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13 mayo 2019 1 13 /05 /mayo /2019 15:43

 

Bertrand Russell es uno de los grandes maestros filosóficos del siglo XX. Sus aportaciones a las matemáticas, el positivismo lógico y la divulgación filosófica son la joya de la corona de una vida que en sí misma es un ejemplo filosófico y humanístico. Controvertido, provocador, humilde y arrogante, inteligente, sensible y pertinaz, defendió sus opiniones y posturas con una enorme honestidad a un precio, a veces elevado (estuvo dos veces en prisión por sus posiciones públicas de crítica política).

Desde su atípica y genial "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de obsoleto: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.

"Retratos de memoria y otros ensayos", editado en 1956 y traducido en España en 1976, seis años después de la muerte de Russell, con 98 años, es una recopilación de artículos con contenido muy variado, aunque abundan los autobiográficos, ya sean sobre la evolución de sus pensamientos personales, como la  remembranza de los amigos de juventud y de diversas acciones emprendidas por el activísimo filósofo. Y así disfrutamos de ciertas confesiones sobre sus tempranas elecciones de estudios como las matemáticas y la filosofía, así como reflexiones agudas y sugestivas sobre temas como el camino a la felicidad, su rechazo vehemente al comunismo a pesar de haber saludado la revolución bolchevique como un acto de libertad o  su lucha perenne para evitar la destrucción de la humanidad en una guerra con misiles nucleares o el pacifismo que tantos problemas le supuso en la II Guerra Mundial y contra la de Corea o Vietnam.

Todo ello servido con una prosa elegante aunque combativa, mucha ironía y un encanto superior debido a la humildad, la clase y el desenfado con el que trata tanto a las  grandes personalidades de su tiempo,  como a los grandes temas. Como dijo Stefan Kanfer: "La filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las importantes que no tienen solución.” En sus retratos hay personajes a los que enaltece (Shaw, Wells), uno al que admira (Conrad), otro que la despierta cariño (Whitehead), alguno al que desprecia sin perderle el respeto (D. H. Lawrence) y uno por el que muestra una sarcástica indiferencia (Santayana). Pero, eso sí, justifica sus sentimientos con honestidad y sencillez, aceptando la posibilidad de estar en un error.

Agudamente habla del talento literario y espeta: “Un estilo carece de calidad si no es la expresión íntima y casi involuntaria de la personalidad de un escritor y, aun entonces, sólo tiene calidad, si la personalidad del escritor vale la pena de ser expresada.”, frase que se le podría aplicar, sin dudarlo.

De verdad, léanlo. Refrescará sus neuronas.

FICHA

RETRATOS DE MEMORIA Y OTROS ENSAYOS.- Bertrand Russell.-Trad. Manuel Suárez.- Alianza Editorial, 1976.- ISBN 8420616206.

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10 mayo 2019 5 10 /05 /mayo /2019 07:41

Un libro sobre Ortega y Gasset siempre es bienvenido aunque, como en este caso, sea una especie de reactivo emocional y filosófico hacia y contra los que han analizado desde la dureza (aunque también desde la propia honestidad, se supone) la figura controvertida pero inapelable y señera del mayor pensador que tuvo el país en aquellos años sombríos de la República y la Guerra Civil. Sin embargo, y digámoslo ya al principio, el gran error, a mi parecer, de Agapito Maestre, es  el tono agresivo,suspicaz y sarcástico con el que defiende al gran maestro que, sin duda, fue Ortega y a sus discípulos. Ni Ortega dejó de filosofar  de forma creativa desde 1932, ni fue un "maestro en el erial", pues tuvo discípulos de bastante calado filosófico;  siempre teniendo en cuenta de que hablamos de un país, España, que  suele descuidar a sus filósofos y desprecia cuanto ignora, es decir a la filosofía desde el Instituto a la Universidad, como una opción profesional sin utilidad alguna excepto para enquistarse en la enseñanza, una sub especie funcionarial de poco provecho público.

Si partimos de esa triste realidad, mucho más grave en los tiempos de Ortega que ahora, una  época que desde los años ochenta tras la masificación universitaria en la que --todavía-- existe cierta displicencia conmiserativa hacia el joven que decide estudiar filosofía. El "y eso para qué sirve" se lo he oído pronunciar ante el hijo "descarriado" a padres que son a su vez universitarios, médicos, jueces o ingenieros. Pues bien esa es la circunstancia en la que vive este libro de Agapito Maestre. Y bien sabemos que si no salvamos la circunstancia no se salva el "yo". Por tanto dejemos en paz todo ese historial de agravios que el autor despliega en defensa de Ortega. Realmente Ortega no lo necesita. De alguna manera está por encima y el tiempo se encargará de dejarlo de manifiesto, si no lo está haciendo ya.

Toda la primera parte del libro es una ampliación de las treinta y pico de defensa orteguiana de la introducción. La segunda nos muestra las opciones éticas de un Ortega que usa el silencio como discurso contra el idealismo y la revolución y la tercera habla de la "Segunda Navegación" de la filosofía de Ortega que apunta alto y lejos sobre la circunstancia española, mostrando "desde dentro" de su filosofía el alcance de su legado a las nuevas generaciones: la idea de un Estado-Nación, "una España democrática de seres humanos libres e iguales ante la ley.... en el espacio supranacional de la Unión Europea", en palabras de Maestre

El lector de este libro podrá estar o no de acuerdo con Maestre, pero sin duda admirará la entrega y pasión con la que el autor va desgranando el universo orteguiano repartiendo bastonazos a derecha o a izquierda en defensa de la pureza del texto ( como la eliminación de la expresión "la modernidad nace de la cristiandad" en la nueva edición de las OC de Ortega (tomo VIII, pág. 698).

Maestre cita a José Gaos que habla del método de escritura de Ortega de "idear escribiendo o escribir ideando". Pues ese es precisamente el estilo conceptual que elige Maestre en su libro para analizar a su admirado biografiado. Como Ortega en las "Meditaciones de El Quijote" habla de  su trabajo que "no es filosofía, que es ciencia. Son simplemente unos ensayos. Y el ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita". Maestre ha escrito un ensayo sobre el maestro Ortega, que no es filosofía, ni ciencia, pero si la prueba explícita del alcance y valor de este maestro. Y así cumple su cometido y el lector lo agradece pues llena sus páginas de  un hervor vital, una ansiedad admirativa, una "filosofía en vilo" que, aunque no estemos siempre de acuerdo con ello, nos atrae e interesa siempre.

He disfrutado este libro de Maestre como disfruté, al otro extremo del espectro el de Gregorio Morán, "El maestro en el erial", y opino que tanto el uno como el otro se complementan, pues nos muestran, a su pesar, la esencia contradictoria, sagaz, inteligente y humanísima, de un pensador que filosofó un paso por detrás de la genialidad y un paso por delante de la pedagogía, constituyendo en sí mismo la directriz básica de la filosofía: vivir cotidianamente como filósofo y persona de forma coherente con lo que se predica.

FICHA

ORTEGA Y GASSET, EL GRAN MAESTRO.-Agapito Maestre.- Ed. Almuzara.- 475 págs. -25 euros.- ISBN 9788417558178

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8 mayo 2019 3 08 /05 /mayo /2019 09:08

Steve Pinker es un conocido ensayista norteamericano que ha merecido el honor de encabezar con dos de sus libros las listas de más vendidos de los principales diarios del país y del extranjero y también del significativo detalle del magnate Bill Gates de regalar un ejemplar del último a todos los estudiantes de Nueva York que se graduaran en 2018, el año de su publicación. Se trata de "En defensa de la ilustración", donde Pinker hace un optimista esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración, razón, ciencia, humanidad y progreso (siglo XVIII) en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a abandonar su" auto culpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambiente, paz, seguridad urbana y personal, neutralización del terrorismo, derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y una tendencia a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso (que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo).

El poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay escribió en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  Hagamos un voto de esperanza y leamos con optimismo los abundantes datos que nos ofrece Pinker. Pensamos: "Así que no hay para rasgarse las vestiduras, a pesar de lo que está cayendo". Apagamos el telediario y arrojamos el periódico a la papelera: una especie de "baño de purificación moral". Así nos damos todo un seráfico fin de semana.

El lunes uno sale a la calle y comienza a ser bombardeado por noticias y evidencias,  abre los ojos y ve algunas pruebas de que, en efecto, hay algunos cambios buenos en el mundo, comparados con los dos últimos siglos. Aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es irreprochable. Pero pronto nos damos cuenta de que es un poco utópico: basta con ver qué poco razonables y compasivos es, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre los papeles de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesto, de receptores de una mala o manipulada información. Pero esto es, justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquellos nobles y honorables valores siguen funcionando. Pero la realidad es muy obstinada. Sólo queda una salida: volvamos a la "epoché" escéptica. Sigamos a Pirrón cuando nos sugiere que suspendamos todo juicio, que observemos con distanciamiento y una vez veamos claro, optemos por la actitud más justa.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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7 mayo 2019 2 07 /05 /mayo /2019 09:12

Bertrand Russell, el filósofo más marchoso del siglo XX, en sus "Retratos de memoria" habla de H.G. Wells, el "hombre con atributos" del pícaro y divertido David Lodge.  Nos habla de la sociedad de discusiones bautizadas como "Los Coeficientes" donde bastantes figuras intelectuales del momento alimentaban sus ganas de polémica inteligente. Russell no coincidí con la mayor parte de los asistentes, excepto con Wells, que compartían su rechazo al imperialismo británico y a la posibilidad de una guerra contra Alemania y de hecho de todas las guerras. Una relación más íntima y familiar se reveló como un fracaso a pesar de ser ambos partidarios del amor libre. Hace algunos  juicios severos sobre Wells, como "su valor reside más bien en la cantidad que en la calidad de lo que hace, aunque en algunas calidades roza la excelencia...y en que es un liberador del pensamiento y de la imaginación...aunque sea demasiado sensible a la opinión del público lector".

¿Coincide esto con la visión que nos ofrece David Lodge de Wells? En general, sí. Aunque nuestro autor incide especialmente en los aspectos amatorios y sexuales de Wells y en los encajes de bolillos éticos  y contradicciones personales que estuvo barajando durante toda su productiva vida, tan compleja y variada como su vida íntima. Murió a los 80 años y más o menos por esas fechas, un Wells ya envejecido y gruñón, Lodge nos introduce en su vida y a través de una hábil licencia literaria va recorriendo los pasadizos del pasado a través de una entrevista que se hace Wells a sí mismo en sus momentos de reflexión o de alelamiento, según quien los defina.  El autor de obras tan señeras como La guerra de los mundos, El hombre invisible o La máquina del tiempo, moriría el 13 de agosto de 1946 en Londres, respetado como autor de ficción futurista (entonces nadie la llamaba ciencia ficción) y novelas de muy sensible contenido social, sexual y moral, donde defendía posturas sociales y familiares que las dos guerras mundiales certificarían a su favor, aunque escandalizaron en su tiempo, como el amor libre y consensuado, en el que siempre se vio apoyado, en la teoría y en la práctica, por otro intelectual libidinoso, el citado Russell. En el aspecto político, Wells fue un izquierdista militante, formando parte de la Sociedad Fabiana, donde se preconizaba la aplicación de las ideas socialistas de una forma progresiva e incesante.

La figura que Lodge nos dibuja de Wells es ligeramente dramática, con un medido patetismo que no oculta la amargura del escritor por ver cómo se hacían realidad sus peores premoniciones sobre la barbarie de la guerra mundial y el desarrollo armamentístico de las grandes potencias. El escenario psicológico del personaje Wells es doblemente triste y lamentable, ya que Wells se siente olvidado y ha dejado de mantener sus más caras creencias: todo es fútil, cruel e innecesario. Y cuando Wells mira hacia dentro el balance tampoco es halagüeño: las mujeres han sido el norte y el sur de su vida, en la eterna búsqueda de su Alma-Sombra: Jane, Isabel von Arnim,  Amber Reeves, Rosamund, Rebecca West (H.G. es "un jaguar en la cama"), Moura y muchas otras…, todas fueron en su momento imprescindibles, tal vez la encarnación de su ideal, para luego deshacerse en el pasado como humo, a veces inspiradoras, a veces retorcidas, taimadas, astutas. De ahí el  juego ligeramente escabroso que Lodge hace del título: el hombre con atributos (una palabra polisémica que tiene una acepción claramente sexual:los atributos masculinos) que, inocentemente, pensé establecía una relación temática con la obra de Musil "El hombre sin atributos", una de las grandes obras del siglo XX y que se refiere a otro tipo de "atributos", ,la identidad, la libertad y la capacidad de dar un sentido a la propia vida.

A través de los calados en el complejo pasado íntimo, social y literario de Wells realizados por su "otro yo" es donde Lodge logra afinar su irónica pluma, permitiéndose reflexiones de una punzante inteligencia que alcanza detalles especialmente lúcidos en la forma en la que "su Wells" asume y justifica sus propias contradicciones en la relación entre sus supuestas creencias e ideologías y el aspecto de aplicación práctica, de coherencia, que son exigibles en un hombre de su talento.

Me he sentido más cómodo con la magnífica biografía novelada que Lodge escribió sobre Henry James, "¡El autor!¡el autor!", por cierto amigo de Wells y al mismo tiempo víctima paródiada en uno de sus libros. Cuando Wells se ponía sardónico podía ser muy cruel: definió a James "como un hipopótamo intentando recoger un guisante en un rincón de su estudio". Con Wells, Lodge no llega a ese tipo de burla imaginativa pero deja que los hechos biográficos hablen  por sí solos con un sentido algo sarcástico del realismo. El mismo Wells en su sesgada autobiografía definió la historia de sus relaciones sentimentales como "una historia de codicia, tonterías y grandes expectativas". 

 

 

FICHA

EL HOMBRE CON ATRIBUTOS.- David Lodge.- Trad. Mariano Peyrou.- Impedimenta.-593 págs. ISBN 9788417553029

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23 abril 2019 2 23 /04 /abril /2019 08:54

Steven Pinker, el optimista ideólogo de los tiempos futuros hace en este libro una encendida defensa de cómo la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, valores de la Ilustración de los siglos XVII y XVIII no han perdido vigencia y pueden tener un papel decisivo en los difíciles tiempos que nos toca vivir, con un panorama tecnológico en constante cambio y una inestabilidad financiera y política que en el pasado siglo motivaron dos guerra mundiales y multitud de sangrientas guerras localizadas.

Pinker  se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar del pesimismo o realismo de Freedman, autor de "La guerra futura") para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los países del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos científicos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer, el Sida o las ETS, un nivel educativo creciente y la globalización de las nuevas tecnologías en el campo de la información, el ocio y la formación. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles.

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Para callar a los "augures de malas noticias" Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia, movimientos ciudadanos humanistas y como ejemplo recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias” del año 2017 (cosa que nos parece relativista y un poco banal).

Son muchos los comentaristas políticos y sociales, e inclusos económicos que abogan por "volver al espíritu de la Ilustración", abjurado de los de un cierto romanticismo individualista que, en realidad, ya lleva años caduco ante las nuevas tecnologías y los cambios que están provocando en el género humano, desde los norteamericanos a los hindúes, de los rusos a los coreanos y a los chinos, de los ingleses a los suecos, de los alemanes a los andorranos, dejando como muestrario de desastres naturales y bélicos, hambrunas y demás flagelos (vergonzantes en pleno siglo XXI) al continente africano en general (según la ONU más de la mitad del total de las personas extremadamente pobres viven en cinco países africanos: República Centroafricana, Burundi, Republica Democratica del Congo, Liberia y Níger), con pocas y también muy occidentalizadas excepciones. En realidad el mundo está reventando por las costuras, agobiado por la corrupción generalizada, los nacionalismos violentos, las religiones fanatizadas, una economía inestable y sujeta al principio del caos y una Naturaleza planetaria que comienza a dar síntomas de estar a punto de soltar el lastre humano que le impide desarrollarse en paz, usando todas sus armas, sequías, inundaciones, huracanes, volcanes, contaminación y un amplio abanico de enfermedades inducidas probablemente  por el estilo de vida, por el abuso de uso de la tecnología o por las simples estulticia, codicia y maldad humanas. Y no es un problema de recursos que todavía más de 800 millones de personas mueran de hambre, sino de mala distribución de la riqueza: la Tierra produce con las nuevas tecnologías comida suficiente para todos los habitantes del planeta y aún más.

Por eso la lectura de un libro  como el de Steven Pinker resulta ser una especie de "baño de purificación moral" que podría tener algún efecto relevante si uno, al salir del baño, se encontrara en la vida cotidiana con algunas pruebas contundentes de que el mundo está cambiando para bien. La intención de aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es bienintencionada pero utópica: basta con ver qué poco razonables y compasivos son, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre el papel de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesta, de mala o manipulada información. Pero esto es. justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquéllos nobles y honorables valores siguen funcionando.

 Y así Pinker hace un honorable esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a la salida de su autoculpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambienta, paz, seguridad urbano y personal, neutralización del terrorismo, igualdad de derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y un derecho a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo.

 Pero en sus últimos capítulos Pinker insiste: el progreso no es una utopía y disponemos de un margen para continuar progresando en el respeto de los principios de la Ilustración. Presenta  más de sesenta gráficos estadísticos que reflejan que el mundo se está convirtiendo en un lugar mejor (quizá por eso Pinker reclama un uso correcto y fidedigno de los datos que se publican). Y nos repite la frase del poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  

A pesar de todas las sospechas de excesos de optimismo, uno recomienda la lectura de este libro obstinadamente realista a pesar de todo. Estructurado en tres partes: la primera mostrando cuáles eran las ideas de la Ilustración, la segunda demostrando estadísticamente que funcionan ya y la tercera afrontando los grandes enemigos que estas ideas siguen existiendo y operando en el mundo de hoy, los populistas, los fundamentalistas y ciertos "factores de la cultura intelectual dominante": los defensores del paradigma apocalíptico, autoritaristas, tribalistas y fanáticos del pensamiento mágico (persuasión masiva de tipo emocional y patriotero, las movilizaciones populares con eslóganes venenosos y los memes virales que son difundidos y aceptados acríticamente por mayorías desmotivadas y líderes políticos descerebrados pero persuasivos dispensadores de la "banalidad del mal". 

Por tanto, vale la pena dedicar un tiempo, largo, son más de 700 páginas, a leer y razonar lo que se nos cuenta en este libro interesante y estimulante.

FICHA

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- Trad. Pablo Hermida Lazcano.- Ed. Paidós.- 763 págs. 32 euros.- ISBN 9788449334627

 

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18 abril 2019 4 18 /04 /abril /2019 17:16

Ramón Riba, el autor de la novela que comento, es amigo mío, o mejor, amigo literario, es decir casi "hermano de pluma": porque a ambos nos corre por las venas parecida fiebre por la escritura, la creación literaria, los libros. Solo hay una pequeña diferencia entre nosotros: yo me he dedicado a las letras desde mi primera juventud y Ramón lo hace a la madurez, después de transitar toda la vida por el mundo de los negocios (con bastante brillantez y provecho, por cierto). Y eso tiene mérito. Hay una gran voluntad, ahínco, trabajo, humildad, obstinación y sacrificio en este primer fruto de la fantasía y el ardor documental de Ramón. En su dedicatoria del libro a la familia, Ramón cifra en ocho años el arco de realización de la novela (¡y anuncia de pasada que es la primera de una trilogía!). Y como añadido inesperado, Ramón hace constar a su esposa, María Teresa, como co-autora de libro, aunque no aparece en la portada.

La novela propiamente dicha empieza veintitantas páginas después del comienzo del libro, ya que Ramón nos regala una divertida crónica de los antecedentes personales y familiares que motivaron un viaje a Turin para ver la "Sábana Santa", un encuentro que inspiraría a los Riba, marido y mujer, a escribir  la novela. Después va intercalando capítulos de momentos de la gestación de la novela entre los propios de la ficción, con una serie de personajes reales, amigos, conocidos, colaboradores, que le van ayudando en su tarea creativa, incluso enjuiciando o sugiriendo lo que sería mejor para la novela.

En realidad, tratándose de una primera novela, con las ingenuidades de rigor en el tratamiento de los personajes, diálogos y acotaciones más o menos literarias, "Ágoras Hípalo" tiene un doble valor inicial nada desdeñable:  la original añadidura del "work in progress" en el seno de la novela y el notorio afán narrativo de Ramón Riba (que me recuerda a los narradores tradicionales de antiguas culturas, creadores orales de mundos plenos de aventuras y sucesos maravillosos y mágicos).  La historia, "de los tiempos de Jesús" (en torno a la Sábana Santa) y los insertos que van aderezándola, tienen cierto ritmo y buscan descaradamente interesar al lector, cosa que logra a menudo.
No desvelaré detalles de ningún tipo y dejaré al gusto del lector la valoración de esta novela que siendo primeriza no debe, a mi juicio, ser analizada con rigor por el crítico. Aplaudo las facilidades que el autor da al lector, al añadir una lista de personajes, una síntesis de los dos elementos argumentales que se entrecruzan en la parte histórica, la de cinco familias que viven en Jerusalén en la época de Jesús y tendrán un papel determinante en la acción; y la de la tela de lino que luego cubrirá el cuerpo del Crucificado. 

Por tanto, ánimo Ramón Riba y sigue adelante con tu sueño literario. 

FICHA

ÁGORAS HÍPALO.- 

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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 19:09

Excelente libro del profesor madrileño David Hernández de la Fuente, una monografía que se suma a los cientos que se han publicado sobre el dios griego amigo de los hombres, Dioniso, el dios de la alegría y el vino pero también de la locura salvaje de las ménades y los extravíos de la pasión, el dios de los "misterios", el que conoce y ampara los caminos que llevan al "despertar del alma"(virtud que comparte con los de Démeter, Eleusis o Perséfone), inspirador del teatro y la máscara. La abundancia de textos relativos a lo dionisíaco y de grandes autores que lo han estudiado y analizado hasta la saciedad, no resta mérito alguno a este estudio que nos presenta Ariel en su elegante y excelente forma acostumbrada. Casi cien páginas de referencias, notas y bibliografía hablan a las claras de la competencia, el rigor y la seriedad académica del trabajo de este joven autor que aún no llega al medio siglo y ya posee una envidiable hoja de ruta en publicaciones.

El papel de Dioniso y Ariadna en el proceso del despertar del alma lo aclara el autor en este párrafo de la página 197: "La metáfora de Ariadna como el camino  del alma es demasiado tentadora en elplano religioso y filosófico y es posible rastrear las fuentes planteadas, desde antes del siglo IV a.C., matices salvíficos en la pareja formada por Dioniso y Ariadna, que configura su leyenda como el mito por excelencia de la salvación del alma en la antigua Grecia y en su posteridad".

Aquí se trata la figura del dios"dos veces nacido", el mito y el símbolo literario y poético en consonancia y relación con la figura de Ariadna, la joven abandonada dormida por Teseo y "despertada" en Naxos por Dioniso que se casa con ella (aunque luego caería en los infiernos y sería rescatada y llevada al Elíseo por el dios), la traidora de su patria que por amor causó la muerte del Minotauro y el desvelamiento del misterio del Laberinto.

Dioniso está implícito en la divinidad platónica y epicúrea, en la figura cristiana de Jesús (es notable la capacidad de los antiguos cristianos para asimilar e integrar los símbolos religiosos y espirituales del mundo greco latino u oriental) y luego caería en el silencio y la oscuridad de los siglos medievales bajo el control feroz de la Iglesia, para renacer  a partir del siglo XVIII,  con Hölderlin, Nietzsche y otros. O resurgiendo literariamente junto a Ariadna,  en obras de Vargas Llosa, Julio Cortázar, Sender, Borges, Azpeitia y Espriu, ciñéndonos al mundo hispano.

Precisamente nuestro autor se basa en la figura de Ariadna para diseñar su ensayo y llama a las seis partes en las que divide el tratado en "despertares". Así comienza con el análisis del mito dionisíaco utilizando icónicamente el cuadro de Tiziano que refleja el encuentro de Dionisos con Aridna en Naxos. En el segundo será el tema de la Edad de Oro, la evocación utópica de Platón. La ópera de Monteverdi sobre Ariadna será el hilo conductor del tercero que se centrará en el mito de la joven y su curso de muerte y resurrección. El cuarto nos habla de la cristianización del dios, a partir de un poema de Holderlin. La recepción del mito en la modernidad y el hilo de Ariadna de Espriu, sirven de estímulo al análisis de lo dionisíaco hoy y de la figura de la mujer bajo esa influencia en los años sesenta del pasado siglo, seá el quinto "despertar". Por último, Strauss y su "Ariadne auf Naxos" permite a De la Fuente "presentar un panorama de las interpretaciones de Dioniso que lo han convertdio en pieza esencial en la historia del pensamiento, especialmente desde el fin de siglo XIX cuando con Nietzche, Harrison, Evans y otros se cambia la noción de la antigua religión griega" (pág 23).

Fue precisamente Nietzsche el que en  1872 con su "Nacimiento de la tragedia" causaría el interés de estudiosos como Frazer, Otto, Burket y Vernant sobre el hombre dionisíaco como réplica al apolíneo del pensador alemán. A partir de ahí nuestro autor rastrea a través del análisis de los signos, mitos, símbolos, obras de arte, la presencia de de pareja divina que se refleja en Cristo-Virgen María y la huella que ambos han dejado en la poesía y la filosofía alemana del siglo XIX.

Un libro pues que interesará a todos los que sientan curiosidad por rastrear la influencia de los mitos y símbolos de la antigüedad griega en la cultura actual, manteniendo una vigencia "subterránea" permanente en las costumbres, motivaciones, actitudes y comportamientos de las personas, tal como diría Jung, pues en el fondo somos los mismos y eso es la ventaja evolutiva de la especie. Y es que nuestra vida se sigue sustentando en la influencia inconsciente del dios del hedonismo, la sexualidad y la confusión, de la búsqueda de lo espiritual como camino de mejora personal y de excelencia en el caos de la nueva sociedad tecnológica e individualista.

FICHA

EL DESPERTAR DEL ALMA.-Dioniso y Ariadna:mito y misterio.- David Hernández de la Fuente.- Ed Ariel.-453 págs.- 23,90 euros.-ISBN 9788434425835

 

 

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1 abril 2019 1 01 /04 /abril /2019 09:00

 

 

Estamos viviendo una época especialmente complicada. Necesitamos un compromiso dinámico e incesante con la cultura con mayúsculas. Es decir, yendo a la raíz etimológica de la palabra, con el cultivo del conocimiento de la realidad y las formas de preservar los saberes, las técnicas y la historia de la humanidad, los valores genuinos de la personalidad humana y el amparo y cuidado de las condiciones en las que es posible prosperar como género y preservar el conjunto del hábitat en el que vivimos, nuestro bastante esquilmado planeta. Todo eso es Cultura. Ella nos define y nos hace crecer. Pues bien, la Cultura está en peligro apocalíptico una vez más. Como lo estuvo en varias ocasiones en el malhadado siglo XX y en el XXI tiene todos los números para superar aquella marea terrorífica de muertes y destrucción. De eso trata este artículo -ojalá no tenga nada de profético-  y también de dos visiones optimistas que ponen entre paréntesis el horror y ofrecen varios "remedios" o cautelas para frenar esa dinámica de la mayor barbaridad que podría cometer la humanidad: la guerra global. Una hecatombe que podría desencadenarse en cualquier momento tras un análisis objetivo de la situación mundial, el inestable equilibrio entre las grandes potencias y los líderes más poderosos y peligrosos que hemos tenido la mala suerte de traer simultáneamente a esta misma época.

Para comprender y reflexionar sobre esta ecuación de realismo, pesimismo y optimismo, les sugiero la lectura de tres libros, cada uno de ellos de un valor documental, lógico, científico y político de primer orden. "La guerra futura" de Lawrence Freedman, un experto británico en historia de los conflictos bélicos, catedrático universitario y alto funcionario de gabinetes estatales dedicados al estudio de posibles escenarios bélicos, es el primero de ellos. "En defensa de la Ilustración" de Steven Pinker, es el segundo. Pinker es un defensor de los valores de aquél movimiento histórico: la razón, la ciencia y el humanismo. En su libro nos envía un cauteloso pero optimista mensaje de esperanza. Y el tercero es "Fact Fulness", donde el trío familiar sueco compuesto por Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling nos demuestra cómo los prejuicios y el mal uso de los datos y estadísticas, de la información en suma, condicionan una visión del mundo errónea que facilita una deriva peligrosa hacia el desastre cuando, como ellos demuestran con datos comprobables, "las cosas está mucho mejor de lo que piensas".

Por razones metodológicas (y simbólicas) empecemos por la "cruz" de la situación. La cruz en la que se puede estar clavando el mundo que conocemos y sobre todo al mundo al que aspiramos. El libro de Freedman es brillante, pero también alarmante y desazonador. Ya en la primera parte, analiza las actitudes de británicos, estadounidenses y franceses ante las brutales amenazas de Hitler y peor aún hacia sus actos de expansión bélica territorial.  La guerra que se anunciaba con tanta evidencia y salvajismo era "demasiado horrible para imaginársela". Los políticos y gobiernos prefirieron en general aceptar  una política de apaciguamiento y tolerancia hacia Hitler, porque la alternativa de la guerra generalizada era como dijo el inglés Chamberlain "horrible, descabellado e increíble". Parece ser un estereotipo humano, vemos llegar el huracán pero siempre pensamos que nos vendrá hacia nosotros, aunque la evidencia (y la historia) muestran que había suficientes señales como para saber que nos arrasaría. Este es el nudo de la cuestión que Freedman demuestra en su libro: realmente, ¿nos sorprendería que Trump y Corea del Norte, la China emergente y expansiva y un Putin agresivo, el fanatismo yihadista y algunos otros conflictos con la espoleta dispuesta, hicieran cabalgar los jinetes del Apocalipsis? Y si es así de qué manera ocurriría, cómo serán las guerras que se avecinan, el género de la ciberguerra y el papel de los robots y los drones en el escenario de destrucción localizada o masiva. Todo ello explicado en un contexto realista, lógico y horriblemente plausible.

Y en estos escenarios lo único que sobra son los pronósticos de los "especialistas", critica Freedman, como cuando se habla de la eficacia del "primer golpe por sorpresa" (que nunca puede ser seguro) como manera de evitar guerras extensas, pasando por el papel de las sociedades civiles ante una guerra prolongada o brutalmente sanguinaria. La historia pasada nos muestra que desde las guerra coloniales europeas, a la guerra fría y su secreta virulencia, a las espadas en alto entre las grandes potencias, la lucha contra el terrorismo y la proliferación de bandas urbanas brutales en las megaciudades, los panoramas descritos por los "especialistas", generales, espías y estrategas y sus explicaciones, en ningún momento sirvieron para algo positivo. Freedman nos relaja un poco hablándonos de las obras literarias en las que se vaticinaban los horrores de la guerra del futuro, desde Orwell a Conan Doyle, Verne y H.G. Wells (que acertaron en varios aspectos de la tecnología bélica, aunque no en el sueño de que habría un futuro sin guerras en el horizonte). Pero no tarda en mostrarnos su convicción de que ese sueño es absurdo dada la condición humana y las circunstancias económicas y sociales en que vivimos. Para ello carga contra el psicólogo Steven Pinker que en su obra "Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones" sostiene que "el declive que se aprecia a largo plazo en las tasas de homicidio intencional, en los indices de crueladad estatal y en la incidencia de conflictos bélicos es un reflejo del paulatino triunfo de "nuestros mejores ángeles", la empatía, el autocontrol y la moralidad sobre los "demonios internos" de la violencia, la dominación, la venganza, el sadismo y la ideología". Freedman califica de utópica y poco cientifica la obra de Pinker y aporta datos y estadísticas que muestran un escenario nada optimista, en el que crece la comprensión de las dificultades que presenta la contención de la guerra (en el sentido de limitar potencialidad destructiva tanto en el tiempo como en el espacio) y, en segundo lugar, la existencia de investigaciones en todos los paises enfrentados sobre un tipo de fuerza decisiva capaz de asestar un mazazo inapelable al enemigo y poner fin a las contiendas de forma rápida y victoriosa. Con lo cual se olvida un principio histórico básico: una vez empezada la guerra nadie puede saber cuál va a ser su curso y menos su resultado final. Y una consecuencia lógica: dada la apabullante potencia de las nuevas tecnologías bélicas, lo más seguro es que acabemos todos metidos en una catástrofe global.

Freedman parece dominar las previsiones estratégicas de Estados Unidos y Gran Bretaña pero no tiene el mismo caudal de datos respecto a rusos, chinos o coreanos del Norte. Por tanto su análisis es tan discutible, a nivel absoluto, como lo es la teoría del "golpe aplastante" que acabará con la rendición del enemigo y una paz negociada. Pero lo más preocupante es que el escenario actual está siendo dirigido por líderes que parecen surgidos de "1984"  de Orwell. La realidad podría ser peor con gente como Trump, Putin o Kim Yong. Sin embargo, como dice Pinker en su obra, el catastrofismo es un riesgo que hay que desechar pues nos lleva al pánico y oculta posibilidades y hechos que pueden variar los desenlaces catastróficos.

Su libro "En defensa de la ilustración" escrita después de la obra criticada por Freedman, se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. El objetivo era "llevar al máximo el auge de todo lo humano, ya sea la vida, la salud, la felicidad, la libertad, el conocimiento, el amor o la riqueza de las experiencias".

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar de las circunstancias y las apariencias terroríficas que nos muestra Freedman) para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos y pruebas nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los paises del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos cientificos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer o el Sida o las ETS (también según qué parte del mundo cubre los datos), un nivel educativo creciente y las facilidades increíbles hace solo diez o veinte años en el campo de la información, el ocio y la formación, de las nuevas tecnologías. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles. Y para mostrarnos que no vive de espaldas a la realidad en su fascinante discurso positivista, Pinker recuerda que el advenimiento de Trump podría suponer un paso atrás en el progreso anunciado y no sólo para Estados Unidos, también para el resto del mundo dada la globalización de los peligros que el aludido sujeto es incapaz de valorar: el cambio climático, la paz, la conciencia clara de que las armas nucleares (mejoradas y ampliado su poder dese 1945) no deben ser utilizadas otra vez.

En el polo opuesto de Pinker, lo líderes populistas que comienzan a surgir en todo el mundo como una peste y ofrecen el autoritarismo y las dictaduras disfrazadas como solución, sólo ven y propagan un escenario mundial en el que "todo va mal": delincuencia, mafias, bandas urbanas, terrorismo, inmigrantes no deseados creando mayor pobreza, inseguridad y desconcierto. Y sin percatarse de que ellos forman parte del problema no de la solución aseguran con voces destempladas que ya no hay conciencia moral en el mundo. 

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere un esfuerzo para tratar de ver que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Cita una metáfora del economista Paul Romer que distingue el "optimismo complaciente" del niño que espera que todo lo que ansía le llegue como llovido del cielo, del "optimismo condicional" del niño que sueña con tener una cabaña en el árbol de su jardín y consigue primero la madera y los clavos para construirla y se ponga a ello inmediatamente. 

Precisamente algunos de los ataques más duros de Pinker también conciernen a ciertos comentaristas notables que, asustados ante la situación mundial, ya en 2016 comenzaron a certificar el bajón ético de los países de occidente, del mundo árabe y el oriental, principalmente China y Japón. Y en general consideraron que los valores de la Ilustración habían quedado en un residuo histórico nostálgico. Parece que a Pinker la "conciencia crítica"  de ciertos filósofos, profesores y pensadores, le parece excesivamente negativa.

Para callar a estos "augures de malas noticias" (con la vista muy buena, razonable  y realista, por otra parte), Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia. movimientos ciudadanos humanistas y recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias del año 2017", como "la retirada del leopardo de las nieves de las especies en peligro de extinción, la provincia de Pakistán que había plantado 1.000 millones de árboles a lo largo de los dos años anteriores en respuesta a la inundaciones de 2015, el espectacular descenso del número de afectados por la dracunculiasis, enfermedad parasitaria invalidante causada por ingerir agua en mal estado, (de 3,5 millones de casos en 1986 a solamente 30 en 2017), y el lento pero constante aumento del número de mujeres diputadas en todo el mundo, desde el 12% de 1997 al actual 23%."

Bueno, precisamente para valorar el sesgo informativo de parcialidad o manipulación que supone el uso de datos, estadísticas y noticias, entra en liza el tercero de los libros recomendados: "Fact Fulness" de Hans Rosling y familia en el que a base de gráficos, tablas, analogías, estadísticas comparadas y demás herramientas de la información, se nos ofrecen diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo y por qué las cosas están mejor de lo que piensas". Lo cual en realidad supone que este comentarista apuesta por el optimismo, ya que este libro es la constatación de muchos de los puntos que Pinker ofrecía en sus dos libros citados. La guinda la pone el mismísmo Bill Gates que después de leerlo se comprometió a regalar un ejemplar a cada graduado universitario de su país.

Lo que Rosling pretende es enseñarnos a valorar e interpretar los datos numéricos informativos que se nos ofrecen de manera masiva, aceptando de entrada los problemas y dificultades que el mundo tiene (negarlos sería absurdo), enseñándonos a asimilar de forma correcta las estadísticas y la tendencia tan humana de prestar más atención a las historias dramáticas o alarmantes que a las positivas y esperanzadoras. Y así "los diez instintos que nos impiden ver el mundo objetivamente, tienen que ver con el miedo, el pesimismo, los tamaños desmesurados en la presentación de algunos datos o hechos, muy lejos de su justa medida, la tendencia binaria que se salta el espacio intermedio de las cosas y la polarización hacia sesgos educativos o ideológicos o religiosos. Estos instintos no nos permiten poner los hechos en perspectiva y relativizarlos.

Comienza con presentarnos un test que nos muestra de manera sorprendente los errores de interpretación más comunes en las que casi todo el mundo cae. Pero eso sólo es el principio, luego leerán datos y noticias absolutamente notables que han estado a nuestra disposición y no hemos sabido ver ni calibrar. Los autores Rosling han buscado información relevante, observan con rigor y seriedad los hechos ( a eso se refiere el título del libro, difícil de traducir) y nos explican lo que debimos leer, con una claridad meridiana y unos gráficos de gran calidad y exactitud. Tanta que, como en el caso que nos muestran los gráficos de la páginas 40 y 41, cambia sustancialmente nuestra manera de considerar el problema de la mortalidad infantil en el mundo.

Se nos dice que miles de millones de personas han salido de las cotas de pobreza total  que históricamente se mantenían casi inalteradas (aunque quedan bolsas de pobreza extrema en diversos paises), pero la regla general lleva a familias con menos hijos, más sanidad y más enseñanza, un nivel modesto de bienestar que va creciendo sin cesar (pero no es noticia relevante para casi ningún medio de comunicación). El mensaje de los Rosling no es complaciente, reconocen la gravedad de los problemas a los que debemos enfrentarnos, sino activista: en el sentido de que debemos esforzarnos en ir reparando las deficiencias y aprovechando los recursos científicos para mejorar la situación del mundo más desfavorecido, ese que según datos revelados en este libro, está formado por personas que deben vivir con menos de un euro al día, una de cada diez personas (hace cincuenta años era una de cada dos).

Ese sesgo catastrofista de los medios de comunicación (las buenas noticias no son noticia, la felicidad no nutre la historia, un periódico que sólo diera buenas noticias, cerraría al segundo número), forma parte de la condición humana y no de puede hacer  nada por remediarlo, aunque sí por suavizarlo con informaciones relevantes, honestidad  y moralidad social en los medios, mayor educación ética y en empatía  en las escuelas y universidades... Educar para que las personas decidan mejorar el mundo en la medida de sus posibilidades, porque sí hay maneras de combatir la pobreza o de evitar las guerras, si descartamos la pasividad o el pasotismo egoísta (mientras no me toque a mí). Las estadísticas nos confirman, según Rosling, que las cosas no van cada vez peor, hay que resaltar los progresos tanto como las medidas para sustentarlo. 

Destaquemos la ruptura que hace el libro de tópicos como "la brecha existente entre ricos y pobres", cuando lo cierto es que es un continuum que va desde los muy ricos a los muy pobres y está en su mayor parte ocupado por la gente que va de uno al otro. Así pues, los ingresos diarios por persona son para Rosling el indicativo principal de los modos materiales de vida, más que la cultura, la religión o el régimen político en el que viven las personas.

Hans Rosling murió el 7 de febrero de 2017 de un cáncer de páncreas. Hasta el último momento de lucidez estuvo corrigiendo las pruebas de este libro que no pudo ver publicado. Sus colaboradores, su hijo y su nuera, nos dicen al final del volumen: "El sueño de Hans de una visión del mundo basada en datos reales sigue vivo en nosotros y esperamos que siga vivo también en tí". Así sea.

 

FICHAS

LA GUERRA FUTURA.-Lawrence Freedman.-Traducción de Tomás Fernández Aúz. Crítica. Barcelona, 2019.- 592 páginas. 24,90 €.- ISBN 9788491990628

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- trad. Pablo Hermida.- En Paidós.-32 euros.-741 págs. ISBN 9788449334627

FACT FULNESS.- Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling.- Ed. Deusto. 345  págs. 22,50 euros. ISBN 9788423429967

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10 marzo 2019 7 10 /03 /marzo /2019 08:50

Se trata de breve ensayo de Hannah Arendt , hasta ahora desconocido, al menos en versión española. La ensayista judía, discípula y amiga íntima del  filósofo de historial nazi, Heiddegger, es suficientemente conocida, por la valentía y audacia de su pensamiento y por sus opiniones controvertidas.  Arendt escribió mucho y su pensamiento político, social e histórico resultan bastante difícil de ser encuadrados en una determinada corriente, leemos textos conservadores y otros de izquierda extrema, otros conformistas y algunos revolucionarios cuando no abiertamente polémicos como el de "Eichman en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal".

En el ámbito judío, este libro provocó contra la Arendt una radical y dura campaña de rechazo y descrédito, repitiéndose el "caso Spinoza", aunque por motivos distintos y sin que hubiera una interdicción religiosa, aunque sí social,  como tuvo que sufrir el gran filósofo del siglo XVII. La semejanza estriba en las actitudes ambos pensadores judíos, la valentía y honestidad con la que defendieron sus ideas y sobre todo la libertad de exponerlas. Los judíos no toleraron que criticara el secuestro ilegal de Eichmann en Argentina por los servicios secretos israelíes, la formación de un tribunal poco imparcial y, sobre todo, ver en Eichmann no tanto un sádico sino un pobre hombre que se limitó a obedecer órdenes. Desde Arendt, dicha idea de banalidad o frivolidad de tales individuos,  sin disminuir la responsabilidad de sus actos horribles, hace hincapié en  la estupidez malévola y rutinaria de tipos sin inteligencia moral que escudan su estulticia tras el sello de "obediencia a las órdenes recibidas".

El libro La libertad de ser libres, escrito a  finales de los 60  fue publicado póstumamente. Tiene un epílogo de Thomas Meyer y una amplia bibliografía y las traducciones al castellano de muchas de sus obras. Las cuarenta y pico páginas de este breve ensayo , estudian el concepto de revolución, las formas en que se produce históricamente y  la relación que este dramático hecho histórico tiene con un elemento básico de la humanidad: la necesidad esencial de libertad que el hombre tiene y que debe defender, creando un proceso revolucionario cuyo objetivo inexcusable es la libertad.  Las revoluciones políticas tienen su idiosincrasia propia, condiciones y características que son distintas a los cambios de paradigma de las revoluciones científicas.

Etimológicamente,  la revolución se define con una vuelta al principio, dar la vuelta sobre sí mismo como en un círculo. Lo cual no es lo indicado en las revoluciones políticas que suelen romper con lo antiguo para imponer algo nuevo. La libertad se equipara, según Isaiah Berlin, a la libertad negativa o repudio de lo anterior; y a la positiva, que hace que  la libertad influya en nuestra vida y la manera distinta de vivirla. Y ahí es donde la historia hace sus propios ensayos e interpretaciones: hay una gran diferencia entre la Revolución Francesa y la de Estados Unidos. La primera acaba con el Terror y la segunda con una cierta idea de la nueva libertad y los derechos de igualdad ciudadana (con defectos: los esclavos negros). Generadas por minorías ilustradas los que se aprovechan del vacío de poder , suelen desembocar en manipulaciones y abusos  que sin volver aparentemente a la situación anterior vcrean otras paralelas y tan destructivas como las que sustituyeron (¿recuerdan las "revoluciones" que manipularon Hitler o Stalin?). "Las revoluciones parten de cero si son tales. Y dice Arendt "Como nosotros, que somos lanzados al mundo desde la nada. Y desde ahí nos construimos con los demás. Cómo lo hagamos depende de nosotros. Es siempre una esperanza en unos seres que estamos dotados con la capacidad de recordar y actuar".

FICHA

LA LIBERTAD DE SER LIBRES.- Hannah Arendt.- Trad. Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.- 87 págs.14,90 euros.- Taurus ediciones. ISBN 9788430622313

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3 marzo 2019 7 03 /03 /marzo /2019 10:21

Leer al neurólogo Oliver Sacks es un placer, que el libro sea póstumo ya no lo es tanto. Es como despedirnos de un buen amigo, un erudito  jovial, motero, deportista, escalador de montañas (tuvo un accidente practicando ese deporte que además de dañarle severamente una pierna le produjo una serie de fenómenos que le dieron material para uno de sus libros) divulgador de la ciencia desde la primera fila del asunto: siendo él mismo un investigador dotado con muchos aciertos: Si recuerdan la película "Despertares", con  Robin Williams encarnando al Dr. Sacks,   verán uno de sus experimentos (desgraciadamente fallido a la larga) en el que suministró un medicamento a unos veinte enfermos  afectados por una epidemia de encefalitis letárgica (una especie de catatónia) en los años sesenta, haciéndolos despertar durante unos meses, aunque luego casi todos volvieron al estado lamentable en el que vivían.

Sacks, que había nacido en Londres en 1933, emigró en los años sesenta a los Estados Unidos y trabajó como neurólogo en un hospital de Nueva York (donde tuvieron lugar los hechos que narra la película. Su afición a llevar registro literario de sus casos clínicos, sus investigaciones y sus estudios, le eocnvirtieron en un autor de referencia para los aficionados a la literatura médica de calidad, con éxitos de ventas para cada uno de sus títulos: "En movimiento" y "El tío Tugsteno" como biográficos, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", "Un antropólogo en Marte" "Alucinaciones", "Migrañas", "Veo una voz" y otras, así como su propia Biografía terminada poco antes de morir a causa de la metástasis de un cáncer de ojo, supuestamente curado muchos años antes y que se le declaró en febrero de 2015- y que le afectó de forma fulminante el hígado, muriendo en agosto de ese año.

"El río de la conciencia" fue el último legado de Sacks. Es una colección de diez trabajos sobre distintos temas, desde Darwin y las plantas, Freud neurólogo, la memoria y su escasa fiabilidad, el yo creativo, el sistema nervioso autónomo, la conciencia (que encabeza con una cita de Borges) y el delicioso final con un título intrigante "El escotoma de la ciencia", es decir los puntos ciegos, los olvidos, distracciones y equivocaciones valorativas de la ciencia, pues como Sacks escribe: "el escotoma, sorprentemente común en todos los campos de la ciencia, implica algo más que la prematuridad; implica  una pérdida de conocimiento, un olvido de las ideas que antaño parecían firmemente establecidas y, en ocasiones, una regresión a explicaciones menos perceptivas".

Sus estudios clínicos de personas con trastornos neurológicos tenían una calidad literaria excelente y por todas partes se notaban los extensos conocimientos culturales del autor, desde la poesía, hasta los clásicos literarios.  Sin  olvida una característica muy peculiar, el protagonismo, nada narcisista, de muchos de sus libros, ya que se convertía en muchas ocasiones él mismo en el objeto de su observación clínica, indagando en sus experiencias, trastornos, pasiones y procesos de pensamiento, con tal honestidad y clarividencia que sólo eran posibles en un hombre profundamente entregado a su inagotable curiosidad científica  y su entrega absoluta a la tarea que le comprometía con sus pacientes presentes o futuros. mentales con el mismo asombro y la misma agudeza con que estudiaba a sus pacientes.

Los escritos poco conocidos de Darwin sobre las plantas y las flores o los trabajos iniciales de Freud como neurobiólogo (luego abandonados a favor del psicoanálisis) con intuiciones y trabajos tan sorprendentes como su concepción de la memoria como un "proceso de transformación y reorganización" lo cual era pura ciencia-ficción en 1890 y adelantaba en más de 50  años el concepto neurológico actual de la memoria como "un proceso esencialmente creativo en el que los recuerdos se revisan y se vuelven a categorizar permanentemente para conformar la identidad y fomentar la sensación de continuidad como individuo"..." que nuestra salud psicológica depende de nuestra capacidad de revisar y reconfigurar constantemente la memoria para permitir el crecimiento y el cambio".
Pero la memoria es falible y no se puede confiar en ella. Sacks lo comprobó tras la publicación del libro autobiográfico El tío Tungsteno, por la transcripción en primera persona de un episodio infantil durante la guerra que, en realidad, le había sido relatado por uno de sus hermanos. Y argumenta: “al parecer no existe ningún mecanismo en la mente o en el cerebro que asegure la verdad. (...) Nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos entre nosotros y a nosotros mismos".

Para terminar este breve repaso de un libro del todo aconsejable, me ha encantado sus reflexiones sobre la creatividad, la imitación y el plagio: "Todos nos apropiamos de elementos procedentes de los demás y de la cultura que nos rodea". Lo importante no es "tomar prestado" o imitar, sino lo que haces con lo que has tomado. Los libros de Sacks están cargados de referencias y citas, pero el uso que él les daba los enriquecía, y nos enriquecía a todos.

De hecho, como símbolo de lo que Sacks hacía con sus libros podría adjuntar la cita de Einstein que aparece en la página 198 del libro: "...podríamos decir que crear una nueva teoría no es como destruir un viejo granero y erigir en su lugar un rascacielos. Es más bien como subir una montaña, tener unas vistas nuevas y más amplias, descubrir conexiones inesperadas entre nuestro punto de partida y su rico entorno...pero el punto de partida sigue existiendo y aun se puede ver, aunque parece más pequeño y forma una parte diminuta de la amplia visión a la que hemos accedido...". 

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