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11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 16:23

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

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10 mayo 2020 7 10 /05 /mayo /2020 11:51

Desde muy joven he sido un convencido

partidario de la unión de

todos los pueblos que habitan la

Península Ibérica. Creo que Portugal unido

a España nos completaría como país. Tenemos

mucho que aprender de ellos, de su innata

cortesía, de su sencillez y de su honestidad

política. Mientras que nuestros políticos

siguen dando la nota, desde un Sánchez

enrocado en su sillón de líder carismático

hasta un Casado que parece desear

tanto como el poder a cualquier precio (justamente

lo que mantiene a Sánchez) ser

capaz de "darle la puntilla" a un individuo

cuya prepotencia iguala a la suya. Cada uno

es la sombra negativa y fratricida del otro. Y

así ambos olvidan al Covid y éste les convierte

a los dos en sus mejores aliados para

hundir al país. La política errática e indecisa

y poco clara del Gobierno en la gestión del

Covid, no obstante, está dando algunos resultados

apreciables y esto encona aún

más la inflexibilidad de uno y la inconsciente

agresividad del otro (voluntariamente

prefiero ignorar al resto de formaciones

políticas: los dos gallitos del corral no les

dejan capacidad de juego, incluido Torra, el

"marciano" (que sigue actuando como si el

Covid lo hubiera inventado su odiada España).

¿Cuesta tanto apreciar y tomar nota de

la actitud y comportamiento político de

nuestros vecinos peninsulares? ¿No se perciben

los buenos resultados que están dando

en la gestión del virus y en la percepción

unitaria y coherente que tienen los portugueses

de sus dirigentes? El socialista Antonio

Costa tomó desde el primer momento

una actitud responsable, eficiente, compartida

y cooperativa con la población y con el

resto del espectro político. El líder de la

oposición, el conservador Rui Rio, dejó de

lado las diferencias y se puso de inmediato

al servicio del Gobierno, por una causa mayor

que requería unidad, dejando las críticas

para cuando pasara la pandemia. Trabajar

conjuntamente, ese era el objetivo. Ni

exceso aislado del poder ni socavar al contrario

desde una oposición ombliguista.

Concordancia. Nada de gobernar a golpe de

tentativas y tener que dar marcha atrás o.

reconsiderar órdenes precipitadas. Nada de

ofrecer el lamentable espectáuclo del combate

incesante entre un líder ensimismado

en su poder y un oponente histérico por

hundirle.

¿Por qué no proponer, cuando salgamos

de ésta y suspendamos a los políticos que

tenemos, un cambio constitucional al modelo

alemán, la eficaz administración de los

"länder" que, en caso de crisis global, se

convierte en un Gobierno único con una cabeza

y una gestión confederada? Porque,

me temo, que si esta crisis no cambia nuestro

modelo de vida, vendrán más y peores...

y tendremos que gestionarlas. A la espera

de un Gobierno mundial, utópico para

nuestra especie egoísta, podríamos

apañarnos con una Iberia unida en múltiples

länder autonómicos pero unidos, no revueltos,

con un poder central, en casos de extrema

necesidad e interés común. Sin tentaciones

dictatoriales ni salvadores de la

patria. Velando por el bien común, es decir

el bienestar de la ciudadanía.

 

 

Alberto Díaz Rueda

EL

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8 mayo 2020 5 08 /05 /mayo /2020 11:40

La aparición, no por inesperada menos inevitable, de la pandemia vírica, un desastre anunciado como la muerte del personaje de García Márquez, ha constituido una piedra de toque para evaluar el valor genuino de la política y los políticos de los países afectados trágicamente por el  COVID. Con muy pocas excepciones, ni la política ni los políticos han dado la "ley" de su valor. Como en el costumbrismo popular, las monedas de presunto oro de la gestión pandémica han resultado ser de plomo al chocar contra la oscura piedra de toque. Si aplicamos a esta situación lo que en filosofía se llama "pensar", es decir, colocarse ante lo real desde la desnudez de prejuicios, indagar en la verdad que se esconde bajo la cortina de datos y de bulos más o menos dirigidos, buscar las líneas de fuga que los hechos desnudos muestran como si fueran problemas inevitables e "inocentes" de la culpabilidad de una mala gestión y, esencialmente, buscar remedios antes que excusas. No como los populistas, tipo Trump o Bolsonaro,  que proponen soluciones fáciles (incluso mágicas) para problemas complejos. Un ejercicio tal nos muestra que la mano invisible del estado y la economía neoliberal de los últimos cuarenta años -no sin la complicidad indirecta de los ciudadanos de la sociedad de consumo irrefrenable e irresponsable- ha provocado de este escenario trágico y que cuando llegan las malas hay que acudir a las antítesis de lo que nos ha sobrado: ante la masificación, reducción de contactos; ante la globalización viajera, cierre sanitario de fronteras; ante el negacionismo, test masivos; ante los bulos, claridad y transparencia informativa; ante la escasez sanitaria, tomar nota del error de recortes y privatizaciones y primar la salud sobre el negocio... y así seguiríamos.

Y sin embargo, en estos últimos días está circulando la constatación de un hecho de alcance internacional que está soliviantando a unos, asombrando a otros y confirmando a algunos de algo que ya se discutía "soto voce" entre los observadores políticos. Digamos que el dato fáctico es el siguiente: de los casi doscientos países que hay en el mundo, sólo diez están dirigidos políticamente por mujeres (entre ellas ninguna dictadora o populista mesiánica, dato relevante). Entre los pocos países que mejor y más pronto han sabido gestionar la crisis, lo cual ha redundado en menor número de contagios y un número llamativamente bajo de fallecimientos, están comandados por mujeres. ¿Tendrá algo que ver la testosterona en este curioso evento?, se preguntan los más irónicos observadores. Científicamente no se puede, por el momento, demostrar la hipótesis de que la testosterona, la hormona  masculina responsable de determinados rasgos secundarios masculinos, fuerza, agresividad, obcecación por la supervivencia y la preponderancia (sexual o comunitaria) cree diferencias manifiestas en el tipo de gobierno según que el líder sea un hombre o una mujer. Lo cierto es que cualidades como flexibilidad, asertividad  (pero no "por mis c..."), formación, sensibilidad a los problemas humanos, compasión, previsión, eficiencia, percepción de los "pequeños detalles" (no en vano rigen ancestralmente los hogares) tendencia a compartir, camaradería, facultad de diálogo...no son exclusivamente femeninas, pero...

Ángela Merkel (Alemania), Jacinda Ardens (Nueva Zelanda), Katrin Jakobosdottir (Islandia), Nicola Sturgeon (Escocia), Tsail Igwen (Taiwan), Erna Soldberg (Noruega), Sanna Marin (Finlandia), Mette Fredericsen (Dinamarca) son las responsables de las mejores y más eficaces políticas de reacción ante la pandemia, la mayoría aglutinando a las diferentes fuerzas políticas de sus países y con una información a sus poblaciones traNsparente, veraz , empática y co-responsable. Tanto en la preparación de hospitales, acceso y distribución general de elementos sanitarios de primera necesidad, realizando test masivos, deteniendo la entrada de aviones y turismo. Y todo ello en las dos semanas posteriores a la declaración china de la epidemia. Y con planteamientos audaces y sumamente racionales, como las dirigentes danesa y noruega que han dado ruedas de prensa a los niños usando los medios digitales para informarles de lo que ocurría y pedirles su cooperación. o las explicaciones públicas continuas y claras de una Merkel, de profesión civil física cuántica, que se convertían en virales en la Red alemana. Las diferencias de morbilidad pandémica entre estos países y los del sur de Europa (excluyendo al modélico Portugal cuyo primer ministro Antonio Costa ha realizado una gestión irreprochable auxiliado por una oposición irreprochable, ¿aprenderemos alguna vez de nuestros hermanos de península?), Norteamérica, Rusia o demasiados países sudamericanos y del este europeo (Polonia y Hungría como ejemplos escandalosos) están mostrando la cara más covidiota del planeta. ¿Será verdad lo que dice Joseph Roth sobre "la abundancia lamentable en el mundo de dos tipos de personas, los malvados y los estúpidos"?

No insistiré sobre esa superioridad femenina en la gobernanza ( y en otros ámbitos de acción social, económica, universitaria o familiar). Me faltan estudios científicos que lo demuestren. Sólo utilizo el sentido común y un empirismo al alcance de cualquiera que quiera informarse. Pero estoy convencido que los casos, conocidos por todos en este país, de señoras cuyos comportamientos públicos son, como mínimo, cuestionables ética y políticamente, responden más al "contagio" de la testosterona con la que los hombres políticos suelen dirimir sus asuntos que a sus cualidades genuinas. ¿Optimismo utópico? Tal vez sí...o quizá no.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 mayo 2020 2 05 /05 /mayo /2020 10:38

En mayo del 68 en las calles de París aparecieron pintadas gloriosas. Una de ellas decía: "Seamos realistas. Pidamos lo imposible". The Beatles triunfaban y los Rolling arrasaban entre los más progres. La teoría del "decrecimiento" que está volviendo a pegar en las redes y en algunos periódicos fuera de toda sospecha, parece haber surgido de las mentalidades jóvenes, rebeldes y utópicas de aquella manipulada revolución. Pero ahora el motor de combustión lo provoca el Covid y la plantean economistas de renombre, científicos y filósofos. De una manera u otra los que reflexionamos y escribimos sobre la actual tesitura estamos muy cerca de esa teoría que sólo puede echar a perder una fea realidad que aparece más o menos emboscada en el futuro cercano: el advenimiento de los fascismos y cierto tipo de dictaduras "constitucionalizadas" que podrían surgir sustituyendo a gobiernos democráticos sumidos en la desesperación.

¿En qué se basa esa teoría que todos los instalados en Dinerilandia temen como a la bruja del cuento? Básicamente en algo que todas las personas con un poco de sentido común  y cierta relación realista con el mundo que nos rodea ha pensado cada día más a menudo. Si no reducimos el consumo progresivo e irresponsable y, paralelamente, no se reduce el nivel encadenado de producción (la razón por la que se nos ofrecen tantos bienes que consumir) los elementos básicos o recursos en los que se fundamenta esta desaforada oferta-demanda (el orden clásico está cambiado hace tiempo: la demanda es un producto de markéting y economía de mercado que obedece casi automáticamente a la oferta sobredimensionada) no son infinitos y por consiguiente se irán acabando no sin antes llevarse de paso la salud del planeta. Y ese frenazo a la actual y suicida situación tratar de hacerlo sin provocar un desastre financiero y económico global.

Medidas concretas: Cambiemos el indicador de la marcha de la economía y no lo basemos en el PIB sino en cálculos que indiquen mejoras del bienestar  social y el medio ambiente.- Instauremos una renta básica que alivie la situación de las personas más necesitadas (y sus familias), con unos canales y medios de distribución equitativos, eficaces, seguros e inmediatos (de 500 a 600 euros, que se podrían financiar aumentado el IRPF a los tramos más altos de ingresos).-Reducir la jornada laboral a 40 o 30 horas semanales, acompañado de medidas de incentivación fiscal a las empresas para contrataciones e impuestos más bajos a los salarios reducidos.-Nacionalización de los servicios de salud como prioritarios socialmente y control de precios a las empresas que cubren necesidades básicas, agua, luz, comunicaciones.- Gestionar internacionalmente los niveles de deuda a través de un Banco Central Mundial, con todas las garantías legales y agilizar las ayudas a través de auditorías no politizadas.- Establecer como prioridad absoluta la devolución al planeta de un medio ambiente equilibrado y tratar de restablecer la biodiversidad. Para ello es preciso encontrar entre todos los países sistemas alternativos de movilidad, rediciendo drásticamente los movimientos turísticos en masa, los desplazamientos sin límites, la degradación de los lugares emblemáticos del planeta. ¿Numerus clausus? ¿Por qué no? La libertad democrática también ha de tener límites, cuando un bien superior está en juego. El asunto está en cómo se haga.

 

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2 mayo 2020 6 02 /05 /mayo /2020 17:27

Detesto a los augures de apocalipsis que no aportan soluciones; a los de la doctrina de cuanto peor, mejor; a los Torra, Trump, Bolsonaro y "tantti altri"; a los adeptos a exhibir la moral cuando se está en la oposición y la política cuando se está en el poder; a todos aquellos que se sienten aludidos por la frase de Voltaire, "la política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria"; a que pocos compartan la convicción que uno tiene de que los fallos de la memoria histórica nos pueden llevar al desastre, a repetir los errores que cometimos y han manchado de sangre nuestra historia;  a los que piensan que somos los reyes de la Creación y podemos devastarla y arruinarla sin contrapartida ni castigo y no se percatan de que sólo somos unos invitados transitorios a los que la Naturaleza está dando sus últimas advertencias; a los que no quieren aprender nada de la pandemia y sólo piensan que es un episodio trágico pasajero que sólo nos está librando de algunos millones de personas que sin duda sobran; a los que sueñan con mantener el estilo de vida de consumo desenfrenado y excesos de producción y rapiña de recursos naturales que nos están llevando a la ruina; a los que se preparan para sacar tajada económica y financiera de lo que nos viene; a los que olvidan que hay niños que mueren de hambre y ancianos abandonados a sus miserias y soledades después de haber pasado la vida trabajando y ayudando a los que les rodean; a los que sólo miran por sus intereses y tendencias y piensan que "mientras vaya yo caliente, que se hiele la gente" o los que aseguran que todo esto no va con ellos; a los que ignoran de qué tratan los conceptos de solidaridad, cooperación y empatía; a los que aún no han comprendido cuáles son las verdaderas necesidades del hombre de hoy en el planeta que tenemos y en las circunstancias que nos hemos buscado por ceguera o por codicia; a los que se niegan a aceptar que si dejáramos de construir, comprar (y usar) tantos aviones de combate, tanques y material militar sofisticado, habría dinero suficiente para garantizar una vida digna, con trabajo, techo y comida, a todos los desamparados de nuestra triste Humanidad; a los que aún, con la que está cayendo,no se percatan que el triángulo sanidad-cultura-ciencia y el formado por sostenibilidad-investigación-cooperación integral, más, rodeándolo todo, una conciencia global de que somos parte de un Todo interrelacionado en el que no hay desigualdades por razones de raza, especie, nacionalidades ni culturas; a los que no entienden cuando se les dice que dejémonos de conjuraciones y conspiraciones: lo que toca a partir de ahora es la co-inspiración, es decir inspirémonos unidos todos para encontrar un camino de integración que nos permita afrontar los desafíos que nos esperan todavía; a los que se resisten a aceptar que el capitalismo neoliberal es un modelo que ha demostrado que sólo funciona para los que dominan el mercado del dinero y el poder y deja fuera a toda la población humana en términos absolutos; a los que aún no han leído uno de los últimos números de "The Economist", el catecismo neoliberal, en el que se habla de un "cálculo macabro" y asegura que, o detenemos el actual  modelo económico basado en la hiperproducción y el consumo,  o nos espera un futuro de miseria, hambre, pandemias y mortandad. Como escribió Walter Benjamin: "La tradición de los oprimidos nos enseña que el "estado de excepción en el que vivimos es la regla". Hay que cambiarlo.

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2 mayo 2020 6 02 /05 /mayo /2020 10:37

"El punto de partida de la filosofía es la conciencia de la propia debilidad. El conocimiento de la falta, de la carencia, del error, es el inicio de la salvación." Esta frase se atribuye, no a un médico enfrascado en la lucha contra el Covid y en la conciencia de que es preciso cambiar nuestras formas de vida, ni tampoco a un economista horrorizado por los efectos del Gran Crack de 1929 o de la canallada financiera del 2008, ni un político responsable (que también los hay) que está angustiado ante la deriva económica de la pandemia, ni siquiera a uno de los dirigentes griegos tras la humillación de su arruinado país por la Troika comunitaria, ni al ensayista de moda Juval Noah Harari...esta frase, que podría ser esperanzadora, la escribió un hombre nacido en el 345 antes de Cristo, nacido en la isla de Samos, hijo de un humilde maestro, llamado Epicuro (en griego, camarada, amigo). Fundó una escuela llamada el Jardín donde enseñó una filosofía de alegre humanismo, rectitud, amor al placer y la belleza, igualdad entre hombres y mujeres por encima de su origen, honestidad e intuitiva inteligencia. Su mensaje fue tergiversado ya durante su vida y durante siglos posteriores por otras escuelas filosóficas y principalmente por la Iglesia cristiana. El descubrimiento de algunos restos de sus textos (escribió más de 300 durante su vida, pero todos fueron quemados o destruidos por razones religiosas) y sobre todo el hallazgo de la obra de Lucrecio "De rerum natura" en 1417 le valieron un reconocimiento erudito que no comenzó a ser público sino a partir de mediados del siglo XX. A los epicúreos hay que añadir el legado de los estoicos (Epicteto, Séneca) y la inteligencia crítica de los escépticos (Pirrón). Creo que decía Nietzsche que la mejor manera de vivir es disfrutar de la existencia como un epicúreo, obrar rectamente y aprender a soportar las adversidades como un estoico y estar por encima de las opiniones e intereses del dinero y el poder como un escéptico.

La ensayista norteamericana Martha Nussbaum en sus fascinantes obras "La terapia del placer" y "la fragilidad del bien" y el profesor francés Pierre Hadot en uno de sus mejores libros, "La filosofía como forma de vida", son las tres obras cuya lectura consecutiva o alterna podría sugerir, a mi parecer, una especie de "vacuna" psicológica contra la desorientación, el temor, el estrés emocional y la sensación de catástrofe y de final de una forma de vida que juzgábamos imprescindible y relativamente segura y que un simple virus, aparentemente uno más de los millones que acompañan al homínido desde que se puso en pie, ha cuestionado  desde sus bases a sus elementos más complejos que la conformaban y "protegían". El Covid ha colapsado las estructuras de la economía mundial, oficiales, pública o solapadas (entre estas últimas con la excepción de las que sacan tajada buitrera de las necesidades sanitarias del planeta) ha relativizado el omnímodo poder del dinero (aquí caen ricos y pobres aunque estos últimos, como de costumbre, se llevan la peor parte), ha desafiado los límites precarios ya de las libertades individuales y, sobre todo, está arrasando con la salud de una forma global (de momento encarnizándose en los países más prósperos: en ese aspecto lo peor está por venir). Ha sido un test de viabilidad al sistema que el sistema no ha soportado.

Ya en estas primeras semanas, en pleno aislamiento (cuando esta revista esté en el mercado las cosas habrán cambiado mucho, sin duda alguna) resultaba difícil hacer un pronóstico lógico y racional de el proceso y sus cambios, con un permanente bombardeo de "fakes news" bulos "profesionales" e informaciones sesgadas e inexactas. De ahí mi apuesta por el mensaje implícito que se desprende de los cuatro libros libros recomendados y de mi propósito filosófico-pragmático: en tiempos de tribulación, no hacer mudanza, decía el agudo jesuíta Ignacio de Loyola. Por tanto, resistir y ir capeando el temporal como mejor se pueda. "Sustine et abstine" , soporta y renuncia, dijo Epicteto, maestro estoico. Y lo que dice puede ser esencial para el momento en que vivimos: soporta los quebrantos, incomodidades, dolor o sufrimiento sin perder la calma y la visión fría y eficiente de lo que hay que hacer y renuncia  a la nostalgia de los placeres y el bienestar que tuviste: busca un equilibro,entre las dos grandes pasiones humanas, un punto donde sólo dejas entrar a la razón, la lógica, el pensamiento crítico. Meta, la imperturbabilidad del ánimo, esa serenidad que nos permite afrontar las tempestades sin que nos tiemble el pulso y perdamos la cabeza. La felicidad no es Tener, disfrutar de las cosas y las personas cosificadas, la felicidad es Ser un producto de la areté (la virtud) honesta y firme que actúa respetando a los demás y siendo fiel al principio de la excelencia en todo lo que uno piensa, dice o hace.

Más o menos esas son las líneas maestras que la Nussbaum desteje para nosotros en las obras filosóficas, literarias y el teatro de los antiguos griegos. Apoyada y de qué manera por el maestro Hadot que nos habla de nuestros miedos y la mejor manera de afrontarlos con una sólida argumentación intelectual por debajo.

Para los aficionados a los consejos prácticos y directos, la Nussbaum ha diseñado un enfoque filosófico de las capacidades funcionales humanas centrales emanadas de su conocimiento sobre aquellos antiguos maestros de la vida. He tratado de integrarlas en una posible respuesta personal a la pandemia: SER CAPACES  de insuflar dignidad a la propia vida; de cuidar de nuestro cuerpo y proporcionarle los elementos mínimos para su correcto desarrollo; de convertir el encierro en una opción de nuestra libertad y solidaridad e ingeniarnos para no dejar de ejercitarla sin vulnerar las prohibiciones por el bien común; de aplicar la imaginación y el pensamiento en ejercitar nuestros sentidos; de aplicar y sentir las emociones creativas y saber desviar las negativas o nostálgicas a través del ejercicio de la imaginación y la voluntad; de no desdeñar la reflexión crítica sobre lo que ocurre y mantener la lógica y racionalidad como metas indeclinables; de potenciar los afectos ya sean los  familiares como los de amistad y vecindad, buscando un auténtico interés por los otros, solidaridad, cooperación y dignidad común; en la medida de lo posible evocar, analizar y tratar de sentir lo que supone para nuestro equilibrio las relaciones con animales, domésticos o no, con la naturaleza vegetal, árboles, flores, plantas, con el mar y el cielo, en un plano de conexión, de hermandad planetaria; de recuperar nuestra habilidad de jugar plenamente, de reir y de disfrutar de estos momentos como si fuéramos niños, sin otra preocupación que gozar del instante que vivo; y, por  último, en todo momento aplicar nuestra inteligencia y conocimientos al control máximo que las circunstancias permitan sobre el propio  entorno, el círculo íntimo donde se encuentra el yo y quizá nuestra pareja, los hijos, los abuelos. Un control que se traduzca en seguridad y serenidad para el sujeto y quienes le rodean.

No hay ni una sola de estas "capacidades" que no puedan ser corroboradas por alguno de los libros que les sugiero leer en estos encierros (los tres son asequibles por internet). Esencialmente recogen principios filosóficos estoicos, epicúreos o escépticos. La aplicabilidad, pertinencia y actualidad de estos autores es precisamente la razón por la que son considerados unánimemente clásicos indiscutibles, a la altura de Aristóteles, Platón, Descartes, Nietzsche, Voltaire, San Agustín o Santo Tomás, Pascal, Leibniz, Erasmo, Spinoza, Schopenhauer, Montaigne, Ortega, Kierkegaard, Einstein, Wittgenstein, Russell, Kant, Hegel o Marx (que, por cierto, tiene un libro excelente dedicado al análisis de la filosofía de Epicuro).

Como colofón les diré que Marta C. Nussbaum, una de mis eruditas vivas preferida, es profesora de Derecho y Ética en la Universidad de Chicago, autora de más de dieciséis libros (la mayoría, editados en español por Paidós) sobre filosofía griega y latina, derechos de las mujeres, filosofía política, religión e igualdad entre los sexos. Sostiene ideas que hablan de la dignidad de la mujer : hay que adoptar políticas que faciliten que el potencial femenino sea respetado y cultivado, lo que incluye medidas adecuadas para el cuidado de niños y ancianos, una carga que recae sobre las mujeres en todo el mundo. En estos casos, esas actuaciones, lejos de ser mera cosmética, son cuestión de vida o muerte. Y si se diera el caso de que otras lo son, habría que denunciarlo. La lista de las capacidades que he adaptado para este artículo está detallada en un publicado en español: Crear capacidades. Propuestas para el desarrollo humano (Paidós). En él, hace un análisis del desarrollo social y económico, que lejos de estar basado en los habituales indicadores económicos, como el producto interior bruto o la renta per cápita, tiene en cuenta los medios que pone un Estado al alcance de sus ciudadanos para que desarrollen las capacidades que cada ser humano encierra, y que ella resume en un decálogo. Lo que mediría el verdadero desarrollo, por tanto, sería que la gente disfrutara del derecho a la vida (“a una vida de duración normal, sin muerte prematura”, especifica la autora), a la salud física, a la integridad física (“estar protegidos de los ataques violentos, incluidas las agresiones sexuales y la violencia doméstica”), o del derecho a poder usar “los sentidos, la imaginación, el pensamiento y el razonamiento de una forma verdaderamente humana”. El decálogo incluye también “el poder vivir una relación próxima y respetuosa con los animales, las plantas y el mundo real”. Y respecto al tema que me ocupa citaré una respuesta de Nussbaum a una entrevista : "los estudios humanísticos son fundamentales además en la forja de un saludable sistema democrático. Son materias que nos aportan información sobre el mundo en el que vivimos. Como ya lo vio Sócrates, la filosofía tiene una capacidad única para producir una vida examinada, es una fuente de razonamientos y de intercambio de argumentos. Nuestro clima político actual es histérico, dado a las invectivas más que a los argumentos. Necesitamos de la filosofía con la misma urgencia que la Atenas de Sócrates".

Para los interesados en esta egregia dama de la filosofía doy una lista de sus obras: Contamos con buenas y prontas traducciones de casi todos sus libros, desde La fragilidad del bien (Visor, 1995) hasta Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano (Paidós, 2012). Como los mismos títulos me parecen reveladores y significativos de esa perspectiva humanista, citaré además: La terapia del deseo, El cultivo de la humanidad, Los límites del patriotismo, Las fronteras de la justicia, Paisajes del pensamiento, India (todos en Paidós); Justicia poética (Bello); Libertad de conciencia (Tusquets); Las mujeres y el desarrollo humano (Herder); El conocimiento del amor: ensayos sobre filosofía y literatura (Antonio Machado), y, en fin, El ocultamiento de lo humano y Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (ambos en Katz).

En cuanto a Pierre Hadot (que ya me deslumbró con "Plotino o la simplicidad en la mirada" y más tarde con "La ciudadela interior") en el libro que les aconsejo, "La filosofía como forma de vida" tenemos unas conversaciones que mantuvo el pensador francés con Jeannie Carlier y Arnold I. Davidson, dos filósofos y el segundo, traductor al inglés de la obra de Hadot. Es reveladora la convicción de Hadot de que hay que entender la filosofía antigua, más que como un serie de sistemas y estructuras de pensamiento, como la verbalización de un sistema, una forma, un estilo de vida, en suma, una manera de vivir. Y aduce la característica de "oralidad" de los libros de los principales filósofos de aquélla época dorada, desde Platón hasta Epicuro, Epicteto o Marco Aurelio, Pirrón o Anaximandro, Jenofonte o los pitagóricos. Por lo que los libros eran más unos manuales recordatorios para uso de alumnos y discípulos, a modo de consejos sobre cambios en su forma de vivir, que doctrinas o conjuntos de teorías abstractas para uso de eruditos y estudiosos de historia de la filosofía.

Hadot sugiere que esos libros eran los textos preparatorios para unos auténticos "ejercicios espirituales" (los griegos usaron esa expresión con bastante antelación al cristianismo y otras religiones que acabaron monopolizándola para sus intereses pedagógicos y doctrinales) con los que el iniciado iba logrando alcanzar ciertos cambios en pos de la "vida buena" y la moralidad de lo correcto. Cualquier estudioso de la filosofía antigua termina percatándose que en el entramado de los libros clásicos hay una urdimbre bastante clara y explícita de prácticas y ejercicios destinados a mostrar el camino al lector de un estilo de vivir coherente con los principios que se han tratado de demostrar en el texto.

Para ellos, la filosofía no era solo teoría o discurso, era una manera determinada de vivir, "una opción existencial y una distinta y coherente visión del mundo". Y así, para los epicúreos de nada servía la filosofía si no lograba curar el alma y transformar al individuo en su relación con los otros o con el cosmos. Para ello decían, se debía prescindir de los deseos innecesarios, optando más bien por los necesarios y por la moderación del placer.  Los estoicos -muy prácticos y generadores de máximas excelentes para recordarnos cómo realizar la "vida buena"- se preocupaban de mantener una "terapia de las pasiones", pues consideran que son las pasiones las que hacen desdichado al hombre. Se trata de enseñar al hombre a distinguir entre lo que depende de él y lo que no. Ante lo primero, trabajo honesto y fortaleza, ante lo segundo indiferencia y aguante resignado.También para Epicteto y Cicerón la filosofía es una especie de medicina del espíritu que posee su propia terapia para sanar al hombre.

La tradición de la vida filosófica no ha muerto desde entonces y la encontramos en Kant, en Nietzche y entre los más cercanos en Onfray, María Zambrano. Ortega o Peter Sloterdijk y, en cierta forma, en Wittgenstein. Hadot insiste en que hay que rescatar la sabia vital de la filosofía, volver a los "ejercicios espirituales" como los diseñaban los estoicos o los epicúreos y escépticos, apuntar a esa "conciencia cósmica" de la que hablan Bergson y otros, buscar ese ideal de  perfección humana y progreso espiritual que nos inserta en un esquema evolutivo que concierne a toda la humanidad. Sin olvidar, por supuesto, en qué mundo vivimos, la importancia de la geopolítica, los movimientos sociales, la globalización informática y los radicales cambios de costumbres y creencias que con gran velocidad se  están produciendo bajo las nuevas tecnologías. Nunca como hoy, en plena revolución pandémica de costumbres, hábitos y estructuras económicas y sociales, bajo el imperio de la amenaza de muerte y miseria, es tan necesaria la filosofía, único "noray" al que se puede asegurar el desarbolado navío de la humanidad. Hora de vivir como personas, hora de pensar. ¿Cuál es la mejor herramienta del pensar? La filosofía.

 

FICHA

LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA.- Pierre Hadot.- Trad. María Cucurella.- Alpha Decay.-266 págs.-29,50 euros.- ISBN 9788493654016

LA TERAPIA DEL DESEO Y LA FRAGILIDAD DEL BIEN:FORTUNA Y ETICA EN LA TRAGEDIA Y LA FILOSOFIA GRIEGA.-  45 y 38 euros.- Martha C. Nussbaum.- Ed. Paidós
 

 

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1 mayo 2020 5 01 /05 /mayo /2020 08:58

Decía el viejo profesor Aranguren que "la moral se exhibe cuando se está en la oposición y la política cuando se está en el poder".  Lo cual implica que  los que mandan se olvidan de los principios éticos que deberían regir su profesión y los que quieren mandar apelan a ella pero no refiriéndose a sí mismos sino como exigencia y reproche al que intenta gobernar. Apañados vamos con ese personal. Aunque, insisto, a pesar de todo, de las inseguridades, vaguedades improvisadas y cautelas contradictorias del Gobierno, constantemente obstaculizado por las actitudes vergonzantes de violencia crítica y falta de apoyo y cooperación en nuestro espectro político,  Sánchez está haciendo una labor discretamente respetable (al contrario que la poco fiel oposición y algunos más en el mismo seno del poder.

Los envidiados portugueses (en el aspecto político y en el social) han rebajado el estado de excepción a estado "de calamidad". Es justamente el concepto que más se adecúa a la manera en la que los "covidiotas" están actuando en algunas grandes ciudades como Barcelona y Madrid, que comienzan a erigirse en peligrosos focos de contagio mientras el resto del país trata de apaciguar al virus y parece que lo está consiguiendo. Deberíamos ir reflexionando en esa característica y por pura cautela, discreción y sentido común desaconsejar de la manera más ejecutiva posible las oleadas acostumbradas de veraneantes y familiares que - a no ser que se las disuada-  tratarán de olvidar que pueden  -no necesariamente, pero sí entra dentro de lo posible- llevar  en la maleta un visitante no deseado.

Un último reproche a dos de mis particulares bestias negras. Al payaso que rebaja la dignidad de la Casa Blanca, Trump, que junto a su insólito microbio familiar, su yerno, que están presumiendo de lo bien que están gestionando la crisis del Covid. Alucinante. ¿Que pensaran las familias de los más de 60.000 muertos (ni en Vietnam el país perdió a tantos ciudadanos) y el millón de contagiados? El otro, que altera los humores de cualquier persona responsable, es el valleinclanesco dictador brasileño, Bolsonaro, que cuando se le reprocha su absurda actitud ante el virus que al parecer está provocando una mortandad en el gran país (sin datos fiables, hay oscuridad informativa) responde que él es un mesías, de acuerdo, pero que no hace milagros. Si la gente enferma y muere qué va a hacer él. Lo tiene fácil: váyase al exilio. Desaparezca.

Bien, amigos, hasta aquí les he acompañado durante 41 jornadas de confinamiento, día a día, con gran placer por mi parte, a pesar de que las circunstancias no eran felices ni relajadas. He recibido múltiples pruebas de afecto y apoyo, incluso cuando el enojo, la vergüenza ajena y el desaliento me invadían.

Para los que deseen seguir leyendo mis humildes reflexiones, artículos y comentarios les invito a entrar en mi blog 

www.nullediesinelinea.es 

A los demás, gracias por vuestra atención.

Alberto Díaz Rueda

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30 abril 2020 4 30 /04 /abril /2020 09:20

Decía el maestro Emilio Lledó en su libro "Sobre la educación"  que "la deriva social utilitarista que va solidificándose en estos tiempos está desvirtuando la enseñanza...y la preparación de los profesionales del futuro cercano". Educar, dice, es crear libertad, dar posibilidades, hacer pensar. Es un  proyecto que vincula la libertad al ejercicio de enseñar y al placer de aprender. ¿Se enseña esto en los institutos, en  la Universidad? O más bien todo se convierte en una fábrica de futuros titulados, una visión "asignatural" de la enseñanza y un sistema de exámenes o "chantajes rituales"?  La digitalización de la enseñanza da el acceso a unas técnicas de acceso engañosamente simple que manipulan y sustituyen en los alumnos el hábito de pensar.

Decía Kant que "el hombre sólo puede ser hombre por su educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". El problema en estos tiempos es que no sabemos muy bien en qué consiste la tan socorrida y en el fondo desahuciada "educación". Pues bien, la pandemia y su secuela el confinamiento está causando un revuelo interno entre profesores, alumnos y familias de alumnos. Esta es una parte de la educación cuya importancia no se evalúa de forma correcta, ni por el sistema ni por los propios padres (que seguramente padecieron una "educación" tan coja o más que la actual).

¿Cuáles son las opciones que se están barajando en estas circunstancias actuales? Una, la que denuncia el profesor Roberto G. Fandiño en un artículo, niños enganchados todo el día a internet para realizar deberes de diferentes asignaturas, agobiados y obsesionados por enviar el trabajo en el plazo indicado, correspondido por un agobio igual o superior por la cantidad, de profesores que deben leer, corregir y evaluar la montaña ingente de trabajos generados por el encierro y el enfoque de ciertas autoridades educativas de evaluar a los profesores en base a la producción total de trabajos realizados, conferencias y actividades on line. ¿De verdad hay alguien que cree que eso es educar? Serán los mismos que sueñan con profesores robots y olvidan la dimensión vital, esencial de la presencia física del maestro, del profesor, de la interacción humana como un elemento capital para el aprendizaje. Tal vez esas personas no han tenido ningún buen profesor. Yo he tenido unos cuantos (y muchos más mediocres, nada motivados o simplemente autoritariamente estúpidos) y han sido un creativo y estimulante  privilegio para mi formación como persona y más tarde como profesional. Los buenos profesores  contagian el amor al saber, la necesidad del conocimiento, la curiosidad por investigar (madre de la ciencia y de la filosofía), por llegar por tí mismo a la razón de lo que haces y por qué lo haces. Y no es una utopía...hay profesores así. Pero, necesariamente, lo tienes que tener enfrente, tienes que interrelacionar con ellos.

Pero también está la opción de los que que creen que la nueva tecnología o los libros son simple herramientas de trabajo que ayudan pero no marcan o dominan el aspecto creativo y crítico del alumno, al que se le estimula para que, tomando como base determinados textos o material virtual, no demasiados pero sí adecuados,  se active una reacción personal, una labor de pensamiento y de crítica propios, que muestre la capacidad del alumno para hacer una lectura creativa de lo que  se les aconseja trabajar. No se tiene  en cuenta la liturgia de exámenes y notas que obsesiona al mundo educativo. Trabajos como  esos dan al profesor una visión bastante apreciable de la madurez del alumno. ¿Utopía idealista? No señores, es el modelo educativo que se sigue en países como Alemania o los del norte de Europa. Los partidarios de esta segunda opción no agobian a los  alumnos con ejercicios al plazo prefijado, sino que dan tiempo para que el alumno madure su respuesta, pues el lujo de pensar requiere un "tempo" de labor muy especial y exigente.

Y ahora entramos en el tercer elemento de la ecuación educativa: la familia. He oído críticas variadas a las dos opciones. Hay razones familiares en las que no entraré por no ser adecuadas a esta reflexión (aunque las lamente) ni tampoco entraré en las condiciones psicológicas delicadas que causa un encierro tan largo en espacios reducidos y a veces con exceso de personas en el mismo recinto. Las familias pueden escandalizarse ante el agobio de sus hijos por el exceso de tareas o protestar porque creen que los profesores que siguen la segunda opción están, en realidad, "escaqueándose" de sus labores y obligaciones (esto también puede ser la opinión de algunos "jefes" educativos). Déjenme apuntar que esas "obligaciones" no son privativas de los docentes sino que, en un plano de responsabilidad  distinto,  comparten los padres del alumno, ya que éstos no están ausentes de la ecuación pedagógica: son ellos los que promueven -consciente o inconscientemente- el aprendizaje vicario. Si, señores,  el del ejemplo que dan en casa a sus propios hijos, con actitudes, opiniones y comportamientos. No tener en cuenta ese punto no es sólo una hipocresía social, es un error que con el tiempo  pagarán esos alumnos si el ejemplo recibido no ha sido el correcto. Como corolario del tema familiar,  narro la respuesta de una joven profesora a un padre que le preguntó con sorna que quién les pagaría a ellos el hacer de profesores durante el confinamiento. A lo que dicha maestra respondió: “los mismos que nos pagan a los profes por hacer de padres, nadie”. Se puede decir más alto pero no más claro: que cada palo aguante su vela.

Así que la pandemia, el encierro, está poniendo en solfa tres de las cuatro patas de la educación. El modelo educativo, el tipo de profesor, el alumno y su familia. Ustedes pensarán, "por si fuera poco con los problemas que nos ha traído el virus, el de salud, el económico, el laboral y el socio-familiar, ahora nos viene éste con el de la educación". Permítanme que les apunte una visión complementaria: justamente es la educación la madre del cordero, a la que deberíamos tratar con mimo y responsabilidad. La educación es la semilla que crea buenos médicos, investigadores, políticos, técnicos. Pero sólo si la educación es técnicamente buena y humanísticamente correcta y creativa. Para eso los maestros de esos profesionales han de ser buenos pedagogos, libres, abiertos, responsables y empáticos, sin ajustarse a planes rígidos y capaces de estimular la imaginación, la  creatividad y la responsabilidad de sus alumnos. La s personas educadas pueden circular mejor por los caminos complejos de la economía y el mundo del trabajo, no engañan ni se dejan engañar, pues al mismo tiempo que su profesión aprendieron la ética que la regula. Y esas personas , gracias a la educación, que no termina en la universidad con el titulo en el bolsillo, sino que es permanente en la vida humana, pues la enriquece en forma de cultura, posiblemente sean capaces de articular relaciones personales y sociales basadas en criterios más sólidos que el interés propio. Y formar familias donde la educación y la cultura sea contemplada como un privilegiado modo de ser mejor persona.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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30 abril 2020 4 30 /04 /abril /2020 08:51

Desde muy joven he sido un iberista convencido. Creo que Portugal unido a España nos completaría como país. Tenemos mucho que aprender de ellos, de su innata cortesía, de su sencillez y de su honestidad política. Mientras que nuestros políticos siguen dando la nota, desde un Sánchez enrocado en su sillón de líder carismático hasta un Casado  que parece desear tanto como el poder a cualquier precio (justamente lo que mantiene a Sánchez) ser capaz de "darle la puntilla"  a un individuo cuya prepotencia iguala a la suya. Cada uno es la sombra negativa y fratricida del otro. Y así ambos olvidan al Covid y éste les convierte a los dos  en sus mejores aliados para hundir al país. La política errática e indecisa y poco clara del Gobierno en la gestión del Covid, no obstante, está dando algunos resultados apreciables y esto encona aún más la inflexibilidad de uno y la inconsciente agresividad del otro (voluntariamente prefiero ignorar al resto de formaciones políticas: los dos gallitos del corral no les dejan capacidad de juego, incluido Torra, el "marciano" (que sigue actuando como si el Covid lo hubiera inventado su odiada España). 

¿Cuesta tanto apreciar y tomar nota de la actitud y comportamiento político de nuestros vecinos peninsulares? ¿No se perciben los buenos resultados que están dando en la gestión del virus y en la percepción unitaria y coherente que tienen los portugueses de sus dirigentes? El socialista Antonio Costa tomó desde el primer momento una actitud responsable, eficiente, compartida y cooperativa con la población y con el resto del espectro político. El líder de la oposición, el conservador Rui Rio, dejó de lado las diferencias y se puso de inmediato al servicio del Gobierno, por una causa mayor que requería unidad, dejando las críticas para cuando pasara la pandemia. Trabajar conjuntamente, ese era el objetivo. Ni exceso aislado del poder ni socavar al contrario desde una oposición ombliguista. Concordancia. Nada de gobernar a golpe de tentativas y tener que dar marcha atrás o reconsiderar órdenes precipitadas. Nada de ofrecer el lamentable espectáuclo del combate incesante entre un líder ensimismado en su poder y un oponente histérico por hundirle. 

¿Por qué no proponer, cuando salgamos de ésta y suspendamos a los políticos que tenemos, un cambio constitucional al modelo alemán, la  eficaz administración de los "länder" que, en caso de crisis global, se convierte en un Gobierno único con una cabeza y una gestión confederada? Porque, me temo, que si esta crisis no cambia nuestro modelo de vida, vendrán más y peores...y tendremos que gestionarlas. A la espera de un Gobierno mundial, utópico para nuestra especie egoísta, podríamos apañarnos con una Iberia unida en múltiples länder autonómicos pero unidos, no revueltos, con un poder central, en casos de extrema necesidad e interés común. Sin tentaciones dictatoriales ni salvadores de la patria. Velando por el bien común, es decir el bienestar de la ciudadanía.

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29 abril 2020 3 29 /04 /abril /2020 12:08

Excelente ensayo de la profesora de la Universidad de Zaragoza, Sandra Santa. Es este un libro en el que queda clara la importancia de Karl Kraus, el combativo, ingenioso y duro polemista y poeta que vertebró en torno a su revista personal "La Antorcha", sus aforismos y su carácter crítico y ferozmente incisivo, todo un desafío a la Torre de Babel que era el Imperio austrohúngaro y su decadencia y muerte por los dos elementos, las lenguas y los nacionalismos que darían lugar a la Primera Guerra Mundial y unos años más tarde a la aún más horrible II guerra.

 Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viena de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje. La lectura del libro revela una excepcional y curiosa circunstancia: el simple hecho de que la censura del Imperio permitiera la labor de Kraus sin ponerle cortapisas (las reacciones contrarias, a veces en forma de palizas, se las propinaban los muchísimos enemigos que Kraus se buscaba con demasiada ligereza: incluso su muerte, tras las complicaciones causadas por el atropello de un ciclista que se dio a la fuga no tuvo nada que ver con la policía secreta vienesa). Ni juicios por desacato, ni ostracismo intelectual ni campañas de difamación en la prensa tan atacada por Kraus. Sorprendente. 

 Sugiere la autora que esta implacable crítica del sistema era un mal menor que la tambaleante república austríaca que sucedió al Imperio, no tuvo en cuenta ante el auge de sus problemas y el ascenso imparable del nazismo,  En realidad la crítica feroz de Kraus al lenguaje establecido, sólo era una vertiente más de un problema global: la naturaleza de un Babel social, étnico y linguístico que constituía la sociedad austríaca, en la que el alemán era un idioma más y no el mejor considerado, hasta que el golpe de timón nazi lo convirtió en el privilegiado.

De Kraus nos quedamos con su sarcasmo y su ironía, sus pertinentes ataques a la hipocresía sexual de una sociedad bastante corrompida, a una judicatura inicua y a los ecos que la prensa difundía contaminando a la opinión pública. Sorprende que la misoginia de Kraus no sea un inconveniente para las feroces diatribas que lanzaba contra unas leyes y una sociedad que convertían a la mujer en un objeto despreciable, cuando Kraus no se cansó de proclamar la supuesta inferioridad intelectual femenina. Aún teniendo en cuenta todos los contras de este escritor y poeta en perenne lucha activa por todas las causas perdidas, para cualquier pensador que se precie de amar la libertad de espíritu, la honestidad y la crítica sincera, Kraus es un referente. Léanlo. Pero antes pasen por el libro de Sandra Santana. 

FICHA

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914



 
 

 

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