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16 octubre 2017 1 16 /10 /octubre /2017 16:16

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16 octubre 2017 1 16 /10 /octubre /2017 09:51

 

Carlo M. Cipolla es un notable investigador en campos científicos como la historia y la economía, profesor en universidades europeas y norteamericanas y autor de enjundiosos títulos como "Historia económica de la población europea", "Historia económica de la Europa preindustrial y "Entre la historia y la economía". Sus estudios se han especializado en la historia de la moneda y el funcionamiento de las economías preindustriales. Pero además de un erudito de trayectoria impecable y austero carácter científico, Carlo M. Cipolla es un hombre con sentido del humor, alejado de la crítica feroz y la ironía despellejadora y mordaz. Humor del bueno, pariente lejano de Swfit, Chesterton, Twain o Sterne. Así que un día, ni corto ni perezoso, al amigo Cipolla, tal vez como actividad relajante, se le ocurre escribir dos pequeños ensayos en los que de una forma muy inteligente -el humor sólo puede ser inteligente- pergeña una parodia de su propio trabajo investigador para divertir a sus amigos y divertirse él mismo.Hace una edidicón privada de unos pocos ejemplares y los reparte entre sus conocidos.

En cuestión de meses se produce una difusión enorme de sus dos ensayos ya que sus amigos los prestan una y otra vez, se hacen fotocopias y con una celeridad de los tiempos de Internet , aún recién nacidos, se van difundiendo en escala geométrica.Ante este fenómeno, Cipolla se decide a publicarlos en edición venal en Italia (1988)  y logra un éxito de ventas. Las traducciones a diferentes idiomas se suceden y en toda Europa y Estados Unidos el boca-oido logra un fenómeno que conocemos en estos tiempos digitales como "viral". Ha nacido un libro de culto. Luego vendrá el periódico vaivén de la popularidad, tan efímera a menudo, entre los libros y este libro divertidísimo cae más o menos en el limbo previo al olvido.Pero en una librería de viejo encontré un ejemplar y aquí estamos. El libro está en las principales cadenas de venta, dormido pero presente y seguramente su librero favorito podrá dar con él sin dificultad, ¿no es cierto Octavio Serret?

El ingenioso Cipolla decide aplicar ese principio tan contemporáneo de su especialidad, la Economía, aplicando ecuaciones que reflejen las pautas de la conducta humana, aplicando junto a la historia métodos inductivos que provocaría la aparición de un "pseudocientifismo" que, junto a numerosos logros, trajo consigo ciertos problemas derivados de la aplicación de los métodos científicos a objetos de estudio banales o acusadamente irónicos desembocando en hipótesis  descabelladas  y absurdas pero perfectamente encuadradas en análisis lógicos y coherentes en sí mismos.

De esta guisa Cipolla , en el primero de los ensayos, justfica de manera científicamente razonable que una especie, la pimienta, ha provocado cambios esenciales en la historia de la Humanidad desde los egipciones, causando una formidable dinámica de cambio que justifican y aclaran las crisis demográficas, las Cruzadas y otros acontecimientos que la historiografía tradicional ha considerado efecto de causas muy distintas y aparentemente más racionales. Cipolla aporta el método científico básico: dada una determinada hipótesis de trabajo, se buscan y aporatn los argumentos que la justifican. Una vez contratada, la hipótesis se da por verdadera. Y así ocurre con el papel dinamizador histórico de la pimienta.

Para el segundo ensayo, "LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA", la cosa se pone aún más estupenda como diría Max Estrella.Usando las herramientas retóricas y científicas aportadas por las Matemáticas en la Economía Cipolla propone la hipótesis de que el número de estúpidos es incalculable y que los estúpidos están más cerca de nosotros de lo que creemos. Usando el poder de convicción práctica de estadísticas y gráficos economico, Cipollea propone una serie de leyes fundamentales de la estupidez humana:

1.-Siempre e inevitablemente se suele subestimar el número de individuos estúpidos en circulación; 2.-La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona;3.-El estúpido es más peligroso que el malvado;4.- El mundo está formado por incautos, malvados, estúpidos e inteligentes. Con algunas porciones de estupidez  repartidas aleatoriamente y temporalmente entre ellos.- 5.- Las estupidez es una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humanas.6.- Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.

Cuando uno acaba de lectura de este breve y desternillante opúsculo es presa de un sentimiento vago pero alarmante: si la propuesta "científica" no fuera tan claramente un despropósito irónico y algo mordaz, tipo la "propuesta" de Jonathan Swift de servir en la mesa de los ingleses a recién nacidos irlandeses bien asaditos para paliar la hambruna irlandesa provocada por el exceso de población y la escasez de alimentos, ¿habríamos sido capaces de advertir la línea entre el fraude pseudoerudito y la certeza científica? ¿Habremos dado por racionales y verdaderas las conclusiones de Cipolla amparadas por argumentos tan ingeniosamente utilizados? Respóndase a sí mismo con sinceridad, querido lector.

FICHA

Allegro ma non troppo.- Carlo M. Cipolla.-Tras. Maria Pons.- Ed Crítica.-ISBN 9788474235098

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14 octubre 2017 6 14 /10 /octubre /2017 09:04

¡¡¡Qué delicia!!! No conocía este libro pero no me ha sorprendido que fuera el polimórfico, irreverente, imaginativo y sorprendente Roger Caillois (escritor y crítico social francés, nacido en 1913 y fallecido en 1978) el que se atreviera con esto, lejos de geólogos, geógrafos y otros especialistas. Pura literatura y en muchas ocasiones pura poesía. Son unas doscientas páginas en un volumen en cuarto de folio, de los que la editorial Siruela nos brinda como un inapreciable regalo (dados su autores, temática y solvencia). Pero pasemos a esta gozada publicada en francés en 1970 (se tituló, muy acertadamente, "La escritura de las piedras") y recuperada en castellano por Siruela en el 2011 y para suerte de los despistados como yo en el cercano 2016.

El libro cuenta con un revelador prólogo de Emil Cioran, el filósofo rumano-francés que falleció en los 90 en un rapto de coherencia con su filosofía pesimista y escéptica (aunque por propia confesión se sentía más cerca de los cínicos griegos y de Epicuro). Hay un punto de reverberación entre Cioran y Caillois que justifica su encendido elogio en el prólogo. Se trata de su fascinación por el simbolismo que encierra la permanencia secular de las piedras, su pertenencia al origen tectónico, al fragor inimaginable de los inicios minerales del planeta, su estólida paciencia infinita, su resistencia y la hipnótica presencia en las montañas, en los ríos y en el fondo abisal de los mares. Y no nos habla de las piedras preciosas o de las sillares de grandes edificios o los bloques de las pirámides o la pétrea ornamentación de palacios, residencias o rascacielos.

Como señala acertadamente el prologuista Caillois tiene un fervor esencial por las piedras, el mineral en bruto, debido a su "nostalgia de lo primordial, la obsesión por los comienzos, por el mundo anterior al hombre, por un misterio más lento, más vasto y más serio que el destino de nuestra pasajera especie humana". Caillois nos guía por un mundo petrificado pero que esconde en su interior, en su composición interna, oculta por siglos, maravillas delicuescentes, aguas primordiales, vetas suntuosas...y nos asegura convincentemente que las piedras nos dispensan "múltiples serenidades". Y en ese párrafo comprendí mi fascinación por el texto que leía arrobado: soy de esos montañeros que se quedan como hipnotizados contemplando una falla tectónica, un caos de bloques, el perfil aguileño de una cumbre,  los juegos de arcoíris de pendientes fragmentadas de las montañas orgullosas y salvajes de los Puertos y, en un juego contradictorio, mi amor por la belleza de las pequeñas piedras, al estilo de León Felipe.

La belleza poética y filosófica de este texto es extraordinaria. Caillois "hila un discurso tan sencillo como lleno de sugerencia y belleza donde las piedras, los minerales, son el nexo de unión entre una forma material fría, concreta y definida, y el mundo poético e imaginativo que una piedra pueda despertar como una forma de sueño visual —y casi sensual— en el ojo humano". Para ello, repasa las páginas de la mineralogía clásica y nos habla de leyendas, mitos y símbolos, mezclando la realidad física innegable del mineral con la aspiración casi mística del observador. Como escribe Cioran: "Somos todos...fracasados de alguna aspiración mística, hemos experimentado nuestros límites y nuestras imposibilidades en medio de alguna experiencia extrema". Y así describe indirectamente la belleza de la montaña, un símbolo y una realidad física inevitable a la que afrontamos, fascinados por su llamada eterna y su presencia inamovible, presencia que nos lleva a experimentar "límites y posibilidades" que tal vez nos muestran cómo en realidad somos y a qué, en realidad, aspiramos.

La intención de Caillois (“No pretendo reconocer especies, sino hacer perceptible la fuerza de una fascinación. En esta visión un tanto alucinada que anima lo inerte y va más allá de lo percibido, a veces me ha parecido captar en directo uno de los nacimientos posibles de la poesía”) queda suficientemente explícita en su obra y,a  mi parecer, confirmada por el lector sensible a la faceta mineral de la belleza del mundo natural. Y como muestra un botón: "En la miel o la leche azul del ágata, a menudo las dendritas esbozan paisajes: colinas, valles o cañadas, siempre plantados de abetos que la distancia convierte en minúsculos y que se reconocen por la silueta puntiaguda...en los crepúsculos ardientes de la cornalina, dibujan una línea negra ininterrumpida; en la calcedonia sin embargo, se reagrupan en bosquecillos poco frondosos". Delicioso. Como cuando describe el interior de otra piedra : “El verde se desliza por la superficie del hierro y le añade un brillo impaciente que se estremece en el espejo sombrío como el agua al entrar en ebullición. Se encuentra ahí reverberado (¿de dónde vino?), color de ultramundo bruscamente captado y rápidamente devuelto, como el fino relámpago de un rayo minúsculo”.

En resumen, un libro para atesorar.

PIEDRAS.- Roger Caillois.- Trad. Daniel Gutiérrez.- Ed. Siruela. ISBN 9788416465972

 

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9 octubre 2017 1 09 /10 /octubre /2017 08:19

Noventa y un años tiene la criaturita. El jerezano Caballero Bonald, a estas alturas de la jugada vital, no se anda con chiquitas ni tiene por qué ni para qué. Me ha encantado este "Examen de ingenios" que acoge el título del famoso (entre los lletraferits y estudiosos de la literatura clásica castellana) libro de Huarte de San Juan, simplemente porque le viene en gana y se ajusta a lo que nos ofrece. Nuestro autor ha sabido aprovechar el tiempo, no sólo por su ingente obra literaria, novela, poesía, ensayo, sino por su presencia activa en la vida cultural española e internacional durante toda su vida. De ahí que se haya codeado con la mayoría de los que son (en literatura) y algunos de los que no lo son demasiado y otros que han cultivado otros menesteres y se han  hecho populares por ello. Ciento tres personajes variados del mundo de la cultura española de este siglo, perfiles elaborados muchos de ellos desde la distancia de los años y otros mas o menos cercanos, todos desde la óptica personal y sin resabios ni demasiadas cautelas de un nonagenario que ya se considera por encima de muchas cosas, respetos y cuidados sociales.En realidad, dada su cierta fama áspera y algo lenguaraz, esperaba un reparto de golpes y mandobles...me equivocaba y el sibilino humor senequista del andaluz ha suavizado los embites a las referencias biográficas y literarias del paisanaje. Inlcuso nos obsequia con algún paladín reconocimiento de deudas y admiraciones respecto a algunas, no muchas, de las figuras comentadas.

No se ocupa de figuras recientes, sea cual fuere su presunta importancia, y pone coto cronológico y por cierto es coherente con su impresión de estar en unos tiempos y estilos que ya no le conciernen demasiado. Tampoco busca C.B. hacer enjundiosos análisis de sus compañeros de oficio y no extrema el rigor en ningún momento, se limita a hablar de su propio gusto (o disgusto) sin tratar de sentar cátedra, cosa de agradecer por supuesto. Así que se puede permitir algunos pescozones y el ejercicio de una ironía y un alejamiento crítico que divierte al lector y no le incomoda. Se limita a  (citando al poeta Ángel González) destacar que la literatura “en la que no se filtre una cierta dosis de ironía, aunque se trate de una ironía matizada por el correlato objetivo, tiende a convertirse en un sermón”. Y C.B. está en las antípodas de tales arrebatos jesuíticos y se puede permitir decir de cada uno de ellos lo que le apetece decir, con la seguridad casi inevitable de que a su edad nadie se le va a enfadar (de los poquísimo que aún vivan). Sus lisonjas son breves y siempre razonadas, no es un libro de hisopos y lametones, lisonjas o entusiasmos fervorosos.
El lector avisado acaba sospechando que todo esto va de memoria personal, íntima, subterránea, de recordatorio de sí mismo a  través de colegas admirados, respetados, detestados o neutrales. No hay referencias críticas a ensayistas u opiniones de manual. Es un caldo C.B. sin aditamentos foráneos.

Uno ve desfilar (a veces "en paños menores" o en pelota viva) a figuras, fugurones y figuritas, desde Cela o Gala, a Jesús Aguirre, Borges ensimismado en sí mismo, Aranguren, Neruda o Alberti, se acuerde de Pepa Flores o de la Niña de los Peines, del gran León Felipe a Alfonso Guerra, de Cunqueiro ,medio olvidado tan injustamente, a Max Aub (y sus resquemores egoicos) o al estólido Joan Miró, Alejo Carpentier o el surrealista Eugenio D'Ors, de Antonio de Mairena a Oteiza, de Tápies a Rulfo, o del psiquiatra Castilla del Pino a Ignacio Aldecoa o al espeso Sánchez Ferlosio (al que tampoco  alaba ya su "Jarama", de Cortázar a Barral, de García Hortelano a Gil de Biedma, o de Paco Rabal a Juan Marsé o Emilio Lledó, de los Goytisolos a Gamoneda o Umbral.

De este último hizo un panegírico totalmente merecido, anotando de paso su talante histriónico y provocador. Y escribe con más razón que un santo: "Umbral dispuso en todo momento de una lengua literaria adecuadamente seductora, un entramado de elocuciones donde los caracteres rítmicos y tonales, la ornamentación del farseo, las normas sintácticas y morfológicas, el simple valor fónico de las palabras configuran en todo momento un suntuoso ejemplo de vitalidad creadora". Sólo un poeta y escritor tan lúcido como C.B podía haber acertado tanto.

Subjetivismo crítico a toda máquina con sartenazos incluidos, pero todo con resabios de honestidad y talante y genio propios y sin pelos en la lengua. De esa honestidad habla los reseñados cambios en opiniones y valoraciones sobre algunos de los autores tratados (algunos, auténticas "vacas sagradas" de manuales literarios al uso. Esos cambios permiten al lector comprobar la coherencia de C.B. consigo mismo. De verdad, vale la pena comprar el libro y dedicarle unas tardes de lectura.

Y solo una pequeña observación traviesa y humilde a C.B.: en la página 43, al maestro se le cuela un error cuando cita a Shakespeare (Hamlet) y en concreto la magnífica prédica de consejos que el pesado Polonio hace ("presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz", en otras muy sabias) a...Laertes, su hijo. Y no a Hamlet como escribe el maestro.

 

FICHA

«Examen de ingenios». José Manuel Caballero Bonald.-Ensayo. Seix Barral, 2017. 464 páginas. 19 euros. ISBN 9788432232404


         

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6 octubre 2017 5 06 /10 /octubre /2017 08:50

Tiene algo barojiano el amigo Mur en su escritura, aunque resulta ser mucho más detallista y amigo de cifras y datos documentales que el gran escritor vasco. Da un cierto gozo leer este libro, al que no llamaré novela, porque en él respira el Tiempo pasado, el de una época no tan lejana (del siglo XVII a principios del XX), no sólo por la temática, la historia de la casa Membrado en toda la Tierra Baja, sino por el estilo tan peculiar que sólo creo haberlo leído en legajos y narraciones populares o eruditas del arco que va desde la Baja Edad Media hasta la Modernidad y el periodo convulso de las guerras carlistas. Ramón Mur reconoce paladinamente que su libro es una "recopilación novelada de los numerosos datos entresacados de los legajos escondidos en un archivo semi secreto de la familia Membrado...está escrito en una deliberada aclimatación al contenido de las escrituras notariales, correspondencia o cuadernos de contabilidad de la Casa...algunos "arcaicismos" (sic) y hasta errores gramaticales de hoy han sido admitidos como marco apropiado para una obra antigua metida en moldes nuevos y que no tiene su origen exclusivamente en la imaginación del autor". Ésta sirve de hilado o urdimbre que da cohesión al entramado de los datos y referencias documentales. No es un defecto sino un hecho objetivo y no resta nada del valor intrínseco a la obra. Es la diferencia con obras como las últimas de Silva o Cercas que, a pesar del gran aporte documental, son novelas propiamente dichas. Pero, y aquí está la supuesta "contradictio in términis" (lo que se llama en griego "oxímoron") del libro de Mur,  ya que se trata de un documento que se lee como una novela.

Para las gentes de esta zona matarreñense, las del Bajo Aragón y las tierras del Mezquin debería ser un libro de consulta sobre las antiguas tradiciones y formas de vivir de nuestros antepasados, para el resto de los mortales es una curiosísima oferta étnica, antropológica, social, histórica, costumbrista y geográfica que estimula las ganas de conocer estos lugares a los que sólo falta un poco más de lluvia para ser una antesala a una especie de reserva natural del placer de vivir.

Por cierto, la sadurija, que da título al libro, es una planta silvestre, la ajedrea en castellano(utilizada para cocinar o aliñar las olivas), que "bañada en aceite de oliva durante doscientos años" tiene -se dice- la virtud de alargar la vida a quien la consume o hacerle recuperarse de cualquier mal de forma casi  milagrosa. Ese "secreto" salutífero está en el origen de la fortuna de la familia Membrado como vemos a través de la narración, que alcanza acentos épicos cuando nos lleva al interior de la guerra carlista, al general Cabrera y Zumalacárregui y van surgiendo los nombres y hechos de ciudades y pueblos que transitamos todos los días, Belmonte, Valderrobres, Alcañiz, Teruel...

Es obra complementaria pero distinta a las de Braulio Foz, Ciro Bayo, Valle Inclán, Galdós o Baroja, todos escritores clásicos que transitaron por estas tierras y la hicieron escenario de algunas de sus correrías literarias y las supera sin duda en el aporte documental y lingüístico, en los detalles botánicos, vegetales y geológicos de sus descripciones. La historia de los Membrado desde su origen como arrieros y muleros hasta convertirse en un poder efectivo basado en la propiedad de la tierra y en el apoyo de la Iglesia, es uno de los argumentos literarios más usados en la Historia del arte de narrar, el del cambio de Fortuna. Como diría el Lazarillo de Tormes, esta novela "muestra cuánta virtud sea saber los hombres subir, siendo bajos; y cuánto vicio, dejarse bajar, siendo altos"  .

FICHA

SADURIJA.-Ramón Mur.- Centro de estudios Bajoaragoneses.- 16 euros.-255 págs.

 

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3 octubre 2017 2 03 /10 /octubre /2017 09:07

 

Al margen de la individualidad propia de cada obra de Francisco Rico (el recorrido erudito y literario  de este setentón, que moja su pluma en todos los pucheros literarios habidos y por haber, es asombroso) esta obrita de 1976, editada por Seix Barral (parece que ha visto nueva vida en años posteriores)  es una lúcida y , me atrevería a decir brillante, visión de la "importancia del punto de vista" en el análisis de la novela picaresca, ese gran hito de la literatura Universal aportado principalmente por la narrativa hispana a partir del siglo XVI, principalmente en sus dos obras cumbre, el Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache. Rico, a modo de genial rumiador que metaboliza sapiencias ajenas, un jovial digesto de  todo tipo de erudiciones literarias con la habilidad, casi maestría, de hacerlas sonar como novedades -y en muchos detalles, realmente lo son-,  recoge mucho de lo que se había escrito, pensado y comentado en los años 70 del pasado siglo sobre esa gran aportación española, la novela picaresca (tan decisiva para comprender la novela moderna), y propone una relectura sazonada de correctos análisis (trama, estructura, estilo, técnica, vocabulario, "presencia" del autor en  el relato, etc.)  y no menos correctos correlatos históricos y sociales para situar la obra y los presuntos autores.

Casi todas las novelas picarescas de las que nos habla el amigo Rico -aunque su tesis principal  es que propiamente dichas  solo hay dos novelas picarescas, el Lazarillo y el Guzmán--comparten una serie de puntos comunes que la convierten estilísticamente en un género literario. Y así, el protagonista, el pícaro (etimológicamente, el que "picaba" los bolsillos de la gente de forma furtiva, un ladrón en suma), es un hombre de muy bajo rango social,  descendiente de padres delincuentes. Es un contrapunto trágico-cómico al caballero, el hombre de supuestos ideales y de principios morales. Nuestro pícaro trata de evitar a toda costa pasar hambre y usa su ingenio -totalmente amoral, basado en el engaño y la estafa, como poco - para sobrevivir, con generalmente mala fortuna.

El narrador suele contarnos su propia vida, casi siempre en primera persona -signo éste de distinción entre las "verdaderas" picarescas y las añadidas-  y, como dice Rico, el punto de vista que predomina en la narración es el de Lázaro adulto que protagoniza el "caso" que somete al juicio y conocimiento de "Vuesa Merced", el desconocido destinatario de esa carta autobiográfica que es la novela, que reflejará  la lucha desigual de un miserable, hijo de la miseria y el delito, por la supervivencia básica, a cualquier precio,  y el afán de mejorar siquiera de forma leve en la escala social de la miseria. Y esa, dice Rico, es la tesis central de la novela: en palabras de Lázaro "mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir, siendo bajos; y cuánto vicio dejarse bajar siendo altos". Y comentarle a "Vuesa Merced" el porqué de su vida y su modesta fortuna, el "caso", consiste en asegurarle que son falsas las habladurías que conciernen a su moral matrimonial: no es cierto que su esposa sea la barragana del Cura y que él sea un "marido cartujo" es decir de los que soportan en silencio la infamia de los cuernos a cambio de prebendas y favores.

Y así narra su vida, aunque esa lucha continua -semejante a la de Guzmán, pero con menos resabios morales- se dirige casi siempre al fracaso, al castigo y al deshonor. El pícaro cae una y otra vez y siempre vuelve a levantarse, por eso su narración es episódica y podría ser interminable, excepto por la muerte del narrador-actor o su encierro vital en prisión o condena a galeras, cosa que no sucede nunca, por pura lógica narrativa. Así el final abierto es una constante en la picaresca (cosa que permite la existencia de algunas segundas partes apócrifas,- y casi nunca dignas de aprecio- , como en el Lazarillo). Todo en realidad expuesto a manera de los "exemplos"  de la literatura moralista de la época, pero con mucha más gracia, humor surrealista y crítica social: los males que padece el pícaro se ven reflejados en escala mayor y más "selecta" en la sociedad de la época, desde los más pudientes y poderosos, al clero y la nobleza: es una sátira perfecta de la hipocresía social de aquella España de los siglos XVI y XVII, políticamente caótica y mal gobernada, católicamente codiciosa, avara y explotadora.

 No sólo tenemos pícaros narradores, individuales como Lázaro o duales como Rinconete y Cortadillo, también mujeres "La pícara Justina" de 1605 -que nos recuerda a la "Moll Flanders" de Defoe- y también suelen mostrar entre ellos muy diferentes cataduras personales : desde la inocencia y buenos sentimientos del Lazarillo, a la trapacería canallesca del Buscón o la amargura depresiva del Guzmán. Todo el género parece deudor de obras como "El libro del Buen amor" del Arcipreste de Hita y en cuanto al uso autobiográfico de ejemplos tan selectos como "Las Confesiones" de San Agustín o los escritos biográficos de Santa Teresa.
Curiosamente, explica Rico, el género de la picaresca causará un deterioro en la evolución de la novela española que durará casi dos siglos. Se trata de un proceso en el que se pierden los valores y la potencia narrativa de El Quijote y del Lazarillo Y ello ocurre por varios motivos, desde los excesos conceptistas en obras satíricas que se quedan en costumbrismo burlesco, hasta el exceso de la supuesta moralización que la Iglesia expande con todo su poder. Rico acaba su entretenido ensayo diciéndonos: ..."¿hacia dónde hubiera caminado la novela picaresca si hubiera seguido los pasos de Lazarillo y Guzmán? Pues derecha hacia la novela moderna y nos guste o no -apostilla Rico- ésta novela es la historia de una cierta narrativa realista constituida ni más ni menos en el rechazo de la doctrina jerárquica de los estilos y caracterizada por la convicción de que todos los asuntos y personajes son dignos de la misma atención literaria". La grandeza de las dos obras principalmente citadas y analizadas por Rico es haberse adelantado a esa "democratización" de los personajes y temas de la novela.

El libro de Rico es abundoso en citas y el lector disfrutará de tales citas eruditas si conoce al dedillo el francés, el inglés, el italiano o el latín. Si no es así, que no espere que el autor, ni el editor, les traduzca las citas. A pesar de ello, el libro es un sugestivo y sugerente paseo por las intimidades literarias de la novela picaresca española, especialmente como he dicho con el "Lazarillo de Tormes" y el "Guzmán de Alfarache".

Como curiosidad literaria respecto al Lazarillo, se han barajado varios autores conocidos como "padres" de esa obra sin autor conocido: desde Fray Juan de Ortega, a Diego Hurtado de Mendoza, y a los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, que se asemejan por su estilo e ironía crítica. Otros autores proponen a humanistas como Luis Vives o Lope de Rueda.

FICHA

LA NOVELA PICARESCA Y EL PUNTO DE VISTA.- Francisco Rico.- Seix Barral.- 146 págs. ISBN: 8432201979




 
 

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1 octubre 2017 7 01 /10 /octubre /2017 08:01

 

Al principio, parece que no es el mismo. Paul  Auster se ha reinventado como escritor en esta su última novela. Siete años de silencio para parir al fin un mamotreto de cerca de mil páginas donde el lector, si está dispuesto a seguir siendo fiel al autor neoyorquino, comprobará que tras el nuevo ropaje, anida el Auster de siempre. Cuando empieza uno la novela se lleva la primera sorpresa, el estilo y la temática parecen surgidos de cualquier autor centroeuropeo, alemán (Mann, Hesse o Gunter Grass) o sobre todo polaco, húngaro y en todo caso con acento "yiddish". Auster me sonaba a lo último que había leído de Israel Yehoshua Singer (el hermano más listo del Nobel Isaac Bashevis Singer), "Los hermanos Ashkenazi", con algunas licencias de autores judeo-norteamericanos como Saul Bellow, Philip Roth, Bernard Malamud y otros (incluido el humor muy inteligente -y judío-  de Woody Allen). Frases largas, circunloquios interminables, descripciones psicológicas, históricas, políticas o sociales inacabables, ingenio por todos lados y un olor a novela decimonónica absolutamente nuevo en Auster.

La decimoséptima novela de Auster, "4321", es larga, larguísima como corresponde a la enorme ambición de la propuesta literaria de este autor, guionista, ensayista, director de cine, poeta, norteamericano de origen judío. Su habitual estilo sincopado, directo, coloquial, de frases cortas y adjetivos contundentes ha dado paso a una sintaxis que florece en frases largas y sinuosas, donde con tono costumbrista, moroso, lleno de detalles y datos, se nos cuenta pormenorizadamente  la vida de una persona y su escenario vital, desde las personas que acompañan su existencia a los eventos políticos, sociales  y económicas que forman el entramado externo... con un elemento innovador y fuertemente sugestivo: se nos ofrecen cuatro posibles variantes de la historia del protagonista. Es la plasmación literaria de un lugar o pensamiento común en cualquier hijo de vecino: ¿qué hubiera sido de mi vida si no hubiera ocurrido tal cosa o hubiese sucedido tal otra, si no hubiera conocido a esa persona, si no hubiera acudido a aquella cita que cambió mi vida?

Hace falta un gran valor y una gran decisión imaginativa para armar y desarrollar una cuádruple estructura semejante, con un trasfondo común. Para que la cosa sea aún más interesante, Auster no busca un personaje totalmente imaginario sino que se pone a él mismo de protagonista, por personaje interpuesto lógicamente y nos cuenta de esa manera qué le empujó a ser escritor. Hay ciertas semejanzas con el Murakami de "1Q84" (título  numérico y enigmático también), que registra una misma historia contada a través de los puntos de vista de los tres personajes principales), en la que el azar tiene una gran importancia como motor argumental.

Las historias que nos cuenta Auster van mostrándonos ciertos momentos de su vida en los que un hecho fortuito -el azar- cambia su visión de la vida y hace nacer la semilla vocacional que hará de él un escritor (en una de las historias, es la muerte por un rayo de un compañero). Azar y muerte son los dos elementos ontológicos que se convierten en las referencias básicas de la novela, así como referencias familiares directas que van surgiendo de la memoria personal del escritor y que éste integra sin disfraz alguno en su novela.

Archie Ferguson, protagonista de "4321" -y sus avatares ucrónicos- van viviendo diferentes momentos vitales y anécdotas, de la infancia a la madurez, en las que Auster se ha incluido  en numerosas ocasiones. Por ejemplo, el luctuoso hecho de que se entera de la muerte de su padre a la mañana siguiente de haber terminado su primera novela, habiéndose ido a dormir  feliz y emocionado sabiéndose ya escritor, surge en la narración casi sin cambios.

 

Uno de los cuatro Ferguson, o mejor uno de los cuatro senderos escogidos por cada Ferguson acabará con la muerte, mientras que  los otros tres seguirán trayectorias distintas hacia un fin común: ser escritores. Uno de ellos estudia en la Universidad de Columbia y Auster juega con el lector haciendo que algunos personajes de sus novelas anteriores se conviertan en compañeros de su protagonista. El realismo de Auster forma parte de su sello de fábrica, como él mismo dice : “Robo cosas de la realidad, como debe hacer todo novelista, episodios de mi vida, como mi primer martini, mi amistad con Pierre Matisse, el galerista, o la historia de la dueña de la casa de putas de Texas que reciclaba condones, lavándolos y poniéndolos después a secar enfundados en palos de escoba. Son hechos reales, pero eso da igual. Lo que importa es lo que la ficción haga con ellos”.

Como Auster confesó en alguna ocasión, sentía que su narrativa era deudora en conjunto y simultáneamente de Borges, Calvino, Philip Roth y John Irving. Aquí hay mucho de ellos, envuelto en la sólida literatura costumbrista yidish centroeuropea, trasplantada a Estados Unidos. Nos ofrece, sin dudarlo, cuatro novelas en una, ¿hay quien de más?  Tiene mérito que Auster coja un determinado periodo histórico de principios del siglo XX hasta bien entrados los años 70 y deje suelto al azar como un aprendiz de brujo, trastocando incidentes, cambiando datos y hechos, ofreciéndonos muchísimos "si hubiera, o no, ocurrido eso" que van cambiándolo todo, excepto la vocación literaria del protagonista. Es un "bildungsroman" (novela de iniciación)  convertido en cuatro, en los cuales hay algunos personajes recurrentes (que obran o influyen de distinta manera en cada "versión" del protagonista). Y por supuesto ese protagonista, a tenor de las circunstancias se convierte  también en alguien algo o muy distinto, rico, pobre, bisexual, huérfano, cinéfilo, pero al fin, escritor. Un diseño estructural endemoniadamente inteligente y hábil.

Excelente y torrencial novela, no muy fácil de leer, a veces agobiante y excesiva, pero en definitiva ineludible.

FICHA

4321,. Paul Auster, trad. Benito Gómez Ibáñez, Seix Barral, 23,90 euros, 957 págs. ISBN 9788432232893

 

 

 

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29 septiembre 2017 5 29 /09 /septiembre /2017 18:05

La narrativa sobre el Holocausto judío por los nazis siempre me ha producido una sensación de horror impotente, la confirmación más feroz del dictamen de Hobbes sobre el carácter lobuno del hombre contra el hombre (pobres lobos, no llegan ni con mucho a la desorbitada deshumanización de nuestro género a través de la historia) o la aseveración del gran Jonathan Swift de que el hombre es la criatura más dañina e inmisericorde y estúpida de toda la Creación: para mí, si creyera en Dios, le diría que el Hombre ha sido su mayor error, que no lo justifica ni Mozart, ni Miguel Angel, ni Shakespeare. Viene esto a cuento de la lectura del libro de una superviviente de los campos Auschwitz-Birkenau y Ravensbrück, la húngara Magda Hollander-Lafon.

Tal como dicen los editores, este libro "no es un testimonio sobre el Holocausto, sino una meditación". No llega  a ponerse en la línea de "La vida es bella", la película de Roberto Benigni,  ni tampoco en la autobiografía novelada "Esto es un hombre" de Primo Levi, la autora -una abuela de aspecto bondadoso que hace honor a su humanidad- evita los detalles espeluznantes (precisamente la represión nazi contra los judíos en la Hungría ocupada fue sistemáticamente cruel y desalmada, muy bien secundada por un Gobierno húngaro tan antisemita como los nazis) y se hace eco de momentos, detalles, eventos y circunstancias que parecen inesperados brotes de luz en un oscuro estercolero de sangre y violencia.

La autora, superviviente del holocausto, es uno de los 437.403 judíos húngaros que fueron deportados entre el 15 de mayo y el 9 de julio de 1944 y exterminados en los campos nazis, sobre todo en Auschwitz-Birkenau. Como se explica bien en la introducción de los editores y en la nota histórica final que contiene el libro, el exterminio de los judíos húngaros, fue sistemático, profesionalizado, cruel hasta la saciedad, ya que se ciñó a un plan perfectamente diseñado que se había ido elaborando en las sucesivas deportaciones de otros países europeos. La autora, de manera milagrosa y con la despierta y astuta condición de saberlas ver venir (los cambios de fila en los conteos buscando compañeras menos depauperadas), pudo salvar su vida con otras mujeres a base de astucia, de valentía, de fortaleza (y por supuesto, de suerte, uno de los ingredientes más esenciales en estas situaciones)  tanto en la permanencia en los campos, como en el momento de la huida.
El libro está compuesto por dos relatos: el primero, "Los caminos del tiempo" fue escrito en 1977 después de una permanencia en un hospital, y es un testimonio de aquellos momentos trágicos que pasó. El segundo, "De las tinieblas a la alegría" se acerca más al relato de tipo confesional, religioso y espiritual. Una reflexión interior, basada en una serie de cuestionarios y relatos que la autora -pedagoga de profesión - ha ido transmitiendo a sus alumnos de educación primaria y secundaria. Intenta mostrarnos uno de los efectos colaterales beneficiosos de su terrible experiencia, un camino de búsqueda de un Dios. En él , Hollander-Laffon pretende con un estilo breve, casi en forma de sentencias y frases cortas muy emocionales y esperanzadas, aportar una visión que contrastara con los horrores vividos, en base a la esperanza de vivir y a la lucha constante por la supervivencia, a ciertos inconcebibles detalles humanitarios de algunas personas hacia ella, haciendo especial énfasis en momentos como la donación de cuatro mendrugos de pan mohoso que una prisionera moribunda le hace (pidiéndole que sobreviviera para dar testimonio de ese infierno).
No es, realmente "una nueva visión de los campos" como aseguran algunos comentarios sobre el libro. Es un poco más de lo mismo en todos los aspectos, no hay nada nuevo, pero tampoco hace ninguna falta. La autora relata, y aquí está una cierta novedad, momentos duros, crueles, inhumanos, pero lo hace con una moderación nada hiperbólica, sin frialdad pero sin aspavientos de horror y condena (ella llega a contarnos el enorme sentimiento de culpa que arrastró durante muchos años sólo por haber sobrevivido). Prefiere recordar una otra vez una cierta sonrisa, unas pocas gotas de agua robadas por otras presas a los carceleros que lograron hacerla revivir, los mendrugos que la salvaron de la inanición...
Estos libros tienen una mayor o menor calidad literaria (el que nos ocupa está en el segundo grupo) pero eso no es lo importante. Importa el mensaje continuo de esperanza, amor y fuerza vital que la autora va recordando con su prosa a veces poética, a menudo entrecortada, sin una linea narrativa coherente, simplemente retazos de momentos y pensamientos. El valor que recibe el mensaje, tan lastrado de espiritualidad de manual, es precisamente su coherencia profunda y ejemplar con la vida de esta mujer y el infierno que tuvo el valor y la suerte de superar.
 
FICHA
CUATRO MENDRUGOS DE PAN.- Magda Hollander-Lafon.- Trad. Laura Salas.- Ed. Periférica.-Pags. 151.- ISBN 9788416291526

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27 septiembre 2017 3 27 /09 /septiembre /2017 08:25

Rosa Ribas, autora de "Pensión Leonardo", que ya hemos comentado en esta página y de una trilogía policiaca de la que también hablamos (en coautoría con Sabine Hofman) vuelve a navegar en solitario por los procelosos mares de los libros y lo hace con una recreación sutil, atrevida y bien resuelta del mito del hombre lobo. Y con osada imaginación lo trae a las tierras del Maeztrazgo, a ese mundo rural donde sin duda, aunque en otras latitudes, nació la leyenda.

Ribas juega con habilidad la trama, desde el descubrimiento que hace el niño de su salvaje peculiaridad (la escena de la abuela haciéndolo retroceder a  correazos por los cambios que percibe en él al ver la sangre de una gallina decapitada, es un ejemplo un tanto excesivo) hasta sus dificultades para tratar de llevar una vida de trabajo y relación cuando crece y su propio terror y rechazo hacia sí mismo. Eso lleva al protagonista a abandonar sus tierras (en Vistabella, Castellón) para irse a Alemania a trabajar en unas minas de carbón, en cuyos profundos túneles esté a salvo de las maldades que el plenilunio obra en su organismo y en su mente. Como un caso psicopatológico de doble personalidad, Ribas recrea desde otro punto de vista el mito del doble malvado, aquél que R.L Stevenson diseñó con tanta maestría en Mr. Hyde y el Dr. Jeckill. Ribas busca la fibra sensible del lector narrando el suplicio que vive el niño en su entorno rural, en la escuela, entre sus vecinos. Al tiempo nos va mostrando escenas del pasado que tratan de explicar al lector la génesis de la brutal metamorfosis licantrópica.

La autora no ahorra al lector una dureza narrativa sin tregua (pese a algunos intentos de lirismo que no cuajan) y buscando al tiempo humanizar la figura del protagonista, no sólo a través del dolor que inflige a otros, sino del tormento personal.

No soy muy aficionado al género de terror, pero en este caso Rosa Ribas lo aliña con ciertos detalles y estampas en las que surge una mirada crítica -la emigración de españoles a Alemania en los sesenta empujados por la miseria y los abusos- y una sabia reflexión sobre la ignorancia de las clases más necesitadas (en este caso en el Maeztrazgo) y la ausencia de ayudas de un régimen político que privilegiaba a unos pocos y mantenían bajo el terror y la violencia a una mayoría desclasada. Esos mensajes narrativos trascienden y singularizan esta novela., fuera de los límites del género.  Con un final que también rompe la tradición de los relatos de hombres lobo.

FICHA

"La luna en las minas".- Rosa Ribas.- Siruela. ISBN 9788417041328

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24 septiembre 2017 7 24 /09 /septiembre /2017 08:19

 

Acantilado ha tenido la excelente idea de recuperar una de las grandes obras emblemáticas de la literatura hebrea y yiddish, "Los hermanos Ashkenazi", la ambiciosa recreación de un mundo complejo y  profundamente enraizado en la tradición judía y en una época en la que tendría lugar el fortalecimiento de los más graves intentos de dominación y extinción del pueblo judío, en los albores del siglo XIX y después, tras la Revolución rusa y la convulsa situación centroeuropea que pondría los cimientos de los genocidios de la II Guerra Mundial. Israel Yehoshua Singer es el hermano del premio Nobel Isaac Bashevis y nunca alcanzó la relativa fama de éste, al menos en vida.

En el año 36 del pasado siglo dio una campanada literaria al publicar esta novela en Estados Unidos y en Europa. Mientras entre los norteamericano llegó a eclipsar a su ilustre hermano (se dice que esta novela llegó a igualar en fama y número de lectores al novelón sureño de la Mitchell "Lo que el viento se llevó") en Europa se combatía en España y el resto de Europa velaba armas, aún si creérselo demasiado, por la amenaza nazi y de las dictaduras y regímenes fascistas, con lo que la enorme obra de Yeshoshua pasó casi inadvertida, a pesar de ser un canto del cisne de una forma de vida, como casi todo el mundo temía.

Hay algo de premonitorio y freudiano en esta novela en la que la historia de los dos hermanos, líderes de la comunidad judía polaca, simboliza un poco la historia bíblica de Caín y Abel y refleja indirecta y astutamente las diferencias apreciables entre los enfoques del judaísmo entre Isaac e Israel, dos hermanos escritores tan precisos para conocer la historia reciente del judaísmo en Europa, mucho antes de la creación del Estado de Israel. Afortunadamente, los de Acantilado, han tenido la bondad de añadir un glosario de términos hebreros y yiddish para que la labor de lectura sea menos penosa por no entender ciertas palabras claves.

La obra de Israel es al judaísmo lo que "Los Buddenbrook" a los alemanes y se debe destacar que con el mismo talante simbólico descriptivo y explicativo que Mann aplicó a su prodigiosa y larga novela, Israel la planteó para las vivencias y trayectoria de la comunidad judía de Lodz (Polonía), habiendo una extrapolación genial de lo particular a lo general, de lo familiar a lo étnico. Para ello Israel logra una brillante descripción de las coordenadas de tiempo y lugar que confluyen en la historia, con una potencia narrativa de primer orden y una potente documentación realista, económica y social, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Gran Guerra. Circunscribiéndose a esa zona polaca, desde la llegada de los inmigrantes alemanes y judíos tras la anexión del Ducado de Varsovia al Imperio ruso en 1831, el lector asiste asombrado al nacimiento de la gran industria textil asentada en Lodz que elevó su población de algo más de 10.000 habitantes en 1840 a medio millón antes de comenzar la Guerra Mundial.

Y así, con el motor de la historia de los dos hermanos Ashkenazi,  en la que, (como en las descripciones de la condición femenina en esa tradición judía, pags. 24 y 25 por ejemplo) late a menudo un cierto maniqueísmo, el escritor nos brinda el gigantesco  ejemplo de un tipo de narrativa de raíz centroeuropea que hasta hace bien poco no está recibiendo el reconocimiento que tuvo a mediados del siglo XX. El valor de esta obra insigne que el lector debe abordar con la paciencia y atención que precisa un Proust, por ejemplo, es el de ser un fidedigno espejo que se pasea a lo largo de los acontecimientos capitales del siglo XIX y XX, desde la revolución industrial a la rusa, desde el naciente sindicalismo y las luchas obreras en la Rusia zarista ("por robar y apalear a un judío la sentencia era de seis  meses de prisión y por organizar huelgas eran de 5 a 8 años de prisión a los que se sumaban de cinco a 10 años adicionales de exilio en Siberia") hasta el triunfo del capitalismo y sus maniobras para hacerse con el poder o la degradación corrupta del "poder del pueblo soviético". Todo a través del espejo fiel, aunque un poco deformante, del judaísmo en busca de su propia  identidad, reflejado  en miles de identidades por toda  Europa.

A pesar de ser un asunto archiconocido en la patética historia de ,los judíos en Europa, esta soberbia novela se convierte en el paradigma de una época determinada cuando los pogromos en Polonia surgen como setas y el resto de la población reacciona  ante cualquier problema o disputa, ya sea política, social o económica degenerando en una masacre contra los judíos acusados de conspiradores, acaparadores, ladrones, espías, o cualquier otra razón (como la de que usaban sacrificios de niños cristianos en sus rituales). Alucinante. Hasta los soviets revolucionarios, que habían sido organizados y ayudados por muchos judíos, se unen a la furia persecutoria.  Toda esa situación obliga a los judíos a engrosar las listas de emigrantes a  Estados Unidos o  Hispanoamérica.

La pregunta que circula subterráneamente por toda la novela está aún hoy sin contestar adecuadamente: ¿hay algún lugar en la sociedad occidental capitalista para un judío sin que éste deba, en mayor o menor medida, renunciar a su identidad?  Porque la respuesta que ofrece uno de los gemelos de la novela, el mayor, Simha, el Caín simbólico, se ha convertido casi un siglo después en una realidad de la que el estado de Israel es muy consciente y sabe usarlo para sus intereses: " Cuando creciera, se sentaría en un despacho como el de su padre, pero no llevaría la kippah, sino que iría a cabeza descubierta, como los mercaderes alemanes del otro lado de la calle. Tampoco trataría a la gentuza que trataba su padre. Tendrían que quitarse las kippahs y dirigirse a él en alemán en lugar de yiddish."

Y otro de los grandes personajes de la novela, el revolucionario Nissan dice: Sí, odiaba a su padre, y junto con su padre, odiaba sus libros sagrados que sólo hablaban de dolor y estaban empapados en moralidad y melancolía ;su Torah, tan compleja y enrevesada que desafiaba todo entendimiento; todo su judaísmo, que oprimía el alma humana y la cargaba de culpa y remordimiento. Pero, sobre todo, Nissan odiaba al Dios de su padre, aquel ser cruel y vengativo que exigía una obediencia ciega..."

Quizá la tradición narrativa oral del judaísmo sea el origen y la confirmación del talento literario que muchos escritores judíos han ofrecido a la historia de la literatura. Los hermanos Singer, muy conocidos el pasado siglo, no tienen nada que envidiar a los muchos judíos célebres de ayer y de hoy que han enriquecido la Literatura. En impresionante la belleza literaria de estas novelas, escritas con un perfeccionismo apabullante, en un estilo que podría parecer obsoleto pero que supera con creces la mayor parte de la novelística actual. Y muchos de los grandes de hoy tratan de emular de alguna manera aquella compleja y variadísima riqueza de léxico, profundidad psicológica, habilidad narrativa, dominio del ritmo, humanidad y sentido el humor, inteligencia y sensibilidad, en suma la creación de un mundo completo en el que rezumaba la historia, la economía, la psicología, las costumbres más insólitas, la documentación más exquisita, el tejido moral y social de una cultura presentado con el gusto por el detalle de un orfebre... Dios salve a las novelas tradicionales de culturas que se extinguen y tiempos que ya no existen.

LOS HERMANOS ASKHENAZI.- Israel Yehoshua Singer.- Trad. de Rhoda Heneldei y Jacob Abecasís.- Ed. Acantilado.- 679 págs.- ISBN 9788416748464

 

 

 

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