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3 julio 2020 5 03 /07 /julio /2020 15:58

En psicología, uno de los índices diagnósticos que se analiza en ciertas estructuras de personalidades con características  poco o deficientemente equilibradas, es su mayor o menor tolerancia de la frustración. Es un problema complejo ya que sus elementos causales son muy variados y se les supone procedencias que tienen relación con la educación recibida, el trato familiar (de donde procede el infravalorado "aprendizaje vicario": la influencia ejemplarizadora de las creencias y comportamientos de la familia y el entorno en el individuo), la situación política del país donde vive el sujeto, las costumbres sociales, el nivel económico, la religión o la propia madurez psíquica e intelectual de la persona.

Por ejemplo a los niños menores de diez años con problemas de comportamiento  se les puede someter a un sencillo test nada invasivo: El psicólogo muestra al niño un tarro lleno de caramelos y le dice: "Puedes coger uno. Pero escucha, Si  ahora no coges ninguno  y esperas a que acabe esta entrevista y te vayas, te dejaré coger cuatro como regalo de despedida. Si coges uno ahora sólo tendrás ese."Muchos niños no pueden esperar y cogen el caramelo (y más tarde, al terminar la entrevista se enfadan porque el psicólogo no les permite coger ninguno más). Curiosamente muchos padres tampoco llevan bien el test, consideran que es una refinada muestra de sadismo y que todo eso no demuestra nada porque "los niños son niños, ya se sabe". La tolerancia a la frustración de un deseo que requiere inmediatez de gratificación, es uno de los indicativos psicológicos de una cierta madurez mental de comportamiento.

Admitir que nuestros deseos no siempre pueden tener una inmediata gratificación y que es preciso comprenderlo para no provocar consecuencias negativas no solo en nosotros sino en nuestro entorno, es lo que nuestros abuelos llamaban "lección de vida". La intolerancia a la frustración de nuestros deseos es un indicativo claro de que se trata de un individuo relacionalmente inmaduro y cuando es una característica sistémica en una sociedad  dada, es el síntoma flagrante de una defectuosa educación familiar y pública que puede afectar y afecta al país entero. La exigencia de un cortoplacismo permanente en nuestra satisfacciones, al precio que sea, pero siempre de la forma más inmediata posible sin tener en cuenta posibles circunstancias objetivas que lo desaconsejan, denota una sociedad en la que el beneficio propio y el precio han sustituido a la valoración intrínseca, a la razón y al bien común.

Si extrapolamos el esquema de la intolerancia a la frustración a algunos episodios ocurridos desde que se desató la pandemia llegaremos a una conclusión preocupante: vivimos en una sociedad con una cantidad asombrosa de personas que presentan claros síntomas de ese problema de percepción y de reflexión. Nos ceñiremos a una parte de esa masa, bastante universal, me temo, de la que sacamos a los niños y a los jóvenes hasta los veinte años, quizá porque en ellos esa intolerancia es más disculpable gracias a la educación y el ejemplo que han recibido de sus mayores y de los medios de distracción, tele, películas e internet. Pasemos a los que engrosan la supuesta edad adulta hasta los que rozan los setenta. Observen: desde los negacionistas a los que temían al virus, pero pasaban de confinamiento o de medidas sanitarias, la enorme cantidad de denuncias policiales contra la violación de tales medidas, y cuando se levantó el estado de alarma, la escapada multitudinaria del "todos fuera de casa" en unos  días en los que se han celebrado fiestas sin reparos, aglomeraciones en zonas de baños, protestas contra Ayuntamientos de pueblos invadidos porque no se han abierto las piscinas, absoluta dejadez en mantener las distancias físicas y en llevar adecuadamente las mascarillas. Y aún queda agosto y setiembre y la OMS se desgañita pidiendo prudencia.

A pesar de la interminable información que se facilita de los efectos catastróficos de la pandemia en el mundo, en España y en Aragón,  que prueba que no "hemos superado ya" el problema, esa gran masa contestataria considera que sería intolerable que se les prohibiera la inmediata gratificación de sus "derechos" a divertirse, relacionarse, bañarse o viajar y desparramarse en alegres grupos reivindicativos por una Naturaleza que estaba empezando a regenerarse. No parece inquietarles lo más mínimo que están favoreciendo la aparición de "rebrotes" que podrían llegar a provocar nuevos confinamientos (con letales consecuencias en las personas y también en la economía). Para esa masa no reflexiva, "ya han sufrido suficiente" con los meses de encierro obligado y "se merecen" desquitarse al precio que sea. Como el niño del test y sus padres, todo lo que evita eso es una prueba de sadismo innecesario. Enseñamos a los niños la intolerancia a la frustración y alimentamos una cadena que termina convirtiéndose en una conducta social "aceptable". Y los que no la siguen o la tratan de evitar, son de inmediato tildados de "fascistas", "alarmistas" o siervos de oscuras maquinaciones del poder político y el capital.

Unos poderes ocultos que son los culpables de "frustrar" las legítimas aspiraciones lúdico-recreativas de un personal engañado y explotado que padece los errores de un mundo siniestro que sólo vela por sus propios intereses. Y aquí se produce la paradoja:  los "intolerantes" a la frustración no soportan verse aleccionados por los "tolerantes" que tratan de devolver la "normalidad" al ciudadano a base de pedirles que sean prudentes, razonables y solidarios. Y si sacan la autoridad, ante la evidente indiferencia de esa gente a las normas, es que "vivimos en una dictadura". Por favor, el SARS-CoV-2 ha matado a más de medio millón de personas en el mundo y ha contagiado a más de diez millones. No es algo que no les concierne. Lo demás es una ridícula pataleta de niños mal educados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 julio 2020 4 02 /07 /julio /2020 18:56

El historiador inglés Tom Holland con su obra “Dominio” (2020) y su colega, el irlandés Peter Brown, con “Por el ojo de una aguja” (2016), abordan desde ópticas diferentes pero complementarias y algunas semejantes, el nacimiento de un nuevo paradigma religioso, social y económico: la desaparición de la cosmovisión de la cultura grecolatina y sus influencias orientales y la eclosión de un fenómeno, en principio localmente enraizado en Oriente Medio, pero que se expandiría de una forma asombrosa gracias a vehicularse a través del imperio, romano, al principio en oposición, violentamente rechazada, para más tarde, poco antes de la caída y desmembramiento del Imperio, convertirse paradójicamente en una desoladora, inclemente, codiciosa y cruel maquinaria de poder: la Iglesia cristiana, con una vocación irreprimible de expansión. Y de aquellas cañas estas lanzas. El cristianismo fue el huevo de la serpiente del poder político y militar, a veces en connivencia con él y a veces dominándolos a todos bajo un mismo yugo “espiritual” con sólidas bases financieras y militares y el entramado fantasioso y falaz del premio o castigo en la “otra vida”.

Es muy difícil comprender la historia de occidente e incluso la mundial de  los últimos dos mil y pico años sin tener muy claros los fundamentos históricos que dieron carácter y peculiaridades específicas a unas culturas relacionadas dialécticamente con dos elementos que parecen dispares y que, sin embargo, la historia ha convertido en elementos fijos de un proceso cambiante: Dios y el Dinero o, para ser más exactos, el uso del dinero como fundamento del Poder y la utilización del pretexto de una supuesta vía preferente hacia Dios, la Iglesia cristiana, en sus múltiples manifestaciones. ¿Cómo se unen esos dos elementos tan radicalmente diferentes y pertenecientes a dos niveles conceptuales y existenciales distintos? Sencillamente, como una y otra vez nos demuestran Holland y  Brown, a través del “matrimonio del Cielo (Dios) con el Infierno (Dinero)”, como diría el poeta y visionario inglés William Blake. Blake escribiría en su libro, “las prisiones son construidas con las piedras de la Ley, los burdeles con los ladrillos de la Religión”. Para Blake, existía una relación dinámica entre un Cielo pleno de leyes y directrices morales y un Infierno donde las energías más creativas campan libremente.” La tentación de analizar comparativamente la obra de Blake con las dos obras que nos ocupan es grande, pero por motivos de espacio debe ser rechazada. Invito al lector a hacerlo una vez leído el presente artículo.

Los libros que nos ocupan tienen el foco motor en la codicia como elemento dinamizador de la historia de los pueblos en sí y de las relaciones internacionales que van, a través de la codicia, gestionando unos patrones de poder que van cambiando circunstancialmente pero que en esencia responden a tres elementos básicos: la sal y las especies, el hierro, el oro, el petróleo en tiempos modernos y el auge contemporáneo del oro nuevamente (según mi amigo Iván, un erudito búlgaro doblado en agricultor ecológico). La iglesia gestiona con gran habilidad el más permanente de esos elementos en la geoeconomía histórica: el oro. Y aquí es donde Peter Brown y Tom Holland van desarrollando sus argumentos.

Pero no limitándose a “reconstruir  lo que pasó” (lo cual en el fondo roza la conjetura a pesar de documentos y testimonios, como lo es argumentar sobre un previsible futuro) sino a plantear razonables especulaciones que articulan lo documental y  lo “monumental” (los vestigios arqueológicos) que provocan una interpretación de los hechos que parecen dar validez a las consecuencias que conocemos. Se recrea el pasado y se hurga en las diversas interpretaciones que nos ofrecen los datos y las referencias de otros historiadores. Todo es material de construcción.

Holland nos narra la historia de una compleja fascinación por el cristianismo en toda Europa como forma de vida religiosa, manera de vivir y enriquecerse, acceso al poder y a la dominación: en las familias tradicionales hasta hace relativamente poco tiempo en Europa los hijos se repartían en base a la primogenitura: el primer hijo, el “hereu”, el heredero de hacienda, hogar y familia. El segundo, la carrera eclesiástica, el tercero al Ejército y los demás, si podían, al funcionariado. Pero de todos ellos el que más influencia tenía en el arco social era sin duda, el eclesiástico: el cristianismo forma parte de la sedimentación cultural, social, política y económica de la historia de Europa, como un impulso o dinámica revolucionaria y evolutiva. Como apunta en su libro, es fácil hallar las huellas cristianas en el lenguaje popular, el culto, los prejuicios sociales y costumbres y por activa o pasiva, a favor o en contra en las obras de sus mentes más ilustres. Holland apunta con acierto que la cruz, la muerte humillante y atroz de Jesucristo, se convirtió por los siglos en el símbolo máximo y eficaz de los débiles contra los fuertes y “una de las razones por las que el mensaje del cristianismo tiene tanta fuerza”.

La característica más asombrosa del cristianismo y una de las razones de su poder y significación, es su enorme vocación sincrética desprejuiciada, expansiva y ambiciosa, cómo fue asimilando, disfrazando, manipulando los más antiguos y diversos aportes religiosos, simbólicos, filosóficos y lingüísticos en una extraordinaria labor de siglos para configurar un corpus doctrinal cada vez más inflexible y normativo, represor y enfocado en su absoluta potencia a un solo objetivo: el poder y la riqueza, que son las dos caras del mismo “Dios”. Holland nos lleva desde la Grecia asediada por los persas, las religiones de origen asiático en la Roma y la Jerusalén o la Alejandría de los primeros siglos cristianos, de la solidificación del poder  cristiano, las guerras de religión,  de Cruzadas y Herejes en la Edad Media hasta la modernidad, los conflictos sociales y políticos del siglo XIX y XX,  y The Beatles, “El señor de los Anillos”…para confesar casi al final de su libro que “la revolución cristiana tuvo lugar, sobre todo, en el regazo y junto a las rodillas de las mujeres”. La educación legendaria y constante de las madres sobre sus hijos y la aquiescencia de los padres que sabían reconocer dónde estaba el poder en la tierra y la salvación de sus almas, según esas otras madres, las suyas, les habían enseñado. Como asegura el autor,  “No somos conscientes de que la mayoría de las palabras que empleamos están cristianizadas de base. Cuando nos referimos al judaísmo, pocos saben que es un concepto creado por los cristianos en el siglo II. Antes de eso no existía una religión en sí llamada judaísmo, pues los propios judíos no tenían un sentimiento de pertenencia a una misma religión. Había algunos que creían en un Dios únicamente de Israel y otros que hablaban de un Dios que lo había creado todo... Judaísmo y cristianismo, no son padre e hijo, sino más bien hermanos.

Holland desmonta también el mito de la oscura Edad Media. Muy al contrario, pregona y no sin argumentos que es un término creado por la Reforma protestante y manipulado por la Ilustración para cargarlo de connotaciones negativas. Para el autor, “No hubo un decrecimiento de la cultura. Tenemos la construcción de las grandes catedrales, como la de Santiago, y tenemos a grandes escritores como Dante. La Europa de la Edad Media fue la primera gran civilización de nuestro mundo y de donde surgieron las demás. La actual Europa no es heredera de Roma y Grecia, sino de la Europa medieval. Occidente nació entonces”. ¿Y cuál fue el instrumento de esa cultura? La iglesia, con sus construcciones, sus monasterios, sus copistas y sus “falsos mártires” (según Holland, Galileo no fue condenado por la Inquisición por su teoría del heliocentrismo sino por otras razones más debidas a cuestiones de rivalidades de poder.

Holland. que es un provocador nato, sostiene que no hay un declive desl cristianismo, sino que “vivimos una etapa de oro del cristianismo”, aunque no en Europa aparentemente (lo cierto es que parece que el cristianismo sigue vivo aunque sea “a la contra” y de forma inconsciente en las costumbres y los ritos, valores e ideas preconcebidas. En algún sitio Holland tiene la osadía de comparar al cristianismo con el coronavirus, “Empieza en un lugar muy concreto, muta y se extiende a todo el mundo”. Lo cierto es que es una metáfora bastante exacta.

En cuanto a “Por el ojo de una aguja”,  es un ejemplo brillante de un tipo de estudio histórico que muestra detalladamente lo que fue un determinado pasado y al tiempo interpreta dichos datos con una decidida voluntad de darle un sentido coherente que pueda integrarse en una visión conjunta del momento histórico estudiado. Son más de mil páginas en las que Peter Brown nos abruma con datos de todo tipo, interpretaciones eruditas y artísticas de la dinámica de expansión y dominio que sigue el cristianismo desde la conversión de Constantino y el comienzo en el siglo XV de  la llamada Edad Media. Coincide con Holland en que fue la época en que se gestó lo que llamamos Occidente.

A partir de ahí Brown sigue una pista distinta: la de las donaciones cristianas, realizadas durante una época en que el Imperio Romano de Occidente se caracterizaba por su opulencia. Allí nace, gracias a las donaciones de los ricos la acumulación de riquezas que todavía sostiene el inmenso poder económico y espiritual de la Iglesia. Nos cuenta que  la renunciación cristiana perseguía consumar una gigantesca transferencia de riqueza, del mundo al cielo.

Brown nos demuestra que la tan utilizada noción de la humanitas,  la conducta de una persona hacia otra por la razón de una naturaleza humana compartida, es una herencia cristiana y que esa idea está en el seno de las donaciones antiguas. De manera que no podían calificarse de limosnas sino como una acción de rango místico que aseguraba un privilegio en la otra vida.

Según Brown. La espiritualidad romana cambió con el influjo del cristianismo y con ella la noción de riqueza. Y la idea hegemónica de que el dinero y las posesiones debían supeditarse a una meta de tipo espiritual. Eso supuso el enriquecimiento de la Iglesia a consecuencia de las donaciones masivas. Para garantizar la administración de esas riquezas se gestó la aparición del clero como una clase sujeta a supuestas obligaciones (vida humilde y abstinencia sexual). Para fortalecer esa visión la Iglesia publicitó enormemente a los monjes, hombres y mujeres santos que se encerraban en condiciones de austeridad extrema en monasterios y conventos para rezar por la salvación de todos los seres humanos. (Todo ello con las excepciones de rigor que la Iglesia siempre ha disimulado y “comprendido”).

La idea clave de la Iglesia, dice Brown, es concebir la riqueza como un medio para la salvación y no sólo un excedente lujoso al modo romano, sólo que regida por principios morales, esa riqueza se volvió improductiva para tornarse en  pobreza.

A pesar del optimismo de Holland respecto al futuro del Cristianismo, la lectura de ambos libros deja en el lector, al menos así lo hizo en mi caso, una curiosa sensación de “ocasión perdida” de la historia del género humano de lograr una forma de cosmogonía socio cultural, política y económica basada en la “humanitas” que hubiese cambiado radicalmente la historia global de horrores permanentes que hemos producido y seguimos sufriendo.  Y eso cierra el círculo por donde habíamos empezado: la codicia, la crueldad, la soberbia y el orgullo del racismo, le tentación absoluta del poder absoluto, la estupidez agresiva del animal “dotado de razón”, los instintos más primarios y desalmados hicieron imposible una “teoría” religiosa que, como le ocurre al comunismo original con el que guarda ciertas semejanzas, podría haber salvado a la humanidad del desastre (dejando al margen la corrupción de la Iglesia que fue el comienzo del fin de una buena idea estropeada por una fea realidad).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

 

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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 18:17

Oportunidad perdida. Y de las que hacen historia. La gestión económico-política de la pandemia nos ha burlado de una de las pocas ventajas que podía haber tenido esta desgracia de casi todos. La de obligar a las grandes fortunas a que tributen de una forma más justa y solidaria de acuerdo con sus enormes ingresos. Una de las medidas prometidas por el Gobierno de izquierdas que, una vez más, ha dejado ver sus costuras neoliberales y de servicio al capitalismo, ha sido apeada limpiamente y con cierta discreción (aunque ahora ya no se ocultan, tienen la desvergüenza de los cínicos y de los que rara vez han dado un palo por debajo de un buen sueldo o sinecura) del programa político-económico para afrontar la crisis. Como en 2008, las grandes fortunas van a salir indemnes o enriquecidas de la crisis brutal que ya tenemos encima. Perdónenme, he sido de izquierdas desde la adolescencia y padezco el síndrome de la vergüenza ajena y la decepción idealista. Que no nos vuelvan a decir que Hacienda somos todos. Ahora que somos cada vez más pobres (y hay que ceñirse más fuerte el cinturón, con la que va a caer) resulta casi una afrenta que nos digan algunas fuentes bastante fiables que hay 190.000 millones de euros en paraísos fiscales  tras una serie de empresas y millonarios españoles y como alguien calculó, el 20 por ciento de los ciudadanos más  pudientes de nuestro país paga a Hacienda el mismo porcentaje impositivo que el 20 por ciento más necesitado: así que a un mileurista con familia ese porcentaje le supone llegar a fin de mes más que justito, si llega, en tanto para el rico es más o menos lo que le cuesta una cena con la secretaria de su socio.

La señora Calviño y el PSOE a través de su ministra de Hacienda (¡hace poco hablaba en estas páginas de mi esperanza hacia un poder femenino!, libre de la ceguera que imprime la testosterona! ) juegan a favor de una España millonaria, mientras que la iniciativa de UP naufraga y la Comisión parlamentaria para la Reconstrucción subvierte sus términos y se convierte en C.P. para la Sobre-Reinstauración de las grandes fortunas, tras una crisis que a muchos les ha enriquecido más y que al resto del pueblo español lo ha empobrecido hasta límites que están por ver.

Es preciso más dinero para las arcas públicas pero, por los clavos de Cristo como diría el clásico, dejen de sacarlo de donde casi no queda, las clases medias-bajas, las Pymes, las clase bajas-media,  el funcionariado de base, las profesiones liberales y pequeños autónomos o los jubilados que parecen sufrir una modalidad estatal más lenta pero semejante a la política de exterminio de la pandemia sobre los ancianos. El impuesto a las grandes fortunas supondría una inyección de 11.000 millones de euros a la Hacienda Pública y el impacto sobre dichas fortunas no provocaría ningún menoscabo serio a su potencialidad. Por favor, dejen de decir que Hacienda somos todos. Como en la distopía de Orwell, “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”.

Hay días en los que después de leer la prensa e indagar sobre la actualidad, llego a una conclusión amarga y semejante a la que Ibsen hacía exclamar al íntegro Dr. Stockmann en “Un enemigo del pueblo”: “He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira”.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

 

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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 15:34

En psicología, uno de los índices diagnósticos que se analiza en ciertas estructuras de personalidades con características  poco o deficientemente equilibradas, es su mayor o menor tolerancia de la frustración. Es un problema complejo ya que sus elementos causales son muy variados y se les supone procedencias que tienen relación con la educación recibida, el trato familiar (de donde procede el infravalorado "aprendizaje vicario": la influencia ejemplarizadora de las creencias y comportamientos de la familia y el entorno en el individuo), la situación política del país donde vive el sujeto, las costumbres sociales, el nivel económico, la religión o la propia madurez psíquica e intelectual de la persona.

Por ejemplo a los niños menores de diez años con problemas de comportamiento  se les puede someter a un sencillo test nada invasivo: 

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23 junio 2020 2 23 /06 /junio /2020 09:46

Escribía el dramaturgo Bernard Shaw que “La libertad supone responsabilidad” y el filósofo H.G. Keyserling añadía: “La libertad y la ley sólo se mantienen en equilibro saludable cuando la libertad decide desde adentro limitarse a sí misma por la ley”. Entramos en la normalidad legal ciudadana. Pero hagámoslo con seso, con inteligencia y prudencia (para eso sirven los sesos).  Mientras, la prensa advierte de rebrotes del SARS-CoV-2 en países modélicos en la lucha antivirus: Alemania, China, Japón y Nueva Zelanda. En España, los contagios continúan al alza  con más de 50 fallecidos la pasada semana: llevamos ya más de 28.000 y superamos los 245.000 casos. Según la OMS el virus está acelerando de nuevo. El jueves hubo 150.000 contagios más en el mundo.

Se repiten por todos los medios las demandas a la responsabilidad personal. Muchas personas son conscientes de sus derechos pero parecen olvidar sus deberes y responsabilidades. Todas estas palabras se las lleva el viento. Cito un texto de un Colegio de Médicos: Queremos hacer un llamamiento al sentido común de las personas que han tomado esta libertad de movimientos como el fin de la pandemia…Infectarse con el coronavirus no es una simple gripe: después de fiebres altas, dolores de garganta y opresión en el pecho, llega lo peor, necesitas ventilación…a base de una intubación que se hace bajo anestesia general. Consiste en 2 a 3 semanas sin moverse… con un tubo en la boca hasta la tráquea, que te proporciona oxigeno a presión. No puedes hablar, ni comer, ni hacer nada. Estás sedado a causa de las molestias y el dolor…Durante el tiempo que el paciente precise la máquina para respirar debe estar en un coma inducido. En 20 días un paciente joven llega a tener una pérdida de masa muscular de un 40%, y una recuperación de 6 a 12 meses, asociada a traumatismos diversos… por esta razón las personas ancianas o frágiles no aguantan.” 

Y respecto a los jóvenes, se ha revelado una gran cantidad de asintomáticos. Si hay relajo en las medidas de distancia interpersonal y mascarillas corremos, todos, el peligro de un rebrote generalizado. Por tanto, recuerden, la falta de responsabilidad condena la libertad.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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18 junio 2020 4 18 /06 /junio /2020 09:22

Las plantas son seres vivos, sensibles e inteligentes. Lo dijo Darwin tras hablar del evolucionismo y hacer migas la prepotencia del hombre como "criatura creada y elegida por Dios como monarca absoluto de la Tierra y todo lo que el planeta contenía". A esto añadió Freud que tres hombres, entre ellos él mismo, habían casi aniquilado la soberbia humana:  Darwin que colocó al hombre como un eslabón más de la escala evolutiva de las  especies; Copérnico que anuló la presunta importancia cósmica de la Tierra, revelando que gravitaba en torno al Sol  y era un insignificante planeta;  y Freud  que aseguró que “ni siquiera conocemos nuestra propia mente  ni las causas inconscientes  de nuestro comportamiento". 

El neurobiólogo botánico Stefano Mancuso, autor de "Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal" y de "El futuro es vegetal", nos ha aportado en sus libros una visión distinta, sorprendente y revolucionaria del potencial de las plantas y sus insólitas características. Hasta el punto de que aquellos filósofos y místicos que aseguraban intuitivamente que todos los seres vivos del planeta somos parte de una entidad común que en cada uno de los géneros, humanos, animales, plantas se manifestaba de una forma diferente. La soberbia y la ignorancia humana nos situaba en la cúspide de la creación, la punta de una pirámide vital, los "reyes" de la creación y todo lo que quedaba debajo nuestro debían ser objetos y servidores de la Humanidad, todos los animales no racionales y por supuestos los minerales y los elementos, agua, tierra, fuego, aire.

Como decíamos la historia y la ciencia sobre todo, se han encargado de bajarnos los humos a esta especie nuestra tan censurable y destructiva. Desde Newton a Galileo, desde Darwin a Einstein y las nuevas posibilidades cognitivas de las tecnologías  nos va mostrando la riqueza, variedad y enormes posibilidades de aprendizaje y progreso que existen en las tan desdeñadas otras especies y reinos naturales.¿Cómo es posible que ignoremos al mundo vegetal?  Debemos amar y cuidar a las plantas no sólo por el uso y beneficio que nos dan, sino por lo que podemos aprender de ellas. Son inspiradoras para la ingeniería, la medicina, el diseño y multitud de disciplinas, ya que muchas de sus técnicas  de supervivencia adaptativa pueden ser aplicadas a nuestra especie.  Proporcionan respuesta inteligente y eficaz a multitud de problemas y enfermedades a las que podríamos vencer si estudiáramos más el mundo vegetal. Por último nos ofrecen una inmensa despensa y farmacia no sólo en la tierra sino en el fondo de los mares.La última frase del libro dice: "...no perdamos la esperanza; antes o después habrá que cultivar el mar para producir comida, es inevitable" (pág. 236)

Lo que Mancuso y otros científicos como él están dándonos a conocer sobre el supuestamente  "inerte", "explotable" y"pasivo" mundo vegetal, da un giro copernicano según mi opinión a lo que deberían ser las relaciones humanas con ese mundo del cual sabemos tan pocas cosas y cuya existencia nos trae sin cuidado excepto por el lado utilitarista de su uso y disfrute. Está demostrado que hoy en día tres especies vegetales -el trigo, el maíz y el arroz- equivalen ellas solas a casi el 60 % de las calorías consumidas por la humanidad

Simplemente lean esto: "Imaginen un invento que genera energía gracias al sol a la vez que fija emisiones de carbono; que puede autoensamblarse usando un diseño modular y replicativo; que tiene un software de inteligencia distribuida sin un órgano de control central que pueda dañarse; un aparato, finalmente, que puede replicarse a sí mismo y que si se parte sigue funcionando y genera dos unidades funcionales. Este aparato sería el sueño de cualquier ingeniero... y ya está inventado. Se llama planta y hace cientos de millones de años que crece en la Tierra creando las condiciones adecuadas para la vida que conocemos. Respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales, la cadena alimentaria y todo lo que comemos tiene su base en ellos y hasta la energía fósil de la que dependemos fue producida por las plantas hace millones de años”, afirma Mancuso. “¿Cómo es posible entonces que prestemos tan poca atención al mundo vegetal? Deberíamos fijarnos en las plantas no sólo por los servicios que nos prestan, sino también por lo que podemos imitar y aprender de ellas. Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas”, dice en una entrevista.

Y para que no tengamos dudas de esa potencia inspiradora de las plantas, incluso en el plano de la investigación espacial,  Mancuso nos habla de los "plantoides": "En vez de seguir enviando robots costosísimos, que se mueven despacio y exploran áreas pequeñas, enviaríamos miles de plantoides (prototipo de robot que copia las funciones habituales de una planta, ya en pruebas) que se propagarían por el espacio como si fueran semillas hasta cubrir una gran extensión de suelo y que, sin moverse, se comunicarían entre si y con la Tierra para ofrecernos una serie de datos sobre la composición del suelo tan cuantiosa y detallada que nos permitiría trazar mapas continentales." (pág. 48)

En el capítulo táctico y estratégico de las plantas es sorprendente lo que se nos cuenta en el capítulo dedicado al "arte de la manipulación" que las plantas emplean para utilizar a los  animales que se les acercan. Creo que, realmente, tenemos muchos que aprender de las plantas. Tomemos nota y difundamos este mensaje. 

FICHA

EL FUTURO ES VEGETAL.- Stefano Mancuso.- Galaxia Gutemberg.-237 págs.19,50 euros.-ISBN 9788417088170

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16 junio 2020 2 16 /06 /junio /2020 19:21

Hubo un tiempo en el que una parte de la Humanidad comprendió que era mejor vivir compartiendo que compitiendo, en el que la codicia dejó que prevaleciera la solidaridad y la compasión. Pero duró poco. Quizá un par de meses.  No se trataba de una revolución política, ni financiera, ni social, ni religiosa. Fue un momento mágico, imprevisible y lleno de inseguridad y temor: un virus local se extendió haciéndose global, la muerte pasó a ser un asunto que nos concernía a todos (en realidad siempre ha sido así, pero no queríamos darnos cuenta). Lo patético de la historia que les cuento es que no supimos entender que detrás del virus orgánico se hacía fuerte el virus sistémico, origen oculto del SARS-CoV-2. Ese es el culpable de que  no comprendiéramos que los verdaderos contagiados eran los negacionistas, los Trump, Bolsonaro, los chalecos amarillos italianos, los jóvenes cachorros del capitalismo salvaje que anteponen sus caprichos y diversiones a la propagación del virus, o el neoliberalismo que aspira a la dictadura del beneficio neto, que alienta el racismo, la desigualdad, la crisis económica basada en la explotación, la conversión del mundo en un panóptico digital que domine y controle a los individuos a cambio de una diaria ración de estupidez y mentiras, elaborada para ser emitida desde una omnipresente pantallita que los ciudadanos han incorporado a su persona como un miembro artificial de sus organismos. El virus sistémico no supone el fin del sistema que nos ha empujado a este caos sino su reforzamiento. Es el causante del suicidio climático, del arrase intencionado de especies de todo tipo por un beneficio calculado para ser efímero para los agentes del ecocidio y una fuente de riqueza para los pocos que controlan el mundo, una élite financiera absolutamente miope que no entiende que el agotamiento de recursos, medio ambiente y seres humanos y sociedades, es también el fin de todo su poder. En el fondo serán las últimas víctimas de un Magog creado por el hombre, un ente sistémico de perfecta eficiencia cuyo único defecto consiste en que es erróneo y por esa misma razón, letal para los humanos y para el planeta. La única razón que podría consolarnos a algunos es que este mismo planeta hermosísimo, agotado, arrasado y contaminado nos sobrevivirá. Y seguirá su larguísimo proceso vital hasta su inevitable fin que, cuando acontezca, al menos, habrán pasado eones de tiempo desde cuando se desembarazó del bichejo más cruel, magnífico, esplendoroso y destructivo que ha creado la Naturaleza: el ser humano. Para entonces todos seremos polvo y no importará mucho que volvamos a nuestro origen y nuestro destino: ser polvo de estrellas. Polvo enamorado, diría el poeta, enamorado del milagro de la Vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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14 junio 2020 7 14 /06 /junio /2020 09:57

En el año 1929, Ortega y Gasset publica “La rebelión de las masas” (recuerden que el país está, como todo occidente, bajo el influjo desastroso del crack norteamericano)  en un clima político español polarizado, inseguro, errático. En el prólogo para la edición francesa de su libro escribe “en estos días ser de la Izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Sin entrar en valorar o analizar  la  figura de Ortega en la política española de la época, he recurrido a esta frase porque refleja de manera bastante fiel el pandemónium político actual, bajo la excepcionalidad política, social y económica de la pandemia.

Se supone que estamos entrando en un cierto control sanitario de la propagación del virus, cosa que debe ser confirmada durante las próximas semanas  ante el alegre relajo de precauciones de muchos españoles. El escenario es, como mínimo, alarmante cuando no angustioso, con los nefastos fantasmas del paro, la crisis de empresas y la falta de fondos para lo más indispensable, danzando por los cielos del país.

En este cuadro bruegheliano destacan los polichinelas de la extrema derecha manifestándose en el Barrio de Salamanca de la capital y en caravanas de coches por otras ciudades, con apropiación indebida de un símbolo de todos los españoles, como es la bandera, e invadiendo las calles con ilegal contumacia. Mientras, la izquierda se atomiza por cuestiones espurias en este momento, desde la cuota de poder a los nacionalismos. La política española en general y muchos de los españoles que se decantan por el partidismo en esta revolución sistémica del Covid padecen, lo sepan o no, de la parálisis moral de la mitad de su persona. En estos momentos de crítica transición global, limitar el pensamiento y la actitud ética por un bando es padecer una hemiplejía moral idéntica a la que padecen la política y los políticos en España. Más allá de cualquier ideología hemos de pensar en la resolución de los gravísimos problemas sistémicos a los que nos ha abocado el fracaso de la falacia neoliberal y el capitalismo salvaje, unidos a la debacle ambiental y de la biodiversidad.

Apostillaba Ortega que el ser humano no debe centrar la visión de su vida o de sus actos desde la óptica de la política, sino de la filosofía, que responde a una necesidad innata de la humanidad. Quizá aquí deberíamos ser realistas y ofrecer una alternativa (también filosófica y pragmática) la del “primum vivere deinde philosophari”. Y ese vivir consiste en unirse todos los políticos en lo que ahora importa, dejando al margen por el momento, sus diferencias e intereses.

Pero esta unión coyuntural está imposibilitada por los movimientos de acaparar el poder que tienen unos y otros. Con una diferencia, las derechas (ultras y más o menos democráticas) y sus conspicuos líderes carismáticos, Trump, Bolsonaro en Brasil, Putin en Rusia, Modi en la India, Orban en Hungría, Netanyahu en Israel y tantos otros,  se comunican entre sí, forman alianzas secretas o discretas, intercambian información, técnicas y métodos más o menos inspirados por el gurú de Trump, Steve Bannon, que busca descaradamente formar una Internacional derechista, nacionalista, de inspiración judeocristiana, en torno a un modelo capitalista salvaje con disfraz neoliberal. Son los partidarios del autoritarismo y la violencia del "si no estás conmigo, estás contra mí". Mientras tanto el mundo se desboca: pandemia, crisis económica, calentamiento global, la UE en fratricida enfrentamiento, desastre medio ambiental, contaminación, brechas crecientes entre clases, razas, credos y niveles de renta...en ese escenario de inseguridad y precariedad, la derecha (corporaciones, instituciones financieras, petróleo, transportes, turismo de masas) impone sus suicidas criterios de desarrollo no sostenible  y cientos de millones de personas les rinden pleitesía. Son tantos que parece que los zarpazos del negado virus, no les hacen mella.

¿Y la progresía? Dividida hasta lo ridículo, manipulada por el Capital, errática y con una ineficacia operativa complicada por la mala conciencia histórica de la incoherencia. Creo que desde la Ilustración y los intentos frustrados de Marx, Lenin, Trotsky y Willy Brandt, la llamada "izquierda humanista" se ha diluido en la confusión de las siglas, los nombres y los caudillistas de circunstancias. No hay unidad, programa común, objetivos claros y viables...el poder y el dinero les ha corrompido por doquier.

Hay una luz de esperanza. Lejana y débil, como al principio todas las son cuando estamos rodeados de tinieblas. Se trata de la articulación de una Internacional Progresista en todo el arco político de izquierdas, partidaria de un "New Deal Global", de coordinar la cooperación internacional por medio de una política de expansión fiscal y la reactivación económica mundial, una condonación de la deuda de los países pobres, adoptar un modelo sostenible de crecimiento, mundializar la Sanidad, dedicar fondos del FMI, el BM y nacionales a promover el cambio de modelo energético (una economía de emisión O en CO2) y la preservación medioambiental . En dicha Internacional hay intelectuales como Naomi Klein o el lingüista Chomsky, políticos como el inteligente ex ministro griego, Yanis Varufakis, economistas como la hindú Jayati Gosh o la primera ministra de Islandia Katrin Jacobsduttir, entre otros, filósofos, científicos de diversas ramas, climatólogos, virólogos. La sociedad civil debería salir a la calle en su apoyo, los jóvenes con más ahínco, dado que estamos gestionando el futuro, que les pertenece a ellos más que a nosotros…Un gesto mundial de apoyo por encima de políticas, religiones y economías rapaces.

Esta Internacional Progresista podría ser la inspiradora de la unión de las izquierdas y quizá de una estratégica alianza coyuntural con la derecha más civilizada y razonable. Los momentos de vital gravedad histórica podrían posibilitar gestos políticos de gran envergadura ética. La alternativa es ominosa: volver a las situaciones bélicas y postbélicas de los 30 a los 50 del pasado siglo con su eclosión de dictaduras, genocidios, miseria y violencia. Y el círculo habitual: oligarquía, contaminación, derroche energético y destrucción del medio natural y la biodiversidad, triunfo de la privacidad carroñera en la sanidad y la tecnología hasta que el planeta, la naturaleza, diga de una vez, basta y nos envíe a los cinco jinetes del Apocalipsis del siglo XXI.  El hambre, la contaminación de agua, tierra y aire, la sequía, las catástrofes naturales y las pandemias consecutivas.

Permítanme acabar con una cita del “Fausto” de Goethe: "Merecer la libertad y la vida es algo que debe conquistarse de nuevo cada día...En esta conquista recibe la vida el sentido que sólo el hombre es capaz de darle, y en eso consiste no su felicidad, pero si la dignidad que le es característica".

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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11 junio 2020 4 11 /06 /junio /2020 09:20

Hans Rosling, ) junto a su hijo y a su nuera han escrito uno de los libros más desconcertantes de la actual sociedad consumista y tecnológicamente avanzada. Rosling, falleció recientemente debido a un cáncer de páncreas: al informarle de su enfermedad, decidió emprender el trabajo de este libro, "Fact Fulness" , expresión que podría traducirse como la plenitud de los hechos, que no llegó a ver publicado.

Rosling nos ha enseñado, entre otras cosas, algo poco  halagüeño: que no sabemos leer ni interpretar los datos y las estadísticas que tan generosamente nos proporciona nuestra avanzada cultura. Y como conclusión nos asegura, avalado por diez razones, que "estamos equivocados sobre el mundo"...ya que "las cosas están mejor de lo que piensas".

Lo que Rosling pretende es enseñarnos a valorar e interpretar los datos numéricos informativos que se nos ofrecen de manera masiva, aceptando de entrada los problemas y dificultades que el mundo tiene (sería absurdo decir que no existen), enseñándonos a asimilar de forma correcta las estadísticas (en  general padecemos "anumerismo": incapacidad para comprender las estadísticas) y la tendencia tan humana de prestar más atención a las historias dramáticas o alarmantes que a las positivas y esperanzadoras. Y así "los diez instintos que nos impiden ver el mundo objetivamente, tienen que ver con el miedo, el pesimismo, la presentación de algunos datos o hechos, muy lejos de su justa medida, la tendencia binaria a ver solo los extremos de los hechos y los sesgos educativos o ideológicos o religiosos: en diez instintos negativos, el de la separación, negatividad, línea recta, miedo, tamaño, generalización, destino, perspectiva única, culpa y urgencia.

Para empezar no se pierdan el test del comienzo que nos muestra los errores de interpretación más comunes en las que casi todo el mundo cae, incluidos expertos, universitarios y científicos. Los autores han buscado información relevante y observan con rigor y seriedad los hechos: como con los gráficos de la páginas 40 y 41,  que cambia nuestra manera de considerar el problema de la mortalidad infantil en el mundo.Desde los años sesenta hasta el momento actual las cosas han cambiado y cada vez son más los países con familias pequeñas y escasa mortalidad infantil, incluidos India y China (dos cuestiones que están muy vinculadas). 

Se nos dice que miles de millones de personas han salido de las cotas de pobreza total  que históricamente se mantenían casi inalteradas, ya que se empieza a regular que las familias tengan menos hijos, que haya más sanidad y más enseñanza, un nivel modesto de bienestar que va creciendo. Nos dejamos engañar por la común percepción (avalada por los medios de comunicación que tienden a resaltar los hechos negativos o insólitos) de que el mundo va mucho peor de que realmente es. Aún así, el mensaje del libro no es auto complaciente, se reconoce la gravedad de los problemas que debemos afrontar, reparando las deficiencias y usando los recursos científicos para mejorar la situación de los más desfavorecidos: un mundo integrado por  una de cada diez personas que deben vivir con menos de un euro al día. Sólo que hace cincuenta años, era una de cada dos. El sesgo catastrofista de los medios se puede suavizar con informaciones relevantes y  honestas. Y una mejor educación ética en la sociedad y la enseñanza, porque sí hay maneras de combatir la pobreza o de evitar las guerras, si descartamos la pasividad o el pasotismo egoísta. Las estadísticas nos confirman, según Rosling, que las cosas no van cada vez peor: hay que resaltar los progresos tanto como las medidas para sustentarlos y mantener a la gente movilizada. "Nada hay más desmotivante que la sensación de que pese a todos los esfuerzos las cosas van cada vez peor. Y nada más falso, según Rosling: las estadísticas nos dicen lo contrario. Nos pone un ejemplo de ello: se trata de los ocho objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU para los países pobres en 2015. Un número considerable de naciones han alcanzado los objetivos básicos, en torno al agua, la pobreza, la educación, años antes de lo pactado (aunque ciertamente queda mucho por hacer).

Muy razonablemente se nos demuestra que no hay una brecha entre el primer mundo y el tercero, entre ricos y pobres, sino un continuo entre los muy ricos y los muy pobres, entre los que cabe la mayor parte de la población mundial. Y así nos dice que las vallas de Ceuta no la saltan los marroquíes sino los subsaharianos. Y éstos no son precisamente los ciudadanos mas pobres de sus países respectivos.

FICHA

FACT FULNESS.- Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling.- Ed. Deusto. 345  págs. 22,50 euros. ISBN 9788423429967

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9 junio 2020 2 09 /06 /junio /2020 08:10

Dar un repasito a nuestro Baltasar Gracián de vez en cuando es tarea placentera y bastante juiciosa. Si uno le lee en clave de lo que acontece con la "desescalada" de la pandemia en España (en otros países sigue tan rutilante, como con los negacionistas brasileños y norteamericanos de Bolsonaro y Trump) y las alegrías que provoca en cierto personal las artificiales "fases" que, debería recordarse, son medidas legales y políticas (bajo presión económica) no límites sanitarios reales. Alrededor de 7 millones de contagios y 400.000 muertos en todo el mundo, dos millones de contagios en EE.UU. y creciendo, más de 100.000 muertos y 700.000 casos en Brasil con 37.000 muertos (aquí el juego político de las fases no ocultan que hemos sufrido 250.000 casos y más de 27.000 muertos). Pero en esta hecatombe que empezó hace seis meses y tres en España, lo único que hemos aprendido es a tener prisa por salir, entre acusaciones ridículas a los confinamientos y una fratricida lucha de egos y sillones entre los políticos.

Señores, el virus SARS-CoV-2 sigue siendo un letal desconocido para nosotros. No habrá una vacuna efectiva hasta fin de año (con mucha suerte) y aún no sabemos si  los que han sido inbfectados adquieren una inmunidad y si esa es temporal o permanente, ignoramos qué carga viral es precisa para provocar síntomas leves o graves, no estamos seguros si la lógica biológica de que se agrave con la edad y las dolencias previas es excluyente para otras edades y estados de salud y tampoco sabemos si los niños y los jóvenes asintomáticos contagian el virus como los adultos, y tales asintomáticos de todas las edades SI pueden contagiar, ya que por el momento ignoramos el número de asintomáticos (potenciales contagiadores) porque es imposible por el momento detectarlos y controlarlos. Se desvanece la seguridad absurda de que el calor y el verano lo frena y lo hace desaparecer. Se olvidan de que los paises cálidos del planeta también están en plena fase de contagios, como Brasil e India. Los virólogos no hacen predicciones porque no tienen ni idea de lo que hará el virus. No se sabe si mutará y mucho menos que si lo hace (costumbre habitual de los SARS) circulará en versiones menos agresivas. La inmunidad masiva por contagio es un futurible que de entrada se descarta. 

Por lo tanto, preocuparnos si debemos abrir las piscinas o no, si debemos propiciar que todo vuelva a esa "nueva normalidad" que es una necedad terminológica, que la gente pueda hacer sus sagradas vacaciones y que se trasladen masivamente a los pueblos, es comprensible desde un punto de vista económico y social, siempre manteniendo las medidas y las cautelas (como si eso fuera posible de forma mínimamente razonable)...pero no reflejamos aquello que decía Gracián: "Algunos hacen mucho caso de lo que importa poco y poco caso de lo que importa mucho". O, "La Prudencia entra con gran tiento en los grandes problemas. Con la ayuda de la Cautela va abriendo camino para pasar sin peligro" O, "Para los revenidos no hay malas contingencias, ni para los preparados hay aprietos".

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