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15 octubre 2018 1 15 /10 /octubre /2018 09:33

Dicen algunos  historiadores que un sentido básico de la  democracia moderna se basa en el principio planteado por Abraham Lincoln de que “puedes engañar a  toda la gente en algún momento y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”. Si un gobierno  es corrupto y demagógico y no logra mejorar la vida de la gente, sino más bien pone en peligro los logros democráticos vigentes en ese momento, creía Lincoln, un número suficiente  de ciudadanos acabarán por darse cuenta y lucharán por cambiarlo. Tal vez en el siglo XIX  lo que sostenía el asesinado presidente de Estados Unidos  tenía cierto sentido. Pero traten de aplicar esa ingeniosa fórmula a los tiempos actuales. ¿Ustedes se imaginan lo que los omnipresentes medios de comunicación y manipulación pueden hacer para  impedir que los ciudadanos se percaten de cómo y por qué les están engañando? ¿han seguido de cerca la impostura global -quiero decir, desde los dos polos del problema- de cierto proceso político planteado como conflicto en nuestro país? Es un ejemplo flagrante  de lo que ahora se llama "posverdad" (neologismo que encubre la palabra "mentira"), un engendro pseudo filosófico que hace posible aquello de que "una mentira repetida el suficiente número de veces y por el suficiente número de personas acaba siendo una verdad". Y esto no es política-ficción o teoría conspirativa. Recuerden simplemente cómo en el nazismo, "la machacona repetición de un concepto brutal e inhumano produce bajo un régimen cercano al totalitarismo de la clase que sea, un consenso social aprobatorio, fanático y compulsivo". Y ahora sumen, dos partes "convencidas" de que "el otro" es un enemigo despreciable, más otras dos, formadas por la manipulación y los intereses inconfesables de cada uno, dan un cuatro imposible de cuadrar. ¿O NO?

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13 octubre 2018 6 13 /10 /octubre /2018 09:20

Nietzsche acabó con las certezas cartesianas del cogito y los ideales de la Ilustración, convenientemente ayudado por los otros dos maestros de la sospecha: Freud y Marx.  Pensamiento  y razón no sostenían ya la certeza del sujeto. La relación  entre el pensar y ese sujeto que ejerce la función se revelaba como una más de las ficciones de la mente. El in-dividuo (no divisible, uno) es una suma de sensaciones, ilusiones, memoria, inconsciente, sociedad,  una multiplicidad de presiones e influencias  mentales  que no permiten sostener la conciencia de sí con un fundamento empírico. No es posible un  saber verdadero  sobre el sí mismo, que se convierte en un variable constructo interpretativo. El filósofo francés Paul Ricoeur opone el sí mismo al yo operativo  o sujeto agente. Y el sujeto hablante al que se narra a sí mismo. Y añade  al sujeto moral que es responsable de los actos y sus consecuencias. Todo gravita en torno a la conciencia, esa  instancia ¿cerebral?, ¿trascendente? Que a estas alturas trae locos a filósofos  y científicos, como en el  pasado siglo fue la existencia del alma y desde  la infancia de la humanidad, la existencia de Dios. ¿No será todo esto la entelequia de un sujeto cuántico aletorio que emana de la multiplicidad fenoménica de un Todo que no podemos concebir y mucho menos comprender? 10,10.2018

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10 octubre 2018 3 10 /10 /octubre /2018 09:16

El "como si..." tiene una respetable antigüedad filosófica... casi se ha convertido en algo banal, una fórmula elusiva, acomodaticia, timorata, fraudulenta. La han utilizado algunos cerebros santificados, griegos ilustres, razonables ilustrados  o esperanzados renacentistas, modernos que entierran a Dios o ilustres orientales que transitan por senderos taoístas, zen o vedantas. Hasta humildes "don nadies" que sueñan, viven y callan, azotados por circunstancias políticas o económicas o sociales desaprensivas o tecnologías invasivas e inexcrutables que acaban dictando y manipulando sus necesidades más básicas y sus deseos más profundos. Y un dia como tantos, reposan bajo la tierra. Como todos. Los humanos descubrimos muy pronto el "como si...". Desde que aprendimos a pensar y a relacionarnos. Y vivimos como si viviéramos de verdad, o amamos como si supiéramos lo que es el amor y trabajamos como si el trabajo nos liberara y no fuera una condena en el polo opuesto de lo que nos gustaría hacer, y nos sentimos felices o desdichados como si la felicidad fuera un logro y no un ejercicio...Y, simplemente somos, como si conociéramos nuestra verdadera naturaleza. ¿Qué ocurriría si elimináramos el "como si" de nuestra existencia?  ¿Sin dioses ni gurús a los que recurrir, sin verdadero amor o amistad o lealtad, enfrentados al dilema de ser auténticos o no ser? Como diría un amigo muy querido, "mejor no hacerse demasiadas preguntas y, menos, tan profundas". Y es que, a lo mejor, habría que hacer algo al respecto...

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6 octubre 2018 6 06 /10 /octubre /2018 07:51

David Bohm, físico teórico de fama mundial, uno de los adalides del nuevo paradigma científico que nació de la física cuántica, argumentaba hace muchos años que si Hegel sostenía que el pensamiento era lo fundamental y que la naturaleza era la mente mostrándose a sí misma, mientras que Marx creía que la materia es lo esencial y la conciencia era la materia reflejándose a sí misma, a su entender ambos erraban ya que ni la materia ni la  mente son lo fundamental, sino que lo es algo desconocido que podríamos llamar base profunda o implicada. un orden inmanente que subyace a todo lo que existe. ¿Dios?, ¿el Uno de Parmérides? ¿el "elán vital" de Bergson? "¿la energía primordial del Vedanta? Lo trascendente se cuela desde la Filosofía y la Espiritualidad hasta el aséptico mundo de los laboratorios cuánticos. Sócrates se miraría el ombligo y con una sarcástica sonrisa preguntaría: "¿Conciencia, materia, naturaleza, orden implicado, inmanencia, quarks, ciencia cuántica? ¿Alguien podría contestarme a la simple cuestión de qué debemos hacer para que el hombre deje de ser la criatura más desdichada, violenta, temerosa, destructiva e insatisfecha de la creación? ¿No estaremos poniendo el carro delante del caballo?" ¿Ha mejorado nuestro mundo tecnológico del siglo XXI es sus esenciales aspectos humanos? ¿No estaremos convirtiendo la tecnología como instrumento en una forma de dictadura sobre un mundo sin ética?  ¿Es Trump el arquetipo del orden implicado que va a liderar el nuevo mundo que ya llega?

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5 octubre 2018 5 05 /10 /octubre /2018 09:00

Si consideramos la eternidad no como una duración ilimitada de tiempo, sino como la atemporalidad, la persona que vive intensa y plenamente el instante presente, el ahora inmediato y único,  vive la eternidad. Eso dijo más o menos el inteligente y desdichado  Wittgenstein. Por tanto si lográramos percibir el presente como un simple proceso atemporal sin fin en sí mismo  (aunque lógicamente finito para nuestro organismo, cuyo término cuando se produzca, es solo un evento sin importancia en un proceso  que  sigue su curso con o sin nosotros) todo se relativiza, ves la eternidad  que subyace en el transcurrir incesante de la vida. Por tanto comprendes que el momento que vives no tiene precio: tiene un valor inmenso. Mejor que lo disfrutes, en el amplio sentido del término. Para ello empieza por preguntarte si lo que haces por ti y por las personas a las que amas es lo adecuado, correcto, óptimo, no de cara a una expectativa irreal de un futuro inexistente o siguiendo las órdenes subliminales de un pasado que tampoco existe. Piensa.

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4 octubre 2018 4 04 /10 /octubre /2018 11:03

Lo primero que me atrajo de este libro es la aparente disparidad entre los pensamientos y la figuras humanas y filosóficas de esos dos hombres. coetáneos pero tan radicalmente diferentes: era como comparar a un Sócrates o un Pitágoras con un Montaigne  o un Heidegger. Con concepciones y tradiciones filosóficas en polos opuestos, Ortega y Wittgenstein han dado ocasión desde el 2010 a una serie de eventos académicos que ha buceado en sus respectivas obras para encontrar inesperadas resonancias intelectuales (insisto: no hay constancia de que ninguno de ellos conociera la obra del otro) en cuestiones tales como los conceptos de creencia, la autenticidad, la estructura del yo o la controvertida praxis del quehacer del filósofo en la vida, de la utilidad empírica de su labor. Era como hermanar a Epicuro con Saussure. A pesar de que supuse que el libro, editado por una editorial tan poco sospechosa como Tecnos, era una de esas entelequias endogámicas universitarias, lo he leído con atención y con creciente interés. Y lo  recomiendo sin reservas a cualquier interesado en algunos de los dos pensadores por separado o especialmente si existiera un erudito curioso que  lo esté en ambos.

Los coordinadores del libro  (que integran nueve capítulos de distintos autores, incluidos ellos mismos) son dos profesores universitarios, Jaime de Salas de la Complutense madrileña y José María Ariso, de la Universidad de La Rioja, ambos con un nutrido historial académico de investigaciones y publicaciones sobre Ortega, Leibniz, Hume,  Bergson y Habermas, el primero, y libros de filosofía psicológica, teoría del conocimiento y filosofía contemporánea, el segundo.

La presencia de Ortega queda justificada en la recuperación académica que se viene produciendo en los últimos diez años de su legado filosófico y de la originalidad y calado  de su pensamiento. La de Wittgenstein por se una contrafigura filosófica que opone al modelo de Ortega empeñado en salvar su circunstancia al del vienés tratando de superar sus propios errores a través de delimitar el significado del lenguaje y llegando a analizar las creencias como condiciones reguladoras de la vida, punto en el que Ortega articula parte de su pensamiento, apuntándose algunas coincidencias entre la creencia orteguiana y la certeza de Wittgenstein.

 Como se apunta en el prólogo, también se apuntan diferencias notables entre las actitudes de los dos pensadores y sus diferentes articulaciones teóricas: "mientras el pensamiento de Ortega ...afronta una coyuntura histórica concreta (la española), la actividad filosófica de W. se concreta en un esfuerzo por entender el sentido del quehacer humano tal y como lo transmite el lenguaje sin pretender hacer diagnóstico alguno del momento histórico en el que vive".

Ariso en concreto, en su aportación, copara el "imperativo de autenticiad" en la propia postura que ambos autores estudiados esbozan, desde "llevar una vida irreprochable desde un unto de vista moral" en W. hasta el planteamiento  de Ortega de su autenticidad como elemento ya supuesto y que articula como punto de partida para indagar en la realidad. Esa disparidad queda reflejada  en el articulo de Sanfélix que estudia los dos conceptos de la Filosofía "como forma de vida" en los dos autores, desde la concepción casi mística de W. como invitación a una "retirada del mundo" y al "silencio" hasta la fórmula platónica y estoica de que la Filosofía "en última instancia" debe servir para integrarse en y reformar el mundo".

No es objetivo de este trabajo analizar cada una de las excelentes aportaciones de especialistas como los dos coordinadores citados, ni las del resto: Vicente Sanfélix, Mariano Rodriguez (que compara la "creencia en el yo" de los dos autores), Mª del Carmen Paredes que habla de la creencia y forma de vida en los analizados, Rui Bertrand o Karsten  Schoellner que esbozan posibles aplicaciones actuales de determinados pensamientos de Ortega y W., Antoni Defez que presenta con gran originalidad el "problema de los animales desde un punto de vista ontológico en ambos y, para terminar el tema de las perspectivas etnológicas y antropológicas en Ortega y W. según Astrid Wagner y Ángeles  J.Perona.

FICHA

ORTEGA Y WITTGENSTEIN. eNSAYOS DE fILOSOFÍA  PRÁCTICA.- Jaime DE Salas y José Mª Ariso, coordinadores. Ed. Tecnos.-343 págs. ISBN 9788430971909

 

 

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3 octubre 2018 3 03 /10 /octubre /2018 18:45

Gabriel Marcel (y antes que él creo que Platón) decía que hay que distinguir entre el SER y el TENER. Para él, el ser era la persona y el tener es todo lo que no es la persona, pero también aquello en lo que persona corre el riesgo de perderse. La clase de sociedad que estamos desarrollando no parece tener muy clara esa distinción esencial. Primamos el tener desde las células básicas del desarrollo del ser humano, la familia, la enseñanza y la sociedad. En consecuencia hay un progresivo empobrecimiento de todo aquello que nos hace humanos, desde el sistema de valores hasta las expectativas de futuro que creemos desear o la disparidad vergonzante entre las diferentes "clases" de seres humanos. Reflexionemos.

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2 octubre 2018 2 02 /10 /octubre /2018 18:30

Para los venerables griegos de la antigüedad, aquellos que formaron el ADN de nuestra cultura, "logos" tenía el significado de "palabra", pero también de definición, de razón, explicación, o aserto, máxima o sentencia, en general todo aquello que se comunica a través de la palabra. La forma "logoi", designaba la palabra "que cura", los argumentos racionales que convencen, las proposiciones que nos animan y convencen Tras una vida inspirada por la literatura, la psicología, el psicoanálisis y la filosofía, por el logos en sus acepciones más variadas, he llegado a un punto  en el que todo aquello que estudié, leí, medité y viví  durante los últimos sesenta años, parece haberse decantado en un estilo de vida, una "enstasis" como dirían los epicúreos, una manera de percibir  ese todo que me rodea y del que formo parte, que parece acercarse en cierta forma  a una "eudaimonia" (bienestar) que es el signo de lo que la filosofía clásica ha buscado como objetivo primordial: la vida buena, una suerte de lucidez, que es más un regalo que un logro. ¿Pero eso es sólo  para mí, para mi uso y satisfacción personal., para mis familiares y escasos amigos interesados? No estoy atraído en escribir libros, en conferencias o artículos . Así que lanzaré las semillas de mis reflexiones a los cuatro vientos de la Red de redes. Si a algún pececillo le atrae y la digiere, ya me siento feliz. Lo demás y perdonen la expresión, me importa un bledo. Hasta la próxima.

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28 septiembre 2018 5 28 /09 /septiembre /2018 17:33

Magnífico y esclarecedor libro de François Julien, filósofo y sinólogo francés de consolidado prestigio entre los especialistas en la cultura tradicional china, que presenta un revolucionario trabajo sobre las diferencias entre la filosofía y la sabiduría.

En el libro de  Renée Weber,"Diálogos con científicos y sabios" (La liebre de marzo) hallé una frase que podría compendiar el sentido definitivo del magnifico libro de Jullien. Dice así: "La filosofía...en su origen...buscaba la estructura profunda de las cosas...objeto que en los últimos siglos se ha convertido en estudio de la ciencia. La física, más próxima a la naturaleza, da la sensación de tratar con la estructura profunda de ésta, aunque años después descubrí que lo que  más se aproximaba a ella era el misticismo (la sabiduría esencial), por ser más abstracto y a la vez más interior que la ciencia y obsesionarse mas con la simplicidad y la unidad". Mas tarde cita una frase del físico Nobel Max Plank: " La ciencia no puede resolver el misterio final de la Naturaleza porque, en el último análisis, somos parte de la Naturaleza y por lo tanto parte del misterio que tratamos de descubrir".

Jullien, apoyándose en su extenso y profundo conocimiento de la sabiduría (que no filosofía) china nos da en su libro la clave que apunta las citas anteriores: no hay misterios que descubrir, hay que vivir gozosamente en el misterio, formando parte de él, porque no nos compete ni siquiera saber si tratamos con un misterio o con un caos natural y perfecto cuyo orden oculto no nos es dado conocer ni comprender. Por eso el sabio no tiene ideas, no tiene nada que decir de las cosas "ya que decir obstaculiza su proceso regulado (¿les suena a Wittgenstein?) y hay que desconfiar de las ideas porque no solo distancian sino que además, al fijar y codificar el pensamiento, lo vuelven definitivamente parcial y privan a la mente de su disponibilidad creativa...y la alejan del fondo de inmanencia que subyace en todo lo existente". Como decía Wittgenstein, "la idea ya está agotada, ya no vale par nada...es como el papel de plata, que ya no puede alisarse una vez que ha sido arrugado". Evidentemente estamos hablando de sabiduría, no de ciencia o de filosofía. Es decir de algo poco práctico o útil, que no se enseña en la Universidad y que está social y culturalmente devaluado en estos tiempos de voraz tecnología ingobernable. Solo se trata de algo que  nos enseña a vivir como seres humanos. Algo pues poco importante que consideramos caduco como frías cenizas del pasado  mas remoto.

Porque la sabiduría consiste  en no privilegiar ninguna idea sobre otra sino en mantenerlas a todas en el mismo plano, todas accesibles, sin que ninguna de ellas, al anteponerse, tape otra o le haga sombra; en definitiva, sin que ninguna quede sobre las demás, no estar en posesión de ninguna, ni prisionero de ella.

Y es  que cuando un de ellas nos posee en exclusiva todo lo pensable retrocede y ella nos envuelve en un círculo arbitrario que aprisiona  nuestra  libertad  creativa que excluye todo contacto con la riqueza de lo posible. .El punto de vista del sabio concierne a la totalidad. En este punto el amigo Jullien ya ha marcado las diferencias esenciales entre la filosofía, su ambición teórica, empírica y científica, su vocación sistemática, su  sueño estructural y la sobriedad y simplicidad estoica de la sabiduría, una actitud, una actividad "sub especie aeternitatis".
No interesa aquí entrar en esa brillante separación entre los métodos y objetivos de la filosofía, suficientemente reflejados en la misma  historia de la filosofía, ni debemos suponer que Jullien menosprecie en absoluto ese soberbio despliegue de esfuerzos, brillantez y genialidad, sencillamente se nos  pone en evidencia la diferencia, el amplio foso que las separa. No ha lugar el  debate o la discusión sobre prioridades o diferencia. Ambas cumplen objetivos distintos, aunque al principio parecían ser los mismos (filo-amigo,amante; sophia, sabiduría).
La sabiduría es ahistórica, ancestral y arcaica, nutre todas las tradiciones culturales del planeta, se mantiene un modesto rincón popular, detrás de proverbios y consejas del pensamiento, su sola mención despierta cierto sarcasmo valorativo, está al margen de cualquier uso, utilitarismo o academicismo y parece habitar los polvorientos rincones de bibliotecas poco visitadas y los gabinetes de estudio de unos pocos  eruditos u orientalistas que hacen un trabajo callado y sin relieve alguno en una sociedad que prima la formación técnica y el progreso tecnológico sobre la educación humanística y los valores y principios de la ética.

Como escribe Jullien, "mejor que buscar la verdad, es encontrar la congruencia...el sabio ve por dónde aparece la congruencia, su visión es armónica, en lugar de ver de manera fija, aferrándose a su punto de vista, su posición gira para responder eficazmente a cada situación y en ello encuentra la conformidad y la armonía con lo que es". Y añade: "la sabiduría consiste no en juzgar sino en comprender" (pág. 158).

¿Discutible?¿Revolucionario? ¿Provocador? ¿Difícil de entender bajo los criterios analíticos y pragmáticos de la actual forma de pensar? Sin duda. Sólo les he proporcionado una cata. El melón sigue entero, gustoso y provocador.

(Hay más en diariodemimochila.over-blog.es)

FICHA

UN SABIO NO TIENE IDEAS.- fRaNCOIS jULLIEN. Ed.Siruela.-Trad. A.Helene Suárez. 252 págs

 

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12 septiembre 2018 3 12 /09 /septiembre /2018 07:56

He aquí un libro inclasificable que ni siquiera había sido concebido como libro sino como un epílogo surrealista, irreverente, iconoclasta y de una pasmosa erudición a una edición italiana de cuentos escogidos del escritor francés decimonónico Guy de Maupassant. Acantilado lo pueblica como un librito de 105 páginas de las que 22  (compuestas en un tamaño de letra bastante inferior) están dedicadas a las notas que el texto inspira al autor y son éstas tan enjundiosas, críticas y divertidas que lo más recomendable es leerlo simultáneamente sin perderse ni una sola nota.

Téngase en cuenta que esta supuesta semblanza biográfica de G. de M. está escrita siguiendo un procedimiento literario (por propia confesión, nota 49) "antimiguelangelesco por excelencia , que trata de rodear a cada objeto del ambiente más rico, más completo, más inesperado. Se trata de dar a conocer la cosa lo mejor posible por medio de otras cosas y de cosas distinttas, de iluminarla con la luz más intensa, de penetrarla más hondamente. La andadura literaria es para nosotros como caminar sobre la cuerda floja. Estas referencias, estas equivalencias, estas analogías que vamos poniendo a derecha e icnquierda de nuestro camino, tienen por finalidad mantenernos en equilibrio". ¿Equilibrio? Más bien un ejercicio funambulesco, lleno de ironía, sarcasmo, juegos literarios, referencias cruzadas eruditas,  autoreferencias, juegos de espejos, información burlesca junto a datos auténticos, suposiciones maliciosas, innecesarios y falsos paralelismos...

Todo menos una biografía al uso, que Andrea de Chirico (que murió en Roma en 1952) y se hizo llamar Alberto Savinio, compara con trabajos de "estilo sepulcral, es decir, en ese estilo eufemístico y sistemáticamente laudatorio con el que se redactan las inscripciones de las tumbas... en las que todo los hombres son virtuosos, todas las mujeres fieles y las criaturas muertas a temprana edad angelitos que el Señor, con su bien conocido egoísmo, ha llamado prematuramente a su seno. Los vicios, pecados y bajezas son excluidos sin distinción del estilo sepulcral y la vida de este mundo aparece limpia y rosada como un pequeño paraíso de coral" (pág. 14).

Savinio escribió este breve y vitriólico texto en 1934 (ya "tempranamente" en 1983 hubo una primera traducción al español por Gabriela Sánchez Ferlosio) llamando la atención por su tono golosamente irreverente y en la misma medida ingenioso y lleno de humor jocoso no demasiado cruel. Nuestro hombre suele irse "por los cerros de Úbeda" con una prosa libre y juguetona que vagabundea por los más diversos temas eso sí de una manera culta y con una erudición sobresaliente, burlona y acomodaticia (como cuando nos asegura que los nombres y apellidos de las personas son condicionantes poderosos sobre su existencia, como heraldos de un destino ya marcado). Su hipótesis sobre el gusto literario y artístico de Maupassant es de una ferocidad ostentosa, así como el relato de la esquizofrenia paranoica del escritor que le llevó prematuramente a la tumba (de ahí viene la mención al "otro"). Aunque ese "otro" se nos presenta  desde el principio de una forma surrealista , juguetona y caprichosamente, como la de un supuesto Nivasio Dolcemar, al que dedica páginas eruditas para, mediado el ensayo olvidarse de sus insinuaciones sobre el "doble" de Maupassant encarnado en Dolcemar, junto a Nietzsche, Heráclito de Éfeso, Platón, Luciano de Samosata, Voltaire y Stendhal, `para pasar a contarnos la deriva psicológica autolesiva y esquizoide de un Maupassant seguramente destruido por la sífilis.

Un libro difícilmente olvidable que te atrapa engre la sorpresa y el rechazo.

FICHA

MAUPASSANT Y EL "OTRO".-Alberto Savinio.-Trad. José Ramón Monreal.- Acantilado.105 págs.-ISBN 9788417346126

 

 

 

 

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