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29 julio 2019 1 29 /07 /julio /2019 17:15

Lo dijo Quinto Horacio Flaco el plácido poeta romano que vivió la Roma conflictiva y angustiada del asesinato de Julio César y el advenimiento de Cesar Augusto: "Nullius in verba", es decir no te fíes de las palabras, no es suficiente para llegar al conocimiento, a la verdad. Acuñaría otras breves frases con más fortuna: "Carpe diem", "Aprovecha el día que vives (aunque poca gente sabe el final de la frase, "quan minimum credula postero", fiate lo menos posible del mañana") o "Beatus ille" que es una alabanza de la vida rural.

Horacio profesaba las doctrinas filosóficas de Epicuro aunque su "Nullius in verba" tenía sabor escéptico, incluso cínico. Esa desconfianza ante la palabra evoca desde las sombras de la antiguedad las teorías de Wittgenstein, Heidegger, Russell o Carnap y más cercanamente al poeta, en el siglo XVII, al lema de la Royal Society y las exigencias epistemológicas de la Ilustración que exigían a la ciencia que las hipótesis científicas tenían que ser comprobadas empíricamente, no bastaba con las palabras . La importancia del lenguaje en la filosofía  y en la psicología contemporáneas (desde Freud a Jung o Lacan) plantean problemas de método y de conocimiento que aún no han sido resueltosde manera satisfactoria,

En la vida social y de relación, en la laboral o la política, la palabra es una entelequia con dos caras como Jano. Una es la que emana de la evidencia de las palabras como comunicación básica. Y la otra cara, la demoníaca, es la que muestra la relatividad del valor de las palabras, de su cariz estratégico de mentira interesada, de doblez, de falsedad, de subterfugio. Como decía Spinoza, con las palabras, "caute" (cautela). Y nuestro Gracián, "Te arrepentirás más veces de lo que dices que de lo que callas". Los griegos desconfiaban de la "doxa" (opinión) y apoyaban la "episteme" (conocimiento). Creo que con las palabras uno debe estar siempre atento al contexto en el que se pronuncian y ajustarlas a ls circunstancias del momento que uno vive. Y como norma básica, desconfiar de ellas, es decir "nullius in verba", y pasarlas a todas por el cedazo del pensamiento crítico. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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26 julio 2019 5 26 /07 /julio /2019 17:14

Quinientos años de la muerte del gran Leonardo da Vinci (1452-1519), dan para mucho. Este genio indiscutible, paradigma del hombre del Renacimiento, un polímata que transitó por múltiples saberes y artes con la misma envidiable soltura (fue de forma simultánea pintor, anatomista, arquitecto, escultor, botánico, paleontólogo, escritor, científico, filósofo, ingeniero, inventor, músico, urbanista y poeta). El libro que hoy comentamos tiene el mérito de enfocar la mirada  atenta sobre una particularidad  creativa de Leonardo: los dibujos y la escritura "en espejo" en los que están realizados muchos de sus manuscritos, ofreciendo una explicación de por qué Leonardo dibujaba con la mano izquierda (sin ser zurdo) y con las letras en espejo (es decir, con las palabras escritas al revés). El libro, del profesor granadino de Psicología José María Cid Rodriguez, está dedicado a este tema y resulta un regalo pedagógico, artístico e histórico (además de psicológico) que merece ser resaltado en este aniversario,  aunque fue publicado el año pasado por Caligrama editorial, con gran aporte de dibujos, fotografías  y reproducciones de la caligrafía y los dibujos del genial florentino (nacido en Vinci a pocos kilómetros de Florencia). Concebido en forma de aporte documental, el autor desaparece voluntariamente en el seno de la información que facilita y los numerosos autores a los que cita sin  juicio o análisis crítico, sólo aportando un resumen bibliográfico (lo cual crea repeticiones y reiteraciones que lastran un poco la lectura del libro). No en vano se subtitula "Itinerario bilbiográfico ilustrado".

Sin embargo la naturaleza y originalidad específica del enfoque de este ensayo hace que la lectura sea apreciable y fructífera: la personalidad de Leonardo resplandece al conocer las conjeturas que hacen los expertos sobre su "paranoia", su miedo a que su obra fuese copiada o se hiciera uso de sus métodos y descubrimientos, los elementos "oscuros" de su personalidad, las connotaciones sexuales de muchas de sus obras y de eventos biográficos que condicionaron su peculiar manera de escribir (grafía en espejo), a pesar de que Leonardo prefería aplicar en su vida aquello de que una imagen vale más que mil palabras. También sus aportes científicos y el uso que se hace en las  nuevas tecnologías de muchas de sus ideas e intuiciones, elevan el valor considerable de este genio italiano.

La ambición documentalista de José María Cid va desde las biografías existentes en el mercado, hasta las novelas basadas en ellas o los manuscritos y códices de ese autor, pasando por los detalles de la singular escritura de Leonardo y de sus obras pictóricas y dibujos, a las distintas hipótesis que se han barajado para explicar el por qué de la escritura en espejo ( la fisio-psicológica, la criptográfica, la psicoanalítica o la higienista), la supuesta dislexia que padecía el artista, sus habilidades taquigráficas, las investigaciones sobre diversos aspectos de su obra, incluida una referencia a las obras que tratan sobre las presuntas claves del "Código Da Vinci", el best seller de Dan Brown o referencias a Leonardo como anatomista, etc. Un libro, pues, con un amplio abanico de referencias bibliográficas sobre Leonardo. De obligada lectura para quienes deseen profundizar en la, a pesar de todo, enigmática figura del genio de Vinci.

FICHA

LEONARDO DA VINCI.- José María Cid Rodríguez.- Ed. Caligrama.-250 págs. ISBN9788417335779

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30 junio 2019 7 30 /06 /junio /2019 16:23

El noruego Edvard Moser recibió el premio Nobel de Fisiología por su participación en la localización del GPS biológico que los seres humanos tienen en la red neuronal de la corteza entorrinal del cerebro. Parece ser que todos nacemos con un complejo sistema de navegación (aunque las diferencias en su calidad depende, como es lógico suponer, del uso que hacemos de él y de otros factores como la salud cerebral, el entorno en que vivimos y el género de actividades a las que nos dedicamos. La entrevista que se publica en las páginas científicas de una revista incide en el poder de almacenamiento de información del cerebro humano (casi 100.000 millones de neuronas, cada una con 10.000 conexiones con otras). Tras mencionar la esencial ayuda que la Inteligencia Artificial (IA) ofrece en el análisis de datos y la facultad de aprendizaje automático (machine learning) de los ordenadores (aquí se desliza una frase que ya nos pone en guardia), Moser dice "a menudo más allá de nuestra comprensión".

El periodista no parece captar ninguna alarma y pregunta cómo debemos afrontar el vertiginoso desarrollo de la IA. Moser, responde: "La IA realiza muchas tareas, antes exclusivas de los humanos, de una forma más rápida y perfecta, como reconocimiento de rostros o objetos y creación y percepción del lenguaje". Y añade: "La pregunta que tenemos que hacernos...es si las máquinas conseguirán la inteligencia general que les permita ser capaces de tomar sus propias decisiones. Obviamente, esto plantea problemas éticos: debemos estudiar los límites y cómo establecerlos antes de que la IA tome las decisiones por nosotros"

Y aquí se plantea una curiosa disyuntiva: está claro que el estudio de los límites está en manos de los científicos. Pero el cómo establecerlos, y cuándo, está en manos de los políticos y de sus congéneres en la sombra, los líderes financieros (ambos a su vez dominan el brazo armado de las naciones, los militares). Como decía Graham Greene, el "factor humano" es la incógnita en cualquier ecuación política, económica, social o conflictual. Y ese es el factor más inestable, imprevisible y letal del planeta. ¿Schopenhauer, Nietzsche o Voltaire volverían los ojos esperanzados hacia la IA? Quizá un escenario distópico tipo Huxley, Wells o "Matrix" esté esperándonos en una cercana encrucijada global: cuando alguien decida permitir que la IA siga su marcha hacia el poder de decidir en lugar de los humanos. O al contrario, decida limitar ese poder a temas operativos. Aquí planteamos una cuestión de ética, pero también de supervivencia.- ALBERTO DIAZ RUEDA

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27 junio 2019 4 27 /06 /junio /2019 16:18

Stanley Milgran, fue un psicólogo experimental judío norteamericano que trabajaba como profesor ayudante en Harvard en los sesenta. Diseñó varios experimentos con participación pública que la dieron una enorme popularidad, aunque bastante ambivalente: eran tan denostado como admirado. Hubo quien lo calificó de inmoral y recibió críticas muy duras de sus colegas, pero uno acaba preguntándose si no les gustaba el psicólogo y sus métodos o lo que Milgran descubría con sus experimentos sobre los seres humanos "normales", el tópico e hipervalorado ciudadano medio de los Estados Unidos (pese a que sus descubrimientos eran extrapolables a cualquier nacionalidad). En 2015 se filmó una película ("Experimenter") dirigida por Michael Almereyda sobre el trabajo de Stanley, prematuramente fallecido en los 80 a causa de un infarto . 

El experimento más importante y "escandaloso" de Milgran analizaba un fenómeno humano: la obediencia ciega a una autoridad supuestamente legal, aunque las órdenes recibidas fueran cuestionables ética y humanamente para el sujeto. La inspiración de Milgran para diseñar ese experimento tiene un nombre: el jerarca nazi Eichmann y el juicio que Israel le hizo en 1961 tras secuestrarle en Argentina. Eichmann  no aceptó su culpabilidad en ningún momento, alegando que sólo obedecía órdenes y que era un simple contable cuyos números y géneros podían ser desde seres humanos para los hornos crematorios a personal para las fábricas del régimen de Hitler. No sentía desprecio u odio hacia los judíos. Para él eran simplemente números. Eichmann fue ahorcado.

Milgran pagó a personas de diferentes clases sociales, razas o religión para que se sometieran a las reglas de su "estudio". Se trataba de saber hasta qué punto una persona "normal" puede volverse un verdugo "por obedecer órdenes". Los resultados fueron abrumadores. Más de un 60 % llegaron a infligir un supuesto "daño mortal"  y sólo un 10% se negaron a cumplir la orden de aumentar el castigo. El resto, se detuvieron en diversos grados de castigo. Evidentemente, no se hizo daño a nadie ( el "castigado" era una persona del equipo de Milgran, a la que no veían los sujetos del experimento, pero sí oían sus gritos de dolor). El motivo de castigo (descargas eléctricas que aumentaban de grado tras cada respuesta errónea) era una hipótesis inventada: el aprendizaje y la memoria aumentaban cuando se infligía dolor al sujeto. 

Un porcentaje tan alto de honorables ciudadanos que no tenían claras las prioridades éticas podría ser rebasado con creces en el siglo XXI. Pensemos en esas generaciones de jóvenes acostumbrados a la barbarie violenta a través de video juegos y películas. En esos militares que envían desde sus pantallas drones armados a terminar con "enemigos" con tal contundencia explosiva que causan daños enormes y muertes a personas  a las que ven como elementos de un video juego. ¿Estaremos mutando y perdiendo la sensibilidad ética o sólo es la misma faceta bestial que ha mostrado el ser humano durante toda nuestra sangrienta historia? Quizá unicamente ha cambiado el modo, el entorno, el juego. Parece que los humanos tienen una mezcla de los genes de Hitler, Tamerlán, Atila o Stalin en su código genético de especie. Sólo hay que darle "motivos justificados" para despertar.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 junio 2019 5 07 /06 /junio /2019 11:25

El neurocientífico portugués Antonio Damasio, psicólogo y filósofo también, siempre me ha fascinado, por la profundidad de sus estudios y por la humildad con la que desarrolla sus estudios y trabajos. Sus libros "En busca de Spinoza" y "El error de Descartes" fueron un luminoso alegato filosófico y científico sobre la importancia de las emociones y los sentimientos en el desarrollo cognitivo, los procesos cerebrales y la operatividad relacional y la conducta. Damasio dirige el Instituto del Cerebro y la Creatividad en la Universidad de Los Angeles. Tan directo, claro y sencillo como el añorado Oliver Sacks, Damasio es, sin duda, uno de los neurocientíficos más respetados no sólo por su labor investigativa y divulgativa, sino por la enorme calidad y atractivo de sus libros.

En este libro, publicado en 1999, Damasio lleva su investigación a lo que se considera una de las más candentes  incógnitas de la neurociencia  sobre el cerebro: el misterio de lo que es, dónde se ubica y cómo funciona la conciencia, la sensación de ser uno mismo, la conciencia de sí. ¿Cómo podemos aplicar una percepción neurobiológica al funcionamiento de la conciencia? o lo que es más inmediato, ¿cómo sabemos cuando sabemos algo sobre algo? Damasio busca hacernos entender cómo el cerebro engendra esos patrones mentales a los que denominamos imágenes y de forma inmediata cómo ese mismo órgano crea la sensación que estamos, el uno mismo, conociendo. Es decir que cuando vamos conociendo las imágenes que nos crea el cerebro de los objetos, también aparece una sensación: la del observador que mira esas imágenes.

Pero Damasio añade dos elementos más a la dinámica de conocimiento que nos propone en el libro: las emociones y los sentimientos. Las primeras son "complejas colecciones de respuestas químicas y neuronales que conforman un patrón". Estos patrones los crea el cerebro con la finalidad de adaptar nuestro organismo a las circunstancias emergentes para mantener el equilibrio vital. Son una respuesta neurobiológica a un determinado estímulo a fin de adaptar nuestro organismo a sus demandas o rechazos. Quizá lo que Spinoza, uno de los autores más admirados por Damasio, llama el conatus, la fuerza de prevalecer de un organismo en la existencia buscando lo mejor para él, la excelencia. Son dispositivos bio reguladores que se desencadenan de forma automática sin intervención de la consciencia, pero que tienen efectos evidentes en distintas partes del cuerpo e incluso en circuitos de respuesta cerebrales, formando parte de la homeostasis corporal, la regulación vital que es parte de la salud del organismo. Como dice Damasio: "podemos educar o prevenir las emociones, pero no suprimirlas.

En cuanto a los  sentimientos, hay una relación lineal progresivas entre ambas instancias, siendo la emoción el elemento público de la reacción y los sentimientos "la experiencia mental y privada de una emoción". Y asi a las emociones universales y primarias como alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa o rechazo, corresponden sentimientos secundarios como celos, culpa, vergüenza, bienestar, malestar, tensión o calma.

Damasio denomina conciencia nuclear al pensamiento de tí mismo, al sentimiento de tí, como ser individual "involucrado en el proceso de conocer la propia existencia y la de otros". Y añade: "nuestra sensación de self es un estado del organismo, es otro patrón vulnerable de operaciones integradas cuya acción es general representaciones mentales de un ser viviente individual". La sensación de self tiene un precedente biológico preconsciente, el proto-self, que es "una colección coherente de patrones neuronales que cartografía, momento a momento,  el estado de la estructura física del organismo.

Damasio también nos habla de la consciencia ampliada, que "puede abarcar la vida entera del individuo" y, poética y místicamente, "instalar el mundo a su lado". Es la consecuencia de dos elementos determinantes: la habilidad de aprender y retener miles de experiencias y la capacidad de reactivar esos registros en un momento dado, aplicándose a la resolución de problemas o a la comunicación enriquecedora a un otro. Seguramente podría ser la definición neurocientífica de un bien muy preciado en la historia de la humanidad: la sabiduría.

 FICHA

LA SENSACIÓN DE LO QUE OCURRE.- Antonio Damasio.-Trad. Francisco Páez de la Cadena.- Ed. Booket, 8,95 euros.-383 págs. ISBN 9788423353408

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31 mayo 2019 5 31 /05 /mayo /2019 09:44

Como dice la autora de este libro sugestivo y sugerente, "Una no descubre su potencial de jardinera hasta que no dispone de un espacio,propio para cultivar, aunque sólo sea una humilde maceta". Penélope Lively nos invita a hacer un recorrido meticuloso por el arte de la jardinería, en sí misma y como metáfora literaria y social ("hoy el requisito de una reforma sería un pedazo mínimo de tierra donde una persona pudiese plantar algo, lo que fuera, hundir las manos en la tierra y desafiar el tiempo". Y para enfatizar ese amor a la tierra, dice "cultivamos para mañana y aun para después. Cultivamos con expectación y esa es la razón de que resulte tan estimulante. Cuando se practica la jardinería, una deja de estar atrapada en el aquí y el ahora: piensa en el ayer y en el mañana...forjas tus esperanzas y tus planes para el año siguiente...y en mi caso está además la sensación de perpetuo asombro que me producen ese frenesí por medrar, la tenacidad de la vida vegetal, el dictado imparable de las estaciones". Y acaba diciéndonos: "el jardín es una entidad viva, con su propia agenda, sobre la que ejerces el control sólo hasta cierto punto".

Si ama usted los jardines, este es un libro muy indicado para usted. En él se analiza la esencia paradisíaca del concepto de jardín (no sólo el Jardín del Paraíso, el Edén) como lugar donde es posible sentir el placer de la contemplación y el descanso, lugar de sabiduría y de meditación en el entorno natural. Y para los que aman también la literatura, el libro de la señora Lively, una octogenaria muy activa, es una oportunidad para relacionar a escritores y poetas con los jardines y comprobar hasta qué punto fue una fuente de inspiración para ellos (y ellas), ya sean jardines reales o ficticios. Los seis apartados del libro van analizando temáticas relacionadas con los jardines de una forma directa o indirecta: el jardin como metáfora entre la realidad y la ficción, las dinámicas modas de los jardines según las épocas, orden o desorden en los diseños, la relación de poder entre los jardineros y las plantas, los diferentes estilos que marcan el desarrollo de los jardines, los aspectos variables del campo o la ciudad respecto a los espacios ajardinados, terrazas, macetas, patios interiores, parcelitas en las afueras... y las historias más o menos míticas o reales, desde los jardines colgantes de Babilonia a los de Pompeya, los jardines romanos en Britania, los huertos medicinales en los monasterios medievales, los jardines victorianos, los artistas que buscaban inspiración para sus cuadros en los jardines desde Monet a Manet, Gauguin, Klee, Munch o Van Gogh.

Sin duda apreciarán que es una obra eminentemente británica, inglesa, con ese encanto añejo, irónico y lleno de humor que tiene la autora cuando nos habla del jardin de su infancia en las afueras de El Cairo y de los sucesivos que fue cuidando a través de su larga vida (ha cumplido 86 años). Su erudición botánica es un reto para cualquier aficionado y un motivo de asombro para los legos (entre los que me encuentro). Además de una jardinera asombrosa, Lively es autora de libros infantiles y a partir de 1977, de novelas para adultos (premio Booker en 1985). Desde 2012 es Dama Comendadora de la Orden del Imperio británico.

FICHA

VIDA EN EL JARDÍN.- Penélope Lively.- pp: 224.- Editorial: IMPEDIMENTA,.ISBN: 9788417553050.-Traductor: ALICIA FRIEYRO GUTIÉRREZ

 

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25 mayo 2019 6 25 /05 /mayo /2019 09:40

En este siglo contradictorio donde la tecnología más increíble se da la mano con ignorantes minorías ancladas en el medievo por obra y gracia de unas particulares creencias o la globalización comunicativa y viajera de nuestras sociedades avanzadas se enfrenta a individuos e instituciones que defienden desde la rigurosa planicie terrestre hasta la existencia de mundos paralelos tipo Matrix o la dictadura de siniestras conjuras planetarias que convierten al ser humano en esclavos al servicio de intereses suprahumanos. ¿Están seguros de que como género hemos adelantado tanto? ¿No es más cierto que hay una disparidad evidente entre el avance tecnológico humano y los demonios y limitaciones de unas psiques ancladas en la mitología más oscura? 

Esta dicotomía resulta evidente cuando se nos informa que el movimiento mundial antivacunas (en uno de los efectos perversos de la globalización) ha logrado revertir el proceso de erradicación del sarampión: si hace doce años se logró reducir la enfermedad un 91 % en África y un 68% en el resto del mundo,  ahora la OMS denuncia que los casos de sarampión se han cuadriplicado en el planeta en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo, de 2018. La sintomatología de la infección vírica pasa desde una simple fiebre alta, manchas en la piel, sarpullidos por todo el cuerpo y tos, a infecciones en el sistema nervioso central, encefalitis, daños en la vista y en los oídos, neumonía, diarreas intensas e incluso la muerte. Es muy contagiosa entre los niños y se trasmite por vía aérea procedente de personas infectadas.

La eficacia de las vacunas está fuera de toda duda razonable. Como en el caso de las transfusiones de sangre, la oposición de ciertos individuos a las vacunas tiene su raíz en creencias más o menos irracionales que parecen trasplantadas de la Edad Media al siglo XXI. El problema no es sólo de unas determinadas familias sino de todo el entorno social en el que viven, en peligro a través del contagio.. Hay algo atávico en esa negación irracional a aceptar cuestiones avaladas por la ciencia, ya que sí aceptan otros aspectos de la tecnología científica, el uso de móviles o de internet, o de aviones y medios de transporte impensables en los tiempos en los que están ancladas la psicología oscurantista de esas personas.

Todo este asunto me recuerda cierta metáfora ingeniosa de Russell que describe con sarcasmo la fuerza de las creencias irracionales y los mecanismos usados para defenderlas:  "Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores." . En lugar de tetera pongan... ¿se les ocurre algo? ​​​​​-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 mayo 2019 5 24 /05 /mayo /2019 09:01

 

Es el caso de "La montaña viva"  de Nan Shepherd, hay una especie de paralelismo junguiano con "El tiempo de los regalos" de Patrick Leigh Fermor, unas sincronicidades curiosas que convierten a ambos libros (aparecidos en el mercado literario anglosajón en los setenta) en primos hermanos a pesar de la distinta repercusión y éxito (el de Fermor fue apoteósico) y más bien en el hecho de ser ambos libros excelentes y de pertenecer  a dos autores que intercalarían en sus vidas literarias unos larguísimos silencios entre los primeros títulos y sus correspondientes obras maestras.En el caso de Shepherd el "vacío" de cuarenta años se produce después de haber publicado tres novelas que la elevaron al pináculo literario inglés: prueba de ello, el hecho de que su efigie fue colocada en los billetes de cinco libras por el Banco de Escocia.  Como Fermor, Nan espera casi cuarenta años para publicar su nuevo libro en una edición limitada en Escocia y han de pasar más de treinta años para ser  reeditado y convertido en un "clásico" escondido  (2008, 27 años tras la muerte de la autora) que va creando adeptos y fanáticos de "La montaña viva". Fermor, por su parte, tarda otros tantos años en publicar la continuación de su viaje  a pie desde Rotterdam hasta Constatinopla, con una guerra mundial por en medio (y una novelesca participación de Fermor en ella, luchando como guerrillero contra los alemanes en Creta).

"La montaña viva" es una suerte de reflexión poética, deportiva y filosófica sobre esas montañas escocesas de los Cairngorms, que la autora ama desde niña y nos muestra desde dentro.En doce capítulos, dedicados a los elementos primarios de la montaña, aire, piedra, arboles, viento, agua, hielo, esta escritora --nacida en 1893 en una aldea del norte escocés, profesora de inglés en la Universidad de Aberdeen durante más de 40 años, fallecida en 1981-- nos hace una descripción íntima y .global, estética y naturalista, poética y literaria de la cordillera y las hondonadas que la cicatrizan, los elementos que la vivifican, la luz, los seres que la recorren, desde los insectos a las aves, una conjunción de vida que resplandece en las páginas de un libro apasionante (y no sigo con los adjetivos por respeto a Shepherd, que detestaba los  elogios y a los que la "ensalzaban en exceso").

 

Este libro fue escrito en los años 1940 durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial – la propia autora describía su escritura como “mi lugar secreto de tranquilidad”–, que apenas deja caer su sombra fatídica sobre las brillantes páginas del relato reflexivo de esta narradora y poeta, aunque se trasluce en forma de anécdota en las paginas 98 y 109. El manuscrito permaneció inédito hasta el año 1977.  Entre la guerra y esa fecha Nan se dedicó a caminar, escalar montañas y enseñar literatura inglesa a jóvenes damas escocesas. Tal como resume ella misma en el capítulo séptimo del libro: "He escrito sobre cosas inanimadas, la roca y el agua, el hielo y el sol, y podría parecer que no fuera éste un mundo vivo. Pero mi intención era llegar hasta las cosas vivas a través de las fuerzas que las crean, porque la montaña es única e indivisible, y la roca, la tierra, el agua y el aire no son más parte de ella que lo que crece en la tierra y respira el aire. Todos son aspectos de una sola entidad, la montaña viva. La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: son todos uno...".

¿Cómo se puede definir, encuadrar, este libro. ¿A qué género pertenece? Historia natural, meditación zen, reflexión taoísta, paisajes y sensaciones, guía para montañeros o para ornitólogos, para amantes de las plantas y las flores, aves y rapaces. Como escribe Robert McFarlane, uno de los más conspicuos representantes de la nature writing del momento, "¿Se trata de un poema en prosa...una búsqueda geopoética, un panegírico de un lugar, filosofía del conocimiento, tratado práctico de taoísmo o un 'tránsito de amor' como lo definió la autora?" En el fondo, ¿qué más da? El punto está en que, como dice MacFarlane, este libro cambia un poco a quien lo lee, sobre todo si es montañero o caminante. Ella capta la esencia del paisaje con la claridad y contundencia anímica de un poeta, la belleza trascendente de la montaña como un místico y reflexiona sobre el cuerpo y el conocimiento como lo hace el filósofo francés de su tiempo, Maurice Merleau Ponty. No hay en la mirada de Nan Shepherd diferencias entre el cuerpo y la mente, en la sutil percepción de las texturas de las rocas o de los troncos, de la cambiante esencia dinámica del viento y del agua, y en la global interacción  de la vida silvestre con el escenario natural donde se desarrolla. Es una alianza entre conocimiento y sensibilidad van acorde.Y asegura: "el misticismo en sí tiene, para mí, un origen fisiológico".

Escribe : "Cuanto más se aprende de esta compleja interacción de suelo, altitud, clima y tejidos vivos de plantas e insectos...más profundo se hace el misterio. El conocimiento no disipa el misterio. La ciencia sólo añade el tiempo a la ecuación y le da una dimensión nueva".(pág. 124) Disfruten este libro. Creo que debería formar parte de la biblioteca de todo aficionado al senderismo, a las montañas y a los paseos y  caminatas en general.

FICHA

LA MONTAÑA VIVA.- Nan Shepherd.- Introducción de Robert MacFarlane. Traducción (excelente) de Silvia Moreno.- Ed. Errata Naturae.-189 págs. ISBN: 97884165944967

 

 

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17 mayo 2019 5 17 /05 /mayo /2019 09:11

Alguien dijo que ni las parejas ni los pueblos felices tienen historia. No estoy de acuerdo con el aserto, ni con los que consideran que la felicidad, el bienestar y la satisfacción de vivir no tienen nada que hacer ante las ansias de conocimiento, de explorar nuevas vías al saber, de investigar hasta el agotamiento, de los estudiosos y científicos fanatizados por logros casi imposibles. La exploración, la búsqueda de lo nuevo, de lo que uno cree que debería ser, suele ir precedido de una gran insatisfacción ante lo que es. La inquietud, la preocupación, la ansiedad, incluso la obcecación y el sacrificio, son elementos al parecer adscritos a los grandes pensadores y creadores, ya sean científicos, literatos o artistas. 

El neurocientífico Goldberg asegura estadísticamente que "los trastornos bipolares y los ataques de depresión son comunes en muchos de los grandes escritores, científicos y exploradores". Y otros psicólogos han estudiado la delgada línea roja que separa la genialidad de la locura para concluir que "el trastorno maníaco-depresivo es la 'llave del genio'. Y se cita como ejemplo a Van Gogh, Beethoven, Dickens, Byron, Larra, Lewis Carroll, Schuman, Miguel Ángel, Poe, Baudelaire, Newton, Wittgenstein, Stefan Zweig, Virginia Wolf, por un lado, Hitler, Stalin, Churchill, Mao, NIxon, por otro. Y la lista es mucho más larga... Por lo visto, la conclusión es que los "rasgos afectivos negativos", formas leves de depresión y trastorno bipolar correlacionan con la capacidad creativa...y evolucionan en consonancia con las circunstancias personales del "genio".

Francamente dudo que eso sea totalmente verdad. No niego que hay muchos "genios" que podrían formar parte de ese equipo de desquiciados. Pero habría que redefinir y acotar el contenido y la aplicación de la palabra "genio". Y no presuponer que "genio" significa "persona dotada de sabiduría". Los genios son especialistas en una determinada rama del saber tecnológico o artístico y no se les puede pedir igual capacidad en el resto de los saberes humanos. Son "genios" en tal o cual rama de la ciencia o las artes. Y aprendices de las demás, como todos los demás humanos "normales". En cuanto a las "manías" están repartidas muy equitativamente en la población, genios incluidos. Y puestos a la labor, también habría que redefinir la palabra "sabiduría", muy devaluada últimamente.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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8 mayo 2019 3 08 /05 /mayo /2019 09:08

Steve Pinker es un conocido ensayista norteamericano que ha merecido el honor de encabezar con dos de sus libros las listas de más vendidos de los principales diarios del país y del extranjero y también del significativo detalle del magnate Bill Gates de regalar un ejemplar del último a todos los estudiantes de Nueva York que se graduaran en 2018, el año de su publicación. Se trata de "En defensa de la ilustración", donde Pinker hace un optimista esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración, razón, ciencia, humanidad y progreso (siglo XVIII) en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a abandonar su" auto culpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambiente, paz, seguridad urbana y personal, neutralización del terrorismo, derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y una tendencia a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso (que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo).

El poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay escribió en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  Hagamos un voto de esperanza y leamos con optimismo los abundantes datos que nos ofrece Pinker. Pensamos: "Así que no hay para rasgarse las vestiduras, a pesar de lo que está cayendo". Apagamos el telediario y arrojamos el periódico a la papelera: una especie de "baño de purificación moral". Así nos damos todo un seráfico fin de semana.

El lunes uno sale a la calle y comienza a ser bombardeado por noticias y evidencias,  abre los ojos y ve algunas pruebas de que, en efecto, hay algunos cambios buenos en el mundo, comparados con los dos últimos siglos. Aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es irreprochable. Pero pronto nos damos cuenta de que es un poco utópico: basta con ver qué poco razonables y compasivos es, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre los papeles de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesto, de receptores de una mala o manipulada información. Pero esto es, justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquellos nobles y honorables valores siguen funcionando. Pero la realidad es muy obstinada. Sólo queda una salida: volvamos a la "epoché" escéptica. Sigamos a Pirrón cuando nos sugiere que suspendamos todo juicio, que observemos con distanciamiento y una vez veamos claro, optemos por la actitud más justa.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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