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13 agosto 2015 4 13 /08 /agosto /2015 09:02
EL AROMA DEL TIEMPO

He aquí uno de los ensayos más interesantes que he leído en el último trimestre. El autor, el sudcoreano Byung-Chul Han, nacido en Seul en 1959, ha desarrollado su vida universitaria en Alemania, país en el que brilla como uno de los especialistas más sólidos en la filosofía de Heidegger. Ejerce como profesor de Filosofía en la Universidad de Berlín y ha publicado una decena de títulos sobre la filosofía crítica aplicada a la sociedad occidental actual, sobre cuestiones como la transparencia comunicativa, el cansancio de una cultura como fórmula vital, la influencia del erotismo en la estructura psicosocial y los desafíos y fracasos de la psicopolítica.

El tiempo es una de las constantes, muchas veces conflictivas, con las que nos enfrentamos a diario. Las esrtimaciones de tiempo subjetivo, del paso acelerado del tiempo, de los estiramientos cada vez más frecuentes de las sensaciones temporales, de la visión personal de la propia existencia, van creando una telaraña de misterio y confusión sobre esa constante vital que no sabemos ni tal sólo aprender a conocer y mucho menos a controlar (ni tal vez sepamos hacerlo nunca). Vivimos dominados por la sensación de la vida se acelera, del paso vertiginoso del tiempo en espiral creciente, influidos por el tipo de vida y la presión inmediatista de las nuevas tecnologías, cuando en realidad nos dice Han, esta sensación es consecuencia de que el tiempo da tumbos sin sentido, se va produciendo -en nuetra propia vida cotidiana- una “atomización” del tiempo. Gracias a ella, nos vemos constreñidos a una secuencia atropellada de acontecimientos, fugaces, efímeros, siguiendo la feroz dinámica de los montajes cinematográficos de acción sin puntos de referencia --como en el pasado- una secuencia tremporal y estacional de acontecimientos y rituales que siempre han colocado una estructura morosa y sin cambios esenciales del tiempo que nos servía de guía.

Como dice Han, la ausencia de esos ritos, esas fechas festivas, nos convierte en meros pasajeros de un viaje cada vez más acelerado y más privado de sentido. “Cuando ya no es posible determinar qué tiene importancia, todo pierde importancia”. No existe ya esa compensación del tiempo histórico, en el que el pasado y el futuro estaban imbricados en puntos de refencia tan dúctiles pero inamovibles como las estaciones meteorológicas. El presente carece de sustancia debido a su permanente transición y cambio, todo queda prontamente obsoleto y el hombre se aturde en esa búsqueda de los nuevo e inmediato, que no tarda en tornarse vacío y desechable. Es un mundo que las seguridades y la tradición ha dejado su sitio a la información, un caudal constante, "una concentración de acontecimientos, informaciones e imágenes, que no tienen aroma, que hace imposible la demora. Ante un veloz encadenamiento de fragmentos que pasan fugaces por la retina sin lograr una atención duradera, padeciendo un envejecimiento acelerado, convirtiéndose en pasado al instante en un presente que se reduce a picos de actualidad, a un simple fenómeno temporal". Y este fenómeno nos deja llenos de inquietud, confusión y desorientación.

Dice Han: "la vida plena no puede ser sólo una enumeración de acontecimientos, la consecuencia de un “zapping” entre opciones vitales dominadas por un enorme nerviosismo". Y es que hemos peridod la facultad de percibir y apreciatr el "aroma del tiempo". Esa morosidad contemplativa que tan bien expone Proust en su "Busca del tiempo perdido". Leyendo a Proust en nuestra acelerada e insustancial época, ayuda a que el tiempo "recupere la duración, el aroma". Byung-Chul Han asevera, “lo bello no es el resplandor o la atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas”. En esta nuestra época de las prisas, debido a su sucesión cinematográfica de presentes puntuales, no nos permite ningún acceso a lo bello o lo verdadero”. Todos estamos obsesionados en "no perdernos nada" de la vida, con lo que nos abocamos a perder lo esencial de la vida, es decir a perdernos todo. "Vivir más rápido también acaba muriendo más rápido", dice, dado que “la experiencia de la duración y no el número de vivencias hace que una vida sea plena”.

Es este un libro necesario para todos los que contemplan preocupados y con desagrado cómo este tipo de vida nos hace perder el sentido esencial del tiempo. El preciso volver a aprender y ejercitar el arte de demorarse, volver a encontrar la noción del tiempo como narración, para superar la fugacidad aparente del instante y la ausencia de un ritmo, como en el pasado- que daba sentido a la vida y a la muerte . Byung-Chul Han reflexiona en este ensayo sobre la crisis temporal contemporánea, en diálogo con Nietzsche y Heidegger. Vivimos lo que Han llama una "disincronía". la atomización y dispersión temporal. "Cada instante es igual al otro y no existe ni un ritmo ni un rumbo que dé sentido a la vida. El tiempo se escapa porque nada concluye, y todo, incluido uno mismo, se experimenta como efímero y fugaz." ¿Hay solución para esta veloz marcha hacia el sinsentido? Han lo tiene claro: «la crisis temporal solo se superará en el momento en que la vita activa, en plena crisis, acoja de nuevo la vita contemplativa en su seno.»

Un libro brillante, recomendable.

FICHA

EL AROMA DEL TIEMPO (Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse´).- Byung-Chul Han.- Trad. de Paula Kuffer.- Ed. Herder.- 12 euros

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12 agosto 2015 3 12 /08 /agosto /2015 07:03
One Chance (Mi oportunidad)

La vida real del cantante galés Paul Potts ha sido llevada al cine por David Frankel (que ya demostró sus notables aptitudes hacia la comedia dramática con "El diablo viste de Prada" o "Marley y yo"). Como saben los aficionados a YouTube, el citado Potts es un individuo de aspecto sólido y modesto que canta como los ángeles y que llegó al dominio público a través de un concurso de tv. para cazar talentos artísticos. El hombre, tal como nos cuenta de una forma dinámica y a veces reiterativa o morosa la película, no era un dechado de virtudes físicas o mentales, ni siquiera de suerte o fortuna, sino un joven mediocre, humilde, empleado en una tienda de venta de móviles y acomplejado por décadas de mala suerte, tendencia a los accidentes, persecuciones dolorosas en la infancia y adolescencia, un padre negativo y hosco y, como un amanecer de esperanza, una obsesión por la ópera y el don de una voz muy por encima de buena.

Secuencias como los ataques de sus condiscípulos, la relación con su novia o las vivencias en la Escuela de canto de Venecia con la presencia de su idolotrado Pavarotti, la caída en la vulgaridad de una vida adocenada y el salto a la fama gracias al apoyo de las unicas mujeres de su vida, su madre y su esposa, estructuran una película amable, con algunos buenos momentos y un desarrollo absolutamente previsible. Frankel ha estado atento a la fuerza inspiradora de esa vida "ejemplar" de la derrota hasta el éxito, sin añadir acidez, crítica o mala uva al retrato, sino más bien emotividad, algo sensiblera, y una honestidad que resulta ingenua pero que desarma.Gran interpretación de James Corden, convincente y tan sincera y veraz como era de esperar en una producción como esta. Bien rodadas las secuencias de canto., con interpretaciones bastante notables.Un Ceniciento o Patito Feo, con todos losaditamentos para integrar un pastel agradble de degustar: un sueño casi utópico, amigos fieles y enemigos malvados, injusticias y decepciones, ilusiones y frustraciones, la chica amada al fin conseguida y un poco más tarde, tras un fracaso, el éxito y un "the end" con música de Mozart por los canales de Venecia. Bueno. Vale.

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11 agosto 2015 2 11 /08 /agosto /2015 08:53
PEREGRINOS DE LA BELLEZA

María Belmonte es vasca, antropóloga, traductora e intérprete. "Peregrinos de la belleza" es su primer libro. Esconde su edad, su estado y sus circunstancias personales, en un intrigante "vive cerca del Mediterráneo" y ofrece cuatro páginas completas de bibliografia en la que se ha basado para escribir un ensayo sobre escritores y artistas seducidos por el Mare Nostrum (al parecer como ella misma). Es un libro de "descubrimiento", pues habla de aquéllas célebres personas que se dejaron seducir por las aguas, ay, tan contaminadas hoy, de este mar mítico, pero también las sazona con sus propios "descubrimientos" de los paisajes que ellos amaron y nos refleja sus propios estados de ánimo, el proceso de seducción que ella misma vivió al revisitar los lugares de los que nos hablan otros y ella sintetiza en su libro.

Amar el Mediterráneo es amar el clasicismo, amar las cunas inmortales de una forma de entender la vida, el arte, la literatura -poesía y narrativa- y la filosofía, en las personas que fueron a descubrirlas muchos siglos después de la Edad Dorada de Gracia y la de Roma. De entrada a todo amante de los clásicos y a todos los que compartimos un mitico -a veces místico-arrobamiento por la cultura clásica mediterránea, que es el germen de la cultura occidental toda, este libro nos atrae y emociona a partes iguales (y forma parte de esta campaña que Acantilado lidera sobre libros dedicados a la Grecia clásica en todos sus órdenes y que está arrasando en las bibliotecas de los lectores apasionados por el tema).

Ahí es nada, compartir horas de lectura con Henry Miller (aun recuerdo estremecido la lectura de "El coloso de Marusi" en las playas de El Pireo o en Delfos), con mi admirado Patrick Leigh Fermor, con el epicúreo D.H. Lawrence, con Axel Munthe, cuya "Historia de San Michele" despertó en mí la frustración por no haber seguido sus pasos en la Medicina en lugar de dedicarme a otros menesteres), con Norman Lewis y sus vivencias bélicas en Nápoles o el soberbio Winckelmann que logró restaurar el amor a la cultura clásica en el siglo XVIII, o con ese pilar de la literatura del siglo XX que fue Lawrence Durrell y su imperecedero "Cuarteto de Alejandría". Es éste un libro para gozar, recordar y ansiar.

Saber que María es amiga de Dolores Payás -- cuyo librito sobre P.L.Fermor es una delicia imposible de olvidar-- ha sido la mejor carta de presentación para que procediera a una lectura atenta. Y es que, como reza la cita fragmentaria de Elliot que Belmonte pone en su presentación, esa tierra arcaica ha estado siempre, desde varios siglos antes de Cristo, "en el alma de los seres humanos". No digo más. Sólo lean este libro todos los que amen los libros de esos escritores que deambularon en distintas épocas por las tierras aledañas al mar, Italia y Grecia y a los que Belmonte dedica páginas magníficas plenas de esa nostalgia que todo lector tiene en el fondo del alma por unos lugares que enriquecieron el acervo común de la cultura occidental.

ficha

PEREGRINOS DE LA BELLEZA.- María Belmonte.-313 págs. Ed. Acantilado

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9 agosto 2015 7 09 /08 /agosto /2015 09:47
ALGUNOS AÑOS DESPUÉS

"Paseando por la infancia uno se da de bruces con la ignorancia que uno tiene sobre sí mismo", dice Jorge Wagensberg en el "prólogo-epílogo" con el que cierra su libro de memorias "Algunos años después". Perteneciente a una familia judía polaca de prósperos comerciantes, Jorge se ha convertido en una referencia del aspecto más lúdico, comunicativo y divulgativo de la ciencia en este país. Sus conocimientos de física, biología, ciencias de la naturaleza y filosofía y sobre todo su sentido lógico, su espontánea claridad y su humor le han permitido, junto con el muy judío poder de persuasión y habilidad para convencer y seducir, convertirse en una pieza muy valiosa en el engarce social de las ciencias con el público en general y los medios de comunicación.

Su libro es divertido, ocurrente y se lee con agrado. Aunque uno piense con Wallace Stegner que "el recuerdo suele ser mitad invención" y él mismo reconozca que "puestos a escribir la propia historia, la tentación de mejorarla, aunque solo sea un poco, asoma cada dos por tres", el resultado levanta sonrisas y rara vez provoca el arqueamiento de cejas de la duda.

Wagensberg nació y se crió en Barcelona con sus padres, mientras los los demás miembros de su familia desaparecían en los campos de exterminio nazis en Europa. Las memorias tiene un lejano regusto a aquellas maravillas biográficas del sefardí Elias Cannetti (nunca olvidaré mi lectura de "La lengua absuelta"), aunque estas son mucho menos dramáticas, profundas y asombrosas intelectualmente. Pero a su medida y respetando las diferencias, Wagensberg logra comunicarnos ese singular sabor judío de la familia, sus fiestas y su inteligencia. Siempre con cierto aire frívolo y divertido Wagensberg destila su época de Boccacio, su primer amor superando el paso del tiempo, la Escuela Suiza y el Liceo Francés, las clases de violín, la Universidad, las aventuras del conocimiento y la divulgación bajo la égida de La Caixa, todo trufado de reflexiones, críticas fundamentadas a las supersticiones y ciertas creencias, sentido común y goce puro y juguetón por la vida, desde la infancia de la postguerra en este país --nació en 1948-- su encuentro con la música y los deportes. Y por encima sus intentos de pensador consciente de analizar con lucidez y humor cuestiones tan peliagudas en la España de Franco como las relaciones entre religión y ciencia, la enseñanza escolar, los fanatismos, la política, las exigencias de la creatividad y el progreso y sus paradojas. Dejando caer perlas como esta: "En la escuela no debería trasmitirse creencia alguna, aunque solo sea por lo mucho que cuesta liberarse luego de ella. Trasmitir una creencia a una edad demasiado temprana es algo así como forzar un tatuaje ideológico". (pág. 35) ¿No les recuerda nada estas palabras a todos los que tienen más de 40 años? A los que superan esa edad ya no les digo nada. Esos lo han sufrido en sus carnes.

Un libro sugestivo que estimula y entretiene.

FICHA

ALGUNOS AÑOS DESPUES.- Jorge Wagensberg.- Now Books.- 219 págs.

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8 agosto 2015 6 08 /08 /agosto /2015 08:39
AFORISMOS DE WITTGENSTEIN

Este librito de los "Aforismos" de Wittgenstein me ha asombrado, no sólo porque es más fácil de entender que sus obras maestras (por algo son aforismos) sino porque he leído a un filósofo del que no me esperaba máximas éticas de tan radiante rotundidad: "Mi ideal es una cierta indiferencia. Un templo que sirva de contorno a las pasiones sin mezclarse con ellas". El hombre solitario, aislado en su propio pensamiento, difícil de entender, asocial y huraño, indiferente a todo lo que no sea su propio genio desvalido, tenía un rostro oculto donde la humanidad se vuelve gemido. Wittgenstein nació en Viena el 26 de abril de 1889, fue el más joven de ocho hijos, nacido en una de las familias más prominentes y ricas del Imperio austrohúngaro. Judíos de origen convertidos al protestantismo, y pertenecientes a las clases profesionales vienesas. El padre de Ludwig hizo su fortuna con el hierro y el acero, fue uno de los hombres más ricos de la época y buscó la protección de la Iglesia católica bautizando a sus hijos. El hermano mayor de Ludwig, Paul Wittgenstein se convirtió en un pianista de fama mundial y en los salones de la familia se recibía a los más celebres artistas de la época, como Gustav Mahler. Esa educación musical de Ludwig se reflejaría en sus estudios filosóficos. A pesar de la riqueza y brillo intelectual de la familia, tres de los cuatro hermanos varones del filósofo se quitaron la vida.

Una de las anécdotas más curiosas de una vida tan especial fue que Ludwig fue compañero de estudios de Adolf Hitler. Empezó estudios universitarios de ingeniería --incluso inventó un motor que luego influiría en el diseño de los motores de helicópteros-- pero a pesar de su brillantes se sintió atraído por la filosofía de las matemáticas entrando en contacto polémico con Bertrand Russell, rodeado por intelectuales de la categoría de George Moore o el economista John Maynard Keynes. Wittgenstein se permitía una actitud crítica y beligerante sobre la filosofía del progreso y la ciencia: "Me es indiferente que el científico occidental típico me comprenda o me valore, ya que no comprende el espíritu con el que escribo. Nuestra civilización se caracteriza por la palabra 'progreso'. El progreso es su forma, no una de sus cualidades, el progresar. Es típicamente constructiva. Su actividad estriba en construir un producto cada vez más complicado. Y aun la claridad está al servicio de este fin; no es un fin en sí. Para mí, por el contrario, la claridad, la transparencia, es un fin en sí". El mismo esquema de razonamiento que sobre la religión: "Lo que importa de una creencia religiosa es la religión y no la creencia". Y sin embargo y aquí W. me vuelve a sorprender (gratamente) añade: "Tratadas como creencias degeneradas, las religiones son un cúmulo de absurdos...pero si uno se detiene en lo mas característicos de ellas...se trata de la forma de vida por excelencia, aquella en la que el ser humano no hace pie, todo le basta o le sobra, no quedándole más que la desnudez de la propia vida". ¿Se puede expresar más bella y justamente la vida del místico?

En 1919 renunció a la parte de la fortuna familiar que había heredado cuando su padre murió. Ludwig insistió a sus hermanos que le prometieran que nunca se lo devolverían. Murió en Cambridge, en casa de su médico, el doctor Bevan, el 29 de abril de 1951, con sesenta años y pico, tras negarse a recibir tratamiento médico contra el cáncer de próstata que sufría. Hay que leer a Ludwig W. un pensador, filósofo y lingüista, considerado por algunos, como el más brillante desde Kant o Nietzsche. El libro que comento puede ser un adecuado aperitivo, ya que recoge muchos de los pensamientos que Wittgenstein dejó desperdigados y dan de forma concisa aunque pocas veces trasparente (a L.W. hay que currárselo) una idea de sus opiniones y reflexiones en filosofía, religión, política, literatura, música, pintura, cine y una gran variedad de disciplinas, con gran vitalidad, sarcasmo, ironía y vigor. Sus pensamientos parecen absolutamente actuales, aunque a veces se limiten a apuntar direcciones más que conclusiones. "En mi pensar, como en el de cualquier hombre, cuelgan los restos marchitos de mis pensamientos anteriores (ya muertos)"."Nada es tan difícil como no engañarse"."Una época entiende mal a la otra, y una época mezquina entiende mal a todas las demás en su propia y fea manera". Un libro a leer en pequeñas dosis.

FICHA

AFORISMOS.- Cultura y valor.- Ludwig Wittgenstein.- Trad. Elsa Cecilia Frost.- 164 págs.- Austral

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7 agosto 2015 5 07 /08 /agosto /2015 07:43
Misión Imposible: nación fantasma

La quinta entrega de Misión Imposible, sigue los parámetros de calidad de las anteriores, en este caso a la altura de la tercera y superior a las otras tres. Lo fundamental en la serie es provocar dos emociones básicas: el asombro ante la progresión física y tecnológica de las hazañas y la suspensión de la verosimilitud y el sentido lógico de las cosas en bien de unos guiones enrevesados que suele llevar al espectador a supuestos callejones son salida. Todas las entregas tienen un denominador común, buscar el asombro y la sorpresa del espectador cueste lo que cueste y principalmente jugando con un "gadget" de ciencia ficción: un aparato capaz de fabricar en minutos unas máscaras realistas tan absolutamente perfectas que uno diría estar ante otra persona, ayudándose con otro "gadget" consistente en una tirita puesta sobre la garganta que electrónicamente convierte la voz del personaje real en la del suplantado. Con esto se consiguen giros del guión que de otra manerar serían tan imposibles como la serie.

Así que se trata de argumentos capciosos y engañosos que se salen de la realidad. ¿Importa eso? No. Todo está tan bien contado fílmicamente (a veces algo enrevesados en cuanto a la coherencia y la lógica de lo narrado) que uno se olvida de lo inverosímil que es lo que le cuentan y, simplemente, se divierte. En esta ocasión dirige Christopher McQuarrie en una saga que ha contado con Brian de Palma, Jon Woo, J.J. Abrahams (la tercera, la mejor) y Brad Bird anteriormente. Barajamos el espectáculo visual como baza principal, desde las persecuciones hasta esa fastuosa secuencia submarina, logrando que más de dos horas parezcan treinta minutos trepidantes y sin descanso. En cuestión de los villanos de turno, Sean Harris nos regala uno a la altura del que compuso en la tercera, Philip Seymur Hoffman, uno de los más memorables de la historia de los thrillers. También la chica, Rebecca Ferguson, logra una potente indefinición, entre traidora y amante, sensual y con visos de malvada. En cuanto a los demás, empezando por Tom Cruise- el más logrado Peter Pan del cine USA- , Simon Pegg Alec Bladwin y Jeremy Renner están sumamente correctos. Lo mejor que puede decirse de MI-V es que de alguna manera revitaliza la saga. Recuerda un poco la vigencia asombrosa de James Bond.

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5 agosto 2015 3 05 /08 /agosto /2015 08:33
LA MUERTE DE VIRGINIA

"La muerte, creo, estaba siempre próxima a la superficie de la mente de Virginia, la contemplación de la muerte. Formaba parte de la profunda inestabilidad de su mente. Estaba medio enamorada de la "muerte tranquilizadora" (Pág.86). Así se expresa Leonard Woolf, marido de Virginia, recordando los últimos días de su esposa, atrapada en el horror de lo que creía un próximo desembarco nazi en Inglaterra. Woolf es un intelectual interesantísimo en el panorama intelectual y literario inglés, que parece desaparecer tras la sombra de su esposa (al menos en el mundo no anglosajón).

"La muerte de Virginia", traducida, prologada y anotada por Marta Pesarrodona hace ya algunos años, a mediados de los setenta, fue publicado por Leonard el año 1969, integrando el último volumen de la gigantesca "Autobiografía" que el polígrafo inglés escribió hasta el año de su muerte, compuesta por cinco libros de inestimable valor histórico y literario, que no han tenido versión traducida en España (animo editores). Pero el libro no es una crónica detallada del suicidio de la escritora, sino una detallada reflexión sobre los acontecimientos luctuosos en la Europa de los años treinta y cuarenta, en plena Segunda Guerra Mundial. En este inmenso fresco de horrores y actividades frenéticas de todo tipo, la muerte de Virginia es un doloroso episodio inmerso en un devenir particular y general servido por la mente juiciosa e inteligente de un observador sensible y cultivado, que elabora un retrato fidedigno y brillante de su familia y de la Inglaterra azotada por la guerra y el miedo, por la ira y la briosa defensa de todo un país ante la amenaza nazi.

El libro arranca en 1939 (Virginia muere ahogada en el río Ouse con los bolsillos del abrigo llenos de piedras en marzo de 1941) y Leonard nos habla de la conflagración mundial que está arrancando y que obliga al matrimonio Woolf a buscar refugio y acomodo de Londres a Rodmell y ya en 1940, definitivamente, en Monks House, donde los aviones alemanes pasaban por encima de sus cabezas para descargar su carga letal en Londres, rodeados de la histeria y la paranoia naturales en un estado de inseguridad, peligro y violencia. Hay gran mesura y respeto en las líneas que Leonard dedica a su esposa y a los pocos detalles de su suicidio, motivado quizá por el desolado aire de peligro e inseguridad que una presunta y posible invasión nazi causaban en la mente desequilibrada de la escritora.

Tras la muerte de Virginia, Leonard regresa a Londres para dedicarse a su labor editorial y también política, social y comunitaria en Labour y la Sociedad Fabiana y en el Tribunal de Arbitraje y la Sociedad Anglo-soviética. Una labor casi siempre gratuita en la que Woolf buscaba razones que le hicieran explicables el recurso de los países a la guerra y la posibilidad de encontrar una vía que las desterrara de la vida de los hombres. Este es uno de los elementos que desarrolla este pequeño volumen, sin olvidar las páginas en las que rememora su trabajo al frente de la editorial Hogarth Press. Leonard y Virginia Woolf dejaron un registro completo en sus cuadernos y diarios de lo que veían y leían. Sin embargo está claro a tenor de lo leído que la obra de Woolf no es un compendio de datos y cifras, sino una reflexión permanente de gran lucidez sobre su propio tiempo y sobre su propia obra, a la altura de los libros memorialistas de Montaigne y de Voltaire en la literatura francesa o la de Johnson o Pepys en la inglesa.

FICHA

LA MUERTE DE VIRGINIA.- Leonard Woolf.- Trad. de Marta Pesarrodona. Editorial Lumen.

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4 agosto 2015 2 04 /08 /agosto /2015 19:32
EN LUGAR SEGURO

~~Muy de tanto en tanto aparece uno de esos libros sobre los que el crítico no sabe muy bien qué decir. O, en realidad, tiene muy claro y siente muy profundamente lo que correspondería afirmar; pero comprende que una catarata torrencial de elogios acabaría degradando su grandeza y, por supuesto, resultando completamente inútil e imperfecta a la hora de comunicar la perfecta utilidad de una gran obra. Tal es el caso de En lugar seguro, de 1987, última novela de Wallace Stegner y -por suerte, por fin- traducida a nuestro idioma para que muchos puedan alcanzar la seguridad y el consuelo del lugar al que los invita. En lugar seguro es una obra maestra de intimismo que no por eso se priva de resonancias universales, aunque ofrezca en su centro de visión -sin distracciones ni apuro y con prosa exquisita- de uno de los paisajes más privados y desconocidos para el visitante: me refiero al paraje de cualquier pareja que no sea la propia y aquí son dos, funcionando en tándem, inseparables más allá de las distancias y las diferencias, a lo largo de varias décadas. Una verdadera y honesta y plena y pura love story que se ocupa de la búsqueda del amor y del hallazgo de la amistad así como de la sutil metamorfosis que toda relación va sufriendo y gozando más con el caminar que con el correr de los años... Por una vez, quien firma estas líneas se alegra por el poco espacio del que dispone. Cuanto menos tiempo pierdan leyéndome a mí más rápido comenzarán a leer a Stegner. Bievenidos sean a En lugar seguro

~~ “No me importa lo que especulen o las respuestas que se den. Vivimos como podemos, hacemos lo que debemos hacer, y no todo se rige por parámetros freudianos o victorianos.” En lugar seguro, Wallace Stegner En un momento dado de En lugar seguro de Wallace Stegner (Libros del Asteroide) uno de los personajes cita vagamente a Henry James: “Henry James dice en algún sitio que si tienes que tomar notas sobre cómo te ha impresionado una cosa, lo más probable es que no te haya impresionado.” Antoni Marí afirma, a su vez, en el prólogo a La figura de la alfombra del propio James (Impedimenta) que no hay ningún lenguaje capaz de hacer comprensible la verdad del arte, de exponer con conceptos sus ideas, ni de sustituir la obra por su comentario.” Cierto es -¡por suerte!, aunque ello me lleve a cuestionarme el “para qué” de este lugar- y no porque esté tarado el lenguaje por una incapacidad intrínseca o deontológica de referencia, como hace algún tiempo discutíamos por aquí a propósito de Guerra y Lenguaje de Kovacsics, sino porque por mucho que racionalicemos los logros y deméritos de esta o aquella obra de arte, en último término el arte y la literatura de verdad apelan a algo que está más allá de la razón, que es mucho más visceral y primario. Se preguntarán Vds. qué es lo que justifica tan densa y abstracta obertura. Pues bien, la secuencia que da respuesta a su pregunta es la siguiente: 1.- he leído En lugar seguro de Wallace Stegner; 2.- me ha impresionado; 3.- no sé del todo por qué. Intentaré, no obstante, aventurar unos cuantos porqués no con la intención de descifrar la clave del enorme talento de Stegner, ni mucho menos de ofrecer un pobre sucedáneo en forma de comentario o reseña -¡nada más lejos!-, sino simplemente para invitarles a leer esta redonda y rotunda historia de amistad protagonizada por dos matrimonios, los Morgan -Larry y Sally- y los Lang -Sid y Charity- durante unas cuantas décadas del pasado siglo XX. Humildes y, sobre todo, desarraigados, los Morgan llegan a Madison (Wisconsin) en plena Gran Depresión. En el mismo Departamento de Literatura que Larry trabaja Sid Lang, un carismático profesor -no tan buen académico- casado con Charity, embarazada como Sally. Pero si los Morgan son humildes y no tienen familia en que ampararse, los Lang ni siquiera necesitan trabajar para vivir y cuentan con una amplísima familia radicada en lo mejor de Vermont, Nueva Inglaterra. La simetría es absoluta y la atracción entre ambos matrimonios instantánea. Identidad y contraste. La amistad es inevitable. Y no se trata de una amistad efímera o superficial sino de la amistad por la que aboga Cicerón en su Laelius, de amicitia (22), en otros tiempos traducido por todos los estudiantes de Letras en su primer año de Universidad: “Y no hablo ahora de la común o la mediocre, aunque esta también agrada y resulta útil, sino de la auténtica y acabada, como fue la de muy pocos. Pues la amistad vuelve más espléndidas las circunstancias favorables y, las adversidades, al compartirlas, las hace más llevaderas.” He mencionado antes la simetría interna de la novela, que va mucho más allá de lo dicho, por cierto. Dicha simetría es refrendada por la estructura externa. En lugar seguro se abre y se cierra en Vermont, en el tiempo real de la narración. Entremedias, recuerdo, recuerdo y más recuerdo, de incomparable viveza y con su inevitable punto de invención, por supuesto. El recuerdo es, de hecho, el motor narrativo de la novela. Y más concretamente se trata del recuerdo de Larry, el narrador con más talento del grupo, llegado a Vermont junto con Sally para reunirse por última vez con Sid y Charity, aquejada de un cáncer terminal. Nihil novum sub sole, es cierto. La muerte de un amigo o inminencia de la misma ha sido con frecuencia detonante de este tipo de historias. Mutatis mutandis, pienso ahora en The Big Chill de Lawrence Kasdan (1983), en Los amigos de Peter de Kenneth Branagh (1992) o en Las invasiones bárbaras de Denys Arcand (2003). ¿En qué radica pues el mérito de En lugar seguro de Wallace Stegner? En su rotundidad y sinceridad, en la viveza, encanto y carisma de sus cuatro protagonistas, a los que cualquiera querría tener por amigos -y que conste que yo no tengo queja de los míos; al contrario-, en la elegancia y contención con que el autor escribe sobre uno de los mayores dones de la vida, la amistad, y, para no extenderme más, en imborrables escenas como la que cierra la historia. Pero esto es sólo lo que yo digo. Lo que Vds. deberían hacer es apresurarse a leer. Así que una vez más, corran, corran... y lean, lean... por favor

FICHA

EN LUGAR SEGURO.- Wallace Stegner.-Prologo R.Menéndez Salmón.-Trad.Fernando González.-Libros del Asteroide.-378 págs.21,97

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3 agosto 2015 1 03 /08 /agosto /2015 14:15
EL SOLDADO NICOLÁS

Nicolás Guillén, el poeta cubano escribió : "Te faltó quien viniera, soldado, y al oído te dijera: Eres esclavo, esclavo como esos bueyes gordos, ciegos, tranquilos, sordos, que pastan bajo el sol meneando el rabo. Esta paz es culpable. ¡Cuándo será que hable tu boca, y que tu rudo pecho grite, se rebele y agite!". Es un poema que parece oportuno para la novelita que acabo de leer.

Pues bien, en agosto de 1939, el soldado Nicolás, héroe indirecto de la guerra civil española, vuelve a casa herido, en silla de ruedas, con el alma destrozada y el ánimo depauperado hasta casi la inanición. En el pueblo comenzará una imposible de prever época de azares y prodigios entre el drama y la comedia de costumbres, algo que podría haber representado para el cine el gran Antonio Ozores, símbolo doliente de la España franquista desde el lado de los vencidos por la guerra y la vida.

Desde un inicio muy cinematográfico, digno de Buñuel, el soldado Nicolás entra de forma distinta en la vieja y mísera vida rural de un pueblo español, con los acordes del himno nacional y los gritos de rigor "Viva Franco, Arriba España" rodeado de uniformes falangistas, sotanas y soldados. Tiene la mente vacía por la amnesia traumática parcial y trata de irla amueblando con los datos que sus sentidos captan de su entorno. Guarda un silencio obstinado y no da señales de entender o escuchar a los que le rodean. Pero Enrique Pellejer, el autor de la novela nos ofrece el testimonio de los pensamientos de su personaje, ágiles e incisivos que siguen y describen la acción, técnica argumental, que ya fue utilizada por Dalton Trumbo en su "Johnny cogió su fusil". Por supuesto Pellejer se mantiene lejos de aquélla crítica feroz y trágica, uno de los más duros alegatos humanos contra la guerra. Lo que podía haber sido una novela intimista, terrible, dramática, lucidamente crítica en terrenos como el político, el histórico, el costumbrista, se queda en un episodio decameronesco, un Boccacio menor o un relato chusco de los "Cuentos de Canterbury" de Chaucer.

Su personaje es un joven campesino cuyos sentidos, vista, olfato, oído, gusto, no han sido dañados y puede ordenar el pequeño mundo al que regresa sin capacidad de movimiento, capturando los huidizos recuerdos y relacionándose con su entorno de una manera pasiva pero algo crítica haciéndonos partícipes de sus pensamientos. Todos los mil pequeños detalles de la vida cotidiana rural pasan por el pensamiento sencillo y vulgar del muchacho. Sin embargo la tensión se va creando a través de los incidentes eróticos que se van produciendo, hasta un final digno de un Valle Inclán pasado de rosca. Quizá la novela tenga el vuelo corto y a ras de tierra, pero tampoco el personaje da para más y el autor no entra en valoraciones o reflexiones de más profundo calado. Por lo tanto, es una novela sencilla, con un humor directo y simple, a menudo escatológico o casi pornográfico, que se lee con agrado, sin llegar a afectarnos demasiado.

FICHA

EL SOLDADO NICOLÁS.- Enrique Pellejer.- Libros Oncil.-144 págs.

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2 agosto 2015 7 02 /08 /agosto /2015 08:16
Del revés

Lo siento. Me niego a sumarme al coro entusiasta de panegíricos y encomios estratosféricos. No quiero ejercer de aguafiestas o de gruñón al estilo de "don Cicuta". "Inside Out" es una película entretenida, innovadora en cierta forma, notable en otras. Pero en absoluto una obra maestra de Pixar por encima de películas tan sobresalientes como "Up" o "Wa-llee". Se trata de una película infantil (que los niños no entenderán) con el ojo ciclópeo de la comercialidad puesto en los adultos (que babearán ante el despliegue de "cultureta psicológica") y, de refilón, con algunos guiños a los adolescentes( a los que nos les interesará, salvo cerebritos y empollones). Eso sin abundar en la paradójica enseñanza negativa que supone pensar que una niña de once años puede encontrar justificable el abandono de hogar por las causas que se ofrecen en la película, debido a la "inevitabilidad" de ceder a sus emociones más extremas

Las emociones representadas, y la lucha de ellas en las diferentes circunstancias que vive la protagonista es una clase básica de psicología evolutiva. Parece que los imaginativos cerebros de Pixar han visto la evitable serie de la 2 "La cabeza de Herman" que se pasó hace algunos años sin pena ni gloria o, la aún más antigua, serie de "El cuerpo humano" en dibujos. La idea básica es la misma aunque mucho mejor resuelta, no en vano los de Pixar suelen rozar la excelencia, aunque para mi no en este caso. El cerebro humano, esa maravilla de ingeniería genética y de eficiencia y eficacia operativa, es mucho menos determinista de lo que la imagen simplista de la película sugiere y mucho más complejo y aleatorio (aunque reconozco que no se puede pretender que se refleje esto en una película de dibujos animados). El tejemaneje de las emociones básicas, alegría, tristeza, la ira, el miedo y el asco en el cerebro de una niña de once años (olvidándose de la inteligencia, el instinto de supervivencia y los vínculos afectivos) logra crear unas situaciones que un niño demasiado consciente puede vivir como estresantes y peligrosas. Ese orden de supermercado espiritual y emocional colocado en compartimentos estancos no tiene verosimilitud alguna por lo que vamos sabiendo del cerebro humano, tan lejos de esta versión pueril, estratificada y manipuladora, amén de poco realista: creo más adecuada la visión de la psique infantil-adolescente en "Viento en las velas", "El señor de las moscas" o incluso "Guillermo Brown" o "La isla del tesoro" que en esta cinta edulcorada e intranquilizante.

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