Waugh asegura que el Paris moderno tiene una  esencia propia que se puede definir con los adjetivos "falso, postizo, espurio, fraudulento, desagradable, pesado y necio", cosa que los franceses no se toman ni el trabajo de disimular, "ya que su cacareado cosmopolitismo consiste en considerar al resto del mundo que les visita como extranjeros despreciables", incluidos los incautos y ruidosos norteamericanos que creen ser adorados por los parisinos. Para rematar le sugiero al lector que lea  a partir de la página 46 lo que opina Waugh de los libros de viajes al uso, de sus escritores y sus editores (incluido el suyo, que le paga por viajar). Todo lo que sigue es una desternillante  descripción del turismo de la época a través de un crucero de placer en el Stella Polaris, un paquebote de matrícula noruega, con oficiales de esa nacionalidad (todos hablaban inglés, claro), excepto el médico y la enfermera que eran ingleses. Para que se hagan una idea, Waugh califica los lugares del Mediterráneo que visita con un lema: "siempre excesivo y a menudo abusivo" y nos refleja su "estado de ánimo bastante sereno" respecto a la depredación y la descortesía como norma de trato de los "aborígenes" hacia el turista inglés.
Producto de una época, la primera mitad del siglo XX, en la que el turismo de masas nacía para agravar las cosas, el libro de Waugh se lee como una novela de humor. Y eso es lo que es.  Aunque nos reitere (pag. 90) "Yo era uno de esos tipos que escriben, por lo que, naturalmente tenía que fisgar un poco para retener el color local...pero no era el color local ni el pintoresquismo, ni siquiera la curiosidad por los hábitos de otra raza lo que me llevaba allí...sino la embriagadora sensación de vitalidad y realidad". Eso sí, todo ello con un estilo literario "elegante, preciso y redondo".
 
FICHA
ETIQUETAS.- Evelin Waugh.- Trad. Jordi Fibla.-Ed. Península.-12 euros.222 páginas. ISBN 9788483074916

 

 

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25 junio 2017 7 25 /06 /junio /2017 07:56

He seguido al fotógrafo y escritor valdealgorfino Vicent Pellicer desde hace años y no sólo en el sentido literario, sino en el sentido físico del término, siguiendo sus pasos. Sus libros me han proporcionado  guía y compañía en mis escapadas casi cotidianas por los Ports , la Terra Alta y las Terres del Ebre, lugares donde Vicent ha sentado sus reales de montañero capaz e imaginativo.

En su último libro publicado (el decimoquinto), "Diari de natura"  insiste en esos escenarios privilegiados pero aporta una visión diferente y sugestiva, en alguna forma complementaria, al lector: nos narra su propia visión personal y las emociones y sensaciones que percibe ante el paisaje y sus elementos de una forma poética, sensible y sumamente bella, en un excelente equilibrio entre sensualidad y lirismo.

Una treintena de textos dedicados a momentos muy especiales vividos por Vicent durante sus recorridos, una suerte de diario emotivo que recuerdan los escritos de Thoreau o de Walt Whitman  o el bellísimo "De camino a Oku" del clásico japonés Basho, uno de los grandes creadores de los haikus (versos de métrica exacta que definen con pocas palabras una sensación poética en la naturaleza). Creo que, seguramente sin pretenderlo, Vicent ha logrado una narrativa  emocional y sensitiva que podría considerarse una serie de haikus en prosa.

En lengua catalana -que no es mi lengua materna y por tanto hay matices que seguramente se me escapan- y con un estilo que adivino muy cuidado, Vicent pasa por el filo de la navaja que separa el lirismo del exceso sentimental con éxito. Lo he leído sin percibir en ningún momento esa sensación que produce la hipertrofia de adjetivos o el subjetivismo sentimental exagerado. Comparto con Vicent una reflexión que le leí no sé donde: "hacemos grandes viajes, larguísimos, cuando todavía no conocemos bien lo que tenemos a nuestro alrededor”. Desde que abandoné el periodismo activo que me llevó durante años por esos mundos de Dios, me he concentrado en "mis alrededores", casualmente los mismos casi que Pellicer y sostengo con entusiasmo el placer, casi el deber sin posible fin, de que hay que conocer la tierra en la que vivimos que, en muchas ocasiones, no tiene nada que envidiar a los de otros países.

Y así Pellicer, que también es un excelente fotógrafo de la naturaleza (hay varios libros que lo atestiguan y ya he hablado de ellos en estas páginas volanderas) nos muestra algo que ya sospechábamos con la lectura de sus textos de senderismo y montañismo: la rica vena poética que recorre su inteligente sensibilidad de hombre en frecuente comunión con las montañas, los bosques, riachuelos, lagos y rincones de estas tierras nuestras, tan excepcionales en muchos casos. Es difícil escoger y priorizar algunos relatos o impresiones literarias y poéticas sobre otras y a mi parecer la calidad se mantiene bastante pareja aunque los dos últimos relatos, el de los buitres de Valderrobres  (con un sentido reproche contra los incendiarios de bosques) y el dedicado al padre del autor, "Morret pelut de rabosa" (en catalán más sonoro y bello que en castellano: "peludo morro de zorra"), resultan notables.

Vicent Pellicer ha publicado, cito por orden de aparición en escena: "Las fuentes dels Ports" (1999), Contalles de els Ports (2000), A pie por el macizo de els Ports (2000), Adivinad los pájaros (2002), Caminatas por el macizo de els Ports (2002), Paisajes del Ebro: el Delta y els Ports (2004), El macizo de els Ports, de fuente en fuente (2006), Guía de las Tierras del Ebro, El macizo de els Ports: el placer de la aventura (2007), Puerto adentro (2009), Tierras del Ebro: vida y colores (2010), Baix Ebre, 17 itinerarios a pie (2011), La casa de la Franqueta (2012), El macizo de els Ports: belleza insólita (2013) y Diari de natura (2016).

FICHA

DIARI DE NATURA.- Vicent Pellicer.- Ed. Cossetania.- 126 págs.-ISBN: 9788490341407

 

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21 junio 2017 3 21 /06 /junio /2017 08:47

El irlandés Ian Gibson es uno de esos escritores o poetas o ensayistas de habla inglesa que han sentido muy dentro de él la atracción, el misterio y a menudo el engorro del "encanto" hispanófilo. Hay mucho de ingenuo, travieso e incluso estoico en ese declarado amor por lo bueno y comprensión por lo malo que emana de la vida e historia de esta Piel de Toro de nuestros desvelos. Me recuerda Gibson a la entereza, las contradicciones, la grandeza y la servidumbre, el poder y la gloria, la miseria y la nobleza  en la visión de España de otro ardoroso hispano, don Miguel de Unamuno.

Este setentón de la verde Erín, ciudadano español desde 1984, que camina por suelos españoles desde hace sesenta años, desde julio de 1957 con menos de 20 años, nos regala ahora, cercano a los 80 años,  unas "Aventuras ibéricas" reflexiones y recorridos por nuestro país, desde el amor y la irreverencia (gracias a Dios).  Muy lejos ideológica y formalmente de otro setentón ilustre, Mesonero Romano,  que a su misma edad escribió las "Memorias de un setentón", y que tiene algo en común con él: una amabilidad profunda, el ojo bien entrenado para los detalles de la vida española y un afecto comprensivo para el desbarajuste nacional, cuna de malos políticos y de buenos poetas y prosistas, de una estridente falta de ética pública, e incluso privada, junto con una manera de encarar vida y problemas que en el reciente pasado todavía tenía el gusto sabio y socarrón de esos Sénecas de pueblo y aldea que hacía de nosotros un pueblo llano, noble y de fiar (virtudes que ya están desapareciendo en este tiempo  a mordiscos y empujones de la globalización que ahora sufrimos.)

Gibson, presa de ese entusiasmo por nuestro país tan difícil de entender para un español de hoy (excepto si hace abstracción del efecto de los telediarios y la prensa cotidianas) nos cuenta sus viajes a lo largo y ancho de España y Portugal, nuestros "lejanos"  primos hermanos. Y comienza recordando a esos viajeros de habla inglesa que le precedieron históricamente, algunos de los que yo mencionaba al principio, desde Washington Irving a Richard Ford (y algún francés, como Chateaubriand) , Henry Swinburne o Charles Clifford.

Nuestro autor busca el hilo de Ariadna de la erudición histórica para enriquecer sus viajes y enriquecernos a sus lectores, a través del magisterio del Museo Arqueológico Nacional, dándonos lecciones simpáticas a muchos españoles, entre ellos yo mismo, sobre los rincones históricos que alfombran nuestro país.

Sus libros sobre García Lorca o Antonio Machado (del primero leí su "La muerte de Federico García Lorca, en los libros del Ruedo Ibérico que estaban prohibidos en nuestro país y que yo iba a comprar a Francia) fueron apasionados y controvertidos. Aquí, Gibson, nos habla de sus visitas a Granada, de los viajes por las tierras de don Quijote, su sentido ibérico de España y Portugal unidos, de nuestra ruidosa convivencia, de la desidia como mal nacional, de la corrupción y la suciedad, del amor a la danza y la fiesta, la universalidad de los tacos...recuerda a Dalí y a Buñuel (ha dedicado un libro a la "vida desaforada" del pintor de Cadaqués) e incluso se atreve a opinar sobre "la cuestión catalana" y ruega que prevalezca el "sentido común y el seny",  toda una lección de conocimiento del país que lo hace, sin duda, "uno de los nuestros". Que además acaba su libro con la frase "me niego perder la esperanza". ¿De qué? Oído atento: "de hacer de España un país culto, tranquilo, dialogante, orgulloso de su mezcla de sangres, magnánimo, estudioso, inventivo y puente entre Oriente y Occidente?". Y yo digo, siguiendo el "Cantar de Mio Cid": "¡¡Dios, qué buen vasallo si oviesse gran señor!!

 

FICHA

“Aventuras ibéricas” .– Ian Gibson.-Ediciones B.-Año 2017. – 412 páginas.-20 EUROS.-ISBN: 9788466660143

 
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19 junio 2017 1 19 /06 /junio /2017 10:51

Siruela ha rescatado a una escritora norteamericana, Elizabeth Daly, que parece haber sido cortada  con las hechuras de las novelistas inglesas de entre siglos, quizá por pertenecer al mismo arco generacional (finales del siglo XIX hasta mediados del XX) y cultivar el género policíaco, tan mimado por aquellas damas insignes y respetables de aspecto inofensivo y mentes bien dotadas para el misterio, el crimen y lo insólito y temerario.

Elizabeth Daly no tiene diferencias notables de estilo y tramas con Agatha Christie, Edgard Wallace o Chesterton. Si éste último se inventó al plácido pero astuto Padre Brown, la Daly crea a un no menos plácido Henry Gamadge, escritor y enamorado de los libros de los que tiene una rara sabiduría, que es tan directo y efectivo como el pacífico padre Brown o la señora Marple y el belga Poirot de la gran dama del crimen. Sin embargo la calidad puramente literaria de Daly la acerca más a Chesterton que, con todos mis respetos, a Agatha.

 

En esta novela deliciosa, el nudo criminal no se encuentra en una masión del Yorskhire sino en Manhattan y las cercanías de Nueva York y los protagonistas tienen el desenfadado acento de Yale en lugar del afectado y ceremonioso aunque juvenil de Oxford o Cambridge. Como era de esperar la trama se desarrolla en un ambiente de raras ediciones e incunables, de grabados de calidad en el que Henry Gamadge se desenvuelve como pez en el agua. Las descripciones de los miembros de la extensa familia que convive en una de las grandes residencias no sólo es sorprendentemente hábil sino que roza la perfección cuando nos describe a uno de esos personajes que es disminuido mental, sin convertirlo en una caricatura o en un obvio peligro potencial. Si añadimos que respeta escrupulosamente las reglas de oro del género negro, la racionalidad y la honestidad en la presentación de la trama, sin trucos y sin intervenciones decisivas de origen misterioso, esta novelista merece alguna visita más a su obra (dieciséis novelas con Gamadge como protagonista). Adelante, Siruela...

 

FICHA

UNA DIRECCIÓN EQUIVOCADA.- Elizabeth Daly.-Trad. Raquel C. Rojas. Ed. Siruela .-
ISBN: 9788416964208.Páginas:232.-Precio:19,95€.

 

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16 junio 2017 5 16 /06 /junio /2017 08:55

Cuando aún eran bebés en sus cunas, los que más tarde serían escritores británicos de familia burguesa, y no digamos de la clase alta, en general solían recibir mezclados con la leche materna fragmentos del Gran Bardo  que las mamás y los papás de aquellos niños solían recitarles de memoria, más o menos desde el siglo XIX cuando, gracias al romanticismo, la fama y el prestigio de Shakespeare --superando la fama teatral en el XVI y el relativismo del XVII y XVIII- comenzó a pasearse por toda la sociedad inglesa desde algunas, pocas, chozas o granjas, a bastantes mansiones o palacios.

Pues bien está muy claro que Ian McEwan es uno de esos bebés. Shakespeare suele ser citado directa o indirectamente por McEwan en sus novelas, pero en este su último libro el escritor coge un fragmento de "Hamlet" en el que el príncipe caviloso menciona una metáfora brillante: el útero femenino es como una nuez que guarda en el interior, rodeado por la cáscara, el fruto, su bebé: "Oh, Dios, podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio...de no ser porque tengo malos sueños"

Con increíble osadía  McEwan crea su historia a partir de la metáfora y convierte en narrador a un bebé que ya sabe que su joven mamá es una adúltera y abomina de los actos sexuales que se ve obligado a vivir desde lugar tan cercano y del fornicador que está humillando a su padre protegido por su falsedad y villanía. Es imposible escapar del humor sesgado, irónico y a veces cruel que la historia permite y McEwan no sólo no lo hace sino que crea páginas de un sarcasmo y una mordacidad brillantes. Ese feto es un hijo no deseado que lee a Joyce, descubre el adulterio de su indiferente madre Trudy, lamenta la debilidad de su padre John y aborrece la vulgar banalidad de su tío Claude en una narración memorable llena de críticas repartidas como sartenazos contra una sociedad y una cultura capaces de engendrar tales carencias de la más simples  inteligencia o moralidad.

Ya desde la primera página este novelista sagaz y bastante osado despierta a gritos al lector: "Asi que aquí estoy, cabeza abajo dentro de una mujer. Aguardo con los brazos pacientemente cruzados, aguanto y me pregunto dentro de quién estoy, qué hago aquí...mis pensamientos al igual que mi cabeza están muy ocupados...Escucho, tomo  notas mentalmente y estoy preocupado. Oigo conversaciones intimas sobre un designio mortífero...porque están planeando un acto atroz" . En unas pocas páginas el autor ha logrado vencer la irrealidad de la propuesta y atendemos entre divertidos y conmovidos o irritados el monólogo de un bebé que asiste al drama criminal que han puesto en marcha su madre y el hermano de su padre ("un patán de pocas luces"), al que dedica una invectiva humorística aunque patética: "No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de su padre". La víctima, es un poeta editor, un hombre grande de corazón blando que es engañado por su propio amor desesperado a su mujer.

Elegancia narrativa, humor en las metáforas y en las imágenes, un estilo contundente y austero que sabe remansarse y volverse vitriólico en la mirada crítica del feto narrador que analiza con rigor de cirujano los sentimientos abyectos y las emociones patéticas de tres personas adultas sometidas a su escrutinio, entre copas de vino exquisito saboreadas por delegación con la cultura y sensibilidad de un somelier nonato. Todo ello se convierte en una lectura tan divertida como inteligente, tan sarcástica como conmovedora y al mismo tiempo un discurso que reprueba y tritura la catadura moral de la sociedad occidental actual. Eso sin olvidar la amena e informativa forma de contarnos científicamente los más pequeños detalles médicos y orgánicos de la relación feto-madre, de la genética y el parentesco, hasta del "yo" como entidad orgánico-psíquica que logran hacer "verosímil" el principio básico argumental de la novela: el feto narrador desde el vientre de su madre.

Buena novela con un sorprendente final que no desvelo (aunque me ha sorprendido la impertinencia de cierto detalle gore y fantasmal, que dejo a juicio del lector). A cambio les doy un dato curioso: Ese argumento básico de la novela de McEwan, es original aunque no es la primera vez que se utiliza en la historia de la literatura. Recordemos que en el Mahabhrata,  el príncipe Abhimanyu oye desde el vientre de su madre una conversación importante de su padre Arjuna con ella, que será vital para el futuro del príncipe.

FICHA

Cáscara de nuez. Ian McEwan. Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama, 2017. 217 páginas. 18,90 euros

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13 junio 2017 2 13 /06 /junio /2017 09:50
 

Siguiendo las huellas del gran Epicuro, el antropólogo Santiago Beruete establece el jardín como pretexto para filosofar. El griego proclamaba a su comunidad fraternal del Jardín una ascesis rigurosa y una ética exigente.  Beruete está más cerca del Thoreau del Walden con su vertiente sociológica, pero en todo momento nos acaba sugiriendo la vida buena epicúrea, la busca de la felicidad y la tendencia sana hacia lo placentero. Incluso nos cita el proverbio chino, ligeramente cínico, que te recomienda: "Si quieres ser feliz una hora, bebe un vaso de vino; si quieres serlo un día, cásate; si quieres que sea para toda la vida, hazte jardinero". Y es que el jardín es el paradigma del espacio utópico, el lugar donde se domestica a la Naturaleza en nombre de la estética y del placer sereno de conjugar la visión bella con el olor agradable y el silencio sólo aliñado con el piar de los pájaros y el zumbido de los insectos.

En ese espacio utópico todo invita al recogimiento, al moroso entrar en la paz que se esconde en el fondo de la mente, en la reflexión y el florecimiento del pensamiento filosófico que persigue el bienestar profundo por encima de riquezas o poder. Pero también se convierte en una escuela de paciencia y humildad, de observación y perseverancia, laboriosidad y capacidad de relajamiento, generosidad y otras virtudes asociadas al ejercicio de la jardinería, al cuidado de plantas y flores y a una cierta comunión con la meteorología, ese mirar hacia el cielo que es gesto automático en la gente del campo y en los cultivadores de jardines. El libro de Beruete hace un erudito recorrido por la existencia de los jardines desde su aparición "en el creciente fértil de las tierras de aluvión de los grandes ríos creadores: Tigris, Éufrates y Nilo", pasando por las culturas griega y romana, el enclaustramiento de la Edad Media y las aperturas del Renacimiento y la Ilustración, hasta nuestros días.

Hace falta conocer la filosofía cartesiana para entender la simetría artificiosa de Versalles y a Francis Bacon para ver la afición británica hacia lo natural y aparentemente espontáneo o el pragmatismo utilitarista  de los huertos concienzudamente cultivados en pequeños espacios de las casas unifamiliares de la clase media inglesa; o a Rumi, Lao Tse, los maestros japoneses del arte del bonsái o el ikebana o  Rabinadrath Tagore para situar en su contexto los vergeles orientales.

Beruete filosofa sobre la interacción entre el jardín y el jardinero, la planta y el ser humano y acaba sugiriendo que hay un proceso de complementación entre ambos, algo que obliga a las dos partes en cualquier momento del proceso, a veces " a favor" del jardinero y a veces de las plantas o el terreno o el clima. También se habla de la "mala conciencia" naturalista de la actual sociedad capitalista que trata de "compensar" su escasa sensibilidad hacia la Naturaleza con la creación abundante de "espacios naturales" domesticados y convenientemente diseñados para dar al ciudadano la idea de una Naturaleza que, por otro lado, están destrozando. Y es que no se debe olvidar un aserto inconmovible a través de los tiempos: "La única manera de controlar la Naturaleza es obedeciéndola". Y para ello debes conocer el código, el "lenguaje" de plantas y flores. En una palabra: para mantener un jardín y no sólo disfrutarlo tienes que saber de jardinería y involucrarte en el toma y daca que supone esa relación. Y si no estamos preparados para ello (¿para cuándo una educación en la que se estudien asignaturas de relación práctica con la Naturaleza, desde el jardín al bosque, desde el huerto a los montes, desde las fuentes al océano?) terminaremos causando el fin del jardín o el huerto.

Debemos ser conscientes de las implicaciones sociales y ecológicas de nuestras actividades en el medio natural. Y al mismo tiempo valorar los efectos beneficiosos para el hombre y su salud del contacto y el trabajo en lo natural. A condición de que establezcamos el respeto como norma y el aprendizaje como método para gozar de lo natural.  No se trata de domesticar, imponer, sino de "crecer y florecer juntos", cada cual a su manera.

Beruete analiza la dimensión ética, social y política que tienen los espacios verdes para el ciudadano del siglo XXI, en el que el ansia y la codicia depredadora del ser humano y su sociedad post capitalista está tocando techo en su relación con la Naturaleza. Su libro es una proposición fresca y sugestiva de la necesidad de un cambio en la sensibilidad, percepción y comportamiento del ser humano frente a la Naturaleza, empezando por lo más cercano, nuestros jardines.

El libro, de una erudición nada incómoda se complementa con un "Glosario" de términos  empleados, entre el tecnicismo y la curiosidad histórica, un listado de "dramatis personae" dando historia biográfica de las personajes y personalidades que se citan, una voluminosa bibliografía y el cuerpo, no exagerado, de notas a pie de página ampliando las citas. Excelente libro para enriquecer cualquier biblioteca.

FICHA

Jardinosofía. Una historia filosófica de los jardines. Santiago Beruete. Turner. Madrid, 2016. 536 páginas. 29 euros.

 

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10 junio 2017 6 10 /06 /junio /2017 14:39

 Empecemos de forma contundente: este es un magnífico libro. Soberbia idea la del periodista leonés Emilio Gancedo que con apenas cuarenta años se ha puesto las botas de caminar y ha afinado su perspicacia y empatía para recorrer el país recabando testimonios históricos relativamente recientes de la vida que llevaron personas en su juventud, hoy ancianos, la mayoría habitantes del olvidado y menospreciado mundo rural, sobre todo cuando realmente lo estaba, a principios y mediados del pasado siglo. En la actualidad la cosa está tomando un sesgo diferente debido a la aparición de cierta conciencia ecológica y el aprecio a formas de vida más naturales y plácidas que las habituales en la vida urbana de ciudades grandes y megalópolis.

Durante los meses de febrero a abril de 2013, Gancedo "emprendió una expedición  hacia delante en el espacio y hacia atrás en la memoria que acabó llevándolo por todo el país en busca de las huellas de la vida y los paisajes del recuerdo, esos que se van evaporando como niebla al sol, de manera imperceptible pero imparable...(para) rescatar y exponer...existencias veteranas que hablasen con el más claro de los idiomas...nombres encallecidos y fibrosos...avecindados por todo el territorio... (pues) desde el tramo final de sus vidas, estas gentes hacen historia de sus propias historias".

Y bien que ha cumplido su cometido Emilio Gancedo, con un estilo literario sembrado de localismos, de hablares populares, de idiomas fraternos, de una rara poesía terrenal, de un ingenio y una fuerza patética y conmovedora que convierte a casi todas las entrevistas en un formidable retablo popular lleno de dolor, sufrimiento, alegría de vivir pese a todo, un sentido del humor extraordinariamente sagaz y deliciosamente  irónico y una sabiduría pragmática y sencilla que hace renacer a Séneca, Epicuro o Sócrates con boina y pantalón de pana o vestido negro remendado aunque limpio.

Extremeños, gallegos, aragoneses, navarros, catalanes, castellanos, historias al por menor con gentes, personas, de sorprendente calidad humana, un frente tormentoso de antiguas miserias y crueldades, narradas con un lenguaje vivo, palpitante, formidable en su sencillez y su propiedad, personajes dignos, humildes y socarrones o ingenuos, valerosos...el escenario donde se pronuncian esas palabras mayores de personas mayores deja un regusto amargo pero vivificante, todo el genio de la Hispania de siempre tan alejada del pastiche de cartón piedra y tecnología punta en la que la hemos convertido.

Dice el autor en alguna parte que su libro "es un viaje hacia el sentido común, la sabiduría y la memoria de unas generaciones irrepetibles". A fe que es mucho más que eso, aun siendo eso, mucho y muy valioso. Es un motivo de reflexión, es un dictamen libre de retórica sobre algo que nos importa mucho conservar a los de aquí y a los de ahora: una filosofía de vida basada en la dignidad, la sencillez y el decoro, el trabajo y la fidelidad a ciertos principios éticos que no demonizan a nadie y que buscan concordia y mutuo respeto.

Este es un libro que debería leerse en las escuelas y analizarse en la Universidad.¡¡ Pero no caerá esa breva!! Por de pronto, felicidades amigo, permíteme llamarte así, por haberlo escrito y trabajado. Y para todos, copio: "El autor ha abierto una página web, libropalabrasmayores.com con toda la información sobre el libro, fotografías de 22 personas entrevistadas por todo el país, mapa y fragmentos escogidos de las entrevistas".

FICHA

PALABRAS MAYORES.-UN VIAJE POR LA MEMORIA RURAL.- Emilio Gancedo.- Pepitas de calabaza.- 22 euros. ISBN: 9788415862376

 

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