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5 octubre 2018 5 05 /10 /octubre /2018 09:00

Si consideramos la eternidad no como una duración ilimitada de tiempo, sino como la atemporalidad, la persona que vive intensa y plenamente el instante presente, el ahora inmediato y único,  vive la eternidad. Eso dijo más o menos el inteligente y desdichado  Wittgenstein. Por tanto si lográramos percibir el presente como un simple proceso atemporal sin fin en sí mismo  (aunque lógicamente finito para nuestro organismo, cuyo término cuando se produzca, es solo un evento sin importancia en un proceso  que  sigue su curso con o sin nosotros) todo se relativiza, ves la eternidad  que subyace en el transcurrir incesante de la vida. Por tanto comprendes que el momento que vives no tiene precio: tiene un valor inmenso. Mejor que lo disfrutes, en el amplio sentido del término. Para ello empieza por preguntarte si lo que haces por ti y por las personas a las que amas es lo adecuado, correcto, óptimo, no de cara a una expectativa irreal de un futuro inexistente o siguiendo las órdenes subliminales de un pasado que tampoco existe. Piensa.

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4 octubre 2018 4 04 /10 /octubre /2018 11:03

Lo primero que me atrajo de este libro es la aparente disparidad entre los pensamientos y la figuras humanas y filosóficas de esos dos hombres. coetáneos pero tan radicalmente diferentes: era como comparar a un Sócrates o un Pitágoras con un Montaigne  o un Heidegger. Con concepciones y tradiciones filosóficas en polos opuestos, Ortega y Wittgenstein han dado ocasión desde el 2010 a una serie de eventos académicos que ha buceado en sus respectivas obras para encontrar inesperadas resonancias intelectuales (insisto: no hay constancia de que ninguno de ellos conociera la obra del otro) en cuestiones tales como los conceptos de creencia, la autenticidad, la estructura del yo o la controvertida praxis del quehacer del filósofo en la vida, de la utilidad empírica de su labor. Era como hermanar a Epicuro con Saussure. A pesar de que supuse que el libro, editado por una editorial tan poco sospechosa como Tecnos, era una de esas entelequias endogámicas universitarias, lo he leído con atención y con creciente interés. Y lo  recomiendo sin reservas a cualquier interesado en algunos de los dos pensadores por separado o especialmente si existiera un erudito curioso que  lo esté en ambos.

Los coordinadores del libro  (que integran nueve capítulos de distintos autores, incluidos ellos mismos) son dos profesores universitarios, Jaime de Salas de la Complutense madrileña y José María Ariso, de la Universidad de La Rioja, ambos con un nutrido historial académico de investigaciones y publicaciones sobre Ortega, Leibniz, Hume,  Bergson y Habermas, el primero, y libros de filosofía psicológica, teoría del conocimiento y filosofía contemporánea, el segundo.

La presencia de Ortega queda justificada en la recuperación académica que se viene produciendo en los últimos diez años de su legado filosófico y de la originalidad y calado  de su pensamiento. La de Wittgenstein por se una contrafigura filosófica que opone al modelo de Ortega empeñado en salvar su circunstancia al del vienés tratando de superar sus propios errores a través de delimitar el significado del lenguaje y llegando a analizar las creencias como condiciones reguladoras de la vida, punto en el que Ortega articula parte de su pensamiento, apuntándose algunas coincidencias entre la creencia orteguiana y la certeza de Wittgenstein.

 Como se apunta en el prólogo, también se apuntan diferencias notables entre las actitudes de los dos pensadores y sus diferentes articulaciones teóricas: "mientras el pensamiento de Ortega ...afronta una coyuntura histórica concreta (la española), la actividad filosófica de W. se concreta en un esfuerzo por entender el sentido del quehacer humano tal y como lo transmite el lenguaje sin pretender hacer diagnóstico alguno del momento histórico en el que vive".

Ariso en concreto, en su aportación, copara el "imperativo de autenticiad" en la propia postura que ambos autores estudiados esbozan, desde "llevar una vida irreprochable desde un unto de vista moral" en W. hasta el planteamiento  de Ortega de su autenticidad como elemento ya supuesto y que articula como punto de partida para indagar en la realidad. Esa disparidad queda reflejada  en el articulo de Sanfélix que estudia los dos conceptos de la Filosofía "como forma de vida" en los dos autores, desde la concepción casi mística de W. como invitación a una "retirada del mundo" y al "silencio" hasta la fórmula platónica y estoica de que la Filosofía "en última instancia" debe servir para integrarse en y reformar el mundo".

No es objetivo de este trabajo analizar cada una de las excelentes aportaciones de especialistas como los dos coordinadores citados, ni las del resto: Vicente Sanfélix, Mariano Rodriguez (que compara la "creencia en el yo" de los dos autores), Mª del Carmen Paredes que habla de la creencia y forma de vida en los analizados, Rui Bertrand o Karsten  Schoellner que esbozan posibles aplicaciones actuales de determinados pensamientos de Ortega y W., Antoni Defez que presenta con gran originalidad el "problema de los animales desde un punto de vista ontológico en ambos y, para terminar el tema de las perspectivas etnológicas y antropológicas en Ortega y W. según Astrid Wagner y Ángeles  J.Perona.

FICHA

ORTEGA Y WITTGENSTEIN. eNSAYOS DE fILOSOFÍA  PRÁCTICA.- Jaime DE Salas y José Mª Ariso, coordinadores. Ed. Tecnos.-343 págs. ISBN 9788430971909

 

 

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3 octubre 2018 3 03 /10 /octubre /2018 18:45

Gabriel Marcel (y antes que él creo que Platón) decía que hay que distinguir entre el SER y el TENER. Para él, el ser era la persona y el tener es todo lo que no es la persona, pero también aquello en lo que persona corre el riesgo de perderse. La clase de sociedad que estamos desarrollando no parece tener muy clara esa distinción esencial. Primamos el tener desde las células básicas del desarrollo del ser humano, la familia, la enseñanza y la sociedad. En consecuencia hay un progresivo empobrecimiento de todo aquello que nos hace humanos, desde el sistema de valores hasta las expectativas de futuro que creemos desear o la disparidad vergonzante entre las diferentes "clases" de seres humanos. Reflexionemos.

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2 octubre 2018 2 02 /10 /octubre /2018 18:30

Para los venerables griegos de la antigüedad, aquellos que formaron el ADN de nuestra cultura, "logos" tenía el significado de "palabra", pero también de definición, de razón, explicación, o aserto, máxima o sentencia, en general todo aquello que se comunica a través de la palabra. La forma "logoi", designaba la palabra "que cura", los argumentos racionales que convencen, las proposiciones que nos animan y convencen Tras una vida inspirada por la literatura, la psicología, el psicoanálisis y la filosofía, por el logos en sus acepciones más variadas, he llegado a un punto  en el que todo aquello que estudié, leí, medité y viví  durante los últimos sesenta años, parece haberse decantado en un estilo de vida, una "enstasis" como dirían los epicúreos, una manera de percibir  ese todo que me rodea y del que formo parte, que parece acercarse en cierta forma  a una "eudaimonia" (bienestar) que es el signo de lo que la filosofía clásica ha buscado como objetivo primordial: la vida buena, una suerte de lucidez, que es más un regalo que un logro. ¿Pero eso es sólo  para mí, para mi uso y satisfacción personal., para mis familiares y escasos amigos interesados? No estoy atraído en escribir libros, en conferencias o artículos . Así que lanzaré las semillas de mis reflexiones a los cuatro vientos de la Red de redes. Si a algún pececillo le atrae y la digiere, ya me siento feliz. Lo demás y perdonen la expresión, me importa un bledo. Hasta la próxima.

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28 septiembre 2018 5 28 /09 /septiembre /2018 17:33

Magnífico y esclarecedor libro de François Julien, filósofo y sinólogo francés de consolidado prestigio entre los especialistas en la cultura tradicional china, que presenta un revolucionario trabajo sobre las diferencias entre la filosofía y la sabiduría.

En el libro de  Renée Weber,"Diálogos con científicos y sabios" (La liebre de marzo) hallé una frase que podría compendiar el sentido definitivo del magnifico libro de Jullien. Dice así: "La filosofía...en su origen...buscaba la estructura profunda de las cosas...objeto que en los últimos siglos se ha convertido en estudio de la ciencia. La física, más próxima a la naturaleza, da la sensación de tratar con la estructura profunda de ésta, aunque años después descubrí que lo que  más se aproximaba a ella era el misticismo (la sabiduría esencial), por ser más abstracto y a la vez más interior que la ciencia y obsesionarse mas con la simplicidad y la unidad". Mas tarde cita una frase del físico Nobel Max Plank: " La ciencia no puede resolver el misterio final de la Naturaleza porque, en el último análisis, somos parte de la Naturaleza y por lo tanto parte del misterio que tratamos de descubrir".

Jullien, apoyándose en su extenso y profundo conocimiento de la sabiduría (que no filosofía) china nos da en su libro la clave que apunta las citas anteriores: no hay misterios que descubrir, hay que vivir gozosamente en el misterio, formando parte de él, porque no nos compete ni siquiera saber si tratamos con un misterio o con un caos natural y perfecto cuyo orden oculto no nos es dado conocer ni comprender. Por eso el sabio no tiene ideas, no tiene nada que decir de las cosas "ya que decir obstaculiza su proceso regulado (¿les suena a Wittgenstein?) y hay que desconfiar de las ideas porque no solo distancian sino que además, al fijar y codificar el pensamiento, lo vuelven definitivamente parcial y privan a la mente de su disponibilidad creativa...y la alejan del fondo de inmanencia que subyace en todo lo existente". Como decía Wittgenstein, "la idea ya está agotada, ya no vale par nada...es como el papel de plata, que ya no puede alisarse una vez que ha sido arrugado". Evidentemente estamos hablando de sabiduría, no de ciencia o de filosofía. Es decir de algo poco práctico o útil, que no se enseña en la Universidad y que está social y culturalmente devaluado en estos tiempos de voraz tecnología ingobernable. Solo se trata de algo que  nos enseña a vivir como seres humanos. Algo pues poco importante que consideramos caduco como frías cenizas del pasado  mas remoto.

Porque la sabiduría consiste  en no privilegiar ninguna idea sobre otra sino en mantenerlas a todas en el mismo plano, todas accesibles, sin que ninguna de ellas, al anteponerse, tape otra o le haga sombra; en definitiva, sin que ninguna quede sobre las demás, no estar en posesión de ninguna, ni prisionero de ella.

Y es  que cuando un de ellas nos posee en exclusiva todo lo pensable retrocede y ella nos envuelve en un círculo arbitrario que aprisiona  nuestra  libertad  creativa que excluye todo contacto con la riqueza de lo posible. .El punto de vista del sabio concierne a la totalidad. En este punto el amigo Jullien ya ha marcado las diferencias esenciales entre la filosofía, su ambición teórica, empírica y científica, su vocación sistemática, su  sueño estructural y la sobriedad y simplicidad estoica de la sabiduría, una actitud, una actividad "sub especie aeternitatis".
No interesa aquí entrar en esa brillante separación entre los métodos y objetivos de la filosofía, suficientemente reflejados en la misma  historia de la filosofía, ni debemos suponer que Jullien menosprecie en absoluto ese soberbio despliegue de esfuerzos, brillantez y genialidad, sencillamente se nos  pone en evidencia la diferencia, el amplio foso que las separa. No ha lugar el  debate o la discusión sobre prioridades o diferencia. Ambas cumplen objetivos distintos, aunque al principio parecían ser los mismos (filo-amigo,amante; sophia, sabiduría).
La sabiduría es ahistórica, ancestral y arcaica, nutre todas las tradiciones culturales del planeta, se mantiene un modesto rincón popular, detrás de proverbios y consejas del pensamiento, su sola mención despierta cierto sarcasmo valorativo, está al margen de cualquier uso, utilitarismo o academicismo y parece habitar los polvorientos rincones de bibliotecas poco visitadas y los gabinetes de estudio de unos pocos  eruditos u orientalistas que hacen un trabajo callado y sin relieve alguno en una sociedad que prima la formación técnica y el progreso tecnológico sobre la educación humanística y los valores y principios de la ética.

Como escribe Jullien, "mejor que buscar la verdad, es encontrar la congruencia...el sabio ve por dónde aparece la congruencia, su visión es armónica, en lugar de ver de manera fija, aferrándose a su punto de vista, su posición gira para responder eficazmente a cada situación y en ello encuentra la conformidad y la armonía con lo que es". Y añade: "la sabiduría consiste no en juzgar sino en comprender" (pág. 158).

¿Discutible?¿Revolucionario? ¿Provocador? ¿Difícil de entender bajo los criterios analíticos y pragmáticos de la actual forma de pensar? Sin duda. Sólo les he proporcionado una cata. El melón sigue entero, gustoso y provocador.

(Hay más en diariodemimochila.over-blog.es)

FICHA

UN SABIO NO TIENE IDEAS.- fRaNCOIS jULLIEN. Ed.Siruela.-Trad. A.Helene Suárez. 252 págs

 

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12 septiembre 2018 3 12 /09 /septiembre /2018 07:56

He aquí un libro inclasificable que ni siquiera había sido concebido como libro sino como un epílogo surrealista, irreverente, iconoclasta y de una pasmosa erudición a una edición italiana de cuentos escogidos del escritor francés decimonónico Guy de Maupassant. Acantilado lo pueblica como un librito de 105 páginas de las que 22  (compuestas en un tamaño de letra bastante inferior) están dedicadas a las notas que el texto inspira al autor y son éstas tan enjundiosas, críticas y divertidas que lo más recomendable es leerlo simultáneamente sin perderse ni una sola nota.

Téngase en cuenta que esta supuesta semblanza biográfica de G. de M. está escrita siguiendo un procedimiento literario (por propia confesión, nota 49) "antimiguelangelesco por excelencia , que trata de rodear a cada objeto del ambiente más rico, más completo, más inesperado. Se trata de dar a conocer la cosa lo mejor posible por medio de otras cosas y de cosas distinttas, de iluminarla con la luz más intensa, de penetrarla más hondamente. La andadura literaria es para nosotros como caminar sobre la cuerda floja. Estas referencias, estas equivalencias, estas analogías que vamos poniendo a derecha e icnquierda de nuestro camino, tienen por finalidad mantenernos en equilibrio". ¿Equilibrio? Más bien un ejercicio funambulesco, lleno de ironía, sarcasmo, juegos literarios, referencias cruzadas eruditas,  autoreferencias, juegos de espejos, información burlesca junto a datos auténticos, suposiciones maliciosas, innecesarios y falsos paralelismos...

Todo menos una biografía al uso, que Andrea de Chirico (que murió en Roma en 1952) y se hizo llamar Alberto Savinio, compara con trabajos de "estilo sepulcral, es decir, en ese estilo eufemístico y sistemáticamente laudatorio con el que se redactan las inscripciones de las tumbas... en las que todo los hombres son virtuosos, todas las mujeres fieles y las criaturas muertas a temprana edad angelitos que el Señor, con su bien conocido egoísmo, ha llamado prematuramente a su seno. Los vicios, pecados y bajezas son excluidos sin distinción del estilo sepulcral y la vida de este mundo aparece limpia y rosada como un pequeño paraíso de coral" (pág. 14).

Savinio escribió este breve y vitriólico texto en 1934 (ya "tempranamente" en 1983 hubo una primera traducción al español por Gabriela Sánchez Ferlosio) llamando la atención por su tono golosamente irreverente y en la misma medida ingenioso y lleno de humor jocoso no demasiado cruel. Nuestro hombre suele irse "por los cerros de Úbeda" con una prosa libre y juguetona que vagabundea por los más diversos temas eso sí de una manera culta y con una erudición sobresaliente, burlona y acomodaticia (como cuando nos asegura que los nombres y apellidos de las personas son condicionantes poderosos sobre su existencia, como heraldos de un destino ya marcado). Su hipótesis sobre el gusto literario y artístico de Maupassant es de una ferocidad ostentosa, así como el relato de la esquizofrenia paranoica del escritor que le llevó prematuramente a la tumba (de ahí viene la mención al "otro"). Aunque ese "otro" se nos presenta  desde el principio de una forma surrealista , juguetona y caprichosamente, como la de un supuesto Nivasio Dolcemar, al que dedica páginas eruditas para, mediado el ensayo olvidarse de sus insinuaciones sobre el "doble" de Maupassant encarnado en Dolcemar, junto a Nietzsche, Heráclito de Éfeso, Platón, Luciano de Samosata, Voltaire y Stendhal, `para pasar a contarnos la deriva psicológica autolesiva y esquizoide de un Maupassant seguramente destruido por la sífilis.

Un libro difícilmente olvidable que te atrapa engre la sorpresa y el rechazo.

FICHA

MAUPASSANT Y EL "OTRO".-Alberto Savinio.-Trad. José Ramón Monreal.- Acantilado.105 págs.-ISBN 9788417346126

 

 

 

 

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8 septiembre 2018 6 08 /09 /septiembre /2018 08:02

La revista CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA en su número de julio/agosto de 2018 dedica su tema monográfico a una candente cuestión cultural: ¿Puede pasar de moda la lectura?, con artículos de Carlos García Gual, Emilio Pascual, Jorge Comensal y Fernando Hoyos. La monografía tiene el subtítulo de "Toma y lee", la frase que operó maravillas en la conversión del lujurioso Agustín en un asceta modélico que iba para erudito santo. Como nos cuenta la "Infovaticana",  San Agustín, atribulado por su rijosidad oraba : “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre airado? ¡Olvida mis antiguos pecados!”  En tanto que se repetía esto y lloraba amargamente, oyó la voz de un niño que cantaba en la casa vecina : “Tolle lege, tolle lege” (Toma y lee, toma y lee). . Entonces le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al oír la lectura de un pasaje del Evangelio. Interpretó pues, las palabras del niño como una señal del cielo, dejó de llorar y ...cogió el libro de las Epístolas de San Pablo. Inmediatamente lo abrió y leyó en silencio las primeras palabras que cayeron bajo sus ojos: “No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poneos en manos del Señor Jesucristo y abandonad la carne y la concupiscencia”. Ese texto hizo desaparecer las últimas dudas de Agustín. Quizá los doctos redactores de Claves -dirigidos por Fernando Savater-  buscan una "conversión" semejante en los reacios ciudadanos poco motivados por el amor a la lectura pero con la suficiente curiosidad como para comprar la revista. Tolle lege: Toma y lee.

Tras este breve introito de guasa, pasemos al muy interesante contenido de la revista: No sólo disfrutamos de los artículos citados sobre la lectura, también hay trabajos de tipo político e histórico, como el dedicado al final de ETA tras medio siglo de actividades sangrientas y un análisis comparativo entre la organización, o banda, terrorista vasca y su homóloga irlandesa, el IRA. Más en la línea literaria, un excelente ensayo sobre el poeta venezolano Rafael Cadenas, otro, especialmente interesante sobre la vertiente poética -desconocida para mí- de la ensayista alemana Hanna Arendt. Y como guinda hispana nuestra María Zambrano en comentario a sus intentos de conciliar la poesía con la filosofía: esfuerzo literario con el que siempre he estado de acuerdo (en los fondos profundos del pensamiento filosófico acaba resonando la tendencia poética hacia lo absoluto, lo trascendente y la excelencia de los espiritual o lo emocional (y a la recíproca también: bástenos leer a Rilke o incluso al mismísimo Machado). Otro de los trabajos de este número de Claves nos regala una vertiente no muy conocida del pensador añorado, Eugenio Trías, su pasión por la música (conocíamos la persistente pasión de éste por el cine). Como presente de la revista a la actualidad candente de la vida política española, la "cuestión catalana",  a partir de reseñas contrastadas de tres títulos de libros recién publicados, presenta la cara y la cruz de las tesis sostenidas en los libros por autoras que presentahn puntos de vista contrapuestos cuando no enfrentados, como dice Savater, como "homenaje al pluralismo democrático y también un guiño al lector para que se implique en el debate. Y como despedida, un  trabajo bastante enjundioso sobre el escritor francés François -René, más conocido como Vizconde de Chateaubriand delk que se celebra el 250 aniversario de su nacimiento, firmado por Hugo Castignani.

De verdad, no la pierdan.

FICHA

CLAVES.- jULIO -aGOSTO DE 2018.- 8 EUROS. dIRIGIDA POR fERNANDO sAVATER.- vv.aa. 192 PÁGS.ISBN 978841130368200259

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6 septiembre 2018 4 06 /09 /septiembre /2018 08:11

Decía el poeta José Ángel Valente que la biblioteca "es el lugar en que se apaciguan las horas, el afán o la pena...en tal oscura morada, ni la pobreza se teme ni se padece la muerte". Esto pondría los pelos de punta a Mikita Brottman, una profesora de Oxford que imparte sus lecciones de Literatura en una Universidad norteamericana y que escribe libros como el que hoy les recomiendo. Se trata de "un ensayo dedicado a los lectores que no creen que los libros sean intocables". No es un libro brillante, aunque tiene elementos que pueden ser muy convincentes, siempre que prescindamos del decepcionante juicio sobre el Quijote (pág. 125) y de algunas páginas con juicios y temas poco alentadores. La autora reconoce paladinamente que ama profundamente la literatura, pero que no le gusta que se hagan hipérboles salutíferas y de presunta sabiduría casi por contagio o exageraciones psicológicas sobre los efectos de una actividad que, por encima de todo, debe ser placentera.. Desde el principio nos dice que su obra se apoya en dos argumentos: "la lectura en sí misma  no es necesariamente una actividad virtuosa: qué se lee y cómo se lee marcan la diferencia" y "Leer demasiado es una afección poco frecuente y no es un problema tan común como el de no leer nada de nada". 

Particularmente divertidas son las páginas donde Mikita glosa los eslóganes para difundir la lectura que suelen ser demasiado exagerados y simplistas como para propiciar un juicio sereno en torno a los reales beneficios de una  lectura ajustada a las circunstancias personales, sociales, culturales y, por qué no, pragmáticas o utilitarias, sin olvidar las meramente placenteras, que son las más gratificantes y en cuyo seno anida el amor a los libros.

Y así cuando de manera más o menos oficial, gubernamental o académica se nos grita por los "media": "Abre un libro, amplía tu mente", "Los libros son armas", “Los dinosaurios no leían y desaparecieron", "Un hogar sin libros es como un árbol sin pájaros", "Deja que los libros te transformen", "Si no lees no pasa nada. Si lees, pasa mucho"… el lector habitual echa una sonrisita escéptica y burlona y los lectores potenciales se encogen de hombros. No creo que nadie "pique", excepto algún inocente despistado. Con mucho sentido común la autora nos dice: "a lo que en realidad deberíamos prestar atención en un mercado abarrotado, no es a la muerte de la lectura, sino a la muerte del criterio sobre lo que leemos y por qué lo hacemos". Y a la necesidad obvia de que se nos forme -desde la guardería a la Universidad- con criterios válidos, lógicos y útiles a ser lectores cualitativos e informados, añado yo.

Como dice Mikita "no leáis libros porque sintáis que "debéis hacerlo" o porque sean buenos para ti. Hacedlo porque no podéis evitarlo" (aquí cae un poco en los defectos que critica: ¿realmente hay alguien que "no pueda evitar" leer un determinado libro, excepto si se ha de examinar de él o es un crítico al que pagan por hacerlo?

La verdad es que hay un derroche de sentido común y de racionalidad nada mágica en los argumentos que esgrime Mikita, que empieza muy prometedoramente cuando nos dice que leer es un vicio solitario como el masturbarse ya que "ambos suelen llevarse a cabo a solas y en privado, a menudo en la cama y por la noche, antes de dormir" (sic).

Las "confesiones" personales de la época infantil, adolescente y juvenil de la autora abonan su amor a los libros pero al mismo tiempo ponen alerta a cualquiera que sepa algo de psicología sobre las motivaciones de Mikita. Pero no entremos en ese espinoso asunto. Se trata de un libro apasionado por la lectura y los libros, escrito por una mujer apasionada por su intensa relación con la lectura y en el que más de diez páginas de bibliografía usada con referencias a clásicos y modernos suponen una cierta garantía de la probidad intelectual de la profesora  Brottman. Y en cualquier caso es un libro que se lee con cierta golosa delectación.

FICHA

CONTRA LA LECTURA.- Mikita Brottman.-Trad. de Lucía Barahona.- Ed. Blackie Books.-167 págs. ISBN 9788417059545

 

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4 septiembre 2018 2 04 /09 /septiembre /2018 08:04

Joaquín Rodríguez: Bibliofrenia o la obsesión irrefrenable por los libros (Melusina, 2010)

Tal vez, el libro "Bibliofrenia" de Joaquín Rodríguez sea uno de los más agudos e interesantes para lectores habituales y pique la curiosidad de los que no lo son pero podrían llegar a serlo. Bibliómanos, bibliófagos, bibliofrénicos, biblioclastas (incendiarios al estilo de Fahrenheit 451, tan literario o al estilo nazi, tan estúpido) , bibliofóbicos, bibliocleptómanos, van surgiendo de las páginas de este librito, glosando figuras como la del millonario Henry E. Huntington, norteamericano, cuyo legado se conserva en una enorme Biblioteca que lleva su nombre en Pasadena (California); el cura don Vicente que asesinó a varios bibliófilos para completar su biblioteca; el conde Libri-Carucci, profesor de matemáticas en la Sorbona, que robó miles de ejemplares valiosísimos  para pagarse una vida lujosa. Sabremos de la memoria prodigiosa de Magliabechi, bibliotecario del duque de la Toscana, que conocía el paradero y la situación cualquier libro importante no sólo en su biblioteca sino en muchas otras de Europa, detallando estantería, anaquel y clave. También la desmedida pasión de sir Thomas Phillips que reunió más de cien mil libros en sus mansiones, la historia de amor de Casanova repartida entre las mujeres y los libros (con triunfo de estos últimos en los postreros años de su vida). O el gran depredador de libros Antoine Marie-Henrie Boulard, que acumuló en varias casas de París medio millón de libros.

En otra de las veinticinco "sombras" bibliomaníacas esbozadas por Rodríguez, se cuela otra reflexión impagable de nuestro autor: Cuando escribe: "el amante de los libros es polígamo, su relación con cada ejemplar es íntima y por eso cuasi carnal, y no suele estar dispuesto a establecer uniones excluyentes o estrictamente conyugales". Delicioso, ¿no les parece?

NO tan deliciosa es la historia que se nos cuenta sobre el historiador y erudito prusiano Theodor Mommsen, autor de unas 1.500 obras, entre ellas la legendaria Historia de Roma. Cuando en enero de 1903 tenía ochenta y cinco años de edad, se había convertido en el deprimido pero feliz (¿puede ser esto posible,?, pues sí, a ratos) habitante solitario de una mansión biblioteca con derecho a jergón para dormir y cocina para comer sus austeras colaciones. Los libros eran "su consolacione". Incluso estaba harto de la fama que la le había dado en todo el año anterior la concesión del premio Nobel de Literatura. Un dia de fines de enero de ese año, Mommsen subió a lo más alto de la escalera que terminaba en las estanterías superiores de su biblioteca. Sacó un libro y, mientras lo hojeaba con dificultad sosteniéndolo con una sola mano, con la otra sostenía una vela que le daba la luz suficiente para poder leer. En un momento dado acercó el fuego de la vela a su blanca y profusa cabellera y esta se incendió con las consecuencias trágicas previsibles. El viejo erudito logró apagar el incendio de su cabeza, pero su rostro quedó desfigurado y padeció una serie de complicaciones lógicas dada su venerable edad. Murió diez meses después.

La moraleja más jocosa, si se nos permite, es que la lectura no siempre es un remedio para casi todo y un placer en casi todos los casos. Puede constituir una severa carga y una causa de consecuencias bastante dolorosas para el lector. Basta recordar esta anécdota o aquéllas que conciernen a la "Santa" Inquisición o a determinados tiranos y psicóticos con poder. En todo caso, el repaso de Rodríguez a los 25 bibliomaníacos tiene un efecto no del todo desagradable sobre los que amamos los libros. De alguna manera sentimos que pertenecemos a una curiosa y altamente interesante comunidad, ¿no es cierto?
"Bibliofrenia" es, en cualquier caso, un oportuno homenaje al libro de papel que además es una prueba ocasional de que los augures del fin del libro harían bien en dedicarse a otras cosas: las predicciones, profecías y vaticinios no son lo suyo (de hecho no lo son de casi nadie, aunque los horoscopianos se ganen muy bien la vida con los incautos)

FICHA

BIBLIOFRENIA.-Joaquín Rodríguez.-Ed. Melusina. -140 págs.10 euros.-ISBN 9788496614864

 

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1 septiembre 2018 6 01 /09 /septiembre /2018 08:13

Con el mismo título que el libro de  James Salter que comentamos hace poco y otro de Henry James de principios del siglo XX, "El arte de la ficción" del escritor inglés David Lodge, uno de los maestros del humor británico de la generación de finales del siglo XX, ya se le considera un clásico. Fue publicado originalmente en el 92 y aquí lo tradujo Laura Freixas en el 98 para Ediciones Península. El ejemplar que he manejado es una edición de Austral en libro de bolsillo de 2017. A diferencia del ejemplar de Península, el de Austral esta acompañado y muy bien servido por un prólogo de Eloy Tizón que pone en guardia al lector del excelente libro y autor que va a leer. El final de ese prólogo interesante dice: "Leer bien con pasión y lucidez no es muy frecuente. Por eso necesitamos a maestros como Lodge, que nos instruyan sobre el arte o la ciencia de leer". Y añade: "Con inteligencia, sin engolamientos innecesarios, este libro ilumina sobre aspectos clave del proceso de construcción de la belleza literaria, esa capaz de transmutar un puñado de piedras falsas en emoción verdadera".

La prosa clara, aguda y levemente irónica de Lodge (impregnada de un sentido del humor, a veces sorprendente, que  estimula la sonrisa y la inteligencia) se emplea a fondo en contarnos datos y profundidades de una larga serie de escritores y algunas de sus obras fundamentales. En origen esos pequeños ensayos habían sido artículos publicados en una columna semanal del suplemento de libros del "The Independent on Sunday, apliados y corregidos por Lodge para formar con ellos y algunos más este libro de nada pretenciosa crítica literaria, que se lee con placer y provecho (y donde para mayor regocijo del lector menudean las "confesiones" del mismo autor sobre sus propias experiencias creativas en  la confección de sus novelas. Los artículos van acompañado como motivo y causa de fragmentos (muy bien escogidos) de los distintos autores comentados.

Lodge logra convertir la ficción en un arte y lisa y llanamente convierte sus comentarios sobre la ficción en otro arte mayúsculo. Por tanto vemos juntos a un comentarista literario académico (es profesor de Universidad) que ejerce como novelista a la hora de contarnos cosas del oficio de otros novelistas y de él mismo sin perder la agudeza teórica de un profesor.Miel sobre hojuelas. Y así nos habla de la Austen de Emma o el Ford Madox Ford de El  buen soldado o de Forster o Waugh para ilustrar los esenciales y difíciles de lograr comienzos de una novela (que generalmente influye y no poco en el exito total del libro).

Lodge nos porpone, pues, una serie de temas básicos a través del cual desarrolla su amplio y enundioso dominio de la creación literaria, suus mecanismos y engranajes y de los elementos  y recovecos de una lectura inteligente. Así desarrolla temas como el citado "Comienzo", "El autor omnisciente" o punta de vista narrativo (con ejemplos bastante interesantes) , “La novela epistolar”, “Los cambios temporales” y “La estructura narrativa”, "El lenguaje coloquial adolestcente" (naturalmente Salinger) " El flujo de conciencia"  (Virginia Woolf" o "El monólogo interior" (Joyce, claro), "El lector en el texto" (Sterne y su Tristam Shandy)  "La prosa retórica" (Nabokov) o "La intertextualidad (Conrad), "El sentido del pasado" (Fowles) o el del futuro (Orwell), "La ironía" (Bennet) o "Lo sobrenatural" (Poe) y así hasta 50 deliciosos ensayos literarios que acaban con "El final", según Jane Austen (que como dijimos también ilustra el principio novelesco).

La nómina de autores que nos presenta Lodge se limita a escritores británicos de solera o norteamericanos como los citados juntos a Charles Dickens, Henry James, Hemingway, D. H. Lawrence. También a escritores en inglés de otras tradiciones como Kipling, Joseph Conrad, Brontë y Nabokov. Y contemporáneos como Martin Amis, Paul Auster, Kazuo Ishiguro, John Updike y Anthony Burguess, Samuel Becket. Y acaba su libro con un genial gesto de prestidigitador literario, citando la palabra "Gestalt" (nombre que se da a una determinada especialidad psicológica sujeta a una serie de reglas y a una visión crítica del arte) para definir la intencionalidad de su libro y sus límites: "Una novela es un "Gestalt", una palabra alemana...que me diccionario define como "una estructura o modelo de percepción que posee cualidades en tanto que conjunto, el cual no puede ser descrito meramente como una suma de sus partes". Lo dicho, genial.

FICHA

EL ARTE DE LA FICCIÓN.- David Losge.- Trad. Laura Freixas. E, Austral.-8,95 euros.319 págs. ISBN 0788499425771


 

 

 


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