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30 septiembre 2020 3 30 /09 /septiembre /2020 08:21

ULTIMI  BARBARORUM

Marx dijo que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Calígula y Nerón fueron tragedias para Roma, Hitler y Stalin para Alemania y Rusia. Sus encarnaciones actuales, desde Berlusconi o Salvini,  al nazismo sobreviviente en grupúsculos de todo el mundo o los Bolsonaro Putin y Trump endiosados en sus omnímodos poderes, configuran mortíferas farsas. Nosotros tuvimos la tragedia en la guerra civil y tenemos nuestra farsa en la actual (no) gobernanza política española, donde se repiten esquemas, posturas y separatismos, pero sigue prevaleciendo la alargada sombra del Capital, dios único y verdadero, desdibujando los perfiles de izquierdas o derechas.

¿Será la causa que genera estos tiempos desorientados e irrazonables? ¿Nos dirigimos hacia lo que Spinoza llamó “ultimi barbarorum”, el colmo, el extremo de la barbarie? Eso apuntan los cotidianos abusos sobre el estado de derecho perpetrados por personas de muy varia condición que agitan banderías de antisistema, feminismo u homosexualidad, pero no desde la demanda legítima, sino en forma de violencia y agresividad; okupas, nazis redivivos, franquistas nostálgicos, estafadores de guante blanco, jóvenes vandálicos etilizados, profesionales de las algaradas que obedecen al que pague mejor, tipos del común muy conscientes de sus derechos, pero no de sus límites éticos o jurídicos, fanáticos de teorías de la conspiración (como los del “Q” norteamericano) cuanto más descabelladas mejor…y el rosario permanente de violaciones en grupo, arrasar a negros, “maricas” o “sudacas” y otros seres humanos condenados por las consignas de la horda, destrozar mobiliario urbano o propiedades privadas; fascistas de los dos extremos, ecofascistas como novedad, tipos expertos en porras, cocteles molotov y puños de hierro, nacionalistas manipulados por la ignorancia y la idiotez. El terrorismo “blando” y “tolerado” de los vándalos, de los “ultimi barbarorum”, que prolifera por las grandes ciudades y últimamente en algunos pueblos, por eso de huir de una pandemia en la que no creen y que van esparciendo) donde destrozan cosas que a todos les importan, excepto a ellos.

No se trata de la falsa y socorrida dialéctica de la libertad y el orden. Goethe defendió a ultranza la libertad individual pero alertó sobre sus excesos. La falacia en la que se basan las exigencias y modos de la ultra derecha y congéneres de los extremos, es su fraudulenta aceptación del orden democrático. Jamás debería haberse permitido que entraran en el juego de los partidos políticos, ya que por definición no respetan las normas de respeto y convivencia que son básicas en la democracia. Sólo las reclaman y manipulan para defender su “derecho” a discrepar que, en esencia, es una praxis de violencia, insultos, descalificaciones y amenazas. De esta manera las reglas democráticas se ven obstaculizadas en su defensa del orden y el equilibrio de la cosa pública, mientras los partidarios de la deriva autoritaria hasta sus últimas consecuencias, se ven “amparados” por esa democracia que ellos conculcan sin cesar.

En el reino de la barbarie hablar de libertad de expresión, es una incongruencia, ya que es utilizada para justificar lo injustificable. Como decía el maestro Lledó, es razonable exigir  la libertad de expresión. Sólo hay un problema para los que tememos la barbarie: ¿de qué sirve la libertad de expresión si sólo se usa para decir idioteces, mentiras, insultos, una verborrea espinosa de despropósitos agresivos? ¿No sería necesario exigir antes algo de sentido crítico, capacidad analítica, pensamiento basado en la lógica y el sentido común? Materia de educación básica y necesaria. Construimos la casa de los derechos humanos por el tejado. Y las columnas que la tienen en pie, las obligaciones correspondientes, no tienen solidez. Somos fáciles presa para los “ultimi barbarorum”. A propósito, atentos a los “idus” de noviembre: la Casa Blanca, puede dejar de ser un color para ser un símbolo de supremacía racial, si es que Trump  sigue...

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

 

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29 septiembre 2020 2 29 /09 /septiembre /2020 10:40

EL “JUEGO DEL PRISIONERO”

Ya son demasiados casos de insensatez y aparente locura en el mundo, ¿no les parece? Eso se debe a que los políticos y el poder  juegan, sin saberlo, al “juego del prisionero”. Es uno de los dilemas sin solución de la teoría de juegos, lúcida idea cultivada por aquél científico esquizofrénico paranoico (John Nash) que describe el libro (y la película) “Una mente maravillosa” y que acabó recibiendo el Premio Nobel de Economía en 1994, a pesar de su enfermedad.

Escojamos sólo dos casos: el empecinamiento del dañino Torra en Cataluña y el de la no menos obcecada presidenta de la Comunidad de Madrid con el jefe de Gobierno por el Covid. El juego del prisionero demuestra matemáticamente cuándo dos personas no logran cooperar aunque ello vaya contra el interés de ambas. Los intentos fracasan siempre porque la codicia y las estrategias de dominio de las dos partes impiden que usen la razón y el sentido común. La resolución se aplaza “sine die”, unida a una conclusión falsa de suma no cero (sin ganador). Se podría superar el nudo, paradójicamente, con un acuerdo que suponga ceder algo por las dos partes para perder menos cada uno, pero ello presupone contradecir la premisa básica del juego.

En la política española se sigue continuamente el “juego del prisionero”. No hay ni ganador ni perdedor absoluto, pero siempre hay un perdedor permanente: el pueblo español y su bienestar social y económico. Deberíamos internar a ciertos políticos españoles en un retiro monacal con expertos, neurólogos, psicólogos y economistas para que les demostraran cómo la cooperación, la solidaridad y el altruismo son las herramientas adecuadas para desembrollar la situación del país: el juego del prisionero se anula cuando esas personas obcecadas deciden aplicar criterios basados en una evidencia científica: cada vez que obramos de forma altruista, generosa, compasiva y solidaria se activa un área del cerebro conocida como “unión temporoparietal” que, a su vez, activa el núcleo estriado, que es el elemento cerebral del que dependen los circuitos de recompensa y motivación, cuya acción mejora nuestra salud, baja la tensión arterial, produce bienestar físico profundo y aumenta la empatía y el atractivo de las personas. Y, como consecuencia aparecen soluciones realistas y eficientes a los problemas planteados. Debería extenderse a nivel planetario.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 septiembre 2020 2 22 /09 /septiembre /2020 09:40

LOGOI 167: CONSPIRACIÓN

Hegel escribió que la historia suele repetirse a sí misma y el agudo Marx añadió a eso de que la historia ocurre dos veces, “la primera como gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Conforme nos acercamos a las elecciones norteamericanas, algunos analistas políticos comienzan a hacer sonar las alarmas. Una victoria real o manipulada de Trump supondría un revés histórico de descomunales efectos negativos a la causa del progreso humano, a la solidaridad, cooperación, y desarrollo de los países del mundo. El asombroso acercamiento de las tesis conspiratorias de la extrema derecha y de los ideales de la “New Age” ha alarmado a algunos pensadores que vaticinan la repetición de la tragedia mundial que supuso Hitler en forma de la miserable farsa (aunque sumamente peligrosa) que supone la permanencia de Trump en el poder.

No vamos a entrar en los paralelismos entre los usos y costumbres del III Reich, desde los años 20 y 30 del siglo pasado, y los de una Norteamérica que afronta la pandemia con brebajes “mágicos” casi letales en sí mismos  sugeridos por el presidente, que contempla indiferente la enormidad de muertes que provoca, que instiga al ejército contra el pueblo, que demoniza a los negros, que apoya unidades paramilitares que ejercen la “justicia trumpera” (una copia de los “camisas pardas”, los SA, milicia estatal que auparon a Hitler al poder) y sólo les falta obligar a negros y latinos a llevar una estrella amarilla (¿o tal vez roja?).

Como Hitler, Trump está buscando destrozar la solidaridad internacional y no tiene empacho alguno en anunciar guerras con China o con cualquier otro país que le provoque malestar personal y cada vez se vuelve más osado e irresponsable.

También como Hitler, Trump es un fanático de las teorías de conspiración, de hecho supera al alemán, la tecnología se lo permite, y se preocupa de difundirlas por los medios de que dispone (todos) justificando su negacionismo y sugiriendo medidas irracionales o apoyando indirectamente a la QAnon, una instancia “unfluencer” muy activa en la Red –que surge de Q, una supuesta fuente secreta del Gobierno Trump- que advierte de una malévola y demencial conjura de las fuerzas progresistas y personajes públicos (como Tom Hanks, Bill Gates o Hillary Clinton) que debe ser desarticulada –destruida con violencia-  para instaurar en nueva Era. Goebbels, Hess y Himmler secundaron y alimentaron el afán mesiánico y astrológico de Hitler como en Trump se dan influencias semejantes con respecto a la medicina alternativa y a un extraño holismo medioambiental que ignora la contaminación y en eco-bio-política la igualdad entre las razas humanas y cree en una teosofía con líderes divinizados como Trump. Según QAnon, Trump derrotará a la “élite satánica oculta” tras suspender  las democracias, instaurar un régimen dictatorial y arrasar con todos los disidentes a base de sangre y fuego. Según parece alguien preguntó públicamente a TRump sobre QAnon y respondió: “Son unos patriotas”. El ocultismo y la conspiración han encontrado su Profeta en Internet. Que Dios nos coja confesados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 septiembre 2020 5 18 /09 /septiembre /2020 09:02

E.M.Forster uno de los miembros del Grupo de Bloomsbury (nacido con el siglo y fallecido en 1970, a los 69 años) , fue uno de los grandes escritores británicos de mediados del siglo XX. "El más largo viaje" apareció en España en 1977  (siete años después de la muerte del escritor) y yo la leí apasionadamente, como todo lo que se iba traduciendo de este novelista, narrador y ensayista que se iría a la tumba sin salir del armario y que me desconcertaba  por su manera de describir el amor, hasta que en los ochenta, creo, se tradujo su novela póstuma "Maurice" (aparecido en inglés en 1971) y yo entendí la ambigüedad de muchos personajes masculinos de Forster y sobre todo la doble lectura de sus inteligentes diálogos y observaciones. Dicho esto sin sombra alguna de censura o juicio. Siempre he respetado las diversidades sexuales ajenas.

Me ha gustado volver a las complejas disquisiciones intelectuales de tantos personajes inolvidables, "Viaje a la India", "Una habitación con vistas", "La mansión" convertida en famosa serie de tv. con el título "Regreso a Howard End") y los relatos de "La vida futura". En trece ocasiones fue nombrado como aspirante al Premio Nobel sin llegar a serle concedido (quisiera creer que no fue por su opción sexual personal). En la década de los treinta sus charlas literarias y culturales por la BBC tuvieron una extraordinaria acogida popular y su labor divulgativa fue objeto de varios premios. También publicó varios ensayos y biografías. Que yo sepa sólo se ha traducido "Aspectos de la novela", en los setenta que fue convenientemente devorado por todos los que aspirábamos a ser eficientes y honestos críticos literarios).

Sigue siendo una novelista atractivo, de lectura gratificante aunque no siempre fácil y uno de los más destacados escritores- analistas que ha dado la grey universitaria inglesa desde Oxford a Cambridge (o como en esta novela, Swaston) que llevaba consigo la elección de un tipo de vida peculiar y de una manera de comportarse en sociedad con su sello distintivo. En esta novela Forster apuesta por una especie de novela de tesis, en la que -muy actual- reivindica cierto tipo de actitudes en las que se privilegia las ideas y una vida dedicada a ellas sobre la explotación práctica y profesional de las aptitudes y estudios. Forster consideraba que esta novela, quizá una de las menos populares, es, sin embargo un reflejo literario de sus personales preocupaciones y su desarrollo como persona. Una especie de Bildungsroman (como los alemanes llaman a las novelas de "aprendizaje" vital) que refleja los azares existenciales, emocionales e intelectuales de Rickie Elliot, probablemente un trasunto del autor.

Especialmente interesante es la información que nos da Foster de su decidida actitud, tan adelantada a su tiempo, de comunión esencial y amor a la Naturaleza. Y así dice de uno de sus personajes: "Su actitud ante la naturaleza era decididamente estética: una actitud más estéril que la totalmente práctica. Aplicaba el criterio de belleza a la sombra, al olor y al sonido; nunca sentía reverencia hacia estas cosas ni se emocionaba con ellas; nunca las había considerado como una irresistible trinidad que puede embriagar de alegría al devoto. Si le gustaba el campo arado era como mancha de color, no como insinuación de la inagotable fuerza de la tierra". (pág. 118).  O mas adelante (pág.213), "Percibió con mayor claridad la crueldad de la naturaleza, para quien nuestro refinamiento y nuestra piedad no son más que burbujas, que desaparecen a toda prisa en el agua turbia".

No hay ninguna de las obras de  Forster donde no se prodiguen detalles de una filosofía y una percepción sensual hacia la naturaleza, ante los que los actuales gurús de la ecología no babearían de placer. Eso como simple adorno de una complejidad magnífica de sentimientos y emociones en un escritor fundamentalmente intelectual y de gran formación clásica.

FICHA

EL MÁS LARGO VIAJE.- E.M. Forster.-Trad. José Luís López Muñoz.- Alianza Tres. 316 págs.

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15 septiembre 2020 2 15 /09 /septiembre /2020 08:52

El maestro Emilio Lledó escribe “educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar”. A la vista del caos operativo que la pandemia ha insuflado a la educación española, uno relee la “Misión de la Universidad” de Ortega y Gasset, publicada en 1930 y la combativa “Sobre la educación” del citado Lledó, de 2018. Los dos citan la profética frase de Kant: “El hombre sólo puede  ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él”. Y Ortega apostilla con respecto a la Universidad: “es ineludible crear (en la enseñanza) el amor a la cultura o sistema de las ideas vivas que el tiempo posee”. Se refiere al “zeitgeist” de nuestra época, el espíritu cultural que todos respiramos.. Es decir la implicación de  la cultura como expresión de la vida ya que “para andar con acierto en la selva de la vida hay que ser culto, es decir, conocer la topografía vital, sus rutas y métodos, tener idea del espacio y del tiempo en que se vive”. Y esta falta de conexión de la enseñanza a todos los niveles con las necesidades de la existencia y la falta de orientación en ella (por eso resulta suicida el desecho de las Humanidades, principalmente de la filosofía) hace que la deriva social utilitarista que se impone en estos tiempos, desvirtúe la enseñanza en su aspecto más primigenio: enseñar a ser persona, sus valores y prioridades, priorizar el ser sobre el tener, etc., lo cual afecta seriamente la preparación de los futuros profesionales.

Esta perspectiva de la educación (la antigua “paideia” de los griegos la tenía muy en cuenta)  no se ha evaluado de forma correcta, ni por el sistema educativo ni por la familia, la tercera pata del trípode: sistema, profesores y alumnos, padres. La visión asignatural y el chantaje ritual del examen siguen siendo las pautas firmes desde la enseñanza media a la universidad. ¿No sería fructífera la creación de comisiones transversales de expertos, ideólogos y profesores, alumnos y padres curtidos en sus profesiones, para hacer la tan urgente revolución en la enseñanza? Hay ejemplos “fuera” que podrían servir como guía. Y la pandemia es una ocasión revolucionaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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13 septiembre 2020 7 13 /09 /septiembre /2020 09:14

"La edad de la penumbra" de Catherine Nixey, historiadora dedicada al periodismo de divulgación, es una obra que sintoniza perfectamente con la actual situación dentro de la cultura dominante en la que los fenómenos religiosos -no los espirituales- han tomado un sesgo ligeramente anacrónico para una parte de la población, aunque sigue candente en religiones como el mahometismo y el budismo. Con el cristianismo, y salvo en lugares y entornos muy determinados, el decaimiento de fervor y práctica ha provocado la aparición de una historiografía  crítica que ha cuestionado no sólo la perdurabilidad -exceptuando siempre a un núcleo duro inamovible entre el fanatismo y la buena fe- sino también la legitimidad de estas creencias. Aunque ya hemos tratado en estas páginas diversos ejemplos de estudios de considerable solvencia sobre esta deriva iconoclasta y desmitificadora de la historia de las religiones, el libro de Nixey pega un buen varapalo al cristianismo con cierto redentismo provocador, no exento de humor. Lo cierto es que el sarcasmo de la autora tiene un efecto dinamizante en el lector que, si ha  seguido mi propuesta de lectura en otras ocasiones de libros semejantes, apreciará sus concomitancias a pesar de los estilos totalmente diferentes.

"La edad de la penumbra" es muy incisivo en sus conclusiones y ha provocado protestas públicas de la Iglesia ante alguno de sus comentarios e informaciones. Pero, prescindiendo de las críticas institucionales, las imágenes que nos brinda la autora de la forma de vida de los cristianos de los siglos anteriores al reconocimiento del cristianismo como "religión oficial" del Imperio romano, desmiente toda la iconografía tan cara a esta religión -de origen romano, por excelencia- cuyo poder llegaría a alcanzar nuestro siglo y tiene visos de seguir, aunque en cierta forma "tocada" por una forma de vivir absolutamente distinta a la de todos los pasados siglos de su "era".

La semejanza entre los actos de barbarie y vandalismo de los cristianos del siglo IV d.C., cuando se habían hecho suficientemente fuertes y temidos por su fanatismo sin compasión, con los los barbudos sanguinarios del tristemente famoso Estado islámico, es algo más que una curiosidad. Es un síntoma, 17 siglos más tarde. ¿Hay alguien que defienda la evolución emocional del ser humano; su comprensión y respeto por otras creencias, en esta presunta época del "fin de las creencias"? Esperemos que el "triunfo de la Cristiandad" que tanta sangre, injusticias, barbarie y destrucción provocó durante siglos (hasta hace dos días y continúa en algunos lugares) no sea el espejo de actuación de los islamistas feroces parapetados más en el odio a otras creencias que en el estudio, puesta  al día, comprensión y perfeccionamiento de la propia.

Tanto los cristianos de entonces y duraderamente, cuenta Nixey, como los islamistas de ahora, buscan no un reconocimiento y respeto del contrario sino la "total subyugación de éste" a sus principios. Y para lograrlo no hay exceso violento que no ejerzan y patrocinen. Hoy se dinamitan estatuas gigantescas de Buda o se queman iglesias o asesinan a sacerdotes y fieles; en el siglo IV y V dC, se destruyó casi totalmente la hermosa y fructífera filosofía grecolatina y las manifestaciones escultóricas o arquitectónicas de aquellos antiquísimos cultos y creencias.

Lo que nos inquieta más del libro de Nixey es su aseveración documentada de que grandes hombres de aquellos tiempos, como San Agustín, apoyaba "la extirpación de toda superstición de paganos y gentiles" de la forma más radical posible. Otros "santos" como el francés Martin o el egipcio Teófilo o el italiano Benito dieron muestra de su "santidad" en su particular guerra sin piedad contra las personas y los lugares que habían sido conocidos por su espiritualidad "no cristiana". ¿Dónde está la madurez intelectual de tantos filósofos de raíz cristiana que, incluso en nuestra época, no cuestionan ni rechazan el oscurantismo provocador de aquellos pensadores?

Como con mucho sentido del humor e ironía nos cuenta la autora, "los ataques no se detenían en la cultura. Todo, desde la comida que se ponía en el plato (que debía ser sencilla y sin especias) hasta lo que se hacía en la cama (que debía ser igualmente sobrio y sin especiar) empezaba, por primera vez, a quedar bajo el control de la religión". Y sin embargo, lejos de esos grupos y cabecillas "santificados", las personas del común, corrientes, que trataban de sobrevivir, se limitaban a incorporar al dios cristiano al abundante panteón de divinidades paganas. Situación que sin embargo duró poco, ya que después de Constantino, cuando los sacerdotes de la "verdadera fe" comenzaron a controlar algunos resortes del estado, el político y el militar, los templos paganos -y sus sacerdotes- fueron destruidos unos y asesinados otros por todo el Imperio y aledaños.

La misma o parecida suerte corrió la filosofía y los últimos filósofos de las escuelas platónica (la Academia) y neoplatónica, aparte de las escuelas no asimilables al cristianismo (el platonismo fue manipulado a favor de lo permitido y también el estoicismo en alguna medida) pero el cinismo, el escepticismo y el epicureísmo fueron devastados. Las hogueras con libros prohibidos no las inventó Hitler o los islamistas, la inventaron los cristianos. Y también inventaron los palimpsestos -manuscritos sobre los que se escribían nuevos textos.  "Se ha descubierto que Agustín sobrescribió el último ejemplar de 'Sobre la República' de Cicerón para anotar encima sus comentarios de los 'Salmos'. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro 'Antiguo Testamento' más. Un códice con las 'Historias' de Salustio se raspó para dar lugar a más escritos de San Jerónimo.... Sólo un uno por ciento de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El 99 por ciento fue destruído".

Y sugiere la autora, los cristianos del medievo y épocas posteriores modificaron la historia del recibimiento del triunfo del cristianismo en pueblos y aldeas. Fue una de las muchas "fake news" que pasaron a ser consideradas verdades dignas de figurar en los libros de historia y en la enseñanza a los niños y en las Universidades: se eliminó la memoria de que existió una fuerte y duradera oposición a dicha victoria. "El cristianismo contó a las generaciones posteriores que su victoria sobre el viejo mundo fue celebrada por todos, y las siguientes generaciones lo creyeron". Por ello el "triunfo" del cristianismo fue considerado durante los siglos posteriores como un milagro más de la "religión verdadera" y precisamente en ese dato estriba la totalidad y completud del triunfo cristiano.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

LA EDAD DE LA PENUMBRA.- Catherine Nixey.- Trad. Ramón González.- 317 págs.

 

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8 septiembre 2020 2 08 /09 /septiembre /2020 09:15

Decía Séneca que la ira es un ácido que hace más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierta. Cierto, cuando se trata de una emoción que responde a un estímulo, más o menos legítimo. Pero si es gratuita, si es pura idiotez vandálica, esa ira sólo hace daño a las cosas o a las personas sobre las que se vierte. Los vándalos no tienen causa moral ni objetivo alguno que no sea la destrucción. Por mucho que traten de escudarse en que son antisistema, en la oposición ante cualquier autoridad o poder, o alcen banderas separatistas o nacionalistas, o el arco iris de las variedades sexuales o raciales, en realidad sólo les conmueve la destrucción gratuita y salvaje por el mero placer de arrasar con lo útil, lo bueno o lo bello, ya sea una maceta con flores, un objeto artístico, unas piedras milenarias, un monumento o un jardín, unos bancos públicos, unos contenedores de basura o un parque para ancianos o para niños. Es la faz oscura de los ácratas más primarios, descerebrados y ajenos a cualquier ideología o principios políticos o éticos. Lo único que alimenta la ira de los vándalos, la más imbécil de todas las iras, es que se les haya ido la mano un poco en la droga y un mucho en el alcohol. 

Este año en el que los “covidiotas” se han aliado con los contagiados de  “idiotavirus”, los desmanes dañinos e indignantes de vandalismo han proliferado en las ciudades y han viajado a algunos pueblos que, hasta la llegada de la pandemia, sólo sufrían ciertos desmanes puntuales en días de fiestas mayores cuando el alcohol es un exceso comprensible para algunos. La solución a largo plazo del gamberrismo, sea puramente idiota, etílico, pseudo político o racial, es decir, manipulado o promocionado, empieza a surtir efecto cuando enseñemos educación cívica desde las escuelas y su proyección en las familias, en las aulas y campañas por todos los medios. Es el efecto dominó a nivel pedagógico: enseña a los niños y recuerda a sus padres las elementales normas de la convivencia y la educación y algo cambiaremos. Que un niño aprenda desde muy pequeño, por ejemplo, que no ha de tirar papeles u objetos a la calle o al campo, tiene un efecto cuántico multiplicador como el aleteo de la mariposa que se convierte en tifón al otro lado del mundo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 septiembre 2020 2 01 /09 /septiembre /2020 09:33

Ustedes me disculparán pero he decidido poner punto final a esta serie. Podría pasarme el año completo escribiendo cada semana sobre la incidencia fáctica y empírica de ese virus y aún me sobraría para escribir y publicar la "Enciclopedia mundial del idiotavirus y cómo ha influido (pésimamente) en la historia universal". Y he podido llegar hasta aquí por la suerte de no vivir en tiempos de la Inquisición,  aunque bien mirado, la Red se está convirtiendo en un durísimo y cruel tribunal inquisitorial cuyos anatemas, maldiciones y agresiones por ahora son virtuales. En San Marcos 5:9,  Jesús pregunta al diablo cuál es su nombre y éste le contesta: "Legión, porque somos muchos". Pues el idiotavirus crea demonios idiotas por legiones. Y, repito, todos hemos ejercido en algún momento puntual de infestados. La única diferencia con los habituales es que algunos no lo convertimos en un estilo de pensar, hablar y actuar.

Dejaré algunas cosas claras, no soy de los que clama por un pasado que en nuestra memoria selectiva era sin duda mejor, ni despotrico contra los jóvenes porque están mal educados, desprecian a las personas con autoridad, no respetan a los mayores, son incultos, embarulladores y beben demasiado, entre violencias gratuitas y desmadres etílicos y drogatas. Si no recuerdo mal, en varios de los Diálogos de Platón o las comedias de Aristófanes, Quevedo o Shakespeare, se repiten esas condenas. En esencia lo que no ha cambiado es la opinión de los mayores sobre los jóvenes, olvidando aquellos que generalmente cuando ellos mismos eran jóvenes solían comportarse de esa manera o coincidían con compañeros que lo hacían sin demasiado escándalo por su parte. Se comportaban como idiotas. El idiotavirus era considerado entonces por los propios jóvenes un idiotavirtus. Cambiaba el sustantivo pero no el adjetivo. En resumen: el virus de la idiotez se pasea por los siglos como Pedro por su casa. Forma parte esencial de nuestro paisaje humano y lo debemos llevar inscrito en nuestros genes como animales humanos: se activa cuando predomina la parte primera, lo animal,  y se oculta la segunda, lo humano, que siempre se protege con la razón. Vale.

ALBERTO DÍAZ RUEDA.

 

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31 agosto 2020 1 31 /08 /agosto /2020 11:39

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29 agosto 2020 6 29 /08 /agosto /2020 11:53

(Artículo publicado en La Comarca, 280820)

El estupor y la desorientación, la incertidumbre y la angustia creciente marcan las etapas de los estados de ánimo que confiesan los ciudadanos afectados por el enigma educacional, mientras los políticos siguen adictos a la actitud pública y notoria  de un comportamiento basado en el empírico ensayo-error. Lo llevan haciendo desde el mes de febrero pasado, cuando ya se abrían las puertas de un caos anunciado. Han estado desbordados por la izquierda y por la derecha, aunque quizá, como a todos, el desafío  vírico les ha venido demasiado grande y tantas dudas y vacilaciones son inevitables. Ello ha puesto de manifiesto la falta notoria de líderes políticos, dignos de ese nombre, para situaciones tan graves, exigentes y desconcertantes como las que ha creado la pandemia. Escribo esto sin ánimo crítico, sólo soy realista, y hablo de la clase política visible en general: los estados de excepción requieren políticos excepcionales y de esos hay pocos.

Consideremos que los sectores en crisis no son sólo  el sanitario, que ha debido conformarse con palmaditas de consuelo pero sin mejoras, sino también el económico, por el que doblan las campanas de duelo, a pesar de inyecciones varias, y para cerrar el panorama  catastrófico, el educativo (que en el circuito de las necesidades básicas para el progreso de una nación es tan importante como los otros dos). Los maestros y maestras, los profesores de ambos sexos, de todos los niveles educativos, llevan meses literalmente mesándose los cabellos y pensando que las autoridades de ese depauperado sector deben haber pasado del estupor de la pandemia a la inopia de las dudas (escribo esto antes de saber el resultado de las últimas reuniones oficiales). Los medios han reflejado el estado de estupefacción general, fiel reflejo del de la población. El Gobierno asegura que están planteando alternativas y protocolos desde junio,  hay 2.000 millones de euros destinados al sector y se habla de 30.000 docentes por contratar. Pero desde las escuelas a los institutos y a las Universidades, el enigma educacional sigue sin resolverse de una forma clara, definitiva y sobre todo unitaria. Seguimos con el complejo de las Comunidades y sus competencias. Insisto, ¿es que una situación global como la pandemia no debería afrontarse de una manera centralizada con el apoyo de todas y cada una de las Comunidades? ¿Cuál es el presunto hecho diferencial en este caso que justifica que cada una lo haga a su modo y manera? ¿Es que no nos contagiamos y sufrimos o morimos todos de la misma manera, andaluces, gallegos, vascos o catalanes? Es evidente: no hemos aprendido nada de los meses de pandemia transcurridos. Seguimos alimentándonos de conceptos políticos cerrados en lugar de ideas ajustadas a las circunstancias. Y así seguimos sin tener ideas claras y orientativas, de si la educación ha de ser presencial o telemática o mixta, la ratio de niños o alumnos en cada clase, el uso de mascarillas y separación física, los protocolos de respuesta urgente a un rebrote localizado, normas de los deportes y los actos académicos...

El confinamiento como medida extrema, sectorial preferiblemente, es una decisión que tiene unas consecuencias económicas y sociales de primer orden, no pueden depender de la famosa autonomía comunitaria. En tiempo de pesadumbre, no hacer mudanza. Creen un gabinete de crisis permanente donde haya participación paritaria de todas las Comunidades y se tomen las medidas por consenso general. Y se puedan evitar tibiezas tan absurdas y peligrosas como la del señor Torra, por poner un ejemplo, pidiendo por un lado que se respeten las restricciones de personal en grupos y por el otro que para las manifestaciones del 11 de setiembre “ya se verá”. Vamos, señores, un poco de seriedad (el que esto firma se considera catalán de adopción, tras medio siglo de vivir y trabajar en Cataluña). Las Comunidades en general y las más opuestas a “injerencias” estatales ya han demostrado su “pericia” con el Covid19, no repitamos el error.

Es precisa  la participación de todos, desde la gestión política a la de ayudas y situaciones puntuales de agravamiento vírico. Y para ahora, el problema quema. Señores, reúnanse los responsables y pongan a un lado por el momento sus intereses “políticos” o de imagen partidista e incluso independentista.  Ya que en Sanidad no han logrado la unanimidad y la  gradual asimilación de un protocolo de actuación pública y privada que confirmara  las mejoras que provocó  el confinamiento (y así nos ha ido). Todo a causa de esa confusión visceral de confundir los derechos personales y “comunitarios” con las exigencias excepcionales de una pandemia. Ese exceso “constitucionalista”  que prima los derechos de las partes pero no las obligaciones hacia la totalidad del país no resiste un examen de ética y sentido común. Señores políticos, profesores y maestros, alumnos y ciudadanos del común, díganme: ¿Son necesarias más muertes, contagios y amenazas  para que nos planteemos en serio que si no hay una política de defensa conjunta, unitaria, común y solidaria, basada en la precaución, la ecuanimidad y la cooperación de actuación y de  información transparente y lo más veraz que sea posible, nos vamos todos y cada uno de nosotros a abrirle las puertas a la miseria, la dictadura y  el caos?

Y no me refiero sólo a la política o la economía…también a la educación, uno de los puntales medio abandonados en este país  por los gobiernos capitalistas y neoliberales de los últimos decenios. Y la educación, como han dicho muchos pensadores, es una herramienta cargada de futuro.

Más de ocho millones de estudiantes y más de 700.000 docentes se preparan a partir del día 7 de setiembre a encarar un desafío tan pandémico como el virus, contagiable y de posibles efectos devastadores: el del enigma educativo. Enigma que nace del hecho de que, en principio y en puridad, no hay nada menos educativo que afrontar un hecho empírico, la transmisibilidad del virus, sin un protocolo claro, único y obligatorio y sin el añadido sustancial de medios sanitarios y personal adscrito que garanticen hasta cierto punto algo tan mudable y poco previsible como la gestión pandémica. Una actitud de cautela y reflejos rápidos. Equipos de actuación urgente. Directrices ágiles y ajustables a las situaciones. Algo de esto existe, pero hay que perfeccionarlo.  Luego, sólo nos quedan las lamentaciones…y las criticas. Ambas igual de inútiles.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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