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13 octubre 2015 2 13 /10 /octubre /2015 08:54
Misión rescate

"The Martian” es el título de la nueva película de Ridley Scott y trata de un astronauta (Matt Damon, muy lejos de su Bourne) que es abandonado en Marte al ser dado por muerto por la tripulación de la nave que le llevó allí en una misión abortada por una tormenta marciana de proporciones apocalípticas. Muy en su papel de Crusoe interestelar, Damon tiene que apañárselas para sobrevivir con los restos que ha dejado abandonada la misión. Cuando logra dar noticia de que está vivo a la NASA se desencadena una dinámica, tal vez lo más interesante desde un punto de vista sociopolítico, una tormenta interior sobre la conveniencia de pasar del tema, ocultándolo, o enfocar un probable aunque casi imposible rescate. Como se trata de una peli de aventuras, se pasa en puntillas por la cuestión y entra en funcionamiento el patrioterismo y los aplausos infantiles y abrazos ante cada logro en la sala de control (secuencia repetidísima en casi todas las pelis del tema viaje interplanetario). Basads en la novela homónima de Andy Weir la película recuerda inevitablemente los intentos de “Gravity” (2013) e “Interstellar” (2014) por restaurar el favor del público al subgénero espacial, aunque sin lograr la fuerza y el impacto de dos grandes éxitos de Scott “Alien” (1979) y “Blade Runner” (1982). Como en Robinson Crusoe lo más interesante de la cinta es el primer tercio en el que Damon debe hacer gala de su creatividad para lograr sobrevivir. El mejor desde un punto de vista interpretativo. Luego llegan las secuencias de la preparación y la ejecución del rescate. En ella hacen su papel con mejor o mayor fortuna Jeff Daniels, Sean Bean que parece haber pasado por allí sin más), Chiwetel Ejiofor y Kristen Wiig, como parte del equipo de la NASA. Ridley Scott es un viejo zorro de la industria del cine y sabe adobar sus películas con toques de humor (ya veces de ternura) a fin de que nos resintamos con las más de dos horas de metraje y los tecnicismos inevitables. Cine de calidad con resabios de pelicula palomitera para entretenimiento, que le resta valor y trascendencia al filme. Quizá lo más irregular sea la escasa importancia dada a la tripulación de la nave, desde Jessica Chastain, Kate Mara, Michael Peña, Sebastian Stan y Aksel Hennie, grandes actores que parecen estar de adorno en unos minutos finales que acaban al modo de El señor de los anillos, abrazos y risas absurdas. No obstante, se goza con las secuencias rodadas "en Marte" , con la banda sonora y los efectos visuales.

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12 octubre 2015 1 12 /10 /octubre /2015 08:49
Poeta en Granada

Las guías literarias sobre los lugares donde vivió y trabajó un escritor célebre no son cosa de hoy, invención lucrativa e interesada de nuestra época tan afín a esos objetivos, ya de antiguo los munícipes e interesados, comerciantes, libreros, editores, hoteleros, de la zona, solían cuidar y favorecer las visitas de extranjeros a los lugares citados. Y así se montó una floreciente industria en torno al Dublin de Joyce, al Londres de Dickens o Sherlock Holmes, al París de Proust, al Lübeck de Mann, la Cuba de Hemingway o la Nueva Orleans de O'Toole. Aquí se ha glorificado, aunque históricamente somos bastante reacios a reconocer importancia a la literatura, la Mancha de don Quijote y un poco el Madrid de Galdós. Sin embargo hogaño, levantado por los industriosos y fenicios catalanes, menudean los recorridos urbanos dedicados a autores conocidos y muy lejos de las genialidades apuntadas, como Zafon o Eduardo Mendoza en Barcelona.

Ahora le ha tocado el turno a un poeta genial, Federico García Lorca y su amada-odiada Granada, la "tierra del chavico", sociedad cerrada, envidiosa y mezquina en los tiempos previos a la guerra civil, que ahogaba a nuestro escritor y acabó matándolo. ¿Quién mejor que el hispanista irlandés Ian Gibson, que tan enjundiosamente ha buceado en la historia de España en general y en la guerra civil y la figura trágica de Lorca en particular? Su "Poeta en Granada" es, decididamente, una guía literaria de lugares y hechos históricos todos relacionados con la infancia, juventud, obra y vida del poeta, desde el pueblo de la Vega granadina donde nació, hasta los lugares que frecuentó, estudió y sufrió, hasta lugares relacionados con sus obras y, sobre todo, el negro episodio de su asesinato y el destino ignoto de sus restos (tema en el que Gibson ha tomado partido reivindicativo desde siempre entrando en una red de intereses cruzados y silencios sospechosos aun hasta el día de hoy).

El libro se divide en nueve paseos y consta además de un instructivo prólogo, los textos de Lorca donde se sitúan los lugares y un índice completo de los sitios mencionados. El mismo Lorca admite que “ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío, del morisco que todos llevamos dentro”. Gran parte de su obra es un canto a ese talante de apertura a lo extraño, a lo divergente, a lo que incomoda por su diversidad por salirse de la norma y la debida obediencia, ya sea gitano, extranjero, moro o gay.

Parece ser que Gibson está buscando testimonios de la voz de Lorca, "porque hasta la fecha no hay nada. Se sentaba al piano y, además de tocar de maravilla, cantaba: no me puedo creer que no haya ninguna grabación. Solo existe una en la que se le ve acompañando a la Argentinita, pero no se le oye”, añade. Juraría haber oído una grabación de la voz de Lorca recitando una de sus poesías. Pero no logro recordar dónde.

Volviendo al libro, lo cierto es que no añade gran cosa a lo que sabemos del poeta, su vida y su muerte, pero tiene el mérito de resumir esa cuestiones y ofrecerlas en un todo ordenado. No hay emoción ni tensión poética o dramática en lo que se nos cuenta sino un cierto afán documental y unas pinceladas críticas ante algunas actuaciones oficiales -o familiares- en lo que se refiere al asesinato y búsqueda de los restos del poeta.
En resumen: libro interesante no sólo para los aficionados a Lorca, su poesía o teatro, sino para cualquier lector que quiera conocer mejor a una de las grandes figuras literarias de España y a los detalles de su trágica muerte.

FICHA

POETA EN GRANADA.-Ian Gibson.-Ediciones B.- 292 págs.

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9 octubre 2015 5 09 /10 /octubre /2015 09:47
Nadie es perfecto

Meritorio intento de escribir "a la manera" de P.G. Wodehouse, con un presunto "Jeeves" que no acaba de estar a la altura del original. La parodia de las novelas inglesas de alta sociedad, con sus caballeros estirados, sus petimetres pomposos y sus damas lánguidas, a las que añadir un asunto amoroso difícil y accidentado o un elegante asesinato con múltiples sospechosos, suelen ser plato de fácil digestión lectora.

Joaquín Berges tiene un humor hábil y chispeante, algunas veces intencionadamente áspero, a bastante distancia de la parsimoniosa y retórica elegancia inglesa. Y desde luego mucho más explícito en cuestiones sexuales. El aprovechamiento de nombres ingleses o americanos de determinados productos para dotarse de apellidos es un recurso fácil que hubiera tenido más efecto si no se hubiera repetido tanto.

Los excéntricos personajes que pululan por Kenwood Manor, la tópica mansión inglesa rural dan para mucha guasa y Berges usa y abusa de sus posibilidades, más cercano a Sharpe que a Barnes o Bennett o Jerome K. Jerome. Vodevil y opereta bufa, lo cierto es que la novela es divertida y lo suficientemente disparatada como para sorprender al lector por el ingenio surrealista y procaz de este autor zaragozano que parece ducho en el difícil género literario del humor. Especialmente divertidos son los guiños que el autor hace al lector en base a su indudable cinefilia, empezando por el título que evoca la escena final de "Con faldas y a lo loco".

FICHA

Nadie es perfecto.- Joaquín Berges.-Tusquets ed. 271 págs. 18 euros-

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6 octubre 2015 2 06 /10 /octubre /2015 19:42
El sueño de San Luis

Curioso ensayo literario de Luís Goytisolo nacido al aire de una conversación con su editor y amigo Jorge Herralde que le sugiere reeditar su primera novela "Las afueras" . En pleno trabajo de revisión de esa novela descubrió "una serie de elementos de su composición que, tanto como al desarrollo de la obra, afectaban a mi propia vida sin que yo lo hubiese advertido al momento de escribirla, fruto como eran no sólo de mi imaginación sino también de mi subconsciente" (pág 10). Como si de un análisis freudiano se tratara, Goytisolo relee sus obras, atento a las sugerencias latentes que despiertan hechos y sueños de su vida personal, para de esa forma explicarse -y explicar al lector-- los avatares literarios que reflejó en sus novelas ,muchas veces sin percibir la conexión analítica entre la ficción y su subconsciente.

Como él mismo dice, "cuanto había escrito revelaba una serie de problemas y obsesiones personales de los que hasta entonces no había sido consciente". Y así recorre a través de sueños y evocaciones más o menos casuales o aleatorias los elementos que engarzaban su pasado personal con el "work in progress" de su actividad literaria creativa. Empezando por la violenta muerte de su madre (murió durante la guerra al estallar un camión cargado de explosivos cerca de donde estaba) y con ella la presencia de la muerte y de la violencia o el instinto destructivo. También el tema de la paternidad incierta se ve reflejado en algunas de sus novelas, haciendo que, en suma, reconozca que "la interrelación entre sueños y creatividad afecta prácticamente a la totalidad de mis obras". Sueños sobre edificaciones, urbes recreadas, barrios y calles, van enriqueciendo muchas de las imágenes y metáforas que emplea en sus libros. Otros temas recurrentes son , el de los viejos, los mitómanos y urdidores de falsedades e imaginaciones.

Y ante la observación de que muchos piensan que un autor siempre acaba escribiendo la misma obra, Goytisolo argumenta: "Las obras por lo general difieren unas de otras, lo que no cambia es el autor. La huella tanto temática como estilística que le es propia".(pag.61) Tan seguro esta de ello que lo repite unas páginas después (pág. 76) Otra observación interesante de este autor es la identidad entre el impulso creativo literario y el sexual. Proust, Joyce, Faulkner o Hemingway son comentados a tenor de las influencias que el autor reconoce.

Como complemento a esta obra decididamente interesante y egoica, pero menor, de Goytisolo, se nos ofrece un ilustrativo aunque no muy original "pequeño diccionario personal de narrativa" y se cierra, muy literariamente, con un post scriptum, en el que, vaya suerte la de L.G., otro sueño acaba de poner la guinda en la formulación psicoanalítica del libro, justificándolo por si hubiera necesidad de ello. Libro inexcusable para fans de L.G. y estudiantes de Literatura.

FICHA

EL SUEÑO DE SAN LUIS.- Luís Goytisolo.- Ed. Anagrama.- 12 euros. 113 págs.

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4 octubre 2015 7 04 /10 /octubre /2015 09:02
Leer para contarlo

José Luís Melero es un amante de los libros, un obsesivo bibliófilo, un coleccionista de ejemplares dedicados por sus autores y un individuo divertido y fascinante que ha pasado toda su vida ejerciendo el noble arte de la búsqueda, hallazgo -o no- de codiciados volúmenes y visitas de "flaneur" a librerías de viejo, mercadillos del libro usado, librerías y bibliotecas. Con un sanísimo humor bastante mañico, irónico pero no demasiado malicioso, Melero nos invita con cierta ingenuidad, combativa franqueza y honestidad sencilla pero vehemente a acompañarle por una gavilla de recuerdos espigadas entre libros, autores y lecturas. Diversión asegurada.

Me ha encantado su sencillez cuando nos dice que sólo se propuso "escribir un libro decente de pies a cabeza", para advertirnos que procurará "no tomarse demasiado en serio, pues hay que huir de la solemnidad como de la peste". Su voluntad manifiesta de proclamar el "aragonismo" literario que siempre ha profesado, el amor por los autores y las obras de esta tierra, ofrece un sesgo importante al libro que, aun así, encandila por lo bien trabado de su documentación y la ligereza y humor de lo que se nos narra sobre autores y obras del "imaginario aragonés". Todo más que aceptable, partiendo de la primera frase, cuando nos espeta: "Perdonen ustedes el atrevimiento, este libro es una osadía".

El libro es, en realidad, una reedición de la obra original publicada en 2003. En doce años el mundo de los libros ha cambiado mucho más que los tres últimos siglos, , pero estas "Memorias de un bibliófilo aragonés' de Melero siguen estando de curiosa actualidad e interés, pues para muchos la aventura de ir a buscar libros sigue siendo una tarea sumamente gratificante. Y no todo ha cambiado para mal: ahora se ha puesto de moda, al menos en Barcelona y Madrid y supongo Zaragoza, las tiendas de libros a 2 euros los mercadillos de libros a precios de saldo. Melero nos habla de sus primeros libros y revistas y de su iniciación como bibliófilo. También presta atención al mundo libresco aragonés, las librerías de viejo zaragozanas y de algunas de las librerías de viejo en Madrid, Barcelona, Valencia, Córdoba, Granada, Santiago, etc.). Valoramos en positivo la elegancia y sencillez de la escritura y en negativo el exceso de nombres citados que lastran la lectura y poco o nada dicen al lector.

FICHA

'Leer para contarlo'.- José Luis Melero.- Xordica Editorial, 2015. Rústica con solapas. 272pgs.

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2 octubre 2015 5 02 /10 /octubre /2015 09:45
Mientras cenan con nosotros los amigos

"Mientras cenan con nosotros los amigos" es una novela póstuma, por lo que de entrada ya merece una consideración especial - o quizá ninguna, en algunos casos, una vez uno ha leído el contenido-, pero siempre con el debido respeto. En este caso, el autor vale la pena y el contenido de su libro también. Por quien fue el autor cuando vivía y por la calidad de lo escrito. Avelino Hernández nació en 1944 en un pueblo de Soria. Estudió Filosofía y Letras, Humanidades, Filología árabe y Derecho, hasta que su intensa implicación en la lucha contra la dictadura le llevó a la clandestinidad y a la cárcel. Murió en Selva (Mallorca) el 22 de julio de 2003. Escribió libros de viajes (Donde la vieja Castilla se acaba, Crónicas del poniente castellano, Itinerarios desde Madrid o Myo Cid en tierras de Soria), relatos infantiles y juveniles, poesía y novelas como: La historia de San Kildán (Premio Miguel Delibes 1986), La Sierra del Alba (1989), El día en que lloró Walt Whitman (1994), Una casa en la orilla de un río (1998), Los hijos de Jonás (2001) y La señora Lubomirska regresa a Polonia (2003).

Este libro póstumo de Avelino, quizá contagiado por el presentimiento de una muerte temprana está lleno de vida y es un vehemente canto a la amistad. Aquí seguimos una sucesión de historias sobre las que planea una ausencia que nunca sabremos si llegó a colmarse en presencia. Como todas las buenas obras que resumen la ficción en lo real, en lo vivido, la novela se nos abre al interrogante básico de toda filosofía y todo arte, aprender a vivir la existencia del mejor modo posible. Hay una intencionalidad literaria de expresar lo inexpresable, de rozar lo numinoso, de encontrarse alguna vez con aquellos detalles, mínimos pero esenciales, que dan sabor a las horas . El lirismo es la sombra que persigue una prosa contenida que a menudo echa a volar como una mariposa. Hay un tono nada triste de nostalgia, una saudades del pasado feliz o intenso, una cierta sabiduría que dan los años y el sufrimiento, pero también el amor que fue y la ternura que es. Novela intensa que se lee como el eco apenas fijado de una lejana tarde de sol, de risas y de largas conversaciones entre amigos y amantes.

En muchos momentos el autor se nos vuelve transparente y deja caer palabras de ritmo suave y cadencia clásica entreverando el discurso con tranquila sabiduría de viejas lecturas. Y así escribe: "Dudo que a varón alguno le haya acontecido nunca lo que vino a ocurrirme a mi el pasado viernes en una ilustre y próxima villa, de cuyo nombre no hace el caso aquí que me acuerde..." o la bella descripción de una procesión nocturna de semana santa y un lance misterioso de amor que nunca concluye.

Bonita novela.

FICHA

Mientras cenan con nosotros los amigos.- Avelino Hernández.- Ed. Candaya.-188 págs.

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1 octubre 2015 4 01 /10 /octubre /2015 09:08
Por cuenta propia

Rafael Chirbes falleció el sábado 15 de agosto de 2015 a causa de un cáncer de pulmón irreversible que le fue detectado poco antes de morir. He leído a Rafael Chirbes con gran interés aunque con escasa constancia y bien que lo siento. Su novela «Crematorio» (premio de la Crítica, de la que Canal Plus hizo una celebrada serie ), fue la primera obra suya que leí, muy fascinado por ese aguafuerte goyesco del que no puedes salir una vez que lo empiezas a leer. Después «En la orilla», donde logra mostrar al lector un mundo que repele de tan conocido, pero que le fascina con su lúcida negrura critica y en una lectura que resulta hiriente pero inapelable. Un libro que es el diagnóstico patológico de esta época, de este tiempo, de nuestro país. Una lectura imprescindible para el que quiera saber de verdad qué ha pasado en esta península en lo que va de siglo, desde las cimas del ladrillo a la escombrera moral y económica posterior. Donde, como en "Crematorio", se nos presenta la cruda descripción del paso del tiempo en algunos personajes y, al mismo tiempo un lúcido y poco complaciente retrato de la decadencia física, de los estigmas de la vejez.

"Chirbes aprendió a leer muy temprano, le enseñó su padre, que murió cuando él tenía cuatro años. Cursó estudios en colegios de huérfanos de ferroviarios, pasó por León, Ávila y Salamanca, y cuando cumple los 16 años se traslada a Madrid, donde estudió Historia Moderna y Contemporánea. Durante una temporada fue profesor en un instituto y también dio clases siendo estudiante. Regentó la librería Futuro en Madrid y se dedicó a la crítica literaria, las reseñas gastronómicas y relatos de viajes. Residió en Marruecos (fue profesor de Historia de la España Musulmana) además de en París y otras ciudades españolas hasta que en el año 2000 regresó a la Comunidad Valenciana".

El jurado del Premio Nacional de la Crítica premió en 2014 "En la orilla" y en su valoración dio un diagnóstico certero del peso social de la obra con estas palabras: "una novela de extraordinaria construcción literaria, que tratando de la realidad actual, no se limita al realismo, mostrando una riqueza formal y recursos poéticos que lo trascienden".

En el ensayo que hoy comentamos Chirbes destaca los autores, las novelas y los asuntos que siempre le han preocupado. Desde Galdós y Cervantes, la diáspora literaria republicana, hasta los cuadernos de Carmen Martín Gaite, las reflexiones de Raffaele La Capria, y su admirado Max Aub. Ademáas de su indagación literaria y personal sobre el acto de escribir a pesar de las heridas y los desengaños. Chirbes trata de huir de cierta «sobredosis de inteligencia» que denuncia en muchos autores de esta hora y al mismo tiempo habla con ironía de los que ven más en la obra de lo que el autor había querido mostrar. Nuestro autor busca cierta complicidad con el lector en una interacción pedagógica y ética a través de sus comnetarios a sus lecturas. Se plantea un intento de desvelar los códigos dominantes en el discurso literario, fuera de los círculos del poder y de la autocomplacencia. Se trataría de hallar moldes nuevos, huyendo de la mirada ensimismada de muchos, perdida en el propio ombligo, la "autofagia" , elevando la mirada para preferir el dictado del testigo antes que mostrar con la pluma el reflejo de la enfermedad básica de nuestro tiempo, la complacencia y la superficialidad. Hay en Chirbes, y en este libro se comprueba, una permanente e incordiante conciencia socrática, que invita a la exigencia burlona o a arriesgarse a aceptar la cicuta de los críticos y los colegas. Reivindica La Celestina y Cervantes, cuya obra es una «impresión de vida», eso que se nos escapa con el tiempo (y que el "beatle" Lennon definió con chocante y genial precisión). Me ha encantado su reivindicación de Galdós, autor tan denigrado como poco comprendido y menos leído (y más teniendo en cuenta que don Benito inventó el monólogo interior o corriente de consciencia antes que Joyce y Virginia Woolf). También hay una honesta y algo trasnochada defensa de la vigencia de la novela y sus desafíos, lamentando las manipulaciones de la "memoria histórica" que la novela de hoy ha perpetrado, con la vergonzosa connivencia del poder y de los escritores que se nutren de las regalías que éste proporciona.

Y como regalo final del libro, una sincera pieza sobre la relación autor-editor mantenida con Herralde desde la publicación en 1988 de su primera novela "Mimoun" en Anagrama. En resumen, una bella obra, un gran autor, una lúcida persona, un solitario escritor.

FICHA

POR CUENTA PROPIA.- Rafael Chirbes.- Anagrama.- 294 págs. 18,50 euros

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 07:27
EL GRAN FRÍO

Empiezo por advertir que no soy aficionado a la novela negra que se escribe en la actualidad (sólo algunos clásicos victorianos o de la primera mitad del siglo XX, sin embargo la lectura de "Pensión Leonardo" escrita en solitario por una de las integrantes del tándem autor de "El gran frío", Rosa Ribas,´-la otra autora es Sabine Hofman- despertó mi interés. Desde los hermanos Grimm a Flaubert, Dumas o a Dickens, entre otros, las asociaciones de escritores solo suele funcionar en narrativa de género, como el policiaco.

En este caso he de confesar que lo he pasado muy bien leyendo "El Gran frío". La recreación literaria de esa oscura época de la sociedad española, tras la larguísima postguerra que propició el omnipresente "Caudillo". Un ritmo casi cinematográfico va empujando la acción, que se nutre de los tópicos del género, aunque con el original detalle de que la protagonista es una periodista ("avis rara" en la época -los cincuenta- en que se desarrolla la acción). Yo entré en los sesenta en "La Vanguardia" y sólo habían dos mujeres en la redacción y ambas dedicadas a temas de cultura. Nada de trabajo de campo. Sin embargo, el retrato de la vida en la sociedad rural española de aquélla época es valiente, brioso y convincentemente realista. Crìtica con los vicios ocultos, la mezquindad y la crueldad de hombres y mujeres, Ribas y Hofman logran envolvernos en un ambiente sórdido, peligroso y amenazante como una pintura negra de Goya. Quizá demasiado negra. Las autoras parecen olvidar la ley de oro del drama, nunca exagerar demasiado. Y otras, el final requiere un cuidado y un mimo especial, si se nos va la mano puede estropear el conjunto. De todas formas, la novela es interesante y en momentos subyuga y en otros resuena lo previsible. Esperemos la próxima.

FICHA

EL GRAN FRÍO.- Rosa Ribas y Sabine Hofmann.-Ed. Siruela. 311 págs.

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29 septiembre 2015 2 29 /09 /septiembre /2015 08:53
El mar interior

Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Cantante y musico punk en los setenta, comenzó a publicar libros en los noventa, biografías o analisis de autores como Noel Coward o Wilde, libros de historia o sobre lugares insólitos. Viajero impenitente y biólogo de vocación, Hoare despegó en su faceta de escritor de culto con el libro "Leviatán o la ballena", en el 2010, que mereció la crítica entusiasta de un buen grupo de exquisitos de la literatura y hace unos meses, también bajo el sello de "Ático de los libros", nos ofreció "El mar interior" donde insiste en un tipo de libro inclasificable que oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico. En este caso Philipp nos muestra su amorosa erudición sobre determinados animales, desde los marinos, ballenas y delfines o focas, hasta los pájaros, con una formidable descripción de los cuervos o referencias a escritores como Alfred Tennysson, fotógrafas míticas como Julia Margert Cameron o fascinantes antepasados del escritor, todos arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que es el auténtico protagonista de este libro peculiar y fascinante. Pero no es una admiración de erudito o científico, sino de hombre de acción. Hoare busca la comunión entre su cuerpo y el mar, continuamente, de forma cotidiana y alborozada. Si nos habla de las ballenas es porque ha buceado entre ellas, porque ha nadado entre delfines, porque busca continuamente el contacto con esos animales que admira y respeta, sin importarle el tiempo, ni la temperatura o el peligro. Sus ensoñaciones casi oníricas del mar, las costas, el agua cristalina, las olas furiosas siempre creándose a sí mismas, recuerdan un poco las paradojas de Chesterton y las arrobadas descripciones de otro Durrell, no Lawrence, sino su hermano Gerald, biólogo entusiasta que une a su amor por el mundo animal un humor sutil. Ese entusiasmo es que brilla con luz propia en las páginas de Hoare, que incluso nos asegura que "el mar nos da sustento y nos amenaza, pero también es nuestro lugar de origen" (pag.57) y nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Sin solución de continuidad, ese amor acuático impregna las historias que se van desarrollando de forma aparentemente espontánea sobre inmersiones y viajes en las Azores, Sri Lanka o Nueva Zelanda, sin olvidar las aguas de su país. Y de vez en cuando, de forma inesperada, su foco de atención deja de ser marino para ocuparse, como dijimos, de los cuervos o del tilacín o Tigre de Tasmania, dejando entrever una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello. Las observaciones y juicios de Hoare toman a menudo un sesgo poético o reflexivo de enorme calado. Aún me hace reflexionar el comentario metafísico con el que acaba uno de sus capítulos; "Nuestro primer temor es el abandono; nuestro último miedo también. Todos dejamos nuestro hogar para encontrarlo y corremos el riesgo de perdernos para siempre" (pag.67). Pero la enseñanza implícita en "El mar interior" no nos habla de pérdida sino de hallazgo. El de un hogar difícil y variable pero cuya belleza y pertenencia es indiscutible: el mundo en que vivimos, que exige respeto y ofrece gratificaciones vitales sin cesar. Amenizado con dibujos y fotografías, el libro de Hoare es un placer y un reto. No sólo nos informa y atrae nuestra curiosidad e interés, también nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. A través de sus "mares" diversos, el suburbano, el del sur, el del vagabundo, el interior, Hoare despliega una prosa austera pero brillante y unos conocimientos enclopédicos pero mostrados con la gracia y el encanto de un prestidigitador, y lo hace de tal manera que uno comprende que se trata de un convencido, de un fanático amante de la vida natural y su defensa a ultranza. Y acaba: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

FICHA

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los Libros.333 pags .

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20 septiembre 2015 7 20 /09 /septiembre /2015 15:57
El último pasajero

~~Last Passenger" es de esas películas que, sin tener nada especial, consiguen enganchar al espectador por la manera en que consigue incrementar una tensión gradualmente desde el primer minuto para acabar en un auténtico tour de forcé imposible de predecir en las primeras escenas. Es de esas historias por la que Hitchcock hubiese dado la vida pues cuenta, sin demasiadas estridencias, la historia de las seis últimas personas que quedan en un tren de cercanías cuando descubren que no tienen manera de detener el tren. La historia es simple, el guión es correcto (quizás falla en su desenlace) pero el buen hacer del director y los actores convierte a "Last Passenger" en un divertimento sobrio, magníficamente rodado y con una capacidad de entretener que no decae en ningún momento. Gran parte del merito es del actor principal (Dougray Scott) y de la elegante dirección del debutante Omid Nooshin que huye de filigranas y se dedica a rodar de la menjor manera posible una historia que ya de por si es potente. Una buen película, con personajes sólidos, capacidad de entretener y que no trata al espectador como un idiota. Que ya es mucho... Totalmente recomendable

~~En principio, la idea tiene su aquel: un tren lanzado a toda velocidad y conducido por un psicótico sediento de venganza. Pero para trenes, este año ya hemos tenido Snowpiercer, fallida, pero de lo más interesante que se ha visto en mucho tiempo dentro de un tren. El último pasajero narra los esfuerzos de los escasos pasajeros (cuyo número va decreciendo a manos del misterioso asesino) por evitar el choque que acabará con sus vidas. Escaso presupuesto, actores poco conocidos, ambiente claustrofóbico, pero situación alargada como un chicle, y espantosos fallos de guión, relacionados con la forma de parar un tren: véase la escena del túnel. Fue en ese momento cuando tiré la toalla y pensé que Omid Nooshin no había consultado a fondo la Wikipedia ni pedido consejo al equivalente de la RENFE británica. Una pena, porque habría podido ser mejor~~ La velocidad que alcanza el tren no es el mismo que el ritmo interpretativo del film, se hace lento y tedioso en ocasiones. Lo único que salva esta situación es el continuo suspense. El pasajero malote que viaja con ellos es una caja de sorpresas, con una carga muy poco creíble que va ganando sensibilidad y empatía con el resto de los personajes. Fue con el que menos conecté y más falso me pareció. Película pasa-ratos que al menos no se hace muy larga y entretiene para un domingo por la tarde sino hay algo mejor que hacer... Veo "El último pasajero", la película que con guión y dirección de Omid Nooshin, protagoniza Dougray Scott, quien encarna a un médico viudo que con su hijo de 7 años ha cogido el último tren que sale de Londres y en el que sufrirán una serie de desventuras, merced a los deseos del conductor. Es cierto que el buen empleo de la música refuerza la situación de angustia, que las interpretaciones son creíbles ( haciendo frente los actores -con honor-a múltiples primeros planos) y que los efectos visuales son correctos, pero la lentitud de la primera parte, el débil guión y la falta de chispa, hacen de este film un mero producto de entretenimiento sin muchas pretensiones

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  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
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