Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
2 enero 2019 3 02 /01 /enero /2019 10:40

Hay quien sostiene que Francis Bacon, primer barón Verulam, primer vizconde de Saint Albans y canciller de Inglaterra ( 22 de enero de 1561- 9 de abril de 1626), fue el auténtico autor de las obras de Shakespeare. Yo no entro en esas hipótesis y suposiciones. Prefiero verlo como el verdadero profeta de la Ilustración, el sueño de la razón que se frustró en el siglo XVIII , un gran filósofo, político, abogado y escritor. Su pensamiento dio unos frutos imperecederos, como el empirismo filosófico y científico, una soberbia capacidad estructuralista que reorganizó el método de estudio científico apostando por el método inductivo y unas precisas bases de inferencia a partir de observaciones y experimentaciones (que son la génesis del actual método científico junto a las aportaciones de otros grandes de la época como  Copérnico, Kepler y Galileo Galilei).

Lo traigo a colación por unas frases suyas que acabo de leer,  cuya valoración y paradójico reflejo en el actual momento dejo a la consideración del lector. Bacon sometió todas las ramas del saber humano aceptadas en su tiempo a revisión, clasificándolas de acuerdo con la facultad de la mente (memoria, razón o imaginación) a la que pertenecían. Para él "la comprensión humana no es algo dado por sí, sino que recibe una infusión de la voluntad y de los afectos y se transmite mejor conservando la viveza de las emociones" (hipótesis que hasta finales del siglo XX no había aceptado la ciencia contemporánea). Pero donde más me ha sorprendido (recuerden que hablamos del siglo XVII) es cuando analiza el proceso mental del razonamiento y pone en guardia contra "los ídolos de la mente, las falacias, en las que los pensadores indisciplinados caen con más facilidad, ya que distorsionan la naturaleza humana; los "ídolos de la tribu" que suponen más orden del que existe en la naturaleza caótica; los "ídolos de la cueva encarceladora", es decir las idiosincrasias de las creencias y pasiones particulares; los "ídolos del mercado", el poder de las simples palabras para inducir la creencia en cosas inexistentes y los "ídolos del teatro", la adopción incondicional de los credos filosóficos y de las demostraciones engañosas. "Apartaos de tales ídolos, observad el mundo en vuestro derredor como es realmente y reflexionad sobre la mejor manera de transmitir la realidad tal como la experimentáis en cada fibra de vuestro ser".-alberto díaz rueda

Compartir este post

Repost0
1 enero 2019 2 01 /01 /enero /2019 10:48

Todo empezó con un libro que me envió Oana Mosniagu, jefa de prensa de Ático de los Libros. "Los Templarios", del historiador inglés Dan Jones. Un tema controvertido y archi-mal-conocido, digno de series de televisión de lo más truculentas y montañas de libros de pretendida divulgación y/o esoterismo delirante. Me impactó la cruz templaria en la portada, con su emblemático color rojo sangre (simbólica la de Cristo, real la de millones de seres humanos de la misma o distintas creencias vertidas en las acciones de los Cruzados). Es la misma cruz que está grabada en una de las piedras sillares de la casa del siglo XVI donde resido, en un pueblecito de Aragón.  Había estado mucho tiempo en los últimos meses enfrascado en dos libros del recientemente fallecido(uno de junio de este año) John Julius Norwich, un maestro del ensayo histórico de divulgación: "Cuatro príncipes" y "El Mediterráneo", publicados por la misma editorial barcelonesa.  No hace falta ser un erudito para percatarse que los  tres libros tenían varios puntos de relación histórica entre sí, a pesar de las diferencias de época. Se había producido un fenómeno de coincidencias en un momento muy adecuado, lo que Jung llamaría "sincronicidad". Así que, ¿por qué no dedicarle un artículo global a estos tres títulos, siguiendo la tónica (circunstancial) que llevo en esta revista de ir presentando "trilogías" específicas, temáticas o de género?

"Los Templarios", subtitulada "Auge y caída de los guerreros de Dios", tiene la fuerza y potencial dramáticos y trágicos de las obras  de asunto histórico de Shakespeare y el dinamismo narrativo espectacular de "Juego de Reyes" o de "El señor de los Anillos", aunque Dan Jones se luce como historiador  al ilustrarnos de forma documentada y exquisitamente amena sobre unos hechos históricos concretos, evitando entrar en juicios o valoraciones equívocas. La existencia de la Orden militar de los Templarios desde sus inicios en 1119, siguiendo el ejemplo de un grupo de médicos voluntarios que asistían a los peregrinos de Tierra Santa, como un grupo de caballeros que protegían a las personas que iban a los lugares sagrados, pasando por su auge y conversión en una Orden militar religiosa que durante doscientos años llegó a constituir un auténtico entramado de poder, influencias, riquezas y propiedades que les convirtieron en una de las instancias más temidas de esa época histórica, no sólo por su vertiente militar sino por el sólido poder financiero que les ponía a la par de príncipes, reyes y emperadores. Este fue, en definitiva, uno de los motivos principales de su súbito y trágico hundimiento, por el paradójico odio e inquina del rey de Francia Felipe IV, cuya codicia y patológico furor (sólo comparable, nos cuenta Jones, con la del sultán Saladino que supervisó personalmente la ejecución de cientos de templarios en un sólo día) sellaron el sepulcro de la Orden con el ajusticiamiento en la hoguera del Gran Maestre de la Orden, Jacques de Molay. Sepulcro que nunca quedó cerrado del todo ya que se mantuvo cierta idealización popular y un simbolismo de bravura y rectitud. Con cierta ironía, nos cuenta  Jones  varios ejemplos de la persistencia de la Orden en el imaginario popular:  desde un cártel de Los Caballeros Templarios" fundado en marzo de 2011 en México, hasta las fabulaciones que consideran a los Templarios como guardianes del Santo Grial  (Spielberg cruzó a Indiana Jones con un Caballero Templario que custodiaba la Copa sagrada) o incluso con una especie de orden financiera secreta que mantiene un poder oculto pero activo o defensores de la dinastía secreta de Cristo y María Magdalena...hasta en literatura, el Código Da Vinci o el Péndulo de Foucault y algo de "El quinteto de Avignon" de Durrell, junto a algunas teorías conspirativas de "alcance mundial" que rozan el ridículo o, con más buena fe, sociedades secretas tipo masones o Rosacruces que reivindican ciertos parentescos con los Caballeros tan brutalmente extinguidos.

En otro orden de cosas, "El Mediterráneo", una de las joyas de la Corona que forman las obras de divulgación histórica  de un diplomático metido a escritor, John Julius Norwich, fallecido el pasado mes de noviembre con 89 años. Se suele alabar a este tipo de escritores asegurando que tienen la pericia de un novelista ("se lee como si fuera una novela"). Creo que es un error. No hay ningún lector atento que lea las obras de Norwich (conozco dos) como "si fuera una novela". Es como comparar la visión de la película de Houston sobre "Bajo el volcán", la genial novela de Malcom Lowry, con la lectura de la misma. Hay tanta diferencia entre las dos artes narrativas, la del cine y la literaria, como entre el estilo de un buen novelista con el de un buen historiador (no sirve para los novelistas metidos en faenas historicistas, estos son híbridos). Mi lectura de "El Mediterráneo" me ha aportado elementos y gratificaciones muy distintas a las que me produjo el citado Durrell, el poeta Kavafis, Byron, Homero o Virgilio cuando escribían sobre el mismo mar.

¿Qué relación tienen entre sí las civilizaciones arcaícas de Egipto o las clásicas de Grecia y Roma, la guerra de Troya, la filosofía y la ciencia de las polis griegas, los misterios de Micenas o Cretas, el imperio basado en el Mar común, el "Nostrum" romano, las tres religiones monoteístas más importantes y conflictivas, las Cruzadas y la rivalidad entre cristianos y musulmanes por el poder y la gloria -que dura hasta nuestros días tomando vías de expresión tan sangrientas y codiciosas como las que protagonizaron los Caballeros Templarios (hablamos del terrorismo jihadista y de la incesante y salvaje inmigración que es el río que no cesa)-   y otros eventos, los catorce siglos de esplendor italiano, la milenaria Turquía expandiéndose como otro de los grandes imperios del pasado que seguían la dinámica,  auge, esplendor, decadencia y ruina; periodos de transición con el predominio hispano y el descubrimiento de América, que por breve tiempo desvió el interés de occidente hacia un océano más que hacia el mar de siempre, los asedios de Solimán el Magnífico contra Rodas y Malta (que reencontraremos en el siguiente libro de este artículo) y nuevamente la lucha entre la cruz y la media luna, la batalla de Lepanto, la aparición de un general corso ambicioso que gestó otro de los breves imperios de la historia, el de Francia, hasta la sangría brutal de la Primera Guerra Mundial, llamada la Gran Guerra, con millones de muertos y episodios vergonzantes que sólo serviría para consolidar los cimientos de otra guerra aún más bestial? Pues bien, el nexo común de los treinta y tres apasionantes capítulos de este libro, es obviamente, el Mediterráneo. Como bien subtitula Norwich, "Un mar de encuentros y conflictos entre civilizaciones". Apasionante.

En cuanto a "Los cuatro Príncipes", Norwich, logra darnos una idea cabal de la forja de la Europa moderna con todos sus defectos, sus limitaciones y sus excesos, a través de la glosa de cuatro príncipes que nunca debían haber reinado (dinásticamente hablando) y que transformaron la dinámica europea de una forma profunda.  Con una prosa que supera en  ironía y sarcasmo a la anterior, pero sin olvidar el rigor al dato histórico y a una documentación solvente, Norwich se ocupa de los cuatro príncipes, nacidos todos en un arco de diez años. Los cuatro coincidieron en los momentos de mayor poder de cada uno y aunque murieron relativamente jóvenes, sólo Solimán llegó a los 70 años (los tres reyes cristianos murieron entre los 52 y los 58 años) lograron  cambiar la dinámica de progreso de Europa, en un continuo juego de rencillas, rivalidades, celos, traiciones y ambición, no sin disminuir la población de forma violenta a través de guerras entre ellos, problemas de religión (el cisma protestante, la Reforma) y la sempiterna rivalidad con los musulmanes (representados por un líder  excepcional, el otomano Solimán y su imperio en expansión, aunque ligado a su figura, tras su muerte, como con Alejandro, se desmoronó) ocasionaron tantas salvajadas como las mismas guerras.

El inglés Enrique VIII, orondo y mujeriego (sus apetitos están en el origen de la Iglesia de Inglaterra y la ruptura con el Papado), el francés  Francisco I, celoso del poder de Carlos I de España y V de Alemania y rival ocasional del ingles así como aliado ocasional del sultán turco, fraguaron una intrincada red de tratos, traiciones, venganzas y episodios sangrientos que no impidieron el enorme florecer del Renacimiento y la estimulante renovación religiosa, cultural y política que provocó la Reforma enlazando las tierras europeas con las de Oriente medio, creando los mimbres históricos que a través de los tiempos nos llevarían a explicarnos muchas de las características del momento actual. Fue en un arco de cincuenta años en el siglo XVI,  donde las obras,  ambiciones y codicia de estos cuatro príncipes "transformaron el mundo civilizado" como asegura el autor en la frase final del libro.

En resumen, tres libros cuya lectura resulta doblemente gratificante: no sólo por el cúmulo de datos, anécdotas históricas y chismes inevitables que ocasionan ese tipo poderoso de protagonistas, lo cual crea un enorme placer al lector; también porque la visión global informada de Norwich nos hace ver el revés de la trama, las conexiones causa-efecto que han ido configurando el tapiz histórico que nos permite comprender las situaciones políticas y socio-económicas actuales, con todas sus corruptelas y defectos. Resultan ser un oportuno y codiciado regalo de Reyes, ¿no les parece?

FICHAS

LOS TEMPLARIOS. Auge y caída de los guerreros de Dios.- Dan Jones.- Trad. Joan Eloi Roca.-512 págs. Ed. Ático de los Libros. 25,90 euros. ISBN: 9788416222803

EL MEDITERRÁNEO. Un mar de encuentros y conflictos entre civilizaciones. John Julius Norwich.- Trad. Emilio Muñiz.- Ed. Ático de los Libros. 748 págs. 29,90 euros. ISBN: 9788416222773

CUATRO PRÍNCIPES.- John Julius Norwich.- Trad. Joan Eloi Roca.-304 págs. 23 euros.Ed. Ático de los Libros. ISBN: 9788416222490

(Los lectores interesados encontrarán la versión completa de este artículo en diariodemimochila.over-blog.es ) 

 

 

 

 

 

 

Compartir este post

Repost0
30 diciembre 2018 7 30 /12 /diciembre /2018 10:44

Una de las falacias pseudocientíficas que veo más repetidas en muchos ámbitos es el del supuesto uso máximo potencial del cerebro humano. Se habla de que sólo usamos, en el mejor de los casos, hasta algo más del 10% de la presumible capacidad operativa del cerebro. Cualquier neurólogo os dirá que bastaría enchufar vuestra cabeza a un escáner cerebral para comprobar cómo una actividad compleja que requiera dos o más sentidos, por ejemplo mantener una conversación con dos o más personas mientras consultáis libros o pantallas, o sea una interacción plural, enciende la imagen de vuestro cerebro como si fuera un árbol de navidad y si además, en lugar de en un despacho, vais caminando por la montaña, es decir una actividad motora, son escasas las zonas cerebrales que se mantienen "apagadas", aumentando mucho más si estáis inmersos en una tarea creativa o de aprendizaje.

En esto, como en otras cosas más banales, del quid está no tanto en la cantidad de espacio cerebral que se emplea sino en la cualidad de su uso. No es lo mismo ver una película en la tele que estudiar la resolución de problemas lógicos que nos plantea Lewis Carroll. La maleabilidad o plasticidad del cerebro es uno de las descubrimientos científicos más interesantes del siglo XX (cuando yo  estudiaba psicología en los 70, se decía que las neuronas cerebrales eran irremplazables y su muerte progresiva irremediable). Y el hecho comprobado, ya en este siglo, de que el ejercicio físico frecuente produce un enriquecimiento celular que afecta al hipocampo, una estructura cerebral responsable de la memoria  y por tanto del aprendizaje,   además de generar neurotransmisores como la dopamina y la serotonina que tienen mucho que ver con nuestras emociones y con su gestión, nos lleva a una curiosa conclusión: la clásica fórmula latina "mens sana in corpore sano" es más que un tópico para uso de escuelas y gimnasios. Era una intuición genial de un hecho científico que atañe a nuestro cerebro. Otra cosa es calibrar en qué consiste una mente sana y de qué sutiles maneras se interrelacionan el cerebro y el cuerpo. Pero eso merece otro espacio.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post

Repost0
30 diciembre 2018 7 30 /12 /diciembre /2018 10:12

Creo que esta es una "buena novela" para rememorar los casi diez años años que llevo colaborando con Octavio Serret , los cincuenta años que llevo escribiendo reseñas literarias en múltiples medios de comunicación escrita o radiofónica y, "last but not least" (por último pero no menos importante) porque en este libro se reúne, sino magistralmente, sí de forma digna e interesante, la filosofía de amor al libro y a la lectura que he defendido toda mi vida en mi profesión y en mi actitud e ideología personal.

Laurence Cossé, autora de "La buena novela" (de editorial Impedimenta), es una escritora y periodista francesa de 68 años autora de varios libros, aunque creo que este fue el primero traducido a nuestro idioma (en 2009). Ha trabajado para "Le Quotidien de Paris" y para la emisora de radio "France Culture".

Nuevamente, como en "La librería ambulante" de Christopher Morley, "La librería de las nuevas oportunidades" de Anjali Banerjee, "La mujer de arena" de Rabih Alameddine y algunas otras de encantador recuerdo, un autor se atreve a mostrarnos el alma escondida de un tipo de librero maravilloso: la persona que se hace librero porque ama los libros, los lee, los conoce y alimenta su vida con ellos, más allá de las circunstancias del oficio y de las notorias dificultades que ese singular negocio padece en estos tiempos difíciles para la cultura en general y para el libro en particular.

Realmente "La buena novela" es una excelente novela y además un libro muy bien editado y que como suele ocurrir con los libros de Impedimenta, con una portada atractiva y una traducción intachable, en este caso de Isabel González-Gallarza.  

En la novela asistimos a la creación de una librería en París cuyo nombre da título al libro. Es un establecimiento peculiar y, de alguna forma, refleja el sueño no confesado de la mayoría de los lectores de raza, es decir de las personas que no saben concebir mejor uso para sus manos que sostener un libro e ir pasando las  hojas morosamente mientras el alma fascinada del lector se pierde en lo que nos cuentan esas páginas: esa librería sólo venderá buenas novelas (y para no meterse en problemas, cualquier otra que le sea reclamada por un cliente, ejemplar que ellos pedirán al distribuidor y venderán bajo encargo). El fondo editorial quedará constituido por obras maestras recomendadas por un comité secreto de ocho grandes novelistas que facilitan en principio sendas listas de 600 novelas cada uno y luego irán añadiendo las que estimen oportuno de entre las que vayan surgiendo.

La genial idea comienza teniendo un enorme éxito (¿quién no ha soñado con una librería así?) pero muy pronto va concitando rechazo e incluso agresividad de grupos y entidades que acusan a los promotores (Van, un joven librero obsesionado con los libros y la lectura y Francesca una seductora mujer de fortuna, perteneciente a la clase alta francesa) de elitismo, desprecio cultural y manipulación facistoide. La broma literaria de la autora se extiende a la divertida reseña de los periódicos y revistas franceses, con sus nombres visiblemente semejantes a los reales.

Comienza como una novela de misterio: asistimos a tres atentados contra tres personas de las que no sabemos casi nada, más adelante nos iremos enterando que se trata de tres miembros del secreto comité que selecciona las obras maestras para la librería. La historia se nos cuenta a través de un narrador que se mantiene en el anonimato, aunque va dejando pistas de su cercanía a Van y se nos informa de la génesis y desarrollo de la librería a través de una larga exposición que hacen Van y Francesca a un funcionario de la policía judicial al que piden ayuda para evitar más atentados.

Evidentemente hay muchos elementos de intriga, humor crítico e información sobre las novelas y los autores que integran el fondo editorial de la librería, un acercamiento lúcido a los pros y los contras de una idea tan revolucionaria y un ritmo literario fascinante que se basa en los pocos personajes que llevan la trama, Van, Francesca y Anis, un triángulo amoroso que tiene la complejidad y el encanto de los clásicos de los que se nos habla continuamente. En resumen, es una de esas novelas que se lee de un tirón y deja un rastro de "daños colaterales" en algunos lectores: notas sobre los libros que uno se tiene que comprar y leer. Libro para amantes de la novela, para editores y libreros enamorados del objeto de sus oficios y para todo aquel que, simplemente, quiera pasar un buen rato.

 

FICHA: LA BUENA NOVELA.- Laurence Cossé.-Ed. Impedimenta. 23,95 euros. 416 págs.

 

 

 

Compartir este post

Repost0
28 diciembre 2018 5 28 /12 /diciembre /2018 09:20

Pertenezco a una generación universitaria de estudios filosóficos en la que se nos enseñó --en la asignatura dedicada a la filosofía griega antigua y la helenística --a respetar el estoicismo y un poco menos al escepticismo o el cinismo y en último lugar, a desdeñar el epicureísmo, la escuela que señalaba al placer como el objetivo del conocimiento de la "vida buena". Seguíamos impertérritos una injusta manipulación proveniente del estoicismo romano, la Patrística, el tomismo y la influencia de la Iglesia católica en la Universidad franquista. El Jardín de Epicuro era la imagen de la depravación y lo licencioso, no en vano el mismo Horacio hablaba de la "piara" de "cerdos" que, como él mismo, seguían las enseñanzas de Epicuro en pleno libertinaje grosero. Ni siquiera nos habíamos enterado que desde el siglo XV, en que un humanista italiano había encontrado el único ejemplar que quedaba del libro de Lucrecio ( poeta romano muerto un siglo antes de Cristo,)"De rerum natura", la cosas habían cambiado. En él se encontraba la auténtica enseñanza de Epicuro que nada tenía que ver con la grosera imagen que el estoicismo y la Iglesia más tarde difundieron sobre Epicuro. Los filósofos y escritores del Renacimiento   desde Giordano Bruno a Montaigne, mostraron su admiración por el mensaje epicúreo, limpiando el nombre de su creador.

Pero en España el nacional catolicismo decidió no enterarse demasiado de lo que en el resto de Europa ya se respetaba. Con el apoyo del Opus se ignoró esa escuela helenística, apoyando más al estoicismo, cuyo criterio de disciplina corporal, esperanza en otra vida y desprecio (hipócrita) de los placeres, estaban más en consonancia con las enseñanzas religiosas. Aunque, como nos dice Lledó, Epicuro "no polemiza tanto contra el estoicismo cuanto contra Platón, a través de las obras juveniles de Aristóteles...o contra el escéptico  Pirrón".

Conseguir la felicidad durante la vida, nos despreciar al cuerpo sino mas bien cuidarlo, fortalecerlo, manteniéndose apartado de los excesos, nutrir de amor y amistad la existencia cotidiana, aplicando el altruísmo y el desinterés propio como norma de fraternidad: una visión materialista, justa y honesta del mundo que no tiene dioses, ni infiernos o paraísos, constituían un mensaje demoledor  y se comprende que se le considerara revolucionario y peligroso.
Como escribe Emilio Lledó en la nota previa a su libro: "El epicureísmo nos puso en camino de superar, desde una revolucionaria idea de la existencia, la doble moral, la doble o múltiple verdad, bajo la luz que se levantaba desde el reconocimiento real del cuerpo, de su libertad y de su forzosa y solidaria instalación en el mundo...alumbró la democratización del cuerpo humano, el apego a la vida y a la pobre y desamparada carne de los hombres".Lledó (Sevilla, 1927) publicó en 1984 este libro sobre el epicureísmo , donde ya se traslucen las líneas principales del pensamiento de este autor: la felicidad como objetivo y misterio, la búsqueda necesaria e iluminadora del conocimiento, los senderos creativos que marca la amistad, la honestidad como motor ético, y el respeto al cuerpo en sí mismo y en el surco del tiempo.
Para Lledó “La lectura de Epicuro sigue siendo un saludable estímulo para la defensa de la vida, del gozo, de la serenidad y de la solidaridad”.
Pero ¿cómo ha de hacerse esa lectura? Desde el mismo lenguaje que la limita y la condiciona. Y así analizando las palabras y los conceptos buscamos el sentido. La palabra "eudaimonia" tan utilizada por Epicuro , no sólo de debe traducir como "felicidad" sino que encierra unos significados que se relacionan de forma dinámica con los actos "buenos y correctos"que nos acercan al destino adecuado y también a la vida como plenitud, sin que en ello intervenga ninguna fuerza divina. A los dioses hay que respetarlos, dice Epicuro, pero nunca les interesan los hombres y sus problemas. Son un símbolo de algo pleno y perfecto que existe de espaldas al mundo humano. Todo lo humano es responsabilidad de los humanos. La bondad y la miseria, la violencia y la amistad desinteresada. La eudaimonia es alcanzar alguna vez , alguno de los elementos buenos y correctos de la existencia y evitar los malos e incorrectos. Para Lledó, Epicuro representa en la filosofía clásica el paso del mito al Logos, de la mitología a la filosofía desnuda de dioses, supersticiones que disfrazan los fenómenos naturales y poderes ocultos en forma de Destino o Fortuna. "Expresión de un progresivo desarrollo del pensamiento racional que estuvo presente en la filosofía griega desde los presocráticos, encuentra en Epicuro una contundente confirmación".
Quizá en lo que estoicismo está más cerca de los epicúreos es en la consideración de la muerte, nos dice Lledó, y muchas frases de Epicuro podrían estar firmadas por Séneca o Marco Aurelio: “Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación de sentir”.
Por tanto mientras vives, todo es cuerpo y desde él, se debe estructurar el pensamiento y la vida. Una inteligencia que intente explicar lo real sin tener en cuenta los sentidos, pues, es incompleta e insuficiente. "Y habría que negar toda filosofía que apoye el ocultamiento y olvido de la radical estructura del ser humano".
En este libro interesante y clarificador he destacado una frase en la que al hablar de la lucha por la felicidad (tan esencial en la naturaleza humana), se dice en reflexión de Lledó: "La felicidad emerge de un permanente estado de vigilia en el que, a distintos niveles de conciencia, se plantea la necesidad de una correspondencia entre la posibilidad y la realidad, entre la armonía del cuerpo y el espacio histórico concreto donde este se desarrolla y alienta".
 
FICHA
EL EPICUREÍSMO.- Una sabiduría del cuerpo, del gozo y de la amistad.- Emilio Lledó. -156 págs. Círculo de Lectores. ISBN 9788422680178


 

Compartir este post

Repost0
26 diciembre 2018 3 26 /12 /diciembre /2018 08:58

"¿Cuándo conocemos a un ser humano? Tal vez sólo cuando uno ha comprobado la imposibilidad de conocerlo y ha renunciado al deseo de ello y al final ni siquiera siente su necesidad. Pero lo que uno consigue ya no es conocimiento, es simplemente una especie de coexistencia; y esa es también una de las máscaras del amor".

El razonamiento que antecede es obra de la novelista británica Iris Murdoch. Pertenece a su primera novela "Bajo la red", publicada en 1954. Se trata de una afortunada mezcla de varios venerables conceptos filosóficos y psicológicos que la autora ha tenido el ingenio de unir para definir una situación humana en su novela. La traigo a colación pues encaja en algunas reflexiones que estoy haciendo en torno al conocimiento del "otro", cuando ese "otro" es tu pareja, tu marido o tu mujer y llevas tiempo, a veces mucho, décadas, conviviendo y compartiendo las vicisitudes habituales que la vida va enviándonos, ya sea de un color o de otro, deseables o dolorosas, benéficas o desequilibradoras. He comprobado, a través de años de experiencia propia y de práctica clínica, la veracidad del aserto o enunciado básico : la imposibilidad de conocer -verdaderamente- a otro ser humano, a pesar de compartir la vida y las experiencias propias de existir. No debería sorprendernos ya que, como sabemos bien en el ámbito de la filosofía , la psicología (y la más lejana y menos asequible, sabiduría) son pocos los que se conocen a sí mismos, teóricamente un objetivo más "fácil" que el de conocer a  un otro. Y sin embargo hay "algo" que se evade de la esfera del conocimiento, ocurre en algunas personas y en ciertas ocasiones:  una especie de intuición que tiene más que ver con los sentimientos y las emociones que con el saber empírico. Es lo que la Murdoch oculta tras la frase "una de las máscaras del amor". Sabemos que hay en esa persona a la que amamos una compatibilidad esencial, una respuesta segura y reconfortante cuando todo alrededor se desmorona. Puede ser un amigo, un familiar muy cerca e íntimo, a veces, en ocasiones excepcionales, un desconocido. ¿De dónde proviene ese "conocimiento"? ¿Cómo se mide, identifica, delimita, define, experimenta, estructura? Los estudiosos pueden buscar una respuesta  que fije cierta certeza científica, pero suelen dar sólo con acercamientos, evocaciones y una indefinible perplejidad. Desde Spinoza, Descartes, Montaigne o Wittgenstein, el resultado es muy semejante. El silencio o el misterio acientífico que pertenece a las "razones del corazón". 

En el ámbito del desamor, del rechazo, del envilecimiento, de los temores propios o ajenos, ocurre exactamente lo mismo. Sólo cambia la polaridad de ese "algo" que vuelve desconocido y aterradoramente sorprendente a un sujeto al que creíamos "conocer" de forma profunda.

Compartir este post

Repost0
25 diciembre 2018 2 25 /12 /diciembre /2018 10:55

Claudio Magris dedica un pequeño ensayo a una gran cuestión social, política, personal, filosófica e histórica: el secreto. Decía Voltaire que "el que revela el secreto de otros pasa por traidor y el que revela el secreto propio, pasa por imbécil." Pero eso no obsta para que el secreto esté rodeado de un extraño poder de fascinación: basta leer la palabra y ya tenemos nuestra atención dirigida y cautivada (y manipulada, seguramente). Hay una mórbida sugestión por los secretos (sobre todo los de los demás) y una ambivalente sensación, entre el rechazo y el temor, por los nuestros (junto a un difícil de explicar deseo por compartirlo como forma de lograr la valoración del otro). Freud lo convirtió en el buque insignia del psicoanálisis y Magris  ha sacado el concepto a la plaza pública virtual del siglo XXI como lo que es: una bomba con la mecha encendida en una Red de redes que parece alimentarse con ellos y que han provocado, provocan y provocarán dramas y tragedias que encantarían a Shakespeare o a Platón, pero que aterrorizan a cualquier  hijo de vecino de este siglo tecnológico que se nos ha ido de las manos.

Desde los "fake news", a las mentiras o los niveles de conspiraciones con fines políticos o económicos o simplemente delictivos comunes, los rumores, la maledicencias van sembrando una sombría y ambivalente nube tóxica que halaga los instintos más bajos de la audiencia global, creando una subespecie pérfida y patológica que se alimenta a sí misma y a la que la mayoría contribuye a aumentar. La antigua exigencia profesional de la constatación y el contraste de las fuentes de la noticia ha pasado al olvido. El filósofo Francis Bacon en el siglo XVII, lo dijo con claridad de proverbio: "difama que algo queda", la chafardería contagiosa va haciendo de la verdad un animal exótico sembrando de víctimas su recorrido y su existencia corta pero ponzoñosa (corta en las noticias del día pero no en el archivo social de las reputaciones: que le pregunten al pobre Morgan  Freeman, un actor de lo más serio y probo de Hollywood, objeto de un fraude periodístico creado por una irresponsable que se cree periodista). Nunca en toda la historia humana ha habido tantos medios y posibilidades de desvelar secretos, inventar noticias y atacar o destruir reputaciones.

No hay una intención ensayística profunda en este conjunto de reflexiones en torno al secreto. Magris picotea  en la cuestión y va dejando elementos para que el lector reflexione por sí mismo. No se trata de una hermenéutica del secreto sino más bien una fenomenología apoyada en ejemplos y autores varios (Marías, Chesterton, Singer), dada su proximidad con la literatura y el cine o, como en el caso del secreto de confesión, el autor saca a colación la eficacia de algunos blindajes o custodias eficaces.

Una cita de Chesterton sirve a Magris para preguntarse sobre la necesidad de desvelar algún tipo de secretos, por su falta de importancia o, en el polo opuesto, por los efectos dañinos innecesarios que podrían suponer su revelación. Como en "La Gaviota" de Chejov, también se platea la problemática de los secretos entre las parejas y la absurda necesidad de revelarlos que suponen más daño que lo que el propio secreto ocultaba. Y se pregunta al respecto sin la transparencia total es conveniente o si hay pequeñas zonas propias en las que conviene mantener la opacidad. Y de ahí carga contra “…el sofisticado crecimiento tecnológico de los medios de comunicación (que) permite violaciones de la elemental vida privada cada vez más inquietantes, en una espiral de comunicación global que se convierte en expropiación de la persona, voyerismo disfrazado de ciencia, de investigación social, de denuncia política, de chismorreo pseudocultural”.

Y más adelante añade: "Cada vez es más difícil conciliar la defensa de la persona con las crecientes intromisiones abusivas y la exposición a la luz pública de toda intimidad, similar a la picota de otros tiempos, con la lucha por desenmascarar los secretos, es decir los engaños y los crímenes que envenenan más y más la sociedad, el Estado, la vida de la comunidad. Hay una intimidad que debería ser inviolable, más aún en la época del nudismo psicológico y del registro universal de masas".

FICHA

EL SECRETO Y NO.- Claudio Magris.- Trad. Pilar González. 50 págs. Cuadernos Anagrama.ISBN 9788433916129

Compartir este post

Repost0
22 diciembre 2018 6 22 /12 /diciembre /2018 09:58

La palabra estrés procede del latín "stringo", apretar, comprimir, estrechar, contraer, mermar, conmover el ánimo. Es la enfermedad de nuestro tiempo, como la neurosis fue la del siglo XX, según Freud. El estrés en una forma de neurosis en realidad. Es cuando el "tener" somete al individuo a todas sus exigencias para llevarle a la "felicidad". En realidad le lleva a la frustración, al desánimo y a arrastrar una cadena pesadísima (recuerden la del fantasma del señor Marley, en el Cuento de Navidad de Dickens) formada por la necesidad insaciable de dinero, propiedades, cosas, personas, poder. Ya que el tener. como es bien sabido, es aquello en lo que se pierde el ser. 

Los maestros del pensar greco-latinos, los filósofos que proponen "la vida buena" (tan alejada de la "buena vida") los venerables pensadores taoístas o zen, vienen a coincidir más o menos en una "fórmula" muy sugestiva, proponen una manera de ser, un estilo de vida, un comportamiento que suena a utópico e irrealizable en nuestra afanosa cultura de la técnica envolvente y el consumo histérico, el "otium"escaso y mal considerado y la filosofía convertida en pragmatismo atado a la cuenta de resultados. La sugerencia está recomendada para el sujeto estresado por una existencia configurada como fuente de problemas y necesidades insaciables. Haciendo uso del sincretismo entre los maestros citados, cito a un pensador chino del siglo III a.C. Lo resumía así:

"Debemos ser como un espejo/que acoge pero no retiene/refleja todo lo que pasa/y lo deja pasar sin apegarse./Ni rechaza ni guarda para sí;/todo aparece y desaparece/sin que él fije nada./Su facultad se ejerce indefinidamente/pero nunca sale dañado."

¿Difícil de entender? No tanto. Piense en alguno de sus más persistentes problemas. La "falta de tiempo", por ejemplo. La amistad o el amor. La familia o el sexo compulsivo. Hay donde elegir.

Compartir este post

Repost0
21 diciembre 2018 5 21 /12 /diciembre /2018 09:18

En  2017, Kazuo Ishiguro  recibió en Premio Nobel de Literatura.  Aunque su obra más conocida fue "Los restos del día", (mejor titulada  en la película "Lo que queda del día" por James Ivori) publicada en 1989., me siento personalmente más atraido por "Cuando fuimos huérfanos", con la que comparte un estilo narrativo muy parecido (el protagonista cuenta en primera persona una serie de experiencias propias, desde un tiempo presente para el lector, pero que puede saltar del pasado al futuro del protagonista, justificando de manera indirecta los acontecimientos que narra y sobre todo su  comportamiento, sus errores o sus aciertos, aunque siempre con una ironía que parece surgir de forma espontánea y no premeditada y que paradójicamente hace que el lector se cuestione o se asombre ante los comportamientos del protagonista. La memoria del protagonista, el mayordomo Stevens, y sus laberintos y sinuosidades, sus invenciones y manipulaciones van tejiendo el tapiz de la novela y mostrando el fondo metafísico de este  libro (y del otro citado,  que ya comentaremos otro día) y que concierne a la sensación inevitable de pérdida, quizá provocada o no evitada por el propio protagonista. En esta ocasión se personifica en una mujer, un ama de llaves que trabaja en la misma mansión, a la que Stevens -un estirado y ceremonioso mayordomo al servicio y adoración de lord Darlington- no querrá o sabrá entender, ofuscado por su falta de enpatía y su férreo control "profesional".

Mr. Stevens, nos muestra a través de un monólogo interior su percepción y concepción del mundo, enmarcado en el concepto que tiene  de la "dignidad" de su trabajo y de la lealtad al señor, heredado de su padre, también mayordomo.  Muestra, aunque la razona, una incapacidad para la crítica, a pesar de las pruebas que da su señor de falta de ética en su servil relación con los nazis, en los años anteriores a la guerra. 

La novela comienza unos años después de esos acontecimientos, en el verano de 1956, cuando Lord Darlington ya ha fallecido y su mansión es adquirida por un millonario norteamericano, que contrata a Stevens para que siga como mayordomo en Darlington Hall.  Este convence a Stevens para que use su automóvil y haga un viaje de vacaciones por la campiña inglesa mientras él está ausente. Durante ese viaje, el protagonista va recordando partes de su pasado que hilvana indirectamente con los menudos eventos que van surgiendo durante su viaje. Stevens decide desplazarse por el país hacia la localidad de  Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall, coprotagonista indirecta de la novela.  Y jornada a jornada, Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás. Stevens despliega un amplio tapiz entre su pasado y el presente en el que la pérdida toma dos rostros : el de su dignidad, causada por su señor Lord Darlington , que se dejó seducir por el fascismo y conspiró indignamente para conseguir una alianza entre Inglaterra y Alemania. Y , lo que nunca llega a reconocer, su propia actitud de falta de dignidad y sentimientos ante el ama de llaves, a la que visita para tratar de que vuelva a trabajar junto a él, por motivos de frío interés profesional, ignorando la evidente infelicidad que ha provocado en ella.  

Quizá un excelente reconocimiento de la calidad de esta novela se deba a la película que se filmó con dos actores de excepción, Anthony Hopkins y Emma Thompson, dirigidos por James Ivory . 

FICHA

LOS RESTOS DEL  DIA.-Kazuo Ishiguro.- TRad. A.Luis Hernández Francés.-256 págs. ANAGRAMA. ISBN: 9788433914293

 

Compartir este post

Repost0
19 diciembre 2018 3 19 /12 /diciembre /2018 10:13

En un libro de entrevistas a Picasso publicado en Francia en 1998 se hablaba del arte, de su arte naturalmente, y de sus características como creador. En un momento dado, comentó: "Cada ser posee la misma  cantidad de energía. La persona promedio malgasta la que tiene de mil maneras. Yo canalizo mis fuerzas en una sola dirección: la pintura y por ella sacrifico el resto, a usted y a todos, incluso a mí". Aunque podamos objetar algunas cosas sobre ese comentario, lo cierto es que muestra un determinación absoluta que sin duda es el origen o la semilla de la dinámica, incansable, creatividad del genial malagueño. Picasso, comentaba Marie-Laure Bernadac, una de las entrevistadoras, podía trabajar tres o cuatro horas seguidas sin hacer ningún gesto suprefluo. A la pregunta de si eso no le producía cansancio o rigidez, respondió: "No. Cuando trabajo, dejo mi cuerpo en la puerta, como los musulmanes dejan el calzado antes de entrar en la mezquita. En ese estado el cuerpo existe de manera vegetativa...por ello, los pintores en general, vivimos tanto tiempo". Picasso confirmaba a su manera y seguramente sin tener mucha información sobre el taoísmo, lo que los maestros chinos, en concreto Zuangzi, llaman la "vía del no desgaste". Y pone como ejemplo al bailarín que hace su danza perfecta precisamente porque todos sus gestos se imponen a él con la exactitud fluyente de lo natural: el bailarín -o Picasso- se hace completamente permeable a su arte, sin que pueda discernir separación o escisión entre el cuerpo y el espíritu o la energía que lo domina con la lógica pura de su realización espontánea. Al olvidar las reglas, el procedimiento, el tiempo, el lugar o su circunstancia, el artista cumple en sí mismo su misión y crea la obra de arte. ¿Podríamos aspirar a vivir nuestra existencia cotidiana con un enfoque semejante? Es decir preservar nuestra vitalidad interior para aquello que consideremos esencial evitando "toda persecución de un objetivo y búsqueda de una finalidad", simplemente viviendo lo que acontece tal como ocurre y, como dirían los estoicos, aceptando que las cosas ocurran tal como ocurren, sin interferir y mucho menos oponernos.

Compartir este post

Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens