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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 18:17

Oportunidad perdida. Y de las que hacen historia. La gestión económico-política de la pandemia nos ha burlado de una de las pocas ventajas que podía haber tenido esta desgracia de casi todos. La de obligar a las grandes fortunas a que tributen de una forma más justa y solidaria de acuerdo con sus enormes ingresos. Una de las medidas prometidas por el Gobierno de izquierdas que, una vez más, ha dejado ver sus costuras neoliberales y de servicio al capitalismo, ha sido apeada limpiamente y con cierta discreción (aunque ahora ya no se ocultan, tienen la desvergüenza de los cínicos y de los que rara vez han dado un palo por debajo de un buen sueldo o sinecura) del programa político-económico para afrontar la crisis. Como en 2008, las grandes fortunas van a salir indemnes o enriquecidas de la crisis brutal que ya tenemos encima. Perdónenme, he sido de izquierdas desde la adolescencia y padezco el síndrome de la vergüenza ajena y la decepción idealista. Que no nos vuelvan a decir que Hacienda somos todos. Ahora que somos cada vez más pobres (y hay que ceñirse más fuerte el cinturón, con la que va a caer) resulta casi una afrenta que nos digan algunas fuentes bastante fiables que hay 190.000 millones de euros en paraísos fiscales  tras una serie de empresas y millonarios españoles y como alguien calculó, el 20 por ciento de los ciudadanos más  pudientes de nuestro país paga a Hacienda el mismo porcentaje impositivo que el 20 por ciento más necesitado: así que a un mileurista con familia ese porcentaje le supone llegar a fin de mes más que justito, si llega, en tanto para el rico es más o menos lo que le cuesta una cena con la secretaria de su socio.

La señora Calviño y el PSOE a través de su ministra de Hacienda (¡hace poco hablaba en estas páginas de mi esperanza hacia un poder femenino!, libre de la ceguera que imprime la testosterona! ) juegan a favor de una España millonaria, mientras que la iniciativa de UP naufraga y la Comisión parlamentaria para la Reconstrucción subvierte sus términos y se convierte en C.P. para la Sobre-Reinstauración de las grandes fortunas, tras una crisis que a muchos les ha enriquecido más y que al resto del pueblo español lo ha empobrecido hasta límites que están por ver.

Es preciso más dinero para las arcas públicas pero, por los clavos de Cristo como diría el clásico, dejen de sacarlo de donde casi no queda, las clases medias-bajas, las Pymes, las clase bajas-media,  el funcionariado de base, las profesiones liberales y pequeños autónomos o los jubilados que parecen sufrir una modalidad estatal más lenta pero semejante a la política de exterminio de la pandemia sobre los ancianos. El impuesto a las grandes fortunas supondría una inyección de 11.000 millones de euros a la Hacienda Pública y el impacto sobre dichas fortunas no provocaría ningún menoscabo serio a su potencialidad. Por favor, dejen de decir que Hacienda somos todos. Como en la distopía de Orwell, “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”.

Hay días en los que después de leer la prensa e indagar sobre la actualidad, llego a una conclusión amarga y semejante a la que Ibsen hacía exclamar al íntegro Dr. Stockmann en “Un enemigo del pueblo”: “He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira”.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

 

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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 15:34

En psicología, uno de los índices diagnósticos que se analiza en ciertas estructuras de personalidades con características  poco o deficientemente equilibradas, es su mayor o menor tolerancia de la frustración. Es un problema complejo ya que sus elementos causales son muy variados y se les supone procedencias que tienen relación con la educación recibida, el trato familiar (de donde procede el infravalorado "aprendizaje vicario": la influencia ejemplarizadora de las creencias y comportamientos de la familia y el entorno en el individuo), la situación política del país donde vive el sujeto, las costumbres sociales, el nivel económico, la religión o la propia madurez psíquica e intelectual de la persona.

Por ejemplo a los niños menores de diez años con problemas de comportamiento  se les puede someter a un sencillo test nada invasivo: 

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23 junio 2020 2 23 /06 /junio /2020 09:46

Escribía el dramaturgo Bernard Shaw que “La libertad supone responsabilidad” y el filósofo H.G. Keyserling añadía: “La libertad y la ley sólo se mantienen en equilibro saludable cuando la libertad decide desde adentro limitarse a sí misma por la ley”. Entramos en la normalidad legal ciudadana. Pero hagámoslo con seso, con inteligencia y prudencia (para eso sirven los sesos).  Mientras, la prensa advierte de rebrotes del SARS-CoV-2 en países modélicos en la lucha antivirus: Alemania, China, Japón y Nueva Zelanda. En España, los contagios continúan al alza  con más de 50 fallecidos la pasada semana: llevamos ya más de 28.000 y superamos los 245.000 casos. Según la OMS el virus está acelerando de nuevo. El jueves hubo 150.000 contagios más en el mundo.

Se repiten por todos los medios las demandas a la responsabilidad personal. Muchas personas son conscientes de sus derechos pero parecen olvidar sus deberes y responsabilidades. Todas estas palabras se las lleva el viento. Cito un texto de un Colegio de Médicos: Queremos hacer un llamamiento al sentido común de las personas que han tomado esta libertad de movimientos como el fin de la pandemia…Infectarse con el coronavirus no es una simple gripe: después de fiebres altas, dolores de garganta y opresión en el pecho, llega lo peor, necesitas ventilación…a base de una intubación que se hace bajo anestesia general. Consiste en 2 a 3 semanas sin moverse… con un tubo en la boca hasta la tráquea, que te proporciona oxigeno a presión. No puedes hablar, ni comer, ni hacer nada. Estás sedado a causa de las molestias y el dolor…Durante el tiempo que el paciente precise la máquina para respirar debe estar en un coma inducido. En 20 días un paciente joven llega a tener una pérdida de masa muscular de un 40%, y una recuperación de 6 a 12 meses, asociada a traumatismos diversos… por esta razón las personas ancianas o frágiles no aguantan.” 

Y respecto a los jóvenes, se ha revelado una gran cantidad de asintomáticos. Si hay relajo en las medidas de distancia interpersonal y mascarillas corremos, todos, el peligro de un rebrote generalizado. Por tanto, recuerden, la falta de responsabilidad condena la libertad.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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18 junio 2020 4 18 /06 /junio /2020 09:22

Las plantas son seres vivos, sensibles e inteligentes. Lo dijo Darwin tras hablar del evolucionismo y hacer migas la prepotencia del hombre como "criatura creada y elegida por Dios como monarca absoluto de la Tierra y todo lo que el planeta contenía". A esto añadió Freud que tres hombres, entre ellos él mismo, habían casi aniquilado la soberbia humana:  Darwin que colocó al hombre como un eslabón más de la escala evolutiva de las  especies; Copérnico que anuló la presunta importancia cósmica de la Tierra, revelando que gravitaba en torno al Sol  y era un insignificante planeta;  y Freud  que aseguró que “ni siquiera conocemos nuestra propia mente  ni las causas inconscientes  de nuestro comportamiento". 

El neurobiólogo botánico Stefano Mancuso, autor de "Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal" y de "El futuro es vegetal", nos ha aportado en sus libros una visión distinta, sorprendente y revolucionaria del potencial de las plantas y sus insólitas características. Hasta el punto de que aquellos filósofos y místicos que aseguraban intuitivamente que todos los seres vivos del planeta somos parte de una entidad común que en cada uno de los géneros, humanos, animales, plantas se manifestaba de una forma diferente. La soberbia y la ignorancia humana nos situaba en la cúspide de la creación, la punta de una pirámide vital, los "reyes" de la creación y todo lo que quedaba debajo nuestro debían ser objetos y servidores de la Humanidad, todos los animales no racionales y por supuestos los minerales y los elementos, agua, tierra, fuego, aire.

Como decíamos la historia y la ciencia sobre todo, se han encargado de bajarnos los humos a esta especie nuestra tan censurable y destructiva. Desde Newton a Galileo, desde Darwin a Einstein y las nuevas posibilidades cognitivas de las tecnologías  nos va mostrando la riqueza, variedad y enormes posibilidades de aprendizaje y progreso que existen en las tan desdeñadas otras especies y reinos naturales.¿Cómo es posible que ignoremos al mundo vegetal?  Debemos amar y cuidar a las plantas no sólo por el uso y beneficio que nos dan, sino por lo que podemos aprender de ellas. Son inspiradoras para la ingeniería, la medicina, el diseño y multitud de disciplinas, ya que muchas de sus técnicas  de supervivencia adaptativa pueden ser aplicadas a nuestra especie.  Proporcionan respuesta inteligente y eficaz a multitud de problemas y enfermedades a las que podríamos vencer si estudiáramos más el mundo vegetal. Por último nos ofrecen una inmensa despensa y farmacia no sólo en la tierra sino en el fondo de los mares.La última frase del libro dice: "...no perdamos la esperanza; antes o después habrá que cultivar el mar para producir comida, es inevitable" (pág. 236)

Lo que Mancuso y otros científicos como él están dándonos a conocer sobre el supuestamente  "inerte", "explotable" y"pasivo" mundo vegetal, da un giro copernicano según mi opinión a lo que deberían ser las relaciones humanas con ese mundo del cual sabemos tan pocas cosas y cuya existencia nos trae sin cuidado excepto por el lado utilitarista de su uso y disfrute. Está demostrado que hoy en día tres especies vegetales -el trigo, el maíz y el arroz- equivalen ellas solas a casi el 60 % de las calorías consumidas por la humanidad

Simplemente lean esto: "Imaginen un invento que genera energía gracias al sol a la vez que fija emisiones de carbono; que puede autoensamblarse usando un diseño modular y replicativo; que tiene un software de inteligencia distribuida sin un órgano de control central que pueda dañarse; un aparato, finalmente, que puede replicarse a sí mismo y que si se parte sigue funcionando y genera dos unidades funcionales. Este aparato sería el sueño de cualquier ingeniero... y ya está inventado. Se llama planta y hace cientos de millones de años que crece en la Tierra creando las condiciones adecuadas para la vida que conocemos. Respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales, la cadena alimentaria y todo lo que comemos tiene su base en ellos y hasta la energía fósil de la que dependemos fue producida por las plantas hace millones de años”, afirma Mancuso. “¿Cómo es posible entonces que prestemos tan poca atención al mundo vegetal? Deberíamos fijarnos en las plantas no sólo por los servicios que nos prestan, sino también por lo que podemos imitar y aprender de ellas. Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas”, dice en una entrevista.

Y para que no tengamos dudas de esa potencia inspiradora de las plantas, incluso en el plano de la investigación espacial,  Mancuso nos habla de los "plantoides": "En vez de seguir enviando robots costosísimos, que se mueven despacio y exploran áreas pequeñas, enviaríamos miles de plantoides (prototipo de robot que copia las funciones habituales de una planta, ya en pruebas) que se propagarían por el espacio como si fueran semillas hasta cubrir una gran extensión de suelo y que, sin moverse, se comunicarían entre si y con la Tierra para ofrecernos una serie de datos sobre la composición del suelo tan cuantiosa y detallada que nos permitiría trazar mapas continentales." (pág. 48)

En el capítulo táctico y estratégico de las plantas es sorprendente lo que se nos cuenta en el capítulo dedicado al "arte de la manipulación" que las plantas emplean para utilizar a los  animales que se les acercan. Creo que, realmente, tenemos muchos que aprender de las plantas. Tomemos nota y difundamos este mensaje. 

FICHA

EL FUTURO ES VEGETAL.- Stefano Mancuso.- Galaxia Gutemberg.-237 págs.19,50 euros.-ISBN 9788417088170

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16 junio 2020 2 16 /06 /junio /2020 19:21

Hubo un tiempo en el que una parte de la Humanidad comprendió que era mejor vivir compartiendo que compitiendo, en el que la codicia dejó que prevaleciera la solidaridad y la compasión. Pero duró poco. Quizá un par de meses.  No se trataba de una revolución política, ni financiera, ni social, ni religiosa. Fue un momento mágico, imprevisible y lleno de inseguridad y temor: un virus local se extendió haciéndose global, la muerte pasó a ser un asunto que nos concernía a todos (en realidad siempre ha sido así, pero no queríamos darnos cuenta). Lo patético de la historia que les cuento es que no supimos entender que detrás del virus orgánico se hacía fuerte el virus sistémico, origen oculto del SARS-CoV-2. Ese es el culpable de que  no comprendiéramos que los verdaderos contagiados eran los negacionistas, los Trump, Bolsonaro, los chalecos amarillos italianos, los jóvenes cachorros del capitalismo salvaje que anteponen sus caprichos y diversiones a la propagación del virus, o el neoliberalismo que aspira a la dictadura del beneficio neto, que alienta el racismo, la desigualdad, la crisis económica basada en la explotación, la conversión del mundo en un panóptico digital que domine y controle a los individuos a cambio de una diaria ración de estupidez y mentiras, elaborada para ser emitida desde una omnipresente pantallita que los ciudadanos han incorporado a su persona como un miembro artificial de sus organismos. El virus sistémico no supone el fin del sistema que nos ha empujado a este caos sino su reforzamiento. Es el causante del suicidio climático, del arrase intencionado de especies de todo tipo por un beneficio calculado para ser efímero para los agentes del ecocidio y una fuente de riqueza para los pocos que controlan el mundo, una élite financiera absolutamente miope que no entiende que el agotamiento de recursos, medio ambiente y seres humanos y sociedades, es también el fin de todo su poder. En el fondo serán las últimas víctimas de un Magog creado por el hombre, un ente sistémico de perfecta eficiencia cuyo único defecto consiste en que es erróneo y por esa misma razón, letal para los humanos y para el planeta. La única razón que podría consolarnos a algunos es que este mismo planeta hermosísimo, agotado, arrasado y contaminado nos sobrevivirá. Y seguirá su larguísimo proceso vital hasta su inevitable fin que, cuando acontezca, al menos, habrán pasado eones de tiempo desde cuando se desembarazó del bichejo más cruel, magnífico, esplendoroso y destructivo que ha creado la Naturaleza: el ser humano. Para entonces todos seremos polvo y no importará mucho que volvamos a nuestro origen y nuestro destino: ser polvo de estrellas. Polvo enamorado, diría el poeta, enamorado del milagro de la Vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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14 junio 2020 7 14 /06 /junio /2020 09:57

En el año 1929, Ortega y Gasset publica “La rebelión de las masas” (recuerden que el país está, como todo occidente, bajo el influjo desastroso del crack norteamericano)  en un clima político español polarizado, inseguro, errático. En el prólogo para la edición francesa de su libro escribe “en estos días ser de la Izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Sin entrar en valorar o analizar  la  figura de Ortega en la política española de la época, he recurrido a esta frase porque refleja de manera bastante fiel el pandemónium político actual, bajo la excepcionalidad política, social y económica de la pandemia.

Se supone que estamos entrando en un cierto control sanitario de la propagación del virus, cosa que debe ser confirmada durante las próximas semanas  ante el alegre relajo de precauciones de muchos españoles. El escenario es, como mínimo, alarmante cuando no angustioso, con los nefastos fantasmas del paro, la crisis de empresas y la falta de fondos para lo más indispensable, danzando por los cielos del país.

En este cuadro bruegheliano destacan los polichinelas de la extrema derecha manifestándose en el Barrio de Salamanca de la capital y en caravanas de coches por otras ciudades, con apropiación indebida de un símbolo de todos los españoles, como es la bandera, e invadiendo las calles con ilegal contumacia. Mientras, la izquierda se atomiza por cuestiones espurias en este momento, desde la cuota de poder a los nacionalismos. La política española en general y muchos de los españoles que se decantan por el partidismo en esta revolución sistémica del Covid padecen, lo sepan o no, de la parálisis moral de la mitad de su persona. En estos momentos de crítica transición global, limitar el pensamiento y la actitud ética por un bando es padecer una hemiplejía moral idéntica a la que padecen la política y los políticos en España. Más allá de cualquier ideología hemos de pensar en la resolución de los gravísimos problemas sistémicos a los que nos ha abocado el fracaso de la falacia neoliberal y el capitalismo salvaje, unidos a la debacle ambiental y de la biodiversidad.

Apostillaba Ortega que el ser humano no debe centrar la visión de su vida o de sus actos desde la óptica de la política, sino de la filosofía, que responde a una necesidad innata de la humanidad. Quizá aquí deberíamos ser realistas y ofrecer una alternativa (también filosófica y pragmática) la del “primum vivere deinde philosophari”. Y ese vivir consiste en unirse todos los políticos en lo que ahora importa, dejando al margen por el momento, sus diferencias e intereses.

Pero esta unión coyuntural está imposibilitada por los movimientos de acaparar el poder que tienen unos y otros. Con una diferencia, las derechas (ultras y más o menos democráticas) y sus conspicuos líderes carismáticos, Trump, Bolsonaro en Brasil, Putin en Rusia, Modi en la India, Orban en Hungría, Netanyahu en Israel y tantos otros,  se comunican entre sí, forman alianzas secretas o discretas, intercambian información, técnicas y métodos más o menos inspirados por el gurú de Trump, Steve Bannon, que busca descaradamente formar una Internacional derechista, nacionalista, de inspiración judeocristiana, en torno a un modelo capitalista salvaje con disfraz neoliberal. Son los partidarios del autoritarismo y la violencia del "si no estás conmigo, estás contra mí". Mientras tanto el mundo se desboca: pandemia, crisis económica, calentamiento global, la UE en fratricida enfrentamiento, desastre medio ambiental, contaminación, brechas crecientes entre clases, razas, credos y niveles de renta...en ese escenario de inseguridad y precariedad, la derecha (corporaciones, instituciones financieras, petróleo, transportes, turismo de masas) impone sus suicidas criterios de desarrollo no sostenible  y cientos de millones de personas les rinden pleitesía. Son tantos que parece que los zarpazos del negado virus, no les hacen mella.

¿Y la progresía? Dividida hasta lo ridículo, manipulada por el Capital, errática y con una ineficacia operativa complicada por la mala conciencia histórica de la incoherencia. Creo que desde la Ilustración y los intentos frustrados de Marx, Lenin, Trotsky y Willy Brandt, la llamada "izquierda humanista" se ha diluido en la confusión de las siglas, los nombres y los caudillistas de circunstancias. No hay unidad, programa común, objetivos claros y viables...el poder y el dinero les ha corrompido por doquier.

Hay una luz de esperanza. Lejana y débil, como al principio todas las son cuando estamos rodeados de tinieblas. Se trata de la articulación de una Internacional Progresista en todo el arco político de izquierdas, partidaria de un "New Deal Global", de coordinar la cooperación internacional por medio de una política de expansión fiscal y la reactivación económica mundial, una condonación de la deuda de los países pobres, adoptar un modelo sostenible de crecimiento, mundializar la Sanidad, dedicar fondos del FMI, el BM y nacionales a promover el cambio de modelo energético (una economía de emisión O en CO2) y la preservación medioambiental . En dicha Internacional hay intelectuales como Naomi Klein o el lingüista Chomsky, políticos como el inteligente ex ministro griego, Yanis Varufakis, economistas como la hindú Jayati Gosh o la primera ministra de Islandia Katrin Jacobsduttir, entre otros, filósofos, científicos de diversas ramas, climatólogos, virólogos. La sociedad civil debería salir a la calle en su apoyo, los jóvenes con más ahínco, dado que estamos gestionando el futuro, que les pertenece a ellos más que a nosotros…Un gesto mundial de apoyo por encima de políticas, religiones y economías rapaces.

Esta Internacional Progresista podría ser la inspiradora de la unión de las izquierdas y quizá de una estratégica alianza coyuntural con la derecha más civilizada y razonable. Los momentos de vital gravedad histórica podrían posibilitar gestos políticos de gran envergadura ética. La alternativa es ominosa: volver a las situaciones bélicas y postbélicas de los 30 a los 50 del pasado siglo con su eclosión de dictaduras, genocidios, miseria y violencia. Y el círculo habitual: oligarquía, contaminación, derroche energético y destrucción del medio natural y la biodiversidad, triunfo de la privacidad carroñera en la sanidad y la tecnología hasta que el planeta, la naturaleza, diga de una vez, basta y nos envíe a los cinco jinetes del Apocalipsis del siglo XXI.  El hambre, la contaminación de agua, tierra y aire, la sequía, las catástrofes naturales y las pandemias consecutivas.

Permítanme acabar con una cita del “Fausto” de Goethe: "Merecer la libertad y la vida es algo que debe conquistarse de nuevo cada día...En esta conquista recibe la vida el sentido que sólo el hombre es capaz de darle, y en eso consiste no su felicidad, pero si la dignidad que le es característica".

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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11 junio 2020 4 11 /06 /junio /2020 09:20

Hans Rosling, ) junto a su hijo y a su nuera han escrito uno de los libros más desconcertantes de la actual sociedad consumista y tecnológicamente avanzada. Rosling, falleció recientemente debido a un cáncer de páncreas: al informarle de su enfermedad, decidió emprender el trabajo de este libro, "Fact Fulness" , expresión que podría traducirse como la plenitud de los hechos, que no llegó a ver publicado.

Rosling nos ha enseñado, entre otras cosas, algo poco  halagüeño: que no sabemos leer ni interpretar los datos y las estadísticas que tan generosamente nos proporciona nuestra avanzada cultura. Y como conclusión nos asegura, avalado por diez razones, que "estamos equivocados sobre el mundo"...ya que "las cosas están mejor de lo que piensas".

Lo que Rosling pretende es enseñarnos a valorar e interpretar los datos numéricos informativos que se nos ofrecen de manera masiva, aceptando de entrada los problemas y dificultades que el mundo tiene (sería absurdo decir que no existen), enseñándonos a asimilar de forma correcta las estadísticas (en  general padecemos "anumerismo": incapacidad para comprender las estadísticas) y la tendencia tan humana de prestar más atención a las historias dramáticas o alarmantes que a las positivas y esperanzadoras. Y así "los diez instintos que nos impiden ver el mundo objetivamente, tienen que ver con el miedo, el pesimismo, la presentación de algunos datos o hechos, muy lejos de su justa medida, la tendencia binaria a ver solo los extremos de los hechos y los sesgos educativos o ideológicos o religiosos: en diez instintos negativos, el de la separación, negatividad, línea recta, miedo, tamaño, generalización, destino, perspectiva única, culpa y urgencia.

Para empezar no se pierdan el test del comienzo que nos muestra los errores de interpretación más comunes en las que casi todo el mundo cae, incluidos expertos, universitarios y científicos. Los autores han buscado información relevante y observan con rigor y seriedad los hechos: como con los gráficos de la páginas 40 y 41,  que cambia nuestra manera de considerar el problema de la mortalidad infantil en el mundo.Desde los años sesenta hasta el momento actual las cosas han cambiado y cada vez son más los países con familias pequeñas y escasa mortalidad infantil, incluidos India y China (dos cuestiones que están muy vinculadas). 

Se nos dice que miles de millones de personas han salido de las cotas de pobreza total  que históricamente se mantenían casi inalteradas, ya que se empieza a regular que las familias tengan menos hijos, que haya más sanidad y más enseñanza, un nivel modesto de bienestar que va creciendo. Nos dejamos engañar por la común percepción (avalada por los medios de comunicación que tienden a resaltar los hechos negativos o insólitos) de que el mundo va mucho peor de que realmente es. Aún así, el mensaje del libro no es auto complaciente, se reconoce la gravedad de los problemas que debemos afrontar, reparando las deficiencias y usando los recursos científicos para mejorar la situación de los más desfavorecidos: un mundo integrado por  una de cada diez personas que deben vivir con menos de un euro al día. Sólo que hace cincuenta años, era una de cada dos. El sesgo catastrofista de los medios se puede suavizar con informaciones relevantes y  honestas. Y una mejor educación ética en la sociedad y la enseñanza, porque sí hay maneras de combatir la pobreza o de evitar las guerras, si descartamos la pasividad o el pasotismo egoísta. Las estadísticas nos confirman, según Rosling, que las cosas no van cada vez peor: hay que resaltar los progresos tanto como las medidas para sustentarlos y mantener a la gente movilizada. "Nada hay más desmotivante que la sensación de que pese a todos los esfuerzos las cosas van cada vez peor. Y nada más falso, según Rosling: las estadísticas nos dicen lo contrario. Nos pone un ejemplo de ello: se trata de los ocho objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU para los países pobres en 2015. Un número considerable de naciones han alcanzado los objetivos básicos, en torno al agua, la pobreza, la educación, años antes de lo pactado (aunque ciertamente queda mucho por hacer).

Muy razonablemente se nos demuestra que no hay una brecha entre el primer mundo y el tercero, entre ricos y pobres, sino un continuo entre los muy ricos y los muy pobres, entre los que cabe la mayor parte de la población mundial. Y así nos dice que las vallas de Ceuta no la saltan los marroquíes sino los subsaharianos. Y éstos no son precisamente los ciudadanos mas pobres de sus países respectivos.

FICHA

FACT FULNESS.- Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling.- Ed. Deusto. 345  págs. 22,50 euros. ISBN 9788423429967

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9 junio 2020 2 09 /06 /junio /2020 08:10

Dar un repasito a nuestro Baltasar Gracián de vez en cuando es tarea placentera y bastante juiciosa. Si uno le lee en clave de lo que acontece con la "desescalada" de la pandemia en España (en otros países sigue tan rutilante, como con los negacionistas brasileños y norteamericanos de Bolsonaro y Trump) y las alegrías que provoca en cierto personal las artificiales "fases" que, debería recordarse, son medidas legales y políticas (bajo presión económica) no límites sanitarios reales. Alrededor de 7 millones de contagios y 400.000 muertos en todo el mundo, dos millones de contagios en EE.UU. y creciendo, más de 100.000 muertos y 700.000 casos en Brasil con 37.000 muertos (aquí el juego político de las fases no ocultan que hemos sufrido 250.000 casos y más de 27.000 muertos). Pero en esta hecatombe que empezó hace seis meses y tres en España, lo único que hemos aprendido es a tener prisa por salir, entre acusaciones ridículas a los confinamientos y una fratricida lucha de egos y sillones entre los políticos.

Señores, el virus SARS-CoV-2 sigue siendo un letal desconocido para nosotros. No habrá una vacuna efectiva hasta fin de año (con mucha suerte) y aún no sabemos si  los que han sido inbfectados adquieren una inmunidad y si esa es temporal o permanente, ignoramos qué carga viral es precisa para provocar síntomas leves o graves, no estamos seguros si la lógica biológica de que se agrave con la edad y las dolencias previas es excluyente para otras edades y estados de salud y tampoco sabemos si los niños y los jóvenes asintomáticos contagian el virus como los adultos, y tales asintomáticos de todas las edades SI pueden contagiar, ya que por el momento ignoramos el número de asintomáticos (potenciales contagiadores) porque es imposible por el momento detectarlos y controlarlos. Se desvanece la seguridad absurda de que el calor y el verano lo frena y lo hace desaparecer. Se olvidan de que los paises cálidos del planeta también están en plena fase de contagios, como Brasil e India. Los virólogos no hacen predicciones porque no tienen ni idea de lo que hará el virus. No se sabe si mutará y mucho menos que si lo hace (costumbre habitual de los SARS) circulará en versiones menos agresivas. La inmunidad masiva por contagio es un futurible que de entrada se descarta. 

Por lo tanto, preocuparnos si debemos abrir las piscinas o no, si debemos propiciar que todo vuelva a esa "nueva normalidad" que es una necedad terminológica, que la gente pueda hacer sus sagradas vacaciones y que se trasladen masivamente a los pueblos, es comprensible desde un punto de vista económico y social, siempre manteniendo las medidas y las cautelas (como si eso fuera posible de forma mínimamente razonable)...pero no reflejamos aquello que decía Gracián: "Algunos hacen mucho caso de lo que importa poco y poco caso de lo que importa mucho". O, "La Prudencia entra con gran tiento en los grandes problemas. Con la ayuda de la Cautela va abriendo camino para pasar sin peligro" O, "Para los revenidos no hay malas contingencias, ni para los preparados hay aprietos".

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5 junio 2020 5 05 /06 /junio /2020 08:24

 

Leo una reflexión de uno de los más grandes pensadores del siglo XX, Walter Benjamín, un judío nacido en Berlín en 1892 y que se suicidó en Port Bou, en la gerundense frontera con Francia, porque temía que la policía española le entregara a los nazis o a los gendarmes franceses del régimen de Vichy, que viene a ser lo mismo. Benjamín escribió, refiriéndose a la situación precaria, carencial, amenazante e insegura en la que se vivía en esos años: “La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla es el “estado de excepción” en que vivimos…no es en absoluto lógico el asombro de los que piensan de las cosas que estamos viviendo sean “todavía” posibles en este siglo”.

En mis reflexiones me ha dejado boquiabierto la oportunidad y justeza con la que esa frase muestra la situación de los pequeños municipios rurales, como el que tengo el supuesto placer de encabezar. El estado carencial económico, de servicios, de ayudas y una gestión administrativa obligatoria con más límites que posibilidades, que padecemos todos, nos ata las manos a los que queremos hacer algo que mejore la vida de nuestros vecinos y atraiga  la atención de posibles vecinos futuros. Y esto no es un “estado de excepción” sino una regla que se eterniza a través del tiempo, sobre todo desde que la mala gestión neoliberal nacional e internacional nos lleva a todos de crisis en crisis. Estamos bajo una norma impuesta, creo recordar en el 2012,  por el ministro Montoro, servidor fiel del señor Rajoy, de triste memoria (para la sanidad, trabajadores  y  jubilados)  y que trataba por una parte de evitar supuestos abusos o irregularidades financieras en los Ayuntamientos y por otra, veladamente, de preservar los ahorros de los pequeños municipios para tener una “hucha” a la que recurrir cuando vienen mal dadas que, con semejante gestión económica nacional, se podría esperar más temprano que tarde.

Sólo nos faltaba el clarín apocalíptico del Covid19, el mismo año que el Gloria nos demostraba, para advertirnos, que éramos muy  vulnerables y que no gozamos en absoluto de posibilidades técnicas y económicas para afrontar los eventos trágicos que indirectamente nos depara la estupidez proverbial del ciudadano derrochador y rapaz del siglo XXI.

Por lo tanto, el párrafo final de la cita de Benjamín me atañe a mí personalmente (no tengo datos de otros colegas), puesto que yo sigo asombrándome que en pleno siglo XXI sean “todavía” posibles las dificultades económico-administrativas a las que nos vemos  sometidos los pequeños Ayuntamientos rurales. El techo o regla de gasto, el PEF, las condiciones de financiación, los remanentes de tesorería,  las inversiones financieramente sostenibles que no computan en la regla de gastos pero que son difíciles de sustantivar,  toda esta jerga o galimatías técnico financiero en referencia a nuestro estado municipal de cuentas, solvente,  viable y sin deudas. Lo cual no permite ni siquiera la posibilidad de hacer un parque de ejercicios saludables para ancianos que no cuesta más de 10.000 euros. Eso crea un misterio, un arcano, un enigma para un tipo como yo,  que ha vivido de las letras y los libros, que superó las asignaturas financieras y de hacienda pública de la carrera con aprobado justito y se ha dedicado desde siempre a la filosofía y la literatura. Aún así opino que esas medidas deben o anularse o flexibilizarse y alargar el plazo de la regla a una legislatura (como en otros países de la UE) y no al plazo de un año.

Aún así, no puedo evitar que, ante el anuncio de que la DPT va  a destinar dos millones de euros a las “economías municipales”, o los 1.800.000 euros destinados a carreteras, mi mente cartesiana se empeñe en temer que mi pequeño pueblo va a seguir sujeto a la regla  “excepcional” de la que hablábamos al principio de esta jeremiada. Quizá tengamos la suerte de que la DPT arregle nuestra carretera de acceso, que es como la tela de Penélope: lo que arreglan tras meses de súplicas se estropea en una noche de tormenta; que se cumplan algunos de los modestos sueños de nuestro equipo municipal, como es del dotar a los ancianos de un terreno de ejercicios o arreglar algunas calles que parecen surgidas de una novela de Ramón J. Sender  y convertirlas en vías urbanas del siglo XXI. Incluso adecentar el pequeño cementerio que corona la colina al otro lado del pueblo y llegar a verlo como un camposanto coqueto y aseado…en fin,  los dioses ayudan a los que se empeñan en ser mejores. Esperemos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Independiente. Alcalde de Torre del Compte

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4 junio 2020 4 04 /06 /junio /2020 09:21

El magnífico trabajo de Julia Boyd "Viajeros en el Tercer Reich que edita Ático de los Libros, nos muestra los testimonios de decenas de personas, escritores, artistas, poetas  que nos dan acceso a las vivencias de viajeros y turistas y estudiosos extranjeros que viajaron a Alemania en la década de los treinta del siglo XX, en pleno caldo de cultivo nazi. Algunos de ellos simpatizaban con la ideología nazi sin llegar a sospechar lo que ocultaba tras los vistosos desfiles con antorchas y banderas, las grandes autopistas que cruzaban el país, la amabilidad con los extranjeros, las bellísimas ciudades medievales y el mundo rural encantador. Otros desconfiaban y trataban de alzar el velo que suele cubrir la vida cotidiana con mil detalles banales. Pero prácticamente nadie, hasta bien entrada la década de los treinta, por mucha repugnancia que les despertara el feroz militarismo y las obcecadas consignas coreadas por miles de voces o la adoración fanática por un hombrecillo con el bigote ridículo del Charlot  de "El gran dictador" (por cierto Charles Chaplin fue, antes de filmar esa película, uno de los viajeros por la Alemania nazi y fue insultado en las calles por suponer que era judío. Así que se apresuró a salir del país: su película no se estrenaría hasta 1940) que ejercía la fascinación de la serpiente con una oratoria simple, peligrosa y populista  que apelaba a los más bajos instintos ensalzando los más descabellados sueños de grandeza.

Lo que más asombra al observador de hoy en día al leer el libro de Boyd y los complementa con "El mundo de ayer" de Zweig, "Tiempo de magos" de Wolfram Ellenberger y para mayor contraste los libros de Karl Kraus, Allan Janik y Stephen Toulmin sobre la Viena de esos años, donde se gestaba el huevo de la  serpiente nazi...lo que sorprende es la enorme ignorancia, indiferencia, optimismo irresponsable que se respiraba por doquier. Una absurda y estúpida reproducción de la inconsciencia que rodeó el estallido y el transcurso de la Primera Guerra Mundial, unos años antes.

Ese estado de ánimo confuso y superficial que se empeña en ignorar los elementos de sospecha y prevención, incluso de alarma, que cualquier observador podía ver en la sociedad alemana de esos días, en sus periódicos, en la radio, en plena calle, no tiene explicación visto desde hoy.Pero es comprensible si consideramos que el mundo estaba cansado y aterrorizado por lo que ocurrió en Europa unos años antes y se negaba a ver lo evidente, con tal de disfrutar de la apariencia de la paz, del espejismo de un futuro sin guerra y en progreso constante. Aunque también hubo miradas más sagaces y atentas. Entre los viajeros famosos estaban mentes tan lúcidas como las de Virginia Woolf, Christopher Isherwood, el embajador británico en Berlin, el erudito chino Ji Xianlin, Francis Bacon, Samuel Becket, Stephen Spender, el poeta W.H. Auden, el novelista Simenon, algunos de ellos no vieron más allá de sus deseos o convicciones previas, otros se negaron a ver lo evidente y algunos escribieron insensatas loas del hombrecillo vociferante porque había alzado el orgullo alemán de la miseria a la soberbia. El libro de Boyd nos habla de estudiantes encandilados, turistas adinerados y personas que viajaban por el país  y de pronto podían ver algo que les horrorizaba y cambiaba su visión y su estado de ánimo: una mujer macilenta, judía, entregando a su hija pequeña para que una pareja extranjera (estadounidense)  se la llevara y salvara su vida.

Es como ver que un tren lleno de tanques viene hacia tí y no te apartas porque piensas que en cualquier momento se desviará a una vía muerta y irá a detenerse pacíficamente en una estación llena de flores. ¿Era posible no entender que lo que  ocurría día tras día en las grandes ciudades alemanas o austriacas eran los primeros brotes de una locura homicida que sembraría de sangre el mundo? Sí, fue posible, al menos por algún tiempo, cuando Hitler comenzó a anexionarse los países de alrededor y la campaña antijudía tomó caracteres visibles de genocidio. Al principio, en los meses y años que describen los testigos buscados por Boyd, Berlin deslumbra por su permisividad, su cultura y su alegría vital nocturna, mientras otras grandes ciudades aún conservaba el encanto medieval y en el campo y los ríos la Naturaleza y la gente se mostraban amables y pródigas. Los detalles amargos, sucios, obscenos se consideraban un lastimoso y lamentable precio a pagar hasta que Hitler lograra afianzar su poder y aumentaran sus posibilidades económicas y financieras. El crack del 29  llevó al nazismo al poder y comenzó un despegue económico y social que atenuaba los horrores que ya se comenzaban a perpetrar contra judíos, gitanos, ciudadanos del este europeo, comunistas y cualquiera que osara levantar la voz contra el régimen. Muchos de los testimonios recogidos por Boyd ya dan noticia de arbitrariedades, violencias y medidas y comportamientos inhumanos.

Pero aún hay entre esos testimonios, y muchos debidos a personas de gran cultura y significación social o política (el mismísimo Lloyd George, primer ministro inglés, que osaba comparar a Hitler con George Washington) quienes justificaban algunos excesos por la humillación alemana causada por el Tratado de Versalles y a la consiguiente miseria de todo un país agravada por el crack del 29...y veían a Hitler como el Mesías salvador de Alemania. Aunque trataban de no juzgar los autos de fe, las quemas públicas de libros, los destrozos y desvalijamientos de las tiendas judías, las humillaciones y campos de concentración donde se internaban a los judíos y a los enemigos del régimen. La mayoría de los turistas se relajaban junto a las aguas grises del Rhin y las maravillosas colinas verde esmeralda y las azules montañas de Baviera. Muchos de esos extranjeros eran antisemitas y no les parecía escandaloso lo que ocurría y otros, como los norteamericanos, no veían mucha diferencia entre la aversión que les producía a ellos los negros en su país y la de los alemanes por los judíos.  

Leemos en el libro algunos pareceres humanamente comprensibles: muchos no creían que Hitler fuese a provocar otra guerra. No después de los horrores de la Primera, tan reciente, y del precio que tuvieron que pagar los alemanes. Y además estaba la sibilina eficacia de la propaganda nazi. Su uso de la radio y de la escenografía de las multitudes en las concentraciones nazis, de los desfiles y los uniformes, de las canciones y los himnos, del estallido de color de miles de banderas nazis hacían temblar de emoción a los más tibios, imagínense a los convencidos de que solo el autoritarismo y la disciplina militar pueden salvar al mundo de la miseria y la corrupción de las democracias (¿no les suena todo esto a tiempos, líderes y países muy cercanos?).

Para muchos de los intelectuales que visitaron Alemania ni siquiera Hitler parecía ser el horrendo carnicero ridículo que más tarde caricaturizarían sus enemigos vencedores. Gente como Virginia Woolf (su marido, Leonard era judío) el poeta T.S. Eliot, el novelista Thomas Wolfe (que juró no volver a Alemania) y otros, se mostraban disgustados o irritados ante algunas de las cosas que veían, pero ninguno de ellos tuvo (o escribió) la premonición de que se estaba acercando la guerra más dañina de la historia y mucho menos fueron capaces de percibir que la "fascinación" y el "encanto" personal del Führer era una falacia patológica. Es una ceguera tan "comprensible" como la de los millones de norteamericanos por Trump, los ingleses por Boris Johnson o los rusos por  Putin (y antes por Stalin, el "padrecito" de la nación rusa). 

Los que sí vieron la realidad y percibieron el peligro fueron pocos y sus testimonios no tuvieron casi ningún valor en el momento que se publicaron (después, sí). De ellos nos habla la autora, justamente alarmada por los paralelismo que percibe entre aquella situación y muchos aspectos de la actual política internacional (incluído el Reino Unido, su país). Pero en aquellos años, el oso nazi no había mostrado sus garras y su carácter sanguinario: Alemania era un país ideal para pasar la luna de miel, enviar a los hijos a adquirir una sólida educación cultural, los hoteles eran limpios y cómodos, el personal  educado y servicial, se celebraban los Juegos Olímpicos con una fastuosidad y eficacia sorprendentes, se podía hacer negocios con los nazis, eran serios y cumplidores. Hace falta una sensibilidad y perspicacia muy elevadas para  distinguir entre el oropel y los vítores la realidad tenebrosa que estaba tomando cuerpo. O ser judío en Alemania.

Ese es el mensaje perturbador que contiene el libro de Boyd. La autora contesta así en una entrevista a la pregunta  ¿Era fácil percibir el mal en Alemania? : “En general no. Alemania era un lugar encantador en muchos aspectos, lo que percibías dependía de las experiencias que tuvieras y también de tu bagaje ideológico. Si simplemente viajabas como turista era fácil que la gente y la propaganda te convencieran de que Hitler estaba haciendo algo bueno por Alemania, sobre todo al inicio del régimen. Luego las cosas se fueron poniendo peor, más claras, con las leyes de Núremberg o la Noche de los Cristales Rotos. Pero siempre hubo gente que no vio la maldad ni cuando les llevaron de visita a Dachau. Además, en los viajeros de clases altas, como los aristócratas británicos, el miedo al comunismo y el antisemitismo les hacían sentir afinidad con la nueva Alemania”. Una observadora tan sutil como la escritora Karen Blixen ("Memorias de África") nos deja una significativa y reveladora anécdota cuando visitó Alemania, en plena guerra, como corresponsal de varios periódicos escandinavos. En un Berlin "que había perdido su lustre", 1940, vio que se representaba "El rey Lear" de Shakespeare y se sorprendió hasta que comprendió "que la Alemania nazi se apropiaba de los grandes artistas y escritores  foráneos así como invadía los países de los demás". Y añade: "Dicen que Shakespeare en realidad es germánico debido a su poderosa humanidad; y Kierkegaard a causa de su profundidad mental; Rembrandt en su honestidad  artística y Miguel Ángel en virtud de su tamaño". Quizá parezca una anécdota banal. Pero piensen ustedes que esa supuesta infantil soberbia embaucadora es la semilla de la que nace la hambrienta necesidad nazi de ser "los mejores", sin reparar en medios, ni en éticas, ni en simple humanidad. Los mejores y los únicos. Los demás pueblos, sólo son esclavos, siervos o simples números aniquilables. Y si entre la morralla universal hay algún genio, ese tiene a la fuerza que tener raíces germánicas. La anécdota es la muestra de la falacia monstruosa del nazismo. Es llevar la raza, la supuesta nacionalidad única, a la medida de todas las cosas. Horrendo.

 

FICHA

VIAJEROS EN EL TERCER REICH.- El auge del fascismo contado por los viajeros que recorrieron la Alemania nazi.- Julia Boyd.- Trad. Claudia Casanova.- Ed. Ático de los Libros.-445 págs.- 

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