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2 julio 2020 4 02 /07 /julio /2020 18:56

El historiador inglés Tom Holland con su obra “Dominio” (2020) y su colega, el irlandés Peter Brown, con “Por el ojo de una aguja” (2016), abordan desde ópticas diferentes pero complementarias y algunas semejantes, el nacimiento de un nuevo paradigma religioso, social y económico: la desaparición de la cosmovisión de la cultura grecolatina y sus influencias orientales y la eclosión de un fenómeno, en principio localmente enraizado en Oriente Medio, pero que se expandiría de una forma asombrosa gracias a vehicularse a través del imperio, romano, al principio en oposición, violentamente rechazada, para más tarde, poco antes de la caída y desmembramiento del Imperio, convertirse paradójicamente en una desoladora, inclemente, codiciosa y cruel maquinaria de poder: la Iglesia cristiana, con una vocación irreprimible de expansión. Y de aquellas cañas estas lanzas. El cristianismo fue el huevo de la serpiente del poder político y militar, a veces en connivencia con él y a veces dominándolos a todos bajo un mismo yugo “espiritual” con sólidas bases financieras y militares y el entramado fantasioso y falaz del premio o castigo en la “otra vida”.

Es muy difícil comprender la historia de occidente e incluso la mundial de  los últimos dos mil y pico años sin tener muy claros los fundamentos históricos que dieron carácter y peculiaridades específicas a unas culturas relacionadas dialécticamente con dos elementos que parecen dispares y que, sin embargo, la historia ha convertido en elementos fijos de un proceso cambiante: Dios y el Dinero o, para ser más exactos, el uso del dinero como fundamento del Poder y la utilización del pretexto de una supuesta vía preferente hacia Dios, la Iglesia cristiana, en sus múltiples manifestaciones. ¿Cómo se unen esos dos elementos tan radicalmente diferentes y pertenecientes a dos niveles conceptuales y existenciales distintos? Sencillamente, como una y otra vez nos demuestran Holland y  Brown, a través del “matrimonio del Cielo (Dios) con el Infierno (Dinero)”, como diría el poeta y visionario inglés William Blake. Blake escribiría en su libro, “las prisiones son construidas con las piedras de la Ley, los burdeles con los ladrillos de la Religión”. Para Blake, existía una relación dinámica entre un Cielo pleno de leyes y directrices morales y un Infierno donde las energías más creativas campan libremente.” La tentación de analizar comparativamente la obra de Blake con las dos obras que nos ocupan es grande, pero por motivos de espacio debe ser rechazada. Invito al lector a hacerlo una vez leído el presente artículo.

Los libros que nos ocupan tienen el foco motor en la codicia como elemento dinamizador de la historia de los pueblos en sí y de las relaciones internacionales que van, a través de la codicia, gestionando unos patrones de poder que van cambiando circunstancialmente pero que en esencia responden a tres elementos básicos: la sal y las especies, el hierro, el oro, el petróleo en tiempos modernos y el auge contemporáneo del oro nuevamente (según mi amigo Iván, un erudito búlgaro doblado en agricultor ecológico). La iglesia gestiona con gran habilidad el más permanente de esos elementos en la geoeconomía histórica: el oro. Y aquí es donde Peter Brown y Tom Holland van desarrollando sus argumentos.

Pero no limitándose a “reconstruir  lo que pasó” (lo cual en el fondo roza la conjetura a pesar de documentos y testimonios, como lo es argumentar sobre un previsible futuro) sino a plantear razonables especulaciones que articulan lo documental y  lo “monumental” (los vestigios arqueológicos) que provocan una interpretación de los hechos que parecen dar validez a las consecuencias que conocemos. Se recrea el pasado y se hurga en las diversas interpretaciones que nos ofrecen los datos y las referencias de otros historiadores. Todo es material de construcción.

Holland nos narra la historia de una compleja fascinación por el cristianismo en toda Europa como forma de vida religiosa, manera de vivir y enriquecerse, acceso al poder y a la dominación: en las familias tradicionales hasta hace relativamente poco tiempo en Europa los hijos se repartían en base a la primogenitura: el primer hijo, el “hereu”, el heredero de hacienda, hogar y familia. El segundo, la carrera eclesiástica, el tercero al Ejército y los demás, si podían, al funcionariado. Pero de todos ellos el que más influencia tenía en el arco social era sin duda, el eclesiástico: el cristianismo forma parte de la sedimentación cultural, social, política y económica de la historia de Europa, como un impulso o dinámica revolucionaria y evolutiva. Como apunta en su libro, es fácil hallar las huellas cristianas en el lenguaje popular, el culto, los prejuicios sociales y costumbres y por activa o pasiva, a favor o en contra en las obras de sus mentes más ilustres. Holland apunta con acierto que la cruz, la muerte humillante y atroz de Jesucristo, se convirtió por los siglos en el símbolo máximo y eficaz de los débiles contra los fuertes y “una de las razones por las que el mensaje del cristianismo tiene tanta fuerza”.

La característica más asombrosa del cristianismo y una de las razones de su poder y significación, es su enorme vocación sincrética desprejuiciada, expansiva y ambiciosa, cómo fue asimilando, disfrazando, manipulando los más antiguos y diversos aportes religiosos, simbólicos, filosóficos y lingüísticos en una extraordinaria labor de siglos para configurar un corpus doctrinal cada vez más inflexible y normativo, represor y enfocado en su absoluta potencia a un solo objetivo: el poder y la riqueza, que son las dos caras del mismo “Dios”. Holland nos lleva desde la Grecia asediada por los persas, las religiones de origen asiático en la Roma y la Jerusalén o la Alejandría de los primeros siglos cristianos, de la solidificación del poder  cristiano, las guerras de religión,  de Cruzadas y Herejes en la Edad Media hasta la modernidad, los conflictos sociales y políticos del siglo XIX y XX,  y The Beatles, “El señor de los Anillos”…para confesar casi al final de su libro que “la revolución cristiana tuvo lugar, sobre todo, en el regazo y junto a las rodillas de las mujeres”. La educación legendaria y constante de las madres sobre sus hijos y la aquiescencia de los padres que sabían reconocer dónde estaba el poder en la tierra y la salvación de sus almas, según esas otras madres, las suyas, les habían enseñado. Como asegura el autor,  “No somos conscientes de que la mayoría de las palabras que empleamos están cristianizadas de base. Cuando nos referimos al judaísmo, pocos saben que es un concepto creado por los cristianos en el siglo II. Antes de eso no existía una religión en sí llamada judaísmo, pues los propios judíos no tenían un sentimiento de pertenencia a una misma religión. Había algunos que creían en un Dios únicamente de Israel y otros que hablaban de un Dios que lo había creado todo... Judaísmo y cristianismo, no son padre e hijo, sino más bien hermanos.

Holland desmonta también el mito de la oscura Edad Media. Muy al contrario, pregona y no sin argumentos que es un término creado por la Reforma protestante y manipulado por la Ilustración para cargarlo de connotaciones negativas. Para el autor, “No hubo un decrecimiento de la cultura. Tenemos la construcción de las grandes catedrales, como la de Santiago, y tenemos a grandes escritores como Dante. La Europa de la Edad Media fue la primera gran civilización de nuestro mundo y de donde surgieron las demás. La actual Europa no es heredera de Roma y Grecia, sino de la Europa medieval. Occidente nació entonces”. ¿Y cuál fue el instrumento de esa cultura? La iglesia, con sus construcciones, sus monasterios, sus copistas y sus “falsos mártires” (según Holland, Galileo no fue condenado por la Inquisición por su teoría del heliocentrismo sino por otras razones más debidas a cuestiones de rivalidades de poder.

Holland. que es un provocador nato, sostiene que no hay un declive desl cristianismo, sino que “vivimos una etapa de oro del cristianismo”, aunque no en Europa aparentemente (lo cierto es que parece que el cristianismo sigue vivo aunque sea “a la contra” y de forma inconsciente en las costumbres y los ritos, valores e ideas preconcebidas. En algún sitio Holland tiene la osadía de comparar al cristianismo con el coronavirus, “Empieza en un lugar muy concreto, muta y se extiende a todo el mundo”. Lo cierto es que es una metáfora bastante exacta.

En cuanto a “Por el ojo de una aguja”,  es un ejemplo brillante de un tipo de estudio histórico que muestra detalladamente lo que fue un determinado pasado y al tiempo interpreta dichos datos con una decidida voluntad de darle un sentido coherente que pueda integrarse en una visión conjunta del momento histórico estudiado. Son más de mil páginas en las que Peter Brown nos abruma con datos de todo tipo, interpretaciones eruditas y artísticas de la dinámica de expansión y dominio que sigue el cristianismo desde la conversión de Constantino y el comienzo en el siglo XV de  la llamada Edad Media. Coincide con Holland en que fue la época en que se gestó lo que llamamos Occidente.

A partir de ahí Brown sigue una pista distinta: la de las donaciones cristianas, realizadas durante una época en que el Imperio Romano de Occidente se caracterizaba por su opulencia. Allí nace, gracias a las donaciones de los ricos la acumulación de riquezas que todavía sostiene el inmenso poder económico y espiritual de la Iglesia. Nos cuenta que  la renunciación cristiana perseguía consumar una gigantesca transferencia de riqueza, del mundo al cielo.

Brown nos demuestra que la tan utilizada noción de la humanitas,  la conducta de una persona hacia otra por la razón de una naturaleza humana compartida, es una herencia cristiana y que esa idea está en el seno de las donaciones antiguas. De manera que no podían calificarse de limosnas sino como una acción de rango místico que aseguraba un privilegio en la otra vida.

Según Brown. La espiritualidad romana cambió con el influjo del cristianismo y con ella la noción de riqueza. Y la idea hegemónica de que el dinero y las posesiones debían supeditarse a una meta de tipo espiritual. Eso supuso el enriquecimiento de la Iglesia a consecuencia de las donaciones masivas. Para garantizar la administración de esas riquezas se gestó la aparición del clero como una clase sujeta a supuestas obligaciones (vida humilde y abstinencia sexual). Para fortalecer esa visión la Iglesia publicitó enormemente a los monjes, hombres y mujeres santos que se encerraban en condiciones de austeridad extrema en monasterios y conventos para rezar por la salvación de todos los seres humanos. (Todo ello con las excepciones de rigor que la Iglesia siempre ha disimulado y “comprendido”).

La idea clave de la Iglesia, dice Brown, es concebir la riqueza como un medio para la salvación y no sólo un excedente lujoso al modo romano, sólo que regida por principios morales, esa riqueza se volvió improductiva para tornarse en  pobreza.

A pesar del optimismo de Holland respecto al futuro del Cristianismo, la lectura de ambos libros deja en el lector, al menos así lo hizo en mi caso, una curiosa sensación de “ocasión perdida” de la historia del género humano de lograr una forma de cosmogonía socio cultural, política y económica basada en la “humanitas” que hubiese cambiado radicalmente la historia global de horrores permanentes que hemos producido y seguimos sufriendo.  Y eso cierra el círculo por donde habíamos empezado: la codicia, la crueldad, la soberbia y el orgullo del racismo, le tentación absoluta del poder absoluto, la estupidez agresiva del animal “dotado de razón”, los instintos más primarios y desalmados hicieron imposible una “teoría” religiosa que, como le ocurre al comunismo original con el que guarda ciertas semejanzas, podría haber salvado a la humanidad del desastre (dejando al margen la corrupción de la Iglesia que fue el comienzo del fin de una buena idea estropeada por una fea realidad).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

 

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18 junio 2020 4 18 /06 /junio /2020 09:22

Las plantas son seres vivos, sensibles e inteligentes. Lo dijo Darwin tras hablar del evolucionismo y hacer migas la prepotencia del hombre como "criatura creada y elegida por Dios como monarca absoluto de la Tierra y todo lo que el planeta contenía". A esto añadió Freud que tres hombres, entre ellos él mismo, habían casi aniquilado la soberbia humana:  Darwin que colocó al hombre como un eslabón más de la escala evolutiva de las  especies; Copérnico que anuló la presunta importancia cósmica de la Tierra, revelando que gravitaba en torno al Sol  y era un insignificante planeta;  y Freud  que aseguró que “ni siquiera conocemos nuestra propia mente  ni las causas inconscientes  de nuestro comportamiento". 

El neurobiólogo botánico Stefano Mancuso, autor de "Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal" y de "El futuro es vegetal", nos ha aportado en sus libros una visión distinta, sorprendente y revolucionaria del potencial de las plantas y sus insólitas características. Hasta el punto de que aquellos filósofos y místicos que aseguraban intuitivamente que todos los seres vivos del planeta somos parte de una entidad común que en cada uno de los géneros, humanos, animales, plantas se manifestaba de una forma diferente. La soberbia y la ignorancia humana nos situaba en la cúspide de la creación, la punta de una pirámide vital, los "reyes" de la creación y todo lo que quedaba debajo nuestro debían ser objetos y servidores de la Humanidad, todos los animales no racionales y por supuestos los minerales y los elementos, agua, tierra, fuego, aire.

Como decíamos la historia y la ciencia sobre todo, se han encargado de bajarnos los humos a esta especie nuestra tan censurable y destructiva. Desde Newton a Galileo, desde Darwin a Einstein y las nuevas posibilidades cognitivas de las tecnologías  nos va mostrando la riqueza, variedad y enormes posibilidades de aprendizaje y progreso que existen en las tan desdeñadas otras especies y reinos naturales.¿Cómo es posible que ignoremos al mundo vegetal?  Debemos amar y cuidar a las plantas no sólo por el uso y beneficio que nos dan, sino por lo que podemos aprender de ellas. Son inspiradoras para la ingeniería, la medicina, el diseño y multitud de disciplinas, ya que muchas de sus técnicas  de supervivencia adaptativa pueden ser aplicadas a nuestra especie.  Proporcionan respuesta inteligente y eficaz a multitud de problemas y enfermedades a las que podríamos vencer si estudiáramos más el mundo vegetal. Por último nos ofrecen una inmensa despensa y farmacia no sólo en la tierra sino en el fondo de los mares.La última frase del libro dice: "...no perdamos la esperanza; antes o después habrá que cultivar el mar para producir comida, es inevitable" (pág. 236)

Lo que Mancuso y otros científicos como él están dándonos a conocer sobre el supuestamente  "inerte", "explotable" y"pasivo" mundo vegetal, da un giro copernicano según mi opinión a lo que deberían ser las relaciones humanas con ese mundo del cual sabemos tan pocas cosas y cuya existencia nos trae sin cuidado excepto por el lado utilitarista de su uso y disfrute. Está demostrado que hoy en día tres especies vegetales -el trigo, el maíz y el arroz- equivalen ellas solas a casi el 60 % de las calorías consumidas por la humanidad

Simplemente lean esto: "Imaginen un invento que genera energía gracias al sol a la vez que fija emisiones de carbono; que puede autoensamblarse usando un diseño modular y replicativo; que tiene un software de inteligencia distribuida sin un órgano de control central que pueda dañarse; un aparato, finalmente, que puede replicarse a sí mismo y que si se parte sigue funcionando y genera dos unidades funcionales. Este aparato sería el sueño de cualquier ingeniero... y ya está inventado. Se llama planta y hace cientos de millones de años que crece en la Tierra creando las condiciones adecuadas para la vida que conocemos. Respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales, la cadena alimentaria y todo lo que comemos tiene su base en ellos y hasta la energía fósil de la que dependemos fue producida por las plantas hace millones de años”, afirma Mancuso. “¿Cómo es posible entonces que prestemos tan poca atención al mundo vegetal? Deberíamos fijarnos en las plantas no sólo por los servicios que nos prestan, sino también por lo que podemos imitar y aprender de ellas. Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas”, dice en una entrevista.

Y para que no tengamos dudas de esa potencia inspiradora de las plantas, incluso en el plano de la investigación espacial,  Mancuso nos habla de los "plantoides": "En vez de seguir enviando robots costosísimos, que se mueven despacio y exploran áreas pequeñas, enviaríamos miles de plantoides (prototipo de robot que copia las funciones habituales de una planta, ya en pruebas) que se propagarían por el espacio como si fueran semillas hasta cubrir una gran extensión de suelo y que, sin moverse, se comunicarían entre si y con la Tierra para ofrecernos una serie de datos sobre la composición del suelo tan cuantiosa y detallada que nos permitiría trazar mapas continentales." (pág. 48)

En el capítulo táctico y estratégico de las plantas es sorprendente lo que se nos cuenta en el capítulo dedicado al "arte de la manipulación" que las plantas emplean para utilizar a los  animales que se les acercan. Creo que, realmente, tenemos muchos que aprender de las plantas. Tomemos nota y difundamos este mensaje. 

FICHA

EL FUTURO ES VEGETAL.- Stefano Mancuso.- Galaxia Gutemberg.-237 págs.19,50 euros.-ISBN 9788417088170

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16 junio 2020 2 16 /06 /junio /2020 19:21

Hubo un tiempo en el que una parte de la Humanidad comprendió que era mejor vivir compartiendo que compitiendo, en el que la codicia dejó que prevaleciera la solidaridad y la compasión. Pero duró poco. Quizá un par de meses.  No se trataba de una revolución política, ni financiera, ni social, ni religiosa. Fue un momento mágico, imprevisible y lleno de inseguridad y temor: un virus local se extendió haciéndose global, la muerte pasó a ser un asunto que nos concernía a todos (en realidad siempre ha sido así, pero no queríamos darnos cuenta). Lo patético de la historia que les cuento es que no supimos entender que detrás del virus orgánico se hacía fuerte el virus sistémico, origen oculto del SARS-CoV-2. Ese es el culpable de que  no comprendiéramos que los verdaderos contagiados eran los negacionistas, los Trump, Bolsonaro, los chalecos amarillos italianos, los jóvenes cachorros del capitalismo salvaje que anteponen sus caprichos y diversiones a la propagación del virus, o el neoliberalismo que aspira a la dictadura del beneficio neto, que alienta el racismo, la desigualdad, la crisis económica basada en la explotación, la conversión del mundo en un panóptico digital que domine y controle a los individuos a cambio de una diaria ración de estupidez y mentiras, elaborada para ser emitida desde una omnipresente pantallita que los ciudadanos han incorporado a su persona como un miembro artificial de sus organismos. El virus sistémico no supone el fin del sistema que nos ha empujado a este caos sino su reforzamiento. Es el causante del suicidio climático, del arrase intencionado de especies de todo tipo por un beneficio calculado para ser efímero para los agentes del ecocidio y una fuente de riqueza para los pocos que controlan el mundo, una élite financiera absolutamente miope que no entiende que el agotamiento de recursos, medio ambiente y seres humanos y sociedades, es también el fin de todo su poder. En el fondo serán las últimas víctimas de un Magog creado por el hombre, un ente sistémico de perfecta eficiencia cuyo único defecto consiste en que es erróneo y por esa misma razón, letal para los humanos y para el planeta. La única razón que podría consolarnos a algunos es que este mismo planeta hermosísimo, agotado, arrasado y contaminado nos sobrevivirá. Y seguirá su larguísimo proceso vital hasta su inevitable fin que, cuando acontezca, al menos, habrán pasado eones de tiempo desde cuando se desembarazó del bichejo más cruel, magnífico, esplendoroso y destructivo que ha creado la Naturaleza: el ser humano. Para entonces todos seremos polvo y no importará mucho que volvamos a nuestro origen y nuestro destino: ser polvo de estrellas. Polvo enamorado, diría el poeta, enamorado del milagro de la Vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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14 junio 2020 7 14 /06 /junio /2020 09:57

En el año 1929, Ortega y Gasset publica “La rebelión de las masas” (recuerden que el país está, como todo occidente, bajo el influjo desastroso del crack norteamericano)  en un clima político español polarizado, inseguro, errático. En el prólogo para la edición francesa de su libro escribe “en estos días ser de la Izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral”. Sin entrar en valorar o analizar  la  figura de Ortega en la política española de la época, he recurrido a esta frase porque refleja de manera bastante fiel el pandemónium político actual, bajo la excepcionalidad política, social y económica de la pandemia.

Se supone que estamos entrando en un cierto control sanitario de la propagación del virus, cosa que debe ser confirmada durante las próximas semanas  ante el alegre relajo de precauciones de muchos españoles. El escenario es, como mínimo, alarmante cuando no angustioso, con los nefastos fantasmas del paro, la crisis de empresas y la falta de fondos para lo más indispensable, danzando por los cielos del país.

En este cuadro bruegheliano destacan los polichinelas de la extrema derecha manifestándose en el Barrio de Salamanca de la capital y en caravanas de coches por otras ciudades, con apropiación indebida de un símbolo de todos los españoles, como es la bandera, e invadiendo las calles con ilegal contumacia. Mientras, la izquierda se atomiza por cuestiones espurias en este momento, desde la cuota de poder a los nacionalismos. La política española en general y muchos de los españoles que se decantan por el partidismo en esta revolución sistémica del Covid padecen, lo sepan o no, de la parálisis moral de la mitad de su persona. En estos momentos de crítica transición global, limitar el pensamiento y la actitud ética por un bando es padecer una hemiplejía moral idéntica a la que padecen la política y los políticos en España. Más allá de cualquier ideología hemos de pensar en la resolución de los gravísimos problemas sistémicos a los que nos ha abocado el fracaso de la falacia neoliberal y el capitalismo salvaje, unidos a la debacle ambiental y de la biodiversidad.

Apostillaba Ortega que el ser humano no debe centrar la visión de su vida o de sus actos desde la óptica de la política, sino de la filosofía, que responde a una necesidad innata de la humanidad. Quizá aquí deberíamos ser realistas y ofrecer una alternativa (también filosófica y pragmática) la del “primum vivere deinde philosophari”. Y ese vivir consiste en unirse todos los políticos en lo que ahora importa, dejando al margen por el momento, sus diferencias e intereses.

Pero esta unión coyuntural está imposibilitada por los movimientos de acaparar el poder que tienen unos y otros. Con una diferencia, las derechas (ultras y más o menos democráticas) y sus conspicuos líderes carismáticos, Trump, Bolsonaro en Brasil, Putin en Rusia, Modi en la India, Orban en Hungría, Netanyahu en Israel y tantos otros,  se comunican entre sí, forman alianzas secretas o discretas, intercambian información, técnicas y métodos más o menos inspirados por el gurú de Trump, Steve Bannon, que busca descaradamente formar una Internacional derechista, nacionalista, de inspiración judeocristiana, en torno a un modelo capitalista salvaje con disfraz neoliberal. Son los partidarios del autoritarismo y la violencia del "si no estás conmigo, estás contra mí". Mientras tanto el mundo se desboca: pandemia, crisis económica, calentamiento global, la UE en fratricida enfrentamiento, desastre medio ambiental, contaminación, brechas crecientes entre clases, razas, credos y niveles de renta...en ese escenario de inseguridad y precariedad, la derecha (corporaciones, instituciones financieras, petróleo, transportes, turismo de masas) impone sus suicidas criterios de desarrollo no sostenible  y cientos de millones de personas les rinden pleitesía. Son tantos que parece que los zarpazos del negado virus, no les hacen mella.

¿Y la progresía? Dividida hasta lo ridículo, manipulada por el Capital, errática y con una ineficacia operativa complicada por la mala conciencia histórica de la incoherencia. Creo que desde la Ilustración y los intentos frustrados de Marx, Lenin, Trotsky y Willy Brandt, la llamada "izquierda humanista" se ha diluido en la confusión de las siglas, los nombres y los caudillistas de circunstancias. No hay unidad, programa común, objetivos claros y viables...el poder y el dinero les ha corrompido por doquier.

Hay una luz de esperanza. Lejana y débil, como al principio todas las son cuando estamos rodeados de tinieblas. Se trata de la articulación de una Internacional Progresista en todo el arco político de izquierdas, partidaria de un "New Deal Global", de coordinar la cooperación internacional por medio de una política de expansión fiscal y la reactivación económica mundial, una condonación de la deuda de los países pobres, adoptar un modelo sostenible de crecimiento, mundializar la Sanidad, dedicar fondos del FMI, el BM y nacionales a promover el cambio de modelo energético (una economía de emisión O en CO2) y la preservación medioambiental . En dicha Internacional hay intelectuales como Naomi Klein o el lingüista Chomsky, políticos como el inteligente ex ministro griego, Yanis Varufakis, economistas como la hindú Jayati Gosh o la primera ministra de Islandia Katrin Jacobsduttir, entre otros, filósofos, científicos de diversas ramas, climatólogos, virólogos. La sociedad civil debería salir a la calle en su apoyo, los jóvenes con más ahínco, dado que estamos gestionando el futuro, que les pertenece a ellos más que a nosotros…Un gesto mundial de apoyo por encima de políticas, religiones y economías rapaces.

Esta Internacional Progresista podría ser la inspiradora de la unión de las izquierdas y quizá de una estratégica alianza coyuntural con la derecha más civilizada y razonable. Los momentos de vital gravedad histórica podrían posibilitar gestos políticos de gran envergadura ética. La alternativa es ominosa: volver a las situaciones bélicas y postbélicas de los 30 a los 50 del pasado siglo con su eclosión de dictaduras, genocidios, miseria y violencia. Y el círculo habitual: oligarquía, contaminación, derroche energético y destrucción del medio natural y la biodiversidad, triunfo de la privacidad carroñera en la sanidad y la tecnología hasta que el planeta, la naturaleza, diga de una vez, basta y nos envíe a los cinco jinetes del Apocalipsis del siglo XXI.  El hambre, la contaminación de agua, tierra y aire, la sequía, las catástrofes naturales y las pandemias consecutivas.

Permítanme acabar con una cita del “Fausto” de Goethe: "Merecer la libertad y la vida es algo que debe conquistarse de nuevo cada día...En esta conquista recibe la vida el sentido que sólo el hombre es capaz de darle, y en eso consiste no su felicidad, pero si la dignidad que le es característica".

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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4 junio 2020 4 04 /06 /junio /2020 09:21

El magnífico trabajo de Julia Boyd "Viajeros en el Tercer Reich que edita Ático de los Libros, nos muestra los testimonios de decenas de personas, escritores, artistas, poetas  que nos dan acceso a las vivencias de viajeros y turistas y estudiosos extranjeros que viajaron a Alemania en la década de los treinta del siglo XX, en pleno caldo de cultivo nazi. Algunos de ellos simpatizaban con la ideología nazi sin llegar a sospechar lo que ocultaba tras los vistosos desfiles con antorchas y banderas, las grandes autopistas que cruzaban el país, la amabilidad con los extranjeros, las bellísimas ciudades medievales y el mundo rural encantador. Otros desconfiaban y trataban de alzar el velo que suele cubrir la vida cotidiana con mil detalles banales. Pero prácticamente nadie, hasta bien entrada la década de los treinta, por mucha repugnancia que les despertara el feroz militarismo y las obcecadas consignas coreadas por miles de voces o la adoración fanática por un hombrecillo con el bigote ridículo del Charlot  de "El gran dictador" (por cierto Charles Chaplin fue, antes de filmar esa película, uno de los viajeros por la Alemania nazi y fue insultado en las calles por suponer que era judío. Así que se apresuró a salir del país: su película no se estrenaría hasta 1940) que ejercía la fascinación de la serpiente con una oratoria simple, peligrosa y populista  que apelaba a los más bajos instintos ensalzando los más descabellados sueños de grandeza.

Lo que más asombra al observador de hoy en día al leer el libro de Boyd y los complementa con "El mundo de ayer" de Zweig, "Tiempo de magos" de Wolfram Ellenberger y para mayor contraste los libros de Karl Kraus, Allan Janik y Stephen Toulmin sobre la Viena de esos años, donde se gestaba el huevo de la  serpiente nazi...lo que sorprende es la enorme ignorancia, indiferencia, optimismo irresponsable que se respiraba por doquier. Una absurda y estúpida reproducción de la inconsciencia que rodeó el estallido y el transcurso de la Primera Guerra Mundial, unos años antes.

Ese estado de ánimo confuso y superficial que se empeña en ignorar los elementos de sospecha y prevención, incluso de alarma, que cualquier observador podía ver en la sociedad alemana de esos días, en sus periódicos, en la radio, en plena calle, no tiene explicación visto desde hoy.Pero es comprensible si consideramos que el mundo estaba cansado y aterrorizado por lo que ocurrió en Europa unos años antes y se negaba a ver lo evidente, con tal de disfrutar de la apariencia de la paz, del espejismo de un futuro sin guerra y en progreso constante. Aunque también hubo miradas más sagaces y atentas. Entre los viajeros famosos estaban mentes tan lúcidas como las de Virginia Woolf, Christopher Isherwood, el embajador británico en Berlin, el erudito chino Ji Xianlin, Francis Bacon, Samuel Becket, Stephen Spender, el poeta W.H. Auden, el novelista Simenon, algunos de ellos no vieron más allá de sus deseos o convicciones previas, otros se negaron a ver lo evidente y algunos escribieron insensatas loas del hombrecillo vociferante porque había alzado el orgullo alemán de la miseria a la soberbia. El libro de Boyd nos habla de estudiantes encandilados, turistas adinerados y personas que viajaban por el país  y de pronto podían ver algo que les horrorizaba y cambiaba su visión y su estado de ánimo: una mujer macilenta, judía, entregando a su hija pequeña para que una pareja extranjera (estadounidense)  se la llevara y salvara su vida.

Es como ver que un tren lleno de tanques viene hacia tí y no te apartas porque piensas que en cualquier momento se desviará a una vía muerta y irá a detenerse pacíficamente en una estación llena de flores. ¿Era posible no entender que lo que  ocurría día tras día en las grandes ciudades alemanas o austriacas eran los primeros brotes de una locura homicida que sembraría de sangre el mundo? Sí, fue posible, al menos por algún tiempo, cuando Hitler comenzó a anexionarse los países de alrededor y la campaña antijudía tomó caracteres visibles de genocidio. Al principio, en los meses y años que describen los testigos buscados por Boyd, Berlin deslumbra por su permisividad, su cultura y su alegría vital nocturna, mientras otras grandes ciudades aún conservaba el encanto medieval y en el campo y los ríos la Naturaleza y la gente se mostraban amables y pródigas. Los detalles amargos, sucios, obscenos se consideraban un lastimoso y lamentable precio a pagar hasta que Hitler lograra afianzar su poder y aumentaran sus posibilidades económicas y financieras. El crack del 29  llevó al nazismo al poder y comenzó un despegue económico y social que atenuaba los horrores que ya se comenzaban a perpetrar contra judíos, gitanos, ciudadanos del este europeo, comunistas y cualquiera que osara levantar la voz contra el régimen. Muchos de los testimonios recogidos por Boyd ya dan noticia de arbitrariedades, violencias y medidas y comportamientos inhumanos.

Pero aún hay entre esos testimonios, y muchos debidos a personas de gran cultura y significación social o política (el mismísimo Lloyd George, primer ministro inglés, que osaba comparar a Hitler con George Washington) quienes justificaban algunos excesos por la humillación alemana causada por el Tratado de Versalles y a la consiguiente miseria de todo un país agravada por el crack del 29...y veían a Hitler como el Mesías salvador de Alemania. Aunque trataban de no juzgar los autos de fe, las quemas públicas de libros, los destrozos y desvalijamientos de las tiendas judías, las humillaciones y campos de concentración donde se internaban a los judíos y a los enemigos del régimen. La mayoría de los turistas se relajaban junto a las aguas grises del Rhin y las maravillosas colinas verde esmeralda y las azules montañas de Baviera. Muchos de esos extranjeros eran antisemitas y no les parecía escandaloso lo que ocurría y otros, como los norteamericanos, no veían mucha diferencia entre la aversión que les producía a ellos los negros en su país y la de los alemanes por los judíos.  

Leemos en el libro algunos pareceres humanamente comprensibles: muchos no creían que Hitler fuese a provocar otra guerra. No después de los horrores de la Primera, tan reciente, y del precio que tuvieron que pagar los alemanes. Y además estaba la sibilina eficacia de la propaganda nazi. Su uso de la radio y de la escenografía de las multitudes en las concentraciones nazis, de los desfiles y los uniformes, de las canciones y los himnos, del estallido de color de miles de banderas nazis hacían temblar de emoción a los más tibios, imagínense a los convencidos de que solo el autoritarismo y la disciplina militar pueden salvar al mundo de la miseria y la corrupción de las democracias (¿no les suena todo esto a tiempos, líderes y países muy cercanos?).

Para muchos de los intelectuales que visitaron Alemania ni siquiera Hitler parecía ser el horrendo carnicero ridículo que más tarde caricaturizarían sus enemigos vencedores. Gente como Virginia Woolf (su marido, Leonard era judío) el poeta T.S. Eliot, el novelista Thomas Wolfe (que juró no volver a Alemania) y otros, se mostraban disgustados o irritados ante algunas de las cosas que veían, pero ninguno de ellos tuvo (o escribió) la premonición de que se estaba acercando la guerra más dañina de la historia y mucho menos fueron capaces de percibir que la "fascinación" y el "encanto" personal del Führer era una falacia patológica. Es una ceguera tan "comprensible" como la de los millones de norteamericanos por Trump, los ingleses por Boris Johnson o los rusos por  Putin (y antes por Stalin, el "padrecito" de la nación rusa). 

Los que sí vieron la realidad y percibieron el peligro fueron pocos y sus testimonios no tuvieron casi ningún valor en el momento que se publicaron (después, sí). De ellos nos habla la autora, justamente alarmada por los paralelismo que percibe entre aquella situación y muchos aspectos de la actual política internacional (incluído el Reino Unido, su país). Pero en aquellos años, el oso nazi no había mostrado sus garras y su carácter sanguinario: Alemania era un país ideal para pasar la luna de miel, enviar a los hijos a adquirir una sólida educación cultural, los hoteles eran limpios y cómodos, el personal  educado y servicial, se celebraban los Juegos Olímpicos con una fastuosidad y eficacia sorprendentes, se podía hacer negocios con los nazis, eran serios y cumplidores. Hace falta una sensibilidad y perspicacia muy elevadas para  distinguir entre el oropel y los vítores la realidad tenebrosa que estaba tomando cuerpo. O ser judío en Alemania.

Ese es el mensaje perturbador que contiene el libro de Boyd. La autora contesta así en una entrevista a la pregunta  ¿Era fácil percibir el mal en Alemania? : “En general no. Alemania era un lugar encantador en muchos aspectos, lo que percibías dependía de las experiencias que tuvieras y también de tu bagaje ideológico. Si simplemente viajabas como turista era fácil que la gente y la propaganda te convencieran de que Hitler estaba haciendo algo bueno por Alemania, sobre todo al inicio del régimen. Luego las cosas se fueron poniendo peor, más claras, con las leyes de Núremberg o la Noche de los Cristales Rotos. Pero siempre hubo gente que no vio la maldad ni cuando les llevaron de visita a Dachau. Además, en los viajeros de clases altas, como los aristócratas británicos, el miedo al comunismo y el antisemitismo les hacían sentir afinidad con la nueva Alemania”. Una observadora tan sutil como la escritora Karen Blixen ("Memorias de África") nos deja una significativa y reveladora anécdota cuando visitó Alemania, en plena guerra, como corresponsal de varios periódicos escandinavos. En un Berlin "que había perdido su lustre", 1940, vio que se representaba "El rey Lear" de Shakespeare y se sorprendió hasta que comprendió "que la Alemania nazi se apropiaba de los grandes artistas y escritores  foráneos así como invadía los países de los demás". Y añade: "Dicen que Shakespeare en realidad es germánico debido a su poderosa humanidad; y Kierkegaard a causa de su profundidad mental; Rembrandt en su honestidad  artística y Miguel Ángel en virtud de su tamaño". Quizá parezca una anécdota banal. Pero piensen ustedes que esa supuesta infantil soberbia embaucadora es la semilla de la que nace la hambrienta necesidad nazi de ser "los mejores", sin reparar en medios, ni en éticas, ni en simple humanidad. Los mejores y los únicos. Los demás pueblos, sólo son esclavos, siervos o simples números aniquilables. Y si entre la morralla universal hay algún genio, ese tiene a la fuerza que tener raíces germánicas. La anécdota es la muestra de la falacia monstruosa del nazismo. Es llevar la raza, la supuesta nacionalidad única, a la medida de todas las cosas. Horrendo.

 

FICHA

VIAJEROS EN EL TERCER REICH.- El auge del fascismo contado por los viajeros que recorrieron la Alemania nazi.- Julia Boyd.- Trad. Claudia Casanova.- Ed. Ático de los Libros.-445 págs.- 

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21 mayo 2020 4 21 /05 /mayo /2020 09:01

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 

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20 mayo 2020 3 20 /05 /mayo /2020 09:05

¿HACIA UN NUEVO PARADIGMA GLOBAL?

 

El poeta inglés T.S. Eliot , en su obra "Cuatro cuartetos", publicada entre la guerra civil española y la II Guerra Mundial, nos ofrece una visión  de la condición humana a través de la naturaleza del tiempo y la forma como el poeta lo trasciende a tenor de elementos históricos, teológicos, filosóficos o físicos. "Lo que llamamos principio es a menudo el fin/ y llegar al final es llegar al comienzo/ El fin es el lugar desde donde partimos". He recordado este poema  mientras reflexionaba sobre el desafío global que supone el Covid y la impresión cada vez más acentuada de que la Humanidad se enfrenta por primera vez en la historia a un nuevo paradigma, un paradigma diferente al de los anteriores cambios históricos, culturales, económicos y científicos (desde Copérnico, Newton, Freud, Einstein, la Revolución Francesa, la Ilustración, la revolución industrial o la era digital). Eliot estaba fascinado por la salvaje y violenta muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que estaba dispuesto a comenzar y cuyo motor había sido una guerra mundial devastadora. Su versos citados nos son tan cercanos porque, sin duda, estamos viviendo un temor reverencial y una inseguridad  semejantes, provocadas por la catástrofe, de sus posible recidivas y de los  efectos demoledores en la economía mundial, que también nos conmueve y nos preocupa de forma angustiosa.

Podríamos estar viviendo el fin de una época, un apocalipsis vírico que cuestiona todos nuestros esquemas, las formas o estilos de vida, las vigentes estructuras relacionales, económicas, sociales...que parecen deteriorarse unánimemente. Al mismo tiempo que lo hacen las del poder político y de codicia económica que están siendo superadas por el desafío que nos plantea el Covid. El virus ha colocado un huevo de serpiente en el centro de nuestra orgullosa, prepotente y arrogante civilización no igualitaria, no solidaria, egoísta, derrochadora de  recursos y rapaz con un planeta ya esquilmado que comienza a desequilibrarse.

El concepto de paradigma de Thomas Kuhn se refería al conjunto de compromisos que comparte la comunidad científica respecto a teorías, conceptos ontológicos, sistemas de creencias y modelos de soluciones de problemas). Más tarde se amplió el significado y le damos la extensión global de una cultura hegemónica determinada, la del capitalismo liberal patrocinado por occidente, un modelo aceptado por el resto del mundo, al menos en sus aspectos económicos y sociales. Este es el escenario que está desvirtuando el Covid. Se trata de un  "universo de discurso" como diría Wittgenstein, que está amenazado y cuyos recursos y defensas han quedado obsoletos, así como su arrogancia..

La cuestión más enigmática que nos plantea ese cambio de paradigma es la respuesta que vamos a darle como especie. Las dos opciones más lógicas a tenor con lo que conocemos de la naturaleza humana y de su historia pasan más o menos, a) por un rechazo a la exigencia de cambio total y un suicida intento de imponer a la Naturaleza la defensa de los intereses más espurios o bastardos. O b) tras una revolución de los más capaces e informados, al margen de ideologías o intereses egoístas, tratar de ajustar la existencia humana a las directrices de supervivencia que imponen las circunstancias, utilizando para ellos las nuevas tecnologías y promoviendo una distinta manera de concebir el trabajo, las relaciones humanas, la producción de alimentos, el acceso respetuoso a los recursos, el respeto al medio ambiente, el control de la contaminación...en suma un cambio sistémico que nos lleve a colaborar globalmente respetando los tres elementos variables de la ecuación, el orden. la seguridad y la libertad. Y aceptando que el cuarto elemento, el hombre, la incógnita operativa, es el que tiene en su mano la llave de un futuro viable.

Sin embargo, los  detentores de los poderes políticos y económicos, cuyo instinto básico es la permanencia en él y los beneficios financieros por encima de cualquier otro valor, es una variable histórica con la que hay que contar y que hace casi imposible la segunda y más viable opción. Pero ni ellos podrán evitar que esta inclemente excepcionalidad de la pandemia levante el velo de supuesta normalidad que ocultaba una existencia sin ideales, materialista, consumista hasta el derroche, agobiante, histérica, deshumanizada en conceptos como el trabajo, las relaciones humanas, la violencia urbana, las explotaciones, los abusos, la miseria, la cada vez más profunda brecha entre unos pocos  ricos y una mayoría de pobres en decadente gradación hasta la inanición, las caravanas interminables de refugiados, las guerras genocidas, la destrucción del medio ambiente y la pérdida de sentido de una humanidad instalada en el Tener y olvidada del Ser. Y eso crea una dinámica de regreso a las opciones: la historia nos enseña que ese tipo de estadios de crueldad y abuso llevan a la revolución, la violencia y el caos. Y volver a empezar... 

Solo que en esta ocasión podría no haber esa nueva oportunidad...ya que esta con el tiempo nos volvería a llevar al mismo punto  o uno parecido, la teoría de la fatal reincidencia en sus errores del animal humano. La piedra de Sísifo era la metáfora simbólica de un hombre condenado a subir una piedra enorme que luego volvía a caer y el hombre arrastrar hasta la cima. Una interpretación más coherente con esta situación  es que la supuesta piedra es el ser humano,  al que la dinámica histórica conduce una y otra vez a la cumbre con mucho esfuerzo y una vez allí,  el hombre se deja resbalar hasta el fondo atraído por el abismo. Freud  sostenía que las dos fuerzas de la vida son Eros, el amor y Tánatos, la muerte. Parece que, según la historia de la condición humana, Tánatos, el abismo, prevalece sobre el amor.

Eliot nos invita en otro de sus poemas del libro citado a optar por la segunda vía: "De prisa, aquí, ahora, siempre/ una condición de sencillez absoluta/ (cuyo precio es nada menos que todo)/ y todo irá bien/ y toda clase de cosas saldrá bien". Y si no logramos consensuar la vía de la cooperación, otros versos de Eliot, igualmente proféticos, nos son aplicables: "La Palabra en el desierto/ es atacada sobre todo por voces de tentación/la Sombra que solloza en la danza fúnebre/ el sonoro lamento de la Quimera desolada". 

(Publicado en Heraldo de Aragón el 19052020)

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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17 mayo 2020 7 17 /05 /mayo /2020 09:32

La aparición, no por inesperada menos inevitable, de la pandemia vírica, un desastre anunciado como la muerte del personaje de García Márquez, ha constituido una piedra de toque para evaluar el valor genuino de la política y los políticos de los países afectados trágicamente por el  COVID. Con muy pocas excepciones, ni la política ni los políticos han dado la "ley" de su valor. Como en el costumbrismo popular, las monedas de presunto oro de la gestión pandémica han resultado ser de plomo al chocar contra la oscura piedra de toque. Si aplicamos a esta situación lo que en filosofía se llama "pensar", es decir, colocarse ante lo real desde la desnudez de prejuicios, indagar en la verdad que se esconde bajo la cortina de datos y de bulos más o menos dirigidos, buscar las líneas de fuga que los hechos desnudos muestran como si fueran problemas inevitables e "inocentes" de la culpabilidad de una mala gestión y, esencialmente, buscar remedios antes que excusas. No como los populistas, tipo Trump o Bolsonaro,  que proponen soluciones fáciles (incluso mágicas) para problemas complejos. Un ejercicio tal nos muestra que la mano invisible del estado y la economía neoliberal de los últimos cuarenta años -no sin la complicidad indirecta de los ciudadanos de la sociedad de consumo irrefrenable e irresponsable- ha provocado de este escenario trágico y que cuando llegan las malas hay que acudir a las antítesis de lo que nos ha sobrado: ante la masificación, reducción de contactos; ante la globalización viajera, cierre sanitario de fronteras; ante el negacionismo, test masivos; ante los bulos, claridad y transparencia informativa; ante la escasez sanitaria, tomar nota del error de recortes y privatizaciones y primar la salud sobre el negocio... y así seguiríamos.

Y sin embargo, en estos últimos días está circulando la constatación de un hecho de alcance internacional que está soliviantando a unos, asombrando a otros y confirmando a algunos de algo que ya se discutía "soto voce" entre los observadores políticos. Digamos que el dato fáctico es el siguiente: de los casi doscientos países que hay en el mundo, sólo diez están dirigidos políticamente por mujeres (entre ellas ninguna dictadora o populista mesiánica, dato relevante). Entre los pocos países que mejor y más pronto han sabido gestionar la crisis, lo cual ha redundado en menor número de contagios y un número llamativamente bajo de fallecimientos, están comandados por mujeres. ¿Tendrá algo que ver la testosterona en este curioso evento?, se preguntan los más irónicos observadores. Científicamente no se puede, por el momento, demostrar la hipótesis de que la testosterona, la hormona  masculina responsable de determinados rasgos secundarios masculinos, fuerza, agresividad, obcecación por la supervivencia y la preponderancia (sexual o comunitaria) cree diferencias manifiestas en el tipo de gobierno según que el líder sea un hombre o una mujer. Lo cierto es que cualidades como flexibilidad, asertividad  (pero no "por mis c..."), formación, sensibilidad a los problemas humanos, compasión, previsión, eficiencia, percepción de los "pequeños detalles" (no en vano rigen ancestralmente los hogares) tendencia a compartir, camaradería, facultad de diálogo...no son exclusivamente femeninas, pero...

Ángela Merkel (Alemania), Jacinda Ardens (Nueva Zelanda), Katrin Jakobosdottir (Islandia), Nicola Sturgeon (Escocia), Tsail Igwen (Taiwan), Erna Soldberg (Noruega), Sanna Marin (Finlandia), Mette Fredericsen (Dinamarca) son las responsables de las mejores y más eficaces políticas de reacción ante la pandemia, la mayoría aglutinando a las diferentes fuerzas políticas de sus países y con una información a sus poblaciones traNsparente, veraz , empática y co-responsable. Tanto en la preparación de hospitales, acceso y distribución general de elementos sanitarios de primera necesidad, realizando test masivos, deteniendo la entrada de aviones y turismo. Y todo ello en las dos semanas posteriores a la declaración china de la epidemia. Y con planteamientos audaces y sumamente racionales, como las dirigentes danesa y noruega que han dado ruedas de prensa a los niños usando los medios digitales para informarles de lo que ocurría y pedirles su cooperación. o las explicaciones públicas continuas y claras de una Merkel, de profesión civil física cuántica, que se convertían en virales en la Red alemana. Las diferencias de morbilidad pandémica entre estos países y los del sur de Europa (excluyendo al modélico Portugal cuyo primer ministro Antonio Costa ha realizado una gestión irreprochable auxiliado por una oposición irreprochable, ¿aprenderemos alguna vez de nuestros hermanos de península?), Norteamérica, Rusia o demasiados países sudamericanos y del este europeo (Polonia y Hungría como ejemplos escandalosos) están mostrando la cara más covidiota del planeta. ¿Será verdad lo que dice Joseph Roth sobre "la abundancia lamentable en el mundo de dos tipos de personas, los malvados y los estúpidos"?

No insistiré sobre esa superioridad femenina en la gobernanza ( y en otros ámbitos de acción social, económica, universitaria o familiar). Me faltan estudios científicos que lo demuestren. Sólo utilizo el sentido común y un empirismo al alcance de cualquiera que quiera informarse. Pero estoy convencido que los casos, conocidos por todos en este país, de señoras cuyos comportamientos públicos son, como mínimo, cuestionables ética y políticamente, responden más al "contagio" de la testosterona con la que los hombres políticos suelen dirimir sus asuntos que a sus cualidades genuinas. ¿Optimismo utópico? Tal vez sí...o quizá no.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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15 mayo 2020 5 15 /05 /mayo /2020 08:58

 

Oímos y leemos: aquí no pasa nada; lo peor ha pasado; ahora la economía es la prioridad. ¿Nada? Más de cuatro millones de casos de una pandemia avisada, con cerca de 300.000 muertos; con un ritmo de contagios y muertes que baja en Europa (aunque no en los EE.UU. de Trump); Pero eso sí, las víctimas arrasan entre la población más pobre y necesitada, en personas mayores y en comunidades minoritarias de negros o hispanos. El nivel de renta ha sido un factor decisivo: a menor renta más casos. ¿Eso es un consuelo? También exigen que  no se puede perder el turismo del verano: hay que abrir piscinas y playas. Dicen: casi todo el mundo respeta el uso de mascarillas y distancia física (no es cierto). Todo esto pronto será una pesadilla para olvidar, aseguran los “entendidos” de tertulia y café.

Quien tiene mala memoria está condenado a repetir la historia. Pero peor es obrar asumiendo que la realidad debe ser como queremos que sea. Es una reflexión que muchos no hemos dejado de hacer dentro de pequeños círculos de influencia,  se han escrito diarios de confinamiento o charlas por internet, artículos en la prensa… una gota de sentido común en un mar de irresponsabilidad.

Aquí vivimos en un pueblo pequeño, de entorno privilegiado y  se han respetado bastante las normas. Pero estamos integrados en una cultura nacional y global en la que la  tónica habitual ha obedecido a un patrón: estupor inicial, escasa información fidedigna, tardanza en reaccionar, presencia de algunos medios –escasos pero dañinos- de información pública desde el alarmismo a la ignorancia negacionista, politización permanente y de nulo nivel solidario de una gestión que debía ser unánime y no errática… junto a “covidiotas” que ignoraban las normas. Cautela, por favor. Gastar en prevención es más barato que gastar en curación.

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2 mayo 2020 6 02 /05 /mayo /2020 10:37

"El punto de partida de la filosofía es la conciencia de la propia debilidad. El conocimiento de la falta, de la carencia, del error, es el inicio de la salvación." Esta frase se atribuye, no a un médico enfrascado en la lucha contra el Covid y en la conciencia de que es preciso cambiar nuestras formas de vida, ni tampoco a un economista horrorizado por los efectos del Gran Crack de 1929 o de la canallada financiera del 2008, ni un político responsable (que también los hay) que está angustiado ante la deriva económica de la pandemia, ni siquiera a uno de los dirigentes griegos tras la humillación de su arruinado país por la Troika comunitaria, ni al ensayista de moda Juval Noah Harari...esta frase, que podría ser esperanzadora, la escribió un hombre nacido en el 345 antes de Cristo, nacido en la isla de Samos, hijo de un humilde maestro, llamado Epicuro (en griego, camarada, amigo). Fundó una escuela llamada el Jardín donde enseñó una filosofía de alegre humanismo, rectitud, amor al placer y la belleza, igualdad entre hombres y mujeres por encima de su origen, honestidad e intuitiva inteligencia. Su mensaje fue tergiversado ya durante su vida y durante siglos posteriores por otras escuelas filosóficas y principalmente por la Iglesia cristiana. El descubrimiento de algunos restos de sus textos (escribió más de 300 durante su vida, pero todos fueron quemados o destruidos por razones religiosas) y sobre todo el hallazgo de la obra de Lucrecio "De rerum natura" en 1417 le valieron un reconocimiento erudito que no comenzó a ser público sino a partir de mediados del siglo XX. A los epicúreos hay que añadir el legado de los estoicos (Epicteto, Séneca) y la inteligencia crítica de los escépticos (Pirrón). Creo que decía Nietzsche que la mejor manera de vivir es disfrutar de la existencia como un epicúreo, obrar rectamente y aprender a soportar las adversidades como un estoico y estar por encima de las opiniones e intereses del dinero y el poder como un escéptico.

La ensayista norteamericana Martha Nussbaum en sus fascinantes obras "La terapia del placer" y "la fragilidad del bien" y el profesor francés Pierre Hadot en uno de sus mejores libros, "La filosofía como forma de vida", son las tres obras cuya lectura consecutiva o alterna podría sugerir, a mi parecer, una especie de "vacuna" psicológica contra la desorientación, el temor, el estrés emocional y la sensación de catástrofe y de final de una forma de vida que juzgábamos imprescindible y relativamente segura y que un simple virus, aparentemente uno más de los millones que acompañan al homínido desde que se puso en pie, ha cuestionado  desde sus bases a sus elementos más complejos que la conformaban y "protegían". El Covid ha colapsado las estructuras de la economía mundial, oficiales, pública o solapadas (entre estas últimas con la excepción de las que sacan tajada buitrera de las necesidades sanitarias del planeta) ha relativizado el omnímodo poder del dinero (aquí caen ricos y pobres aunque estos últimos, como de costumbre, se llevan la peor parte), ha desafiado los límites precarios ya de las libertades individuales y, sobre todo, está arrasando con la salud de una forma global (de momento encarnizándose en los países más prósperos: en ese aspecto lo peor está por venir). Ha sido un test de viabilidad al sistema que el sistema no ha soportado.

Ya en estas primeras semanas, en pleno aislamiento (cuando esta revista esté en el mercado las cosas habrán cambiado mucho, sin duda alguna) resultaba difícil hacer un pronóstico lógico y racional de el proceso y sus cambios, con un permanente bombardeo de "fakes news" bulos "profesionales" e informaciones sesgadas e inexactas. De ahí mi apuesta por el mensaje implícito que se desprende de los cuatro libros libros recomendados y de mi propósito filosófico-pragmático: en tiempos de tribulación, no hacer mudanza, decía el agudo jesuíta Ignacio de Loyola. Por tanto, resistir y ir capeando el temporal como mejor se pueda. "Sustine et abstine" , soporta y renuncia, dijo Epicteto, maestro estoico. Y lo que dice puede ser esencial para el momento en que vivimos: soporta los quebrantos, incomodidades, dolor o sufrimiento sin perder la calma y la visión fría y eficiente de lo que hay que hacer y renuncia  a la nostalgia de los placeres y el bienestar que tuviste: busca un equilibro,entre las dos grandes pasiones humanas, un punto donde sólo dejas entrar a la razón, la lógica, el pensamiento crítico. Meta, la imperturbabilidad del ánimo, esa serenidad que nos permite afrontar las tempestades sin que nos tiemble el pulso y perdamos la cabeza. La felicidad no es Tener, disfrutar de las cosas y las personas cosificadas, la felicidad es Ser un producto de la areté (la virtud) honesta y firme que actúa respetando a los demás y siendo fiel al principio de la excelencia en todo lo que uno piensa, dice o hace.

Más o menos esas son las líneas maestras que la Nussbaum desteje para nosotros en las obras filosóficas, literarias y el teatro de los antiguos griegos. Apoyada y de qué manera por el maestro Hadot que nos habla de nuestros miedos y la mejor manera de afrontarlos con una sólida argumentación intelectual por debajo.

Para los aficionados a los consejos prácticos y directos, la Nussbaum ha diseñado un enfoque filosófico de las capacidades funcionales humanas centrales emanadas de su conocimiento sobre aquellos antiguos maestros de la vida. He tratado de integrarlas en una posible respuesta personal a la pandemia: SER CAPACES  de insuflar dignidad a la propia vida; de cuidar de nuestro cuerpo y proporcionarle los elementos mínimos para su correcto desarrollo; de convertir el encierro en una opción de nuestra libertad y solidaridad e ingeniarnos para no dejar de ejercitarla sin vulnerar las prohibiciones por el bien común; de aplicar la imaginación y el pensamiento en ejercitar nuestros sentidos; de aplicar y sentir las emociones creativas y saber desviar las negativas o nostálgicas a través del ejercicio de la imaginación y la voluntad; de no desdeñar la reflexión crítica sobre lo que ocurre y mantener la lógica y racionalidad como metas indeclinables; de potenciar los afectos ya sean los  familiares como los de amistad y vecindad, buscando un auténtico interés por los otros, solidaridad, cooperación y dignidad común; en la medida de lo posible evocar, analizar y tratar de sentir lo que supone para nuestro equilibrio las relaciones con animales, domésticos o no, con la naturaleza vegetal, árboles, flores, plantas, con el mar y el cielo, en un plano de conexión, de hermandad planetaria; de recuperar nuestra habilidad de jugar plenamente, de reir y de disfrutar de estos momentos como si fuéramos niños, sin otra preocupación que gozar del instante que vivo; y, por  último, en todo momento aplicar nuestra inteligencia y conocimientos al control máximo que las circunstancias permitan sobre el propio  entorno, el círculo íntimo donde se encuentra el yo y quizá nuestra pareja, los hijos, los abuelos. Un control que se traduzca en seguridad y serenidad para el sujeto y quienes le rodean.

No hay ni una sola de estas "capacidades" que no puedan ser corroboradas por alguno de los libros que les sugiero leer en estos encierros (los tres son asequibles por internet). Esencialmente recogen principios filosóficos estoicos, epicúreos o escépticos. La aplicabilidad, pertinencia y actualidad de estos autores es precisamente la razón por la que son considerados unánimemente clásicos indiscutibles, a la altura de Aristóteles, Platón, Descartes, Nietzsche, Voltaire, San Agustín o Santo Tomás, Pascal, Leibniz, Erasmo, Spinoza, Schopenhauer, Montaigne, Ortega, Kierkegaard, Einstein, Wittgenstein, Russell, Kant, Hegel o Marx (que, por cierto, tiene un libro excelente dedicado al análisis de la filosofía de Epicuro).

Como colofón les diré que Marta C. Nussbaum, una de mis eruditas vivas preferida, es profesora de Derecho y Ética en la Universidad de Chicago, autora de más de dieciséis libros (la mayoría, editados en español por Paidós) sobre filosofía griega y latina, derechos de las mujeres, filosofía política, religión e igualdad entre los sexos. Sostiene ideas que hablan de la dignidad de la mujer : hay que adoptar políticas que faciliten que el potencial femenino sea respetado y cultivado, lo que incluye medidas adecuadas para el cuidado de niños y ancianos, una carga que recae sobre las mujeres en todo el mundo. En estos casos, esas actuaciones, lejos de ser mera cosmética, son cuestión de vida o muerte. Y si se diera el caso de que otras lo son, habría que denunciarlo. La lista de las capacidades que he adaptado para este artículo está detallada en un publicado en español: Crear capacidades. Propuestas para el desarrollo humano (Paidós). En él, hace un análisis del desarrollo social y económico, que lejos de estar basado en los habituales indicadores económicos, como el producto interior bruto o la renta per cápita, tiene en cuenta los medios que pone un Estado al alcance de sus ciudadanos para que desarrollen las capacidades que cada ser humano encierra, y que ella resume en un decálogo. Lo que mediría el verdadero desarrollo, por tanto, sería que la gente disfrutara del derecho a la vida (“a una vida de duración normal, sin muerte prematura”, especifica la autora), a la salud física, a la integridad física (“estar protegidos de los ataques violentos, incluidas las agresiones sexuales y la violencia doméstica”), o del derecho a poder usar “los sentidos, la imaginación, el pensamiento y el razonamiento de una forma verdaderamente humana”. El decálogo incluye también “el poder vivir una relación próxima y respetuosa con los animales, las plantas y el mundo real”. Y respecto al tema que me ocupa citaré una respuesta de Nussbaum a una entrevista : "los estudios humanísticos son fundamentales además en la forja de un saludable sistema democrático. Son materias que nos aportan información sobre el mundo en el que vivimos. Como ya lo vio Sócrates, la filosofía tiene una capacidad única para producir una vida examinada, es una fuente de razonamientos y de intercambio de argumentos. Nuestro clima político actual es histérico, dado a las invectivas más que a los argumentos. Necesitamos de la filosofía con la misma urgencia que la Atenas de Sócrates".

Para los interesados en esta egregia dama de la filosofía doy una lista de sus obras: Contamos con buenas y prontas traducciones de casi todos sus libros, desde La fragilidad del bien (Visor, 1995) hasta Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano (Paidós, 2012). Como los mismos títulos me parecen reveladores y significativos de esa perspectiva humanista, citaré además: La terapia del deseo, El cultivo de la humanidad, Los límites del patriotismo, Las fronteras de la justicia, Paisajes del pensamiento, India (todos en Paidós); Justicia poética (Bello); Libertad de conciencia (Tusquets); Las mujeres y el desarrollo humano (Herder); El conocimiento del amor: ensayos sobre filosofía y literatura (Antonio Machado), y, en fin, El ocultamiento de lo humano y Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (ambos en Katz).

En cuanto a Pierre Hadot (que ya me deslumbró con "Plotino o la simplicidad en la mirada" y más tarde con "La ciudadela interior") en el libro que les aconsejo, "La filosofía como forma de vida" tenemos unas conversaciones que mantuvo el pensador francés con Jeannie Carlier y Arnold I. Davidson, dos filósofos y el segundo, traductor al inglés de la obra de Hadot. Es reveladora la convicción de Hadot de que hay que entender la filosofía antigua, más que como un serie de sistemas y estructuras de pensamiento, como la verbalización de un sistema, una forma, un estilo de vida, en suma, una manera de vivir. Y aduce la característica de "oralidad" de los libros de los principales filósofos de aquélla época dorada, desde Platón hasta Epicuro, Epicteto o Marco Aurelio, Pirrón o Anaximandro, Jenofonte o los pitagóricos. Por lo que los libros eran más unos manuales recordatorios para uso de alumnos y discípulos, a modo de consejos sobre cambios en su forma de vivir, que doctrinas o conjuntos de teorías abstractas para uso de eruditos y estudiosos de historia de la filosofía.

Hadot sugiere que esos libros eran los textos preparatorios para unos auténticos "ejercicios espirituales" (los griegos usaron esa expresión con bastante antelación al cristianismo y otras religiones que acabaron monopolizándola para sus intereses pedagógicos y doctrinales) con los que el iniciado iba logrando alcanzar ciertos cambios en pos de la "vida buena" y la moralidad de lo correcto. Cualquier estudioso de la filosofía antigua termina percatándose que en el entramado de los libros clásicos hay una urdimbre bastante clara y explícita de prácticas y ejercicios destinados a mostrar el camino al lector de un estilo de vivir coherente con los principios que se han tratado de demostrar en el texto.

Para ellos, la filosofía no era solo teoría o discurso, era una manera determinada de vivir, "una opción existencial y una distinta y coherente visión del mundo". Y así, para los epicúreos de nada servía la filosofía si no lograba curar el alma y transformar al individuo en su relación con los otros o con el cosmos. Para ello decían, se debía prescindir de los deseos innecesarios, optando más bien por los necesarios y por la moderación del placer.  Los estoicos -muy prácticos y generadores de máximas excelentes para recordarnos cómo realizar la "vida buena"- se preocupaban de mantener una "terapia de las pasiones", pues consideran que son las pasiones las que hacen desdichado al hombre. Se trata de enseñar al hombre a distinguir entre lo que depende de él y lo que no. Ante lo primero, trabajo honesto y fortaleza, ante lo segundo indiferencia y aguante resignado.También para Epicteto y Cicerón la filosofía es una especie de medicina del espíritu que posee su propia terapia para sanar al hombre.

La tradición de la vida filosófica no ha muerto desde entonces y la encontramos en Kant, en Nietzche y entre los más cercanos en Onfray, María Zambrano. Ortega o Peter Sloterdijk y, en cierta forma, en Wittgenstein. Hadot insiste en que hay que rescatar la sabia vital de la filosofía, volver a los "ejercicios espirituales" como los diseñaban los estoicos o los epicúreos y escépticos, apuntar a esa "conciencia cósmica" de la que hablan Bergson y otros, buscar ese ideal de  perfección humana y progreso espiritual que nos inserta en un esquema evolutivo que concierne a toda la humanidad. Sin olvidar, por supuesto, en qué mundo vivimos, la importancia de la geopolítica, los movimientos sociales, la globalización informática y los radicales cambios de costumbres y creencias que con gran velocidad se  están produciendo bajo las nuevas tecnologías. Nunca como hoy, en plena revolución pandémica de costumbres, hábitos y estructuras económicas y sociales, bajo el imperio de la amenaza de muerte y miseria, es tan necesaria la filosofía, único "noray" al que se puede asegurar el desarbolado navío de la humanidad. Hora de vivir como personas, hora de pensar. ¿Cuál es la mejor herramienta del pensar? La filosofía.

 

FICHA

LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA.- Pierre Hadot.- Trad. María Cucurella.- Alpha Decay.-266 págs.-29,50 euros.- ISBN 9788493654016

LA TERAPIA DEL DESEO Y LA FRAGILIDAD DEL BIEN:FORTUNA Y ETICA EN LA TRAGEDIA Y LA FILOSOFIA GRIEGA.-  45 y 38 euros.- Martha C. Nussbaum.- Ed. Paidós
 

 

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