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17 noviembre 2016 4 17 /11 /noviembre /2016 14:11
Epicuro

Varios lectores y seguidores de estas páginas me han pedido más datos sobre los filósofos griegos y romanos de las escuelas postsocráticas y helenísticas, concretamente sobre estoicos, epicúreos, escépticos y cínicos. Tras los apuntes publicados sobre el hedonista Lucrecio y su "De rerum natura" ("El Giro") y sobre el estoico Marco Aurelio ("Meditaciones"), dedico este comentario sobre el fundador del epicureísmo, Epicuro (s.IV-III a.C.), a dos personas que se han distinguido por su interés sobre estas apasionantes ideas (que conciernen a lo que la filosofía clásica llamaba "la vida buena" o esmero por vivir según "la excelencia"), mi sobrina Marta y un caballero invidente llamado Alberto, al que no tengo el gusto de conocer y que me lee en braille. Epicuro, su persona, su filosofía (recogida por sus discípulos, como Sócrates no escribió nada), es uno de los muchos ejemplos históricos de mensaje trivializado y tergiversado por motivos ideológicos y doctrinales y tildado durante siglos como "enemigo de la religión y el Estado".

El autor de este pequeño ensayo, García Gual, le llama Epicuro "el liberador" y lo dedica "a quienes no se dejan confundir por expresiones vanas, sino que miran sencillamente hacia los hechos reales". En el 306 a.C. Epicuro funda en Atenas, en una modesta finca, su "Jardín", lugar para radicar su escuela y la convivencia con sus discípulos (donde se admitían mujeres y esclavos) en la época en que triunfan la Academia platónica, el Liceo aristotélico y la "Stoa Poikile" de los estoicos. En el Jardín, el enfermizo y débil Epicuro, dotado de un buen humor inalterable, enseña a buscar una felicidad serena, sujeta a determinadas normas y principios, en los que prima la austeridad y el conocimiento, dando un ejemplo personal de medida y control de pasiones, ecuanimidad, humildad y entereza ante los desvaríos de la "tyché" o Fortuna.

La filosofía epicúrea rechaza los postulados platónicos de mundos (sensible e inteligible) y afirma una sola realidad, la sensible, garantizada por los sentidos. La dualidad de cuerpo y alma es rechazada y unificada en un holístico cuerpo-alma que desaparece cuando llega la muerte. Frente al absolutismo moral platónico para Epicuro la moral es relativa en la que el bien no es algo trascendente sino referido al placer humano, al que se llega no por el halago a los más burdos y vulgares placeres sino por la serenidad que da la ausencia de perturbaciones, es decir la Ataraxia o imperturbabilidad. Por ello la verdadera filosofía está basada en la serenidad de espíritu y la felicidad cotidiana basada en la amistad y el gusto por los pequeños placeres sencillos de una vida natural y libre de pasiones. Su filosofía es una actividad, praxis, un "bios theoretikos", un saber para la vida, que proporciona felicidad a la existencia y salud al alma. Y lo fundamental para ese objetivo es la "disposición del ánimo, de la que somos dueños".

El individualismo, la marginación de la política, el logro de objetivos personales sencillos y plenos y el consejo "pasa desapercibido mientras vivas" integran un mensaje que escandalizaba a estoicos, platónicos y aristotélicos para quienes la "polis", la ciudad y el Estado eran primordiales. Y Epicuro insiste "para conseguir la serenidad hay que liberarse de la cárcel de los intereses culturales, de la política y los intereses de la riqueza". Prácticamente un mensaje zen ocho siglos antes de que naciera esa liberadora disciplina espiritual japonesa con raíces chinas e hindúes. Y apostilla: "somos nosotros mismos los responsables de nuestra miseria o nuestra felicidad".

Su norma más conocida es que no debemos preocuparnos más que de las cosas que dependen de nosotros y despreocuparnos del resto. El sabio es autosuficiente y moderado en sus deseos, parcos en necesidades y generosos y desprendidos respectos a las cosas externas: "más placenteramente gozan de la abundancia quienes menos tienen necesidad de ella". Y enfatiza "gocemos con lo que nos es dado, pero distingamos bien entre lo más importante y lo accesorio, sepamos pasarnos sin eso cuando no nos lo ofrezca la ocasión, sin molestarnos ni añorarlos". Distinguió tres tipos de deseos, natural e indispensable (comer, sobrevivir...); natural y quizá dispensable (sexo, amor, admiración, vanidad, gula...) e imaginario, que no es natural ni indispensable (fama, riqueza...).

Bien, dejémoslo aquí. Quede el resto para los lectores de estas líneas que se animen a acercarse a uno de los más brillantes y modestos pensadores éticos de la antigüedad, cuyo mensaje a pesar del ninguneo de muchos (filósofos y religiones) ha enriquecido la filosofía y la cultura.

FICHA

EPICURO.-Carlos García Gual.- Alianza Edit. 277 págs.-ISBN 9788420640945

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15 noviembre 2016 2 15 /11 /noviembre /2016 18:00
Azul marino

Muy en la línea de "Don de lenguas" y "El gran frío", Rosa Ribas (que me encantó con su novela propia "Pensión Leonardo") y su compañera Sabine Hoffman, a cuatro manos, cierran la trilogía de novela negra con "Azul marino". Como suele suceder en las series, los personajes principales(en este caso sobre todo la periodista Ana Martí, la protagonista) que reinciden en la trama van ganando peso específico y comenzamos a reconocerlos por detalles que las autoras han sabido sabiamente reiterar.
Regresamos a los oscuros cincuenta en Barcelona, aunque ya a punto de entrar en la década prodigiosa, los sesenta (en el mundo, un poco más sombría en España), cuando tras la visita del presidente Ike Eisenhower a Franco, comienzo del deshielo aliado hacia España --la bipolaridad de potencias de la guerra fría, mandaba-- permite que unos buques de guerra de la Sexta Flota fondeen en el puerto de Barcelona y la marea blanca y azul marino de sus tripulantes se desparrama principalmente por la zona baja de la ciudad.

Uno de esos marineros es asesinado en un figón del Barrio Chino y a falta de Sherlock Holmes hay que llamar a la Martí, el hablar inglés en aquella época es una rareza nacional, para que intermedie como traductora entre los investigadores norteamericanos de la Policía Militar y el sufrido inspector Isidro Castro. Para mayor interés, la joven periodista sigue sus propias pesquisas para las revistas con las que se ve forzada a colaborar, un panfleto sensacionalista bien conocido por los mayores de cincuenta años llamado "El caso" y una revista femenina especular a la contra de la protagonista, "Mujer actual" (imagínense como sería esa dama del título en los tiempos del franquismo puro y duro).

El teatro de operaciones no podía ser más jugoso literariamente hablando. El Barrio Chino de la época rezumaba posibilidades tétricas y enigmáticas en un caldo de cultivo en el que cabían delincuentes, señoritos tarambanas, burgueses de conciencia torcida. Y para mayor abundancia la protagonista es una joven muy segura de sí misma rodeada de un mundo machista inclemente y casposo. Causa una cierta vergüenza ajena, no exenta de humor, los conflictos culturales y profesionales entre la policía española y la policía militar americana, con el añadido de la importancia no sólo política sino económica de la llegada del Mr. Marshall, para un país empobrecido y una Barcelona con grandes miserias. Pero la cosa no queda en lo pintoresco o en lo tétrico criminal, también la Martí nos presentará un tema espinoso, un misterio de relevancia paralelo al caso policíaco, al parecer ajeno y que se desvelará como el elemento decisivo en la trama. La historia era bien conocida -aunque bastante secreta y sin alcance público debido a los intereses de clase y la censura elitista -. El siniestro retrato en blanco y negro de aquélla época, con sus muchachas réprobas condenadas muy religiosamente a la semi esclavitud laboral y sexual, es excelente y a muchos lectores les abrirá el baúl de los recuerdos que, desde la distancia, ya no causan dolor o vergüenza sino un poco una nostalgia de lo jóvenes que éramos. En suma , una novela que se lee en un santiamén (sin respiro). Broche de oro de una buena trilogía en el género.

FICHA

AZUL MARINO.- Rosa Ribas y Sabine Hofmann.- Ed. Siruela. 316 págs. ISBN: 9788416854165

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12 noviembre 2016 6 12 /11 /noviembre /2016 10:28
Correspondencia Hesse-Zweig

Treinta y cinco años de correspondencia entre los dos mayores escritores de principios del pasado siglo, Herman Hesse y Stefan Zweig comenzó con una delicada y algo patética misiva del primero, escritor primerizo aunque mayor en edad y que le sobreviviría 20 años, con el segundo, aún no convertido en gran caballero de la literatura en lengua alemana, pero autor de varias obras de éxito. Zweig moriría por su propia mano durante la IIGM. Y así comienza la larga correspondencia: "Mi estimado señor, ¡No se asuste usted porque ahora de repente le aborde con un saludo y una petición!". Hesse adjunta un librito de poemas y pide a Zweig con gran humildad que "en reciprocidad" y sólo "en caso de agradarle mi librito" le regale un volumen de éste sobre Verlaine, dedicado. Y se justifica "soy ridículamente 'pauvre' y me veo obligado a ir mendigando mis contentos acá o acullá".

Esta subordinación artística y social -- con los años Hesse llegará a ganarse muy bien la vida con sus libros -- entre los dos escritores se mantendrá muy sutilmente aunque la balanza se inclinaría a favor de Hesse en ámbitos filosóficos y espirituales más que en los propiamente literarios.

Este volumen constituye sin duda un inteligente canto a la amistad entre dos personas muy sensibles e inteligentes, ambas de alto valor literario. Pero también permite al lector conocedor de la obra de ambos comprender muchos aspectos de tal obra y sobre todo de sus respectivas biografías enmarcadas en la siniestra pero fascinante primera mitad del siglo II .

Volker Michels es el editor de las cartas y los comentarios. Además nos regaLa un epílogo muy esclarecedor. Un trabajo realmente bien hecho. La traducción es de José Aníbal Campos y el libro ha salido bajo el sello de Acantilado. Nos dice Michels, "Hesse -futuro premio Nobel de Literatura en 1946- es humilde y provinciano, sólo tiene el título de bachiller, se formó como mecánico y trabaja de ayudante de un librero de viejo. Zweig, en cambio, es pudiente, hijo de un industrial de la Viena cosmopolita, que frecuenta los círculos mundanos de artistas y viaja por medio mundo, mientras Hesse se refugia en la naturaleza y el trato con gente sencilla en un pueblo de 300 habitantes".

No obstante verse en persona en contadas ocasiones, la relación epistolar entre ambos es sumamente cordial, generosa y sincera. Y parte no sólo de los paralelismos en sus ideas en aspectos tales como el belicismo, el futuro de Europa, los temores que engendra la época, el humanitarismo, es decir lo que Zweig llamaba "cierta altura moral" que llevaba a ambos a una " inequívoca defensa de la razón, del bien y del humanismo, que no admite divisiones entre ética y estética". También se sustenta en una admiración recíproca y actitudes y comportamiento similares en cuestiones políticas, literarias e incluso personales, a pesar de que Hesse era un pertinaz solitario, amigo de bosques y montañas y su amigo era un "dandi" sofisticado que amaba los grandes salones y relacionarse con personalidades de todo tipo. Para Zweig, el desmoronamiento del viejo mundo y sus valores y principios y el pánico a la vorágine vulgar y agresiva que parecía imponerse en manos nazis, fue una pesadilla de la que no supo escapar. Hesse, por el contrario, afrontó con firmeza y obstinada lucidez los malos tiempos. Quizá gracias a su "cambio" psicológico realizado años antes, tras una depresión superada gracias al psicoanálisis, aunque "en ocasiones la amargura nos impregna como el agua a la esponja", como escribía en su última carta.

Fascinante libro para comprender el siglo que se fue y sus influencias y diferencias, positivas y negativas, con el siglo que vivimos y para apasionarse aun más por dos escritores que deberíamos tener muy presentes.

FICHA

CORRESPONDENCIA HESSE-ZWEIG.- Editado por Volker Michels.- Trad. J. Aníbal Campos.- Ed. Acantilado.227 págs.- 20 euros. ISBN: 9788496834958

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10 noviembre 2016 4 10 /11 /noviembre /2016 10:07
TRAS LA CELOSÍA

Novela histórica que nos habla del oscuro, aunque importante, papel femenino en la sociedad española de principios del Renacimiento, originalmente centrada en una localidad aragonesa, Rubielos. Comienza con un proceso de beatificación que el obispo de Rubielos está preparando para enviar a Roma, a fin de convertir en beata y después en santa a una monja del lugar, fallecida muchos años antes, María Auxiliadora, en torno a la cual comienza a forjarse una leyenda de milagros y que, seguramente, devolverá su prestigio y riqueza a una ciudad que languidece y se arruina.

La autora recurre al tópico de los manuscritos, en este caso de un rico comerciante castellano que estuvo en Rubielos en la época en que vivió allí la mujer que después se haría popular por su entrega a la ayuda de pobres y menesterosos y sobre todo a la educación y protección de niñas y muchachas, fundando un convento donde cumplir una labor de defensa de la condición femenina en unos tiempos marcados por la cosificación y explotación de la mujer.

La narración de episodios como el de la falsa peste que puso a Rubielos en cuarentena y la actuación de autoridades civiles y religiosas, del fanatismo del Santo oficio y sus ministros, de la persecución de los anatematizados judíos, de los abusos de todo tipo que debía padecer el pueblo con resignación, está resuelto con un estilo vagamente arcaico pero brioso. La novela se lee con placer y con un ritmo pausado e interesante. Una ironía crítica subyace en el texto, en el dibujo de los personajes y de sus cuitas: en todo el relato la autora va apuntando la corriente subterránea de servicio y resistencia de las mujeres que van apareciendo y dan cierto sentido a un mundo dominado por los hombres, su avaricia, crueldad y ambición.

La estrategia argumental se sirve del testimonio masculino de unos hechos concretos que, como en "Rashomon" de Akira Kurosawa, dependen del punto de vista del que nos los narra -el hijo de un comerciante castellano asesinado en Rubielos, el médico judío converso y el novicio- y que conciernen a una época revolucionaria en la que el descubrimiento de América y los cambios radicales que ese hecho provocaría daría lugar al fin de siglos de oscuridad, ignorancia y poderes fácticos inamovibles. Carmen Santamaría nos brinda una novela interesante, llena de sorpresas. Con un final nada sorprendente pero sí aleccionador. Por cierto, con un título que ya usara el Nobel de Literatura, el egipcio Naguib Mahfuz, en uno de sus libros.

FICHA

TRAS LA CELOSÍA.- Carmen Santamaría.- Ed. Turpial.- 481 págs.-23,70 euros. ISBN 9788495157935

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7 noviembre 2016 1 07 /11 /noviembre /2016 11:26
Volar en círculos

Un escritor octogenario que se las sabe todas, con decenas de libros a sus espaldas y que publica unas "memorias" en cuya contraportada afirma con elegancia y cinismo irónico que "un buen escritor no es experto en nada salvo en sí mismo. Y sobre ese tema, si es listo, cierra la boca", nos coloca desde antes de comenzar a leer en el lugar que nos corresponde como lectores de ficción. A partir de ese momento, salvando la credulidad, todo es posible.

Y es posible salvar hasta la credulidad. Porque Le Carré (David Cornwell) nos dice en su introducción "podéis estar seguros de una cosa: en ningún momento he falseado conscientemente un suceso o una historia. He disimulado o disfrazado cuando ha sido necesario, si. Pero falseado jamás". No hace falta ser un erudito en Kant para vislumbrar la argucia ética del "como sí". El muy inteligente Mr. Cornwell, sabe perfectamente que ningún lector aficionado a su escritura le va a desmentir, principalmente porque nos importa un bledo si sus historias sobre sí mismo son verdaderas o no. Lo que nos importa es lo condenadamente divertido que es leerle.

Incluso el aparentemente patético capítulo dedicado a su díscolo padre es lo más alejado del Oliver Twist de Dickens que se pueda dar en lengua inglesa. Aunque afirme en otro lugar de su apunte sobre Ronnie, el timador elegante que fue su padre, que opina como Graham Greene sobre que "la infancia es el saldo que un escritor tiene a su favor", en plan irónico (apostilla "si es así, yo nací millonario"), lo cierto es que ya es millonario y, a sensu contrario, su infancia le dotó de un gran bagaje, audacia, inteligencia, astucia, dotes de observación y capacidad de fascinar a la gente. En realidad, el lector acaba el capítulo sin decidirse muy bien a aceptar la premisa del autor sobre su profundo rechazo hacia su padre. Lo que queda es casi un canto hacia las capacidades de encantar y seducir de su padre y una vaga queja de ser un hijo abandonado.

Me encanta la anécdota en la que revela que contrató a un par de detectives para que investigaran su pasado ya que "la memoria es la puta de la imaginación". Lo único que hicieron fue corroborar las pistas que él mismo le dio. No parece verosímil pero sí muy divertido. Sin embargo, otras, como la del encuentro con un ex prisionero político, torturado, que encontró alivio en su terrible situación porque sus carceleros le proporcionaron una vieja novela de Le Carré. O aquélla otra en la que cuenta con mucho encanto la "tortura" que le supuso una entrevista con el gran Bernard Pivot, el "gurú" televisivo de las letras francesas durante más de 20 años.

No hay un riguroso estudio o análisis autobiográfico en estas páginas sino un agavillado conjunto de anécdotas dispares de la vida de Le Carré unidas por su propia voz y planteadas sin método alguno pero con apabullante agilidad y encanto literario. Así que poco de nuevo conoceremos del buen Sr. Cornwell y algo más del señor Le Carré: lo interesante, curiosa y dinámica que ha sido su vida, la suerte o fortuna que ha coronado su existencia y le ha permitido estar en el lugar adecuado y el momento oportuno para compartir charla con algunos de los personajes públicos más interesantes del siglo XX. Como buen jugador, Le Carré nos escamotea detalles significativos y nos seduce con su juego de naipes mientras deja escapar por un lado el punto que daría relevancia a lo que nos cuenta. No nos enteramos de los entresijos de su oficio literario pero sí se solaza contándonos, sin ocultar identidades, que a muchos de sus compañeros de los servicios secretos nos les gustaban nada sus "indiscreciones" literarias. Lean el capítulo titulado "No te metas con tu servicio secreto".

Una nota indispensable: a pesar de su reconocimiento por la valía de Graham Greene o Somerset Maugman y su admiración hacia ellos, Le Carré debe saber perfectamente que no puede, o debe, colocarse a su altura, ni en el terreno literario ni tampoco en el de novelista con doble vida de espía. Pero esto es una opinión. Aunque no lo es que tampoco pierda nada en la comparación. Los tres son igualmente certeros en su habilidad literaria para obligarnos a llegar sin respiro a la última página.

Nota bene: Sin ser un mal título "Volar en círculos" (en realidad es lo que hace Le Carré en sus "memorias") considero más adecuado e interesante el original "The Pigeon Tunnel", es decir, "El túnel de las palomas". En el prefacio del libro, Le Carré explica el por qué de ese título. Si el lector reflexiona al acabar el libro sobre ese detalle, comprobará que seguramente es más adecuado, aunque se preguntará, como hice yo, en qué lugar se situaba David Cornwell, si en el de las palomas o en el de los tiradores, "deportivos caballeros bien alimentados". Yo no tengo dudas.

FICHA

VOLAR EN CÍRCULOS.- John le Carré.- Trad. Claudia Conde.- Ed. Planeta. 459 págs.

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5 noviembre 2016 6 05 /11 /noviembre /2016 16:47
EL MUSGO DEL BOSQUE

Desde la lectura de su novela "El testamento de amor de Patricio Julve", he tenido una afición especial por las andanzas literarias de Antón Castro, del que saludaba un estilo nutrido por el valle Inclán de las "Sonatas", el talante mistérico mágico del gran y olvidado Álvaro Cunqueiro (la vena galaico céltica es muy semejante en ambos escritores) y el sencillo y eficaz verbo de Baroja. Ahora llega a mis manos, vía Octavio, "magister libris" de estas tierras, una obrita lírica de unas 80 apretadas páginas, "El musgo del bosque", título vagamente zen para un contenido entrañable que nos habla del amor a literatos, películas, artistas, pintores, la fascinación por la radio, paisajes y ciudades.

Antón es hombre cultivado, viajado y con una rica y variada experiencia en amistades y afectos, recuerdos y evocaciones. Hay algo dulcemente infantil y virilmente honesto en las añoranzas literarias de este periodista de tan variados, profundos y apasionados intereses. Ya en su libro de relatos "El niño, el viento y el miedo" (Ed. Nalvay) bellamente ilustrado por Javi Hernández, Castro nos dejaba vislumbrar esa intensa nostalgia de la niñez que enriquece a muchos escritores como un manantial que no se agosta jamás. Recuerdo con agrado dos de los relatos, "Una historia de amor" o "La cabeza del ternero y el mal vecino", donde queda de manifiesto ese estilo entre socarrón e infantil que luego tendrá reflejos en la rica prosa de Antón.

En esta prosa poética de "El musgo del bosque", la memoria y la nostalgia cogidas de la mano van hilvanando las historias, pasando de personaje a anécdotas, todas unidas por el sesgo lírico personalísimo del hombre que las vivió, el autor. Un hombre que se estremece -y nos contagia la misma emoción- por esas vivencias que conciernen entre otros, a Rosalía de Castro "la loca del bosque", a Gonzalo Torrente Ballester, el fotógrafo Leopoldo Pomés, José Antonio Labordeta, Amancio Prada o Mercè Rodoreda. Pero también a Rembrant, Moscú , la escucha de la radio ("una de las formas más puras de la felicidad") o una sesión de cine con un suave e inocente despertar erótico o el más adulto de "Razón de amor".

Me han encantado los poemas dedicados a un recital en Cantavieja del inolvidable Labordeta: "En tu garganta cantaron todas las estaciones: por el desierto/ y el valle, en la tormenta y el cierzo, con el eco de los montes/ por la piedra rojiza de las serranías, las vaguadas y las ermitas" y que acaba apostrofando "¿Quién, cabrones, ha calculado tan mal el aforo?/ ¿No sabían quién venía y para quiénes?, gritaron fuera".

Precisamente en el poema titulado "Sígueme", Antón Castro desvela quizá de forma inconsciente, la naturaleza de su personalidad literaria y la certeza de su empeño: "Hay hombres que crecen y crecen y no dejan de ser niños,/ hay niños que nunca dejan de ser viejos o crisálidas/ de un sueño de cristales, de musgos y de escarchas./ Hoy me he cruzado con uno de ellos: es poeta, un viajero, el peregrino que entretiene los ocasos/ con su acordeón ocre, el artista/ de delirios que lleva en su cartera/ de cuero el volcán de la utopía".

FICHA

EL MUSGO DEL BOSQUE.- Antón Castro.- 81 págs.- Ed. Prensas de la Universidad de Zaragoza.- EL NIÑO, EL VIENTO Y EL MIEDO.- 90 págs.- Ed. Nalvay

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3 noviembre 2016 4 03 /11 /noviembre /2016 08:56
Los políglotas

William Alexander Gerhardie (1895-1977) es uno de los vástagos de una selecta familia británica con residencia en la Rusia zarista que hubo de emigrar debido a la Revolución (algo que nos deparó también a Nabokov) y con el tiempo convertirse en un novelista que levantaba alaridos de satisfacción en escritores tales como Edith Wharton, el gran Graham Greene , Katherine Mansfield y el divertido Evelyn Waugh (que le debe, como he descubierto, muchos de sus hallazgos estilísticos y de humor). Como dice Martin Schifino en la introducción a su traducción de "Los políglotas" , Gerhardie es "un autor rescatado periódicamente del casi-olvido...lo que más sorprende no es la manera en que le rescata sino el hecho de que se olvide".

Mi lectura de "Los Políglotas" (aparecida en 1925) y más tarde de "Hecatombe" (ambas ejemplarmente editadas por Impedimenta) sólo confirma lo de los "alaridos" y también la sorpresa (y algo de indignación) de que este autor irónico, hábil, sutil e inteligente, no sea más conocido.

La fauna y flora que nos descubre Gerhardie entre la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, entre la nobleza que emigra con sus arcas bien nutridas, la falsa nobleza sin un duro, caballeros rijosos, estúpidos o pusilánimes, aventureros, la gama completa de neuróticos con cuello duro y pajarita, desternillantes erotómanos, militares con delirios de grandeza y sujetos afectos a pozos hipocondríacos sin fondo...todo servido con un estilo irónico, brillante, afectado en ocasiones, siempre paradójico. El autor nos hace distinguir y recordar a sus personajes gracias a tics psicológicos o verbales que operan como tarjetas de visita, usando el humor y las contradicciones como herramientas. Y así en ese mundo alfombrado y lujoso, con la debida desfachatez opera el protagonista y narrador George Hamlet Alexander Diabologh, un tipo fatuo e incomprensiblemente arrogante, con rincones escondidos de astucia y otras virtudes sociales, como la mordacidad y el sarcasmo.

No nos confundamos, la brillante apariencia de ligereza y frivolidad del estilo de Gerhardie, esconde como en Oscar Wilde, Waugh y Chesterton, una evidente vis dramática, una ironía impecable y una crítica social e histórica envuelta en guante de seda. El narrador, el citado supuesto petimetre Georges Hamlet Alexander Diabologh, es un joven militar inglés con aspiraciones literarias que viaja a Japón para conocer a unos familiares que abandonaron Bélgica durante la Primera Guerra Mundial y se refugiaron en Japón y Rusia. Son tiempos de la Revolución Rusa. Alta burguesía, anhelos aristocráticos, apariencias y rigidez en las formas. Pero los personajes van surgiendo como en un guiñol acompañado por un coro surrealista de gentes de la más variada condición que orbitan en torno a la familia. Todo ello forma un puzzle cómico-dramático, pintoresco y aleccionador, donde las piezas, aparentemente banales, conforman al final un retrato histórico social de una época que se resiste a ser engullida por el siglo XX.

Como aperitivo lean este párrafo (pág.318): "Las guerras, que son asuntos sumamente estúpidos, son dirigidas por gente estúpida (prueba de ello es que los más sabios se esfuerzan en detenerlas en cuanto pueden); y los hombres que de ordinario estarían en la sombra pasan a primer plano y organizan un llamado "servicio secreto", cuyos agentes se pasan el rato mandándose unos a otros información sobre todo tipo de individuos lunáticos e inocentones..." . Supongo que Le Carré debe ser uno de los lectores entusiastas de Gerhardie. Yo ya lo soy.

FICHA

LOS POLÍGLOTAS.- William Gerhardie.- Impedimenta. Madrid (2014) 384 págs. 22,75 €. Traducción y nota introductoria de Martín Schifino. ISBN:

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1 noviembre 2016 2 01 /11 /noviembre /2016 09:03
Los últimos días de Kant

"El asesinato considerado como una de las bellas artes", "Confesiones de un inglés comedor de opio" y "Suspiria de profundis" son algunas de las obras de Thomas de Quincey (1785-1859), escritor y periodista inglés que dedicó una pequeña narración, publicada originalmente en Blackwood's Magazine, a describir los últimos días de vida del filósofo alemán Emmanuel Kant, una de los más grandes pensadores de la historia de la filosofía (fallecido 23 años antes).

De Quincey narra la muerte del gran filósofo en poco más de 80 páginas en las que, sorprendentemente, tienen tanto o más importancia las notas a pie de página que unidas, llegan a sumar otras 30. Se basa en los supuestos testimonios de Wasianski, personaje real --teólogo, alumno y administrador de Kant -- que cuidó de los intereses y la persona de Kant en sus últimos tiempos. Fruto de esa relación fue la obra " Emmanuel Kant en sus últimos años de vida. Una aportación al conocimiento de su carácter y de su vida doméstica basada en el trato diario con él". (1804). Así De Quincey articula un texto en el que nos cuenta la vida cotidiana del filósofo a través de las palabras de Wasianski (convertido en personaje de ficción) y sus propias notas e intervenciones. Esta compleja estructura narrativa (está lejos de ser una biografía al uso) se desenvuelve ante el lector con notable claridad y, al parecer, es uno de los más bellos ejemplos del inglés literario del siglo XIX.

La narración se centra en los estragos que la edad causan en la estricta rutina cotidiana del filósofo y está llena de detalles curiosos y algunos decididamente morbosos, como las horas finales del filósofo moribundo y el atroz deterioro de sus facultades intelectivas. Entre los apuntes amables está el que se refiere a que sus conciudadanos de Könisberg solían ordenar algunas de sus actividades por la hora puntualísima en que Kant realizaba sus paseos, comidas o reuniones. La edición de Valdemar, traducción de José Rafael Hernández, incluye además de un esclarecedor prólogo del traductor dos anexos singulares, un anecdotario de Kant debido a testimonios reales de amigos y estudiosos y un curiosísimo estudio del cráneo del filósofo realizado por el Dr. Gottlieb Kelch en el que aplicando la "teoría cráneo encefálica" de Gall se nos explica la relación entre las protuberancias, surcos y características del cráneo con los elementos psicológicos que configuran la genialidad de Kant. Pleno de detalles curiosos y algunos decididamente morbosos, como las horas finales del filósofo moribundo y el atroz deterioro de sus facultades intelectivas.

Ver al autor de la "Crítica de la razón pura" reducido a un personaje surrealista, un anciano vulnerable pero con relámpagos breves pero intensos de genialidad, en manos de un criado zafio y abusón da un tono de amargura y tristeza a la imagen radiante que cualquier amante de la filosofía atesora. Aun así la obrita, de una rareza estimulante, tiene su propio valor literario (que no filosófico) que nos dice mucho de la compleja vida de De Quincey y su manera de percibir las cosas, contradictoria y chispeante.

FICHA

"LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EMMANUEL KANT.- Thomas de Quincey.- Trad. y prólogo de José Rafael Hernández.- Ed. Valdemar. 210 págs. 8 euros. ISBN 8477023271

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28 octubre 2016 5 28 /10 /octubre /2016 09:44
Los últimos días de AGM

Un libro rodeado de una polémica social, cultural y moral suele desnaturalizar su posible valía auténtica. Que, por supuesto, es la literaria. Por ello he procedido a leer la novela antes de entrar en la lectura de la polémica. Y, desde luego, me abstengo de unirme a ella. Me considero al margen de todos los mentideros y banderías literarias.

¿Cuáles son los hechos? La escritora Elvira Navarro publica la novela "Los últimos días de Adelaida García Morales. Usa datos e iconografía (fotos, portada del libro) que hablan más de una biografía que de una novela. Tras salir el libro en setiembre pasado, hay una furibunda e inmediata reacción del gran director de cine Víctor Erice, ex marido de Adelaida, la "protagonista" de la novela de Elvira Navarro, en forma de doble página de "El País". A partir de aquí se arma un belén prodigioso en prensa, radio, teles y, totalmente excesivo como es costumbre, en las redes sociales, con perfiles de acusaciones, condenas, ataques personales, y el etcétera habitual en ese ágora virtual que lo permite y encaja todo.

Elvira Navarro es una joven escritora que, a mi parecer, ha intentado algo confuso literaria y éticamente. El asunto -la existencia de esta novela- ha sido, simplemente, mal enfocado. Desde un punto de vista literario, promocional y lógico. Literario porque no era preciso inventarse detalles biográficos -entre otros reales o conocidos- de una persona real y titular la obra con el nombre y la fotografía de tal persona, la escritora Adelaida García y añadirle comentarios y referencias reales de terceros, habida cuenta de que la autora asegura el carácter de "ficción novelesca". Promocional por las contradicciones habidas por parte de Elvira Navarro y las frases y imágenes promocionales utilizadas. Y lógico porque parece básico que se debería haber dado conocimiento del proyecto literario a los familiares y particularmente al marido, Victor Erice, siquiera para confirmar algunos datos reales usados en la novela. Y, en segundo lugar, haber dado oportunidad a los mismos de opinar sobre el uso del nombre y la imagen de Adelaida en una supuesta "ficción" que a veces transita por senderos muy delicados y que podrían ser injuriosos (los "testimonios" de un personaje ficticio sobre los desvaríos psicóticos de la escritora y sus alucinaciones).

Pasemos al libro. Las 82 páginas de la novela - en un libro de 128 páginas-, se completan con un mal titulado "Epílogo" que es simplemente una cronología biográfica reiterativa, unos "testimonios" de entrevistas emitidas por la radio y una larguísima lista de "títulos publicados" por la Editorial, resultan sumamente insatisfactorias para mí. La novela sigue dos caminos argumentales, la narraciones en primera persona de una concejala municipal de Cultura de un pueblo sevillano a la que supuestamente acudió Adelaida en busca de ayuda económica (50 euros) para ir a Madrid a ver a su hijo y el segundo, la de una realizadora de documentales que pretende filmar uno sobre testimonios de tres personas que conocieron y trataron a la escritora. Curiosamente dos personajes que parecen cortados con parecido patrón psicológico aunque se trata de dos mujeres distintas con planteamientos existenciales semejantes, desde la indecisión al auto cuestionamiento interior.

No obstante hay cierta habilidad narrativa en esta, para mí, fallida novela y un lenguaje literario correcto. A pesar de las reiteraciones, de la escasa verosimilitud de los personajes del "documental" y del abuso de auto justificaciones de la autora que parece ser la primera en no estar muy segura de la pertinencia de lo que ha hecho tal como lo ha hecho.

FICHA

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE ADELAIDA GARCÍA MORALES.- Elvira Navarro.- Random House.-128 págs. 14,90 euros

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 08:05
RECUERDA QUE VAS A MORIR

A medio camino entre las prodigiosos libros de divulgación médica neurológica y cerebral de Oliver Sacks y el "Viaje en torno de mi cráneo" del escritor húngaro Frigyes Karinthy y mucho más cerca del honesto y valiente libro del neurocirujano británico Henry Marsh, su colega norteamericano, el joven Paul Kalanithi (murió de cáncer de pulmón a los 36 años) ha publicado un libro estremecedor que muestra la enfermedad desde los dos lados del problema, el paciente y el médico. En eso coincide con muchos de los volúmenes publicados por el gran Sacks y en el plano sufriente con el húngaro Karinthy; en cuanto a los detalles de la exigente y sufrida profesión médica de la neurocirugía con todos ellos.

Lo que añade elementos dramáticos profundos al presente libro es la evocación emotiva de la vida truncada en plena juventud de un neurocirujano brillante y los elementos familiares destruídos por la enhermedad y su súbito aunque esperado final trágico. Quizá el título sobreabunda en esos aspectos, aunque no deja de ser una cita clásica en latín y en algunos filósofos estoicos griegos y romanos. A pesar de ese detalle literario, el libro y su estilo, a menudo lírico y de una fría emotividad, no exagera aspectos melodramáticos, hay una emoción contenida y una constante invitación a gozar de la vida en la misma medida apasionada en que el autor contempla cómo se le escapa.

La formación literaria y filosófica complementaria del neurocirujano (aspecto tradicional éste en el mundo de muchos médicos) dan una pátina de calidad e inteligencia a las páginas deñl libro. Las citas poéticas son acertadas y los comentarios filosóficos emanan sin duda de una mente bien formada acostumbrada a la reflexión y el análisis existencial e íntimo. Además, el mensaje ,como cabe esperar de toda persona inteligente, abandona la erudición vanidosa en favor de la claridad y la sencillez más humilde. El mensaje es claro y se ajusta al carpe diem y al memento mori que desde Séneca, Epicteto, Epicuro, Sócrates o Montaigne y Wittgenstein se han preocupado por divulgar y aconsejar: vive plenamente el día presente porque no sabes si estarás vivo mañana.

Como nos recuerda varias veces Paul en su libro póstumo hay que vivir, sin agobiarse desde luego (por la simple aceptación de un hecho incontrovertible) la seguridad en el cumplimiento de la segunda ley de la termodinámica: todo orden tiende progresiva e imparablemente hacia la entropía, es decir el deterioro y la aniquilación. Y eso es aplicable desde la partícula más mínima de vida y energía hasta las estrellas. Y, nosotros, como sabemos, antes que Shakespeare lo formulara, no somos más que polvo de estrellas.

Pero mientras, Paul logra contagiarnos un optimismo y una cierta esperanza sobre el sentido de la vida y convierte su libro en una lectura recomendable no sólo para los enfermos de esa grave dolencia que puede anidar en cualquier parte de nuestro cuerpo, sino a los profesionales, medicos, enfermeras, que deberán atenderlos. Como decían los estoicos y los epicúreos, por quedarnos en los antiguos filósofos, la muerte es un elemento indisociable de la vida, hay que tenerla en cuenta sin miedo o amargura. Es un hecho natural con el que hay que contar sin que ello desequilibre nuestra vida cotidiana sino que, al contrario, le de más valor, belleza y alegría.

FICHA

RECUERDA QUE VAS A MORIR. VIVE.- Paul Kalanithi.- Trad. Santiago del Rey.- Ed. Seix Barral.- 218 págs. 18 euros. ISBN: 978843229497

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