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5 agosto 2015 3 05 /08 /agosto /2015 08:33
LA MUERTE DE VIRGINIA

"La muerte, creo, estaba siempre próxima a la superficie de la mente de Virginia, la contemplación de la muerte. Formaba parte de la profunda inestabilidad de su mente. Estaba medio enamorada de la "muerte tranquilizadora" (Pág.86). Así se expresa Leonard Woolf, marido de Virginia, recordando los últimos días de su esposa, atrapada en el horror de lo que creía un próximo desembarco nazi en Inglaterra. Woolf es un intelectual interesantísimo en el panorama intelectual y literario inglés, que parece desaparecer tras la sombra de su esposa (al menos en el mundo no anglosajón).

"La muerte de Virginia", traducida, prologada y anotada por Marta Pesarrodona hace ya algunos años, a mediados de los setenta, fue publicado por Leonard el año 1969, integrando el último volumen de la gigantesca "Autobiografía" que el polígrafo inglés escribió hasta el año de su muerte, compuesta por cinco libros de inestimable valor histórico y literario, que no han tenido versión traducida en España (animo editores). Pero el libro no es una crónica detallada del suicidio de la escritora, sino una detallada reflexión sobre los acontecimientos luctuosos en la Europa de los años treinta y cuarenta, en plena Segunda Guerra Mundial. En este inmenso fresco de horrores y actividades frenéticas de todo tipo, la muerte de Virginia es un doloroso episodio inmerso en un devenir particular y general servido por la mente juiciosa e inteligente de un observador sensible y cultivado, que elabora un retrato fidedigno y brillante de su familia y de la Inglaterra azotada por la guerra y el miedo, por la ira y la briosa defensa de todo un país ante la amenaza nazi.

El libro arranca en 1939 (Virginia muere ahogada en el río Ouse con los bolsillos del abrigo llenos de piedras en marzo de 1941) y Leonard nos habla de la conflagración mundial que está arrancando y que obliga al matrimonio Woolf a buscar refugio y acomodo de Londres a Rodmell y ya en 1940, definitivamente, en Monks House, donde los aviones alemanes pasaban por encima de sus cabezas para descargar su carga letal en Londres, rodeados de la histeria y la paranoia naturales en un estado de inseguridad, peligro y violencia. Hay gran mesura y respeto en las líneas que Leonard dedica a su esposa y a los pocos detalles de su suicidio, motivado quizá por el desolado aire de peligro e inseguridad que una presunta y posible invasión nazi causaban en la mente desequilibrada de la escritora.

Tras la muerte de Virginia, Leonard regresa a Londres para dedicarse a su labor editorial y también política, social y comunitaria en Labour y la Sociedad Fabiana y en el Tribunal de Arbitraje y la Sociedad Anglo-soviética. Una labor casi siempre gratuita en la que Woolf buscaba razones que le hicieran explicables el recurso de los países a la guerra y la posibilidad de encontrar una vía que las desterrara de la vida de los hombres. Este es uno de los elementos que desarrolla este pequeño volumen, sin olvidar las páginas en las que rememora su trabajo al frente de la editorial Hogarth Press. Leonard y Virginia Woolf dejaron un registro completo en sus cuadernos y diarios de lo que veían y leían. Sin embargo está claro a tenor de lo leído que la obra de Woolf no es un compendio de datos y cifras, sino una reflexión permanente de gran lucidez sobre su propio tiempo y sobre su propia obra, a la altura de los libros memorialistas de Montaigne y de Voltaire en la literatura francesa o la de Johnson o Pepys en la inglesa.

FICHA

LA MUERTE DE VIRGINIA.- Leonard Woolf.- Trad. de Marta Pesarrodona. Editorial Lumen.

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4 agosto 2015 2 04 /08 /agosto /2015 19:32
EN LUGAR SEGURO

~~Muy de tanto en tanto aparece uno de esos libros sobre los que el crítico no sabe muy bien qué decir. O, en realidad, tiene muy claro y siente muy profundamente lo que correspondería afirmar; pero comprende que una catarata torrencial de elogios acabaría degradando su grandeza y, por supuesto, resultando completamente inútil e imperfecta a la hora de comunicar la perfecta utilidad de una gran obra. Tal es el caso de En lugar seguro, de 1987, última novela de Wallace Stegner y -por suerte, por fin- traducida a nuestro idioma para que muchos puedan alcanzar la seguridad y el consuelo del lugar al que los invita. En lugar seguro es una obra maestra de intimismo que no por eso se priva de resonancias universales, aunque ofrezca en su centro de visión -sin distracciones ni apuro y con prosa exquisita- de uno de los paisajes más privados y desconocidos para el visitante: me refiero al paraje de cualquier pareja que no sea la propia y aquí son dos, funcionando en tándem, inseparables más allá de las distancias y las diferencias, a lo largo de varias décadas. Una verdadera y honesta y plena y pura love story que se ocupa de la búsqueda del amor y del hallazgo de la amistad así como de la sutil metamorfosis que toda relación va sufriendo y gozando más con el caminar que con el correr de los años... Por una vez, quien firma estas líneas se alegra por el poco espacio del que dispone. Cuanto menos tiempo pierdan leyéndome a mí más rápido comenzarán a leer a Stegner. Bievenidos sean a En lugar seguro

~~ “No me importa lo que especulen o las respuestas que se den. Vivimos como podemos, hacemos lo que debemos hacer, y no todo se rige por parámetros freudianos o victorianos.” En lugar seguro, Wallace Stegner En un momento dado de En lugar seguro de Wallace Stegner (Libros del Asteroide) uno de los personajes cita vagamente a Henry James: “Henry James dice en algún sitio que si tienes que tomar notas sobre cómo te ha impresionado una cosa, lo más probable es que no te haya impresionado.” Antoni Marí afirma, a su vez, en el prólogo a La figura de la alfombra del propio James (Impedimenta) que no hay ningún lenguaje capaz de hacer comprensible la verdad del arte, de exponer con conceptos sus ideas, ni de sustituir la obra por su comentario.” Cierto es -¡por suerte!, aunque ello me lleve a cuestionarme el “para qué” de este lugar- y no porque esté tarado el lenguaje por una incapacidad intrínseca o deontológica de referencia, como hace algún tiempo discutíamos por aquí a propósito de Guerra y Lenguaje de Kovacsics, sino porque por mucho que racionalicemos los logros y deméritos de esta o aquella obra de arte, en último término el arte y la literatura de verdad apelan a algo que está más allá de la razón, que es mucho más visceral y primario. Se preguntarán Vds. qué es lo que justifica tan densa y abstracta obertura. Pues bien, la secuencia que da respuesta a su pregunta es la siguiente: 1.- he leído En lugar seguro de Wallace Stegner; 2.- me ha impresionado; 3.- no sé del todo por qué. Intentaré, no obstante, aventurar unos cuantos porqués no con la intención de descifrar la clave del enorme talento de Stegner, ni mucho menos de ofrecer un pobre sucedáneo en forma de comentario o reseña -¡nada más lejos!-, sino simplemente para invitarles a leer esta redonda y rotunda historia de amistad protagonizada por dos matrimonios, los Morgan -Larry y Sally- y los Lang -Sid y Charity- durante unas cuantas décadas del pasado siglo XX. Humildes y, sobre todo, desarraigados, los Morgan llegan a Madison (Wisconsin) en plena Gran Depresión. En el mismo Departamento de Literatura que Larry trabaja Sid Lang, un carismático profesor -no tan buen académico- casado con Charity, embarazada como Sally. Pero si los Morgan son humildes y no tienen familia en que ampararse, los Lang ni siquiera necesitan trabajar para vivir y cuentan con una amplísima familia radicada en lo mejor de Vermont, Nueva Inglaterra. La simetría es absoluta y la atracción entre ambos matrimonios instantánea. Identidad y contraste. La amistad es inevitable. Y no se trata de una amistad efímera o superficial sino de la amistad por la que aboga Cicerón en su Laelius, de amicitia (22), en otros tiempos traducido por todos los estudiantes de Letras en su primer año de Universidad: “Y no hablo ahora de la común o la mediocre, aunque esta también agrada y resulta útil, sino de la auténtica y acabada, como fue la de muy pocos. Pues la amistad vuelve más espléndidas las circunstancias favorables y, las adversidades, al compartirlas, las hace más llevaderas.” He mencionado antes la simetría interna de la novela, que va mucho más allá de lo dicho, por cierto. Dicha simetría es refrendada por la estructura externa. En lugar seguro se abre y se cierra en Vermont, en el tiempo real de la narración. Entremedias, recuerdo, recuerdo y más recuerdo, de incomparable viveza y con su inevitable punto de invención, por supuesto. El recuerdo es, de hecho, el motor narrativo de la novela. Y más concretamente se trata del recuerdo de Larry, el narrador con más talento del grupo, llegado a Vermont junto con Sally para reunirse por última vez con Sid y Charity, aquejada de un cáncer terminal. Nihil novum sub sole, es cierto. La muerte de un amigo o inminencia de la misma ha sido con frecuencia detonante de este tipo de historias. Mutatis mutandis, pienso ahora en The Big Chill de Lawrence Kasdan (1983), en Los amigos de Peter de Kenneth Branagh (1992) o en Las invasiones bárbaras de Denys Arcand (2003). ¿En qué radica pues el mérito de En lugar seguro de Wallace Stegner? En su rotundidad y sinceridad, en la viveza, encanto y carisma de sus cuatro protagonistas, a los que cualquiera querría tener por amigos -y que conste que yo no tengo queja de los míos; al contrario-, en la elegancia y contención con que el autor escribe sobre uno de los mayores dones de la vida, la amistad, y, para no extenderme más, en imborrables escenas como la que cierra la historia. Pero esto es sólo lo que yo digo. Lo que Vds. deberían hacer es apresurarse a leer. Así que una vez más, corran, corran... y lean, lean... por favor

FICHA

EN LUGAR SEGURO.- Wallace Stegner.-Prologo R.Menéndez Salmón.-Trad.Fernando González.-Libros del Asteroide.-378 págs.21,97

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3 agosto 2015 1 03 /08 /agosto /2015 14:15
EL SOLDADO NICOLÁS

Nicolás Guillén, el poeta cubano escribió : "Te faltó quien viniera, soldado, y al oído te dijera: Eres esclavo, esclavo como esos bueyes gordos, ciegos, tranquilos, sordos, que pastan bajo el sol meneando el rabo. Esta paz es culpable. ¡Cuándo será que hable tu boca, y que tu rudo pecho grite, se rebele y agite!". Es un poema que parece oportuno para la novelita que acabo de leer.

Pues bien, en agosto de 1939, el soldado Nicolás, héroe indirecto de la guerra civil española, vuelve a casa herido, en silla de ruedas, con el alma destrozada y el ánimo depauperado hasta casi la inanición. En el pueblo comenzará una imposible de prever época de azares y prodigios entre el drama y la comedia de costumbres, algo que podría haber representado para el cine el gran Antonio Ozores, símbolo doliente de la España franquista desde el lado de los vencidos por la guerra y la vida.

Desde un inicio muy cinematográfico, digno de Buñuel, el soldado Nicolás entra de forma distinta en la vieja y mísera vida rural de un pueblo español, con los acordes del himno nacional y los gritos de rigor "Viva Franco, Arriba España" rodeado de uniformes falangistas, sotanas y soldados. Tiene la mente vacía por la amnesia traumática parcial y trata de irla amueblando con los datos que sus sentidos captan de su entorno. Guarda un silencio obstinado y no da señales de entender o escuchar a los que le rodean. Pero Enrique Pellejer, el autor de la novela nos ofrece el testimonio de los pensamientos de su personaje, ágiles e incisivos que siguen y describen la acción, técnica argumental, que ya fue utilizada por Dalton Trumbo en su "Johnny cogió su fusil". Por supuesto Pellejer se mantiene lejos de aquélla crítica feroz y trágica, uno de los más duros alegatos humanos contra la guerra. Lo que podía haber sido una novela intimista, terrible, dramática, lucidamente crítica en terrenos como el político, el histórico, el costumbrista, se queda en un episodio decameronesco, un Boccacio menor o un relato chusco de los "Cuentos de Canterbury" de Chaucer.

Su personaje es un joven campesino cuyos sentidos, vista, olfato, oído, gusto, no han sido dañados y puede ordenar el pequeño mundo al que regresa sin capacidad de movimiento, capturando los huidizos recuerdos y relacionándose con su entorno de una manera pasiva pero algo crítica haciéndonos partícipes de sus pensamientos. Todos los mil pequeños detalles de la vida cotidiana rural pasan por el pensamiento sencillo y vulgar del muchacho. Sin embargo la tensión se va creando a través de los incidentes eróticos que se van produciendo, hasta un final digno de un Valle Inclán pasado de rosca. Quizá la novela tenga el vuelo corto y a ras de tierra, pero tampoco el personaje da para más y el autor no entra en valoraciones o reflexiones de más profundo calado. Por lo tanto, es una novela sencilla, con un humor directo y simple, a menudo escatológico o casi pornográfico, que se lee con agrado, sin llegar a afectarnos demasiado.

FICHA

EL SOLDADO NICOLÁS.- Enrique Pellejer.- Libros Oncil.-144 págs.

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2 agosto 2015 7 02 /08 /agosto /2015 08:16
Del revés

Lo siento. Me niego a sumarme al coro entusiasta de panegíricos y encomios estratosféricos. No quiero ejercer de aguafiestas o de gruñón al estilo de "don Cicuta". "Inside Out" es una película entretenida, innovadora en cierta forma, notable en otras. Pero en absoluto una obra maestra de Pixar por encima de películas tan sobresalientes como "Up" o "Wa-llee". Se trata de una película infantil (que los niños no entenderán) con el ojo ciclópeo de la comercialidad puesto en los adultos (que babearán ante el despliegue de "cultureta psicológica") y, de refilón, con algunos guiños a los adolescentes( a los que nos les interesará, salvo cerebritos y empollones). Eso sin abundar en la paradójica enseñanza negativa que supone pensar que una niña de once años puede encontrar justificable el abandono de hogar por las causas que se ofrecen en la película, debido a la "inevitabilidad" de ceder a sus emociones más extremas

Las emociones representadas, y la lucha de ellas en las diferentes circunstancias que vive la protagonista es una clase básica de psicología evolutiva. Parece que los imaginativos cerebros de Pixar han visto la evitable serie de la 2 "La cabeza de Herman" que se pasó hace algunos años sin pena ni gloria o, la aún más antigua, serie de "El cuerpo humano" en dibujos. La idea básica es la misma aunque mucho mejor resuelta, no en vano los de Pixar suelen rozar la excelencia, aunque para mi no en este caso. El cerebro humano, esa maravilla de ingeniería genética y de eficiencia y eficacia operativa, es mucho menos determinista de lo que la imagen simplista de la película sugiere y mucho más complejo y aleatorio (aunque reconozco que no se puede pretender que se refleje esto en una película de dibujos animados). El tejemaneje de las emociones básicas, alegría, tristeza, la ira, el miedo y el asco en el cerebro de una niña de once años (olvidándose de la inteligencia, el instinto de supervivencia y los vínculos afectivos) logra crear unas situaciones que un niño demasiado consciente puede vivir como estresantes y peligrosas. Ese orden de supermercado espiritual y emocional colocado en compartimentos estancos no tiene verosimilitud alguna por lo que vamos sabiendo del cerebro humano, tan lejos de esta versión pueril, estratificada y manipuladora, amén de poco realista: creo más adecuada la visión de la psique infantil-adolescente en "Viento en las velas", "El señor de las moscas" o incluso "Guillermo Brown" o "La isla del tesoro" que en esta cinta edulcorada e intranquilizante.

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1 agosto 2015 6 01 /08 /agosto /2015 09:08
LA NOVELA MULTIPLE

"Durante mucho tiempo estuve dedicado al desarrollo de un proyecto para demostrar que las novelas se podían trasladar a cualquier idioma...las novelas como múltiplos... una fábrica de pensar y repensar...un proyecto utópico: una plataforma para colectivos, tiendas y quioscos, una fábrica de historias...y mi héroe fue Roland Barthes...ya que solo una novela podía producir momentos de verdad...mediante una rápida series de análisis y luego casos prácticos, variaciones, homenajes".

De esta manera Adam Thirlwell comienza su emocionante, variado, sugestivo y travieso libro. Se trata de "deconstruir" la estructura de la novela y hacerlo de una forma entretenida, inteligente divertida y con las mejores compañías, desde Barthes a Laurence Sterne, Joyce, Wittgenstein, Nabokov, Freud, Raymond Quenneau, Kundera, Flaubert, Balzac, Valery, Edmund Wilson, Proust, Becket, Benjamin, Bellow, André Gide, Borges o Monterroso, etc. Un festín literario para el lector aficionado a la literatura, formando parte de una especie de novela-baúl, donde tiene cabida, la referencia, la critica, el homenaje en una estructura discontinua que parece una película realizada con retazos de cientos de películas ensamblados entre sí. Y escribo "parece", porque el autor sigue en resumidas cuentas su propio orden que sólo parece caótico hasta que el lector comprende la urdimbre racional que se esconde debajo.

Adam Thirlwell hace gala de un sutil sentido del humor mientras bucea en la historia subterránea de las grandes obras maestras y de sus autores, integrándolos en un gigantesco collage de 466 páginas, un objeto múltiple de capacidad variada en el que tendrá cabida desde la basura al caos, el estilo kitsch o una suerte de multiplicidad de estilos y temas. Y recuerda a Sterne y su "Tristam Sandhi", al "Finnegans Wake" de Joyce, al Satiricón de Petronio, al "Rayuela" y "62, modelo para armar" de Cortázar o, sin ir más lejos a Cervantes y su "Don Quijote", donde la variedad y la multiplicidad están presentes continuamente en historias paralelas, convergentes o divergentes. Una novela múltiple que exige un lector capaz de serlo también. Escritores que oscilan entre la multiplicidad o el minimalismo literario.

Entre los homenajes presentes en este libro, hay tres autores que compendian en cierta forma el interés formidable de Thirlwell como exégeta literario: al de Laurence Sterne, el de Bohumil Hrabal (el autor de "Yo serví al rey de Inglaterra" y Vladimir Nabokov. Desde la traducción a la "traición" nuestro autor nos seduce con un libro apasionante que es néctar para el paladar de los "lletra ferits".

FICHA

LA NOVELA MÚLTIPLE.-Adam Thirwell.- Trad. Aleix Montoto.-466 págs. Ed. Anagrama

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31 julio 2015 5 31 /07 /julio /2015 11:47
Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano

Procedente de Mérida en cuyo apropiadísimo Teatro romano se estrenó, he visto en el Romea barcelonés el "Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano" que dirige Mario Gas siguiendo la estela de los años de la revolución de las flores y el amor (los "felices" 60 y 70 del anterior siglo) que en el teatro dio obras tan rompedoras como el "Marat.Sade" de Peter Brook con la sombra de Becket y Brecht en el proscenio. La versión de la muerte del filósofo griego por antonomasia que nos ofrece Mario Gas con textos de él mismo y Alberto Iglesias basados en la infinidad de libros que la relatan (por supuesto Platón, el manipulador de la figura de su maestro, Jenofonte, Diógenes Laercio y la cita indispensable pero despreciativa del enemigo de Sócrates, Aristófanes)es digna, aunque simple y nada comprometida.

El Sócrates al que da vida y cuerpo el inmenso José María Pou (que aquí se presenta como siempre dueño de su dicción y gestos, pero quizá demasiado previsible dada su experiencia, sus "tablas") atrae como no podía ser menos, pero deja en el espectador avisado un ligero regusto a "dejà vu". Recuerdo el Sócrates de Enrique Llovet interpretado por Adolfo Marsillach y creo si la memoria no me es infiel --es una sensación muy presente- que me hizo vibrar mucho más que la actual, a pesar de los excesos histriónicos del gran Adolfo (reconozcamos no obstante que mi sensibilidad teatral ha cambiado bastante en el transcurso de estos más de treinta años). Pou parece cómodo con el papel, incluso demasiado cómodo. La tarde sabatina en la que acudía al Romea, Pou incluso se permitió ingresar en su parlamento "morcillas" dirigidas directamente, cara a cara, a los espectadores sobre la inconveniencia de los móviles en la sala, lo que solo se pueden permitir con éxito (y risas cómplices) actores tan sobrados, pero que rompen la atmósfera, tensión y encanto que pudiera tener lo que sucede en escena.

Arropado por Carles Canut, Amparo Pamplona, Pep Molina y un trio de actores jóvenes, algo gesticulantes e histriónicos, la función no me hizo vibrar en modo alguno, a pesar de la fuerza del hecho histórico que recrea. Sinceramente, me pareció una loable pero simplista versión de la Escuela del teatro dirigida por un profesor de filosofía de la Universidad más cercana, a medias entre la pedagogía y el arte escénico.

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30 julio 2015 4 30 /07 /julio /2015 08:30
EL FIN DE LOS LIBROS

Tenía que ser un mítico bibliófilo francés de finales del siglo XIX el que escribiera un volumen de cuentos dedicados a los bibliófilos, entre los que destaca el que da nombre a la edición española, "El fin de los libros", muy bien editado por Trama Editorial. En este divertidísimo volumen que hará las delicias de todos los que amamos a los libros hay incluso una profecía libresca que a los ciento veinte años de ser publicada merece nuestra atención. El buen Octave --que ha debido reencarnarse en el ínclito Octavio Serret, que impera en el mundo letraherido de Aragón y se expande por la vecina Cataluña-- aseguraba que el objeto libro tiene "sus días contados" y que "a no tardar" será sustituido por "artefactos mecánicos" (sic) que ayudarán a los lectores en la mastodóntica tarea de leer. Y así asevera "Si por libros se entienden los innumerables cuadernos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, les confieso francamente que no creo en su supervivencia en absoluto, los progresos de la electricidad y de la mecánica moderna me impiden creer, que el invento de Gutenberg pueda no caer en desuso en tanto que intérprete de nuestras producciones intelectuales" (y esto lo firmaba en la lejana fecha de 1894).

Octave Uzanne, fue un bibliófilo precoz y con poco más de 20 años comenzó a fundar revistas dedicadas a los amantes de los libros, como "Miscellanées bibliographiques", "Le Livre", "Le Livre moderne et L’Art et l’idée". En 1889, fundó la "Société des bibliophiles indépendants". Pero su amor a los libros no se quedó en la búsqueda y adquisición de volúmenes, también repartió su tiempo en crear esos libros, primero como autor de ensayos, estudios bibliográficos, incluso novelas, después como editor. Vivió rodeado de sus amados libros, y en algún momento, sumido en reflexiones del cariz de "¿Qué pasará con mis libros cuando yo fallezca?" (pregunta que puebla las pesadillas de todos los que pecamos de esa patología psicológica llamada obsesión librera).

¿Qué mas fácil, con estos elementos, que imaginar, con paradójica extrapolación de su angustia personal al plano general, que el fin de sus libros podría devenir en el fin de todos los libros, usando la ironía y el humor para esconder su desazón? Ya imaginó proféticamente que "el anticuado procedimiento de la impresión podría ser fácilmente reemplazado por la fonografía, que no ha hecho más que nacer” (ahí es nada, vaticinó los libros para escuchar, invento que surgió a la luz en los años sesenta). Sólo que ese invento no supuso para nada el fin de los libros (que ha tenido otros profetas de desastre a través de los años y hasta ahora mismo) cosa que no es de prever a pesar de vaticinios tan demoledores y la aparición de los ebooks. Los libros de papel siguen atrayendo lectores y son como ese sujeto de mala salud de hierro, que se anda muriendo cada día y acaba enterrando a los que le rodean.

Que la actual estructura de los medios de información con soporte tecnológico parece haber relegado al libro a un objeto atrabiliario, caduco y mejorable es una verdad a medias. Creo que nuestro autor sonreiría con picardía y esperanza al ver el éxito incontestable que sigue teniendo el libro en papel, aunque sobreviva rodeado por una turbamulta de inventos aparentemente más cómodos, efectivos, eficientes, brillantes y con una capacidad inmensa de multiplicarse en forma casi milagrosa en espacios mínimos (ya hay soportes de memoria que pueden guardar en el tamaño de un disco duro portátil o un pendrive casi una biblioteca completa). Sin embargo el amor a los libros de papel, al objeto libro, parece mantener crecientemente una imagen de resistencia numantina a su desaparición. Quizá haya que apostar por una convivencia, en la que los libros de imprenta o medios informáticos vayan convirtiéndose en núcleos de supervivencia, como aquellos que imaginó Ray Bradbury en "Fahrenheit 451".

La suma de relatos que Uzanne nos ofrece, todos destinados a los amantes de los libros y bibliófilos, va ahondando en una tipología humana donde no se evita la presencia de las diversas patologías que durante toda la historia de los libros y sus obsesionados usuarios han enriquecido literariamente la afición literaria. Recomiendo a todos los que lean el libro de Uzanne que adquieran el sorprendente libro de Miguel Albero, "Enfermos del libro" editado por la Universidad de Sevilla (que espera una edición más popular y extendida: editores anímense, es una obra irremplazable).

FICHA

EL FIN DE LOS LIBROS.- Octave Uzanne.- Trama Editorial.- Trad. Sonia berger.- 181 págs. 18 euros

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28 julio 2015 2 28 /07 /julio /2015 08:50
Gracias, Finlandia

Hace unos años en el comienzo de la crisis económica y financiera que nos ha afligido --excepto a la minoría de siempre-- a todos en Europa, los medios se hicieron eco de una medida disciplinaria del Gobierno finlandés que llevó a la cárcel a varios políticos y banqueros como responsables indirectos de esa vergonzante crisis. Fue el único país de Europa capaz de tomar una medida de ese calibre de forma pública y notoria. En este pais el "señor" Rato y otros espabilados del mismo jaez que prefiero no nombrar, disfrutan de libertad y de las regalías de sus descarados delitos financieros. En aquellos días escribi un articulo titulado "Quiero ser finlandés" en el que afirmaba sentir una enorme envidia positiva por el sentido ético de los finlandeses. Ahora, tres leer el oportuno ensayo de Xavier Melgarejo Draper, maestro, experto en pedagogía y en el sistema educativo, mi añoranza por vivir en un país con dirigentes dotados de sentido común, honradez, deseo de progresar y pundonor, ha aumentado unos enteros. Finlandia presume con razón de ser uno de los países de Europa (y del mundo, si vamos a ello) con un sistema educativo con mejores estadísticas de éxito. La educación es una prioridad en este país (Dios mío, qué hemos hecho con esta España de nuestros desvelos) no sólo para la población sino para toda la clase política. Y a pesar de estar en la cresta de la ola, manifiestan una humildad asombrosa y no descuidan ni un solo momento la búsqueda de la excelencia.

El libro aporta claves para entender el contexto del país y su evolución en un proceso que culmina en la envidiable situación actual. Analizando la historia del país y mostrando la evolución de su jerarquía de valores (quizás nacidos de la herencia cultural luterana y su forma de considerar la cultura como una necesidad y un derecho) Melgarejo nos habla de los tres subsistemas que forman el entramado perfecto del marco finlandés: el familiar, el sociocultural y el escolar. Si lo pensamos bien, en España fallan los tres. Y si a eso añadimos una serie de principios morales y sociales consensuados que aquí brillan por su ausencia o por la modestia de los logros, como la igualdad de oportunidades, la protección oficial a la mujer y a los niños, potenciar los conocimientos cívicos y ciudadanos de los alumnos (una materia rtotalmente desacreditada aquí y asi nos luce el pelo) sin dejar atrás esos valores cívicos que se basan en la responsabilidad y en dos puntos básicos: la importancia del esfuerzo individual y un aprendizaje que se contempla como un deber y una responsabilidad de la propia persona, del alumno como tal. Pues bien, eso tan utópico es lo que según Melgarejo funciona en Finlandia. Añadiendo para terminar de ponernos los dientes largos el tema del profesorado, su importancia, su imagen social, el respeto oficial y su preparación (una de las más exigentes del mundo para ejercer la profesión).

Salvando el estilo comunicativo y documental hasta el extremo de parecer un informe interno más que un libro de divulgación, lo cual hace un poco árida la lectura, las comparaciones en este tema son tan dolorosamente evidentes para los españoles que el libro se lee con sana envidia y con indignación creciente ante la nulidad de nuestros poderes fácticos en salir del marasmo legal casi ridículo en el que vamos cayendo continuamente y sobre todo en las escasa atención legal, financiera y programática que nuestros políticos dedican a una cuestión tan esencial que el futuro depende de ella.

Interesante libro para reflexionar (amargamente) de la debacle educativa en la que, a trancas y barrancas, tratan de orientarse enseñantes y alumnos españoles. A pesar de que el autor no se rasga las vestiduras y acude a ciertas estadísticas para salvar algo de lo nuestro. Creo que sería una iniciativa interesante que, los que estamos preocupados por la deriva de la educación de nuestros hijos, costeáramos un fondo para enviar el libro de Melgarejo y algunos otros que tratan el tema educativo en otros paises y en el nuestro desde un punto de vista crítico, a todos los que mueven los hilos de la educación en nuestro país. Y se les obligue bajo pena de botarles del sillón que ocupan a que los lean y tomen apuntes.

FICHA

GRACIAS FINLANDIA.- Xavier Melgarejo.- Ed. Plataforma Editorial.-201 págs.-18 euros.

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24 julio 2015 5 24 /07 /julio /2015 12:36
La leyenda de la ciudad sumergida

Recuerdo haber leído en mi adolescencia nutrida de libros a un escritor gallego que me fascinaba por la riqueza de su imaginación, su enorme bagaje literario y una fantasía disparatada donde todo era posible en un mundo poblado de misterios, de magia y de guiños eruditos --falsos o reales-- a libros inmensos, secretos y poderosos de los que emanaba la terrible ambigüedad de los cuentos de hadas. Se trataba de Álvaro Cunqueiro, muy amigo de Josep Pla y Néstor Luján, con los que yo mantenía una relación incipiente de discípulo hacia sus maestros. Al conocer mi pasión literaria por Cunqueiro, ambos me prometieron presentármelo en alguna de las veladas gastronómicas con las que compartían charla y mantel con el gallego en sus ocasionales visitas a Barcelona y a su editor, Vergés. Eso no ocurrió y siempre lo lamenté.

Viene lo que antecede para argumentar mi satisfacción y contento ante "La leyenda de la ciudad sumergida", del estupendo Antón Castro, edición corregida y aumentada en castellano de un libro de 1995 publicado en gallego. ¿Y que tiene que ver Cunqueiro con Castro? Pues, a mi modesto entender de lector interesado hasta el arrobo por ambos autores, bastante. Desde el dominio del "bestiario" legendario de ese territorio céltico de meigas y druidas, magia y encantamiento, hasta el estilo amable, surcado de vetas poéticas de buena ley, con su humor irónico y algo zumbón, pasando por eso tan preciado y difícil como es el arte de contar cuentos.

Desde Homero a Maupassant, desde los narradores orales de los cafetines de Bagdad hasta los derviches salmodiadores de leyendas de amor y crueldad o los príncipes y caballeros de las polichinelas de Maese Pedro, o las encadenadas historias de la bella Scherezade, el arte de contar historias se imbrica de forma esencial en el libro, su existencia y su justificación, la pasión por ellos y el poder fascinante de las bibliotecas, como la de Borges o las de los cuentos góticos.

Pues bien, de eso trata este librito, algo más de un centenar de páginas, ocupadas en su tercera parte por las sugestivas ilustraciones de Javi Hernández. Trata de libros, lecturas, personajes mágicos, lugares cotidianos en aldeas posiblemente gallegas, conjuros, seres hiperbólicos, señores de las lluvias y los vientos, fantasmas, lobos que hablan y caballos inteligentes y un protagonista infantil dotado de poderes que surgen de un libro rojo y de una profecía cantada por un narrador de historias.

Bello libro, en todos los sentidos de la palabra, de lectura fácil e hipnótica, tal como si el amigo Castro se tomara la molestia infinita de acercarse a todos sus lectores y contarles en voz queda, junto a cada uno de ellos, un cuento no muy largo pero sí lleno de aventuras e imágenes, cuidando de mostrar paisajes, describir acciones, poner voz a los personajes y sugerir al final un buen vaso de ribeiro y tal vez una ración de pulpo a feira, como pago por una historia fascinante.

FICHA

LA LEYENDA DE LA CIUDAD SUMERGIDA.- Antón Castro.- Ilustraciones de Javi Hernández.- Ediciones Nalvay.-13, 95 euros.

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24 julio 2015 5 24 /07 /julio /2015 12:09
La isla del padre

No es "La carta a mi padre" de Kafka, ni la elaboración psicológica de la figura del padre de Freud, ni el conflicto subliminal con el padre de Isaac Bashevis Singer, es más bien un sincero y emotivo ajuste de cuentas sentimentales y emocionales imbricado en una época y en una autobiografia personal despertada por la muerte del progenitor. Fernando Marías ha escrito una obra entrañable, valiente y contenida. Sin duda difícil de clasificar, pero al mismo tiempo reflexiva, sincera y provocativa.

Una marino profesional llega a casa después de muchos meses. El bebé que dejó ha crecido y el niño no le reconoce. "¿Quién es ese hombre?" pregunta a su madre, desconfiado y con temerosa alerta. En ese momento se instala un Miedo mutuo entre padre e hijo, un alejamiento emotivo casi invencible y que no se deja definir ni elaborar con palabras. Cuando cuarenta años después el hombre fallece, su hijo, el autor empieza a escribir un libro impulsado por un fuerte deseo de conocimiento y reconciliación, tal vez tardío pero igualmente necesario. Y de ese impulso nace este libro.

Pero es un novelista, un critico de cine, un enamorado de la literatura y las viejas películas el hombre herido de forma inesperadamente profunda por una ausencia entrañable, el que usando esa vida que se ha apagado como motor desencadena la historia de su propia vida, de sus sueños, quimeras, proyectos, errores, deseos y frustraciones. Con valentía, con cierto humor irónico, son una sinceridad que atrae al lector.

Como él mismo escribe: "Concretar en un puñado de lineas lo que sabemos de las personas que amamos es un interesante ejercicio de escritura, pero también, y ante todo, un involuntario autorretrato. Las palabras que elijo para contar quién fue mi padre cuentan en realidad quién soy yo." Y la persona que es el autor, es alguien tan humano como cercano que confiesa en un momento difícil a su padre inconsciente "Te quiero mucho y nunca te lo he dicho". Y añade: "Esa frase podría ser el alma de este libro, esa línea única con la que, según dicen, todo libro debe poder ser definido". y concluye: "Tirar junto a mi padre muerto del hilo invisible de una palabra jamás pronunciada: eso es este libro" (pág. 27).

La sombra del padre se cierne sobre la totalidad de lo narrado. Pero no es una sombra ominosa, aunque se perfilen momentos, hechos y retazos de errores y remordimientos. Sin embargo por todo el libro recorre una veta oscura de tristeza y melancolía, como el curso de un río oculto bajo la tierra, quizá como el Matarraña durante el estío, que surge aquí y allá en cañaverales espesos o en pozas de un verde oscuro, por un paisaje calcinado por el sol. Un libro bueno, un buen libro que el lector atento no debe descuidar porque, seguro, le dirá algo que le concierne directamente, pues todos los seres humanos tenemos cosas en común: y la relación con los propios padres y su constelación de emociones y sentimientos, ocultos o evidentes, es una de las más importantes.

FICHA

LA ISLA DEL PADRE.- Fernando Marías.-Seix Barral.- 278 págs. 19 euros.

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