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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 18:29

Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo conun éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

Como suele acontecer, los padres de Trollope dejaron una huella y una influencia en el devenir del escritor: desde su padre, abogado poco hábil y sin suerte que trajo la miseria a su familia hasta su madre, Frances,  emprendedora e imaginativa, que sacó a la familia de apuros gracias a su pasión por escribir novelas donde satirizaba el poder y las bases sociales impregnadas de mezquindad y deshonestidad. Ella sería la figura esencial que fructificaría en su tercer hijo, Anthony, marcando su futuro.  Empleado de Correos y casado y con dos hijos (ambos escritores más tarde) comenzó a escribir una serie de seis novelas, el llamado ciclo de las Crónicas de Barsetshire (que le permitieron dejar su empleo). La segunda serie que emprendió, los Palliser, muy críticas con la vida política, tuvieron mucho éxito aunque no le permitieron como deseaba, paradójicamente, entrar en la política.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 18:01

Esas banderías facinerosas que campan por las calles catalanas, escudadas tras los derechos que protege el Gobierno que tildan de "fascista", han perpetrado dos "heroicidades" más: quemar ejemplares de la Constitución y la bandera de nuestro país (que es utilizada de forma partidista desde hace muchos años, siendo como es un símbolo de todos y no sólo de unos cuantos). Los partidarios del "peor es mejor" con despacho en la Generalitat se deben sentir orgullosos por los actos de esa turba de neo-oligofrénicos que con esa quema de símbolos superiores del país al que jurídicamente pertenecen están favoreciendo la eclosión de fascismos retrógrados: cada una de las hojas del texto constitucional lanzado a la hoguera supone, seguramente, más de un millar de votos a la ultraderecha y, al tiempo, un insulto inicuo al resto de los ciudadanos de este país, entre ellos muchos catalanes.

La palabra iniquidad significa una acción o acto realizado con maldad, abuso, injusticia, infamia o ignominia. Algo contrario no sólo a las leyes positivas del país sino a la ética del resto de los españoles. Encaja con otro concepto, el de anomia, que es una perturbación psicológica que afecta a una persona o a un grupo, que les hace rechazar las normas o convenciones de la  sociedad en la que viven y les hace ignorar y transgredir las leyes y el conjunto de reglas que regulan la convivencia pacífica.

Hay una frase de Steiner que parece definir la situación actual en la querida y atribulada Cataluña: "ninguna mentira es tan burda que no pueda expresarse tercamente, ninguna crueldad tan abyecta que no encuentre disculpa en la charlatanería del historicismo...el lenguaje de la política se ha contaminado de oscuridad y locura". Steiner, desde luego, no se refería a todas las manipulaciones  y falsedades del "procés", ni a la excusa de agravios históricos empleada absurdamente por la propaganda historicista del independentismo... pero lo cierto es que la frase parece ajustarse a esos hechos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor

 

 

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3 diciembre 2019 2 03 /12 /diciembre /2019 18:25

Creo que deberíamos estudiar más a los griegos. Pienso que muchas de las respuestas a los problemas de la actualidad se encuentran en obras escritas hace más de dos mil años. Sólo es preciso percatarse de que todo ha cambiado en nuestro entorno desde aquellos tiempos arcaicos,  pero hay algo que se mantiene casi idéntico bajo el barniz de la modernidad y la virtualidad: las pasiones, deseos y carencias del animal humano, enterrados en el cerebro reptiliano que aún conservamos, rodeado de las circunvalaciones mágicas del neocórtex, esa maravilla gris cuyo funcionamiento aún no entendemos del todo pero ya intentamos replicarlo en la IA.

La palabra griega carácter describía la figura o el rostro grabado en las monedas o la figura alegórica grabada en piedra de una u otra cualidad humana, el heroísmo, la bondad, la ira. Para nosotros la palabra ha tomado el significado opuesto. Es ese algo que distingue a una persona de otra, mientras para los griegos es una característica que compartimos en algún momento. El problema es que ahora vemos cada cosa por separado, individualidades, y los griegos (como los chinos taoístas y los budistas) veían cada cosa como partes de un todo. 

La profesora norteamericana de origen alemán Edith Hamilton (1867,-1963) ponía un ejemplo al respecto: los templos griegos y las catedrales en la edad media. Los primeros eran colocados en un punto elevado y hermoso de la naturaleza, rodeados por la belleza natural, bosques y rocas, cielo y mar. Los cristianos hundían sus iglesias y catedrales en el centro de la ciudad, rodeadas de casuchas y barrios miserables. Eso sí, lanzando sus torres y campanarios hacia el cielo, como símbolo del poder único de la Iglesia  y de su carácter sagrado, "celestial". El pensamiento, la lengua y la literatura griega hace una apelación a nuestros tiempos: "El florecimiento del genio en Grecia se debió al inmenso ímpetu recibido cuando la claridad y el poder del pensamiento se añadieron a una gran fuerza espiritual de tipo filosófico" ¿Cuál era esa fuerza? "Una ausencia de lucha, de crispación, un poder reconciliador, algo agradable y sereno que el mundo no ha vuelto a ver desde entonces". Algo de eso nos iría bien...

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30 noviembre 2019 6 30 /11 /noviembre /2019 20:27

Libros como "Factfulness" de Hans Roosling, como "Todo el mundo miente" de Seth Stephens, "The Game" de Baricco, "En el enjambre" y "Psicopolítica" del filósofo japonés de habla alemana Byung-Chul Han, sin contar los del israelí  Yuval Noah Harari, "Sapiens", Homo Deus" y las "21 lecciones para el siglo XXI", están tratando de mentalizar directa o indirectamente a los habitantes de este problemático planeta de que  nuestra actual forma de vida tiene muchos elementos deficitarios –psicológicos, sociales, económicos, tecnológicos - que aceptamos con indiferencia pero que van a tener un coste realmente elevado y que va a cambiar nuestra existencia y no siempre para bien.

Pero es en "El planeta inhóspito" de David Wallace-Wells donde se nos trata de demostrar que debido a ese estilo de vida hemos rebasado con creces las posibilidades auto curativas de la Tierra y comenzamos a adentrarnos en el caos, con consecuencias destructivas y daños irreparables a cuestiones tan vitales como el medio ambiente, clima y naturaleza: inundaciones y sequías, hambrunas y pérdida de tierra cultivable, oleadas de calor con efectos letales sobre los seres vivos, emigraciones masivas, violencia subsiguiente, guerras de supervivencia por el agua potable, los alimentos básicos, la seguridad, las epidemias, enfermedades respiratorias, de la piel y envenenamientos causados por el exceso de metano y CO2 en la atmósfera contaminada. Eso sin contar con un aumento del nivel del mar que inundará ciudades de millones de habitantes con su correlato de muertes, enfermedades y caos emigratorio. ¿Exageraciones de la ciencia? ¿Alarmismo injustificado de apocalípticos a sueldo de quién sabe qué oscuros intereses?

Señores, no. Los estudios que se van haciendo públicos con cuentagotas para no “alarmar innecesariamente” a la población dan cifras escalofriantes y generan una serie de reacciones en contra y argumentos basados en posibilidades remotas o probabilidades fantásticas, en suma, en el “pensamiento mágico” según el cual si pensamos en que algo malo no debe ocurrir, gracias a una serie de fuerzas oscuras e irracionales eso no ocurrirá, aunque la realidad nos esté demostrando cada día que ese “algo” va deteriorándose en la dirección equivocada, un proceso que muy probablemente lleva al suicidio colectivo.

Toda una civilización, la nuestra, va a pagar de forma brutal la disparidad existente entre su desarrollo tecnológico, su enorme gasto de energía y su falta de previsión y control sobre las consecuencias de sus acciones. Tenemos datos incuestionables sobre las causas del cambio climático y de las consecuencias, así como de las incertidumbres, probabilidades y escenarios que van a crearse y éstos no necesitan llegar a los puntos más graves, sólo con seguir la dinámica ya emprendida serán considerables en un lapso de tiempo abrumadoramente corto. Seguramente antes de que los ancianos de hoy lleguen a desaparecer por completo. Ni la esperanza “mágica” en que ese lapso de tiempo sea enorme, casi un ciclo de cientos de años, hasta que la tecnología logrará frenar y resolver los problemas más acuciantes o que la naturaleza logrará imponer su legendaria supervivencia (ignorando en este caso la segunda ley de la termodinámica, la de la entropía), que todo sea un mal sueño provocado por el alarmismo de unos cuantos (argumento que raya en la estupidez) o que alguien tenga un plan B (un planeta milagroso al alcance de los supervivientes), los oscurantistas defensores del “no pasa nada” se asemejan a los ciudadanos  romanos de Pompeya y Herculano que, el 24 de octubre del año 79 dC,  aunque veían la actividad excesiva del Vesubio seguían con sus quehaceres y diversiones, suponiendo que “como en otras ocasiones, todo quedaría en humaredas y algunos temblores” como nos cuenta Plinio el Joven. Allí fueron 5.000 muertos. ¿Cuántos serán en todo nuestro planeta? ¿Por qué nadie piensa que nuestra “normalidad” cada vez es menos “normal”? Como dice David Wallace, en este momento “ya hemos causado tanta devastación a sabiendas como en los siglos de nuestra ignorancia”.

Piensen que fue en 1992 cuando se publicó el informe  pionero en la denuncia, “Earth in the Balance” -un éxito popular internacional que,  a pesar de ello, fue considerado “alarmista” por muchos científicos y sobre todo por los trust petrolíferos de todo el mundo e intereses adyacentes--, sobre el vertido de gases invernadero en la atmósfera y sus efectos destructivos. Desde 1992 hasta hoy mismo, la quema de combustibles fósiles ha aumentado en una medida equiparable a los gases vertidos a la atmósfera desde la revolución industrial del siglo XIX  hasta 1992. Y seguimos haciéndolo a una velocidad progresiva y totalmente irresponsable. Esto es algo que atañe a la supervivencia de la raza humana.  En 2006 se difundió el documental del vicepresidente norteamericano Al Gore “Una verdad incómoda”, insistiendo en que los elementos del caos, los cuatro jinetes de apocalipsis ya cabalgan en forma de calor creciente, rotación de inundaciones y sequías, aumento del nivel del mar, hambrunas, incendios imparables. ¿Fechas? Olvidémonos de las posibles y quedémonos con las probables. Se suponen unos 2 metros de subida del nivel del mar, con inundaciones continuas anuales en diversos puntos del planeta, para antes del 2100. Desde al año 2000 hasta hoy ese nivel ha subido más de 5 milímetros en progresión continua. ¿Más datos? Ya mueren más de 10.000 personas a diario en todo el mundo debido a la contaminación atmosférica. El magnífico y preocupante libro de David Wallace-Wells hace un duro recorrido por “los elementos del caos” que nos amenazan: muerte por calor, hambruna, incendios, falta de agua, océanos moribundos, aire irrespirable, plagas, colapso económico…

Las macrocifras son impensables críticamente para la mayoría de las mentes humanas, (como nos cuentan Rosling en FactFulness” o Seth Stephens en “Todo el mundo miente”) pocos sabe asumir y comprender las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones contra la Naturaleza, con tal de mantener nuestro estilo de vida basado en una cultura del despilfarro. Los recursos y bienes del planeta son limitados y nuestra forma de vida (la de los países “desarrollados”) no es una forma de progreso sino una forma de degeneración planetaria. A partir de ahora, aseguran algunos calificados de “agoreros”, cada generación sucesiva vivirá peor que la anterior. ¿Necesita probarse tal aserto? Miren ustedes a su alrededor. Pero eso sí, David Wallace nos recuerda cómo proliferan los relatos, películas, series, novelas y ensayos sobre lo que se está gestando. Y nos advierte sobre “la Iglesia de la tecnología” en la que hay millones de creyentes que extrapolan los avances habidos en la creencia de que todo el caos que viene será evitado o paliado por la “tecnología del futuro”. Si escoges como camino una vía de tren y te viene una locomotora encima, no puedes esperar a que la tecnología haga subterránea o aérea la vía férrea, tienes que apartarte del erróneo camino escogido.

Aún ante la contundencia de esas cifras, de las investigaciones que las confirman y sobre todo los testarudos hechos, los negacionistas siguen asegurando que todo es exageración, como los que aún siguen opinando que la tierra es plana a pesar de las evidencias de Elcano o Magallanes hace 500 años  o de las imágenes espaciales. Este tipo de francotiradores contra el sentido común siempre ha existido y sigue habiendo personas con un nivel de credulidad asombroso. Lo inconcebible es que siguen determinando las acciones políticas (solo cuando se unen a intereses espurios, claro). De ahí la pertinencia de una frase pronunciada en una conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático: “El lento arrastrar de pies de las políticas ambientales de muchos países nos lastra a todos, al resto del planeta, porque cada uno de nosotros impone algo de sufrimiento sobre nuestros yos futuros cada vez que cogemos un coche, subimos a un avión, mantenemos un nivel de vida basado en el consumo irresponsable, desperdiciamos el agua, tiramos miles de toneladas de alimentos a la basura…o nos  abstenemos en unas elecciones para exigir políticamente que tomemos todos conciencia del peligro que nos amenaza”.

Reflexionen sobre la breve parte IV, “El principio antrópico” que empieza con la frase “…no sólo es una crisis ecológica sino una apuesta de altísimo riesgo sobre la legitimidad y la validez de la ciencia…es una apuesta que la ciencia solo puede ganar si pierde. Y si la ciencia gana la apuesta, de poco nos va a servir, ni a ella, ni a nosotros. Perdemos todos, todo el planeta.

El planeta inhóspito. David Wallace-Wells. Traducción de Marcos Pérez Sánchez. Debate, 2019. 348 páginas. 22,90 euros.

 

 

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27 noviembre 2019 3 27 /11 /noviembre /2019 18:40

La editorial Rasmia, en su colección Tríadas, está editando unos libritos bilingües con textos breves de autores reconocidos, traducciones excelentes y temáticas de interés superlativo. Se trata, como se trasluce en el título de la colección, de textos que están vinculados temáticamente entre sí, pero también con unos discursos complementarios  que parecen perseguir objetivos semejantes como es el caso en  este primer volumen dedicado a la guerra, o mejor, contra las guerras.

Comienza con dos escogidas citas de Mary Shelley y Paul Valery y cierra el libro con una no menos jugosa de Arthur Schnitzler. Les adjunto la de Valery ("La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que si se conocen pero no se masacran") y la  de Schnitzler ("El diccionario de la guerra lo han hecho los dimploáticos, los militares y los gobernantes. Deberían corregirlo los que regresan de las trincheras, las viudas, los huçerfanos, los médicos y los poetas".

La introducción (sin firmar) es el más actual, claro y directo de los textos que nos acompañan en la lectura de este librito de poco más de 100 páginas, la mitad de las cuales son en inglés y la otra mitad sus traducciones al castellano (de Vicente Abella y Santiago Gallego). Son tres textos de Vernon Lee (pseudónimo de una mujer, Violet Page) escritora británica nacida en Francia que vivió a caballo del siglo XIX y el XX y tuvo una obra extensa de novelas, ensayos y libros de viaje y una fama discreta por sus relatos de fantasmas y su afán polemizador en ensayos y artículos. Aquí nos ofrece un relato simbólico, "El ballet de las naciones" en el que a través de figuras tales como La Muerte, Satán, la Valentía, el Honor, la Crueldad, el Hambre, la Ciencia, el Odio, la Rapiña, la Hambruna, la Codicia, el Heroísmo, la Sospecha, el Asesinato y las danzantes-naciones, configuran una danza macabra, desmesurada y sangrienta, un apocalipsis de violencia, cinismo y destrucción con el que la autora trata de reflejar el caos de horror que fue la I Guerra Mundial. El relato ha quedado quizá algo obsoleto para nuestra época, con su abuso de la siniestra  pantomima algo ingenua de las alegorías y los símbolos. 

El texto de Ambrose Bierce, un norteamericano del siglo XIX, periodista y escritor (autor del famoso "Diccionario del diablo" y otras obras de misterio y fantasía), que fue combatiente en la guerra de Secesión, es otra alegoría de los desastres de la guerra, también de una crudeza extrema, pero no comparable a la que ya nos han acostumbrado las películas y documentales actuales de los horrores bélicos y la violencia urbana, por lo que todo queda bañado de una curiosa sensación de pesadilla infantil. Las barbaridades angustiosas de Hitler, Pol Pot, Mao o Stalin, nos han vacunado contra ese horror bélico al que Bierce da el nombre de una de las más sangrientas batallas de la guerra que él vivió: "Chickamauga". La narración tiene  un aire parecido a la de Lee, aunque aquí se trata de mostrarnos esa desdicha sangrienta de la guerra a través de un niño, al que le gusta jugar a ser héroe y defender a la Patria.

Por fin, el tercer texto lo firma un clásico norteamericano, el gran Mark Twain,. Lo titula "La plegaria de la guerra" y son seis páginas de un tono grandilocuente donde el autor de "Tom Sawyer" le pasa factura irónica y sarcástica a las fuerzas y mitos de la guerra, a los intereses más o menos ocultos y a las mentiras adornadas que jalonan los conflictos bélicos amparados por el poder, la ocultación, la codicia, la estupidez y la crueldad con la que se manda a los hombres al matadero. Son tres relatos contra la plaga humana de la guerra, en los que se denuncia "el pueril ensalzamiento del valor y el  heroísmo, el mito del guerrero y del honor...la derrota de la sociedad y el género humanos, la victoria de las miserias, los odios, los miedos, los institnos homicidas y los intereses más oscuros...".

FICHA

GUERRA.- Vernon Lee, Ambrose Pierce y Mark Twain.- Trad. Vicente Abella y Santiago Gallego.- Ed. Rasmia.

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26 noviembre 2019 2 26 /11 /noviembre /2019 15:53

Los CDR catalanes (como los llama un amigo barcelonés, "Cerebros Desequilibrados Reprogramados") están integrados por manadas de jóvenes, bandas violentas que hemos visto estos días en las calles catalanas. que están formadas por algunos jóvenes independentistas educados desde la infancia en un ideario sin fundamentos jurídicos ni históricos, rico en consignas esquemáticas, maniqueas y viscerales. Los grupos más violentos los integran tipos que se auto titulan “anarquistas” sin tener ni idea de esa ideología decimonónica o con la ateniense “secta del perro” –creada por Antístenes y Diógenes, (ambos del siglo IV aC)-  doctrinas cínicas que darían más tarde lugar, una vez depuradas de irracionalidad,  al estoicismo, al escepticismo y a Epicuro y su escuela. Todo esto es cultura y está lejos de esos individuos  que ignoran y resumen lo que hacen  con un primario “cuanto peor, mejor” y aprovechan la masa para destrozar e incendiar como catarsis de sus fracasos personales. Serían equiparables a los “homo sacer”, tipos considerados proscritos en la civitas romana o la polis griega, de la que eran desterrados,  despojados de sus derechos y condenados a vivir al margen de la sociedad civilizada, donde impera la ley y el trabajo. En principio la palabra "sacer" significa sagrado, pero en una segunda y mas popular acepción los romanos llamaban así a los desarraigados y réprobos que obedecían a los dioses "malos". Pero ahora hay otros “homo sacer” que abundan y provienen de las oleadas de inmigrantes que encerramos en campamentos precarios o los desterramos a la ilegalidad, de los jóvenes anti sistemas que aprovechan todas las ventajas que les da el sistema que dicen odiar, de los parias con carencias y sin escrúpulos, de filas de vagabundos profesionales que deambulan por toda Europa eludiendo tanto a la policía como a la posibilidad de trabajar. Al final los convertimos en responsables de todo lo malo que nos amenaza o que ya tenemos a las puertas de nuestras existencias más o menos seguras, cómodas o amables.

Un libro reciente, “La melancolía en tiempos de incertidumbre” de Joke J. Hermgen (Siruela) aclara un poco los elementos sociales y personales que definen las actitudes y comportamientos de los “homo sacer” de nuestro tiempo. Y nos señalan también el mecanismo socio psicológico que los convierte en “chivos expiatorios” de situaciones cuya causalidad y responsabilidad no tiene  nada que ver con ellos. ¿Quiénes son los auténticos responsables de que existan jóvenes sin pensamiento crítico, carnaza de manipuladores, que integran las masas violentas infiltradas de delincuentes comunes? ¿Quiénes son los que carecen de interés por una gestión inteligente y humanitaria de las oleadas de inmigrantes? Pensemos en ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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23 noviembre 2019 6 23 /11 /noviembre /2019 20:08

El monje budista Dzogchen Ponlop Rinpoché trata con su obra escrita, sus conferencias y sus labores artísticas acercar de manera eficaz y clara a los occidentales un budismo adaptado a nuestra cultura. Labor que desde Suzuki a Deshimaru o Krishnamurti, Thomas Merton, Allan Watts, Karl Durkheim y tantos otros han realizado con mayor o menor fortuna. Ponlop Rinpoché no tiene un mensaje especialmente distinto u original y carece de la fuerza expresiva y poética de algunos de los anteriormente citados, pero tiene la ventaja  de no intentar ahondar demasiado en la metafísica budista y concretar fórmulas sencillas y claras .En este caso el elemento clave es la rebeldía. Tampoco es el primero en  basarse en esa característica paradójica para la "iluminación y el conocimiento", pero la concreta de manera poética en una "energía vibrante y profunda" (al estilo del "elàn vital" de Bergson) que es la voz de tu interior, donde reside la "mente despierta".

El monje asegura que hay una manera eficaz de progresar en la senda de la iluminación y es la rebelión contra un estatu quo que te presiona y condiciona tu vida. Esa rebelión se puede sustantivar con un entrenamiento permanente de tu mente que aclare tu visión y al ver lo que es permanente, esa percepción es un ariete con el que el buda rebelde de tu interior arremete y se libera del sufrimiento y la ignorancia, que son la misma cosa. Hay que nutrir esa "vena rebelde" existente en nuestro interior y cuando se manifiesta dirigirla con sabiduría ya que puede extraviarse con facilidad y pasarse al lado del resentimiento y la ira.  Para ello la fórmula de siempre, de todas las tradiciones espirituales y filosóficas, conócete a tí mismo. 

Y eso es algo muy difícil,  nos dice este monje, ya que nuestra mente es la peor enemiga de sí misma, bloqueando su percepción con "un flujo continuo de pensamientos, emociones y conceptos", creando una especie de íncubo al que confundes contigo mismo. Ponlop Rinpoché desgrana los principios básicos del budismo tratando de estructurar una teoría pragmática y eficaz con fórmulas que tienen siglos de antigüedad y se han expresado de muchas formas ya. Ofrece elementos de observación y acción como los que suelen aplicar los que se dedican a formular la atención plena como forma de disciplina para una existencia plena. Ponlop nos brinda un entrenamiento que se divide en tres áreas: disciplina, meditación y conocimiento superior. "Una vez que puedes relacionarte con la idea de entrenarte a ti mismo, que sabes lo que estás entrenando y estás de acuerdo en estar presente lo más posible durante este proceso, puedes iniciar los tres entrenamientos reales. Cada tipo de entrenamiento te ayuda a despertar y alcanzar la libertad individual", nos dice. 

En fin, libro recomendable para quienes se inician en el camino búdico de mejora personal y de búsqueda espiritual. Y así, nos dice "En la actualidad la gente suele sentir que tiene muy poco tiempo para practicar la meditación, pero incluso solo un poco de práctica cada día tiene un efecto positivo poderoso...puedes meditar mientras vas al trabajo en el metro, mientras tu compañía telefónica te deja esperando en la linea o mientras esperas que  hierva el agua. Se práctico al respecto y solo haz lo que a ti te funcione". Más claro...

Por cierto, a destacar la imagen de cubierta. Es excelente y muy original, del artista Gonkar Gyatso.

FICHA

EL BUDA REBELDE.- Dzogchen Ponlop Rinpoché.- Traducción de Gabriel Nagore y Ellen Sue.- Ed. Kairós

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14 noviembre 2019 4 14 /11 /noviembre /2019 08:49

Este libro es un estímulo, un desafío y un aviso para navegantes en el mundo de la cultura, el trabajo, la filosofía, en general en ese batiburrillo de elementos a los que ahora se da el nombre de humanidades. Con un párrafo del incombustible (gracias a Dios) Fernando Savater en plena portada, el librito editado por Acantilado con bastante acierto, goza también de un clarificador ensayo del pedagogo norteamericano Abraham Flexner, colocado como apéndice al final del libro tras la copiosa bibliografía que adjunta Nuccio Ordine a su breve trabajo.

El "Manifiesto" de Ordine trata un tema de plena actualidad en el sector de la educación en todos sus niveles, desde las guarderías a la Universidad, Escuelas Técnicas y comunidades científicas. La prioridad del concepto pragmático de lo "útil" (se entiende que para ganarse la vida, el prestigio económico o social) sobre lo "inútil", donde se engloba todo aquello que no da dinero de inmediato y que tiene que ver con el pensamiento, el conocimiento filosófico y, aún más lejos y menos apreciada la verdadera sabiduría (aquello, escribe Savater, en lo que tradicionalmente se ha basado la "dignitas hominis" o, mejor aún, la frase que encabeza el libro y que firma uno de los mejores escritores ético-filosóficos del pasado siglo, el francés Pierre Hadot: "Y es precisamente tarea de la filosofía el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil o. si se quiere, enseñarles a diferenciar entre dos sentidos diferentes de la palabra "utilidad".

Y esto es, más o menos lo que trata de argumentar el profesor Ordine que trabaja en la Universidad de Calabria y ha escrito libros sobre Giordano Bruno o el Renacimiento. Para ello ataca con irónica efectividad a las instituciones educativas del momento, en todo occidente, que  promueven una ignorancia horizontal y una estupidez vertical de pensamiento. Ordine  avisa qeu la abrumadora mutilación del conocmiento, de los clásicos, de la filosofía no sólo nos va a embrutecer sino que nos va a despojar de aquello que nos hace personas, nuestro humanismo. El mensaje fundamental del libro es una advertencia a las autoridades educativas (eso es un oxímoron)  y a la sociedad en general de que la literatura, la filosofía, la historia y otros conocimientos y saberes humanísticos y científicos, no son inútiles  y se comete un error garrafal suprimiéndolos de los programas educativos o de las subvenciones para su desarrollo y estudio.

Como dice el autor:  “El hecho de que dichos saberes sean inmunes a toda aspiración al beneficio” no es más que “una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”. Para entablillar esa ruptura del esqueleto intelectual humano, Ordine no sólo usa su apreciable sentido crítico y su ilustrada ironía, sino que toma una generosa ración de autores clásicos y modernos que han abundado en la cuestión: Dante, Petrarca, Moro, Campanella, Bruno, Bataille, Keynes, Steiner, García Márquez, Cervantes, Shakespeare, Platón, Sócrates, Séneca, Heidegger, Cioran, García Lorca, Tocqueville, Hugo, Montaigne… cuyas palabras sirven de recordatorio de la tesis principal de este magnífico manifiesto: el objetivo básico de la educación que recibimos no es hacernos buenos técnicos y eficientes profesionales especializados ambos en minimos sectores del conocimiento , sino aprender a tener un pensamiento crítico, a dotar de un objetivo de mejora y de excelencia personal a nuestra vida, a comprender que si una noción activa de lo que es el amor,  la belleza, la solidaridad,  la verdad, nuestra vida no tiene sentido y se pierde en el tener sin llegar en ningún momento al ser. Transmitir el amor al conocimiento se convierte en un activismo noble y eticamente superior a muchos otros valores de moda en el sistema capitalista.  Y añade con amargura que el amor al dinero y al utilitarismo " ha invadido espacios en los que que no debería haber penetrado nunca, como las instituciones educativas”. Y en otro lugar:  “Cuando se recorta el presupuesto para las universidades, las escuelas, los teatros, las investigaciones arqueológicas, las bibliotecas… se está cercenando la excelencia de un país y eliminando cualquier posibilidad de formar a toda una generación”. Y cita un texto de Victor Hugo a mitad del siglo XIX: “Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”.

El breve ensayo de Abraham Flexner, publicado en 1939, añade con notable premonición un aviso a los científicos: “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos. El estado no puede renunciar a la ciencia básica en aras del beneficio. Las Universidades y Escuelas Técnicas Superiores cada vez se asemejan más a empresas de empleo y beneficios económicos y materiales. Y añade: "...a lo largo de la historia de la ciencia la mayoría de descubrimientos realmente importantes que al final se han probado beneficiosos para la humanidad se debían a hombres y mujeres que no se guiaron por el afán de ser útiles sino meramente por el deseo de satisfacer sus curiosidad". Hace un recorrido por por importantes científicos del pasado y advierte: "Cuanto menos se desvíen (los científicos) por consideraciones de utilidad inmediata, tanto más probable será que contribuyan al bienestar humano". Para finalizar con esta impagable frase:"Un poema, una sinfonía, una pintura, una verdad matemática, un nuevo hecho científico, todos ellos constituyen en sí mismos la única justificación que universidades, escuelas e institutos de investigación necesitan o requieren.

FICHA

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL.- Nuccio Ordine.-Trad. Jordi Bayod. Ed. Acantilado.- 172 págs.

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12 noviembre 2019 2 12 /11 /noviembre /2019 19:15

La "cuestión catalana" parece un problema sin solución probable -debido a una serie de presupuestos políticos e históricos tácitos e implícitos, irracionales y contradictorios- convertido en un bucle de despropósitos "in crescendo". Me apoyaré en el poeta y escritor polaco Milosz Czeslaw, premio Nobel de 1980, autor de "El pensamiento cautivo" (1953) para aportar una visión más ecuánime  a la gestión del "procés", al empecinamiento de Torra y algunos de sus adláteres y a las acciones y omisiones de los políticos "del otro lado".

Milosz habla en su libro de la adscripción de ciertos intelectuales a la "nueva fe" del marxismo -leninismo-stalinismo, con una entrega absoluta y paradójica (procedían de posiciones incluso antagónicas) seducidos por la utopía y completamente sordos, ciegos y mudos ante las pruebas fehacientes de que la praxis comunista se asemejaba más al fascismo y el nazismo que a los sueños retóricos que vendía la propaganda comunista en toda Europa (ejemplificada en mentes tan brillantes como la de Sartre o, más tarde, García Márquez con Cuba). Ese es el "pensamiento cautivo", es decir, el bloqueo de la facultad de observar y analizar los hechos y al tiempo el colapso de un sentido ético que llegaba a justificar los medios represivos y letales por un fin utópico e irreal. 

Salvando las distancias, ¿no podríamos tildar de "pensamiento cautivo" al que de alguna manera muestran  Torra, Puigdemont y la mayoría de los políticos y activistas  (entre los que sin duda hay algunos que se sienten "forzados" por la "falacia del traidor"), pero también los señores que detentan el poder político "del otro lado", partidos políticos en precario por razones en las que no vale la pena entrar, pero que causan un poco de vergüenza ajena. 

Después de un proceso político lleno de contradicciones, ilegalidades y errores tácticos y estratégicos por los dos lados, el "asunto" catalán parece enquistado entre la huida hacia la barbarie y la intervención radical por un lado y por otro, en la inoperancia y en la ruptura de la mayor parte del país contra una de sus partes constitutivas, la Cataluña demonizada con una absoluta falta de sentido común y unos resultados contraproducentes y catastróficos: el odio entre españoles. Dos muestras de pensamiento cautivo o si ustedes quieren de falta de pensamiento. ¿Es posible que ni en Barcelona ni en Madrid,- por citar dos epicentros que podríamos ampliar en el segundo caso- nadie se haya dado cuenta de que no hay diálogo posible en un momento en que estamos tratando de sanear el río operando en el cauce actual sin comprender que la contaminación está en el nacimiento o fuente de donde procede el río?

Si las dos partes tienen su pensamiento cautivo por el pasado, tanto el reciente como el remoto y se empeñan en proseguir la marcha ignorando las múltiples señales de que van por caminos errados nos acercamos a un punto de no retorno marcado por la violencia y la falta total de entendimiento: será una herida histórica que pagaremos todos los españoles. ¿Qué sentido tiene seguir un sendero de despropósitos, empezando por el hecho de que un Estatut, bendecido por las Cortes y el Parlament, sea recortado por la voluntad de un partido; la presentación de una ley de transitoriedad para realizar el referéndum, votada tras ignorar los mecanismos democráticos previamente aprobados por el Parlament;  la carnavalada de una independencia declarada y suspendida en un lapso de minutos; la culpable estupidez irresponsable de unos políticos prometiendo una república en unos meses o pidiendo a la ciudadanía que se eche a la calle creyendo que hablando de "moviment pacific" no habrá altercados ni barbarie... hasta un tribunal que en un ambiente de general y manipulado rechazo a Cataluña dicta unas penas inadecuadas para el momento y la esencia patética de los delitos cometidos; en tanto todo el país sufre a unos políticos del resto de España que deberían callarse y echan leña al fuego y unos medios -ha habido casos en que he sentido vergüenza del periodismo- que parecen complacerse en ahondar diferencias y airear errores? ¿No tenemos el pensamiento cautivo en la mayor parte de España- hay unas pocas voces "clamando en el desierto",- precisamente debido a que nos ahoga la tendencia a considerar el pensar como "una funesta manía"?

La "falacia del traidor" está en vigor en Cataluña, mientras el independentismo más activo habla de diálogo, cita los derechos humanos y exige la libertad constitucional de poder expresar sus ideas, califica de "fascistas" a los que no piensan como ellos -sean o no de Cataluña- ,  en el "otro lado", se repiten una y otra vez las razones por las que los catalanes no tienen razón, mientras que  por supuesto ellos, agitando visceralmente a la población con el despliegue de banderas, exactamente igual a la de las señeras, claman por la unión de la Patria, y creen que están en posesión de una verdad inamovible e indiscutida. ¿No se dan cuenta del paralelismo? En ambos lados hay unas creencias y una opiniones, ambas respetables y ninguna de las dos exclusiva  e indiscutible. Mientras que la emoción esté por encima de la  razón no tendremos esperanzas de superar este obstáculo nacional. Nos falta "episteme" (conocimiento) y nos sobra "doxa" (opinión), elementos ambos presentes en cualquier diálogo. Ignoremos los errores del pasado y comencemos justo en un nuevo dialogo marcado por la necesidad de preservar los grandes intereses que nos unen, la obligación de escuchar las razones del contrario, saber que hay que ceder algo por las dos partes y la convicción de que si esto sigue así, perdemos todos. 

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista. Alcalde de Torre del Compte (Teruel)

 

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10 noviembre 2019 7 10 /11 /noviembre /2019 08:46

Sapere Aude, atrévete a saber, atrévete a pensar, atrévete a usar tu propia razón. Fue el lema de los hombres sabios --y osados para su época: el siglo XVIII--  de la Ilustración. La emplea Kant en su obra "¿qué es la Ilustración?, aunque su origen se remonta a una epístola de Horacio,  poeta satírico y filósofo epicúreo  romano del siglo I aC. Entre los objetivos que se plantean los Ilustrados en el llamado Siglo de las Luces está el uso y predominio de la Razón en los asuntos humanos, la tendencia hacia el Progreso y la Ciencia y un Humanismo que engloba el amor a la Naturaleza, la libertad y la búsqueda de la felicidad para todos los hombres. Han pasado tres siglos de la aparición de aquellos seres iluminados que vivían en una dictadura secular de monarcas absolutos y revoluciones sangrientas (como la francesa de 1789). ¿Diría usted lector que se ha conseguido en algún momento los sueños de aquellos ilustrados? Steven Pinker, el ensayista, cree que sí. No suficiente en ninguno de los casos, no firme y mantenido; con bastantes deformaciones, carencias y manipulaciones en su totalidad. Pero hay algo que ha quedado claro:

El atrévete a pensar por tí mismo es la clave filósofica de nuestro tiempo. Es clara y contundente. No demos nada por hecho o por resuelto. Vamos a cuestionar si lo que nos "venden" como verdades realmente lo son. En un mundo digital donde las "fakes news" son el pan nuestro de cada día, donde todo el mundo miente de alguna forma y en cierta medida, según los intereses del momento, hay que exigir a nuestra mente: atrévete a razonar, a cuestionar lo que te cuentan e incluso lo que ves en televisión, periódicos y radio, atrévete a intentar aplicar la lógica, la honestidad, la bondad a los argumentos que emplean para justificar lo que sabes intuitivamente que es injustificable. Tenemos la libertad de pensar por nosotros mismos. Parece una labor ingente, pesada e ingrata. Pero es lo único que certifica nuestra humanidad y nuestro derecho a ser libres y tratar de hacer un mundo más justo y si no más feliz, menos desdichado y cruel. Siempre existe un momento clave en el que nuestra intuición y nuestra integridad -caso de que nos hayan enseñado a tenerlas- nos dicen: te están engañando. Párate, no sigas. Detente y piensa. Atrévete a pensar. Y luego actúa o deja de hacerlo. No aumentemos con nuestra acción o nuestra inhibición la terrible injusticia de nuestro mundo.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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