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14 febrero 2018 3 14 /02 /febrero /2018 18:13

De vez en cuando los norteamericanos imbuidos por su manía del Readers Digest, es decir darlo todo mascado y casi digerido para no entorpecer la difícil lectura de los cautos lectores, dan con un acierto que, si logra superar las cribas de los lectores europeos desconfiados ante el "pildorismo" yanqui, sorprende un poco por superar el listón de la simple banalidad y está lejos del despropósito lleno de suficiencia de sabiduría de almanaque. Este es el caso con el irritante título del libro que hoy comento: "El libro esencial de la Loca Sabiduría", que suena a prepotente broma pesada del espiritualismo tipo supermercado que se da en ese admirable país (a pesar de todo, principalmente de su presidente). Lo cierto es que, básicamente, es un libro de divulgación filosófica con un juguetón sentido del humor y una desfachatez de lo más divertido. Prefiero no adelantarles nada sobre el  autor (un tipo que dice ser budista) y les sugiero la adquisición de este libro para utilizarlo terapéuticamente  en esas jornadas en las que todo parece ir de mal a peor. Uno de los consabidos juicios sobre el libro que los editores ponen en la contraportada (en este caso en el interior), firmados por personalidades más o menos conocidas asegura que el libro es "el eslabón perdido entre la meditación sentada y el monólogo de pie". ¡Suculento comentario! Tras leerlo, entre sonrisas y un poco de bochorno, yo creo más bien que si es el "eslabón perdido" de algo es de una reencarnación absurda de Diógenes el cínico entrecruzado con Groucho Marx.

Lo cierto es que "Scoop" -apodo profesional del autor-  no engaña a nadie. Ya su primera cita deja las cosas en su sitio: "Las cosas no son lo que parecen. Tampoco son algo distinto" (Lankavatara Sutra). Y a continuación nos espeta: "considero este libro como un excelente manual de supervivencia" (sic). Y añade:..."su mensaje (aunque muchos negarán que lo tenga) es que todos estamos juntos en este momento de la historia y que la respuesta más apropiada que podemos darnos unos a otros es la compasión y compartir la risa".

El espigado de citas es lo mejor del libro y el entramado entre ellas está lleno de humor y de sentido común, con lo que a mi entender queda justificado que no haya recomendado tirarlo directamente a la papelera (o dejarlo en un banco del parque) sino leerlo de vez en cuando, anotándose algunas de las reflexiones que nos propone. Una de las que mas me ha divertido es de Arthur Koestler y reza: "La evolución del cerebro no sólo excedió las necesidades del hombre prehistórico sino que es el único ejemplo en el que la evolución proporcionó a una especie un órgano que no  sabe cómo utilizar". Poco científico pero irónicamente brillante.

Nuestro autor no se anda con chiquitas cuando nos dice: "La loca sabiduría siempre ha sospechado que el mundo no es lo que parece ser. Los  santos y los sabios llevan siglos intentando decírnoslo a través de los lenguajes del misticismo y la poesía. Ahora los científicos contemporáneos están diciendo lo mismo en términos de física, biología y astronomía." Y como coda final para convencerles de que hagan con un ejemplar, les adjunto otra cita ajena del bueno de Scoop (que  en castellano se puede traducir "Noticia bomba", como la novela de Evelyn Waugh, un humorista inglés masculino, pese al nombre). Esta es de un maestro tibetano de meditación y dice: "Como todas las cosas no son sino una aparición, perfectas siendo lo que son, sin tener nada que ver con el bien y el mal, con la aceptación ni con el rechazo, uno puede muy bien estallar en carcajadas". Pues eso.

FICHA

EL LIBRO ESENCIAL DE LA LOCA SABIDURÍA.- Wes "Scoop" Nisker.-Trad. Blanca González.- Ed. Gaia.-217 págs.-10 €.- ISBN:9788484451921

 

 

 

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11 febrero 2018 7 11 /02 /febrero /2018 09:40

El cineasta y guionista Ari Folman y el ilustrador David Polonsky han hecho un buen trabajo. Se trataba de un reto no sólo artístico o literario sino también emocional, ya que su adaptación gráfica de El diario de Ana Frank,  un libro de un simbolismo profundo no solo para la etnia judía sino para todo el mundo civilizado que abominó de la barbarie nazi. Fue un documento estremecedor de la capacidad de supervivencia del ser humano bajo las condiciones más adversas y crueles y un testimonio enternecedor de las experiencias de una jovencita, casi una niña, bajo la inicua t sádica persecución  nazi de los judíos y los crímenes inhumanos que se cometieron en una de las épocas más aciagas de la historia europea.

El encanto del libro es considerable dada la original e inteligente y sensible personalidad de Ana, cuyo fin en el campo de Bergen-Belsen, sólo un mes antes de que fuera liberado por tropas inglesas (12 de abril de 1945), da un carácter testimonial trágico a las vivencias de la niña en "La casa de atrás", como llamaba a un anexo del edificio de la empresa del padre de Ana en Asterdam. Se trataba de una estrecha casa de dos pisos y un desván, a la que se accedía a través de una puerta secreta, oculta por una estantería en uno de los despachos de la empresa. Allí estuvieron encerrados los cuatro miembros de la familia Frank, tres de la familia Van Daan y un dentista llamado Albert Dusel.. En total ocho personas, contando tres jóvenes y cuatro adultos convivieron durante casi dos años y medio hasta que fueron delatados y detenidos por la Gestapo el 4 de agosto de 1944 y deportados a Auschwitz. Todos, excepto Otto, el padre de Ana, morirían en diversos campos. Otto Frank publicó el Diario que escribió su hija dos años después de terminar la guerra. Dado su éxito mundial, Otto creó una Fundación con fines benéficos y educativos, que lleva el nombre de su hija y es la actual propietaria de los derechos de publicación.

Los autores de esta versión gráfica (de una calidad extraordinaria) citan una frase del historiador Alvin Rosenfeld, "es muy probable que haya más gente familiarizada con la época nazi a través de la figura de Ana Frank que a través de ninguna otra figura del periodo, con la posible excepción del propio Adolf Hitler". Quizá un poco exagerado, pero bastante posible. El trabajo de Folman y Polonsky ha sido laborioso, original y muy sugestivo. Evidentemente ha habido que seleccionar y condensar el texto original con la exigencia de ser lo más fiel posible a la obra. Se trataba de combinar las anotaciones del diario para poder tocar los temas que trató Ana. Los autores han logrado secuenciar esos temas a veces de forma gráfica sencilla y abarcadora  como la página que muestra con dibujos secuenciales los problemas que causaban a la niña las comparaciones con su hermana mayor. Temas como el hambre, la figura de la señora Van Daan  o la vecindad insoportable en la habitación de Ana con el dentista Albert, los miedos y pesadillas de la niña o su imaginada "relación" sentimental con Peter, el hijo de los Van Daan. Todo ello servido con unos textos de una madurez, ternura, inteligencia crítica, impensables en una jovencita de catorce o quince años que soñaba con ser escritora y, sin sospecharlo, estaba escribiendo un libro formidable. Los autores de la novela gráfica han tenido el acierto de respetar de vez en cuando, sobre todo al final, los textos originales (en páginas donde desaparece el dibujo y queda el fragmento textual)  que muestran una calidad literaria extraordinaria 

FICHA

EL DIARIO DE ANNE FRANK.- Ari Folman y David Polonsky (guionista e ilustrador).- NOvela gráfica.-156 págs.-14,95€.-De Bolsillo.-Penguin Random House.- ISBN 9788466340564

 

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8 febrero 2018 4 08 /02 /febrero /2018 10:00

Interesante ejemplo de tratado filosófico para eruditos o profesores con párrafos brillantes e ideas como destellos, pero en general, un texto difícil, perdedor y que reclama a gritos dos o más lecturas para comprender el estilo de Colli, el gran Giorgio, que fiel a la moda de los sesenta y setenta (que casi hunden la filosofía en el purgatorio de una minoría absoluta) oscurece voluntariamente, al parecer, lo que pretende decir en una formulación críptica que recuerda al más difícil Wittgenstein y, aún más semejante a Colli, al gran Heráclito, filósofo griego arcaico, al que en su tiempo llamaban "el Oscuro".

Hay autores y pensadores que pasan totalmente inadvertidos  en su propio tiempo o quedan reducidos al ámbito más bien estrecho de lo puramente académico. Es el caso de Giorgio Colli, cuya heterodoxia tiene el efecto paradójico de volver sus trabajos interesantes en el momento actual. Me refiero concretamente  a obras que últimamente están siendo recuperadas del fondo de los años 70 y se han convertido en trabajos sugestivos para los actuales pensadores del siglo XXI.: la que comentamos, Filosofía de la expresión,  y otras de la misma época, La naturaleza ama esconderse, Después de Nietzsche  y los tres tomos de La sabiduría griega. En ellas Colli se despega de los trabajos intelectuales de su tiempo sobre la filosofía griega y busca una aproximación a la "pureza" de planteamientos de la filosofía como práctica de vida, coincidiendo con Pierre Hadot y su escuela, que han marcado la deriva que defienden pensadores de ahora como Foucault, Onfray y Sloterdijk.

Muy cerca de muchas tesis lacanianas sobre la duplicidad del lenguaje, Colli percibe cómo el logos se transforma en un discurso escrito que relativiza la realidad, que traiciona su propia esencia, instituyendo un sistema significante que se aleja de lo inmediato, del contacto con la experiencia en sí. La frase de Whitehead que la tradición filosófica europea sólo es una serie de añadido a pie de página a la obra de Platón marca los límites que Colli pretende superar y paradójicamente propone una vuelta a los orígenes, un encuentro entre la "sophia" y la "filo-sophia", entre una supuesta estructura del saber y la práctica vital de ese saber.

Leer "Filosofía de la expresión" es, al menos para este comentarista, un reto algo irritante (aunque aleccionador, todo hay que decirlo).Colli carece de esa cortesía de los genios que consiste en expresarse con claridad y sencillez. Una innecesaria complejidad expositiva vuelve árido el texto aunque en principio uno esté predispuesto a comprender y a admirar. Una admiración justificada por el prólogo encomiástico de Miguel Morey (aunque éste también menciona la "aridez especulativa" del texto o de un "deliberado feísmo" de la prosa) que ruega al lector paciencia pues es como un rito de paso a la sabiduría ya que la "dificultad es parte del juego". Admiré el rigor en la edición crítica de los textos de los presocráticos griegos y la belleza expositiva de "La Naturaleza ama esconderse" pero disiento de Morey en considerar la "Filosofía de la expresión" una obra maestra. No obstante merece el esfuerzo de la lectura en muchas ocasiones. No de la "obligatoria relectura" que preconiza su (excelente) traductor.

Un poco me recuerda la admonición que el profesor Ignacio Izuzquiza hace en su magnífica "La filosofía como forma de vida" que, aunque no es del todo aplicable a Colli sí resume de forma contundente toda una tendencia especulativa de la filosofía contemporánea: "Algunas de las contribuciones significativas de la filosofía de nuestros días resultan prácticamente ilegibles e incomprensibles. Cultivan una falsa sutileza de lenguaje y de argumentación que desemboca en una sarta de incomprensibles y crípticas afirmaciones." Me quedo con el Colli de "La naturaleza ama esconderse" y los tres excelentes  tomos comentados de "La sabiduría griega" . Mis disculpas, amigo Morey.

FICHA

Filosofía de la expresión.- Giorgio Colli.-Trad. Miguel Morey.- Ed. Siruela.-279 págs. ISBN 9788478442706

 

 

 

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6 febrero 2018 2 06 /02 /febrero /2018 10:28

Ignacio Izuzquiza, catedrático de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, ha escrito un libro complejo y sistemático con el mismo título que utilizó Pierre Hadot para el volumen dedicado a sus conversaciones filosóficas con Jeannie Carlier y Arnold I. Davidson, que editó Alpha Dekay hace unos años y que ya hemos comentado aquí junto a otros libros del gran pensador francés. Izuzquiza ha reconocido la deuda al principio de su libro, aunque no es sólo el título, también hay ecos de las reflexiones de Hadot en "La filosofía como forma de vida", editado por Síntesis en su colección dedicada a la Filosofía.

Sin embargo son dos libros radicalmente distintos. Este es el trrabajo de un filósofo en ejercicio que reflexiona en primera persona sobre la labor de filosofar, dejando respetuosamente a un lado las aportaciones de los grandes filósofos o con sucintas  referencias a tenor del pensamiento sistemático que va desgranando. Más que un volumen dedicado a la filosofía y a los filósofos es una propuesta de análisis de la propia materia del filosofar, del pensamiento esrtructurado en pos de un fin aclaratorio, examinando los problemas que plantea dicho riguroso examen de conceptos e ideas que van escalonándose en un programa que revela la urdimbre oculta de la herramienta del pensar y sus manifestaciones.

Como Izuzquiza muy bien dice: "mi ensayo incluye dos niveles de expresión: una expresión técnica que aborda problemas muy concretos que lleva mi argumentación a exponer análisis de conceptos de un modo intencionalmente elaborado, pero al mismo tiempo la consideración de una serie de temas generales que permiten conectar la filosofía con otras formas de actividad intelectual". Lo cierto es que el libro resalta algo espeso de lectura pero enormemente clarificador y sugerente. Es la obra de un filósofo crítico y lúcido que incluso se permite algunas dosis de indignación ante la praxis de determinados filósofos y las confusiones y excesos que generan (con enorme elegancia, el autor no da nombres, define tendencias). Particularmente me ha encantado una diatriba contra el ejercicio de la razón de una forma tan inicua que niega la posibilidad de una verdadera actividad racional  (págs. 154/155).

El libro se articula en cuatro capítulos: una descripción de lo que fue y es la filosofía; el segundo, muy bien estructurado, define los rasgos del filósofo; el tercero, tal vez el más complejo y laborioso defiende la necesidad de dotar a la filosofía actual de una teoría especulativa rigurosa; y el cuarto, que se ajusta al título del libro y su objetivo esencial, reivindica el valor actual de la filosofía para engranarse en las actividades del hombre del siglo XXI y cómo puede delinearse una vida orientada por la filosofía.

Es un libro excelente y de una excepcional validez para orientarse en el momento actual del apasionante mundo filosófico y ejercitarse en una práctica realmente transformadora. El lector ya informado, el amigo de la búsqueda de la sabiduría disfrutará con el "holograma de la filosofía" que nos propone el profesor Izuzquiza. Como ejemplo del rigor expositivo y la inteligencia del autor, les apunto los elementos del "mapa" de los aspectos que hay que tener en cuenta para entender la materia: 1, la seducción de lo obvio;2, la ausencia de todo objeto propio;3, la transparencia de la complejidad;4, el orgullo de la pregunta incesante; 5, el tratamiento del límite y la elaboración de un mundo elástico; 6, el trabajo de la diferencia.Si usted, amable lector, es capaz de aplicar estos puntos a lo que sabe o intuye de la filosofía, comprenderá sin más la validez especulativa y definitoria de este autor.

El lector se sentirá atraído sin remedio por la sutil lista de rasgos que definen esquemáticamente a un filósofo "como debe ser" (págs.213 y sgtes.) y por el brillante y casi místico análisis que el autor hace de la filosofía "como saber de soledades y silencios", desmenuzando esos dos conceptos en toda su enorme riqueza y las contradicciones y dificultades que comportan (págs.225 y sgtes.)

Con un estilo complejo y analítico, crítico y con ramalazos de expresiones poéticas o metáforas imaginativas, Izuzquiza acaba su libro con un epílogo y "una sonrisa irónica". Reconoce la circularidad de su empeño, "pues el silencio, la soledad y la reivindicación de una razón apasionada que guía la vida de un filósofo no es sino la conexión con ese triple espacio del que parte la filosofía: la seducción de lo obvio, la vaciedad de todo objeto propio y la reducción de la complejidad". Un ensayo "huérfano de citas eruditas que reconoce muchas influencias" que termina asegurando "la filosofía sigue siendo una bella diosa que responderá siempre con irónica sonrisa a quienes se atrevan a preguntar por su valor". Aunque, amigo Izuzquiza, será necesario algo más que sonrisas para "desasnar" a los que tienen el poder de marcar tendencias en nuestra educación secundaria y universitaria.

FICHA

LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA.- Ignacio Izuzquiza.- Editorial Síntesis.-251 págs. ISBN 9788497563413

 

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4 febrero 2018 7 04 /02 /febrero /2018 10:20

Reconozco que el género de la novela gráfica no lo conozco mucho. Hace unos días leí y escribí sobre una adaptación al cómic del libro "El Diario de Anna Frank" realizada por dos jóvenes israelíes y quedé fascinado. En esta ocasión, a pesar del renombre "undreground" del escritor Hans Fallada (curiosamente vivió la misma época y el mismo país, la Alemania nazi, que la pobre niña judía) y de la calidad indudable de la adaptación y el dibujo de Jakob Hinrichs, no me he sentido tan complacido. Supongo que a los amantes del cómic, los trazos de aparente simplicidad, las composiciones surrealistas y el soberbio -hay que reconocerlo-- uso de los colores de Hinrichs les elevará al goce expresionista más selecto.

El argumento es el relato de un viaje al infierno, un patético caer en los "paraísos" de las drogas y el alcohol. Es una historia ya muy conocida en los anales literarios, la decadencia moral, los horrores y el sufrimiento de la persona que no puede -muchas veces tampoco desea- salir del círculo demoníaco y se deja invadir por la desesperación y el deseo profundo de autodestrucción y muerte. Sin embargo no acaba de quedar clara esa rápida caída  del próspero comerciante Erwin Sommer en el infierno. El autor y dibujante Hinrichs hace una original simbiosis entre la historia ficticia del comerciante y la biografía del escritor.Fallada escribió "El bebedor" durante una estancia de desintoxicación en un hospital (antesala de otro dedicado a aplicar la "eutanasia" a borrachos y drogadictos según las ansias de "pureza" racial del III Reich).

Unos datos sobre el autor, Jakob Hinrichs (1977), estudió ilustración en la Universidad de las Artes de Berlín y completó sus estudios en la Universidad de Bilbao. Actualmente vive en Berlín y desde 2007 trabaja para medios como The New York Times, The Guardian, The Washington Post, The Wall Street Journal, Reader’s Digest o L’Express. Su primera novela gráfica fue una adaptación de Relato soñado, la novela de Arthur Schnitzler.

En cuanto a Hans Fallada, el escritor, fue un autor con bastante éxito en Alemania. Nació en 1893 en una familia burguesa de comerciantes y tuvo una vida difícil desde los comienzos ya que fue internado debido a su rebeldía y carácter violento (contra sí mismo) en instituciones psiquiátricas o prisiones. Practicó  oficios variados y ocasionales, campesino, periodista o contable, empleo éste que le llevó a la cárcel por malversación. Un posible cambio de fortuna le deparó el éxito de su novela "Pequeño hombre, ¿y ahora qué? " que incluso fue adaptada para el cine. Entonces (1933) el nazismo llegó al poder. Muchos de esos eventos biográficos los ha integrado Hinrichs en esta novela gráfica, por ejemplo el pacto suicida de Fallada con un amigo que se saldó con la muerte de éste y la culpa permanente del novelista. Fallada se negó a entrar en una institución nazi para los intelectuales y comenzó otro tipo de persecución. El escritor murió de sobredosis en 1947. No hace muchos meses pude ver en el cine una adaptación de su novela "Solo en Berlín", en la que una pareja madura cuyo hijo ha muerto en uno de los frentes abiertos por Hitler en toda Europa, le declara "su propia guerra" particular al dictador y su régimen, repartiendo por todo Berlín escritos contra los nazis y las muertes de jóvenes soldados alemanes por culpa de la locura de Hitler.

Fallada es como Zweig, Irene Nemirovsky, Joseph Roth o Sandor Marai uno de esos escritores cuyas obras toman un sesgo documental, histórico y crítico con la época en la que vivieron, cuando Europa perdió sus raíces y su elegancia para convertirse en el campo de pruebas de políticas nefastas. Curiosamente, el suicidio, directo o indirecto, fue la respuesta de la mayoría de estos escritores al final de una época brillante, la desesperanza y el surgimiento de las tinieblas.

FICHA

HANS FALLADA.-Novela gráfica de Jakob Hinrichs.- Ed. Maeva.-175 págs.- Trad.Marta Armengol.-  ISBN: 9788416690718

 

 
 

 

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2 febrero 2018 5 02 /02 /febrero /2018 07:40

John Cheever es uno de los grandes narradores que ha dado el siglo XX tan excesivo en todo lo que importa, desde el arte a la literatura, desde la maldad al belicisimo, desde las hambrunas a la ciencia o a la espiritualidad. Posiblemente sea uno de los mejores -y algo olvidados-- autores de relatos de un país pródigo en ellos, Estados Unidos. Un hombre marcado por el sello de la "diferencia" sexual en una época en la que esa característica producía sufrimiento y reprobación social. Su obra es un espejo que refleja la impotente amargura de un hombre demasiado sensible y vulnerable. Novelas, diarios y correspondencia forman un corpus coherente de una fuerza literaria singular que fue premiada con el Pullitzer y otros premios.

De Cheever recuerdo el impacto que produjo en mí la lectura de "El nadador" (hubo versión cinematográfica interpretada por Burt Lancaster) un relato en el que la acerba crítica del escritor nos pintaba el "paraíso" norteamericano de la clase media alta con un sarcasmo implacable que recordaba a la serie de "Conejo" de Updike o las obras de John Irving, Philip Roth o David Foster Wallace (aunque Cheever carece del sentido del humor cáustico de estos últimos).

Sin embargo en "Oh, esto parece el paraíso", considerada la obra testamental de Cheever (murió unos meses después de terminarla) hay un cambio de registro bastante importante, no sólo en la forma o estilo de narración, sino en el "espíritu emocional" del narrador, que parece escribir desde la paz interior, mimando sin juzgar a su protagonista, un hombre de cierta edad que trata de apurar los placeres, vigores y certezas de su juventud, pero sin la nostalgia dolorida del que no admite el final de todo. Aquí, el anciano Lemuel Sears se niega a aceptar las cosas que le disgustan (por ejemplo la  destrucción de un pequeño lago de su ciudad natal) y a dejar de intentar las que le gustan, el enamoramiento, el amor, el sexo, incluso si eso conlleva la ruptura  del algún tabú social (por ejemplo, la homosexualidad). Ese tema espinoso para nuestro autor (dada su condición de gay en una sociedad puritana) está resuelto sin recurrir a extremos como los que aparecen en otras novelas de Cheever (las dedicadas a la saga de los Wapshot), desde una vergonzante humorada hasta el rechazo interno y doloroso. Sears acepta con serenidad y sin aspavientos su historia con el joven Farragut.

Hay una placidez clásica en la historia de ese hombre viejo al que le gusta patinar sobre el lago helado de su pueblo. Y resulta estimulante ver con qué denuedo y firmeza lucha porque no conviertan su lago en un vertedero  (lo que esconde una especulación urbanística)y nos convence esa aptitud generosa del anciano hacia el amor, las mujeres y el descubrimiento de la homosexualidad. No hay nada cursi o vergonzoso en la narración. Sino, más bien, como nos anuncia la primera linea de la novela: "Esta es una historia para leer en la cama, en una vieja casa, en una noche de lluvia". Magistral. Con frases como "El y sus compañeros de patinaje parecían gozar de esa extraordinaria preocupación por la inocencia que absorbe a la gente en una playa antes de que caiga la noche".

No se trata de una dulce y nostálgica remembrabnza del pasado y el vigor de un anciano por defenderla. No. Es una historia verosímil, real y sus personajes tienen las sombras y las luces que uno espera encontrar en cualquier novela realista. Es la historia de los últimos ritos vitales de un hombre mayor, descritos con dignidad y sinceridad. Con sus últimos y casi inevitables fracasos sentimentales, el descubrimiento de otras opciones sexuales y una dura batalla legal contra los que contaminan el lago del pueblo. Pero el tono que usa Cheever es lo nuevo: hay naturalidad, aceptación y esperanza. Y en el estilo hay un sosegado lirismo. ¿No es Cheever? Si, en un Cheever que parece haber firmado la paz consigo mismo y que nos pinta un mundo duro y corrupto pero lo hace sin aspavientos, como iluminado por la misma luz que desprende el autor.

FICHA

OH, ESTO PARECE EL PARAÍSO!, John Cheever.- Trad. Maribel de Juan.- Ed. Debolsillo.-123 págs.- 9,95€,. isbn: 9788466342070


 

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30 enero 2018 2 30 /01 /enero /2018 09:59

En los años 80 del pasado siglo una escritora norteamericana de temas científicos publicó un libro, "La conspiración de Acuario" (1) que se convirtió en un best seller en una semana y se tradujo a ocho idiomas  provocando una auténtica revolución mediática. Todavía se vivía de las utopías sociales de la "revolución de las flores", la física cuántica coqueteaba con las tradiciones milenarias, la psicología profunda y la filosofía perenne triunfaban entre los intelectuales, los artistas y la sociedad culta y un nuevo sentimiento humanitario y ecológico de la presencia del ser humano en este planeta estaba cambiando costumbres y opiniones con una eficacia que no tenía parangón en la historia gracias a la globalización de los medios de comunicación que comenzaba en esa época. Desde el activismo social y la revolución de la conciencia de finales de los setenta se operaba una síntesis histórica que supuestamente cambiaria la sociedad gracias al cambio del individuo. Tras la era violenta y oscura de Piscis, llegábamos al milenio de amor y luz, la era de Acuario. El libro -un tanto utópico, pero documentado y lleno de entusiasmo-  resumía e informaba de la nueva deriva de las sociedades occidentales y anunciaba un cambio de paradigma, es decir una cultura nueva con una manera nueva de afrontar los viejos y tradicionales problemas del hombre, incluyendo una apertura valorativa a la función de la mujer en la nueva sociedad. Millones de personas anónimas, intelectuales y científicos parecían converger en actitudes vitales semejantes, eran los "conspiradores". Pero la autora advertía que "existe la posibilidad de que este vasto reajuste cultural sea asimilado, trivializado o explotado por el sistema".

Y eso fue lo que pasó, aunque no del todo, ya que el más esencial elemento del cambio, la física cuántica, prosiguió su avance en progresión geométrica, mientras que, paralelamente, la sociedad del siglo XXI, gracias a un progreso de las tecnologías y a la masificación de su acceso, algo sin precedentes en la historia de la Humanidad, comenzaba una era de cambios evidentes o sutiles que no concernían a una parte de la población sino que tenían un efecto globalizador que dejaban como algo caduco las estructuras y conceptos religiosos, económicos, políticos, filosóficos, familiares e incluso  sexuales que habían regido durante los siglos anteriores. Paralelamente estaba fortaleciéndose un nuevo paradigma científico, una nueva “conspiración de Acuario”, que afectaba a la vida entera del planeta en todos sus elementos y eso, como Kuhn advirtió en "La estructura de las revoluciones científicas" tenía un alto precio, la oposición casi siempre violenta de los partidarios del viejo paradigma. En sus aspectos sociológicos, políticos y económicos lo estamos viendo ya: resurgir violento de los nacionalismos extremos, fanatismos religiosos, terrorismo, derechas reaccionarias en los Gobiernos, lideratos neofascistas, crisis económicas, inseguridad, desmembramiento familiar, violencia indiscriminada, utilitarismo cegato en la enseñanza, desequilibro relacional, información viral en la Red, manipulaciones tecnológicas de la realidad, etc.

Sin embargo en estos momentos se está proponiendo, desde la comunidad científica, un nuevo paradigma de la ciencia y se diseña un mapa de la realidad que se ajuste a ese nuevo paradigma. Se puede considerar una respuesta al estado de cosas que hemos apuntado. Hasta qué punto este nuevo paradigma se vaya aplicando en las sociedades, está por ver, pese al parcial apoyo de la ciencia puntera, no todos los científicos están de acuerdo.  Lo que parece quedar claro es que la meditación es, entre otras, una de las posibles puertas individuales de acceso al modelo de “vibración” que se propone como base esencial  del Universo. Y ese acceso puede provocar cambios importantes de el individuo que alterarían su relación con el resto del mundo, desde los otros seres humanos con los que interacciona, en una cadena retroalimentadora, hasta el entorno que nos rodea y la Naturaleza. El científico Ervin Laszlo, es una de las personas más calificadas para encabezar la defensa de ese paradigma revolucionario. Es un viejo conocido de todos los que estudian y meditan en torno a la conciencia, un húngaro que está considerado como una autoridad mundial en la teoría general de sistemas. En sus obras nos ofrece una visión del cosmos unitaria, sin fisuras y con el fundamento en una conciencia única y coherente. A esa conciencia única se le llamó en algunas culturas milenarias, el Tao, en otras más cercanas a nosotros el Uno, los religiosos le llaman Dios, fue el "elàn vital" del filósofo francés Bergson, el impulso contra-entrópico en el universo del biólogo Driesch (que llamó "entelequia"), la "sintropía" como fuerza que subyace en le evolución de sistemas coherentes o la "sintonía" de Teilhard de Chardin, el "éter" del físico del siglo XIX Jacques Fresnel, la "dimensión oculta del Universo según Giordano Bruno. Los diferentes sistemas espirituales y autores más o menos visionarios  intuyeron ya desde hace muchos siglos una visión coherente y unitaria del universo y el individuo en sintonía con él, que la ciencia contemporánea está confirmando a través de la física cuántica.

Decenas de años de investigaciones llevaron a Lazlo en 1993 a proponer una ciencia unificada de la materia, la vida y la mente en "El cosmos creativo" (2): "Las cosas que existen y suceden en el mundo están mucho más estrechamente relacionadas de lo que es capaz de aceptar la corriente dominante de la ciencia. Hay un factor de conexión en todos los dominios de la  naturaleza, tanto el físico y el biológico como en el cognitivo". En 2008 analizaba en "El cambio cuántico" (3) las diferentes vías de contacto y posible transformación que la nueva ciencia, el paradigma emergente, podría provocar en el sistema social, geopolítico, medioambiental, tecnológico y humano individual, haciendo hincapié en una evolución desde el individuo hacia la sociedad. Transitar del mecanicismo y el materialismo científico y social hacia una visión del mundo multidisciplinar, tal como nos proponían tradiciones milenarias espirituales. Y en 2012 bautizaba ese nuevo paradigma tantas veces anunciado y demostrado,  como "Akáshico". En su libro "El paradigma akáshico" (4),  en el que sintetizaba al fin la espiritualidad con la ciencia en el concepto de "Akasha", paradigma basado en la interacción no local y la coherencia sistémica, que abraza la totalidad en la naturaleza con importantes implicaciones para la vida humana. Ya que nuestro mundo -al nivel cuántico- es un mundo entrelazado, un mundo de interacciones universales, no locales. Los antiguos "rishis" (sabios) de las tradiciones yóguicas llamaban "akasha" al "sutil  fondo en relación al que todo el universo material se hace perceptible", elemento esencial del cosmos, fundamento de los cuatro elementos básicos: agua, fuego, tierra y aire. Genera e interconecta todas las cosas y conserva la información que han generado. Es la red del mundo y su memoria. Y resume: la existencia de las cosas no es una ilusión, pero si lo es su carácter separado. Es un tipo de inteligencia total, espíritu o "programa" del mundo que lo hace inteligible y coherente.

Y, por fin, en 2016, Laszlo sugiere un nuevo mapa del cosmos y la conciencia, como resultado coherente de su recorrido intelectual, científico y vital. En "La naturaleza de la realidad" (5), Laszlo hace un compendio de conceptos científicos, filosóficos y espirituales o metafísicos que estructuran un nuevo paradigma en el que se superan las dicotomías clásicas  del cuerpo y la mente, el espíritu o la materia y el ser o la nada, el vacío, el no ser.  Todo forma parte de un ciclo infinito de existencia que se despliega más allá del espacio-tiempo.

El nuevo concepto de la realidad, bajo la óptica de los asombrosos descubrimientos de la física cuántica, percibe la interconexión de todas las cosas del universo. L a realidad fundamental no es materia, sino energía y las leyes de la naturaleza no son normas de interacción mecánica sino "algoritmos" que codifican patrones de energía en forma de onda. Y en consecuencia, los seres humanos co-evolucionamos con todas las cosas que nos rodean (tanto si no nos lo creemos o no nos gusta o no lo percibimos).  El alcance inconcebible del nuevo paradigma que nos propone la ciencia (o una parte de ella, muy osada) nos hace pensar en aquella frase de Einstein: "Hay dos maneras de vivir: como si nada fuera un milagro o como si todo fuera un milagro". De forma intuitiva, filosófica y poética durante mi larga vida he terminado creyendo -sin necesidad de que la ciencia me lo corrobore- que todo lo que me rodea, incluso yo mismo, somos "milagrosos". Y cuanto más estudio la conciencia y me acerco a la Naturaleza, esa  intuición se convierte con clara determinación en una "creencia". 

El paradigma emergente de Laszlo recoge perspectivas tan sugestivas como la teoría del holomovimiento de Davis Bohm, el modelo holográfico del cerebro de Karl Pribram, la teoría de los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake, las teorías disipativas de Ilya Prigogine y los hallazgos terapéuticos de la psicología profunda y la transpersonal...entre otras y las integra en una teoría comprehensiva del campo de información universal , una "teoría del todo", el sueño de los grandes científicos desde Einstein a Stephen Hawking (aunque éste la cuestionó tras analizar el teorema de Gödel). Para Lazlo la conciencia no es un producto neurológico del cerebro, sino una parte esencial de la existencia del universo que, simplemente, se "localiza" en cada individuo como  una manifestación más del campo de información global que es la conciencia unificada. Y ella es una inteligencia en acción que coordina los grupos de vibración que aparecen como fenómenos tipo objeto y tipo mente. Se trata de vibraciones de baja frecuencia (las de alta frecuencia son estados de alta excitación focalizada) que tienen mayor alcance y duración y permiten el contacto y la comunicación. Justamente el tipo de vibraciones que se alcanzan en estados profundos de meditación, oración, goce estético o amor incondicional.

Precisamente, en “resonancia” con el nuevo paradigma de Laszlo y otros científicos renombrados, la bioquímica Perla Kaliman nos invita en "La ciencia de la meditación" (6) a esa síntesis conceptual entre la ciencia y las llamadas técnicas espirituales, que incluyen la meditación o estado de relajación auto inducida  a través de técnicas milenarias que van desde el vedanta y el zen, las danzas sufíes mahometanas, el misticismo cristiano, el taoísmo y más recientemente las técnicas psicológicas de relajación y autocontrol,  la meditación trascendental y el mindfulness (atención plena) ya en el circuito de técnicas de salud avaladas por la ciencia. Como sabemos todas estas ramas de la ciencia se nutren de un área nueva de investigación científica, las neurociencias contemplativas, cuyos protocolos terapéuticos comienzan a utilizarse contra el estrés y la depresión, entre otras dolencias psicosomáticas en hospitales públicos y clínicas. ¿Podría considerarse un efecto más de la nueva “conspiración Acuario”?

Perla nos propone una posibilidad, científicamente contrastada, de atenuar y hasta evitar los efectos negativos acumulados en nuestro material genético a través de la meditación: “se ha descubierto que el estrés y las experiencias adversas, la calidad de nuestro entorno físico, psicológico y social,  depositan nuevas cargas de información alrededor del ADN, dando lugar a cambios estables en la actividad de los genes e influyendo en la estructura del cerebro tanto  en adultos como en niños...pues deja marcas epigenéticas en las células... y la memoria epigenética nos lleva, tarde o temprano, hacia el terreno de la salud o la enfermedad.

 El  cultivo de la plena conciencia y de las emociones positivas a través de la meditación produce "Cambios estructurales en el cerebro de meditadores expertos" y "tiene efectos protectores frente a la pérdida de masa cerebral asociada al envejecimiento" o "provoca cambios masivos en la expresión de genes". Esta científica apunta también a un cambio de paradigma psico-social que podría dar un giro a nuestra historia de deterioro y entropía humanitaria: "...muchos de estos asombrosos descubrimientos de la epigenética...demuestran que las experiencias de vida y la capacidad de gestionar el estrés y las emociones, además de dejar huellas persistentes en las células, pueden propagarse en forma de memoria molecular  en nuestros descendientes".

Esas posibilidades curativas y creativas de la meditación, un estado de conciencia profunda de baja frecuencia, conectan con las tesis de Lazlo, para quien la conciencia no es un producto neurológico del cerebro, sino una parte esencial de la existencia del universo que, simplemente, se "localiza" en cada individuo como  una manifestación más del campo de información global que es la conciencia unificada. Y ella es una inteligencia en acción que coordina los grupos de vibración que aparecen como fenómenos tipo objeto y tipo mente. Se trata de vibraciones de baja frecuencia (las de alta frecuencia son estados de alta excitación focalizada) que tienen mayor alcance y duración y permiten el contacto y la comunicación. Justamente el tipo de vibraciones que se alcanzan en estados profundos de meditación, oración, goce estético o amor incondicional.

En 2001 el físico de Cambridge Peter Rusell ya estaba coincidiendo desde otros supuestos con ese “estado de opinión” o “campo de información” que está alimentando el nuevo paradigma de Laszlo. En su libro “Ciencia, conciencia y luz” (7), Rusell sugiere que la conciencia es un elemento tan fundamental en el cosmos como el espacio, el tiempo o la materia. Para este pensador algo místico la síntesis de la realidad se alcanza a través de la meditación que nos lleva a un “universo de luz” (ya que ella está más allá del espacio y el tiempo como sugiere la teoría cuántica). Y la meditación es conciencia focalizada en la que el sistema nervioso funciona como amplificador del “campo de conciencia” universal del que nuestra conciencia individual es un brote localizado.

Como escribió el filósofo y matemático inglés Alfred North Whitehead en los años 40, “El futuro de la civilización depende, por encima de todo, de la manera en que las dos fuerzas más poderosas de la historia, la ciencia y la religión, se relacionan entre sí”. Hoy día diríamos: la ciencia y la conciencia activa reflejada en la meditación. El nuevo paradigma.

Bibliografía

1.-LA CONSPIRACIÓN DE ACUARIO.- Marilyn Ferguson.- 545 págs.- Trad. Pedro de Caso.-Kairós

2.- EL COSMOS CREATIVO.- Ervin Lazlo.-360 págs.- Trad. J.L Sanmiguel.-Kairós

3-EL CAMBIO CUÁNTICO.- Ervin Lazlo.- Trad. Migeul Portillo.-Ed. Kairós.-253 págs

4.-EL PARADIGMA AKÁSICO.-Ervin Lazlo.- Ed. Kairós.145 págs.-Trad.A. Francisco Rodriguez

5.- LA NATURALEZA DE LA REALIDAD.- Ervin Lazlo.- Kairós. 18 €.-356 páginas.-Trad. A.López y M.Tabuyo

6.-LA CIENCIA DE LA MEDITACIÓN.- Perla Kaliman.-Kairós. -142 p.-14 €

7.-CIENCIA, CONCIENCIA Y LUZ.- Peter Russell.-Trad.  Silvia Alemany.-Ed. Kairós.-128 p.

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27 enero 2018 6 27 /01 /enero /2018 09:41

"Se ruega dejar de un lado la lógica, renunciar a comprender el porqué de las cosas y...observar, temer o admirar".  Denise Desjardins, discípula del maestro en vedanta, Swami Pjajnanpad, nos aconseja una actitud taoísta como la descrita a fin de poder conectar y comprender la fuente de la acción, la energía que la permite, desde el funcionamiento de nuestro cuerpo y nuestra mente a todas las acciones que acometemos durante cada minuto de nuestra vida, incluido las etapas de sueños. No hay descanso para esta inconcebible máquina  de gran precisión que es el ser humano y todas sus acciones le conecta en una interacción constante con el entorno, con los otros seres humanos, con los objetos, los seres vivos de toda condición, vegetales, animales, una gigantesca sinfonía incesante de energía que mueve, crea, muere, se transforma.

Como dice en su libro: "un poder inconmensurable que anima las cosas, las vidas, tanto alrededor como  en nosotros, hace crecer nuestros cabellos, latir nuestro corazón, que se muevan los astros y rujan los océanos. Esa potencia nos hace actuar. Ella es, también la que nos une". Pero primero, dice Desjardins, detente y observa, trata de ser consciente de esa fuerza, ese poder, busca la cohesión interna que te permita sentirlo, luego ábrete a él sin ningún temor y fluye en la propia acción. y si es de esta forma el acto solo puede ser justo. Y para llegar a ese acto justo, dice Desjardins "que cesen nuestros combates íntimos, desprender el deseo de su ganga de miedo, desatar los nudos emocionales que detienen la abertura del corazón, la comprensión de aquellos que nos rodean...". Ya que "cuando aceptáis mental y emocionalmente de que es, disponéis de toda vuestra energía y podéis usarla  como queráis".

Si sabemos que la energía drenada por una carga emocional suscitará un acto no apropiado, también provocaremos una reacción contraria y ésta otro acto inapropiado en una cadena que suele atarnos a casi todos los humanos. Desjardins propone una ascesis emocional para transitar por el camino de la aceptación que es "un factor esencial que pemite si uno se adhiere realmente a los acontecimientos y situaciones, tener a su disposición todo su potencial energético. La no aceptación bloquea esa energía". ¿Esto no es el "wu wei" de los taoístas? ¿No es la gloriosa frase de Epicteto cuando nos aconseja : "No pidas que los cosas sucedan como deseas, sino desea que las cosas que pasan, pasen como están pasando". Y eso sirve para acontecimientos de la índole que sean o para las personas, a las que debemos apreciar como son y no como quisiéramos que fueran.

En consecuencia "respondo franco, sin rodeos, a lo que la vida pide en un momento dado. No hay motivaciones egoístas: se hace lo que debe hacerse. Nuestro ego y nuestros deseos no intervienen  en absoluto. Ni nuestros gustos." Y para preparar la acción correcta, es esencial la reflexión y la deliberación. Esa es la linea maestra: deseo, decisión y preparación. Eso nos lleva al conocimiento, "conocer es ser" dice Desjardins..  Pero después de la acción correcta uno debe "soltar la presa", es decir no vincularse personalmente al resultado. Hemos hecho lo debido, puesto ya está bien. El resultado no depende sólo de nosotros, sino de  múltiples parámetros incontrolables, por tanto hay que evitar expectativas y deseos. Será lo que tenga que ser. Para nuestra autora el secreto de la acción correcta es: "minucia en la preparación, concentración en la ejecución, libertad ante el resultado".

Un pequeño libro con varios grandes mensajes.

FICHA

PEQUEÑO TRATADO DE LA ACCIÓN.- Denise Desjardins.- Trad. Manuel Serrat.-José J. de Olañeta, editor.- 145 págs. -9 euros.- ISBN 9788497161633

 

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24 enero 2018 3 24 /01 /enero /2018 10:30

En el zen los discípulos piden a sus maestros que les done la Transmisión y emplea la fórmula, "concédeme el Ojo de Buda".  Para los budistas zen el Ojo de Buda es el de posee quien ha despertado a su verdadera naturaleza que es semejante a la de BUda el Despierto, al que nada perturba, ni lo lejano ni lo cercano, ni lo grande ni lo pequeño  y está protegido de los tres venenos: las pasiones, los deseos y la cólera.

Según Vimalakirti, el gran "bodhisattva" (hombre iluminado) "Del despertar nadie se acerca ni se aleja. NO hay distancia a recorrer. Nuestro viaje en la vida es siempre de aquí a aquí". Como todos los que frecuentan la práctica del zen, sabemos que es una práctica de una maravillosa simplicidad, no hay necesidad de hacer nada. Solo aceptarse tal y como uno es, oscuro o luminoso. De hecho, como dice Mercier en su introducción a este pequeño y maravilloso libro, no "hacemos" meditación, dejamos que la meditación se haga.

El Shobogenzo es uno de los grandes textos canónicos del budismo zen. Su autor fue Eihei Dogen (un monje japonés del siglo XIII) que introdujo el zen propiamente dicho en su país con su enfatización en el "método único" de su escuela: "solo  sentarse, abandonando cuerpo y mente". El texto, concebido como un monólogo en el que el autor nos cuenta que determinadas personas le preguntan o le hacen observaciones sobre su enseñanza y él les contesta, con un estilo metafórico, simple y directo, a veces poético y natural, guardando el principio básico de la enseñanza oral. Y así, todo el que "se deje llevar como una nube y se balancea como hace un junco" en la práctica, sin sujetarse a dogmatismos ni doctrinas (es la libertad zen, desconocida en otras disciplinas espirituales)  está en el Camino. Pero, nos advierte Dogen, no se trata sólo de leer este libro o cualquier otra obra religiosa pues "quien lee pasajes de libros religiosos mientras permanece en la oscuridad sobre su vida práctica y cotidiana de formación espiritual es como quien paga la visita del médico y se olvida de hacer lo que el médico ha prescrito, o quien se empeña en meter una clavija cuadrada en un agujero redondo" (pág. 66)

El libro está estructurado en 96 capítulos o documentos y tiene tal rigurosidad intelectual y originalidad que sigue reeditándose sin cesar desde su aparición hace 800 años. Es un clásico absolutamente recomendable, no sólo para los practicantes de zen sino para los que sienten curiosidad por esa antigua disciplina cuyos efectos físicos y mentales (y por supuesto espirituales) han sido corroborados por las neurociencias y la psicología y algunos representantes informados de las principales religiones.

EL VERDADERO OJO DE BUDA.- El Shobogenzo de Eihei Dogen.- Edición de Josep Manuel Campillo.-José J. de Olañeta Editor. -199 págs.- ISBN 9788497168984

 

 

 

 

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21 enero 2018 7 21 /01 /enero /2018 12:10

Ático de los Libros H de halcón Helen Macdonald best-seller

He aquí uno de los libros más estimulantes que he leído en los últimos tiempos. En estrecha simbiosis con "El Azor" de T.H. White, (un escritor de los años 30 que falleció en 1964 y también es autor de una veintena de buenas novelas y ensayos, entre ellos "Camelot" y "La espada en la piedra" sobre el ciclo artúrico) Helen Macdonald, en adelante E.M., ha escrito una obra de no ficción, autobiográfica, que es un reto y un regalo para dos tipos de lectores: el reto para los lectores racionales, rigurosos, ortodoxos y que aman la palabra y un regalo para los lectores variopintos que conservan cálidamente en el corazón el rescoldo de la libertad, la poesía, el amor a la naturaleza y la sospecha de que todos los seres vivos, sin importar el género, somos hijos de la misma madre y tenemos una existencia básica semejante.

"H de halcón", el lector lo descubre muy pronto, se salta a la torera todos los géneros literarios, comenzando por la estrecha relación que le une al libro de White, que se convierte en una especie de piedra de toque de lo que nos va narrando E.M. con una pasión y una fuerza tan devastadoras como sus experiencias internas, su dolor por la muerte del padre y su arriesgado reto de domar un ave rapaz (dejando aparte su admiración hacia estas aves) como una extraña y lúcida forma de expiación por "haberse permitido el error" de vivir que su padre muriera de una forma repentina. Es decir "perder" o "extraviar" su noray, su seguridad, su guía y su ternura. Y como no es ninguna ilusa, H.M., que está al tanto de todas las vías que el psicoanálisis y la psicología de apoyo ofrece para compensar la irracionalidad y el absurdo de una culpa sin causa, va haciendo un durísimo trabajo de "limpieza" interior analizando lo que hace con su azor, Mabel, en contraste con el trabajo de adiestramiento ingenuo y a veces cruel del azor, planteado por White, con su torturada historia de abusos infantiles, violencia y homosexualidad reprimida (en el polo opuesto de la historia infantil de H.M.). Y escribe: El azor era un fuego que consumía mis penas. En él no cabía arrepentimiento ni duelo. Ni pasado ni futuro. Vivía solo en el presente, y ese era mi refugio. Huía de la muerte sobre sus alas rayadas y batientes. Pero había olvidado que el acertijo que era la muerte estaba también inmerso en el azor, y que yo estaba inmersa en él.”  El azor se convertía para ella en el instrumento que le acercaría a su padre perdido que "Tenía que estar ahí fuera, en algún lugar del espeso bosque, con todo y todas las demás personas perdidas y muertas. Ahora sé lo que significaban aquellos sueños de la primavera en los que el azor atravesaba una rendija en el aire y entraba en otro mundo. Había querido volar con el azor para encontrar a mi padre, para encontrarlo y traerlo de vuelta a casa.”.

Lo primero que el lector va a valorar es la claridad, rigor, precisión, profundidad  y alcance poético de la prosa de H.M: (mis felicitaciones a Joan Eloi Roca por la soberbia traducción) y lo segundo su honestidad, valor y sensibilidad no sólo en lo que narra sino en cómo lo hace sin que suene a auto condescendencia, sentimentalismo o señuelo emocional. Gracias a la generosa amabilidad de Ático de los Libros he podido leer casi al alimón los dos libros que cito, con lo que los paralelismos, las comparaciones y el enriquecimiento mutuo han sido constantes. Aunque en el de White como dice la propia H.M. en su prólogo a "El azor", el narrador "pasa de ofrecer una confesión deplorable a un tono lírico y de este a un discurso neutro y directo de un profesor de colegio". Y su tipo de adiestramiento "era un rito de paso, la prueba que debía superar un caballero, a través de su propio sufrimiento, su paciencia y sus privaciones... adiestraría al azor de forma mágica... la experiencia fue dura para White pero mucho más dura para el azor". Ya que, el libro muestra "la lamentable incapacidad de la humanidad para concebir la naturaleza como algo más que un reflejo de nosotros mismos".

Helen Macdonald va narrando su propia, dura también, excesiva y exigente experiencia de adiestramiento de su azor y al tiempo nos habla de White y vemos cómo su comprensión y su compasión por lo que lee no alteran su decisión y sacrificios por lo que hace, consciente también de que el reto que asume es una respuesta anímica a la desolación que experimenta por la ausencia de su padre, no una terapia (para eso sería preciso otro tipo de animal), sino una valiente bajada a los infiernos de la depresión y de la muerte con el más duro y competente embajador a su lado, un ser hecho para matar. Hace falta tener mucho valor para hacer eso y pasarlo por escrito, sin perder ni un ápice de fuerza narrativa, sentido del ritmo emocional y una serie de comparaciones, metáforas e imágenes poéticas que sorprenden por lo atinadas, sencillas y precisas (a veces parecen haikus sacados del zen japonés).

Los amantes de la montañas y los campos, de la Naturaleza, arboles, flores, animales, encontrarán una fuente continua de sorpresas en este libro que rezuma conocimientos y sensibilidad. L a autora nos brinda descripciones de un paisaje --inglés en este caso-- que evoca las pinturas clásicas del siglo XVII o XVIII y las carga de un componente emotivo que parece simboliza el vuelo veloz, rasante y mortífero de su azor. Por eso hay momentos donde esa rabia desatada, esa punzante fiereza parece que se vuelvan contra sí misma y se crea una identidad común, una resonancia salvaje entre la mujer y el ave (la autora confiesa en algunos momentos que se siente "fuera" de la raza humana, una extraña en su propio mundo) una especie de "amor" que parece rebasar los límites de la razón. "Cazar con el azor me había empujado al límite de lo que es ser humana. Y luego me llevó más allá  de ese lugar (pág. 228).  Pero H.M. cuida como en su ave, que no se rompan en su narración los límites del "peso de vuelo" (la medida que hace óptimo el vuelo del azor, no estar demasiado alimentado). Por eso su libro no padece ninguno de los excesos que podrían producirse dados el tema y la emotividad de los diferentes surcos que se entrecruzan en él, la pérdida del padre y el dolor, la dureza del adiestramiento, la presencia continua del "ejemplo" del fracaso de White, los sentimientos y emociones de Helen, la idiosincrasia salvaje de Mabel, el entorno y sus condicionantes, el clima, las otras personas que interactúan...

Aunque la autora nos advierte: "este libro que lees es mi historia. No es una biografía de T.S. White. Pero él es parte de mi historia porque estaba ahí...mientras adiestraba a mi ave..." Y más adelante: "Mis motivos eran distintos a los de White, pero recorrimos el mismo camino". Como dice en la pág. 285,"El diario de la guerra que White perdió ante su azor, Gos, no es sólo sobre el ave, subyace el texto una corriente hecha de historia,  y sexo, e infancia y paisaje y maestría y medievalismo y guerra y enseñanza y aprendizaje y amor". Pues bien son los parámetros y el estilo lo que cambia en ambos autores, pero toda esa corriente citada por Helen es exactamente la misma en los dos.

Por cierto, no acabo de entender el por qué del título "H de halcón" ya que excepto en dos o tres ocasiones que parecen más descuidos que otra cosa, la autora habla constantemente de los azores e incluso establece diferencias claras de comportamiento entre las dos aves rapaces. ¿Estrategia comercial?

Como despedida, déjenme citar un extenso un párrafo de este libro magnífico, justo en el momento en que Helen ve por primera vez al azor que le trae el cetrero que se lo vende:

“Es un truco de magia. Un reptil. Un ángel caído. Un grifo sacado de las páginas de un bestiario medieval iluminado. Algo resplandeciente y lejano, como oro hundiéndose en el agua. Una marioneta rota de alas, patas y plumas empapadas de luz. Lleva pihuelas, y el hombre las tiene sujetas. Durante un horrible y largo momento está colgada boca abajo, con las alas abiertas, como un pavo en una carnicería, solo que tiene la cabeza vuelta hacia arriba y está viendo más de lo que ha visto en toda su corta existencia. Su mundo era su criadero, que no era mayor que el salón de una casa. Y luego fue una caja. Pero ahora es esto; y puede verlo todo; la fuente de la luz que reflejan las olas, un cormorán que se sumerge a unos cien metros; motas de pigmento encerado en las filas de coches aparcados; colinas lejanas y los brezos que las cubren y kilómetros y kilómetros de cielo, donde el sol se alza sobre polvo y agua y transitan formas ilegibles que son restos blancos de gaviotas. Todo boca abajo y recién estampado en su totalmente conmocionado cerebro.”

 

 

FICHAS

H DE HALCÓN.- Helen Macdonald.-Traductor: Joan Eloi Roca.- Ed. Ático de los Libros.-Páginas: 352.-ISBN: 978-84-16222-61-2

EL AZOR.- T.H.White.-Trad. Javier Revello.-208 p.Ed. Ático de los libros.-ISBN 9788416222155

 

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