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16 abril 2020 4 16 /04 /abril /2020 09:34

Está claro que nuestro país no cumple los seis requisitos de la OMS para poder dar por terminado el confinamiento. Entre otros, se exige una aplicación masiva de los test de diagnóstico que, en estos momentos, está fuera de toda posibilidad. El hecho de que sea una liberación parcial del confinamiento y para determinadas personas, (el arco de edad entre los jubilados y los niños y adolescentes aún queda confinado hasta el 10 de mayo, supuestamente, claro). Lo cierto es que un repunte de contagios en estas próximas dos semanas sería una trágica noticia. Pero es tan condenadamente difícil hilar fino y ajustado en esta pandemia, por lo que siempre decimos: sabemos muy poco sobre cómo es y cómo actúa y cómo se propaga. Toda la población es, en principio, sospechosa. Y como decía un médico amigo mío: en medicina la ausencia de evidencia no es siempre evidencia de ausencia. Por eso una de las noticias tristes que nos depara la jornada es que hay vecinos en algunas ciudades que profieren amenazas -anónimas naturalmente, suelen ser cobardes- contra trabajadores de la salud acusándoles de propagar el virus. Ya es el colmo, ¿no les parece? He visto pintadas y anónimos escritos contra médicos y enfermeras. Están casi al mismo nivel, aunque afortunadamente con menos relevancia- que ese aborto político llamado Trump que ahora retira la ayuda a la OMS por "su mala gestión" de la pandemia. ¿En serio? ¿Y la suya que está costando decenas de miles de muertos más en su país? Pero claro como la mayoría son negros o hispanos...

Mi deseo en esta hora de cautelas, indignaciones y temores es brindar un guiño a la suerte y a la esperanza en tenerla. Como decía el gran don Quijote a su Sancho fiel: "Haz de saber amigo...que todas esas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible en el orden de la Naturaleza que ni el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca". Bendito Alonso Quijano, conocido como "el Bueno", por esa sabiduría que parece emanada de un Séneca o un Epicteto. 

Se que esto no es más que un "brindis al sol", una quimera , pero en momentos de aflicción, en contra del consejo de Ignacio de Loyola, uno debe hacer una mudanza inexcusable: evitar que las malas noticias y los peores augurios nos nublen la razón, el sentido lógico y crítico del pensamiento y nos dejemos vencer por el cristal oscuro de nuestros temores, que todo lo ven siniestro. A las cosas que ocurren hay que mirarlas con serenidad y aplicar los remedios adecuados que estén en nuestra mano, de nada sirven las lamentaciones, las críticas y los miedos. Hay que esforzarse en conocer la manera de actuar del virus y en promover su control sin dejar por ello de auxiliar a las víctimas, minimizando en lo posible su transmisión en hospitales, residencias de ancianos, escuelas y centros de trabajo. Todo esto se está haciendo, más bien que mal, en la medida del momento de la pandemia que vivimos. Nadie posee datos irrefutables del futuro. No tenemos datos suficientes. 

Por lo tanto vayamos todos en la misma dirección (excepto Trump) y con el mismo objetivo: controlar y detener al Covid 19. Lo demás, atención a determinados políticos, requiere que detengan los viles mensajes críticos y destructivos que no buscan  más que capitalizar el horror de todos en forma de futuros votos de los que son como ustedes. 

Alberto Díaz Rueda

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15 abril 2020 3 15 /04 /abril /2020 07:02

 Hoy se cumple el día vigésimo quinto de ese diario. Labor que empecé el 22 de marzo, diez días después de comenzar en serio la pesadilla del coronavirus entre las vacilaciones y los errores de quienes dirigen el país y el concierto disonante de bulos, mentiras, exageraciones y burlas negacionistas. Se han configurado en este mes y pico dos pesadillas simultáneas y el renacimiento de una conciencia solidaria. Por un lado la que marcaba el crecimiento y efectos letales del Covid 19 y por otro, la que creamos los hombres como reacción de lo que somos, niños gritones y destructivos indignados ante un elemento de la Naturaleza que nos daña de forma totalmente indiferente. Sin embargo la buena noticia es la sorprendente -que lo sea ya indica la poca fe que se tiene en la naturaleza humana-  marea de solidaridad, apoyo, cooperación y empatía que el virus ha provocado en una parte sustanciosa de la población española, desde las grandes ciudades a los pueblos más recónditos. Es como si de una forma inconsciente nos hubiéramos empapado de esa posibilidad que apuntaba el otro día el antropólogo Eudald Carbonell en una entrevista: "El Covid podría ser el último aviso a nuestra especie de que si no aprendemos a cooperar, a unirnos en un esfuerzo común, colapsaremos y nos extinguiremos". Como decía Canetti en su obra "Masa y poder", estamos aprendiendo a sentir el placer natural y la alegría vibrante de rebasar las barreras individuales para integrarnos en la masa con un designio positivo, creativo, de ayuda y superación. Y eso, resaltaba el Premio Nobel de Literatura en 1981, la grandeza y el peligro de la dinámica de la masa humana. Grandeza en cuanto podría ser el motor del cambio (que falta nos hace) político social y peligro -y no pequeño- en que también es fácil manipularla desde el poder y en ese caso conseguir el efecto contrario y aumentar la desventura y la falta de libertad del pueblo.

Esto es una cuestión abierta. Es dicícil conjeturar qué puede pasar, con un mínimo de posibilidades de acertar. Vivimos en este momento en una "terra ignota". No hay precedentes. Es la primera vez en nuestra historia que un peligro mortal para la especie alcanza el poder de ser global, por sus efectos y por su poder de transmisión. Y aún no sabemos gran cosa de él. Estamos luchando un poco a ciegas, aunque razonablemente en lo básico: el aislamiento social. Decir esto en el siglo XXI con una tecnología absolutamente revolucionaria, es una lección de humildad y una llamada de atención y alarma. Por eso, insisto por enésima vez, a un problema global sólo se le puede aplicar una estrategia global y una táctica basada en la cooperación internacional hasta puntos totalmente inéditos en nuestra historia común. Por Dios, aprendamos de una vez, antes que sea demasiado tarde.

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 10:39

Hoy la pandemia tiene un nombre propio: África. Ya habíamos reflexionado con pesar en lo que las penurias sanitarias estaban provocando en países del hemisferio rico del planeta, sin duda por falta de previsión y de implementar las medidas cooperativas internacionales y luchar todos a una contra el virus. En aquellos momentos, hace un par de meses, pensábamos con horror en lo que el Covid podía suponer para los millones de personas pertenecientes a países donde la cuestión sanitaria, la miseria, las guerras locales y las enfermedades comunes dibujaban un escenario atroz. En aquellos días tenía una imagen recurrente en la imaginación: el cuadro de "El triunfo de la muerte" pintado entre 1562 y 1563 por Pieter Bruegel, el Viejo y que se puede admirar, no sin escalofríos, en el Museo del Prado. Si tenéis internet, poned el nombre del cuadro en el buscador y cuando aparezca, miradlo detenidamente y pensad: esto es África. En la mayoría de los países que se la dividen, la ratio de camas por millón de habitantes es de CINCO,  (en Europa es de más de 4.000). La FAO ha alertado de que, en este momento, cuando el virus comienza a extenderse ya hay más de seis millones de africanos en situación desesperada. ¿Por el Covid? Todavía no. Por el hambre. Los cuatro jinetes del Apocalipsis ya cabalgan ferozmente por África, la guerra, la peste, el hambre y la extinción total por una guerra nuclear..

Desconfío de los "big data", pero haciendo  una lectura rápida de las estadísticas que se ofrecen en algunos centros oficiales de instituciones de prestigio, uno llega a la conclusión de que los virus y las bacterias, viruela, gripe, la familia de los Covid, las pestes medievales, el sida o el ébola (que, por cierto, ha vuelto a aparecer en el Congo) ha matado a más personas que todos los demás desastres que afligen a la humanidad, incluida la guerra. Quizá por eso nos deberíamos tomar muy, muy, en serio lo que ocurre y no contentarnos con frenar al Covid, sino generar a nivel global, planetario, una conciencia crítica de especie, una gestión activa para extender la formación y la educación, la tecnología y la cooperación no sólo por los países digamos "acomodados" sino para todos aquellos que rozan la indigencia y están martirizados. Quizá ha llegado la hora de unirnos como especie. La alternativa es perecer.  Desdichadamente la última palabra la tiene la política (en realidad, en muchas ocasiones, la política podría ser el quinto jinete). Quizá la solución esté en crear un nuevo tipo de política y despedir a los que no se ajusten a las verdaderas exigencias para ser político: honestidad, formación y altruismo.

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 09:36

¿Cómo puede ser un aserto falso y verdadero? ¿Es un oximorón? ¿Una antítesis? En estos días de encierro la Red está que arde y todos nos enviamos noticias, flash, imágenes, canciones, libros en pdf, ,artículos y comentarios con o sin apoyo de música, imágenes o  dibujos. Unos tienen alguna gracia, originalidad, fuerza expresiva y la mayoría entran en el saco de lo mediocre y fácilmente olvidable. Uno de esos envíos por WhatsUp era un presunto artículo póstumo del dibujante Antonio Fraguas, Forges. En realidad su autor es el periodista David Jiménez, ex director de "El Mundo", que lo publicó en su blog en 2012.  El propio Forges (que falleció hace dos años) había negado varias veces haberlo escrito. Pero como suele ocurrir en internet ha vuelto a ser actualidad, más por su mensaje que por su autor. Lo curioso de este texto falso por su autoría y certero por su texto; es que tiene una lectura sorprendentemente actual: escrito por su verdadero autor en 2012, resulta por completo adecuado y oportuno en este abrumador hoy.

Resumamos lo que dice el artículo aplicándolo textualmente aquí y ahora: "Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que -"pandémica", esto lo añado yo- y económica , va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo....nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros... nos hemos convertido en un país mediocre...es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente...hemos creado una cultura en la que los mediocres...son los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones...tan solo porque son de los nuestros. Vivimos en un país mediocre... donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra basura... un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara bien inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional...que en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo...que ha reformado su sistema educativo tres veces ("cuatro o cinco") en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado...en que se fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir... con una cuarta parte de su población en paro... donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- ... que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad... que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo." ¿No suscribirían  este texto con fecha de hoy? - ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 abril 2020 1 13 /04 /abril /2020 10:30

A través de los altavoces del Ayuntamiento suena, como cada mañana a las once, una serie de baladas, boleros, canciones de amor y alegría de vivir, de desengaños y de esperanzas. Durante poco más de treinta minutos la pequeña población comparte música, como un mensaje solidario y un guiño: estamos aquí, estamos juntos y recordamos juntos. Son aires musicales de los 70 a los 90, de una época en la que la mayoría de los vecinos que ahora escuchan nostálgicos, éramos jóvenes. Esto seguramente nos aliviará un poco el confinamiento.

Hoy el Gobierno ha decretado que muchos trabajadores de empresas no esenciales vuelvan, con las máximas precauciones, a sus trabajos. Es una medida difícil de tomar, delicada y contestada políticamente. El ,parón a la economía supone un efecto extremadamente grave al país. Pero esto no debe suponer un relajo en  el confinamiento del resto de la población. Es una medida controvertida y de consecuencias  imprevisibles. Precisamente por ello estoy con los que comprenden y apoyan al Gobierno, concretamente en esto. Y lamento la persistente y recalcitrante actitud egoísta y partidista de ciertas autonomías y ciertos líderes que generalmente siguen la orden de "vista a la derecha" y miopía hacia el resto del campo visual. 

El estado de alarma sigue vigente de momento hasta el 26 de abril. Las decisiones de desconfinamiento deben tomarse con sigilo, cautela y sentido común...más el asesoramiento de los expertos en sanidad y en epidemias. Caer en un rebrote generalizado nos devolvería a la pesadilla de las UCI colapsadas, los hospitales desbordados y las muertes a chorro  abierto. Lo inadmisible no es que el Gobierno trate de paliar el parón empresarial evitando en lo posible una reacción negativa del virus, lo que no tiene recibo es la violencia y la tensión política, la jaula de monos agresivos gritando su sinrazón en defensa de intereses partidistas. No he ahorrado críticas al Gobierno en muchos momentos de esta pandemia, sobre todo al principio. Soy un alérgico a los políticos actuales (no a la política,  que es necesaria cuando es buena y virtuosa, al estilo aristotélico) pero confieso que, analizando cada día las reacciones y respuestas de muchos países de este desdichado y hermoso planeta, el comportamiento del Gobierno español está dentro de esa minoría que puede recibir un aprobado, lo que es mucho cuando la nota de corte en un suspenso y es poco ante la otra minoría que no pasa de notable bajo con ligero olor autoritario. Señores de la muy desleal oposición al Gobierno, olviden sus diferencias y apoyen el hombro (que para eso les pagan) a la empresa común de sacar al país del marasmo donde se encuentra. Y si sus "convicciones" no se lo permiten, háganle un  favor a esa España que tanto y tan mal "defienden": váyanse a casa y esperen a que esto termine, bien confinaditos, renunciando a sus opíparos sueldos hasta que todo se normalice un poco.

Alberto Díaz Rueda

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12 abril 2020 7 12 /04 /abril /2020 09:59

Un supuesto artículo del añorado Forges (no cuesta imaginar la lucidez con la que los personajes entrañables del dibujante nos harían más llevaderas las duras circunstancias que vive el mundo) que en realidad es de un periodista madrileño que todavía no se cree el éxito viral que ha tenido en la Red, nos habla del pecado mortal nacional de nuestro país: una sórdida, blindada y alabada mediocridad. Es la conjura de los necios elevada a la máxima potencia posible. El autor de la explosiva filípica dijo ante la sorpresa del éxito: "pero si no es más que un conjunto de obviedades". Amigo mío, justamente ese es el secreto de la mediocridad española: es tan obvia que pasa inadvertida transmutada en supuestas virtudes. 

Mediocridad la sale por las orejas al ministro de cultura, un tal Rodríguez Uribes, que considera desdeñable ocuparse de la Cultura ante lo que estamos viviendo. ¿De verdad? Alguien recordó una anécdota de Churchill (creo que todo el mundo cuando no sabe a quien endilgar una agudeza citan a Churchill, Russell, Groucho Marx o Einstein): en un Consejo de ministros en plena guerra cuando alguien dijo que se debería reducir o anular el presupuesto de Cultura, Churchill se negó en redondo y le espetó: "La Cultura es lo que nos permite entender lo que ocurre y más aún, es lo que nos permite soportarlo". Dimita, señor Uribe.

Mediocridad insultante es el comportamiento de muchos hispanos recalcitrantes que están creando un amplio anecdotario de la picaresca y el mediocre" ingenio" de sus excusas ante la policía o la guardia civil para que les permitan violar el confinamiento (por el momento la única medida junto con lavarse las manos que ha demostrado cierta eficacia para detener el virus), desde aducir con cara de total inocencia que van a tomar el sol y que no sabían que eso estuviera prohibido, hasta sujetos que le alquilan el chucho al vecino para salir a pasearlo, o el que lleva a un segundo pasajero metido en el maletero del coche, el que va a comprar con chándal, zapatillas y una bolsa a quince kilómetros de su domicilio, o el que consigue una bolsa de repartidor, tipo Glovo y sale a pasear en bici, el que poniendo cara de suficiencia dice aquello (pensaba yo que no se usaría nunca más a partir de la democracia, qué inocente) de "usted no sabe con quién está hablando, agente", o el que muestra un carnet de abogado, ingeniero o arquitecto y asegura que su profesión está entre las facultadas para salir del confinamiento, los que fingen malestar, enfermedad o síntomas y rozando lo poético, una pareja de mayores asegurando que iban a la playa a "dar de comer a los peces". 

En fin, mucho bueno está surgiendo en la ciudadanía a causa de este desastre pandémico, cuya gravedad aún está creciendo y es difícil de imaginar sus retorcidas consecuencias . Hay una mayoría que respeta las prohibiciones. Los héroes anónimos abundan, desde la cajera del supermercado al personal sanitario, los cuidadores, los agentes de la policía, soldados, guardias civiles, repartidores auténticos, farmacéuticos, agricultores y  hortelanos, transportistas, periodistas, personal municipal---la lista es enorme. La mediocridad ética es la que hace que muchos encuentren divertido e ingenioso todo lo que antecede; mediocridad es la de aquellos que admiran y ensalzan a una folclórica que grita y dice tacos en los programas populistas de la tele; al banquero corrupto con labia de chamarilero que defiende con argumentos penosos una inmoralidad pública en la que "todos se aprovechan" y los que no lo  hacen es porque "no pueden o no saben", a políticos de una ignorancia descarada y de encefalograma plano que dedican a insultar y desgañitarse con un ojo puesto en su sillón bien pagado y el otro en cómo aumentar el número y la violencia de los descerebrados que le siguen...No vale la pena seguir.

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11 abril 2020 6 11 /04 /abril /2020 09:03

Hace un mes. En marzo, el dia 11, miércoles a primera hora de la mañana, llamaba al presidente de La Comarca para hablar sobre la suspensión de la Marcha Senderista que había de celebrarse el domingo 15. Todo estaba preparado, pero había algo que ya estaba más que preparado, estaba dando muestras de actividad incesante: el virus. No había orden ni concierto en los niveles altos del poder político. Desconcierto, falta de información fiable, exceso de bulos, noticias alarmantes, líderes que se reían de las alarmas, países que no acababan de tomarse en serio las noticias ya confirmadas del avance brutal del virus en Italia: uno de los más viejos recursos psicológicos del ser humano (y de los más peligrosos para la supervivencia), la negación de lo evidente, la fórmula absurda y mágica que dice que si niegas algo con la suficiente persistencia, ese algo no te afectará, no existirá. Un recurso típico de mentalidades infantiles o aterrorizadas. Trump, Johnson, Bolsonaro, Macron fueron negacionistas contumaces.

Después vino el desamparo ante la imprevisibilidad relativa de la pandemia, la inseguridad de la población ante Gobiernos superados por un desastre que no tenía precedentes, el miedo, las medidas contradictorias, ineficaces, el comienzo de la toma de conciencia de la gravedad, el conteo inmisericorde de contagios y de víctimas, pero también las muestras de solidaridad, de apoyo, la heroicidad de muchos, la hora de los aplausos. Un juego de contradicciones donde destacaban los irresponsables que trataban de burlar el confinamiento  (única medida realmente eficaz que está amansando la curva ominosa de la catástrofe), los que se aprovechaban económicamente de la falta de medios, la lamentable actitud de algunos políticos preservando su pesebre y su ideología y sus intereses bastardos por encima de la tragedia global, la concreción de medidas a través del ensayo-error, los primeros descubrimientos de la hecatombe geriátrica...y rodeándolo todo como una cúpula negra de tormenta, la amenaza de una crisis económica global de consecuencias difíciles de imaginar unido al egoísmo, el nacionalismo miope, la insolidaridad entre Estados.

Nunca como ahora son tan oportunos los versos de Mario Benedetti de "Cuando la tormenta pase":

Cuando la tormenta pase/ Y se amansen los caminos/y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo...nos sentiremos dichosos/  tan solo por estar vivos/... le daremos un abrazo al primer desconocido/ y alabaremos la suerte de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos /todo aquello que perdimos/ y de una vez aprenderemos/ todo lo que no aprendimos.../ Valdrá más lo que es de todos
Que lo jamas conseguido/ Seremos más generosos/ Y mucho más comprometidos.

Entenderemos lo frágil/ que significa estar vivos/ Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.../ Y todo será un milagro/ Y todo será un legado /Y se respetará la vida,/ la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase/ te pido Dios, apenado,/ que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado

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10 abril 2020 5 10 /04 /abril /2020 10:32

Los escritores de temas relacionados con la Naturaleza, "nature writing", están muy de moda desde los lejanos Thoreau, Darwin, Emerson, Burroughs, Carson, Abbey y los más cercanos Oliver Rackman, Richard Maybey, Olivia Laing, Flora Thompson, Roger Deakin, Robert McFarlane.  Durante más de cincuenta años he vivido practicando dos deportes principalmente: el tenis y el senderismo/montañismo por los Pirineos, las cadenas montañosas anteriores tanto en Aragón como en Cataluña y cuando el trabajo no me dejaba tiempo suficiente, extenuantes excursiones corriendo montaña a través por el Montseny, Montserrat, Collcerola, Montsant y la zona de Sant Miquel del Fai y Tavertet. Por tanto acostumbro a devorar todo libro de montañismo, excursiones y, con envidia, de expediciones, que cae en mis manos.

El libro de Nancy Campbell no podía ser menos. Ya sólo el título me intrigó y me atrajo. El hielo es para mí un oximorón  fascinante:  es tan cálido como la belleza de sus paisajes y la rememoración de sus historias al calor de una buena chimenea , un pipa bien cargada y un whisky de diez años en vaso ancho y se vuelve gélido, inhóspito, amenazante y  rechazable cuando me encuentro en persona rodeado por él. Lo conocía en el cine y en las noticias y hasta pasada mi primera juventud no tuve contacto con él. Y no me gustó.

El libro de Nancy me ha devuelto al estado de ánimo fascinado que me producían aquellas lecturas de Grey, Salgari, Verne, Scott, Amudsen, Shackleton, Conan Doyle. Hacer un viaje literario por entre hielos eternos (¿durante cuánto tiempo seguirán así?) témpanos, glaciares, nieve virgen, el frío polar, la fauna y flora de ese mundo poco amigable de una belleza insomne, su particular fauna, los pueblos que habitan esos desiertos blancos y montañas coronadas. La voluntad enciclopédica de Campbell se desgrana en temas colaterales que se van sustantivando en los seis bloques en los que divide su libro. La especial garra que el momento que vivimos da al libro de Nancy se basa en las consecuencias ya visibles del cambio climático, con las amenazas -algunas desconocidas- que acarrea la destrucción de ese mundo y el desequilibrio que produce en la homeostasis del planeta ( más que la destrucción inicua, irresponsable y ecológicamente criminal que se está realizando de la selva amazónica, el pulmón verde del planeta).

Nancy es una buscadora pertinaz y está abierta a la sed de conocimientos y a la curiosidad estimulada por una sensibilidad naturalista poco común. Su personal vivencia en la residencia invernal en un museo de Groenlandia que invita a artistas de todo tipo a hacer sus obras evocadas por el hielo con tal de que las dejen en el museo después (con la excepción lamentable de los escritores que pueden llevárselas (mejor no entro en analizar esa normal). Nancy hará un trabajo hermoso entre narrativa y dibujos y los envia al Museo para agradecer su hospitalidad y algo más: el impulso que la llevará a viajar por muchas zonas y a investigar en bibliotecas a fin de escribir el libro que hoy les recomiendo.

La fascinación de Nancy por las cambiantes formas del hielo, su presencia y la infinita información que ofrecen, la historia del mundo encriptada en sus grandes praderas de grosores inauditos, la historia de los descubrimientos científicos, los mitos, la literatura y la filosofía que los enaltece, van ilustrando este viaje literario por ese elemento natural al que está atacando ferozmente el cambio climático. Nancy echa mano a menudo de su sensibilidad poética, evitando el sentimentalismo, tratando de ofrecer atisbos de visión de la pureza y la solidez austera del hielo y también de las comunidades que allí viven, mostrándonos su solidaridad y cálida relación con el visitante.

Han sido siete años de estancia y pesquisas en museos y bibliotecas, de viajes a lugares remotos., de apasionadas lecturas de viajeros polares y exploradores, de contactos con cultura indígenas, un canto en definitiva a la defensa de un entorno frágil que está amenazado de extinción (como, por supuesto, también lo estamos nosotros, los causantes en última instancia del desastre planetario). Nos va citando a personajes tan emblemáticos como Marco Polo, Robert Falcon Scott, John Irving y su travesía del Polo Norte. Sin olvidar el capítulo dedicado a los antiguos cazadores de los hielos o al patinaje artístico, un mundo peculiar.

La diferente densidad y agarre de los temas que Nancy va desgranando a través del viaje de su narración, todos engarzados como en un collar por el hilo del entusiasmo de la autora, le ofrece al lector un nivel de interés bastante elevado que hace de la lectura un placer.

FICHA

LA BIBLIOTECA DE HIELO.- Nancy Campbell. Trad. Lorenzo F. Díaz. Ed. Ático de los libros.- 2020.- 288 págs. 17,90 euros

 

 

 

 

 

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10 abril 2020 5 10 /04 /abril /2020 08:11

Desde la terraza de mi estudio, observo cómo  el sol cálido y dorado de la tarde prende en el paisaje silencioso, los bosques cercanos, el trazo rectilíneo de la Via Verde, las suaves colinas que se extienden por la verde y boscosa llanura hasta el perfil dentado de las azules barreras de los Puertos, allá en el norte, donde comienzan las tierras catalanas. Es como uno de esos paisajes en miniatura que asoma en los cuadros de la Escuela Flamenca. Hay una paz campesina, simple, apegada a la tierra parda labrada, los olivos alineados, almendros floridos, bosques de encinas, pinares, sabinas...y sobre ese tapiz verde un cielo impoluto, azul: Pero hay un detalle imprevisto que se advierte poco a poco, como el tenue movimiento de una mariposa, es la ausencia de movimientos humanos, mecánicos. No se escucha el eco profundo de los aviones comerciales que suelen sobrevolar de paso estas tierras bajoaragonesas, relativamente cercanas al mar, o los estampidos súbitos de cazas que dibujan sus líneas y arabescos blancos en el inmenso medio arco del cielo. Ningún automóvil o camioneta circula por la carretera sinuosa que lleva al norte. Ningún vecino regresa de la labor del día en su tractor ruidoso, ni Desiderio el pastor pasa con sus ovejas hacia el corral.

Es un día especial de un mes especial. Es el viernes de abril santificado por la tradición y la costumbre religiosa. Pero es más singular porque no nos llegan ecos de tambores, campanadas, murmullo de rezos o sonidos de pasos acompasados. El mundo ha detenido su giro estacional humano. La Tierra sigue su marcha propia, indiferente a los sinsabores de esa especie de bichitos que se creen en la cúspide de la Creación. ¿Aprenderemos, nosotros los ilusos, la lección clara y cruel, que la Naturaleza nos ha planteado? ¿O seguiremos con nuestra soberbia y nuestra codicia, creyéndonos que la dominamos? Con estas y otras reflexiones, pasa la tarde. Escucho la maravillosa música del "Lakmé" de Léo Delibes y su delicioso "Dúo de las flores", mientras leo los Ensayos de Montaigne y trato de que todo lo inopinado que ocurre en el mundo, eso que nos obliga a estar encerrados y esperar -en el mejor de los casos- que de una manera u otra se llegue  a una solución, afecte mi capacidad de razonamiento crítico, mi amor a la vida, mis afectos personales, mi empatía por el resto de las personas que viven su "aquí y  ahora" en cualquier parte de este planeta, sorprendidos y desolados al reconocer nuestra impotencia. Escribe Montaigne: "Nada fija algo en tu memoria tan intensamente como el deseo de olvidarlo". Espero que no olvidemos nunca la dureza de esta lección y aprendamos a comprender que sólo la solidaridad y la cooperación entre todos nos permitirá sobrevivir a las catástrofes venideras que nos afectarán nuevamente a todos.

 

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9 abril 2020 4 09 /04 /abril /2020 09:20

Hay datos esperanzadores aunque tímidos todavía de ralentización de contagios y fallecimientos en España. Parece que, a pesar de haber reaccionado tarde y con dudas, estamos haciendo lo correcto teniendo en cuenta la falta de medios y el bloqueo sanitario, por falta de previsión. Pero, claro, es casi imposible prever lo imprevisible. Peor lo tiene Estados Unidos o Inglaterra con unos líderes negacionistas, uno de los cuales está en la UCI y el otro sigue patinando con tanta estupidez que quizá el mundo se libre de él (si es que hay sentido común, cosa que dudo, en los votantes trumpianos). Ahora, con un descaro y una desvergüenza alarmantes, culpa a la OMS, a la que su país financia muy generosamente, de no "haberle avisado con tiempo de la gravedad de la pandemia", cosa que sí ocurrió y "ha olvidado" que se le avisó a finales de enero. También ha "olvidado" que él se burló públicamente de esa "gripecilla" hasta que a finales de marzo tuvo que reconocer, no que se había equivocado y pedir disculpas, sino simplemente que "existía la pandemia y había que tomar algunas medidas, pero sin parar la economía". Sería cómico si no fuera trágico. Al fin y al cabo la pandemia se está cebando con los viejos y los negros (los dos sectores de población más desasistidos en el país) elementos escasamente necesarios para Trump. 

En cuanto a los fallecimientos por el Covid, en España se acercan a los 15.000. Pero seguimos hablando, como en todo el mundo, de cifras aproximadas, ya que el sistema de conteo es distinto en cada país. El número real en el mundo tal vez lo sepamos algún día en el futuro. Ahora, no. Ese "paraíso del humanismo y la solidaridad" que es Holanda (otra decepción para el que esto escribe) no admite pacientes de edad avanzada en los hospitales y cuando mueren no los contabiliza en las cifras oficiales. Alemania sólo cuenta los muertos que habían sido sometidos al test. Y en nuestro país parece ser que sólo se contabilizan los muertos en hospitales y centros sanitarios, no en residencias o en domicilios.

Me temo que otro de los "fallecidos" por el Covid sea la UE, a no ser que se apliquen medidas sanitarias y económicas contundentes (cosa que me temo que, gracias a Holanda y algún otro país, no va a ser posible). La OMC, la Organización Mundial del Comercio lo ha dicho bien fuerte y claro: "El proteccionismo no es la solución de la crisis económica y sanitaria, no somos autosuficientes, nadie puede hacer nada solo. La cooperación mundial es esencial". Pero, mientras, el jefe del Consejo Europeo de Investigación ha dimitido en protesta por la falta de respuesta y actitud común, de liderazgo,  de la UE frente a la pandemia. Aunque la UE ha atacado duramente al científico por su "protagonismo". Tendremos que reinventarnos como europeos. No queda otra.

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