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30 abril 2020 4 30 /04 /abril /2020 08:51

Desde muy joven he sido un iberista convencido. Creo que Portugal unido a España nos completaría como país. Tenemos mucho que aprender de ellos, de su innata cortesía, de su sencillez y de su honestidad política. Mientras que nuestros políticos siguen dando la nota, desde un Sánchez enrocado en su sillón de líder carismático hasta un Casado  que parece desear tanto como el poder a cualquier precio (justamente lo que mantiene a Sánchez) ser capaz de "darle la puntilla"  a un individuo cuya prepotencia iguala a la suya. Cada uno es la sombra negativa y fratricida del otro. Y así ambos olvidan al Covid y éste les convierte a los dos  en sus mejores aliados para hundir al país. La política errática e indecisa y poco clara del Gobierno en la gestión del Covid, no obstante, está dando algunos resultados apreciables y esto encona aún más la inflexibilidad de uno y la inconsciente agresividad del otro (voluntariamente prefiero ignorar al resto de formaciones políticas: los dos gallitos del corral no les dejan capacidad de juego, incluido Torra, el "marciano" (que sigue actuando como si el Covid lo hubiera inventado su odiada España). 

¿Cuesta tanto apreciar y tomar nota de la actitud y comportamiento político de nuestros vecinos peninsulares? ¿No se perciben los buenos resultados que están dando en la gestión del virus y en la percepción unitaria y coherente que tienen los portugueses de sus dirigentes? El socialista Antonio Costa tomó desde el primer momento una actitud responsable, eficiente, compartida y cooperativa con la población y con el resto del espectro político. El líder de la oposición, el conservador Rui Rio, dejó de lado las diferencias y se puso de inmediato al servicio del Gobierno, por una causa mayor que requería unidad, dejando las críticas para cuando pasara la pandemia. Trabajar conjuntamente, ese era el objetivo. Ni exceso aislado del poder ni socavar al contrario desde una oposición ombliguista. Concordancia. Nada de gobernar a golpe de tentativas y tener que dar marcha atrás o reconsiderar órdenes precipitadas. Nada de ofrecer el lamentable espectáuclo del combate incesante entre un líder ensimismado en su poder y un oponente histérico por hundirle. 

¿Por qué no proponer, cuando salgamos de ésta y suspendamos a los políticos que tenemos, un cambio constitucional al modelo alemán, la  eficaz administración de los "länder" que, en caso de crisis global, se convierte en un Gobierno único con una cabeza y una gestión confederada? Porque, me temo, que si esta crisis no cambia nuestro modelo de vida, vendrán más y peores...y tendremos que gestionarlas. A la espera de un Gobierno mundial, utópico para nuestra especie egoísta, podríamos apañarnos con una Iberia unida en múltiples länder autonómicos pero unidos, no revueltos, con un poder central, en casos de extrema necesidad e interés común. Sin tentaciones dictatoriales ni salvadores de la patria. Velando por el bien común, es decir el bienestar de la ciudadanía.

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29 abril 2020 3 29 /04 /abril /2020 12:08

Excelente ensayo de la profesora de la Universidad de Zaragoza, Sandra Santa. Es este un libro en el que queda clara la importancia de Karl Kraus, el combativo, ingenioso y duro polemista y poeta que vertebró en torno a su revista personal "La Antorcha", sus aforismos y su carácter crítico y ferozmente incisivo, todo un desafío a la Torre de Babel que era el Imperio austrohúngaro y su decadencia y muerte por los dos elementos, las lenguas y los nacionalismos que darían lugar a la Primera Guerra Mundial y unos años más tarde a la aún más horrible II guerra.

 Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viena de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje. La lectura del libro revela una excepcional y curiosa circunstancia: el simple hecho de que la censura del Imperio permitiera la labor de Kraus sin ponerle cortapisas (las reacciones contrarias, a veces en forma de palizas, se las propinaban los muchísimos enemigos que Kraus se buscaba con demasiada ligereza: incluso su muerte, tras las complicaciones causadas por el atropello de un ciclista que se dio a la fuga no tuvo nada que ver con la policía secreta vienesa). Ni juicios por desacato, ni ostracismo intelectual ni campañas de difamación en la prensa tan atacada por Kraus. Sorprendente. 

 Sugiere la autora que esta implacable crítica del sistema era un mal menor que la tambaleante república austríaca que sucedió al Imperio, no tuvo en cuenta ante el auge de sus problemas y el ascenso imparable del nazismo,  En realidad la crítica feroz de Kraus al lenguaje establecido, sólo era una vertiente más de un problema global: la naturaleza de un Babel social, étnico y linguístico que constituía la sociedad austríaca, en la que el alemán era un idioma más y no el mejor considerado, hasta que el golpe de timón nazi lo convirtió en el privilegiado.

De Kraus nos quedamos con su sarcasmo y su ironía, sus pertinentes ataques a la hipocresía sexual de una sociedad bastante corrompida, a una judicatura inicua y a los ecos que la prensa difundía contaminando a la opinión pública. Sorprende que la misoginia de Kraus no sea un inconveniente para las feroces diatribas que lanzaba contra unas leyes y una sociedad que convertían a la mujer en un objeto despreciable, cuando Kraus no se cansó de proclamar la supuesta inferioridad intelectual femenina. Aún teniendo en cuenta todos los contras de este escritor y poeta en perenne lucha activa por todas las causas perdidas, para cualquier pensador que se precie de amar la libertad de espíritu, la honestidad y la crítica sincera, Kraus es un referente. Léanlo. Pero antes pasen por el libro de Sandra Santana. 

FICHA

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914



 
 

 

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29 abril 2020 3 29 /04 /abril /2020 09:01

En el muchas veces agudo y divertido refranero español, fuente deliciosa de la sabiduría popular (y también de la vulgaridad y la chabacanería, que todo hay que decirlo) hay una conseja que nos viene al pelo: "No hay mal que cien años dure, ni cuerpo humano que lo resista". Y eso aunque detrás de la norma salutífera esté un Gobierno como el del señor Sánchez, cauto, prudente y un pelín inflexible. Hay quien sostiene que al pueblo español hay que convencerle con la vara. No estoy de acuerdo. Es lo que se ha hecho casi siempre (y no solo en la España, te guarde Dios, sino en muchos, demasiados países) y no está demostrado que "lo que se hace siempre" sea lo que se debería hacer. Por tanto no entraré en juzgar la pertinencia y justeza del programa de "desescalada" (¿no tenían una palabra mejor?). De alguna manera es entrar en el pegajoso y maloliente juego de la política partidista, cortoplacista y autocomplaciente, que tanto daño hace a este país. Aquello de "un problema global necesita soluciones globales implementadas por la solidaridad, la cooperación y el apoyo conjunto de las fuerzas políticas hasta que se supere el problema" que estoy cansado de repetir a mi humilde escala y otros lo hacen para más amplios escenarios, obtiene igual nulo resultado.

Así que hoy vamos a dejar las especulaciones y comentarios sobre el muy mejorable estado del país y del mundo y vamos a darnos un paseíto, espero que divertido al menos, sobre el refranero español. Sigamos con otro dicho muy oportuno: "Mal es sufrir; pero sufrirlo mal es mayor mal" Una deliciosa cacofonía que avala la Filosofía y la Psicología en masa. Otra conseja que me encanta por lo oportuna es : "Échate a enfermar y verás quién te quiere bien y quién te quiere mal". No  me extenderé en el hecho de que hay una parte de nuestra población que ha comprobado dramáticamente este aserto. Para los "covidiotas" (que aún abundan), les va "La salud no tiene precio y quien la arriesga es un necio". Lo malo es que el que la arriesga con el Covid no sólo es un necio, es un irresponsable que pone en peligro la salud de los otros. El "Más vale salud que dinero" se le podría enviar al señor Trump o a Bolsonaro. Para todos nosotros: "A cualquier dolencia, es remedio la paciencia", "A males nuevos, búscale remedios antes de que se hagan viejos". 

Podemos advertir que "El tiempo todo lo cura, menos vejez y locura" y definir el tiempo de la pandemia con aquella frase sabia "Enfermedad no es maldición, pero indica nuestra condición". De aquellas alegrías imprudentes neoliberales de los recortes en sanidad viene la brutal marejada de muertes y contagios en España. "Con la salud no se juega", ya que "La salud se pierde fácilmente y se recupera con dificultad". Y para reforzar nuestra resistencia, "No nos envíe Dios tantos males como podamos sufrir" o "Quien tiene dolencia, abra la  bolsa y tenga paciencia". O, "Recobrar la salud y sostener el fuero, no se hace sin dinero".

En fin, no pasemos por aquello que dicen los clásicos, "Hombre refranero, pocas palabras y más quiero que puedo". Creo que fueron los inmortales y añorados Tip y Coll los que se despedían en sus programas de la tele diciendo "Y mañana hablaremos del Gobierno". Cosa que en tiempos de la dictadura era poco aconsejable. Por eso al día siguiente hablaban de otras cosas y al final del programa repetían "Y mañana hablaremos del Gobierno". En una democracia, en ésta concretamente, eso es un deporte nacional que se extiende equitativamente a la oposición y a los francotiradores que cobran sueldo público y buscan el derrumbe total. Así que "Y mañana hablaremos del Gobierno y la cuadrilla".

Alberto Díaz Rueda

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28 abril 2020 2 28 /04 /abril /2020 10:35

Los plumíferos y articulistas, que estamos tan profundamente ocupados en estos tiempos desabridos, tenemos algunos autores-muletillas en los que nos apoyamos (a veces sin estar seguros de que la frase es de ellos realmente: la tradición hace que muchas citas de personajes históricos o grandes autores sean en realidad de otros autores, más humildes o anónimos). Uno de ellos es Churchill, quizá por el paralelismo de la situación bélica en la II GM con la actual, sitiados y diezmados globalmente por un virus, con la economía en la UCI. Una de las frases que supuestamente dijo el orondo y enérgico primer ministro británico (premio Nobel de literatura, por cierto) fue: "Esto no es el final, ni tan solo el principio del final; pero tal vez sea el final del principio". Sentido común y percepción realista en una sola frase. Que además nos viene que ni pintada para esta situación que vivimos tras el mediocre comienzo de "desescalada", con los niños en las calles y bastantes incumplimientos de las normas. Y por cierto hay muchas voces de facultativos sugiriendo que la salida de los niños ha sido algo prematura y que la no salida de los mayores de 65 ha sido postergada en demasía. No entro ni salgo en estas reflexiones. Por un lado los niños son  criaturas de gran adaptabilidad, pero por el otro, eso también depende de factores variables como el tipo de hogar,  relaciones familiares, situación económica, cultural y social, etc. 

Uno de los requisitos que sugiere la OMS para encarar con garantías una normalización relativa de los usos sociales, dice: "que las comunidades estén plenamente informadas, educadas, comprometidas y capacitadas para ajustarse a las normas". ¿Cumplimos esa exigencia? Seguramente la mayoría sí. No dudo de la resistencia y solidaridad de nuestro pueblo. Pero dudo del demonio que muchos llevan dentro, ya sea chulería, prepotencia o estupidez (a menudo van juntas). Tampoco el lenguaje de los políticos, los que gobiernan y los que pierden el aliento y la vergüenza por gobernar, ayuda a tener una actitud racional y seria frente a la cuestión. Por favor controlen su lenguaje, señores (y señoras). No amenacen ni adoctrinen ni sermoneen al personal, la mayoría ya somos talluditos.  Apelen al sentido común, al de responsabilidad y al de solidaridad. E informen sencilla y claramente. Eviten las predicciones  y proyecciones alarmistas. Y los demás, el pueblo llano,  hay que adaptarse a la situación según esta vaya variando y aprendamos a afrontar la desinformación o falsa información con espíritu crítico. No nos queda otra. 

 

Alberto Díaz Rueda

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27 abril 2020 1 27 /04 /abril /2020 09:51

A partir de ayer domingo, seis millones de niños menores de 14 años tomaron las calles, paseos y plazas de las ciudades y pueblos grandes. Teóricamente acompañados por un adulto y respetando normas de distancia sanitaria, manos lavadas, mascarillas y horarios limitados y escalonados. Este ha sido el primer test del contra-virus. ¿Comportamiento social? Casi no llega al aprobado. Según mis fuentes, en las grandes ciudades se ha dado la estampida social y aunque ha habido muchas personas que han respetado las normas,  una visible minoría a aprovechado para saltarse a la torera las normas vigentes. ¿Falta de responsabilidad? ¿Ignorancia? ¿Rebeldía? O, simplemente estupidez. Quizá no llegue el temido "rebrote". Pero no será gracias a ellos. Somos una especie con mala memoria voluntaria. Se proclama que a partir de ahora "la vida de antes no volverá". La vida es obstinada, siempre vuelve, de una manera u otra. No es pesimismo...es historia. El hombre es un animal proclive a los excesos. Y una civilización como la que hemos tenido hasta ahora era una celebración constante del exceso como norma, en el consumo, en la producción, en la rapiña de recursos, en el fomento de las desigualdades, en la codicia y en la crueldad gratuita. Pero aún así, sobrevivimos y progresamos aunque tal vez no en la buena dirección.

Lo cierto es que un 85 % de la población española no se ha movido de sus residencia. Lo sabemos gracias a la aplicación Data-Covid 19 realizada entre los órganos de vigilancia cibernética del Gobierno y las operadoras que funcionan en el país. Se  controla la movilidad de las personas a través de 40 millones de móviles particulares. Aun siendo por un buen fin (esperemos que se queda en esto y desaparezca cuando el virus se duerma del todo) no deja de producir cierta inquietud. ¿Acabaremos como los chinos totalmente monitorizados en nuestra vida privada, sujetos a un sistema de puntos de castigo por mal comportamiento que luego tiene repercusión punitiva? ¿Cada vez más cerca del mundo distópico de "1984", "El mundo feliz" o "El cuento de la criada"? O quizá demos un giro a última hora y comencemos a exigir un mundo más sostenible.

ALBERTO DÍAZ RUEDA 

 

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26 abril 2020 7 26 /04 /abril /2020 09:42

Está muy bien que nuestros líderes carismáticos, tras el susto inicial y los despropósitos que desencadenó la falta de previsión y los pecados anteriores de recortes en la sanidad  (imputables a rojos, blancos o amarillos por igual) se pusieran rápidamente en “modo avión” respecto a los acongojados ciudadanos y más o menos guiados por una también indecisa “ciencia oficial” siguieran a lo suyo, es decir, haciendo política a troche y moche (las comunidades independentistas dieron la nota) mientras los conteos de contagiados y fallecidos engrosaban las estadísticas de forma ominosa.

Lo más fácil suele ser a menudo lo indicado y para percibirlo no hace falta ninguna carrera universitaria, sólo observar sin ideas preconcebidas y tomar nota de todo los que los otros países no negacionistas han sufrido y qué medidas tenían efecto y cuáles no tanto. Eso en filosofía se llama “la navaja de Occam” y no digo más.

Pues  bien, en España, a golpe de decreto se organiza la vida del personal y todos a callar que estamos más guapos y además nos multan si no lo hacemos. Cada vez que el líder carismático habla de  “desescalada territorial asimétrica” me echo a temblar, aunque no entiendo nada.

En Inglaterra y los USA llaman “covidiotas” a los que se pasan  por el forro las medidas cautelares obligatorias para toda la población. En mi pueblo no he captado ninguno de esos especímenes  que se consideran al margen de lo mandado, quizá porque se creen superiores en conocimiento o en ingenio a los demás o, simplemente, porque juzgan como covidiotas a los que sí cumplen.

Estas reflexiones vienen a cuento por la “modesta proposición” que al modo de Jonathan Swift, quisiera plantear a nuestros líderes hegemónicos. Se trata de suavizar el confinamiento a los mayores de 65 años como se hace con los niños de menos de 14. Aquí de estos últimos casi no tenemos, pero de los primeros somos un montón considerable. Aplicando el sentido común, es decir el menos común de los sentidos y más en política (Balmes, dixit) no hay tanta diferencia entre los mayores de pueblos ya aislados de por sí y esos niños que fueron enclaustrados cuando una buena parte de la ciencia afirmaba que era la población de menos riesgo y seguramente podrían tener peores secuelas negativas de salud manteniéndolos encerrados que permitiéndoles salir unas horas en compañía y vigilancia del padre o la madre, sin contactos con otros niños. Los mayores tenemos más años, pero en modo alguno menos necesidad sanitaria de dar saludables paseos, aunque sea en solitario, por campos donde no pasa un alma.

Aquí, en este pueblo del Aragón vacío, donde somos cuatro y los gatos, por así decirlo, dejar en manos de la autoridad comarcal que se permita a los mayores dar sus paseos diarios no es, de ningún modo, socavar la seguridad de nadie. Y más en los muchos pueblos de todo Aragón en los que hay tan pocas personas que ni siquiera el Covid ha juzgado necesario entrar. Para mayor gloria de los líderes indómitos que dirigen la cosa nacional, con mayor o menor fortuna, pueden apuntar que se pase los test  necesarios a la ancianidad pertinente de los lugares poco habitados para que se compruebe el viejo aserto: no hay pulmones más sanos que los de los lugareños de pueblos lontanos. Y además se de buena fuente que no tenemos test suficientes y hasta faltan tubos y otro adminículos básicos que antaño se fabricaban a dos manzanas de aquí y ahora se hacen en China. Listos que somos. Hay un informe de Harvard que correlaciona la mayor afectación del Covid con las contaminación ambiental en las grandes ciudades por las partículas finas PM2,5 que se van depositando en los organismos de los urbanitas. Sin necesidad de corroboración científica les diré que sería tan difícil encontrar algún tipo de contaminación ambiental en nuestros pequeños pueblos como lo es lograr financiación para una cualquiera de las muchas necesidades y mejoras que tenemos en lista. 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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25 abril 2020 6 25 /04 /abril /2020 09:19

La transparencia y la información veraz y contrastada son exigencias básicas es un régimen democrático y constituyen un deber esencial para todos los gestores de la "res publica", empezando por los políticos, los funcionarios públicos, los medios de comunicación y las instituciones. En este sábado soleado, en el repaso de diferentes periódicos y revistas que sucede al desayuno, uno se topa con muestras flagrantes de la falta de ética de algunas informaciones. Alguien escribió con sutil ironía: “El derecho a soltar bulos es a la libertad de expresión lo del derecho a atropellar gente a la libertad de circulación”. Ambos “derechos” hacen mucho daño y son igual de absurdos (aunque los bulos pueden hacer más daño a más gente en menos tiempo). Los atropellos no son impunes (si se detiene al autor) pero los bulos se escudan detrás de la “permisividad” que generan los huecos legales y la conciencia delicada de la libertad de expresión como norma democrática.

Un articulista pedía públicamente que se sancionara a las personas y los medios que difunden noticias falsas y rumores que crean daño importante a sujetos e instituciones o alarma grave a la sociedad. Pero no hablaba de un medio que supera a todos los tradicionales en amplitud y eficacia comunicativa: Internet. Google, Facebook, Instagram y otras han tomado medidas en varias ocasiones para desmentir y bloquear cuentas y usuarios culpables de crear o apoyar bulos alarmistas o insultantes. Pero es como tratar de controlar las olas del mar.

En lo que se refiere a la pandemia que nos tiene sitiados y que humilla la arrogancia humana del siglo XXI, la irresponsabilidad de los covidiotas que en el mundo hay está produciendo más víctimas indirectas que el propio virus. Un virus que, por el momento, sólo puede ser frenado sumando aislamiento con elementales medidas de higiene. ¡Qué lección de humildad para todos los humanos, sujetos para defenderse al ensayo-error mientras los científicos de todo el mundo se dedican a buscar un remedio eficaz!

En un día hermoso y lleno de energía el que se divisa desde mi estudio. Uno respira hondo y recuerda, adaptada a la situación actual, la frase del escritor griego Kazantzakis: “Qué extraña máquina es el hombre: alguien le mete en la cabeza miedo, fastidio y aislamiento y eso no impide que salgan sonrisas, placer por la vida y anhelos vibrantes de libertad, solidaridad, cooperación y empatía”. Es la virtud básica del ser humano: la capacidad de adaptación. Por cierto…algo que compartimos con el virus,

Alberto Díaz Rueda

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24 abril 2020 5 24 /04 /abril /2020 10:37

El mundo en que vivimos, con las amenazas candentes de pandemias, cambio climático, catástrofe económica global, no es aceptable y más si tenemos en cuenta que, excepto el Covid19, todo ha sido producido y complicado por la gestión de los políticos, financieros e industriales más poderosos del planeta. Los círculos de poder están mayoritariamente dirigidos por la "mediedad": varones y mujeres más o menos  de 35 a 65 años. Estas personas están configurando un mundo que se cae a pedazos: guerras localizadas por los recursos, diferencias insalvables de tipo étnico o religioso, esquilmamiento del planeta con las consecuencias que comenzamos a padecer, desigualdades cada vez más profundas de tipo económico, gestión financiera neoliberal centrada en el beneficio, una cuarta parte de la población mundial en precario asaltando masivamente las fronteras de la supuesta "riqueza". ¿Es este el mundo que vamos a legar a nuestros jóvenes y niños? ¿Este es el futuro que ofrecemos a las generaciones que acaban de nacer?

Stéphane Hessel, tenía 93 años cuando publicó su panfleto "Indignaos", en 2010, en un mundo  aterrorizado, irritado y perplejo ante una pandemia económica causada en 2008 por bancos y entidades financieras. Murió tres años más tarde asistiendo a la desvergüenza internacional de ver cómo el dinero que debería haber auxiliado a millones de familias arruinadas se destinaba a rescatar a los bancos. El neoliberalismo amoral del capitalismo salvaje se atenía a unos de sus principios básicos, la defensa a ultranza del dinero y sus máximos poseedores. Hessel, diplomático francés de origen judío alemán, miembro de la Resistencia francesa, torturado por la Gestapo y superviviente del campo de concentración de Buchenwald, fue el autor de ese panfleto con ventas millonarias en toda Europa y, seguramente, efectos menos espectaculares en la conciencia de los jóvenes que lo leyeron (aunque sí en sus padres que, lamentablemente, ya estaban siendo prejubilados, en el mejor de los casos).

Pero ahora, ante la catastrófica situación mundial que está provocando la pandemia del Covid, recojo el testigo de Hessel para dirigir esta llamada de alarma a todos los jóvenes que me lean y que distribuyan este escrito por todas partes, entre sus amigos, sus colegas y compañeros, en el ámbito anónimo de la Red, buscando despertar conciencias, encontrar una identidad activa y militante que podría estar latente en los jóvenes corazones adormecidos por las cómodas distracciones de la sociedad capitalista y en esos otros jóvenes del mundo de las carencias cuyo único sueño no es ya la revolución sino la integración en ese tipo de sociedad que envidian y desean, la de sus compañeros de generación que viven en la supuesta abundancia y felicidad del capitalismo neoliberal avanzado. Sin comprender, les falta información veraz, que no es oro todo lo que reluce, que ese sistema tiene fallos sistémicos garrafales y que la comodidad juvenil actual tiene sus días contados. Junto con los ancianos, al otro extremo de la cuerda vital, serán los jóvenes las víctimas propiciatorias, en el aspecto económico, del desarreglo brutal que el Covid ya está creando en el sistema.

Jean Paul Sartre lo decía en los agitados sesenta del pasado siglo: "Sois responsables de lo que ocurre, no estáis al margen, todo esto os concierne." Jóvenes, la peor actitud es la indiferencia, esa frase que hemos oído tantas veces a jóvenes universitarios, obreros, jóvenes del mundo rural, del comercio o de la industria, incluso en la enseñanza: "paso de todo, yo ya me las apaño". No debemos compartir esa postura aunque la comprendamos. Hay que dejar aparte a esa juventud enrolada en la política, unos pocos por sus ideas, la mayoría con la vista puesta en el futuro: la vaca política suele dar buena leche, ya sea en los partidos, en el funcionariado o. en la escala más baja, en los que integran las hordas activistas y a menudo violentas.

Pero es la silenciosa mayoría de los que no se consideran concernidos por cambiar algunos aspectos de la sociedad en la que van a vivir y van a tener que gestionar. ¿Vais a dejar que esos que ahora están aprendiendo "política" bajo el magisterio de los  hombres y mujeres que ahora "dirigen" el país, sean los líderes del futuro? ¿Más de lo mismo? No. INDIGNAOS. Despertad, sois responsables de vuestro futuro y el de vuestros descendientes. ¿Qué podéis hacer? Pensad en ello. Quizá sirvan estas pocas reflexiones a modo de sugerencias mejorables e incompletas.

Primero, INDIGNAOS  y cread una red global de jóvenes con conciencia crítica, que quieren cambios radicales acordes con las nuevas necesidades sociales que surgirán de la pandemia y que rechazan ser manipulados por los que detentan el poder. Es decir, sed conscientes de que todos juntos sois un poder equiparable a cualquier otro, siempre que no os dejéis manipular. Cosa que intentarán en cuanto comencéis a uniros.

Segundo, INDIGNAOS y dad una estructura programática realista y bien argumentada y razonada al movimiento: informaos de la situación actual y la que vendrá. Buscad fuentes serias, coherentes, neutrales, científicas. Pedid consejo y opinión a los políticos honestos (que los hay), a los científicos y pensadores veteranos, cread un consejo de ancianos con las grandes mentes que hay en el mundo antes de que desaparezcan. Recordar la historia: en el 68 se intentó, más reciente Túnez y en otros países árabes.  Fueron absorbidos por la sociedad burguesa, el capitalismo y la política.

Tercero, INDIGNAOS y exigid que la globalización cooperante, solidaria y lo más igualitaria posible, se estructure y sea una realidad política y operativa, desburocratizada hasta el límite de la eficacia. Una especie  de Gobierno global, basado en el respeto a la diversidad y contrario a todo tipo de barreras (el Covid y los que vendrán, no conocen fronteras) o una confederación de países con sus políticos sometidos a la exigencia de honestidad, transparencia y limitación temporal y controlada de su labor. Exigid que la sanidad y la seguridad social desde los más necesitados hasta los más pudientes, tenga un alto nivel de calidad y eficiencia. Los presupuestos de sanidad, educación e investigación deben ser prioritarios.

Cuarto, INDIGNAOS y  declarad ilegales y anuladas de oficio todas las circunstancias emergentes bélicas, violentas, depredadoras de recursos naturales (deteniendo el proceso de destrucción del ecosistema), económicas e industriales -bancos y empresas, sometidas a un exigente código ético que permita el beneficio lógico pero no el abuso carroñero que bendecía el neoliberalismo del capitalismo salvaje-. La dictadura actual de los mercados financieros amenaza la democracia y la paz en el mundo. Como decía Hessel hace diez años: " Nunca había sido tan grande el poder del dinero, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas instancias del Estado".Y sin olvidar una educación humanista y técnica basada en los principios pedagógicos de la mejor educación pública que se conoce en estos momentos y no discriminatoria.

Y quinto, INDIGNAOS y someted la revolución tecnológica a unos criterios de mejora del ser humano y no de su control, explotación y desnaturalización. La tecnología de las redes debe ser una herramienta para el conocimiento y el progreso, no una forma de vida virtual que nos aleja de la realidad, nos embrutece, nos fanatiza o nos envilece hasta la semiesclavitud y la alta dependencia. Escribió Walter Benjamín (que no conoció la actual situación): "Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la Humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en la casa de empeños por cien veces menos de su valor, para que nos adelanten la pequeña moneda de lo "actual". 

Sólo con los jóvenes de todo el mundo alzados en razonable  y pacífica revuelta contra el actual estado suicida de gestión pública internacional, podría desmentir aquella frase del judío alemán Walter Benjamín -una brillante mente del siglo XX- , a punto de suicidarse en Port Bou, en la frontera española durante la II Guerra Mundial: "El sentido de la historia es una marcha inevitable de catástrofe en catástrofe".

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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24 abril 2020 5 24 /04 /abril /2020 09:46

 

 

El sol vuelve a reinar sobre el paisaje, aunque no sobre nuestros ánimos sombríos. La primavera triunfa en el exterior, quizá esperando que seis millones de niños españoles alegren sus calles y plazas durante una hora cualquiera del día. Para los demás, el poder del miedo sigue enseñoreándolo todo. Dicen que el español es un individuo disciplinado, tanto como para aguantar que seamos el país de Europa con clausura más severa. También hemos sido el más castigado por el virus. Pienso que el Covid es como un ejército de francotiradores con el rifle de precisión apuntando aleatoriamente al que pasa por las calles. A eso tiene miedo el español. Nunca hemos sido disciplinados. Pero, ¿quién no tiene miedo de salir a las calles con millones de francotiradores apostados en las alturas, invisibles pero certeros?

Por otra parte hemos tenido la constatación de un hecho incontrovertible: un desastre global como el Covid es aún más letal si abundan los bobos en lugares de alto gobierno y responsabilidad. Porque hace falta ser bobo para empeñarse en “hacer política” (o lo que ellos creen que es política) aprovechando las circunstancias y barriendo sin cesar hacia el propio chiringuito sin consideración al dolor y el temor que atenaza a la población. Cuando uno lee u oye a determinados políticos echándose la culpa unos a otros de los desbarajustes de gestión de la pandemia (en lugar de proceder a mitigarlos) olvidando que fue su gestión económica y política del pasado reciente la que provocó la relativa indefensión con la que recibimos al virus…la indignación nos abruma.

La única institución europea que nos podía defender un poco de los bobos que gobiernan el mundo en este momento (con contadas excepciones) la tan denostada –con razón- (Des) Unión Europea está dando sus últimas boqueadas entre la codicia de unos, la cicatería de otros y la estulticia de todos. Vamos apañados.

El gran fracaso moral de nuestra actual civilización es que todos hayamos  permitido que el vil, cruel y grotesco Don Dinero siga dictando las condiciones de supervivencia de mundo.

Lo siento, hoy me siento triste y pesimista.

Alberto Díaz Rueda

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23 abril 2020 4 23 /04 /abril /2020 11:56

 

En el transcurso del proceso demoledor del Covid19 se ha  producido un fenómeno, el "gerontocrash", que merece un análisis sereno pero realista. El término anglosajón "crash" proviene de la catastrófica caída de la Bolsa de Nueva York y la posterior Gran  Depresión  que afligió al país y se prolongó hasta 1940 contagiándose a todos los países de la órbita de influencia de Estados Unidos, incluida Europa. El crash se define como un movimiento de caída, imprevisible y brusco, de los mercados. Sin embargo la actual crisis  económica, que aún no es posible delimitar o ponderar,  no tiene semejanza alguna ni con la de la mal llamada gripe española de los años 20 del pasado siglo, ni con la de 1929 o la de Lehman Brothers de 2008. No hay precedentes, se trata de una acción voluntaria de los países a causa de una pandemia vírica que puede diezmar a la población. Y aquí aparece la motivación causal de este escrito: la población diezmada. Y, concretamente, una parte sustancial de ella: la de los ancianos.

 Walter Benjamin publicó una líneas (referidas a otra situación) que me inspiraron para razonar la congoja que he sentido al analizar el "gerontocrash" que se ha producido por efecto del coronavirus y con la complicidad indirecta de las Administraciones y ciertas empresas privadas poseedoras de "Residencias de la Tercera Edad". Establecimientos más cercanos a los de la película "Soylent Green" que a las comedias con abueletes como protagonistas. Decía Benjamin: "La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla usual siempre ha sido semejante al "estado de excepción" en el que ahora vivimos...no está justificado  pensar con asombro que las cosas que estamos viviendo sean 'todavía' posibles en este siglo".

Realmente nos puede asombrar que en pleno siglo XXI  nos hayamos olvidado del respeto y cuidado que merecen nuestros mayores, que sigamos un estilo de vida que los descarta como onerosos y obstáculos del progreso de todas esas familias que no existirían y no tendrían su supuesta vida confortable sin los sacrificios y el trabajo duro de la mayoría de esos abuelos aparcados en las mal llamadas "residencias". Lugares que más bien son " morideros" en los que ni siquiera, como en "Soylent Green",  los ancianos descartados morían pacíficamente y sin dolor escuchando la Pastoral de Beethoven con maravillosas secuencias de una Naturaleza verde y fértil  tal y como ya no existía en la película, un mundo arrasado por la contaminación global.

Dejando aparte las distopías a las que el cine es tan aficionado (lo cual es un síntoma a considerar) lo cierto es que el Covid19 ha traído a la realidad una cuestión nada baladí: ¿qué diablos está haciendo la sociedad capitalista avanzada con sus ancianos? ¿Sabremos algún día con certeza el número vergonzante de ancianos que ha muerto en esas "residencias" o en cualquier otra parte por efecto del virus, de la dejadez culpable de las administraciones públicas frente al problema y de la codicia inhumana de multinacionales y fondos carroñeros? Estos controlan, al parecer, el 75 % de las plazas para los ancianos en los cinco mil y pico centros que hay en el país, de los cuales solo una minoría siguen bajo control público. Se trata de un mercado floreciente y muy rentable (en 2030 más de 15 millones de españoles tendrán más de sesenta años) y tiene una  tasa anual del 4% de beneficio, por estar regido en forma de precarización de empleos de cuidadores, escasez de medios y  formación, más sueldos mínimos. En España, como mínimo uno de cada 3 fallecidos por el virus habitaba en una residencia (dato sin confirmar, que irá al alza). Ya sabemos que una residencia no es un hospital. Pero tampoco un aparcamiento de ancianos sin control sanitario y más expuestos al contagio, primero por estar desatendidos y segundo por ser personas mayores.

Alguien mencionaba el "genocidio geriátrico" que esta pandemia está causando y que el poder económico y político ha permitido por codicia o dejadez. Pero a toda una generación se nos debería caer la cara de vergüenza por haber permitido un tan nefasto y miserable  final para esos miles y miles de ancianos, que protagonizaron el cambio económico y social de los 60 a los 90.  Desde el señor Aznar hasta Rajoy o la ley de dependencia de Zapatero o el olvido de Sánchez, en suma toda la clase política que ha gobernado este país desde que comenzaron los recortes a los beneficios sociales y no rectificaron en tiempos de bonanza. El “gerontocrash” está siendo un sangrante ejemplo de gestión mal realizada, carencias estructurales y falta de control político de la privatización carroñera predominante en el sector.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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