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3 diciembre 2013 2 03 /12 /diciembre /2013 09:13

foto1bellmonte.JPG   

Una vez en el bello pueblo de Belmonte de San José, podemos dejar el coche en la parte exterior de la muralla virtual formada por las casas del pueblo y buscar los carteles que indican el comienzo del PR-TE 13, hacia el norte, justo junto al Puente de Miranda en el cauce del Mezquin. Se trata de un pequeño puente de piedra medieval que hemos de cruzar para coger el sendero que nos llevará al barranco Fondo. Es el nombre que recibe la garganta que el pequeño rio Mezquín (apenas 20 kms de recorrido hasta el Guadalope y de allí al Ebro) ha labrado en épocas más crecidas sobre las piedras de arenisca y  arcilla y los conglomerados calcáreos, creando un prodigioso paisaje, en ocasiones de un caprichoso aspecto onírico y salvaje. El lecho puede ser muy estrecho, donde las aguas son más profundas o amplio, con aguas rápidas y superficiales formando pequeñas cascadas, según el tipo de roca que le aprisiona. Es un cauce rodeado en muchos tramos con bosque de ribera, con una gran biodiversidad. Abundan los fresnos y también los chopos negros y por encima del cauce, almeces, nogales, cerezos, olmos, sauces, pinos carrascos y olivos silvestres. En los pinares de la zona superior, sotobosque mediterráneo, enebro, coscoja, romero, tomillo y sabinas). Seguiremos el sendero balizado como PR y cerraremos el circular volviendo a Belmonte por la ermita de San José, por el PR-TE 11. Se puede hacer el recorrido total en cuatro a cinco horas. O seis si hacemos paradas frecuentes para hacer fotos o reponer fuerzas. Vale la pena no tomárselo con prisas y disfrutar de los rincones idílicos que nos prodiga el Barranco Fondo.

 

 Iremos alternando el camino por el cauce con el paso por la zona superior, sobre el barranco, habremos de vadear varias veces el río, raramente crecido y usar escaleras de piedra, márgenes de roca seca, pasos protegidos por barandillas de pilotes de madera y alambrada, algun paso de soga, cable, cadena o peldaños de hierro, sin mucha complicación, como un elemento mas de diversión del camino. Las señales de seguimiento son abundantes y menudean los carteles informativos sobre el medio natural que visitamos.

Antes de llegar al comienzo del Barranco pasamos por el Refugio, que es de propiedad privada y sólo abre a petición (el encargado es Daniel y se contacta con él en el pueblo) y de nuevo pasamos a la margen izquierda del rio por donde discurre el encajonado cauce, donde vamos encontrándonos con cascadas pequeñas y pozas según el nivel del agua (generalmente escaso). Lo mas notable es que bajo las paredes extraplomadas del conglomerado rocoso abundan las parideras, refugios y corrales, con muros de piedra seca y puertas de madera, limitando el espacio cerrado por la roca. También ha habido molinos, y azudes en el curso del Mezquín por el Barranco.

    El camino, a pesar de la mano del hombre que ha facilitado su acceso, tiene un aire salvaje y solitario, en el que solo se escuchan los pájaros y el rumor del viento entre los fresnos y los chopos.  

Dejamos la fuente de la Carrasca  a la derecha y seguimos por el sendero por unas piedras cuyo resbaladizo piso podemos cruzar gracias a unos cables tendidos como barandilla y a unas cercas de madera. Un cartel nos anuncia  el tipo de fauna que podriamos encontrar, con suerte, zorroos, ardillas, tejones o jabalíes. foto-8.Bellm.JPG 

Tal vez los grandes doseles de piedra y los refugios adosados bajo ellos sea lo más caracteristico de este bello y largo recorrido por el fondo y los bordes superiores del cañón. Un par de esas cuevas, como la Taulera  y la del Pastor, están preparadas como auténticos hogares  de campo, con espacios compartimentados, con muretes de piedra  y puertas de madera. Más o menos en dos horas y pico llegamos al Molino del Sicar, que estaba servido de agua por un airoso acueducto en ruinas que está a su vera. Es el final del tramo del Barranco Fondo que hemos de recorrer y comenzamos la subida, por un lecho de arenisca roja entre rocas grises, hasta una pìsta donde encontramos unas flechas de dirección en madera.

    foto9-ballm.JPG

Al norte dejamos La Codoñera, cuyo caserío vemos desde la pista y le damos la espalda siguiendo por la pista hacia el este que nos llevará hasta otra pista más ancha que es el PR-TE 11 y sin dejarla hacia la ermita de San José. Se trata de un largo tramo de mas de dos horas por pista entre campos de cultivo de cereal, almendros y olivares. Es un recorrido agradable y fácil (si no lo haces en pleno verano). En su transcurso nos cruzamos con curiosos monolitos redondeados de piedra con final en punta y con una especie de columna votiva, con un altarcito  en el extremo superior. En él a través de los barrotes se distingue una escena insólita: unos cuerpos ensangrentados de tres hombres en el suelo y una leyenda: "Aqui murieron alevosamente Francisco Bayot y sus dos hijos, Pedro y Sebastiián. 11/3/1879". Me quedo sobrecogido y respetuosamente les deseo la paz y sigo el camino. Cuando ya llegamos al promontorio montañoso donde se enclava la ermita, dejamos la pista y cogemos un sendero que sube fuertemente hacia  San José. Paramos primero en el Mirador de la Predicadora y tras contemplar las magnificas vistas sobre el valle del Mezquin y las tierras de La Codoñera, hacemos un último esfuerzo para llegar hasta la Ermita. Se trata de un edificio del Siglo XVII, con aire más civil que religioso, de mampostería y cantería. Tiene una nave con bóveda de medio cañón, testero recto y decoració mural del s. XIX. Son muy interesantes las baldosas formando mosaicos votivos y oraciones en las paredes de la entrada. Desde el amplio mirador de la ermita se contempla el pueblo de Belmonte rodeado de campos de olivos y de sembrado y la Sierra de Ginebrosa y la llanura hasta Alcañiz. 

Tras un buen descanso --el entorno del santuario está preparado como lugar de solaz y recreativo--, bajamos la carretera unos 200 metros y cogemos un sendero a mano derecha que nos lleva en fuerte bajada de trocha hasta el valle. Una vez en él se sigue una pista en dirección sur, pasamos una pequeña ermita y a la derecha bajamos al barranco del Mezquin , a los pies de núcleo medieval del pueblo. 

 

 

 

 

MONTEBELLO

 

Como su propio nombre indica, Belmonte, Montebello (a 661 m de altitut), se trata de uno de los pueblos más recoletos y encantadores de una zona, el Bajo Aragón, rica en esos rincones donde el tiempo parece haberse condensado en la piedra milenaria de las murallas urbanizadas, el sosiego de las calles silenciosas o la naturaleza de olivos secretos y sembrados pacíficos junto a pequeños pueblos blancos, encerrados en sí mismos, rodeando la torre de la iglesia, como rebaños  a su pastor. Toma el posesivo del nombre, "de San José"  desde 1979, en honor de la ermita que hay en las afueras del pueblo, cuyos habitantes aun conservan algunas de las cinco puertas de la población. Esta debe su carta Puebla a los Calatravos (año 1232) y es un pueblo que se ha empeñado a través del paso de los siglos en mantener el aire medieval de sus calles y el de las numerosas ermitas que la circundan. La carta de Población fue otorgada por el rey Jaime I. Es la villa que domina la cuenca del rio Mezquin 

 

NO SE PIERDAN

 

Un largo paseo por las calles medievales. También visiten el Ayuntamiento, edificio porticado del siglo XVI,  al que se accede a través de una lonja. En los bajos, una cárcel de la época, el ambiente siniestro, con un reo encademado dibujado en cartón y un grillete enmohecido. Frente al Ayuntamiento, la iglesia parroquial del Salvador (siglo XVIII). El párroco. que vive en una casita cercana se la enseñará, encantado, o puede delegar en Gloria, la propietaria de la tienda y panadería del pueblo, que me la enseñó a mí. Es de estilo barroco pilarista, con una amplia torre campanario. El interior fue devastado  durante la guerra incivil que por estos lares tuvo sonados y sangrientos episodios. El magnífico órgano del siglo XVIII, fue salvado in extremis por los vecinos y está siendo restaurado.  Visiten también la Nevera, una joya arquitectónica de ocho metros de diametro y nueve de altura, del siglo XVI. Y la calle Vicaría, una calle eclsiástica donde las haya o la casa Solá, majestuoso edificio de estilo aragonés. Hay siete  ermitas, entre ellas la citada de de San José con una vista espectacular, la del Calvario (s.XVIII) o la de Santa Bárbara (s.XVI).

 

MAPAS

 

Una visita a Serret de Vallderrobres, les proporcionará mapas del Servicio nacional Topográfico de la zona (MTN50, 495, Castelseras) y los correspondientes en 1:25.000. Pero también serán de gran ayuda los volúmenes dedicados al Bajo Aragón (Red natural del Aragón) o Rutas por el Bajo Aragón, editados por Prames y el Gobierno de Aragón.

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1 diciembre 2013 7 01 /12 /diciembre /2013 08:58

el-artista-y-la-modelo-cartel-1.jpg

 Un magnífico blanco y negro engalana una película intimista y morosa que Fernando Trueba propone como una reflexión sobre un escultor ya anciano que busca la inspiración y la encuentra en una joven huida de los campos de concentración de los españoles en el sur de Francia, cuando Franco ya ejerce su poder nefasto en la España que trata de superar el fin de la guerra civil. Con un veterano Jean Rochefort como el artista que ha perdido el dominio de "la idea", la fuerza creativa que se empeña obsesivamente en encontrar la belleza, la película es una pequeña joya tan imperfecta como la lucha del artista por lograr un atisbo que le acerque a lo inconcebible, la fuerza y el encanto de lo natural.

Lenta, reiterativa, a veces somnolienta y a veces absurdamente discursiva, en una visión distinta a la que nos ofrecía "Renoir" la pelicula francesa comentada hace unos días en esta misma página, pese a que en esencia se trata de lo mismo, el artista ya en el último estadio de su vida que encuentra el pequeño y leve respiro de la inspiración representada en una bella modelo. Aquí también importa, sobre todas las cosas, la experiencia artística, la realización de la obra. Pero Trueba también se pierde en los detalles accesorios. Quizá sea porque es imposible mostrar el ejercicio del arte, pintura, escultura, literatura, en sí mismo. El acto creativo, ese fulgor de Dios en las manos del hombre, es inasible, no se puede relatar.

Y Trueba acude a Claudia Cardinale para dar  la réplica y la protección sentimental al viejo Rochefort, enfrentado a la belleza juvenil de Aida Folch, que compone un papel de campesina-partisana que no acaba de convencer y que se descompone cada vez que rie a carcajadas. Para reordenar el pastel, Chus Lampreave haciendo de sí misma, con unas gafas que le dan un aspecto de personaje de cómic surrealista. A pesar de todo esto, "El artista y la modelo" es una película que se ve con agrado, en la que quizá suene a exceso el final, cuando no se nos han dado suficientes datos para conocer el talante del artista y mucho menos para ahondar en los personajes secundarios. Un guión demasiado ambicioso que no casa bien con el tratamiento de la película y sus aparentes objetivos artísticos (cosa que sí logra "Renoir"). Pero el resultado no decepciona, siquiera sea por el mimo y la sensualidad que respira la imagen de la cámara paseándose reflexiva por el cuerpo juvenil de la mujer y por las miradas cargadas de sentido y poder del escultor. La percepción de la belleza, tan jugosamente mostrada en las primeras secuencias de la película, durante el paseo del artista por la montaña, se explicita en el cuerpo de la modelo y la interacción de ese cuerpo --no de la actriz-- con la mirada del escultor. Por eso, a mi entender, es una película frustrada en su ambición, una historia mínima que pierde en el camino toda la trascendencia filosófica y artística que podía haber tenido.

 

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30 noviembre 2013 6 30 /11 /noviembre /2013 17:08

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Bueno, no se me escandalicen. "Nuevas maneras de matar a tu madre" no es lo que parece. Colm Tóibin es un excelente escritor, un ensayista notable y ha escogido un tema de análisis y reflexión algo concurrido en la ensayística actual: los problemas y dificultades en las relaciones familiares e íntimas de muchos escritores. Una especie de "Hola" de la alta literatura. Así que nada --o poco-- de madres vampíricas y castradoras que ejercen su deleznable función en las almas atormentadas de sus retoños literatos. Y Tóibin tampoco nos habla de las nuevas maneras de matar a tu propia madre, o al padre (es un lugar común del psicoanálisis: debes "matar" al padre para crecer como adulto, es decir superar la autoridad y el simbolo paterno) sino que se limita a apuntar en el primer capítulo la curiosa tendencia de ciertas novelas de los siglos XVIII y XIX  (Austen, James) a eliminar del argumento a las madres de las protagonistas para así resaltar la indefensión y vulnerabilidad de las heroínas, que deben sacar fuerzas de flaqueza y buscarse la vida, el marido o la fortuna sin la protección materna. Tóibin es, no cabe duda, un astuto vendedor de libros. El título es engañoso pero eficaz.

Pero volvamos a este feliz encuentro entre la obra y las miserias de la  propia vida en muchos escritores, editada por Lumen y traducida por Patricia Antón de Vez. Empecemos diciendo que no hay muchas novedades, la mayoría de los dislates biográficos de Thomas Mann, la homosexualidad reprimida de John Cheever, los problemas de Jane Austen o de Henry James,  los de Beckett con su mamá o los de Yeats con su papá, los fantasmas de Borges o el pequeño ensayo sobre Baldwin y Obama como seres en los que el padre es una presencia ausente. Todos ellos son temas íntimos de los que teníamos alguna noción, pero resulta interesante leerlos reunidos y disfrutar de alguna nueva aportación o, incluso, de reflexiones que el autor,Tóibin, se saca de su caletre de escritor y nos ofrece condimentada con guindas freudianas y psicoanalíticas demasiado obvias y no necesariamente verosímiles.

Hay, eso sí, un excelente --y a veces rozando el tedio-- aporte de documentación que nos abruma, pero redunda en beneficio de la credibilidad del esfuerzo de Toibín, con lo que la comparación con el "Hola" se me antoja un poco excesiva e injusta. El escritor nos presenta en una primera parte los miembros y figuras de la literatura irlandesa aquejados por las dificultades emotivas familiares y en la segunda, algunos representantes de la literatura universal, reafirmando aquella frase ingeniosa de Tolstoi que afirmaba "todas las familias felices se parecen y las desgraciadas lo son cada una a su manera". Y esa manera de desgracia distinta de las familias de los biografiados es, justamente, la fuente de donde manan mucha de las grandes obras de la literatura universal, solo cabe recordar a Kafka, Lowry, Joyce o  Proust. En realidad la vecindad entre el genio  literario y el sufrimiento ocasionado por la vida íntima desequilibrada de esas personas, está en curiosa relación directamente proporcional.

Los demonios titulares, los fantasmas familiares de muchos escritores merecen el esfuerzo que les dedica Toibin y uno echa en falta muchísimos más ejemplos. Cuatrocientas páginas repletas de amores frustrados, rarezas de comportamiento, abusos sexuales familiares, envidias, odios y traiciones, enfermedades psicosomáticas, drogas y bebida hasta enloquecer, pura y simple patología mental, no es mas que una pequeña muestra de ese mundo oscuro que se esconde en el armario cuando hablamos de muchas de esas grandes y desdichadas figuras.

Y dice Toibín, "Ellos son como todos nosotros" y tiene razón. Conozco pocos escritores felices y totalmente equilibrados. Hace unos años se publicó un excelente ensayo sobre la relación entre el genio literario y la locura. Cabría añadir entre la locura potencial y cualquier ser humano de esta sociedad disgregadora del siglo XXI. Conocer las debilidades biográficas de algunos grandes maestros los humaniza y nos hace valorar con distinta visión sus obras. Por ejemplo, saber los desastres de la familia de Thomas Mann, no mejora la obra del gran escritor alemán pero nos hace entender mejor a muchos de sus personajes y nos hace compadecer al genio literario que engendró semejante familia de personas atormentadas.

Una nota más: Colm Tóibin, un irlandés con cara de bull-dog y gran sensibilidad e inteligencia críticas, fue profesor de inglés en Barcelona, donde vive cuando no lo hace en su país natal. Entre sus obras está "El amor en tiempos oscuros" donde comenzó en esta senda de biografiar los famntasmas familiares e íntimos de escritores conocidos (Wilde, Mann o Baldwin) o "El maestro" sobre Henry James. En narrativa, publicó  "El Sur" sobre nuestra guerra civil y "Brooklyn".

 

 

FICHA

 

NUEVAS MANERAS DE MATAR A TU MADRE.- Colm Tóibin.-Ed. Lumen. Traducción dePatricia Antón de Vez.- 410 págs. 22,90 euros.

 

 

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29 noviembre 2013 5 29 /11 /noviembre /2013 15:10

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Se trata de uno de los mayores especialistas en els Ports, esa cadena montañesa, arriscada y sorprendente, nido de maravillas escondidas en un entorno grandioso de valles ocultos, cumbres, precipicios y hondonadas, rios y riachuelos que diseñan parajes llenos de magia y encanto, paredes inexpugnables, árboles fascinantes, fauna y flora de paraíso terrenal...y todo ello a menos de una hora de los núcleos habitados, Beceite, Horta de San Juan, Alfara de Carles, Arnes. De su autor, Vicent Pellicer, amo su estilo de rasgos poéticos, su prosa florida, la erudición naturalista, su sensibilidad fotográfica. He leído y seguido, con fe de discípulo, sus libros sobre senderismo y montañismo publicados por Cossetània (que suelo recomendar en mis páginas de senderismo) todos con el epicentro en los Ports y las Tierras del Ebro. Y he leído con placer sus libros de poemas y relatos. Vicent pertenece a esa hermandad que  afronta la existencia "solvitur ambulando", es decir, casi todos los problemas puedes minimizarse mientras se pasea, se camina, se hermana uno con la naturaleza. Ahora aún estoy bajo la impresión estética de su último libro "El massís del Port", ilustrado con fotografías suyas, donde Vicent recopila las imágenes, sensaciones y experiencias de muchas décadas de caminata y exploración por la ilustre cadena montañosa. "Belleza insólita" subtitula Pellicer (nacido en Valdeagorfa en 1956) este libro magnífico. Y realmente es insólito el atractivo. casi de otras épocas, de esa naturaleza que Vicent nos muestra con artística vehemencia. Pero también es insólito el amor y el respeto que refleja --y promueve-- este autor por la Naturaleza y su preservación. Para todos cuantos aman el noble deporte del caminar y subir montañas, "El massís del Port" es un libro indispensable para enriquecer el imaginario senderista en una de las zonas más bellas y poco conocidas de este país.

 

FICHA:

EL MASSÍS DEL PORT.-Vicent Pellicer.-Ed. Cossetània.-224 páginas. 155 fotografías. 24x32,5 cm. 38 euros

 

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28 noviembre 2013 4 28 /11 /noviembre /2013 10:30

     Renoir-374341138-main.jpg

Película francesa de excelente factura visual y  puesta en escena, aunque algo menos notable guión y tratamiento histórico y documental. Se trata de los últimos tiempos de la vida ensimismada de un grande de la pintura, Auguste Renoir. La crónica de ese tiempo final, con los achaques físicos dolorosos del gran pintor y su relación con sus hijos y con una joven modelo pelirroja, pero sobre todo con su propia obra esplendorosa a pesar del declive físico, tiene momentos brillantes y otros cogidos por los pelos de la oportunidad. La fuerza del anciano Renoir (prodigioso Michel Bouquet), su lucidez y su sensualidad quedan suficientemente explícitos incluso en los trazos enérgicos y eficaces de sus pinceles, a pesar de que éstos están atados a sus manos, deformadas por la artritis que le produce fuertes dolores y le condena a una silla de ruedas. Quizá flaquea la película en esos dos elementos que distraen la atención y la dinámica artística del pintor: su hijo Jean (el futuro director de cine) interpretado con bastante convicción por Vincent Rottiers y la joven Christa Theret, la atractiva modelo que encandila al padre y al hijo por igual, aunque como es lógico dada la avanzada edad y estado del pintor, es el hijo quien más se acerca a ella. Pero tanto la relación de Jean con su augusto padre como la que mantiene con Andréé y la del pintor con las mujeres de la familia y con su otro hijo, un salvaje adolescente que no logra superar la poca simpatía de su papel, se perfilan demasiado como un relleno, no innecesario, pero no muy bien resuelto. Sobresaliente, sin duda, las etéreas secuencias del rincón de la Provenza donde el pintor tiene su hogar y su estudio y la morosidad poética de una cámara que acaricia  a quien o lo que muestra (quizá intentando rivalizar con la pintura de Renoir).

El director Gilles Bourdois logra mostrar una película bella visualmente pero flojea en la presentación y tratamiento de los personajes y en la dinámica de la acción (casi inexistente). Pero, en definitiva, lo que vale es la suma de momentos mágicos que imprega la película (la mirada casi infantil, aunque sabia y sensual, de Renoir paseandose por el cuerpo de la muchacha, la que intercambia con su hijo cuando se siente morir, o el gesto de la chica al abrazar a un anciano magnífico que está llegando a la muerte) y algunas frases del pintor que resumen en pocas palabras el genuino sabor de la genialidad; "me he pasado toda la vida tratando de pintar como un niño, sin pensar en nada, dejándome ir" o ante su hijo, que trata de consolarle en el dolor, "el sufrimiento pasa, la belleza permanece".

 

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26 noviembre 2013 2 26 /11 /noviembre /2013 08:15

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Álex de la Iglesia es un director de comedias donde reina la astracanada, el esperpento, el exceso del feísmo y la gamberrada fílmica, pero también el humor fresco y desmesurado, la filmación impecable, la diversión asegurada y la sorpresa jocosa, irreverente y maliciosa (de buena ley). Desde "El día de la bestia" donde Alex nos lleva a la presencia del Diablo, hasta "La Comunidad" donde la desmesura casi valleinclanesca se ceba en una comunidad de vecinos o "Crimen ferpecto" una vuelta de tuerca gamberra a este motivo central del cine: el crimen ferpecto, en lugar de perfecto, ya nos hace ver el desvío del clásico de Hitchcock y, por supuesto, "Balada triste de trompeta" una incursión en el tema de nuestra guerra civil desde el punto de vista esperpéntico de los trabajadores de un circo, el gran Álex nos ha obsequiado con historias abracadabrantes en las que, ojo, siempre, hay más de media docena de secuencias admirables desde un punto de vista cinematográfico.

De la Iglesia es, como su compañero de apellido (no se si hay alguna relación familiar entre ellos dos) Álvaro de la Iglesia, escritor de humor del pasado siglo y director de "La Codorniz" ("la revista de humor más audaz para el lector más inteligente") muerto en el ochenta y pocos, con casi un centenar de obras de desgarrada guasa que fueron muy populares en la España de entonces. Ambos personajes unidos por la Iglesia (apellido, no institución) son amigos del chascarrillo de tono fuerte, la irreverencia, el chiste ingenioso, los juegos de palabras y la visión de ideas, creencias y conceptos religiosos, politicos y sociales desde un punto de vista critico demoledor suavizado, o no, por el humor.

En la película que comentamos Alex nos mete en el mundo de la brujería, concretamente de las brujas de Zugarramurdi y para ello se rodea de todos los actores y actrices de nuestro elenco nacional y nos brinda una historia decabellada y surrealista con un dominio de la cámara, el tempo narrativo, la tensión y el humor de lo más bestia, que nos hace pensar en un Tarantino a la española, mas limitadito de medios pero con igual sentido gamberro y cinéfilo del cine. Con un comienzo espectacular que nos deja clavados a la butaca y suscita risas y carcajadas por las animaladas que contemplamos, la historia sigue a buen ritmo sin olvidar amenizarla con detalles truculentos y de un "gore" exagerado que suena a barrabasada sin más.

Desde ese comienzo brillante, un asalto a una casa de empeños de oro en plena Puerta del Sol madrileña, llevado a cabo por un grupo de "estatuas vivientes", un Cristo plateado con su cruz, un soldado verde, Bob Esponja, el hombre invisible y dos personajes de Disney, y la persecucion por la policía de los atracadores huidos en un taxi, hasta la entrada de éstos en la mansión de la brujas, la película es sorprendente y fascinante. Pero a partir del momento en que la trama da entrada a las brujas, la cosa se va haciendo más y más lenta, oscura, caprichosa y reiterativa, hasta desembocar en un final flojísimo y previsible.

Con un tono exagerado de misoginia y homofobia por las dos partes en eterno conflicto, los chistes, las frases ingeniosas y las referencias tronchantes, la película mantiene, a pesar de su caida de interés y exceso de metraje, un tono general bastante alto hasta el citado final, donde ya la acción se vuelve plomiza y se desmelena del todo en las  secuencias del aquelarre final (diez minutos menos de aquelarre hubiese mejorado el equilibrio). Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, terele Pávez, Santiagpo Segura, Carlos Areces y el niño Gabiel Delgado, integran un elenco de competencia sobrada.

Película pues para disfrutar del cine y el sentido de la comedia bestia de un director jovial, inteligente y creativo que, con la excusa de la carcajada, va soltando de vez en cuando verdades como puños y directos a la mandíbula de una sociedad --y una suciedad -- que nos rodea y con la que no nos queda más remedio que transigir. 

 

 

 

 

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25 noviembre 2013 1 25 /11 /noviembre /2013 08:27
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    Ustedes conocen sin duda aquellos versos del Eclesiastés que dicen: "Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el cielo..." Luego habla de un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; etc...para acabar diciendo ..."un tiempo para callar y un tiempo para hablar". Pues Patrick Leigh Fermor ha usado estas palabras bíblicas para titular su libro y delimitar el aura temática que lo va a encuadrar.  El célebre viajero inglés, austero, cultivado e inteligente, nos viene a decir que es preciso el silencio, el callar, para encontrar la palabra debida, la palabra correcta que nace de la soledad y el retiro. ¿Y qué mejor lugar para ello que los monasterios. Y así nace "Tiempo de callar" magníficamente traducido y prologado por Dolores Payá para editorial Elba. Leigt nos habla de cuatro retiros suyos en los años cincuenta del pasado siglo por cuatro
cenobios magníficos, "Saint Wandrille" una de las abadías más antiguas y bellas de Francia", como él mismo dice, la abadía de Solesnes y la Gran Trapa, para redondear el librito con una estancia en los monasterios rocosos de la Capadocia griega. Escrito por un hombre sin creencias religiosas (pero sí espirituales), profundamente respetuoso y atento a las actividades de los monjes y al maravilloso entorno  en el que viven, donde el tiempo y espacio toman unas dimensiones inconcebibles para quien no las haya vivido alguna vez y las compare con la vida ordinaria que todos llevamos. Hasta llegar, con el tiempo, a una misteriosa serenidad y aceptación: "Cada día es semejante al anterior, cada año igual al precedente, y así hasta la muerte..."
No se trata de una obra religiosa, ni mucho menos, ni siquiera de una obra mística o laudatoria, hay una austera admiración de Leigth haciu una forma de vida que no puede compartir pero que le atrae por su desafío y su rectitud. Y valora su experiencias: "fue importante descubrir mi aptitud para la soledad...para el orden y la claridad de espiritu que acompañan la monástica vida de silencio... En la reclusión en una celda, las turbulentas aguas de la mente se apaciguan y clarifican...y se alcanza un estado de paz inconcebible en el mundo ordinario" (pág.38).  La atractiva personalidad de este escritor viajero, poeta itinerante que escribió "El tiempo de ,los regalos" un relato de un viaje a pie desde Holanda a Constantinopla, los "Viajes por el sur del Peloponeso", "Tres cartas desde los Andes" y "Noumede, Viaje por el norte de Grecia", queda de manifiesto en el chispeante y entusiasta prólogo de Dolores Payá que no oculta su admiración por este escritor atípico que atravesó a nado el Helesponto rememorando a Lord Byron, sólo que con sesenta años más. En julio de 2011 falleció, nonagenario, Patrick Leigh Fermor.
 
FICHA
"Un tiempo para callar".- Patrick Leigh Fermor.- Trad.Dolores Payá.-Ed.Elba.142 págs. 16 euros.

 

 

       
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22 noviembre 2013 5 22 /11 /noviembre /2013 08:10

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No conocía a Eugene Field (1850-1895) y tampoco había leido nada sobre él o sobre su obra. Al aparecer bajo el sello de Editorial Periférica "Los amores de un bibliómano" busqué datos sobre él, casi inexistentes, excepto en inglés (en Estados Unidos es conocido y estudiado). Me llamó la atención su corta vida (al parecer era una persona enfermiza desde niño) por cierto muy bien aprovechada (ocho hijos y varios libros de poesía, infantiles y relatos --entre ellos uno muy célebre entre los aficionados a los relatos de terror sobre el Hombre Lobo--) circulando cómodamente entre el mundo periodístico --donde fue muy popular una columna humorística que escribía en un gran diario-- y el literario. Y en cuanto al libro, aparte de la deliciosa portada de Periférica, me atrajo el hecho de que fuera considerado el germen de aquellas dos delicias de Christopher Morley, "La librería ambulante" y "La librería encantada" de las que ya hablamos aquí en otra ocasión y el más lamentable de que "Los amores de un blibliómano" fuese un libro póstumo con un postfacio de su hermano donde nos cuenta algunas peculiaridades de este autor que, además, era una buena persona con sólidos valores éticos y un talante amistoso y encantador (cosa que se trasluce en sus intervenciones personales en el libro que nos ocupa).

Con cierto candor (ay, tan desusado en estos tiempos) nos aclara nada más comenzar el libro que no se trata de los amores femeninos de los que nos va a hablar sino de sus amores irreprimibles por los libros. Muy bien traducido por Angeles Santos, con un desarrollo un tanto caótico y reiterativo, el libro deja evidente su carácter póstumo, ya que un cierto desaliño en la coherencia del relato hace pensar en que quedó pendiente una reforma del texto por el autor. Se articula como si fueran  artículos o comentarios literarios, a veces claramente biográficos y personales, siempre en torno  al amor, a veces obsesivo, por los libros, todo ello rodeado de un suave, blanco, inocentón sentido del humor en el que despunta algún guiño malicioso o picaresco y comentarios que dan cuenta de la religiosidad del escritor.

Hay más inteligencia que apabullante erudición en estas páginas (gracias a los dioses) y uno disfruta acompañando al autor en su viaje por la bibliomanía, aunque muchos de sus comentarios son irrelevantes para un lector español y algunas de las obras citadas rozan más las pasiones del coleccionista bibliófilo que las de lector. Da igual que no conozcamos --ni nos interesen-- muchos de los autores y obras citadas, es tal el encanto y el amor a los libros desplegados, que uno devora las páginas como un postre.

Ensayo ligero, aunque no banal, hay en muchas de sus páginas un generoso y vivificante cántico a los libros como compañeros vitales, consuelo en momentos amargos, alegre diversión y toda esa casuística que encanta a los "lletraferits" de todo el mundo. No olvida a libreros y editores, ni a ilustradores y nos habla de algo que conocemos, y añoramos, el olor inolvidable de los libros (preferentemente los antiguos) y la sensualidad del tacto de encuadernaciones y papel. De ahí el titulo ambivalente qiue puso Field a su libro, en cuanto sujetos-objetos de amor. Una leve misoginia que suena obsoleta impregna esas comparaciones y el tópico "rechazo" de las esposas a los libros como "rivales" en el amor del marido. Pero hay que recordar que es un hombre del siglo XIX el que escribe y sustenta opiniones y creencias que eran moneda común y de curso legal en la sociedad de su época.

¿Qué diría Field de nuestra época de crisis libresca cuando él había escrito que los libros serán eternos, ya que "dentro de mil años, serán lo que son hoy, dirán las mismas palabras, expresarán la misma alegría, la misma promesa, el mismo consuelo; siempre constantes, rien con los que rien y lloran con los que lloran" (pág. 14). Poco más de un siglo separa la publicación de estas líneas y los tiempos actuales, en los que el ebook es a los libros lo que la música militar es a Mozart, el café instantáneo al café moka o la pornografía  al amor.

A partir de esto, piense el lector que pasará unas horas deliciosas--pocas, es un libro corto, 205 páginas-- conociendo la influencia de la inteligencia de los escritores en sus calvicies, el lujo de leer en la cama, los libros adorados por el autor, desde Boccacio, a Cervantes, Villon, Cicerón o Plinio, o Defoe y Herodoto, la existencia del "bacillus librorum", los ex-libris, la relación de sus dos grandes amores juveniles con dos libros. Además, disfrutará del encanto de delicisos panegíricos propios y ajenos, que dedica a los libros, como: " Risa para mis momentos más alegres, distracción para mis preocupaciones, lágrimas para mis penas, consejo para mis dudas y seguridad contra mis miedos. Todo eso me dan mis libros, con prontitud, certeza y alegría..." (pág 81). 

Y una curiosidad espigada en la página 154 de este delicioso librito: "Alonso de Aragón solía decir, en elogio de la vejez, que la ancianidad le parecía preferible en cuatro cosas: la madera vieja para quemar, el vino viejo para beber, los viejos amigos para confiar y los viejos autores para leer".

 

FICHA

Los amores de un blibliómano.-Eugene Field. Periférica. Traducción:Ángeles de los Santos. 205 págs.17,50 euros-

 

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20 noviembre 2013 3 20 /11 /noviembre /2013 16:16

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Magnífico thriller psicológico australiano interpretado por el siempre solvente y aparentemente torturado Willem Dafoe. Se trata de una película muy digna inmersa en el género de denuncia ecologista. La cosa va del extinto Tigre de Tasmania o Demonio de Tasmania, un animal ya mítico que es una especie de cruce de carcaterísticas entre un gato y un perro salvajes, un depredador ya extinguido hace siglos pero que aún pervive en las leyendas y los mitos de remotas zonas de la isla de Tasmania.

Defoe es un cazador profesional a sueldo de una gran corporación de experimentación biológica. Debe encontrar los rastros de una pista sobre un supuesto espécimen que se encuentra en las selvas de ese remoto lugar. A partir de ese momento las complicaciones entorpecen el idílico y bellísimo recorrer selvático del cazador, bajo los rasgos austeros y de una severa dignidad del actor. La viuda y los dos hijos del científico ecologista que encontró el rastro (muerto y desaparecido en extrañas circunstancias) aportan el elemento sentimemntal y emotico a la historia. Cazadores rivales también a sueldo, los pobladores de la zona que mantiene una actitud agresiva hacia los ecologistas porque les impiden la explotación de los arboles de la zona y un entramado conspirativo en el que está implicado también el segundo gran actor de la película, Sam Neil, llevan hasta un climax de thriller violento que tendrá un trágico final para la joven viuda y un compromiso emocional para Dafoe en la persona del niño que ha perdido a sus padres y su hermana en la rivalidad por encontrar al ejemplar del animal ya casi desaparecido al que se pretende clonar.

A destacar la delicada química entre el niño casi autista que tiene una extraña habilidad para empatizar con la tierra donde vive y sus animales y el cazador solitario y hosco.

Buena película que, por razones incomprensibles, seguramente pasará directamente al mercado del dvd sin pasar por salas. Con sus defectos y sus simplicidades argumentales (esta basada en una novela de la escritora australiana Julia Leigh, que no he leido y por tanto ignoro el portecntaje de culpa que ésta tiene en la trama que nos ofrece la película) la cinta merecería mejor suerte.

Dirige Daniel Nettheim que reúne al citado Defoe,  a  Sam Neill y a la siempre ajustada y creíble Frances O'Connor como tripleto protagonista. El niño Sullivan Stapleton está muy bien en su duro papel y me recuerda al niño que dio la réplica a Nicholson en "El Resplandor" de Kubrick.

 

 

 

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19 noviembre 2013 2 19 /11 /noviembre /2013 08:55

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TRAVESÍA FÁCIL Y HERMOSA DE CUATRO DÍAS EN TOTAL, DE UNOS SETENTA KMS, REALIZADA EN CERCA DE 24 HORAS REPARTIDAS EN CUATRO ETAPAS

 

 

En este segundo reportaje, repasaremos las tres etapas siguientes del circuito del Brogit de la Vall, que fueron sustancialmente más cortas pero amenizadas por lluvias, vientos y algo de frío y sobre todo con el hallazgo casual de un refugio de montaña fuera de lo previsible y lo acostumbrado, uno de esos regalos que el senderismo guarda a sus adeptos.

Como recordarán dejamos el último reportaje en Farena, donde descansamos de una larga y muy variada excursión. Al dia siguiente subimos nuevamente hacia La Riba, unos 15 kms, con un desnivel de subida de 650m  y uno de bajada de 1340 m. La siguiente etapa fue de La Riba a Mont-Ral, una de las más bellas. Y finalizamos de Mont Ral a Capafonts, de sólo 12 kms, que un despiste en els Mollats convirtió en 14.

La etapa de La Riba, tras una noche agradable en Farena con Michel, el guarda (y también profesor de niños discapacitados), comienza muy de mañana, aún oscuro, y amenaza lluvia. En principio subimos entre llovizna por un sendero que va a La Bartra, antiguo camino vecinal que aun conserva su empedrado. Subimos a un collado que separa las vertientes del rio Brugent y el valle del rio Sec. pasaremos cerca de una serie de Masías, cruzamos el rio Sec que hace justicia a su nombre y caminamos un rato por la pista de la Bartra entre un bosque de encinas. La Bartra es una simple agrupación de casas, con una fuente y una balsa y un sosiego enorme.

Seguimos subiendo por la pista y cogemos a la izquierda un sendero que va a Rojals. Encontramos las señales del GR 171 cerca del barranco de Bernat Sec y lo seguimos,  ya sin dejarlo hasta llegar a Rojals. Antes pasaremos por la carretera TV-7044 y la seguiremos en dirección a La Riba, dejando a la izquierda el pueblo de Pinetell. En una curva fuerte encontramos una pista delimitada por muretes de piedra seca, antiguo camino de La Riba. Seguimos la pista orientándonos hacia el SE y seguimos un sendero entre pinos hacia el Brugent. Pronto encontraremos las ruinas de un molino de papel (hay 27 en el valle). Pasamos un collado y comenzamos una bajada entre campos antiguos de cultivos y dejamos dos molinos más a nuestra espalda. Al fondo vemos el Castell Dalmau, el gran bloque de roca que domina el valle y que visitaremos mañana. Pasanos junto a la ermita de Sant Doménec, adosada al molino del Figuerola. Bajamos a la TV-7044 y cruzamos el rio Brugent por el puente de la carretera hacia La Riba. Vemos el molino de les Truites y encima la Penya Roja. Unos minutos mas de caminata nos llevan a Els Masets, el punto de menos altitud de todo el recorrido, donde pasaremos la noche (La Riba queda a dos kilómetros).

11-nubes-bellisimas-anochcere.JPGAl día siguiente salimos con tiempo nuboso y frío aunque en el transcurso del día cambiará para mejor. La tercera etapa nos llevará a Mont-Ral (justo cuando lleguemos al refugio se desencadenará una fuerte tormenta), delicioso pueblo asentado en una colina entre las cuencas del Brugent y del Glorieta, con espléndidas vistas sobre el Camp de Tarragona.

Pero antes hemos de subir por una pista y luego un sendero estrecho y umbrío hasta el Castell Dalmau, cuna de la escalada en el conjunto de las Montañas de Prades y seguiremos rio arriba entre molinos papeleros y masías. Cae una fina llovizna cuando llegamos a la zona, con el imponente farallón de la Peña Roja a nuestra espalda. Pasamos por la fuente del mas de Pascual, al SE queda el pueblo de La Riba, un enclave fabril repleto de camiones y chimeneas humeantes, con la sierra de Miramar como fondo.

Encima de la fuente encontramos las señales del GR7. Por un sendero que nace a la izquierda nos dirigimos hacia el castell Dalmau, una enorme roca calcárea en forma de muela que emerge de la tierra y es un reto para los escaladores.

Despues comienza un recorrido con vistas sobre el valle del Brugent, el Camp de Tarragona y el Mediterráneo como telón de fondo, por una inacabable pista que baja hacia el Coll de Gracia. Allí encontramos un cruce de pistas que resolvemos optando por la que sigue a la derecha. Despues de una fuerte subida, en un tramo cementado, dejamos el GR 7 (que va a Mont Ral diectamente) y optamos por una pista que baja hacia el río, flanqueando el monte por un bosque de encinas. Llegamos a la fuente de la Diana, con un agua fresquísima y deliciosa. Muy cerca y de una forma casual encontramos el refugio de La Cabrera. Lo visitamos y gozamos de la hospitalidad de Jesús y Yoli (Yolanda), con la bella presencia potencial y venidera de su hija Jara.  Una hora mas tarde seguiremos camino a Mont Ral donde nos rodea una fuerte tempestad ya cobijados en el Musté-Recasens, un refugio oscuro y muy transitado. Cuando escampa, un problema de over booking nos obligará a volver por donde vinimos y buscar refugio en La Cabrera. Así que miel sobre hojuelas.

El último dia es el tramo más corto (unos 12 kms) y nos llevará hasta el punto de salida, Capafonts. Salimos de Mon-Ral por la antigua era  por la pista que va a Farena y pronto cogemos un sendero que sube hacia los riscos de La Foradada y Els Mollats. Encontramos un excelente mirador sobre Mont Ral y la cabecera del rio Glorieta. Continuamos a pie de pared, dejamos La Foradada a nuestra ziquierda y seguimos por la planicie dels Mollats., llaneando por el camino pedregoso cercano al risco. En ese punto tenemos un despiste y nos adentramos en els Mollats en lugar de bordearlo. Una hora y pico mas tarde nos encontramos lejos del camino que debiamos haber seguido hacia la fuente del Rei y el barranco del Marc. Por tanto nos vemos obligados a dar un rodeo y subir hacia Capafonts por el Puente natural que pasamos el primer día y descendemos por el valle del nacimiento del Brugent hasta llegar a Capafonts, fin del viaje.

En resumen: un poco mas de 70 kms de caminos con fuertes desniveles, realizado en un total de 24 horas de caminata con descansos incluidos, divididas entre los 4 días del circuito, una media de algo más de 17 kms por día. Una travesía bastante descansada y agradable, como ven.

 

UN RIO BRAVO

El Valle del Brugent ocupa unos 260 km2 y está limitado al norte por la Sierra del Bosque de Poblet y la meseta dels Mollats al sur, con cumbres y recorridos de más de mil metros de altitud. Justamente en las faldas del Mollats nace el rio Brugent --que durante miles de años ha perfilado y modelado el valle al que da nombre-- justo en la fuente de la Llúdriga, junto a Capafonts, que visitamos la jornada anterior. El rio va sembrando  su recorrido de fuentes, pequeñas cascadas y pozas hasta nutrir las aguas del Francolí, creca del pueblo de La Riba. El Brugent, muy estacional, ha provocado dos riadas famosas en los años 1874 y 1994, causando inundaciones, destrozos e incluso la pérdida de vidas humanas. Nadie lo diría viendo ahora su exiguo caudal, aunque en algunos lugares la ferocidad de destrozos de piedras y áboles en el cauce hablan bien a las claras de la ferocidad y bravura de sus aguas cuando las circunstancias ambientales lo permiten.

(Para consultar tanto las vias de acceso al valle, como los mapas disponibles y necesarios--asequibles para los lectores de la zona en la Librería Serret de Valderrobres-- así como cuestiones relacionadas con albergues y el servicio de la agencia que diseñó el recorrido, vean el anterior trabajo publicado el martes 5 de noviembre)

 

 

 

 

 

 

 

DATOS A TENER EN CUENTA

Durante todo el recorrido vamos conociendo los parajes pintorescos que el rio ha diseñado en el valle y además vamos dando una enorme vuelta por las cumbres de las montañas que rodean el valle, desde la planicie del Els Mollats donde crecen las carrascas y el boj, hasta los bosques de robles y arces en las vertientes umbrías, y el familiar clima mediterráneo de las solanas, con pinos, encinas e incluso palmitos, hasta pasear por las orillas del Brugent donde crecen los chopos, fresnos y sauces. Sinfonía de colores en el otoño, rojos, verdes luminosos, rosas en el azul desvaído de las mañanas neblinosas y el contraste con la gris contundencia de la roca, el blanco calcáreo y los rojos de la arenisca. De todo hay en la paleta pictórica del valle.

Además, la antiguedad remota de estos lugares se refleja en numerosos yacimientos de pobladores, con pinturas ruprestes, restos iberos (cerca de La Riba) romanos y árabes (está muy cerca el valiato de Siurana con ricas tradiciones y leyendas) que dominaron la región hasta el siglo XII. Pozos de hielo por doquier y sobre todo molinos de agua para moler el trigo o los trapos, la harina y el papel, nos hablan de las actividades industriales de la zona, sobre todo hasta el siglo XVIII (curiosamente esa ultima actividad se mantiene en La Riba). Los grandes edificios y las colonias fabriles de aquellos tiempos aún mantienen sus fachafas en lugares recónditos, invadidas por le vegetación y los árboles. Vale la pena detenerse en ellos y observar la distribución y los enclaves de esos mudos y derruidos testigos de otros tiempos, aún muy cercanos.

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