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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 09:06

 

No quisiera abundar en los varapalos, más o menos interesados, que ha recibido el presidente del Gobierno español por otra de sus reiteradas faltas de puntualidad hacia una figura emblemática (aunque cuestionada por algunos) como el Rey Felipe que, no lo olvidemos es el Jefe del Estado. Los Estados permanecen y los Gobiernos pasan. Cuando Sánchez comete una imperdonable descortesía con el Rey, lo hace con el Estado que simboliza. Y España ¿no es la supuesta meta de los proyectos políticos del señor Sánchez? Seguramente la impuntualidad no es el mayor de los defectos políticos del líder socialista pero es de los más lamentables y fáciles de evitar. Quizá al presidente le convendría invitar al filósofo Kant a La Moncloa para entender de qué estamos hablando cuando hablamos de puntualidad. El sabio de Könisberg era tan puntual que los ciudadanos que se cruzaban con él cuando salía a pasear cada mañana ponían sus relojes en hora al verle. Eso sería una anécdota sugerente para Sánchez y podría aprender también la prioridad ética en la vida y aquél imperativo categórico que sugería que debías obrar de tal manera que tus actos pudieran constituirse en reglas universales de comportamiento. O en sus palabras: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".

En nuestro país el comportamiento impuntual del político citado no llama mucho la atención, porque aquí la puntualidad es un mal hábito socialmente aceptado. Muchas personas son impuntuales en todos los órdenes de la vida, laboral, personal, social. Y no solo no lo consideran un error, una irresponsabilidad y un insulto a las personas que les esperan. Es como una gracieta de la que se puede presumir, donde la ignorancia se da la mano con una obscena villanía. Incluso se creen aquéllo de que las "personas de importancia no esperan, se hacen esperar". Cuando una de esas personas te roba tu tiempo en la espera, realizan un hurto impune que no tiene arreglo, ni sustitución, ni devolución. Muchos ni se disculpan o si lo hacen son tan banales y risibles que más bien son un insulto añadido. Kant, señor Sánchez, opinaba que el espacio y el tiempo son formas "a priori" de la sensibilidad. Quizá a la suya le convendría recordar a este filósofo y replantearse la necesidad de dar ejemplo a todo un país de que es capaz de ser puntual. Todos ganaríamos mucho y usted más que nosotros. Y, por cierto , ni soy monárquico ni estoy en contra del partido y la supuesta ideología que usted profesa. Fue Luis XIV, precisamente un Borbón, quien dijo que la "puntualidad es deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas"? Pues eso.

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4 septiembre 2019 3 04 /09 /septiembre /2019 18:16

La nueva religión de la sociedad digital se llama "dataísmo". La suma astronómica de datos procedentes de nuestra interacción continua con el mundo digital, que son capaces de manejar, analizar y aplicar las computadoras (y las muy interesadas empresas privadas que las manejan) y ofrecen una información sobre todos nosotros, los sujetos (etimológicamente "sujeto" es alguien que está atado, limitada su libertad de movimientos) que usamos y abusamos de cuanto ofrece la Red de redes, las más de las veces de forma gratuita, cual anzuelos de cautividad futura. Lo saben todo sobre nosotros, nuestros gustos, carencias, deseos, vicios "ocultos", esperanzas y sueños, sentimientos, afectos y pasiones. Cada "click" es un eslabón más de la cadena que nos une a un Poder omnímodo que se impone no por la represión y la violencia, sino en la amable forma de un solucionador de problemas, de una enciclopedia al gusto, de un comprensivo cómplice, de un complaciente colega a disposición de nuestros caprichos las 24 horas de cada día, todas las semanas, todos los meses y los años.

Ante lo visto, no hay hipocresía más  inútil y bochornosa que las tan cacareadas leyes de protección de datos, una nueva forma contributiva vestida de escandalizada preocupación por la seguridad de nuestros datos personales. ¿Están de broma o creen que somos todos tontos? Mas bien lo segundo. Lo malo es que tienen razón. La noticia del espionaje global de Google ha pasado bastante inadvertida y en silencio, como si fuera una anécdota trivial, con la total impunidad desafiante de la poderosa empresa norteamericana y el encogimiento de hombros, bovino e hipnotizado, de los usuarios. En los años de hierro de las dictaduras, fascismo, comunismo, filofascismo franquista, el dramaturgo y filósofo alemán Bertold Brecht escribió: "No aceptéis los hechos como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar".

Aquí en Teruel y su casi deshabitada provincia deberíamos aplicarnos la divisa de que no podemos ni queremos aceptar que todo siga igual porque el sempiterno contexto político y social "es el que es y nadie lo puede cambiar". Si la historia nos ha enseñado algo es que las cosas, los contextos y circunstancias no dejan de cambiar, mal que les pese a los que mandan en ese momento. Y aquí es donde cierro el círculo de este mensaje: aprovechemos las posibilidades del dataísmo para hacer virales nuestros sueños y reivindicaciones. Por ahora es la otra cara de la nueva "religión". Por el momento la operativa generadora digital puede cambiar de polarización y objetivo. Es un llamamiento a las asociaciones que luchan por demostrar que Teruel existe. Y un guiño a los micromunicipios (menos de 500 habitantes) para generar una campaña permanente de "agit-prop" digital que nos vuelva a colocar en el mapa  (antes de que fenezcamos de "muerte antinatural"). 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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1 septiembre 2019 7 01 /09 /septiembre /2019 18:13

Artículo publicado en "El Heraldo de Aragón", julio 2019

 

Laputa (en inglés) es el nombre de la isla aérea o flotante que visitó Samuel Gulliver en su tercer viaje, según su confidente y relator Jonathan Swift (1667-1745), deán irlandés de aguda y mordaz pluma que ya había asombrado e indignado a los ingleses de su tiempo, a caballo entre los siglos XVII y el XVIII. “Mi reconciliación con la especie (humana) en general no sería tan difícil si se contentaran sólo con los vicios e insensateces que la Naturaleza les ha otorgado”. Es obvio que no es así, por lo que Swift se pasó toda la vida indignado y lo demostró en todas sus obras. Principalmente en “Los viajes de Gulliver”, que la historia literaria con gran sarcasmo o miopía convirtió en un libro infantil. Swift, como buen clérigo de la época, amaba la gloria y el poder, el dinero y al género femenino en su versión más variada. Y para demostrarlo se apañó para participar él mismo en los mismos vicios e insensateces que denunciaba, aunque sin dejar de reconocerlo con irónico e incisivo cinismo.

Swift, admirador de “El Quijote”, conocía el español y sabía el significado de la palabra utilizada, por lo que algunos sesudos eruditos de la Academia de Lagado han informado a sus colegas españoles que, en realidad Swift , se refería a un supuesto viaje a España y concretamente Al reino de Aragón, a la sazón bajo la corona que portaba el rey Felipe IV (V de Castilla) que en 1707 derogó los fueros de Aragón, abolió el Consejo y unió el reino al de Castilla.

Laputa es una isla relativamente pequeña que gracias a una base de diamante flota en el espacio usando un gigantesco imán. Ese artilugio les permite a sus habitantes (la Corte, el poder, el funcionariado real y político) dirigir sus movimientos sobre el territorio de Balnibarbi (extenso país y único en el mundo cuya composición mineral responde al influjo magnético de la isla), con lo que dominan tiránicamente a los ciudadanos que viven abajo. Dicen los analistas que Swift simbolizaba a la corte de Madrid y el poder satélite de Zaragoza como integrantes de Laputa. Balnibarri sería el entero territorio español.

André Maurois dijo de “Los viajes…” que es “el libro más severo que la Humanidad haya escrito sobre la Humanidad”. Disfrazado de libro infantil, Swift ha podido sortear inquisiciones, santos oficios y censuras varias. Una relectura actual del libro, principalmente del Tercer viaje de Gulliver, aplicada a la hipótesis de  que nos concierne, pretendería que los españoles no hemos evolucionado mucho en lo esencial. Todo esto viene a cuento del soberbio espectáculo del más zafio guiñol que la clase política española, sin excepción de partido alguno, está dando a la ciudadanía (responsable en cierta forma de la situación, por  haberles votado) y al resto del mundo supuestamente democrático. Pongamos unos ejemplos: ¿Qué diría Gulliver si viera cómo en Laputa, (en este caso, Aragón) están dispuestos -con suma generosidad- a destinar 5 millones de euros de unas arcas con un agujero de 349 millones según la Cámara de Cuentas, para celebrar nuevas elecciones autonómicas a fin de salir del "apuro" electoral que los sesudos políticos se ven incapaces de resolver? Y no sólo contentos con eso, para demostrar su buena voluntad se suben las subvenciones a los grupos (que aún no han empezado a trabajar) y todos los parlamentarios cobran su primera nómina aunque en esencia todos están en paro técnico, forma nueva de llamar a la ineptitud. O, siguiendo con los despropósitos, no autorizar el desbloqueo de fondos para terminar de una vez los hospitales de Teruel y Alcañiz. Sin hablar de la falta de criterios y unanimidad precisos para que los 25 supuestos representantes de Aragón en las Cortes Generales (con sus generosos estipendios) hagan valer una voz firme y clara sobre el abandono político-práctico en que se tiene al Teruel que apenas existe. Habría más ejemplos y quizá de más enjundia, pero sigamos. Swift,  describe a los cortesanos políticos de Laputa, incluido el monarca (en nuestro caso más bien el presidente o primer ministro) tan atareados en sus cavilaciones sobre sus intereses que no escuchan ni hablan a los demás y cuando es menester, un criado denominado “golpeador”,  les frota suavemente unos pequeños globos de intestino animal atados a un extremo de un corto palito, en los labios si deben hablar o en los oídos si deben escuchar (y en los ojos, si deben dejar de mirar y así no enterarse de lo que  conviene no saber). Con esos elementos los políticos siguen sus propias inclinaciones e intereses, ajenos e indiferentes al interés general del pueblo que abajo espera sus decisiones y acuerdos. Eso sí, no tienen ninguna prisa en resolver nada puesto que sus estipendios y propiedades están aseguradas mientras vivan. Lo que no aclara Swift es si a los golpeadores les paga el partido o están a sueldo del interesado (pese a que creo que habla de ciertos parentescos entre ellos).

 Siguiendo con los “paralelismos” políticos que aventuraban los académicos entre el gobierno de Laputa y la política española, recordaban un párrafo del capítulo VI del citado libro de Gulliver en el que se prohibía como “muy negativo” para la Administración que se eligiera a los jefes de Gobierno “en razón de su sabiduría, capacidad y virtud”, que los ministros actuaran “a favor del bien público”, que se recompensara “el mérito, el talento eminente, los servicios distinguidos”, que no se les ocurriera “poner sus intereses sobre la misma base que los del pueblo”, que se olvidaran de “elegir para los cargos públicos a las personas cualificadas para ejercerlos”, entre otras muchas cosas extravagantes e irracionales pensadas para el arte de dirigir una nación. Es decir, lo “normal” es que se haga precisamente lo contrario. Pienso que en estos puntos quizá se exagera en tal semejanza y Swift pensaba más en otras naciones.

En nuestro país y en nuestro Aragón la clase política olvida la frase de Ortega: “no basta con ver las cosas, es menester pensarlas". Nuestros políticos ven los problemas pero no piensan en ellos, sino a pesar de ellos. Sus adscripciones obligadas al ideario circunstancial del partido (y al general de la presunta ideología que defienden) les impiden percatarse de que el momento pide consenso y negociación en lo que hay que ceder y en lo que se puede ganar. En la política del país, lo primero es el ego del sujeto de poder  y su partido, después las circunstancias. Y dejan a un lado la advertencia orteguiana:   si no salvan esas circunstancias (la situación política, económica y social del país entero), no se salvarán ellos (ni sus partidos). Y lo que es aún peor: ni el pueblo español, auténtica víctima propiciatoria de este dislate.

En otro lugar, Gulliver recibe el juicio apodíctico del monarca del país de los gigantes: “De nada de lo que  habéis dicho (sobre la raza humana) resulta que entre vosotros sea precisa perfección alguna para aspirar a posición ninguna; ni mucho menos que los hombres sean ennoblecidos en atención a sus virtudes…ni los jueces por su integridad, ni los senadores por su amor a la patria, ni los consejeros por su sabiduría…”.  Podría parecer “excesivo e hiperbólico” que los académicos de Lagado pretendan que Swift se basó en la naturaleza de la política y los políticos en los territorios españoles de aquellos siglos en los que floreció la Ilustración. Y casi “insultante” que pretendan aplicar esos dislates a nuestra época. ¿Ustedes qué opinan?

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor y periodista. Alcalde de La Torre del Compte.

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28 agosto 2019 3 28 /08 /agosto /2019 07:43

Leer a José Luis Melero es una delicia. Al menos por cuatro razones básicas: escribe bien; es un bibliófilo amante de la literatura y la poesía: es un aragonés que ejerce su amor al terruño de todas las formas posibles: desde sus autores, conocidos o desconocidos, su pasión por Zaragoza, su amor por sus colores futbolísticos, por la jota y por las tradiciones y, lost but not least,  parecer ser una persona buena y también una buena persona y practica esa bondad clásica de los eruditos que tienen, además de sus pasiones y lealtades propias de su pasión vital, amigos, tertulias, familia y afán de servicio.

Una buena cantidad de las obras y autores que Melero comenta en "El tenedor de libros",  recopilación de muchas de sus columnas publicadas entre  2012 y 2015 en "El Heraldo de Aragón", no los conozco ni de oídas, pero me han enganchado los entusiasmos del comentarista y de los que si conozco y he leído me siento gratificado doblemente, no solo por coincidir en muchas de las apreciaciones y comentarios, sino por la novedad de algunos datos y anécdotas que desconocía sobre ellos. Como él mismo escribe (pág. 119) "Leer libro sobre libros es un placer onanista. Y una de las cosas que más nos gustan a los pervertidos". Pícaro comentario que suscribo totalmente, sin llegar a la amable erudición de Melero, por supuesto.

El lector tiene garantizado un extenso placer leyendo este libro y no voy a aguarle las expectativas desvelándoles algunas de las delicias que esconde. Un poco antes de la cita anterior, Melero escribe:  "...mis lectores, que por serlo tienen que ser a la fuerza amantes de los libros...saben muy bien qye unos libros nos llevan a otros y que cada día nos damos cuenta de todo lo mucho que ignoramos, de cuántos libros nos faltan por leer, de cuánto nos queda por aprender. Y que cuando vemos a alguien presumir de sabiduría, sabemos ipsofactamente  que estamos ante un perfecto botarate".

Presumo que Melero debe ser un "nefebilata", el cultismo de Ruben Darío, que define al hombre soñador, que anda siempre por las nubes, un Sócrates satirizado por Aristófanes por ese "defecto" que compartimos algunos. Esa característica de bonhomía que nos hace apreciar profundamente a gentes de pluma y libro como Jesús Marchamalo o Pepin Bello o los versos de César Vallejo, a despreciar los chismes de Marquerie sobre Antonio Machado o a ironizar sobre las necrologías, "uno de los géneros literarios más agradecidos, sobre todo si es uno quien la escribe y no el sujeto de la misma" o nos habla de su cameo en una película de David Trueba. En fin, una "silva de varia lección" dedicada a los libros raros y a los autores más o menos raros, realizada por un bibliófilo aragonés con simpatía y conocimientos sobrados. ¡Bien por José Luis!

FICHA

EL TENEDOR DE LIBROS.- José Luis Melero.- Ed. Xordica.  182 págs. ISBN 9788416461035

 

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23 agosto 2019 5 23 /08 /agosto /2019 19:01

Dicen los científicos que el clima es el resultado no predecible de una compleja interacción de procesos no lineales de la que emergen propiedades caóticas que rompen cualquier supuesta relación causa-efecto. En román paladino: por el momento no tenemos medios suficientes -y tal vez nunca los tengamos-- capaces de hacer predicciones exactas en el clima. Sin embargo si es posible captar ciertas constantes no cíclicas: el aumento de las olas de calor en intensidad y duración. En nuestras ciudades del occidente neo capitalista, neo liberal y neo digital, combatimos las olas de calor aumentando el número de aparatos de aire acondicionado -- uno de cuyos efectos menos conocidos es que aumenta proporcionalmente al frío que producen, un efecto calor que va al exterior--  haciendo aún más infernales las temperaturas de las grandes ciudades. Estas ya reciben el calor de los motores de combustión, el calor reflejado del sol por las grandes superficies acristaladas, el efecto invernadero de las capas de contaminación ambiental...

Para contrarrestar el exceso de calor, bebemos más agua fría y otras bebidas variadas y nos vamos en masa a darnos un chapuzón en las piscinas, donde algunos bañistas aprovechan para vaciar el exceso de líquidos, seguramente sin saber que el ácido úrico de la orina al mezclarse con el cloro del agua produce un compuesto químico llamado cloruro de cianógeno que se usa para las bombas de gas lacrimógeno  (aunque la dosis mínimas de orina y de cloro para producirlo son muy altas y no es posible que se den en una piscina normalmente cuidada). Lo que si hace esa mezcla poco adecuada es propiciar irritaciones en las vías respiratorias. Si después del baño siente  pequeñas dificultades respiratorias, sospeche que ha habido excesos mingitorios en su piscina. 

Y una advertencia estrechamente relacionada con el patrón ecológico, a unir a las dos anteriores: el pasado 29 de julio, según la "Global Footprint Network" (un centro de investigación internacional que evalúa el comportamiento destructivo de la humanidad respecto al planeta y sus recursos), ya estamos en números rojos respecto al presupuesto global de consumo de recursos para este año 2019. El planeta no da abasto. A poco más que la mitad del año ya comenzamos a consumir por encima de lo "presupuestado", creando una deuda sobre el total previsible de recursos, cuyas consecuencias no podemos conjeturar. La exigencia humana sobre los recursos del planeta está comprometiendo seriamente su capacidad de regeneración. El director  de ese organismo declaró --según un reportaje de "La Vanguardia"-- que "la humanidad está usando la naturaleza 1,75 veces más rápido de lo que los sistemas de nuestro planeta permiten recuperarse...estamos agotando el capital de nuestro planeta y comprometiendo aún más su futura capacidad de regenerarse". ¿Que hemos de cambiar para frenar este proceso suicida? El cínico príncipe de Lampedusa decía en "El Gatopardo""es preciso que todo cambie para que todo siga igual". No. Es preciso que cambiemos la mayoría de nuestros hábitos de consumo para que algo mejore en el planeta. Y eso, ¿es mucho pedir?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 agosto 2019 1 19 /08 /agosto /2019 07:18

El talón de Aquiles de la democracia parlamentaria, los populismos y sus emboscados, los fascismos ultraderechistas (o ultras de izquierda; como suele suceder no hay muchas diferencias), nos están comenzando a asediar, escudándose en el juego más o menos libre que permite la tolerancia democrática. Justamente en estos tiempos de globalización digital (que tiene su propia problemática y no precisamente banal) el populismo está adquiriendo fuerza y osadía. Los nacionalismos se enrocan con una miopía que nace del olvido de la historia reciente, el sangriento siglo XX. Hemos ignorado la rápida expansión de unas ideologías basadas en la violencia, en la falta de ética y en los egoísmos y mezquindades de una sociedad que ha olvidado sus errores y achaca todos los males a un "otro", una comunidad que puede estar en el seno de esa sociedad o en el país vecino, cediendo al azuzar demagógico de líderes obsesionados por el poder (absoluto). Hay que reivindicar la fórmula de los ilustrados, "sapere aude!" (atrévete a saber) y transformarla en otra "cogito aude...tu ipse!" (atrévete a pensar...por tí mismo). ¿Desde cuándo el latín es una lengua muerta? En filosofía política está claro que no.

 Nos enfrentamos a dos tipos no antagónicos de tiranía. Una, la que está viniendo del futuro inmediato, de hoy mismo, con un nuevo caballo de potencial apocalipsis: la revolución digital, los big data, los big deal, el data mining que es la exploración y manipulación de los datos personales  de los ciudadanos, cedidos por ellos mismos, sin coacción alguna, a ritmo de “clicks” en el ordenador. Leímos en Chul Han o en Seth Stephens o, quizá en Freud: “La incapacidad de ser libres es la incapacidad de actuar sobre el mecanismo voluntad-deseo-creencia-razón de manera tal que se pueda gozar de la imparcialidad del pensamiento racional”.

Sin pensamiento crítico racional no hay libertad. Y ese tipo de pensamiento es el que anula de entrada el segundo tipo de tiranía, los populismos. Iris Murdoch denunciaba a esos  líderes y sus partidos, una maquinaria visceral y primaria que impide a los ciudadanos “ser libres, es decir, existir sensatamente sin miedos y percibir lo que es real” El pensador norteamericano Timothy Snyder propone veinte ideas para luchas contra los totalitarismos, desde evitar la obediencia anticipatoria, el apoyo a la pluralidad de partidos y elecciones democráticas, cero tolerancia contra los símbolos fascistas, ética profesional sin concesiones, hasta distanciarte de las neolenguas digitales, expresarte bien, leer libros para equilibrar la influencia de Internet, ser celoso de tu vida privada y atreverse a ser valiente para defender la libertad, entre otras medidas y actitudes que conciernen a todos. La tiranía se apoya en la indiferencia y el encogimiento de hombros de la gente asustada.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 agosto 2019 4 15 /08 /agosto /2019 18:55

 

El talón de Aquiles de la democracia parlamentaria, los populismos y sus emboscados, los fascismos ultraderechistas (o ultras de izquierda, como suele suceder no hay muchas diferencias), nos están comenzando a asediar, escudándose en el juego más o menos libre que permite la tolerancia democrática. Justamente en estos tiempos de globalización digital (que tiene su propia problemática y no precisamente banal) el populismo está adquiriendo fuerza y osadía. Los nacionalismos se enrocan con una miopía que nace del olvido de la historia reciente, el sangriento siglo XX. Hemos olvidado la rápida expansión de una ideología basada en la violencia, en la falta de ética y en los egoísmos y mezquindades de una sociedad que ha olvidado sus errores y achaca todos los males a un "otro", una comunidad que puede estar en el seno de esa sociedad o en el país vecino con el azuzar demagógico de líderes obsesionados por el poder (absoluto).

Timothy Snyder, catedrático de historia en Yale, doctorado en Oxford y autor de media docena de libros imprescindibles para entender el siglo XX y aprender de sus duras lecciones, nos ofrece un opúsculo, un ensayo de poco más de cien páginas en el que resume en 20 pequeños capítulos titulados como una advertencia, un consejo o una admonición, los problemas y circunstancias que hemos de analizar y aprender para evitar caer en errores capitales de tipo político, social y personal. Errores que podrían provocar un derrumbre global y un desastre como los que asolaron el pasado siglo (y amenazan al XXI cada vez de forma más evidente).

Sobre la tiranía es un libro breve, casi una síntesis de lo que nos amenaza, si cedemos a las "tentaciones" del  populismo. No es necesario  citar a países como Rusia, Corea del Norte, Inglaterra, Hungría, Polonia (incluso Francia y España) y el peligro evidente que supone el histrionismo  irresponsable del actual huésped de la Casa Blanca. Hay una preocupación justificada por la eclosión de una cierta nostalgia por líderes mesiánicos como Stalin o Hitler (con increíble olvido de la cara demoníaca de esos sujetos y su inconcebible brutalidad), por el enquistamiento de los nacionalismos, la sociedad desorientada por "posverdades" y manipulaciones del mundo digital y el advenimiento de un nuevo ciudadano sujeto al tópico hombre-teclado-pantalla que está desvirtuando los valores y principios humanísticos que han regido hasta ahora. 

Snyder no se queda en la superficie de la crítica o la advertencia (como cada vez es más normal que sea) sino contextualiza su mensaje, relacionándolo con el pasado y creando una dialéctica que estimula el pensamiento crítico del lector, provocando una respuesta o una toma de partido coherentes. Para ello nos recuerda a los inevitables y medio olvidados clásicos: sus razonamientos siguen siendo válidos, porque el hombre en sí tampoco ha cambiado tanto (hasta el momento). Desde la Ilustración hasta la globalización, la manipulación del lenguaje y la larvada amenaza constante de las tiranías, Snyder (autor junto al malogrado y lúcido Tony Judt de un libro esencial;: "Pensar el siglo XX") nos advierte sobre la resbaladiza senda que lleva de la democracia aparente a la tiranía disfrazada, de la peligrosa "posverdad" al fascismo latente y al totalitarismo digital.

Hay que reivindicar tras la lectura de este libro oportuno, a veces reiterativo y algo simplista, la fórmula de los ilustrados, "sapere aude!" (atrévete a saber) y añadiéndole "cogito aude...tu ipse!" (atrévete a pensar...por tí mismo). ¿Desde cuándo el latín es una lengua muerta? 

SOBRE LA TIRANÍA.- Timothy Snyder.-  Trad. Alejandro Pradera. 150 págs. Galaxia Gutemberg.- ISBN 9788416734979

 

 

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13 agosto 2019 2 13 /08 /agosto /2019 16:00

Publicado en "El Heraldo de Aragón", julio 2019

 

Edgard Allan Poe en su relato “La carta oculta” nos enseñó que la mejor manera de “ocultar” algo valioso es dejarlo entre otros muchos objetos semejantes aunque no valiosos. La similitud oculta la excepcionalidad.  Por otra parte, el inmortal Sherlock Holmes solía decir:”Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Ustedes se preguntarán qué diablos tienen que ver estas citas literarias con el título de este artículo. Un poco de paciencia: antes de llegar a la firma lo comprenderán  (o eso espero).

La despoblación que aflige a determinadas zonas de nuestro país y se ensaña, por ejemplo, en Aragón, con Teruel, donde este año tenemos 506 habitantes menos a restar de los escasos 133.344 de toda la provincia, es hija de muchos padres (causas) y esclava de muchos errores (actitudes y medidas políticas). Como decía el estoico Epicteto,  las cosas que dependen de nosotros podemos realizarlas, modificarlas o rechazarlas; las que no dependen de nosotros, hay que aceptarlas o minimizar o reconducir los efectos.

La despoblación tiene causas estructurales, económicas, geográficas y geopolíticas que están fuera de nuestro alcance. Pero entre ellas se esconde una clave de lo que ocurre que no está fuera de nuestro alcance y compromiso: de ahí viene la cita de Poe. Se oculta entre razones y casuísticas que nos superan y alcanzan niveles ecológicos, urbanísticos, laborales, de economía internacional y de intereses globales. Es una clave, una carta, que se disimula entre otras de distinta naturaleza pero similares aparentemente y así pasa inadvertida.

Cuando analizamos el problema de la despoblación de forma crítica y vamos desmenuzando las complejidades macroeconómicas que las causan, examinando los argumentos de los agentes sociales, económicos y políticos, llegamos a un punto en el que nos parece que la despoblación es inevitable dados los supuestos analizados. No hay solución o la solución es imposible, Y aquí entra Holmes: si descartamos lo imposible (que dada la situación global del país, los políticos y los que detentan el poder económico y financiero se pongan de acuerdo en evitar la debacle poblacional) lo que queda, por improbable que parezca, puede ser la verdad del asunto, es decir una vía de solución.

 

 Y ¿qué es lo improbable? Que haya un movimiento nacional y popular que, al margen de los partidos políticos y las organizaciones oficiales, a través de los medios de comunicación virtuales y con consignas claras y figuras altruistas que representen al pueblo en su expresión más pura, comience a moverse hacia una política de solidaridad territorial en la que los pueblos pequeños configuren una red de lugares de residencia y trabajo que descongestionen las megaciudades y privilegien una forma de vida más gratificante y creativa, más humana en una palabra. Si eso llega a tomar cuerpo, es posible pensar en que se alcance un punto crítico—de la manera en que, por ejemplo, se produjo la llamada “primavera árabe”, a través de las redes sociales (luego, mal gestionada y desaprovechada, pero eso es otro cantar)-- en el que las estructuras políticas, económicas y laborales comprendan que es más fácil y productivo asumir la deriva del ecologismo existencial, en el amplio sentido del concepto. Pues bien, esa probabilidad remota pero posible es la “clave oculta” de la despoblación y tal como les dije se justifica la inclusión de las dos citas con las que comenzaba este escrito. Quod erat demostrandum. (“Lo que se quería demostrar”).

 

La citada “deriva del ecologismo existencial” está basada en un principio básico: podemos y debemos aspirar a un estilo de vida en conexión con la Naturaleza, no a su pesar ni primando en forma miope la explotación de nuestro entorno. Y, ¿quiénes por su propia naturaleza están más cerca de conocer y propiciar un entorno acorde con ese respeto básico? Un respeto que los humanos ya han olvidado con su prepotente complejo de superioridad y sórdida codicia, características que nos ha convertido en el mayor y más destructivo depredador del planeta.

Estamos hablando de los campesinos y ganaderos, del entorno rural, de los pequeños pueblos semi abandonados por el poder político, sometidos a una desertificación administrativa

 inicua. Un entorno rural al que se asfixia por “falta de medios” o lo que es igual por su escasa rentabilidad política.

 

Churchill observó agudamente que “la democracia es el peor de los sistemas políticos si exceptuamos todos los demás”. La vida rural es la peor de las formas de existencia social humana, si exceptuamos todas las demás.  Sólo hace falta que nos volquemos un poco más en ella, en su carencias, en igualar los servicios con el resto de la población –las personas de los pueblos, ¿son de segunda categoría?—en crear una institución común de servicios básicos entre los pueblos de la misma zona, que vele por la operatividad, evite la burocratización  y no se conviertan en agencias de empleos subvencionados.

Resumamos: la clave oculta de la despoblación es empezar a trabajar en el último eslabón de la cadena, los pueblos pequeños semiabandonados, buscar fórmulas para aumentar  recursos humanos, incentivar traslados de familias, mejorar drásticamente los servicios, promocionar una forma o estilo de vida rural con conexión total  a las comodidades y ventajas de nuestro tecnificado siglo, pensar “en futuro” y empadronar lugares óptimos para descongestionar ciudades…Y, en definitiva, como dijo Horacio, “Nullius in verba”, que no quede todo en palabras.-

 

 ALBERTO DÍAZ RUEDA

Alcalde de La Torre del Compte

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11 agosto 2019 7 11 /08 /agosto /2019 09:53

El escritor italiano que nos fascinó con su "Seda", "City" o "La esposa joven" y comenzó a inquietarnos con "Los bárbaros" (hace doce años) donde ya reflexionaba sobre los efectos deletéreos que las nuevas tecnologías causaban en las personas que las usaban y dependían en cierta forma de ellas, regresa a las librerías con este libro, titulado en inglés en todas las traducciones a distintas lenguas como guiño realista al idioma en el que se expresan mayoritariamente los grandes  mandarines que controlan  "The Game". Y son esos mandarines a los que Baricco trata de desenmascarar con una investigación osada y sarcástica que tiene por objetivo mostrarnos que la "revolución tecnológica" es, en realidad, una insurrección digital que está destrozando los pilares culturales y los paradigmas  sociales, usos y costumbres del siglo XX. Un siglo detestado (con sobrada razón) por esa gente joven, inicialmente contraculturales, que domina - pues las ha creado- las sutiles cuerdas que controlan, dirigen y organizan un futuro cuyas características finales ni siquiera ellos barruntan cómo va a ser, más allá de los juegos de predicciones y conjeturas a las que les gusta jugar (mostrándolas virtualmente).

Como nos dice Baricco desde el principio la mayoría de los occidentales hemos aceptado de que vivimos una revolución sin precedentes  que no sólo va a cambiar nuestro modo de vivir la vida y nuestros actos y actitudes, sino que es irreversible y sin darnos cuenta ya la hemos aceptado y la hemos integrado en nuestra vida cotidiana. Pero presenta unas características inquietantes: nos propone un tipo de mundo que no sólo no sabemos entender cómo funciona sino que desconocemos cuáles son sus propósitos y objetivos e ignoramos su escala de valores y sus principios éticos. Otra cosa es un carácter "líquido", su suavidad engañosa, su festiva y totalizadora inteligencia, su descarada proposición de desgajarse de la realidad y explosiva tendencia a imponerse para crear una realidad virtual donde todo es más amable, ligero y brillante. A consecuencia de ello las personas -creen algunos críticos- cada vez tienen más restringido su ámbito de libertad y de intimidad y delegan muchas de sus funciones, decisiones y opiniones a máquinas, algoritmos o datos, fascinados por la brillante y cómoda superficialidad del mundo digital que se nos ofrece, en tanto el nuestro, el ambivalente y complejo mundo real pierde profundidad. 

Baricco nos propone un viaje por los "fósiles",  los orígenes, de esta revolución tecnológica que está provocando un trastorno global de nuestra mente. ¿O es ésta la que ha provocado la revolución digital? Una insurrección contra los sacerdotes, los grandes maestros, los intermediarios, que dominaron el siglo desastre, el XX. Ahora son desterrados del Juego. Y así conocemos la estructura de aquellos primitivos videojuegos a los que jugaban aquéllos jóvenes que hoy mandan y encabezan el mundo digital. Desde los "Space invaders" (1978) ya mostraba las reglas mentales de su revolución: todo se jugaba rápidamente,  sin parar, sin instrucciones, aprendiendo mientras se juega, aumentando los niveles de dificultad, para obtener la inmediata gratificación en forma de puntos. ¿Les suena? En lugar de puntos el juego ha virado a los me gusta de Facebook.

Los mandarines actuales, los jóvenes de finales del XX y principios del actual, ingenieros, informáticos, inventores, licenciados, no seguían principios filosóficos o éticos. Estaban en contra de la cultura del momento, con su sangriento y caótico pasado. Inventaron los videojuegos  como una manera de preparase para dirigir a las máquinas y a programarlas. Todo dirigido hacia la creación del mundo de hoy digitalizado, el "Game", donde gradualmente casi todos los gestos y actitudes humanas están facilitadas por los instrumentos, en un entorno donde desde encender las luces con un chasquido de los dedos o comunicarse  con los antípodas con un simple "click" o realizar nuestras compras, trabajos, diversiones o proyectos siguiendo el código, hombre-teclado-pantalla o cada vez más, hombre-pantalla directamente, y de una forma muy agradable y cómoda, volcando utilidades, apps, información, con un solo dedo, suavemente, como una caricia. Y sin instrucciones, sin intermediarios, la pantalla y tú. Como un juego. Y de hecho lo es. Adiós a la profundidad. ¿Es esto bueno? Lea el libro. Vale la pena. 

FICHA

THE GAME.- Alessandro Baricco.- Ed Anagrama.Trad. Xavier González Rovira.331 págs. ISBN 9788433964366

 

 

 

 

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7 agosto 2019 3 07 /08 /agosto /2019 16:09

 Askesis es una palabra griega que designa un tipo de ejercicio filosófico y espiritual. Este implementa un proceso de pensamiento cuyo objetivo está relacionado con la mejora de la persona, de sus pensamientos y la correspondiente coherencia con sus acciones o actitudes. De ella procede la palabra latina Ascesis, que conformaba una serie de reglas y prácticas tendentes a liberar el espíritu y forjar un comportamiento virtuoso (de donde proviene el adjetivo ascético) con gran importancia en la vida religiosa desde la Alta Edad Media hasta prácticamente el siglo XXI.  En nuestros días el filósofo practicante, no el académico o meramente pedagógico o especulativo, se plantea su existencia y su pensamiento como una aventura espiritual, una apuesta radical que cuestiona todo tipo de creencias sociales, políticas o intelectuales, analizándolas por el rasero inclemente de la ética del ejercicio cotidiano, negándose a aceptar esa esclerosis de la filosofía que se conforma con el relativismo de la transgresión como mal menor.

Los griegos llevaron a la excelencia sus actitudes críticas ya sea con la radicalidad de los escépticos o los cínicos o la más equilibrada oposición de los estoicos o los epicúreos. Pero son las escuelas orientales filosóficas las que logran aunar con maestría la postura filosófica con la práctica política o social. La taoístas y confucionistas llevan a la vida cotidiana el sentido de la estrategia, la eficacia y una ética basada en la norma natural universal del proceso de la existencia.  Todo ello, a diferencia de los griegos, formulando ideas intuitivas sin establecer modelos teóricos de pensamiento, sino tácticas y estrategias de comportamiento  individual y social, aplicadas a un proceso permanente de devenir, regulado por una lógica que hay que descubrir y respetar.

Los taoístas dicen: no hay que forzar nada, no hay que controlar, es preciso seguir con atención la marcha de las cosas, aprovechar ese potencial, esa energía en transformación y adaptarte al curso y a la orientación de ese proceso, para actuar en el momento más favorable. Fundamentalmente actualizar nuestro potencial moral, madurarlo y permitir una acción espontánea y natural que se ajuste al proceso como un elemento más. El filósofo debe combinar la virtud (la ética, el altruismo, la generosidad) y la eficacia práctica. Lo importante es percatarte que la existencia es duración, proceso invisible, no acontecimiento ocasional e inquietante, lo nuevo, sino la persistencia de lo ordinario, el sereno proceso de las cosas que no necesitan ser forzadas. En ese proceso es posible inducir cambios lentos y profundos en los momentos favorables, que son más persistentes que las rupturas o enfrentamientos, los cuales sólo provocan antagonismos y rupturas del orden de las  cosas.- ALBERTO DÍAZ RUEDA 

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