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9 noviembre 2017 4 09 /11 /noviembre /2017 09:46

Junichiro Tanizaki (muerto en 1965 con ochenta años) ha sido uno de los escritores japoneses que más han intentado  preservar la cultura japonesa frente a la occidentalización en la primera mitad del siglo XX (que hoy se considera una postura tangencialmente opuesta a la línea algo excesiva de Murakami). En España se conocen casi todas sus novelas, como "Diario de un viejo loco" o "La llave" pero es justamente esta pequeña joya que hoy comentamos la que le ha dado más fama entre los aficionados a la literatura, el arte y la filosofía de su país y especialmente los adeptos a una disciplina espiritual bien conocida en todo el mundo, todo lo relacionado con  el arte y la creatividad zen.

Al "horror vacui" de la cultura occidental Tanizaki contrapone la concepción espiritual y estética del vacío oriental, la pasión por el detalle enmarcado en el fondo vacío y neutro, profundamente creativo. Es la vuelta a la Nada heraclitiana en versión japonesa, un estado donde todo es posible y donde se despierta el ser y la belleza, el silencio y la sombra.

Tanizaki confesó su admiración por Oscar Wilde y su esteticismo elegante y algo barroco. Resulta contradictorio mostrar el dandismo wildeano junto a la simple, sencilla y al tiempo compleja estética zen, pero Tanizaki logra que nos sintamos cómodos. No hay oposición, hay aceptación de la diversidad. Y un mismo objeto del deseo, la belleza en su multiplicidad. Y para lograr que el lector se acerque a esa sensibilidad nutricia, Tanizaki consigue transmitirnos sensaciones, evocaciones de sosiego, arrobo y paz, como cuando nos habla del excusado japonés, ese lugar secreto e íntimo donde el ser  humano esconde sus desechos. El lector occidental queda sorprendido pero también fascinado. Através de una descripción contemplativa Tanizaki nos propone un ejercicio: una sutil comparación sin juicios valorativos, con un cierto  pragmatismo, de las formas y modos como se desenvuelve la arquitectura hogareña japonesa, apreciando los logros técnicos occidentales pero destacando la maravillosa simplicidad de la belleza que la tradición japonesa ha dado a los mismos elementos, ya sea un cuarto de baño, un excusado, las paredes (los  shoji o paneles móviles  realizados con papel de arroz para tamizar la luz) o los suelos, los jardines o ese rincón sin luces artificiales (el toko no ma) donde reposa un objeto o un grabado en la penumbra con el toque asombroso de una flor.

Siguiendo los principios estéticos y filosóficos de la irregularidad, la simplicidad, la caducidad y la habilidad de sugerencia, Tanizaki nos habla de la escritura y la ductilidad de la tinta china y el rasgueo leve del pincel sobre la rugosidad del papel, la belleza efímera de flores, el cuidado exquisito en los detalles de las plantas, los objetos hermosos como testigos de la caducidad, cuidados pero respetados, evitando los brillos excesivos, la frialdad y altivez de la joya, las pequeñas imperfecciones que valoran al objeto puestos que son la huella de los "efectos del tiempo". Todo limpio pero tamizado por una luz suave, nunca estridente, sujetos a su propia sombra. Asevera Tanizaki: "Un cofre, una bandeja de mesa baja, un anaquel de laca decorados con oro molido, pueden parecer llamativos, chillones, incluso vulgares; pero hagamos el siguiente experimento: dejemos el espacio que los rodea en una completa oscuridad, luego sustituyamos la luz solar o eléctrica por la luz de una única lámpara de aceite o de una vela, y veremos inmediatamente que esos llamativos objetos cobran profundidad, sobriedad y densidad". Y más tarde nos dice que "la belleza pierde toda su existencia si se  suprimen los  efectos de la sombra".

Tanizaki considera lo bello no como una sustancia en sí, un objeto, un efecto, sino el resultado de un juego de claroscuros en los que las sombras juegan un papel evocador y misterioso, incluso tranquilizador. Una lectura,  en suma, relajante y evocativa.

 FICHA

El elogio de la sombra.- Junichirô Tanizaki.-Traductora: Julia Escobar.-Editorial Siruela. Biblioteca de Ensayo. 96 págs. ISBN: 9788478442584
 

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5 noviembre 2017 7 05 /11 /noviembre /2017 09:30

Edna O'Brien es una de los más interesantes narradores -mantengo la no concordancia de género a propósito, para mí no hay diferencia entre ser narrador o narradora-  que produce generosamente Irlanda: Hay quien la compara con Joyce pero me parece una comparación hiperbólica e innecesaria. No aumenta la excelencia de la O'Brien aunque tampoco  disminuya la del intocable Joyce. Es como comparar manzanas con peras. Esta escritora intimista, crítica, dura y emocionante sólo comparte con Joyce su visión amarga, entrañable y virulenta de Irlanda  y su absoluto desdén y rencor hacia el catolicismo ultra que se vivió en ese país  (creo que hoy en día, inevitablemente, las cuestiones religiosas están cambiando bastante radicalmente en Irlanda, como en otros feudos de la Iglesia católica).

El lugar pagano es una parcela de terreno salvaje cercano a la casa familiar de la narradora en la Irlanda rural, que escribe sus recuerdos de infancia empleando un monólogo supuestamente dedicado a alguien muy próximo: "Era un lugar pagano y circular... rodeado por una fortaleza de árboles...allí habían celebrado sus ritos los druidas, mucho antes de que nacieran tu madre o tu padre...o cualquiera otra existencia que tú conocieras" (pág. 16). 

Transcurre los años treinta y cuarenta del pasado siglo, con referencias sesgadas a la gran Guerra que se acercaba (en la que Irlanda se dividió emocional y políticamente, ya que había simpatizantes de los nazis y el fascismo, no por sí mismos, sino como rechazo a los ingleses que sometían Irlanda a un duro régimen de represión contra sus afanes de independencia). Y a ese clima escindido había que unir la no menos cerril represión social de la Iglesia católica. O´Brien vuelve a impregnar su narración de aromas autobiográficos, como ya hizo en su trilogía sobre la iniciación al mundo de dos jóvenes irlandesas: "Las chicas de campo", "La chica de ojos verdes" y "Chicas felizmente casadas".

No suena a Joyce (tan resabiado y sardónico), la voz ingenua y levemente irónica pero profundamente realista aunque ecuánime (no hay juicios de valor ni críticas a situaciones aberrantes, sino que se ofrecen --y ahí está el acierto- los datos y descripciones objetivas de lo que ocurre con la supuesta "ingenuidad" del "así son las cosas". Más que a ese genio literario O’Brien nos recuerda  a otro genio literario, norteamericano, William Faulkner. Como en éste, la voz de la narradora va haciendo mella en el lector, persistente, observadora, exacta, algo sarcástica, acaba por provocar e irritar, sin dejar de seducir. La profunda habilidad narrativa de la escritora imprime a la voz de la narradora una naturalidad, una simpleza aparente y una desenvoltura que “suena” a la  tradicional oralidad de los clásicos. No en vano ese "aedo" femenino tiene la virtud del ritmo y logra que la sucesión impactante de anécdotas y sucesos mantenga en vilo al lector que se conmueve con la dureza emocional de la historia.

La novela nos habla de la infancia, el inicio de la pubertad y la adolescencia de la narradora. Los cambios físicos y psicológicos de la muchacha revierten en los ambientes  familiares y sociales, desde el hogar y el pueblo vistos con ojos infantiles, a la gran ciudad y los dramáticos eventos que marcan a la familia, en la segunda parte y en la tercera, de nuevo el sofocante pueblo, con la relación de la protagonista, adolescente, con un joven sacerdote inmoral --la escena de la brutal seducción, a partir del pág.218, es especial y eficazmente indignante--. Esa suma de circunstancias  culmina en una serie canallesca de consecuencias, culpa, hipocresía social y religiosa que rodean y hacen sufrir a la protagonista. Ese clima indignante y cruel se sustancia en páginas notables, como las relacionadas con las actividades de las monjas por llevar a la chica "al camino de santidad" y redimirla de su "pecado".

Gran novela, absolutamente recomendable.

FICHA

UN LUGAR PAGANO.- Edna O'Brien.- Trad. Regina López.- Errata Naturae.-251 págs.- ISBN 9788416544462.

 

Edna O'Brien es una de los más interesantes narradores -mantengo la no concordancia de género a propósito, para mí no hay diferencia entre ser narrador o narradora-  que produce generosamente Irlanda: Hay quien la compara con Joyce pero me parece una comparación hiperbólica e innecesaria. No aumenta la excelencia de la O'Brien aunque tampoco  disminuya la del intocable Joyce. Es como comparar manzanas con peras. Esta escritora intimista, crítica, dura y emocionante sólo comparte con Joyce su visión amarga, entrañable y virulenta de Irlanda  y su absoluto desdén y rencor hacia el catolicismo ultra que se vivió en ese país  (creo que hoy en día, inevitablemente, las cuestiones religiosas están cambiando bastante radicalmente en Irlanda, como en otros feudos de la Iglesia católica). De esta escritora reseñamos hace unos meses la notable  novela "Las sillitas rojas".

El lugar pagano es una parcela de terreno salvaje cercano a la casa familiar de la narradora en la Irlanda rural, que escribe sus recuerdos de infancia empleando un monólogo dedicado a alguien muy cercano. "Era un lugar pagano y circular... rodeado por una fortaleza de árboles...allí habían celebrado sus ritos los druidas, mucho antes de que nacieran tu madre o tu padre...o cualquiera otra existencia que tú conocieras" (pág. 16). 

Transcurre los años treinta y cuarenta del pasado siglo, con referencias sesgadas a la gran Guerra que se acercaba (en la que Irlanda se dividió emocional y políticamente, ya que había simpatizantes de los nazis y el fascismo, no por sí mismos, sino como rechazo a los ingleses que sometían Irlanda a un duro régimen de represión y violencia contra sus afanes de independencia). Y a ese clima escindido había que unir la no menos cerril y cerrada represión religiosa de la Iglesia católica en la sociedad irlandesa. O´Brien vuelve a impregnar su narración de aromas autobiográficos, como ya hizo en su trilogía sobre la iniciación al mundo de dos jóvenes irlandesas: "Las chicas de campo", "La chica de ojos verdes" y "Chicas felizmente casadas".

No suena a Joyce (tan resabiado y sardónico), la voz ingenua y levemente irónica pero profundamente realista aunque ecuánime (no hay juicios de valor ni críticas a situaciones aberrantes, sino que se ofrecen --y ahí está el acierto- los datos y descripciones objetivas de lo que ocurre con la supuesta "ingenuidad" del "así son las cosas". Más que a ese genio literario nos recuerdan  a otro genio, aunque este norteamericano, Faulkner. Esa voz persistente, observadora, exacta, algo sarcástica, acaba por seducir al lector, que se siente libre durante la lectura de irritarse contra muchos de los personajes que la chica describe con ponderación. La profunda habilidad narrativa de la escritora imprime a la voz de la narradora una naturalidad y desenvoltura que tiene valores de la  tradicional oralidad de los narradores clásicos. También en ese orden este "aedo" femenino tiene la virtud del ritmo y logra que la sucesión impactante de anécdotas y sucesos tenga al lector en vilo y le hagan empatizar profundamente con lo que lee.

La novela está dividida en tres partes: infancia, inicio de la pubertad y adolescencia. Los cambios físicos y psicológicos de la narradora revierten en la textura de cada parte de la novela. Con  lo que los ambientes descritos van cambiando con gran efectividad. La familia y el pueblo en la primera, la ciudad y los dramáticos eventos que marcan a la familia, en la segunda parte y en la tercera, otra vez el pueblo,  con la relación de la protagonista, una adolescente, con un sacerdote seductor e inmoral --la escena de la brutal seducción, a partir del pág.218, es especial y eficazmente indignante--  genera un asunto canallesco, donde las consecuencias, la culpa y la hipocresía social y religiosa, se sustancian en páginas admirables como las relacionadas con las arteras actividades de las monjas por llevar a la chica "al camino de santidad" y redimirla de su "pecado" ante la sociedad y ante la Iglesia.

Gran novela que supera ampliamente las expectativas que la O'Brien generó en este crítico, tras la lectura de "Las sillitas rojas". Absolutamente recomendable.

FICHA

UN LUGAR PAGANI.- Edna O'Brien.- Trad. Regina López.- Errata Naturae.-251 págs.- ISBN 9788416544462.

 

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3 noviembre 2017 5 03 /11 /noviembre /2017 09:25

En La decadencia de la mentira, uno de los más polémicos entre todos sus escritos de crítica estética, Oscar Wilde arremete contra el "culto monstruoso a los hechos", cuyos devotos acaban por escribir novelas tan semejantes a la vida que no hay modo de creer en su verosimilitud. Como ven, ya en la primera frase del artículo, las paradojas saltan libremente, como Wilde -un fanático de los juegos de palabras, de la maliciosa ironía de los destellos de ingenio- hubiera deseado en un comentario dedicado a él.

Evidentemente no se trata de una defensa del "arte" de mentir, sino de la "mentira" asociada con la capacidad de inventar, con la imaginación creadora, con la literatura, considerando retóricamente que los hechos, la realidad, todo ello banalizado constituyen un lastre para el artista. Puro juego de una mente a la que le gusta el triple salto mortal de la metáfora y la greguería surrealista, el disfraz del humor en la crítica social y la rebelión sarcástica contra la estulticia (la estupidez y la falta de verdadera cultura).

Wilde asegura que la vida imita al arte (y no al revés como suele decirse): Un gran artista inventa el modelo y la Vida trata de copiarlo y reproducirlo en formato popular, como un editor emprendedor. Pero no sólo es eso, Wilde sostiene paladinamente que la Naturaleza imita a los paisajistas pictóricos y el Arte nos educa para obtener una nueva forma de mirar a la Naturaleza, por lo que esta es deudora de los artistas que nos han enseñado a admirarla. Divertida pirueta que juega con medias verdades y con relaciones disparejas e intencionales donde es imposible que existan.

Por tanto, argumenta Wilde, en este pequeño ensayo divertido que hace pensar, Es el estilo lo que nos hace creíble algo. Después, con plena coherencia, Wilde se dedica a destripar al realismo en literatura (por ejemplo, Zola) y reivindica la literatura distinguida que se rige por la imaginación absoluta y nos culebrea arrastrándose como ratones en la basura. Con su irreverente soberbia, Wilde pide máxima distinción, alta clase, para la novela, que debe buscar sus temas en lo eterno, abominando de su época ya que  "sólo lo moderno pasa de moda".

Wilde usa el estilo de diálogo (entre Vivian y Cyril) con el que va desgranando la ironía de Vivian sobre la imperfecta Naturaleza, que sólo se acerca a la perfección a través de la obra del Artista, cuya imaginación completa lo que la Naturaleza no ha sabido conseguir. El provocador Vivian (el propio Wilde) demuestra que la mentira es el vehículo con el que el verdadero artista accede a la belleza.  Justamente la decadencia de la mentira es la que está banalizando al Arte de este siglo (XIX), asegura Vivian-Oscar. Y asegura que la mentira requiere un cuidado entrenamiento y una técnica especial que requiere mucha práctica para que la mentira llegue a ser perfecta y con ello una obra de arte.

Prescindiendo de burlonas retóricas y de exageraciones esnobistas, lo cierto es que el ensayo de Wilde no ha pasado de moda. Puede llegar a ser un estimulo creativo para muchas personas. Como nos dice en la página 70, "Ningún gran artista ve jamás las cosas como son. Si lo hiciera dejaría de ser artista". Provocación, paradojas y un fondo que vale la pena analizar.

FICHA

LA DECADENCIA DE LA MENTIRA.- Oscar Wilde.- Trad. Maria Luisa Balseiro.- Ed. Siruela. 83 págs. ISBN 9788478445189

 

 

 

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1 noviembre 2017 3 01 /11 /noviembre /2017 09:20

Andrés Aberasturi, ese maestro de periodistas, aposentado en la humildad y la eficacia de los auténticos, escondía un drama personal que ha lanzado al mundo a través de un libro enternecedor, valiente, honesto y alejado de sentimentalismos fáciles. Aunque me he cruzado con él en mi vida profesional en algunas ocasiones no había sabido --ni siquiera en los encuentros distendidos de esta profesión de chismosos- del fuerte drama familiar que  Andrés ha llevado con ejemplar entereza y discreción durante más de treinta años.Treinta y seis años compartiendo -es un decir- la vida con un hijo, Cris, que nació con parálisis cerebral y ha sido víctima constante de todo tipo de hospitalizaciones urgentes, absolutamente dependiente, de relación y comunicación imposibles. Cualquier reflexión filosófica sobre una situación así es más que difícil, es un error. No hay culpables, de ahí el lacerante patetismo del "perdóname" (pág. 47) que Andrés susurra entre lágrimas ante el cuerpo postrado y sufriente de su hijo.

Leer este libro es todo un desafío emocional. En el último de sus capítulos, los cuales integran un rosario de instantes, de reflexiones, de dolor y sufrimiento, de protesta, de indignación, de vergüenza, de ira, nunca de odio, Andrés escribe "No he venido a dar ejemplo ni a tranquilizar conciencias; no he venido a predicar ni mucho menos a buscar explicaciones filosóficas o respuestas religiosas". No, realmente no has escrito nada que lo abonara. Lo que nos cuenta va de corazón a corazón, como en la enseñanza zen. Y logras estremecerlo muchas veces, como cuando protestas de algunas intervenciones bienintencionadas pero inadvertidamente crueles y inhumanas, cuando te rebelas contra una situación que es "una injusticia objetiva al margen de cualquier amor, de cualquier origen de cualquier razón, cuando bendices la escasas veces en que oyes la risa de tu hijo "aunque nunca sepamos su misterio" y cuando respondes a esos que se atreven a insinuar con una retórica fácil e insidiosa vestida de "cristiana resignación" que tener un hijo en esas condiciones de doliente "sujeto" sin conciencia apreciable, "es un motivo de aprendizaje espiritual": "renuncio y maldigo todo cuando haya podido aprender de ti de la misma forma...que niego...el valor moral de tus supuestas enseñanzas... cualquier supuesta experiencia positiva nacida de tu sufrimiento". Y añades: ¿Cómo puede ser un consuelo o un intercambio el haber ahondado en la reflexión a costa de esta injusticia? Aceptar eso o justificarse con ese pensamiento sería moralmente monstruoso".

Particularmente emotivo es el momento en que se le plantea a Andrés la dura elección de permitir que una fuerte crisis siga su curso natural que desembocaba en la muerte, sin intentar superarla (oferta de un médico compasivo). Su mujer y su otro hijo rechazarán esa salida. Durante muchos años y en numerosas ocasiones vendrá una y otra vez esa posibilidad a la conciencia torturada del periodista. Algo tan humano y comprensible se convierte con los años en un motivo de sufrimiento moral, superado por el amor y la entrega. 

Lo cierto es que no sólo no es posible explicar este mundo a Cris, tampoco es posible explicárselo al autor y nos cuesta entenderlo a sus lectores. Porque el pobre muchacho vive en un mundo sin palabras ni pensamientos, con dolor y algún  momento de pasividad o de excitación motora. Sólo queda comprender y compadecer el mundo íntimo de esa familia, de esa pareja y su otro hijo, el hermano de Cris, el de algunos amigos y personas que pasan por el mismo horror. Y sus dificultades y su radical dedicación y la inutilidad de todo ello. Por  eso el libro de Aberasturi llega muy adentro.

FICHA

CÓMO EXPLICARTE EL MUNDO, CRIS.- Andrés Abersaturi.- La esfera de los libros.- 200 págs.-16,90 euros.- ISBN 9788490607176

 

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29 octubre 2017 7 29 /10 /octubre /2017 09:58

Realmente leyendo a Pierre Hadot, filósofo francés fallecido en 2010 a la edad de 88 años uno acaba comprendiendo la finalidad que tanto estoicos como epicúreos griegos daban a la filosofía: no un compendio de conocimientos  que podrían, o no, integrarse en un sistema filosófico lo más original posible, sino pura y simplemente una forma de vida. El presente libro, que Hadot dedica a comentar "Las Meditaciones" del emperador Marco Aurelio tiene dos aspectos esenciales que dan un enorme valor exegético al libro: primero, la advertencia de que hay que contextualizar el discurso de los filósofos griegos y romanos percatándose que hay palabras cuyo significado han cambiado con los tiempos (nos pone el ejemplo de la "areté" griega, una "virtud" que en Epicteto no significa lo mismo que para Marco Aurelio o para Epicuro o Pirrón, figúrense ustedes para nosotros en el siglo XXI). Segundo, la constatación filológica reciente de que los textos de esos filósofos con un ejercicio  de "oralidad", ya que la mayoría de los libros de ese tiempo y autores son reflejo de las conferencias , clases y diálogos con los alumnos, que dichos filósofos mantenían.

El dictamen de Marco Aurelio de que al hombre sólo le puede guiar la filosofía respecto a las dificultades, dudas y perplejidades e intereses de la vida cotidiana toma cuerpo ya desde el mismo título del libro: "La ciudadela interior" . El emperador escribe dirigiéndose y exhortándose a sí mismo para gobernar la "cives", la ciudad como símbolo del Imperio, con el mismo cuidado y cautela con la que uno debe gobernarse a sí mismo (la "ciudadela interior"). Y consiguiendo esto segundo, será factible llevar a buen término ese gobierno. La fórmula magistral consiste en una cierta disciplina con tres factores: la disciplina del discernimiento, la disciplina del deseo y la disciplina de la acción. Sabiendo lo que realmente se plantea ante nosotros (o en nosotros) y sumando a ello tener en cuenta de que nuestros deseos e intereses no deben intervenir para decantar la decisión, sino sólo el bienestar o en el provecho del Otro y de la comunidad, darán lugar a una acción que debe ajustarse a criterios  de justicia, igualdad y proporcionalidad (y en este país se considera la filosofía una asignatura inútil: así nos va).

Para entrar en ese análisis, el sujeto depende de cómo se representa las cosas, del discurso interior que suele dirigir nuestros pensamientos. Ya que es obvio que todo lo que nos afecta positiva o negativamente, no son -en sí- las experiencias que acontecen, sino cómo juzgamos en nuestro interior esos eventos, cargándolos de valoraciones de provecho o de temor o de deseo o rechazo personal. Por tanto lo determinante no es lo que ocurre, lo que viene de fuera, sino cómo lo juzgamos o consideramos, es decir lo que "nos viene" de dentro. Cautela, pues, con nuestro tendencia a prejuzgar. Afinar el análisis interior, ejercitar la templanza y la prudencia, conservar la integridad en esta cascada permanente de estímulos que nos cubre de la mañana a la noche y que nos convierte en marionetas temblorosas asaltadas de temores difusos y continuamente cambiantes. Marco Aurelio y Hadot insisten : diálogo constante con nuestro yo razonable, desconfianza ante el ego posesivo e interesado, ecuanimidad y un punto de generosidad con el Otro.

Hadot hace un análisis exhaustivo de los textos de Marco Aurelio, trata de intuir las razones y objetivos del emperador al escribir sus reflexiones (dirigidas, repito, más a sí mismo que a un lector externo). También se ocupa de precisar el género literario en que Marco Aurelio concurre, más en la línea de Montaigne o incluso Wittgenstein, que de Kant o Descartes. Nos sitúa en la relación del emperador con los textos de Epicteto , Epicuro o Pirrón (estoicos, epicúreos o escépticos) , sin descuidar apuntarnos detalles de la vida personal de Marco Aurelio que influyen o son influidos por su filosofía bajo el criterio señalado ya de "guía de la vida cotidiana". Aunque nos advierte que no debemos olvidar que la propia palabra filósofo o filosofía no tienen el mismo significado que les damos en la actualidad: no compartimos los mismo valores, ni, como dije al principio, el filósofo no es un teórico ni un creador de sistemas, sino el hombre que practica la "vida buena" la vida que se ajusta a los presupuestos básicos de su filosofía, la práctica de la virtud, la justicia y la razón ecuánime y desinteresada.

Para conseguirlo Marco Aurelio, nos recuerda Hadot, diseña una serie de medidas prácticas, reflexiones y análisis o "ejercicios espirituales" de autocrítica y exhortación, para que le ayuden en su quehacer diario de emperador, a modo de fórmulas psicológicas de auto convencimiento que le ayudan en la tarea fundamental de vivir bien. Como por ejemplo, la fórmula sacada de Epicteto directamente que establece una distinción entre las cosas que dependen de nuestra voluntad y las cosas que no dependen de nuestra voluntad: “De nosotros dependen el juicio de valor (hypolépsis), el impulso hacia la acción (hormé), el deseo (orexis) o la aversión; en una palabra, todo lo que es nuestra propia obra. No dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, los honores, los altos cargos; en una palabra, todas las cosas que no son nuestras propias obras”.

Por tanto, prosigue Hadot, los estoicos subordinan todo al bien moral, esa "areté" cuya excelencia provoca que Marco Aurelio asegure que el mayor bien que debe perseguir el hombre está en ser "justo, moderado, valiente y libre y el mayor mal lo que provoca en él los vicios opuestos". Y para ello es preciso conocerse bien, mantener activo en la busca de esos bienes al "hegemonikon", el principio interior que rige nuestro interior. Evitando, eso sí,  el "tuphos", la inflación vanidosa (aquí Marco Aurelio hace un guiño de complicidad a los cínicos, una secta filosófica denigrada por todos, precisamente por sus sinceridad y sencillez extrema).

Excelente libro, no sólo para los estudiosos de filosofía sino para cualquier persona que quiera alcanzar de alguna manera la "vida buena" con la que sueñan todos los auténticos filósofos desde el siglo IV antes de Cristo al XXI, siglo actual que nos aflige con su desorientación y falta de valores y de autenticidad.

 

FICHA

“La  ciudadela interior”.-Pierre Hadot.-Trad. María Cucurella.- Ed.Alpha Decay.-528 pp. ; 24’90 €.- ISBN 9788492837472

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28 octubre 2017 6 28 /10 /octubre /2017 08:51

Es hora de reflexionar. Hay mucha gente que vive durmiendo y actúa sin dejar de dormir su propio sueño, su ficción. Eso decía un viejo filósofo muy anterior a nuestra Era, Heráclito, cuando Europa toda era un lugar sin historia y la Peninsula Ibérica una tierra de mitos y leyendas habitadas por tribus que adoraban los fenómenos naturales que no entendían y en consecuencia temían. Algo así está pasando en Cataluña y por extensión en España. Unos viven durmiendo en el sueño de lo que desean, olvidando las exigencias que la realidad -y la legalidad- impone a todos para llevar a cabo sus deseos; y otros no logran despertarse de un sueño de una nación pequeña que antes fue imperial, con unos modos que ya no corresponde con los tiempos en que viven y tratan de imponerse recurriendo ya con la crisis desatada a los útiles y herramientas legales que podían haberla evitado de haberse aplicado antes. ¿Alguien duda que no hace  mucho tiempo una consulta legal y tolerada hubiera tenido un desarrollo bastante diferente?

Ahora han pasado los siglos y la historia ha creado sus mitos y sus símbolos propios del siglo XXI, pero que siguen antropológicamente anclados en las raíces ancestrales humanas. Hemos vivido muchos cambios y aún viviremos muchos más. Pero hay algunas cuestiones que ya deberían estar claras. El paradigma político y social internacional ("una completa constelación de creencias, valores y técnicas, compartidas por los miembros de una determinada comunidad") que estaba vigente, el mundo de fronteras y naciones, está cambiando y como suele suceder con los paradigmas, hay una considerable parte del mundo que cambia que no quiere que lo haga, tiene miedo de lo desconocido, de lo que está por venir (aunque ya hay pruebas fehacientes de que el cambio está en marcha y hasta, sin percatarse, aprovechan las ventajas tecnológicas del cambio que viene). Y esos renuentes al cambio se comportan como chiquillos destructivos que pretenden frenar a la fuerza la muerte del viejo paradigma. Como decía un viejo sabio romano "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt". Es decir, más o menos, que los hados guían al que los respeta y acepta y arrastran al que no. Pues bien, ¿cuál es el nuevo paradigma tan odiado y aprovechado? La globalización del planeta y la desaparición del nacionalismo entendido con los criterios de los pasados siglos. Nos somos, ningún país, ninguna raza, ninguna persona, una isla, elementos aislados del entorno. Ni como especie, está cambiando demasiado lentamente el criterio depredador de la especie sobre el planeta común, ni como individuos. Llegará un día en que las banderas sólo mostrarán el amor al clan común, sin desafío ni absurdas comparaciones. Una unidad global de diversidades aceptadas y respetadas, como las partes de un puzzle gigantesco, piezas necesarias todas y cada una para que el dibujo total (el planeta) tenga sentido y futuro.

Hay un núcleo duro en toda esta larga reflexión. Es el vínculo de sangre individual -la familia- y el de vecindad y significación geográfica e histórica. En torno a esos vínculos se podrá integrar, o no, un posible Estado con su autonomía económica y política, una diversidad armónicamente integrada en un puzzle de diversidades unidas en torno a un objetivo común: la supervivencia global y el progreso. Y estas ideas ya están, nos gusten o no, en el "zeitgeist" (el espíritu del tiempo en que vivimos) que nos envuelve.

A la luz de estas reflexiones, el "problema" catalán es, sin entrar en descalificaciones de ninguna de las partes y a pesar de los enormes errores cometidos -no sólo ahora, durante mucho, mucho tiempo- un problema de familia. Es una escenificación absurda de la parábola del hijo pródigo. No soy una persona religiosa y por tanto el uso de esa historia sólo es filosófico y literario. Cataluña es ese hijo pródigo que llevan varias generaciones tratando de salir de la "familia". Eso ha creado un complejo irreductible en una parte e irredento en la otra. Da igual. Incluso mentes muy claras en las dos partes se han empecinado de una forma lamentable en no aplicar su inteligencia a justificar un acuerdo que respete la ecuanimidad.

Tanto en Madrid como en Barcelona ha vencido  el miedo al paradigma que se impone. Cada cual ha luchado de forma censurable (se ha convertido en un lugar común que en la política ya no existe la ética) por mantener a la fuerza un núcleo que sólo se vuelve firme con la aquiescencia de sus partes y el interés común de todos, mucho más poderosos que el de sus partes por separado. Por tanto, volvamos a la parábola, sentémonos a reflexionar. Cambiemos los parámetros legales para permitir que los catalanes, (en el caso de estar refrendados por las urnas en una consulta libre y protegida), el hijo pródigo, se "marche" del hogar familiar  y, no obstante, démosles la mano para ayudarles a dar sus primeros pasos. Ajustemos los acuerdos para que el flujo de ida y vuelta de los intereses sigan siendo comunes (ya que por integración geográfica es lo más razonable y útil) y arbitremos unas medidas que permitan acercamientos y elementos compartidos. De forma que se separen pero, al tiempo, que se integren por simple cálculo económico, financiero y de elementos tales como defensa, representación exterior y política europea y global. Dejemos que el paradigma que viene vaya obligando a hacer cambios hacia la globalización real y completa. Más tarde o más temprano el hijo pródigo volverá a la familia --recuerden en Cataluña que una amplia mayoría de los jóvenes levantiscos y hormonados que se lanzan a la calle con consignas, banderas y violencia más o menos reprimidas son catalanes de segunda generación y tienen genes andaluces, extremeños, aragoneses o gallegos-- y cuando lo haga será a una familia quizá mucho más amplia que España y Portugal. ¿Política ficción? Quizá no. Tal vez sea el desiderátum de un viejo filósofo avergonzado por la falta de inteligencia política que han demostrado todas las embrolladas partes de la "ecuación catalana".

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26 octubre 2017 4 26 /10 /octubre /2017 09:54

Si hay un elemento cultural que hemos manipulado históricamente sin el menor respeto es el tratamiento literario o iconográfico de la sexualidad clásica europea (Grecia y Roma principalmente). Y ello a pesar de los múltiples elementos artísticos de todo tipo que han llegado a nuestra época mas o menos bien conservados, ya sean libros o relatos o poemas, hasta esculturas, pinturas y granados, objetos esculpidos con escenas eróticas, etc. A pesar de los intentos, sin duda no maliciosos, de equiparar el tratamiento del cuerpo humano y el sexo entre los romanos y los griegos a las prácticas y representaciones de nuestros días, basta un análisis más serio y detallista para comprender las diferencias enormes que existen. Y eso es lo que nos ofrece este delicioso y sensual librito La invención del cuerpo. Arte y erotismo en el mundo clásico, escrito por Carmen Sánchez, profesora de Arte Antiguo en la Universidad Autónoma de Madrid., cuyo objetivo "analizar la cultura visual, la estética de la sexualidad, el arte erótico que tiene su propio juicio, su propio código y su propio pensamiento..." está muy lejos de un ensayo sobre costumbres sexuales de griegos y romanos. Así que nada de morbosidad complaciente, nos viene a advertir la autora.

El libro analiza la expresión de cómo el imaginario colectivo greco romano  a través del arte, presentaba la corporeidad y sexualidad humana. Así cuando nos habla del desnudo , tabú durante muchas épocas de la historia, asegura que "el origen de la práctica del desnudo es oscuro y se remonta a épocas remotas, prehoméricas, ligado a ritos de iniciación y relacionado con la educación, la "padieia", concebida como una iniciación sexual, que relacionaba a jóvenes con sus tutores y maestros adultos, como una forma más de educación y formación del hombre y ciudadano responsable.

Carmen Sánchez nos ofrece una inteligente recopilación, descripción e interpretación de varias obras de arte y de objetos decorados, vasijas, copas, frontones, (más de 60 imágenes) con motivos de naturaleza erótica, más o menos explícitos, con los que  vamos familiarizándonos con el estilo habitual de los clásicos de representar esos temas. Como complemento esencial la autora nos describe la mentalidad cultural y las costumbres sociales con la que los dos pueblos o culturas afrontaban la corporeidad y la sexualidad humana.

Tres capítulos estructuran este ensayo: «La invención del cuerpo», «Erotismo sobrenatural y mágico» y «Ars erotica». Es decir sigue un orden lógico de desarrollo temático. Desde la historia de la representación corporal, masculina (en la época arcaica, con desnudos de hombre casi en exclusiva) y femenina, en principio con elementos de tipo ritual, mágico o religioso (por ejemplo las representaciones fálicas, un remedio contra el mal de ojo); en el segundo, concreta más las advocaciones a divinidades, "daimons" interiores,  "ménades" o "sátiros" (destacan las obras dedicadas a Afrodita, Pan, Eros o Dionisios. En el tercero, que ya trata épocas posteriores, más complejas y elaboradas culturalmente, la aplicación erótica, con fines de excitar y a veces abiertamente pornográficas, tanto de naturaleza heterosexual como homoerótica, preponderando esta última.

Una de las cuestiones que el libro destaca de forma manifiesta es la preponderancia masculina en las representaciones gráficas de la cultura sexual de los griegos y romanos. Aunque la mujer también es objeto de representaciones de todo tipo, es la imagen masculina la que domina abrumadoramente. Incluso en la lo literatura poética y narrativa mitológica el hombre es más activo y así los dioses llena libros de sus incursiones para seducir a las mortales. Las diosas no llegan ni con mucho sólo a volver locos a sus escogidos más que a gozar de ellos impunemente como sus homólogos masculinos y eso se refleja en el arte que nos han legado. A las mujer se le reserva un papel pasivo, de objeto de placer o admiración, aunque ya entre el arte romano tardío las escenas representadas muestran una participación cada vez más activa de las mujeres. Esa importancia superior al cuerpo del hombre y su erotismo y sensualidad se reflejan de forma abrumadora en las representaciones de actividades homosexuales (ni siquiera los versos de Safo son ilustrados en la época con escenas de lesbianismo). La bisexualidad es, sobre todo en Grecia, una costumbre totalmente aceptada y refrendada con el respeto social.  Todo ello con un detalle importante que destacar: no se trata de homosexualidad entre varones adultos, sino -siempre- entre un adulto y un joven o un niño. La homosexualidad permitida e incluso recomendada educativamente siempre es referente a una pederastia que no se concibe como tabú de ninguna manera sino como costumbre social incluida en la "padieia" o formación, una especie de rito de iniciación o de paso a la edad adulta por el que debían pasar los niños.

En Roma esta costumbre sufre un cambio importante y esencial. La pederastia deja de ser aconsejada con los niños como forma de educación. La homosexualidad sigue practicándose pero con la siguiente salvedad: "para un romano no era lícita la relación con otro romano de cualquier edad. La pasividad sexual para un hombre libre es un crimen, para un esclavo una necesidad, para un liberto un deber”. El romano sólo mantiene ese tipo de relaciones con esclavos y libertos".

Un libro, pues, de sumo interés desde un punto de vista antropológico, histórico y social. Para cualquier aficionado  a la historia del erotismo y la sexualidad, se convierte en un ensayo de lectura recomendable.

 

FICHA

LA INVENCIÓN DEL CUERPO.- Carmen Sánchez.- Es. Siruela. 187 págs. ISBN 9788416280544

 

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23 octubre 2017 1 23 /10 /octubre /2017 15:55

Generalmente son los avispados y pragmáticos norteamericanos los que picotean en los clásicos de la filosofía para encontrar fórmulas, mantras y frases relumbrantes de puro sentido común para ayudar al común de los mortales, es decir a todos los que pasan por momentos delicados en su vida cotidiana hasta el punto de perder de vista el simple y difícil placer de vivir. Bueno, son los inventores del "Reader's Digest", del aprender esperanto o lo que sea en diez fáciles lecciones o los de la felicidad en píldoras de inmediato efecto (y, aunque no lo dicen, de más inmediata desaparición de efectos). Con un estilo falsamente igualitario, de tu a tu, los expertos en psicología rápida de autoayuda, nos ofrecen sin digerir apenas, píldoras de sabiduría ancestral para venta en supermercados. Pues bien, viene esta irritada -e irritante- introducción,  al libro de un  inglés -educado en Oxford, nada menos-  que, sin llegar a tanto como lo expuesto, se atreve con total impunidad a entrar en la historia de la filosofía con la lupa y las pinzas de un pragmático profesor de cursillo acelerado de la utilidad del pensamiento para resolvernos las perplejidades que nos causa lo cotidiano. Lo bueno es que lo hace bastante convincentemente, lo malo es que, como cabía esperar, pese a su ingenio, acaba banalizando la filosofía que aplica con la mejor de las intenciones.

Es un libro para leer en el metro de camino al trabajo, en una tarde de aburridas charlas familiares o en la sala de espera del dentista. El desayuno con Sócrates se queda en un tentempié con un  auxiliar de cátedra de filosofía, entre la pedantería y el desencanto. En esta enésima prueba de que llevar la filosofía al día a día es empresa más complicada de lo que parece y se necesita estar día  a día con la filosofía, bajo una ayuda y guía constante y honesta de alguien que realmente sea un filósofo y se pueda permitir dedicar su tiempo a ello. Sin embargo en estos tiempos en  los que, en nuestro penoso país, se está eliminando la filosofía de los planes de estudio, la presencia de libros como éste no es algo en absoluto criticable, aunque los reparos que planteo puedan ser excusables. Creo que la "ruptura epistémica" de Foucault (léase la página 63 del libro) que han producido las nuevas tecnologías, acabará propiciando, ante la ruina y destrozo de muchas costumbres, conceptos y cultura esenciales para la formación de la persona, un efecto boomerang que lleve a nuestros hijos, o, nietos, de nuevo a  requerir el consuelo y la ayuda de la filosofía para vivir mejor. Yo no lo veré pero los más jóvenes de ustedes quizá sí. Una disciplina de estudio y reflexión que nació muchos siglos antes de Cristo y ha llegado hasta el siglo XXI, vivita y coleando, a pesar de la persecución y la banalización, no se la elimina así como así.

Y como este libro, ayuda, aunque sea a su manera epidérmica, a engrosar las filas de los que sostenemos la lucha por la supervivencia de la filosofía, dejo la crítica aquí mismo y paso a la reseña: les adjunto íntegro un comentario editorial -informativo, no crítico- sobre el libro, para que sepan realmente de qué va la cosa y de qué manera, estilo y retórica está elaborado:

"¿Gracias a Nietzsche va a mejorar tu trayecto de casa a la oficina y de la oficina a casa?¿Qué opinaría Freud de tu costumbre de ir de compras a modo de terapia?¿Y qué diría Platón sobre cómo lees los libros? "Desayuno con Sócrates" cuenta lo que habrían dicho los grandes pensadores de la historia sobre nuestros actos cotidianos, desde ir al trabajo a acudir al gimnasio, pasando por preparar la cena o volver a la cama. Rara vez nos paramos a pensar en que estas actividades cotidianas están relacionadas con conceptos más amplios sobre el mundo. Robert Rowland Smith ilustra estas conexiones con ingenio, gracia y fundamento.A lo largo de esta jornada de nuestra vida cotidiana, glosada hora a hora, el lector se encontrará con Lucrecio, que le explicará por qué es bueno no estar preparado, o con Emerson, que le dará consejos sobre cómo hacer las reservas para unas vacaciones. Jung aportará sus comentarios sobre lo que ha soñado, Mill dirá algo sobre la costumbre de hacer novillos y Aristófanes le pondrá al tanto en cuestiones de cópula carnal. Inspirándose en la filosofía, la literatura, la política y la psicología, Robert Rowland Smith muestra cómo podemos mejorar nuestra vida cotidiana (sic) si tomamos en consideración las ideas más interesantes del mundo. El desayuno, así como el almuerzo y la cena, junto con todo lo que va antes y todo lo que va después, no volverán a ser lo mismo."

 

FICHA

DESAYUNO CON SÓCRATES.- Robert Rowland Smith.- Trad. Inés Beláustegui.- 235 págs.- Espasa Editorial.- ISBN 9788467032567 

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21 octubre 2017 6 21 /10 /octubre /2017 07:17

¡Paren las máquinas!Paren las máquinas! de Michael Innes (Siruela, 2017) es una gozada para los que amamos la literatura británica humorístico-costumbrista, ya sea disfrazada de sesudo ensayo, novela sentimental, filosófica, de critica social, de humor, drama e incluso tragedia. Desde Jonathan Swift a Julian Barnes, desde Amis a Chesterton, desde Conan Doyle o Thakeray, a Stevenson, desde P.G. Wodehouse a Jerome K.Jerome, desde la Woolf a Dickens. De entrada y como muestra de la solvencia literaria del autor y para delicia del lector avisado (no precisamente en novela policiaca) he contado casi dos centenares de citas literarias de poetas y escritores ingleses clásicos -desde Shakespeare, of course, hasta el muy citado Pope o Wordsworth, Keats o Byron- , laboriosamente engastadas en los diálogos de los cultos personajes y a veces en el mismo narrador omnisciente, el autor.

A Michael Innes, seudónimo de John Innes Mackintosh Stewart (1906-1994),  ya le conocíamos por la suculenta "Muerte en la rectoría" y la aún más soberbia, "Hamlet, venganza"  (ya reseñadas en estas páginas). Como algunas veces he escrito, la novela policíaca no es de mis géneros preferidos, pero tengo mis "clásicos" inviolables, entre los que junto a Poe, Sherlock, el Padre Brown y alguna Agatha Christie (y  ciertos autores norteamericanos ya desaparecidos) hay varios que vuelven a ser editados por algunas editoriales muy astutas (Siruela o Acantilado, por ejemplo) y uno de ellos es este profesor universitario, académico y erudito literario que maneja un sentido del humor ligeramente ácido y bastante crítico con el guante de seda de una ironía salvajemente divertida.

La acción de "Paren las máquinas" transcurre en los años treinta, cuando aún el mundo no había enloquecido definitivamente a pesar de la I Guerra Mundial, en una Inglaterra bastante tradicional que trataba de proteger su esencias -no siempre esenciales- y su forma de vida de los cambios -a peor, sin duda- que se avecinaban. Además de su personaje principal acostumbrado, el inspector de Scotland Yard, John Appleby, -- inteligente e intuitivo, bastante lejos de los policías que nos suelen presentar otros autores canónicos, como Conan Doyle,-- Innes (que en ocasiones se mete personalmente en la piel de otro personaje frecuente en sus novelas, el escritor Giles Gott, también profesor de literatura para que no haya dudas) nos depara, como es sello de la casa, todo un  despliegue de personajes surrealistas, divertidos, excéntricos e inolvidables, todo ello entre carcajadas y agudas e irónicas observaciones psicológicas, desde el grupo hilarante de catedráticos de Oxford, con sus envidias, celos, malicias y obsesiones (me recuerda fuertemente al genial David Lodge), un abigarrado grupo de parientes gorrones que asedian al dueño de la casa, obsesivos coleccionistas de lo que sea y hasta traficantes de armas, hasta el coprotagonista,  el escritor Richard Eliot. Se trata del anfitrión, famoso por las novelas policiacas que escribe y por su protagonista, un genio del crimen que se redime y se reconvierte en investigador,  que no se llama Moriarty  como esperábamos algunos, sino se hace llamar "La Araña". Precisamente ese personaje, vaya por Dios, aparentemente se vuelve persona real -sí como lo leen- pasa de la ficción a la realidad más corpórea, insidiosa y molesta y carga contra su creador, como un Frankenstein cualquiera.

Ese será el metafísico enredo en el que el imperturbable inspector Appleby (creo que el único fallo de Innes es haberle dado ese apellido sin pensar en las traducciones de sus novelas a otras lenguas) pasará a  resolver con su agudeza habitual. Y el lector encantado de que lo haga por una parte y molesto por el hecho de que ahí acaba la novela y deberá abandonar la entretenida, tradicional y deliciosa casa de campo inglesa y sus habitantes e invitados donde transcurre toda la acción.

Durante la lectura uno se percata de que todos los personajes son abrumadoramente inteligentes e incluso los personajes torpes o estúpidos tienen también una inteligencia notable aunque a su manera surrealista. El lector acaba un poco fatigado de tanta inteligencia activa, sugestiva, sugerente y referencial (las citas, como dije, son permanentes y bastante eruditas)  hasta que se percata de que lo que ocurre es que el autor, Michael Innes, no puede evitarlo: su propia inteligencia narcisista y retórica literaria de altos vuelos impregnan de manera uniforme a todos sus personajes y, por supuesto, al propio narrador. Aún así, la trama de guante blanco de esta novela divierte y encanta a partes iguales.

 

FICHA

¡PAREN LAS MÁQUINAS!.- Michel Innes.-Trad. Miguel Ros.- Ed. Siruela. 405 págs. ISBN 9788417041304

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19 octubre 2017 4 19 /10 /octubre /2017 08:27

En 1936, cuando tenía diez años de edad, Nee Harper Lee vivió una experiencia que impresionó fuertemente su sensibilidad -tenía una personalidad inteligente y observadora-  y se quedó en su memoria durante el resto de su vida. En 1961 -con 25 años-  publicó un libro en el que narraba sus vivencias infantiles en un pueblecito del sur de Estados Unidos, en Alabama, y aquella experiencia que  había, de alguna manera, cambiado la vida. Ese mismo año recibió el Premio Pulllitzer por su libro y al año siguiente el director Robert Mulligan realizó una película, protagonizada por Gregory Peck, (y la niña Mary Badham, como la propia Harper)  que recibió tres Oscars y lanzó al estrellato de la fama y la fortuna a la joven autora y su primera novela titulada "Matar a un ruiseñor". Fue la única novela publicada de Harper Lee hasta el 15 de julio de 2015, cuando se lanzó "Ve y pon un centinela", novela que dormía el sueño de los justos en un cajón de Harper durante 55 años hasta que se decidió a publicarlo. En ella se  narra la vida joven y adulta de Jean Luise Finch (Scout)  la protagonista de Matar un ruiseñor (y ha sorprendido a todo el mundo por ofrecer una visión de su padre, el abogado viudo  Atticus Finch en la primera novela, el gran héroe antirracista, íntegro  y ético de los norteamericanos, convertido en un viejo gruñón...y bastante racista).

La novela está inspirada en las inocentes pero agudas observaciones que la niña Scout hace de sus vecinos en el pequeño pueblo sureño y de sus aventuras con su hermano un poco mayor y un sobrino de su edad que les visita a menudo. Pero también se convierte (por la experiencia que anunciábamos) en uno de los más serios y honestos alegatos contra el racismo que se han escrito jamás. La historia de una presunta violación de una joven blanca y el hombre de color al que acusa de haberlo hecho se convirtió en un escándalo que conmovió al pueblo y a todo el territorio  circundante (recuerden que son tiempos de leyes racistas, de imposición social de la desigualdad más violenta e injusta, de agresiones y grupos como Ku Klux Kan). El padre de la niña protagonista, un abogado liberal y honesto, Atticus, es el encargado de defender al negro que a todas luces es inocente. Y eso hará surgir todo el odio y la violencia de una parte de la población que llegará a salpicar a la familia Finch, ante la sorpresa, el dolor y la indignación de la niña y de su hermano, Jem. Es pues un "bildungsroman", una novela de iniciación, de pérdida de la inocencia, de toma de partido, de coraje y de compasión.  

"Matar un ruiseñor" ha tenido una historia curiosa, al margen de sus valores literarios y humanos. Durante años fue lectura obligatoria en las escuelas norteamericanas, como ejemplo de tolerancia e integridad  moral y condena de los prejuicios de la índole que sean. No obstante,  la novela también ha sido objeto de campañas para su retirada de la escuela pública,  "por el uso que hace de epítetos raciales". Hay pocos estudios sobre la novela, pero alguno de ellos señalan que los personajes negros no se exploran ni literaria ni psicológicamente con la profundidad que se hace con los blancos. Todo esto me parece como cuando la serpiente racista se muerde la propia cola y también un absurdo olvido de las circunstancias históricas de la novela, cómo y cuándo se escribió. En fin, siempre hay gente que le gusta sacar punta a lo que no debe tenerla. .

En cualquier caso el lector de estas líneas haría muy bien en comprar alguna de las muchas ediciones que hay de la novela, si no la ha leído ya. Es una novela inteligente, divertida, tierna e indignante; con un personaje, Atticus, ante el que hay que sacarse el sombrero y añorar el hecho de que no haya muchos hombres como él. Precisamente es el autor de una frase que da sentido al título "matar a un ruiseñor" (aunque luego saldrá  dos veces más, la última cerrando la historia, pronunciada por Scott, la encantadora niña narrradora)

FICHA

Matar a un Ruiseñor (To Kill a Mockingbird).- Harper Lee.- 10,00€.- 416 págs. 416.-ISBN: 9788498722734
 

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