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31 mayo 2020 7 31 /05 /mayo /2020 12:26

Se preguntarán ustedes porqué les invito a regresar –literariamente- al mundo de la espada y de la magia. Quizá, también, recuerden, que tanto “El señor de los anillos” de Tolkien o “Juego de tronos” de George R. Martin o los libros de Harry Potter de J.K.Rowling, responden a momentos en los que la Humanidad se ha mostrado perpleja e insegura por los dramáticos asuntos, crisis globales, de índole bélica, financiera o social. Esos tiempos de tribulación favorecieron más o menos directamente las “modas” de narrativa de fantasía de capa y espada, de ciencia ficción o los thrillers políticos. No es banal que un “héroe” tan sospechoso como James Bond naciera en plena guerra fría y se fuera ajustando en sus mediocres a las circunstancias cambiantes del mundo moderno durante más de 50 años,  con éxito considerable. Stars Wars, Matrix, Indiana Jones, también ilustran el hambre de mitos y de “héroes” que la sociedad moderna ha reinventado del pasado remoto o el futuro posible. ¿Una posible razón psicológica global para justificarlo? La necesidad profunda del ser humano de encontrar un orden y una seguridad en la vida, además de un código simple y sencillo para resguardarse del mal y buscar el bien.

El mitólogo Josep Campbell en su obra “El héroe de las mil caras”  habla de la evolución del mito y apunta cuatro funciones básicas que se pueden rastrear a través de los libros o las películas. La función mística: necesidad de despertar el asombro y la valoración de la vida; la cosmológica: percepción del mundo físico como lugar de conocimiento; la sociológica: busca de un orden social que equilibre las fuerzas y  las necesidades con la ayuda del héroe; la pedagógica: guía simbólica para afrontar las etapas de crecimiento de la existencia o la muerte. Este es el esquema que el lector percibe en las sagas, las novelas de caballería y la obra que nos ocupa, escrita en plena II GM.

El ciclo artúrico iniciado por Thomas Malory con “Morte d’ Arthur” a mediados del siglo XV, miembro del Parlamento de Inglaterra, hombre de acción y política (acabaría sus días en 1471 en la prisión de Newgate, donde escribió su obra) sería el fundamento de una legendaria saga aprovechada en los siglos posteriores por narradores, cantares de gesta y poetas. Malory se basaba en textos medievales franceses e ingleses sobre el Grial, Lanzarote y el rey Arturo. Su obra se publicó en 1485 y tiene el mérito de constituir un ejemplo temprano de novela.

Luego dormiría el sueño cultural de las modas para renacer a mediados del siglo XX  de la pluma de un peculiar personaje, un escritor y erudito literario inglés llamado Terence H. White, mezcla  asombrosa de Oscar Wilde o Lewis Carroll.  Un joven erudito inglés prototípico de la Universidad de Cambridge. La ironía, los juegos de palabras, los diálogos sarcásticos y llenos de un noble humorismo, con el influjo estilístico de Chesterton o Conan Doyle. Por cierto el atemporal mago Merlin cita a Sherlock Holmes ante  Verruga (el niño que luego será Rey Arturo) (pág.173). Y así los que fueron niños en los sesenta y vieron “Merlin, El Encantador” de Walt Disney, disfrutarán doblemente con el primer libro de esta recopilación: “La espada en la piedra” ya que Disney hizo una reproducción bastante fiel del texto (película que, excepto en España, tuvo el mismo título de la novela).

White había utilizado el tema artúrico en sus exámenes finales de lengua inglesa y no volvería a recuperarlo, hasta después de hacer una carrera sembrada de matrículas de honor en Cambridge y de unos años trabajando como director del Departamento de Historia del colegio Stowe. En 1936 renunció a su puesto para seguir una carrera literaria, con algunos primeros éxitos muy prometedores, viviendo en la soledad de bosques y lagunas. Para White el ciclo artúrico es una tragedia al estilo griego, una especie de Orestíada, con incestos, venganzas, traiciones sentimentales (como la de Ginebra con Lanzarote) y odios edípicos (la muerte de Arturo la provoca Mordred, su hijo bastardo habido con los amores incestuosos con Morgana).

Para el joven White, la redacción de la saga de “El rey que fue y será” (The Once and Future King), es una especie de redención literaria en la que se reflejan su amor a la vida, sus temores y ansiedades, su sentido poético tan ligado a la vida en la naturaleza, la fascinación hacia todo tipo de animales, los perros, los búhos y aves emblemáticas como los halcones y los gansos salvajes. White hace que Merlin transforme a Arturo niño en animales como una perca, un azor, una hormiga, un búho, un ganso salvaje y un tejón, para enseñarle a vivir y a luchar. El humor irreverente, la ironía literaria y la divertida pseudo erudición constituyen una gozada para  el lector,  que a menudo recupera la seducción y las carcajadas que recuerda a los Monty Python y su “The Holy Grail”.

Sin embargo la guerra incipiente, su inseguridad, su escasa simpatía por las mujeres y falta de empatía personal prefiguran una soledad en la que trata de superar sus aversiones y sus miedos “creo que soportaría vivir como un cobarde, pero no soportaría hacerlo como un héroe”, escribe a un amigo. Pero en sus textos hay una entereza, una dignidad moral, una capacidad de resistencia y reacción que nos dejan una impresión favorable.

White se despide así en su obra: “Aquí termina el libro del rey que fue, escrito con grandes afanes y esfuerzos entre los años 1936 y 1942, cuando las naciones se enfrentaban en una temible guerra. Aquí empieza también –si por casualidad algún hombre sobrevive a esta peste y puede continuar su tarea- la esperanza del rey que será. Rezad por Thomas Malory y su humilde discípulo (el mismo White), que ahora deja a un lado sus libros para luchar por su gente”.

Quizá la clave de la obra completa (y también de su “resonancia” con nuestra época de pandemias y amenazas) está en los dos  últimos capítulos, XIX y XX, de “El libro de Merlin”, en donde además de Malory sale nuestro don Quijote como presunto autor de la hipótesis del final del rey Arturo: “se convirtió en cuervo”.  O también en los vigorosos ataques a la falta de sentido ecológico  (y ético) de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y comportamientos en la época de la narración (el XI). Una especie de canto al “Paraíso perdido”, duro, implacable y cruel pero de una cierta nobleza, de una época que no se idealiza pero hacia la que hay una especie de respeto y esperanza de redención y mejora. ¿La hay en la nuestra?

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La edición de Ático de los libros es una gozada para cualquier devoto artúrico que se precie. El que esto firma ha manejado durante años ediciones separadas de Camelot (Ed. Debate) Camelot y el Libro de Merlin (Círculo de Lectores) y El libro de Merlin (Debolsillo), que adquirí por el magnífico “Comentario del editor” que lo precede. En el libro “El rey que fue y será”, se recogen por primera vez, que yo sepa, las cinco partes de la obra: “La espada en la piedra”, “La bruja de los bosques”, “El caballero maltrecho”, “Una vela al viento” y “El libro de Merlín”. Los traductores son Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz, los mismos que en las ediciones por separado de otras editoriales.  Sólo tengo un “pero” a esta gozada de libro que Ático nos ofrece: la falta al principio del libro de un sencillo estudio introductorio de la obra y del autor (tanto White, como una referencia a su predecesor, Malory). Esta editorial es modélica en los dossiers que prepara de las obras que edita. Un resumen de éstos no se llevaría muchas páginas y enriquecería el volumen.

Sólo me queda desearles una divertida, romántica, apasionante lectura, llena de emociones y sugestiva como una de esas eternas e inmarchitables aventuras juveniles de la literatura universal. Donde no falta ni siquiera un vigoroso ataque a la falta de sentido ecológico de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige –de forma muy divertida- directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y otras características en la época de la narración (el XI) o hace que Merlin se queje amargamente “¿Por qué no tenemos luz eléctrica y agua corriente” a estas alturas?”.
En fin, un placer de libro.

FICHA

EL REY QUE FUE Y SERÁ.- Terence Hanbuty White.- Trad. Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz.- Ed. Ático de los Libros.- 822 págs.

 

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11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 16:23

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

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30 marzo 2020 1 30 /03 /marzo /2020 09:30

El maestro George Steiner (nacido en Paris en 1929 y fallecido en 3 de febrero de este año, con 91 años) fue uno de los pensadores más lúcidos y complejos  del siglo XX. Tras leer la mayoría de sus libros, desde la aparición de "Lenguaje y silencio" publicado por Gedisa  el año 82 y del que aún conservo el ejemplar que me envió la editorial para su reseña, profusamente subrayado, se convirtió a través de los años en un compañero sugestivo y sugerente, del que envidiaba y admiraba la consistencia intelectual y su irónica osadía en manifestar opiniones que le convertían en un incómodo crítico que no admitía componendas. Filósofo contestatario en todo momento, autor incansable, figura discutida e impertinente en Princeton, Stanford, Ginebra o Cambridge. Steiner era hijo de judíos vieneses refugiados del nazismo en París y luego en  Nueva York . Llama la atención su curiosa y combativa  no-práctica del judaísmo que resulta muy fastidiosa para la comunidad judía mundial y para el estado de Israel  en particular, rechazo que le convierte en una figura tan controvertida para el judaísmo como Spinoza o, en el otro extremo, como Woody Allen  o Einstein .  Más irónico que humorista, define al judío como un hombre que lee los libros con un lápiz en la mano porque piensa que los puede escribir mejor. En 2001 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades donde se resaltaba su talante polémico y su defensa de lo universal y global contra los nacionalismos y las fronteras; no en vano es un políglota que domina inglés, francés, alemán e italiano, conoce el castellano y el portugués, sin contar las "lenguas muertas" (tan rabiosamente vivas en la cultura occidental, el latín y el griego). Pero, curiosamente, no hablaba hebreo y en Israel se comunicaba en inglés o en sefardí. Steiner era además un comentarista crítico, a veces provocativo o sarcástico, hacia la política, la economía o el futuro planetario, el cometido de la ciencia y el declinar de la razón, la religión y la democracia.

En su libro “Errata” (El examen de una vida), Steiner analiza algunos episodios de su infancia y juventud, aunque de una manera poco rigurosa y dejándose llevar por las temáticas que desarrollaba, más que por sus implicaciones en las fechas de su vida. Sin embargo son muy reveladores algunos de los comentarios que escribe. Por ejemplo y de cara a su actitud hacia el judaísmo dice (refiriéndose al de su padre): “El orgulloso judaísmo de mi padre estaba, como el de Einstein o del de Freud, teñido de agnosticismo mesiánico. Destilaba racionalidad, promesa de ilustración y tolerancia. Le debía tanto a Voltaire como a Spinoza”. Como ven, se retrata a sí mismo en la figura amada de su padre que le acostumbró a la compañía vitalicia de la Odisea y la Ilíada, influencia, la de los clásicos, que marcaría su carrera intelectual y literaria : “El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos. Desafía nuestros recursos de conciencia e intelecto, de mente y de cuerpo”. “El valor de esa temprana impronta de lo clásico en mi existencia ha sido considerable”.

Ataca, a mi parecer muy consecuentemente, el post estructuralismo y al deconstruccionismo, que alteraron la visión de la teoría literaria a partir de los setenta del pasado siglo. También analiza el papel del traductor y de la traducción, la enseñanza secundaria francesa  (que recibió durante su estancia de adolescente en Nueva York), su amor temprano a Shakespeare y sus “asignaturas pendientes” de esa época: aprender ruso y árabe.

En su libro "Diez razones para la tristeza" nos propone las razones para justificar esa tristeza del pensamiento y con irónica franqueza las pone entre paréntesis, mostrando la base especulativa que le impulsa. Así nos habla de la forzosa necesidad de pensar equiparable a la de respirar ya que no podemos dejar de pensar ni siquiera en sueños. De ahí nace la identidad del ser con el pensar como ya apreció el lejano Parmérides, por el siglo IV aC.  Una de las razones citadas es la incapacidad de aprehender la naturaleza del pensamiento. Otra de las razones de tal tristeza estriba en el lenguaje. la "casa/prisión" del lenguaje, la materia prima del acto de pensar , "en soliloquios de pensamiento oculto o no deseado que recorren sus anárquicos caminos por debajo del habla articulada".

En otro lugar nos habla de su estancia en la Universidad de Chicago a finales de los años 40, con un divertido apunte sobre “los recuerdos de la carne”. Pero más interesante aún es su casual descubrimiento de la vocación de la enseñanza, cuando lee sus interpretaciones sobre el relato de Joyce, “Los muertos” (“Dublineses”) ante sus condiscípulos en su habitación atestada de jóvenes tomando notas: “Fue un descubrimiento fatal. Desde esa noche, las sirenas de la enseñanza y el análisis crítico literario no han cesado de cantar para mí”. Steiner ha ejercido la docencia en Estados Unidos, Inglaterra y Suiza durante más de 50 años. En uno de sus libros sostiene que "la única licencia honrada y demostrable para enseñar es la que se posee en virtud del ejemplo".  Hay tres formas principales, los maestros que destruyen a sus discípulos, los discípulos que traicionan a sus maestros y los maestros que intercambian con sus discípulos el eros de la mutua confianza, una especie de ósmosis en la que el maestro aprende del discípulo como éste de aquél, en un escenario de auténtica y profunda amistad.

De 2011 es el texto "La poesía del pensamiento" (Del helenismo a Celan). En esta obra, Steiner parte de una idea básica: detrás de toda filosofía, sustentando su propuesta de pensamiento y su estructura hay una lírica literaria e incluso una música, una melodía del pensamiento, que parece motivar y mover la cohesión de las ideas. Eso es algo que late en el interior de quienes buscan en la reflexión filosófica una respuesta a los misterios del ser y de la vida. Como ocurre en las matemáticas puras y en la filosofía profunda, en algunos momentos el pensador llega a tener esa sensación melódica, una vibración que recuerda los misterios pitagóricos y las propuestas órficas, como si en el fondo mismo de materias como las citadas, la física cuántica , la astronomía, latiera el ritmo pausado y secreto de lo que se llamaba la "música de las esferas" y que los grandes cerebros de esas materias han calificado a menudo de un curioso misticismo sin religión y sin dioses

En cuanto a la “cuestión judía”,  hace una lectura revolucionaria que le aleja de la comprensión del Estado de Israel: “…la mayor verdad es que el judaísmo sobrevivirá la ruina de Israel. Lo conseguirá si su elección es la de vagar, la de enseñar a los hombres a darse la bienvenida, sin lo cual nos extinguiremos en este pequeño planeta…los conceptos, las ideas no necesitan pasaportes”.

Otros temas de Steiner: su amor a la música, la belleza y el misterio de las lenguas, “la condición de políglota ha sido mi mayor fortuna”, al papel de la ciencia, su instrumentalización y mal uso y las víctimas que produjo a lo largo del siglo XX.

Especialmente evocadoras son las menciones que en varios de sus libros hace Steiner de sus maestros y de los lugares que con su “genios loci” llegaron a constituir referencias personales en su vida. 

Steiner habla de su obra que “he desperdigado y por tanto derrochado mis fuerzas”. Se muestra descontento con “Lenguaje y silencio” uno de sus primeros libros, donde hay muchas preguntas y pocas respuestas: por ejemplo “¿cómo podemos comprender…la capacidad de los seres humanos para amar a Bach o a Schubert por la noche y torturar a otros seres humanos a la mañana siguiente?” o “¿Cómo reconciliar el mensaje esencial del judaísmo con un Estado-nación armado y rodeado de enemigos implacables?”. En un repaso al filo del final de su vida Steiner se lamenta  de haber abandonado el dibujo, de no aprender el hebreo, de la necesidad de su ateísmo que le brinda el poder conocer la tolerancia y de la obscenidad de las “guerras santas”, la manipulación del ADN o el enigma de la conciencia…

"El silencio de los libros", publicado en 2005 en la revista "Esprit" y por Siruela en 2011 (con el añadido de un enjundioso trabajo breve de Michel Crépu sobre la lectura "Ese vicio todavía impune") hace un corto pero jugoso recorrido sobre la historia del libro partiendo provocativamente del predominio de la oralidad en la cultura tradicional  ("la oralidad aspira a la verdad, a la honradez de corregirse uno mismo, a la democracia") y de la superioridad de la música como lenguaje fundamental para comunicar sentimientos y significados ("la mayor parte de la Humanidad no lee libros, pero canta y danza").
 Steiner da un zurriagazo (merecido) a la enseñanza actual donde se desdeña la oralidad -principal origen de la lectura: al principio, en la edad media, se leía siempre en voz alta y se aprendían los textos para ser recitados para un público iletrado- y se sacrifica la memoria (sustituyen el saber de memoria...por un caleidoscopio de saberes siempre efímeros". No podía faltar un sopapo (también merecido) a la Iglesia católica "cuya historia sangrienta de censura de libros y destrucción física de libros y autores recorre como un ardiente hilo rojo toda la historia del catolicismo romano".
Hay mucho pesimismo en las visiones apocalípticas del libro que tiene Steiner, pero también algo de sana hipocresía, ya que ante el deseo de leer y el aumento de posibilidades de lectura, Steiner acaba repitiendo los versos de Cátulo, "Oh, Musa, déjanos vivir un siglo o dos más". Ese pesimismo profético que parece anatematizar el futuro de los libros y del que Steiner nos da muestra, está muy lejos de concretarse en una amenaza real (de momento). 
En "Un largo sábado" se recogen una serie de entrevistas o más bien conversaciones entre la periodista francesa Laure Adler y George Steiner, ( con excelente traducción de Julio Baquero Cruz).

Aquí Steiner vuelve a sus temas recurrentes en relación con el judaísmo, el Holocausto, el estado de Israel, el conflicto de Oriente Medio, la religión o la existencia de Dios, el lenguaje -sobre el que es un erudito- los libros, la música, el amor y el sexo, la muerte, grandes temas que han motivado muchos de sus libros. En éste, Steiner con gran madurez y audacia matiza sus opiniones y expone sus reflexiones o acepta sus propias contradicciones motivadas por la evolución intelectual de su pensamiento y por la dinámica de la historia que vive intensamente y con crítica lucidez. Sus palabras y sus opiniones, muy bien estimuladas por la periodista, muestran -a pesar de que estemos o no de acuerdo con lo que dice-- la agudeza de la mente de este hombre singular. Y, en todo caso, provocan de una forma refleja la reflexión del lector.

Lo más interesante de este libro es la figura real que las preguntas de la periodista consiguen hacer aflorar sobre los esquemas y tópicos personales del gran pensador que es Steiner, sus contradicciones, sus filias y fobias y el curioso sentido del humor (tan judío) sobre todo a la hora de arremeter contra figuras tan señeras como la Arendt o Simone Weil. La excelente foto de portada nos ilustra, esa sonrisa pícara, esa mirada chispeante, irónica, levemente burlona, incide sobre un aspecto de Steiner que, a mi al menos, me había pasado inadvertido, la complejidad emocional del pensador, capaz de articular un mensaje magnífico sobre la mayoría de los temas y, al mismo tiempo, dejar "escapar" un juicio contundente y demasiado subjetivo sobre cualquier asunto al que le aplica el bisturí de la duda o el rechazo por pura emocionalidad. Y parece justificarse con una frase que pronuncia ante la periodista: "En los juicios estéticos siempre hay algo efímero, profundamente efímero". Y más adelante añade: "El lenguaje es infinitamente servil y no tiene- a eso se debe el misterio- límites éticos". Y esa es la complejidad de un hombre que no cesa de repetir la frase de Heidegger "somos los invitados de la vida" y es machacado por su anti sionismo en su propia patria, Israel. O le pasa el rodillo ético al capitalismo actual y dice: "Hay quien pone a diez mil personas de patitas en la calle y se va con una prima de cinco millones tras haber arruinado a la empresa o al banco que dirigía, ¿es ese el ideal de libertad humana?".

El libro acaba con un canto a la eutanasia y una reflexión sobre la vejez, "Dejadme dormir el sueño de la tierra" dice, citando a Vigny. Y se despide con un canto de amor a su perro y una reflexión: "Ya se que deberíamos sentir un gran amor hacia los seres humanos. Pero a veces me resulta muy difícil". Steiner tenía cuando pronunció estas palabras 87 años. Descanse en paz, el maestro.

FICHAS

ERRATA.- El examen de una vida. Siruela. Trad. Catalina Martinez.-218 págs.

LA POESÍA DEL PENSAMIENTO.- Del helenismo a Celan.- Siruela.-Trad. María Cóndor.-231 págs.

UN LARGO SÁBADO.-Conversaciones con Laure Adler.- Siruela.-Trad.Julio Baquero.

 

 

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9 enero 2020 4 09 /01 /enero /2020 08:42

Stephen Greenblatt es un profesor de Humanidades norteamericano, que ejerce en la Universidad de Harvard, autor de varios libros y entre ellos dos que me han fascinado. Uno fue premio Pulitzer en 2012 "El Giro" y otro, "El Tirano. Shakespeare y la política" publicado en 2018 y traducido hace unos meses en España.. En el primero habla del descubrimiento de un humanista italiano en 1417 del único ejemplar existente del "De rerum natura" el poema filosófico epicúreo de Lucrecio (s.I a.C.). En "El tirano" nos habla de los tiranos que Shakespeare refleja en sus obras más importantes y del método "de "ángulo oblicuo" que usaba el escritor para reflejar los dramas políticos de su propia época y no perecer en el intento: escogiendo a los tiranos en épocas pasadas, "al menos un siglo entero de distancia entre él y los acontecimientos que describía". Creo que Greenblatt ha usado el mismo "ángulo oblicuo" para describir ciertas actitudes políticas de algunos líderes de nuestra época, usando a los personajes de Shakespeare. 

Supongo que a los tiranos de hoy, sin ir muy lejos Greenblatt tiene uno en casa, les cuesta tanto como a los del pasado reconocerse en los retratos objetivos que los describen, pero ya se sabe que suelen estar rodeados de gentes muy serviciales que resaltarían ciertos parecidos enojosos. No tengo noticia de que el autor haya recibido algún "tuits" firmado por el inquilino de la Casa Blanca o por el de Downing Street, pero después de leer el capítulo dedicado a John Cade, uno le enviaría un mensaje al profesor de Harvard advirtiéndole que no bajara la guardia. Los consejeros del presidente y los del primer ministro británico, "esas larvas de la cosa pública" podrían aconsejarles la lectura de ese capítulo dedicado al "populismo fraudulento". Cade fue un personaje real que vivió en 1504 y que dirigió una revuelta popular (orquestada desde el poder) dueño de una oratoria salvaje y demagógica. Como cuenta, Greenblatt "el populacho es perfectamente consciente de que Cade es un mentiroso, pero por venal, cruel y egoísta que sea, es capaz de articular lo que sueñan las masas: romper todos los acuerdos, cancelar todas las deudas y desmantelar las instituciones existentes que no sean útiles para sus objetivos", "apoyándose en su indiferencia por la verdad, en su desvergüenza y en una seguridad en sí mismo sobredimensionada, el demagogo bocazas va adentrándose en una fantasía".

Ninguno de los dos líderes políticos es propiamente un tirano. Nuestra época ha diluído los excesos de poder en su retórica democrática, con lo que precisan cierto apoyo popular y tienen establecidos frenos institucionales. Aún así, esas dos y otras muchas figuras políticas que conciernen a demasiados países en este desorientado mundo del siglo XXI, tienen en el pasado reflejos alarmantemente semejantes.

Greenblatt nos habla en su libro de instituciones muy firmes en el ámbito político y económico, de líderes políticos con un poder inmenso y al tiempo nos informa del caos reinante, en el que el rencor y los intereses partidistas se imponen, la miseria económica se extiende por el país, haciendo que surjan actitudes populistas que encienden el desorden y la violencia en las calles bajo banderías y eslóganes que son mentiras evidentes pero que todos aceptan como verdades. ¿Nos está hablando del siglo XXI, de hoy mismo?No, señores. Está haciendo referencia a la Inglaterra de la reina Isabel I y ese autor-reportero es el mismísimo William Shakespeare. Nuestro autor juega con los espejos del pasado y el presente y usa las palabras del Bardo para mostrarnos a Trump y a otros individuos ensoberbecidos por el poder que están llevando a sus países y muchos de los demás a situaciones de guerra latente. 

Analizando a Ricardo III o a Macbeth, las razones psicológicas, infantiles, sexuales, narcisistas y los temores llevados a las mentiras más tortuosas y a un populismo violento y delirante que están en la psicopatología de esos personajes tienen un reflejo que produce estupor en personas totalitarias y sin pudor que dominan las políticas de sus países y amenazan a los que tienen alrededor. Greenblatt se pregunta, como Shakespeare en su tiempo:  "¿cómo es posible que alguien que gobierna a través de la violencia, no para defender los intereses de su pueblo sino por motivos propios, irracionales o malvados, consiga mantenerse en el poder”.

Y esboza una respuesta: La gente vive de una forma tan insegura y tan lejos de la comodidad económica y social que necesita creer en las mentiras de alguien que les promete un cambio a mejor y que les señala a los "auténticos" culpables de su situación (que nunca es el Gobierno del tirano) con los enemigos del líder carismático, ya sean raciales, los judíos, los negros, los asiáticos o los árabes, como económicos, el capitalismo salvaje o los separatistas o el terrorismo de los desahuciados y los sin techo o los inmigrantes.

FICHA

EL TIRANO.- Shakespeare  y la política.- Stephen Greenblatt, - Ed Alfabeto.- Pags. 252

 

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13 enero 2019 7 13 /01 /enero /2019 10:59

En esta ocasión, primero vi la película. Robert Redford y Jane Fonda, los dos abueletes, aunque muy en forma, hacen un papel digno, sin llegar en ningún momento al lucimiento pero tampoco al histrionismo. Luego, más tarde, cuando leí la novela comprendí que con una historia como esa no se podía hacer ningún tipo de exageraciones. Es una novela contenida, que discurre suavemente, que se vuelve dramática con mesura, dolor con sordina, sin aspavientos. Es la historia de dos personas mayores, viudos ambos. Addie y Louis viven solos, tienen sus rutinas, amigos circunstanciales, sin demasiada intimidad con nadie. Hacen su vida apaciblemente, sujeta a ese pequeño pero permanente acontecimiento de levantarse cada mañana y disfrutar del milagro de la vida en el otoño de sus existencias. El entorno es el de una ciudad de provincias en el profundo sur norteamericano, conservador, puritano y en algunos momentos chismoso y retrógrado.

Es Addie quien da el primer paso. Con ese sentido común femenino que supera los obstáculos más recalcitrantes, aparece una noche en la puerta de la casa de Louis, un viejo conocido, y le propone que duerman juntos, sin connotaciones sexuales, simplemente por el placer de sentir al lado de alguien en las noches, cuando la soledad se hace más acre e incómoda. Los dos ancianos están de muy buen ver, son inteligentes y discretos. La  carencia afectiva es evidente en ambos, tienen hijos mayores y arrastran los pequeños -o grandes y larvados- problemas en la relación con sus hijos,  que suelen aparecer en las familias. 

Pero, claro, están viviendo en un pueblo donde todos se conocen y muchos no tienen mejor cosa que hacer que estar pendientes de lo que hacen o no hacen los demás. Naturalmente las idas y venidas de Louis no pasan inadvertidas y comienzan los chismorreos, hasta que estos llegan a los oidos de los hijos de ambos. Mientras la hija de Louis entiende todo e incluso hace migas con Addie, el hijo de Addie se niega a aceptar esa relación, por motivos "morales" que incluye el "mal ejemplo" que los dos  ancianos dan a su propio hijo, el nieto de Addie (prescindiendo del hecho de que el niño está más a gusto con los dos abuelos que con su propio padre , arrasado y desequilibrado por su matrimonio roto).

En fin, no les cuento más. La hipocresía puritana del pequeño pueblo, pero sobre todo la cerrazón igualmente hipócrita del hijo de Addie, son elementos contra los que es difícil luchar. La novela es ágil, irónica y llena de amabilidad humana. Se publicó póstumamente ya que Kent Haruf murió de un ataque cardíaco. Es una novela triste y deliciosa que deja pensativo al lector después de leerla de un tirón. Los diálogos son vivos y al mismo tiempo te envuelven con su precisión y falta de adornos, escuetos, sencillos y directos. Ya el inicio es prometedor, cuando Addie le dice a Louis: "Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo". Él se queda asombrado y pensativo. "No dices nada. ¿Te he dejado sin respiración", dice ella. "No estoy hablando de sexo...yo hablo de acostarse calentitos, acompañados...las noches son lo peor, ¿no crees?". 

Lineas cortas, repletas de diálogos breves pero intensos, pocas descripciones, leves apuntes sobre los demás personajes de la novela, centrada constantemente en la pareja que busca la perfección y belleza de una relación desinteresada en la que también aparece el sexo pero más como ternura inteligente que como pasión. Breve como el paso de una  estrella fugaz, pero con una belleza narrativa basada en los buenos sentimientos, el respeto y un cariño que nace de la comprensión. Poco más de cien páginas que se leen como bebiéndolas de un trago dulce, picante y un fondo amargo pero lúcido.

Kent Haruf ha escrito otras cinco novelas sobre pueblos pequeños  y gentes  de la región de Colorado, donde nació. Recibió varios premios y galardones y en febrero de 2014, se le diagnosticó una grave enfermedad terminal con escasas posibilidades de supervivencia. Dedicó sus últimas fuerzas a escribir esta novela. Poco después de corregir las últimas pruebas, falleció. Tenía 71 años. 

Nosotros en la noche.-Kent Haruf.-Random House Editorial.-Traducción de Cruz Rodríguez Juiz.-130 Páginas.-16,90 €.- ISBN 9788439731856

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1 diciembre 2018 6 01 /12 /diciembre /2018 13:21

 No es una persona perteneciente a un género híbrido surgido de una leyenda náutica . No es un cruce mágico entre una sirena ("sireno" en este caso) y un profesor de Oxford, o un arquetipo procedente de un lío entre Neptuno y Minerva; no se le intuye ninguna psicopatología obsesiva: es un tipo que tiene el aspecto informal de la escuela punk londinense de los 70 y la curiosidad biológica poética y científica de un Darwin mezclado con Jonathan Swift y Daniel Defoe, Blake, Melville y Poe. Se llama Philip Hoare y está loco por el mar. Y su locura es contagiosa. Lo muestran sus tres libros, desde "Leviatán",  pasando por el "El mar interior" y ahora "El alma del mar". Y en conjunto me ha deslumbrado la trilogía. No por sus conocimientos científicos, ni sus  lecturas y citas literarias que rozan la erudición, sino por algo que como viejo psicólogo y  literato valoro mucho y no suelo  encontrar: una pasión tan profunda y fundamentada, tan activa y dinámica, que parece haber llenado la existencia de este hombre y darle un sentido esencial :  la conexión casi filogenética con el mar. 

Como ya escribí en mi reseña sobre "El mar interior", Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Tocado también por el "regalo de Pan" (la homosexualidad), característica que comparte con otros escritores y poetas ( y lo menciono sólo por el plus de sensibilidad y delicadeza personal que se suele reflejar en sus textos), desde Wilde a Lawrence de Arabia, T.S. Eliot, Forster, Foucault, Wilfred Owen, D.H.Lawrence  y algunos más de sus autores citados en su trilogía. Ya en "Leviatán", la primera de estas obras dedicadas al mar citaba en el prólogo la anécdota de su "casi" nacimiento bajo el agua (su mamá visitó un submarino de la Armada un día antes de dar a luz, aunque los dolores de parto le sobrevinieron mientras estaba "bajo la línea de flotación" del mar). Es una nota que repite en "El alma del mar" para enfatizar el hecho de que su "horror a las profundidades" y al agua, incluso de una bañera, ha sido convertido en una pasión tan absorbente que le hace bañarse cada día del año en el mar, con buen tiempo o en pleno invierno bajo cero.
Me parece verle reflejado en su referencia a Shelley, que murió ahogado al naufragar su barco "Ariel" (escritas por el amigo íntimo de éste, Trelawny): " Shelley nunca floreció lejos del agua. Cuando se vio obligado a vivir en una ciudad, cada mañana, empujado por el mismo instinto que guía a las aves acuáticas, huía hasta el lago, el río o la playa más cercana y no regresaba al hogar hasta bien entrada la noche " (pág. 239). o también en sus eruditas e intencionadas elucubraciones  sobre las "pistas evidentes " que Melville dejó en su última obra (tenía setenta años) sobre el "bello marinero",  "Billy Bud", que Britten convirtió en ópera años después y es un símbolo gay de una belleza poética y dramática incontestable. (págs  405 y sgtes.).

Tanto en su "Leviatán", en el que el amor a las ballenas florece en un texto asombroso y un recorrido fascinante por la obra de Melville  y de otros escritores (desde la mismísima Biblia y su Jonás hasta Conrad. Thoreau o Hawthorne)  como las dos obras que le siguen,  son un pretexto literario para entrar en las experiencias personales de Hoare, que aprendió a nadar a los 29 años en una piscina y veinte años después lo hace rodeado de ballenas en las Azores, mientras hoy con 60 años se mete en el mar cada día desde hace diez años para nadar aunque sea rodeado de medusas o en una playa devastada por un huracán (experiencia que describe en el primer capítulo de "El alma del mar" y relaciona con "La Tempestad" de Shakespeare).

Hay algo tiernamente trágico en este escritor delgado, juvenil, amable y sonriente que parece muy lejano de la edad que tiene y muestra a través de sus experiencias personales que cuajan en su trilogía, una inesperada y admirable fortaleza personal. Es un T.E. Lawrence del mar, un "rey sin corona" de las profundidades marinas, que desprecia el dolor físico y todo lo subordina a un ideal que tiene que ver con el respeto al mar y a sus criaturas. En la trilogía, "un artefacto literario sobre animales, ideas y todo lo que me gusta"  (así definió su "Mar interior")  nos habla de sí mismo como un ejemplo más de los personajes que el mundo del mar ha cambiado e inspirado. Hay algo onírico en este libro (ya anunciado por los dos anteriores) que se despliega como un gigantesco tapiz oriental lleno de referencias literarias de hondo calado, Keats,  Shelley, el inevitable y sugestivo Shakespeare (que se refiere al océano más de 200 veces en sus obras), T.S. Eliot, Auden, Stevenson, Elizabeth Barret Browning, Conrad, Huxley, Thoreau, Iris Murdoch ("El mar, el mar"), la Wharton, Silvia Plath o Jack London, todos flotando en un ambiente glauco surcado por medusas iridiscentes, ballenas, delfines, gaviotas y cormoranes, gigantescas olas como en los dibujos japoneses, marinos y pescadores ahogados en un flotar perpetuo entre restos de naufragios, el  cadáver del almirante Nelson en un barril de brandy y la vigorosa anciana Pat de Groot , con sus dibujos de pájaros- "ella  misma parece un pájaro, con su mata de pelo plateado, sus intensos ojos castaños y sus altos pómulos"- y marinas, donde el tiempo parece congelado en tonos pastel, veinte páginas apasionadas dedicadas a Stephen Tennant (el "más brillante de los jóvenes brillantes" aristócratas ingleses) al que  Hoare dedicó una biografía en 1990...un tapiz mágico de prosa brillante a veces hiperbólica y siempre imaginativa que arrastra al lector a menudo a preguntarse qué diablos está leyendo, para a continuación olvidar la pregunta y seguir embrujado por esa larga canción de cuna que habla de tormentas y tempestades que arrasan puertos, diques y playas  "como una bestia rugiente que exigía su alimento", mareas que al bajar se llevan la vida de la gente (como dicen en "David Copperfield"), los cormoranes de Cape Cod y Provincetown, el  Titanic y el bello fin  de Isidor e Ida, una pareja anciana, los abuelos de Pat, que decidió ahogarse junto a 800 almas en el desastre, por no separarse. También nos habla, como en sueños, del disco de Roger Payne (1970) "Songs oh the Humpback Whale", que recogía la música de las ballenas o del rodaje del "Moby Dick" de Huston y del simbolismo oceánico de Kubrick y su "2001". Y de la ferocidad nívea de Bass Rock, una diminuta isla habitada por miles de cormoranes y albatros en la costa escocesa Y de los "sekies" criaturas híbridas entre pez y hombre.

El entramado de referencias personales. literarias e históricas que están al dorso del tapiz y le dan sentido, va revelando detalles poco conocidos al lector, como la descripción de las tres levitas de marino que se conservan en un museo dedicado al almirante y a  su navío Victory en Porstmout. El texto circula como una corriente marina, una de esas gigantescas corrientes que atraviesan los océanos y los continentes, como la que aquí atraviesa tres libros que, en el fondo, son un solo libro, cuyo motivo central es el océano y sus criaturas. Esa corriente  está dirigida por una energía concreta, muy humana, algo narcisista, a veces histriónica, la del autor, que enfoca  su curiosa y ávida mirada hacia los variados aspectos de sus experiencias y lecturas sobre el tema central.  A veces la implicación entre ambas actividades es tan sutil que el lector puede desconcertarse, aunque la fuerza del texto le empuja inevitablemente más allá, página tras página, libro tras libro. Como cuando nos habla de su accidente con la bicicleta y su estancia en el hospital, "un lugar de transición: un estado suspendido entre máquinas que emiten pitidos y burocracia, en el que los cuerpos son más importantes que las personas" (incorregible narcisista, aporta fotos de una radiografía y de sus heridas junto a un ojo).

Capítulo aparte es el dedicado a la hambruna irlandesa (Hoare pertenece a una familia de origen irlandés que emigró para evitar esa tragedia nacional histórica minimizada por los ingleses) en la que el autor alcanza un brío narrativo dramático empeñado en imágenes biográficas de una gran plasticidad (como su interés por los vitrales de la iglesia -muy proustiano en el fondo- que narraban la pasión de Cristo y especialmente en la figura de un legionario romano dotado de unas "piernas morenas" que asomaban bajo su falda acorazada.)

La editora, Ático de los Libros, podría unir los tres volúmenes en uno de esos cofres de cartón de regalo para obras completas, como otros editores hicieron, por ejemplo, con el Cuarteto de Alejandría de Durrell o "El hombre sin atributos" de Musil o las novelas de Jeeves escritas por el inimitable Wodehouse . Un estuche dedicado al mar, quizá publicitado por una frase de Hoare en su último volumen: "La ubicuidad del mar...es en sí misma interplanetaria y nos conecta con las estrellas...es una nada llena de vida, hogar del 90 por ciento de la biomasa del planeta, que aporta el 60 por ciento del oxígeno que respiramos. Es nuestro sistema de soporte vital, nuestro gran útero. Siempre está rompiendo sus fronteras, dando y tomando constantemente. Es la encarnación de todas nuestras paradojas. Sin él no podríamos vivir, dentro de él moriríamos. Al mar no le importa". Y en otro lugar añade:  "El mar es también el lugar al que va a parar todo el mal que hacemos”.

En "El mar interior", también un libro inclasificable como sus dos hermanos,  donde oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico, Hoare nos muestra su amorosa erudición sobre ballenas, delfines, focas o todo tipo de pájaros, arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que siempre es el auténtico protagonista de sus libros. Hoare nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Pero también deja espacio para una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.  Amenizados con dibujos y fotografías (muchas de ellas del propio autor como protagonista), los tres libros de Hoare  son un placer y un reto. No sólo nos informan y atrae nuestra curiosidad e interés, también nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. 

El final de "El mar interior" podría cerrar el círculo entre los tres libros, cuando escribe: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

FICHA

EL ALMA DEL MAR.- Philip Hoare. Traducción de Joan Eloi Roca. Ático de los Libros, 2018. 512 páginas. 22,50 euros

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los Libros. 2013.-333 págs

LEVIATÁN.- Philip Hoare.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ed. Ático de los libros, 2010.-510 págs.

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24 julio 2018 2 24 /07 /julio /2018 08:24

El escritor H.P. Lovecraft tiene inesperadas y poco conocidas (excepto para los fanáticos) redes de admiradores. Es un escritor de culto en el universo underground y entre los aficionados al terror y el misterio llamados "góticos". Y también, claro está, entre los devoradores de cómics y novelas gráficas de terror. Es de ese tipo de escritores que logran crear un mundo propio, como Poe, Carroll o Dickens (aunque, a mi parecer, Lovecraft se encuentra a otro nivel como comparable con esos genios literarios).

La editorial Alma (de la que ya reseñamos Tom Sawyer y los relatos de Poe), ha editado con gusto y esmero este clásico norteamericano, cercano a Poe aunque a considerable distancia cualitativa menor, con unas ilustraciones muy "ad hoc", aunque de nuevo echamos de menos unas páginas de comentario que sitúen al autor en su contexto histórico, social y en la historia de la literatura. Siguiendo la escuela de Poe (que murió 40 años antes de que naciera nuestro autor) su estilo es de una sencillez, lógica y coherencia que tienen el efecto paradójico de  aumentar la sensación de horror ante lo que relata. Es un maestro del terror más en la estela de "Otra vuelta de tuerca" de Henry James. Además crea la mitología propia de los relatos de una oscura deidad, Cthulhu donde auna un tipo de horror cósmico esotérico con elementos de ciencia ficción.

Se puede asegurar que el lector que entre en el mundo de Cthulhu no lo abandonará jamás, formará parte de ese, delicioso en el fondo, imaginario del terror donde figuran Drácula, el Hombre Lobo, Frankenstein y otras criaturas de la noche.

LA LLAMADA DE CTHULHU y EL SER EN EL UMBRAL.- H.P. Lovecraft.- Trda. José Álvaro Garrido.- Ilustr. John Coulhart.-92 págs. Alma editorial. ISBN 9788415618683

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27 mayo 2018 7 27 /05 /mayo /2018 09:56

Interesante  comic que recrea una noche ficticia que pasó Luis Buñuel en Hollywood en 1946, en una época en la que mal vivía en la Meca del cine yanqui sin lograr encontrar trabajo. El cineasta aragonés asistió a una fiesta en una gran mansión con el objetivo de encontrarse con el productor Darryl Zanuck. Avalada por un dibujo sencillo de trazo firme y colores pastel con unos encuadres claramente cinematográficos, la historia va integrando personajes y eventos reales que son explicados con abundante detalle en un apéndice colocado en las páginas últimas. El trabajo, que logra atraparte desde el principio como una buen corto documental con elementos biográficos, está firmado por Queco Ágreda (textos), Javier Ortiz (ilustraciones) y Guillermo Montañés (responsable de las coloraciones de las páginas) y patrocinado por el Gobierno de Aragón y el Centro Buñuel de Calanda.

Me he sentido sumamente atraído por el citado apéndice y la estricta información que facilita, algunos de cuyos detalles no había leído anteriormente en parte alguna o los había leído algo deformados o directamente falseados. Por ejemplo, el fracaso de la película mejicana que dirigió con la interpretación de dos estrellas como Jorge Negrete y Libertad Lamarque, ciertos detalles sobre las relaciones de Buñuel con Lorca, Dalí y Pepín Bello, el tema falso de que Buñuel estaba en una lista negra de Hollywood, la existencia de José Ignacio Mantecón, el catedrático aragonés exiliado, providencial para Buñuel en Méjico, la posibilidad desechada de Buñuel de dedicarse a la docencia universitaria, la época en que dirigió en España unos estudios de cine. Particularmente me han encantado las referencias homéricas (el regreso accidentado de Ulises a su hogar) que, al igual que Joyce, Ágreda ha resumido en unas horas de aquella supuesta noche pasada por Buñuel con algunos amigos, en las que les ocurrió todo tipo de eventos, algunos grotescos (como la visita al burdel, donde también se evoca "Tristana"), otros biográficos como el encuentro con René Clair o la productora Denise Tual y otros surrealistas como las charlas con los fantasmas de Dalí, Bello o Lorca.

Un cómic notable, más por su concepción y documentación que por el tratamiento gráfico en sí. En cualquier caso, sumamente interesante para los admiradores de Buñuel y recomendable para los amantes del cine en general.

FICHA

LA NOCHE PERDIDA DE LUIS BUÑUEL.- Queco Ágreda, Javier Ortiz y Guillermo Montañés.- Ed. ñpor el Gobierno de Aragón.- ISBN 9788483803776

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21 agosto 2016 7 21 /08 /agosto /2016 12:00
Mascotas

Divertida película, algo gamberra y un poco excesiva de los estudios Illumination, los mismos que nos encantaron con ‘Mi villano favorito’ y los "Minions". El ingenio del guión y de la propuesta argumental (¿qué hacen nuestras mascotas cuando las dejamos solas en casa?) convierten la película en un encanto difícil de superar, sobre todo para los amantes de los animales y los que aman a sus mascotas más que al resto de los humanos. Lo cierto es que las respuestas que nos dan a esa pregunta, con algunas excepciones, son bastante previsibles y hay motivos que se alargan en demasía o que son directamente de lo menos pertinentes (ademas de los paralelismos con otras películas de animación como Toy Story). Cuenta la historia de Max, un perro que vive en un pisito de la ciudad de Nueva York junto a su dueña Katie, una chica que lo adoptó años atrás. Esa felicidad hogareña se rompe con la llegada de otro perro adoptado., un gigantón peludo y divertidísimo, que cuando la chica no mira abusa de su tamaño sobre el pequeño Max. Las aventuras se disparan cuando se pierden en las calles de la gran ciudad y son perseguidos por los agentes del control de animales callejeros (bastante semejantes a los del mismo departamento de la película inglesa de las ovejas, con el desternillante Groomit). Luego la aparición de las legiones de perros abandonados y otros animales, como una boa constrictor y un halcón, comandados por un conejo blanco ya se vuelve disparatada. Eso sí la acción es inacabable (incluso un poco agobiante).

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18 agosto 2016 4 18 /08 /agosto /2016 09:58
La costurera

He aquí una historia híbrida, extraña. a ratos interesante, romántica. Una comedia que oscila a drama con vocación realista sobre la vida en un pequeño pueblo, con la aparición de una antigua residente sospechosa de haber asesinado a un niño cuando ella también era una menor. La modista, excelentemente interpretada por Kate Winslet . Una joven modista que revoluciona un pueblo de los años 50 con su trabajo de modista. Y de paso logra aclarar la muerte del pequeño que siempre se le ha atribuido de forma maliciosa. Magníficas actuaciones de Judy Davis como madre de la Winslet y de Hugo Waving haciendo un papel rompedor y divertido de un policía muy "especial". Comedia negra heterodoxa con alguna tendencia al esperpento. Queda un vistoso encadenamiento de secuencias surrealistas entre el melodrama, la tragedia y la sátira costumbrista.

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