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21 octubre 2017 6 21 /10 /octubre /2017 07:17

¡Paren las máquinas!Paren las máquinas! de Michael Innes (Siruela, 2017) es una gozada para los que amamos la literatura británica humorístico-costumbrista, ya sea disfrazada de sesudo ensayo, novela sentimental, filosófica, de critica social, de humor, drama e incluso tragedia. Desde Jonathan Swift a Julian Barnes, desde Amis a Chesterton, desde Conan Doyle o Thakeray, a Stevenson, desde P.G. Wodehouse a Jerome K.Jerome, desde la Woolf a Dickens. De entrada y como muestra de la solvencia literaria del autor y para delicia del lector avisado (no precisamente en novela policiaca) he contado casi dos centenares de citas literarias de poetas y escritores ingleses clásicos -desde Shakespeare, of course, hasta el muy citado Pope o Wordsworth, Keats o Byron- , laboriosamente engastadas en los diálogos de los cultos personajes y a veces en el mismo narrador omnisciente, el autor.

A Michael Innes, seudónimo de John Innes Mackintosh Stewart (1906-1994),  ya le conocíamos por la suculenta "Muerte en la rectoría" y la aún más soberbia, "Hamlet, venganza"  (ya reseñadas en estas páginas). Como algunas veces he escrito, la novela policíaca no es de mis géneros preferidos, pero tengo mis "clásicos" inviolables, entre los que junto a Poe, Sherlock, el Padre Brown y alguna Agatha Christie (y  ciertos autores norteamericanos ya desaparecidos) hay varios que vuelven a ser editados por algunas editoriales muy astutas (Siruela o Acantilado, por ejemplo) y uno de ellos es este profesor universitario, académico y erudito literario que maneja un sentido del humor ligeramente ácido y bastante crítico con el guante de seda de una ironía salvajemente divertida.

La acción de "Paren las máquinas" transcurre en los años treinta, cuando aún el mundo no había enloquecido definitivamente a pesar de la I Guerra Mundial, en una Inglaterra bastante tradicional que trataba de proteger su esencias -no siempre esenciales- y su forma de vida de los cambios -a peor, sin duda- que se avecinaban. Además de su personaje principal acostumbrado, el inspector de Scotland Yard, John Appleby, -- inteligente e intuitivo, bastante lejos de los policías que nos suelen presentar otros autores canónicos, como Conan Doyle,-- Innes (que en ocasiones se mete personalmente en la piel de otro personaje frecuente en sus novelas, el escritor Giles Gott, también profesor de literatura para que no haya dudas) nos depara, como es sello de la casa, todo un  despliegue de personajes surrealistas, divertidos, excéntricos e inolvidables, todo ello entre carcajadas y agudas e irónicas observaciones psicológicas, desde el grupo hilarante de catedráticos de Oxford, con sus envidias, celos, malicias y obsesiones (me recuerda fuertemente al genial David Lodge), un abigarrado grupo de parientes gorrones que asedian al dueño de la casa, obsesivos coleccionistas de lo que sea y hasta traficantes de armas, hasta el coprotagonista,  el escritor Richard Eliot. Se trata del anfitrión, famoso por las novelas policiacas que escribe y por su protagonista, un genio del crimen que se redime y se reconvierte en investigador,  que no se llama Moriarty  como esperábamos algunos, sino se hace llamar "La Araña". Precisamente ese personaje, vaya por Dios, aparentemente se vuelve persona real -sí como lo leen- pasa de la ficción a la realidad más corpórea, insidiosa y molesta y carga contra su creador, como un Frankenstein cualquiera.

Ese será el metafísico enredo en el que el imperturbable inspector Appleby (creo que el único fallo de Innes es haberle dado ese apellido sin pensar en las traducciones de sus novelas a otras lenguas) pasará a  resolver con su agudeza habitual. Y el lector encantado de que lo haga por una parte y molesto por el hecho de que ahí acaba la novela y deberá abandonar la entretenida, tradicional y deliciosa casa de campo inglesa y sus habitantes e invitados donde transcurre toda la acción.

Durante la lectura uno se percata de que todos los personajes son abrumadoramente inteligentes e incluso los personajes torpes o estúpidos tienen también una inteligencia notable aunque a su manera surrealista. El lector acaba un poco fatigado de tanta inteligencia activa, sugestiva, sugerente y referencial (las citas, como dije, son permanentes y bastante eruditas)  hasta que se percata de que lo que ocurre es que el autor, Michael Innes, no puede evitarlo: su propia inteligencia narcisista y retórica literaria de altos vuelos impregnan de manera uniforme a todos sus personajes y, por supuesto, al propio narrador. Aún así, la trama de guante blanco de esta novela divierte y encanta a partes iguales.

 

FICHA

¡PAREN LAS MÁQUINAS!.- Michel Innes.-Trad. Miguel Ros.- Ed. Siruela. 405 págs. ISBN 9788417041304

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14 octubre 2017 6 14 /10 /octubre /2017 09:04

¡¡¡Qué delicia!!! No conocía este libro pero no me ha sorprendido que fuera el polimórfico, irreverente, imaginativo y sorprendente Roger Caillois (escritor y crítico social francés, nacido en 1913 y fallecido en 1978) el que se atreviera con esto, lejos de geólogos, geógrafos y otros especialistas. Pura literatura y en muchas ocasiones pura poesía. Son unas doscientas páginas en un volumen en cuarto de folio, de los que la editorial Siruela nos brinda como un inapreciable regalo (dados su autores, temática y solvencia). Pero pasemos a esta gozada publicada en francés en 1970 (se tituló, muy acertadamente, "La escritura de las piedras") y recuperada en castellano por Siruela en el 2011 y para suerte de los despistados como yo en el cercano 2016.

El libro cuenta con un revelador prólogo de Emil Cioran, el filósofo rumano-francés que falleció en los 90 en un rapto de coherencia con su filosofía pesimista y escéptica (aunque por propia confesión se sentía más cerca de los cínicos griegos y de Epicuro). Hay un punto de reverberación entre Cioran y Caillois que justifica su encendido elogio en el prólogo. Se trata de su fascinación por el simbolismo que encierra la permanencia secular de las piedras, su pertenencia al origen tectónico, al fragor inimaginable de los inicios minerales del planeta, su estólida paciencia infinita, su resistencia y la hipnótica presencia en las montañas, en los ríos y en el fondo abisal de los mares. Y no nos habla de las piedras preciosas o de las sillares de grandes edificios o los bloques de las pirámides o la pétrea ornamentación de palacios, residencias o rascacielos.

Como señala acertadamente el prologuista Caillois tiene un fervor esencial por las piedras, el mineral en bruto, debido a su "nostalgia de lo primordial, la obsesión por los comienzos, por el mundo anterior al hombre, por un misterio más lento, más vasto y más serio que el destino de nuestra pasajera especie humana". Caillois nos guía por un mundo petrificado pero que esconde en su interior, en su composición interna, oculta por siglos, maravillas delicuescentes, aguas primordiales, vetas suntuosas...y nos asegura convincentemente que las piedras nos dispensan "múltiples serenidades". Y en ese párrafo comprendí mi fascinación por el texto que leía arrobado: soy de esos montañeros que se quedan como hipnotizados contemplando una falla tectónica, un caos de bloques, el perfil aguileño de una cumbre,  los juegos de arcoíris de pendientes fragmentadas de las montañas orgullosas y salvajes de los Puertos y, en un juego contradictorio, mi amor por la belleza de las pequeñas piedras, al estilo de León Felipe.

La belleza poética y filosófica de este texto es extraordinaria. Caillois "hila un discurso tan sencillo como lleno de sugerencia y belleza donde las piedras, los minerales, son el nexo de unión entre una forma material fría, concreta y definida, y el mundo poético e imaginativo que una piedra pueda despertar como una forma de sueño visual —y casi sensual— en el ojo humano". Para ello, repasa las páginas de la mineralogía clásica y nos habla de leyendas, mitos y símbolos, mezclando la realidad física innegable del mineral con la aspiración casi mística del observador. Como escribe Cioran: "Somos todos...fracasados de alguna aspiración mística, hemos experimentado nuestros límites y nuestras imposibilidades en medio de alguna experiencia extrema". Y así describe indirectamente la belleza de la montaña, un símbolo y una realidad física inevitable a la que afrontamos, fascinados por su llamada eterna y su presencia inamovible, presencia que nos lleva a experimentar "límites y posibilidades" que tal vez nos muestran cómo en realidad somos y a qué, en realidad, aspiramos.

La intención de Caillois (“No pretendo reconocer especies, sino hacer perceptible la fuerza de una fascinación. En esta visión un tanto alucinada que anima lo inerte y va más allá de lo percibido, a veces me ha parecido captar en directo uno de los nacimientos posibles de la poesía”) queda suficientemente explícita en su obra y,a  mi parecer, confirmada por el lector sensible a la faceta mineral de la belleza del mundo natural. Y como muestra un botón: "En la miel o la leche azul del ágata, a menudo las dendritas esbozan paisajes: colinas, valles o cañadas, siempre plantados de abetos que la distancia convierte en minúsculos y que se reconocen por la silueta puntiaguda...en los crepúsculos ardientes de la cornalina, dibujan una línea negra ininterrumpida; en la calcedonia sin embargo, se reagrupan en bosquecillos poco frondosos". Delicioso. Como cuando describe el interior de otra piedra : “El verde se desliza por la superficie del hierro y le añade un brillo impaciente que se estremece en el espejo sombrío como el agua al entrar en ebullición. Se encuentra ahí reverberado (¿de dónde vino?), color de ultramundo bruscamente captado y rápidamente devuelto, como el fino relámpago de un rayo minúsculo”.

En resumen, un libro para atesorar.

PIEDRAS.- Roger Caillois.- Trad. Daniel Gutiérrez.- Ed. Siruela. ISBN 9788416465972

 

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6 octubre 2017 5 06 /10 /octubre /2017 08:50

Tiene algo barojiano el amigo Mur en su escritura, aunque resulta ser mucho más detallista y amigo de cifras y datos documentales que el gran escritor vasco. Da un cierto gozo leer este libro, al que no llamaré novela, porque en él respira el Tiempo pasado, el de una época no tan lejana (del siglo XVII a principios del XX), no sólo por la temática, la historia de la casa Membrado en toda la Tierra Baja, sino por el estilo tan peculiar que sólo creo haberlo leído en legajos y narraciones populares o eruditas del arco que va desde la Baja Edad Media hasta la Modernidad y el periodo convulso de las guerras carlistas. Ramón Mur reconoce paladinamente que su libro es una "recopilación novelada de los numerosos datos entresacados de los legajos escondidos en un archivo semi secreto de la familia Membrado...está escrito en una deliberada aclimatación al contenido de las escrituras notariales, correspondencia o cuadernos de contabilidad de la Casa...algunos "arcaicismos" (sic) y hasta errores gramaticales de hoy han sido admitidos como marco apropiado para una obra antigua metida en moldes nuevos y que no tiene su origen exclusivamente en la imaginación del autor". Ésta sirve de hilado o urdimbre que da cohesión al entramado de los datos y referencias documentales. No es un defecto sino un hecho objetivo y no resta nada del valor intrínseco a la obra. Es la diferencia con obras como las últimas de Silva o Cercas que, a pesar del gran aporte documental, son novelas propiamente dichas. Pero, y aquí está la supuesta "contradictio in términis" (lo que se llama en griego "oxímoron") del libro de Mur,  ya que se trata de un documento que se lee como una novela.

Para las gentes de esta zona matarreñense, las del Bajo Aragón y las tierras del Mezquin debería ser un libro de consulta sobre las antiguas tradiciones y formas de vivir de nuestros antepasados, para el resto de los mortales es una curiosísima oferta étnica, antropológica, social, histórica, costumbrista y geográfica que estimula las ganas de conocer estos lugares a los que sólo falta un poco más de lluvia para ser una antesala a una especie de reserva natural del placer de vivir.

Por cierto, la sadurija, que da título al libro, es una planta silvestre, la ajedrea en castellano(utilizada para cocinar o aliñar las olivas), que "bañada en aceite de oliva durante doscientos años" tiene -se dice- la virtud de alargar la vida a quien la consume o hacerle recuperarse de cualquier mal de forma casi  milagrosa. Ese "secreto" salutífero está en el origen de la fortuna de la familia Membrado como vemos a través de la narración, que alcanza acentos épicos cuando nos lleva al interior de la guerra carlista, al general Cabrera y Zumalacárregui y van surgiendo los nombres y hechos de ciudades y pueblos que transitamos todos los días, Belmonte, Valderrobres, Alcañiz, Teruel...

Es obra complementaria pero distinta a las de Braulio Foz, Ciro Bayo, Valle Inclán, Galdós o Baroja, todos escritores clásicos que transitaron por estas tierras y la hicieron escenario de algunas de sus correrías literarias y las supera sin duda en el aporte documental y lingüístico, en los detalles botánicos, vegetales y geológicos de sus descripciones. La historia de los Membrado desde su origen como arrieros y muleros hasta convertirse en un poder efectivo basado en la propiedad de la tierra y en el apoyo de la Iglesia, es uno de los argumentos literarios más usados en la Historia del arte de narrar, el del cambio de Fortuna. Como diría el Lazarillo de Tormes, esta novela "muestra cuánta virtud sea saber los hombres subir, siendo bajos; y cuánto vicio, dejarse bajar, siendo altos"  .

FICHA

SADURIJA.-Ramón Mur.- Centro de estudios Bajoaragoneses.- 16 euros.-255 págs.

 

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3 octubre 2017 2 03 /10 /octubre /2017 09:07

 

Al margen de la individualidad propia de cada obra de Francisco Rico (el recorrido erudito y literario  de este setentón, que moja su pluma en todos los pucheros literarios habidos y por haber, es asombroso) esta obrita de 1976, editada por Seix Barral (parece que ha visto nueva vida en años posteriores)  es una lúcida y , me atrevería a decir brillante, visión de la "importancia del punto de vista" en el análisis de la novela picaresca, ese gran hito de la literatura Universal aportado principalmente por la narrativa hispana a partir del siglo XVI, principalmente en sus dos obras cumbre, el Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache. Rico, a modo de genial rumiador que metaboliza sapiencias ajenas, un jovial digesto de  todo tipo de erudiciones literarias con la habilidad, casi maestría, de hacerlas sonar como novedades -y en muchos detalles, realmente lo son-,  recoge mucho de lo que se había escrito, pensado y comentado en los años 70 del pasado siglo sobre esa gran aportación española, la novela picaresca (tan decisiva para comprender la novela moderna), y propone una relectura sazonada de correctos análisis (trama, estructura, estilo, técnica, vocabulario, "presencia" del autor en  el relato, etc.)  y no menos correctos correlatos históricos y sociales para situar la obra y los presuntos autores.

Casi todas las novelas picarescas de las que nos habla el amigo Rico -aunque su tesis principal  es que propiamente dichas  solo hay dos novelas picarescas, el Lazarillo y el Guzmán--comparten una serie de puntos comunes que la convierten estilísticamente en un género literario. Y así, el protagonista, el pícaro (etimológicamente, el que "picaba" los bolsillos de la gente de forma furtiva, un ladrón en suma), es un hombre de muy bajo rango social,  descendiente de padres delincuentes. Es un contrapunto trágico-cómico al caballero, el hombre de supuestos ideales y de principios morales. Nuestro pícaro trata de evitar a toda costa pasar hambre y usa su ingenio -totalmente amoral, basado en el engaño y la estafa, como poco - para sobrevivir, con generalmente mala fortuna.

El narrador suele contarnos su propia vida, casi siempre en primera persona -signo éste de distinción entre las "verdaderas" picarescas y las añadidas-  y, como dice Rico, el punto de vista que predomina en la narración es el de Lázaro adulto que protagoniza el "caso" que somete al juicio y conocimiento de "Vuesa Merced", el desconocido destinatario de esa carta autobiográfica que es la novela, que reflejará  la lucha desigual de un miserable, hijo de la miseria y el delito, por la supervivencia básica, a cualquier precio,  y el afán de mejorar siquiera de forma leve en la escala social de la miseria. Y esa, dice Rico, es la tesis central de la novela: en palabras de Lázaro "mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir, siendo bajos; y cuánto vicio dejarse bajar siendo altos". Y comentarle a "Vuesa Merced" el porqué de su vida y su modesta fortuna, el "caso", consiste en asegurarle que son falsas las habladurías que conciernen a su moral matrimonial: no es cierto que su esposa sea la barragana del Cura y que él sea un "marido cartujo" es decir de los que soportan en silencio la infamia de los cuernos a cambio de prebendas y favores.

Y así narra su vida, aunque esa lucha continua -semejante a la de Guzmán, pero con menos resabios morales- se dirige casi siempre al fracaso, al castigo y al deshonor. El pícaro cae una y otra vez y siempre vuelve a levantarse, por eso su narración es episódica y podría ser interminable, excepto por la muerte del narrador-actor o su encierro vital en prisión o condena a galeras, cosa que no sucede nunca, por pura lógica narrativa. Así el final abierto es una constante en la picaresca (cosa que permite la existencia de algunas segundas partes apócrifas,- y casi nunca dignas de aprecio- , como en el Lazarillo). Todo en realidad expuesto a manera de los "exemplos"  de la literatura moralista de la época, pero con mucha más gracia, humor surrealista y crítica social: los males que padece el pícaro se ven reflejados en escala mayor y más "selecta" en la sociedad de la época, desde los más pudientes y poderosos, al clero y la nobleza: es una sátira perfecta de la hipocresía social de aquella España de los siglos XVI y XVII, políticamente caótica y mal gobernada, católicamente codiciosa, avara y explotadora.

 No sólo tenemos pícaros narradores, individuales como Lázaro o duales como Rinconete y Cortadillo, también mujeres "La pícara Justina" de 1605 -que nos recuerda a la "Moll Flanders" de Defoe- y también suelen mostrar entre ellos muy diferentes cataduras personales : desde la inocencia y buenos sentimientos del Lazarillo, a la trapacería canallesca del Buscón o la amargura depresiva del Guzmán. Todo el género parece deudor de obras como "El libro del Buen amor" del Arcipreste de Hita y en cuanto al uso autobiográfico de ejemplos tan selectos como "Las Confesiones" de San Agustín o los escritos biográficos de Santa Teresa.
Curiosamente, explica Rico, el género de la picaresca causará un deterioro en la evolución de la novela española que durará casi dos siglos. Se trata de un proceso en el que se pierden los valores y la potencia narrativa de El Quijote y del Lazarillo Y ello ocurre por varios motivos, desde los excesos conceptistas en obras satíricas que se quedan en costumbrismo burlesco, hasta el exceso de la supuesta moralización que la Iglesia expande con todo su poder. Rico acaba su entretenido ensayo diciéndonos: ..."¿hacia dónde hubiera caminado la novela picaresca si hubiera seguido los pasos de Lazarillo y Guzmán? Pues derecha hacia la novela moderna y nos guste o no -apostilla Rico- ésta novela es la historia de una cierta narrativa realista constituida ni más ni menos en el rechazo de la doctrina jerárquica de los estilos y caracterizada por la convicción de que todos los asuntos y personajes son dignos de la misma atención literaria". La grandeza de las dos obras principalmente citadas y analizadas por Rico es haberse adelantado a esa "democratización" de los personajes y temas de la novela.

El libro de Rico es abundoso en citas y el lector disfrutará de tales citas eruditas si conoce al dedillo el francés, el inglés, el italiano o el latín. Si no es así, que no espere que el autor, ni el editor, les traduzca las citas. A pesar de ello, el libro es un sugestivo y sugerente paseo por las intimidades literarias de la novela picaresca española, especialmente como he dicho con el "Lazarillo de Tormes" y el "Guzmán de Alfarache".

Como curiosidad literaria respecto al Lazarillo, se han barajado varios autores conocidos como "padres" de esa obra sin autor conocido: desde Fray Juan de Ortega, a Diego Hurtado de Mendoza, y a los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, que se asemejan por su estilo e ironía crítica. Otros autores proponen a humanistas como Luis Vives o Lope de Rueda.

FICHA

LA NOVELA PICARESCA Y EL PUNTO DE VISTA.- Francisco Rico.- Seix Barral.- 146 págs. ISBN: 8432201979




 
 

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1 octubre 2017 7 01 /10 /octubre /2017 08:01

 

Al principio, parece que no es el mismo. Paul  Auster se ha reinventado como escritor en esta su última novela. Siete años de silencio para parir al fin un mamotreto de cerca de mil páginas donde el lector, si está dispuesto a seguir siendo fiel al autor neoyorquino, comprobará que tras el nuevo ropaje, anida el Auster de siempre. Cuando empieza uno la novela se lleva la primera sorpresa, el estilo y la temática parecen surgidos de cualquier autor centroeuropeo, alemán (Mann, Hesse o Gunter Grass) o sobre todo polaco, húngaro y en todo caso con acento "yiddish". Auster me sonaba a lo último que había leído de Israel Yehoshua Singer (el hermano más listo del Nobel Isaac Bashevis Singer), "Los hermanos Ashkenazi", con algunas licencias de autores judeo-norteamericanos como Saul Bellow, Philip Roth, Bernard Malamud y otros (incluido el humor muy inteligente -y judío-  de Woody Allen). Frases largas, circunloquios interminables, descripciones psicológicas, históricas, políticas o sociales inacabables, ingenio por todos lados y un olor a novela decimonónica absolutamente nuevo en Auster.

La decimoséptima novela de Auster, "4321", es larga, larguísima como corresponde a la enorme ambición de la propuesta literaria de este autor, guionista, ensayista, director de cine, poeta, norteamericano de origen judío. Su habitual estilo sincopado, directo, coloquial, de frases cortas y adjetivos contundentes ha dado paso a una sintaxis que florece en frases largas y sinuosas, donde con tono costumbrista, moroso, lleno de detalles y datos, se nos cuenta pormenorizadamente  la vida de una persona y su escenario vital, desde las personas que acompañan su existencia a los eventos políticos, sociales  y económicas que forman el entramado externo... con un elemento innovador y fuertemente sugestivo: se nos ofrecen cuatro posibles variantes de la historia del protagonista. Es la plasmación literaria de un lugar o pensamiento común en cualquier hijo de vecino: ¿qué hubiera sido de mi vida si no hubiera ocurrido tal cosa o hubiese sucedido tal otra, si no hubiera conocido a esa persona, si no hubiera acudido a aquella cita que cambió mi vida?

Hace falta un gran valor y una gran decisión imaginativa para armar y desarrollar una cuádruple estructura semejante, con un trasfondo común. Para que la cosa sea aún más interesante, Auster no busca un personaje totalmente imaginario sino que se pone a él mismo de protagonista, por personaje interpuesto lógicamente y nos cuenta de esa manera qué le empujó a ser escritor. Hay ciertas semejanzas con el Murakami de "1Q84" (título  numérico y enigmático también), que registra una misma historia contada a través de los puntos de vista de los tres personajes principales), en la que el azar tiene una gran importancia como motor argumental.

Las historias que nos cuenta Auster van mostrándonos ciertos momentos de su vida en los que un hecho fortuito -el azar- cambia su visión de la vida y hace nacer la semilla vocacional que hará de él un escritor (en una de las historias, es la muerte por un rayo de un compañero). Azar y muerte son los dos elementos ontológicos que se convierten en las referencias básicas de la novela, así como referencias familiares directas que van surgiendo de la memoria personal del escritor y que éste integra sin disfraz alguno en su novela.

Archie Ferguson, protagonista de "4321" -y sus avatares ucrónicos- van viviendo diferentes momentos vitales y anécdotas, de la infancia a la madurez, en las que Auster se ha incluido  en numerosas ocasiones. Por ejemplo, el luctuoso hecho de que se entera de la muerte de su padre a la mañana siguiente de haber terminado su primera novela, habiéndose ido a dormir  feliz y emocionado sabiéndose ya escritor, surge en la narración casi sin cambios.

 

Uno de los cuatro Ferguson, o mejor uno de los cuatro senderos escogidos por cada Ferguson acabará con la muerte, mientras que  los otros tres seguirán trayectorias distintas hacia un fin común: ser escritores. Uno de ellos estudia en la Universidad de Columbia y Auster juega con el lector haciendo que algunos personajes de sus novelas anteriores se conviertan en compañeros de su protagonista. El realismo de Auster forma parte de su sello de fábrica, como él mismo dice : “Robo cosas de la realidad, como debe hacer todo novelista, episodios de mi vida, como mi primer martini, mi amistad con Pierre Matisse, el galerista, o la historia de la dueña de la casa de putas de Texas que reciclaba condones, lavándolos y poniéndolos después a secar enfundados en palos de escoba. Son hechos reales, pero eso da igual. Lo que importa es lo que la ficción haga con ellos”.

Como Auster confesó en alguna ocasión, sentía que su narrativa era deudora en conjunto y simultáneamente de Borges, Calvino, Philip Roth y John Irving. Aquí hay mucho de ellos, envuelto en la sólida literatura costumbrista yidish centroeuropea, trasplantada a Estados Unidos. Nos ofrece, sin dudarlo, cuatro novelas en una, ¿hay quien de más?  Tiene mérito que Auster coja un determinado periodo histórico de principios del siglo XX hasta bien entrados los años 70 y deje suelto al azar como un aprendiz de brujo, trastocando incidentes, cambiando datos y hechos, ofreciéndonos muchísimos "si hubiera, o no, ocurrido eso" que van cambiándolo todo, excepto la vocación literaria del protagonista. Es un "bildungsroman" (novela de iniciación)  convertido en cuatro, en los cuales hay algunos personajes recurrentes (que obran o influyen de distinta manera en cada "versión" del protagonista). Y por supuesto ese protagonista, a tenor de las circunstancias se convierte  también en alguien algo o muy distinto, rico, pobre, bisexual, huérfano, cinéfilo, pero al fin, escritor. Un diseño estructural endemoniadamente inteligente y hábil.

Excelente y torrencial novela, no muy fácil de leer, a veces agobiante y excesiva, pero en definitiva ineludible.

FICHA

4321,. Paul Auster, trad. Benito Gómez Ibáñez, Seix Barral, 23,90 euros, 957 págs. ISBN 9788432232893

 

 

 

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27 septiembre 2017 3 27 /09 /septiembre /2017 08:25

Rosa Ribas, autora de "Pensión Leonardo", que ya hemos comentado en esta página y de una trilogía policiaca de la que también hablamos (en coautoría con Sabine Hofman) vuelve a navegar en solitario por los procelosos mares de los libros y lo hace con una recreación sutil, atrevida y bien resuelta del mito del hombre lobo. Y con osada imaginación lo trae a las tierras del Maeztrazgo, a ese mundo rural donde sin duda, aunque en otras latitudes, nació la leyenda.

Ribas juega con habilidad la trama, desde el descubrimiento que hace el niño de su salvaje peculiaridad (la escena de la abuela haciéndolo retroceder a  correazos por los cambios que percibe en él al ver la sangre de una gallina decapitada, es un ejemplo un tanto excesivo) hasta sus dificultades para tratar de llevar una vida de trabajo y relación cuando crece y su propio terror y rechazo hacia sí mismo. Eso lleva al protagonista a abandonar sus tierras (en Vistabella, Castellón) para irse a Alemania a trabajar en unas minas de carbón, en cuyos profundos túneles esté a salvo de las maldades que el plenilunio obra en su organismo y en su mente. Como un caso psicopatológico de doble personalidad, Ribas recrea desde otro punto de vista el mito del doble malvado, aquél que R.L Stevenson diseñó con tanta maestría en Mr. Hyde y el Dr. Jeckill. Ribas busca la fibra sensible del lector narrando el suplicio que vive el niño en su entorno rural, en la escuela, entre sus vecinos. Al tiempo nos va mostrando escenas del pasado que tratan de explicar al lector la génesis de la brutal metamorfosis licantrópica.

La autora no ahorra al lector una dureza narrativa sin tregua (pese a algunos intentos de lirismo que no cuajan) y buscando al tiempo humanizar la figura del protagonista, no sólo a través del dolor que inflige a otros, sino del tormento personal.

No soy muy aficionado al género de terror, pero en este caso Rosa Ribas lo aliña con ciertos detalles y estampas en las que surge una mirada crítica -la emigración de españoles a Alemania en los sesenta empujados por la miseria y los abusos- y una sabia reflexión sobre la ignorancia de las clases más necesitadas (en este caso en el Maeztrazgo) y la ausencia de ayudas de un régimen político que privilegiaba a unos pocos y mantenían bajo el terror y la violencia a una mayoría desclasada. Esos mensajes narrativos trascienden y singularizan esta novela., fuera de los límites del género.  Con un final que también rompe la tradición de los relatos de hombres lobo.

FICHA

"La luna en las minas".- Rosa Ribas.- Siruela. ISBN 9788417041328

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24 septiembre 2017 7 24 /09 /septiembre /2017 08:19

 

Acantilado ha tenido la excelente idea de recuperar una de las grandes obras emblemáticas de la literatura hebrea y yiddish, "Los hermanos Ashkenazi", la ambiciosa recreación de un mundo complejo y  profundamente enraizado en la tradición judía y en una época en la que tendría lugar el fortalecimiento de los más graves intentos de dominación y extinción del pueblo judío, en los albores del siglo XIX y después, tras la Revolución rusa y la convulsa situación centroeuropea que pondría los cimientos de los genocidios de la II Guerra Mundial. Israel Yehoshua Singer es el hermano del premio Nobel Isaac Bashevis y nunca alcanzó la relativa fama de éste, al menos en vida.

En el año 36 del pasado siglo dio una campanada literaria al publicar esta novela en Estados Unidos y en Europa. Mientras entre los norteamericano llegó a eclipsar a su ilustre hermano (se dice que esta novela llegó a igualar en fama y número de lectores al novelón sureño de la Mitchell "Lo que el viento se llevó") en Europa se combatía en España y el resto de Europa velaba armas, aún si creérselo demasiado, por la amenaza nazi y de las dictaduras y regímenes fascistas, con lo que la enorme obra de Yeshoshua pasó casi inadvertida, a pesar de ser un canto del cisne de una forma de vida, como casi todo el mundo temía.

Hay algo de premonitorio y freudiano en esta novela en la que la historia de los dos hermanos, líderes de la comunidad judía polaca, simboliza un poco la historia bíblica de Caín y Abel y refleja indirecta y astutamente las diferencias apreciables entre los enfoques del judaísmo entre Isaac e Israel, dos hermanos escritores tan precisos para conocer la historia reciente del judaísmo en Europa, mucho antes de la creación del Estado de Israel. Afortunadamente, los de Acantilado, han tenido la bondad de añadir un glosario de términos hebreros y yiddish para que la labor de lectura sea menos penosa por no entender ciertas palabras claves.

La obra de Israel es al judaísmo lo que "Los Buddenbrook" a los alemanes y se debe destacar que con el mismo talante simbólico descriptivo y explicativo que Mann aplicó a su prodigiosa y larga novela, Israel la planteó para las vivencias y trayectoria de la comunidad judía de Lodz (Polonía), habiendo una extrapolación genial de lo particular a lo general, de lo familiar a lo étnico. Para ello Israel logra una brillante descripción de las coordenadas de tiempo y lugar que confluyen en la historia, con una potencia narrativa de primer orden y una potente documentación realista, económica y social, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Gran Guerra. Circunscribiéndose a esa zona polaca, desde la llegada de los inmigrantes alemanes y judíos tras la anexión del Ducado de Varsovia al Imperio ruso en 1831, el lector asiste asombrado al nacimiento de la gran industria textil asentada en Lodz que elevó su población de algo más de 10.000 habitantes en 1840 a medio millón antes de comenzar la Guerra Mundial.

Y así, con el motor de la historia de los dos hermanos Ashkenazi,  en la que, (como en las descripciones de la condición femenina en esa tradición judía, pags. 24 y 25 por ejemplo) late a menudo un cierto maniqueísmo, el escritor nos brinda el gigantesco  ejemplo de un tipo de narrativa de raíz centroeuropea que hasta hace bien poco no está recibiendo el reconocimiento que tuvo a mediados del siglo XX. El valor de esta obra insigne que el lector debe abordar con la paciencia y atención que precisa un Proust, por ejemplo, es el de ser un fidedigno espejo que se pasea a lo largo de los acontecimientos capitales del siglo XIX y XX, desde la revolución industrial a la rusa, desde el naciente sindicalismo y las luchas obreras en la Rusia zarista ("por robar y apalear a un judío la sentencia era de seis  meses de prisión y por organizar huelgas eran de 5 a 8 años de prisión a los que se sumaban de cinco a 10 años adicionales de exilio en Siberia") hasta el triunfo del capitalismo y sus maniobras para hacerse con el poder o la degradación corrupta del "poder del pueblo soviético". Todo a través del espejo fiel, aunque un poco deformante, del judaísmo en busca de su propia  identidad, reflejado  en miles de identidades por toda  Europa.

A pesar de ser un asunto archiconocido en la patética historia de ,los judíos en Europa, esta soberbia novela se convierte en el paradigma de una época determinada cuando los pogromos en Polonia surgen como setas y el resto de la población reacciona  ante cualquier problema o disputa, ya sea política, social o económica degenerando en una masacre contra los judíos acusados de conspiradores, acaparadores, ladrones, espías, o cualquier otra razón (como la de que usaban sacrificios de niños cristianos en sus rituales). Alucinante. Hasta los soviets revolucionarios, que habían sido organizados y ayudados por muchos judíos, se unen a la furia persecutoria.  Toda esa situación obliga a los judíos a engrosar las listas de emigrantes a  Estados Unidos o  Hispanoamérica.

La pregunta que circula subterráneamente por toda la novela está aún hoy sin contestar adecuadamente: ¿hay algún lugar en la sociedad occidental capitalista para un judío sin que éste deba, en mayor o menor medida, renunciar a su identidad?  Porque la respuesta que ofrece uno de los gemelos de la novela, el mayor, Simha, el Caín simbólico, se ha convertido casi un siglo después en una realidad de la que el estado de Israel es muy consciente y sabe usarlo para sus intereses: " Cuando creciera, se sentaría en un despacho como el de su padre, pero no llevaría la kippah, sino que iría a cabeza descubierta, como los mercaderes alemanes del otro lado de la calle. Tampoco trataría a la gentuza que trataba su padre. Tendrían que quitarse las kippahs y dirigirse a él en alemán en lugar de yiddish."

Y otro de los grandes personajes de la novela, el revolucionario Nissan dice: Sí, odiaba a su padre, y junto con su padre, odiaba sus libros sagrados que sólo hablaban de dolor y estaban empapados en moralidad y melancolía ;su Torah, tan compleja y enrevesada que desafiaba todo entendimiento; todo su judaísmo, que oprimía el alma humana y la cargaba de culpa y remordimiento. Pero, sobre todo, Nissan odiaba al Dios de su padre, aquel ser cruel y vengativo que exigía una obediencia ciega..."

Quizá la tradición narrativa oral del judaísmo sea el origen y la confirmación del talento literario que muchos escritores judíos han ofrecido a la historia de la literatura. Los hermanos Singer, muy conocidos el pasado siglo, no tienen nada que envidiar a los muchos judíos célebres de ayer y de hoy que han enriquecido la Literatura. En impresionante la belleza literaria de estas novelas, escritas con un perfeccionismo apabullante, en un estilo que podría parecer obsoleto pero que supera con creces la mayor parte de la novelística actual. Y muchos de los grandes de hoy tratan de emular de alguna manera aquella compleja y variadísima riqueza de léxico, profundidad psicológica, habilidad narrativa, dominio del ritmo, humanidad y sentido el humor, inteligencia y sensibilidad, en suma la creación de un mundo completo en el que rezumaba la historia, la economía, la psicología, las costumbres más insólitas, la documentación más exquisita, el tejido moral y social de una cultura presentado con el gusto por el detalle de un orfebre... Dios salve a las novelas tradicionales de culturas que se extinguen y tiempos que ya no existen.

LOS HERMANOS ASKHENAZI.- Israel Yehoshua Singer.- Trad. de Rhoda Heneldei y Jacob Abecasís.- Ed. Acantilado.- 679 págs.- ISBN 9788416748464

 

 

 

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22 septiembre 2017 5 22 /09 /septiembre /2017 08:44

  

Salvado por los libros

 

Que un rockero abandone -al menos  en activo- el movido mundo de esa música, actuaciones, conciertos, costumbres y amistades, clubes y grabaciones, para dedicarse a la literatura no es muy común en ese ambiente de normas tan exigentes y formas tan peculiares. Si además lo hace al final de la treintena, inidca una figura un tanto peculiar y excéntrica. Aunque aseguran quienes le conocen que ya "mostraba maneras"  de letramanía y siempre llevaba uno o varios libros en las manos.  Sabino Méndez se llama el sujeto y los de ámbito roquero lo tienen en estima, no en vano solía ser letrista de canciones para grupos roqueros de primera línea. Publicó con el cambio de siglo su primer libro "Corre, rocker", que no tengo el gusto de conocer y ahora llega a mis manos con el interesante sello Anagrama, "Literatura universal", título escolar o académico para una novela vivencial que, como casi todas, no sólo bebe indirectamente de la literatura, sino que convierte a los libros en parte de la trama. Hay alguna muestra anterior de esa "literaturización" de una trama novelesca -es un juego literario con cierta respetable tradición clásica- en el borde del filo de la navaja del plagio pero con la astuta habilidad de reconocer y destacar las aportaciones literarias ajenas, convirtiéndolas en materia ajustable a lo que se nos cuenta: unas vidas contadas - presumiblemente basada en la propia como al parecer hizo en su primera incursión literaria- expresión de una época, una cultura y una sociedad muy determinados.  Casi un retrato  generacional - el tempo abarca si treinta años- en el que con habilidad manifiesta  engarza citas literarias con las vivencias y pormenores de los protagonistas.

Me ha divertido este juego travieso con las citas literarias y el desenfado casi beatnik de la narración, donde uno cree percibir los ecos desenfadados, líricos más que poéticos, de un Henry Miller o un Nabokov  en sus momentos más juguetones. Pero no todo es un juego de citas, más o menos felizmente añadidas -siempre identificadas, gracias a Dios- a un texto que sigue una línea no precisamente banal. No hay trivialidad en lo que nos cuenta Sabino Méndez, sino un a modo de ajuste de cuentas con su propia generación, sus sueños, sus defectos, sus debilidades, sus fracasos y sus concesiones...y el precio de su venta al Moloch cultural que todo lo engulle, digiere y transforma.

El narrador y principal protagonista,  Simón B. Sáenz Madero (anagrama de Sabino Méndez), se explaya ante aquella generación que en los setenta vivió un efímero esplendor, pero el hálito del autor parece no lograr que el lector y menos los que vivimos aquella época con parecida edad, considere lo que le cuentan como algo auténtico, generacional, íntimamente resonante, se ve el artificio literario, el revés de la trama, el decorado, las figuras huecas calzadas con coturnos y máscaras de tragedia griega. Sólo los libros, la insistente y emocionante adhesión a los libros buscando sus ecos en la narración, siguen atrayendo al lector y a la postre justifican una novela con algunos aciertos y algunas zonas de sombra, como la falta de sensibilidad con la que son retratadas las mujeres en esta novela, objetivizadas en roles de amantes, hembras de placer o histéricas, compañeras con escasa relevancia, ninguna con respuestas y actitudes inteligentes y deslumbrantes, casi siempre soportes erótico-vistosos como elementos decorativos y de importancia social en el ambiente  poderosamente masculino. ¿Es así como se veían las féminas en el ambiente roquero? El autor, gran lector, debe repasar en muchos de los autores con más relevancia erótica que, además de vehículos de placer, muchos de sus personajes femeninos eran auténticas obras maestras de la personalidad humana. ¿Lawrence Durrell, por ejemplo? ¿Alguna obra del machista Hemingway? ¿Flaubert, Proust, Stendhal? Etc.

FICHA

LITERATURA UNIVERSAL.- Sabino Méndez.-518 págs.-Ed. Anagrama.- ISBN 9788433998309

 

 

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18 septiembre 2017 1 18 /09 /septiembre /2017 08:09

Más de cincuenta páginas de apretada bibliografía hablan bien a las claras de la enjundia y la erudición que despliega el profesor Joan Prat en este libro que, además de una indagación sobre los caminos del saber esotérico, religioso y espiritual es, de forma honesta y clarividente, una apuesta personal por un camino de conocimiento - el que lleva a dejar de ser el que uno es (el rito de paso) para convertirse en un otro superior espiritualmente, sin dejar de ser objetivamente lo que uno es (a través del propio cuerpo disciplinado) -que se muestra ecléctico e equidistante de los senderos tradicionales de búsqueda espiritual.

He recorrido caminos semejantes a lo largo de mi vida -dedicada en gran parte al estudio y la práctica de la psicología profunda junguiana y los caminos de meditación-  y comprendo la plácida convicción algo escéptica pero siempre respetuosa de este antropólogo (estudioso de Turner, Otto, Jung, Mircea Eliade, mi admirado K.G. Durckheim, René Guenon...) que ha dedicado su vida más que al conocimiento circunstancial erudito o técnico, a la sabiduría perenne. Por eso siento una gran empatía por Joan Prat cuando le leo frases como ésta : "Mi falta de fe en el más allá y en los seres que lo pueblan, me impidieron ver los espíritus que otros dicen que veían  y oían”, sin dejar en todo momento de mantener "la firme creencia en la existencia de otro mundo superior, paralelo o superpuesto al que los mortales conocemos, vivimos o padecemos” . Aunque a este segundo punto me sienta más cercano a aquél que dijo: "Hay muchos mundos maravillosos, pero todos están en éste", ello no disminuye ni un ápice mi admiración por este libro riguroso que analizando los cuatro caminos o vías tradicionales de conocimiento esotérico, los que personifican los arquetipos junguianos del chamán, el gnóstico, el monje y el místico, termina concluyendo, platónicamente,  que todos y cada uno forman parte de una ancha senda común que se dirige hacia una conclusión única aunque por veredas distintas y en el fondo más semejantes de lo que parece al profano.

Y así nuestro autor justifica la totalidad de su indagación en este libro aseverando que "la nostalgia de los orígenes -el motor causal de la búsqueda que protagonizan los cuatro arquetipos mencionados-  tiene otro canales de expresión aunque siempre marcados por el retorno al mundo diseñado en el Génesis: una existencia edénica sin fisuras, sin falta, sin fragmentación y sin sufrimiento en la que es posible gozar de un tiempo y un lugar paradisíacos caracterizados por el sentimiento oceánico (Romain Rolland), la omnipotencia de la ideas (Platón) el pensamiento mágico (Jung y Elialde) y, en definitiva, por la completitud en la que no tienen cabida ni la castración ni la frustración" (pág. 625)

Y así, mientras el chamán busca llegar al estado original edénico a través de la "unificación de los diversos mundos", el mineral, el vegetal, el animal, el humano y el de los espíritus, el gnóstico lo busca a través del conocimiento esotérico y profundo,  el monje lo busca a través de la renuncia corporal, de la ascesis, la obediencia, la castidad y la pobreza y, en fin, el místico olvida lo terrenal y ansía la unión con la divinidad a través de la purificación vital y el amor espiritual. Y Prat analiza los cuatro caminos no sólo desde la vía cognoscitiva sino de una praxis más o menos rigurosa, pero siempre honesta y en ocasiones algo irónica (aunque sin malicia) como era de esperar en un antropólogo inteligente.

en este contexto debo resaltar el enfoque práctico, el trabajo de campo etnográfico y antropológico que el autor lleva a cabo como complemento de sus lecturas y estudios, sus "observaciones, experiencias de campo, más o menos intensas y prolongadas en el tiempo, pero por lo general puntuales, concretas y específicas" que enriquecen los textos con el hálito de lo vivido y experimentado (sus "experiencias participantes")  es decir, siguiendo cursos, actividades y ejercicios que requieren una implicación personal.

En suma,  un viaje iniciático de calado profundo que no deja indiferente a ningún lector y que merece una lectura atenta.

FICHA

LA NOSTALGIA DE LOS ORÍGENES.- Chamanes, gnósticos, monjes y místicos.- Joan Prat.- Ed. Kairós. 678 págs. ISBN 9788499885551

 

 

 

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15 septiembre 2017 5 15 /09 /septiembre /2017 07:36

Magnífico este libro del escritor inglés Roald Dahl. "Volando solo" cuenta, con una ironía y un desparpajo jovial, las experiencias de un joven Dahl que, tras terminar sus estudios, es contratado por la Shell Oil Company para recorrer durante tres años diversas localidades de Africa oriental para dar asistencia e información a los clientes de la compañía en la zona. Tras una primera parte dedicada a sus "aventuras" africanas, Dahl nos cuenta los efectos del estallido de la II Guerra Mundial en aquellas tierras y como es, de inmediato, movilizado y "nombrado" oficial. Tras unas vicisitudes narradas con una emocionante sobriedad con toques de humor, Dahl se prepara como piloto de caza y se incorpora  a la RAF. A partir de ahí nos cuenta sus descabelladas odiseas por los cielos de Grecia, sin evitar cierta mordacidad al hablar del desbarajuste militar británico. Dahl nos narra con envidiable soltura y deportiva frialdad las peligrosas aventuras que casi le cuestan la vida pilotando Hurricanes.  Como cuando nos cuenta la lucha desigual contra una gran cantidad de cazas alemanes en una proporción de cien contra uno (es una historia real).

Al acabar sus años de escuela y ser contratado por la Shell, Dhal se va a su nuevo destino en barco. Sus experiencias a bordo y la descripción de la fauna muy "british" que le acompaña, son bastante desternillantes y recuerdan las del libro autobiográfico de Evelyn Waugh. También resultan chocantes y divertidos -dentro del dramatismo de los acontecimientos- sus primeros pasos como "oficial" británico  para detener a los ciudadanos alemanes que vivían en Centro Africa, en la colonias británicas, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La narración se anima con los encuentros curiosos (algunos difíciles de creer) con animales salvajes, como  cuando un león se lleva a la mujer del cocinero para comérsela y es espantado antes de ello. O las anécdotas con su criado negro que pertenece a una tribu guerrera y decide intervenir en la contienda inglés-alemana por su propia cuenta. .

Quizá lo más interesante sea todo lo relacionado con sus experiencia como piloto y su amor a la aviación. Dahl, joven oficial fascinado por el vuelo (de ahí el título del libro) nos cuenta:
"Después de haber volado sin instructor, me dejaban despegar solo muchas veces y era maravilloso. "¿Cuántos jóvenes" -me preguntaba a mi mismo-  "tenían la suerte de poder ir zumbando y rugiendo por el cielo, sobre un país tan hermoso como Kenia?" ¡Hasta el aeroplano y el combustible eran gratis! 

El volumen está enriquecido por fotografías del autor y de los lugares que se describen en el texto.

Dahl está considerado un gran escritor infantil, aunque muy lejos de la blanda placidez de los llamados libros para niños. En su universo literario siempre hay lugar para una cierta dureza, crueldad o tristeza aunque suele equilibrarlos con la inteligencia, la astucia  o el valor de sus protagonistas. Fue el autor de Los Gremlins, aquellas pequeñas criaturas malvadas que formaban parte del folclore de la RAF,  y que tuvo una versión magnifica para el cine. Como también la tuvieron (y a veces por duplicado) Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda,  o James y el melocotón gigante Dahl escribió también más de sesenta cuentos, de temas habitualmente macabros surcados por una vigorosa vena de humor. También es el autor de lo guiones de la película de James Bond, Sólo se vive dos veces (You only live twice) y Chitty Chitty Bang Bang, adaptaciones de novelas de Ian Fleming.

FICHA

VOLANDO SOLO.- Roald Dahl.- Trad. Pedro Barbalillo.- 185 págs. Ed. Alfaguara.- ISBN: 8420445835

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