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19 julio 2019 5 19 /07 /julio /2019 18:03

¿Qué hubiera sido de la humanidad si no hubieran existido el lenguaje y la escritura? Seguramente jamás hubiéramos llegado a inventar la bomba atómica, al exterminio burocrático-científico de millones de personas en campos de concentración, a provocar hambrunas, éxodos y matanzas por todo el planeta, a contaminar las aguas, la tierra y los cielos hasta límites apocalípticos, a hacer desaparecer inexorablemente cientos de especies animales y vegetales (nuestros supuestos compañeros de hábitat) a entender que la violencia, el abuso, el engaño y el robo forman parte indivisa de nuestra existencia cotidiana... y tampoco hubiéramos disfrutado del Quijote, de Shakespeare, Dickens, la Divina Comedia, Milton, los Vedas, las Mil y una Noches, del Sócrates de Platon, Epicuro, Aristóteles, Kant, Montaigne, Descartes, Wittgenstein, Russell los libros de Historia, de grandes viajes, Darwin, Einstein, los geógrafos desde Ptolomeo a Humbolt... sin los textos que la amparan y canonizan no habría profundas calas de espiritualidad en la mente humana y el acervo cultural de la Humanidad no existiría. Seres simiescos a los que nunca conmovería el teatro, el cine, la música...

La pregunta es retórica y se abre a una dicotomía insalvable: la barbarie y el instinto de supervivencia de la horda primitiva o la ambivalente carga de la historia que hemos inventariado tras miles de años de signos gráficos con significado, códigos en cuyas entrañas late la identidad de pueblos y personas y el reflejo histórico de esa relativamente breve y efímera presencia, con un trasfondo dramático de imperios que surgen, florecen y mueren, a veces sin dejar rastro, del florilegio de ideas políticas, sociales, científicas o filosóficas que van dinamizando el desarrollo, progreso y a veces destrucción de naciones e individuos. Más de cuatro mil años de literatura universal convierten en mera tentativa caprichosa e incompleta cualquier intento de reflejar una variedad y complejidad casi inagotable. El libro de Martin Puchner picotea aquí y allá sin pretender en ningún momento la locura de tratar de ser exhaustivo. 

Puchner, catedrático de literatura europea de Harvard, recurre a dieciseis textos que él considera fundamentales buscamdo a través de viajes personales contextualizar dichas obras con el ambiente en el que nacieron, al menos de forma indirecta inevitable dada la distancia cronológica y los enormes cambios habidos. Aunque en algunos, como el Sáhara (desde donde evoca la "Epopeya de Sunjata") o la selva mejicana y centroamericana donde aún alguien habla del "Popol Vuh".

El autor considera esos textos como "fundacionales", que "solían estar custodiados por sacerdotes que los atesoraban en el corazón de los imperios y naciones, mientras que los reyes los impulsaban porque sabían que un relato podía justificar conquistas y proporcionar cohesión cultural.” Como es natural en la historia de la cultura hay una dinámica progresiva, desde los escasos de tiempos antiguos hasta que "a medida que se extendía su influencia fueron apareciendo nuevos textos hasta que el globo se fue pareciendo más y más a un mapa organizado por la literatura, por los textos fundacionales que dominaban una determinada región”. El creciente poder de esta clase de textos situó a la literatura “en el centro de muchos conflictos, entre ellos las guerras de religión.” O más tarde, nos dice Puchner, de forma un tanto reduccionista,en la Guerra Fría, "en gran medida una guerra entre textos fundacionales: La Unión Soviética se había fundado a partir de las ideas articuladas en un texto mucho más reciente que la Biblia: El manifiesto comunista, escrito por Marx y Engels y leído con avidez por Lenin, Mao, Ho y Castro.”

Para seguir una coherencia cronológica, nuestros autor nos lleva desde el arcaísmo de escribas que compilaban textos orales recitados por aedos ante multitudes casi hipnotizadas por el poder evocativo de las palabras, es decir obras como Gilgamesh, la Biblia hebrea del Antiguo testamento, la Iliada o la Odisea. Más tarde serán textos inspirados por Buda, Sócrates, Pitágoras, Demóstenes o Jesús. Seguirán los escritos y publicados minoritaria y limitadamente por los grandes maestros literarios y filosóficos, adorados por la aristocracia y la burguesia. Llegando a la eclosión de la imprenta, la producción masiva y las masas alfabetizadas..hasta la radical revolución digital de internet, cuyo camino futuro está tan lleno de angustiosos interrogantes, como de comodidades impensables y aspectos positivos lo está en el presente.

 

FICHA

EL PODER DE LAS HISTORIAS.- Martin Puchner. Ed. Crítica. Trad. Silvia Furió. 394 págs. 23,90 euros. ISBN 9788491990260

 

 

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5 julio 2019 5 05 /07 /julio /2019 09:34

Vaya de entrada que Arturo es amigo mío, viejo colega con el que me entrecrucé durante años por diferentes lugares de Europa y aledaños y que ahora ha recalado en mi periódico de toda la vida, "La Vanguardia", añadiendo un eslabón más a la cadena amistosa que nos une. Esto no es excusa ni salvoconducto: nos conocemos y nos respetamos. Con lo cual todo queda dicho. Su "novela" que es más una autoficción realista que una narración, tiene una gran virtud y un pequeño defecto. La virtud es que en sus páginas late la energía, el humor, la ironía, la observación y la fuerza comunicativa de un  maestro del periodismo. El "defecto" es que no es una obra de creación literaria, ni trata de ser un original y renovador constructo novelesco: es una divertida. dinámica narrativa de semi ficción, en la que las tierras de Aragón quedan reflejadas con una gozosa contundencia semejante a la que Cervantes nos mostró con la Mancha del siglo XVII.

El punto de Arturo en "Pluma de buitre" es el uso discreto de una suerte de "realismo mágico" que parece un guiño a los que conocemos su estilo periodístico, algo desaliñado, barojiano y coloquial. Pues guiño es lo del fantasmal "winchester", su funda de cuero y la fantástica cualidad del arma de ser visible sólo a algunas personas. Eso da para mucho, como aquél "amigo invisible" que en la tele americana de los años 50 hacía las delicias  del personal, o la mula Francis, una especie de Sancho Panza en mula -que sólo hablaba en presencia a solas de su dueño- que alborotaba a carcajadas los cines de barrio en las tardes de domingo de mi infancia. No se trata del realismo mágico de García Márquez o el gallego Cunqueiro (ambos con ramalazos poéticos) sino de un cachazudo y sarcástico humor aragonés que San Agustín domina como nadie. Y todo ello trufado de cierto aire a western en blanco y negro o technicolor como los que he citado, tan abundantes en los  ocultos y luminosos meandros de la lejana infancia.

Precisamente este es el leith motiv básico de nuestro autor en esta novela atípica que busca la complicidad del lector (y más si es aragonés). Aragón se cuela entre las fisuras de la narración como una piedra de toque sobre la que el niño, el adulto y el hombre de edad que es el escritor va haciendo sonar la moneda de su naturaleza. Como en la realidad, lo que nos cuenta Arturo tiene que ver también con el desgarro íntimo que produce el interesado desgarro entre dos comunidades hermanas que están condenadas a entenderse a pesar de los obstáculos que los nacionalismos exacerbados van poniendo en esa entente natural que ofrece tierras de frontera que no entienden de límites geográficos y muchos menos políticos. Es una aberración natural que los hombres imponen en contra de la misma tierra.

Es una historia que va cabalgando entre las sombras queridas de un José Antonio Labordeta, inspirador áulico de este libro y otros como Javier Tomeo o el mçistico profeta en su tierra, Miguel de Molinos, o el oscense Ramón Acín. Todo aliñado con,los tópicos del western, con valles, montañas y mallos  de Riglos que evocan la Gran Valle Rocoso de John Wayne y hablando de Wayne, con aquella Maureen O´Hara de raíz irlandesa, pelirroja e indómita que nos enamoró de niños en "El hombre tranquilo" y que resuena en el imaginario de Arturo en memoria de su abuela irlandesa. Y como no podía ser menos en un cinéfago, hay un McDuffin, un pretexto que sirve de engarce y estímulo a la narración: una misteriosa cita bíblica que nos acompaña por toda la lectura y que el protagonista recibe cada  día a través del WattsApp, hablando de los engendramientos del Antiguo Testamento.

Un libro entrañable que se lee como un gran reportaje periodístico que se escapa de vez en cuando hacia la ficción y la autobiografía encubierta.

PLUMA DE BUITRE.- Arturo San Agustín.- Los libros del gato negro.-298 págs. ISBN 9788494865152

 

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2 julio 2019 2 02 /07 /julio /2019 15:34

Isaiah Berlín es uno de los grandes pensadores liberales del siglo XX y tal vez uno de los menos conocidos fuera de los ámbitos académicos y políticos. Nació en Letonia en 1909 y murió en Inglaterra en 1997. Algunas de sus ideas han sido capitales para la teoría política de los últimos veinte años, así sus "Dos conceptos de libertad", en la que desarrolla su sutil distinción entre libertad positiva, reflejada en la ley y en la auto realización del individuo, defendida por algunos filósofos de la Ilustración y antiliberales tipo Fichte o Rousseau , que darían lugar a un concepto autoritario de la libertad y el surgimiento de ideologías totalitarias) y libertad negativa (ausencia de barreras y obstáculos en el ejercicio de la libertad política sea cual fuere su signo). 

Otra de sus ideas críticas se refería al nacionalismo y presentaba a Kant como origen desconocido del nacionalismo.  Kant parte de una premisa que parece muy alejada de su "saludable internacionalismo, racional, liberal", ya que incluso en sus formas moderadas, el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo”. Así es especialmente en el siglo XX , propenso a desembocar en una opresión  destructiva . La autonomía de una nación o sociedad, fines en sí misma, en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó sólo como teoría ética) fueron integradas en las radicales ideas de  Herder y Rousseau para formar un explosivo mensaje político que a su debido tiempo conduciría a terribles excesos. Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma brutal en el siglo XX y XXI , a pesar de que opinaba que el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguien o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

Respecto a Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo".

Algunos políticos deberían leer a Berlin cuando nos hablan de libertad, a fin de delimitar con claridad a qué libertad se refieren y dicen defender. Y analizar a este autor cuando anatematizan el nacionalismo, sin pararse a pensar en el trasfondo dañado de los nacionalistas. Si comprendemos eso, quizá podría haber diálogo y no dos monólogos enquistados.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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1 julio 2019 1 01 /07 /julio /2019 18:20

Las I y II Guerras Mundiales constituyen dos de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano en el supuesto nombre de Dios, el Honor, la Patria, la Libertad y... paradójica y cínicamente, la Paz y el Progreso. Entre los miles de libros publicados sobre los dos conflictos mundiales, hay que desechar los obviamente tendenciosos, los triunfalistas y los revanchistas. Pero también ha habido historiadores que han tratado de ser objetivos, han tenido acceso a mejor información (conforme pasan los años es posible el acceso a determinadas fuentes, antes cerradas) y tienen una percepción más cercana a los elementos reales de la contienda. En realidad los historiadores de ambas catástrofes tratan de encontrar razones y justificaciones causales, políticas, económicas, sociales y a veces dan con sesgos informativos inesperados, loo que aumenta la riqueza documental y permiten una visión histórica no tan alejada de lo que realmente ocurrió (cuyos detalles y complejidad jamás serán entendidos y conocidos). Lo cierto es que algunos, los que dejan entrar un sentido ético básico por la rendija de los hechos y los datos, acaban  admitiendo, en general, que las dos sangrientas y destructivas contiendas mundiales se basaron en último término, como siempre, en la salvaje, bárbara, pulsión codiciosa y genocida que embarga a menudo en nuestra historia  al ser humano sin distinción de credo, cultura, raza o nacionalidad. 

Pero al margen de estas consideraciones filosóficas y éticas, lo cierto es que los dos libros que hoy recomendamos, debidos al historiador británico James Holland, "El auge de Alemania" (La II Guerra Mundial en occidente, 1939-1941) y "El contraataque aliado" (La II Guerra Mundial...1941-1943) logran dar una idea más amplia y pormenorizada (aunque no definitiva en modo alguno) aportando algunos datos interesantes y un recto sentido común en la valoración de los hechos, incluso enfatizando la deriva que suelen tomar los historiadores desde los años clásicos en que se objetaba: "la historia la escriben los vencedores" y el "Vae victis" (Ay de los vencidos) legendaria frase del jefe de los galos al arrojar su espada a la balanza donde se estaba depositando el oro con el que los romanos se hacían pagar la retirada de los guerreros supervivientes del campo de batalla.

Holland que ha hecho de la historia y concretamente de la II GM,  una lucrativa profesión multimedia (documentales para la tv.), emplea una excelente prosa y una convincente documentación en desmontar algunos mitos creados por las potencias vencedoras sobre el potencial bélico nazi (más o menos insinuados por otros historiadores  más cercanos a los hechos bélicos y que se mantenían menos fagocitados por la propaganda aliada). Conforme uno va adentrándose en la respetable densidad de estos libros atraído por el enfoque más atento a la realidad logística y operativa de los contendientes que a las grandes lineas de la teoría estratégica, política, táctica, se va comprendiendo que el ejército alemán no era el dechado de perfección de movimientos y mecanización. Mas bien al contrario, Holland demuestra que si alguien podía presumir de logística mecanizada eran los aliados, principalmente tras la entrada de EE.UU. en el conflicto.

Tampoco la épica redentora de la Inglaterra enfrentándose cual David y su honda a un Goliat pertrechado hasta los dientes y rodeado de aviones, tanques y divisiones que se movían por el tablero bélico como corceles árabes, respondía a la realidad, sino al montaje escénico que los aliados y particularmente Londres se montó para motivar al pueblo inglés y a los países de Europa ocupados. Los alemanes no eran, ni con mucho, esa prodigiosa máquina de invadir, bien engrasada, de uniformes relucientes y armas definitivas. Su logística tenía enormes fallos y carencias y como se vio en Stalingrado y otras batallas, el nivel carencial de los soldados y la falta de camiones, aviones y tanques fue respoonsable de bastante de las derrotas y en definitiva de las retiradas alemanas. Además, como nos recuerda Holland la Gran Bretaña no estaba sola, tenía a toda la Commonwealth, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, India y Sudáfrica aportando hombres, material y alimentos.

Holland demuestra que no debemos dejarnos influir por los megadatos de movimientos de tropas, "cuanto más soldados participan en una batalla más eficiencia se pierde" y apostar por algo que ya en nuestros días es evidente: hay que potenciar la tecnología y la mecanización, o como se resumía de un modo algo duro: "más acero y menos carne". En 1940 nos dice Holland, los británicos eran la única potencia mecanizada al 100%, por 47  soldados por vehículo motorizado en Alemania. Según nuestro autor la derrota de Alemania estaba clara en el horizonte de 1941 (en diciembre los aliados se robustecen con la entrada de Rusia y Norteamérica) y fue definitiva tras la batalla de Stalingrado en 1943. La única posibilidad nazi era haber conseguido la bomba atómica, pero Hitler se decidió por los cohetes como alternativa (que solo sirvieron para aterrorizar a la población londinense) ya que la tecnología nuclear estaba en mantillas en Alemania.

Tanto el primer tomo como el segundo destacan por la dinámica redacción, el ritmo endiablado, la riqueza de aportaciones documentales y personales testificativas, la bien fundamentada descripción de los escenarios y los contextos y circunstancias de los hechos narrados. Pero el lector no debe esperar revelaciones espectaculares sobre aspectos que aún hoy siguen encerrados bajo el manto del enigma o de las hipótesis novelescas, aunque disfrute de un acopio documental en muchos casos más exacto y pertinente respecto a lo ya publicado desde el fin de la guerra. Como no se cansa de repetir  Holland, los hechos se ven de distinta manera cuando reflejas la "economía material" de los contendientes:  “Es entonces cuando te das cuenta que Alemania no estaba preparada para la guerra. No tenía acceso al Atlántico, no tenía colonias o reservas de petróleo, ni acero ni reservas de comida suficiente… Los estadounidenses y los británicos tenían recursos de sobra y ganaron el conflicto construyendo tanques y armamentos las 24 horas del día todos las semanas del año”.

En el segundo tomo, "El contraataque aliado", éstos toman la iniciativa bélica y los enfrentamientos adquieren un sesgo distinto, Dunkerque queda en la memoria como un incomprensible fallo de Hitler y la entrada de Rusia y Estados Unidos  en el escenario dará la vuelta a la situación y acelerará la derrota nazi. Aqui Holland desmonta con argumentos la creencia que estimaba Rusia (a partir de la Operación Barbarroja)  como la clave de esa derrota y propone otros escenarios como elementos decisivos en el cambio de sesgo de la guerra, como la batalla del Atlántico con la derrota de los submarinos alemanes (tras el desciframiento de la máquina Enigma y el avance tecnológico en radares) y la campaña del norte de Africa que infligió un daño irreparable a la moral militar nazi.

Nuevamente Holland echa mano de un apabullante muestrario de personal militar y civil, testigos y participantes en los hechos, cuyos testimonios dan una riqueza y amenidad a la narración que por sí mismas elevan el valor de estos volúmenes de meros libros de historia a documentales en los que se nos ofrece el contexto humano, social, económico y civil, de hechos históricos bien conocidos que quedan insertos en una visión panorámica más completa y ganan en complejidad y poder informativo.

Pero también se nos ofrecen elementos de juicio que elevan el interés que nos produce el texto de Holland, como las indecisiones de Montgomery en el norte de Africa que permitió huir y reorganizarse a los nazis bajo el mando de Rommel, aunque éste acabaría siendo derrotado. O las fluctuaciones en la batalla del Atlántico con los U-Boote alemanes y las reticencias norteamericanas a coordinar el modo de lucha. Aspecto que cambiaría radicalmente por varios motivos, la tecnología de comunicaciones cifradas y los radares, unido a la producción asombrosa norteamericana de material y embarcaciones (los barcos Liberty como ejemplo, que se construían en pocos días cada unidad).

Al terminar la lectura de estos libros, uno se percata de que en las guerras la primera víctima es la verdad y el arma principal es la falsa información, los fake news, los mitos, las exageraciones interesadas y muchas veces la falta de sentido común y el exceso de ego militar o político. ¿Simplicidad?  No. Pura lógica operacional tal como la define Holland: "los medios y la logística necesarios para lograr que la estrategia y la táctica consigan sus objetivos". Ni Alemania era la invencible némesis de los ejércitos, ni Inglaterra era una figura desdeñable y solitaria, ni los aliados supieron oponer un frente coherente y ajustado. Los egos de algunos generales y políticos aliados entorpecieron e hicieron peligrar la derrota de los nazis que, afortunadamente, también estaban sobrados de egos, con el ego patológico de Hitler en primer término (debería analizarse hasta qué punto la vanidad mesiánica de Hitler no fue una ayuda inapreciable para la victoria aliada). Habrá que esperar  el tercer tomo.

FICHAS

EL AUGE DE ALEMANIA.- James Holland.-La II GM en occidente, 1939-1941.- 885 págs. Trad. Emilio Muñiz.- Ed. Ático de los libros.- ISBN 9788416222629

EL CONTRAATAQUE  ALIADO.- La II GM en occidente, 1941-1943.- James Holland.-Trad. Joan Eloi Roca.- 928 págs. Ed. Ático de los Libos.- 39,90 euros.- ISBN 9788417743017

 

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27 junio 2019 4 27 /06 /junio /2019 16:18

Stanley Milgran, fue un psicólogo experimental judío norteamericano que trabajaba como profesor ayudante en Harvard en los sesenta. Diseñó varios experimentos con participación pública que la dieron una enorme popularidad, aunque bastante ambivalente: eran tan denostado como admirado. Hubo quien lo calificó de inmoral y recibió críticas muy duras de sus colegas, pero uno acaba preguntándose si no les gustaba el psicólogo y sus métodos o lo que Milgran descubría con sus experimentos sobre los seres humanos "normales", el tópico e hipervalorado ciudadano medio de los Estados Unidos (pese a que sus descubrimientos eran extrapolables a cualquier nacionalidad). En 2015 se filmó una película ("Experimenter") dirigida por Michael Almereyda sobre el trabajo de Stanley, prematuramente fallecido en los 80 a causa de un infarto . 

El experimento más importante y "escandaloso" de Milgran analizaba un fenómeno humano: la obediencia ciega a una autoridad supuestamente legal, aunque las órdenes recibidas fueran cuestionables ética y humanamente para el sujeto. La inspiración de Milgran para diseñar ese experimento tiene un nombre: el jerarca nazi Eichmann y el juicio que Israel le hizo en 1961 tras secuestrarle en Argentina. Eichmann  no aceptó su culpabilidad en ningún momento, alegando que sólo obedecía órdenes y que era un simple contable cuyos números y géneros podían ser desde seres humanos para los hornos crematorios a personal para las fábricas del régimen de Hitler. No sentía desprecio u odio hacia los judíos. Para él eran simplemente números. Eichmann fue ahorcado.

Milgran pagó a personas de diferentes clases sociales, razas o religión para que se sometieran a las reglas de su "estudio". Se trataba de saber hasta qué punto una persona "normal" puede volverse un verdugo "por obedecer órdenes". Los resultados fueron abrumadores. Más de un 60 % llegaron a infligir un supuesto "daño mortal"  y sólo un 10% se negaron a cumplir la orden de aumentar el castigo. El resto, se detuvieron en diversos grados de castigo. Evidentemente, no se hizo daño a nadie ( el "castigado" era una persona del equipo de Milgran, a la que no veían los sujetos del experimento, pero sí oían sus gritos de dolor). El motivo de castigo (descargas eléctricas que aumentaban de grado tras cada respuesta errónea) era una hipótesis inventada: el aprendizaje y la memoria aumentaban cuando se infligía dolor al sujeto. 

Un porcentaje tan alto de honorables ciudadanos que no tenían claras las prioridades éticas podría ser rebasado con creces en el siglo XXI. Pensemos en esas generaciones de jóvenes acostumbrados a la barbarie violenta a través de video juegos y películas. En esos militares que envían desde sus pantallas drones armados a terminar con "enemigos" con tal contundencia explosiva que causan daños enormes y muertes a personas  a las que ven como elementos de un video juego. ¿Estaremos mutando y perdiendo la sensibilidad ética o sólo es la misma faceta bestial que ha mostrado el ser humano durante toda nuestra sangrienta historia? Quizá unicamente ha cambiado el modo, el entorno, el juego. Parece que los humanos tienen una mezcla de los genes de Hitler, Tamerlán, Atila o Stalin en su código genético de especie. Sólo hay que darle "motivos justificados" para despertar.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 junio 2019 1 17 /06 /junio /2019 09:58

Zygmunt Bauman, sociólogo polaco que falleció en enero de 2017, se hizo sumamente popular por la desnuda brillantez de su crítica rotunda al modelo de sociedad en que vivimos y, sobre todo, en la amenazante y progresiva degradación que ese modelo comporta. La originalidad de este pensador estriba en su uso del término "líquido", una definición compleja de estado, aplicada al modo de vida, el amor, la economía y otras actividades sociales y humanas (en muchos casos rozando conceptos filosóficos de Russell, Marcuse, Althusser, Habermas, Adorno, Fromm y Huxley entre otros).

Para Bauman vivimos en una sociedad posmoderna que tiene características "líquidas"  ya que en ella "las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas". Ese tipo de sociedad refuerza constantemente un estilo de vida incapaz de mantener una forma o un modo de vivir determinados durante mucho tiempo. Como escribe Bauman "los logros individuales --en esta sociedad moderna líquida- no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos". ¿Dónde nos va a llevar esto? Bauman  tiene la honestidad de afirmar "ninguna estimación de la evolución futura de esta sociedad líquida y sus individuos poder ser considerada plena y verdaderamente fiables", ya que "la extrapolación de hechos del pasado con el objeto de predecir tendencias futuras no deja de ser una práctica cada vez más arriesgada y ....engañosa".

¿Por qué es así? Basta que observen como en poco tiempo estamos más destinados a que nuestras posesiones, nuestros valores, nuestras actitudes, se escapen entre los dedos como si fuera agua. No hay ningún futuro certero, concreto, fiable, la celeridad de los cambios impide que nada se solidifique, ya que todos los futuros que puedan darse, serán reinventados una y otra vez en un bucle que no acaba nunca. Bauman nos muestra un mundo de desasosiego, de crisis vital, en el que nos da una visión diferente de lo que estamos viviendo. ¿Cuál es el propósito? Hacernos pensar en nuestra vida personal, en lo que está sucediendo, y en cómo vivir en relación con una sociedad, un mundo, una cultura que nos lleva justamente a perder nuestra identidad. 

En un mundo en el que la inmediatez, lo perecedero, es  lo que prima (cosa que aceptamos con la mayor inconsciencia) es preciso reflexionar, buscar, informarnos para poder entender el tipo de mundo que se nos presenta y tal vez hallar un estilo de vida que pueda minimizar los impactos negativos de la "vida líquida", un mundo de consumo, en el que aquello que consumimos está destinado a cambiar y desaparecer en poco tiempo. Y afirma: "...la vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante"

En la actual Postmodernidad las personas pasan a ser regidas a un nivel planetario quedando el Estado reducido a ser un simple subalterno del mercado. Y en esta época socio histórica "la vida líquida consiste en la imposibilidad de solidificar los esfuerzos de la persona en algo tangible, esto es, el hombre postmoderno verá como su trabajo, sus amistades o su pareja están sometidos a procesos ininterrumpidos de cambio que no puede prever, ni siquiera alcanzar a entender".  Vivimos acosados por las dudas y la inseguridad, incluso en el ámbito del consumo regido por la obsolescencia programa de los productos y las novedades continuas de objetos sustitutorios con una vida efímera (observad los móviles).

Toda producto tiene fecha de caducidad. Hasta nosotros o nuestra vida de relación social o sentimental (facilidad para deshacer una relación amorosa que ya no nos aporta la necesaria dosis pasajera de felicidad).

No es fácil leer a Bauman. Pero sí es sumamente sugerente y tanto sus diagnosis como sus proyecciones son tan interesantes como  alarmantes, ya que ayuda a entender el mundo en el que vivimos. Como cuando nos habla del aglutinamiento paulatino de riqueza en muy pocas manos o la progresiva influencia de lo privado sobre lo público. "En las últimas décadas vemos como los espacios públicos (parques) en las ciudades se van sustituyendo cada vez más por espacios privados (centros comerciales)".  También, cómo no, nos habla de la "influencia que todo este proceso ha tenido en la educación con su vertiginosa obsolescencia y su rápida privatización".

Este libro, que no llega  a ser un texto científico,  tampoco es un texto de divulgación, su lectura es exigente y sólida, aunque no nos agobia, si nos exige atención. Y una curiosidad: se trata de un texto publicado en 2005, creo. Su aterradora vigencia dice mucho en favor de Bauman y muy poco en favor de la inteligencia social humana del siglo XXI. Como cuando nos alerta analizando la sociedad norteamericana en unos términos extrapolables casi en su totalidad a nuestras democracias europeas:"...esa impotencia del electorado producida por la ignorancia, la incredulidad general en la eficacia del disenso frente al poder y la no implicación en la política, son capitales políticos necesitados y muy bien recibidos bien por un gobierno impaciente por librarse de las constricciones que una democracia más fuerte impuso sobre sus dirigentes. La dominación a través de una ignorancia y una incertidumbre deliberadamente cultivadas resulta más potente y económica que un gobierno fundamentado sobre un debate de los hechos y un esfuerzo persistente de acuerdo sobre la verdad y las formas menos arriesgadas  de proceder." Y termina con un diagnóstico certero: La ignorancia política se perpetúa a sí misma y junto con la inactividad da los medios con el que trenzar la cuerda que ata a la democracia de pies y manos. Por tanto, "necesitamos la educación permanente para tener opciones entre las que elegir. Pero la necesitamos aún más para promover las condiciones que permitan que esa elección esté a nuestro alcance y dentro de nuestras posibilidades".

 

FICHA

VIDA LIQUIDA.-Zygmunt Bauman.-Trad. Albino Santos.-Ed. Austral.-206 págs. ISBN 9788408040958

 

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14 junio 2019 5 14 /06 /junio /2019 09:30

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 

 

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3 junio 2019 1 03 /06 /junio /2019 11:29

El sutil e irónico I. Berlin, ese pensador nacido en Letonia con el siglo XX y fallecido en Inglaterra en 1997 con 92 años de edad, se sirvió de una fábula  de Arquíloco, un poeta griego del siglo VII aC, en el que decía "muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una sola y grande" para diferenciar a lo que calificaba de dos tipos de personas,  dos estereotipos más bien, entre los que apuntaba a filósofos, políticos, artistas o ciudadanos comunes y corrientes y los diferenciaba.¿Cuál era la característica que los diferenciaba? Los "erizos" sostienen una visión central y sistematizada de la vida. Creen en un principio ordenador y centrípeto que da sentido a la existencia. Es el caso de Dante o de Platón, de Nietzsche o de Proust, Marx o Freud. Su manera de pensar y actuar se vertebra sólidamente en torno a unas ideas capitales y coherentes, aunque cerradas y que se contentan consigo mismas, fiel y norma del acontecer.

Los "zorros" tienen una visión centrífuga de una realidad que por definición es dispersa y múltiple. El concepto de la existencia y la realidad no obedece a ninguna norma estable o coherencia estructurada, sino que respetan su diversidad dinámica. Los hechos pueden tener particularmente una coherencia, pero la totalidad, el Todo,  admite la contradicción y vive de ella, dispersándose en la multiplicidad y en un caos aparente, que es la forma como llamamos a un orden que no entendemos. Berlin ve a los zorros personificados en tipos como Aristóteles, Shakespeare. Goethe, Joyce o Balzac.

¿El cristianismo es al erizo lo que el taoísmo o el budismo es al zorro? Apuntando un poco más bajo, Berlin sugiere: "en todo erizo hay un fanático potencial; en todos los zorros hay un escéptico permanente".¿Séneca es un erizo? Su célebre frase: "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt", (Los hados conducen a quien acata sus decisiones, a quien se resiste le arrastran), fue adoptada como lema por el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, autor de "La decadencia de occidente", publicado meses antes del Armisticio de la I Guerra, cuyo pesimismo cultural fue confirmado dramáticamente por la II Guerra Mundial y parece estar muy activo en nuestro siglo. ¿Vivimos en el siglo de los erizos? ¿Trump es un erizo? ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 junio 2019 6 01 /06 /junio /2019 07:48

 

La novela de frontera es un género originalmente concebido en Norteamérica y Canadá (aunque siguiendo la estela de Homero y su Ulises), como las novelas de carreteras y largos viajes en auto o las de pioneros avezados que se pierden por interminables llanuras o montañas agrestes en busca de fortuna, identidad o soledad absoluta Las tres novelas que hoy comentamos son de esa nacionalidad americana y paradigmas de esa pulsión de una raza relativamente joven que se lanzó a descubrir la vastedad de su mundo y a conquistarlo ya sea con el rifle o la biblia, el genocidio o el mestizaje, el capitalismo avanzado o el pragmatismo protestante más agudo. Sin embargo mi propuesta es más ambiciosa y menos localizada en el tópico USA. Hay muchos tipos de fronteras y tantos otros modos de enfocar el problema y la búsqueda. Me refiero a una frontera común, que tenemos marcada todos los seres humanos y tan sólo unos pocos se atreven a cruzar: la frontera interior. La que separa al Yo del Otro y la que nos defiende de lo Otro. Esa frontera también tiene sus libros paradigmáticos: "El viaje al fin de la noche" de Celine, "Bajo el volcán" de Lowry o "En busca del tiempo perdido" de Proust, por citar algunos de los más conocidos. Y es que los personajes y protagonistas de Dave Eggers, Sue Hubell o el mismísimo Washington Irving, Josie, la madre aventurera de Eggers, la propia Sue Hubell, modelo de "nature writing" o el testimonio valiente y desolador de Irving en la tierra de los guerreros  pawnis, no son muy diferentes a los de Celine, Lowry o Proust: sólo  cambia el escenario en el que se desenvuelven. Todos son seres fronterizos. 

En la novela de Dave Eggers, una "road-novel",  una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana. Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una vida por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos, y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo). Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

En cuanto a Sue Hubell, su historia es autobiográfica y complementa un libro anterior, "Un año en los bosques" (también editado por Errata Naturae) donde nos pone al corriente de un territorio mítico para los naturalistas norteamericanos, las montañas Ozarks, quizá un poco desnaturalizadas por las sucesivas invasiones de hippies, aventureros, profetas religiosos y buscadores espirituales. junto a ambiciosos gestores de los medios de comunicación y entretenimiento. Hubell nos cuenta en su libro las vivencias  y experiencias de su vida cotidiana en esa zona agreste, sus vecinos, las relaciones a veces disparatadas (¿quién quiere sentirse rodeado de ufólogos fanatizados por supuestos avistamientos?) que debe entablar para lograr equilibrar su forma de vida y contarnos también el por qué de su decisión de seguir allí y el precio que exige encontrar cierto placer profundo que el lector rastrea en las descripciones de Sue.

La protagonista,en solitario, tras el regreso "a la civilización" de su marido Paul, nos va contando --es una recopilación de artículos publicados en los setenta- la abrumadora  tarea que ha aceptado, entre labores campesinas de siembra y recolección, hasta los incontables panales en los  que las abejas van libando su miel: una tarea que apenas tiene algo que ver con su profesión, bibliotecaria -es bióloga de carrera pero no ejerció- y su vida anterior, una joven urbanita norteamericana, convertida en los sesenta en hippie de mediana edad que decide romper con la civilización industrial y el capitalismo avanzado para ejercer a tiempo completo de pionera en una tierra bastante salvaje donde uno tiene que ganarse a cada momento el derecho a sobrevivir y nada se te ofrece hecho. Compaginando las labores del campo con la escritura de artículos y libros, Sue Hubbell, es una persona interesante, valiente e inteligente y una escritora sugerente y sugestiva, deslumbrante de sencillez y generosidad, que nos permite comprender el lugar real que los humanos ocupamos en la naturaleza y la importancia esencial que esta Naturaleza, con mayúsculas, tiene para nuestra simple supervivencia y hasta qué punto imperdonable  estamos llegando en la explotación y destrucción de nuestro hábitat natural. Y con una sinceridad que resulta conmovedora, como cuando escribe: "la autosuficiencia campesina es un mito difundido por las revistas de moda". Y reconoce que "al ser humana tengo un tipo de mente que me permite reconocer que cuando manipulo y altero cualquier parte del círculo hay repercusiones en el conjunto" (como contaba en su primer libro). Como curiosidad, lean todo lo concerniente a la "guerra de la miel" que enfrentó a dos aislados Estados de la Unión a mediados del siglo XIX.

El libro de Washington Irving es más un reportaje naturalista y político que un libro de viajes o de aventuras en plena naturaleza entre caballos salvajes y bisontes por los valles que forman los caudalosos ríos norteamericanos Red, Arkansas y Canadian. Irving forma parte de una comisión oficial del Gobierno norteamericano a principios del siglo XIX para negociar con los indios por las tierras de caza de éstos, lugares en disputa entre las diferentes tribus (osages, creeks o pawnis). Se trata de un viaje a caballo, siguiendo las costumbres viajeras de los cazadores profesionales, durmiendo en el suelo sobre pieles de oso y viviendo de lña caza con algunos "lujos" como el café, harina o azúcar y sal. Irving no cuestiona la necesidad de la caza -el libro abunda en escenas de caza muy emocionales-  pero trata de racionalizar su uso y reclama un cuidado y un respeto por los animales salvajes que no eran de ese siglo pero si de su genio personal y filosófico-literario. Y cuando por fin se ve más o menos obligado a empuñar el rifle y abatir un bisonte "no podía dejar de sentir una gran tristeza por el pobre animal que se desangraba a mis pies".

Por otra parte, en el mensaje de Irving, hay un análisis de la  soledad atronadora y el silencio imposible de esos lugares ajenos a la presencia humana y otro , muy contradictorio, de la vida de los indios, la dureza e inseguridad de sus existencias, los aspectos más "crueles" (para un observador "civilizado") de una cultura de la supervivencia y la conexión animista con la  Naturaleza. Y así se contrapone el exuberante amor a la naturaleza que pisa con la tristeza y el pesar por la condición humana de los indios, tan compleja, sencilla e integrada con el territorio y la deplorable amenaza que para esa cultura de alto valor supone la intención gubernamental de dominarla y aniquilarla.

Un viaje de un mes por territorios inexplorados por el hombre blanco, da para mucho a la imaginación y dotes de observación de un escritor cosmopolita como Irving, cuyo amor por culturas distintas a la propia ya había quedado demostrada (por ejemplo por la española, Irving pasó una temporada viviendo en los palacios del Generalife en la Alhambra semiabandonada de principios del siglo XIX).

 

FICHAS

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041

DESDE ESTA COLINA.-Sue Hubbell.-Traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo.-Errata Naturae.- 243 PÁGS.   ISBN: 9788416544769 

LA FRONTERA SALVAJE.-Washington Irving.-Trad. Manuel Peinado Lorca.- 302 págs. ED. Errata Naturae.-ISBN : 9788416544608    

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16 mayo 2019 4 16 /05 /mayo /2019 07:17

Henry Hardy es el nombre del magnífico editor y experto e Isaiah Berlin que durante los últimos años ha reunido y editado la extensa obra no publicada del excepcional intelectual y ensayista histórico y político, fallecido en 1997.  "El sentido de la realidad" fue el elemento básico de una conferencia pronunciada en 1953 en un colegio universitario norteamericano. Los siguientes ocho trabajos publicados en este libro pertenecen a conferencias y encargos repartido por revistas, actos presenciales o televisados en Europa, Asia, Canadá y los EE.UU.

Los grandes temas que Berlin, con su sorprendente erudición y lucidez van desde la revolución romántica como una de las crisis fundamentales del pensamiento moderno, el marxismo y el socialismo en el marco de la industrialización y el desarrollo científico y tecnológico que llega a nuestros días. Defiende la importancia de la educación y la cultura y su básica necesidad adyacente de libertad de expresión. Muy en sintonía con la actualidad también, Berlin reflexiona sobre la filosofía y su papel capital en el desarrollo político, pues como asegura en el texto correspondiente:  «La filosofía es el arma más segura y profiláctica, pues toda su historia es una advertencia contra la creencia de que hay preguntas permanentes y soluciones finales».

Lo más impresionante del alcance las reflexiones de Berlin es que sus apuntes sobre temas como el nacionalismo, el racismo o el fanatismo religioso no sólo se han revelado muy pertinentes sino que podrían  ser utilizados en editoriales periodísticas de plena actualidad, ya que sus conjeturas y reflexiones se han revelado absolutamente reales y significativas en el día de hoy. Así su mirada del nacionalismo y los fanatismos "religiosos", esos "patológicos y narcisistas" complejos sociales público que se basan en una creencia absurda e irracional en la superioridad ilimitada de determinados nacionalismos y credos sobre otras sociedades aledañas (y por consiguiente el derecho "sagrado" a luchar por todos los medios lícitos o no, pacíficos pero casi siempre violentos, por lograr los propios objetivos, generalmente proyecciones irreales de una superioridad inexistente).

El lector hará bien en detenerse, por ejemplo, en "El compromiso artístico, un legado ruso" , pero dados los problemas políticos actuales en nuestro país, yo aconsejaría un detenido análisis de los dos últimos trabajos del libro: "Kant como un origen desconocido del nacionalismo" y "Tagore y la conciencia de nacionalidad".

 El primero parte de una premisa que parece muy alejada del "saludable internacionalismo, racional, liberal" del gran maestro de Königsberg, ya que incluso en sus formas moderadas el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo; y especialmente en nuestro propio siglo (el XX, en el nuestro se ha corregido y aumentado) propenso a desembocar en la opresión cruel y destructiva y finalmente, en masacres espantosas". Nada parece más alejado, pues, del racionalismo sereno de Kant. Este defiende" la autonomía de una nación o sociedad, fines en sí mismas en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó originariamente sólo como teoría ética) se mezclaron con las doctrinas explosivas de Herder y Rousseau y formaron una masa crítica que a su debido tiempo conduciría a explosiones terribles." Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma patológica en el siglo XX y XXI. Para Kant el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguine o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

En el  ensayo siguiente y último, aprovechando la figura del poeta hindú R. Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo"

 

FICHA

«El sentido de la realidad». Isaiah Berlin.-Ensayo. Taurus, 2017. 400 páginas. 19,86 euros. Trad. Pedro Cifuentes. ISBN 9788430618569

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