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13 julio 2016 3 13 /07 /julio /2016 16:41
El ruido del tiempo

Con un comienzo de excelente factura literaria (recuerda un poco a un Chejov) el gran Julian Barnes, uno de los cinco exquisitos británicos que nacieron alrededor de los cincuenta, Amis, Swift, Lodge, Mc Ewan, comienza su última novela, "El ruido del tiempo". Como Amis o McEwan, Barnes bucea en la historia europea reciente, la segunda guerra mundial, más que en la lado nazi o aliado como Amis y Mc Ewan, en la zona rusa y concretamente en la URSS dirigida con mano de hierro y ausencia de escrúpulos por el dictador Stalin.

Con su tendencia a profundizar en los dilemas éticos (y estéticos) de los hombres bajo la ominosa sombra de una dictadura letal, Barnes se mete -y nos ayuda a hacerlo - en la piel y la mente de un artista singular, Dmitri Shostakóvich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975), compositor y pianista al principio mimado por el régimen que con el estreno en 1934 de su ópera "Lady Macbeth en Mtsensk" , incurriría en el caprichoso y paranoico rechazo --sin razones o explicaciones- de Stalin, que esperaba una triunfal loa a su propia figura o al régimen galvanizado y cruel que él detentaba y no entendió en ningún momento la música del compositor. El artículo aparecido después del estreno en Pravda, el órgano de propaganda de Stalin, titulado “Caos en vez de música”, donde se le acusaba de ser un ejemplo de arte decadente y contrarrevolucionario.

A partir de ahí, ante la ciega brutalidad burocrática del régimen (Barnes nos regala páginas angustiosas donde late la sinrazón y el agobio de un Kafka), Shostakóvich debió afrontar la alternativa de tantos de sus colegas y artistas de todos los géneros, ser un mártir o un equilibrista entregado y temeroso para sobrevivir. Comienzan las penalidades y los miedos profundos de compositor (que solía dormir vestido y con una maleta preparada para cualquier "viaje" con la policía secreta. Durante años, el pusilánime artista, trató de plegarse a todas las exigencias indirectas del régimen, esperando continuamente la visita nocturna de la muerte y dudando sobre la pertinencia de un suicidio.

En "Nada que temer" y alguna que otra obrita menor, Barnes ha confesado de forma clara su temor patológico a la muerte y esta novela me parece un homenaje a un hombre que, de alguna manera, parece un trasunto suyo, seguramente más justificado por razones externas. La elección entre la dignidad o la supervivencia, no es fácil ni siquiera sobre el papel. Shostakóvich ni siquiera tenía la posibilidad del silencio ya que, conocedor de la patología del dictador y, por contagio, de sus fieles -tan aterrorizados por la vesanía de Stalin como el propio compositor- sabía que dejar de escribir música sería considerado también alta traición. Por ello se avino a repudiar su ópera y a componer una obra que reflejara la alegría y libertad de la Rusia revolucionaria.

Y así se forjó la esquizofrénica figura de un compositor que en la intimidad sufría la agonía del terror a la extinción y en público aplaudía el fervor revolucionario que simbolizaba el dictador de una manera omnímoda e implacable. Las bandas sonoras que compuso para la películas propagandística que agradaban a Stalin fueron premiadas y poco a poco recuperó el favor del dictador, aunque jamás dejó de padecer la paranoica y autodestructiva sensación de que, en cualquier momento y sin excusa alguna podía ser enviado a un gulag o desaparecer en cualquiera de las purgas que asolaban el país. Tras una Séptima Sinfonía que cantaba la defensa numantina rusa en Stalingrado, las siguientes sinfonía Octava y Novena volvieron a indisponerle con el cada vez más oscuro y demencial Stalin. Y volvieron las represalias y el terror. En esas páginas es donde brilla el estilo de Barnes, con toques líricos y reflexiones psicológicas de un realismo conmovedor, defendiendo a pesar de todo el insobornable talento creativo del compositor que sólo en su alma se sabía libre pero se sentía incapaz de implementar el grado de dignidad que hubiera requerido su autoafirmación. Ni siquiera tras la muerte de Stalin en 1953, Shostakóvich puso sacudirse de todas las limitaciones éticas y de comportamiento que el terror de décadas habían grabado a fuego en su persona. Como escribe Barnes, “La línea de la cobardía es la única que avanzaba recta y segura en su vida”.

Magnífica novela sobre la degradación moral de un hombre pusilánime y cobarde, al que nadie con dos dedos de frente y alguna experiencia puede condenar o juzgar en modo alguno. El heroísmo no es una exigencia humana sino un gesto de grandeza moral. Los que han vivido en regímenes totalitarios saben perfectamente el precio que se paga por mantener la dignidad. Y no todos están dispuestos a satisfacerlo. Pero, al menso, nos queda su música, reflexiona Barnes, y la grandeza de sus partituras estás por encima de los caprichos y crueldades de la historia.

FICHA

EL RUIDO DEL TIEMPO.- Julian Barnes. Trad. Jaime Zulaika.-199 págs. Ed. Anagrama. ISBN 9788433979551

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9 julio 2016 6 09 /07 /julio /2016 08:11
La práctica de la atención plena

He aquí un libro brillante y necesario. No solo por su temática, la atención plena, uno de los sistemas más renovadores sobre la aplicación de la mente a la mejora de la persona, sino por la calidad humana y científica del autor, la claridad y pertinencia de sus ideas, la amplitud de su información y el estilo sencillo, a veces poético y siempre eficaz de comunicar los elementos de la técnica y su práctica, así como los avales científicos que posee y las experiencias , propias y ajenas, que nos relata.

Jon Kabat- Zinn es un profesor de medicina norteamericano, formado en neurología y neuropsicología, que ha trabajado, con éxito visible, en integrar técnicas budistas milenarias de meditación con el fin de sobrellevar los estragos que el estrés causa en las personas y el sufrimiento de las enfermedades de todo tipo, restableciendo las prioridades del paciente, reorientando su energía y creando las condiciones mentales y físicas para recuperar la seguridad, el equilibrio y el bienestar. El secreto: "aprender a vivir en lo atemporal, fuente de consuelo y de la percepción clara de las mentiras en que vivimos --y que nos contamos y creemos-- para recuperar el equilibrio homeoestático entre la vida, la naturaleza, nuestro cuerpo y la mente. No se trata del típico y tópico libro de autoayuda, ni un recurso de cualquier misterioso gurú por arte de magia o hipnotismo, sino de un ensayo de categoría científica que sorprende y cautiva por su honestidad y claridad, en pro de una conciencia abierta y sin juicio instante tras instante.

No nos cuenta nada nuevo, sino que recoge el testimonio y la práctica de miles de participantes en esta técnica y nos ofrece esos testimonios, para después, con el respeto y la lucidez como herramientas, proponernos la posibilidad de acceder a la sencilla y revolucionaria práctica que ha ayudado a millones de personas: observar y percibir como vivimos nuestra vida en continuos momentos de inconsciencia, sin darnos cuenta de que lo hacemos, sujetos a pautas automáticas de pensamientos volátiles e innecesarios y en sentimientos fraudulentos e inestables. Ya que está demostrado que "cuanto más atención prestamos a la gradación de las cosas, más clara -y no al contrario- se torna nuestra mente. Y ello lo consigue la meditación.

Así es como esta autor define la meditación: "No tiene que ver con corregir, curar ni obtener nada. Y tampoco con un estado mental, porque trasciende todos los estados mentales, todas las opiniones y hasta todos los diagnósticos. La meditación consiste en descansar en la conciencia de lo que está sucediendo en el mismo momento en que sucede, sin alejarse de nada, por más molesto y doloroso que sea, por más que no queramos estar ahí y sin perseguir ni obsesionarnos tampoco con ninguna experiencia por más extraordinaria y placentera que sea y por más que no queramos que desaparezca" (página 548)

Hágase un favor, lector, lea este libro y permita que la atención plena entre en su vida. No se imagina el mundo que puede llegar a descubrir. Un mundo que, curiosamente, ha estado siempre junto a usted.

FICHA

La practica de la atención plena.- Jon Zabat-Zinn.- Trad. David González.- Ed Kairós.- 610 págs.29,50 euros. ISBN:9788472456464

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8 julio 2016 5 08 /07 /julio /2016 17:16
Nunca es tarde

Lo cierto es que no está mal, aunque si lo que uno busca es ver a un Pacino superior o una historia dramática bien tensada, con diálogos inteligentes y eventos que te hacen pensar, mejor váyase a ver otra del viejo actor en la filmoteca. Todos actúan correctamente y la historia nos interesa de entrada, el viejo cantante que se ha abonado al éxito fácil, al estilo Sinatra aunque sin su altura de gigante, en el final de su carrera vital y profesional, que recibe una carta de John Lennon enviada en el inicio de su carrera, cuarenta años antes. Es tal el impacto anímico y psicológico que recibe que decide cambiar de vida y... bueno véanla, pero con los "peros" apuntados y la admonición: es una gran película frustrada (y frustrante). .Si uno quiere pasar un rato entretenido, sin ganas de pensar mucho, es recomendable. Además hay un grupo de actores en estado de gracia, Annette Bening, Jennifer Garner, Bobby Cannavale, o Christopher Plummer. Al Pacino se parodia de si mismo como lo hizo en "La sombra del actor".

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6 julio 2016 3 06 /07 /julio /2016 12:27
Dos buenos tipos

Shane Black dirige con considerables notas de humor (a veces se pasa) y de nostalgia a dos buenos actores, Russell Crowe y Ryan Gosling, en una comedia detectivesca del tipo "buddiy film", es decir película de colegas, generalmente una pareja de policías o detectives dentro de la tónica de las parejas humorísticas en el cine norteamericano desde Bud Abbot y Lou Costello, al Gordo y el Flaco -Stan Laurel y Oliver-, las parejas de detectives guaperas de los años setenta o los cómicos Jerry Lewis y Dean Martin, pasando por muchos más. Con una ambientación primorosa a la que no falta detalle, Black recrea el Los Angeles de finales de los setenta. En ese ambiente, un detective "oficial" y un matón por encargo, muy divertidamente recreados el primero por un Gosling absolutamente inédito y un Crowe retenido y eficaz, el tonto y el listo. La historia comienza con el aparente suicidio de la actriz porno Misty Mountains y se complica de manera absurda con elementos como una Fiscal del distrito interpretado por una rubia muy capacitada en este tipo de películas, Kim Bassinger, la industria porno y la del automóvil, matones por doquier y una jovencísima actriz que hace de sufrida hija adolescente de Gosling. Un caso complejo para un inútil descerebrado interpretado por Gosling y un matón sin muchas neuronas -pero más que las de su compañero- eficientemente interpretado por Crowe. Me gustaría arrancar con la sublime ambientación que le insufla el director al filme. Es ostensible que le guarda mucho respeto y mimo a esta época y a esta ciudad en especial. Es tanto el nivel de detalle que te transporta al ambiente de aquellas calles, garitos y fiestas. Los coches, looks y guiños al cine y a la cultura de los 70 son elementos que nutren a Dos buenos tipos de nostalgia y carisma. Por supuesto, como olvidarse de la banda sonora, que cuenta con artistas como Earth, Wind & Fire, Kool and The Gang, The Temptations o los Bee-Gees. Todos estos pequeños detalles funcionan como un perfecto engranaje para sacar a relucir la nostalgia del público. El guión elaborado por Shane Black con tremendo esmero y meticulosidad durante años es una auténtica joya, no tanto por su historia que quizá pueda resultar algo estereotipada sino por sus situaciones inolvidables e ingeniosos a la par que divertidos diálogos. Tampoco se olvida de darle cierta profundidad a sus personajes, sobretodo al de Ryan Gosling, cuyo arco narrativo fue el más completo de todos. Al término de la cinta, mientras los créditos finales salen y suena el tema “Love and Happiness” de Al Green, no pude evitar esbozar una sonrisa, evocando los mismos sentimientos a los cuales el propio Green dedica la canción. Pero, sin lugar a duda, lo que más brilla en esta historia son sus personajes especialmente el carismático dúo protagonista que pasan desde ya a ocupar un espacio entre los grandes. Sin embargo tampoco está exenta de errores y muchos de ellos vienen precisamente por lo ambiguo e impreciso de un guión que en ocasiones divaga mucho. Nada que no pueda pasarse por alto pero que probablemente haga que Dos buenos tipos no sea del gusto de todos. Es una historia tan atrevida que no gustará a los más puritanos pero, en mi opinión, ahí reside su mayor fortaleza. El director y guionista no tuvo reparos a la hora de plasmar su historia en el celuloide, no tuvo que ser políticamente correcto ya que tampoco pretende caer bien a todos. Habrá algunos que no entenderán su humor y habrá otros -entre los que me incluyo- que se lo pasarán en grande. Otro inconveniente que le encuentro es que no me pareció que el humor y el drama o la intriga estuvieran suficientemente balanceados y, aunque hay momentos profundos en la cinta, son tan aislados y están tan fuera de lugar que la balanza termina irremediablemente decantándose por la comedia. Pasando a las actuaciones de unos irreconocibles Crowe y Gosling que han sorprendido a propios y extraños con una relación de colegas, archiconocidos por encarnar a personajes dramáticos. Su tira y afloja, apoyado sobre el trabajo creativo de Shane Black, es perfecto y se agradece mucho en el apesadumbrado panorama cinematográfico actual. Es muy evidente que ambos actores están riéndose de sí mismos y de sus trayectorias profesionales, complementándose a las mil maravillas, como si de un dúo cómico se tratase. Pero, si bien el show les pertenece, hay un tercero en discordia que en ocasiones les hace sombra y no, no estoy hablando de Kim Basinger, cuyo peso en la cinta es prácticamente nulo. Estoy hablando de la hija de Holland March, una chiquilla muy entrometida con un intelecto y un desparpajo superior al de su padre. Entrañable y dulce interpretación de la joven Angourie Rice, la cual además cuenta con suficientes minutos para demostrar el talento que posee. Un nombre que oiremos mucho en el futuro, no me cabe duda. Continúo hablando de otro aspecto esencial como es el estilo de fotografía que, como no podría ser de otra forma, abunda en colores llamativos y está acompañado por unas tomas aéreas de L.A. que hacen su vez de homenaje a las películas de acción de los 80. Por último en el apartado musical, donde el Funk y la música Disco de los 70 cobran mayor peso, he de reconocer que habría preferido que fuera algo más variada y sorprendente. Muchos estarán de acuerdo en que aquella década supuso una revolución musical y pienso que un poco de Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Bob Dylan o incluso Carlos Santana habrían encajado muy bien con el tono desenfadado y psicodélico del filme y habrían aportado mayor diversidad a la que ya de por sí es una gran banda sonora. Sin duda alguna si tuviera que recomendar una película para estas vacaciones sería Dos buenos tipos, ya que ofrece el paquete completo; originalidad, una historia y unos personajes llenos de carisma, gran música y diversión a raudales en compañía de estos dos detectives “sui generis” ¿Estáis cansados del género de superhéroes? ¿Añoráis los viejos tiempos, cuando las películas no tenían miedo de arriesgar, de ser diferentes? Pues aquí viene un torbellino dispuesto a agitar la cartelera mundial, a reírse de la formalidad imperante y amenazar a todos los productores conservadores con el regreso de un estilo cuya única norma es ofrecer diversión desenfadada sin necesidad de grandes efectos especiales ni escenarios fastuosos

~~El homenaje a veces linda con la parodia… o quizás es que no haya mejor homenaje que una buena parodia. Aquí nos encontramos con una jugosa apoteosis a la estética entre cutre y pachanguera de los años setenta, entre luces de neón y música disco, entre fiestas con piscina y sirenas travestidas, peinados campanudos y pelis porno que podrían aún llamarse con retintín cine alternativo o independiente, violencia algo caótica y amor paterno filial. Cóctel de muchos y variados ingredientes que se puede degustar a sorbos o ingerir de una vez y disfrutar del subidón alucinógeno que proporciona sin por ello sentirse del todo culpable. Experimentar con la química son ecos contraculturales de la década precedente con coletazos de nubes sonrosadas y conspiraciones paranoicas del establishment tipo Escándalo Watergate o similares… Cine gamberro y sin complejos. Entretenimiento sin mala conciencia ni remordimientos. Puro divertimento chusco y bullanguero. Colores psicodélicos y sustancias psicotrópicas de variada índole. Una pareja dispar y ecléctica entre un joven detective privado pícaro – de cuestionables o inexistentes escrúpulos morales – y un matón fondón y resabiado – que no pasa su mejor momento profesional o quizás nunca lo tuvo – que tras un primer encontronazo algo desabrido acaban uniendo sus fuerzas en busca de una voluptuosa muchacha de rotundas curvas que quizás esté muerta o quizás guarde un secreto que convenga enterrar u ocultar, pero que en cualquier caso se convierte en un pretexto inmejorable para la desaforada trama de persecución, consecución y pérdida que se despliega ante nosotros de forma virtuosa y sin complejos, como las neumáticas mamellas de la estrella del porno que irrumpen en una nocturna y pacífica mansión suburbial. Encontrar el tono adecuado es la premisa ineludible de tan arriesgada propuesta, comedia intrascendente que bebe del pop, del camp y del cine comercial basura de aquellos años que festeja sin rubor, cultura mugrienta con minúsculas pero de reconocibles raíces pachangueras que algunos recordamos como ecos de una infancia pretérita y soterrada que nos recrea aquellos luminosos años del neón color melocotón y sabor a limones o cocos del caribe frondoso. El ejercicio de nostalgia tiene que ser férreo y milimétrico o yerra la diana por completo. Y en este caso existe el acierto de unos diálogos ingeniosos, unos actores entregados, una estética insuperable y un mundillo rancio, sinuoso y resbaladizo del todo adorable. Resuelto con solvencia, presentado con picardía, envuelto en celofán multicolor… Poco que objetar cuando el cine encuentra el equilibrio entre diversión y dispersión, entro locura y goce para ofrecer un suflé intrascendente pero entretenidísimo.Dos buenos tipos

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6 julio 2016 3 06 /07 /julio /2016 11:39
Bone Tomahawk

Magnífico western crepuscular, con un guión interesante y original (un poco exagerado y poco creíble, pero realista al fin) unas interpretaciones de lujo, una tensión tarantiniana llevada con excelente oficio, un desenlace inteligente y una ambientación, fotografía y diálogos de primera. "Suena" mucho a los "Los odiosos ocho" o "Django" de Tarantino, pero mantiene su propia personalidad. Excelente aunque puede disgustar a los que no gustan de la fantasía sangrienta y la casquería vomitiva, pese a que está bien medida y uno acaba aceptándola. Una mezcla de western y terror pocas veces intentada.

El director y escritor S. Craig Zahler presenta su ópera prima y vive Dios que apunta maneras y estilo. Ejemplar resultado de la unión de un bajo presupuesto y sentido de la libertad creativa, que parece haberse contagiado a los actores. Soberbia idea de un ritmo narrativo en el que las cosas ocurren despacio y en su momento. El secuestro de una joven doctora y el posterior rescate no deja de ser un tópico, la manera de resolverlo y los ingredientes utilizados es otra cosa. Desde los indios caníbales, al fugitivo, el pistolero remilgado y el cheriff con ayudante anciano (un guiño a esa pareja bastante corriente, en lugar de viejo, borracho, etc, ver el "Rio Bravo" de Hawks ) el marido de la secuestrada con una pierna rota, los personajes se pasan media película viajando por las praderas del oeste, a caballo o andando, con encuentros con bandidos mejicanos, como si de una road movie se tratara. Un Russell contenido se enfunda en el papel de sheriff, Matthew Fox de marido justiciero, y un grupo de secundarios que parecen pasarlo bomba con la película , exactamente como nosotros. La ambientación de primera a pesar de la escasez de dólares. Como de primera es la calificación a este filme. No se la pierda.

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4 julio 2016 1 04 /07 /julio /2016 13:09
Lo que no quise decir

Me recuerda profundamente Sandor Marai a otro gran escritor contemporáneo suyo, Stefan Zweig. Ambos escritores respetados, populares novelistas, intelectuales de referencia y figuras señeras de sus respectivos países, Austria y Hungría, unidos históricamente por un Imperio cuyo fin supondría el fin de toda una época, una manera de vivir y un corpus de pensamiento, literatura y filosofía. No hace mucho leí el libro de George Prochnik sobre las razones que seguramente impulsaron al escritor a suicidarse, con sesenta años, junto a su esposa en una casita en Petrópolis un pueblo cercano a Río de Janeiro. Aparte del miedo profundo, el terror, al triunfo del nazismo, una de las razones más profundas que confesaría el propio Zweig era la desaparición irremediable de un estilo de vida, una manera de vivir y de concebir la existencia que se hundía fatalmente con la II Guerra Mundial, fuese cual fuera su desenlace.

Pues bien en este libro de Sandor Marai que no es más que la edición de dos capítulos pertenecientes a las memorias de Marai, "Confesiones de un burgués III" (titulada, "Tierra, Tierra") que el escritor prohibió que se publicaran fuera de Hungría. Los textos recogen una época crucial para Marai, desde el 12 de marzo de 1938 cuando los nazis se anexionan Austria y el 31 de agosto de 1948, cuando el escritor acompañado de su esposa abandona Hungría, país satélite de URSS. Marái se suicidaría en 1989 en San Diego (California) no mucho después de que muriera su esposa, muerte anunciada indirectamente en uno de sus diarios y que, en el fondo, argumentaba su decisión no solo por la soledad en la que le había dejado el fallecimiento de su mujer, sino por la amargura, decepción y desencanto ante el curso de la historia y de la cultura, tan alejado del que había vivido antes de la guerra mundial, que provocaron el derrumbe "de los vestigios que quedaban de la vieja Europa". En sólo diez años, escribe Marai "desapareció toda una forma de vida y una cultura. Yo había nacido en el seno de esa forma de vida y cultura y cuando advertí que en mi patria se había extinguido ese modo de vida burgués, me invadió una extraña calma: sentí que había despertado de un sueño". Comenzaba una pesadilla que tendría dos polos semejantes de generación de desastres y pesares, el nazismo por un lado y el comunismo soviético por el otro. En medio, víctima de las dos presiones, el escritor (que había avisado del error europeo de polarizar nazismo como contrafuerte del comunismo: para Marai ambos son la misma cosa con símbolos y vestiduras diferentes) se sintió un poco al margen de la historia que es como decir de la vida social y cultural.

Centenar y medio de páginas en las que Marai cuenta el final anunciado de toda una época y las razones por las cuales se avergonzaba de la política interior y externa de su país primero bajo la bota nazi y más tarde bajo la rusa, haciendo referencia avergonzada al comportamiento de su gobierno con los judíos y el trasfondo de rapiña y avaricia con el que se forjó una política de exterminio cooperadora ("hasta cierto punto", no se cansa de advertir) con los nazis. Escritos veinte años después de la Trilogía transilvana y de sus grandes éxitos, "El último encuentro", "Divorcio en Buda", "La herencia de Eszter"...

Tras el fin de la I Guerra Mundial y la caída del imperio de los Habsburgo en Hungría los comunistas quisieron levantar un estado socialista, pero la reacción conservadora los derrotó y encumbró a Miklós Horthy, un viejo héroe de guerra, nombrado regente. Empezaban dos decenios de estabilidad y el bienestar de la clase media, los burgueses y los caballeros. Aunque no para todos los húngaros, comunistas o judío o de otras minorías. Todo cambió cuando Austria aceptó su anexión al Reich. Budapest inició una débil política de amistad y autonomía frente a Berlín, hasta el verano de 1944, cuando Hitler cruzó la frontera e intervino en el Gobierno. La primera consecuencia fue que Hungría dejó de ser un refugio más o menos seguro para los judíos (de ahí las reticencias de Marai a aceptar del todo el baldón antijudío de su tierra). En ese tiempo inquietante comienza "Lo que no quise decir". En esos dos capítulos Marai escribe el epitafio de la cultura burguesa que él amaba y en la que se sentía seguro, bajo las botas nazis primero y soviética después. Su historia, como la de Zweig, habla de burgueses pero son distintos. Los austriacos que pinta Zweig son caballeros cultos, los que describe Marai son pendencieros borrachos y arrogantes hasta el insulto.

Para Marai todo ese conjuntos de eventos vergonzantes no merecía formar parte de sus memorias, una mezcla afortunada de observaciones y reflexiones íntimas y personales engastadas en el relato minucioso y analítico de los sucesos históricos que le tocó vivir. Y escribió: "No dejaré que los dos primeros capítulos de "Confesiones de un burgués III" lleguen al público extranjero. No quiero que lean esta triste confesión, esta acusación entre húngaros. En húngaro, para los húngaros, sí... Pero que los extranjeros no lo sepan".

FICHA

"Lo que no quise decir".- Sándor Márai.- Traducción de Mária Szijj y J.M. González.- Ed. Salamandra.- 154 págs. ISBN: 9788498386783.

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2 julio 2016 6 02 /07 /julio /2016 09:48
Espías desde el cielo

Una película más sobre los drones y los guerreros del ordenador, tipos capaces de realizar asesinatos selectivos, situados cómodamente ante su pantalla y sus mandos a miles de kilómetros. la verdad es que pone los pelos de punta esa tecnología bélica que nos convierte a todos en personajes de juegos virtuales, aunque los destrozos u las muertes son muy reales y los verdugos están a miles de kilómetros "obedeciendo órdenes".

Buen cine de evasión si nos limitamos a seguir la acción y la trama y nos olvidamos de que estamos viendo algo que tiene una versión real que ahora mismo se está implementando sobre seres humanos en cualquiera de los conflictos abiertos de este `planeta violento y absurdo. La historia de los terroristas que deben ser eliminados en el país árabe donde se esconden, la eficacia de los drones para labor de seguimiento y eliminación, las trabas burocráticas de algunos gobiernos -que suenan a hipocresía patológica- y la presencia de una inocente niña en el lugar de los hechos, dan lugar a un ejercicio onanista de presuntas culpabilidades y más presuntas aun legalidades, que constituyen la parte más inmoral de la cinta.

Un "videojuego" de guerra aséptico y letal (y, real). Lo demás puro teatro que irrita pues se le ve la peluda oreja de lobo aunque se disfrace de caperucita preocupada por la vida de una niña. No se imagina uno a esos bellacos deteniendo su máquina de extinción por achaques de filosofía moral. Lo cierto es que comprobamos como la tecnología deshumaniza, aún más si cabe, los usos y costumbres bélicos. Magnífica Helen Mirren interpretando a una coronel británica ocupada de eliminar a la célula terrorista que se refugia en Kenia y siempre eficaz Alan Rickman como su superior en el gabinete de guerra que supervisa la acción por televisión. La trama se complica con la presencia de una terrorista norteamericana primero y tras el cínico permiso de ese país, la aparición de una niña que vende pan en el lugar del ataque. Los políticos británicos debaten si la acción es ética, preocupados en realidad por la responsabilidad política que les atañe si las cosas salen mal y se averigua que ha muerto una niña inocente en el ataque. También el piloto del dron se atreve a plantarse cuando ve en su pantalla a la niña en su chiringuito de pan casero. Hora y media de metraje, bien dirigida por Hood, que nos arrebata con esas batallas llevadas a cabo desde la protección y la distancia que dan los kilómetros y las pantallas, sin olvidar una crítica a la política circense que se vive en todos los países. .

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1 julio 2016 5 01 /07 /julio /2016 18:07
El libro y la hermandad

Esa excepcional escritora irlandesa que fue Iris Murdoch, que tuvo un infeliz final a causa del Alzheimer (hace poco vi la impresionante película de Richard Eyre sobre su vida, "Iris", con dos soberbias actrices Judi Dench y Kate Winslet cubriendo su juventud y su vejez, sin olvidar a Jim Broadbent como su marido) escribió varias novelas y ensayos de formidable factura en general. Ahora se publica, creo que por primera vez en español, «El libro y la hermandad» , que vuelve a tratar uno de los temas predilectos de Iris, la amistad, el amor y el paso del tiempo, todo ello envuelto en una prosa irónica, afilada, inteligente, con unas reflexiones políticas y unos diálogos de gran categoría. Hay que felicitar a "Impedimenta" por su rescate de las obras de Murdoch y entre ellas no podía faltar la que nos ocupa, una obra maestra que ha traducido con garbo Jon Bilbao y que fue publicada unos años antes de que comenzara el radical y amargo decaimiento de la escritora a causa de su feroz enfermedad.

Como suele suceder con las obras que publica Impedimenta, se gratifica al lector con abundante información, en este caso de la mano del maestro Rodrigo Fresán, un experto en la literatura de habla inglesa, novelista él mismo, y de rara calidad y enjundia. El ambiente culto, filosófico, lúcido y de una sensibilidad vitalista llena de sensualidad, es una especie de constante en las obras de Murdoch, que en este caso se agudiza por la presencia de un elemento dinamizador oscuro, crítico y amoral. un personaje, un intelectual filomarxista amado, odiado y temido por el grupo de amigos, que le financian la redacción de un libro sobre el futuro político de su generación común. La dinámica de transgresión que provoca crea un choque de reacciones, fuerzas y desplantes que enturbia la gozosa vitalidad de los personajes, muestras variables del mundo elegante de la clase alta británica. Como elementos de una obra griega clásica, la Ibris o locura de los hados creará situaciones pasionales y actitudes que van forzando la trama en vueltas y revueltas inesperadas y desequilibradoras.

Como una especie de Wodehouse sin su humor disparatado y con más profundidad psicológica, política y filosófica, pero con su misma elegancia estilística, el lector asiste en los salones lujosos, los jardines y el confort refinado, a los dilemas que un grupo de hombres y mujeres de clase alta viven como marionetas de los dioses. Entre descripciones llenas de poesía o ironía, diálogos brillantes y reflexiones de una inteligencia afilada, el lector va siendo sacudido de vez en cuando por párrafos o comentarios de una belleza inesperada y fascinante. «Levantó la cabeza como un animal que, sobre la desierta cima de una colina, lanzara un rugido solitario e inarticulado, no triste pero sí provisto de un tono o un eco de tristeza; una declaración, profunda e irreprimible, de su existencia. Rugió en silencio al gélido aire nocturno y a las estrellas». No en vano Murdoch, estudió en Oxford y Cambridge, donde conoció a Wittgenstein, y enseñó Filosofía en Oxford de 1948 a 1963. Tiene 26 novelas publicadas, narraciones breves, obras de teatro, poesía y obras filosóficas, entre ellas la primera monografía en inglés sobre Sartre. Sus referencias al idealismo y el liberalismo marxista de los amigos, rozando la cincuentena, van sugiriendo la decadencia del mundo pequeño burgués al que se opone, con evidente inocencia, el paso del tiempo en esas personas incapaces de rechazar los privilegios de su clase social.

Todo lo anterior configura una lectura que es de todo menos fácil, El estilo de la escritora es, como dije, inteligente, acertado y acerado con notas de humor, pero también premioso, exigente, demorado más que lento. Como dice Fresán en su postfacio : el lector no pasa por los libros de Murdoch, se va a vivir en ellos. Aunque uno se encuentre con perlas tan discutibles como este juicio sobre la filosofía emanado de un profesor de clásicas, bien amado por sus alumnos, "la filosofía, es el pensamiento vacío de hombres ignorantes y engreídos que se creen capaces de digerir antes de comer. ¡Creen que sus pensamientos insustanciales pueden conducir a conclusiones profundas!". Lo cual viniendo de una profesora de filosofía resulta de un sarcasmo delirante. O, más adelante, "la vieja mentira de la salvación cristiana, que nos dice que podemos enterrar nuestro antiguo ser y convertirnos en buenas personas con solo pensarlo; te acomodas, sueñas con ello y crees que ya has cambiado y que no tienes nada más que hacer y te sientes feliz con tu mentira". Demoledora. Pues bien, ármense de papel y lápiz. La Murdoch les deparará delicias como éstas con una frecuencia mayor que nuestra capacidad de disfrutarlas.

FICHA

EL LIBRO Y LA HERMANDAD.-IRIS MURDOCH.- Trad. de Jon Bilbao.- Ed. Impedimenta.-652 págs.-24,95 euros. ISBN: 9788416542338

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27 junio 2016 1 27 /06 /junio /2016 09:16
Secretos de guerra

Nueva película sobre la difícil época de la guerra mundial (II) vista desde la óptica infantil y las vivencias de los niños y adolescentes con el añadido trágico del cariz judío de algunos de los niños y el entorno hostil que los nazis lograron contagiar a la mayoría de las poblaciones de los países ocupados, Francia, Bélgica, Holanda (caso de esta cinta) etc. Dirige con bastante soltura Dennis Bots, adaptando la novela de Jacques Vriens. dado el carácter altamente emocional de estas historias, sólo hace falta un poco de acierto en la trama y la elección de personajes para convertir una película mediocre en una película digna de verse. Los chavales actúan de forma muy creíble, especialmente Maas Bronkhuyzen y Pippa Allen. Los juegos de los niños en plena guerra, la inconciencia feliz de las amistades y primeros amores y celos, tienen aquí correlatos dramáticos y hasta trágicos. Algunas secuencias tienen un alcance interesante, como la del tren aparentemente de ganado de uno de cuyos vagones sale una mano infantil y deja caer un osito de peluche o la actitud de uno de los niños -el hijo del alcalde colaboracionista nazi- entre los celos y el descubrimiento del horror de la muerte a la que parece condenar a sus amigos.

La modestia y sencillez del relato no evita, sino que amplía y da calidad humana, a la anécdota del argumento de amistades infantiles, en beneficio de la apreciación por los niños de lo que es correcto y de lo que no lo es, mostrándoles la crueldad, la desesperación y el filo de la navaja que separa un juego inocente de un disparo, de la muerte o de la tortura.

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25 junio 2016 6 25 /06 /junio /2016 08:53
Los Austrias, el vuelo del Aguila

Como dirían los clásicos, en este libro se practica la máxima "docere delectando" (instruir deleitando). Es como asistir a una clase de historia impartida por un buen profesor, documentado, con sentido del humor, sin erudiciones plúmbeas, con una pizca de picaresca. Alguien que domina el tema y se puede permitir ser un poco irreverente, divertido incluso. Alguien que logra que la clase pase como un rayo y que a los alumnos les quede el regusto de la carencia, la necesidad de saber más, el placer de volver a escuchar al profe mostrando el revés de la trama de la historia de siempre. Una especie de Indro Montanelli, de tan grata memoria, a la española. Pues bien, esa es la impresión principal que deja la laboriosa lectura del tomazo escrito por el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, Luis Corral, sobre los Austrias.

Supongo que algunos doctos profesionales de la Historia arrugarán un poco la nariz ante las libertades que se toma Corral en sus ficciones, aunque dada la popularidad -y las ventas y los lectores-- de sus libros, atemperarán sus prejuicios con la displicencia de un "lo importante es que divulga conocimientos y hechos históricos que la mayoría de la población no conocería si no fuera por sus novelas". Pues sí, y no es poco lo que consigue dada la galopante incultura que nos aflige (aunque a nadie parece afligirle demasiado en donde debiera hacerlo, ministerio de pseudocultura incluido, llamado como todo el mundo sabe de Educación, cultura y deporte, vaya por Dios).

Dicho esto, pasemos al libro que nos ocupa. Como suele ser tópico en el género, la novela histórica, se trata de armar una estructura narrativa en la que los hechos históricos contrastados conviven en rigurosa mezcla con personajes de ficción, buscando en todo momento una coherencia narrativa que no estorbe la obstinada relevancia de los hechos históricos. El tramo de época propuesto va desde la muerte de la reina Isabel, la Católica, en 1504 hasta la toma de poder de su nieto Carlos, primero de España y V de Alemania, emperador del Sacro Imperio romano Germánico. Corral se ha atrevido con una época bastante bien documentada y aprovecha ladinamente los episodios "oscuros" que suele haber en toda historia que se precie, pues la historia la hacen los hombres, aunque a menudo la deshagan o la manipulen por sus propios intereses. Hay un elemento clave, una piedra de toque de ficción que contrasta hábilmente con lo histórico, en este caso un personaje bien situado, un médico judío converso Pedro Losantos y su familia. El será una pieza importante en el desarrollo de la trama, agente activo o testigo pasivo de las complicaciones que genera el poder y el ansia de poseerlo o mantenerlo, el dinero, o el sexo, tres cartas de triunfo con el que se baraja la historia porque con ellas se juega la vida y la hacienda. Toda la urdimbre de enlaces reales, seducciones y alianzas o traiciones se despliega como fuegos de artificio (nunca mejor dicho) en ese escenario que nada menos concierne a toda Europa en general y a un reino que se hace, España, en particular. Asistimos al fin de los Trastámara y el advenimiento de la dinastía de los Austria que habría de perdurar durante doscientos años.

Para los exigentes en la ortodoxia histórica Corral adjunta una bibliografía extensa y una interesante relación de los entresijos que unen a personajes de ficción con los que existieron. La propuesta es amena y útil para los que gustan de acercarse a la historia de todos con el ropaje entretenido de la novela. Y episodios reales como la de la desdichada reina "loca" doña Juana que durante 45 años pagó con una inicua prisión en Tordesillas el haber nacido en una época equivocada (para ella y lo que representaba), dan una nota trágica que hace vislumbrar al lector la enorme fuerza de ese personaje real (en todos los sentidos) que parece paradójicamente surgido de las páginas de la tragedia shakesperiana. O el no menos pariente de Lear, Macbeth o Hamlet, Felipe el Hermoso, cuya muerte parece surgida de aquél último gran personaje del Bardo inglés, el príncipe de la duda, el siempre joven y siempre trágico Hamlet. O Fernando el Católico que alienta una osadía pragmática y falta de ética por la necesidad de consolidar el poder, ¿no les recuerda a Ricardo III?

Y es que, como dice el propio autor (y muchos antes que él) "la historia ha estado siempre condicionada por la política". Y el resultado de esta realidad es que la historia que se nos enseña acaba por aburrir hasta a las marmotas. Por ello, al margen de su posible calidad literaria, novelas como la de Corral, hacen una buena labor pues obligan a pensar, a repensar la historia oficial que nos venden. Y de esa crisis de conocimientos siempre surge algo sano. Al menos aprendemos a diferenciar el mito de la historia, el símbolo de los hechos. Y al fin, ¿no ha de ser la historia un reflejo de lo que han sido, son y serán los hombres afectos al poder, con todas sus debilidades, vicios, engaños, mezquindades y alguna que otra grandeza? Tengamos algo claro: como en la novela de "1984" de George Orwell (escrita en 1947) las actividades del Ministerio de Historia que va manipulando, a veces día a día, el pasado y los "hechos históricos" para justificar el presente o fundamentar las acciones del futuro inmediato, tienen un correlato menos "literario" en lo que hoy en día hacen muchas entidades oficiales -en todo el territorio español y más en las zonas que quieren dejar de serlo- a fin de dar una base a sus políticas actuales, a veces por pura comodidad ignorante y a menudo por intereses propios poco confesables.

FICHA

«Los Austrias. El vuelo del águila».- José Luis Corral.- Editorial Planeta.- 800 Páginas .- 21,90 euros

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