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30 noviembre 2020 1 30 /11 /noviembre /2020 10:58

Querido lector: hemos cumplido tres años de compartir, mes a mes, el amor a los libros. Un amor que se ha reflejado en estos artículos que tiene la amabilidad de leer. Todos nos hemos hecho un poco más viejos o un poco menos jóvenes. Sin embargo hay una constante que se mantiene y seguramente durará tanto como nosotros: la fascinación por la lectura, esa actividad deliciosa que activa nuestras neuronas, expande nuestra visión de la realidad y nos permite ajustarnos mejor a las complejidades de la existencia. Los lectores vocacionales que circulen ya por un arco vital que supere el  supuesto "nel mezzo del cammin di nostra vita" del que hablaba Dante a los cuarenta años, siguen las novedades que surgen en el terreno literario, pero lo que en general les complace más profundamente tiene que ver con los "clásicos", aquellos libros que mantienen su vigor y belleza época tras época aunque sufren también los vaivenes de interés, las modas y las resurrecciones de rigor. Hablamos del Quijote, de Gargantúa y Pantagruel, de los Ensayos de Montaigne, la Divina Comedia, la Odisea... de tantos que mencionar no puedo. Pero aquí no voy a referirme a ese tipo de "clásicos". Hay otros clásicos que están "insertos" en un período esencial de nuestras existencias, la infancia, adolescencia y primera juventud (hasta los 20 años y pico, aunque hoy día se han retrasado las curvas evolutivas). De estos quiero hablaros en estas páginas.

En el caso de los que eran niños o jóvenes de los 50 a los 80 del pasado siglo, todo lo que voy a compartir con ustedes les será familiar, a unos de forma vaga y a otros, nostálgica. Pero, creo que también puede interesar a los que son muy jóvenes ahora, ya que los temas, los personajes, los argumentos y la forma de narrarlos tienen una característica común: de alguna manera son la plasmación literaria de emociones, sentimientos, ideas e ingenio e inteligencia que jamás decaerán porque forman parte de lo mejor del ser humano. Son casi estereotipos de las diferentes maneras de comportarse los individuos de nuestro género y que cambia sutilmente en las diferentes culturas. Sin embargo las constantes "ocultas" de lo que esos libros despiertan -emocional, afectiva, psicológicamente-  en las personas de la misma edad, son prácticamente las mismas. Quizá no los mismos personajes o autores, pero si el tipo de ligamen emocional que crean. Mi entusiasmo por  las aventuras de Guillermo Brown a los 14 años, quizá sea del mismo tipo y efectos que el de Harry Potter sobre un adolescente de hoy o "El señor de los anillos" para un joven. .

Cuando el que les escribe estas líneas tenía unos doce años, alguien me regaló un volumen rojo de portada pulida y brillante, de Editorial Molino, en la que resaltaba el rostro concentrado y optimista de un arrapiezo más o menos de mi edad, con una gorra curiosa, chaqueta y la corbata colegial a la altura de la oreja, que lucía una sonrisa irresistible y parecía la clase de amigo voluntarioso y audaz que no gusta a las mamás y encanta a los niños. Se trataba de Guillermo Brown, un niño inglés de once años con un imaginario inagotable de aventuras reales o ficticias, pesadilla incomprensible de los adultos, líder de una banda de mocosos como él a los que llamaba "los Proscritos", símbolo de la innata rebelión del espíritu infantil, de zapatos embarrados, escasa elegancia y energía sin límites. Un niño imaginativo, inteligente, capaz de generar en sus amigos y en sí mismo un contradiscurso paralelo que convertía la realidad en el escenario de innumerables y exóticas aventuras, eso sí sin despegarse de la lógica heroica y épica del carácter del niño.

"Las travesuras de Guillermo" fue ese primer acceso al mundo dorado de la campiña inglesa de entreguerras, con sus damas lánguidas, sus prados verdes, granjeros irascibles y cobertizos misteriosos, en el que Guillermo y sus proscritos reinaban a pesar de la presencia de los más ortodoxos y limpios amigos de Huberto Lane, el rival, sumiso y adicto al mundo adulto del poder. A partir de ese momento logré hacerme con los preciados volúmenes de la saga de Guillermo. Ni que decir tiene que aún conservo la colección completa de sus libros, treinta y siete títulos publicados a lo largo de cuarenta y siete años (desde 1922 en que apareció el primero; en España treinta años más tarde).

Los múltiples aspectos de ese personaje y su mundo, muy cercano en eficacia literaria al de Sherlock Holmes o las aventuras de Frodo, el hobbit de la Tierra Media y el Único Anillo del tenebroso Saurón,  pertenecen los tres al acervo del genio literario inglés. Quizá para otros lectores menos aficionados al sello "british", esta selección resulta un tanto arbitraria. No es mi propósito imitar a Bloom y su "canon occidental", ni mucho menos. Sólo quiero constatar una constante que influyó al menos en dos generaciones de españolitos. Y, por otro lado, reflejar mi hipótesis -no demostrada, pero tampoco refutada empíricamente- de que Guillermo Brown, Holmes y Frodo alimentaron el imaginario de la niñez, adolescencia y juventud de aquellos jóvenes en ciertos valores, principios y actitudes prácticas, psicológicas y morales que propiciaron los sueños manipulados de la "Revolución de las Flores", los "hippies", los Beatles y los Rollings, mayo del 68, la caída del Muro y en literatura los grandes de la generación de los ochenta y noventa (y algunos que colean todavía, como mis queridos Savater, Marías, Pérez Reverte, Javier Reverte -ya no- "e tantti altri") . 

Hubo una época en que las lecturas y adicciones íntimas y casi viscerales a ciertos personajes  constituían casi un "carnet de identidad" secreto. Si un sujeto que acababas de conocer, de una forma casual soltaba una frase, un latiguillo o unas palabras relacionadas con algunos de esos personajes, se establecía casi de una forma instantánea una "resonancia afectiva". Un "Como diría el viejo Guillermo", o un "elemental, querido amigo" o un "Frodo lives" como el pintado en los muros californianos, para indicar que lo imposible a veces es sólo improbable, podía hacer saltar la chispa, por no mencionar ciertas frases-sortilegio para los eruditos en las materias que rodean a los Proscritos, algunos imitadores de Arthur Conan Doyle que casi lograron superar al maestro y los grandes olvidados del Señor de los Anillos fílmico que en la trilogía novelesca tenían un importante papel... cuando la intervención te revelaba que el tipo era "uno de los nuestros", se producía una especie de epifanía fraternal. 

Estoy convencido que el "pantallismo" y las adicciones tecnológicas, el olvido de los clásicos y una "cultura" centrada en la utilidad, la brevedad y el analfabetismo vertical, no ha logrado evitar el contagio entre nuestras "generaciones perdidas" y los nuevos profesos o los alevines que se sienten atraídos por la extraña camaradería que crean ciertas lecturas comunes. Guillermo Brown, Sherlock Holmes y el mundo de Gandalf  y los hobbits, quizá no todos ellos --sin duda algunos son sustituidos por otro tipo de héroes generados por la literatura del nuevo siglo y algunos del antiguo que no menciono aquí-- seguirá presentes en el imaginario de los aficionados a la lectura sea en papel o en los e-books. 

La osadía y el amor a la aventura, la honestidad, el valor y el humor e ironía de Guillermo, la inteligencia, el ingenio y toda una personalidad al servicio de un ideal de servicio a la justicia de Sherlock y la firmeza indomable y combativa, la profunda humanidad y principios de amistad y entrega a un fin superior, de Frodo, Sam, Gandalf, Aragorn y Legolas, ilustran una jerarquía de valores que de una forma u otra uno lleva integrados en principio en su reservorio ético y algún día, casi sin darse cuenta, hay una acción o una intervención en la que, como una gema oculta, brilla alguna cosa que incrustó en el inconsciente la arrebatadora lectura de esos personajes tan amados.

Vaya desde aquí mi homenaje personal a todos esos personajes y autores que sembraron en mí el fabuloso virus lector. Ese que, según una teoría de la neurociencia, reflejada en el libro "Las neuronas de la lectura" de Stéphane Dehaene, catedrática de Psicología Cognitiva en el Colegio de Francia, "la lectura promueve el desarrollo cognitivo con más ímpetu de lo que se pensaba hasta ahora" y es una actividad que favorece notables cambios en el cerebro, creando nuevas conexiones sinápticas y una más ágil interrelación entre las estructuras encefálicas. Unos estudios de seguimiento estadístico realizados sobre una muestra de 470 personas durante un periodo de 20 años, grandes lectores, enfrentados a una muestra no lectora, revela llamativas diferencias a favor de los lectores entre los índices de demencia senil y un mantenimiento más vigoroso y eficaz de los circuitos mentales relacionados con el comportamiento, el carácter y las actividades de la inteligencia. Vaya que, como apuntaba el filósofo José Antonio Marina, los libros terminarán vendiéndose en las farmacias bajo prescripción facultativo-literaria. Amigo Marina, tiemblo porque llegue un día tal. Prefiero que sigan nutriéndonos las librerías. Les dispenso de fichas. Todos estos libros están fácilmente disponibles en librerías e internet, en ediciones diversas. 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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18 septiembre 2020 5 18 /09 /septiembre /2020 09:02

E.M.Forster uno de los miembros del Grupo de Bloomsbury (nacido con el siglo y fallecido en 1970, a los 69 años) , fue uno de los grandes escritores británicos de mediados del siglo XX. "El más largo viaje" apareció en España en 1977  (siete años después de la muerte del escritor) y yo la leí apasionadamente, como todo lo que se iba traduciendo de este novelista, narrador y ensayista que se iría a la tumba sin salir del armario y que me desconcertaba  por su manera de describir el amor, hasta que en los ochenta, creo, se tradujo su novela póstuma "Maurice" (aparecido en inglés en 1971) y yo entendí la ambigüedad de muchos personajes masculinos de Forster y sobre todo la doble lectura de sus inteligentes diálogos y observaciones. Dicho esto sin sombra alguna de censura o juicio. Siempre he respetado las diversidades sexuales ajenas.

Me ha gustado volver a las complejas disquisiciones intelectuales de tantos personajes inolvidables, "Viaje a la India", "Una habitación con vistas", "La mansión" convertida en famosa serie de tv. con el título "Regreso a Howard End") y los relatos de "La vida futura". En trece ocasiones fue nombrado como aspirante al Premio Nobel sin llegar a serle concedido (quisiera creer que no fue por su opción sexual personal). En la década de los treinta sus charlas literarias y culturales por la BBC tuvieron una extraordinaria acogida popular y su labor divulgativa fue objeto de varios premios. También publicó varios ensayos y biografías. Que yo sepa sólo se ha traducido "Aspectos de la novela", en los setenta que fue convenientemente devorado por todos los que aspirábamos a ser eficientes y honestos críticos literarios).

Sigue siendo una novelista atractivo, de lectura gratificante aunque no siempre fácil y uno de los más destacados escritores- analistas que ha dado la grey universitaria inglesa desde Oxford a Cambridge (o como en esta novela, Swaston) que llevaba consigo la elección de un tipo de vida peculiar y de una manera de comportarse en sociedad con su sello distintivo. En esta novela Forster apuesta por una especie de novela de tesis, en la que -muy actual- reivindica cierto tipo de actitudes en las que se privilegia las ideas y una vida dedicada a ellas sobre la explotación práctica y profesional de las aptitudes y estudios. Forster consideraba que esta novela, quizá una de las menos populares, es, sin embargo un reflejo literario de sus personales preocupaciones y su desarrollo como persona. Una especie de Bildungsroman (como los alemanes llaman a las novelas de "aprendizaje" vital) que refleja los azares existenciales, emocionales e intelectuales de Rickie Elliot, probablemente un trasunto del autor.

Especialmente interesante es la información que nos da Foster de su decidida actitud, tan adelantada a su tiempo, de comunión esencial y amor a la Naturaleza. Y así dice de uno de sus personajes: "Su actitud ante la naturaleza era decididamente estética: una actitud más estéril que la totalmente práctica. Aplicaba el criterio de belleza a la sombra, al olor y al sonido; nunca sentía reverencia hacia estas cosas ni se emocionaba con ellas; nunca las había considerado como una irresistible trinidad que puede embriagar de alegría al devoto. Si le gustaba el campo arado era como mancha de color, no como insinuación de la inagotable fuerza de la tierra". (pág. 118).  O mas adelante (pág.213), "Percibió con mayor claridad la crueldad de la naturaleza, para quien nuestro refinamiento y nuestra piedad no son más que burbujas, que desaparecen a toda prisa en el agua turbia".

No hay ninguna de las obras de  Forster donde no se prodiguen detalles de una filosofía y una percepción sensual hacia la naturaleza, ante los que los actuales gurús de la ecología no babearían de placer. Eso como simple adorno de una complejidad magnífica de sentimientos y emociones en un escritor fundamentalmente intelectual y de gran formación clásica.

FICHA

EL MÁS LARGO VIAJE.- E.M. Forster.-Trad. José Luís López Muñoz.- Alianza Tres. 316 págs.

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8 agosto 2020 6 08 /08 /agosto /2020 09:44

 

Pertenezco a una generación que comenzó a despertar a ese misterio cotidiano que era la condición femenina, por encima de los roles habituales. Lejos ya de la época de las primeras revolucionarias, de las sufragistas y el despertar de la mujer en otros países, en España en los sesenta comenzaba con grandes dificultades a surgir una conciencia del feminismo que enraizaba entre los jóvenes y era seguida con hostilidad y desprecio por nuestros mayores y por muchos jóvenes conservadores y tradicionalistas que en este país siempre han proliferado no sólo al abrigo de las clases medias y altas, sino entre los obreros y gente rural. La magia manipulada de la "revolución de las flores" hippy y de las universidades alzadas al conjuro del "Paris 68" y la imaginación al poder, del "debajo de los adoquines, la playa" o del "Dios ha muerto, Marx también y yo no sé dónde estoy" (una pintada que leí en un muro del Barrio Latino)...era una magia falsa, de mal ilusionista, que se le veía el truco, el artificio y la mentira. Las jóvenes de largos cabellos con coronas de flores silvestres, olor a patchulí y sexo fácil y consentido, volvían a las aulas universitarias a ser mejores estudiantes pero profesionales de segunda, por debajo de compañeros menos preparados, otras escogían el matrimonio como salida vital y algunas brillaban como gemas en sus respectivas profesiones pero sus logros eran disimulados entre los masculinos, cuando no abiertamente sofocados, titularizados por sus esposos o compañeros.

En "Hacia las estrellas" una novela de Mary Robinette, ese signo discriminatorio contra el sexo femenino y personas de color se contempla como un símbolo que rebasa la ficción para reflejar una realidad obstinada en la historia de nuestra cultura: la marginación o la desvalorización de la mujer o de otra raza, por el hecho de serlo, al margen de sus valores superiores literarios, poéticos, científicos...

Se podrían rastrear las influencias que Mary Robinette recibe de su entorno y de la historia cercana o, en todo caso, el lector mínimamente informado las descubre, por ejemplo, en la película de 2016 "Hidden Figures" ("Figuras ocultas"), dirigida por Theodora Melfi en la que se nos habla de, precisamente, la NASA y de tres científicas (reales) negras que trabajan en el empeño norteamericano por ganar la carrera espacial contra Rusia en los años sesenta  y que son sometidas a tratos discriminatorios e insultantes por sus superiores y compañeros masculinos.

Y más cercanamente, el libro de Sergio Erill "La ciencia oculta" donde se analiza el papel de una quincena de grandes investigadoras desplazadas e ignoradas, a pesar de sus cruciales descubrimientos científicos, como Lisa Meitner, pionera de la fisión nuclear, que quedó al margen del Nobel concedido a su compañero Otto Hahn. O Jocelyn Bell que describió el púlsar, hallazgo que capitalizó con un nobel su tutor de tesis Antony Hewish. Ni Einstein se libra de las sospechas de cierto tipo de fraude respecto a la colaboración que recibió de su esposa Mileva Maric, científica de renombre, y la importancia de ésta en los descubrimientos einstinianos. Solo tengamos en cuenta que sólo 18 científicas contra 572 hombres premiados hablan de unas diferencias numéricas que no se corresponden con la realidad de los trabajos científicos. Como dijo una de esas damas apartadas del éxito por razón de su sexo: "“Me pregunto si los diminutos átomos y núcleos, o los símbolos matemáticos, o las moléculas de ADN, tienen alguna preferencia por el trato masculino o femenino”.

No, en realidad se trata del llamado "Efecto Matilda" que consiste en la forma piramidal de los grupos de investigación, liderados por hombres generalmente. El que está arriba recibe los premios y se invisibiliza a las personas que están en la base, particularmente las mujeres, consideradas, a pesar de sus logros, piezas secundarias y casi de la "cuota" debida al sexo femenino. En algunos países, el color de la piel es otro punto menos.

La novela está bien narrada, con sus puntas y ribetes de ironía o mordacidad y sarcasmo cuando la situación lo requiere y, francamente, las vicisitudes del Elma York en la Coalición Aeroespacial Internacional para hacerse un hueco como astronauta a pesar de estar sobradamente preparada hace que el lector sonría algo perplejo y se va obligado a refrescar su memoria ya que la acción transcurre en 1952, tras el impacto de un meteorito en la costa Este de Estados Unidos (arrasando Washington y otras ciudades) que está precipitando el posible fin de la habitabilidad en la Tierra, por el cambio climático que se está produciendo.. Hay que buscar otro planeta que tenga posibilidades de vida y colonizarlo. La acción y los personajes van desarrollando el velo argumental pero, aquí entra el valor extra de esta novela, no se limita a describir la lucha contra reloj por unos objetivos vitales, sino que nos muestra la urdimbre desesperante y muy verosímil de los prejuicios sobre las mujeres, las religiones y las razas que van dificultando de forma absurda una misión que debía anular esos complejos negativos humanos. La novela es en ocasiones un bien argumentado canto en defensa de la tolerancia, la igualdad y la solidaridad entre los humanos como única forma viable de salvar nuestra existencia como género animal racional ( históricamente más bien irracional).
Evidentemente nuestra autora ha planteado bien sus elementos narrativos y ha dejado la puerta abierta para la serialización del argumento que ha quedado en un punto tan interesante (y tan alentador para las lectoras y los lectores pro feministas) que tenemos asegurados seguidores fieles para la o las siguientes novelas del ciclo (a los que tan aficionados son los escritores de ciencia-ficción) cuyo epígrafe común será, "La Astronauta". En cuanto a los aspectos filosóficos y especulativos de esta ucronía...no los hay. Es diversión pura, de calidad. Con una punta, interesante, de protesta y reivindicación por los derechos humanos.

FICHA

HACIA LAS ESTRELLAS.- Mary Robinette Kowal.- Trad. Aitana Vega.- Oz editorial.- 401 págs.

 

 

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31 julio 2020 5 31 /07 /julio /2020 07:43

Hace cien años desaparecía Galdós del mundo de los vivos, en el número 7 de  la madrileña calle de Hilarión Eslava. Era el 4 de enero de 1920. Le acompañaba su "hija natural", María,  ya que Galdós nunca se casó". Murió a los 76 años, prácticamente ciego y con problemas económicos y estrecheces sorprendentes en un escritor tan prolífico y admirado. A su entierro oficial acudieron más de 30.000 personas, con notoria ausencia institucional. Había sido operado de cataratas dos veces, en 1911 y 1912. Un año después, y tal vez debido a una sífilis terciaria, perdió la vista casi totalmente. Su salud se resentía también por una fuerte arterioesclerosis e hipertensión. Cuando muere Galdós, como a veces pasa en este país de cainitas, algunos de sus colegas de pluma hicieron "leña del árbol caído".  El talante liberal y progresista del escritor retrasó mucho su admisión en la Academia, a la que accedió gracias al apoyo de dos escritores conservadores amigos suyos: Marcelino Menéndez Pelayo y José María Pereda. La Academia Sueca le eligió en 1912 para recibir el Premio Nobel de Literatura y por una de esas lamentables sinrazones que se dan en nuestro país, hubo una campaña conservadora y tradicionalista contra el escritor y se inundó a la Academia sueca de cientos de cartas y telegramas exigiendo que no se le diera el Premio, ya que era una persona “de ideas extremas y nocivas para la sociedad". La campaña alcanzó tal virulencia que el Jurado  sueco, atónito y escandalizado,  acabó por anular esa designación y nombró al poeta alemán Haupttmann. Al año siguiente, se repitió la miserable mascarada y nuevamente el Jurado sueco cedió en nombre en su lugar a Tagore. Muchos años después la Academia sueca reconoció ese ceder a manipulaciones políticas como un error histórico del que se sentían avergonzados.

Durante los siguientes sesenta o setenta años Galdós sólo es pieza de fascinación, agrado y exquisitez literaria para una minoría de "lletraferits" que se asombran del ninguneo que se le brinda desde los llamados "cenáculos" literarios, con la belicosa censura de Juan Benet (que se atrevió a decir con su dogmatismo habitual: "el culto a Galdós es una desgracia nacional") y algún otro, igualmente "perspicaz". La siguiente generación desde Muñoz Molina a  Trapiello, Almudena Grandes y creo que Javier Marías, supo hacer justicia.

Sin embargo el aparato crítico y erudito tanto español como extranjero nunca dejó de dar  a luz obras críticas, ensayos  y comentarios laudatorios en los que se va reivindicando cada vez con mayor firmeza la figura de este escritor , al que malas lenguas, concretamente la de Valle Inclán, en "Luces de Bohemia" hace que uno de sus personajes se refiera a Galdós con la frase "don Benito, el garbancero" tratando de significar con ello que era un escritor anacrónico, de mesa camilla y brasero, que tenía la popularidad exagerada y efímera de folletinistas al estilo de "El caballero audaz" y otros singulares plumíferos del dislate y la desmesura, como Manuel Fernández y González o Ramón Ortega y Frías. Sin embargo en el transcurso de las décadas finales del siglo XX y el nuevo siglo, la figura de Galdós va tomando una importancia y tamaño literario más acorde con su valía indiscutible.

Baso este escrito en la última biografía aparecida del autor canario, debida a Yolanda Arencibia y editada por Tusquets, aunque he aprovechado los tres tomos del clásico José E. Montesinos que editó Castalia en 1972, el volumen del hispanista norteamericano Douglas M. Rogers "El escritor y la crítica" editado por Taurus, la "Vida de Galdós" de Pedro Ortiz-Armengol en Biblioteca de bolsillo y "El Madrid de Galdós" un insólito libro de varios autores que nos describe el Madrid que amó y vivió Galdós.

Arencibia equilibra la indudable admiración de la autora por su paisano (es catedrática de la Universidad de  Las Palmas, dirige los Anales Galdosianos y la cátedra dedicada al escritor) con una indagación bastante intensa y completa de documentos, libros y referencias anotadas en las 25 páginas de bibliografía y en los apéndices e índice onomástico que enriquecen el libro. El Galdós que aparece en estas páginas está a años luz del "garbancero" provinciano y de estrechos límites que nos pintaban sus detractores (¿envidia?¿celos literarios?). Es un hombre comprometido con el "zeitgeist" de su tiempo, informado y apasionado por Europa, gran lector, viajero, epicúreo degustador de la buena mesa, el mejor vino y el trato y compañía con damas de considerable valía. La correspondencia que mantuvo con su célebre amante Emilia Pardo Bazán (de las que sólo nos quedan las cartas de ella, él era sumamente  discreto y pidió a la escritora gallega que se las devolviera) nos hablan de un hombre que sabía despertar pasiones, aunque sabía mantenerse fiel a su principio spinoziano de la cautela. Galdós tuvo muchas relaciones amorosas, desde la adolescencia (con su prima peruana Sisita) hasta la modelo Lorenza Cobián, prudente y celoso de su privacidad, con un inconmovible "perfil modesto" que, como suele suceder, enaltecía su figura intelectual y humana. Se llamaba a sí mismo "jornalero de las letras". Era el hombre de la palabra justa y el adjetivo exacto, de talante silencioso y como adusto, pero lleno de bondad y tolerancia. Pero también una persona de una variedad intelectual y artística asombrosa: fue novelista, político, periodista, dramaturgo, ensayista, músico, pintor y un dibujante excelente... 

Con mucha sutileza Arencibia nos recuerda las palabras que uno de los grandes personajes de Galdós, Gabriel, en los "Episodios Nacionales", al final de la serie dice de sí mismo: "Soy hombre práctico en la vida y religioso en mi conciencia. La vida fue mi escuela y la desgracia mi maestra. Todo lo aprendí y todo lo tuve". Y la biógrafa añade: estas son palabras que podría haber adoptado su creador, Galdós. Los vaivenes en la vida personal de Galdós, desdichas y alegrías, quedan reflejadas en la frase de uno de los protagonistas de "La campaña del Maestrazgo": "espinas sufrimos, espinas tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de que le pinchen, es tonto de remate". La popularidad de sus obras tiene un reflejo en el cine, un arte temprano en vida de Galdós, que él no pudo conocer por su ceguera. Desde el cine mudo con adaptaciones de “La Duda” en 1916 y en Hollywood una de "Doña Perfecta" en 2018. "El abuelo", por ejemplo tuvo versiones fílmicas en México en 1943, en Argentina en 1951 y en España con Garci en 1998, "Marianela" en 1940 y 1972, "Fortunata y Jacinta" en 1969,, "Tristana"  y "Viridiana" de Buñuel en los 70, "Tormento" de Olea en 1974 y "Doña perfecta" de Ardavin en 1977. También en los 70, TVE  adaptó una decena de obras de Galdós, aún visibles por internet.

Durante casi sesenta años de creación literaria Galdós insufló magistralmente vida a un mundo de ficción coherente, universal y variopinto. Ello confiere a su obra, como dice su biógrafa,  "atemporalidad, universalidad y eternidad". Y de su actualidad es ejemplo su propio lema personal, "Ars, Natura, Veritas" que tantos intelectuales han adoptado. El libro de Arencibia recibió el Premio Comillas de Historia y Biografía de este año y el jurado lo justifica recordando que Galdós  "refleja en su vasta producción la mejor tradición del liberalismo español y, mediante unos personajes inolvidables, lanza una mirada compasiva y humana sobre la vida y sociedad de su tiempo y también del nuestro". 

Especialmente emotivo es el Epílogo del libro en el que se nos muestra al Galdós ya anciano, aquejado de mala salud que visita el monumento que el escultor Victorio Macho le había dedicado y debía colocarse en los jardines del Retiro.  Es el año 1919, la obra había sido sufragada por suscripción popular y se había logrado la suma de 12.000 pesetas, un dineral para la época. Se inauguraría en 20 de enero de ese año. Por entonces está ciego pero preside el acto y pasa los dedos por el rostro de piedra, su rostro. Se emociona. Ese año su mala salud de hierro parece entrar en una etapa final. Galdós se encierra en sus recuerdos, habla poco y se deja cuidar por sus amigos, recibe visitas y acaba muriendo el 3 de enero.de 1920. El Ayuntamiento de Madrid hace un homenaje de cuerpo presente para que los madrileños, a los que tan bien describió y amó Galdós, se pudieran despedir de él.

Para el  que esto firma, que ahora ha emprendido la segunda lectura de "Los episodios nacionales", más de cuarenta años después de la primera, Galdós fue siempre un  modelo inalcanzable desde el punto de vista literario, pero muy cercano desde el ideológico y social. Como él, siempre he creído que "la educación es la herramienta más eficaz para acometer cualquier transformación social". Y que "el porvenir debe construirse con pedagogía y no con violencia".

ALBERTO DÍAZ  RUEDA

FICHA

GALDÓS, UNA BIOGRAFÍA.- Yolanda Arencibia (XXXII Premio Comillas). Ed. Tusquets.-861 págs.

 

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9 julio 2020 4 09 /07 /julio /2020 11:49

La singularidad del título del excelente libro de Peter Brown es que la cita del Evangelio de San Lucas, en la que dice Jesús que "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios", refleja de manera simbólica directa, el objetivo del libro: narrarnos de una forma altamente documentada y convincente el papel de la riqueza en la construcción del cristianismo en occidente desde el 350 al 550 d.C.

La historia que nos cuenta Brown de manera fascinante - más de mil páginas, casi siempre de una amenidad sorprendente- es la de un compromiso muy alejado de la advertencia de Jesús, según Lucas, claro. A través de una abrumadora documentación histórica y de una erudición llena de rigor y una ironía analítica a veces bastante divertida, se nos habla de cómo la Iglesia abre las manos y recibe, sin muchos problemas, las aportaciones de esos ricos cuyas fortunas engrosaban las arcas de la Iglesia a cambio de una promesa explícita de que alcanzarían al fin de sus vidas el privilegio de la Vida Eterna en el Paraíso cristiano.

Claro que un "camello" en arameo (la lengua usada por Jesús, según se cree, traducida al griego por Lucas) no sólo se refiere al resistente animal jorobado, sino también un tipo de soga de gran grosor. La Iglesia (administradora y manipuladora del mensaje fundacional cristiano que se atribuye  a una figura más simbólica que real, Jesús de Nazaret) es experta en deshilachar complejos mensajes en forma de soga para hacerlos pasar por el ojo literal de una aguja, si conviene a sus intereses. Ya que al final de la cita del camello y la aguja, el mensaje hiperbólico de advertencia se convierte en un mensaje conciliador al añadir Jesús (según el apóstol)  que "nada hay imposible para Dios".

A través de la labor de Pablo  de  Tarso o San Ambrosio, según Brown, el cristianismo logró que su interpretación de la realidad se convirtiera en una realidad hegemónica en el contexto social y cultural en la época  hasta su hundimiento a mediados del siglo VI.  Y hay una constante, un hilo conductor del trabajo apostólico de la época, la riqueza como ayuda operativa. El concepto de riqueza había ido cambiando desde los orígenes ascéticos y de renuncia, de amor a la pobreza y enaltecimiento de la humildad material, al concepto prevalente  y utilitarista de que la riqueza no es una condena en cuanto tal sino un don divino que puede apuntar a un fin espiritual: mantener la hegemonía de la Iglesia . Los teólogos de la Iglesia buscaron una fórmula conciliadora que ayudara a promover en los siglos V y VI d.C. una ampliación  de la riqueza de la Iglesia, administrada por la clase clerical que, como intercambio ante el pueblo, se sometía voluntariamente a una serie de aparentes obligaciones y renuncias  (vestimenta, abstención sexual, ritualización de la vida,  supuesta "pobreza", encierros monacales...).

Brown logra mantenernos gozosamente interesados en la voluminosa obra ya que no se limita a conseguir el logro básico de una historiografía positivista (de moda durante el final del siglo XX) mostrándonos su versión de lo que "efectivamente pasó" sino que amplía las aportaciones de los "documenta et monumenta", es decir los textos y los vestigios de la arqueología  a base de una visión intuitiva, especulativa y profundamente racional que se vuelve activa interpretación (cosa mal vista por los padres de la historiografía moderna), pero que en esencia hace más plausible y considerablemente más divertido el texto resultante.

Pero que nadie suponga que eso resta fortaleza y racionalidad histórica lo que se nos cuenta, Brown procesa y analiza un ingente caudal de datos y todo tipo de referencias de múltiples y contrastadas fuentes sobre la vida cotidiana, el pensamiento, la historia social, el arte, el lenguaje  y la crítica religiosa de los primeros siglos de la era cristiana, desde Constantino hasta el siglo V y VI, ya en plena edad media.

La idea base de esta obra trata de explicar por qué a partir de una determinada época, las personas con riquezas se convierten en donantes voluntarios de sus riquezas a cambio de un lugar en el cielo y crean la base económica que asegura el poder terrenal a la Iglesia (más que la idealizada eliminación de la pobreza y la miseria que buscaban los primeros padres cristianos). A partir de ese momento de largo recorrido histórico se ponen las bases del occidente cristiano y de la Europa medieval.  A través de los textos de Agustín, Ambrosio y Jerónimo, el historiador analiza la paulatina influencia de ideas como la renuncia a la riqueza, la virtud de la pobreza, la limosna o la caridad, que fueron popularizándose entre los estamentos más modestos del Imperio en crisis hasta desbancar a las antiguas formas de filantropía tan arraigadas en el mundo romano.

FICHA

Por el ojo de una aguja. Peter Brown. Traducción de Agustina Luengo. Acantilado, 2016. 1.232 páginas. 48 euros

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31 mayo 2020 7 31 /05 /mayo /2020 12:26

Se preguntarán ustedes porqué les invito a regresar –literariamente- al mundo de la espada y de la magia. Quizá, también, recuerden, que tanto “El señor de los anillos” de Tolkien o “Juego de tronos” de George R. Martin o los libros de Harry Potter de J.K.Rowling, responden a momentos en los que la Humanidad se ha mostrado perpleja e insegura por los dramáticos asuntos, crisis globales, de índole bélica, financiera o social. Esos tiempos de tribulación favorecieron más o menos directamente las “modas” de narrativa de fantasía de capa y espada, de ciencia ficción o los thrillers políticos. No es banal que un “héroe” tan sospechoso como James Bond naciera en plena guerra fría y se fuera ajustando en sus mediocres a las circunstancias cambiantes del mundo moderno durante más de 50 años,  con éxito considerable. Stars Wars, Matrix, Indiana Jones, también ilustran el hambre de mitos y de “héroes” que la sociedad moderna ha reinventado del pasado remoto o el futuro posible. ¿Una posible razón psicológica global para justificarlo? La necesidad profunda del ser humano de encontrar un orden y una seguridad en la vida, además de un código simple y sencillo para resguardarse del mal y buscar el bien.

El mitólogo Josep Campbell en su obra “El héroe de las mil caras”  habla de la evolución del mito y apunta cuatro funciones básicas que se pueden rastrear a través de los libros o las películas. La función mística: necesidad de despertar el asombro y la valoración de la vida; la cosmológica: percepción del mundo físico como lugar de conocimiento; la sociológica: busca de un orden social que equilibre las fuerzas y  las necesidades con la ayuda del héroe; la pedagógica: guía simbólica para afrontar las etapas de crecimiento de la existencia o la muerte. Este es el esquema que el lector percibe en las sagas, las novelas de caballería y la obra que nos ocupa, escrita en plena II GM.

El ciclo artúrico iniciado por Thomas Malory con “Morte d’ Arthur” a mediados del siglo XV, miembro del Parlamento de Inglaterra, hombre de acción y política (acabaría sus días en 1471 en la prisión de Newgate, donde escribió su obra) sería el fundamento de una legendaria saga aprovechada en los siglos posteriores por narradores, cantares de gesta y poetas. Malory se basaba en textos medievales franceses e ingleses sobre el Grial, Lanzarote y el rey Arturo. Su obra se publicó en 1485 y tiene el mérito de constituir un ejemplo temprano de novela.

Luego dormiría el sueño cultural de las modas para renacer a mediados del siglo XX  de la pluma de un peculiar personaje, un escritor y erudito literario inglés llamado Terence H. White, mezcla  asombrosa de Oscar Wilde o Lewis Carroll.  Un joven erudito inglés prototípico de la Universidad de Cambridge. La ironía, los juegos de palabras, los diálogos sarcásticos y llenos de un noble humorismo, con el influjo estilístico de Chesterton o Conan Doyle. Por cierto el atemporal mago Merlin cita a Sherlock Holmes ante  Verruga (el niño que luego será Rey Arturo) (pág.173). Y así los que fueron niños en los sesenta y vieron “Merlin, El Encantador” de Walt Disney, disfrutarán doblemente con el primer libro de esta recopilación: “La espada en la piedra” ya que Disney hizo una reproducción bastante fiel del texto (película que, excepto en España, tuvo el mismo título de la novela).

White había utilizado el tema artúrico en sus exámenes finales de lengua inglesa y no volvería a recuperarlo, hasta después de hacer una carrera sembrada de matrículas de honor en Cambridge y de unos años trabajando como director del Departamento de Historia del colegio Stowe. En 1936 renunció a su puesto para seguir una carrera literaria, con algunos primeros éxitos muy prometedores, viviendo en la soledad de bosques y lagunas. Para White el ciclo artúrico es una tragedia al estilo griego, una especie de Orestíada, con incestos, venganzas, traiciones sentimentales (como la de Ginebra con Lanzarote) y odios edípicos (la muerte de Arturo la provoca Mordred, su hijo bastardo habido con los amores incestuosos con Morgana).

Para el joven White, la redacción de la saga de “El rey que fue y será” (The Once and Future King), es una especie de redención literaria en la que se reflejan su amor a la vida, sus temores y ansiedades, su sentido poético tan ligado a la vida en la naturaleza, la fascinación hacia todo tipo de animales, los perros, los búhos y aves emblemáticas como los halcones y los gansos salvajes. White hace que Merlin transforme a Arturo niño en animales como una perca, un azor, una hormiga, un búho, un ganso salvaje y un tejón, para enseñarle a vivir y a luchar. El humor irreverente, la ironía literaria y la divertida pseudo erudición constituyen una gozada para  el lector,  que a menudo recupera la seducción y las carcajadas que recuerda a los Monty Python y su “The Holy Grail”.

Sin embargo la guerra incipiente, su inseguridad, su escasa simpatía por las mujeres y falta de empatía personal prefiguran una soledad en la que trata de superar sus aversiones y sus miedos “creo que soportaría vivir como un cobarde, pero no soportaría hacerlo como un héroe”, escribe a un amigo. Pero en sus textos hay una entereza, una dignidad moral, una capacidad de resistencia y reacción que nos dejan una impresión favorable.

White se despide así en su obra: “Aquí termina el libro del rey que fue, escrito con grandes afanes y esfuerzos entre los años 1936 y 1942, cuando las naciones se enfrentaban en una temible guerra. Aquí empieza también –si por casualidad algún hombre sobrevive a esta peste y puede continuar su tarea- la esperanza del rey que será. Rezad por Thomas Malory y su humilde discípulo (el mismo White), que ahora deja a un lado sus libros para luchar por su gente”.

Quizá la clave de la obra completa (y también de su “resonancia” con nuestra época de pandemias y amenazas) está en los dos  últimos capítulos, XIX y XX, de “El libro de Merlin”, en donde además de Malory sale nuestro don Quijote como presunto autor de la hipótesis del final del rey Arturo: “se convirtió en cuervo”.  O también en los vigorosos ataques a la falta de sentido ecológico  (y ético) de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y comportamientos en la época de la narración (el XI). Una especie de canto al “Paraíso perdido”, duro, implacable y cruel pero de una cierta nobleza, de una época que no se idealiza pero hacia la que hay una especie de respeto y esperanza de redención y mejora. ¿La hay en la nuestra?

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La edición de Ático de los libros es una gozada para cualquier devoto artúrico que se precie. El que esto firma ha manejado durante años ediciones separadas de Camelot (Ed. Debate) Camelot y el Libro de Merlin (Círculo de Lectores) y El libro de Merlin (Debolsillo), que adquirí por el magnífico “Comentario del editor” que lo precede. En el libro “El rey que fue y será”, se recogen por primera vez, que yo sepa, las cinco partes de la obra: “La espada en la piedra”, “La bruja de los bosques”, “El caballero maltrecho”, “Una vela al viento” y “El libro de Merlín”. Los traductores son Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz, los mismos que en las ediciones por separado de otras editoriales.  Sólo tengo un “pero” a esta gozada de libro que Ático nos ofrece: la falta al principio del libro de un sencillo estudio introductorio de la obra y del autor (tanto White, como una referencia a su predecesor, Malory). Esta editorial es modélica en los dossiers que prepara de las obras que edita. Un resumen de éstos no se llevaría muchas páginas y enriquecería el volumen.

Sólo me queda desearles una divertida, romántica, apasionante lectura, llena de emociones y sugestiva como una de esas eternas e inmarchitables aventuras juveniles de la literatura universal. Donde no falta ni siquiera un vigoroso ataque a la falta de sentido ecológico de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige –de forma muy divertida- directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y otras características en la época de la narración (el XI) o hace que Merlin se queje amargamente “¿Por qué no tenemos luz eléctrica y agua corriente” a estas alturas?”.
En fin, un placer de libro.

FICHA

EL REY QUE FUE Y SERÁ.- Terence Hanbuty White.- Trad. Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz.- Ed. Ático de los Libros.- 822 págs.

 

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11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 16:23

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

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26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:12

 

En sus “Cartas a un joven poeta”, Rainer María Rilke, (Praga 1875/Suiza 1926), el poeta checo de lengua alemana, desciende de las nebulosas alturas del simbolismo romántico e intelectual de sus poemas. Rilke es el referente nord europeo del poeta “maldito”, objeto de culto literario y casi de profeta. Su aspecto más humano, empático y positivo nos lo brinda en esta obra de pocas páginas. Son diez cartas de Rilke y una introducción del destinatario, un joven aprendiz de poeta, alumno de una escuela militar, que tuvo el atrevimiento de dirigirse al ya consagrado autor en busca de consejo y apoyo.

En cuestión de amores, Rilke le escribe esta bella sugerencia: “Amar a otro es una ocasión excelente de madurar, de ser alguien, de edificar un mundo, de ser un mundo para sí mismo por el amor a otro. Amar se convierte en una exigencia de excelencia que cuanto más tiempo pasa, más noble y más necesaria se hace”.

Y con motivo de ciertas dificultades de su “discípulo” le escribe: “Cuando sienta que entre los hombres y usted no hay nada en común, aproxímese a las cosas y a la Naturaleza: nunca le defraudarán. En el mundo natural de las cosas siempre se nos brinda ocasiones de integrarnos”. Rilke no es sino un poeta inadaptado y enfermizo que supo hacer de sus defectos privados públicas virtudes, que vivió trashumante entre palacios y mansiones de toda Europa, mantenido por sus propietarias; de un talento desbordante, una moralidad de conveniencia y una habilidad seductora rayana en lo mágico; obsesivo, narcisista y hermético y al tiempo materialista e interesado. Una personalidad que merece lecturas y análisis.  Mauricio Wiesental ofrece en su estudio sobre Rilke (“El vidente y lo oculto”, Acantilado) un retrato vibrante.

"Las cartas a un joven poeta" nacen a finales  de 1902, cuando Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar Wiener-Neustadt (donde 15 años antes había estudiado Rilke), soñaba con ser poeta y se preguntaba  sobre el sentido de la creación artística y las dificultades de tal menester. El mensaje de Rilke es esperanzador : El verdadero poeta es un alquimista que convierte lo cotidiano en algo extraordinario. Su misión es escuchar, abrir un claro que permita la manifestación de la gracia, rebasar los límites que niegan la posibilidad de una teofanía.

Kappus renunciaría a ser poeta tras varios fracasos pero no se desprendió de las cartas de Rilke, que publicarían en forma de libro en Leipzig en 1908 (cuando ya hacía tres años que había fallecido el autor de "Sonetos a Orfeo" y las "Elegías de Duino".

La búsqueda de la esencia de la poesía, la verdad, la belleza , la naturaleza inefable de las obras de arte y la presencia de Dios en la vida y la obra del poeta, además de duros golpes a la prepotencia de la crítica, los malentendidos de la moda y la sociedad y la necesidad de que el poeta se mantenga al margen de esas corrientes, son algunos de los tópicos que Rilke desgrana en sus apasionadas cartas a ese joven desconocido. Una muestra enternecedora y desconcertante de un escritor encerrado en su hermetismo simbólico y en una vida personal contradictoria llena de altibajos y de momentos de gloria y tristeza. Un hombre que opinaba que "la vida habrá de ser, hasta en su hora más indiferente y nimia, manifestación y testimonio de esa necesidad de escribir, ya que escribir no es un oficio, sino una necesidad, un destino. Y en ese destino, no hay horas vacías o gestos insignificantes: ... Cualquier día, por insípido que parezca, contiene infinidad de tesoros que pueden ser recreados en un poema: la primera hora de la mañana, un árbol en primavera, un cielo saturado de colores. Y aunque se encontrara en un calabozo cuyas paredes no dejasen llegar a sus sentidos ni uno solo de los sonidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, ese tesoro precioso y regio, ese santuario de la memoria?». Exhumar «ese vasto pasado» proporcionará al poeta algo esencial: una relación más estrecha, más íntima, más fecunda, con su soledad, que no es aislamiento del mundo exterior, sino comunión con la totalidad.

FICHA

CARTAS A UN JOVEN POETA.- Rainer Maria Rilke.-Trad. José María Valverde.- Alianza Editorial.- pags.104.- I.S.B.N. 978-84-206-0910-2

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21 marzo 2020 6 21 /03 /marzo /2020 12:18

 

Tenía que ser Mauricio Wiesenthal quien se atreviera con Rilke, dedicándole unos cuantos años de estudio para desentrañar la complejidad muchas veces casi inabordable del gran poeta alemán. El subtítulo del libro, "El vidente y lo oculto" responde a la clave de la obra entera de Rilke, que según M.W. es "un viaje nocturno a la memoria". No en vano el mismo poeta aseguró con respecto a sus "Elegías", "No me gusta que consideren esta obra la labor de un escritor, porque soy un vidente". W. enfatiza en su introducción que Rilke era "un hombre radical entregado al Absoluto de su poesía, desclasado, distante, contradictorio, psicológiamente complejo y muy inadaptado al mundo que lo tocó vivir". Y añade: "interpretó un papel inciático y sacerdotal, sacrificando la propia vida ritualmente con una voluntad obsesiva. Fue...un impostor y un actor...que luchó con la conciencia de que cuando los sentimientos se llevan al extremo...nos redimen y se convierten en su contrario...así el dolor en amor, el pesar en alegría, lo oculto en revelación y la apariencia en realidad".

Wiesenthal escribe una obra compleja e híbrida, donde lo biográfico se convierte en novela y ficción, las referencias personales en narrativa íntima y poético libro de viajes, un mar de referencias literarias y reflexiones y consideraciones de tipo filosófico, literario o político que convierten el libro en un continuo lujo cultural, un periplo por el pensamiento mágico, el arte ocultista y misterioso, el mundo de los símbolos, de los enigmas, de la historia y las leyendas. Wiesenthal no sigue un orden coherente, una disciplina narrativa, se deja simplemente llevar por su volcánica inspiración, el fuego cruzado de su extensa y profunda cultura, sus vivencias, sus amigos, sus admiraciones, sus rechazos y sus obsesiones. Es tanto una biografía de Rilke como una autobiografía sentimental, sensitiva y poética de Wiesenthal, una especie de Hombre del Renacimiento que asoma la nariz en el siglo XXI aunque el resto de su cuerpo, incluido el privilegiado cerebro están en el arco del XIX y el XX. Por eso las frecuentes interpelaciones directas o indirectas del autor al lector, sus reflexiones "impertinentes" sobre los más variados temas (el de la mujer es uno de los más visitados) constituyen uno de los activos de este libro torrencial que se lee como si uno estuviera manteniendo una escucha activa del mismísimo Wiesenthal que rememora su pasión por el poeta Rilke y el mundo que le rodeó. Al fin y al cabo nos advierte en su introducción: "...no sería sincero si, después de haber estudiado y leído a Rilke durante muchos años, no aportase mi propia versión -a despecho de tantos admirados maestros que ya lo han hecho- apoyada en una rigurosa bibliografía, en la lectura de cartas y documentos -algunos inéditos- y en el conocimiento muy directo --existencialmente diría yo- de su vida y su obra, de sus ambientes y amistades, de los lugares que frecuentó y del conflictivo momento histórico en el que vivió"

Es, pues, un libro muy personal, que se resiste a ser encuadrado en un género determinado, realizado tres un aporte erudito de datos espigados a lo largo de treinta años de investigación en torno a la vida y obra del poeta Rainer Maria Rilke, mezclados con recuerdos, reflexiones y opiniones del propio Wiesenthal. Como en los libros de Sándor Márai o de Stefan Zweig, nuestro autor nos presenta una nostálgica y minuciosa visión del ocaso de la vieja civilización europea. Rilke, en este aspecto por un camino distinto que los dos narradores citados, basa su testimonio en lo invisible, en esa difícil y mistérica unión entre lo humano y lo divino. Y siempre bajo una encarnadura vital contradictoria, paradójica y débil. Rilke vivía de sus mecenas, de las mujeres a las que no sabía amar pero si seducir, de una falta sonrojante de principios y de ética política y personal. Pero aún así o precisamente por ello se convirtió en el símbolo de la decadencia secular y de una cultura específica, multiforme y peculiar. Una espécimen de intelectual europeo, desclasado y menesteroso capaz de vivir a expensas de mecenas o mujeres, frecuentar los salones más aristocráticos desde San Petersburgo a París o Venecia, y gozar de la amistad de artistas, escritores, políticos y poderosos nobles o financieros, como Rodin, Valéry, Zuloaga o la interesante Lou Andreas-Salomé, una de las muchas "Reinas de la Noche" -así las llama Wiesenthal- del poeta. o la princesa Marie von Thurn und Taxis.

Wiesenthal ha convertido este libro en un alegato personal de gran fuerza y perceptible admiración y entusiasmo. Tan absorbente que a veces uno no sabe si Rilke habla por W. o éste se pone en lugar del poeta. Una cierta confusión entre autor y biografiado, una relación parasitaria que suele acabar en una frase irónica o una observación mordaz del autor, que entiende y así nos lo hace saber que en todo caso la misión que se auto ordenó Rilke superó en mucho las posibilidades del poeta.

Wiesenthal que "acompañó" literariamente a Goethe en Weimar, a Mozart en Salzburgo y Viena, a Nietzsche en Sils-María, a Tolstoi en Iásnaia Poliana, a Byron en Venecia o a Keats en Roma, está tan familiarizado con las grandes figuras y su entorno que convierte a este libro sobre Rilke en la Joya de la Corona de toda su amplia y diversa obra literaria.

FICHA

RAINER MARIA RILKE (El vidente y lo oculto).- Mauricio Wiesenthal.- Ed. Acantilado.- 1157 págs. ISBN 9788416011780

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25 febrero 2020 2 25 /02 /febrero /2020 11:51

Hablar de un nuevo libro de -o sobre- George Steiner es una fiesta para la inteligencia, la sensibilidad histórica y literaria o la cultura amplísima y la sed de conocimientos. He seguido a este prolijo ensayista francés de origen judío desde que tuve noticia de él en la Universidad de los años sesenta. Obras como "Nostalgia del absoluto", "Tolstoi o Dostoviesky", "El silencio de los libros" o "Lecciones de los maestros" constituyeron sendas de conocimiento y estímulo intelectual de alto voltaje durante toda la segunda mitad del pasado siglo.

En este caso se trata de un libro de entrevistas o más bien conversaciones entre la periodista francesa Laure Adler y George Steiner, ( con excelente traducción de Julio Baquero Cruz), que ha editado Siruela, como gran parte de las obras del crítico y pensador judío, incluido "Fragmentos", la última obra del maestro.

Aquí Steiner vuelve a sus temas recurrentes en relación con el judaísmo, el Holocausto, el estado de Israel, el conflicto de Oriente Medio, la religión o la existencia de Dios, el lenguaje -sobre el que es un erudito- los libros, la música, el amor y el sexo, la muerte, grandes temas que han motivado muchos de sus libros. En éste, Steiner con gran madurez y audacia matiza sus opiniones y expone sus reflexiones o acepta sus propias contradicciones motivadas por la evolución intelectual de su pensamiento y por la dinámica de la historia que vive intensamente y con crítica lucidez. Sus palabras y sus opiniones, muy bien estimuladas por la periodista, muestran -a pesar de que estemos o no de acuerdo con lo que dice-- la agudeza de la mente de este hombre singular. Y, en todo caso, provocan de una forma refleja la reflexión del lector.

Lo más interesante de este libro es la figura real que las preguntas de la periodista consiguen hacer aflorar sobre los esquemas y tópicos personales del gran pensador que es Steiner, sus contradicciones, sus filias y fobias y el curioso sentido del humor (tan judío) sobre todo a la hora de arremeter contra figuras tan señeras como la Arendt o Simone Weil. La excelente foto de portada nos ilustra, esa sonrisa pícara, esa mirada chispeante, irónica, levemente burlona, incide sobre un aspecto de Steiner que, a mi al menos, me había pasado inadvertido, la complejidad emocional del pensador, capaz de articular un mensaje magnífico sobre la mayoría de los temas y, al mismo tiempo, dejar "escapar" un juicio contundente y demasiado subjetivo sobre cualquier asunto al que le aplica el bisturí de la duda o el rechazo por pura emocionalidad. Y parece justificarse con una frase que pronuncia ante la periodista: "En los juicios estéticos siempre hay algo efímero, profundamente efímero". Y más adelante añade: "El lenguaje es infinitamente servil y no tiene- a eso se debe el misterio- límites éticos". Y esa es la complejidad de un hombre que no cesa de repetir la frase de Heidegger "somos los invitados de la vida" y es machacado por su anti sionismo en su propia patria, Israel. O le pasa el rodillo ético al capitalismo actual y dice: "Hay quien pone a diez mil personas de patitas en la calle y se va con una prima de cinco millones tras haber arruinado a la empresa o al banco que dirigía, ¿es ese el ideal de libertad humana?".

El libro acaba con un canto a la eutanasia y una reflexión sobre la vejez, "Dejadme dormir el sueño de la tierra" dice, citando a Vigny. Y se despide con un canto de amor a su perro y una reflexión: "Ya se que deberíamos sentir un gran amor hacia los seres humanos. Pero a veces me resulta muy difícil". Steiner tiene 87 años.

FICHA

UN LARGO SÁBADO.- Conversaciones con Laure Adler.- Trad. de Julio Baquero.- Ed. Siruela. 139 págs.ISBN 9788416638758

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