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22 febrero 2019 5 22 /02 /febrero /2019 16:49

Leo un delicioso compendio de charlas radiofónicas del escritor inglés  E.M. Forster en la BBC. De 1929 a 1958 Forster (que se ya se había labrado una sólida reputación como novelista con obras como "Howards End", "Una habitación con vistas" o "Pasaje a la India") realizó una serie de charlaas literarias con periodicidad variable, en las que hablaba de libros y autores con una singularidad: las emisiones se hacían en una frecuencia de radio especial porque iban dirigidas al numeroso público que escuchaba la BBC en la India, aunque algunas eventualmente, se podían emitir en la madre patria. Como  la escritora Zadie Smith (inglesa de origen jamaicano), admiradora incondicional de Forster y autora del epílogo del libro, considero que este autor "convirtió en credo la sinceridad personal y se forjó una carrera en la doblez. Fue conservador entre modernistas y sin embargo en cuestiones como pacifismo, clase, educación y raza, fue un progresista decidido". En las charlas es agudo, amable, ético sin encarnizarse,  no se tomaba la crítica literaria muy en serio e  insistía en los mismos temas esenciales de sus novelas: la libre y fluida comunicación entre las personas, las ideas, las naciones, el corazón y la cabeza, el corazón y el arte.. Sin eso las cosas nunca acaban de ir bien.

Me ha llamado la atención una frase donde se reflejaba su actitud hacia la literatura, los libros y los lectores: "las palabras intelectual e ignorante, son responsables de más sentimientos crueles y más pensamientos necios que cualquier otro par de palabras que conozco". Parece un tanto hiperbólico, excesivo. Pero pensemos un poco en ello. La persona que dice una  cosa así, muestra como escribe Zadie Smith, " inocencia y belleza, algo de debilidad y otro poco de pereza, incluso una pizca de estupidez ocasional". Justamente como somos la mayoría. Y también es humana, encantadora y divertida. Como muchos de los que lo leemos. Esas dos calificaciones, que dividen radicalmente,  suelen alterar de forma profunda las relaciones entre  las personas, pues hay elementos de humillación y de indignante soberbia que emanan de la habitual contraposición de esas dos palabras. Más que intelectual, yo pondría inteligente ignorante o erudito sin humanidad y más que ignorante podríamos hablar de falta de conocimientos culturales o de formación académica. El abismo que se abre entre los dos conceptos es profundo y agresivo. La tendencia a la manipulación social y política de esos términos es inmediata y al politizarse pueden convertirse en excusas para la violencia más brutal. El desprecio de los unos contra la violencia y el revanchismo de los otros los hemos visto desde la más negra noche de la humanidad primitiva. No es un asunto banal el que evoca la frase de Forster. Es complejo y evoca, por ejemplo, la distinción entre conocimiento y sabiduría, las diferencias sutiles entre el saber y el comprender, el significado de la educación, sus objetivos reales y sus manipulaciones pragmáticas, el análisis de la ignorancia,  las deformaciones de su significado y su origen como auténtico motor para el conocimiento. Recordemos que una de las frases nutricias de la filosofía el "sólo sé que no sé nada" socrático.-ALBERTO DÍAZ RUEDA.

        

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20 febrero 2019 3 20 /02 /febrero /2019 09:52

 

Me llamó la atención que la novelista Espido Freire tocara el ensayo literario trufado delibro de viajes y más que lo hiciera en escritoras de estilos y carácter tan diferentes aunque ciertamente había algunas similitudes de tipo social y humano. Pero las coincidencias relativas son numerosas y siempre justifican un largo viaje de búsqueda de paisajes y lugares de las novelas que esas autoras han escrito.Y ahí acierta Espido y no sólo eso, divierte y estimula. Confieso que  estoy deseado empezar a releer algunas de las novelas, sobre todo de la Austen, más afín a mis gustos.

El comienzo no podía ser más prometedor: "Se ama a algunos autores de la misma manera que nos apasionamos por ciertas personas, con el mismo desprecio porla ógica y la misma fascinación por hechostriviales". Oh, si, por cierto. Doy fe: mi amor por la Crompton y su Guillermo, Sherlock Holmes, Poe, Stevenson, Proust, Lowry, Durrell, etc. Podría escribir sendas novelas sobre las triviales o banales circunstancias que los convirtieron en mis preferidos.

Así, la autora escribe en su impagable introducción: "cómo cuatro mujeres solteras y pobres, autodidactas, con mala salud, aisladas en el campo en un siglo que no potenciaba sus facultades, que murieron antes de llegar a la cuarentena, se las arreglaron para escibir una docena de las mejores novelas en lengua inglesa". Por eso este libro se convierte para Espido en un "bildungsroman", una libro de aprendizaje, de iniciación personal, ese enfrentarse a fallos de carácter y aprender de ellos, la búsqueda de la perfección en el amor.

El libro está estructurado como un viaje que nos lleva de exterior de las novelas de la Austen o las Bronte, es decir las caracteristicas de las sociedades donde viven, los pueblos, ciudades o zonas rurales donde viven, sus viviendas, incluso sus habitaciones, al interior, sus problemas personales y de salud, sociales o financieros.  La primera parte está dedicada a los lugares ingleses donde se desarrollan las novelas de la Austen.La segunda se reduce a una localización y va ajustándose casi cuarto por cuarto de la vivienda de las tres hemanas Bronte, analizando la repercusión literaria de las localidades de la zona de Leeds relacionada con ellas. Las descripciones físicas actuales que hizo Espido durante su viaje, enriquecidas con sus esperiencias personales es un valor añadido al libro pues no solo son divertidas sino aleccionadoras, en el sentido de qeu el lector acaba conociendo tanto a la Austen, una dama georgiana, que a las otras tres damas victorianas, como a Espido Freire, una joven escritora viajera de nuestro tiempo.

Resulta muy significativo cómo Espido enfatiza las dificultades que una mujer tenía en ambas épocas para publicar con su nombre, usando pseudónimos masculinos o, en algunos casos, firmando con el nombre desu marido o compañero (cosa que duró hasta el siglo XX: como muestra un botón, el caso de la autora fancesa Collette.). En el caso de la Austen con el agravante de las dificultades personales (nunca tuvo una "habitación propia" nos dice Espido en forma muy wolffiana) y económicas, con pérdidas en algunas ocasiones.

Un libro entretenido y bien documentado literariamente. Los elementos propios del viaje de Espido por esas tierras son de un enorme encanto.

FICHA

QUERIDA JANE, QUERIDA CHARLOTTE.- Por la ruta de Jane Austen y las hermanas Brontë. Espido Freire. 235 PÁGS. Ed. Aguilar, 2004. ISBN 978403093713

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19 febrero 2019 2 19 /02 /febrero /2019 09:22

El capuchino italiano Giovanni Pozzi, un erudito petrarquesco y humanista, catedrático de literatura italiana en la Universidad de Friburgo, autor de varios libros sobre el barroco italiano, se dejó seducir por la tentación mística con un librito inclasificable "Tacet" ( Ed.Siruela). Ya me ocupo del libro en sí en otro momento y lugar y  aquí, como una chispa reflexiva, comento una metáfora que cierra el librito denso y sugestivo del pensador italiano. Es apenas una página y media intitulada "Las estancias de la soledad y el silencio". Hay una relación obvia entre la soledad y el silencio, aunque uno puede estar solo y ensordecido por "sonidos" externos o internos. O puede estar acompañado por alguien  o en medio de los estruendos  de la multitud y llevar el silencio dentro de sí. Como Wittgenstein,  que en una sucia, ruidosa y peligrosa trinchera de la I Guerra Mundial escribió parte de su "Tractatus", una de las piezas filosóficas clave de nuestro tiempo. W. es emblemático en este tema,  pues cerró toda una etapa de su vida con la frase "de lo que no se puede hablar es mejor callarse" y se pasó seis años como maestro de escuela en una aldea de los Alpes austríacos, guardando un porfiado silencio filosófico y dejando la enseñanza porque quería unir soledad a su silencio.

Por eso a pesar de la lejanía filosófica que existe entre los autores clásicos chinos y griegos que mencionaba en el primer logoi  (36) dedicado al silencio, insisto en el tema debido a la sencilla pero cuidadosa metáfora que Pozzi usa: la celda y el libro son las  estancias del silencio y la soledad. Una unión posible pues la celda, estancia de la soledad,  "se encuentra en el centro del hombre, en el corazón que nunca duerme, vigilante en la escucha...una celda secreta donde se encuentra todo el bien que no es un bien particular, ese bien que siéndolo todo, no es ningún otro bien".  Mientras el libro, estancia del silencio, "es el depósito de la memoria, el antídoto para el caos del olvido, lugar donde la palabra yace, pero siempre en vela, dispuesta a acudir silenciosamente al encuentro de quien la necesite....repleto de palabras, calla". Soledad y silencio que se manifiestan de forma plena en el hombre que lee atentamente, absorbido por las palabras y las ideas y sensaciones que éstas le sugieren, resonando en el silencio. ¿Qué mejor parábola para ilustrar la soledad y el silencio en el individuo? Los que amamos a los libros y la lectura podemos confirmar esa especie de "comunión mística" entre nuestro cerebro (que abandona las demandas del Otro y se en-si-misma en su "no sufrir compañía")  y el libro que sostenemos entre nuestras manos y al que nos entregamos en un silente diálogo potencial que casi siempre es sólo una escucha que también reclama silencio. Soledad y silencio, el binomio complementario que místicos y filósofos de toda tendencia y condición han reclamado como escenario y condición creativa. Montaigne, Kant, Descartes, Pirrón, Marco Aurelio, Séneca, compartieron un estilo de vida que unía los dos elementos. Y somos legión los "lletraferits" que acogemos en lo más hondo del corazón esta observación final de Pozzi en su pequeño y sugestivo libro .- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 febrero 2019 7 17 /02 /febrero /2019 08:50

Karl Kraus es un ensayista polemista, un provocador nato que odia las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas censurables de una ciudad que es testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror. Busca la autenticidad, la sencillez, una cierta verdad. Y grita: "Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente". Y para que no quede lugar a dudas de las maneras de Kraus, sus intenciones, sarcasmo y mala uva, a veces irónico, a veces brillante o lúdico, quizá grosero e insultante cuando quiere, en otro lugar, asevera: "Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos". Leer este libro del insigne Karl Kraus (1874-1936) es un ejercicio de paciencia, asombro, admiración, irritación y rechazo. Es una especie de Ramón Gómez de la Serna, pero menos divertido e ingenioso, más duro y más inteligente...y al contrario del gran Ramón con sus "greguerías", dispuesto a indignar , a veces hasta la respuesta violenta, a propios y extraños. Algo parecido a un Cioran, lúcido y depresivo.

Prescindamos del capítulo 3, dedicado a la mujer y a la moral: es de una misoginia vulgar y de fastidioso mal gusto, de puro machismo tabernario y violento, poco justificado por la excusa de la época que vivió, donde esas actitudes eran moneda corriente, dada la evidente inteligencia y cultura de K.K. De la que sin duda deja ejemplos suficientes en esta colección de aforismos, que goza del privilegio de ser prologados por un irónico Miguel Angel Aguilar (¿qué tal viejo amigo y compañero?) y editado y traducido  por el ya desaparecido, erudito y áspero, Jesús Aguirre.

Kraus, judío checo converso de lengua alemana,  fue una deslumbrante aunque incómoda personalidad  intelectual en la Viena de entreguerras(en el índice onomástico del soberbio libro "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, es el nombre más citado) y su revista "Die Fackel" (La antorcha) editada y escrita casi en su totalidad por él mismo durante 37 años,  era leída con devoción, asombro, irritación y denuncias por todo los que la amaban (Schömberg, Musil, Zweig, Canetti, Adorno y el mismo Wittgenstein) y muchísimos que la detestaban (aunque no dejaban de leerla) y los que solían ser blanco de los ataques inclementes, ingeniosos e inteligentes del autor.

A poco más de un mes de la guerra civil española, moría Karl Kraus, evitándose la considerable incomodidad de intentar huir de los nazis a los que les hubiera importado muy poco acabar con una inteligencia superior...pero judía de origen (se convirtió al catolicismo). Su obra, bastante extensa, es en España poco conocida, con algunas excepciones minoritarias de  la República, la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Después de la guerra, silencio, ya en los ochenta, se publica una primera versión de este  libro de aforismos preparada por Jesús Aguirre y bautizada también Contra los periodistas. El resto de su obra, 17 volúmenes, más los 39 de su revista, más una larga correspondencia, que la guerra y los descuidos diezmaron considerablemente. 

Artículos, ocurrencias aforísticos al modo de las greguerías de don Ramón, o los "propos" de Alain, panfletos variados y polémicos, bastante poesía, algo de teatro fantástico y, en el fondo, uno de los periodistas más aclamados y destruídos por la profesión, de la historia del periodismo escrito. También se especializó en lecturas pública de poesía, comedias, operetas, auxiliado por un pianista y una puesta en escena minimalista, en plan hombre-orquesta, demiurgo mágico de un surrealismo "avant la lettre". Fue un modelo inalcanzable de periodista honesto y batallador. Y al margen de su a veces excesiva contundencia verbal, luchó contra el belicismo, la corrupción, la hipocresía sexual  y la violencia en todas sus formas

Era la Viena de Freud , Klimt y su expresionismo, Schönberg y su atonalismo, Wittgenstein y su formalismo lógico, Schnitzler y Hofmannsthal, Mahler y Kokoschka, Adolf Loos y Rainer María Rilke...y Adolf Hitler.  Pero también una época que ya preludiaba el salvajismo nazi-soviético, belicismo y exterminio de  la inteligencia, el arte y el humanismo. Kraus y su activa lucha contra todo ese huracán de odio y maldad que ya asomaba su feo rostro, influyó en gente  como Benjamin, Adorno, Horkheimer o Löwenthal, que lo consideraban como "el mayor satírico en lengua alemana del siglo XX".

Los que se esperen al leer el título y lo que he escrito hasta el momento que se trata de una colección de aforismos contra el periodismo, el mal periodismo y sus asuntos, van errados. Kraus carga contra todo lo que a su juicio va mal, desde la moral a las mujeres, al tándem  Viena-Berlín, a la tontería y los cretinos llenos de soberbia, los funcionarios, los políticos, los psicólogos, la corrupción, los malos artistas, los estetas,  músicos y actores, escritores, eruditos y, por supuesto, la tendencia generalizada hacia la guerra como la manera más rápida de resolver problemas que no tienen nada que ver con las armas.

Libro pues ineludible. Pero con una muy seria advertencia: si quiere disfrutarlo, incluso aprender de él, por favor, no se le ocurra leerlo seguido, con prisas, de una tacada, o dos, o tres. Es un libro para leer durante unos meses, ni siquiera página a página, sino pensamiento, aforismo, comentario de uno en uno, por solitario. En caso contrario, le vaticino una indigestión y que acabe en la papelera, lo cual sería además de una lástima algo peor, un error.

Algunas perlas: "Te perdonarán la bajeza que han perpetrado en contra suya, antes que el favor que de tí recibieron". "No tener una idea y poder expresarla, eso hace al periodista" "El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea" "La nueva psicología es una doctrina que contrae la personalidad tras haber ensanchado la irresponsabilidad" Sobre el psicoanálisis (aunque Kraus era muy respetado por Freud): "Tienen la prensa, tienen la bolsa y ahora tienen también el subconsciente". "Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene" "La educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen" "Las gentes que han bebido de las fuentes del saber más de la cuenta son una plaga social"."No hay otro arte de la palabra si no es la capacidad de poner en claro una opinión". "El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor" "El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres". "Los místicos olvidan a veces que Dios lo es todo, salvo místico". "El que plagia debería copiar cien veces al autor" "El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas" "La vida es un esfuerzo digno de mejor causa". En fin, sírvanse. Pero con mesura.

FICHA

CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS.- Karl Kraus.- Prólogo M.Ángel Aguilar. Edición de Jesús Aguirre. Ed. Taurus. 14,90 euros. ISBN 9788430622382

 

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15 febrero 2019 5 15 /02 /febrero /2019 10:24

 

Leo un libro reciente sobre unas charlas radiofónicas del escritor inglés E.M Forster   (“Pasaje a la India”, “Howard’s End”, “Una habitación con vistas”, etc.). Charlas que emitió la BBC durante casi treinta años, con una temática variada pero preferentemente literaria. Mi reflexión de hoy no tiene que ver directamente con Forster, sino con una simple observación que el traductor, prologuista y editor español de este libro, Gonzalo Torner, hace respecto al momento histórico y social en que se emiten: poco antes, durante y después de la II Guerra Mundial.

Dice Torner, “La comunidad libresca…para haberse acostumbrado a vivir con cierta sensación de crepúsculo, provocado por muy diversos motivos: amenazas tecnológicas, decadencias intrínsecas, crisis de público, desánimos contables…Pero si tenemos en cuenta lo lejos de donde viene la tradición libresca…el enfermo parece gozar de una resistente mala salud. En tiempos de Forster también existía la proverbial amenaza fantasma tecnológica…se consideraba que la propia radio podía arrebatarle al libro su prestigio y la atención de los lectores…son los años del auge de la grabación y transmisión de novelas, obras de teatro y poemas…”.

De vez en cuando resulta salutífero e inspirador echar la vista atrás de la mano de alguien que vivía en ese pasado y nos habla de temores y alarmas  muy reales en ese momento. Hoy en día hemos superado los “fantasmas” amenazadores del cine, la televisión, los ordenadores personales, los teléfonos inteligentes  y el e-book. Se editan –en papel y en soporte electrónico – más libros que nunca, se siguen vendiendo, nacen y cierran editoriales y librerías y el mercado del libro de segunda mano sigue floreciente, con la incorporación genial de los establecimientos de la franquicia Re-Ready, libros a precio fijo, el mismo para todos (de 2 a 3 euros, según el número de ejemplares que se compren) que van apareciendo en todas las grandes capitales del país.

Mantengo relaciones de amistad, clientela y profesionales con múltiples libreros, editores, escritores y demás personajes del mundo del libro. En casi todos capto esa sensación un tanto amarga y apesadumbrada de “fin de época”. Tan semejante a la que se vive en casi todos los ambientes científicos y profesionales ante el cambio de paradigma que el progreso tecnológico y cuántico está causando.

Sin embargo no nos debe asustar la sensación de cambio irremediable, de pérdidas de seguridades y de costumbres enraizadas en el subconsciente. Como su propio nombre indica son “sensaciones”, son proyecciones de temores, pensamientos no sometidos a análisis y razonamiento, a información fidedigna y contrastada, Sombras con más carga emotiva que real. Hay que aceptar esa dinámica de cambio y tratar de ajustar el paso, abrir la mente y eliminar los prejuicios. La zona de confort personal no puede depender más que del equilibrio y armonía de tu mente. Y ese es el mejor bagaje instrumental para lidiar con el mundo nuevo que adviene, queramos o no, con sus propias luces y sombras. –ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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12 febrero 2019 2 12 /02 /febrero /2019 12:29

Leo un libro sobre la posibilidad de hacer renacer los valores de la Ilustración (s.XVII) en nuestra descreída época. Aquí en mi estudio, rodeado de libros, me siento cómodo y seguro. Es el escenario casi permanente de mi vida desde la primera juventud. Para mí, la vida marcada por los valores humanísticos, libertad, igualdad, conocimiento, solidaridad, compasión, es un principio absoluto. Pero cuando salgo de mi torre de papel, silencio y amor a la sabiduría (me siento cómplice de Montaigne) y miro a mi alrededor, no puedo impedir que me invadan los mil tentáculos de la tecnología omnipresente, la información incesante y manipulada, la persistencia de la podredumbre en los asuntos políticos o financieros, la ausencia de un mínimo respeto público a principios y valores que nos fueron enseñados desde la infancia, la vulgaridad como compañera soez de la inmoralidad...y la evidencia en imágenes y periódicos, películas y televisión, en la vida social de todos los días, de que todo eso no es invención de una mente atormentada, cargada de años y de temores: todo eso es el día a día en éste, y en otros países.

Los supuestos valores de la cultura humanística en relación con la percepción moral del individuo y de la sociedad del siglo XXI ¿han dejado de ser tales valores y se han convertido en "supuestos" cómodos y manipulables para uso de retóricos y ambiciosos defensores del statu quo? Quizá el estudio y la transmisión de la cultura sólo tengan un "significado marginal" (como escribía Steiner hace décadas), para uso de curriculums o simplemente un lujo exótico y moribundo, acogido conmiserativamente por la sociedad tecnológica como los últimos residuos de un camino equivocado o una actividad para afectados y ridículos sujetos que lo viven como una forma de coleccionismo.

Se ha levantado Zaratustra de su tumba filosófica para exclamar, cansado y derrotado, ""Ahora, prescindid de mí". No sólo no hemos aprendido nada sublime o bueno, sino que nos rendimos a la bazofia que nos dan y consumimos. Parece que hemos heredado aquello de que la humanística dejó de tener razón de ser cuando más de setenta millones de hombres, mujeres y niños fueron eliminados de la faz de la tierra por el hambre o la violencia, durante sólo treinta años, de 1914 a 1945. No es posible hacer poesía después de Auschwitz, dijo alguien herido en el alma.

Quizá como escribe (y vive)  Wittgenstein en su "Tractatus" o Broch en "La muerte de Virgilio", ha llegado la hora del silencio. O no. No debo ser el único que identifica la vida con la conciencia de cierta plenitud, de cierta expansión y realización de uno mismo. Sin esas características, que te la ofrecen los libros, los ejemplos de tantos, la evidencia de la sabiduría como forma de pensar, la vida pierde su justificación inmanente y deja de ser la gratificante "vida buena" que aún conmueve desde los estoicos griegos o los maestros taoístas de cuatro siglos antes de la era crisitiana, para convertirse en una existencia sin más razón de ser que su conservación pura y simple, vulgar y grosera. Anodina.

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11 febrero 2019 1 11 /02 /febrero /2019 10:07

Robert Walser, un escritor suizo de habla alemana nacido en 1878 y muerto en 1956, durante una escapada (literal) de un sanatorio psiquiátrico suizo en plena nevada. Su obra tiene las virtudes y defectos de la azarosa época que le tocó vivir: se llevó lo peor del siglo XX. Es un vagabundo profesional que va haciendo todo tipo de empleos para sobrevivir, cambiando continuamente de residencia y sin dejar de escribir, como muchos otros escritores, pintores y poetas. Walser comenzó publicando poemas y tratando de hacer fortuna en el teatro con nulo éxito. En Berlin formó parte, junto a su hermano el pintor Karl Waser (que en vida tuvo más éxito que él) de una ambulante grey de artistas enamorados del arte por el arte. Entre sus obras destacamos "Los hermanos Tanner", Jakob von Gunten (que él consideraba su mejor obra), "El ayudante" y "El paseo". Tuvo amistad con Kafka y Musil (cuyos estilos comparten sólo una cosa con Walser, la continua autoreferencia directa o indirecta) Psicologicamente era una persona inestable y aquejado de periódicas depresiones que cursaban algunas veces con internamientos en centros psiquiátricos.

Carl Seelig, un amigo personal de Walser, publicó un libro de conversaciones durante el,periodo más ausente y silencioso del autor desde 1936 y que se llamó "Paseos con Robert Walser", en referencia a "El Paseo" el libro de 1917 que hoy comentamos. En este corto libro del escritor podemos ver su estilo directo, personalísimo y en decidida comunicación directa con el lector, al que le confiesa sus dudas, vacilciones, encuentros y hallazgos o temores. Es una invitación descarada a que el lector le acompañe en su paseo ya que "está cansado de escribir" y decide de pronto pasear en un "estado de ánimo romántico y extravagante" .

Las confesiones y reflexiones del autor tienen cierta profundidad psicológica y literaria, a la vez que un descaro sin pizca de arrogancia. Todo es la palabra y la escritura y la vida que pasea junto a él no es más que potencial material literario en el que incluye al propio lector, que ha de refrenar su impaciencia ante algunas frases engoladas y otras artificiosas. Pero hay un hálito curioso que ata corto al lector, la sospecha de que tras ese palabreo incesante se muestra un tipo que hasta cuando nos fastidia sentimos vibrar en él la Literatura.

"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo en su libro, profética y paradójicamene, ya que por pasear murió. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de este libro (Siruela 2016): "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez".

Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual o  enfrentamiento en los mismos términos con el complejo y variado medio ambiente  por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si.

Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida.

FICHA

EL PASEO.- Robert Walser. TRad. y prólogo de Menchu Gutiérrez. Ed. Siruela,. 85 págs. ISBN 9788416964512

 

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9 febrero 2019 6 09 /02 /febrero /2019 12:33

El explorador y editor noruego Erling Kagge ha escrito un  libro dedicado al silencio "en la era del ruido", Kagge cita a filósofos y escritores, reflexiona sobre el callar y sus efectos y, como es más un hombre de acción que un filósofo, lo que nos dice no nos da elementos nuevos o distintos para nuestra reflexión sobre el silencio, pero nos encanta porque comprendemos la profunda relación que este hombre tiene con ese callar que es más una escucha interior y un rechazo a la escucha de lo banal. Y lo primero que nos dice Kagge es que es preciso buscar un silencio que nos rodee (aunque en ocasiones es difícil) pero más importante aún es lograr captar "el silencio que llevamos dentro". Su libro nace precisamente de un intento de responder a tres preguntas que él mismo plantea: ¿Que es el silencio?;¿Dónde está? ¿Por qué es más importante que nunca?

A partir de ahí Kagge nos habla del miedo al silencio (quizá por el temor de que puede llevarnos a conocernos mejor a nosotros mismos). Más tarde define el silencio "como una idea, un sentimiento o una representación mental", para sostener  que el silencio interior, el que crea uno mismo, es el más cercano y efectivo. Y asegura con cierta ingenuidad: "Saber que nadie va a molestarme y saber porqué quiero estar a solas, es un lujo. Y añade : "Aislarse del mundo no consiste en dar la espalda al entorno, sino en lo contrario: en ver el mundo con un poco más de claridad, mantener un rumbo e intentar amar la vida". Aunque reconoce que a menudo el silencio y la completa soledad aburren (hay cierta contradicción en algunas de las vivencias y reflexiones de Kagge) y dice: "No es fácil permanecer ocioso cuando no pasa nada, cuando reina el silencio y estás solo. Prefiero hacer algo antes que llenar el silencio conmigo mismo". Y cita a Pascal: "Cuanto de malo le sucede a los hombres procede de una única cosa...no saber quedarse quietos en una habitación".

Kagge sigue un rumbo errático en su libro y va pasando de los efectos del "bucle de la dopamina" al miedo a la muerte por la sensación de "no haber vivido" la existencia con la intensidad y provecho que merece. Después de fustigar el aburrimiento y el tedio, Kagge nos asegura "que sería mejor aburrirse más a menudo"  para acabar aduciendo que aunque el silencio es un lujo, el sector en crecimiento permanente del lujo  no sabe valorarlo. El autor coquetea con los libros de autoayuda, aunque el suyo no lo es, y nos dice"el silencio consiste en redescubrir la alegría de tomarnos una pausa" y se refiere a la esclavitud virtual que tenemos con las pantallas desde el móvil al ordenador o la tele, citando a Heidegger que, al parecer, dijo muy proféticamente que "vamos a renunciar a la libertad en nuestro afán por usar la nueva tecnología". Más tarde nos hablará de la cultura clásica cuando se creía que "los misterios de la vida se hallaban en el silencio", surgirán Platón y Aristóteles y al final Wittgenstein , Kant o Oliver  Sacks, cogidos un poco por los pelos. Pero, da igual, les hablo de este libro para invitarles a reflexionar. Y para ello turbo con las palabras su silencio interior. ¿Paradójico? -ALBERTO DÍAZ RUEDA

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8 febrero 2019 5 08 /02 /febrero /2019 10:55

Leer a Emilio Lledó es un placer fructífero: no sólo alimenta tus ideas y te ofrece nuevos enfoques de las antiguas, sino que añade a la lucidez la elegancia expresiva. En esta ocasión voy a escribir de un libro con un subtítulo tan atractivo y actual como "La necesidad de la Literatura y la vigencia de la Filosofía". Se trata de una recopilación de antiguos artículos de Lledó - sorprendentemente actuales- de muy diversas fuentes pero con una temática común que enfoca la cultura con mayúsculas, los ataques y manipulaciones que debe sufrir por el poder y la política y, por último pero no menos importante, el papel que debe tener en la educación que impartimos a nuestros hijos desde la guardería a la Universidad. Estamos muy lejos de la noción griega de "padieia", pero no tanto del juicio de Kant sobre la cuestión que se resume en una frase antológica: "El hombre sólo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Por favor, no confundir con titulitis crónica o con iletrados tecnológicos.

Las opiniones y percepciones de Lledó sobre todo lo que tiene que ver con la educación, habida cuenta de que se ha dedicado toda su vida (tiene 92 años y desde los veinte está involucrado activamente en la pedagogía) a la enseñanza y  a reflexionar y filosofar sobre los métodos y planes de estudio, sobre la política oficial de enseñanza superior y en torno a la deriva social utilitarista que va solidificándose en nuestros tiempos y está desvirtuando la enseñanza de las Humanidades y la preparación de los profesionales del futuro cercano. Y no hablamos sólo de España, también de Alemania, de universidades presenciales y de las virtuales.

Su compromiso personal con enseñanzas plenas empezando por los elementos de la "padieia" griega y formulando principios sobre la madurez y el amor al conocimiento en un compromiso honesto sobre el oficio de maestro y el respeto al alumno. Y ese compromiso encarna en la formación permanente, en la curiosidad científica que desde los primeros filosofos griegos marcaba la diferencia y en el mantenimiento de valores y principios que ennoblecen el trabajo y hacen del trabajador un ser digno y en proceso de buscar la excelencia como persona y la excelencia en su trabajo.

"Educar es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar". Es un proyecto que vincula la libertad al ejercicio de enseñar y al placer de aprender. ¿Se enseña esto en los institutos, en las escuelas, en la Universidad? Una fábrica de títulos, una visión "asignatural" de la enseñanza que ha convertido a la Universidad en un conglomerado de conocimientos «estancos e inútiles» y un sistema de exámenes ("chantaje ritual").  “El asignaturismo, hacer exámenes continuamente, es la muerte de la cultura” dice Lledó, es inapropiado y absurdo ya que que sólo exigen memoria y no ejercicio de la razón. En conjunto el sistema produce "el atontamiento, el fanatismo y la violencia de la competencia hacia uno mismo y hacia los demás". La globalización y la digitalización que es la marca del mundo actual, pone en circulación unas técnicas complejas de acceso engañosamente simple que van manipulado y sustituyendo el hábito de pensar y nos convierten en usuarios más que en personas libres. Ya que se nos enseña el pensamiento vigente  y   la obra de los pensadores, pero no lo más elemental y necesario: enseñar a pensar.

Los artículos y trabajos reunidos en este libro ya tienen  unos años aunque la lucidez del pensamiento de Lledó les mantiene de plena actualidad (o es que el mundo va progresando por un desvío que ya no tiene  en cuenta los derechos de libertad y autonomía del individuo ya que los convierte en secundarios). Eso podría explicar que la educación esté en manos de grupos politicos o económicos (o religiosos, aunque en franco declive) que privilegian la formación científico-técnica que va creando clases privilegiadas y una masa  ignorante pero satisfecha por el acceso infantilizado -simplemente de usuario- a las nuevas tecnologías. Esa minoría que asiste a escuelas privadas o instituciones para formar dirigentes de elite (muchas veces subvencionadas por el Estado) va creando una situación social más o menos visible de desigualdad y sigue siendo uno de los endémicos males de la educación en este país. Dice Lledó : "Los pueblos marcados por grandes diferencias entre sus clases sociales son los más amenazados por la destrucción y la aniquilación, los más vencidos".

El lector se siente atraido -e irritado por la falta de reacción oficial y académica- por la defensa que hace Lledó de la Filosofía y la Literatura como elementos educacionales del ser humano. Y cita a Bertrand Russell: "La Filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantee, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera sino, más bien, por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen nuestra seguridad dogmática".

Los artículos destinados a la educación a distancia han quedado un poco obsoletos en su enfoque, no en su razonamiento,  aunque en su momento fueron puntales para el progreso de una enseñanza que daba una oportunidad a muchísimos estudiantes que debían conciliar el mundo del trabajo con el del estudio. Sin embargo la,lucidez de sus planteamientos y sus oportunas citas devuelven la adecuación a este trabajo, por el que desfilan citas de Platón, Aristóteles, Kant, Nietzsche, Wittgenstein, Russell, o el Juan de Mairena  de Machado, Schiller y Ortega.

En una entrevista que se le hizo al salir este libro, Lledó aseguró que "no es fácil especular hasta dónde aguantará la filosofía y la literatura, tan necesarias sin embargo, en los planes de estudio y en la sociedad. Yo no me encuentro muy cómodo en este presente. Es nuestro mundo, lo sé, aunque también sospecho que estamos cometiendo entre todos un grave error. Pensar que "las Humanidades son algo secundario de la vida humana. Es cierto que el aspecto utilitario en las Humanidades no parece tan inmediato como el de la tecnología, pero sin ellas no es posible nada. Nos aportan conocimiento y capacidad de reflexión crítica. La importancia y necesidad de los grandes conceptos (Justicia, Bien, Verdad) es algo que aprendemos de leer filosofía, de leer literatura".

 FICHA

SOBRE LA EDUCACIÓN.- Emilio Lledó.-  260 págs. Ed Taurus, 2018. 19,90 euros.- ISBN 9788430619269

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6 febrero 2019 3 06 /02 /febrero /2019 09:01

En noviembre de 2005 envié una carta a un amigo muy cercano (que falleció hace años). La copia de la carta ha aparecido, ¿casualmente?,  entre las páginas de un libro de Cioran, un desesperado de la filosofía, que ojeaba al azar. Copio un par de párrafos:

"Quisiera diseñar una ética para sobrevivientes. ¿Por dónde debería empezar? Leí ayer en Primo Levi que la necesidad de vivir es la única norma aplicable cuando las demás normas éticas ya no existen. Entonces pienso que somos unos llorones inveterados. Unos niños privilegiados y  ya mayorcitos, cuyo único pesar verdadero es no haber podido crecer por dentro, sin poder, al tiempo, mantener la ingenuidad y la decencia. ¿Por qué no podemos disponer de esas muletas tan útiles que utilizan los demás: la religión o una presunta vía espiritual, el respeto a los vínculos, la aceptación de la mediocridad, el egoísmo sin lucidez, la estupidez en cualquiera de sus múltiples formas, el amor al becerro de oro, la literatura como herramienta y justificación, el pragmatismo mezquino, la pedantería como escudo, un poco de resignación bovina, algunas ilusiones de usar y tirar, la tontería igualitaria y democrática? Todo eso que nos reconcilia con un Otro que siempre nos es ajeno, cuando no hostil y al que con gusto ninguneamos, aún siéndonos propicios, a cambio de una simple gota de de identidad verdadera, esa flor agostada que yace bajo el nombre, los apellidos y el currículum. Y, al mismo tiempo, tan remisos y cobardes para aceptar ese mandamiento del "déjalo todo y sígueme". Quizá porque sospechamos que no es más que una entelequia, una trampa intelectual disfrazada de nobleza que está destinada a darnos una falsa brizna de esperanza...

...Amigo, no tenemos remedio y escribir esto sólo es un remedio tramposo para evitar, una vez más, una acción. ¿La de vivir sin preguntas?¿Acompañar la lenta degradación del cuerpo en un viaje lleno de concesiones y temores? ¿Nos queda alguna gota de dignidad? Me niego a aceptar las mentiras cómodas. No creer en ningún Camino quizá sea el inicio de un Camino. Lo que no está claro es hacia dónde."

Y terminaba la carta así: "Te escribo una madrugada de invierno de un siglo joven  que no veremos finalizar ninguno de los dos. Sigo percibiendo, muy en el fondo del mí-mismo, esa llamita endeble pero persistente que siempre me ha alimentado de un extraño anhelo y que en su forma ocasional de una voz interna nos ha acompañado, tanto a tí como a mí, desde niños,  aunque nunca le hicimos demasiado caso (y así nos fue, en estas "vidas paralelas" que hace más de dos decenios descubrimos que compartíamos). Intuyo que es la responsable de este nuevo invierno de mi descontento y que lo ha sido también de los raros momentos de plenitud que he tenido. Vaya lo uno por lo otro. Quisiera acercarme a ella sin tanto ruido y tanta furia. ¿Sabes cómo se hace eso? Te pregunto porque llevas muchos más años que yo viviendo este desconcierto cíclico... "

Mi amigo se fue de la vida sin haber descubierto ese atajo a la luz. Yo he dejado de buscarlo y , paradójicamente, a veces creo que estoy más cerca de ella de lo que nunca había estado.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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