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18 enero 2019 5 18 /01 /enero /2019 10:50

 

Supongo que, en definitiva, es una cuestión de marketing, maldita palabreja, y de vender el mayor número de ejemplares, así que decirnos que los dos principales figurones del comunismo legaron una herencia de millones de dólares o que en la pintura vaticana de Rafael de Sanzio sobre la "Escuela de Atenas" aparece una mujer (muy merecidamente: se trata de la filósofa Hipatia de Alejandría, a la que el cineasta Amenábar dedicó una bella película), o que los libros de Spinoza fueron quemados en Oxford y algunos otros chismorreos que no afectan lo más mínimo la enjundia de los filósofos que se pasean por este libro de título ligeramente guasón pero, gracias a las musas,  bien escrito por un profesor de filosofía competente que además escribe sobre cine y tiene una visión decididamente iconoclasta de los filósofos  (incluido él mismo, por su obra lo comprenderéis).

Bromas aparte y dejando de lado los chismorreos más o menos interesantes, las aportaciones pedagógicas están bien servidas, con un prólogo bastante bueno sobre el valor de la filosofía (que deja de manifiesto su dedicatoria que habla de sus alumnos y el camino de enseñanza de la materia que ha sido "duro, difícil, doloroso y divertido"). El libro está dividido en nueve capítulos, dotados todos ellos de una "conclusión " que resume lo narrado y de una bibliografía que resulta amena y oportuna para los que quieran ampliar conocimientos.

Como él mismo dice en su prólogo denunciando el abuso de asignaturas instrumentales y el desprecio a las Humanísticas, como la filosofía y la ética, "renunciar a la memoria y a la reflexión supone considerar que necesitamos ingenieros pero no ciudadanos, técnicos pero no personas" ya que "si algo ha demostrado  la filosofía en sus tres mil años de existencia es que precisamente es la materia que mejor combina el pensamiento crítico con las herramientas para procesarlo, además de constituir el paradigma del siglo XXI: la Tercera Cultura que combinando la tecnología y las Humanidades supere el caduco -y falso- antagonismo entre las ciencias y las letras". De hecho, como sabe cualquier estudioso de la historia filosófica, en un principio la episteme (el conocimiento) era el producto de la unión entre la tecné y el logos (palabra que no sólo significa , palabra, razón, sino también número y contar). Y que datos recientes extraidos de analisis educacionales  del Educational Testing Service, organización internacional que evalúa la efectividad de la enseñanza de diversas asignaturas para alcanzar altos niveles de razonamiento cuantitativo, escritura analítica y razonamiento verbal, la filosofía es la que más destaca en razón instrumental, indispensable para el desarrollo, aplicación y control (la razón ética) de la tecnología para que nos nos desnaturalice como seres humanos.

Pero terminemos  con el preámbulo y demos cuenta sucinta del contenido (cuyo análisis y/o disfrute es cosa del lector), yo me limita a recomendar la lectura que, en eso tiene razón el autor, es básicamente complementaria a lo que sería un recorrido habitual por la historia de la filosofía. Santiago Navajas (Occam sería feliz si supiera que hay un profesor de filosofía con ese apellido) empieza con el final de la filosofía clásica grecolatina por la acción demoledora del cristianismo fanático (que hicieron con esa cultura magnífica lo que los fanáticos musulmanes están haciendo hoy día con culturas como la mesopotámica, egipcia, siria y otras de Asia y Oriente Medio). A través de la vida y obra de Santa Teresa de Jesús, Navajas nos habla del feminismo en épocas de barbarie masculina. Poniendo frente a frente a Juan de Mariana y Hobbes nos habla del Estado y su poder omnímodo, germen del actual. De ahí dalta a Marx y Enhels y al supuesto fin del capitalismo, cuyos estertores estamos aún viviendo. Kant, Cassirer y Heidegger nos introducen en el germanismo-prusianismo, en el nazismo y la II Guerra MUndial. El capítulo 6 se vuelve hispano, Pla, Gaziel, la Segunda República, los controvertidos papeles de Ortega y Unamuno.  En el 7, la cosa se vuelve metafísica y sale Dios a colación, la religión, la ciencia y el arte. En el 8º sale el aborto a la palestra de la reflexión guiada por Navajas que aprovecha la ocasión para citar la película "Gattaca", muy bien escogida para ilustrar la controversia del papel de la genética actual en el diseño de los bebés del futuro y dónde está la ética que corresponde. Y acaba el entretenido viaje con diversos conceptos e hipótesis de ciencia ficción que pronto dejarán de ser para convertirse en opciones de vida, dejando en el aire cuestiones muy serias como la identidad personal el relativismo sobre el conocimiento, la naturaleza de la realidad, la inteligencia artificial y sus limites ("una cosa es ganar al ajedrez a una persona y otra muy diferente comprender lo que significa ganar") .

Lo mejor que puedo decir de este libro es que Navajas ha conseguido como quería Ortega, que el pensador -en este caso es escritor filosófico- además de profundo, se también cortés. Es decir, claro".

FICHA.

LO QUE NO ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA.- Santiago Navajas.- Ed. Almuzara.-309 págs. 17,95 euros. Ed. Almuzara.- ISBN 9788417044794

 

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10 enero 2019 4 10 /01 /enero /2019 10:03

Un filósofo francés especializado en la cultura china puede aportar, de hecho lo ha hecho y lo hace, una visión comparada y mutuamente enriquecedora entre la filosofía occidental (incluida su contemporánea desviación hacia ámbitos más propios de la linguística, la priscología  o la neurología)  y la oriental encarnada en clásicos taoístas, confucianos y budistas.

De Jullien hemos trabajado sus excelentes libros "Un sabio no tiene ideas", "Filosofía del vivir", "Nutrir la vida" y "De la esencia o del desnudo". Pero es quizá en el que hoy comentamos donde Jullien muestra más a las claras su objetivo de inyectar un reactivo filosófico oriental en el seno de la filosofía occidental. Para ello Jullien recurre a nuestros clásicos preconizando una especie de retroalimentación de los taoístas y los confucianos en el escenario de la filosofía occidental desde los clásicos greco latinos de todas las escuelas a Agustín, Spinoza, Hegel o Heidegger. Para ello aporta una crítica constructiva a la esclerotización de la filosofía en occidente y toma como ejemplo básico la cuestión del "Tiempo", cuestionando no sólo las ideas básicas que desde Aristóteles ha alimentado la cultura filosófica de occidente, sino la propia esencia de la filosofía sus objetivos y sus compromisos históricos -con la Iglesia, por ejemplo-  que ha separado la noción de sabiduría  (banalizándola como refranero y sentido común) de la filosofía como saber unido a la forma de vivir. Jullien acude a los grandes maestros taoístas y budistas, evitando con habilidad enfangarnos en el etnocentrismo o ese exotismo barato de los libros de autoayuda y,  mucho menos, en un relativismo cultural sin valor alguno.. Con habilidad, Jullien no compara las dos tradiciones  filosóficas sino que busca elementos y perspectivas que engarcen entre ellas una apertura para los filósofos occidentales de muchas de la nociones filosóficas que han constituido una barrera imposible de derribar y obligando a los filósofos  a rodear el tema, cuando los grandes maestros orientales lo tenían resuelto simplemente porque no lo consideraban un problema (por ejemplo: el tiempo).

Es decir tratar aquellos temas, como el citado, a los que la filosofía occidental ha convertido en aporías, cuando en China están resueltos porque el contexto cultural ni siquiera los ha tenido en cuenta como tales. En China no hay conceptos ni modelos teóricos de pensamiento, sus ideas están formuladas intuitivamente y se ajustan a un modelo de vida, sin necesidad de esquematizarlas. El pensamiento clásico chino está concebido como el desarrollo de un proceso y de la interacción de los sujetos en tal proceso, ni concibe la Polis como objetivo que supera al individuo o la dicotomía de la libertad y la esclavitud. No hay debate político y tampoco es pertinente debatir sobre la conciencia y el individuo sometido a una interioridad donde le fustiga la culpa por unas faltas casi ontológicas (que en occidente constituyen la herencia griega y hebraica alimentando el contenido de la filosofía desde Platón). Es un proceso continuo en el pensamiento oriental que desde la idea de la transformación constante (uno de los libros capitales de la filosofía china es el I Ching o libro de los cambios) y de la acción o no-acción (wu wei) que se debe ajustar a una estrategia cuya lógica y coherencia el pensador ha de descubrir en cada ocasión. Y se resume en una actitud  de adaptación al cambio de las cosas como actitud básica del hombre sabio.

El Sabio es, pues, el paradigma del filósofo desde el punto de vista chino. Y es un estratega que sabe combinar la virtud con la eficacia, pues ha madurado un espíritu moral, que no sigue normas o principios ajenos a él (al contrario que el imperativo categórico de Kant) y actúa espontáneamente cuando llega el momento adecuado y las circunstancias son favorables, actualizando su fundamento moral, una forma de provecho que siempre está a favor de los otros, no de sí mismo El sabio capta la vida como un proceso que madura y sabe aprovechar las consecuencias más favorables. Ese proceso nos lleva al tiempo, en el que los sabios chinos no ver el proceso conjugativo del pasado, presente y  futuro, sino se plantea las cosas y su devenir en términos que tiene en cuenta la duración y no el acontecimiento. Y así el envejecimiento no es un necesario síntoma de degradación sino un elemento más del proceso de vivir, como la muerte no es una brutal ruptura sino una consecuencia más de vivir (aquí podemos ver una de las muchas analogías que hay entre los dos sistemas de pensamiento, los estoicos y los epicúreos tenían sobre la muerte una actitud semejante.)

Para argumentar y exponer los elementos de la filosofía china que podrían servir para madurar el pensamiento occidental en algunos términos, Jullien recurre a su erudito conocimiento de los clásicos chinos, Confucio, Mencio, Sun Zu y su "Arte de la guerra", Lao Zi o Chuang Tse y el citado I Ching.

En resumen un libro francamente sugerente y sugestivo que nos desvela ideas y cuestiones enfocadas desde un punto de vista integrador que no sólo interesará los estudiosos y amantes de la filosofía, sino al lector común que comenzará a descubrir que hay un tipo de filosofía y filósofos que ofrecen estrategias de gran ingenio para afrontar muchos de los problemas que nos causa la forma de vida que se impone en occidente. Y eso es así, aunque nos separen de ellos más de veinte siglos, porque bajo el barniz prepotente de la cultura y la tecnología occidentales, se esconde el mismo primate  sujeto a instintos y deseos que inventó la lanza, el arco, la agricultura, la rueda y la Polis (la ciudad) y las leyes para tratar de sobrevivir por encima y aprovechándose de los demás animales (incluidos sus congéneres).

DEL TIEMPO, ELEMENTOS DE UNA FILOSOFÍA DEL VIVIR.- François Jullien.-Trad. Miguel Lancho.- Arena Libros.- 184 págs. ISBN9788495897305

 

 

 

 

 

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7 enero 2019 1 07 /01 /enero /2019 09:28

 La última novela de la autora francesa de origen argelino Kaouther Adimi, Nuestras riquezas (Nos richesses, 2017; Libros del Asteroide,  2018), es un libro ingenuo y realista lleno de monstruos y héroes, que nos habla del amor a los libros y de la brutal injusticia y desmesurada violencia de la situación política histórica de un país que ha pasado medio siglo sumido en una guerra sin fin, aunque en algunos años larvada y en otros sumergida en una orgía de sangre inocente, primero por motivos políticos, la independencia argelina de la "madre patria" Francia (raramente se ha visto una "madre" tan cruel, desalmada y estúpida) y después por el fanatismo religioso musulmán, las "fraternales" matanzas de los integristas argelinos sobre su propio pueblo.

Ese es el escenario de fondo de una historia triste y plácida: el oasis de una librería en pleno centro de las kashba de Argel, en el número 2 bis de la céntrica calle Hamani, antes Charras, donde aún existe hoy una librería de préstamo y venta de libros en francés y árabe, " Las Verdaderas Riquezas", como la novela homónima de Jean Giono. La historia se nos cuenta a tres niveles narrativos. Desde el diario de Edmond Charlot (basado en documentos reales), que la abrió en 1936, a las vivencias del joven que va a vaciarla de libros para que se abra allí una tienda de buñuelos en el siglo XXI (afortunadamente esa parte es ficción, la libreria existe aún), pasando como en las tragedias griegas por una voz anónima coral que podría pertenecer al pueblo argelino. Charlot fue un hombre renacentista en pleno siglo XX. Librero y editor pero sobre todo talentoso descubridor de escritores en ciernes,  como Albert Camus, Jules Roy, Saint-Exupery, André Gide y Emmanuel Roblès. De hecho fue el primer editor de Camus, con la publicación de una pieza teatral "Revuelta en Asturias" y fue encarcelado por haber editado a Gertrude Stein cuando Petain reinaba en Vichy. Bernanos, Rilke y Garcia Lorca, también fueron publicados por Charlot entre milagros y fatigas por la falta de papel o tinta durante la guerra. 

Charlot es un editor atípico en un sentido: no parece que la rentabilidad sea un criterio importante en su elección de autores y libros para publicar. Como él mismo escribe en su diario: "yo no persigo la coherencia, sino que publico sobre todo aquello que me gusta, y únicamente libros que me siento capaz de defender. Mi compromiso tiene que ser absoluto. Así es como yo concibo mi trabajo. El escritor tiene que escribir, el editor tiene que dar vida a los libros. No veo límites a esta idea. La literatura es demasiado importante como para no dedicarle todo mi tiempo”.

Evidentemente y por muchos motivos, algunos de los cuales se desprenden de lo que se nos cuenta en la novela -basada en hechos reales, como está de moda en el cine de hoy- este editor es uno de esos héroes que en ningún momento cree serlo. ¿Y los monstruos? La represión francesa contra la liberación argelina, los inicuos asesinatos en masa de manifestantes argelinos pacíficos, en pleno Paris (1961), los horrores que sacudían las calles de Argel y de otras ciudades del país, la abominable "cruzada" intregrista que asoló al campesinado argelino durante los ochenta y noventa, la corrupción y desidia de los sucesivos gobiernos argelinos y sus dirigentes, que ahogaron los sueños de libertad y progreso de los ciudadanos...

"Un hombre que lee vale por dos", se lee en árabe y en francés en un cartel  colocado en el escaparate de "Les vraies  richesses". El editor Charlot vale por muchos hombres, en realidad simboliza a un pueblo martirizado, el franco-argelino. Los últimos capítulos fechados en Paris y Argel en 1961, son el epítome de la narración. Ante los escombros de su segunda librería, destruída por una bomba anónima francesa "por ser simpatizante de los argelinos", un periodista le pregunta a Charlot sobre su amigo Camus y al final le pide "su receta" para los futuros escritores. Y ese hombre lúcido responde: "Compre una mesa corriente, con cajón y cerradura. Cierre el cajón y tire la llave. Cada día escriba tres hojas de papel y las desliza por la la ranura del cajón, sin releerlas. Al año tendrá novecientas hojas. En ese momento llega su turno."

FICHA

NUESTRAS RIQUEZAS.-Kaouther Adimi.- Trad. Manuel Arranz.  Ed. Libros del Asteroide.-181 págs. ISBN 9788417007607

 

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1 enero 2019 2 01 /01 /enero /2019 10:48

Todo empezó con un libro que me envió Oana Mosniagu, jefa de prensa de Ático de los Libros. "Los Templarios", del historiador inglés Dan Jones. Un tema controvertido y archi-mal-conocido, digno de series de televisión de lo más truculentas y montañas de libros de pretendida divulgación y/o esoterismo delirante. Me impactó la cruz templaria en la portada, con su emblemático color rojo sangre (simbólica la de Cristo, real la de millones de seres humanos de la misma o distintas creencias vertidas en las acciones de los Cruzados). Es la misma cruz que está grabada en una de las piedras sillares de la casa del siglo XVI donde resido, en un pueblecito de Aragón.  Había estado mucho tiempo en los últimos meses enfrascado en dos libros del recientemente fallecido(uno de junio de este año) John Julius Norwich, un maestro del ensayo histórico de divulgación: "Cuatro príncipes" y "El Mediterráneo", publicados por la misma editorial barcelonesa.  No hace falta ser un erudito para percatarse que los  tres libros tenían varios puntos de relación histórica entre sí, a pesar de las diferencias de época. Se había producido un fenómeno de coincidencias en un momento muy adecuado, lo que Jung llamaría "sincronicidad". Así que, ¿por qué no dedicarle un artículo global a estos tres títulos, siguiendo la tónica (circunstancial) que llevo en esta revista de ir presentando "trilogías" específicas, temáticas o de género?

"Los Templarios", subtitulada "Auge y caída de los guerreros de Dios", tiene la fuerza y potencial dramáticos y trágicos de las obras  de asunto histórico de Shakespeare y el dinamismo narrativo espectacular de "Juego de Reyes" o de "El señor de los Anillos", aunque Dan Jones se luce como historiador  al ilustrarnos de forma documentada y exquisitamente amena sobre unos hechos históricos concretos, evitando entrar en juicios o valoraciones equívocas. La existencia de la Orden militar de los Templarios desde sus inicios en 1119, siguiendo el ejemplo de un grupo de médicos voluntarios que asistían a los peregrinos de Tierra Santa, como un grupo de caballeros que protegían a las personas que iban a los lugares sagrados, pasando por su auge y conversión en una Orden militar religiosa que durante doscientos años llegó a constituir un auténtico entramado de poder, influencias, riquezas y propiedades que les convirtieron en una de las instancias más temidas de esa época histórica, no sólo por su vertiente militar sino por el sólido poder financiero que les ponía a la par de príncipes, reyes y emperadores. Este fue, en definitiva, uno de los motivos principales de su súbito y trágico hundimiento, por el paradójico odio e inquina del rey de Francia Felipe IV, cuya codicia y patológico furor (sólo comparable, nos cuenta Jones, con la del sultán Saladino que supervisó personalmente la ejecución de cientos de templarios en un sólo día) sellaron el sepulcro de la Orden con el ajusticiamiento en la hoguera del Gran Maestre de la Orden, Jacques de Molay. Sepulcro que nunca quedó cerrado del todo ya que se mantuvo cierta idealización popular y un simbolismo de bravura y rectitud. Con cierta ironía, nos cuenta  Jones  varios ejemplos de la persistencia de la Orden en el imaginario popular:  desde un cártel de Los Caballeros Templarios" fundado en marzo de 2011 en México, hasta las fabulaciones que consideran a los Templarios como guardianes del Santo Grial  (Spielberg cruzó a Indiana Jones con un Caballero Templario que custodiaba la Copa sagrada) o incluso con una especie de orden financiera secreta que mantiene un poder oculto pero activo o defensores de la dinastía secreta de Cristo y María Magdalena...hasta en literatura, el Código Da Vinci o el Péndulo de Foucault y algo de "El quinteto de Avignon" de Durrell, junto a algunas teorías conspirativas de "alcance mundial" que rozan el ridículo o, con más buena fe, sociedades secretas tipo masones o Rosacruces que reivindican ciertos parentescos con los Caballeros tan brutalmente extinguidos.

En otro orden de cosas, "El Mediterráneo", una de las joyas de la Corona que forman las obras de divulgación histórica  de un diplomático metido a escritor, John Julius Norwich, fallecido el pasado mes de noviembre con 89 años. Se suele alabar a este tipo de escritores asegurando que tienen la pericia de un novelista ("se lee como si fuera una novela"). Creo que es un error. No hay ningún lector atento que lea las obras de Norwich (conozco dos) como "si fuera una novela". Es como comparar la visión de la película de Houston sobre "Bajo el volcán", la genial novela de Malcom Lowry, con la lectura de la misma. Hay tanta diferencia entre las dos artes narrativas, la del cine y la literaria, como entre el estilo de un buen novelista con el de un buen historiador (no sirve para los novelistas metidos en faenas historicistas, estos son híbridos). Mi lectura de "El Mediterráneo" me ha aportado elementos y gratificaciones muy distintas a las que me produjo el citado Durrell, el poeta Kavafis, Byron, Homero o Virgilio cuando escribían sobre el mismo mar.

¿Qué relación tienen entre sí las civilizaciones arcaícas de Egipto o las clásicas de Grecia y Roma, la guerra de Troya, la filosofía y la ciencia de las polis griegas, los misterios de Micenas o Cretas, el imperio basado en el Mar común, el "Nostrum" romano, las tres religiones monoteístas más importantes y conflictivas, las Cruzadas y la rivalidad entre cristianos y musulmanes por el poder y la gloria -que dura hasta nuestros días tomando vías de expresión tan sangrientas y codiciosas como las que protagonizaron los Caballeros Templarios (hablamos del terrorismo jihadista y de la incesante y salvaje inmigración que es el río que no cesa)-   y otros eventos, los catorce siglos de esplendor italiano, la milenaria Turquía expandiéndose como otro de los grandes imperios del pasado que seguían la dinámica,  auge, esplendor, decadencia y ruina; periodos de transición con el predominio hispano y el descubrimiento de América, que por breve tiempo desvió el interés de occidente hacia un océano más que hacia el mar de siempre, los asedios de Solimán el Magnífico contra Rodas y Malta (que reencontraremos en el siguiente libro de este artículo) y nuevamente la lucha entre la cruz y la media luna, la batalla de Lepanto, la aparición de un general corso ambicioso que gestó otro de los breves imperios de la historia, el de Francia, hasta la sangría brutal de la Primera Guerra Mundial, llamada la Gran Guerra, con millones de muertos y episodios vergonzantes que sólo serviría para consolidar los cimientos de otra guerra aún más bestial? Pues bien, el nexo común de los treinta y tres apasionantes capítulos de este libro, es obviamente, el Mediterráneo. Como bien subtitula Norwich, "Un mar de encuentros y conflictos entre civilizaciones". Apasionante.

En cuanto a "Los cuatro Príncipes", Norwich, logra darnos una idea cabal de la forja de la Europa moderna con todos sus defectos, sus limitaciones y sus excesos, a través de la glosa de cuatro príncipes que nunca debían haber reinado (dinásticamente hablando) y que transformaron la dinámica europea de una forma profunda.  Con una prosa que supera en  ironía y sarcasmo a la anterior, pero sin olvidar el rigor al dato histórico y a una documentación solvente, Norwich se ocupa de los cuatro príncipes, nacidos todos en un arco de diez años. Los cuatro coincidieron en los momentos de mayor poder de cada uno y aunque murieron relativamente jóvenes, sólo Solimán llegó a los 70 años (los tres reyes cristianos murieron entre los 52 y los 58 años) lograron  cambiar la dinámica de progreso de Europa, en un continuo juego de rencillas, rivalidades, celos, traiciones y ambición, no sin disminuir la población de forma violenta a través de guerras entre ellos, problemas de religión (el cisma protestante, la Reforma) y la sempiterna rivalidad con los musulmanes (representados por un líder  excepcional, el otomano Solimán y su imperio en expansión, aunque ligado a su figura, tras su muerte, como con Alejandro, se desmoronó) ocasionaron tantas salvajadas como las mismas guerras.

El inglés Enrique VIII, orondo y mujeriego (sus apetitos están en el origen de la Iglesia de Inglaterra y la ruptura con el Papado), el francés  Francisco I, celoso del poder de Carlos I de España y V de Alemania y rival ocasional del ingles así como aliado ocasional del sultán turco, fraguaron una intrincada red de tratos, traiciones, venganzas y episodios sangrientos que no impidieron el enorme florecer del Renacimiento y la estimulante renovación religiosa, cultural y política que provocó la Reforma enlazando las tierras europeas con las de Oriente medio, creando los mimbres históricos que a través de los tiempos nos llevarían a explicarnos muchas de las características del momento actual. Fue en un arco de cincuenta años en el siglo XVI,  donde las obras,  ambiciones y codicia de estos cuatro príncipes "transformaron el mundo civilizado" como asegura el autor en la frase final del libro.

En resumen, tres libros cuya lectura resulta doblemente gratificante: no sólo por el cúmulo de datos, anécdotas históricas y chismes inevitables que ocasionan ese tipo poderoso de protagonistas, lo cual crea un enorme placer al lector; también porque la visión global informada de Norwich nos hace ver el revés de la trama, las conexiones causa-efecto que han ido configurando el tapiz histórico que nos permite comprender las situaciones políticas y socio-económicas actuales, con todas sus corruptelas y defectos. Resultan ser un oportuno y codiciado regalo de Reyes, ¿no les parece?

FICHAS

LOS TEMPLARIOS. Auge y caída de los guerreros de Dios.- Dan Jones.- Trad. Joan Eloi Roca.-512 págs. Ed. Ático de los Libros. 25,90 euros. ISBN: 9788416222803

EL MEDITERRÁNEO. Un mar de encuentros y conflictos entre civilizaciones. John Julius Norwich.- Trad. Emilio Muñiz.- Ed. Ático de los Libros. 748 págs. 29,90 euros. ISBN: 9788416222773

CUATRO PRÍNCIPES.- John Julius Norwich.- Trad. Joan Eloi Roca.-304 págs. 23 euros.Ed. Ático de los Libros. ISBN: 9788416222490

(Los lectores interesados encontrarán la versión completa de este artículo en diariodemimochila.over-blog.es ) 

 

 

 

 

 

 

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28 diciembre 2018 5 28 /12 /diciembre /2018 09:20

Pertenezco a una generación universitaria de estudios filosóficos en la que se nos enseñó --en la asignatura dedicada a la filosofía griega antigua y la helenística --a respetar el estoicismo y un poco menos al escepticismo o el cinismo y en último lugar, a desdeñar el epicureísmo, la escuela que señalaba al placer como el objetivo del conocimiento de la "vida buena". Seguíamos impertérritos una injusta manipulación proveniente del estoicismo romano, la Patrística, el tomismo y la influencia de la Iglesia católica en la Universidad franquista. El Jardín de Epicuro era la imagen de la depravación y lo licencioso, no en vano el mismo Horacio hablaba de la "piara" de "cerdos" que, como él mismo, seguían las enseñanzas de Epicuro en pleno libertinaje grosero. Ni siquiera nos habíamos enterado que desde el siglo XV, en que un humanista italiano había encontrado el único ejemplar que quedaba del libro de Lucrecio ( poeta romano muerto un siglo antes de Cristo,)"De rerum natura", la cosas habían cambiado. En él se encontraba la auténtica enseñanza de Epicuro que nada tenía que ver con la grosera imagen que el estoicismo y la Iglesia más tarde difundieron sobre Epicuro. Los filósofos y escritores del Renacimiento   desde Giordano Bruno a Montaigne, mostraron su admiración por el mensaje epicúreo, limpiando el nombre de su creador.

Pero en España el nacional catolicismo decidió no enterarse demasiado de lo que en el resto de Europa ya se respetaba. Con el apoyo del Opus se ignoró esa escuela helenística, apoyando más al estoicismo, cuyo criterio de disciplina corporal, esperanza en otra vida y desprecio (hipócrita) de los placeres, estaban más en consonancia con las enseñanzas religiosas. Aunque, como nos dice Lledó, Epicuro "no polemiza tanto contra el estoicismo cuanto contra Platón, a través de las obras juveniles de Aristóteles...o contra el escéptico  Pirrón".

Conseguir la felicidad durante la vida, nos despreciar al cuerpo sino mas bien cuidarlo, fortalecerlo, manteniéndose apartado de los excesos, nutrir de amor y amistad la existencia cotidiana, aplicando el altruísmo y el desinterés propio como norma de fraternidad: una visión materialista, justa y honesta del mundo que no tiene dioses, ni infiernos o paraísos, constituían un mensaje demoledor  y se comprende que se le considerara revolucionario y peligroso.
Como escribe Emilio Lledó en la nota previa a su libro: "El epicureísmo nos puso en camino de superar, desde una revolucionaria idea de la existencia, la doble moral, la doble o múltiple verdad, bajo la luz que se levantaba desde el reconocimiento real del cuerpo, de su libertad y de su forzosa y solidaria instalación en el mundo...alumbró la democratización del cuerpo humano, el apego a la vida y a la pobre y desamparada carne de los hombres".Lledó (Sevilla, 1927) publicó en 1984 este libro sobre el epicureísmo , donde ya se traslucen las líneas principales del pensamiento de este autor: la felicidad como objetivo y misterio, la búsqueda necesaria e iluminadora del conocimiento, los senderos creativos que marca la amistad, la honestidad como motor ético, y el respeto al cuerpo en sí mismo y en el surco del tiempo.
Para Lledó “La lectura de Epicuro sigue siendo un saludable estímulo para la defensa de la vida, del gozo, de la serenidad y de la solidaridad”.
Pero ¿cómo ha de hacerse esa lectura? Desde el mismo lenguaje que la limita y la condiciona. Y así analizando las palabras y los conceptos buscamos el sentido. La palabra "eudaimonia" tan utilizada por Epicuro , no sólo de debe traducir como "felicidad" sino que encierra unos significados que se relacionan de forma dinámica con los actos "buenos y correctos"que nos acercan al destino adecuado y también a la vida como plenitud, sin que en ello intervenga ninguna fuerza divina. A los dioses hay que respetarlos, dice Epicuro, pero nunca les interesan los hombres y sus problemas. Son un símbolo de algo pleno y perfecto que existe de espaldas al mundo humano. Todo lo humano es responsabilidad de los humanos. La bondad y la miseria, la violencia y la amistad desinteresada. La eudaimonia es alcanzar alguna vez , alguno de los elementos buenos y correctos de la existencia y evitar los malos e incorrectos. Para Lledó, Epicuro representa en la filosofía clásica el paso del mito al Logos, de la mitología a la filosofía desnuda de dioses, supersticiones que disfrazan los fenómenos naturales y poderes ocultos en forma de Destino o Fortuna. "Expresión de un progresivo desarrollo del pensamiento racional que estuvo presente en la filosofía griega desde los presocráticos, encuentra en Epicuro una contundente confirmación".
Quizá en lo que estoicismo está más cerca de los epicúreos es en la consideración de la muerte, nos dice Lledó, y muchas frases de Epicuro podrían estar firmadas por Séneca o Marco Aurelio: “Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación de sentir”.
Por tanto mientras vives, todo es cuerpo y desde él, se debe estructurar el pensamiento y la vida. Una inteligencia que intente explicar lo real sin tener en cuenta los sentidos, pues, es incompleta e insuficiente. "Y habría que negar toda filosofía que apoye el ocultamiento y olvido de la radical estructura del ser humano".
En este libro interesante y clarificador he destacado una frase en la que al hablar de la lucha por la felicidad (tan esencial en la naturaleza humana), se dice en reflexión de Lledó: "La felicidad emerge de un permanente estado de vigilia en el que, a distintos niveles de conciencia, se plantea la necesidad de una correspondencia entre la posibilidad y la realidad, entre la armonía del cuerpo y el espacio histórico concreto donde este se desarrolla y alienta".
 
FICHA
EL EPICUREÍSMO.- Una sabiduría del cuerpo, del gozo y de la amistad.- Emilio Lledó. -156 págs. Círculo de Lectores. ISBN 9788422680178


 

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25 diciembre 2018 2 25 /12 /diciembre /2018 10:55

Claudio Magris dedica un pequeño ensayo a una gran cuestión social, política, personal, filosófica e histórica: el secreto. Decía Voltaire que "el que revela el secreto de otros pasa por traidor y el que revela el secreto propio, pasa por imbécil." Pero eso no obsta para que el secreto esté rodeado de un extraño poder de fascinación: basta leer la palabra y ya tenemos nuestra atención dirigida y cautivada (y manipulada, seguramente). Hay una mórbida sugestión por los secretos (sobre todo los de los demás) y una ambivalente sensación, entre el rechazo y el temor, por los nuestros (junto a un difícil de explicar deseo por compartirlo como forma de lograr la valoración del otro). Freud lo convirtió en el buque insignia del psicoanálisis y Magris  ha sacado el concepto a la plaza pública virtual del siglo XXI como lo que es: una bomba con la mecha encendida en una Red de redes que parece alimentarse con ellos y que han provocado, provocan y provocarán dramas y tragedias que encantarían a Shakespeare o a Platón, pero que aterrorizan a cualquier  hijo de vecino de este siglo tecnológico que se nos ha ido de las manos.

Desde los "fake news", a las mentiras o los niveles de conspiraciones con fines políticos o económicos o simplemente delictivos comunes, los rumores, la maledicencias van sembrando una sombría y ambivalente nube tóxica que halaga los instintos más bajos de la audiencia global, creando una subespecie pérfida y patológica que se alimenta a sí misma y a la que la mayoría contribuye a aumentar. La antigua exigencia profesional de la constatación y el contraste de las fuentes de la noticia ha pasado al olvido. El filósofo Francis Bacon en el siglo XVII, lo dijo con claridad de proverbio: "difama que algo queda", la chafardería contagiosa va haciendo de la verdad un animal exótico sembrando de víctimas su recorrido y su existencia corta pero ponzoñosa (corta en las noticias del día pero no en el archivo social de las reputaciones: que le pregunten al pobre Morgan  Freeman, un actor de lo más serio y probo de Hollywood, objeto de un fraude periodístico creado por una irresponsable que se cree periodista). Nunca en toda la historia humana ha habido tantos medios y posibilidades de desvelar secretos, inventar noticias y atacar o destruir reputaciones.

No hay una intención ensayística profunda en este conjunto de reflexiones en torno al secreto. Magris picotea  en la cuestión y va dejando elementos para que el lector reflexione por sí mismo. No se trata de una hermenéutica del secreto sino más bien una fenomenología apoyada en ejemplos y autores varios (Marías, Chesterton, Singer), dada su proximidad con la literatura y el cine o, como en el caso del secreto de confesión, el autor saca a colación la eficacia de algunos blindajes o custodias eficaces.

Una cita de Chesterton sirve a Magris para preguntarse sobre la necesidad de desvelar algún tipo de secretos, por su falta de importancia o, en el polo opuesto, por los efectos dañinos innecesarios que podrían suponer su revelación. Como en "La Gaviota" de Chejov, también se platea la problemática de los secretos entre las parejas y la absurda necesidad de revelarlos que suponen más daño que lo que el propio secreto ocultaba. Y se pregunta al respecto sin la transparencia total es conveniente o si hay pequeñas zonas propias en las que conviene mantener la opacidad. Y de ahí carga contra “…el sofisticado crecimiento tecnológico de los medios de comunicación (que) permite violaciones de la elemental vida privada cada vez más inquietantes, en una espiral de comunicación global que se convierte en expropiación de la persona, voyerismo disfrazado de ciencia, de investigación social, de denuncia política, de chismorreo pseudocultural”.

Y más adelante añade: "Cada vez es más difícil conciliar la defensa de la persona con las crecientes intromisiones abusivas y la exposición a la luz pública de toda intimidad, similar a la picota de otros tiempos, con la lucha por desenmascarar los secretos, es decir los engaños y los crímenes que envenenan más y más la sociedad, el Estado, la vida de la comunidad. Hay una intimidad que debería ser inviolable, más aún en la época del nudismo psicológico y del registro universal de masas".

FICHA

EL SECRETO Y NO.- Claudio Magris.- Trad. Pilar González. 50 págs. Cuadernos Anagrama.ISBN 9788433916129

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10 diciembre 2018 1 10 /12 /diciembre /2018 10:23

Publicada hace 13 años, "Nutrir la vida" que tiene el subtítulo de "Más allá de la felicidad", no ha perdido ni un ápice de su lucidez y de su oportunidad filosófica. Su autor, Francois Jullien, viejo conocido nuestro, es uno de los sinólogos más preparados y sagaces de la amplia nómina de universitarios franceses especializados en la ancestral cultura china.

De Jullien hemos visto su "Un sabio no tiene ideas" y su "Filosofía del vivir" y nos queda pendiente "Del Tiempo" y  "De la esencia o del desnudo". De las tres leídas, quizá la más esclarecedora para mí  y  para el estudioso de la filosofía oriental y sus ecos e influencias en la occidental, sea la que hoy recomendamos. En "Nutrir la vida. Más allá de la felicidad", Jullien  usa un estilo cuyo listón de esfuerzo preciso para leerlo con aplicación y eficacia es muy superior al que exige un Pierre Hadot,  aunque no tan complejo como el de Giorgio Colli, hablando de eruditos en filosofía clásica oriental y occidental (sin duda lo justifica la complejidad y esfuerzo que exigen  las traducciones del chino o del griego antiguo al francés o italiano y luego a nuestra lengua).

Por otra parte la singularidad de la percepción de la vida y el individuo, de la sabiduría enraizada en el pueblo chino a través de maestros legendarios como Lao Tsé o Zuang Zi, Confucio o el budismo chan (zen), dio frutos tempranos de gran vigor intelectual y energís espiritual, que Jullien desgrana a partir del concepto que el segundo de los maestros citados más arriba denominó "nutrir la vida". Sus comentarios enriquecen a cualquier lector que lea con paciencia y sin ideas preconcebidas, tal como quiere Zuang Zi, sin buscar eso llamado felicidad, sin pretender objetivo alguno, sin finalidad, sólo conectando con la calma y la serenidad del "qi" de la energía primordial de la que disponemos (y malgastamos los humanos) todos los seres vivos.

No es este lugar para analizar los diferentes puntos que glosa el erudito francés, desde las técnicas para nutrir el cuerpo y superar la dicotomía del alma en la operación, recordarnos que el apego a la vida se vuelve contra ella, cómo encontrar la fuente de la energía (que no nos pertenece) que circula por la linea vertical del cuerpo desde el vientre a la nuca, para nutrirla y reforzarnos con ella...Jullien, muy en sintonía, con nuestra época nos habla del estrés (palabra que procede del latín "stringere" que significa apretar, comprimir, ahogar) y de las técnicas de moda para reequilibrar a la persona afectada, la psicología profunda, el estoicismo, el zen, la meditación, la relajación, para al final recordarnos lo esencial que se esconde en el pensamiento de los maestros chinos taoístas (tan perseguidos y olvidados en la actual China): la posibilidad que tenemos todos de seguir un proceso no-filosófico, ni utilitarista o pragmático, pero profundamente sabio que se da de bofetadas con la manera occidental -trasplantada ya a oriente- de considerar la vida como un objetivo de progreso, consumo y distracción.

Sólo como muestra o "aperitivo", les recuerdo dos ejemplos activos de lo que nos falta para seguir la "vida buena" que Jullien explicita al final de su libro. El primero es el concepto de "flotar" o "Fluir" como estilo de vida ante los acontecimientos y vivencias que nos salen continuamente al paso. Y dos, tratar de ser como el hombre sabio sabe ser, como un espejo:

"Acoge pero no retiene/

refleja todo lo que pasa/

y lo deja pasar sin apegarse./

Ni rechaza ni guarda para sí/

todo aparece y desaparece/

sin que él fije nada./

Su facultad se ejerce indefinidamente/

sin nunca salir dañado."

Si esto no les parece una tontería banal y saben leer la sabiduría que destila, no se pierdan este libro. Si no es así, olvídense del tema.

FICHA

NUTRIR LA VIDA.-Más allá de la felicidad.- François Jullien.- Trad. Margarita Polo.- Ed. Katz.-239 págs.- ISBN 9788496859067

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8 diciembre 2018 6 08 /12 /diciembre /2018 10:30

José J. de Olañeta, ese editor que publica libritos deliciosos, de pequeño tamaño pero gran interés, ha sacado la segunda edición del ensayo que Harry Oldmeadow dedicó a analizar las figuras convergentes de Mircea Eliade, el rumano especializado en historia de las religiones y de Carl G. Jung, el psicólogo suizo, seguidor díscolo y rebelde de Sigmund Freud, en el que la psicología profunda se unía a un profundo espiritualismo que estaba en la raiz de los esenciales desacuerdos con el genio del psicoanálisis.

El librito se subtitula "Reflexiones sobre el lugar del mito, la religión y la ciencia en su obra". Nos ilustra sobre la vida y la obra de Eliade y su encuentro con Jung a partir de las conferencias Eranos, congresos de estudiosos y pensadores sobre la  psicología, las religiones y la espiritualidad, organizadas por Jung. Eliade acudió desde 1950 hasta 1962. Las inquietudes intelectuales y espirituales de ambos hombres eran muy coincidentes, principalmente en el análisis de la naturaleza de las experiencias místicas. Durante esas conversaciones Eliade destaca no sólo la deriva mística de Jung, sino el rechazo y la crítica hacia el establishment científico que le desautoriza e ironiza sobre su obra y su práctica espiritualista. Esoterismo, alquimia, misticismo oriental, chamanismo, los sueños y las  patologías de la civilización moderna, son algunos de los temas en los que los dos pensadores solían converger o se respetaban mutuamente en sus divergencias (sobre todo en lo que concernía a la preeminencia de la cultura europea de Jung sobre cualquier otra, mientras que Eliade se habia decantado casi desde el principio por oriente). Para Jung el "primitivismo" de Eliade era una cuestión antropológica aceptable, en tanto el suizo cultivaba un sincretismo en el que la base sólida, la cultura básica que "admitía" o se "enriquecía" de las orientales era la cultura europea y su  "firme y racional" identidad histórica.

.El autor nos muestra la ruptura de Jung y Freud (que aseguraba no poder aceptar la "indeferencia de Jung hacia la lógica científica") y la casi total toma de partido por el lado de Freud de la comunidad científica (que no tardaría tampoco en colocar a Freud en un cesto diferente pero en el mismo container de los "misticos, ocultistas, simbolistas" donde anteriormente colocaran a Jung).

Una vez colocadas ambas figuras en el contexto histórico intelectual que les corresponde, el autor acaba su análisis con una mirada en perspectiva de la importancia de ambos hombres, a los que se coloca en una suerte de "humanismo con atavíos cuasireligiosos", para terminar haciendo una encendida defensa de su importancia: "El hecho de que no puedan estar --ambos-- a la altura de las pretensiones de sus admiradores más exagerados no es ninguna razón para rechazar o ignorar su obra, que posee una riqueza y una profundidad que raras veces encontramos entre los autodenominados sabios de nuestro tiempo". Y añade: "Deberiamos estar agradecidos a Jung y Eliade por rescatar sus disciplinas respectivas de las garras de los materialistas y sus cómplices, y por sus intentos de salvar el aparente abismo que existe entre la religión tradicional y la ciencia moderna".

MIRCEA ELIADE Y CARL G.JUNG.-Harry Oldmeadow. Trad. Esteve Serra.José J. de Olañeta, Editor.85 págs. 9788497167772

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2 diciembre 2018 7 02 /12 /diciembre /2018 10:36

 

Yasmina Khadra ("Jazmín verde" en árabe) es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul, autor de la novela adaptada en forma de cómic por Löic Dauvillier y Glen Chapron. Durante muchos años en Francia donde sus libros triunfaban se pensaba que era la voz de una mujer argelina que denunciaba y criticaba la situación femenina -aunque también política y social-en Argelia. En el año 2000, Moulesssehoul reveló su verdadera identidad (causando un verdadero escándalo literario, aunque contaría sus razones para obrar así en el libro "El escritor" en 2001)) y abandonó el ejército argelino en el que militaba con el grado de comandante. También dejó su país y pasó a vivir en el extranjero hasta establecer su residencia permanente en el sur de Francia. Ha sido  denostado en Argelia por escribir únicamente en francés.

El cómic refleja a través de Amin Jaafari, un médico palestino que ha conseguido la nacionalidad israelí, reside en Tel Aviv, está plenamente integrado en la sociedad hebrea y trabaja con éxito profesional en un importante hospital.   Pero todo su mundo, tanto personal, como familiar o social y profesional da un dramático vuelco cuando se produce un atentado en un lugar público de Tel Aviv, en el que mueren 19 personas. Una de ellas es su esposa Sihem, quien resulta ser la terrorista suicida. El desconocimiento de Amín de esa faceta de su esposa, aumenta el dramatismo de la historia y lleva al médico a abandonarlo todo en busca de una explicación a lo ocurrido, mientras caen sobre él las sospechas, las denuncias  y la violencia incluso de sus vecinos.

El torbellino autodestructivo en el que se arroja Amin, le lleva a tratar de contactar con los terroristas en nombre de los cuales se autoinmoló su esposa y esa vida oculta que la mujer llevaba, agravado por la ocultación de sus ideas extremistas, de las que el pobre médico no tenía la menor sospecha. El ritmo narrativo del cómic, basándose en un dibujo dinámico de líneas simples y dibujo limpio y claro es excelente.  La acción, el deambular  por las calles de las ciudades palestinas, las palizas o las entrevistas con los líderes religiosos o paramilitares palestinos, la degradación física y moral, el empecinamiento suicida psicológico del médico, van llevando la historia a su final más lógico. 

El conflicto palestino- israelí queda expuesto con toda su violencia, crudeza, injusticia y abusos, el fanatismo, racismo, obcecación, desesperación y ansias de venganza de unos y otros, en ambos lados de un conflicto armado donde no hay trincheras. El arrasamiento por los israelíes del hogar de la familia de un palestino muerto en un acto terrorista tiene una contundencia visual magistral. Virtualmente el lector no puede dejar de admirar la trágica  deriva del médico y acompañarle casi adictivamente hasta su final, no por lógico menos inesperado. Como nota valorable al guión, los diálogos que se mantienen en el proceso de la acción no dan una sensación de maniqueísmo, de superficialidad: son intervenciones de una densidad conceptual considerable, en los que los argumentos esgrimidos, por ejemplo, por los lideres religiosos o militantes o los simples ciudadanos angustiados por la inseguridad y la violencia, tienen una lógica propia que hace pensar al lector. No es una lectura banal la que se nos propone, pero su propia profundidad emotiva hace que el desconcierto y el desequilibrio del médico le lleve de forma trágica a lo irreparable. En ningún momento se intenta hacer análisis políticos o históricos del conflcito, sino que se  intenta reflejar lo que ocurre en las calles, en los  hogares, en el campo, junto al muro que separa Israel de los palestinos.

Realmente es un cómic que nos inquieta y nos hace reflexionar. Un buen trabajo.

FICHA

El ATENTADO (cómic).- Yasmina Khadra (autor/a).-Löic Dauvillier (adaptador/a).-Glen Chapron (ilustrador/a).-M.ª Isabel Soto y.-Xavier Senín (traductor/a).- Alianza editorial.- 152 págs.- ISBN 9788491040088

 

 

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1 diciembre 2018 6 01 /12 /diciembre /2018 13:21

 No es una persona perteneciente a un género híbrido surgido de una leyenda náutica . No es un cruce mágico entre una sirena ("sireno" en este caso) y un profesor de Oxford, o un arquetipo procedente de un lío entre Neptuno y Minerva; no se le intuye ninguna psicopatología obsesiva: es un tipo que tiene el aspecto informal de la escuela punk londinense de los 70 y la curiosidad biológica poética y científica de un Darwin mezclado con Jonathan Swift y Daniel Defoe, Blake, Melville y Poe. Se llama Philip Hoare y está loco por el mar. Y su locura es contagiosa. Lo muestran sus tres libros, desde "Leviatán",  pasando por el "El mar interior" y ahora "El alma del mar". Y en conjunto me ha deslumbrado la trilogía. No por sus conocimientos científicos, ni sus  lecturas y citas literarias que rozan la erudición, sino por algo que como viejo psicólogo y  literato valoro mucho y no suelo  encontrar: una pasión tan profunda y fundamentada, tan activa y dinámica, que parece haber llenado la existencia de este hombre y darle un sentido esencial :  la conexión casi filogenética con el mar. 

Como ya escribí en mi reseña sobre "El mar interior", Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Tocado también por el "regalo de Pan" (la homosexualidad), característica que comparte con otros escritores y poetas ( y lo menciono sólo por el plus de sensibilidad y delicadeza personal que se suele reflejar en sus textos), desde Wilde a Lawrence de Arabia, T.S. Eliot, Forster, Foucault, Wilfred Owen, D.H.Lawrence  y algunos más de sus autores citados en su trilogía. Ya en "Leviatán", la primera de estas obras dedicadas al mar citaba en el prólogo la anécdota de su "casi" nacimiento bajo el agua (su mamá visitó un submarino de la Armada un día antes de dar a luz, aunque los dolores de parto le sobrevinieron mientras estaba "bajo la línea de flotación" del mar). Es una nota que repite en "El alma del mar" para enfatizar el hecho de que su "horror a las profundidades" y al agua, incluso de una bañera, ha sido convertido en una pasión tan absorbente que le hace bañarse cada día del año en el mar, con buen tiempo o en pleno invierno bajo cero.
Me parece verle reflejado en su referencia a Shelley, que murió ahogado al naufragar su barco "Ariel" (escritas por el amigo íntimo de éste, Trelawny): " Shelley nunca floreció lejos del agua. Cuando se vio obligado a vivir en una ciudad, cada mañana, empujado por el mismo instinto que guía a las aves acuáticas, huía hasta el lago, el río o la playa más cercana y no regresaba al hogar hasta bien entrada la noche " (pág. 239). o también en sus eruditas e intencionadas elucubraciones  sobre las "pistas evidentes " que Melville dejó en su última obra (tenía setenta años) sobre el "bello marinero",  "Billy Bud", que Britten convirtió en ópera años después y es un símbolo gay de una belleza poética y dramática incontestable. (págs  405 y sgtes.).

Tanto en su "Leviatán", en el que el amor a las ballenas florece en un texto asombroso y un recorrido fascinante por la obra de Melville  y de otros escritores (desde la mismísima Biblia y su Jonás hasta Conrad. Thoreau o Hawthorne)  como las dos obras que le siguen,  son un pretexto literario para entrar en las experiencias personales de Hoare, que aprendió a nadar a los 29 años en una piscina y veinte años después lo hace rodeado de ballenas en las Azores, mientras hoy con 60 años se mete en el mar cada día desde hace diez años para nadar aunque sea rodeado de medusas o en una playa devastada por un huracán (experiencia que describe en el primer capítulo de "El alma del mar" y relaciona con "La Tempestad" de Shakespeare).

Hay algo tiernamente trágico en este escritor delgado, juvenil, amable y sonriente que parece muy lejano de la edad que tiene y muestra a través de sus experiencias personales que cuajan en su trilogía, una inesperada y admirable fortaleza personal. Es un T.E. Lawrence del mar, un "rey sin corona" de las profundidades marinas, que desprecia el dolor físico y todo lo subordina a un ideal que tiene que ver con el respeto al mar y a sus criaturas. En la trilogía, "un artefacto literario sobre animales, ideas y todo lo que me gusta"  (así definió su "Mar interior")  nos habla de sí mismo como un ejemplo más de los personajes que el mundo del mar ha cambiado e inspirado. Hay algo onírico en este libro (ya anunciado por los dos anteriores) que se despliega como un gigantesco tapiz oriental lleno de referencias literarias de hondo calado, Keats,  Shelley, el inevitable y sugestivo Shakespeare (que se refiere al océano más de 200 veces en sus obras), T.S. Eliot, Auden, Stevenson, Elizabeth Barret Browning, Conrad, Huxley, Thoreau, Iris Murdoch ("El mar, el mar"), la Wharton, Silvia Plath o Jack London, todos flotando en un ambiente glauco surcado por medusas iridiscentes, ballenas, delfines, gaviotas y cormoranes, gigantescas olas como en los dibujos japoneses, marinos y pescadores ahogados en un flotar perpetuo entre restos de naufragios, el  cadáver del almirante Nelson en un barril de brandy y la vigorosa anciana Pat de Groot , con sus dibujos de pájaros- "ella  misma parece un pájaro, con su mata de pelo plateado, sus intensos ojos castaños y sus altos pómulos"- y marinas, donde el tiempo parece congelado en tonos pastel, veinte páginas apasionadas dedicadas a Stephen Tennant (el "más brillante de los jóvenes brillantes" aristócratas ingleses) al que  Hoare dedicó una biografía en 1990...un tapiz mágico de prosa brillante a veces hiperbólica y siempre imaginativa que arrastra al lector a menudo a preguntarse qué diablos está leyendo, para a continuación olvidar la pregunta y seguir embrujado por esa larga canción de cuna que habla de tormentas y tempestades que arrasan puertos, diques y playas  "como una bestia rugiente que exigía su alimento", mareas que al bajar se llevan la vida de la gente (como dicen en "David Copperfield"), los cormoranes de Cape Cod y Provincetown, el  Titanic y el bello fin  de Isidor e Ida, una pareja anciana, los abuelos de Pat, que decidió ahogarse junto a 800 almas en el desastre, por no separarse. También nos habla, como en sueños, del disco de Roger Payne (1970) "Songs oh the Humpback Whale", que recogía la música de las ballenas o del rodaje del "Moby Dick" de Huston y del simbolismo oceánico de Kubrick y su "2001". Y de la ferocidad nívea de Bass Rock, una diminuta isla habitada por miles de cormoranes y albatros en la costa escocesa Y de los "sekies" criaturas híbridas entre pez y hombre.

El entramado de referencias personales. literarias e históricas que están al dorso del tapiz y le dan sentido, va revelando detalles poco conocidos al lector, como la descripción de las tres levitas de marino que se conservan en un museo dedicado al almirante y a  su navío Victory en Porstmout. El texto circula como una corriente marina, una de esas gigantescas corrientes que atraviesan los océanos y los continentes, como la que aquí atraviesa tres libros que, en el fondo, son un solo libro, cuyo motivo central es el océano y sus criaturas. Esa corriente  está dirigida por una energía concreta, muy humana, algo narcisista, a veces histriónica, la del autor, que enfoca  su curiosa y ávida mirada hacia los variados aspectos de sus experiencias y lecturas sobre el tema central.  A veces la implicación entre ambas actividades es tan sutil que el lector puede desconcertarse, aunque la fuerza del texto le empuja inevitablemente más allá, página tras página, libro tras libro. Como cuando nos habla de su accidente con la bicicleta y su estancia en el hospital, "un lugar de transición: un estado suspendido entre máquinas que emiten pitidos y burocracia, en el que los cuerpos son más importantes que las personas" (incorregible narcisista, aporta fotos de una radiografía y de sus heridas junto a un ojo).

Capítulo aparte es el dedicado a la hambruna irlandesa (Hoare pertenece a una familia de origen irlandés que emigró para evitar esa tragedia nacional histórica minimizada por los ingleses) en la que el autor alcanza un brío narrativo dramático empeñado en imágenes biográficas de una gran plasticidad (como su interés por los vitrales de la iglesia -muy proustiano en el fondo- que narraban la pasión de Cristo y especialmente en la figura de un legionario romano dotado de unas "piernas morenas" que asomaban bajo su falda acorazada.)

La editora, Ático de los Libros, podría unir los tres volúmenes en uno de esos cofres de cartón de regalo para obras completas, como otros editores hicieron, por ejemplo, con el Cuarteto de Alejandría de Durrell o "El hombre sin atributos" de Musil o las novelas de Jeeves escritas por el inimitable Wodehouse . Un estuche dedicado al mar, quizá publicitado por una frase de Hoare en su último volumen: "La ubicuidad del mar...es en sí misma interplanetaria y nos conecta con las estrellas...es una nada llena de vida, hogar del 90 por ciento de la biomasa del planeta, que aporta el 60 por ciento del oxígeno que respiramos. Es nuestro sistema de soporte vital, nuestro gran útero. Siempre está rompiendo sus fronteras, dando y tomando constantemente. Es la encarnación de todas nuestras paradojas. Sin él no podríamos vivir, dentro de él moriríamos. Al mar no le importa". Y en otro lugar añade:  "El mar es también el lugar al que va a parar todo el mal que hacemos”.

En "El mar interior", también un libro inclasificable como sus dos hermanos,  donde oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico, Hoare nos muestra su amorosa erudición sobre ballenas, delfines, focas o todo tipo de pájaros, arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que siempre es el auténtico protagonista de sus libros. Hoare nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Pero también deja espacio para una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.  Amenizados con dibujos y fotografías (muchas de ellas del propio autor como protagonista), los tres libros de Hoare  son un placer y un reto. No sólo nos informan y atrae nuestra curiosidad e interés, también nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. 

El final de "El mar interior" podría cerrar el círculo entre los tres libros, cuando escribe: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

FICHA

EL ALMA DEL MAR.- Philip Hoare. Traducción de Joan Eloi Roca. Ático de los Libros, 2018. 512 páginas. 22,50 euros

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los Libros. 2013.-333 págs

LEVIATÁN.- Philip Hoare.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ed. Ático de los libros, 2010.-510 págs.

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